No y no

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Los efectos de la no reelección pueden traer más problemas que soluciones. Un Congreso absolutamente novato cada cinco años traerá una larga curva de aprendizaje -como se verá con las nuevas autoridades regionales y locales desde enero-, limitará la continuidad de políticas necesarias y podría generar impredictibilidad en la producción legislativa.
Por otro lado, la no reelección tampoco es necesaria. El electorado renueva naturalmente a los congresistas. Entre el 2000 y el 2016, el porcentaje de congresistas reelectos ha venido cayendo sostenidamente: pasó de 50% a 26%. En las últimas elecciones congresales tres cuartas partes del Legislativo fueron renovadas.
Y el problema no está en que los congresistas se reelijan, sino en que los partidos no filtren adecuadamente a sus candidatos al Congreso. Hoy las reglas de la política peruana incentivan a que los partidos políticos, débiles y precarios, prioricen la competencia en tiempos electorales antes que la construcción de una organización. Esto impide la formación de cuadros preparados para el trabajo legislativo y la función pública. Antes que una propuesta fundada en la desazón ciudadana hacia los políticos, es necesaria una reforma completa del sistema político.
Fuente: Semana Económica.

Cuatro veces “no”

Por  VÍCTOR ANDRÉS PONCE- www.elmontonero.pe
El presidente Martín Vizcarra acaba de afirmar que el referéndum del próximo 9 de diciembre profundizará la democracia. Sin embargo, en el Perú no ha existido debate alguno sobre qué temas se van a consultar a la ciudadanía o cuáles son las reformas constitucionales propuestas. Ni el Ejecutivo, ni los medios de comunicación tradicionales, ni los marxistas encaramados en Palacio, ni el propio Vizcarra parecen interesados en profundizar la discusión. En otras palabras, el establishment que gobernó con Toledo, Humala, PPK y con la administración actual, impulsa el referéndum, pero no le interesan los temas a consultar.
En democracia, las reformas constitucionales de los sistemas de justicia y político generalmente no se sancionan mediante referéndum. El motivo: las élites políticas democráticas buscan alejar los sentimientos y emociones del ciudadano de los debates para cambiar sus constituciones. Muy por el contrario, en las democracias tropicales de América Latina, los caudillos plebiscitarios siempre intentan utilizar los humores circunstanciales de los electores para implementar reformas y perpetuarse en el poder.
Es evidente que a Vizcarra nunca le interesaron ni la reforma judicial ni la reforma del sistema político. Si hubiese sido así, por ejemplo, habría utilizado su popularidad para movilizar a todas las instituciones y sancionar una reforma del sistema de justicia que le agregara un nuevo piso a la República. La presión y la premura en la aprobación de los cambios constitucionales hoy nos permiten comprobar que no hay nada nuevo bajo el sol. Igualmente si hubiese buena voluntad, Vizcarra no estaría planteando la barbaridad institucional de apoyar la no reelección de los parlamentarios y oponerse a la bicameralidad. ¿Acaso la idea de mezclar la reforma del sistema de justicia con la del sistema político no nació por la urgencia de la bicameralidad?
Vizcarra tiene un solo objetivo con el referéndum: convertir la consulta popular en un plebiscito a favor de su Gobierno y continuar sancionando al actual Congreso (ya extremadamente debilitado) y a toda la clase política. Cabalgar sobre la irritación contra el Congreso -proponiendo la no reelección congresal- le permite avanzar en ese sentido. ¿Para qué? Pues todo parece indicar que el jefe de Estado pretende reelegirse en el 2021.
Por todas estas consideraciones la opción más prudente para los demócratas y liberales es votar CUATRO VECES “NO” frente a las interrogantes planteadas en el referéndum. Es decir, evitar que el tumulto, la turba que alientan Vizcarra y los medios tradicionales, termine creando un Frankestein institucional que, tarde o temprano, podría desembocar en una nueva constituyente.
Votar cuatro veces “no” apunta a evitar una salida plebiscitaria a la crisis institucional de la República. De otro lado, una posición de este tipo busca promover un gran acuerdo nacional, una movilización de las debilitadas instituciones, con objeto de reformar el sistema de justicia y el sistema político en base a lo establecido en la Carta Política de 1993.
El Perú avanza hacia una quinta elección nacional sin interrupciones -un hecho inédito- sumergido en la peor crisis institucional de la reciente historia. La experiencia nos señala que las democracias rendidas a las salidas plebiscitarias siempre terminan en autoritarismo; mientras que las sociedades abiertas que se aferraron a sus respectivas constituciones e instituciones para superar la crisis, se convirtieron en las democracias longevas del planeta.

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