Archivo de la categoría: Antropología de la Religión

Factor religioso como fenómeno humano

País de la esperanza

EL VUELO PAPAL

Crónica-testimonio de la periodista peruana Fátima Saldonid sobre su viaje junto al Papa Francisco al cumplirse un mes de dicha experiencia

Escribe: Fátima Saldonid-www.laabeja.pe
Cuatro de la madrugada. Me recogen del hotel para ir al aeropuerto. Estoy despierta desde las dos. He dormido dos horas. No puedo con la ansiedad. El frio me congela. Contrasta con la calidez de los romanos. Tan afectuosos. Tan atentos. Veo a través de la ventana las calles de Roma. La ansiedad va en aumento. El aeropuerto de Fiumicino me recibe. Ya están ahí muchos colegas. Hay que entregar maletas. Cada una con una tarjeta que nos identifica. Me encuentro con colegas chilenas. Son encantadoras y están expectantes como yo.
Martiza Tapia de Radio Cooperativa de Chile, Soledad Vial de El Mercurio me acogen. Hay veces en que además de la unidad periodística necesitas la femenina. Me dicen que esté atenta. Que no hay sitios asignados para nosotras. Sólo los tienen los camarógrafos, los fotógrafos y los de radio. Lo tiene Maritza, entonces. Bromeamos con ella.
Subimos al autobús que nos conduce al avión. Mi ansiedad va en aumento. MIguel Ángel Huamán mi camarógrafo me mira. Cuatro días de trabajo intenso nos han enseñado a comunicarnos con un lenguaje no verbal. ¡Atentos a todo! Y de pronto el avión de Alitalia nos espera con la bandera italiana y la del vaticano. Es un Boeing de 252 pasajeros. Es el 777/200. El Sastriere. Toma su nombre de una ciudad italiana. La ruta normal de Roma a Santiago es denominada AZ 688. Pero es un vuelo papal. Y entonces decimos que es un AZ 4000. Estamos a bordo 120 pasajeros. De los cuales somos 73 periodistas.
El ingreso es la locura. Como niños todos corren a tomar la mejor posición. Me aturdo un poco. Soledad Vial está ubicada en la sexta fila. Me llama con la mirada. Tengo un asiento. Estamos juntos Ghiovani Hinojosa de La Republica, Juan Pablo Iglesias de la Tercera de Chile, Soledad del Mercurio y yo de Tv Perú. El corazón se me acelera. Estoy aquí.
Despegamos. Mi mente también. Tengo en mis pensamientos a muchas personas. Rezo. Me encomiendo al Espíritu Santo. De pronto todo empieza a moverse en una coreografía perfecta. De las cortinas aparece Monseñor Matteo Bruni Jefe de Prensa del Vaticano. Todos en su sitio. Tengo el celular listo. Y de pronto frente a mí el Santo Padre. Me paralizo. Lo observo. Lo escucho.
Greg Burke el portavoz del Vaticano nos entrega una foto. El Papa Francisco nos dice que la imagen es la de un niño que espera su turno en el crematorio para su hermanito muerto que carga en la espalda. Es la foto que tomó Josph Roger O’ Donnell fotógrafo americano después del bombardeo atómico en Nagasaki. La tristeza del niño se expresa en sus labios mordidos y rezumados de sangre. Veo la imagen y se me parte el alma. Pienso en mis hijos. Nicolás y Joaquín. Es el fruto de la guerra nos dice el Santo Padre.
El momento esperado está por venir. El Papa Francisco empieza a acercarse uno por uno. Tengo tantos encargos. Ya previamente he coordinado con Matteo Bruni. Solo un par de regalos. El resto lo vemos después.
Se acerca a mí. Pero antes me mira. Tan profundamente y con tanta bondad en sus ojos que me inclino y le beso el anillo. Quizás es uno de los momentos que recuerde antes de morir.
Le cuento que al enterarme que estaría junto a él en este vuelo, lo conté en las redes sociales y pedí que si alguien tenía un familiar enfermo o en alguna necesidad grave me diera su nombre para pedirle al Santo Padre su bendición para cada una de las personas
Le dije que empecé la lista a mano. Y que luego me desbordó y llegó a dos mil personas. Le conté que en esa lista hay niños con cáncer, esposas que no pueden concebir, familias a punto de romperse, padres de familia desempleados, padres ancianos que no tienen más fuerzas para cuidar a sus hijos enfermos.
El Papa nunca dejó de mirarme a los ojos y mientras le hablaba de algunos casos particulares el cerraba los ojos. Y yo sentí que el Papa hablaba con Dios. Le dije que me sentía muy pequeña e insignificante para estar ahí ante él explicando esas cosas. Me dijo que era un instrumento de Dios y luego sus palabras textuales. “Dile a cada una de las dos mil personas de tu lista que has hablado conmigo. Diles que voy a rezar en serio por cada uno de ellos. Y diles que Dios conoce sus nombres completos pero sobre todo sabe por los problemas que están pasando. Que no se preocupen yo voy a rezar por cada uno de ellos. Diles eso” Cerro los ojos y rezó unos segundos. Y dio una indicación a sus acompañantes sobre las personas de la lista.
Yo ya no podía dejar de llorar. Le entregué una imagen de Nuestra Señora de Luján y un retablo ayacuchano. El Papa siguió su camino bendiciendo a todos…

Paternidad póstuma

Augusto Beuzeville

No hizo lo que predicaba
Se habría ocultado desde hace 32 años la doble paternidad de un obispo. Betty Esther Navarro Guzmán aseguró ser la madre de dos hijos del fallecido obispo auxiliar de Piura y Tumbes, monseñor César Augusto Beuzeville Ferro, producto de supuestas violaciones a las que habría sido sometida. Ella busca justicia para que sus hijos sean reconocidos como descendientes del desaparecido obispo. ‘Tenía 17 años y era catequista, el me hacia ayudarlo y uno de esos días me hizo tomar vino, cuando desperté estaba sin ropa interior. El (obispo) me dijo que yo le pertenecía’, aseguró la mujer. Agregó que los ataques continuaron y que producto de ellos resultó dos veces embarazada, de su hija Dennis, hoy de 32 años, y luego Josué, de ahora 27 años. Para ocultar su gran ‘pecado’, el obispo -según dijo- decidió firmar a los dos niños con el apellido de ‘Benavente’ y llevárselos junto a su madre a Tumbes. Varios años después, sus hijos fueron inscritos en una segunda partida con el apellido Beuzeville, pero del sobrino del obispo, Alfonso Beuzeville. ‘Lo hicieron para que no reclamara’, recalcó. No contenta con ello, la madre de familia hizo que el obispo firmará un testimonio de paternidad de sus dos vástagos, antes de que muriera de cáncer. ‘Busco que mis hijos tengan una nueva partida donde se reconozca que su padre es el obispo, pero nos rechazan las demandas’, sostuvo.

Fuente: Diario Ojo.
Hay que hablar del que no quiso hablar de sí mismo
Por Francisco Chamberlain SJ
Escribo estas líneas en la mañana del 14 de septiembre, a un mes de la muerte de Monseñor Augusto, a pocas horas también de la misa que recuerda a este buen hombre y que celebra su vida de fidelidad a su Señor y, por eso, fidelidad al pueblo pobre del Perú.
La noticia de la muerte de Monseñor Augusto me llegó a mí tarde, y creo que así fue para muchas personas que lo recordaban con cariño y aprecio. Murió en silencio, un silencio que ahora pienso fue una de las notas fundamentales de su vida. Un silencio y una ausencia de querer ser el centro de atención, que marcaba su estilo de estar y de servir a la gente.
En diciembre de 1990 escribí una breve semblanza de Monseñor Augusto al momento de su nombramiento como obispo auxiliar de Piura y Tumbes, con residencia en Tumbes (1). En ella recordé algunas de las experiencias con Monseñor Augusto cuando era obispo auxiliar de Lima, encargado de la Iglesia en el Cono Este de la ciudad. Quiero recordar un trozo de lo que escribí hace ya catorce años:
“Monseñor Augusto ha sabido vivir el ministerio episcopal como un servicio a la Iglesia y al país. Y eso durante muchos años ya. El testimonio de servicio que Monseñor Augusto nos ha dado tiene mucho que ver con su cercanía a los pobres, a sus sufrimientos. Tengo la impresión de que la experiencia de la muerte de los obreros de la fábrica de Cromotex ahí por los años 70, el acompañar en ese momento a las comunidades cristianas de Vitarte, a los familiares de las víctimas y los dirigentes sindicales, fue para Monseñor Augusto una experiencia en algo semejante a lo que fue para Monseñor Oscar Romero la muerte del sacerdote Rutilio Grande: una experiencia de la injusticia que sufren los pobres, que ha marcado profundamente su vocación episcopal. Porque si hay algo que destacar en el ejercicio episcopal de Monseñor Augusto es precisamente su sensibilidad, su corazón abierto a los sufrimientos de su pueblo.
Su caminar con los obreros de Cromotex es un ejemplo de ello. Su decidido apoyo y activa colaboración en las Jornadas de Ayuno y Oración, la participación de Monseñor Augusto en los esfuerzos por la paz, desde CEAS, desde la Comisión de Paz, en las investigaciones de los terribles sucesos de Cayara en Ayacucho, son todas ellas expresiones del compromiso cristiano de Monseñor Augusto con la defensa de la vida de su pueblo.”
Hay otras iniciativas de defensa de la vida de los pobres que deben mucho a Monseñor Augusto, especialmente en el campo de la salud. Augusto fue el primer obispo encargado de DEPAS, el departamento de salud de la Conferencia Episcopal. Fue también un decidido impulsor de PRO-VIDA, que alentaba la creación de los botiquines parroquiales y el acceso en ellas a medicinas a bajo precio.
Quiero recordar aquí dos momentos importantes de la presencia de Monseñor Augusto en la vida de El Agustino, importantes especialmente para mí. El primero sucedió en 1988, en el desalojo de 250 familias de uno de los últimos terrenos vacíos en el distrito. En la semblanza de Augusto que hice en 1990 toqué este momento en la vida del distrito y de la parroquia, pero curiosamente no puse uno de sus gestos más sencillos y al mismo tiempo más reveladores de su calidad como persona. Sabíamos que había un número de personas detenidas en el desalojo y que los habían llevado provisionalmente a la comisaría local antes de trasladarlos a Seguridad de Estado, entre ellas una religiosa enfermera francesa cuyo “delito” era que hubiera ayudado a la gente afectada por los gases, especialmente a los niños.
Augusto y yo fuimos a la comisaría para abogar por la gente detenida. El comisario nos recibió cortésmente, nos explicó que de todas maneras los detenidos tenían que ser trasladados a Seguridad de Estado. Después de conversar con los detenidos en la celda en la parte posterior de la comisaría, Augusto y yo caminamos a la puerta de la comisaría, pero antes de salir a la calle el comisario nos detuvo y dijo a Monseñor Augusto: “Monseñor, Ud. por supuesto está libre, pero el Padre Francisco no puede salir de la comisaría.” Augusto respondió sorprendido: “¿El Padre está detenido?” “No, Monseñor, está, digamos, retenido; no queremos que salga de acá.” Inmediatamente Augusto replicó: “Bueno, señor, si el Padre está retenido, yo también estoy retenido. No salgo de aquí sin el Padre.” De ahí pasamos las siguientes cuatro horas sentados en la oficina del comisario hasta que nos permitieron salir. Se trata de uno de los muchos gestos de solidaridad efectiva que caracterizaba el estilo pastoral de este buen hombre.
El segundo momento que quiero recordar aquí sucedió casi un año y medio después, en octubre de 1989. A inicios de octubre tuvo lugar el primer asesinato en el distrito por parte de Sendero Luminoso de un dirigente popular, en este caso una mujer, María Elías de Huapaya.
Al día siguiente de esta tragedia, en la noche, nos reunimos personas de las comunidades cristianas, de los comedores populares y organizaciones vecinales para ver juntos cómo responder a este asesinato. Se decidió hacer una marcha por la paz el domingo en la tarde. Yo tuve el encargo de pedirle a Monseñor Augusto que presidiera la marcha, pedido éste que Augusto aceptó inmediatamente.
La marcha se organizó en pocos días y, a pesar de la premura del tiempo, se logró reunir unas 1,500 personas. La marcha fue presidida de una banderola grande que decía, “No matarás, ni con hambre, ni con balas”, un lema que venía de Colombia, pero que por primera vez se empleó en el Perú. Henry Pease marchó con nosotros ese día. Quizá por eso, el “No matarás ni con hambre ni con balas” se convirtió en el lema de la marcha multitudinaria contra el Paro Armado de Sendero, convocado semanas después, en noviembre, por un frente amplio de organizaciones políticas que incluyó al propio Henry Pease y a Mario Vargas Llosa, a organizaciones sociales y de defensa de los derechos humanos como “Perú, Vida y Paz”.
Detrás de la banderola aquel domingo en El Agustino, marchaba Augusto Beuzeville, vestido de alba, estola, mitra y báculo, símbolos del pastor que caminaba con la gente y comulgaba con su miedo y con su protesta contra el asesinato. Al final de la marcha, una señora de los comedores me acercó y me dijo: “Padre Francisco, ¡qué gusto me da ese obispo! Camina con nosotros y nos entiende.”
Creo que lo que dijo esa señora resume todo lo que he querido decir en estas líneas. Un hombre con un corazón sensible al dolor de la gente, lo que en el Evangelio se llama compasión. Por eso, caminaba con su pueblo y por eso también la gente sabía que entendía, un entendimiento de cabeza sí, pero también y sobre todo de mucho corazón.
Termino estas líneas en la mañana después de la misa de mes del fallecimiento de Augusto. Una de las oraciones en la misa pedía la misericordia del Señor y el perdón de los pecados. Yo en mi interior pensaba que si una persona como Augusto no alcanza la misericordia del Señor, el cielo va a estar bastante vacío de inquilinos. Más bien, debemos alegrarnos por el don de la plenitud de la vida que ahora goza el buen amigo y obispo, Augusto Beuzeville. Y debemos pedirle que siga abogando por este país y su Iglesia.
Nota:
(1) “He venido para ver si hay algo que hacer: Semblanza de Monseñor Augusto Beuzeville”, en Páginas, No. 106 (Diciembre, 1990), pp. 110-112.

Veritatis Gaudium

CONSTITUCIÓN APOSTÓLICA
VERITATIS GAUDIUM
SOBRE LAS UNIVERSIDADES Y FACULTADES ECLESIÁSTICAS
PROEMIO
1. La alegría de la verdad ―Veritatis gaudium― manifiesta el deseo vehemente que deja inquieto el corazón del hombre hasta que encuentre, habite y comparta con todos la Luz de Dios[1]. La verdad, de hecho, no es una idea abstracta, sino que es Jesús, el Verbo de Dios en quien está la Vida que es la Luz de los hombres (cf. Jn 1,4); el Hijo de Dios que es a la vez el Hijo del hombre. Sólo Él, «en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación»[2].
En el encuentro con Él, el Viviente (cf. Ap 1,18) y el Primogénito entre muchos hermanos (cf. Rm 8,29), el corazón del hombre experimenta ya desde ahora, en el claroscuro de la historia, la luz y la fiesta sin ocaso de la unión con Dios y de la unidad con los hermanos y hermanas en la casa común de la creación, de las que él gozará por siempre en la plena comunión con Dios. En la oración de Jesús al Padre: «para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros» (Jn 17,21), se encierra el secreto de la alegría que Jesús nos quiere comunicar en plenitud (cf. 15,11) por parte del Padre con el don del Espíritu Santo: Espíritu de verdad y de amor, de libertad, justicia y unidad.
Jesús impulsa a la Iglesia para que en su misión testimonie y anuncie siempre esta alegría con renovado entusiasmo. El Pueblo de Dios peregrina a lo largo de los senderos de la historia, acompañado con sinceridad y solidaridad de los hombres y mujeres de todos los pueblos y de todas las culturas, para iluminar con la luz del Evangelio el camino de la humanidad hacia la nueva civilización del amor. El vasto y multiforme sistema de los estudios eclesiásticos ha florecido a lo largo de los siglos gracias a la sabiduría del Pueblo de Dios, que el Espíritu Santo guía a través del diálogo y discernimiento de los signos de los tiempos y de las diferentes expresiones culturales. Dicho sistema está unido estrechamente a la misión evangelizadora de la Iglesia y, más aún, brota de su misma identidad, que está consagrada totalmente a promover el crecimiento auténtico e integral de la familia humana hasta su plenitud definitiva en Dios.
No sorprende, pues, que el Concilio Vaticano II, promoviendo con vigor y profecía la renovación de la vida de la Iglesia, en vistas de una misión más incisiva en esta nueva época de la historia, haya recomendado en el Decreto Optatam totius una revisión fiel y creativa de los estudios eclesiásticos (cf. nn. 13-22). Esta tarea, después de un estudio atento y de una comprobación prudente, culminó en la Constitución Apostólica Sapientia christiana, promulgada por san Juan Pablo II el 15 de abril de 1979. Gracias a esta se promovió y se perfeccionó aún más el compromiso de la Iglesia en favor de «las Facultades y las Universidades Eclesiásticas, es decir, aquellas que se ocupan especialmente de la Revelación cristiana y de las cuestiones relacionadas con la misma y que, por tanto, están más estrechamente unidas con la propia misión evangelizadora», junto a todas las demás disciplinas que, «aunque no tengan un nexo particular con la Revelación cristiana, sin embargo pueden contribuir mucho a la labor de evangelización»[3].
Después de casi cuarenta años, hoy es urgente y necesaria una oportuna revisión y actualización de dicha Constitución Apostólica en fidelidad al espíritu y a las directrices del Vaticano II. Aunque sigue siendo plenamente válida en su visión profética y en sus lúcidas indicaciones, se ha visto necesario incorporar en ella las disposiciones normativas emanadas posteriormente, teniendo en cuenta, al mismo tiempo, el desarrollo de los estudios académicos de estos últimos decenios, y también el nuevo contexto socio-cultural a escala global, así como todo lo recomendado a nivel internacional en cuanto a la aplicación de las distintas iniciativas a las que la Santa Sede se ha adherido.
Es un momento oportuno para impulsar con ponderada y profética determinación, a todos los niveles, un relanzamiento de los estudios eclesiásticos en el contexto de la nueva etapa de la misión de la Iglesia, caracterizada por el testimonio de la alegría que brota del encuentro con Jesús y del anuncio de su Evangelio, como propuse programáticamente a todo el Pueblo de Dios con la Evangelii gaudium.
2. La Constitución apostólica Sapientia christiana supuso el fruto maduro de la gran reforma de los estudios eclesiásticos, que fue puesta en marcha por el Concilio Vaticano II. Supo recoger, en particular, los logros alcanzados en este ámbito crucial de la misión de la Iglesia bajo la guía sabia y prudente del beato Pablo VI y, al mismo tiempo, preanunciaba la aportación que el magisterio de san Juan Pablo II ofrecería inmediatamente después, siguiendo esa continuidad.
Como tuve ocasión de destacar: «Buscar superar este divorcio entre teología y pastoral, entre fe y vida, ha sido precisamente uno de los principales aportes del Concilio Vaticano II. Me animo a decir que ha revolucionado en cierta medida el estatuto de la teología, la manera de hacer y del pensar creyente»[4]. La Optatam totius se sitúa en esta perspectiva cuando invita con fuerza a que los estudios eclesiásticos «contribuyan en perfecta armonía a descubrir cada vez más a las inteligencias de los alumnos el misterio de Cristo, que afecta a toda la historia de la humanidad, e influye constantemente en la Iglesia»[5]. Para alcanzar este objetivo, el Decreto conciliar exhorta a conjugar la meditación y el estudio de la Sagrada Escritura, en cuanto «alma de toda la teología»[6], junto con la participación asidua y consciente en la Sagrada Liturgia, «la fuente primera y necesaria del espíritu verdaderamente cristiano»[7], y el estudio sistemático de la Tradición viva de la Iglesia en diálogo con los hombres de su tiempo, en escucha profunda de sus problemas, sus heridas y sus necesidades[8]. De este modo —subraya la Optatam totius— «la preocupación pastoral debe estar presente en toda la formación de los alumnos»[9], para que se acostumbren a «superar las fronteras de su propia diócesis, nación o rito y ayudar a las necesidades de toda la Iglesia, con el ánimo dispuesto a predicar el Evangelio por todas partes»[10].
Las etapas principales de este camino, que van desde las orientaciones del Vaticano II hasta la Sapientia christiana, son en modo particular: la Evangelii nuntiandi y la Populorum progressio de Pablo VI, así como la Redemptor hominis de Juan Pablo II, que fue publicada sólo un mes antes de la promulgación de la Constitución Apostólica. El soplo profético de la Exhortación apostólica sobre la evangelización en el mundo contemporáneo del Papa Montini resuena con fuerza en el Proemio de la Sapientia christiana, donde se afirma que «la misión de evangelizar, que es propia de la Iglesia, exige no sólo que el Evangelio se predique en ámbitos geográficos cada vez más amplios y a grupos humanos cada vez más numerosos, sino también que sean informados por la fuerza del mismo Evangelio el sistema de pensar, los criterios de juicio y las normas de actuación; en una palabra, es necesario que toda la cultura humana sea henchida por el Evangelio»[11]. Juan Pablo II, por su parte, sobre todo en la Encíclica Fides et ratio, dentro del marco del diálogo entre filosofía y teología, ha reiterado y profundizado la convicción que vertebra la enseñanza del Vaticano II según la cual «el hombre es capaz de llegar a una visión unitaria y orgánica del saber. Este es uno de los cometidos que el pensamiento cristiano deberá afrontar a lo largo del próximo milenio de la era cristiana»[12].
También la Populorum progressio ha jugado un papel decisivo en la reconfiguración de los estudios eclesiásticos a la luz del Vaticano II, y ha ofrecido junto con la Evangelii nuntiandi —como se corrobora por la trayectoria de las diversas iglesias locales— importantes impulsos y orientaciones concretas para la inculturación del Evangelio y para la evangelización de las culturas en las diversas regiones del mundo, respondiendo así a los desafíos del presente. De hecho, esta encíclica social de Pablo VI subraya incisivamente que el desarrollo de los pueblos —clave imprescindible para fomentar la justicia y la paz a nivel mundial— «debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre»[13], y recuerda la necesidad de «pensadores de reflexión profunda que busquen un humanismo nuevo, el cual permita al hombre moderno hallarse a sí mismo»[14]. La Populorum progressio interpreta con visión profética la cuestión social como un tema antropológico que afecta al destino de toda la familia humana.
Esta es la clave fundamental de lectura que inspiró el sucesivo magisterio social de la Iglesia, desde la Laborem exercens hasta la Sollecitudo rei socialis, desde la Centesimus annus de Juan Pablo II, pasando por la Caritas in veritate de Benedicto XVI, hasta la Laudato si’. El Papa Benedicto XVI retomó la invitación de la Populorum progressio para impulsar una nueva etapa de pensamiento y explicó la necesidad urgente de «vivir y orientar la globalización de la humanidad en términos de relación, comunión y participación»[15], destacando que Dios quiere asociar la humanidad a ese misterio inefable de comunión que es la Santísima Trinidad, del que la Iglesia es en Jesucristo, signo e instrumento[16]. Para alcanzar de manera realista este fin, invita a «ensanchar la razón» para hacerla capaz de conocer y orientar las nuevas e imponentes dinámicas que atormentan a la familia humana, «animándolas en la perspectiva de esa “civilización del amor”, de la cual Dios ha puesto la semilla en cada pueblo y en cada cultura»[17] y haciendo que «los diferentes ámbitos del saber humano sean interactivos»: el teológico, el filosófico, el social y el científico[18].
3. Ha llegado el momento en el que los estudios eclesiásticos reciban esa renovación sabia y valiente que se requiere para una transformación misionera de una Iglesia «en salida» desde ese rico patrimonio de profundización y orientación, que ha sido confrontado y enriquecido —por así decir— «sobre el terreno» del esfuerzo perseverante de la mediación cultural y social del Evangelio, que ha sido realizada a su vez por el Pueblo de Dios en los distintos continentes y en diálogo con las diversas culturas.
En efecto, la tarea urgente en nuestro tiempo consiste en que todo el Pueblo de Dios se prepare a emprender «con espíritu»[19] una nueva etapa de la evangelización. Esto requiere «un proceso decidido de discernimiento, purificación y reforma»[20]. Y, dentro de ese proceso, la renovación adecuada del sistema de los estudios eclesiásticos está llamada a jugar un papel estratégico. De hecho, estos estudios no deben sólo ofrecer lugares e itinerarios para la formación cualificada de los presbíteros, de las personas consagradas y de laicos comprometidos, sino que constituyen una especie de laboratorio cultural providencial, en el que la Iglesia se ejercita en la interpretación de la performance de la realidad que brota del acontecimiento de Jesucristo y que se alimenta de los dones de Sabiduría y de Ciencia, con los que el Espíritu Santo enriquece en diversas formas a todo el Pueblo de Dios: desde el sensus fidei fidelium hasta el magisterio de los Pastores, desde el carisma de los profetas hasta el de los doctores y teólogos.
Y esto tiene un valor indispensable para una Iglesia «en salida», puesto que hoy no vivimos sólo una época de cambios sino un verdadero cambio de época[21], que está marcado por una «crisis antropológica»[22] y «socio-ambiental»[23] de ámbito global, en la que encontramos cada día más «síntomas de un punto de quiebre, a causa de la gran velocidad de los cambios y de la degradación, que se manifiestan tanto en catástrofes naturales regionales como en crisis sociales o incluso financieras»[24]. Se trata, en definitiva, de «cambiar el modelo de desarrollo global» y «redefinir el progreso»[25]: «El problema es que no disponemos todavía de la cultura necesaria para enfrentar esta crisis y hace falta construir liderazgos que marquen caminos»[26].
Esta enorme e impostergable tarea requiere, en el ámbito cultural de la formación académica y de la investigación científica, el compromiso generoso y convergente que lleve hacia un cambio radical de paradigma, más aún —me atrevo a decir— hacia «una valiente revolución cultural»[27]. En este empeño, la red mundial de las Universidades y Facultades eclesiásticas está llamada a llevar la aportación decisiva de la levadura, de la sal y de la luz del Evangelio de Jesucristo y de la Tradición viva de la Iglesia, que está siempre abierta a nuevos escenarios y a nuevas propuestas.
Cada día es más evidente la «necesidad de una auténtica hermenéutica evangélica para comprender mejor la vida, el mundo, los hombres, no de una síntesis sino de una atmósfera espiritual de búsqueda y certeza basada en las verdades de razón y de fe. La filosofía y la teología permiten adquirir las convicciones que estructuran y fortalecen la inteligencia e iluminan la voluntad… pero todo esto es fecundo sólo si se hace con la mente abierta y de rodillas. El teólogo que se complace en su pensamiento completo y acabado es un mediocre. El buen teólogo y filósofo tiene un pensamiento abierto, es decir, incompleto, siempre abierto al maius de Dios y de la verdad, siempre en desarrollo, según la ley que san Vicente de Lerins describe así: “annis consolidetur, dilatetur tempore, sublimetur aetate” (Commonitorium primum, 23: PL 50,668)»[28].
4. En este horizonte amplio e inédito que se abre ante nosotros, ¿cuáles deben ser los criterios fundamentales con vistas a una renovación y a un relanzamiento de la aportación de los estudios eclesiásticos a una Iglesia en salida misionera? Podemos enunciar aquí al menos cuatro, siguiendo la enseñanza del Vaticano II y la experiencia que la Iglesia ha adquirido en estos decenios de aprendizaje, escuchando al Espíritu Santo y las necesidades más profundas y los interrogantes más agudos de la familia humana.
a) En primer lugar, el criterio prioritario y permanente es la contemplación y la introducción espiritual, intelectual y existencial en el corazón del kerygma, es decir, la siempre nueva y fascinante buena noticia del Evangelio de Jesús[29], «que se va haciendo carne cada vez más y mejor»[30] en la vida de la Iglesia y de la humanidad. Este es el misterio de la salvación del que la Iglesia es en Cristo signo e instrumento en medio de los hombres[31]: «Un misterio que hunde sus raíces en la Trinidad, pero tiene su concreción histórica en un pueblo peregrino y evangelizador, lo cual siempre trasciende toda necesaria expresión institucional […] que tiene su fundamento último en la libre y gratuita iniciativa de Dios»[32].
Desde esta concentración vital y gozosa del rostro de Dios, que ha sido revelado como Padre rico de misericordia en Jesucristo (cf. Ef 2,4)[33], desciende la experiencia liberadora y responsable que consiste en la «mística de vivir juntos»[34] como Iglesia, que se hace levadura de aquella fraternidad universal «que sabe mirar la grandeza sagrada del prójimo, que sabe descubrir a Dios en cada ser humano, que sabe tolerar las molestias de la convivencia aferrándose al amor de Dios, que sabe abrir el corazón al amor divino para buscar la felicidad de los demás como la busca su Padre bueno»[35]. De ahí que el imperativo de escuchar en el corazón y de hacer resonar en la mente el grito de los pobres y de la tierra[36], concretice la «dimensión social de la evangelización»[37], como parte integral de la misión de la Iglesia; porque «Dios, en Cristo, no redime solamente la persona individual, sino también las relaciones sociales entre los hombres»[38]. Es cierto que «la belleza misma del Evangelio no siempre puede ser adecuadamente manifestada por nosotros, pero hay un signo que no debe faltar jamás: la opción por los últimos, por aquellos que la sociedad descarta y desecha»[39]. Esta opción debe impregnar la presentación y la profundización de la verdad cristiana.
De aquí que, en la formación de una cultura cristianamente inspirada, el acento principal esté en descubrir la huella trinitaria en la creación, pues hace que el cosmos en el que vivimos sea «una trama de relaciones», y en el que «es propio de todo ser viviente tender hacia otra cosa», favoreciendo «una espiritualidad de la solidaridad global que brota del misterio de la Trinidad»[40].
b) Un segundo criterio inspirador, que está íntimamente relacionado con el anterior y que es fruto de ese, es el diálogo a todos los niveles, no como una mera actitud táctica, sino como una exigencia intrínseca para experimentar comunitariamente la alegría de la Verdad y para profundizar su significado y sus implicaciones prácticas. El Evangelio y la doctrina de la Iglesia están llamados hoy a promover una verdadera cultura del encuentro[41], en una sinergia generosa y abierta hacia todas las instancias positivas que hacen crecer la conciencia humana universal; es más, una cultura —podríamos afirmar— del encuentro entre todas las culturas auténticas y vitales, gracias al intercambio recíproco de sus propios dones en el espacio de luz que ha sido abierto por el amor de Dios para todas sus criaturas.
Como subrayó el Papa Benedicto XVI, «la verdad es “lógos” que crea “diá-logos” y, por tanto, comunicación y comunión»[42]. En esta luz, la Sapientia christiana, remitiéndose a la Gaudium et spes, deseaba que se favoreciera el diálogo con los cristianos pertenecientes a otras Iglesias y comunidades eclesiales, así como con los que tienen otras convicciones religiosas o humanísticas, y que también se mantuviera una relación «con los que cultivan otras disciplinas, creyentes o no creyentes», tratando de «valorar e interpretar sus afirmaciones y juzgarlas a la luz de la verdad revelada»[43].
De esto deriva que se revise, desde esta óptica y desde este espíritu, la conveniencia necesaria y urgente de la composición y la metodología dinámica del currículo de estudios que ha sido propuesto por el sistema de los estudios eclesiásticos, en su fundamento teológico, en sus principios inspiradores y en sus diversos niveles de articulación disciplinar, pedagógica y didáctica. Esta conveniencia se concreta en un compromiso exigente pero altamente productivo: repensar y actualizar la intencionalidad y la organización de las disciplinas y las enseñanzas impartidas en los estudios eclesiásticos con esta lógica concreta y según esta intencionalidad específica. Hoy, en efecto, «se impone una evangelización que ilumine los nuevos modos de relación con Dios, con los otros y con el espacio, y que suscite los valores fundamentales. Es necesario llegar allí donde se gestan los nuevos relatos y paradigmas»[44].
c) De aquí el tercer criterio fundamental que quiero recordar: la inter- y la trans-disciplinariedad ejercidas con sabiduría y creatividad a la luz de la Revelación. El principio vital e intelectual de la unidad del saber en la diversidad y en el respeto de sus expresiones múltiples, conexas y convergentes es lo que califica la propuesta académica, formativa y de investigación del sistema de los estudios eclesiásticos, ya sea en cuanto al contenido como en el método.
Se trata de ofrecer, a través de los distintos itinerarios propuestos por los estudios eclesiásticos, una pluralidad de saberes que correspondan a la riqueza multiforme de lo verdadero, a la luz proveniente del acontecimiento de la Revelación, que sea al mismo tiempo recogida armónica y dinámicamente en la unidad de su fuente trascendente y de su intencionalidad histórica y metahistórica, desplegada escatológicamente en Cristo Jesús: «En Él -escribe el apóstol Pablo-, están encerrados todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento» (Col 2,3). Este principio teológico y antropológico, existencial y epistémico, tiene un significado especial y está llamado a mostrar toda su eficacia no sólo dentro del sistema de los estudios eclesiásticos, garantizándole cohesión y flexibilidad, organicidad y dinamismo, sino también en relación con el panorama actual, fragmentado y no pocas veces desintegrado, de los estudios universitarios y con el pluralismo ambiguo, conflictivo o relativista de las convicciones y de las opciones culturales.
Hoy -como afirmó Benedicto XVI en la Caritas in veritate, profundizando el mensaje cultural de la Populorum progressio de Pablo VI- hay «una falta de sabiduría, de reflexión, de pensamiento capaz de elaborar una síntesis orientadora»[45]. Aquí está en juego, en concreto, la misión que se le ha confiado al sistema de estudios eclesiásticos. Esta orientadora y precisa hoja de ruta no sólo expresa el significado intrínseco de verdades del sistema de los estudios eclesiásticos, sino que también resalta, sobre todo hoy, su efectiva importancia humana y cultural. En este sentido, es sin duda positivo y prometedor el redescubrimiento actual del principio de la interdisciplinariedad [46]: No sólo en su forma «débil», de simple multidisciplinariedad, como planteamiento que favorece una mejor comprensión de un objeto de estudio, contemplándolo desde varios puntos de vista; sino también en su forma «fuerte», de transdisciplinariedad, como ubicación y maduración de todo el saber en el espacio de Luz y de Vida ofrecido por la Sabiduría que brota de la Revelación de Dios.
De tal manera que, quien se forme en el marco de las instituciones promovidas por el sistema de los estudios eclesiásticos —como deseaba el beato J. H. Newman— sepa «dónde colocar a sí mismo y la propia ciencia, a la que llega, por así decirlo, desde una cumbre, después de haber tenido una visión global de todo el saber»[47]. También el beato Antonio Rosmini, entorno al año 1800, invitaba a una reforma seria en el ámbito de la educación cristiana, restableciendo los cuatro firmes pilares sobre los que se apoyaba durante los primeros siglos de la era cristiana: «La unicidad de la ciencia, la comunicación de santidad, la costumbre de vida, la reciprocidad de amor». Lo esencial —sostenía él— es devolver la unidad de contenido, de perspectiva, de objetivo, a la ciencia que se imparte desde la Palabra de Dios y desde su culmen en Cristo Jesús, Verbo de Dios hecho carne. Si no existe este centro vivo, la ciencia no tiene «ni raíz ni unidad» y sigue siendo simplemente «atacada y, por así decir, entregada a la memoria juvenil». Sólo de este modo será posible superar la «nefasta separación entre teoría y práctica», porque en la unidad entre ciencia y santidad «consiste propiamente la índole verdadera de la doctrina destinada a salvar el mundo», cuyo «adiestramiento [en los tiempos antiguos] no terminaba en una breve lección diaria, sino que consistía en una continua conversación que tenían los discípulos con los maestros»[48].
d) Un cuarto y último criterio se refiere a la necesidad urgente de «crear redes» entre las distintas instituciones que, en cualquier parte del mundo, cultiven y promuevan los estudios eclesiásticos, y activar con decisión las oportunas sinergias también con las instituciones académicas de los distintos países y con las que se inspiran en las diferentes tradiciones culturales y religiosas; al mismo tiempo, establecer centros especializados de investigación que promuevan el estudio de los problemas de alcance histórico que repercuten en la humanidad de hoy, y propongan pistas de resolución apropiadas y objetivas.
Como señalé en la Laudato si’, «desde mediados del siglo pasado, y superando muchas dificultades, se ha ido afirmando la tendencia a concebir el planeta como patria y la humanidad como pueblo que habita una casa de todos»[49]. La toma de conciencia de esta interdependencia «nos obliga a pensar en un solo mundo, en un proyecto común»[50]. La Iglesia, en particular -en sintonía convencida y profética con el impulso que le ha dado el Vaticano II hacia su presencia renovada y su misión en la historia-, está llamada a experimentar cómo la catolicidad, que la califica como fermento de unidad en la diversidad y de comunión en la libertad, exige para sí misma y propicia «esa polaridad tensional entre lo particular y lo universal, entre lo uno y lo múltiple, entre lo simple y lo complejo. Aniquilar esta tensión va contra la vida del Espíritu»[51]. Se trata, pues, de practicar una forma de conocimiento y de interpretación de la realidad a la luz del «pensamiento de Cristo» (cf. 1 Co 2,16), en el que el modelo de referencia y de resolución de problemas «no es la esfera […] donde cada punto es equidistante del centro y no hay diferencias entre unos y otros», sino «el poliedro, que refleja la confluencia de todas las parcialidades que en él conservan su originalidad»[52].
En realidad, «como podemos ver en la historia de la Iglesia, el cristianismo no tiene un único modo cultural, sino que, “permaneciendo plenamente uno mismo, en total fidelidad al anuncio evangélico y a la tradición eclesial, llevará consigo también el rostro de tantas culturas y de tantos pueblos en que ha sido acogido y arraigado”[53]. En los diferentes pueblos que experimentan el don de Dios según la propia cultura, la Iglesia manifiesta su genuina catolicidad y muestra “la belleza de este rostro pluriforme”[54]. En las manifestaciones cristianas de un pueblo evangelizado, el Espíritu Santo embellece a la Iglesia, mostrándole nuevos aspectos de la Revelación y regalándole un nuevo rostro»[55].
Esta perspectiva -evidentemente- traza una tarea exigente para la Teología, así como para las demás disciplinas contempladas en los estudios eclesiásticos según sus específicas competencias. Benedicto XVI, refiriéndose con una bella imagen a la Tradición de la Iglesia, afirmó que «no es transmisión de cosas o de palabras, una colección de cosas muertas. La Tradición es el río vivo que se remonta a los orígenes, el río vivo en el que los orígenes están siempre presentes»[56]. «Este río va regando diversas tierras, va alimentando diversas geografías, haciendo germinar lo mejor de esa tierra, lo mejor de esa cultura. De esta manera, el Evangelio se sigue encarnando en todos los rincones del mundo de manera siempre nueva»[57]. No hay duda de que la Teología debe estar enraizada y basada en la Sagrada Escritura y en la Tradición viva, pero precisamente por eso debe acompañar simultáneamente los procesos culturales y sociales, de modo particular las transiciones difíciles. Es más, «en este tiempo, la teología también debe hacerse cargo de los conflictos: no sólo de los que experimentamos dentro de la Iglesia, sino también de los que afectan a todo el mundo»[58]. Se trata de «aceptar sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en el eslabón de un nuevo proceso», adquiriendo «un modo de hacer la historia, en un ámbito viviente donde los conflictos, las tensiones y los opuestos pueden alcanzar una unidad pluriforme que engendra nueva vida. No es apostar por un sincretismo ni por la absorción de uno en el otro, sino por la resolución en un plano superior que conserva en sí las virtualidades valiosas de las polaridades en pugna»[59].
5. Al relanzar los estudios eclesiásticos, se advierte la viva necesidad de dar un nuevo impulso a la investigación científica llevada a cabo en nuestras Universidades y Facultades eclesiásticas. La Constitución Apostólica Sapientia christiana introducía la investigación como un «deber fundamental» en «contacto asiduo con la misma realidad […] para comunicar la doctrina a los hombres contemporáneos, empeñados en diversos campos culturales»[60]. Pero las nuevas dinámicas sociales y culturales imponen una ampliación de estos fines en nuestra época, marcada por la condición multicultural y multiétnica. Para cumplir la misión salvífica de la Iglesia «no basta la preocupación del evangelizador por llegar a cada persona, y el Evangelio también se anuncia a las culturas en su conjunto»[61]. Los estudios eclesiásticos no pueden limitarse a transmitir a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, deseosos de crecer en su conciencia cristiana, conocimientos, competencias, experiencias, sino que deben adquirir la tarea urgente de elaborar herramientas intelectuales que puedan proponerse como paradigmas de acción y de pensamiento, y que sean útiles para el anuncio en un mundo marcado por el pluralismo ético-religioso. Esto no sólo exige una profunda conciencia teológica, sino también la capacidad de concebir, diseñar y realizar sistemas de presentación de la religión cristiana que sean capaces de profundizar en los diversos sistemas culturales. Todo esto pide un aumento en la calidad de la investigación científica y un avance progresivo del nivel de los estudios teológicos y de las ciencias que se le relacionan. No se trata sólo que se amplíe el ámbito del diagnóstico, ni que se enriquezca el conjunto de datos a disposición para leer la realidad[62], sino que se profundice para «comunicar mejor la verdad del Evangelio en un contexto determinado, sin renunciar a la verdad, al bien y a la luz que pueda aportar cuando la perfección no es posible»[63].
Encomiendo entonces, en primer lugar, a las Universidades, Facultades e Institutos eclesiásticos la misión de desarrollar en su labor de investigación esa «original apologética» que indiqué en la Evangelii gaudium, para que ellas ayuden «a crear las disposiciones para que el Evangelio sea escuchado por todos»[64].
En este contexto, es indispensable la creación de nuevos y cualificados centros de investigación en los que estudiosos procedentes de diversas convicciones religiosas y de diferentes competencias científicas puedan interactuar con responsable libertad y transparencia recíproca -según mi deseo expresado en la Laudato si’, a fin de «entrar en un diálogo entre ellas orientado al cuidado de la naturaleza, a la defensa de los pobres, a la construcción de redes de respeto y de fraternidad»[65]. En todos los países, las Universidades constituyen la sede principal de investigación científica para el progreso del conocimiento y de la sociedad, y desempeñan un papel determinante para el desarrollo económico, social y cultural, sobre todo en un tiempo, como el nuestro, caracterizado por rápidos, constantes y evidentes cambios en el campo de la ciencia y la tecnología. También en los acuerdos internacionales se subraya la responsabilidad central de la Universidad en las políticas de investigación y la necesidad de coordinarlas, creando redes de centros especializados para facilitar, entre otras cosas, la movilidad de los investigadores.
En este sentido, se están proyectando polos de excelencia interdisciplinares e iniciativas destinadas a acompañar la evolución de las tecnologías avanzadas, la cualificación de los recursos humanos y los programas de integración. También los estudios eclesiásticos, en el espíritu de una Iglesia «en salida», están llamados a dotarse de centros especializados que profundicen en el diálogo con los diversos ámbitos científicos. La investigación compartida y convergente entre especialistas de diversas disciplinas constituye un servicio cualificado al Pueblo de Dios y, en particular, al Magisterio, así como un apoyo a la misión de la Iglesia que está llamada a anunciar la Buena Nueva de Cristo a todos, dialogando con las diferentes ciencias al servicio de una cada vez más profunda penetración y aplicación de la verdad en la vida personal y social.
Así, los estudios eclesiásticos serán capaces de dar su contribución específica e insustituible, inspiradora y orientadora, y podrán dilucidar y expresar su tarea de modo nuevo, interpelante y real. ¡Siempre ha sido y siempre será así! La Teología y la cultura de inspiración cristiana han estado a la altura de su misión cuando han sabido vivir con riesgo y fidelidad en la frontera. «Las preguntas de nuestro pueblo, sus angustias, sus peleas, sus sueños, sus luchas, sus preocupaciones poseen valor hermenéutico que no podemos ignorar si queremos tomar en serio el principio de encarnación. Sus preguntas nos ayudan a preguntarnos, sus cuestionamientos nos cuestionan. Todo esto nos ayuda a profundizar en el misterio de la Palabra de Dios, Palabra que exige y pide dialogar, entrar en comunicación»[66].
6. Esto que hoy emerge ante nuestros ojos es «un gran desafío cultural, espiritual y educativo que supondrá largos procesos de regeneración»[67], también para las Universidades y Facultades eclesiásticas.
Que la fe gozosa e inquebrantable en Jesús crucificado y resucitado, centro y Señor de la historia, nos guíe, nos ilumine y nos sostenga en este tiempo arduo y fascinante, que está marcado por el compromiso en una renovada y clarividente configuración del planteamiento de los estudios eclesiásticos. Su resurrección, con el don sobreabundante del Espíritu Santo, «provoca por todas partes gérmenes de ese mundo nuevo; y aunque se los corte, vuelven a surgir, porque la resurrección del Señor ya ha penetrado la trama oculta de esta historia»[68].
Que María Santísima, quien a través del anuncio del Ángel concibió con gran alegría al Verbo de la Verdad, acompañe nuestro camino obteniendo del Padre de toda gracia la bendición de luz y de amor que, con la confianza de hijos, aguardamos en la esperanza de su Hijo y Nuestro Señor Jesucristo, en la alegría del Espíritu Santo.
Primera Parte NORMAS COMUNES
Título I Naturaleza y finalidad de las Universidades y Facultades Eclesiásticas
Artículo 1. Para cumplir el ministerio de la evangelización, confiado por Cristo a la Iglesia católica, ésta tiene el derecho y el deber de erigir y organizar Universidades y Facultades dependientes de ella misma[69].
Artículo 2. § 1. En esta Constitución se da el nombre de Universidades y Facultades eclesiásticas a aquellas instituciones de educación superior que, canónicamente erigidas o aprobadas por la Santa Sede, se dedican al estudio y a la enseñanza de la doctrina sagrada y de las ciencias con ella relacionadas, gozando del derecho de conferir grados académicos con la autoridad de la Santa Sede[70].
§ 2. Dichas instituciones pueden ser una Universidad o Facultad eclesiástica sui iuris, una Facultad eclesiástica en el seno de una Universidad Católica[71] o también una Facultad eclesiástica en el seno de otra Universidad.
Artículo 3. Las finalidades de las Facultades eclesiásticas son:
§ 1. cultivar y promover, mediante la investigación científica, las propias disciplinas, es decir, aquellas que directa o indirectamente están relacionadas con la Revelación cristiana o que sirven de un modo directo a la misión de la Iglesia y, por ende, y, ante todo, ahondar cada vez más en el conocimiento de la Revelación cristiana y de lo relacionado con ella, estudiar a fondo sistemáticamente las verdades que en ella se contienen, reflexionar a la luz de la Revelación sobre las cuestiones que plantea cada época, y presentarlas a los hombres contemporáneos de manera adecuada a las diversas culturas;
§ 2. dar una formación superior a los alumnos en las propias disciplinas según la doctrina católica, prepararlos convenientemente para el ejercicio de los diversos cargos y promover la formación continua o permanente de los ministros de la Iglesia;
§ 3. prestar su valiosa colaboración, según la propia índole y en estrecha comunión con la jerarquía, a las Iglesias particulares y a la Iglesia universal en toda la labor de evangelización.
Artículo 4. Es un deber de las Conferencias Episcopales, dada la peculiar importancia eclesial de las Universidades y Facultades eclesiásticas, promover con solicitud su vida y su progreso.
Artículo 5. La erección canónica o la aprobación canónica de las Universidades y de las Facultades eclesiásticas están reservada a la Congregación para la Educación Católica, que las gobierna conforme a derecho[72].
Artículo 6. Solamente las Universidades y las Facultades canónicamente erigidas o aprobadas por la Santa Sede, y organizadas según las normas de esta Constitución, tienen derecho a conferir grados académicos con valor canónico[73], quedando a salvo el derecho peculiar de la Pontificia Comisión Bíblica[74].
Artículo 7. Los estatutos de toda Universidad o Facultad, que han de redactarse en conformidad con las normas de esta Constitución, deben ser aprobados por la Congregación para la Educación Católica[75].
Artículo 8. Las Facultades eclesiásticas erigidas o aprobadas por la Santa Sede dentro de Universidades no eclesiásticas, que confieren grados académicos tanto canónicos como civiles, deben observar las prescripciones de esta Constitución, respetando los acuerdos bilaterales y multilaterales que hayan sido estipulados por la Santa Sede con las distintas Naciones o con las mismas Universidades.
Artículo 9. § 1. Las Facultades, que no hayan sido canónicamente erigidas o aprobadas por la Santa Sede, no pueden conferir grados académicos que tengan valor canónico.
§ 2. Para que los grados conferidos en estas Facultades puedan tener valor en orden a algunos efectos canónicos, necesitan el reconocimiento de la Congregación para la Educación Católica.
§ 3. Para obtener este reconocimiento, además de requerirse para cada uno de los grados alguna causa especial, deberán cumplirse las condiciones establecidas por la misma Congregación.
Artículo 10. Para la recta ejecución de esta Constitución, se deben observar las Normas dadas por la Congregación para la Educación Católica.
Título II La comunidad académica y su gobierno
Artículo 11. § 1. La Universidad o la Facultad es una comunidad de estudio, de investigación y de formación que obra institucionalmente para alcanzar los fines primarios contemplados en el art. 3, en conformidad con los principios de la misión evangelizadora de la Iglesia.
§ 2. En la comunidad académica, todas las personas, tanto singularmente como reunidas en consejos, son corresponsables del bien común y cooperan en el ámbito de sus respectivas competencias para alcanzar los fines de la misma comunidad.
§ 3. Consiguientemente se han de determinar cuidadosamente en los Estatutos cuáles son sus derechos y deberes en el ámbito de la comunidad académica, a fin de que se ejerzan convenientemente dentro de los límites legítimamente definidos.
Artículo 12. El Gran Canciller representa a la Santa Sede ante la Universidad o Facultad e igualmente a ésta ante la Santa Sede, él promueve su conservación y progreso y fomenta la comunión con la Iglesia particular y universal.
Artículo 13. § 1. La Universidad o la Facultad dependen jurídicamente del Gran Canciller, a no ser que la Sede Apostólica disponga otra cosa.
§ 2. Donde lo aconsejen las circunstancias, se puede nombrar también un Vice-Gran Canciller, cuya autoridad deber ser determinada en los estatutos.
Artículo 14. Si el Gran Canciller es una persona distinta del Ordinario del lugar, se establezcan normas para que ambos puedan cumplir concordemente la propia misión.
Artículo 15. Las Autoridades académicas son personales y colegiales. Son autoridades personales en primer lugar el rector o presidente y el decano. Autoridades colegiales son los distintos organismos directivos, como los consejos de Universidad o de Facultad.
Artículo 16. Los estatutos de la Universidad o Facultad deben determinar con toda claridad los nombres y la competencia de las autoridades académicas, las modalidades de su designación y el tiempo de su duración en el cargo, teniendo en cuenta tanto la naturaleza canónica de la Universidad o Facultad, como la costumbre de las Universidades de la propia región.
Artículo 17. Las autoridades académicas serán elegidas de entre las personas que sean verdaderamente conocedoras de la vida universitaria y, como norma, de entre los profesores de alguna Facultad.
Artículo 18. El nombramiento o al menos la confirmación de los titulares de los siguientes oficios compete a la Congregación para la Educación Católica:
El Rector de una Universidad eclesiástica;
El Presidente de una Facultad eclesiástica sui iuris;
El Decano de una Facultad eclesiástica y el presidente serán nombrados o al menos confirmados por la Congregación para la Educación Católica.
Artículo 19. § 1. Determinen los estatutos cómo deben cooperar entre sí las autoridades personales y las colegiales, de manera que, observando fielmente el sistema colegial sobre todo en los asuntos más importantes, particularmente los académicos, las autoridades personales gocen verdaderamente de la potestad que corresponde a su oficio.
§ 2. Esto se ha de decir en primer lugar si se trata del rector, el cual tiene la misión de gobernar toda la Universidad y de promover por los medios adecuados su unidad, cooperación y progreso.
Artículo 20. § 1. Allí donde las Facultades formen parte de una Universidad eclesiástica o de una Universidad católica, los estatutos han de proveer para que su gobierno se coordine debidamente con el gobierno de toda la Universidad, de manera que se promueva convenientemente el bien tanto de cada una de las Facultades como de la Universidad y se fomente la cooperación de todas las Facultades entre sí.
§ 2. Las exigencias canónicas de una Facultad eclesiástica han de salvaguardarse incluso cuando ésta forme parte de otra Universidad no eclesiástica.
Artículo 21. Si la Facultad está unida con algún seminario mayor o colegio sacerdotal, quedando a salvo la debida cooperación en todo lo que atañe al bien de los alumnos, los estatutos tomen clara y eficazmente precauciones para que la dirección académica y la administración de la Facultad se distingan debidamente del gobierno y administración del seminario mayor o colegio sacerdotal.
Título III El profesorado
Artículo 22. En toda Facultad debe existir un número de profesores, especialmente estables, que corresponda a la importancia y al desarrollo de las disciplinas, así como a la debida asistencia y al aprovechamiento de los alumnos.
Artículo 23. Debe haber distintas clases de profesores, especificadas en los estatutos según el grado de preparación, inserción, estabilidad y responsabilidad en la Facultad, teniendo oportunamente en cuenta la costumbre de las Universidades de la región.
Artículo 24. Los estatutos deben precisar a qué autoridades compete la asunción, el nombramiento y la promoción de los profesores, sobre todo cuando se trata de conferirles un oficio estable.
Artículo 25. § 1. Para que uno pueda ser legítimamente asumido entre los profesores estables de la Facultad, se requiere:
1) que sea persona distinguida por su preparación doctrinal, su testimonio de vida y su sentido de responsabilidad;
2) que tenga el doctorado congruente, un título equivalente o méritos científicos del todo singulares;
3) que haya probado su idoneidad para la investigación científica de manera documentalmente segura, sobre todo mediante la publicación de trabajos científicos;
4) que demuestre tener aptitud didáctica para la enseñanza.
§ 2. Estos requisitos, que valen para la asunción de profesores estables, se han de aplicar proporcionalmente a los profesores no estables.
§ 3. Para la asunción de los profesores se deben tener presentes los requisitos científicos vigentes en la práctica universitaria de la región.
Artículo 26. § 1. Todos los profesores de cualquier grado deben distinguirse siempre por su honestidad de vida, su integridad doctrinal y su diligencia en el cumplimiento del deber, de manera que puedan contribuir eficazmente a conseguir los fines de una institución académica eclesiástica. Si llegara a faltar cualquiera de estos requisitos, los profesores deberán ser removidos de su encargo, observando el procedimiento previsto[76].
§ 2. Los que enseñan materias concernientes a la fe y costumbres, deben ser conscientes de que tienen que cumplir esta misión en plena comunión con el Magisterio de la Iglesia, en primer lugar con el del Romano Pontífice[77].
Artículo 27. § 1. Los que enseñan materias concernientes a la fe y costumbres, deben recibir la misión canónica del Gran Canciller o de su delegado, después de haber hecho la profesión de fe[78], ya que no enseñan con autoridad propia sino en virtud de la misión recibida de la Iglesia. Los demás profesores deben recibir el permiso para enseñar del Gran Canciller o de su delegado.
§ 2. Todos los profesores, antes de recibir un encargo estable o antes de ser promovidos al supremo orden didáctico, o en ambos casos, según lo definan los estatutos, necesitan la declaración nihil obstat de la Santa Sede.
Artículo 28. La promoción a los grados superiores se hace, después de un oportuno intervalo de tiempo, teniendo en cuenta la capacidad para enseñar, las investigaciones llevadas a cabo, los trabajos científicos publicados, el espíritu de colaboración demostrado en la enseñanza y en la investigación y el empeño puesto en la dedicación a la Facultad.
Artículo 29. Para que puedan cumplir su oficio, los profesores estarán libres de otros cargos no compatibles con su deber de investigar y enseñar de la manera que se exija en los estatutos a cada una de las clases de profesores[79].
Artículo 30. Se ha de determinar en los estatutos:
a) cuándo y en qué condiciones cesan los profesores en su oficio;
b) por qué razones y con qué procedimiento se les puede suspender, cesar o privar del oficio, de manera que se tutelen adecuadamente los derechos tanto del profesor como de la Facultad o Universidad, en primer lugar de sus alumnos, como también de la misma comunidad eclesial.
Título IV Los alumnos
Artículo 31. Las Facultades eclesiásticas estén abiertas a todos aquellos, eclesiásticos o seglares, que, presentando certificado válido de buena conducta y de haber realizado los estudios previos, sean idóneos para inscribirse en la Facultad.
Artículo 32. § 1. Para que uno pueda ser inscripto en la Facultad con el fin de conseguir grados académicos, debe presentar el título de estudio que se requiera para ser admitido en la Universidad civil de la propia nación o de la región donde está la Facultad.
§ 2. La Facultad determine en sus estatutos lo que eventualmente sea necesario, además de lo establecido en el §1, para iniciar los propios estudios, incluso en lo que se refiere al conocimiento de las lenguas tanto antiguas como modernas.
§ 3. La Facultad determine en sus estatutos los procedimientos para evaluar las modalidades de tratamiento en el caso de refugiados, prófugos o personas en situaciones análogas desprovistos de la regular documentación exigida.
Artículo 33. Los alumnos deben observar fielmente las normas de la Facultad en todo lo referente al ordenamiento general y a la disciplina —en primer lugar lo referente al propio plan de estudios, asistencia a clase, exámenes— así como en todo lo que atañe a la vida de la Facultad. Por este motivo, la Universidad y cada Facultad dispongan los modos para que los estudiantes conozcan los Estatutos y los Reglamentos.
Artículo 34. Los estatutos deben definir el modo cómo los alumnos, tanto en particular como asociados, tomarán parte en la vida de la comunidad académica, en todo aquello que pueden aportar al bien común de la Facultad o Universidad.
Artículo 35. Determinen igualmente los estatutos cómo, por razones graves, se puede suspender o privar de algunos derechos a los alumnos o incluso excluirlos de la Facultad, con el fin de proveer así a la tutela de los derechos tanto del alumno, tanto de la Facultad o Universidad, como también de la misma comunidad eclesial.
Título V Los oficiales y el personal administrativo y de servicio
Artículo 36. § 1. En el gobierno y la administración de la Universidad o Facultad, las autoridades sean ayudadas por oficiales, convenientemente preparados en el propio oficio.
§ 2. Son oficiales en primer lugar el secretario, el bibliotecario y el ecónomo y otros que la institución retenga oportunos. Los derechos y los deberes de todo este personal deben ser establecidos en los Estatutos y en los reglamentos.
Título VI El plan de estudios
Artículo 37. § 1. Al hacer el plan de estudios, se observen cuidadosamente los principios y las normas que, según la diversidad de la materia, se contienen en los documentos eclesiásticos, sobre todo en los del Concilio Vaticano II; se tengan en cuenta al mismo tiempo los aportes seguros, que provienen del progreso científico y que contribuyen en particular a resolver las cuestiones hoy discutidas.
§ 2. En las distintas Facultades se adopte el método científico correspondiente a las exigencias propias de las distintas ciencias. Asimismo se apliquen oportunamente los recientes métodos didácticos y pedagógicos, aptos para promover mejor el empeño personal de los alumnos y su participación activa en los estudios.
Artículo 38. § 1. Según la norma del Concilio Vaticano II y teniendo presente la índole propia de cada Facultad:
1º se reconozca una justa libertad[80] de investigación y de enseñanza, para que se pueda lograr un auténtico progreso en el conocimiento y en la comprensión de la verdad divina;
2º al mismo tiempo sea claro:
a) que la verdadera libertad de enseñanza está contenida necesariamente dentro de los confines de la Palabra de Dios, tal como es enseñada constantemente por el Magisterio vivo de la Iglesia;
b) igualmente que la verdadera libertad de investigación se apoya necesariamente en la firme adhesión a la Palabra de Dios y en la actitud de aceptación del Magisterio de la Iglesia, al cual ha sido confiado el deber de interpretar auténticamente la Palabra de Dios.
§ 2. Consiguientemente, en materia tan importante y que requiere tanta prudencia, se debe proceder con confianza y sin sospechas, pero también con juicio y sin temeridad, sobre todo en el campo de la enseñanza; se deben armonizar además cuidadosamente las exigencias científicas con las necesidades pastorales del Pueblo de Dios.
Artículo 39. En toda Facultad se ordene convenientemente el plan de estudios, a través de diversos grados o ciclos según las exigencias de la materia; de manera que generalmente:
a) se ofrezca en primer lugar una información general, mediante la exposición coordinada de todas las disciplinas, junto con la introducción al uso del método científico;
b) sucesivamente se aborde con mayor profundidad el estudio de un sector particular de las disciplinas y al mismo tiempo se ejercite más de lleno a los alumnos en el uso del método de investigación científica;
c) finalmente, se vaya llegando progresivamente a la madurez científica, en particular mediante la elaboración de un trabajo escrito, que contribuya efectivamente al adelanto de la ciencia.
Artículo 40. § 1. Se determinen las disciplinas que se requieren necesariamente para lograr el fin de la Facultad, como también aquellas que, de diverso modo, ayudan a conseguir tal finalidad, y se indique consiguientemente cómo se distinguen entre sí.
§ 2. Se ordenen las disciplinas en cada Facultad, de manera que formen un cuerpo orgánico, sirvan para la sólida y armoniosa formación de los alumnos y hagan más fácil la mutua colaboración de los profesores.
Artículo 41. Las lecciones, sobre todo en el ciclo institucional, deben darse obligatoriamente, debiendo asistir a ellas los alumnos según las normas que determinará el plan de estudios.
Artículo 42. Las ejercitaciones y los seminarios, sobre todo en el ciclo de especialización, deben ser dirigidos asiduamente bajo la guía de los profesores e integrados continuamente mediante el estudio privado y el coloquio frecuente con los profesores.
Artículo 43. Defina el plan de estudios de la Facultad cuáles exámenes o pruebas equivalentes, escritos u orales, deben darse al final de cada semestre o año y sobre todo al final del ciclo, con el fin de que sea posible verificar su aprovechamiento en orden a la continuación de los estudios en la Facultad y a la consecución de los grados académicos.
Artículo 44. Asimismo los estatutos o los reglamentos determinarán en qué consideración deben tomarse los estudios hechos en otro sitio, sobre todo por lo que se refiere a la concesión de dispensas para algunas disciplinas o también a la reducción del mismo plan de estudios, respetando por lo demás las disposiciones de la Congregación para la Educación Católica.
Título VII Los grados académicos y otros títulos
Artículo 45. § 1. Al final de cada ciclo del plan de estudios, puede conferirse el conveniente grado académico, que debe ser establecido para cada Facultad, teniendo en cuenta la duración del ciclo y las disciplinas en él enseñadas.
§ 2. Por tanto, en los Estatutos de cada Facultad deben determinarse cuidadosamente, según las normas comunes y particulares de la presente Constitución, todos los grados que son conferidos y cuáles condiciones se requieren.
Artículo 46. Los grados académicos, que se confieren en una Facultad eclesiástica, son: el bachillerato, la licenciatura, el doctorado.
Artículo 47. En los Estatutos de cada Facultad, los grados académicos pueden ser expresados con otras denominaciones, teniendo en cuenta la costumbre de las Universidades de la región, mientras se indique claramente su equivalencia con los grados académicos arriba mencionados y se salvaguarde la uniformidad entre las Facultades eclesiásticas de la misma región.
Artículo 48. Nadie puede conseguir un grado académico si no se ha inscripto regularmente en la Facultad, y no ha terminado el plan de estudios prescritos por los planes de estudio y no ha superado positivamente los relativos exámenes y algunas otras eventuales modalidad de pruebas.
Artículo 49. § 1. Para ser admitido al doctorado se requiere haber conseguido previamente la licenciatura.
§ 2. Para conseguir el doctorado se requiere además una disertación doctoral que contribuya efectivamente al progreso de la ciencia, que haya sido elaborada bajo la guía de un profesor, discutida públicamente, aprobada colegialmente y publicada al menos en su parte principal.
Artículo 50. § 1. El doctorado es el grado académico que habilita, y se requiere, para enseñar en una Facultad; la licenciatura por su parte habilita, y se requiere, para enseñar en un seminario mayor o en una institución equivalente.
§ 2. Los grados académicos necesarios para desempeñar los distintos oficios eclesiásticos son establecidos por la competente autoridad eclesiástica.
Artículo 51. Concurriendo especiales méritos científicos o culturales adquiridos en la promoción de las ciencias eclesiásticas, se puede conceder a alguno el Doctorado honoris causa.
Artículo 52. Además de los grados académicos, las Facultades pueden conceder otros títulos, según la diversidad de las Facultades y sus respectivos planes de estudios.
Título VIII Cuestiones didácticas
Artículo 53. Para la consecución de los propios fines específicos, y en particular para llevar a cabo la investigación científica, en cada Universidad o Facultad habrá una biblioteca adecuada, que responda a las necesidades de los profesores y alumnos, convenientemente ordenada y dotada de oportunos catálogos.
Artículo 54. Mediante la asignación anual de una congrua suma de dinero, la biblioteca se enriquezca constantemente con libros antiguos y modernos, y también con las principales revistas, de manera que pueda servir eficazmente tanto para investigar y enseñar las disciplinas, como para aprenderlas, lo mismo que para las ejercitaciones y seminarios.
Artículo 55. Al frente de la biblioteca debe estar un perito en la materia, el cual será ayudado por un consejo adecuado y participará oportunamente en los consejos de Universidad o Facultad.
Artículo 56. § 1. La Facultad debe disponer además de medios informáticos, técnicos, audiovisuales, etc., que sirvan de ayuda para la enseñanza y la investigación.
§ 2. En correspondencia con la naturaleza y la finalidad peculiares de la Universidad o Facultad haya también institutos de investigación y laboratorios científicos, así como otros medios necesarios para conseguir el fin que les es propio.
Título IX Cuestión económica
Artículo 57. La Universidad o Facultad debe disponer de medios económicos necesarios para la conveniente consecución de su finalidad específica. Deberá hacerse una descripción exacta del estado patrimonial y de los derechos de propiedad.
Artículo 58. Los estatutos determinen, según las normas de la recta economía, la función del ecónomo, así como las competencias del rector o presidente y de los consejos en la gestión económica de la Universidad o de la Facultad, con el fin de asegurar una sana administración.
Artículo 59. Al personal docente y no, se les dé una congrua retribución, teniendo en cuenta las costumbres vigentes en el territorio, incluso en lo que se refiere a la asistencia y a la seguridad social.
Artículo 60. Los Estatutos determinen igualmente las normas generales sobre los modos de participación de los estudiantes en los gastos de la Universidad o Facultad, mediante el pago de tasas académicas.
Título X Planificación y cooperación entre las facultades
Artículo 61. § 1. Debe ser cuidada diligentemente la llamada planificación, con el fin de proveer tanto a la conservación y al progreso de las Universidades o Facultades, como a su conveniente distribución en las diversas partes del mundo.
§ 2. Para conseguir este fin, la Congregación para la Educación Católica será ayudada, con sus sugerencias, por las Conferencias Episcopales y por una comisión de expertos.
Artículo 62. § 1. La erección o aprobación de una nueva Universidad o Facultad debe ser decidida por la Congregación para la Educación Católica[81], cuando se esté seguro de su necesidad o utilidad real y cuando se cumplan todos los requisitos, después de oír también el parecer del Obispo diocesano o eparquial, de la Conferencia Episcopal y de los expertos, especialmente de las Facultades más próximas.
§ 2. Para erigir canónicamente una Universidad eclesiástica son necesarias cuatro Facultades eclesiásticas, para un Ateneo eclesiástico tres Facultades eclesiásticas.
§ 3. La Universidad eclesiástica y la Facultad eclesiástica sui iuris gozan ipso iure de personalidad jurídica pública.
§ 4. Compete a la Congregación para la Educación Católica conceder mediante un decreto la personalidad jurídica a una Facultad eclesiástica que esté en el seno de una Universidad civil.
Artículo 63. § 1. La afiliación de un instituto a una Facultad para la consecución del bachillerato será decretada por la Congregación para la Educación Católica, cuando se cumplan las condiciones establecidas por el mismo Dicasterio.
§ 2. Es muy de desear que los centros teológicos, sea de las diócesis, sea de los institutos religiosos, se afilien a alguna Facultad teológica.
Artículo 64. La agregación y la incorporación de un instituto a una Facultad para conseguir también grados académicos superiores serán decretadas por la Congregación para la Educación Católica, cuando se cumplan las condiciones establecidas por el mismo Dicasterio.
Artículo 65. Para la erección de un Instituto Superior de Ciencias Religiosas se requiere el patrocinio de una Facultad de Teología según las normas peculiares, emanadas por la Congregación para la Educación Católica.
Artículo 66. La colaboración entre Facultades, bien sea de una misma Universidad, bien de una misma región o de un territorio más amplio, deberá ser promovida diligentemente[82]. En efecto, ello será de gran ayuda para fomentar la investigación científica de los profesores y la mejor formación de los alumnos, así como para conseguir la comúnmente llamada «relación interdisciplinar», que se hace cada vez más necesaria; igualmente para desarrollar la «complementariedad» entre las distintas Facultades; en general, para lograr la penetración de la sabiduría cristiana en toda la cultura.
Artículo 67. Cuando una Universidad o una Facultad eclesiástica no esté cumpliendo las condiciones que fueron requeridas para su erección o aprobación, compete a la Congregación para la Educación Católica, notificado previamente al Gran Canciller, y al Rector o Presidente según las circunstancias, y luego de tener el parecer del Obispo diocesano o eparquial y de la Conferencia Episcopal, tomar la decisión sobre la suspensión de los derechos académicos, sobre la revocación de la aprobación como Universidad o Facultad eclesiástica o sobre la supresión definitiva de la institución.
Segunda Parte NORMAS ESPECIALES
Artículo 68. Además de las normas comunes a todas las Facultades eclesiásticas, establecidas en la primera parte de esta Constitución, se dan aquí las normas especiales para algunas Facultades, teniendo en cuenta su peculiar naturaleza e importancia dentro de la Iglesia.
Título I La Facultad de Teología
Artículo 69. La Facultad de Teología tiene como finalidad profundizar y estudiar sistemáticamente con su propio método la doctrina católica, sacada de la divina Revelación con máxima diligencia; y también el de buscar diligentemente las soluciones de los problemas humanos a la luz de la misma Revelación.
Artículo 70. § 1. El estudio de la Sagrada Escritura debe ser como el alma de la Teología, la cual se basa, como fundamento perenne, sobre la Palabra de Dios escrita junto con la Tradición viva[83].
§ 2. Todas las disciplinas teológicas deben ser enseñadas de modo que, de las razones internas del objeto propio de cada una y en conexión con las demás disciplinas de la Facultad, como el derecho canónico y la filosofía, incluso con las ciencias antropológicas, resulte bien clara la unidad de toda la enseñanza teológica; y todas las disciplinas converjan hacia el conocimiento íntimo del misterio de Cristo, para que así pueda ser anunciado más eficazmente al Pueblo de Dios y a todas las gentes[84].
Artículo 71. § 1. La Verdad revelada debe ser considerada también en conexión con los adelantos científicos del tiempo presente, para que se comprenda claramente «cómo la fe y la razón se encuentran en la única verdad»[85] y su exposición sea tal, que, sin mutación de la verdad, se adapte a la naturaleza y a la índole de cada cultura, teniendo especialmente en cuenta la filosofía y la sabiduría de los pueblos, excluyendo no obstante cualquier forma de sincretismo o de falso particularismo[86].
§ 2. Se deben investigar, escoger y tomar con cuidado los valores positivos que se encuentran en las distintas filosofías y culturas; pero no se deben aceptar sistemas y métodos que no puedan conciliarse con la fe cristiana.
Artículo 72. § 1. Las cuestiones ecuménicas deben ser tratadas cuidadosamente según las normas emanadas de la competente autoridad eclesiástica[87].
§ 2. Las relaciones con las religiones no cristianas hay que considerarlas con atención.
§ 3. Serán examinados con escrupulosa diligencia los problemas que nacen del ateísmo y de otras corrientes de la cultura contemporánea.
Artículo 73. En el estudio y la enseñanza de la doctrina católica aparezca bien clara la fidelidad al Magisterio de la Iglesia. En el cumplimiento de la misión de enseñar, especialmente en el ciclo institucional, se impartan ante todo las enseñanzas que se refieren al patrimonio adquirido de la Iglesia. Las opiniones probables y personales que derivan de las nuevas investigaciones sean propuestas modestamente como tales.
Artículo 74. El plan de estudios de las Facultades de Teología comprende:
a) el primer ciclo, institucional, que dura un quinquenio o diez semestres, o también un trienio o seis semestres, si anteriormente se ha exigido un bienio de filosofía.
Los primeros dos años han de ser dedicados, en mayor manera, a una sólida formación filosófica, necesaria para afrontar adecuadamente el estudio de la teología. El Bachillerato obtenido en una Facultad eclesiástica de Filosofía sustituye a los cursos de filosofía del primer ciclo en las Facultades teológicas. El Bachillerato en Filosofía, obtenido en una Facultad no eclesiástica, no supone un motivo para dispensar completamente a un estudiante de los cursos filosóficos del primer ciclo en las Facultades teológicas.
Las disciplinas teológicas deben ser enseñadas de modo que se ofrezca una exposición orgánica de toda la doctrina católica junto con la introducción al método de la investigación científica.
El ciclo se concluye con el grado académico del Bachillerato o con otro grado similar tal como se precisará en los Estatutos de la Facultad.
b) el segundo ciclo, de especialización, dura un bienio o cuatro semestres.
En él se enseñan las disciplinas peculiares según la diversa índole de la especialización y se tienen seminarios y ejercitaciones para conseguir práctica en la investigación científica.
El ciclo se concluye con el grado académico de la Licenciatura especializada;
c) el tercer ciclo en el cual, durante un período de tiempo congruo, se perfecciona la formación científica, especialmente a través de la elaboración de la tesis doctoral.
El ciclo se concluye con el grado académico del Doctorado.
Artículo 75. § 1. Para que uno pueda inscribirse válidamente en la Facultad de Teología es necesario que haya terminado los estudios precedentes, exigidos a norma del art. 32 de esta Constitución.
§ 2. Allí donde el primer ciclo de la Facultad es trienal, el alumno debe presentar el certificado del bienio filosófico, regularmente cursado en una Facultad filosófica o instituto aprobados.
Artículo 76. § 1. La Facultad de Teología tiene la misión particular de cuidar la científica formación teológica de aquellos que se preparan al presbiterado y de aquellos que se preparan para desempeñar cargos eclesiásticos especiales. Por ello es necesario que exista un congruo número de profesores presbíteros.
§ 2. Con este fin, deben darse también disciplinas adaptadas a los seminaristas: es más, puede instituirse oportunamente por la misma Facultad el «Año de pastoral», que se exige, después de haber terminado el quinquenio institucional, para el presbiterado, y puede concluirse con la concesión de un diploma especial.
Título II La Facultad de Derecho Canónico
Artículo 77. La Facultad de Derecho Canónico, latino u oriental, tiene como finalidad estudiar y promover las disciplinas canónicas a la luz de la ley evangélica e instruir a fondo en las mismas a los alumnos para que estén formados para la investigación y la enseñanza y estén también preparados para desempeñar especiales cargos eclesiásticos.
Artículo 78. El currículo de estudios de una Facultad de derecho canónico comprende:
a) el primer ciclo, que debe durar cuatro semestres o un bienio, para los que no tienen una formación filosófico-teológica, sin excepción alguna para los que ya tienen un título académico en derecho civil; en este ciclo se han de dedicar al estudio de las instituciones de derecho canónico y a las disciplinas filosóficas y teológicas que se requieren para una formación jurídica superior;
b) el segundo ciclo, que debe durar seis semestres o un trienio, está dedicado a un estudio más profundo del Código en todas sus expresiones, normativas, de jurisprudencia, doctrinales y de praxis, y, principalmente de los Códigos de la Iglesia Latina o de las Iglesias Orientales, a través del estudio de sus fuentes, tanto magisteriales como disciplinares, añadiendo el estudio de materias afines;
c) el tercer ciclo, que abarca un período congruo de tiempo, en el que se perfecciona la formación jurídica necesaria para la investigación científica encaminada a la elaboración de la disertación doctoral.
Artículo 79. § 1. Para las disciplinas prescritas en el primer ciclo, la Facultad puede servirse de los cursos tenidos en otras Facultades, siempre que sean reconocidos por ella como correspondientes a las propias exigencias.
§ 2. El segundo ciclo se concluye con la licenciatura y el tercero con el doctorado.
§ 3. El plan de estudios de la Facultad debe definir los requisitos particulares para la consecución de los grados académicos, habida cuenta de las prescripciones de la Congregación para la Educación Católica.
Artículo 80. Para que uno pueda inscribirse en la Facultad de Derecho Canónico es necesario que haya terminado los estudios exigidos, a tenor del art. 32 de esta Constitución.
Título III La Facultad de Filosofía
Artículo 81. § 1. La Facultad eclesiástica de Filosofía tiene como finalidad investigar con método científico los problemas filosóficos y, basándose en el patrimonio filosófico perennemente válido, buscar su solución a la luz natural de la razón, y demostrar su coherencia con la visión cristiana del mundo, del hombre y de Dios, poniendo de relieve las relaciones de la filosofía con la teología.
§ 2. Se propone asimismo instruir a los alumnos en orden a hacerlos idóneos para la enseñanza y para desarrollar convenientemente otras actividades intelectuales, así como para promover la cultura cristiana y entablar un fructuoso diálogo con los hombres de nuestro tiempo.
Artículo 82. El currículum de los estudios de la Facultad de Filosofía comprende:
a) el primer ciclo institucional, durante el cual a lo largo de un trienio o seis semestres, se hace una exposición orgánica de las distintas partes de la filosofía que tratan del mundo, del hombre y de Dios, como también de la historia de la filosofía, juntamente con la introducción al método de investigación científica;
b) el segundo ciclo, en el cual se inicia la especialización y durante el cual, por espacio de un bienio o cuatro semestres y mediante el estudio de disciplinas especiales y seminarios, se abre camino a una reflexión más profunda sobre alguna parte de la filosofía;
c) el tercer ciclo, en el cual, durante un período de al menos tres años, se promueve la madurez filosófica, especialmente a través de la elaboración de la tesis doctoral.
Artículo 83. El primer ciclo se concluye con el bachillerato, el segundo con la licenciatura especializada, el tercero con el doctorado.
Artículo 84. Para que uno pueda inscribirse al primer ciclo de la Facultad de Filosofía es necesario que haya terminado antes los estudios requeridos a tenor del art. 32 de esta Constitución Apostólica.
Dado el caso de un estudiante, que habiendo completado con éxito los cursos regulares de filosofía del primer ciclo en una Facultad Teológica, quisiera proseguir los estudios filosóficos para obtener el Bachillerato en una Facultad eclesiástica de Filosofía, se deberá tener en cuenta los cursos aprobados durante el mencionado ciclo.
Título IV Otras facultades
Artículo 85. Además de las Facultades de Teología, de Derecho Canónico y de Filosofía, han sido erigidas o pueden ser erigidas canónicamente otras Facultades eclesiásticas, teniendo en cuenta las necesidades de la Iglesia, con objeto de conseguir algunas finalidades particulares, como por ejemplo:
a) un conocimiento profundo en algunas disciplinas de mayor importancia entre las disciplinas teológicas, jurídicas, filosóficas e históricas;
b) la promoción de otras ciencias, en primer lugar las ciencias humanas, que tengan más estrecha conexión con las disciplinas teológicas o con la labor de evangelización;
c) el estudio profundo de las letras, que ayuden de modo especial tanto a comprender mejor la Revelación cristiana, como a desarrollar con mayor eficacia la tarea de evangelización;
d) finalmente, una más cuidada preparación tanto de los clérigos como de los seglares para desempeñar dignamente algunas funciones apostólicas especiales.
Artículo 86. Será incumbencia de la Congregación para la Educación Católica emanar oportunamente normas especiales para estas Facultades o institutos, al igual que se ha dicho en los títulos precedentes para las Facultades de Teología, Derecho Canónico y Filosofía.
Artículo 87. También las Facultades y los Institutos para los cuales no han sido dadas aún normas especiales, deben redactar los propios estatutos en conformidad con las normas comunes establecidas en la primera parte de esta Constitución y teniendo en cuenta la naturaleza particular y las finalidades específicas de cada Facultad o Instituto.
Normas finales
Artículo 88. La presente Constitución entrará en vigor el primer día del año académico 2018-2019 o del año académico 2019, según el calendario académico de las distintas regiones.
Artículo 89. § 1. Todas las Universidades o Facultades deben presentar los propios Estatutos y los Planes de estudio de cada Facultad, revisados conforme a esta Constitución, en la Congregación para la Educación Católica antes del día 8 de diciembre de 2019.
§ 2. Para eventuales modificaciones de los Estatutos o de los Planes de estudio se deberá contar siempre con la aprobación de la Congregación para la Educación Católica.
Artículo 90. En todas las Facultades deben ordenarse los estudios, de manera que los alumnos puedan conseguir los grados académicos según las normas de esta Constitución, quedando a salvo los derechos anteriormente adquiridos por los mismos estudiantes.
Artículo 91. Los Estatutos y los Planos de estudio de las nuevas Facultades deberán ser aprobados ad experimentum, de modo que, tres años después de la aprobación, puedan ser perfeccionados para obtener la aprobación definitiva.
Artículo 92. Las Facultades que tienen vinculación jurídica con las autoridades civiles podrán, si es necesario, disponer de un período más largo de tiempo para revisar los estatutos, con la aprobación de la Congregación para la Educación Católica.
Artículo 93. § 1. Será incumbencia de la Congregación para la Educación Católica, cuando pasando el tiempo lo pidan las circunstancias, proponer los cambios que se deban introducir en esta Constitución, a fin de que la misma se adapte continuamente a las nuevas exigencias de las Facultades eclesiásticas.
§ 2. Solo la Congregación para la Educación Católica podrá dispensar sobre la observancia de cualquier artículo de esta Constitución o de las Ordinationes, como también de los Estatutos y de los Planes de estudio aprobados por una Universidad o por una Facultad.
Artículo 94. Las leyes o las costumbres actualmente en vigor, pero que están en contraste con esta Constitución, bien sean universales, bien sean particulares, aunque sean dignas de especialísima y particular mención, quedan abrogadas. Asimismo los privilegios concedidos hasta ahora por la Santa Sede a personas físicas o morales y que están en contraste con las prescripciones de esta misma Constitución, quedan totalmente abrogados.
Todo lo que he deliberado con la presente Constitución Apostólica ordeno que se observe en todas sus partes, no obstante cualquiera disposición contraria, aunque fuera digna de mención especial, y establezco que se publique en el comentario oficial Acta Apostolicæ Sedis.
Dado en Roma, en San Pedro, el día 8 de diciembre, Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, año 2017, V de mi Pontificado.
FRANCISCUS
[1] Cf. San Agustín, Confesiones, X, 23.33; I,1,1.
[2] Conc. Ecum. Vat. II, Constitución pastoral Gaudium et spes, n. 22.
[3] Sapientia christiana, Proemio, III; cf. infra, Apéndice, I.
[4] Videomensaje al Congreso Internacional de Teología organizado por la Pontificia Universidad Católica Argentina «Santa María de los Buenos Aires», 1-3 de septiembre de 2015.
[5] Optatam totius, n. 14.
[6] Ibíd., n. 16.
[7] Ibíd.
[8] Cf. ibíd.
[9] Ibíd., 19.
[10] Ibíd., 20.
[11] Proemio n. I.
[12] Fides et ratio, n. 85.
[13] n. 14.
[14] n. 20.
[15] Carta Encíclica Caritas in veritate, n. 42.
[16] Cf. ibíd., 54; Conc. Ecum. Vat. II, Constitución dógmatica. Lumen gentium, n. 1.
[17] Carta Encíclica Caritas in veritate, n. 33.
[18] Ibíd., n. 30.
[19] Cf. Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, cap. 5.
[20] Ibíd., n. 30.
[21] Cf. Discurso al V Convenio nacional de la Iglesia italiana, Florencia, 10 de noviembre de 2015.
[22] Cf. Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, n. 55.
[23] Cf. Carta Encíclica Laudato si’, n. 139.
[24] Ibíd., n. 61.
[25] Cf. ibíd., n. 194.
[26] Ibíd., n. 53; cf. n. 105.
[27] Ibíd., 114.
[28] Discurso a la Comunidad de la Pontificia Universidad Gregoriana y a los miembros de los asociados Pontificio Instituto Bíblico y Pontificio Instituto Oriental, 10 de abril de 2014,: AAS 106 (2014), pág. 374.
[29] Cf. Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, nn. 11; 34ss.; 164-165.
[30] Ibíd., n. 165.
[31] Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Constitución dogmática Lumen gentium, n. 1.
[32] Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, n. 111.
[33] Cf. Bula de convocación del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, Misericordiae Vultus (11 abril 2015).
[34] Cf. Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, nn. 87 y 272.
[35] Ibíd., n. 92.
[36] Cf. Carta encíclica Laudato si’, n. 49.
[37] Cf. Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, cap. 4.
[38] Consejo Pontificio Justicia y Paz, Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 52; cf. Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, n. 178.
[39] Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, n. 195.
[40] Cf. Carta Encíclica Laudato si’, n. 240.
[41] Cf. Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, n. 239.
[42] Carta Encíclica Caritas in veritate, n. 4.
[43] Proemio, III; cf. Conc. Ecum. Vat. II, Constitución pastoral Gaudium et spes, n. 62.
[44] Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, n. 74.
[45] n. 31.
[46] Cf. Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, n. 134.
[47] L’Idea di Università, Vita e Pensiero, Milano (1976), pág. 201.
[48] Cf. Delle cinque piaghe della Santa Chiesa, en Opere di Antonio Rosmini, vol. 56, ed. Ciudad Nueva, Roma (19982), cap. II, Passim.
[49] Laudato si’, n. 164.
[50] Ibíd.
[51] Videomensaje al Congreso Internacional de Teología organizado por la Pontificia Universidad Católica Argentina «Santa María de los Buenos Aires», 1-3 de septiembre de 2015.
[52] Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, n. 236.
[53] Juan Pablo II, Carta Apostólica Novo Millennio ineunte, 6 de enero de 2001, n. 40.
[54] Ibíd.
[55] Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, n. 116.
[56] Catequesis, 26 de abril de 2006.
[57] Videomensaje al Congreso Internacional de Teología organizado por la Pontificia Universidad Católica Argentina «Santa María de los Buenos Aires», 1-3 de septiembre de 2015, en referencia a la Evangelii gaudium, n. 115.
[58] Carta al Gran Canciller de la Pontificia Universidad Católica Argentina en el Centenario de la Facultad de Teología, 3 de marzo de 2015.
[59] Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, nn. 227-228.
[60] Proemio, n. III.
[61] Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, n. 133.
[62] Cf. Carta Encíclica Laudato si’, n. 47; Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, n. 50.
[63] Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, n. 45.
[64] Ibíd., n. 132.
[65] n. 201.
[66] Videomensaje al Congreso Internacional de Teología organizado por la Pontificia Universidad Católica Argentina «Santa María de los Buenos Aires», 1-3 de septiembre de 2015.
[67] Carta Encíclica Laudato si’, n. 202.
[68] Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, n. 278.
[69] Cf. can. 815 CIC.
[70] Cf. can. 817 CIC; can. 648 CCEO.
[71] Cf. Juan Pablo II, Constitución Apostólica Ex corde Ecclesiæ, art. 1, §2: AAS 82 [1990] pág. 1502.
[72] Cf. Constitución Apostólica Regimini Ecclesiae universae, 78: AAS 59 (1967), pág. 914; can. 816, § 1 CIC; can. 649 CCEO; Juan Pablo II, Constitución Apostólica Pastor bonus, art. 116, § 2: AAS 80 [1988] pág. 889.
[73] Cf. can. 817 CIC; can. 648 CCEO.
[74] Cf. Motu proprio Sedula cura: AAS 63 (1971) págs. 665 ss., y Decreto de la Pont. Comisión Bíblica Ratio periclitandae doctrinae: AAS 67 (1975), págs. 153 ss.
[75] Cf. can. 816, § 2 CIC; can. 650 CCEO.
[76] Cf. cann. 810 § 1 y 818 CIC.
[77] Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium, 25, 21 de noviembre de 1965: AAS 57 [1965] 29-31; Instrucción de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre la Vocación eclesial del Teólogo, Donum veritatis, 24 de mayo de 1990: AAS 82 [1990] págs.1550-1570.
[78] Cf. can. 833, n. 7.

Experiencias misioneras

Explosión vocacional en Indonesia: 38 nuevos diáconos ordenados en dos semanas en varias diócesis

Indonesia: 38 nuevos diáconos ordenados

La Iglesia Católica en Indonesia sigue creciendo y mostrando grandes frutos pese a ser una minoría en el conjunto del país. Pese a ellos hay regiones como Kalimantán y algunas diócesis de Java están viviendo un auténtico boom del catolicismo, habiendo lugares en los que los católicos son ya mayoría.
Este boom se traduce también en un florecimiento vocacional que estos días ha quedado evidenciado en varias diócesis del país. En tan sólo un par de semanas, cuenta AsiaNews, la Iglesia en Indonesia ha festejado la ordenación de 38 diáconos y varias ordenaciones sacerdotales.
Seminaristas diocesanos y de distintas órdenes
El 24 de enero pasado, Monseñor Robertus Rubiyatmoko, arzobispo de Semarang, ofició la ceremonia de ordenación al diaconado de 17 seminaristas en el seminario mayor de Saint Paul en Yogyakarta, Java Central.
Joko Setyo Prakosa, rector del instituto, afirma que los nuevos diáconos provienen de varios seminarios diocesanos, particularmente de la Archidiócesis de Semarang, de la de Merauke (provincia de Papúa) y de algunas órdenes religiosas (jesuitas, carmelitas y misioneros de la Sagrada Familia).
El mismo día, la diócesis de Purwokerto (Java Central) festejó dos ordenaciones sacerdotales, y tres diaconales . Dado que Purwokerto no cuenta por el momento con un obispo titular, a causa de la enfermedad y consiguiente renuncia de Monseñor Julianus Sunarka, la ceremonia fue oficiada por Monseñor Antonius Subianto Bunjamin, de Bandung (Java Occidental).
En cuanto a la diócesis de Sintang (provincia de Kalimantan occidental), sor María Seba cuenta que dos días después, el obispo, Monseñor Samuel Oton Sidin, ordenó a un sacerdote diocesano local.
El 1 de febrero,  en la catedral de Santa María del Monte Carmelo en Malang (Java Oriental), Monseñor Henricus Pidyarto Gunawan presidirá la ordenación de 18 nuevos diáconos. Entre ellos hay diocesanos, carmelitas, lazaristas, discípulos del Señor, siervos de María y verbitas.
Fuente: www.religionenlibertad.com

10 aldeas han pedido bautizarse: la alegría de un misionero

En tres años, 10 aldeas han pedido bautizarse entre los tribales santal: la alegría de un misionero

El sueño de muchos misioneros: aldeas enteras de pueblos paganos que piden, por favor, ser bautizadas y catequizadas. 
Eso es lo que ha vivido durante tres años el padre Michele Brambilla, misionero italiano del PIME, en la parroquia de Kodbir, en Bangla Desh, junto a la frontera con la India, entre las tribus santal, que no son musulmanas ni hindúes, sino animistas.
La clave ha estado en los catequistas: contar con un religiosa de las Misioneras de la Inmaculada y dos catequistas itinerantes bien entrenados, a tiempo completo, con sueldo, que acuden por las pequeñas aldeas haciendo amistades, predicando, presentando el evangelio.
“La experiencia más hermosa de todos estos años ha sido formar a cristianos para que pudiesen difundir la Palabra de Dios y guiar la oración del domingo en las aldeas. Por eso, con mis dos catequistas que trabajan a tiempo completo y con una hermana, hemos formado un programa de catecumenado, es decir, de formación para personas no cristianas, que deben abandonar algunas de las tradiciones tribales. Y en estos tres años, son 10 las aldeas que han pedido hacerse cristianas”, explica el misionero en la agencia AsiaNews.
Una parroquia de 42 aldeas
En 2012, cuando el padre Brambilla empezó su trabajo con dos religiosas Misioneras de la Inmaculada en Kodbir, esta estación misionera ni siquiera era una parroquia propiamente dicha. Hoy ya es parroquia “y abarca 42 aldeas santal, de las cuales 6 son mayoritariamente cristianas, en otras 22 hay algunos cristianos y el resto no son cristianas”. Esto es lo que ahora está cambiando.

“En total, los catecúmenos son cerca de 300, pero aún no sabemos cuándo estarán listos para recibir el bautismo. Como máximo, el camino de acercamiento a la vida cristiana dura cerca de cinco años, durante los que los tribales deben renunciar a ciertas creencias. Pero no existe un tiempo preestablecido”, añade.
La parroquia, con su escuela y dispensario
En Bangladesh existen 160 millones habitantes, 95% musulmanes. Sólo hay 200,000 católicos en el país, y sin embargo la Iglesia educa a unos 100,000 alumnos, la mayoría no cristianos, en sus centros de enseñanza: una universidad, 8 centros universitarios y 580 escuelas primarias y secundarias.
Y en este mar de pequeñas escuelitas rurales o urbanas está la escuela de la parroquia de Kodbir, con sus 163 alumnos. Es una “escuela primaria para todos, a la que asisten chicos católicos, tribales y musulmanes”. Para la formación profesional o secundaria se les remite a escuelas en otras parroquias y misiones.
Y, como suele suceder donde hay misioneros, junto a la parroquia y la escuela hay un dispensario. Allí las religiosas de la Inmaculada -la rama femenina de los misioneros del PIME- “manejan un dispensario médico, donde casi todos los atendidos son musulmanes. Las consultas y la atención médicas de las hermanas son totalmente gratuitas, los enfermos solo pagan las medicinas”, explica el misionero.

La parroquia de Kodbir, en Bangla Desh, con su dispensario y su escuela
La importancia de los créditos
Además de la escuela, el dispensario y la parroquia, Brambilla puso en marcha una “credit d’union”, una especie de cooperativa de créditos con préstamos muy accesibles, que ayudan a muchos a emprender negocios y evitan el ciclo de la deuda y el empobrecimiento. Brambilla dice que para iniciar esta cooperativa de créditos tuvo que estudiar mucho, pero era un gran servicio.
Lawrence Murmu, de 67 años, un veterano catequista de etnia santal que sirve en la diócesis de Rajshahi desde hace 46 años, explicaba en otra noticia de AsiaNews la combinación virtuosa de contar con catequistas itinerantes y poder plantear microcréditos en aldeas no cristianas.
“Yo jamás hablo a estas personas de Jesucristo inmediatamente, sino que cuando entro a una aldea nueva, primero intento mezclarme entre la gente para construir una amistad con ellos. Construyo relaciones sanas con los jefes de la aldea: conversamos sobre los problemas socio-económicos, doy consejos para poder superar las dificultades. Los empujo a crear cooperativas, en base a microcréditos, para ayudarse. Dialogo con los diferentes credos, les doy aliento sobre temas relacionados con la educación y con la conciencia social. Recién después, empiezo a comunicar el mensaje de Dios”, explicaba.

La Virgen María y los bebés no cristianos
Brambilla cuenta que su vocación misionera maduró de niño, leyendo “Italia Missionaria” (actualmente “Mondo e missione”), de los misioneros del PIME, a los que se uniría. Tenía un tío sacerdote en la congregación y un hermano que trabajó durante varios años en China, antes de ser expulsado del país comunista. En Detroit (EEUU) aprendió inglés y en 2007 llegó a Bangladesh. Desde el principio trabajó con feligreses tribales, de etnias minoritarias, y también lo era el clero que le acompañaba.
Desde noviembre de 2015 el padre Brambilla ya no está en Kodbir. Ahora es el superior de los misioneros del PIME en Bangla Desh, y dirige el Hospital Saint Vincent en Dinajpur, la capital de un distrito de 13 millones de habitantes. También aquí los pacientes son casi todos musulmanes.
“En el hospital brindamos atención a todos, y somos bien vistos por la gente, sobre todo por la presencia de las hermanas, que mantienen todo limpio y en orden”, explica. “Cada tanto, cuando tengo tiempo, doy una vuelta por las diferentes unidades, porque los enfermos necesitan de una palabra de consuelo. También con los musulmanes e hindúes”.
Y cuenta un signo de cómo la vida, la maternidad, conducen a lo trascendente. “En el exterior de la sala de maternidad donde están los niños recién nacidos en sus cunas hay una gran imagen de la Virgen. Cada día, hay gente que enciende allí de 10 a 15 velas a los pies de la Virgen, dependiendo del número de niños nacidos. Pero sabemos que sólo nace un niño cristiano al día como máximo. Se sobrentiende que las demás velas son encendidas por fieles de otras religiones”.
Fuente: www.religionenlibertad.com
La belleza de la fe se volcó a las calles

La belleza de la fe se volcó a las calles

En el programa Diálogo de Fe del sábado 27 de enero, el Cardenal Juan Luis Cipriani recordó algunos momentos de la visita del Papa Francisco a nuestro país, así como los mensajes que ha dejado a todos los peruanos.
Mencionó que el Santo Padre se ha llevado la impresión de un pueblo creyente que es algo que debemos agradecer mucho.
“Que cada uno de nosotros ahora le dé gracias a Dios por esa fe que a través de las generaciones se ha ido pasando de padres a hijos y hace que nuestro pueblo al Papa le dé esa impresión. La fe sabemos que es un don de Dios. La fe no se compra, la fe no es cuestión de estudio, la fe no es cuestión de demostraciones. La fe es un don de Dios por el cual creemos en la persona de Jesucristo que se ha revelado. Ese pueblo creyente se manifiesta diciendo Este hombre de blanco, el Papa, es el vicario de Cristo, cabeza de la Iglesia”.
“Entonces esa mirada de Dios que encontró en la respuesta de estos santos, a él le hace sentir «Ustedes tienen una mirada de Dios privilegiada. No es cuestión de que ustedes fueron mejores o peores, sino que Dios se fijó en este país». Y tiempo después se volvió a fijar en el Señor de los Milagros. Volvió a dejar la huella a través de esa tradición. No es que estemos en comparación de quién tiene más o quién tiene menos. El Papa nos dice: «Les ha tocado nacer en un país -como dice él- una tierra ‘ensantada’». Dios nos ha demostrado a los peruanos que nos mira con privilegio. Es un regalo”.
Afirmó que nuevamente el Señor ha mirado al Perú con especial predilección. “Realmente es como si se hubiera abierto el telón y ha aparecido una fotografía de ese pueblo peruano, que a mí me deja muy comprometido. Y como pastores tenemos que hacer mucho más”.

Pecadores sí, corruptos no

También comentó que el Papa habla del corrupto, a quien se refiere como la personas no reconoce el pecado y no pide perdón.
“El que paga mal a un obrero es un corrupto, el que maltrata a la empleada en su casa es un corrupto. El Papa distingue claramente lo que es la doctrina de la Iglesia, que es el pecado y nos dice que hay que luchar con la gracia, con la ayuda de Dios, para lograr hacer el bien y buscar siempre la verdad. El corrupto no reconoce su error, es un hombre cínico, es el hombre insensible que ha caído en esa especie de desánimo”.
“El Papa tiene una visión de la misión de la Iglesia muy clara. Él es consciente que el mundo de hoy le está pidiendo a la Iglesia las bienaventuranzas. Hay que buscar al hombre que llora, al que no tiene comida, al que está desnudo, al que está preso, al que está solo”.

Necesitamos una Iglesia que trabaje en equipo

Recordó que el Papa nos pide que en la Iglesia todos debemos trabajar en equipo: jóvenes, familias, educadores, políticos.
“Su fe manifiéstenla con hechos, no con tanto palabreo. El Papa ha ido hasta la Amazonía, ha estado con los nativos del lugar, les ha dado un mensaje que otro día lo veremos, les ha acompañado en el almuerzo, ha estado con ellos; y ha iniciado un Sínodo, una reunión de obispos, en que habrá también especialistas, para estudiar la realidad no solamente del medio ambiente, sino de las personas que viven en ese ambiente y cómo llevar el mensaje de Cristo; al mismo tiempo que defiende el hábitat. Y dice: «Señores, no les rompamos la casa donde han nacido». Estos hechos tan concretos creo que el Papa nos está diciendo ahora en esta etapa después de: «Deja ese corazón abierto. Yo he pasado por aquí por el Perú y ustedes han respondido». Esas multitudes a las que no dejo de agradecer y a todos los organizadores. Ha sido todo un espectáculo de la fe”.
En otro momento, señaló que el Señor, que ha tenido ese detalle de traernos al Papa, ha generado en todos los hogares, en millones de peruanos, una respuesta de fe que va más allá de nosotros y que ha sido un gran acierto.
“Es la fe del pueblo que tiene un Señor de los Milagros, que tiene unos santos y que tiene un arraigo popular. Cuando uno como persona se traslada de un lugar por trabajo o por necesidad de salud o por desarraigo por la violencia terrorista; evidentemente se traslada con su lengua, con sus costumbres, con su piedad popular. En cada rincón cada grupo tiene su santo, su virgen. Todos respetamos ese pequeño ámbito íntimo en donde tú encuentras las raíces de tu lugar de origen”.

Las abuelas son depositarias del tesoro de la fe

Luego manifestó que el Papa ha hecho una permanente referencia a las abuelas y al ejemplo de la experiencia.
“Las abuelas son maravillosas y el Papa lo ha dicho con los nativos en la Selva: «Escuchen a sus mayores». Igual digo yo aquí en la ciudad y en cualquier lugar: Las abuelas son depositarias de ese tesoro de la fe, ellas son la imagen de la tradición de la fe. La sabiduría popular te dice: Los jóvenes llegan más rápido, pero los ancianos saben adónde van. El Papa también ha hecho un reclamo: «Más cercanía con esa sabiduría. Por favor cuiden la esperanza que no se la roben. Y no hay mejor forma de cuidar la esperanza que permanecer unidos»”.
Finalmente, se refirió a la Carta Pastoral que ha escrito y que es un breve resumen de esta visita, la cual será leída en todas las parroquias de Lima en las Misas de mañana domingo.
“Todo este impulso hay que seguirlo. El Señor nos ha bendecido, ha estado grande con nosotros; hay que volcarlo en los hijos, en la fe, en la unidad. Queridos hermanos, después de estos días de gozo, les doy una bendición llena de cariño y muy cercana al Vicario de Cristo”.
Fuente: www.arzobispadodelima.org

Versión chilena

El papa Francisco en tierra de nadie

Por 
Este es un país muy desconfiado. La presidenta Michelle Bachelet se lo advirtió al Papa Francisco no bien pisó Chile el 15 de enero. Cuatro días de visita por el centro, sur y extremo norte del país no bastaron para disipar esa desconfianza. En Chile, Francisco se convirtió en la prueba viva de que no hay nada más estrecho que el ancho camino del medio: en su breve pontificado ha logrado defraudar las esperanzas de conservadores y progresistas.
En cinco años, el Papa ha visitado países de mayoría musulmana, judía, protestante, y ateos, todos ellos con razonable público y sin demasiados escándalos. En Chile enfrentaba quizás un reto mayor. Los chilenos, como muchas sociedades que han prosperado bruscamente, no solo han perdido la fe, sino que la han remplazado por un cada vez más activo anticlericalismo. Los 80 casos conocidos de abuso sexual perpetrados por miembros del clero en Chile le han dado alas a un sentimiento antirreligioso que tiene su manifestación más extrema en la quema de iglesias en el sur de Chile, presuntamente a manos de grupos mapuches.
La Iglesia chilena necesitaba un milagro de Francisco. El primer discurso del Papa en el Palacio de la Moneda parecía una señal astuta y equilibrada de que había comprendido la dimensión del desafío. Francisco empezó su visita citando a Gabriela Mistral para alabar los logros de la democracia chilena. Sin demorarse ni un minuto pidió perdón a las víctimas de los abusos sexuales, usando sin eufemismo la palabra “vergüenza” para calificar lo que la Iglesia debía sentir ante la reiteración de esos casos.
De manera igualmente astuta, Francisco empezó su visita justo donde la de Juan Pablo II, 31 años atrás, había fallado de la manera más estruendosa. En el parque O’Higgins el Papa polaco vio desde el altar cómo sus feligreses se enfrentaban a palos con la policía de la dictadura. Sus intentos por calmar la multitud fueron inútiles. Más de 600 personas resultaron heridas en la refriega. Francisco, en el mismo lugar, saludaba a una multitud calmada y feliz de más de 400,000 personas. Ahí mismo, sin embargo, terminó su luna de miel con los chilenos. Las cámaras de televisión captaron entre los participantes de la misa al obispo Juan Barros Madrid, señalado por las víctimas del padre Karadima como un encubridor de los abusos sexuales.
El resistido obispo de Osorno le quitó de pronto cualquier visibilidad al Papa, quien confirmó de nuevo su confianza en la inocencia del prelado y su enojo contra cualquiera que dudara de ella. Las lágrimas que habría vertido en un encuentro privado con víctimas anónimas de los abusos sexuales del clero no lograron calmar las preguntas incómodas y los incómodos emplazamientos que lo siguieron en cada lugar donde su lento caminar y su sonrisa cansada intentó llegar. El Papa, que se supone venía a entregarnos su paz, terminó tratando de calumniadores a cualquiera que se atreva a cuestionar a Barros. Un abrupto “¿Está claro?” dejó zanjada la cuestión. El Papa de la sencillez volvía a ser el autoritario y decidido cardenal Bergoglio que tanto temían sus hermanos jesuitas argentinos.
Ni en Temuco ni en Iquique ni en Maipú logró llenar de público las inmensas explanadas que lo esperaban. Su uso del lunfardo argentino o sus intentos de introducir jerga juvenil -habló de “selfie vocacional”- o popular a sus discursos no consiguieron seducir más que a los que ya estaban convencidos de antemano. El Papa de todos fue, al final, el Papa de nadie; la vergüenza que manifestó sentir por los abusos sexuales terminó contagiando su visita entera, considerada por los más variados vaticanistas la más desastrosa de las que ha emprendido.
En Chile se escenificó con especial crudeza la tragedia que ha ido marcando todo el papado de Francisco, su incapacidad para reconciliar lo que queda de la Iglesia de Juan XXIII con la aún todopoderosa Iglesia de Juan Pablo II. En los años setenta y ochenta la teología de la liberación sembró y cosechó obispos, curas, pensadores y mártires por todo Chile. Juan Pablo II castigó con especial celo a esta Iglesia de los pobres organizada en muy activas comunidades de base. Desde entonces, la Iglesia chilena gastó todo el prestigio ganado en la dictadura en tratar de impedir la ley de divorcio, el matrimonio igualitario o cualquier tipo de aborto. En su visita, Francisco pasó por alto cualquiera de esos tópicos. La jerarquía conservadora que dejó instalada el papa polaco no dejó de anotar esa señal.
Para los conservadores Francisco será siempre un jesuita más preocupado de la vida de las mujeres en la cárcel que de los derechos de los fetos por nacer. Para los progresistas, sin embargo, Francisco no ha dejado de ser el Papa que defiende al obispo Barros, representante de todo lo que para ellos ha alejado al pueblo de las iglesias: no solo los abusos sexuales sino un estilo distante y cortesano que prefiere quedar bien con la jerarquía que calmar las inquietudes de sus feligreses. El Papa, que quiere pastores con olor a ovejas, terminó defendiendo a uno que huele a caro perfume vaticano. Francisco terminó por ser el rostro de una Iglesia que impone desde arriba nombramientos resistidos por los fieles, enviando una señal a las víctimas de abusos de que su dolor siempre será visto por las altas autoridades del Vaticano con desconfianza y hasta desprecio.
La humildad de las costumbres de este Papa no se ajusta a su carácter impaciente y despectivo que no se muerde la lengua para condenar y que es bastante más cauto a la hora de celebrar. Incapaz de conectar con el corazón de alguna de las dos iglesias que se dividen la herencia de san Pedro y san Pablo, la progresista y la conservadora, ha conseguido en la que se supone es su tierra, América Latina, ser un perfecto extraño.

Radiografía de la fe del pueblo peruano

Las Palmas era una fiesta

Por Alfredo Gildemeister-Lucidez.pe
Aquella mañana del pasado domingo 21 de enero, Lima contempló algo que no se veía ni se verá en mucho tiempo. Desde la noche anterior, una gran masa de gente se movilizaba utilizando el transporte público, taxis, micros, caminando y como podía, hacia la base aérea de Las Palmas. Familias enteras, niños incluso de meses de nacidos, padres, madres, abuelos, personas incapacitadas, enfermos y ancianos. Para todos, la meta era llegar a Las Palmas, como sea. Cientos de miles de personas caminando desde el amanecer, cargando en una mano bolsas, mochilas y maletines, botellas de agua, galletas, panes, etc. y en la otra mano a lo mejor un banquito, una silla plegable o una pequeña sombrilla o paraguas para guarecerse del fuerte sol que desde temprano ya asomaba. ¿Qué era lo que motivaba a estos cientos de miles de personas de toda condición social, a realizar ese sacrificio de asistir a Las Palmas un día domingo, aguantando miles de incomodidades, el fuerte calor de un sol que quemaba, sueño, sed, dolores en los pies, así como el apuro por llegar a tiempo? ¿Qué era lo que hacía sacrificarse así a miles de personas? ¿Acaso se trataba de algún connotado político, showman, artista o algún concierto de rock de un reconocido cantante internacional? No, nada más lejos de ello. ¿Quién hacia que estos cientos de miles de personas vinieran de todas partes de Lima y otras regiones del país y del extranjero a Las Palmas? Se trataba de un hombre sencillo, campechano, de hablar claro y directo, con nada menos que 81 años de edad. ¿Qué tenía este hombre de edad avanzada de atractivo? Pues simplemente que se trataba del vicario o representante de Cristo en la Tierra. Ni mas ni menos. Mientras caminaba bajo el sol de aquella mañana de domingo, acompañado de miles de personas hacia Las Palmas, pensaba que algo parecido debían de haber sido las multitudes que acompañaban a Cristo cuando predicaba en los calurosos montes de Galilea y Judea.
Entonces, ¿Por qué finalmente asistieron más de un millón setecientas mil personas a Las Palmas, realizando toda clase de sacrificios? ¡Ya quisiera cualquier político reunir tanta gente! Pues para asistir a la Santa Misa celebrada nada menos que por el Papa Francisco y porque querían escuchar su mensaje, sus palabras y consejos, pero no de temas políticos o económicos o sociales, sino sobre vida espiritual, pues son conscientes que no solo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Esa sed e ilusión por Dios se podía palpar en el ambiente. Mientras me ubicaba en mi sector luego de hacer una larga cola, pude detenerme ya con mas tranquilidad a mirar el ambiente en el que me encontraba. Tenía a mi alrededor personas de toda condición social y provenientes de las zonas, distritos y conos más alejados y extremos de Lima. Todos conversábamos sobre la ilusión de nos embargaba la llegada del Francisco a Las Palmas, verlo al menos un instante y oír su mensaje. Todos éramos hermanos con una misma fe. ¿A qué se debía este gran atractivo del Papa? Eso es algo que todos nos preguntábamos. Recordaba lo mismo que sentí cuando hacía mas de treinta años estuvo san Juan Pablo II con nosotros en el Perú. Se trataba de un hombre de Dios, un santo. No era cualquier persona, como si se tratase de un líder político. Era muchísimo mas que eso. Todos esperaban oír “palabras de vida eterna” como le dijera Pedro a Cristo, esto es, un mensaje de amor, paz y esperanza.
Lo mismo sucedía ahora. El ambiente en Las Palmas era de fiesta. Pero no de una fiesta en donde la alegría se debía al trago, la jarana o el baile. La alegría salía del corazón de las personas que allí nos encontrábamos. Se trataba de una alegría diferente, más profunda y verdadera, de orden espiritual que salía del fondo del alma. Y debo decir que algo extraño y bello sucedió ese día: Todos éramos hermanos de verdad. Nos tratábamos con un cariño y una familiaridad como si nos conociéramos de toda la vida. Compartíamos nuestra comida, agua, banquitos, otros se sentaban en el suelo, alguno dormitaba. Delante de mí tenía varios “Voluntarios” del papa con los que conversaba mientras esperábamos la llegada de Francisco. Una guapa morena que no pasaría de los 20 años me contaba que se venía del cono norte, no había dormido toda la noche ni desayunado, pues había pasado la noche allí. Se sentía feliz y muy ilusionada de ver y oír a Francisco. Me vació amablemente una botella de agua en la cabeza. En otros sectores los bomberos manguereaban a la gente roseándolos de agua. El calor era espantoso. Una policía delante mío me contaba que le costaba mirar a la multitud y darle la espalda al Papa cuando pasara, pero esa era su misión: mirar hacia la multitud para que no hubiera desorden. Ese era su sacrificio por Dios. No voltearía a ver al Papa.250118b_resultados_visita_papa_limaDe otro lado, todo el mundo cantaba y hasta bailaba con lo que las horas de espera se pasaron volando. Se podía “palpar” ese “no sé qué” sobrenatural que vibraba en el ambiente. Y pude percatarme que realmente la Iglesia ¡éramos nosotros! Todos los que allí estábamos presentes sudando la gota gorda por amor al Papa, cuando llegó Francisco, la alegría se desbordó. Todos cantábamos, bailábamos, gritábamos, reíamos y -por qué no decirlo- muchos lloraban de alegría. Francisco pasó dos veces delante mío, sonriendo y bendiciendo a todos. En la mañana de ese domingo, lo había visto un buen rato en la Catedral, mientras le cantaba en el coro, adorar las reliquias de nuestros cinco santos peruanos. Estaba serio y concentrado en la oración. Pero hoy en Las Palmas estaba alegre como nunca, feliz de poder “palpar” esa fe que se siente y se toca. De allí que Las Palmas era una fiesta, una fiesta de verdadera alegría. Su visita al Perú, como dijo al final de la Misa, dejó una huella en su corazón y, como dijera el cardenal en sus palabras de agradecimiento, también en nosotros. Por unas horas, todo el Perú se unió en un solo sentir, una sola voz, un solo corazón y una sola alma. ¡Ese fue el milagro de Francisco! ¡Unidos por la esperanza!

REPAM

En el marco de la visita del Papa Francisco a la ciudad amazónica de Puerto Maldonado, Perú, y su encuentro con los pueblos de la amazonía, los obispos de ocho países de la Panamazonía (Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam y Venezuela) mantuvieron la primera reunión de trabajo en preparación del Sínodo Especial para la Amazonía, que se desarrollará en Roma, en octubre de 2019.  Este encuentro preparatorio con los delegados de los países amazónicos que son miembros de la Red Eclesial Panamazónica -REPAM-, red que pertenece al Consejo Episcopal Latinoamericano -CELAM-. fue convocado por el Papa Francisco, a través del Secretario General del Sínodo los Obispos, el cardenal Lorenzo Baldisseri.
En esta primera jornada de trabajo, que se cumplió el 19 y 20 de enero de 2018, se expresaron “las inquietudes de los pueblos” de la amazonía y los “desafíos de nuestras propias realidades pastorales” se manifiesta en el comunicado final del Encuentro, que está firmado por el Cardenal Claudio Hummes, Presidente de la REPAM.
Según se expresa, el “siguiente paso será la elaboración de los documentos preparatorios, como corresponde en todo proceso Sinodal, mediante los cuales los Obispos del territorio Amazónico, y su pueblo, continuarán siendo consultados”.
A continuación el texto íntegro del Comunicado final del Encuentro de preparación del Sínodo Especial para la Amazonía:
COMUNICADO DEL ENCUENTRO DE PREPARACIÓN DEL SÍNODO ESPECIAL PARA LA AMAZONÍA
Convocados por el Papa Francisco, mediante el Secretario General del Sínodo los Obispos, Su Eminencia Lorenzo Cardenal Baldisseri, nos hemos reunido los días 19 y 20 de Enero en la Ciudad de Puerto Maldonado, Perú, Obispos delegados de diferentes países: Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador,  Guyana, Perú, Surinam y Venezuela. Tales delegados son miembros de la Red Eclesial Panamazónica -REPAM-, red que pertenece al Consejo Episcopal Latinoamericano -CELAM-.
Esta ha sido la primera reunión preparatoria para el Sínodo de la Amazonía, tal como lo anunció el Papa al final de su discurso a los Pueblos Indígenas Amazónicos.  Nos sentimos honrados por haber participado en esta sesión de consulta, en la cual pudimos expresar las inquietudes de los pueblos que acompañamos, y los desafíos de nuestras propias realidades pastorales. También valoramos el signo de que el proceso formal del Sínodo haya comenzado en el territorio Amazónico.
El siguiente paso será la elaboración de los documentos preparatorios, como corresponde en todo proceso Sinodal, mediante los cuales los Obispos del territorio Amazónico, y su pueblo, continuarán siendo consultados. Estos pasos seguirán las orientaciones dadas por el Papa Francisco, sobre todo en la Exhortación Apostólica “Evangelii Gaudium” y en la Encíclica “Laudato Si” sobre el cuidado de la casa común”.
Queremos hacer eco de las palabras del Santo Padre sobre el reconocimiento de nuestros pueblos como interlocutores que, con su sabiduría ancestral y su diversidad cultural, hacen posible el cuidado de la casa común.
Confiamos que, en comunión con nuestros pueblos originarios, podamos encontrar nuevos caminos para plasmar una Iglesia con rostro amazónico.
Card. Claudio Hummes
Presidente de la Red Eclesial Panamazónica (REPAM)
Fuente: www.signisalc.org

Resonancias

Rueda de prensa del Papa Francisco en el vuelo de regreso de Chile y Perú

El Papa Francisco concedió una rueda de prensa en el avión que lo trajo de regreso a Roma, luego de realizar una visita apostólica a Chile y Perú.
Durante la conferencia, el Santo Padre respondió preguntas sobre la corrupción, las acusaciones contra el Obispo Juan Barros, el Sodalicio de Vida Cristiana, sus palabras sobre los abusos sexuales, las impresiones que tiene sobre la fe en ambos países, así como la boda que celebró durante uno de sus vuelos.
A continuación el texto completo de la rueda de prensa:
Director de la Sala de Prensa del Vaticano, Greg Burke: Gracias, gracias por el tiempo que nos da esta tarde después del largo viaje, por momentos caluroso y húmedo, pero un viaje rico, donde ha tocado el corazón de la gente, el santo pueblo fiel de Dios, con un mensaje de esperanza, pero en el que ha hecho también referencia a los desafíos de las iglesias locales y de la gente.
Papa Francisco: Buenas tardes, gracias por su trabajo, fue un viaje, no sé cómo se dice en italiano, pero en español se dice ‘pasteurizado’, como con la leche, se pasa del frío al calor, del calor al frío, nosotros hemos pasado del sur de Chile, fresco, con un paisaje hermosísimo, al desierto, a la selva de (Puerto) Maldonado, luego a Trujillo, el mar, y luego Lima. Todas las temperaturas, todos los climas. Y esto cansa.
Empezamos con las preguntas del viaje. Cuando terminemos esto, si queda algo del viaje, lo digo yo, y después las otras preguntas si hay.
Pregunta: Quería agradecerle el momento de habernos permitido acompañarlo en este viaje. Usted dijo en el vuelo de ida que no conocía bien el Perú, y en estos días ha tenido la oportunidad de recorrer tres ciudades. Quería preguntarle por este viaje en el que la gente se ha volcado a verlo, incluso ha llegado a decirle cariñosamente ‘Panchito no te vayas’. ¿Qué se lleva del viaje el Santo Padre?, ¿qué se lleva, del viaje al Perú?
Papa Francisco: Me llevo la impresión de un pueblo creyente, un pueblo que pasa muchas dificultades y las pasó históricamente, ¿no? Pero una fe que me impresiona, no solo la fe en Trujillo, donde la piedad popular es muy rica y muy fuerte, si no la fe de las calles. ¿Ustedes vieron lo que eran las calles? Y no solo en Lima, evidentemente, sino también en Trujillo, también en Puerto Maldonado, donde yo pensaba tener el acto en un lugar como este y era una plaza llena y cuando iba de un lado para otro, también. O sea, un pueblo que salió a expresar su alegría y su fe, ¿no?
Es verdad que ustedes tienen, como dije… hoy al mediodía: ustedes son una tierra ‘ensantada’. Son el pueblo Latinoamericano que tiene más santos, y santos de alto nivel, ¿no? Toribio, Rosa, Martín, Juan. De alto nivel. Creo que la fe la tienen muy calada dentro. Yo me llevo de Perú una impresión de alegría, de fe, de esperanza, de volver a andar y, sobre todo, muchos chicos. O sea, volví a ver esa imagen que vi en Filipinas y vi en Colombia: los papás y las mamás a mi paso levantando a los chicos, y eso dice ‘futuro’, eso dice ‘esperanza’, porque nadie trae hijos al mundo si no tiene esperanza.
Lo único que les pido es que cuiden la riqueza. No solo las que tienen las iglesias y los museos, que las obras de arte son geniales, no solo las de la historia de la santidad y de los sufrimientos que los han enriquecido mucho, sino esta riqueza de estos días que yo vi.
Pregunta: Su Santidad, en el Perú la clase política ha defraudado al pueblo con actos de corrupción e indultos negociados, pero también lo han hecho algunos miembros de la Iglesia, basta ver a las víctimas como del Sodalicio de Vida Cristiana esperando justicia. ¿Qué respuesta da usted a ambos casos?
Papa Francisco: Primero el problema de la corrupción. Yo no sabría responderte históricamente el progreso de la corrupción o históricamente en otros sectores del mundo, ¿no? Yo sé que en algunos países de Europa hay mucha corrupción, en algunos. Sí, en Latinoamérica hay muchos focos de corrupción. Ahora está de moda hablar de Odebrecht, por ejemplo, pero eso es un botón de muestra. El origen de la corrupción es, yo diría es, tengo que decir que es el pecado original que te lleva … Escribí un librito una vez, muy pequeño, que se llama pecado original que te lleva… yo leí un librito una vez, muy pequeño, que se llama “Pecado y Corrupción”. Y el lema que saco de ese libro es ‘pecador sí, corrupto no’. Todos somos pecadores, pero yo sé que todos nosotros, los que estamos acá, al menos yo hago la voluntad de mi parte, y pienso que ustedes lo hacen cuando se encuentran en ‘off side’, en un pecado fuerte. ‘Bueno, esto está mal. Acá me porté mal con un amigo, o robé, o hice esto, o me drogué’, y entonces me freno y trato de no hacerlo. Bueno, pero está el perdón de Dios sobre todo eso. Yo al pecado no le tengo miedo, le tengo miedo a la corrupción, porque la corrupción ya te va viciando el alma y el cuerpo, y un corrupto está tan seguro de sí mismo que no puede volver atrás. O sea, la corrupción son como de esos pantanos chupadizos que vos pisás y querés salir, y das un paso y te vas más adentro, y más adentro y te chupó. Es una ciénaga. Sí, es la destrucción de la persona humana. Yo no sé si quieres preguntar algo más sobre la corrupción. Después paso al Sodalicio, ¿eh? Claro, el político tiene mucho poder. También el empresario tiene mucho poder. El empresario que le paga la mitad a sus obreros es un corrupto. Y un ama de casa que está acostumbrada y cree que es lo más normal explotar a las mucamas sea con el sueldo o sea con el modo de tratar, es una corrupta, porque ya lo toma como normal. Recuerdo una conversación que tuve con una persona, un profesional, sí, de cómo llevaba la cosa, joven, tendría 30 años, y él me decía que trataba al personal doméstico de una manera nada noble. Me decía las cosas que hacía con las personas y yo le dije: ‘pero usted no puede hacer eso, eso es pecado’. ‘Padre’, me dice, ‘no vamos a comparar a esa gente conmigo, esa gente está para eso’. Y es lo que piensa el tratante sexual, el tratante de trabajo esclavo, los corruptos.
¿Y en la Iglesia hay corrupción? ¡Sí! Hay casos de corrupción en la Iglesia, en la historia de la Iglesia siempre los hubo. Siempre los hubo y… porque hombres y mujeres de Iglesia entraron en el juego de la corrupción. Y esto me sirve de puente para lo del Sodalicio.
Lo del Sodalicio empezó con un caso de una persona que parecía muy… mucha virtud, murió, e investigando la vida se descubrió que tenía doble vida. Es el primer caso del Sodalicio que yo conozco, ¿eh? Pero de esto hace 20-25 años atrás. Y después una denuncia de abuso, no solo sexual, sino de abuso de manipulación de conciencia para con el fundador. El proceso del fundador entró en la Santa Sede, se le dio una condena. No se lo expulsó del Sodalicio, sino vive solo. Una persona lo atiende. Él se declara inocente de las pruebas que hubo en el juicio y apeló a la Signatura Apostólica, que es la Suprema Corte de Justicia del Vaticano. La causa está en apelación. Por los datos que tengo saldrá en menos de un mes. Lleva un año el proceso, pero en menos de un mes saldrá. ¿Pero que sucedió ahora? Ese juicio fue gatillo para que otras víctimas de esa persona hicieran juicios civil y eclesiástico. Entonces, si la Signatura Apostólica pone fin a este juicio, primero, sea a favor o en contra, ya no tiene sentido porque este hombre, ahora sí, hay cosas mucho más graves que dirá la justicia, pero son varios casos graves e intervino la justicia civil, lo cual en estos casos de abuso siempre es conveniente, siempre es conveniente porque es un derecho y creo por lo que sé, pero no estoy muy al tanto, que la cosa es bastante desfavorable al fundador.
Por otro lado, no era una situación personal solamente, había cosas ahí no del todo claras. Hace casi dos años, yo mandé un visitador al Sodalicio, en la persona del Cardenal Tobin, Obispo de Newark. El Cardenal Tobin hace la visita, descubre cosas que no entiende o que no están claras, nombra dos veedores económicos; y este es el tercer abuso, que también rozaba el fundador: manejo económico. Y después de un estudio recomienda comisariar el Sodalicio. Llegó la carta de él hace 4 semanas, se estudió el caso y hace dos semanas se nombró un comisario. O sea, hoy día el Sodalicio está comisariado por la Santa Sede por todo esto. Un caso parecido, diría en los procedimientos, no en las acusaciones, al de los Legionarios, que ya fue resuelto en su momento por el Papa Benedicto XVI. Que en eso estuvo muy firme y muy fuerte. Benedicto no toleraba esas cosas, y yo aprendí de él a no tolerarlas también. No sé si te respondí. El estado jurídico hoy día del Sodalicio es comisariamiento, y a la vez sigue la visita apostólica.
Pregunta: Muchas gracias por esta oportunidad de plantearle algunas preguntas sobre el viaje. Yo quería preguntarle, a propósito de su primer mensaje en Chile que fue muy duro contra los abusos… que habló de vergüenza, de comprender el dolor de las víctimas, pero el último día en las declaraciones que hizo sobre el Obispo Barros hubo también una declaración en la que finalmente también intentó de mentir o de calumniar a las víctimas. ¿Por qué cree más el testimonio del Obispo Barros que al de las víctimas? ¿No se traiciona un poco esa confianza hacia las víctimas que usted mismo planteó en Chile?
Papa Francisco: Comprendo la pregunta, perfecto. Sobre Barros hice una sola declaración. Yo hablé en Chile, y eso fue en Iquique, al final. Hablé en Chile dos veces sobre los abusos, con mucha fuerza, delante del gobierno, que era hablar delante de la patria, y en la Catedral con los sacerdotes. El discurso que dije a los sacerdotes es lo que yo siento más profundamente respecto a este caso. Ustedes saben que empezó el Papa Benedicto con tolerancia cero. Yo seguí con tolerancia cero, y después de casi 5 años de pontificado, no he firmado un pedido de gracia. Los procesos son así: entran en la Congregación de la Doctrina de la Fe y la Congregación da la sentencia -en los casos de quite del estado clerical, es definitiva la sentencia en primera instancia-. La persona que es condenada tiene derecho a apelar, hay un tribunal de apelación de segunda instancia. El tribunal de apelación sabe que si hay pruebas claras de abuso, no hay lugar para la apelación, eso no se apela. Lo que sí puede apelarse son los procedimientos, falla de procedimientos, irregularidades… entonces ahí tiene que hace revisión del proceso… como en todo juzgado. Si la segunda instancia confirma la primera, solamente le queda una salida a la persona, y es apelar al Papa como gracia. Yo en cinco años habré recibido, no sé el número, 20-25 casos de gracia que se animaron a pedir, no firmé ninguno. Solamente en un caso, que no fue gracia ni nada, fue una discusión de sentencia jurídica, en mi primer año de Pontificado, y me encontré con dos sentencias: una que muy seria que venía de la diócesis, y otra que dio la Doctrina de la Fe. La de Doctrina de la Fe era la más dura. La que venía de la diócesis era muy seria, con mucha cautela y muy condicionada. O sea, con estas condiciones hay que esperar un tiempo y ver que… o sea, no cerraba el caso. Como hay que hacer en buena jurisprudencia, siempre a favor del reo. Opté por la más leve con las condiciones. A los dos años se evaluó que las condiciones no se cumplió y entonces dejé funcionar la otra. Ha sido el único caso del que dudé pero porque eran dos sentencias y había un principio jurídico ‘in dubbio por reo’ y entonces por eso opté por eso. Esa es mi postura.
Ahora, el caso del Obispo Barros. Es un caso que lo hice estudiar, lo hice investigar, lo hice trabajar mucho y realmente no hay evidencia, uso la palabra ‘evidencia’ porque después voy a hablar sobre las pruebas. No hay evidencias. Después voy a hablar de las pruebas. No hay evidencia de culpabilidad, más bien parece que no se van a encontrar porque hay una coherencia en otro sentido. En base a ese no haber evidencias, yo espero alguna una evidencia para cambiar de postura, si no aplico el principio jurídico básico en todo tribunal ‘nemo malus ni si probeto’, ninguno es malo hasta que se pruebe.
Y ahí está palabra ‘prueba’ que creo que es la que me jugo a mí la mala pasada. Yo dije, en español, por lo que recuerdo, estaba entrando, y una periodista de Iquique me pregunta: ‘nosotros en Chile tenemos el gran problema del obispo Barros, ¿qué piensa usted?’ y creo que las palabras que dije fueron estas. Primero pensé respondo o no respondo. Y dije: ‘sí’, porque Barros había sido Obispo de Iquique, y una feligresa de él me lo preguntaba y tiene derecho. Y dije. ‘el día que tenga una prueba, voy a hablar. Creo que dije ‘no tengo pruebas’. Creo, pero no me acuerdo, pero está registrado, lo puedes encontrar.
La respuesta fue dada, el día que yo tenga una prueba hablaré. La palabra ‘prueba’ es la que me ha traicionado y generó confusión. Yo hablaría de evidencias. Y claro, entonces yo sé que hay mucha gente abusada y que no puede traer una prueba, no la tiene. Y que no puede, o a veces la tiene pero tiene vergüenza, que lo tapa y sufre en silencio. El drama de los abusados es tremendo, es tremendo. A mí me toco atender, hace dos meses, a una mujer abusada hace 40 años. Casada, con tres hijos. Esa mujer no recibía la comunión desde esa época, porque en la mano del cura veía la mano del abusador. No podía acercarse. Y era creyente, era católica. No podía. Perdón que continue en español, pero quiero ser preciso con los chilenos.
La palabra ‘prueba’ no era la mejor para acercarme a un corazón dolorido. Yo diría ‘evidencias’. El caso de Barros se estudió, se reestudió, y no hay evidencias. Es lo que quise decir. No tengo evidencias para condenar. Y ahí si yo condenara sin evidencias o sin certeza moral, cometería yo un delito de mal juez.
Hay otra cosa más que quiero decir. Y esto lo explico en italiano. Uno de ustedes se me acercó y me dijo: ‘vio la carta que salió, y me hizo ver una carta que yo escribí hace 2 años, cuando comenzaba el problema de Barros. Esa carta la tengo que explicar, porque es incluso una carta en favor de la prudencia de como ha estado gestionado el problema Barros. Esa carta no es la narración de un hecho puntual, es la narración de más o menos 10-12 meses.
Cuando explotó el escándalo Karadima, un hombre… todos conocemos cuál es su escándalo, se empezó a ver cuántos sacerdotes que fueron formados por Karadima fueron abusados o fueron abusadores. Hay en Chile 4 obispos a los cuales Karadima envió al seminario. Una persona de la Conferencia Episcopal sugirió que estos obispos, tres, porque el cuarto estaba muy enfermo, y no estaba a cargo de una diócesis, pero tres estaban a cargo de una diócesis. Si quizás era mejor que estos obispos renunciaran, diesen su dimisión, se tomaran un año sabático, y después, pasada la tormenta, para evitar acusaciones, porque son buenos obispos, bravos. Y como Barros llevaba ya 20 años de obispo, estaba por terminar el obispado militar… primero fue auxiliar de Valparaíso, después Obispo de Iquique, después Obispo militar por casi 10 años. Tiene casi 20 años de obispo. Pidamos la dimisión a él quizás, y generosamente la dio. Vino a Roma, y dije ‘no’, así no se juega porque esto es admitir culpabilidad previa. Y en cada caso, si son culpables, se investiga. Y yo lo freno.
Cuando fue nombrado y siguió adelante todo este movimiento de protesta, él me dio la renuncia por segunda vez, y le dije ‘no’, tú vas. He hablado largo rato con él. Otros hablaron largo rato con él. Y vas. Y vosotros sabéis lo que pasó el día de la toma de posesión y todo eso. Se continuó a investigar sobre Barros, no vienen las evidencias. Y esto es lo que quise decir: no puedo condenarlo, porque no tengo las evidencias, aunque yo estoy convencido de que es inocente.
Paso a un tercer punto, ¿qué sienten los abusados? Y con esto debo pedir disculpas, porque la palabra ‘prueba’ ha herido, ha herido a muchos abusados: ‘ah, ¿yo tengo que ir a buscar la evidencia de esto?’. No. Es una palabra de traducción del principio legal es herida…. Y les pido perdón si les he herido sin darme cuenta. Es una herida sin quererlo. Y a mí esto me causa tanto dolor porque les recibo a ellos… en Chile los he recibido… dos se saben, y hubo otros más escondidos. En Perú no. En cada viaje siempre hay alguna posibilidad. Han sido publicadas las de Filadelfia, y otras tres fueron publicadas. Otros casos no. Sé cuánto sufren. Sentir que el Papa les dice en la cara ‘denme una carta con la prueba’, es un ‘schiafo’. Ahora yo me doy cuenta de que mi expresión no fue feliz, porque no pensé en eso. Y entiendo, como dice el apóstol Pedro en una de sus cartas, un incendio que se ha provocado. Y esto es lo que yo puedo decirte con sinceridad. Barros quedará ahí si yo no encuentro el modo de condenarlo. Yo no puedo condenarlo si no tengo evidencias. Y hay muchos modos de hacer llegar una evidencia.
Me dicen que después de la turbulencia de Barros y del Sodalicio tenemos una meteorológica. Yo me quedaría aquí.
En el caso de Barros no hay evidencias. Empezó quizás con esa mala decisión de la renuncia y se lo empezó a acusar. Pero de abuso no hay evidencias.
Pregunta: ¿De encubrir un abuso?
Papa Francisco: Sí, sí, pero es un abuso también, ¿no? Encubrir abusos es un abuso. No, no hay evidencia. Por eso, lo mejor es que el que cree que es así, que aporten evidencias rápido. Si honestamente creen que es así. Yo en este momento no creo que sea así, porque no las hay. Pero tengo el corazón abierto a recibirlas.
Y lo otro de Chile es un cuento chino, ¿eh? Yo de Chile me vine contento, no esperaba tanta gente en la calle. Y eso, no pagamos la entrada. O sea, esa gente no fue pagada ni llevada en colectivo. La espontaneidad de la expresión chilena fue muy fuerte. Incluso en Iquique, que yo pensé que iba a ser una cosa muy poquita porque Iquique es desierto y ustedes vieron lo que fue la gente.
En el sur lo mismo. Y en Santiago las calles de Santiago hablaban por sí mismo. En eso creo que la responsabilidad del informador es ir a los hechos concretos. Acá hubo esto, hubo esto, y esto. Y lo del pueblo dividido no sé dónde sale, es la primera vez que lo oigo. Quizás este caso de Barros es lo que lo ha creado, pero ubicándolo en su realidad puede ser por eso. Pero a mí la impresión que me dio es que lo de Chile fue muy gratificante y muy fuerte. Yo después quisiera volver en uno de los momentos que más me conmovio de Chile antes de pasar a otros temas si tenemos tiempo.
Pregunta: Santidad, quería hablarle de lo que ha dicho el otro día en la Amazonía. En su discurso había un elemento se puede decir que nuevo. No solo la amenaza de los grupos económicos, sino también la perversión de algunas políticas ambientalistas que sofocan la vida de las personas. ¿Existe un ambientalismo que está contra el hombre?
Papa Francisco: Sí. Y en esa zona, no puedo en este momento describir bien. Pero por proteger la selva, para salvar a algunas tribus que quedaron fuera y la selva se acabó por explotación. Pero el caso más concreto de este caso está en las estadísticas de las zonas. Encontrarás seguramente los datos precisos. Es un fenómeno de custodiar el ambiente y después de aislar. Han quedado aislados de un progreso real. Es un fenómeno que se ha dado aquí en esta zona. En las informaciones que me enviaron para preparar el viaje yo lo he estudiado.
Pregunta: Mi pregunta es sobre la celebración del matrimonio en el avión. De ahora en adelante, ¿qué le diría a los párrocos, obispos, cuando los novios piden casarse en la playa, en los parques, en los barcos…?
Papa Francisco: Se imagina cruceros con matrimonios, esto sería… Uno de ustedes me dijo que yo estoy loco por hacer estas cosas. Pero fue sencillo. El señor, el hombre, estaba en el primer vuelo. Ella no estaba. Hablamos… luego me di cuenta que me había sondeado. Hablamos de la vida, de qué pensaba yo la vida de la familia. En verdad, una hermosa conversación. El día después estaban ambos. Cuando nos hicimos las fotos me dijeron que estaban por casarse por la Iglesia, se casaron por civil, porque el día anterior (se ve que eran de una ciudad pequeña) la iglesia se destruyó en el terremoto. No hubo boda. De esto hace 8 o 10 años. ‘Que sí, que mañana lo hacemos, después la vida, llega una hija, después la otra hija… pero nosotros siempre hemos tenido esto en el corazón, pero no nos hemos casado’. Los interrogué un poco, y las respuestas eran claras: para toda la vida. ‘¿Y cómo sabéis estas cosas? ¿Tenéis buena memoria del catecismo?’. ‘No, no, no. Nosotros hemos hechos los cursos prematrimoniales’. Estaban preparados. A los párrocos les digo que estaban preparados y yo he juzgado que estaban preparados.
Me lo pidieron. Los sacramentos son para las personas, y vi que las condiciones eran claras y por qué no hacer hoy lo que se puede hacer hoy, ¿no?; para qué mandarlo a mañana, porque mañana quizás hubiesen sido 8 años más. Esta es la respuesta. Porque yo he juzgado que estaban preparados y que sabían lo que hacían. También uno de ellos se ha preparado delante del Señor con el sacramento de la penitencia, y los casé. Y cuando llegaron aquí todo estaba acabado y se han casado.
Me dijeron que les había dicho a alguno: ‘vamos al Papa que nos case’. No se si era verdad o no esa intención. Así ha sido la cosa. Pero decidle a los párrocos que el Papa los interrogó bien, y después cuando me dijeron que habían hecho el curso… Pero eran conscientes de que estaban en una situación irregular.
Pregunta: Ayer el Cardenal O’Malley hizo una declaración sobre sus palabras, sobre el Obispo Barros y han dicho que palabras como esas eran dolorosas para las víctimas, que se han sentido abandonadas y desacreditadas. Usted ha dicho que se sentía mal. Imagino, me pregunto si fueron las palabras del Cardenal O’Malley las que le han dolido. Y luego una pregunta relacionada con esto: la Comisión para la Protección de Menores, del Cardenal O’Malley, acabó su mandato el mes pasado de sus primeros miembros. Hay personas que en esta caducidad se preguntan si esto es una señal de una no prioridad de la protección de menores.
Papa Francisco: He visto la declaración del Cardenal O’Malley. También dijo que ‘el Papa siempre ha defendido esto… tolerancia cero… Con esta manifestación no feliz me ha hecho pensar que la palabra ‘prueba’, calumnia… Uno que insiste, sin tener la evidencia, que este ha hecho aquello, es calumnia. Digo que si hay robo, sin evidencia, le estoy calumniando. Yo no he escuchado a ninguna víctima de Barros. No vinieron, no dieron las evidencias para el juicio. Es algo que no se puede tomar. Usted me dice con buena voluntad que existen las víctimas. Pero yo no las he visto, no se han presentado. Es verdad que Barros estaba en el grupo de jóvenes allí, ha entrado en el seminario hace no sé cuánto, por hoy hace 24 años de obispo, o 23. Habrá tenido 15 de sacerdote. Hace tantos años y era jovencísimo. Él dice que no vio nada. Era del grupo, pero después siguió otro camino. En esto tenemos que ser claros. Uno que acusa sin evidencias, con insistencia, es calumnia. Pero si viene una persona y me da la evidencia yo seré el primero en escucharle. Tenemos que ser justos.
Yo he pensado en lo del Cardenal O’Malley. Agradezco al Cardenal O’Malley su declaración, porque ha sido muy justa. Ha dicho todo lo que yo he hecho y hago y que hace la Iglesia y luego habló del dolor de las víctimas, porque como he dicho al inicio, hay muchas víctimas que no son capaces, por vergüenza o por lo que sea, de llevar un documento o un testimonio de esto.
La segunda pregunta que usted me hacía era la Comisión. La Comisión, el nombramiento era por tres años creo, y ha vencido. Se estudió la nueva Comisión, y ellos, la Comisión misma, decidió renovar a una parte y nombrar nuevos. El martes antes de la salida para este viaje llegó la lista de la Comisión definitiva y ahora sigue el trámite normal de la curia. Había algunas observaciones sobre alguno que se tienen que aclarar, porque las personas nuevas se estudian el curriculum. Había observaciones que debían aclararse. Pero sobre esto el Cardenal O’Malley ha trabajado bien, como se debe. Por favor, no pensar que… los tiempos son los tiempos normales para un nombramiento del género. Buscando gente de primera.
Pregunta: Una de las tareas de la Iglesia es luchar contra la pobreza. Chile, en 20 años ha bajado el índice de pobreza del 40% al 11%. Según usted, ¿es el resultado de una política liberal? ¿Existe el bien del liberalismo según usted? Y otra pequeña pregunta sobre el Cardenal Maradiaga, ¿qué piensa usted sobre las noticia del dinero? Gracias.
Papa Francisco: Del Cardenal Maradiaga no es del viaje pero respondo. Él hizo una declaración filmada, en video, yo digo eso que dijo él.
Lo del liberalismo, diré que tenemos que estudiar bien los casos de las políticas liberales. Hay otros países de Latinoamérica con políticas liberales que llevaron al país a una mayor pobreza. No sabré que responder porque no soy técnico en esto: pero en general, una política liberal que no incluye a todo el pueblo, es selectiva, lleva para abajo. Pero no hay una regla general. El caso de Chile no lo conozco para responder, pero vemos en que otros países de Latinoamérica la cosa va para abajo.
Sobre el viaje querría hablar de algo que me conmovió mucho. La cárcel de mujeres. Yo tenía el corazón ahí… siempre soy muy sensible a las cárceles y lo encarcelados, y siempre me pregunto por qué ellos y no yo. Y ver a estas mujeres. Ver la creatividad de estas mujeres, la capacidad de querer cambiar su vida, de reinsertarse en la sociedad con la fuerza del Evangelio…. Uno de ustedes me ha dicho: ‘he visto la alegría del Evangelio’. Quedé muy conmovido. De verdad, muy conmovido de ese encuentro. Fue una de las cosas mas hermosas del viaje.
En Puerto Maldonado, el encuentro con los aborígenes, es obvio, fue emocionante, un signo al mundo. Ese día fue la primera reunión de la comisión sinodal del Sínodo para la Amazonía que será en 2019. Pero me conmoví en el Hogar “El Principito”, de ver a estos niños, la mayoría abandonados. Esos niños y esas niñas que con la educación consiguieron salir adelante, que son profesionales. Esto me ha conmovido mucho. La obra de llevar a una persona arriba. Así como estas cosas de las que hemos hablado antes llevan a la persona arriba. Esto me ha conmovido mucho del viaje allí.
Y la gente, el calor de la gente. Era de no creer lo que vimos hoy. De no creer. El calor de la gente. Yo digo: este pueblo tiene fe. Esta fe me la contagia a mí y le doy las gracias a Dios por eso. Y a vosotros os agradezco el trabajo que les espera para hacer los artículos y las noticias que debéis hacer. Gracias por la paciencia y gracias por hacer las preguntas precisas.
Fuente: ACI Prensa.

Keiko Fujimori con su familia asistió a misa del Papa Francisco en Las Palmas

La lideresa de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, acudió a la misa que el Papa Francisco brindó en la base aérea de Las Palmas, en Surco. La ex candidata presidencial estuvo acompañada por su esposo, Mark Vito, y sus dos hijas así como por algunos congresistas de Fuerza Popular.
Minutos antes de que el avión que traslada al Sumo Pontífice partiera, Fujimori Higuchi indicó que su visita fue “muy inspiradora”.
Por medio de su cuenta de Twitter, la también ex congresista le agradeció al Papa por haber tomado en cuenta al Perú para su gira por la región.
Fuente: Diarios El Comercio y Perú21.

Inframundo mediático

Por Martha Meier Miro Quesada-Diario Expreso.
El Papa Francisco llama a los comunicadores a no caer en la “enfermedad de la coprofilia: buscar siempre comunicar el escándalo, las cosas feas”; y considera la desinformación como “el daño más grande que puede hacer un medio, porque orienta la opinión en una dirección, quitando la otra parte de la verdad”. Para Bergoglio, “los medios tienen que ser muy limpios y transparentes”.
La opacidad y mendacidad de buena parte de los medios es responsable de que la confianza en ellos repte por los suelos junto a su credibilidad; además no pocos periodistas cohabitan en un inframundo productor y reproductor de mentiras que ni ellos creen, mientras crece el rechazo de la población a tales prácticas. Pasa en nuestro país y en todos los demás.
 “El periodismo se encuentra en una época de grandes dificultades [porque] lo que está impreso con tinta en un diario no es creíble”, dijo en 2013 el periodista y escritor estadounidense, Tom Wolfe. Y es que la búsqueda de la verdad parece haber sido sustituida por el contrabando ideológico y la superficialidad.
La falta de rigurosidad, la desconexión con los lectores y la mitomanía patológica se refleja en las páginas web y quizá por eso –en el ámbito global– los experimentos de digitalización no resultan rentables. ¿Quién pagaría para consumir mentiras, y artículos que no instruyen ni construyen? ¿Por qué financiar el entierro de la verdad y el puñal difamador que altera la paz social y nuestra tranquilidad individual?
 Para el periodista irlandés Aidan White estas “informaciones falsas o trucadas (fake news), la propaganda política y empresarial y los abusos vergonzosos observados en las plataformas digitales suponen una amenaza para la democracia”. White dirige la Red de Periodismo Ético, y es autor del libro ‘Para decirles la verdad-La Iniciativa de Periodismo Ético’. Tener que resaltar la existencia de un periodismo “ético” demuestra la crisis de la profesión.
En entrevista con la revista ‘El Tiempo’ (Universidad de Navarra, España), White explicó: “El periodismo actual está dictado por unas nuevas formas de sensacionalismo que son horribles. La cultura del famoseo, la fascinación por el dinero o el glamour obsceno son algunos de los resortes”.
Para el Papa Francisco “Los medios de comunicación son constructores de una sociedad” y san Juan Pablo II dijo que el periodismo tiene un “compromiso con el bien común” y debe incluir “las necesidades e intereses de todos”.
¿Probamos?

Francisco: una visita esperada

Por Catalina Romero– Diario El Comercio.
El Perú es uno de los países latinoamericanos donde el porcentaje de católicos continúa por encima del 75% de los creyentes, que llega a ser 89,1% de la población, según la última encuesta del IOP-PUCP publicada en diciembre del 2017. Pero más allá de los números, la Iglesia Católica se arraigó en la vida cotidiana de los peruanos, así como en la sociedad civil de la que se hizo parte, acercándose a los conflictos del presente y haciendo escuchar su voz desde los valores del evangelio, y dando testimonio en la práctica del amor a Dios y al prójimo. Considerando este proceso, preguntamos por el sentido básico que las personas daban a la religión, y 82,9% opina que el sentido básico de la religión es “hacer el bien a otras personas” frente a 14,5% que opina que es “seguir normas y ceremonias religiosas” (IOP).
La llegada de Francisco se espera con ilusión y esperanza, porque es el primer Papa latinoamericano y porque forma parte de los pastores que se identificaron con el llamado de San Juan XXIII en el Concilio Vaticano II (1962-65), para que la Iglesia se hiciera pobre para los pobres, abriera las puertas y ventanas para interesarse por la humanidad, la justicia y la construcción de la paz. Este año se celebran 50 años de la Asamblea de Obispos en Medellín, en la que se miró la difícil realidad del continente, se compartió la preocupación por la situación que llamaron de violencia estructural y la urgencia de buscar la justicia. Frente a los cambios de hoy, el Papa Francisco nos visita en un momento oportuno.
Francisco viene ahora a mirar directamente la realidad del Perú, comenzando por Puerto Maldonado, gesto simbólico para llegar desde los pueblos que luchan por su reconocimiento desde la periferia. Allí se encontrará con los pueblos indígenas de la Amazonía y representantes de los pueblos indígenas cusqueños. Escuchará de propia voz los problemas con industrias extractivas, que afectan su vida y su hábitat, con el trabajo forzado, la trata de personas, y el reclamo del derecho a tener voz y a ser reconocidos en su dignidad humana. También se encontrará con obispos de los países amazónicos que forman parte de la Red Eclesial PanAmazónica (Repam), quienes están convocados al Sínodo de la Amazonía en el 2019.
Papa FranciscoViaja después a Trujillo, donde la religiosidad popular es tema central. En una investigación reciente sobre transformaciones en la ‘religión vivida’ en ciudades latinoamericanas hemos comprobado que parte de esta religiosidad, más allá de las imágenes, se mantiene por la relación personal con Dios en la figura de Cristo sufriente, con la Virgen María y con los santos, con quienes se identifican cercanamente, y con quienes tienen una relación cotidiana de amistad y confianza. Esta se alimenta con la experiencia diaria de lo que entienden como milagro, desde el pan de cada día, en el hecho de haber sido atendidos bien en un hospital o de haber sido considerados personas por otros.
En Aparecida (2007), documento de la Conferencia General del Consejo Episcopal Latinoamericano y del Caribe, los obispos vuelven a preguntarse como ser discípulos y misioneros frente a la nueva realidad Latinoamericana y proponen ir al encuentro de los demás; ser comunidades abiertas a la sociedad, para salir del templo, para llevar la buena nueva a todos los pueblos. Es a lo que Francisco como Papa invita hoy: a ser una Iglesia en salida. Este es un gran desafío que llega en buen tiempo. No importan las diferencias, sino el mandato fundador de Jesucristo: de amar a Dios y al prójimo como a uno mismo. Es decir, ponerlos al centro como a un hermano, un igual, que llama a la acción urgente, a la movilización de recursos, a la solidaridad con los nuevos rostros de los pobres hoy.

Papa Francisco en Puerto Maldonado

El Vicariato de Puerto Maldonado, encargado de la organización de la visita del Papa Francisco a la capital  de la región Madre de Dios, presentó el programa de visita y recorrido que realizará el Sumo Pontífice en esta del Perú.
Las actividades se darán inicio luego que el Papa Francisco llegue al Aeropuerto Internacional Padre Aldámiz de Puerto Maldonado este viernes 19 a las 10:15 horas.Posterior a ello, a las 10:30 tiene previsto el Encuentro con los pueblos indígenas en el Coliseo Madre de Dios; a las 11:15 el Encuentro de Oración y Bendición del Santo Padre en la Explanada del Instituto Tecnológico Superior Jorge Basadre. A las 12:15 el Encuentro del Papa con niños de la Casa Hogar “El Principito”; a las 13:15 el almuerzo del Papa con representantes de los Pueblos Indígenas en el centro Pastoral “Apaktone” y a las 14:35 el regreso del Papa Francisco a Lima.
Fuente: Diario Correo.