Archivo de la categoría: Espiritualidad

SIGNIS Quebec 2017

Promoviendo relatos de Esperanza

Signis cumple 90 años con la integración de la Asociación Católica de Prensa de los Estados Unidos y Canadá (CPA). 

Cardenal Gérald Cyprien Lacroix

En este Congreso Mundial hemos contado con la presencia del Cardenal Gérald Cyprien Lacroix y del director de cine Martin Scorsese.

 

Voz y silencio de Dios

Evangelio según San Juan 6,51-58.
Jesús dijo a los judíos: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo”.
Los judíos discutían entre sí, diciendo: “¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?”.
Jesús les respondió: “Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes.
El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.  Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.
Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente”.

Isaac Thomas Hecker CSP

El Siervo de Dios Isaac Thomas Hecker (18 de diciembre de 1819-22 de diciembre de 1888) fue hijo de inmigrantes alemanes, nacido en la ciudad de Nueva York. Pasó su temprana vida trabajando en la panadería y el negocio de la familia. Durante su juventud, comenzó un viaje espiritual que lo llevó a la Iglesia Católica. Se convirtió en sacerdote y en hijo fiel de la Iglesia Católica que no tenía miedo de cuestionar, desafiar y experimentar. En 1858, junto con sus asociados, el Padre Hecker fundó a los Padres Paulistas con la misión de ayudar al pueblo estadounidense a entender la Iglesia Católica y ayudar a la Iglesia a entender el espíritu democrático de América. El Padre Hecker fue un brillante predicador misionero, autor, editor y pastor. Es nuestra oración que sea reconocido como santo.
La causa del religioso: la beatificación y canonización de Hecker se inició oficialmente en 2008.
Fuente: www.paulist.org

Congregación de San Basilio

Durante la Revolución Francesa, monseñor D’Aviau, último arzobispo de Vienne, fue testigo de la disminución de sus sacerdotes a causa de la persecución. Sólo quedó un tercio. Le era imposible mantener un colegio o un seminario, por lo cual en 1800 fundó una escuela en Saint Symphorien de Mahun, pequeño poblado inaccesible, en las montañas de Vivarais. La institución quedó a cargo del padre Lapierre, quien se las había ingeniado para hacerse cargo de la parroquia de Saint Symphorien en aquellos tiempos de represión. Su ayudante era el padre Marie Joseph Actorie, quien fuera profesor de filosofía en el seminario de Die antes de la Revolución. No obstante sus humildes inicios y los muchos peligros a los que estaba expuesta, la escuela prosperó. En 1802, el estado de cosas en el país habían mejorado a tal punto que el secreto dejó de ser necesario; el padre Picansel, párroco de Annonay y vicario general de la diócesis, obtuvo de las autoridades municipales el arrendamiento del exmonasterio franciscano, a donde se mudó la escuela. Durante muchos años, la escuela cumplió las funciones que el obispo le pedía, pero la difícil lucha contra la pobreza y la persecución de los llamados liberales terminó por resultar demasiado para quienes la tenían a su cargo. Era necesario ensayar otro método, por lo cual en 1822 los profesores solicitaron permiso para fundar una comunidad religiosa, con el colegio de Annonay como casa matriz. El obispo de Vivier, cuya diócesis incluía la población de Annonay, dio el permiso, nombrando una comisión que redactaría la regla de la nueva sociedad. El 21 de noviembre de 1822, los diez miembros del cuerpo docente hicieron el voto que los ligaba temporalmente al trabajo. Fueron los padres Lapierre, Duret, Vallon, Polly, Tourvieille, Tracol, Martinèche, Fayolle, Payan y Pages.En 1837 se redactó una constitución, que se envió a Roma para su aprobación. Sometería a los miembros de la sociedad a los simples votos de pobreza, obediencia, castidad y estabilidad. El voto de pobreza, sin embargo, estaba limitado. Cada miembro de la comunidad podía conservar todo su patrimonio y sus intenciones misales, y recibiría un pequeño salario de la comunidad. En virtud de su voto, no podía incrementar sus propiedades sino que debía gastar todo su salario y sus rentas, ni podía tampoco practicar la especulación u obtener rentas por ningún otro medio mundano. La comunidad quedaría bajo la dirección de un superior general que residiría en Annonay, diócesis de Vivier, Francia. El propósito de la sociedad era la educación de la juventud católica. Esta constitución fue firmada por varios obispos franceses que habían tenido oportunidad de apreciar el trabajo de la comunidad y habían atestiguado la piedad y celo de sus miembros. La Santa Sede declaró a la sociedad digna de elogio y en 1863, Pío IX confirmó el decreto, concediéndole al mismo tiempo ciertos privilegios e imponiendo ciertas restricciones en las posesiones de la comunidad. Los basilianos tenían colegios en Annonay, Périgueux, Aubenas, Privas y Vernoux, en Francia; Blidah y Bone en Argelia, y Plymouth, en Inglaterra. Todos a excepción del último, fueron traspasados a manos seculares o confiscados, forzándose la dispersión de la orden hasta tiempos más propicios.
En 1852, monseñor De Charbonnel, obispo de Toronto, Canadá, solicitó a los basilianos fundar un colegio en su diócesis. Estableciéndose una escuela que se ha convertido en el Colegio de San Miguel, cuartel de los basilianos en América. En septiembre de 1855, se puso la primera piedra del edificio actual. El primer superior fue el padre Soulerin, quien dirigió el colegio desde 1852 hasta 1865, en que se le eligió superior general de su comunidad. San Miguel está adscrito a la Universidad de Toronto, su presidente es miembro ex officio de senado y consejo universitarios y también designa a otros dos miembros del senado. Para los docentes hay tres vías de estudio, la comercial, la clásica y la filosófica. Entre los más prominentes de quienes han hecho parcial o completamente sus estudios en San Miguel, están el arzobispo de Toronto y los obispos de Hamilton, Peterborough, Londres, Sault Ste. Marie en Canadá, más Albany y Columbus en Estados Unidos.
La provincia americana incluye otros cuatro colegios y numerosas parroquias. Los colegios son: el Colegio de la Asunción, Sandwich, Canadá; el Colegio de San Basilio, Waco; el Colegio de Santo Tomás, Houston, y el Seminario de Santa María, La Porte, Texas. Entre las parroquias a cargo de los basilianos, las más importantes son San Basilio y el Santo Rosario, Toronto, Sandwich, Amherstburg y Owen Sound en Canadá, y Santa Ana en Detroit. El noviciado y escolasticado de la comunidad se encuentran en Toronto. El noviciado dura un año, al cabo del cual los miembros permanecen bajo votos temporales durante tres años. Puesto que no puede entrar a la sociedad nadie que no tenga la intención del sacerdocio, los votos finales no se toman sino hasta el subdiaconado, de manera que si al cabo de tres años el estudiante no está listo para recibir la ordenación sacerdotal, renueva sus votos temporales. El Colegio de San Basilio en Waco, Texas, se fundó en 1889. El programa de estudios incluye los departamentos comercial y clásico. El Colegio de Santo Tomás, Houston, Texas, se fundó en 1900. Es diurno. El Seminario de Santa María, La Porte, Texas, fue inaugurado en octubre de 1901 por N.A. Gallagher, obispo de Galveston. Su principal objetivo es la educación de jóvenes para el sacerdocio, pero también se mantiene un colegio para niños y jóvenes, relacionado con el seminario, en donde se les prepara profesionalmente. Está bajo la supervisión directa del obispo de Galveston.
Fuente: J.C. PLOMER, transcrito por Ted Rego y traducido por Gabriel E. Breña.

El nombre del Hijo único de Dios

Resultado de imagen para San Juan 3,16-18Evangelio según San Juan 3,16-18: 

«Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él». 
El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

Manuel Antonio Bandini Mazuelos

Manuel Antonio Bandini Mazuelos (Lima, Perú, 13 de junio de 1814-Lima, 11 de abril de 1898) fue un sacerdote y político católico peruano. Se desempeñó como XXIV Arzobispo de Lima (1889-1898).
Era hijo del marino José Bandini, natural de Cádiz y de Manuela Mazuelos y Capaz, dama arequipeña. Estudió en el Convictorio de San Carlos, donde alcanzó el grado de maestro en 1842, graduándose al mismo tiempo de bachiller, licenciado y doctor en Teología, y ese mismo año fue ordenado sacerdote por el arzobispo Francisco de Sales Arrieta. Sucesivamente fue cura interino de Huaura y vicario foráneo de San Lorenzo de Quinti y de Sayán, todos en el departamento de Lima.
En 1847 fue elegido diputado suplente por la provincia de Chancay, por lo que concurrió a las legislaturas de 1851 y 1852. También como suplente concurrió a la Convención Nacional (1855-1857). Como representante parlamentario defendió el fuero eclesiástico y los derechos y libertades de la Iglesia.
En 1856 obtuvo la canonjía magistral del coro metropolitano. En 1861 fue promovido a maestrescuela. En 1864 fue nombrado Rector del Seminario de Santo Toribio, cargo que ocupó hasta 1869.
Fue promovido a las dignidades de chantre y de arcediano, así como para el obispado de Ayacucho, renunciando a este último, así como después lo haría con el obispado de Cuzco. En 1879, a solicitud del anciano arzobispo Francisco Orueta y Castillón, fue presentado y preconizado Obispo titular de Antipatris y Obispo auxiliar de Lima. En 1880 recibió la consagración episcopal. En 1883 fue nombrado deán y vicario capitular de la arquidiócesis.
Tras el fallecimiento del arzobispo Orueta, el 25 de agosto de 1886, asumió como provisor y gobernador eclesiástico del arzobispado. En 1886 el Congreso le propuso como arzobispo de Lima, siendo preconizado por el Papa León XIII el 27 de mayo de 1889. Tomó posesión oficial de su silla el 11 de agosto de ese mismo año.
Prosiguió la restauración de la Catedral, el Palacio y el Seminario, en plena Reconstrucción, posguerra del Pacífico. Para contrarrestar los avances del radicalismo y el anticlericalismo, se interesó en publicar un periódico católico, que tras su muerte se cristalizó con la fundación de El Bien Social (1898).

Francisco Javier de Luna Pizarro Pacheco

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Nació en Arequipa el 3 de noviembre de 1780, en un hogar profundamente cristiano y de abolengo. Hijo de Juan Antonio de Luna Pizarro, teniente coronel de milicias reales, granadino, y de la dama arequipeña Cipriana Pacheco de Chaves Araus. Falleció en Lima el 9 de febrero de 1855. Fue un sacerdote, político y abogado peruano. Ejerció la presidencia interina del Perú, durante breves períodos en 1822 y 1833. Arzobispo de Lima desde 1846 hasta 1855. Fue también diputado por su departamento natal, senador de la República, y Presidente de los Congresos Constituyentes de 1822, 1828 y 1834. Fue una de las mayores figuras intelectuales y políticas del Perú de principios de la República: abnegadamente patriota, con gran firmeza de carácter, defendió con vigor las ideas liberales, y a pesar de su edad y sus enfermedades, no doblegó su honor, su dignidad, ni su conciencia, frente a las innumerables persecuciones de que fue objeto.
A los once años ingresó al Seminario Conciliar de San Jerónimo de Arequipa cuyos estudios se desenvolvían entonces bajo la ilustre dirección del obispo Pedro José Chávez de la Rosa. Tras recibir la primera tonsura (16 de diciembre de 1791), estudió allí Latinidad y Retórica, Filosofía, Sagrada Teología y Jurisprudencia civil. Se dice que era un niño precoz y vivaracho. A propósito se cuenta una anécdota que nos ha trasmitido Ricardo Palma en una de sus más célebres Tradiciones peruanas: En cierta ocasión el obispo hizo una visita al Seminario y comenzó a hacerles preguntas a los alumnos; a quienes no contestaban rápida y correctamente les decía: “Al rincón, quita calzón”, para señalarles que se les iba a aplicar un palmetazo en sus partes pudibundas. Al llegar el turno a Francisco Javier, éste tampoco pudo contestar muy bien el interrogatorio de Monseñor, pero inmediatamente retrucó una pregunta a su eminencia: ¿cuál era la cantidad de Dominus Vobiscum que se decían en la misa? El obispo, después de meditar, tuvo que reconocer que no sabía la respuesta, por lo que el niño Francisco Javier se atrevió sancionar al superior religioso con el ya clásico: “Al rincón y quita calzón”.
Francisco Javier demostró tan altas dotes que el obispo decidió entonces enriquecer su educación con el aprendizaje de las matemáticas, y más tarde le otorgó su protección. Al terminar sus estudios pasó al Cusco, en cuya universidad optó la licenciatura en Leyes y Cánones (26 de junio de 1798) y en Sagrada Teología (5 de julio de 1798). Con la autorización para hacer la práctica forense, volvió a su ciudad natal y se dedicó por lo pronto a la docencia en el Seminario de San Jerónimo, enseñando Filosofía, Ética y Matemáticas.
El 13 de abril de 1799 recibió las órdenes menores de manos del Obispo Pedro José Chávez de la Rosa, quien le ofreció un puesto entre sus familiares. Siguió la práctica profesional en el estudio de Evaristo Gómez Sánchez, un notable magistrado arequipeño. Volvió al Cusco en 1801, donde obtuvo dispensa del período de práctica que le faltaba cumplir, recibiéndose de abogado ante la Real Audiencia del Cusco (28 de setiembre de 1801). Hizo lo propio en la Real Audiencia de Lima con fecha 25 de enero de 1802.
De vuelta al Seminario de Arequipa, continuó su labor docente. Cumplido su deber magisterial, recibió las órdenes mayores de manos del Arzobispo Bartolomé María de las Heras, en Lima (13 de agosto de 1806). Ocupó la prosecretaría del Obispado de Arequipa y asumió los cargos de Vicerrector y Prefecto de Estudios en el Seminario (1807). Al año siguiente pasó a ejercer su ministerio en el curato de Torata.
En marzo de 1809 viajó a España, acompañando al Obispo Chávez de la Rosa en calidad de Secretario. La estancia de Luna Pizarro en la península fue decisiva en el curso posterior de su vida, pues allí presenció la resistencia que el pueblo opuso a la invasión napoleónica. Nombrado Capellán de la Presidencia del Consejo de Indias, asistió a las sesiones de las Cortes de Cádiz, que aprobaron la primera constitución de la monarquía española y la libertad de prensa. Fue designado examinador sinodal del arzobispado de Sigüenza (1811). Pero pronto obtuvo el permiso de su protector para retornar al Perú, embarcándose en la goleta Hermosa mexicana el 22 de diciembre de 1811. Llegó a Lima al siguiente año, justamente cuando la opinión del país se hallaba agitada por las elecciones de diputados a Cortes (1812).
En Lima ocupó el cargo de medio racionero en el Cabildo Metropolitano, una modesta prebenda que le fue otorgada por intercesión de su protector Cháves de la Rosa. En 1816 fue promovido a la dignidad de racionero y ejerció, hasta 1822, la secretaría del Cabildo, en recompensa de su fidelidad y talento. A solicitud de la Junta de Catedráticos, en 1819 pasó a ejercer el rectorado del Colegio de Medicina de San Fernando, sucediendo a Fermín de Goya, quien había fallecido en ese año. No obstante los avatares de la coyuntura emancipadora, mantuvo la regularidad de las labores académicas. Por exigencia de sus funciones debió pronunciar un elogio de Fernando VII y la monarquía española, durante la conmemoración anual del advenimiento de dicho monarca. Era, sin embargo, un republicano liberal. Abiertamente lo manifestó cuando se preparaba en Lima la proclamación de la independencia.

El Congreso Constituyente de 1822-1823

Luego de la proclamación de la independencia del Perú (28 de julio de 1821), integró la Junta de Purificación que recibió las informaciones de los curas acerca de sus servicios patrióticos; fue asociado a la Orden del Sol (12 de diciembre de 1821); integró la Sociedad Patriótica, creada para discutir acerca del régimen de gobierno conveniente al Perú (10 de enero de 1822).
Elegido diputado por Arequipa al Primer Congreso Constituyente del Perú. Aplicó brillantemente la experiencia adquirida al observar el funcionamiento de las Cortes de Cádiz. Le tocó presidir durante el primer mes de sesiones, del 20 de setiembre al 20 de octubre de 1822. Integró la comisión que trazó las bases de la primera Constitución Política que sería aprobada el año siguiente.
Intervino decisivamente en la conformación de la Suprema Junta Gubernativa de 1822 que presidió José de La Mar. Al ser disuelta esta Junta por el pronunciamiento del ejército peruano, que impuso a José de la Riva Agüero como Presidente de la República, pidió licencia y marchó voluntariamente a Chile. Allí permaneció hasta que se consumó la independencia peruana en la batalla de Ayacucho (9 de diciembre de 1824). Retornó entonces a Arequipa, tras ser nombrado tesorero del Cabildo Diocesano de dicha ciudad. Luego pasó a Lima, por haber sido nombrado tesorero del Cabildo Metropolitano; y con mucha habilidad empezó a socavar las posiciones de la dictadura bolivariana, no por ambición, sino por creer sinceramente que toda dictadura era funesta para la República.
Fue elegido diputado por Arequipa para el Congreso de 1826 que no llegó a funcionar. Lideró entonces al grupo de diputados liberales («los malditos diputados» como los calificara Bolívar) que hizo denodada oposición a la prórroga de la dictadura bolívariana y a la proyectada adopción de la Constitución Vitalicia. Ello le acarreó un nuevo destierro a Chile (agosto de 1826). Tras el retiro de Bolívar del Perú y subsiguiente caída del régimen vitalicio, Luna Pizarro retornó al Perú y al desembarcar en el Callao, el 29 de abril de 1827, fue recibido triunfalmente por una multitud, lo que demostraba su popularidad.

El Congreso General Constituyente de 1827-1828

En 1827, elegido nuevamente diputado por Arequipa, incorporóse al Congreso General Constituyente que debía proclamar una nueva Constitución Política. Presidió sus sesiones en dos periodos -primero, desde el 4 de junio hasta el 4 de julio de 1827, y luego desde el 4 de marzo hasta el 4 de abril de 1828-. Decidió la elección de José de La Mar como Presidente Constitucional; favoreció la inclusión de los principales dictados la Constitución de 1823 en la proclamada en 1828. Consideró necesario preparar la guerra contra la Gran Colombia, a fin de neutralizar la posibilidad de una reacción bolivariana; justificó la invasión a Bolivia y la expulsión de Sucre, logradas por el general Agustín Gamarra tras una fácil campaña; y alentó la anexión de Guayaquil, en vista de los sentimientos peruanistas que alentaban los principales residentes de esa ciudad.
Declarada la guerra entre Perú y la Gran Colombia, quiso prevenir la amenaza que veía asomar tras el creciente ascenso de Gamarra, pero sin lograrlo. Y cuando La Mar fue depuesto por Gamarra, Luna Pizarro marchó voluntariamente por tercera vez al destierro a Chile, para no otorgar su acatamiento al golpe de estado, mostrándose coherente con su prédica política.

La Convención Nacional de 1833-1834

En ausencia fue designado Deán del Cabildo eclesiástico de Arequipa (8 de marzo de 1831) y cuando volvió a su ciudad natal (enero de 1832), anunció su propósito de consagrarse exclusivamente a su ministerio religioso. Elegido senador por el departamento de Arequipa, alegó razones de salud para no incorporarse a la legislatura de 1832. No obstante, tuvo que reconsiderar su decisión. Los votos de su provincia natal, y de Tinta, lo llevaron a la Convención Nacional de 1833, una asamblea de representantes cuya misión era reformar la Constitución de 1828. Esta vez si marchó a Lima para ocupar la diputación. El grupo liberal, entre los que se contaba otro célebre sacerdote, Francisco de Paula González Vigil, lo eligió Presidente de aquel cuerpo legislativo, por efecto de sucesivas elecciones mensuales, desde el 12 de diciembre de 1833 hasta el 12 de marzo de 1834.
Se hallaba ya por finalizar el mandato del presidente Agustín Gamarra y al frustrarse las elecciones presidenciales, se encomendó a la Convención Nacional la elección de un Presidente provisorio. A pesar de que el favorito de los liberales era el general Domingo Nieto, Luna Pizarro influyó para que el nombramiento recayera en el General Luis José de Orbegoso, un militar débil y manejable, en oposición al candidato gobiernista, el general Pedro Pablo Bermúdez (1833). La idea era evitar que los militares más ambiciosos copasen el poder, pero ello, más que una solución a la amenaza de la anarquía, significó más bien el inicio de una terrible crisis política en el Perú, ya que los militares postergados no se quedaron con los brazos cruzados.
Luna Pizarro condenó severamente el audaz pronunciamiento del general Bermúdez, el candidato perdedor y caudillo de los gamarristas rebeldes. Por su influjo se decidió la orientación liberal de la nueva Constitución Política que fue proclamada el 10 de junio de 1834. Pero esta sería su postrera actuación política. Tras el golpe del general Felipe Santiago Salaverry (1835), su opinión no tuvo ya ninguna fuerza decisoria en la política peruana, ni aun cuando ejerció de consejero de Orbegoso durante el mandato de éste como Presidente del Estado Nor-Peruano, en tiempos de la Confederación Perú-Boliviana (1838). Decidió entonces consagrarse exclusivamente a su ministerio dentro de la Iglesia Católica.

Su influencia política entre 1822 y 1834

Luna Pizarro influyó decisivamente en la política peruana durante el periodo 1822-1834. Fue el mentor de las constituciones políticas de 1823, 1828 y 1834.
Si bien no estuvo presente en la redacción del proyecto de Constitución de 1823 por haber emigrado a Chile, este proyecto siguió la estructura que planteó en las «Bases de Constitución» de 1822 y que tomó de un muy difundido libro de política de la época, es decir, Parlamento Unicameral, Cuerpo Conservador o Senado Conservador, reformulándose solo la concepción de Poder Ejecutivo Plural tras la funesta experiencia de la Suprema Junta Gubernativa.
En cuanto a la Constitución de 1828 Luna Pizarro tomó como fuente principal la Constitución Argentina de 1826, que rechazaba el federalismo y que en cierta medida equilibraba los poderes ejecutivo y legislativo, con lo que se atemperaba el jacobinismo asambleario de la primera constitución peruana.
Finalmente, la Constitución de 1834, que es una enmienda o corrección de ciertos artículos de la Constitución de 1828, tratando de limitar los excesos del caudillismo militarista y, principalmente, como lo ha recalcado muy bien Paniagua Corazao, despojar al Poder Ejecutivo de sus principales atribuciones, tenía como propósito la federación con Bolivia, pensamiento que Luna Pizarro tuvo en mente durante todo el periodo de su influencia política, al igual que otros políticos peruanos, buscando unir el Alto y Bajo Perú.

Episcopado

Nombrado Obispo titular de Alalia in partibus infidelium y Obispo auxiliar de Lima, fue consagrado el 21 de setiembre de 1837, retirándose al convento de San Francisco. Fue nombrado también Deán del Cabildo Metropolitano (1838); a partir de entonces se dedicó enteramente a las obligaciones de su ministerio. En 1842, habiendo fallecido el Arzobispo de Lima Francisco de Sales Arrieta, fue nombrado Vicario capitular en sede vacante, y en el consistorio del 24 de abril de 1845, fue preconizado Arzobispo de Lima por S.S. Gregorio XVI. Enviada la bula respectiva, tomó posesión el 27 de abril de 1846, como vigésimo Arzobispo de Lima, dignidad que ejerció hasta su fallecimiento en 1855.
Durante su gestión señaló como erróneas algunas ideas que antes profesara con entusiasmo, e inclusive gestionó la condenación papal contra los alegatos regalistas de su viejo amigo, el sacerdote Francisco de Paula González Vigil. Ofreció su apoyo a las Hermanas de los Sagrados Corazones. que llegaron imprevistamente al Perú y a quienes el Presidente Ramón Castilla les encargó el Colegio del Espíritu Santo. Restauró la labor del Seminario Mayor de Santo Toribio para religiosos y seglares.
Fuente: Wikipedia.

Monseñor Claudio María Dubuis

El Fundador de las Hermanas de la Caridad del Verbo Encarnado-CCVI

Claudio María Dubuis nació en Teche, a unas diez millas de Roanne (Francia); el 8 de marzo de 1817. Sus padres fueron Antoine y Francois Dubuis. Fue el quinto hijo de una familia de ocho hijos y le dieron el nombre de su tío, el Abad Claude Dubost y de su tía materna, Marie. Desde la primera infancia, Claude trabajó con sus hermanos en la granja de la familia y no asistió regularmente a la escuela pues no había un maestro residente en la aldea en que vivía, lo que hacía que las familias proporcionaran educación en el hogar. Se sabe que su madre, con quien Claudio tenía una relación muy cercana, se encargó de su formación religiosa, y más tarde, su tío, el Abad Claude, lo llevó a vivir en su residencia, donde trabajó y estudió latín para prepararse a ingresar a la escuela preparatoria del seminario a la que asistían 400 estudiantes, a la que entró en 1833.
Debido a su carácter alegre, Claudio fue bien recibido por los estudiantes; sin embargo, los maestros pronto descubrieron su falta de estudios básicos y su incapacidad para llevar a cabo los estudios que se impartían en esta escuela. No había estudiado griego. Poco a poco, Claudio se desanimó debido a sus fracasos y le pidió a su tío que lo llevara a casa. Tanto el Abad Claude como el Director del instituto estaban conscientes de una vocación potencial, así que no estaban seguros de que fuera conveniente interrumpir su programa de estudios. Después, en 1834, después de pasar seis meses desanimado por su bajo nivel académico, Claudio tomó la decisión personal de regresar a su hogar en Teche, donde sus padres lo recibieron y lamentaron su situación. Las oraciones de su madre siempre acompañaron a su hijo en su camino.
La dura realidad de sobrevivir de nuevo en casa sin tener destrezas para un trabajo en especial, obligó a Claude a trabajar como jornalero durante varios años. En sus momentos de oración, enfrentaba su desaliento, su anhelo interno de ser sacerdote y la realidad de sus fracasos en el estudio. Tiempo después, Dios intervino y Claudio estaba listo para presentar este plan a sus padres: ʺSi no puedo ser sacerdote, me consagraré a Dios; seré un Hermano Marista, iré a misiones en el extranjero y enseñaré a los nativos el nombre de Cristoʺ.
Sus padres estaban felices y le pidieron a su tío Claude que le consiguiere un tutor personal en el área del lenguaje quien le ayudó a continuar con sus estudios y a dominar los elementos del griego y el latín. Así, en 1836, el entusiasta Claudio entró al seminario menor de San Jodard, que se encuentra cerca del Río Loire. Claudio se sorprendió cuando obtuvo el primer lugar de su clase en Retórica.
Al avanzar a su siguiente nivel de estudios, Claudio entró al seminario de LʹArgentiere donde uno de sus compañeros lo consideró: ʺun excelente estudiante, uno de los mejores de la clase; un espíritu muy honesto, un corazón noble, una naturaleza llena de vida y de energía, una persona con ímpetu tanto para el trabajo como para el juego…él fue uno de nuestros mejores jugadores y en todas sus relaciones con sus compañeros, mostró nobleza y energíaʺ.
Poco a poco, Claudio dominó los estudios requeridos y en 1840, a los 20 años de edad, entró al seminario mayor de San Ireneo en Lyon, que era famoso por su alto nivel académico, su rigor en los cursos y su disciplina rígida. Claudio aceptó los rigores, conservando su alegría. Aquí trabajó con hombres de amplia experiencia cuyas pláticas le ayudaron a ampliar su pensamiento. El seminario llegó a ser una escuela de experiencia espiritual que lo prepararía para una larga vida en el ministerio sacerdotal. Recibió la tonsura después de su primer año, y eso hizo que Claude se sintiera seguro de estar cerca a su meta.
En su segundo año lo nombraron enfermero y él atendió a los enfermos con alegría. Sin embargo él enfermó al final de ese año y los médicos temían por su vida. Claudio, que sabía cómo acercarse a Dios mediante la oración, rogó por su vida para poder servir a Dios en los campos de misión como sacerdote. Desde lo profundo de su corazón adolorido dijo: ʺSeñor, Tú eres el señor de la vida y de la muerte. Estoy gravemente enfermo. Pero Tú tienes el poder de sanarme. Escucha mi oración para que yo pueda trabajar por la salvación de las almas. Si me salvas, prometo dedicar diez años en las misiones para llevar tu nombre a los nativosʺ.
Contrario a las opiniones de los médicos, Claudio recuperó la salud y fue ordenado sacerdote el 1 de junio de 1844 en Lyon, Francia. Había llegado el día que él había anhelado durante toda su vida. En ese día memorable, él y su madre se alegraron juntos al darse cuenta de que ʺnada es imposible para Diosʺ.
Más o menos en esa época, el Obispo Odin, de Texas, que era francés, estaba en Francia con la misión de llevar misioneros a su enorme diócesis. El Padre Claudio y su familia tuvieron la oportunidad de reunirse con él y recibir la información básica que necesitaban para considerar la posibilidad de que su hijo prestara servicio en las misiones de Texas. El Padre Claudio decidió seguir al Obispo Odin y viajar a Texas.
El Padre Claudio y un pequeño grupo de compañeros, navegaron rumbo a Nueva Orleans, USA en 1846. Después fueron a un Seminario en Missouri para estudiar el idioma inglés antes de llegar a Galveston, Texas. El Obispo Odin asignó al padre Claudio a Castroville, en las afueras de San Antonio para hacerse cargo de los colonos que hablaban alemán y alsaciano que vivían ahí y en áreas circundantes.

PUNTOS CULMINANTES EN EL MINISTERIO DEL OBISPO DUBUIS

1847: Primer Párroco de la Iglesia Católica de San Luis, en Castroville, Texas. Edificios: una iglesia pequeña y una cabaña sencilla. Colonos indiferentes. Hablaba alemán, alsaciano y español. Construyó su propia casa con la ayuda del Padre Mathew Chazelle. Abrió una escuela para ochenta (80) estudiantes de la localidad. Inauguró un cementerio colocando una cruz en una colina cercana (Colina de la Cruz).
1847: Murió el Padre Chazelle de tifus; llegó el Padre E. Domenech. Sus deberes pastorales incluían Castroville, DʹHanis, Fredericksburg y New Braunfels. Se construyó una segunda iglesia en 1850.
1852: El Padre Claudio Dubuis fue asignado a San Antonio y se le nombró Vicario General.
Era un trabajador incansable, construyó Iglesias y promovió la fe católica en el territorio de Texas.
1862: El padre Claudio Dubuis fue consagrado como Segundo Obispo de Texas y primer Obispo de Galveston en una festiva ceremonia en la ciudad de Lyon; lo acompañaron sus padres, sus familiares y sus amigos del área, con quienes vivió en Teche y en Lyon. El Obispo Dubuis reclutó sacerdotes y religiosos de Europa para prestar servicios en Texas; el clero estaba formado por cuarenta (40) sacerdotes.1866: El Obispo Dubuis reclutó a las primeras Hermanas de la Caridad del Verbo Encarnado para el ministerio del cuidado a la salud en Texas; estas hermanas recibieron formación en el Convento del Verbo Encarnado y el Santísimo Sacramento en Lyon; el nuevo convento se estableció en Galveston.
En marzo de 1869: La comunidad CCVI de Galveston contaba con ocho (8) hermanas; El Obispo envió a tres hermanas para iniciar un ministerio de atención a la salud en San Antonio; así se estableció el primer hospital católico en San Antonio.
29 de marzo de 1869: El Obispo Dubuis estableció oficialmente la Misión CCVI de San Antonio como una Congregación independiente bajo el liderazgo de la Madre Madeleine Chollet como Superiora y el Obispo Dubuis como Fundador.

12 de Julio de 1881: la mala salud obligó al Obispo Dubuis a renunciar a su puesto como Obispo de Galveston y a regresar a Francia.
21 de octubre de 1869: La nueva Comunidad CCVI de San Antonio, con la ayuda del Obispo Dubuis, se mudó a un edificio reconstruido, la Enfermería de Santa Rosa. El periódico, Antonio Daily Herald publicó un anuncio de este hospital.
6 de junio de 1894: El Obispo Dubuis, con su clero y los laicos de su diócesis, celebró su Jubileo de Oro como sacerdote, y su trigésimo sexto aniversario de su Consagración Episcopal, en la Iglesia de Lyon, Francia.
21 de mayo de 1895: El Obispo Dubuis, después de una enfermedad prolongada, murió y sepultado en la parroquia de Coutouvre, Francia.
Se dice que más de cuarenta (40) periódicos franceses mencionaron del deceso del gran misionero, y que en Estados Unidos los periódicos superaron a las publicaciones francesas en sus alabanzas al Obispo Dubuis; un auténtico testimonio del afecto que sentían por él sus amigos en Texas.
Episcopus
Un amigo cercano del Obispo Dubuis, durante su ministerio en Texas, señaló: ʺEs un hombre muy culto. habla francés, alemán, inglés, español y latín con facilidad y gracia, e incluso con elegancia. Sabe filosofía; conoce el corazón humano; puede conversar con Papas y Condes, y puede sentirse cómodo entre los campesinos; es inteligente, bondadoso y trabaja arduamente. Miren sus manos. Son las manos de un hombre trabajador. El conocer la grandeza hizo posible que la entendiera en su verdadera dimensión”.
Fuente: L.V. Jacks. Claude Dubuis, Obispo de Galveston. 1946.

Espíritu Santo 2017

Evangelio según San Juan 20,19-23:
Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: “¡La paz esté con ustedes!”.
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.
Jesús les dijo de nuevo: “¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes”.
Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: “Reciban el Espíritu Santo.
Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan”.

LOS CAMINOS DEL SEÑOR

Por el Padre Pablo Larrán García OSA
Ayer sábado, un numerosísimo grupo de exalumnos de la Universidad Católica del Perú celebramos con orgullo y gratitud los cien años de nuestra Alma Mater. Como exalumno, me concedieron el privilegio de presidir la Eucaristía que dio inicio a esta jornada de camaradería, que alcanzó un número increíble de participantes, pues no todos los días se cumplen cien años.
En la Eucaristía, compartí dos experiencias vividas en el campus universitario. Recordé mis primeros años en el curso de Tecnología Educativa I y al maestro de maestros, Jorge Capella Riera, con quien tuve un encuentro que marcó positivamente una parte importante de mi vida y que me gustaría compartir contigo. Recién ordenado sacerdote en el año 79, mi primer y único destino fue el Perú. Mi comunidad fue el Colegio San Agustín y como mi camino era la educación, me dijeron que debía estudiar pedagogía en la Católica. Así que en el año 82 inicié mis estudios y uno de los primeros cursos que llevé fue Tecnología Educativa I, magistralmente dictado por el Dr. Jorge Capella Riera. Un día, al terminar la clase, sabiendo que era sacerdote y que había nacido en España me pidió conversar. Como ya me iba a retirar a mi comunidad y una hora más o menos no iba a afectar mi horario, le dije que podíamos conversar en ese momento. Recorrimos el camino desde las aulas de Letras hacia su oficina, que era una construcción de madera muy bien diseñada, simple pero muy acogedora. Antes de llegar me preguntó cómo había sido destinado al Perú, cómo había llegado, cómo me había adaptado y le respondí que con la Gracia de Dios y con la ayuda de mis hermanos agustinos, estaba viviendo una experiencia maravillosa.
Él me dijo que era muy joven y le contesté que cuando fui ordenado en el año 79, era el sacerdote más joven del mundo. Al llegar a su oficina me preguntó por la comunicación con mis padres, y le respondí que ellos eran el mejor regalo que me había dado Dios. Luego me hizo una pregunta que me sorprendió, teniendo en cuenta que estábamos a inicios de los 80: ¿Cuántas cartas le envías a tus padres? Le respondí que una al mes. En ese momento, me dio la gran lección de mi vida. Me dijo que todos los días les escribiera en tres líneas lo que había hecho y lo que pensaba, y que cuando se llenara la hoja, la pusiera en un sobre y se la enviara a mis padres.PABLO LARRANEn nuestra conversación dominical de la semana pasada, te contaba de la misa que los exalumnos de la Católica ofrecimos a Jesús en agradecimiento por los cien años de la universidad.
Las semillas que la universidad sembró en nuestras mentes y en nuestros corazones, crecen y dan fruto en el momento menos esperado de nuestra historia personal.
Como te conté, el Dr. Jorge Capella Riera sembró en mí una semilla que se demoró más de 30 años para dar fruto.
Un día, terminada la clase de Tecnología Educativa I, me invitó a conversar y me preguntó (estábamos en la década de los 80) cuántas cartas enviaba a mis padres para contarles mi vida en el Perú. Le contesté que una al mes y en ese momento me dio la gran lección de vida al pedirme que cada día antes de acostarme, pensara en mis padres y les escribiera en dos o tres líneas lo que había hecho en el día. Cuando hubiese llenado la hoja, la doblase y la pusiera en un sobre para enviarla por correo. Luego me dijo: Pablo, lo que tú escribas una vez, tus padres lo van a leer mil veces. Hazlo por ellos. Llegué a mi casa y a partir de aquel día empecé a “regar” la semilla que el Dr. Capella había sembrado en mí.
Después vinieron las llamadas telefónicas, el internet y el Skype. Sin embargo, aquello que sembré en la década de los 80 tuvo su fruto en esta época. Hace un año, unos días después de que mi madre partiera al cielo, mi padre, mi hermana, mis sobrinos y yo revisábamos lo que había dejado y grande fue la sorpresa al encontrar en un cajón con llave todas las cartas que les había enviado. En ese momento entendí que en cualquier momento de nuestras vidas podemos cosechar los frutos de las semillas que vamos sembrando, que aparentemente no tienen mayor valor pero que con el paso del tiempo, al igual que el buen vino, van desarrollando y para mí, ese fue el más exquisito fruto con sabor a amor y gratitud y cuyo límite solo puede ser el cielo.
Se lo conté a mis alumnos del colegio Nuestra Señora del Consuelo y ahora te lo cuento a ti, para que cada uno de los días de nuestra vida cultivemos con amor semillas que algún día se convertirán en sabrosos frutos que nos fortalecerán.
Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

Yo estaré siempre con ustedes

Evangelio según San Mateo 28,16-20:
En aquel tiempo, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado.

Al verlo, se postraron delante de el; sin embargo, algunos todavía dudaron.
Acercándose, Jesús les dijo: “Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra.
Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo”.

Episcopologio de Cusco

RICHARD DANIEL ALARCÓN URRUTIA
Nació en Lima el 10 de abril de 1952. Ingresó a la Orden Franciscana en el año 1969. Sus Estudios Filosóficos los realizó en Cusco en el estudiantado franciscano de La Recoleta. Sus Estudios  Teológicos  los realizó en la Facultad  de Teología Pontificia  y Civil de Lima.
Emitió la profesión solemne, en la Orden de los Frailes Menores, el 15 de mayo de 1976 y fue ordenado sacerdote el 08 de diciembre de 1976.
Ejerció su ministerio sacerdotal como Párroco de la Parroquia San Francisco del Cusco y luego se dedicó a la formación de los postulantes, filósofos y teólogos. Fue Guardián y Maestro de postulantes en el Convento de Santa Bárbara en Juliaca, Puno (1979-1981), Vice-Maestro de Profesos temporales  (Teólogos) de la Casa de Formación del Convento de San Francisco en Lima (1982).
El 20 de abril de 1993 obtuvo el indulto de salida de la Orden Franciscana, incardinándose  en la Diócesis de Tarma.
Se trasladó  a la Diócesis de Tarma como sacerdote misionero y se quedó hasta incardinarse como sacerdote diocesano.  Ha trabajado como Párroco  de la Parroquia de San Cristóbal de Palcamayo, (1983-1989), fue Administrador  Diocesano de la Diócesis de Tarma (1990-1992), Párroco de la Catedral “Santa Ana” de Tarma (1993-1996), Párroco de la Parroquia de San Miguel Arcángel de Ulcumayo, (1996-2001), y fue responsable de la Comisión Diocesana para los laicos, (1999-2001). Además fue Vicario General de la Diócesis de Tarma.
El 13 de junio del 2001 fue nombrado Obispo para la Diócesis de Tarma, recibiendo  la Ordenación Episcopal, el 21 de julio sucesivo, fecha en la que tomó posesión canónica  de la Diócesis.
Desde Enero de 2012 es el Presidente de Cáritas del Perú y en la 104a Asamblea Plenaria Extraordinaria de la Conferencia Episcopal ha sido elegido miembro del Consejo Permanente.
El 27 de Octubre de 2014, su Santidad el Papa Francisco, le nombra como Arzobispo del Cusco, cuya  toma de posesión fué el día 03 de Enero de 2015.
Juan Antonio Ugarte Pérez:  Nació en Lima el 23 de setiembre de 1938. El 27 de agosto de 1967, recibe la ordenación sacerdotal por la imposición de manos del Obispo de Segovia, incardinándose en el Opus Dei y obtiene el Doctorado en Derecho Canónico en 1968, año en que regreso al Perú. En 1983 colabora con el Arzobispado de Piura, prestando sus servicios como Canciller. Ese mismo año el Santo Padre lo nombra Obispo, y recibe la plenitud del sacerdocio el 2 de octubre, de manos de Monseñor Mario Tagliaferri, Nuncio Apostólico del Perú. Prestó servicios episcopales en la Diócesis Abancay (1983-1986), en la arquidiócesis del Cusco (1986-1991) y en la Prelatura de Yauyos (1991-2004). El 29 de noviembre del 2003 se hizo público su nombramiento como Arzobispo del Cusco y asume el nuevo encargo el 30 de enero del 2004. Ha sido presidente de la Comisión Episcopal de Liturgia (dos períodos) y de la Comisión Episcopal de Familia (dos períodos). Fue elegido miembro del Consejo Permanente de la Conferencia Episcopal y el 2006, delegado ante el CELAM. En el año 2013, al cumplir los 75 años de edad, presentó su renuncia al arzobispado del Cusco, según el canon 401, 1 (por límite de edad); dicha renuncia le fue aceptada al nombrar nuevo Arzobispo a Monseñor Richard Daniel Alarcón Urrutia el 28 de octubre de 2014. Monseñor Ugarte permaneció como Administrador Apostólico del Cusco hasta la toma de posesión de esta sede por Monseñor Alarcón, el 03 de enero de 2015.
Alcides Mendoza Castro: Nació el 14 de marzo de 1928, recibió el Orden Presbiteral el 15 de septiembre de 1951. Fue consagrado Obispo el 6 de julio de 1958, convirtiéndose en el obispo más joven del mundo. Participó en las cuatro sesiones del Concilio Vaticano II siendo el obispo más joven de este evento, con sólo 34 años de edad. El 5 de octubre de 1983, Juan Pablo II lo nombró Arzobispo del Cusco. En 1985 recibió la visita del Beato Juan Pablo II a la Arquidiócesis y al actual Benedicto XVI cuando fue Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en 1986. En 2008 cumplió 50 años de misión episcopal y el 7 de junio del mismo año el entonces presidente del Perú lo condecoró con la Orden al Mérito por Servicios Distinguidos en el Grado de Gran Cruz. Su lema episcopal: «Cum Maria Matre Iesu: Con María, la Madre de Jesús». Tras padecer con fortaleza heroica un doloroso cáncer, su “dies natalis”, donde entró en la casa del Padre, le llegó el 20 de junio de 2012. Falleció en Lima, habiendo recibido los Santos Sacramentos y la Bendición.
Luis Vallejos Santoni: Trasladado del Callao el 16 de marzo de 1975; murió el 08 de junio de 1982.
Ricardo Durand Flórez SJ: Nació en Ambo, Huánuco el 16 de abril de 1917. Ordenado Sacerdote el 18 de diciembre de 1948. Electo al Cusco el 14 de febrero de 1966, consagrado como Arzobispo del Cusco el 25 de marzo de 1966. Trasladado al Callao el 14 de enero de 1975. Renunció el 16 de agosto de 1995.
Carlos María Jurgens Byrne CSSR: Preconizado el 17 de diciembre de 1956; trasladado a Trujillo en 1965; murió en Lima el 06 de junio de 1980.
Felipe Santiago Hermoza y Sarmiento: Preconizado en 1935; primer Arzobispo del Cusco en 1943; trasladado como Arzobispo titular de Berea y Vicario General Castrense en 1956; renunció en 1967; murió en Lima en 1980.
Pedro Pascual Farfán de los Godos: Trasladado de Huaraz en 1918; promovido a Lima en 1933; murió en 1945.
Fray José Gregorio Castro OFM: Preconizado en 1910; renunció en 1917; murió en 1924.
Juan Antonio Falcón: Preconizado el 19 de enero de 1893; murió en 1909.Pedro José Tordoya Montoya: Obispo titular de Tiberiópolis; trasladado a Cusco en 1873; renunció en 1880; murió en 1883.
Julián de Ochoa: Preconizado en 1865; renunció en 1874.
Eugenio Mendoza Jara: Preconizado el 17 de setiembre de 1838; murió en 1854.
Fray José Calixto de Orihuela OSA: Trasladado el 28 de junio de 1821; renunció en 1826; murió en 1841.
José Pérez de Armendáriz: Preconizado en 1805; murió en 1819.
Juan Manuel Moscoso y Peralta: Trasladado de Tucumán en 1779. Promovido a Granada en 1783.
Bartolomé María de las Heras: 1783; promovido a Lima en 1805; murió en 1823.

Agustín de Gorrichátegui: Preconizado el 16 de diciembre de 1769 a 1776.
Juan de Castañeda: Trasladado de Panamá desde 1749 a 1752.
Manuel Jerónimo de Romaní y Carrillo: Trasladado de Panamá desde 1763 a 1768.
Pedro Morcillo Rubio de Auñón: Trasladado de Panamá en 1742; murió en 1747.
Juan de Sarricolea y Olea: Trasladado de Chile el 05 de mayo de 1734 a 1740.
Fray Bernardo Serrada: Preconizado el 19 de diciembre de 1725 a 1733.
Fray Gabriel de Aguirre: Trasladado de Buenos Aires el 14 de enero 1716 a 1724.
Melchor de la Nava y Moreno: Preconizado el 09 de mayo de 1712 a 1714.
Juan González de Santiago: Preconizado el 09 de febrero de 1705; murió el 12 de diciembre de 1707.
Manuel de Mollinedo y Angulo: Preconizado el 15 de diciembre de 1670; murió el 12 de diciembre de 1699.
Fray Martín de Montalvo OSA: Preconizado el 29 de abril de 1669; no se hizo cargo.
Bernardo de Izaguirre de los Reyes: Trasladado de Panamá el 31 de julio de 1662; murió el 17 de marzo de 1670.
Agustín de Sandoval: Preconizado el 17 de noviembre de 1659, no se hizo cargo; murió en abril de 1661.
Pedro de Ortega Sotomayor: Preconizado el 27 de noviembre de 1651; murió en 1658.
Juan Alonso de Ocón: Preconizado el 11 de agosto de 1643 a 1651.
Diego de Montoya: Preconizado el 15 de junio de 1640, no tomó posesión.
Hernando de Vera: Preconizado el 20 de abril de 1629; murió el 09 de noviembre de 1638.
Lorenzo de Grado: Trasladado de Paraguay el 18 de marzo de 1619 a 1627.
Fernando de Mendoza SJ: Preconizado 12 de enero de 1609 a 1616.
Antonio de la Raya: Preconizado el 06 de junio de 1594 a 1606.
Fray Gregorio de Montalvo: Preconizado el 06 ó 16 de noviembre de 1587; murió el 11 de diciembre de 1592.
Sebastián de Lartaun: Preconizado el 04 de septiembre de 1570 a 1583.
Luis Matías Pinelo de Mora: Preconizado el 12 de febrero de 1565.
Francisco Ramírez: Preconizado el 06 de julio de 1562, murió en 1564 sin tomar posesión.
Sebastián Carviago o Carriago: Nombrado en 1562.
Fray Juan Solano OP: Preconizado el 18 de febrero de 1544; renunció en 1561; murió en 1580.
Fray Vicente de Valverde OP: Preconizado en 1537; murió en 1541.
Fuente: www.arzobispadodelcusco.org

MONSEÑOR PEDRO PASCUAL FARFÁN DE LOS GODOS

Por Fredy Medrano Fernández Baca.
XXVIII Arzobispo de Lima, Primado del Perú y Vicario General de las Fuerzas Armadas. Nació en la ciudad del Cusco el 23 de Octubre de 1870, sus padres fueron Máximo Farfán y Antonia Pascual.  Estudió en el Seminario San Antonio Abad, ordenándose de sacerdote el 29 de Diciembre de 1894; celebró su primera misa el 6 de Enero de 1895. Fue párroco de Belén, profesor y Vice-Rector del Seminario, Promotor de Justicia. Presentado para el Obispado de Huaraz en 1906, se consagró en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario el 15 de Diciembre de 1907. Habiendo entrado en la ciudad de Huaraz el 23 de Enero de 1908.
Celebró el primer Sínodo, creó el Seminario de San Pedro Pascual de Carhuaz, dio a la Catedral la Regla Consueta, visitó dos veces y a caballo toda su extensa y accidentada Diócesis hasta llegar a las márgenes del río Marañón y a lugares jamás visitados por prelado alguno.
En Abril de 1918 S.S. Benedicto XV lo promovió al antiguo Obispado del Cusco, saliendo de Huaraz el 14 de Julio de ese año. Ingresó a la histórica sede el 18 de Octubre.
En este Obispado reorganizó la Curia y el Seminario, practicó la visita pastoral en toda su vasta extensión incluyendo el departamento de Apurímac. En 1919 celebró el IV Sínodo. En 1921 conmemoró el Centenario de la Independencia con la entrada de la Cruz de la Conquista y la celebración del Congreso Interdiocesano de A.S. En 1922 celebró el V Sínodo exclusivamente para “remediar las múltiples necesidades de los HH. Autóctonos”. Desempeñó durante ocho años la Presidencia del Patronato de la Raza Indígena. En 1926 el Consejo Provincial del Cusco le otorgó el título de “Hijo Ilustre” como reconocimiento a su brillante labor pastoral y a sus eminentes dotes intelectuales. En 1927 hizo la visita Ad-limina Apostolorum, habiendo sido recibido por S.S. Pío XI con muestras de particular deferencia. En 1928 celebró el Primer Congreso Eucarístico Diocesano que fue el Primero del Perú. En 1932 cumplió sus Bodas de Plata Episcopales, siendo honrado por este motivo por S.S. el Papa con los títulos de Prelado Doméstico y Asistente al Sacro Sello Pontificio y con una honrosísima carta autógrafa.
En 1933 Coronó canónicamente la venerada imagen de Nuestra Señora de Belén, Patrona del Cusco, siendo promovido en septiembre de este mismo año a esta Sede Arzobispal Primada, en la que no obstante su ya avanzada edad y sus 28 años de episcopado, como en sus mejores años, hizo derroche de celo y energías durante los doce años que duró su gobierno Arzobispal, mostrando en todo momento sus grandes condiciones de Prelado según el corazón de Jesús: celoso, vigilante, sagaz y prudente y a la vez dotado de admirable don de gentes y de un probado espíritu de sacrificio. Promulgó el VIII Concilio Limense, celebró el XIV Sínodo Arquidiocesano; reorganizó “El amigo del Clero” y en 1935, le cupo la suerte de celebrar en forma digna y grandiosa el Primer Congreso Eucarístico Nacional que tuvo la virtud de prender en toda la extensión de la patria el fuego eucarístico y despertar la conciencia católica de los peruanos, llamándolos urgentemente a la organización de la A.C. En 1936 acometió resueltamente la magna obra del Seminario de la Magdalena que perpetuará su santa memoria. “Señor de la palabra”, supo lucir su magnífica oratoria en acontecimientos memorables nacionales y extranjeros. En el Congreso Internacional de Buenos Aires y en el celebrado en Medellín, Colombia, puso muy en alto el prestigio de su patria, a la que amaba. En vista del notable crecimiento del área urbana de Lima erigió parroquias en distintas zonas. El 17 de septiembre de 1945 a horas diez y media de la mañana en medio de la consternación general y cuando los campanarios tocaban plegaria, entregó su alma al Creador, pobre y santamente en una habitación del Hospital Arzobispo Loayza. Antes, cuando le fue anunciada su muerte por el Nuncio de S.S. había exclamado como otro Toribio de Mogrovejo: IN DOMUN DOMINIO IBIMUS.
Pocos días antes se anunciaba desde Roma su próxima elevación a la Sagrada Púrpura. Dios se reservó concederle otro galardón eterno. Estuvo condecorado por el Rey de España con la Gran Cruz de Isabel la Católica, por el Gobierno de Venezuela con la Orden del Libertador y por la de su patria con la Gran Cruz de la Orden del Sol.
Fuente: Diario el Comercio Domingo 15/12/57.
SERMONES ORIGINALES DE MONSEÑOR PEDRO PASCUAL FARFÁN QUE SE GUARDAN EN LOS ARCHIVOS DE LA ARQUIDIÓCESIS
1.- III Centenario de la Fundación del Seminario Conciliar de San Antonio Abad del Cusco.
Capilla de San Antonio Abad–Cusco-1898.
2.- Exaltación al Solio Pontificio del Santo Pontífice Pío X . Catedral del Cusco–1903.
3.- Centenario de la Muerte de Santo Toribio. Cusco–1906.
4.- Reconstrucción de la Alocución Pronunciada el día de la toma de posesión.
Catedral–Cusco, 18 de Octubre de 1918.
5.- Oración Patriótica. Salón de Artesanos–Cusco, 1919.
6.- Transmisión de mando de la Unión Católica de Señoras. Cusco, 25 de Diciembre de 1920.
7.- Centenario de la independencia del Perú, Inauguración del Congreso Interdiocesano de Acción Social. Cusco, Julio de 1921.
8.- Discurso con motivo de la visita del Embajador Carlos Pietropaoli. Cusco, 22 de Agosto de 1921.
9.- Virgen de las Mercedes en el día de su coronación. Cusco, 24 de Septiembre de 1921.
10.-Transmisión de mando de la Unión Católica de Señoras. Cusco, Diciembre de 1921.
11.-Muerte de S.S. Benedicto XV, Oración Fúnebre. Catedral del Cusco, 1922.
12.-Pascua de Resurrección de Nuestro Señor y III Centenario de la Canonización de Santo Tomás de Aquino.  Catedral del Cusco, 2 de Abril de 1924.
13.-Canonización de Santa Teresita del Niño Jesús. Templo de Santa Teresa-Cusco, 3 de Septiembre de 1925.
14.- Oración Fúnebre por la Caída en Puno del Aviador Velasco Astete. Cusco, 1 de Octubre de 1925.
15.- VII Centenario de San Francisco de Asís. Catedral- Cusco, 1926
16.- Establecimiento de la Festividad de Cristo Rey. Catedral – Cusco, 31 de Octubre de 1926.
17.- Aniversario de Pío XI y Oración Pro México. Catedral–Cusco, Enero de 1928.
18.- Inauguración de la Basílica Menor. Cusco , 24 de Septiembre de 1928.
19.- Sermón Eucarístico. Cusco, 24 de septiembre de 1928.
20.- Primer Congreso Eucarístico del Perú. 1928.
21.- XXXII Congreso Internacional de Buenos Aires. Palermo, 11 de Octubre de 1934.
22.- Reconstrucción de la alocución dirigida con motivo de una renovación de votos religiosos. 21 de Diciembre de 1934.
23.- Alocución con motivo de la visita del Presidente de la República al Seminario Santo Toribio al concluir el Congreso Eucarístico. Lima, 1934.
24.- Primer Congreso Eucarístico Nacional – Radio Difusora. Lima, 30 de Septiembre de 1935.
25.- Primer Congreso Eucarístico Nacional. Plaza Dos de Mayo – Lima, 23 de Octubre de 1935.
26.- Nuevo Local del Seminario de Santo Toribio, Bendición de la Primera Piedra. Magdalena–Lima, 19 de Marzo de 1938.
27.- Asamblea Episcopal sobre el Protestantismo. Arequipa, 7 de Noviembre de 1940.
28.- Mensaje Radial después del Terremoto. Lima, 1940.
29.- Exhortación al Clero en el 35 Aniversario de la Consagración Episcopal. Lima, 15 de Diciembre de 1942.
30.- III Congreso Eucarístico Nacional a realizarse en Trujillo. 1943.
31.- Solución al problema Indígena. Lima 6 de Julio de 1945.
32.- IV Centenario del Nacimiento del Inca Garcilaso de la Vega.
33.- Bendición de la Ampliación del Hospital de Belén.
34.- Discurso de Toma de Cargo como Presidente de la Acción Católica Peruana.
35.- Jubilación Doctor Medina.
36.- Fiesta Cristo Rey.
37.- Clausura del Seminario.
38.- Sermón sobre el Sagrado Corazón y el Espíritu Social de Sacrificio.
39.- Panegírico del Sepelio del Señor Aranibar.
40.- Panegírico del Sepelio del Señor Aguilar.
41.- Fiesta del Cusco.
42.- Sermón sobre Santa Clara.
43.- Sermón sobre la Virgen del Rosario.
44.- Verdadera y única Solución de la Cuestión Social.
45.- Alocución en el Congreso Eucarístico de Trujillo
46.- Plática Nupcial.
47.- Clausura del Seminario San Antonio Abad del Cusco.
48.- Coronación de la Virgen del Rosario del Cusco.
CALUMNIA REALIZADA AL MONSEÑOR PEDRO PASCUAL FARFÁN
El 31 de Octubre de 1918 en los diarios LA VERDAD y EL COMERCIO, se lanzaron acusaciones contra el Monseñor Pedro Pascual Farfán, aduciendo que se había apoderado de un collar de perlas de la parroquia de Santo Domingo de Yungay, manchando su honorabilidad y generándole muchos sinsabores.
Después de muchas investigaciones, no tardaron las sospechas contra el Presbítero Don Pedro González Arribas, sacerdote español, quien había falsificado el inventario de la parroquia de Yungay, y que esta se comprobó fácilmente con la presentación del libro original de inventarios realizado por el señor Francisco Turria, que después de dicho acto le entabló querella criminal ante el Juez de Primera Instancia.
El Presbítero González al no tener ninguna escapatoria, optó por la fuga muriendo en el camino para Moro por donde se dirigía para abordar un vapor en el Puerto Samanco.
El levantamiento de cadáver lo realizó el sacerdote español Santiago Aspe, encontrando el collar de perlas en el bolsillo del difunto, y verificando con el documento del inventario que ciertamente se trataba del collar que se le acusaba de robo falsamente al Monseñor Pedro Pascual Farfán.
Fuente: Archivo Arzobispal del Cusco Caja: Periódicos, Recortes, Sermones y Correspondencias de Monseñor Pedro Pascual Farfán.

Obispo Prelado electo de la Prelatura de Caravelí

El Santo Padre Francisco ha nombrado Obispo Prelado electo de la Prelatura Territorial de Caravelí al reverendo sacerdote Reinhold Nann, del clero de la Arquidiócesis de Friburgo de Breisgau (Alemania), misionero fidei donum en Perú y, hasta ahora Párroco de la Parroquia “San Antonio de Padua” del Vicariato Apostólico de San José del Amazonas.
Reverendo Reinhold Nann
El reverendo sacerdote Reinhold Nann nació el 25 de agosto de 1960 en Breisach, Arquidiócesis de Friburgo de Breisgau (Alemania). Ha completado los estudios de Filosofía y Teología en la Universidad Albert-Ludwig de Friburgo. Fue ordenado presbítero el 31 de mayo de 1987.
En un primer período, llegó al Perú, como sacerdote fidei donum, en la Diócesis de Carabayllo, durante los años 1992-1996. Posteriormente regresó al Perú, a la Arquidiócesis de Trujillo, siempre como sacerdote fidei donum en el 2002.
Como presbítero, ha realizado con éxito, los siguientes encargos: 1987-1989: Vicario parroquial de St. Antonius en Mannheim-Rheinau, arquidiócesis de Friburgo de Breisgau (Alemania); 1989-1991: Capellán ad interim y Vicario parroquial de St. Margarethen en Waldkirch, arquidiócesis de Friburgo de Breisgau (Alemania); 1992-1996: Párroco de San Conrado en Los Olivos, diócesis de Carabayllo (Perú); 1997-2001: Director Espiritual de St. Konrad y Elisabeth en Brühl, arquidiócesis de Friburgo de Breisgau (Alemania); 2002-2007: Administrador parroquial de la Parroquia Madre de Cristo en La Esperanza, Arquidiócesis de Trujillo (Perú); 2003-2006: Vicario episcopal de la zona norte de la arquidiócesis de Trujillo (Perú); 2004-2012: Coordinador de la Partnerschaft en la arquidiócesis de Trujillo (Perú); 2008-2013: Administrador parroquial de Santiago Apóstol en Santiago del Chuco, arquidiócesis de Trujillo (Perú); 2010-2013: Administrador parroquial de Virgen del Carmen en Cachicadán, arquidiócesis de Trujillo (Perú); 2011-2013: Administrador parroquial de San Jerónimo en Mollepata-Angasmarca, arquidiócesis de Trujillo (Perú); 2013- hasta la actualidad: Coordinador del Movimiento de Schoenstatt de la arquidiócesis de Trujillo (Perú); 2014-2017: Administrador parroquial de la Parroquia Divino Maestro en Miramar, Alto Moche, arquidiócesis de Trujillo (Perú).Al momento de su nombramiento se desempeñaba como Párroco de la parroquia “San Antonio de Padua” en el Vicariato Apostólico de San José del Amazonas,

José Petermeyer MSC, asesor de UNEC

Por Harold Griffiths Escardó
Se nos fue como él debía irse; apresuradamente, con toda la vehemencia de su carácter, y con un gesto vigoroso, de esos que él manejaba tanto.
Murió del corazón. El Padre Petermeyer lo había usado tanto, tanto había vivido a expensas de él, que su muerte de esa manera rubricaba su existencia en forma tajante.
Ordenado el año 1933, el Padre José es destinado por sus Superiores a una parroquia en la región de Ruhr, fundada por su Congregación entre los mineros. Parroquia de donde el Padre extrae su inquietud social que no lo abandonará nunca. Amaba al pobre, no con el gesto de quien da, sino con la emoción y la energía de sentirse hermano de él. En esa misma parroquia defiende de la Gestapo la bandera de la Juventud de la Acción Católica, y traza austeramente los rasgos de su apostolado futuro: Parroquia de gente sencilla e intenso amor a la Acción Católica.
Con ese ritmo de vida, se nos vino al Perú, el año 1938, el Padre José.
Su vida aquí fue múltiple y entusiasta. ¡Como no recordarlo derramando bulliciosamente su alegría contagiosa e infantil, fresca y espontánea! Qué optimismo el suyo que no se doblegaba ante la crítica de las almas recortadas, o ante las incomprensiones que tantas veces entorpecen la labor apostólica. Y es que supo comprender el amor. Lo derramó siempre y en todo momento. No hizo distinción de gentes para darlo con sensibilidad y energía.
Y la gente supo responderle. El como nadie cumplió al pie de la letra las palabras de San Pablo que nos invitan hacerse todo a todos. Y supo ser peruano sin mal entendidos nacionalismos, con la visión clara de su catolicidad y del precepto de la fraternidad cristiana. Amó al Perú, y a sus gentes. No estableció la comparación dura, ni creó complejos de inferiores condiciones naturales. Supo ser apóstol olvidando todo para entregarse jubilosamente a está parcela de terreno que Dios le había regalado para trabajar en ella con cariño y afecto conmovedor.
En las asesorías de la Unión Nacional de Estudiantes Católicos, de la Juventud Masculina, se le vio siempre intensamente amigo e intensamente sacerdote. Sus clases en la Universidad Católica, en los Colegios e Institutos estuvieron siempre llenas de una expresión nueva y vibrante. Junto a sus labores intelectuales, el Padre se nos refugiaba en Puente de Piedra, o en Infantas, donde alternaba el acordeón con ese hablar incansable de las cosas de Cristo. Hizo de la capillita pobre de Infantas un sitio digno y austero, propio para casa de Dios.
Su amor, su vivencia por la liturgia fue incansable en él, tratando de hacer sentir a Dios a través de las expresiones auténticas del culto.
El año 1949 el Padre es nombrado párroco del Santuario de Nuestra Señora del Sagrado Corazón en el barrio de Lobatón. Era el culminar de sus anhelos. Una parroquia entre la gente sencilla y buena, para desplegar ahí su celo y establecer una comunidad cristiana en torno del pastor y del guía. Sentía la parroquia en todas sus manifestaciones. Vibraba fuertemente con cada fiel y estaba presente en su alegría y en su dolor. Su franqueza  deliciosa  y fuerte  -franqueza evangélica- le hacia decir que ojalá los niños y los jóvenes empezarán amando a su parroquia desde los años de Colegio, asistiendo a ella, en el gran día de la comunidad parroquial: el domingo.
Dios le concedió el 16 de enero de 1954 un anhelo muy suyo. Morir joven.
Entre los 35 y 45 años, lo decía siempre a sus hermanos de religión. Y así fue. Después de su misa y de repartir la comunión a sus enfermos, el Padre José empezó a dialogar con Dios.
Su entierro fue imponente. Su parroquia había recibido demasiado bien el mensaje del Padre Petermeyer y alrededor de su párroco estuvo. Durante dos noches una compacta cantidad de fieles rezaba en común al Señor, por su Párroco. Se veía emoción y amor en las lágrimas silenciosas de aquellos que habían recibido siempre el amor. El ataúd fue llevado dos cuadras en hombros por el Consorcio de Médicos del cual fue asesor, y por su “gente” de Lobatón. Al dejarlo en su tumba, después de habernos despedido con el “Flote la Bandera” el himno que nos entregó, hemos sentido un vacío enorme. El Padre José no está ya entre nosotros. Ya no oiremos su alegría enorme, su optimismo, su consejo, la clase, el acordeón. Pero, algo de él nos acompañará: su bondad. Y estará junto al Padre Celestial hablándole de su Perú, de nosotros, que supimos responder porque vino a comprendernos y a dársenos íntegramente, viviendo así el ideal apostólico de Misionero del Sagrado Corazón, que se sabe hacer querer porque sabe dar.

Fuente: www.mscperu.org

Padre Harold Griffiths Escardó

Fue asesor espiritual, profesor principal y Vicerrector de la Universidad de Lima. Falleció el 18 de septiembre de 2003 a los 83 años. Se le recuerda por su vocación de servicio, sus dotes de amigo y consejero, y su preocupación constante por el desarrollo espiritual de la comunidad universitaria.
El padre Griffiths Escardó tuvo 51 años de ordenación sacerdotal, y de ellos 37 los dedicó a la Universidad de Lima. En ese lapso llegó a desempeñarse como profesor del curso de Propedéutica así como director de Bienestar y Asuntos Estudiantiles. Siempre dispuesto a atender a los alumnos y a los miembros de la comunidad, a escuchar sus inquietudes y a orientarlos. Como bien señaló en una ocasión este entrañable maestro: “Trabajar con jóvenes no sólo me llena de juventud, me ayuda a comprenderlos”.
Fuente: www.ulima.edu.pe

Si ustedes me aman…

Evangelio según San Juan 14,15-21:
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos.
Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes: el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes, en cambio, lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes.
No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes.
Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes sí me verán, porque yo vivo y también ustedes vivirán.
Aquel día comprenderán que yo estoy en mi Padre, y que ustedes están en mí y yo en ustedes.
El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él”.

CARLOS JOSÉ EUGENIO DE MAZENOD
Llegó a un mundo que estaba llamado a cambiar muy rápidamente. Nacido en Aix de Provenza al sur de Francia, el 1 de agosto de 1782, parecía tener asegurada una buena posición y riqueza en su familia, que era de la nobleza menor. Sin embargo, los disturbios de la   Revolución francesa cambiaron todo esto para siempre. Cuando Eugenio tenía 8 años su familia huyó de Francia, dejando sus propiedades tras sí, y comenzó un largo y cada vez más difícil destierro de 11 años de duración.
Los años pasados en Italia
La familia de Mazenod, como refugiados políticos, pasaron por varias ciudades de Italia. Su padre, que había sido Presidente del Tribunal de Cuentas, Ayuda y Finanzas de Aix, se vio forzado a dedicarse al comercio para   mantener su familia. Intentó ser un pequeño hombre de negocios, y a medida que los años iban pasando la familia cayó casi en la miseria. Eugenio estudió, durante un corto período, en el Colegio de Nobles de Turín, pero al tener que partir para Venecia, abandonó la escuela formal. Don Bartolo Zinelli, un sacerdote simpático que vivía al lado, se preocupó por la educación del joven emigrante francés. Don Bartolo dio a Eugenio una educación fundamental, con un sentido de Dios duradero y un régimen de piedad que iba a acompañarle para siempre, a pesar de los altos y bajos de su vida. El cambio posterior a Nápoles, a causa de problemas económicos, le llevó a una etapa de aburrimiento y abandono. La familia se trasladó de nuevo, esta vez hacia Palermo, donde gracias a la bondad del Duque y la Duquesa de Cannizzaro, Eugenio tuvo su primera experiencia de vivir a lo noble, y le agradó mucho. Tomó el título de “Conde” de Mazenod, siguió la vida cortesana y soñó con tener futuro.
Vuelta a Francia: el Sacerdocio
En 1802, a la edad de 20 años, Eugenio pudo volver a su tierra natal y todos sus sueños e ilusiones se vinieron abajo rápidamente. Era simplemente el “Ciudadano” de Mazenod, Francia había cambiado; sus padres estaban separados, su madre luchaba por recuperar las propiedades de la familia. También había planeado el matrimonio de Eugenio con una posible   heredera rica. Él cayó en la depresión, viendo poco futuro real para sí. Pero sus cualidades naturales de dedicación a los demás, junto con la fe cultivada en Venecia, comenzaron a afirmarse en él. Se vio profundamente afectado por la situación desastrosa de la Iglesia de Francia, que había sido ridiculizada, atacada y diezmada por la Revolución.
Él llamado al sacerdocio comenzó a manifestarse y Eugenio respondió a este llamado. A pesar de la oposición de su madre, entró en el seminario San Sulpicio de París, y el 21 de diciembre de 1811 era ordenado sacerdote en Amiens.
Esfuerzos apostólicos: los Oblatos de María Inmaculada
Al volver a Aix de Provenza, no aceptó un nombramiento normal en una parroquia, sino que comenzó a ejercer su sacerdocio atendiendo a los que tenían verdadera necesidad espiritual: los prisioneros, los jóvenes, las domésticas y los campesinos. Eugenio prosiguió su marcha, a pesar de la oposición frecuente del clero local. Buscó pronto otros sacerdotes igualmente celosos que se prepararían para marchar fuera de las estructuras acostumbradas y aún poco habituales. Eugenio y sus hombres predicaban en Provenzal, la lengua de la gente sencilla, y no el francés de los “cultos”. Iban de aldea en aldea, instruyendo a nivel popular y pasando muchas horas en el confesonario. Entre unas misiones y otras, el grupo se reunía en una vida comunitaria intensa de oración, estudio y amistad. Se llamaban a sí mismos “Misioneros de Provenza”.
Sin embargo, para asegurar la continuidad en el trabajo, Eugenio tomó la intrépida decisión de ir directamente al Papa para pedirle el reconocimiento oficial de su grupo como una Congregación religiosa de derecho pontificio. Su fe y su perseverancia no cejaron y, el 17 de febrero de 1826, el Papa Gregorio XII aprobaba la nueva Congregación de los “Misioneros Oblatos de María Inmaculada”. Eugenio fue elegido Superior General, y continuó inspirando y guiando a sus hombres durante 35 años, hasta su muerte. Eugenio insistió en una formación espiritual profunda y en una vida comunitaria cercana, al mismo tiempo que en el desarrollo de los esfuerzos apostólicos: predicación, trabajo con jóvenes, atención de los santuarios, capellanías de prisiones, confesiones, dirección de seminarios, parroquias. Él era un hombre apasionado por Cristo y nunca se opuso a aceptar un nuevo apostolado, si lo veía como una respuesta a las necesidades de la Iglesia. La “gloria de Dios, el bien de la Iglesia y la santificación de las almas” fueron siempre fuerzas que lo impulsaron.
Obispo de Marsella
La diócesis de Marsella había sido suprimida durante la Revolución francesa, y la Iglesia local estaba en un estado lamentable. Cuando fue restablecida, el anciano tío de Eugenio, Fortunato de Mazenod, fue nombrado Obispo. Él nombró a Eugenio inmediatamente como Vicario General, y la mayor parte del trabajo de reconstruir la diócesis cayó sobre él. En pocos años,   en 1832, Eugenio mismo fue nombrado Obispo auxiliar. Su ordenación episcopal tuvo lugar en Roma, desafiando la pretensión del gobierno francés que se consideraba con derecho a intervenir en tales nombramientos. Esto causó una amarga lucha diplomática y Eugenio cayó en medio de ella con acusaciones, incomprensiones, amenazas y recriminaciones sobre él. A pesar de los golpes, Eugenio siguió adelante resueltamente y finalmente la crisis llegó a su fin. Cinco años más tarde, al morir el Obispo Fortunato, fue nombrado él mismo como Obispo de Marsella.
Un corazón grande como el mundo
Al fundar los Oblatos de María Inmaculada para servir ante todo a los necesitados espiritualmente, a los abandonados y a los campesinos de Francia, el celo de Eugenio por el Reino de Dios y su devoción a la Iglesia movieron a los Oblatos a un apostolado de avanzada. Sus hombres se aventuraron en Suiza, Inglaterra, Irlanda. A causa de este celo, Eugenio fue llamado “un segundo Pablo”, y los Obispos de las misiones vinieron a él pidiendo Oblatos para sus extensos campos de misión. Eugenio respondió gustosamente a pesar del pequeño número inicial de misioneros y envió sus hombres a Canadá, Estados Unidos, Ceylan (Sri Lanka), Sudáfrica, Basutolandia (Lesotho). Como misioneros de su tiempo, se dedicaron a predicar, bautizar, atender a la gente. Abrieron frecuentemente áreas antes no tocadas, establecieron y atendieron muchas diócesis nuevas y de muchas maneras “lo intentaron todo para dilatar el Reino de Cristo”. En los años siguientes, el espíritu misionero de los Oblatos ha continuado, de tal modo que el impulso dado por Eugenio de Mazenod sigue vivo en sus hombres que trabajan en 68 países.
Pastor de su diócesis
Al mismo tiempo que se desarrollaba este fermento de actividad misionera, Eugenio se destacó como un excelente pastor de la Iglesia de Marsella, buscando una buena formación para sus sacerdotes, estableciendo nuevas parroquias, construyendo la Catedral de la ciudad y el espectacular santuario de Nuestra Señora de la Guardia en lo alto de la ciudad, animando a sus sacerdotes a vivir la santidad, introduciendo muchas Congregaciones Religiosas nuevas para trabajar en su diócesis, liderando a sus colegas Obispos en el apoyo a los derechos del Papa. Su figura descolló en la Iglesia de Francia. En 1856, Napoleón III lo nombró Senador, y a su muerte, era decano de los Obispos de Francia.
Legado de un santo
El 21 de mayo de 1861 vio a Eugenio de Mazenod volviendo hacia Dios, a la edad de 79 años, después de una vida coronada de frutos, muchos de los cuales nacieron del sufrimiento. Para su familia religiosa y para su diócesis ha sido fundador y fuente de vida: para Dios y para la Iglesia ha sido un hijo fiel y generoso. Al morir dejó a sus Oblatos este testamento final: “Entre vosotros, la caridad, la caridad, la caridad; y fuera el celo por la salvación de las almas”.
Al declararlo santo la Iglesia, el 3 de diciembre de 1995, corona estos dos ejes de su vida: amor y celo. Y este es el mayor regalo que Eugenio de Mazenod, Oblato de María Inmaculada, nos ofrece hoy.

El Papa nos invitó a acercarnos más a Jesús y ser Iglesia en salida

Los obispos de Perú concluyen su visita ad Limina en Roma con una misa en Santa María la Mayor.
Por – Agencia de Noticias Zenit.El cardenal peruano Cipriani en la basílica de San Pablo durante la visita Ad Limina 2017El Cardenal peruano Cipriani en la Basílica de San Pablo durante la visita Ad Limina 2017.
“Al estar con el Papa hemos visto su claridad, su cariño, su cercanía, su interés. El miércoles hemos estado tres horas reunidos con él y ese solo gesto nos compromete a todos a acercarnos más al Señor Jesús, y a colaborar más en esta orientación que es la Iglesia misionera, en salida, que va a buscar a la gente. Como quien indica: ‘Estoy con ustedes para animarlos a que me ayuden en esta tarea’”.
Lo indicó el cardenal arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani al conversar este sábado con ZENIT antes de misa en la basílica de Santa María la Mayor, cuando la visita Ad Limina que están realizando los obispos peruanos en Roma está llegando a su fin.
El cardenal añadió: “Salimos muy contentos, muy unidos viendo a un padre común tan cariñoso. Esto nos compromete a ser gente de comunión, gente de unidad”.
La última de las misas de la visita Ad Limina de los obispos peruanos, en la basílica de Santa María la MayorInterrogado sobre lo que el Santo Padre les dijo sobre la piedad popular, el arzobispo de Lima indicó: “Una de las cosas que nos une mucho es que en América Latina, al menos en nuestro país, la cultura es católica, cosa que no ocurre en otras partes del mundo. Se piensa con una mentalidad cristiana porque la piedad popular lleva a la gente a que de muy pequeña empieza a acudir al Señor de los Milagros, o al Señor de Luren o a la Cruz de Motupe. Desde muy niños se respiran en el hogar una serie de valores de la fe católica. Eso hace que de alguna manera que en el promedio de la gente haya una relación de afecto y cariño hacia la Iglesia, y un sentido de pertenencia”.
Reconoció entretanto que existen desafíos: “Es la corriente de secularización fuerte que va debilitando en los hogares y las familias ese sentimiento y esa oración”, dijo.
Por ello aseguró, “la tarea nuestra es reforzar esa piedad popular con contenidos. Hay que volver una y mil veces a llevar el catecismo, los motivos de la fe. Y como decía el Papa no solamente que lo conozcan sino que los vean practicar. Reforzar así la enseñanza de la fe en la escuela, en la universidad, la enseñanza propiamente”.
También debemos, aseguró el purpurado, “pedir un poquito más de coherencia a nosotros los obispos, a los sacerdotes y religiosos, y al pueblo fiel. O sea, aquello que predicas practícalo”. Aseguró que “eso tiene que verse en la vida diaria, si eres periodista, deportista, profesor, en el lugar en donde te toque que se vea que allí está un hombre de fe. Ese es un desafío para toda la Iglesia y también para el Perú”.
Interrogado sobre el alto porcentaje de hijos que nacen fuera de los matrimonios, indicó que “es un problema que existe desde hace tiempo, hay más de la mitad que nacen fuera de una relación matrimonial estable” y es fruto de esta ola secularista y hedonista.
Y si de un lado está esta piedad popular y el sentimiento católico, “falta esa presencia de la Iglesia en la enseñanza de los principios morales, en los principios que unen a un matrimonio”. Una “situación urgente pero también de largo aliento, porque no es fácil cambiarla”.
Indicó que en Lima, por ejemplo, hoy están los centros de orientación familiar para profundizar más la preparación al sacramento y el acompañamiento de los primeros años de matrimonio.
Sobre el aborto y las multitudinarias manifestaciones que se realizaron contra, en las calles del país, el cardenal señaló que la interrupción voluntaria no está aprobada y que “el pueblo en Perú es sano y el 90 por ciento lo rechaza según la última encuesta. Pero si empiezan a manipularlo con casos de sentimentalismo y de dificultades, de pronto pueden empezar a confundir la realidad” dijo.
Estas movilizaciones “son para que la gente defienda más el matrimonio en el campo legislativo y mediático, porque hoy la gran fuerza está en las redes sociales y en la calle”.
Indicó que las instituciones en general se han debilitado y tantas veces no son el camino para expresar las ideas. “La gente no lee tanto el diario y está más metida en facebook , internet, etc. y a veces los políticos por miedo de perder votos atienden más a esas tendencias de las calles que a las discusiones antiguas, ideológicas o de grupos”. Y aseguró: “Las seguiremos haciendo para defender la identidad del pueblo peruano que es netamente católica”.
Al concluir la entrevista en la basílica de Santa María la Mayor, el cardenal indicó una imagen de la Virgen María Reina de la Paz allí presente, y dijo: “Pidámosle a Ave María Pacis la protección para el Papa, para toda la Iglesia y para toda la familia peruana”.

Papa Francisco nombra cardenal al arzobispo de Barcelona, Juan José Omella

El Papa Francisco ha anunciado un nuevo Consistorio que celebrará el próximo 28 de junio para el nombramiento de cinco nuevos cardenales, entre ellos el arzobispo de Barcelona, Juan José Omella.
“Deseo anunciar que el próximo miércoles 28 de junio celebraré un consistorio para nombrar a cinco nuevos cardenales: su procedencia de varias partes del mundo manifiesta la catolicidad de la Iglesia difundida en toda la tierra y la asignación de un título o diaconía de una parroquia testimonia la pertenencia de la diócesis de Roma, que preside”, anunció Francisco tras el rezo de Regina Caeli.
El 29 de junio, cuando se celebra la fiesta de San Pedro y Pablo, se celebrará la misa con los nuevos cardenales, agregó Francisco.
Además de Omella, los nuevos cardenales serán el arzobispo de Bamako, en Mali, Jean Zerbo; el obispo de Estocolmo, Anders Arborelius; el vicario apostólico de Pakse, en Laos, Louis-Marie Ling Mangkhanekhoun, y el obispo auxiliar de San Salvador, Gregorio Rosa Chavez. Todos ellos son menores de 80 años y, por tanto, considerados electores en caso de la celebración de un cónclave.
Se trata así del cuarto consistorio celebrado por Francisco, tras el último, el pasado 19 de noviembre, cuando nombró a 13 nuevos cardenales con derecho a voto y a cuatro eméritos, mayores de 80 años.
En ese consistorio recibieron la púrpura al arzobispo de Madrid, Carlos Osoro Sierra; al de Brasilia, Sérgio da Rocha; al de la diócesis venezolana de Mérida, Baltazar Enrique Porras Cardozo, y al de la mexicana Tlalnepantla, Carlos Aguiar Retes.

El recorrido del arzobispo de Barcelona

Omella fue designado arzobispo de Barcelona en 2015 para suceder al cardenal Martínez Sistach. Encarna a la perfección el nuevo perfil que busca el Papa Francisco: obispos que han sido antes párrocos y que son cercanos a los fieles. De hecho, Omella ha ejercido de párroco en la zona del bajoaragón durante 20 años.
Es, por tanto, un cura de pueblo, pero con una sólida formación intelectual y que nunca abandonó ni la letra ni el espíritu del Concilio, siguiendo la línea episcopal que va desde Tarancón a Díaz Merchán, pasando por Osés, Echarren, Úbeda, Jubany, Yanes o Sánchez. Y, por eso, se puede decir que ha sido una de las ‘parteras’ de la actual primavera de la Iglesia. Porque Omella nació y creció y se mantuvo siempre alineado en el sector “social” de la Iglesia y del episcopado. Es decir, entre los obispos convencidos de que la Iglesia debe ser, ante todo, samaritana o, como dice el Papa “hospital de campaña”, según informa José Manuel Vidal.
Nacido en Cretas el 21 de abril de 1946, en el seno de una familia de agricultores, estudió Humanidades en el seminario de Zaragoza, para pasar en Filosofía al seminario de los Padres Blancos, con los que terminó la Teología en Lovaina. Como miembros de los misioneros de África, se fue a la misión del entonces Zaire (hoy Congo) y allí estuvo un año.
El tiempo suficiente, para que no perdiese nunca el gusanillo de África y de las misiones. De allí regresó de cura a los pueblos de Zaragoza, hasta que, en 1990, Elías Yanes, su amigo y protector, se fijó en él y lo nombró su vicario general, para pasar a obispo auxiliar de la sede del Pilar unos años después, en 1996.
Por poco tiempo, porque el 27 de octubre de 1999 fue nombrado obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Cinco años después, el 8 de abril de 2004, pasa ya a ocupar una diócesis importante, la de Calahorra y La Calzada-Logroño.
Además de su experiencia y de su excelente recorrido pastoral, tiene “padrinos”. Omella es amigo personal de dos de los cardenales más cercanos del Papa, el también turolense cardenal Santos Abril, arcipreste de la Basílica romana de Santa María la Mayor, y del cardenal hondureño Rodríguez Maradiaga, moderador del G-9 y probable presidente del nuevo dicasterio romano de ‘Justicia y Caridad’, que se pondrá en marcha tras la reforma de la Curia vaticana.
Y no sólo eso. Omella conoce personalmente al Papa, desde su época de arzobispo de Buenos Aires y mantiene una estrecha relación con él. Además de esos apoyos externos, Omella puede presumir (aunque nunca lo haga) de contar con buen predicamento incluso entre sus compañeros obispos. De hecho, fue elegido por sus pares presidente de la comisión de Pastoral Social. Y, recientemente, de Roma le llegaba otro espaldarazo: el nombramiento de miembro de la comisión de Obispos, la fábrica romana, dirigida por el cardenal Ouellet, donde se cuecen los nombramientos episcopales de todo el mundo. Ahora le ha llegado otro nuevo reconocimiento: ser nombrado cardenal.
Fuente: www.elmundo.es

Por primera vez en 500 años de la Reforma, el Papa hará cardenal a obispo converso

Francisco anuncia la lista de nuevos purpurados que serán nombrados en el próximo consistorio, el quinto de este pontificado.
El papa Francisco no deja de sorprender: el próximo 28 de junio nombrará a cinco nuevos cardenales, ente ellos, el arzobispo de Estocolmo, Anders Arborelius, primer prelado sueco que obtendrá la purpura desde el inicio de la Reforma luterana (1517).
El religioso carmelita es un converso al catolicismo en Suecia, país de fuerte tradición protestante. Arborelius, de 68 años, recibió el bautismo a la edad de 20 años y entró en el orden de los carmelitas descalzos hace 46 años.
Al parecer, el joven Anders leyó la autobiografía de santa Teresita de Lisieux, lo que le motivó a ingresar a la orden de los carmelitas y por más de treinta años Arborelius vivió como un fraile de dicha orden, antes de ser obispo.
Una decisión significativa, considerando que convertirse al catolicismo por siglos en Suecia equivalía a perder los derechos civiles hasta que las cosas cambiaron en los años setenta con la derogación de las normas impuestas por el soberano Gustavo de Vasa (Lindholm 1496–Estocolmo 1560) para permitir la libertad de culto a todas las confesiones en el país.
Un nombramiento puente especialmente hacia esas periferias físicas y existenciales donde ser católico es un peso lleno de estigmas y rechazos. De hecho, Arborelius recibió al Papa en su viaje en Lund el 1 de noviembre de 2016, país donde la minoría católica sufrió una dura represión hasta hace pocos decenios.
El próximo cardenal es testimonio de la acción de la Iglesia en Suecia para responder ante la secularización progresiva de la nación y que obtuvo frutos con el aumento de los conversos católicos.
El 29 de diciembre de 1998 fue consagrado obispo en la catedral católica de Estocolmo, convirtiéndose  así en el primer obispo católico de Suecia de origen sueco, desde el tiempo de la Reforma luterana, en el siglo XVI. Ahora será cardenal llamado por Francisco.
Su testimonio como converso y pastor sueco llevará experiencia concreta al Colegio de cardenales que asesoran al Sucesor de Pedro en el diálogo ecuménico y pastoral, especialmente para contrastar los prejuicios ancestrales que aún persisten contra los católicos en Suecia y otros países influidos por la Reforma.
El 21 de  enero de 2014, el Papa le había nombrado consultor del Consejo Pontificio para los Laicos.
El próximo cardenal, Arborelius, nació en Sorengo, Suiza, el 24 de septiembre de 1949, de padres suecos que se divorciaron cuando él tenía 4 años. Creció con su madre en Lund, en el sur de Suecia.
La familia Arborelius era luterana no practicante. La vocación al sacerdocio inicia a asomarse luego de entrar en contacto con las monjas del convento de Santa Brígida. Fue ordenado sacerdote el 8 de septiembre de 1979 en Malmö.
En 1971 ingresó en  la Orden de los Padres Carmelitas Descalzos en Norraby  y pronunció su profesión perpetua en Brujas, Bélgica, en 1977. Estudió Filosofía y Teología en Bélgica y en el Teresianum de Roma. Al mismo tiempo estudió lenguas modernas en la Universidad de Lund, se lee en la biografía oficial.
Del 2005 al 2015 fue presidente de la Conferencia Episcopal de Escandinavia y en 2015 fue elegido vicepresidente de la misma. Fue miembro de la Comisión de la Presidencia del Consejo Pontificio para la Familia del 2002 al 2009.

Himno de la alegría

Autores Música: Ludwig van Beethoven y Letra: Miguel Ríos
Escucha hermano la canción de la alegría
el canto alegre del que espera
un nuevo día
ven canta sueña cantado
vive soñando el nuevo sol
en que los hombres
volveran a ser hermanos.
Ven canta sueña cantado
vive soñando el nuevo sol
en que los hombres
volveran a ser hermanos.
Si en tu camino solo existe la tristeza
y el llanto amargo
de la soledad completa,
ven canta sueña cantado
vive soñando el nuevo sol
en que los hombres
volveran a ser hermanos.
Si es que no encuentras la alegría
en esta tierra
buscala hermano
mas haya de las estrellas,
ven canta sueña cantado
vive soñando el nuevo sol
en que los hombres
volverán a ser hermanos.
Fuente: www.musica.com

Camino, verdad y vida

Evangelio según San Juan 14,1-12: 
Jesús dijo a sus discípulos: “No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí.
En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, se lo habría dicho a ustedes. Yo voy a prepararles un lugar.
Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes.
Ya conocen el camino del lugar adonde voy”.
Tomás le dijo: “Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?”.
Jesús le respondió: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí.”
Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto”.
Felipe le dijo: “Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta”.
Jesús le respondió: “Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Como dices: ‘Muéstranos al Padre’?
¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras.
Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos, por las obras.
Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre”.

Santos Jacinta y Francisco Marto

El Papa Francisco declaró santos este 13 de mayo a Francisco y Jacinta Marto, los pastorcitos videntes de Fátima, al inicio de la Misa celebrada en el atrio del santuario mariano y a la que asistieron 500,000 fieles.
De acuerdo al rito, el Santo Padre oyó atentamente la solicitud del Obispo de Leiria-Fátima, Monseñor António Augusto dos Santos Marto, para que se “inscriba a los beatos Francisco Marto y Jacinta Marto en el catálogo de los santos y, como tales, sean invocados por todos los cristianos”.
Durante la petición, el Prelado estuvo acompañado por la postuladora de la causa, la religiosa Angela Coelho. Luego leyó una breve biografía de los dos pequeños hermanos que en 1917, junto con su prima Lucía –actualmente Sierva de Dios–, fueron testigos de las seis apariciones de la Virgen María en esta localidad portuguesa.
Así, luego de las letanías de los santos, el Papa procedió al recitar la fórmula de canonización: “En honor de la Santísima Trinidad, para exaltación de la fe católica y el incremento de la vida cristiana, con la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y la Nuestra, después de haber largamente reflexionado, implorando varias veces la ayuda divina y oído el parecer de muchos hermanos nuestros en el Episcopado, declaramos y definimos como Santos a los Beatos Francisco Marto y Jacinta Marto, y los inscribimos en el Catálogo de los Santos, estableciendo que, en toda la Iglesia, sean devotamente honrados entre los santos. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.
Tras el agradecimiento de Monseñor Dos Santos Marto, estallaron los aplausos de la multitud reunida en las afueras del Santuario de Nuestra Señora de Fátima.
Antes de iniciarse la Misa, la imagen de la Virgen de Fátima entró en procesión transportada por los cadetes de la Academia Militar.
Asimismo, ingresaron las dos lámparas que contienen las reliquias de Francisco y Jacinta, transportadas por la postuladora, la hermana Angela Coelho, y por el consultor de la postulación, Pedro Valinho; acompañados de unos 20 niños y adolescentes de entre 9 y 16 años.
La imagen de la Virgen y las reliquias fueron ubicados a la derecha del altar. La Eucaristía es concelebrada por 8 cardenales, y 73 obispos y arzobispos.
Durante su homilía, el Papa aseguró que María, “previendo y advirtiéndonos sobre el peligro del infierno” al que lleva una vida sin Dios, se apareció en Fátima a tres pastorcitos para “recordarnos la Luz de Dios que mora en nosotros y nos cubre”
Pues “Fátima es sobre todo este manto de Luz que nos cubre, tanto aquí como en cualquier otra parte de la Tierra, cuando nos refugiamos bajo la protección de la Virgen Madre para pedirle, como enseña la Salve Regina, ‘muéstranos a Jesús’”, afirmó.
El Papa recordó a los fieles que “tenemos una Madre” y los exhortó a aferrarse a ella como hijos. Además, destacó que en la celebración de este sábado “nos hemos reunido aquí para dar gracias por las innumerables bendiciones que el Cielo ha derramado en estos cien años” de las apariciones “y que han transcurrido bajo el manto de Luz que la Virgen”.
“Como un ejemplo para nosotros, tenemos ante los ojos a San Francisco Marto y a Santa Jacinta, a quienes la Virgen María introdujo en el mar inmenso de la Luz de Dios, para que lo adoraran. De ahí recibían ellos la fuerza para superar las contrariedades y los sufrimientos”, afirmó.
El Pontífice señaló que “la presencia divina se fue haciendo cada vez más constante en sus vidas, como se manifiesta claramente en la insistente oración por los pecadores y en el deseo permanente de estar junto a ‘Jesús oculto’ en el Sagrario”.
Finalmente, Francisco pidió que “con la protección de María, seamos en el mundo centinelas que sepan contemplar el verdadero rostro de Jesús Salvador, que brilla en la Pascua, y descubramos de nuevo el rostro joven y hermoso de la Iglesia, que resplandece cuando es misionera, acogedora, libre, fiel, pobre de medios y rica de amor”.
Durante la presentación de dones estuvo presente el niño brasileño que se sanó milagrosamente gracias a la intercesión de los nuevos santos. El menor recibió un afectuoso abrazo del Santo Padre al llegar al altar.
También estuvo la familia del argentino Jorge Sosa, vigilante y sacristán del Santuario, quien se casó con Isabel, una mujer portuguesa con quien decidieron llamar a sus dos pequeños hijos Francisco y Jacinta, tal como los dos pastorcitos de Fátima.
Al término de la Eucaristía, el Santo Padre dirigió unas palabras a las personas enfermas que asistieron a la Misa de canonización. “Jesús sabe lo que significa el sufrimiento, nos comprende, nos consuela y nos da fuerza, como hizo con san Francisco Marto y santa Jacinta, y con los santos de todas las épocas y lugares”, les aseguró, para luego bendecirlas personalmente con el Santísimo Sacramento.
Finalmente, desde el altar, Francisco culminó la Misa bendiciendo a los miles de peregrinos con la Custodia.
Fuente: ACI Prensa.
Beato John Sullivan SJ / Crédito: Conferencia Episcopal de Irlanda

Beato John Sullivan SJ

Este sábado 13 de mayo fue beatificado en Dublín (Irlanda), el Padre John Sullivan, un sacerdote jesuita converso del protestantismo, reconocido por su dedicada labor con los pobres y afligidos.
La ceremonia se llevó a cabo en la iglesia de San Francisco Javier de Dublín y fue presidida por el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, Cardenal Angelo Amato. Concelebró la Eucaristía el Arzobispo de Dublín y Primado de Irlanda, Cardenal Diarmuid Martin.
“Los testigos en los procesos diocesanos a menudo repetían que el Padre Sullivan era ‘un pobre entre los pobres’, ‘la personificación del espíritu de pobreza’. Aunque provenía de una familia rica, una vez que se convirtió en  religioso, se olvidó de las comodidades y se contentó con lo que era puramente necesario. Fiel al voto de pobreza, dio inmediatamente a los demás todo don que recibió”, dijo en su homilía el Cardenal Amato.
El Purpurado también se refirió a un incidente cuando el Padre John, en una de sus visitas habituales a los enfermos, se encontró con un sacerdote en la casa de visita: “El pastor le pidió que se fuera, temiendo a un oponente peligroso en el ministerio. Ante la brusca orden, el Padre Sullivan se arrodilló y pidió perdón. El presbítero se sintió profundamente conmovido”.
Durante la Misa fue desvelado un gran retrato del Beato John Sullivan, y una reliquia de sus cabellos fue llevada al altar.
Después de la ceremonia hubo tiempo para la oración y reflexión, durante la cual los cientos de personas hicieron fila para recibir una bendición de la cruz del nuevo beato.
Biografía
El Beato John Sullivan nació en Dublín el 8 de mayo de 1861. Su padre, el futuro ministro de Justicia de Irlanda, Sir Edward Sullivan, era protestante; y su madre, Bessie Josephine Sullivan, era católica.
Fue educado por su padre en la tradición protestante. Estudió en la Portora Royal School en Enniskillen, y más tarde en el Trinity College en Dublín.
En diciembre de 1896 fue recibido en la Iglesia Católica y cuatro años más tarde ingresó a la Compañía de Jesús.
La mayor parte de su vida sacerdotal la pasó en la escuela jesuita Clongowes Wood College, lugar donde enseñó desde 1907 hasta su muerte.
Desde el principio se destacó por una extraordinaria santidad, por lo que ganó la reputación “persona santa”. Los enfermos y los marginados acudían a él y depositaban grandes esperanzas en sus oraciones, porque muchas habían sido sanados. Inclusive hoy en día sigue siendo así.
En vida ya se extendía una devoción al Padre Sullivan, que continuó después de su muerte el 19 de febrero de 1933.
Su tumba se encuentra en la iglesia jesuita de Gardiner Street, en Dublín, que sigue siendo visitada por los que buscan su ayuda.
El 7 de noviembre de 2014, el Papa Francisco firmó el decreto oficial en el que reconocía las virtudes heroicas del ahora Beato John Sullivan.
Fuente: ACI Prensa.