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Factor religioso como fenómeno humano

Conferencia Episcopal de Taiwán

Por Gianni Valente- Vatican Insider.
Desde hace casi diez años los obispos de Taiwán no habían venido a reunirse con el Papa en el Vaticano, en ocasión de las tradicionales visitas “ad limina Apostolorum”. Lo acaban de hacer, del 8 al 14 de mayo. Y a algunos días de distancia, se delinea con mayor claridad, gracias a los mismos obispos taiwaneses, el carácter exquisitamente político-diplomático que ha tenido su “mission” en los Palacios vaticanos.
El Vaticano es uno de los pocos Estados que cuenta con representación diplomática en Taipéi. Pero los contactos entre el gobierno chino y la Santa Sede plantean la posibilidad de que se establezcan plenas relaciones diplomáticas entre el Vaticano y la República Popular China. Perspectiva vista con preocupación en Taiwán, que los jefes políticos de Pekín siguen considerando una provincia rebelde.
Los líderes taiwaneses actuales temen que la eventual apertura de canales diplomáticos entre la China Popular y la Santa Sede implique la contemporánea clausura de la representación vaticana en Taipéi. Y, por lo que se ha podido saber en estos días, los obispos taiwaneses hablaron con Francisco también sobre estos argumentos. «Le dije al Papa», declaró el arzobispo de Taipéi John Hung Shan-chuan, al final de su viaje romano, «que no nos considere parte de China, que no nos piense juntos. Si quieren establecer relaciones diplomáticas, está bien, pero esto no debe sacrificar el interés de Taiwán».
Obispos mensajeros
Durante la visita “ad limina”, los obispos taiwaneses se convirtieron en voceros de las instancia de las preocupaciones que cultiva la cúpula política de Taiwán, en relación con los posibles progresos de las negociaciones entre la Santa Sede y la República Popular China. Antes de comenzar el viaje hacia Roma para las visitas “ad limina”, los siete obispos y el Secretario de la Conferencia Episcopal taiwanesa fueron recibidos por la presidenta de Taiwán Tsai Ing-wen y por el vicepresidente Chen Chien-jen, cuya fe católica fue generosamente citada durante la campaña electoral. El 10 de mayo, en ocasión de la recepción organizada en su honor en la sede diplomática de Taiwán ante la Santa Sede, los obispos taiwaneses pre-anunciaron a los medios de comunicación que habrían invitado al Papa a su país, en marzo de 2019, coincidiendo con el Congreso Eucarístico Nacional. El arzobispo precisó también que la invitación contaba con el apoyo «de la presidenta Tsai». Tres días después, en la audiencia con el Papa, el arzobispo taiwanés le preguntó al obispo de Roma «si tenía alguna frase para la presidenta Tsai». Ante semejante pregunta, el Papa Francisco respondió: «que trate bien a la Iglesia católica».
Agenda político-eclesiástica
Los detalles más elocuentes de la agenda con la que los obispos taiwaneses llegaron al Vaticano fueron descritos por el mismo arzobispo Hung, en una entrevista concedida después del viaje romano a Radio Free Asia, la corporación de transmisiones de radio creada durante los años cincuenta por los Estados Unidos para hacer llegar a las personas programas de sensibilización anti-comunista y con el objetivo de apoyar la política estadounidense en el Asia oriental. El mensaje que había que transmitir al Vaticano era claro, y en absoluta sintonía con la línea independentista de la actual cúpula taiwanesa: Taiwán es un país que se basta a sí mismo, y también la Iglesia de Taiwán lo es; la China popular y Taiwán son «dos naciones». Y también la Iglesia en China y la Iglesia en Taiwán son «dos Iglesias» distintas.
En la entrevista con Radio Free Asia, el arzobispo de Taipéi ofreció un informe sobre las palabras que dirigió al Papa: «Traté de decirle: “Usted puede entablar relaciones diplomáticas con China, pero no puede herir a Taiwán, debe proteger a Taiwán», porque «Taiwán es la parte más débil, se puede considerar como un huérfano, como un huérfano en el escenario internacional». Al Sucesor de Pedro, el prelado explicó que hasta ahora en Taiwán todos le aprecian, pero las cosas podrían cambiar: «Si sienten que el Papa quiere romper las relaciones diplomáticas con nosotros, entonces comenzarán a ver disminuir el aprecio hacia él, y dicen: “¿Cómo se puede tener un Papa así, que quiere dejarnos?”».
Operación “tranquilización”
El 10 de mayo, durante la recepción oficial organizada en honor de los obispos taiwaneses en la sede de la embajada ante la Santa Sede, el arzobispo Hung se refirió, bromeando, a las tantas “falsas alarmas” que han surgido recientemente en relación con un posible e inminente acuerdo entre Pekín y la Santa Sede sobre la cuestión de los nombramientos de los obispos chinos. Cuando volvió a Taipéi, el arzobispo ofreció más “tranquilizaciones” para todos los que, por diferentes motivos, esperan que se verifique (y evocan) el enésimo fracaso de las negociaciones entre la Santa Sede y el gobierno de Pekín. Lo hizo utilizando palabras del Papa, con el ya consabido método de las “citas” papales extrapoladas de conversaciones privadas con el Pontífice, con todo y anejo exegético.
«No sabemos», dijo el pastor de Taipéi al “South China Mornig Post”, «si el Vaticano llegará a construir vínculos con China, pero sabemos que no se ha alcanzado ningún acuerdo sobre los nombramientos de los obispos. El Papa Francisco –añadió Hung– dijo que no desistirá. Dijo que debemos mantener los principios sobre el nombramiento de los obispos, y probablemente China no estará de acuerdo». El arzobispo de Taipéi también propuso algunas consideraciones doctrinales un poco arriesgadas para corroborar su escepticismo sobre el posible acuerdo sino-vaticano en relación con los métodos para nombrar a los obispos: «La postura del Papa», dijo, «es la de mantener la tradición de la Iglesia católica romana, que los obispos son nombrados por el Papa. Nunca se rendirá, por lo que es difícil llegar a un acuerdo cuando no hay un compromiso aceptado por ambas partes».
La Iglesia de Taiwán cuenta con 300 mil católicos locales y casi otros tantos católicos inmigrantes. En los últimos años, el número de los católicos que han fallecido es más o menos igual al de los nuevos bautizados. Actualmente, los seminaristas católicos que se preparan al sacerdocio son 12, distribuidos en siete diócesis. En sus informes mediáticos sobre los discursos y encuentros (con el Papa y sus colaboradores) que tuvieron en Roma, los obispos no hicieron muchas referencias a problemas pastorales o a cuestiones vinculadas con la misión de anunciar el Evangelio.
En mayo de 2017 la Corte Constitucional de Taiwán abrió las puertas a la plena legalización de los matrimonios entre parejas del mismo sexo. Una medida que convirtió a Taiwán en el primer país de Asia que ha emprendido (con el absoluto apoyo de la presidenta actual) el camino que han recorrido alrededor de 20 naciones europeas y americanas (además de Israel y la República Sudafricana).

Numa Molina SJ

ORDENACIÓN P. Rubén Darío Manzano Liscano (SCOR)

Carta abierta al padre Numa Molina SJ

Estimado hermano Numa:
Permíteme presentarme: mi nombre es Rubén Darío Manzano. Soy religioso de la Congregación de la Pasión de Jesucristo, conocidos como Pasionistas, y diácono de la Iglesia Católica. No soy teólogo, tampoco un erudito; mucho menos politólogo o sociólogo. Soy un humilde cristiano católico venezolano, un religioso desconocido que hace vida y misión en una comunidad de inserción de la ciudad de Caracas. Junto a mis hermanos religiosos ejerzo mi ministerio diaconal entre los más pobres tratando de dar aliento, consuelo, esperanza y alegría al creciente número de seres humanos que tocan a nuestras puertas o que encuentro cada día en mi labor pastoral sin distinción de raza, credo, condición social o ideología política. Administramos con mucha fe los humildes sacramentos que la Iglesia nos ha confiado con la conciencia de ser hombres de Dios al servicio de todo el Pueblo de Dios aunque tengamos que arriesgar nuestras vidas y lo poco que tenemos (como muchísimos religiosos, clérigos y laicos de nuestra Iglesia venezolana que se entregan a tiempo y a destiempo) con tal de llevar la verdad del mensaje del Evangelio a pesar de las amenazas, vejámenes, descalificaciones y vilipendios que sufrimos a diario. Somos hombres y mujeres de carne y hueso, con nuestros defectos y virtudes, que sienten, lloran, sufren, temen y luchan con audacia y valentía; que tratan de ser lo más fieles posibles a nuestra vocación a pesar de nuestras limitaciones. Compartimos nuestra misión con un gran número de laicos que, con fe humilde y sencilla, se entregan cotidianamente como cireneos de los crucificados de hoy que pululan en cualquier lado y cuyos clamores suben al cielo hasta llegar a los oídos de Dios.
Te preguntarás a qué se debe este preámbulo y esta carta. Con caridad fraterna y cristiana te respondo: no escribo para polemizar contigo, ni para descalificar a otros, ni para defender con ciega frialdad ideologías ni revoluciones ni partidos políticos; mucho menos enarbolar la bandera apologética en defensa de algún “líder”.  Tampoco pretendo defender a algún obispo (ellos pueden defenderse mejor de lo que lo haría yo). Por el contrario, humilde y sinceramente quiero expresarte mi más sincero agradecimiento por todo lo que escribiste en el artículo publicado en la página web de Religión Digital el día 16 de abril de 2017 titulado “Iglesia en Venezuela, pueblo de Dios espantado por sus pastores” y al que cualquier persona puede acceder al hacer clic en este link.
Te agradezco porque te refieres a nuestra Iglesia (a la que perteneces, a la que en buena parte debes tu formación, tu vida, tu “status”, tus viajes, tu renombre, tu manutención, tu pasado, tu presente y tu futuro) como, y cito, “una institución eclesial instalada en las sacristías, aburguesada y sin dimensión profética. Es una iglesia amartirial y aprofética que se ha amoldado siempre a los gobiernos de turno y a los poderes económicos” a lo largo de su historia.  Te agradezco porque, lejos de sentirme ofendido como parte de esa iglesia de la que hablas, tus palabras me motivan y animan mi fe, pues cada una de tus “imparciales” descalificaciones hacen que esa Iglesia se haga más fuerte, más fiel y más evangélica gracias a que está sufriendo la misma suerte que sufrió su Señor y Creador.
Hermano: te agradezco que no generalices con tanta falta de caridad cristiana al hablar de una Iglesia amartirial y aprofética por el hecho de no contar en nuestro país con fieles cristianos cuyo martirio cruento y profetismo público sea reconocido por la Iglesia universal con el título de santos o beatos. No olvides que el martirio y la profecía son dones de Dios. Obvias con mucha parcialidad ideológica no cristiana a tantos hombres y mujeres, hermanos tuyos y míos, que día a día salen a la calle a vivir un martirio incruento en medio del calvario en el que se ha transformado nuestro país, con el corazón temeroso pero cargado de fe y esperanza tratando con todas sus fuerzas de ayudar a crear otro mundo posible, poniendo su granito de arena en la construcción del Reino de Amor, Justicia y Ternura por el cual Jesucristo, tu Señor, mi Señor, nuestro Señor, se hizo hombre y por el cual murió vejado y maldecido en una cruz de ignominia, víctima del odio inoculado en su propio pueblo por los poderosos de su época.  Ese mismo Jesús muere hoy encarnado en los Abeles que hoy son asesinados en Venezuela a manos de tantos Caínes que viven engañados y que solo respiran odio, envidia, resentimiento y venganza. ¡Cuántos mártires anónimos mueren hoy víctimas de la violencia y la represión desmedida, movidos por su fe (cuya autenticidad corresponde solo al juicio de Dios) en la justicia y la verdad verdadera!  Ni tú ni yo podemos negar que la gracia de Dios esté trabajando en el anonimato.
Hermano: es verdad que la humanidad de nuestra Iglesia se ha aliado muchas veces con los poderosos de turno a lo largo de su historia. Y muchas veces ella misma lo ha reconocido y ha pedido perdón. Se reconoce así: humana y pecadora, con sus luces y sombras.  Puede que le haya faltado contundencia, compromiso, testimonio y hasta credibilidad. Pero tus palabras parecieran negar que en ella vive el Espíritu de la Gracia de Dios que todo lo transforma y recrea y que la guía y sostiene a pesar de las tinieblas. ¿Se te olvida o ignoras intencionalmente todo el bien que esa Iglesia imperfecta ha hecho a lo largo de su historia? Te recuerdo que ella es mucho más que los obispos y la jerarquía (de la que tú y yo formamos parte por ser clérigos). Ellos, nosotros, somos apenas una pequeñísima parte del Pueblo DE Dios que tú buscas dividir y polarizar afirmando que solo una parte de él es digno y fiel por profesar una ideología política partidista que, además, pretendes equiparar a la propuesta evangélica escatológica de Mateo 25,32.
Hermano, te pregunto: ¿cómo puedes afirmar que los obispos venezolanos carecen de una mirada imparcial  sobre lo que sucede en el país cuando tu visión también está sesgada por la defensa a ultranza de algo que pudo haber sido pero que ya no es? ¿Por qué no anuncias y denuncias con profetismo evangélico el odio que reina entre nuestros hermanos y que tú pretendes obviar? ¿Por qué no hablas de las víctimas de la violencia tirana y que cada día engrosan cifras que no son publicadas verazmente en los medios de comunicación nacionales? ¡Oh sorpresa! la gran mayoría de esos medios son del Estado y los que no (los privados) están silenciados por una censura amenazante proveniente del mismo Estado. Una verdad que, aunque se pretenda callar brilla por sí misma. ¿Por qué no denuncias la escasez de alimentos, de medicinas, la moribunda asistencia hospitalaria, el adoctrinamiento en nuestras escuelas, las largas colas que hacen nuestros hermanos para comprar lo necesario para malvivir y subsistir en medio de una lucha por la supervivencia del más “vivo” o más desleal, la ausencia de salarios justos, el encarecimiento de la vida? ¿Por qué no hablas de paz, de la búsqueda del consenso partiendo del necesario disenso en un clima de verdadero diálogo sin reproches, amenazas, descalificaciones y abusos de poder? ¿Por qué no denuncias la corrupción, la desidia, la división, el revanchismo, el clientelismo, el “cuanto hay pa’ eso”, la falta de planificación, la falta de futuro, cordura, fraternidad, esperanza, fe, misericordia y amor? ¿Acaso esas denuncias no son también evangélicas y cuyo objeto constituye un pecado que clama al cielo?
Hermano: por empezar a anunciar y a denunciar lo que hay de pecado en nuestro país en mi incipiente y humilde ministerio diaconal he sido amenazado, descalificado como “güarimbero”, “extranjero” y “opositor apátrida”, incluso en medios de comunicación en donde graban, tergiversan y manipulan mis homilías con tal de crear una mentira convertida en verdad perversa, difundiéndola entre gente humilde y sencilla que cada día es adoctrinada para convertirla en una masa manipulable que cree luchar ciegamente por sus derechos cuando muchas veces es conducida a lo contrario. Y así como yo muchos hombres y mujeres de Dios, que no buscan otra cosa que la paz y la justicia evangélicas, se ven sometidos al escarnio público por ser consecuentes con su fe en un Dios providente, Padre de TODOS. No puedo negar que haya habido, a su tiempo, importantes reivindicaciones sociales para los más pobres en los últimos 18 años. Pero hoy, esos logros se han ensombrecido por la profunda degradación social que actualmente padecemos todos, en especial, los más empobrecidos.
Hermano: te recuerdo que el llamado a la desobediencia civil que tú pretendes criminalizar en tu escrito es un derecho de TODO ciudadano venezolano, consagrado en el artículo 350 de nuestra Constitución Nacional. Esa misma que ha sido violada reiteradamente por sus propios defensores y guardianes, y que hoy la pretenden desconocer implantando un Golpe de Estado institucional que desconoce la voz de la mayoría del pueblo venezolano que eligió la Asamblea Nacional. ¿Por qué no has denunciado proféticamente esa violación que postra a todo nuestro pueblo?  ¿Ese es el testimonio profético que das a la “aprofética” Iglesia venezolana?
Hermano Numa: ¿se te olvida que tú también eres “pastor” del Pueblo de Dios y que compartes esa labor junto con todos los presbíteros y obispos de Venezuela? Afirmas que, y cito, “aquí ya casi pereciera que ser cura y ser opositor al gobierno son sinónimos”. Y tienes razón, porque aquí no hay cabida para el disenso, para la libertad de pensamiento y de conciencia, que vayan en contra de las ideologías y los poderes de turno. Y esto no es un mal de ahora (a pesar de que se ha visto recrudecido en los últimos años) sino de hace mucho tiempo y gobiernos atrás. ¿Por qué no empleas tu fama y tu prestigio para sumar y multiplicar en vez de restar y dividir a una Iglesia y a un pueblo ahogado en la división y la polarización?  ¿No darías así mejor testimonio de profetismo cristiano? ¿No contribuirías a cambiarle la cara a esta Iglesia amartirial y aprofética que criticas con vehemencia?
Hermano: no soy ni de un bando político ni del otro. Tampoco un pusilánime o un indiferente. No tengo prebendas ni privilegios políticos partidistas. Tampoco soy un tarifado ni un apátrida. Soy un hombre de Dios, como tú, como muchos. Viví y vivo en carne propia la cruda realidad de patear las calles buscando el sustento, lo necesario para vivir, para repartir y compartir entre los pobres que tocan a la puerta de nuestra Parroquia. Te invito a que renuncies a tus privilegios de clérigo y religioso católico, te despojes de cualquier ventaja y salgas hoy a las calles de nuestra Venezuela en busca de pan, futuro, salud y trabajo, sin títulos, sin “palancas”, sin filiaciones partidistas, sin carnets ni identificaciones políticas, en el anonimato, así como lo hace muchísima gente de nuestro humilde pueblo que lucha día a día por sobrevivir. Estoy seguro que el poder de la cruda realidad te hará verla de otra manera.  Porque es muy fácil criticar desde posiciones privilegiadas y muy difícil construir y edificar desde abajo y sin derechos, como hacen muchos católicos, no creyentes y organizaciones de la Sociedad civil. Y esto mismo aplica también para los miembros de nuestra Iglesia que no dan testimonio creíble de su misión y que permanecen enclaustrados en sus sacristías y templos olvidándose del dolor y el sufrimiento de los pequeños de Dios, viviendo una fe estética sin compromiso evangélico por los otros.
Estimado hermano: sé que estas líneas que te escribo pondrán en peligro mi vida y la integridad de los que me rodean.  No me las doy de temerario ni de valiente.  Al contrario, temo y mucho; no al que puede matar al cuerpo sino al hecho de callar y convertirme en cómplice silente de las estructuras de pecado que hoy nos oprimen como pueblo.  Dios es el Dios soberanamente libre y que nos hace libres.  Y a su amparo me acojo porque no cuento con guardaespaldas.
Querido Numa: cuando quieras y puedas te invito a mi casa, a que nos conozcamos, nos sentemos y nos miremos a los ojos como hermanos y podamos dialogar en paz aunque partamos del necesario disenso; porque las diferencias han de sumar, no restar. También me gustaría brindarte un humilde café. Solo avísame con tiempo para reunir el dinero y poder hacer las colas necesarias para encontrar al menos un poquito para ofrecerte, si es que se puede y se consigue. Pido a Dios que te bendiga y nos bendiga; que envíe su Espíritu para que renueve la faz de la tierra noble de Venezuela y podamos convertirnos en un país mucho mejor de lo que somos y de lo que fuimos. Recibe mi más sincero abrazo fraterno en Cristo Jesús.
Con alegría, fe y esperanza, tu hermano
Rubén Darío Manzano Liscano CP

Caradura Karadima

Ojos en la Iglesia

Por María José Blanco– Diario La Tercera.
“El Papa nos pidió formalmente perdón, a nombre propio y de la Iglesia universal”. Esta fue una de las primeras frases que entregaron James Hamilton, Juan Carlos Cruz y José Andrés Murillo, tres víctimas de abusos sexuales por parte de Fernando Karadima, en una conferencia de prensa que ofrecieron al finalizar las reuniones que desde el viernes y hasta el lunes sostuvieron con el Pontífice, en el Vaticano, invitados por la máxima autoridad católica.
“Durante casi 10 años hemos sido tratados como enemigos, porque luchamos en contra del abuso sexual y el encubrimiento en la Iglesia. En estos días conocimos un rostro amigable de la Iglesia, totalmente diferente del que conocimos antes”, declaró Hamilton, en Roma.
Desde el 26 de abril, el Pontífice fue escuchándolos uno por uno, por separado y también juntos, respecto de su visión del expárroco de El Bosque y de las acusaciones que apuntan al obispo de Osorno, Juan Barros, por presuntos encubrimientos.
La recepción de Cruz, Hamilton y Murillo en la residencia Santa Marta, del Vaticano, marcó, para medios de prensa y organizaciones religiosas y laicas, un hito de acogida a víctimas de abusos cometidos por miembros de la Iglesia. Y se dio tras la visita a Chile y posterior informe que, a petición del propio Pontífice, elaboró el arzobispo de Malta, Charles Scicluna.
En ese contexto, Juan Carlos Cruz contó la frase que le dijo el Papa Francisco: “Yo fui parte del problema, yo causé esto y pido perdón”. Esas fueron, según Cruz, las palabras exactas del Pontífice.
En la reunión con Francisco, según señalaron los denunciantes -a través de un comunicado de prensa y de respuestas directas a los periodistas-, se conversó acerca del abuso sexual, de poder y de eventuales encubrimiento de obispos ante los testimonios.
En el documento expresan que “se trata de realidades a las que nos referimos no como pecados, sino crímenes y corrupción, y que no se agotan en Chile, sino que son una epidemia. Una epidemia que ha destruido miles de vidas de niños, niñas y jóvenes. Personas que confiaron y que fueron traicionadas en su fe y en su confianza. Hablamos desde la experiencia. Una, a la que otros no han logrado sobrevivir”.
Hamilton, Cruz y Murillo también dijeron que se comprometieron a enviarle “sugerencias” al Papa, subrayando que “no depende de nosotros que se lleven a cabo las necesarias transformaciones en la Iglesia para detener la epidemia del abuso sexual y el encubrimiento. Esperamos que el Papa transforme en acciones ejemplares y ejemplificadoras sus cariñosas palabras de perdón. De no ser así, todo esto será letra muerta”.
El balance y conferencia que hizo el grupo fue ampliamente cubierto por agencias y medios internacionales, como The New York Times, The Guardian y The Washington Post, entre otros.
Este encuentro de los tres denunciantes se da como antesala de la reunión que a partir del próximo 14 de mayo tendrán, también en el Vaticano, los 33 obispos de la Conferencia Episcopal de Chile, todos citados por el Pontífice, para darles a conocer sus conclusiones del informe que elaboró el arzobispo Scicluna, el cual consta de 2,300 folios y testimonios de 64 personas, en relación al caso del obispo Barros.
Justamente, fueron las denuncias de presuntos encubrimientos del prelado de Osorno las que marcaron la visita del Papa a Chile, en enero pasado, en la cual el Pontífice dijo -en Iquique- que “el día que me traigan una prueba contra el obispo Barros, ahí voy a hablar; no hay una sola prueba en contra. Todo es calumnia”.
Dicha declaración generó controversia y, posteriormente, que la máxima autoridad de la Iglesia Católica se retractara. Tras ello, en abril, envió la carta a los obispos chilenos, diciendo que “he incurrido en graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación, especialmente por falta de información veraz y equilibrada”.
Respecto de Barros, Juan Carlos Cruz aseguró que le contó al Papa el rol de ese prelado y de “algunos miembros de la Iglesia. “En el caso de monseñor Barros, yo le conté al Papa que no solo él, sino el obispo Ignacio Valenzuela (Talca), el obispo Andrés Arteaga (auxiliar de Santiago) y el obispo Tomislav Koljatic (Linares) veían cómo Karadima abusaba a jóvenes que estaban ahí. Él recibió esa información”.

Justicia civil

En la conferencia de prensa, los tres denunciantes también fueron consultados respecto de si iban a iniciar un proceso penal contra las personas que ellos acusan como supuestos encubridores de delitos en la Iglesia.
Hamilton se refirió directamente a dos cardenales chilenos: “Nos encantaría meterlos a todos a la cárcel, pero en Chile los abusos prescriben desde el punto de vista de la justicia penal a los cinco y 10 años”.

El testimonio del sacerdote que denunció a Karadima: “Era un relato muy descarnado, muy fuerte”

Fue en el año 2004 cuando Verónica Miranda, entonces esposa de James Hamilton, llegó donde el sacerdote y capitán de navío Gustavo Adolfo García Fuenzalida SSCC para compartir con él el testimonio de su pareja, quien le había confesado los abusos que, por años, sufrió por parte de Fernando Karadima, ex párroco de El Bosque.
Catorce años más tarde, el religioso mira con orgullo y alivio a Hamilton, junto a Juan Carlos Cruz y José Andrés Murillo en Roma. “Encuentro maravilloso este encuentro con el Papa. Lo había esperado desde siempre”, señala. 
Tras escuchar a Miranda, García la instó para elaborar una declaración completa para presentársela al cardenal Errázuriz. “Quedé espantado (…) ella me lo quería contar como una especie de confesión, pero le dije que tenía que ir más allá, que era una información que ameritaba que el arzobispo conociera (…) era algo que le podía estar pasando a otra personas, algo demasiado grave”, señala García, en conversación con Las Últimas Noticias.
“Detalles…”
Tras esto, cuenta, la mujer accedió y comenzaron a trabajar en la declaración. “Ella iba relatando y yo tipeaba. Fueron varias páginas (…) Era un relato muy descarnado, muy fuerte, yo le exigía detalles. La historia es muy larga, porque había empezado cuando Hamilton era estudiante. Hay cosas que no te puedo repetir porque son atroces y no quiero entrar en detalles por respeto a la persona. Era un a carta muy cruda, un relato de hechos escandalosos”.
Una vez completada y firmada la declaración por parte de Miranda, el sacerdote García llamó al cardenal Errázuriz, quien lo recibió al día siguiente en su casa y lo autorizó entregarle la carta al Tribunal Eclesiástico, dirigido en ese entonces por el religioso español Eliseo Escudero, quien finalmente sería el encargado de llevar a cabo la investigación en contra de Karadima.
Antes de entregar la declaración, García dijo haber tenido una “inspiración divina”. Sacó una copia de ella y se la dio a Miranda. “Él (Escudero) me preguntó si yo tenía otra copia y le dije que yo no tenía otra copia, por que yo no tenía otra copia (…) me pidió que borrara el archivo. A mí eso ya no me importaba porque la Verónica tenía su declaración”.
Luego de esto, García cuenta que pasaron años para ver algún resultado a lo realizado. “A mí no me dieron nunca una respuesta. Tiempo después me encontré con Errázuriz y me dijo ‘¿te acuerdas cuando fuiste a mi casa? Bueno, ese tema va a explotar en estos días’. Y explotó”.
Fuente: www.ahoranoticias.cl

La nueva vida de James Hamilton

Se acaba de volver a casar. Dejó de ir a misa. El más severo y persistente denunciante del sacerdote Fernando Karadima cerró un doloroso proceso tras el fallo judicial que develó la veracidad de su denuncia. Ahora, comienza una nueva vida, liberado de viejos miedos y ataduras.

Por Alejandra Matus/Producción: Paulina Wiegand- Revista PAULA.
James Hamilton es un cirujano de reconocido prestigio, la persona que puso de cabeza a la Iglesia Católica chilena con su implacable y valiente denuncia en contra del poderoso sacerdote Fernando Karadima. Y, sin embargo, su sonrisa persistente, el cigarro permanentemente encendido y la devoción con que mira a su nueva flamante esposa, Valérie Elgueta Rouveyrol, transmiten una cierta fragilidad, un candor similar al que transmitían los ex colonos de Colonia Dignidad al abandonar ese recinto. Un hombre redescubriendo su identidad y probando consigo mismo quién quiere ser el resto de su vida.
Un año y medio después de que Hamilton sorprendió al país con sus afirmaciones sobre los abusos de Karadima en el programa Informe especial, de TVN, la justicia dictaminó que él y los otros tres denunciantes dijeron la verdad. Tras este duro proceso, la decisión sorprendió al denunciante en paz y sin amargura, recién casado y preparando su luna de miel.
Atrás quedó la rabia y, mucho más atrás aún, quedó el miedo. El Hamilton de hoy habla tranquilo, abre su vida personal y sus reflexiones, con ese conocimiento que solo da la experiencia y que supera a cualquier discurso teórico.
Acabas de casarte y dices que tu esposa fue una de las razones que te dio fuerza para llevar a cabo este largo proceso de denunciar lo sucedido y reparar tu historia.
Sin duda, el amor por Valérie fue lo que me motivó a limpiar todas mis ataduras y legalizar mi nulidad eclesiástica. Ya tenía una relación con ella cuando presenté la petición de nulidad. Quería rehacer mi vida. Si no hubiera sido por eso, lo más probable es que me hubiera echado para atrás.
¿Pensaste renunciar, rendirte?
Muchas veces. Tal vez seguí adelante porque soy cirujano y los desafíos, la adversidad, para mí se convierten en un aliciente para seguir intentando.
¿Cómo viviste el día después a esa entrevista en Tolerancia cero, en marzo de este año, donde tildaste de criminal al cardenal Francisco Javier Errázuriz?
En ese momento casi todas las reacciones fueron de apoyo. Lo que sucede es que lo que yo dije resonó en muchas personas que probablemente también han sido víctimas de algún tipo de abuso. Ellas sabían que yo no estaba equivocado. Cuando la verdad tiene fundamentos, dentro de nuestra cobardía natural, encontramos valentía.
Durante el proceso judicial tuviste que carearte con Karadima. ¿Cómo fue ese encuentro?
Fue reconfirmar de boca de él los hechos. No porque los reconociera, aunque reconoció algunos, sino por sus silencios, por su defensa en el secreto de confesión. Pero encontrarme con él fue sumamente desagradable, porque él es un abusador perverso, una persona que permanentemente viola los límites. Me saludó de mano e inmediatamente me tomó el codo, trató de acercarse. Incluso me preguntó por mis hijos, como si no hubiera pasado nada. Es un agresor.
Dijiste que habías pagado un costo alto por decir la verdad. En tu caso, ¿cómo se expresó?
Viví un momento muy duro. Tuve mucha rabia y me aislé. Rompí lazos con mi familia, mis amigos y Valérie.
¿Caíste en alcoholismo o actitudes autodestructivas?
Ni siquiera. El dolor no te permite distraerte. Es un garfio que te atraviesa las entrañas, te inmoviliza, te paraliza.
¿De qué periodo estamos hablando?
Invierno y primavera del año pasado; y verano de este. En pleno proceso judicial.
¿Cómo era tu rutina en ese periodo?
Nada. Llegaba a la casa del trabajo y me encerraba. No quería hablar con nadie ni ver a nadie.
Esa rabia que sentías, ¿contra quién era?
Contra mí mismo.
¿Por qué?
Prefiero no hablar de eso.
¿Cómo saliste?
Llegó un minuto en que me dije: “No puedes seguir viviendo así”. Desde el fondo de ese pozo en el que caí, empecé a valorar lo importante que es el afecto de tus seres amados. Descubrí que no hay nada más importante y que tenga más valor que eso. Después de muchos meses de sufrimiento en soledad, levanté cabeza cuando descubrí lo que es verdaderamente importante.
Verdad sanadora
¿Cómo tomas la decisión judicial que, por un lado, deja establecidos los hechos, pero por el otro absuelve?
De dulce y agraz. Por un lado queda completamente establecido el caso. Por otro, cuando tú tienes un delincuente que delinque en forma consuetudinaria, el tema de la prescripción es muy cuestionable, porque desde el punto de vista médico y de criminalística este tipo de personas nunca deja de abusar. No hay que olvidarse que estos patrones están muy estudiados en todo el mundo. Se sabe que estas personas deben ser aisladas de la sociedad, o controladas, porque no se rehabilitan. En este sentido, creo que es obligación del Estado procurar la protección de sus ciudadanos tomando las medidas que corresponden.
¿Esto lo van a plantear ustedes como apelación o esperan que las cortes actúen de oficio?
La verdad es que estamos muy satisfechos con la investigación y con lo que el fallo ha mostrado. Creemos que esto ya es responsabilidad de la sociedad y del Estado, con sus organismos garantes. Cada cual tiene que hacerse responsable de lo que le corresponda. Nosotros ya nos hemos hecho más que responsables de lo que nos ha correspondido. El hecho de que el fallo saque a la luz toda esta red de abuso, con su cabecilla, me permite descubrir que la vida no es solo esto, que sigue adelante, que puedo seguir con mi actividad profesional y, por encima de todo, abrazar un proceso de sanación que me permitió constituir una nueva familia. Para mí ha sido un regalo enorme de la maduración en el tiempo.
¿Es el regalo de la verdad?
Creo que lo importante es que la gente sepa que siempre la verdad tiene un costo y que ese costo puede ser muy alto. Pero cuando la verdad aflora, la posición en la que uno queda posteriormente es muchísimo mejor de aquella que estaba al comienzo. Así que, a pesar de que todos le hacemos el quite al sacrificio, la búsqueda de la verdad, lo vale. No solo por un concepto ético, sino que porque produce un bienestar humano. Pero ha sido un camino muy difícil, en que creo que la resistencia se debió a la unidad del grupo de denunciantes. En medio de las peores dificultades nunca perdimos el sentido del humor. Poder reírse de la propia tragedia significa que uno está encaminado a la sanación.
¿Cómo se expresaba ese humor?
Cuando nos juntábamos a evaluar cómo íbamos, cada uno llegaba más destrozado que el otro, agobiado, frente a un clima y a una expectativa sumamente adversa. Pero nunca faltó la talla. Nos reíamos un poco de manera cruzada de lo que íbamos viviendo y que era distinto para cada cual, en edad, en contextos laborales y personales. Llegábamos adonde nuestro abogado, Juan Pablo Hermosilla, a llorarle penas y terminábamos riéndonos de nosotros mismos. Estar ahí y poder juntarnos ya era un gran paso. Estar ahí y saber que no estábamos solos, nos confirmaba la delincuencia que habíamos vivido.
Romper la soledad fue un primer triunfo.
Es que antes de eso estábamos compartimentados, sin que pudiéramos hablar entre nosotros ni saber lo que le ocurría al otro, en un sistema de control total. Compartir nuestras experiencias fue un alivio gigante. Descubrir que había un patrón común, actos y técnicas de sometimiento similares, nos daba esa gran certeza de que no era uno el equivocado. La soledad hace que el abuso se enquiste. El abusador siempre quiere aislar a su víctima, las mujeres abusadas por el marido, los niños abusados, los empleados abusados en la empresa, las nanas abusadas por el patrón, porque así el abuso se perpetúa.
Héroe a la fuerza
Volviendo al punto de inicio. Cuando tienes que tomar la decisión de hablar y aún no podías prever el fin del camino y ante ti solo se mostraba el precio que tendrías que pagar. ¿Qué te motivó a hablar?
Los hechos se desencadenaron por el proceso de nulidad eclesiástica de mi primer matrimonio. Ese proceso fue durísimo, porque fue la primera experiencia de profunda decepción con las autoridades eclesiásticas. Fue perder la ingenuidad.
¿Tú estabas pidiendo la nulidad?
Sí. Los fundamentos estaban dados por lo que hoy todo el mundo sabe (los abusos de Karadima), pero que en ese momento se suponía que era algo archisecreto. Me pidieron un primer borrador de unas veinte páginas, donde me preguntaron prácticamente de todo, y yo lo hice, con mucho dolor. Expliqué cómo lo que viví fue desequilibrante en mi relación de pareja y cómo comprometió la libertad que uno debe tener a la hora de decidir casarse. En un momento, y para mi sorpresa, se filtró la información y me vi en la obligación de fundamentar. Ahí empieza una serie de manipulaciones del proceso, muy dolorosas para mí, porque en ese momento era solo mi palabra y no tenía confirmada la existencia de otras víctimas. Fue en ese contexto que me vi en la obligación de fundamentar y no me quedó otra que buscar testimonios de gente que hubiera vivido lo mismo que yo, para que fueran testigos.
¿Habías oído que existían o cómo los encontraste?
Sospechaba, porque eran personas que yo conocí, que eran sumamente valiosas y que súbitamente se habían alejado de esta parroquia. Además, habían sido degradadas, con calificativos poco menos que de endemoniados. Mientras más los denostaban, más me llamaba la atención y más dudas me provocaba su alejamiento.
¿Cómo fue para ti esa experiencia de verte en el diario?
Un shock. Lo primero que hice fue tratar de avisarle a Valérie, mi señora, lo que estaba pasando y luego al director de la clínica donde yo estaba trabajando, porque ya anteriormente esta red de delincuencia había logrado, gracias a miembros que pertenecían a la Clínica Alemana, que me echaran de ahí. Me vi en la necesidad de proteger mi trabajo y de hablar con el director para que supiera que yo no estaba detrás de esto. Y ahí se desencadena todo. Apenas pocos días antes de que apareciera la información en la prensa, con Juan Carlos (Cruz) y Andrés (Juan Andrés Murillo) habíamos contactado al abogado Juan Pablo Hermosilla, previendo que esto se iba a abrir en algún momento. Y cuando esto estalla, buscamos la manera de defendernos y así, en cuestión de días, se arma el Informe especial, donde contamos nuestra cruda verdad. La reacción fue como un terremoto, de violencia extrema.
A qué te refieres con actos de violencia. El despido de la Clínica Alemana, ¿qué más?
Por ejemplo, cuando hice la denuncia, me pidieron un análisis siquiátrico. Fueron dos sesiones. En la primera de ellas el siquiatra me entrevistó apenas por media hora sin demostrar mucho interés. En la segunda, en que yo suponía que íbamos a ahondar en la conversación, el profesional ya tenía redactado un informe de seis o siete páginas con sus conclusiones respecto de mi personalidad. Eso fue muy doloroso, porque hasta ese momento yo pensaba que me iban a escuchar. Aún creía que iba a haber un proceso auténtico. Me sentí manipulado. Y después cuando ese informe se filtró a la prensa, sentí un golpe demoledor. Me sentía infinitamente solo. Si consideramos la magnitud de las fuerzas que tuvimos que enfrentar, el mito de David y Goliat queda chico. Nosotros no teníamos ni una piedra, ni una honda para lanzar. Esto llegó a un momento de clímax cuando me intentaron hacer firmar una declaración de ocho puntos, de los cuales tres eran completamente falsos. Y yo me negué.
¿Cuáles eran esos puntos falsos?
Se trataba de que asumiera una condición de homosexual, que no soy, y también se intentaba que quedara establecido que yo me había confesado de todas estas tropelías con el mismo Karadima, lo que tampoco era cierto, pero era importante para ellos, porque disminuía mi credibilidad como denunciante y les permitía entorpecer la investigación eclesiástica. En ese momento ocurre una nueva filtración del proceso canónico, esta vez a la prensa. Primero a La Tercera y luego a La Segunda, con mi foto y todo.
¿Cómo te preparaste para esa batalla?
No me preparé. Yo no busqué asumir este papel. Las circunstancias me obligaron. No quiero que la gente piense que tengo alguna cualidad especial o valentía sobrenatural. Solo fui un héroe accidental. Si me pides una receta de cómo hacerlo, no soy capaz de dártela.
Regreso a la vida
¿Cómo lograste que tu relación con Valérie sobreviviera tu paso por el infierno?
Ha sido un proceso maravilloso de recuperación de mi habilidad para tomar decisiones libres, voluntarias y conscientes, y todo gracias a esa fuerza indefinible que es el amor. Valérie y yo rompimos y estuvimos separados durante esos largos meses que duró mi aislamiento. Pero cuando me di cuenta de que la estaba perdiendo, intenté recuperarla. Sé que la expresión es cursi, pero pensé que si nuestro amor era fuerte y verdadero, tendría que soportar esta prueba. Ella fue muy cariñosa, pero también muy prudente, hasta que llegó el día en que, figurativa y literalmente, me tendió la mano.
¿Cómo fue? ¿Qué pasó?
Yo la llamé. Nos vimos, nos miramos a los ojos, ella me extendió la mano y sobraron todas las palabras.
Ahora que el proceso judicial termina un ciclo. ¿Qué lecciones te deja? ¿Cómo te cambió esta experiencia?
Ha sido un proceso de liberación y despertar. De volver a la autenticidad después de vivir muchos años anestesiado. He descubierto que el amor, el respeto, la bondad y la belleza no son monopolio de ningún credo. En el momento en que aceptamos ese monopolio, caemos en la esclavitud y el abuso.
Declaraste en la entrevista de Chilevisión que ya no eres católico. ¿Todavía crees en Dios?
He adquirido la maravillosa libertad de dudar de su existencia.

Ecce homo

Por Alfredo Gildemeister- Lucidez.pe
Relata Santa Catalina Emmerich en el libro “La amarga pasión de Cristo”, libro en el que se inspirara Mel Gibson para su célebre y controversial película “La pasión de Cristo”, lo siguiente: “Jesús, cubierto con la capa colorada, con la corona de espinas sobre la cabeza y el cetro de caña entre las manos atadas, fue conducido de nuevo al palacio de Pilatos. Resultaba irreconocible a causa de la sangre que le cubría los ojos, la boca y la barba. Su cuerpo era pura llaga; andaba encorvado y temblando. Cuando Nuestro Señor llegó ante Pilatos, este hombre débil y cruel se echó a temblar de horror y compasión, mientras el populacho y los sacerdotes, en cambio, seguían insultándole y burlándose de Él. Cuando Jesús subió los escalones, Pilatos se asomó a la terraza y sonó la trompeta anunciando que el gobernador quería hablar. Se dirigió al Sumo Sacerdote, a los miembros del Consejo y a todos los presentes y les dijo: ‘Os lo mostraré de nuevo y os vuelvo a decir que no hallo en él ningún crimen’.
Jesús fue conducido junto a Pilatos, para que todo el mundo pudiera ver con sus crueles ojos, el estado en que Jesús se encontraba. Era un espectáculo terrible y lastimoso y una exclamación de horror recorrió la multitud, seguida de un profundo silencio cuando Él levantó su herida cabeza coronada de espinas y paseó su exhausta mirada sobre la excitada muchedumbre. Señalándolo con el dedo, Pilatos exclamó: ‘Ecce homo’ (‘He aquí el Hombre’)”. Santa Catalina Emmerich narra este episodio en base a lo que Dios le mostraba por medio de visiones. Estas visiones de toda la pasión fueron recogidas por el poeta alemán Clemente Bretano, quien permaneció al pie de la cama de la santa transcribiendo todas las visiones que la santa le relataba. Finalmente, la obra fue publicada en 1833, obra que transcribe todas las visiones de Emmerich desde la última cena de Jesucristo hasta su resurrección.
El evangelista San Juan narra también este hecho, cuando un Pilatos acobardado, muestra a la multitud a un Jesús destrozado físicamente luego de la flagelación y la coronación de espinas, diciendo: “Aquí tenéis al hombre”. ¿Pero qué dicen los historiadores y los científicos al respecto? ¿Realmente fue Cristo destrozado físicamente tal como narran los evangelios y Santa Catalina Emmerich? De acuerdo con los estudios científicos realizados sobre el famoso sudario de Turín, esto es, el sudario con el que José de Arimatea, Juan y las santas mujeres envolvieran el cuerpo de Cristo luego de ser descendido de la cruz, y la imagen allí impresa de la cual cada vez existen más pruebas científicas que apuntan que podría ser la imagen de Jesús, los médicos calculan que Jesús debió de ser un hombre alto y fuerte, de una altura aproximada de 1,80. El rostro mostrado por el santo sudario es el de un hombre de raza judía: nariz larga y fina, ojos grandes y hundidos, cabellos abundantes y lacios, peinados con raya en medio y melena larga, bigote y barba partida ligeramente en dos, labios finos, aunque no con exceso. Algo que sorprende del sudario es la grandeza, la serenidad y la majestuosidad del cadáver, pese a observarse que fue martirizado.
Como bien señala en su libro “El sudario de Cristo”, Manuela Corsini de Ordeig: “Todo su cuerpo está cubierto de heridas y golpes, llagas y equimosis y como ‘arado’ por instrumentos hirientes. Las señales de los azotes están repartidas por todo el cuerpo, en forma de diminutos abanicos formados por pequeños hematomas de tres en tres o de dos en dos. Hasta por el vientre y los muslos se encuentran estas señales, demostrando la fuerza del castigo y el enroscamiento de los látigos; únicamente faltan en los antebrazos, que debieron permanecer en alto, atados o tensos y apartados de las zonas flageladas. Se pueden contar 97 golpes de látigo (61 en la espalda y parte dorsal del cuerpo y 36 por el delantero). A estos 97 golpes corresponden seis heridas por cada uno, ya que el “flagrum” o el “flagellum” con que fue azotado constaba de tres, o de dos correas o cuerdas en cuyas puntas había dos bolitas de plomo u otras veces una taba de cordero; las correas eran largas y reunidas en una sola empuñadura. Por el estudio de la dirección de las llagas se ha concluido que fue azotado por dos verdugos de diferente estatura, situados uno a la izquierda y otro a la derecha, castigando cada uno la parte del cuerpo contraria al lado en que se hallaba”. De acuerdo con los historiadores, éste era el estilo romano de flagelación y no el judío. La forma judía constaba de 40 latigazos menos uno. La ley penal romana no fijaba el número de azotes y lo dejaba al arbitrio de los verdugos o a su cansancio. De la pena de flagelación muchos reos no salían vivos y morían allí mismo por los golpes que repercutían en los órganos internos y en la columna vertebral. Las heridas en toda la cabeza demuestran que la corona de espinas fue trenzada por los soldados romanos no en forma de aro sino de casquete puesto que las huellas de sangre más abundantes están precisamente en lo más alto de la cabeza, por lo que debió de ser un aro de juncos en el que se trenzaba todo un entramado de ramas espinosas que formaba un casco.
Para que se tenga una lejana idea de lo que fue pasión, científicamente e históricamente fundamentada, en esas condiciones físicas comenzó Cristo el recorrido hacia el Gólgota o Calvario. A ello hay que agregarle que, como todos los condenados a la muerte de cruz en aquella época, no llevó la cruz completa, sino solamente el palo transversal o “patibulum”, razón por la cual, la espalda y los hombros se encuentran materialmente destrozados, primero por la flagelación y luego por el efecto del roce con un cuerpo áspero y pesado que gravitó sobre ellos, como es el pesado madero transversal de la cruz. Cuenta santa Catalina que mientras Jesús sufría estos insultos, laceraciones, golpes, escupitajos y mil formas más de dolor, Él rezaba por nosotros y perdonaba a sus verdugos.
Que estos simples apuntes nos ayuden en esta semana santa, a meditar lo que Cristo sufrió por nosotros en su pasión, sufriendo cada latigazo, golpe y dolor por cada uno de nosotros. Acompañémoslo en su pasión, así como Juan y las santas mujeres acompañaron a María hasta el Calvario.

Amaterasu (cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia)

Por Ricardo Vásquez Kunze– Político.pe
En la mitología japonesa Amaterasu es la diosa del sol o de la luz, la número uno del panteón de los inmortales. De ella desciende, según la leyenda, la dinastía imperial del Sol Naciente que lleva ininterrumpidamente en el trono del Crisantemo más de 2000 años.
Pese a ser la diosa más poderosa Amaterasu tuvo que pasar por momentos muy difíciles, y su poder se eclipsó brevemente por las maniobras de su hermano Susanoo. Él sumió al mundo en las tinieblas, según cuenta la leyenda nipona, luego de haber sido la luz en los ojos de su hermana. Se rebeló contra ella con éxito, al parecer envidioso con la repartición del cielo, la noche y los océanos que hiciera su padre.
La actitud ofensiva de Susanoo llegó al colmo de arrojar excrementos al palacio de su hermana mientras, embriagado de poder, cegaba los campos de arroz y esparcía las plagas por el mundo. La reacción de Amaterasu fue encerrarse en una cueva y despreciar olímpicamente, si cabe el término, al mundo del que su hermano se había apoderado. Con su autoexilio la luz dejó de brillar sobre la faz de la tierra, y muy pronto las cosechas se marchitaron y los hombres y los dioses empezaron a extrañar el reinado de Amaterasu y a odiar el de Susanoo.
Ante las súplicas, Amaterasu permaneció impasible hasta que un día recibió en la entrada de su cueva un obsequio que atrajo su atención: un espejo. El brillo de su propio reflejo fue tal que la diosa quedó hipnotizada frente a su cueva y, al salir, fue rodeada de dioses y hombres que le rogaron acabar con la oscuridad de la tiranía y corrupción que el gobierno de Susanoo había traído.
Frente a esa solicitud, Amaterasu accedió y encerró a su hermano en la cueva. Entonces reinó nuevamente la paz y brilló la luz en la tierra y el equilibrio se reinstauró con el triunfo de Amaterasu.

Acuerdo de gobernabilidad

CONFERENCIA EPISCOPAL PERUANA
ANTE LA CRISIS ACTUAL
Hace dos meses hemos celebrado con el Papa Francisco días bellos que marcan nuestra memoria. Hoy nos encontramos ante una inmensa crisis política. “Cuando se trata del bien del Perú, no han de regir intereses particulares sino el Bien Común de la Patria”. (CEP, 18 de diciembre 2017)
1. Constatamos un proceso sistémico de corrupción causado por el divorcio entre ética y política, reforzado por ambiciones personales y de grupo, agudizado por la impunidad y maltratado por un sistema que soslaya la justicia.
2. Hemos llegado a un punto de quiebre político. Un nuevo comienzo exige no solo un cambio de mando sino la recuperación ética y moral del país en todos los niveles, porque los altos niveles de corrupción roban la esperanza, especialmente de los pobres y de los jóvenes. «Los heridos están ahí. El desempleo es real, la violencia es real, la corrupción es real… El vaciamiento de la democracia es real. La gangrena de un sistema no se puede maquillar eternamente porque tarde o temprano el hedor se siente». (Carta del Papa Francisco 10-2-2017).
3. Cumplir el deber constitucional de gobernar es una responsabilidad de todos los poderes del Estado. Ninguna autoridad puede sentirse eximida. Quien asuma el liderazgo del Perú debe promover y recibir el apoyo de todas las fuerzas sociales para generar paso a paso un ‘Acuerdo de Gobernabilidad´.
4. Convocamos a los ciudadanos para asumir los cargos públicos, conscientes del compromiso de servir a la patria y no servirse de la política para sus propios intereses. Hacemos un llamado a la responsabilidad de aquellos que tienen mucho por aportar y no lo hacen, desinterés presente, desgraciadamente desde la juventud.
5. En este momento crucial urge poner en primer lugar el Bien Común ante los intereses particulares. Recuperemos los valores éticos y morales que han construido la esencia de nuestra peruanidad. No hay nada más contrario al mensaje cristiano que el individualismo: vivir sin prójimos y aprovecharse de ellos.
Queremos caminar con todos los ciudadanos para participar vigilantes en los procesos que promuevan la vida y la institucionalidad democrática del país, “y así forjar un Perú que tenga espacio para todas las sangres, en el que pueda realizarse la promesa de la vida peruana”. (Discurso del Papa Francisco,19/01/2018).
Que el Señor nos bendiga para hacer grande nuestro Perú.
Lima, 22 de marzo de 2018
+ Miguel Cabrejos Vidarte OFM Arzobispo Metropolitano de Trujillo y Presidente de la CEP
+ Pedro Barreto Jimeno SJ Arzobispo Metropolitano de Huancayo y Primer Vicepresidente de la CEP
+ Robert Prevost OSA, Obispo de Chiclayo y Segundo Vicepresidente de la CEP
+ Norberto Strotmann MSC, Obispo de Chosica y Secretario General de la CEP

El aprendiz de Montesinos

Por Aaron Salomón– Político.pe
Saltó la pus. El material audiovisual difundido no ha hecho más que recordarnos la podredumbre de la política peruana. Al igual que en tiempos de Vladimiro Montesinos operadores del gobierno del renunciante Pedro Pablo Kuczynski, como su aliado Kenji Fujimori y sus caricaturescos ‘Avengers’, ofrecían a los parlamentarios obras para sus respectivas regiones con la condición de que rechacen el nuevo pedido de vacancia.
Parece que el benjamín de los Fujimori aprendió muy bien la lección de su tío el ‘Doc’: en setiembre del 2000, las sucias artimañas de este exasesor presidencial -hoy justamente encarcelado fueron puestas al descubierto cuando salió a la luz un sórdido video en el que se le veía entregándole 15 mil dólares a Alberto Kouri para pasarse a las filas de Perú 2000, el partido de gobierno de este entonces. Ese fue el inicio del fin para el régimen de Alberto Fujimori.
Y el mismo destino corrió el régimen de un endeble PPK, quien fue tan caradura que no hizo un mea culpa y culpó a la oposición de su dimisión. Atrás quedaron los esfuerzos de sus allegados. No valió que el escudero oficialista Juan Sheput afirmara que el Gobierno no tenía nada que ver en esta crisis. Tampoco que Mercedes Aráoz refunfuñe y argumente que todos los congresistas les tocan la puerta para pedir ayuditas.
¿Mal de muchos, pecado de tontos? No, señora: los peruanos nos cansamos de ser los tontos de la película. Francamente es inentendible la férrea defensa de algunos políticos, cuyos nombres deben ser anotados en una lista negra para no cometer nuevos errores en comicios venideros.
Y es que, como reseña el diario Correo (21/03/2018), la transcripción de los ‘kenjivideos’ es vomitiva.
No, Kenji. No son meras “fanfarronerías”. El congresista Bienvenido Ramírez le narra a su colega parlamentario Moisés Mamani el provecho que ha obtenido al apoyar a PPK, tales como obras y puestos importantes. “En menos de una semana me dieron las obras. Me dieron las direcciones regionales de mi región, de Tumbes. Puse al director del proyecto Puyango, puse al director del PCI, puse al director de Agroideas, estoy poniendo ahorita el prefecto de Tumbes, estoy poniendo ahorita Produce, estoy poniendo Senasa”, se ufana el médico que recomendaba evitar leer para no tener Alzheimer.
En otra reproducción se observa que el parlamentario Guillermo Bocángel, Kenji Fujimori y su asesor Alexei Toledo intentan compra la conciencia de Mamani contándole de las deliciosas comiditas con Kuczynski. Ahí, Fujimori tiene el descaro de tranquilizar a su otrora correligionario diciéndole que no se preocupe por la Fiscalía porque tendrá al Gobierno de su lado. “En la vida hay que tomar decisiones difíciles. (…) ¿Por qué te va a perseguir la Fiscalía si vas a tener del lado al Gobierno?”, sentencia el hermano de Keiko.
También el mismísimo abogado de Kuczynski, Alberto Borea, hace su aparición y le facilita el número del ministro de Transportes y Comunicaciones, Bruno Giuffra, quien a su vez intentó negociar con Mamani según los últimos audios propalados. A él se suma el destituido gerente de políticas de la Sucamec, Fredy Aragón, quien da cátedra del oscuro “negocio de los congresistas”. Todo un rosario de mercaderes.
Pero esta historia no acaba con la renuncia de Pedro Pablo Kuczynski y la asunción de Martín Vizcarra. Kenji Fujimori, Guillermo Bocángel y Bienvenido Ramírez, además de Mercedes Aráoz y Carlos Bruce, serán desaforados. Tras ello, los mencionados tendrán que afrontar una investigación fiscal por presunto cohecho, cuya pena máxima es de cinco años de cárcel efectiva.
El menor de los Fujimori –cuya agenda seudoliberal logró atraer a sectores de izquierda– si bien en diciembre del año pasado logró salvar a PPK hoy hace que se vaya prematuramente a hacer ejercicios a su vivienda de Choquehuanca Street (si es que no llega a escaparse a EE.UU.). Y así parece haber acabado la carrera política del hijo predilecto de Alberto Fujimori, aunque, pensándolo bien, en el Perú todo puede suceder (y renacer).

Obispos chinos

La necrológica de los obispos chinos en L’Osservatore Romano

Una pequeña señal de la pasión por la unidad de la Iglesia en China

Por Gianni Cardinale- www.30giorni.it
Es sabido que L’Osservatore Romano publica en segunda página, bajo el título “Luto en el episcopado”, las noticias de la “piadosa muerte” y de la “imprevista muerte” de todos los obispos católicos fallecidos apenas la noticia de su muerte llega al Vaticano. De modo que cuando en el periódico vaticano del 8 de abril apareció el necrológico del prelado chino Miguel Huang Woze, obispo de Nanchong, fallecido el 22 de marzo a la venerable edad de 99 años, el hecho podía parecer normal. En realidad no es así. Se trata de un acontecimiento inédito; y de un pequeña “revolución periodística”, aunque no sólo es eso. Es la primera vez que L’Osservatore Romano da la noticia oficial de la muerte de un obispo chino ordenado después de la ruptura del régimen comunista de Pekín con la Santa Sede.
Hasta ahora en las publicaciones oficiales vaticanas los casi 130 (*) obispos chinos simplemente no existían, ya fueran “oficiales” (reconocidos por el Gobierno) –con aprobación de la Santa Sede y sin ella– ya fueran “clandestinos”. Ninguno de estos obispos aparece en el Annuario pontificio, el “¿quién es quién?” oficial del Vaticano. Ni muchos menos L’Osservatore Romano publica en la primera página los nombramientos de los nuevos obispos chinos reconocidos por la Santa Sede, como hace, en cambio, con las demás diócesis del mundo. Y el diario vaticano tampoco publica las noticias necrológicas. Por lo menos hasta el 8 de abril. Ese día, como decíamos, fue recordada la figura de monseñor Huang Woze, obispo “oficial” y reconocido por la Santa Sede. Y no se trató de una necrológica de circunstancias. L’Osservatore Romano, tras recordar que «el solícito pastor seguía visitando las parroquias de su vasta diócesis incluso durante los últimos meses de vida, pese a que padecía diabetes», escribía: «todos los que han tenido la suerte de visitarle refieren con cuánto amor les enseñaba la foto del Santo Padre, Juan Pablo II, único objeto ornamental de su modesto despacho».
El 9 de mayo apareció la necrológica de monseñor Francisco Javier Guo Zhengji, de 91 años, obispo de Bameng, él también “oficial” y en comunión con Roma. En este caso L’Osservatore Romano del 16 de mayo publicó en la página 4 una crónica de los funerales en la que se subrayaba que también participaron en el rito fúnebre «los fieles de la comunidad “clandestina”», lo que fue «una señal más de la “pasión por la unidad” que anima a la Iglesia en China», «una señal de esperanza y colaboración». «Los fieles de la comunidad “clandestina”», añadía el periódico, «han querido manifestar su respeto al obispo y unirse a los hermanos de la comunidad “oficial”, reafirmando su convicción de las dos comunidades son una única familia».
Pero después del 8 de abril la atención del diario de la Santa Sede no se ha concentrado sólo en los obispos chinos en comunión con Roma, aunque “oficiales”. L’Osservatore Romano del 30 de mayo publicaba en la página 5 una noticia que había aparecido en la agencia Fides de la Congregación para la evangelización de los pueblos, sobre los funerales, celebrados el 24 de mayo en la Catedral de Tianshui, de monseñor Agustín Zhao Jing-nong, fallecido el 16 de mayo a la edad de 95 años. En este caso el periódico evitó publicar la noticia en la sección “Luto en el episcopado”, pero trató a monseñor Zhao con los títulos de «excelencia” y de «prelado». Zhao Jing-nong era de hecho el obispo “oficial” de Tianshui, válidamente consagrado, pero no reconocido por la Santa Sede. Este tratamiento distinto por parte del diario vaticano podría estar motivado por el hecho de que el prelado en cuestión, aunque se había reconciliado con la Santa Sede en los últimos años de su vida, no había llegado, sin embargo, a una legitimación. Fides y L’Osservatore Romano concluían así su recuerdo: «Monseñor Agustín Zhao era considerado por todos un hombre bueno y justo. Los sacerdotes de Tianshui refieren que siempre han visto en las manos del prelado un Rosario, a no ser que estuviera comiendo o haciendo otras cosas».
(*) Recientemente La Civiltà Cattolica –cuyas galeradas como es sabido se corrigen en la Secretaría de Estado– escribía: «[En China] la Asociación patriótica católica oficial ha de tener 79 obispos, y la Iglesia subterránea 49. Pero la Santa Sede reconoce muchos obispos de la Asociación: con otras palabras, los dos tercios casi de los obispos estarían de facto reconocidos por Roma» (6 de marzo de 2004, pág. 505).

País de la esperanza

EL VUELO PAPAL

Crónica-testimonio de la periodista peruana Fátima Saldonid sobre su viaje junto al Papa Francisco al cumplirse un mes de dicha experiencia

Escribe: Fátima Saldonid-www.laabeja.pe
Cuatro de la madrugada. Me recogen del hotel para ir al aeropuerto. Estoy despierta desde las dos. He dormido dos horas. No puedo con la ansiedad. El frio me congela. Contrasta con la calidez de los romanos. Tan afectuosos. Tan atentos. Veo a través de la ventana las calles de Roma. La ansiedad va en aumento. El aeropuerto de Fiumicino me recibe. Ya están ahí muchos colegas. Hay que entregar maletas. Cada una con una tarjeta que nos identifica. Me encuentro con colegas chilenas. Son encantadoras y están expectantes como yo.
Martiza Tapia de Radio Cooperativa de Chile, Soledad Vial de El Mercurio me acogen. Hay veces en que además de la unidad periodística necesitas la femenina. Me dicen que esté atenta. Que no hay sitios asignados para nosotras. Sólo los tienen los camarógrafos, los fotógrafos y los de radio. Lo tiene Maritza, entonces. Bromeamos con ella.
Subimos al autobús que nos conduce al avión. Mi ansiedad va en aumento. MIguel Ángel Huamán mi camarógrafo me mira. Cuatro días de trabajo intenso nos han enseñado a comunicarnos con un lenguaje no verbal. ¡Atentos a todo! Y de pronto el avión de Alitalia nos espera con la bandera italiana y la del vaticano. Es un Boeing de 252 pasajeros. Es el 777/200. El Sastriere. Toma su nombre de una ciudad italiana. La ruta normal de Roma a Santiago es denominada AZ 688. Pero es un vuelo papal. Y entonces decimos que es un AZ 4000. Estamos a bordo 120 pasajeros. De los cuales somos 73 periodistas.
El ingreso es la locura. Como niños todos corren a tomar la mejor posición. Me aturdo un poco. Soledad Vial está ubicada en la sexta fila. Me llama con la mirada. Tengo un asiento. Estamos juntos Ghiovani Hinojosa de La Republica, Juan Pablo Iglesias de la Tercera de Chile, Soledad del Mercurio y yo de Tv Perú. El corazón se me acelera. Estoy aquí.
Despegamos. Mi mente también. Tengo en mis pensamientos a muchas personas. Rezo. Me encomiendo al Espíritu Santo. De pronto todo empieza a moverse en una coreografía perfecta. De las cortinas aparece Monseñor Matteo Bruni Jefe de Prensa del Vaticano. Todos en su sitio. Tengo el celular listo. Y de pronto frente a mí el Santo Padre. Me paralizo. Lo observo. Lo escucho.
Greg Burke el portavoz del Vaticano nos entrega una foto. El Papa Francisco nos dice que la imagen es la de un niño que espera su turno en el crematorio para su hermanito muerto que carga en la espalda. Es la foto que tomó Josph Roger O’ Donnell fotógrafo americano después del bombardeo atómico en Nagasaki. La tristeza del niño se expresa en sus labios mordidos y rezumados de sangre. Veo la imagen y se me parte el alma. Pienso en mis hijos. Nicolás y Joaquín. Es el fruto de la guerra nos dice el Santo Padre.
El momento esperado está por venir. El Papa Francisco empieza a acercarse uno por uno. Tengo tantos encargos. Ya previamente he coordinado con Matteo Bruni. Solo un par de regalos. El resto lo vemos después.
Se acerca a mí. Pero antes me mira. Tan profundamente y con tanta bondad en sus ojos que me inclino y le beso el anillo. Quizás es uno de los momentos que recuerde antes de morir.
Le cuento que al enterarme que estaría junto a él en este vuelo, lo conté en las redes sociales y pedí que si alguien tenía un familiar enfermo o en alguna necesidad grave me diera su nombre para pedirle al Santo Padre su bendición para cada una de las personas
Le dije que empecé la lista a mano. Y que luego me desbordó y llegó a dos mil personas. Le conté que en esa lista hay niños con cáncer, esposas que no pueden concebir, familias a punto de romperse, padres de familia desempleados, padres ancianos que no tienen más fuerzas para cuidar a sus hijos enfermos.
El Papa nunca dejó de mirarme a los ojos y mientras le hablaba de algunos casos particulares el cerraba los ojos. Y yo sentí que el Papa hablaba con Dios. Le dije que me sentía muy pequeña e insignificante para estar ahí ante él explicando esas cosas. Me dijo que era un instrumento de Dios y luego sus palabras textuales. “Dile a cada una de las dos mil personas de tu lista que has hablado conmigo. Diles que voy a rezar en serio por cada uno de ellos. Y diles que Dios conoce sus nombres completos pero sobre todo sabe por los problemas que están pasando. Que no se preocupen yo voy a rezar por cada uno de ellos. Diles eso”. Cerro los ojos y rezó unos segundos. Y dio una indicación a sus acompañantes sobre las personas de la lista.
Yo ya no podía dejar de llorar. Le entregué una imagen de Nuestra Señora de Luján y un retablo ayacuchano. El Papa siguió su camino bendiciendo a todos…

Paternidad póstuma

Augusto Beuzeville

No hizo lo que predicaba
Se habría ocultado desde hace 32 años la doble paternidad de un obispo. Betty Esther Navarro Guzmán aseguró ser la madre de dos hijos del fallecido obispo auxiliar de Piura y Tumbes, monseñor César Augusto Beuzeville Ferro, producto de supuestas violaciones a las que habría sido sometida. Ella busca justicia para que sus hijos sean reconocidos como descendientes del desaparecido obispo. ‘Tenía 17 años y era catequista, el me hacia ayudarlo y uno de esos días me hizo tomar vino, cuando desperté estaba sin ropa interior. El (obispo) me dijo que yo le pertenecía’, aseguró la mujer. Agregó que los ataques continuaron y que producto de ellos resultó dos veces embarazada, de su hija Dennis, hoy de 32 años, y luego Josué, de ahora 27 años. Para ocultar su gran ‘pecado’, el obispo -según dijo- decidió firmar a los dos niños con el apellido de ‘Benavente’ y llevárselos junto a su madre a Tumbes. Varios años después, sus hijos fueron inscritos en una segunda partida con el apellido Beuzeville, pero del sobrino del obispo, Alfonso Beuzeville. ‘Lo hicieron para que no reclamara’, recalcó. No contenta con ello, la madre de familia hizo que el obispo firmará un testimonio de paternidad de sus dos vástagos, antes de que muriera de cáncer. ‘Busco que mis hijos tengan una nueva partida donde se reconozca que su padre es el obispo, pero nos rechazan las demandas’, sostuvo.

Fuente: Diario Ojo.
Hay que hablar del que no quiso hablar de sí mismo

Por Francisco Chamberlain SJ
Escribo estas líneas en la mañana del 14 de septiembre, a un mes de la muerte de Monseñor Augusto, a pocas horas también de la misa que recuerda a este buen hombre y que celebra su vida de fidelidad a su Señor y, por eso, fidelidad al pueblo pobre del Perú.
La noticia de la muerte de Monseñor Augusto me llegó a mí tarde, y creo que así fue para muchas personas que lo recordaban con cariño y aprecio. Murió en silencio, un silencio que ahora pienso fue una de las notas fundamentales de su vida. Un silencio y una ausencia de querer ser el centro de atención, que marcaba su estilo de estar y de servir a la gente.
En diciembre de 1990 escribí una breve semblanza de Monseñor Augusto al momento de su nombramiento como obispo auxiliar de Piura y Tumbes, con residencia en Tumbes (1). En ella recordé algunas de las experiencias con Monseñor Augusto cuando era obispo auxiliar de Lima, encargado de la Iglesia en el Cono Este de la ciudad. Quiero recordar un trozo de lo que escribí hace ya catorce años:
“Monseñor Augusto ha sabido vivir el ministerio episcopal como un servicio a la Iglesia y al país. Y eso durante muchos años ya. El testimonio de servicio que Monseñor Augusto nos ha dado tiene mucho que ver con su cercanía a los pobres, a sus sufrimientos. Tengo la impresión de que la experiencia de la muerte de los obreros de la fábrica de Cromotex ahí por los años 70, el acompañar en ese momento a las comunidades cristianas de Vitarte, a los familiares de las víctimas y los dirigentes sindicales, fue para Monseñor Augusto una experiencia en algo semejante a lo que fue para Monseñor Oscar Romero la muerte del sacerdote Rutilio Grande: una experiencia de la injusticia que sufren los pobres, que ha marcado profundamente su vocación episcopal. Porque si hay algo que destacar en el ejercicio episcopal de Monseñor Augusto es precisamente su sensibilidad, su corazón abierto a los sufrimientos de su pueblo.
Su caminar con los obreros de Cromotex es un ejemplo de ello. Su decidido apoyo y activa colaboración en las Jornadas de Ayuno y Oración, la participación de Monseñor Augusto en los esfuerzos por la paz, desde CEAS, desde la Comisión de Paz, en las investigaciones de los terribles sucesos de Cayara en Ayacucho, son todas ellas expresiones del compromiso cristiano de Monseñor Augusto con la defensa de la vida de su pueblo.”
Hay otras iniciativas de defensa de la vida de los pobres que deben mucho a Monseñor Augusto, especialmente en el campo de la salud. Augusto fue el primer obispo encargado de DEPAS, el departamento de salud de la Conferencia Episcopal. Fue también un decidido impulsor de PRO-VIDA, que alentaba la creación de los botiquines parroquiales y el acceso en ellas a medicinas a bajo precio.
Quiero recordar aquí dos momentos importantes de la presencia de Monseñor Augusto en la vida de El Agustino, importantes especialmente para mí. El primero sucedió en 1988, en el desalojo de 250 familias de uno de los últimos terrenos vacíos en el distrito. En la semblanza de Augusto que hice en 1990 toqué este momento en la vida del distrito y de la parroquia, pero curiosamente no puse uno de sus gestos más sencillos y al mismo tiempo más reveladores de su calidad como persona. Sabíamos que había un número de personas detenidas en el desalojo y que los habían llevado provisionalmente a la comisaría local antes de trasladarlos a Seguridad de Estado, entre ellas una religiosa enfermera francesa cuyo “delito” era que hubiera ayudado a la gente afectada por los gases, especialmente a los niños.
Augusto y yo fuimos a la comisaría para abogar por la gente detenida. El comisario nos recibió cortésmente, nos explicó que de todas maneras los detenidos tenían que ser trasladados a Seguridad de Estado. Después de conversar con los detenidos en la celda en la parte posterior de la comisaría, Augusto y yo caminamos a la puerta de la comisaría, pero antes de salir a la calle el comisario nos detuvo y dijo a Monseñor Augusto: “Monseñor, Ud. por supuesto está libre, pero el Padre Francisco no puede salir de la comisaría.” Augusto respondió sorprendido: “¿El Padre está detenido?” “No, Monseñor, está, digamos, retenido; no queremos que salga de acá.” Inmediatamente Augusto replicó: “Bueno, señor, si el Padre está retenido, yo también estoy retenido. No salgo de aquí sin el Padre.” De ahí pasamos las siguientes cuatro horas sentados en la oficina del comisario hasta que nos permitieron salir. Se trata de uno de los muchos gestos de solidaridad efectiva que caracterizaba el estilo pastoral de este buen hombre.
El segundo momento que quiero recordar aquí sucedió casi un año y medio después, en octubre de 1989. A inicios de octubre tuvo lugar el primer asesinato en el distrito por parte de Sendero Luminoso de un dirigente popular, en este caso una mujer, María Elías de Huapaya.
Al día siguiente de esta tragedia, en la noche, nos reunimos personas de las comunidades cristianas, de los comedores populares y organizaciones vecinales para ver juntos cómo responder a este asesinato. Se decidió hacer una marcha por la paz el domingo en la tarde. Yo tuve el encargo de pedirle a Monseñor Augusto que presidiera la marcha, pedido éste que Augusto aceptó inmediatamente.
La marcha se organizó en pocos días y, a pesar de la premura del tiempo, se logró reunir unas 1,500 personas. La marcha fue presidida de una banderola grande que decía, “No matarás, ni con hambre, ni con balas”, un lema que venía de Colombia, pero que por primera vez se empleó en el Perú. Henry Pease marchó con nosotros ese día. Quizá por eso, el “No matarás ni con hambre ni con balas” se convirtió en el lema de la marcha multitudinaria contra el Paro Armado de Sendero, convocado semanas después, en noviembre, por un frente amplio de organizaciones políticas que incluyó al propio Henry Pease y a Mario Vargas Llosa, a organizaciones sociales y de defensa de los derechos humanos como “Perú, Vida y Paz”.
Detrás de la banderola aquel domingo en El Agustino, marchaba Augusto Beuzeville, vestido de alba, estola, mitra y báculo, símbolos del pastor que caminaba con la gente y comulgaba con su miedo y con su protesta contra el asesinato. Al final de la marcha, una señora de los comedores me acercó y me dijo: “Padre Francisco, ¡qué gusto me da ese obispo! Camina con nosotros y nos entiende.”
Creo que lo que dijo esa señora resume todo lo que he querido decir en estas líneas. Un hombre con un corazón sensible al dolor de la gente, lo que en el Evangelio se llama compasión. Por eso, caminaba con su pueblo y por eso también la gente sabía que entendía, un entendimiento de cabeza sí, pero también y sobre todo de mucho corazón.
Termino estas líneas en la mañana después de la misa de mes del fallecimiento de Augusto. Una de las oraciones en la misa pedía la misericordia del Señor y el perdón de los pecados. Yo en mi interior pensaba que si una persona como Augusto no alcanza la misericordia del Señor, el cielo va a estar bastante vacío de inquilinos. Más bien, debemos alegrarnos por el don de la plenitud de la vida que ahora goza el buen amigo y obispo, Augusto Beuzeville. Y debemos pedirle que siga abogando por este país y su Iglesia.
Nota:
(1) “He venido para ver si hay algo que hacer: Semblanza de Monseñor Augusto Beuzeville”, en Páginas, No. 106 (Diciembre, 1990), pp. 110-112.

Veritatis Gaudium

CONSTITUCIÓN APOSTÓLICA
VERITATIS GAUDIUM
SOBRE LAS UNIVERSIDADES Y FACULTADES ECLESIÁSTICAS
PROEMIO
1. La alegría de la verdad ―Veritatis gaudium― manifiesta el deseo vehemente que deja inquieto el corazón del hombre hasta que encuentre, habite y comparta con todos la Luz de Dios[1]. La verdad, de hecho, no es una idea abstracta, sino que es Jesús, el Verbo de Dios en quien está la Vida que es la Luz de los hombres (cf. Jn 1,4); el Hijo de Dios que es a la vez el Hijo del hombre. Sólo Él, «en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación»[2].
En el encuentro con Él, el Viviente (cf. Ap 1,18) y el Primogénito entre muchos hermanos (cf. Rm 8,29), el corazón del hombre experimenta ya desde ahora, en el claroscuro de la historia, la luz y la fiesta sin ocaso de la unión con Dios y de la unidad con los hermanos y hermanas en la casa común de la creación, de las que él gozará por siempre en la plena comunión con Dios. En la oración de Jesús al Padre: «para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros» (Jn 17,21), se encierra el secreto de la alegría que Jesús nos quiere comunicar en plenitud (cf. 15,11) por parte del Padre con el don del Espíritu Santo: Espíritu de verdad y de amor, de libertad, justicia y unidad.
Jesús impulsa a la Iglesia para que en su misión testimonie y anuncie siempre esta alegría con renovado entusiasmo. El Pueblo de Dios peregrina a lo largo de los senderos de la historia, acompañado con sinceridad y solidaridad de los hombres y mujeres de todos los pueblos y de todas las culturas, para iluminar con la luz del Evangelio el camino de la humanidad hacia la nueva civilización del amor. El vasto y multiforme sistema de los estudios eclesiásticos ha florecido a lo largo de los siglos gracias a la sabiduría del Pueblo de Dios, que el Espíritu Santo guía a través del diálogo y discernimiento de los signos de los tiempos y de las diferentes expresiones culturales. Dicho sistema está unido estrechamente a la misión evangelizadora de la Iglesia y, más aún, brota de su misma identidad, que está consagrada totalmente a promover el crecimiento auténtico e integral de la familia humana hasta su plenitud definitiva en Dios.
No sorprende, pues, que el Concilio Vaticano II, promoviendo con vigor y profecía la renovación de la vida de la Iglesia, en vistas de una misión más incisiva en esta nueva época de la historia, haya recomendado en el Decreto Optatam totius una revisión fiel y creativa de los estudios eclesiásticos (cf. nn. 13-22). Esta tarea, después de un estudio atento y de una comprobación prudente, culminó en la Constitución Apostólica Sapientia christiana, promulgada por san Juan Pablo II el 15 de abril de 1979. Gracias a esta se promovió y se perfeccionó aún más el compromiso de la Iglesia en favor de «las Facultades y las Universidades Eclesiásticas, es decir, aquellas que se ocupan especialmente de la Revelación cristiana y de las cuestiones relacionadas con la misma y que, por tanto, están más estrechamente unidas con la propia misión evangelizadora», junto a todas las demás disciplinas que, «aunque no tengan un nexo particular con la Revelación cristiana, sin embargo pueden contribuir mucho a la labor de evangelización»[3].
Después de casi cuarenta años, hoy es urgente y necesaria una oportuna revisión y actualización de dicha Constitución Apostólica en fidelidad al espíritu y a las directrices del Vaticano II. Aunque sigue siendo plenamente válida en su visión profética y en sus lúcidas indicaciones, se ha visto necesario incorporar en ella las disposiciones normativas emanadas posteriormente, teniendo en cuenta, al mismo tiempo, el desarrollo de los estudios académicos de estos últimos decenios, y también el nuevo contexto socio-cultural a escala global, así como todo lo recomendado a nivel internacional en cuanto a la aplicación de las distintas iniciativas a las que la Santa Sede se ha adherido.
Es un momento oportuno para impulsar con ponderada y profética determinación, a todos los niveles, un relanzamiento de los estudios eclesiásticos en el contexto de la nueva etapa de la misión de la Iglesia, caracterizada por el testimonio de la alegría que brota del encuentro con Jesús y del anuncio de su Evangelio, como propuse programáticamente a todo el Pueblo de Dios con la Evangelii gaudium.
2. La Constitución apostólica Sapientia christiana supuso el fruto maduro de la gran reforma de los estudios eclesiásticos, que fue puesta en marcha por el Concilio Vaticano II. Supo recoger, en particular, los logros alcanzados en este ámbito crucial de la misión de la Iglesia bajo la guía sabia y prudente del beato Pablo VI y, al mismo tiempo, preanunciaba la aportación que el magisterio de san Juan Pablo II ofrecería inmediatamente después, siguiendo esa continuidad.
Como tuve ocasión de destacar: «Buscar superar este divorcio entre teología y pastoral, entre fe y vida, ha sido precisamente uno de los principales aportes del Concilio Vaticano II. Me animo a decir que ha revolucionado en cierta medida el estatuto de la teología, la manera de hacer y del pensar creyente»[4]. La Optatam totius se sitúa en esta perspectiva cuando invita con fuerza a que los estudios eclesiásticos «contribuyan en perfecta armonía a descubrir cada vez más a las inteligencias de los alumnos el misterio de Cristo, que afecta a toda la historia de la humanidad, e influye constantemente en la Iglesia»[5]. Para alcanzar este objetivo, el Decreto conciliar exhorta a conjugar la meditación y el estudio de la Sagrada Escritura, en cuanto «alma de toda la teología»[6], junto con la participación asidua y consciente en la Sagrada Liturgia, «la fuente primera y necesaria del espíritu verdaderamente cristiano»[7], y el estudio sistemático de la Tradición viva de la Iglesia en diálogo con los hombres de su tiempo, en escucha profunda de sus problemas, sus heridas y sus necesidades[8]. De este modo —subraya la Optatam totius— «la preocupación pastoral debe estar presente en toda la formación de los alumnos»[9], para que se acostumbren a «superar las fronteras de su propia diócesis, nación o rito y ayudar a las necesidades de toda la Iglesia, con el ánimo dispuesto a predicar el Evangelio por todas partes»[10].
Las etapas principales de este camino, que van desde las orientaciones del Vaticano II hasta la Sapientia christiana, son en modo particular: la Evangelii nuntiandi y la Populorum progressio de Pablo VI, así como la Redemptor hominis de Juan Pablo II, que fue publicada sólo un mes antes de la promulgación de la Constitución Apostólica. El soplo profético de la Exhortación apostólica sobre la evangelización en el mundo contemporáneo del Papa Montini resuena con fuerza en el Proemio de la Sapientia christiana, donde se afirma que «la misión de evangelizar, que es propia de la Iglesia, exige no sólo que el Evangelio se predique en ámbitos geográficos cada vez más amplios y a grupos humanos cada vez más numerosos, sino también que sean informados por la fuerza del mismo Evangelio el sistema de pensar, los criterios de juicio y las normas de actuación; en una palabra, es necesario que toda la cultura humana sea henchida por el Evangelio»[11]. Juan Pablo II, por su parte, sobre todo en la Encíclica Fides et ratio, dentro del marco del diálogo entre filosofía y teología, ha reiterado y profundizado la convicción que vertebra la enseñanza del Vaticano II según la cual «el hombre es capaz de llegar a una visión unitaria y orgánica del saber. Este es uno de los cometidos que el pensamiento cristiano deberá afrontar a lo largo del próximo milenio de la era cristiana»[12].
También la Populorum progressio ha jugado un papel decisivo en la reconfiguración de los estudios eclesiásticos a la luz del Vaticano II, y ha ofrecido junto con la Evangelii nuntiandi —como se corrobora por la trayectoria de las diversas iglesias locales— importantes impulsos y orientaciones concretas para la inculturación del Evangelio y para la evangelización de las culturas en las diversas regiones del mundo, respondiendo así a los desafíos del presente. De hecho, esta encíclica social de Pablo VI subraya incisivamente que el desarrollo de los pueblos —clave imprescindible para fomentar la justicia y la paz a nivel mundial— «debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre»[13], y recuerda la necesidad de «pensadores de reflexión profunda que busquen un humanismo nuevo, el cual permita al hombre moderno hallarse a sí mismo»[14]. La Populorum progressio interpreta con visión profética la cuestión social como un tema antropológico que afecta al destino de toda la familia humana.
Esta es la clave fundamental de lectura que inspiró el sucesivo magisterio social de la Iglesia, desde la Laborem exercens hasta la Sollecitudo rei socialis, desde la Centesimus annus de Juan Pablo II, pasando por la Caritas in veritate de Benedicto XVI, hasta la Laudato si’. El Papa Benedicto XVI retomó la invitación de la Populorum progressio para impulsar una nueva etapa de pensamiento y explicó la necesidad urgente de «vivir y orientar la globalización de la humanidad en términos de relación, comunión y participación»[15], destacando que Dios quiere asociar la humanidad a ese misterio inefable de comunión que es la Santísima Trinidad, del que la Iglesia es en Jesucristo, signo e instrumento[16]. Para alcanzar de manera realista este fin, invita a «ensanchar la razón» para hacerla capaz de conocer y orientar las nuevas e imponentes dinámicas que atormentan a la familia humana, «animándolas en la perspectiva de esa “civilización del amor”, de la cual Dios ha puesto la semilla en cada pueblo y en cada cultura»[17] y haciendo que «los diferentes ámbitos del saber humano sean interactivos»: el teológico, el filosófico, el social y el científico[18].
3. Ha llegado el momento en el que los estudios eclesiásticos reciban esa renovación sabia y valiente que se requiere para una transformación misionera de una Iglesia «en salida» desde ese rico patrimonio de profundización y orientación, que ha sido confrontado y enriquecido —por así decir— «sobre el terreno» del esfuerzo perseverante de la mediación cultural y social del Evangelio, que ha sido realizada a su vez por el Pueblo de Dios en los distintos continentes y en diálogo con las diversas culturas.
En efecto, la tarea urgente en nuestro tiempo consiste en que todo el Pueblo de Dios se prepare a emprender «con espíritu»[19] una nueva etapa de la evangelización. Esto requiere «un proceso decidido de discernimiento, purificación y reforma»[20]. Y, dentro de ese proceso, la renovación adecuada del sistema de los estudios eclesiásticos está llamada a jugar un papel estratégico. De hecho, estos estudios no deben sólo ofrecer lugares e itinerarios para la formación cualificada de los presbíteros, de las personas consagradas y de laicos comprometidos, sino que constituyen una especie de laboratorio cultural providencial, en el que la Iglesia se ejercita en la interpretación de la performance de la realidad que brota del acontecimiento de Jesucristo y que se alimenta de los dones de Sabiduría y de Ciencia, con los que el Espíritu Santo enriquece en diversas formas a todo el Pueblo de Dios: desde el sensus fidei fidelium hasta el magisterio de los Pastores, desde el carisma de los profetas hasta el de los doctores y teólogos.
Y esto tiene un valor indispensable para una Iglesia «en salida», puesto que hoy no vivimos sólo una época de cambios sino un verdadero cambio de época[21], que está marcado por una «crisis antropológica»[22] y «socio-ambiental»[23] de ámbito global, en la que encontramos cada día más «síntomas de un punto de quiebre, a causa de la gran velocidad de los cambios y de la degradación, que se manifiestan tanto en catástrofes naturales regionales como en crisis sociales o incluso financieras»[24]. Se trata, en definitiva, de «cambiar el modelo de desarrollo global» y «redefinir el progreso»[25]: «El problema es que no disponemos todavía de la cultura necesaria para enfrentar esta crisis y hace falta construir liderazgos que marquen caminos»[26].
Esta enorme e impostergable tarea requiere, en el ámbito cultural de la formación académica y de la investigación científica, el compromiso generoso y convergente que lleve hacia un cambio radical de paradigma, más aún —me atrevo a decir— hacia «una valiente revolución cultural»[27]. En este empeño, la red mundial de las Universidades y Facultades eclesiásticas está llamada a llevar la aportación decisiva de la levadura, de la sal y de la luz del Evangelio de Jesucristo y de la Tradición viva de la Iglesia, que está siempre abierta a nuevos escenarios y a nuevas propuestas.
Cada día es más evidente la «necesidad de una auténtica hermenéutica evangélica para comprender mejor la vida, el mundo, los hombres, no de una síntesis sino de una atmósfera espiritual de búsqueda y certeza basada en las verdades de razón y de fe. La filosofía y la teología permiten adquirir las convicciones que estructuran y fortalecen la inteligencia e iluminan la voluntad… pero todo esto es fecundo sólo si se hace con la mente abierta y de rodillas. El teólogo que se complace en su pensamiento completo y acabado es un mediocre. El buen teólogo y filósofo tiene un pensamiento abierto, es decir, incompleto, siempre abierto al maius de Dios y de la verdad, siempre en desarrollo, según la ley que san Vicente de Lerins describe así: “annis consolidetur, dilatetur tempore, sublimetur aetate” (Commonitorium primum, 23: PL 50,668)»[28].
4. En este horizonte amplio e inédito que se abre ante nosotros, ¿cuáles deben ser los criterios fundamentales con vistas a una renovación y a un relanzamiento de la aportación de los estudios eclesiásticos a una Iglesia en salida misionera? Podemos enunciar aquí al menos cuatro, siguiendo la enseñanza del Vaticano II y la experiencia que la Iglesia ha adquirido en estos decenios de aprendizaje, escuchando al Espíritu Santo y las necesidades más profundas y los interrogantes más agudos de la familia humana.
a) En primer lugar, el criterio prioritario y permanente es la contemplación y la introducción espiritual, intelectual y existencial en el corazón del kerygma, es decir, la siempre nueva y fascinante buena noticia del Evangelio de Jesús[29], «que se va haciendo carne cada vez más y mejor»[30] en la vida de la Iglesia y de la humanidad. Este es el misterio de la salvación del que la Iglesia es en Cristo signo e instrumento en medio de los hombres[31]: «Un misterio que hunde sus raíces en la Trinidad, pero tiene su concreción histórica en un pueblo peregrino y evangelizador, lo cual siempre trasciende toda necesaria expresión institucional […] que tiene su fundamento último en la libre y gratuita iniciativa de Dios»[32].
Desde esta concentración vital y gozosa del rostro de Dios, que ha sido revelado como Padre rico de misericordia en Jesucristo (cf. Ef 2,4)[33], desciende la experiencia liberadora y responsable que consiste en la «mística de vivir juntos»[34] como Iglesia, que se hace levadura de aquella fraternidad universal «que sabe mirar la grandeza sagrada del prójimo, que sabe descubrir a Dios en cada ser humano, que sabe tolerar las molestias de la convivencia aferrándose al amor de Dios, que sabe abrir el corazón al amor divino para buscar la felicidad de los demás como la busca su Padre bueno»[35]. De ahí que el imperativo de escuchar en el corazón y de hacer resonar en la mente el grito de los pobres y de la tierra[36], concretice la «dimensión social de la evangelización»[37], como parte integral de la misión de la Iglesia; porque «Dios, en Cristo, no redime solamente la persona individual, sino también las relaciones sociales entre los hombres»[38]. Es cierto que «la belleza misma del Evangelio no siempre puede ser adecuadamente manifestada por nosotros, pero hay un signo que no debe faltar jamás: la opción por los últimos, por aquellos que la sociedad descarta y desecha»[39]. Esta opción debe impregnar la presentación y la profundización de la verdad cristiana.
De aquí que, en la formación de una cultura cristianamente inspirada, el acento principal esté en descubrir la huella trinitaria en la creación, pues hace que el cosmos en el que vivimos sea «una trama de relaciones», y en el que «es propio de todo ser viviente tender hacia otra cosa», favoreciendo «una espiritualidad de la solidaridad global que brota del misterio de la Trinidad»[40].
b) Un segundo criterio inspirador, que está íntimamente relacionado con el anterior y que es fruto de ese, es el diálogo a todos los niveles, no como una mera actitud táctica, sino como una exigencia intrínseca para experimentar comunitariamente la alegría de la Verdad y para profundizar su significado y sus implicaciones prácticas. El Evangelio y la doctrina de la Iglesia están llamados hoy a promover una verdadera cultura del encuentro[41], en una sinergia generosa y abierta hacia todas las instancias positivas que hacen crecer la conciencia humana universal; es más, una cultura —podríamos afirmar— del encuentro entre todas las culturas auténticas y vitales, gracias al intercambio recíproco de sus propios dones en el espacio de luz que ha sido abierto por el amor de Dios para todas sus criaturas.
Como subrayó el Papa Benedicto XVI, «la verdad es “lógos” que crea “diá-logos” y, por tanto, comunicación y comunión»[42]. En esta luz, la Sapientia christiana, remitiéndose a la Gaudium et spes, deseaba que se favoreciera el diálogo con los cristianos pertenecientes a otras Iglesias y comunidades eclesiales, así como con los que tienen otras convicciones religiosas o humanísticas, y que también se mantuviera una relación «con los que cultivan otras disciplinas, creyentes o no creyentes», tratando de «valorar e interpretar sus afirmaciones y juzgarlas a la luz de la verdad revelada»[43].
De esto deriva que se revise, desde esta óptica y desde este espíritu, la conveniencia necesaria y urgente de la composición y la metodología dinámica del currículo de estudios que ha sido propuesto por el sistema de los estudios eclesiásticos, en su fundamento teológico, en sus principios inspiradores y en sus diversos niveles de articulación disciplinar, pedagógica y didáctica. Esta conveniencia se concreta en un compromiso exigente pero altamente productivo: repensar y actualizar la intencionalidad y la organización de las disciplinas y las enseñanzas impartidas en los estudios eclesiásticos con esta lógica concreta y según esta intencionalidad específica. Hoy, en efecto, «se impone una evangelización que ilumine los nuevos modos de relación con Dios, con los otros y con el espacio, y que suscite los valores fundamentales. Es necesario llegar allí donde se gestan los nuevos relatos y paradigmas»[44].
c) De aquí el tercer criterio fundamental que quiero recordar: la inter- y la trans-disciplinariedad ejercidas con sabiduría y creatividad a la luz de la Revelación. El principio vital e intelectual de la unidad del saber en la diversidad y en el respeto de sus expresiones múltiples, conexas y convergentes es lo que califica la propuesta académica, formativa y de investigación del sistema de los estudios eclesiásticos, ya sea en cuanto al contenido como en el método.
Se trata de ofrecer, a través de los distintos itinerarios propuestos por los estudios eclesiásticos, una pluralidad de saberes que correspondan a la riqueza multiforme de lo verdadero, a la luz proveniente del acontecimiento de la Revelación, que sea al mismo tiempo recogida armónica y dinámicamente en la unidad de su fuente trascendente y de su intencionalidad histórica y metahistórica, desplegada escatológicamente en Cristo Jesús: «En Él -escribe el apóstol Pablo-, están encerrados todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento» (Col 2,3). Este principio teológico y antropológico, existencial y epistémico, tiene un significado especial y está llamado a mostrar toda su eficacia no sólo dentro del sistema de los estudios eclesiásticos, garantizándole cohesión y flexibilidad, organicidad y dinamismo, sino también en relación con el panorama actual, fragmentado y no pocas veces desintegrado, de los estudios universitarios y con el pluralismo ambiguo, conflictivo o relativista de las convicciones y de las opciones culturales.
Hoy -como afirmó Benedicto XVI en la Caritas in veritate, profundizando el mensaje cultural de la Populorum progressio de Pablo VI- hay «una falta de sabiduría, de reflexión, de pensamiento capaz de elaborar una síntesis orientadora»[45]. Aquí está en juego, en concreto, la misión que se le ha confiado al sistema de estudios eclesiásticos. Esta orientadora y precisa hoja de ruta no sólo expresa el significado intrínseco de verdades del sistema de los estudios eclesiásticos, sino que también resalta, sobre todo hoy, su efectiva importancia humana y cultural. En este sentido, es sin duda positivo y prometedor el redescubrimiento actual del principio de la interdisciplinariedad [46]: No sólo en su forma «débil», de simple multidisciplinariedad, como planteamiento que favorece una mejor comprensión de un objeto de estudio, contemplándolo desde varios puntos de vista; sino también en su forma «fuerte», de transdisciplinariedad, como ubicación y maduración de todo el saber en el espacio de Luz y de Vida ofrecido por la Sabiduría que brota de la Revelación de Dios.
De tal manera que, quien se forme en el marco de las instituciones promovidas por el sistema de los estudios eclesiásticos —como deseaba el beato J. H. Newman— sepa «dónde colocar a sí mismo y la propia ciencia, a la que llega, por así decirlo, desde una cumbre, después de haber tenido una visión global de todo el saber»[47]. También el beato Antonio Rosmini, entorno al año 1800, invitaba a una reforma seria en el ámbito de la educación cristiana, restableciendo los cuatro firmes pilares sobre los que se apoyaba durante los primeros siglos de la era cristiana: «La unicidad de la ciencia, la comunicación de santidad, la costumbre de vida, la reciprocidad de amor». Lo esencial —sostenía él— es devolver la unidad de contenido, de perspectiva, de objetivo, a la ciencia que se imparte desde la Palabra de Dios y desde su culmen en Cristo Jesús, Verbo de Dios hecho carne. Si no existe este centro vivo, la ciencia no tiene «ni raíz ni unidad» y sigue siendo simplemente «atacada y, por así decir, entregada a la memoria juvenil». Sólo de este modo será posible superar la «nefasta separación entre teoría y práctica», porque en la unidad entre ciencia y santidad «consiste propiamente la índole verdadera de la doctrina destinada a salvar el mundo», cuyo «adiestramiento [en los tiempos antiguos] no terminaba en una breve lección diaria, sino que consistía en una continua conversación que tenían los discípulos con los maestros»[48].
d) Un cuarto y último criterio se refiere a la necesidad urgente de «crear redes» entre las distintas instituciones que, en cualquier parte del mundo, cultiven y promuevan los estudios eclesiásticos, y activar con decisión las oportunas sinergias también con las instituciones académicas de los distintos países y con las que se inspiran en las diferentes tradiciones culturales y religiosas; al mismo tiempo, establecer centros especializados de investigación que promuevan el estudio de los problemas de alcance histórico que repercuten en la humanidad de hoy, y propongan pistas de resolución apropiadas y objetivas.
Como señalé en la Laudato si’, «desde mediados del siglo pasado, y superando muchas dificultades, se ha ido afirmando la tendencia a concebir el planeta como patria y la humanidad como pueblo que habita una casa de todos»[49]. La toma de conciencia de esta interdependencia «nos obliga a pensar en un solo mundo, en un proyecto común»[50]. La Iglesia, en particular -en sintonía convencida y profética con el impulso que le ha dado el Vaticano II hacia su presencia renovada y su misión en la historia-, está llamada a experimentar cómo la catolicidad, que la califica como fermento de unidad en la diversidad y de comunión en la libertad, exige para sí misma y propicia «esa polaridad tensional entre lo particular y lo universal, entre lo uno y lo múltiple, entre lo simple y lo complejo. Aniquilar esta tensión va contra la vida del Espíritu»[51]. Se trata, pues, de practicar una forma de conocimiento y de interpretación de la realidad a la luz del «pensamiento de Cristo» (cf. 1 Co 2,16), en el que el modelo de referencia y de resolución de problemas «no es la esfera […] donde cada punto es equidistante del centro y no hay diferencias entre unos y otros», sino «el poliedro, que refleja la confluencia de todas las parcialidades que en él conservan su originalidad»[52].
En realidad, «como podemos ver en la historia de la Iglesia, el cristianismo no tiene un único modo cultural, sino que, “permaneciendo plenamente uno mismo, en total fidelidad al anuncio evangélico y a la tradición eclesial, llevará consigo también el rostro de tantas culturas y de tantos pueblos en que ha sido acogido y arraigado”[53]. En los diferentes pueblos que experimentan el don de Dios según la propia cultura, la Iglesia manifiesta su genuina catolicidad y muestra “la belleza de este rostro pluriforme”[54]. En las manifestaciones cristianas de un pueblo evangelizado, el Espíritu Santo embellece a la Iglesia, mostrándole nuevos aspectos de la Revelación y regalándole un nuevo rostro»[55].
Esta perspectiva -evidentemente- traza una tarea exigente para la Teología, así como para las demás disciplinas contempladas en los estudios eclesiásticos según sus específicas competencias. Benedicto XVI, refiriéndose con una bella imagen a la Tradición de la Iglesia, afirmó que «no es transmisión de cosas o de palabras, una colección de cosas muertas. La Tradición es el río vivo que se remonta a los orígenes, el río vivo en el que los orígenes están siempre presentes»[56]. «Este río va regando diversas tierras, va alimentando diversas geografías, haciendo germinar lo mejor de esa tierra, lo mejor de esa cultura. De esta manera, el Evangelio se sigue encarnando en todos los rincones del mundo de manera siempre nueva»[57]. No hay duda de que la Teología debe estar enraizada y basada en la Sagrada Escritura y en la Tradición viva, pero precisamente por eso debe acompañar simultáneamente los procesos culturales y sociales, de modo particular las transiciones difíciles. Es más, «en este tiempo, la teología también debe hacerse cargo de los conflictos: no sólo de los que experimentamos dentro de la Iglesia, sino también de los que afectan a todo el mundo»[58]. Se trata de «aceptar sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en el eslabón de un nuevo proceso», adquiriendo «un modo de hacer la historia, en un ámbito viviente donde los conflictos, las tensiones y los opuestos pueden alcanzar una unidad pluriforme que engendra nueva vida. No es apostar por un sincretismo ni por la absorción de uno en el otro, sino por la resolución en un plano superior que conserva en sí las virtualidades valiosas de las polaridades en pugna»[59].
5. Al relanzar los estudios eclesiásticos, se advierte la viva necesidad de dar un nuevo impulso a la investigación científica llevada a cabo en nuestras Universidades y Facultades eclesiásticas. La Constitución Apostólica Sapientia christiana introducía la investigación como un «deber fundamental» en «contacto asiduo con la misma realidad […] para comunicar la doctrina a los hombres contemporáneos, empeñados en diversos campos culturales»[60]. Pero las nuevas dinámicas sociales y culturales imponen una ampliación de estos fines en nuestra época, marcada por la condición multicultural y multiétnica. Para cumplir la misión salvífica de la Iglesia «no basta la preocupación del evangelizador por llegar a cada persona, y el Evangelio también se anuncia a las culturas en su conjunto»[61]. Los estudios eclesiásticos no pueden limitarse a transmitir a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, deseosos de crecer en su conciencia cristiana, conocimientos, competencias, experiencias, sino que deben adquirir la tarea urgente de elaborar herramientas intelectuales que puedan proponerse como paradigmas de acción y de pensamiento, y que sean útiles para el anuncio en un mundo marcado por el pluralismo ético-religioso. Esto no sólo exige una profunda conciencia teológica, sino también la capacidad de concebir, diseñar y realizar sistemas de presentación de la religión cristiana que sean capaces de profundizar en los diversos sistemas culturales. Todo esto pide un aumento en la calidad de la investigación científica y un avance progresivo del nivel de los estudios teológicos y de las ciencias que se le relacionan. No se trata sólo que se amplíe el ámbito del diagnóstico, ni que se enriquezca el conjunto de datos a disposición para leer la realidad[62], sino que se profundice para «comunicar mejor la verdad del Evangelio en un contexto determinado, sin renunciar a la verdad, al bien y a la luz que pueda aportar cuando la perfección no es posible»[63].
Encomiendo entonces, en primer lugar, a las Universidades, Facultades e Institutos eclesiásticos la misión de desarrollar en su labor de investigación esa «original apologética» que indiqué en la Evangelii gaudium, para que ellas ayuden «a crear las disposiciones para que el Evangelio sea escuchado por todos»[64].
En este contexto, es indispensable la creación de nuevos y cualificados centros de investigación en los que estudiosos procedentes de diversas convicciones religiosas y de diferentes competencias científicas puedan interactuar con responsable libertad y transparencia recíproca -según mi deseo expresado en la Laudato si’, a fin de «entrar en un diálogo entre ellas orientado al cuidado de la naturaleza, a la defensa de los pobres, a la construcción de redes de respeto y de fraternidad»[65]. En todos los países, las Universidades constituyen la sede principal de investigación científica para el progreso del conocimiento y de la sociedad, y desempeñan un papel determinante para el desarrollo económico, social y cultural, sobre todo en un tiempo, como el nuestro, caracterizado por rápidos, constantes y evidentes cambios en el campo de la ciencia y la tecnología. También en los acuerdos internacionales se subraya la responsabilidad central de la Universidad en las políticas de investigación y la necesidad de coordinarlas, creando redes de centros especializados para facilitar, entre otras cosas, la movilidad de los investigadores.
En este sentido, se están proyectando polos de excelencia interdisciplinares e iniciativas destinadas a acompañar la evolución de las tecnologías avanzadas, la cualificación de los recursos humanos y los programas de integración. También los estudios eclesiásticos, en el espíritu de una Iglesia «en salida», están llamados a dotarse de centros especializados que profundicen en el diálogo con los diversos ámbitos científicos. La investigación compartida y convergente entre especialistas de diversas disciplinas constituye un servicio cualificado al Pueblo de Dios y, en particular, al Magisterio, así como un apoyo a la misión de la Iglesia que está llamada a anunciar la Buena Nueva de Cristo a todos, dialogando con las diferentes ciencias al servicio de una cada vez más profunda penetración y aplicación de la verdad en la vida personal y social.
Así, los estudios eclesiásticos serán capaces de dar su contribución específica e insustituible, inspiradora y orientadora, y podrán dilucidar y expresar su tarea de modo nuevo, interpelante y real. ¡Siempre ha sido y siempre será así! La Teología y la cultura de inspiración cristiana han estado a la altura de su misión cuando han sabido vivir con riesgo y fidelidad en la frontera. «Las preguntas de nuestro pueblo, sus angustias, sus peleas, sus sueños, sus luchas, sus preocupaciones poseen valor hermenéutico que no podemos ignorar si queremos tomar en serio el principio de encarnación. Sus preguntas nos ayudan a preguntarnos, sus cuestionamientos nos cuestionan. Todo esto nos ayuda a profundizar en el misterio de la Palabra de Dios, Palabra que exige y pide dialogar, entrar en comunicación»[66].
6. Esto que hoy emerge ante nuestros ojos es «un gran desafío cultural, espiritual y educativo que supondrá largos procesos de regeneración»[67], también para las Universidades y Facultades eclesiásticas.
Que la fe gozosa e inquebrantable en Jesús crucificado y resucitado, centro y Señor de la historia, nos guíe, nos ilumine y nos sostenga en este tiempo arduo y fascinante, que está marcado por el compromiso en una renovada y clarividente configuración del planteamiento de los estudios eclesiásticos. Su resurrección, con el don sobreabundante del Espíritu Santo, «provoca por todas partes gérmenes de ese mundo nuevo; y aunque se los corte, vuelven a surgir, porque la resurrección del Señor ya ha penetrado la trama oculta de esta historia»[68].
Que María Santísima, quien a través del anuncio del Ángel concibió con gran alegría al Verbo de la Verdad, acompañe nuestro camino obteniendo del Padre de toda gracia la bendición de luz y de amor que, con la confianza de hijos, aguardamos en la esperanza de su Hijo y Nuestro Señor Jesucristo, en la alegría del Espíritu Santo.
Primera Parte NORMAS COMUNES
Título I Naturaleza y finalidad de las Universidades y Facultades Eclesiásticas
Artículo 1. Para cumplir el ministerio de la evangelización, confiado por Cristo a la Iglesia católica, ésta tiene el derecho y el deber de erigir y organizar Universidades y Facultades dependientes de ella misma[69].
Artículo 2. § 1. En esta Constitución se da el nombre de Universidades y Facultades eclesiásticas a aquellas instituciones de educación superior que, canónicamente erigidas o aprobadas por la Santa Sede, se dedican al estudio y a la enseñanza de la doctrina sagrada y de las ciencias con ella relacionadas, gozando del derecho de conferir grados académicos con la autoridad de la Santa Sede[70].
§ 2. Dichas instituciones pueden ser una Universidad o Facultad eclesiástica sui iuris, una Facultad eclesiástica en el seno de una Universidad Católica[71] o también una Facultad eclesiástica en el seno de otra Universidad.
Artículo 3. Las finalidades de las Facultades eclesiásticas son:
§ 1. cultivar y promover, mediante la investigación científica, las propias disciplinas, es decir, aquellas que directa o indirectamente están relacionadas con la Revelación cristiana o que sirven de un modo directo a la misión de la Iglesia y, por ende, y, ante todo, ahondar cada vez más en el conocimiento de la Revelación cristiana y de lo relacionado con ella, estudiar a fondo sistemáticamente las verdades que en ella se contienen, reflexionar a la luz de la Revelación sobre las cuestiones que plantea cada época, y presentarlas a los hombres contemporáneos de manera adecuada a las diversas culturas;
§ 2. dar una formación superior a los alumnos en las propias disciplinas según la doctrina católica, prepararlos convenientemente para el ejercicio de los diversos cargos y promover la formación continua o permanente de los ministros de la Iglesia;
§ 3. prestar su valiosa colaboración, según la propia índole y en estrecha comunión con la jerarquía, a las Iglesias particulares y a la Iglesia universal en toda la labor de evangelización.
Artículo 4. Es un deber de las Conferencias Episcopales, dada la peculiar importancia eclesial de las Universidades y Facultades eclesiásticas, promover con solicitud su vida y su progreso.
Artículo 5. La erección canónica o la aprobación canónica de las Universidades y de las Facultades eclesiásticas están reservada a la Congregación para la Educación Católica, que las gobierna conforme a derecho[72].
Artículo 6. Solamente las Universidades y las Facultades canónicamente erigidas o aprobadas por la Santa Sede, y organizadas según las normas de esta Constitución, tienen derecho a conferir grados académicos con valor canónico[73], quedando a salvo el derecho peculiar de la Pontificia Comisión Bíblica[74].
Artículo 7. Los estatutos de toda Universidad o Facultad, que han de redactarse en conformidad con las normas de esta Constitución, deben ser aprobados por la Congregación para la Educación Católica[75].
Artículo 8. Las Facultades eclesiásticas erigidas o aprobadas por la Santa Sede dentro de Universidades no eclesiásticas, que confieren grados académicos tanto canónicos como civiles, deben observar las prescripciones de esta Constitución, respetando los acuerdos bilaterales y multilaterales que hayan sido estipulados por la Santa Sede con las distintas Naciones o con las mismas Universidades.
Artículo 9. § 1. Las Facultades, que no hayan sido canónicamente erigidas o aprobadas por la Santa Sede, no pueden conferir grados académicos que tengan valor canónico.
§ 2. Para que los grados conferidos en estas Facultades puedan tener valor en orden a algunos efectos canónicos, necesitan el reconocimiento de la Congregación para la Educación Católica.
§ 3. Para obtener este reconocimiento, además de requerirse para cada uno de los grados alguna causa especial, deberán cumplirse las condiciones establecidas por la misma Congregación.
Artículo 10. Para la recta ejecución de esta Constitución, se deben observar las Normas dadas por la Congregación para la Educación Católica.
Título II La comunidad académica y su gobierno
Artículo 11. § 1. La Universidad o la Facultad es una comunidad de estudio, de investigación y de formación que obra institucionalmente para alcanzar los fines primarios contemplados en el art. 3, en conformidad con los principios de la misión evangelizadora de la Iglesia.
§ 2. En la comunidad académica, todas las personas, tanto singularmente como reunidas en consejos, son corresponsables del bien común y cooperan en el ámbito de sus respectivas competencias para alcanzar los fines de la misma comunidad.
§ 3. Consiguientemente se han de determinar cuidadosamente en los Estatutos cuáles son sus derechos y deberes en el ámbito de la comunidad académica, a fin de que se ejerzan convenientemente dentro de los límites legítimamente definidos.
Artículo 12. El Gran Canciller representa a la Santa Sede ante la Universidad o Facultad e igualmente a ésta ante la Santa Sede, él promueve su conservación y progreso y fomenta la comunión con la Iglesia particular y universal.
Artículo 13. § 1. La Universidad o la Facultad dependen jurídicamente del Gran Canciller, a no ser que la Sede Apostólica disponga otra cosa.
§ 2. Donde lo aconsejen las circunstancias, se puede nombrar también un Vice-Gran Canciller, cuya autoridad deber ser determinada en los estatutos.
Artículo 14. Si el Gran Canciller es una persona distinta del Ordinario del lugar, se establezcan normas para que ambos puedan cumplir concordemente la propia misión.
Artículo 15. Las Autoridades académicas son personales y colegiales. Son autoridades personales en primer lugar el rector o presidente y el decano. Autoridades colegiales son los distintos organismos directivos, como los consejos de Universidad o de Facultad.
Artículo 16. Los estatutos de la Universidad o Facultad deben determinar con toda claridad los nombres y la competencia de las autoridades académicas, las modalidades de su designación y el tiempo de su duración en el cargo, teniendo en cuenta tanto la naturaleza canónica de la Universidad o Facultad, como la costumbre de las Universidades de la propia región.
Artículo 17. Las autoridades académicas serán elegidas de entre las personas que sean verdaderamente conocedoras de la vida universitaria y, como norma, de entre los profesores de alguna Facultad.
Artículo 18. El nombramiento o al menos la confirmación de los titulares de los siguientes oficios compete a la Congregación para la Educación Católica:
El Rector de una Universidad eclesiástica;
El Presidente de una Facultad eclesiástica sui iuris;
El Decano de una Facultad eclesiástica y el presidente serán nombrados o al menos confirmados por la Congregación para la Educación Católica.
Artículo 19. § 1. Determinen los estatutos cómo deben cooperar entre sí las autoridades personales y las colegiales, de manera que, observando fielmente el sistema colegial sobre todo en los asuntos más importantes, particularmente los académicos, las autoridades personales gocen verdaderamente de la potestad que corresponde a su oficio.
§ 2. Esto se ha de decir en primer lugar si se trata del rector, el cual tiene la misión de gobernar toda la Universidad y de promover por los medios adecuados su unidad, cooperación y progreso.
Artículo 20. § 1. Allí donde las Facultades formen parte de una Universidad eclesiástica o de una Universidad católica, los estatutos han de proveer para que su gobierno se coordine debidamente con el gobierno de toda la Universidad, de manera que se promueva convenientemente el bien tanto de cada una de las Facultades como de la Universidad y se fomente la cooperación de todas las Facultades entre sí.
§ 2. Las exigencias canónicas de una Facultad eclesiástica han de salvaguardarse incluso cuando ésta forme parte de otra Universidad no eclesiástica.
Artículo 21. Si la Facultad está unida con algún seminario mayor o colegio sacerdotal, quedando a salvo la debida cooperación en todo lo que atañe al bien de los alumnos, los estatutos tomen clara y eficazmente precauciones para que la dirección académica y la administración de la Facultad se distingan debidamente del gobierno y administración del seminario mayor o colegio sacerdotal.
Título III El profesorado
Artículo 22. En toda Facultad debe existir un número de profesores, especialmente estables, que corresponda a la importancia y al desarrollo de las disciplinas, así como a la debida asistencia y al aprovechamiento de los alumnos.
Artículo 23. Debe haber distintas clases de profesores, especificadas en los estatutos según el grado de preparación, inserción, estabilidad y responsabilidad en la Facultad, teniendo oportunamente en cuenta la costumbre de las Universidades de la región.
Artículo 24. Los estatutos deben precisar a qué autoridades compete la asunción, el nombramiento y la promoción de los profesores, sobre todo cuando se trata de conferirles un oficio estable.
Artículo 25. § 1. Para que uno pueda ser legítimamente asumido entre los profesores estables de la Facultad, se requiere:
1) que sea persona distinguida por su preparación doctrinal, su testimonio de vida y su sentido de responsabilidad;
2) que tenga el doctorado congruente, un título equivalente o méritos científicos del todo singulares;
3) que haya probado su idoneidad para la investigación científica de manera documentalmente segura, sobre todo mediante la publicación de trabajos científicos;
4) que demuestre tener aptitud didáctica para la enseñanza.
§ 2. Estos requisitos, que valen para la asunción de profesores estables, se han de aplicar proporcionalmente a los profesores no estables.
§ 3. Para la asunción de los profesores se deben tener presentes los requisitos científicos vigentes en la práctica universitaria de la región.
Artículo 26. § 1. Todos los profesores de cualquier grado deben distinguirse siempre por su honestidad de vida, su integridad doctrinal y su diligencia en el cumplimiento del deber, de manera que puedan contribuir eficazmente a conseguir los fines de una institución académica eclesiástica. Si llegara a faltar cualquiera de estos requisitos, los profesores deberán ser removidos de su encargo, observando el procedimiento previsto[76].
§ 2. Los que enseñan materias concernientes a la fe y costumbres, deben ser conscientes de que tienen que cumplir esta misión en plena comunión con el Magisterio de la Iglesia, en primer lugar con el del Romano Pontífice[77].
Artículo 27. § 1. Los que enseñan materias concernientes a la fe y costumbres, deben recibir la misión canónica del Gran Canciller o de su delegado, después de haber hecho la profesión de fe[78], ya que no enseñan con autoridad propia sino en virtud de la misión recibida de la Iglesia. Los demás profesores deben recibir el permiso para enseñar del Gran Canciller o de su delegado.
§ 2. Todos los profesores, antes de recibir un encargo estable o antes de ser promovidos al supremo orden didáctico, o en ambos casos, según lo definan los estatutos, necesitan la declaración nihil obstat de la Santa Sede.
Artículo 28. La promoción a los grados superiores se hace, después de un oportuno intervalo de tiempo, teniendo en cuenta la capacidad para enseñar, las investigaciones llevadas a cabo, los trabajos científicos publicados, el espíritu de colaboración demostrado en la enseñanza y en la investigación y el empeño puesto en la dedicación a la Facultad.
Artículo 29. Para que puedan cumplir su oficio, los profesores estarán libres de otros cargos no compatibles con su deber de investigar y enseñar de la manera que se exija en los estatutos a cada una de las clases de profesores[79].
Artículo 30. Se ha de determinar en los estatutos:
a) cuándo y en qué condiciones cesan los profesores en su oficio;
b) por qué razones y con qué procedimiento se les puede suspender, cesar o privar del oficio, de manera que se tutelen adecuadamente los derechos tanto del profesor como de la Facultad o Universidad, en primer lugar de sus alumnos, como también de la misma comunidad eclesial.
Título IV Los alumnos
Artículo 31. Las Facultades eclesiásticas estén abiertas a todos aquellos, eclesiásticos o seglares, que, presentando certificado válido de buena conducta y de haber realizado los estudios previos, sean idóneos para inscribirse en la Facultad.
Artículo 32. § 1. Para que uno pueda ser inscripto en la Facultad con el fin de conseguir grados académicos, debe presentar el título de estudio que se requiera para ser admitido en la Universidad civil de la propia nación o de la región donde está la Facultad.
§ 2. La Facultad determine en sus estatutos lo que eventualmente sea necesario, además de lo establecido en el §1, para iniciar los propios estudios, incluso en lo que se refiere al conocimiento de las lenguas tanto antiguas como modernas.
§ 3. La Facultad determine en sus estatutos los procedimientos para evaluar las modalidades de tratamiento en el caso de refugiados, prófugos o personas en situaciones análogas desprovistos de la regular documentación exigida.
Artículo 33. Los alumnos deben observar fielmente las normas de la Facultad en todo lo referente al ordenamiento general y a la disciplina —en primer lugar lo referente al propio plan de estudios, asistencia a clase, exámenes— así como en todo lo que atañe a la vida de la Facultad. Por este motivo, la Universidad y cada Facultad dispongan los modos para que los estudiantes conozcan los Estatutos y los Reglamentos.
Artículo 34. Los estatutos deben definir el modo cómo los alumnos, tanto en particular como asociados, tomarán parte en la vida de la comunidad académica, en todo aquello que pueden aportar al bien común de la Facultad o Universidad.
Artículo 35. Determinen igualmente los estatutos cómo, por razones graves, se puede suspender o privar de algunos derechos a los alumnos o incluso excluirlos de la Facultad, con el fin de proveer así a la tutela de los derechos tanto del alumno, tanto de la Facultad o Universidad, como también de la misma comunidad eclesial.
Título V Los oficiales y el personal administrativo y de servicio
Artículo 36. § 1. En el gobierno y la administración de la Universidad o Facultad, las autoridades sean ayudadas por oficiales, convenientemente preparados en el propio oficio.
§ 2. Son oficiales en primer lugar el secretario, el bibliotecario y el ecónomo y otros que la institución retenga oportunos. Los derechos y los deberes de todo este personal deben ser establecidos en los Estatutos y en los reglamentos.
Título VI El plan de estudios
Artículo 37. § 1. Al hacer el plan de estudios, se observen cuidadosamente los principios y las normas que, según la diversidad de la materia, se contienen en los documentos eclesiásticos, sobre todo en los del Concilio Vaticano II; se tengan en cuenta al mismo tiempo los aportes seguros, que provienen del progreso científico y que contribuyen en particular a resolver las cuestiones hoy discutidas.
§ 2. En las distintas Facultades se adopte el método científico correspondiente a las exigencias propias de las distintas ciencias. Asimismo se apliquen oportunamente los recientes métodos didácticos y pedagógicos, aptos para promover mejor el empeño personal de los alumnos y su participación activa en los estudios.
Artículo 38. § 1. Según la norma del Concilio Vaticano II y teniendo presente la índole propia de cada Facultad:
1º se reconozca una justa libertad[80] de investigación y de enseñanza, para que se pueda lograr un auténtico progreso en el conocimiento y en la comprensión de la verdad divina;
2º al mismo tiempo sea claro:
a) que la verdadera libertad de enseñanza está contenida necesariamente dentro de los confines de la Palabra de Dios, tal como es enseñada constantemente por el Magisterio vivo de la Iglesia;
b) igualmente que la verdadera libertad de investigación se apoya necesariamente en la firme adhesión a la Palabra de Dios y en la actitud de aceptación del Magisterio de la Iglesia, al cual ha sido confiado el deber de interpretar auténticamente la Palabra de Dios.
§ 2. Consiguientemente, en materia tan importante y que requiere tanta prudencia, se debe proceder con confianza y sin sospechas, pero también con juicio y sin temeridad, sobre todo en el campo de la enseñanza; se deben armonizar además cuidadosamente las exigencias científicas con las necesidades pastorales del Pueblo de Dios.
Artículo 39. En toda Facultad se ordene convenientemente el plan de estudios, a través de diversos grados o ciclos según las exigencias de la materia; de manera que generalmente:
a) se ofrezca en primer lugar una información general, mediante la exposición coordinada de todas las disciplinas, junto con la introducción al uso del método científico;
b) sucesivamente se aborde con mayor profundidad el estudio de un sector particular de las disciplinas y al mismo tiempo se ejercite más de lleno a los alumnos en el uso del método de investigación científica;
c) finalmente, se vaya llegando progresivamente a la madurez científica, en particular mediante la elaboración de un trabajo escrito, que contribuya efectivamente al adelanto de la ciencia.
Artículo 40. § 1. Se determinen las disciplinas que se requieren necesariamente para lograr el fin de la Facultad, como también aquellas que, de diverso modo, ayudan a conseguir tal finalidad, y se indique consiguientemente cómo se distinguen entre sí.
§ 2. Se ordenen las disciplinas en cada Facultad, de manera que formen un cuerpo orgánico, sirvan para la sólida y armoniosa formación de los alumnos y hagan más fácil la mutua colaboración de los profesores.
Artículo 41. Las lecciones, sobre todo en el ciclo institucional, deben darse obligatoriamente, debiendo asistir a ellas los alumnos según las normas que determinará el plan de estudios.
Artículo 42. Las ejercitaciones y los seminarios, sobre todo en el ciclo de especialización, deben ser dirigidos asiduamente bajo la guía de los profesores e integrados continuamente mediante el estudio privado y el coloquio frecuente con los profesores.
Artículo 43. Defina el plan de estudios de la Facultad cuáles exámenes o pruebas equivalentes, escritos u orales, deben darse al final de cada semestre o año y sobre todo al final del ciclo, con el fin de que sea posible verificar su aprovechamiento en orden a la continuación de los estudios en la Facultad y a la consecución de los grados académicos.
Artículo 44. Asimismo los estatutos o los reglamentos determinarán en qué consideración deben tomarse los estudios hechos en otro sitio, sobre todo por lo que se refiere a la concesión de dispensas para algunas disciplinas o también a la reducción del mismo plan de estudios, respetando por lo demás las disposiciones de la Congregación para la Educación Católica.
Título VII Los grados académicos y otros títulos
Artículo 45. § 1. Al final de cada ciclo del plan de estudios, puede conferirse el conveniente grado académico, que debe ser establecido para cada Facultad, teniendo en cuenta la duración del ciclo y las disciplinas en él enseñadas.
§ 2. Por tanto, en los Estatutos de cada Facultad deben determinarse cuidadosamente, según las normas comunes y particulares de la presente Constitución, todos los grados que son conferidos y cuáles condiciones se requieren.
Artículo 46. Los grados académicos, que se confieren en una Facultad eclesiástica, son: el bachillerato, la licenciatura, el doctorado.
Artículo 47. En los Estatutos de cada Facultad, los grados académicos pueden ser expresados con otras denominaciones, teniendo en cuenta la costumbre de las Universidades de la región, mientras se indique claramente su equivalencia con los grados académicos arriba mencionados y se salvaguarde la uniformidad entre las Facultades eclesiásticas de la misma región.
Artículo 48. Nadie puede conseguir un grado académico si no se ha inscripto regularmente en la Facultad, y no ha terminado el plan de estudios prescritos por los planes de estudio y no ha superado positivamente los relativos exámenes y algunas otras eventuales modalidad de pruebas.
Artículo 49. § 1. Para ser admitido al doctorado se requiere haber conseguido previamente la licenciatura.
§ 2. Para conseguir el doctorado se requiere además una disertación doctoral que contribuya efectivamente al progreso de la ciencia, que haya sido elaborada bajo la guía de un profesor, discutida públicamente, aprobada colegialmente y publicada al menos en su parte principal.
Artículo 50. § 1. El doctorado es el grado académico que habilita, y se requiere, para enseñar en una Facultad; la licenciatura por su parte habilita, y se requiere, para enseñar en un seminario mayor o en una institución equivalente.
§ 2. Los grados académicos necesarios para desempeñar los distintos oficios eclesiásticos son establecidos por la competente autoridad eclesiástica.
Artículo 51. Concurriendo especiales méritos científicos o culturales adquiridos en la promoción de las ciencias eclesiásticas, se puede conceder a alguno el Doctorado honoris causa.
Artículo 52. Además de los grados académicos, las Facultades pueden conceder otros títulos, según la diversidad de las Facultades y sus respectivos planes de estudios.
Título VIII Cuestiones didácticas
Artículo 53. Para la consecución de los propios fines específicos, y en particular para llevar a cabo la investigación científica, en cada Universidad o Facultad habrá una biblioteca adecuada, que responda a las necesidades de los profesores y alumnos, convenientemente ordenada y dotada de oportunos catálogos.
Artículo 54. Mediante la asignación anual de una congrua suma de dinero, la biblioteca se enriquezca constantemente con libros antiguos y modernos, y también con las principales revistas, de manera que pueda servir eficazmente tanto para investigar y enseñar las disciplinas, como para aprenderlas, lo mismo que para las ejercitaciones y seminarios.
Artículo 55. Al frente de la biblioteca debe estar un perito en la materia, el cual será ayudado por un consejo adecuado y participará oportunamente en los consejos de Universidad o Facultad.
Artículo 56. § 1. La Facultad debe disponer además de medios informáticos, técnicos, audiovisuales, etc., que sirvan de ayuda para la enseñanza y la investigación.
§ 2. En correspondencia con la naturaleza y la finalidad peculiares de la Universidad o Facultad haya también institutos de investigación y laboratorios científicos, así como otros medios necesarios para conseguir el fin que les es propio.
Título IX Cuestión económica
Artículo 57. La Universidad o Facultad debe disponer de medios económicos necesarios para la conveniente consecución de su finalidad específica. Deberá hacerse una descripción exacta del estado patrimonial y de los derechos de propiedad.
Artículo 58. Los estatutos determinen, según las normas de la recta economía, la función del ecónomo, así como las competencias del rector o presidente y de los consejos en la gestión económica de la Universidad o de la Facultad, con el fin de asegurar una sana administración.
Artículo 59. Al personal docente y no, se les dé una congrua retribución, teniendo en cuenta las costumbres vigentes en el territorio, incluso en lo que se refiere a la asistencia y a la seguridad social.
Artículo 60. Los Estatutos determinen igualmente las normas generales sobre los modos de participación de los estudiantes en los gastos de la Universidad o Facultad, mediante el pago de tasas académicas.
Título X Planificación y cooperación entre las facultades
Artículo 61. § 1. Debe ser cuidada diligentemente la llamada planificación, con el fin de proveer tanto a la conservación y al progreso de las Universidades o Facultades, como a su conveniente distribución en las diversas partes del mundo.
§ 2. Para conseguir este fin, la Congregación para la Educación Católica será ayudada, con sus sugerencias, por las Conferencias Episcopales y por una comisión de expertos.
Artículo 62. § 1. La erección o aprobación de una nueva Universidad o Facultad debe ser decidida por la Congregación para la Educación Católica[81], cuando se esté seguro de su necesidad o utilidad real y cuando se cumplan todos los requisitos, después de oír también el parecer del Obispo diocesano o eparquial, de la Conferencia Episcopal y de los expertos, especialmente de las Facultades más próximas.
§ 2. Para erigir canónicamente una Universidad eclesiástica son necesarias cuatro Facultades eclesiásticas, para un Ateneo eclesiástico tres Facultades eclesiásticas.
§ 3. La Universidad eclesiástica y la Facultad eclesiástica sui iuris gozan ipso iure de personalidad jurídica pública.
§ 4. Compete a la Congregación para la Educación Católica conceder mediante un decreto la personalidad jurídica a una Facultad eclesiástica que esté en el seno de una Universidad civil.
Artículo 63. § 1. La afiliación de un instituto a una Facultad para la consecución del bachillerato será decretada por la Congregación para la Educación Católica, cuando se cumplan las condiciones establecidas por el mismo Dicasterio.
§ 2. Es muy de desear que los centros teológicos, sea de las diócesis, sea de los institutos religiosos, se afilien a alguna Facultad teológica.
Artículo 64. La agregación y la incorporación de un instituto a una Facultad para conseguir también grados académicos superiores serán decretadas por la Congregación para la Educación Católica, cuando se cumplan las condiciones establecidas por el mismo Dicasterio.
Artículo 65. Para la erección de un Instituto Superior de Ciencias Religiosas se requiere el patrocinio de una Facultad de Teología según las normas peculiares, emanadas por la Congregación para la Educación Católica.
Artículo 66. La colaboración entre Facultades, bien sea de una misma Universidad, bien de una misma región o de un territorio más amplio, deberá ser promovida diligentemente[82]. En efecto, ello será de gran ayuda para fomentar la investigación científica de los profesores y la mejor formación de los alumnos, así como para conseguir la comúnmente llamada «relación interdisciplinar», que se hace cada vez más necesaria; igualmente para desarrollar la «complementariedad» entre las distintas Facultades; en general, para lograr la penetración de la sabiduría cristiana en toda la cultura.
Artículo 67. Cuando una Universidad o una Facultad eclesiástica no esté cumpliendo las condiciones que fueron requeridas para su erección o aprobación, compete a la Congregación para la Educación Católica, notificado previamente al Gran Canciller, y al Rector o Presidente según las circunstancias, y luego de tener el parecer del Obispo diocesano o eparquial y de la Conferencia Episcopal, tomar la decisión sobre la suspensión de los derechos académicos, sobre la revocación de la aprobación como Universidad o Facultad eclesiástica o sobre la supresión definitiva de la institución.
Segunda Parte NORMAS ESPECIALES
Artículo 68. Además de las normas comunes a todas las Facultades eclesiásticas, establecidas en la primera parte de esta Constitución, se dan aquí las normas especiales para algunas Facultades, teniendo en cuenta su peculiar naturaleza e importancia dentro de la Iglesia.
Título I La Facultad de Teología
Artículo 69. La Facultad de Teología tiene como finalidad profundizar y estudiar sistemáticamente con su propio método la doctrina católica, sacada de la divina Revelación con máxima diligencia; y también el de buscar diligentemente las soluciones de los problemas humanos a la luz de la misma Revelación.
Artículo 70. § 1. El estudio de la Sagrada Escritura debe ser como el alma de la Teología, la cual se basa, como fundamento perenne, sobre la Palabra de Dios escrita junto con la Tradición viva[83].
§ 2. Todas las disciplinas teológicas deben ser enseñadas de modo que, de las razones internas del objeto propio de cada una y en conexión con las demás disciplinas de la Facultad, como el derecho canónico y la filosofía, incluso con las ciencias antropológicas, resulte bien clara la unidad de toda la enseñanza teológica; y todas las disciplinas converjan hacia el conocimiento íntimo del misterio de Cristo, para que así pueda ser anunciado más eficazmente al Pueblo de Dios y a todas las gentes[84].
Artículo 71. § 1. La Verdad revelada debe ser considerada también en conexión con los adelantos científicos del tiempo presente, para que se comprenda claramente «cómo la fe y la razón se encuentran en la única verdad»[85] y su exposición sea tal, que, sin mutación de la verdad, se adapte a la naturaleza y a la índole de cada cultura, teniendo especialmente en cuenta la filosofía y la sabiduría de los pueblos, excluyendo no obstante cualquier forma de sincretismo o de falso particularismo[86].
§ 2. Se deben investigar, escoger y tomar con cuidado los valores positivos que se encuentran en las distintas filosofías y culturas; pero no se deben aceptar sistemas y métodos que no puedan conciliarse con la fe cristiana.
Artículo 72. § 1. Las cuestiones ecuménicas deben ser tratadas cuidadosamente según las normas emanadas de la competente autoridad eclesiástica[87].
§ 2. Las relaciones con las religiones no cristianas hay que considerarlas con atención.
§ 3. Serán examinados con escrupulosa diligencia los problemas que nacen del ateísmo y de otras corrientes de la cultura contemporánea.
Artículo 73. En el estudio y la enseñanza de la doctrina católica aparezca bien clara la fidelidad al Magisterio de la Iglesia. En el cumplimiento de la misión de enseñar, especialmente en el ciclo institucional, se impartan ante todo las enseñanzas que se refieren al patrimonio adquirido de la Iglesia. Las opiniones probables y personales que derivan de las nuevas investigaciones sean propuestas modestamente como tales.
Artículo 74. El plan de estudios de las Facultades de Teología comprende:
a) el primer ciclo, institucional, que dura un quinquenio o diez semestres, o también un trienio o seis semestres, si anteriormente se ha exigido un bienio de filosofía.
Los primeros dos años han de ser dedicados, en mayor manera, a una sólida formación filosófica, necesaria para afrontar adecuadamente el estudio de la teología. El Bachillerato obtenido en una Facultad eclesiástica de Filosofía sustituye a los cursos de filosofía del primer ciclo en las Facultades teológicas. El Bachillerato en Filosofía, obtenido en una Facultad no eclesiástica, no supone un motivo para dispensar completamente a un estudiante de los cursos filosóficos del primer ciclo en las Facultades teológicas.
Las disciplinas teológicas deben ser enseñadas de modo que se ofrezca una exposición orgánica de toda la doctrina católica junto con la introducción al método de la investigación científica.
El ciclo se concluye con el grado académico del Bachillerato o con otro grado similar tal como se precisará en los Estatutos de la Facultad.
b) el segundo ciclo, de especialización, dura un bienio o cuatro semestres.
En él se enseñan las disciplinas peculiares según la diversa índole de la especialización y se tienen seminarios y ejercitaciones para conseguir práctica en la investigación científica.
El ciclo se concluye con el grado académico de la Licenciatura especializada;
c) el tercer ciclo en el cual, durante un período de tiempo congruo, se perfecciona la formación científica, especialmente a través de la elaboración de la tesis doctoral.
El ciclo se concluye con el grado académico del Doctorado.
Artículo 75. § 1. Para que uno pueda inscribirse válidamente en la Facultad de Teología es necesario que haya terminado los estudios precedentes, exigidos a norma del art. 32 de esta Constitución.
§ 2. Allí donde el primer ciclo de la Facultad es trienal, el alumno debe presentar el certificado del bienio filosófico, regularmente cursado en una Facultad filosófica o instituto aprobados.
Artículo 76. § 1. La Facultad de Teología tiene la misión particular de cuidar la científica formación teológica de aquellos que se preparan al presbiterado y de aquellos que se preparan para desempeñar cargos eclesiásticos especiales. Por ello es necesario que exista un congruo número de profesores presbíteros.
§ 2. Con este fin, deben darse también disciplinas adaptadas a los seminaristas: es más, puede instituirse oportunamente por la misma Facultad el «Año de pastoral», que se exige, después de haber terminado el quinquenio institucional, para el presbiterado, y puede concluirse con la concesión de un diploma especial.
Título II La Facultad de Derecho Canónico
Artículo 77. La Facultad de Derecho Canónico, latino u oriental, tiene como finalidad estudiar y promover las disciplinas canónicas a la luz de la ley evangélica e instruir a fondo en las mismas a los alumnos para que estén formados para la investigación y la enseñanza y estén también preparados para desempeñar especiales cargos eclesiásticos.
Artículo 78. El currículo de estudios de una Facultad de derecho canónico comprende:
a) el primer ciclo, que debe durar cuatro semestres o un bienio, para los que no tienen una formación filosófico-teológica, sin excepción alguna para los que ya tienen un título académico en derecho civil; en este ciclo se han de dedicar al estudio de las instituciones de derecho canónico y a las disciplinas filosóficas y teológicas que se requieren para una formación jurídica superior;
b) el segundo ciclo, que debe durar seis semestres o un trienio, está dedicado a un estudio más profundo del Código en todas sus expresiones, normativas, de jurisprudencia, doctrinales y de praxis, y, principalmente de los Códigos de la Iglesia Latina o de las Iglesias Orientales, a través del estudio de sus fuentes, tanto magisteriales como disciplinares, añadiendo el estudio de materias afines;
c) el tercer ciclo, que abarca un período congruo de tiempo, en el que se perfecciona la formación jurídica necesaria para la investigación científica encaminada a la elaboración de la disertación doctoral.
Artículo 79. § 1. Para las disciplinas prescritas en el primer ciclo, la Facultad puede servirse de los cursos tenidos en otras Facultades, siempre que sean reconocidos por ella como correspondientes a las propias exigencias.
§ 2. El segundo ciclo se concluye con la licenciatura y el tercero con el doctorado.
§ 3. El plan de estudios de la Facultad debe definir los requisitos particulares para la consecución de los grados académicos, habida cuenta de las prescripciones de la Congregación para la Educación Católica.
Artículo 80. Para que uno pueda inscribirse en la Facultad de Derecho Canónico es necesario que haya terminado los estudios exigidos, a tenor del art. 32 de esta Constitución.
Título III La Facultad de Filosofía
Artículo 81. § 1. La Facultad eclesiástica de Filosofía tiene como finalidad investigar con método científico los problemas filosóficos y, basándose en el patrimonio filosófico perennemente válido, buscar su solución a la luz natural de la razón, y demostrar su coherencia con la visión cristiana del mundo, del hombre y de Dios, poniendo de relieve las relaciones de la filosofía con la teología.
§ 2. Se propone asimismo instruir a los alumnos en orden a hacerlos idóneos para la enseñanza y para desarrollar convenientemente otras actividades intelectuales, así como para promover la cultura cristiana y entablar un fructuoso diálogo con los hombres de nuestro tiempo.
Artículo 82. El currículum de los estudios de la Facultad de Filosofía comprende:
a) el primer ciclo institucional, durante el cual a lo largo de un trienio o seis semestres, se hace una exposición orgánica de las distintas partes de la filosofía que tratan del mundo, del hombre y de Dios, como también de la historia de la filosofía, juntamente con la introducción al método de investigación científica;
b) el segundo ciclo, en el cual se inicia la especialización y durante el cual, por espacio de un bienio o cuatro semestres y mediante el estudio de disciplinas especiales y seminarios, se abre camino a una reflexión más profunda sobre alguna parte de la filosofía;
c) el tercer ciclo, en el cual, durante un período de al menos tres años, se promueve la madurez filosófica, especialmente a través de la elaboración de la tesis doctoral.
Artículo 83. El primer ciclo se concluye con el bachillerato, el segundo con la licenciatura especializada, el tercero con el doctorado.
Artículo 84. Para que uno pueda inscribirse al primer ciclo de la Facultad de Filosofía es necesario que haya terminado antes los estudios requeridos a tenor del art. 32 de esta Constitución Apostólica.
Dado el caso de un estudiante, que habiendo completado con éxito los cursos regulares de filosofía del primer ciclo en una Facultad Teológica, quisiera proseguir los estudios filosóficos para obtener el Bachillerato en una Facultad eclesiástica de Filosofía, se deberá tener en cuenta los cursos aprobados durante el mencionado ciclo.
Título IV Otras facultades
Artículo 85. Además de las Facultades de Teología, de Derecho Canónico y de Filosofía, han sido erigidas o pueden ser erigidas canónicamente otras Facultades eclesiásticas, teniendo en cuenta las necesidades de la Iglesia, con objeto de conseguir algunas finalidades particulares, como por ejemplo:
a) un conocimiento profundo en algunas disciplinas de mayor importancia entre las disciplinas teológicas, jurídicas, filosóficas e históricas;
b) la promoción de otras ciencias, en primer lugar las ciencias humanas, que tengan más estrecha conexión con las disciplinas teológicas o con la labor de evangelización;
c) el estudio profundo de las letras, que ayuden de modo especial tanto a comprender mejor la Revelación cristiana, como a desarrollar con mayor eficacia la tarea de evangelización;
d) finalmente, una más cuidada preparación tanto de los clérigos como de los seglares para desempeñar dignamente algunas funciones apostólicas especiales.
Artículo 86. Será incumbencia de la Congregación para la Educación Católica emanar oportunamente normas especiales para estas Facultades o institutos, al igual que se ha dicho en los títulos precedentes para las Facultades de Teología, Derecho Canónico y Filosofía.
Artículo 87. También las Facultades y los Institutos para los cuales no han sido dadas aún normas especiales, deben redactar los propios estatutos en conformidad con las normas comunes establecidas en la primera parte de esta Constitución y teniendo en cuenta la naturaleza particular y las finalidades específicas de cada Facultad o Instituto.
Normas finales
Artículo 88. La presente Constitución entrará en vigor el primer día del año académico 2018-2019 o del año académico 2019, según el calendario académico de las distintas regiones.
Artículo 89. § 1. Todas las Universidades o Facultades deben presentar los propios Estatutos y los Planes de estudio de cada Facultad, revisados conforme a esta Constitución, en la Congregación para la Educación Católica antes del día 8 de diciembre de 2019.
§ 2. Para eventuales modificaciones de los Estatutos o de los Planes de estudio se deberá contar siempre con la aprobación de la Congregación para la Educación Católica.
Artículo 90. En todas las Facultades deben ordenarse los estudios, de manera que los alumnos puedan conseguir los grados académicos según las normas de esta Constitución, quedando a salvo los derechos anteriormente adquiridos por los mismos estudiantes.
Artículo 91. Los Estatutos y los Planos de estudio de las nuevas Facultades deberán ser aprobados ad experimentum, de modo que, tres años después de la aprobación, puedan ser perfeccionados para obtener la aprobación definitiva.
Artículo 92. Las Facultades que tienen vinculación jurídica con las autoridades civiles podrán, si es necesario, disponer de un período más largo de tiempo para revisar los estatutos, con la aprobación de la Congregación para la Educación Católica.
Artículo 93. § 1. Será incumbencia de la Congregación para la Educación Católica, cuando pasando el tiempo lo pidan las circunstancias, proponer los cambios que se deban introducir en esta Constitución, a fin de que la misma se adapte continuamente a las nuevas exigencias de las Facultades eclesiásticas.
§ 2. Solo la Congregación para la Educación Católica podrá dispensar sobre la observancia de cualquier artículo de esta Constitución o de las Ordinationes, como también de los Estatutos y de los Planes de estudio aprobados por una Universidad o por una Facultad.
Artículo 94. Las leyes o las costumbres actualmente en vigor, pero que están en contraste con esta Constitución, bien sean universales, bien sean particulares, aunque sean dignas de especialísima y particular mención, quedan abrogadas. Asimismo los privilegios concedidos hasta ahora por la Santa Sede a personas físicas o morales y que están en contraste con las prescripciones de esta misma Constitución, quedan totalmente abrogados.
Todo lo que he deliberado con la presente Constitución Apostólica ordeno que se observe en todas sus partes, no obstante cualquiera disposición contraria, aunque fuera digna de mención especial, y establezco que se publique en el comentario oficial Acta Apostolicæ Sedis.
Dado en Roma, en San Pedro, el día 8 de diciembre, Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, año 2017, V de mi Pontificado.
FRANCISCUS
[1] Cf. San Agustín, Confesiones, X, 23.33; I,1,1.
[2] Conc. Ecum. Vat. II, Constitución pastoral Gaudium et spes, n. 22.
[3] Sapientia christiana, Proemio, III; cf. infra, Apéndice, I.
[4] Videomensaje al Congreso Internacional de Teología organizado por la Pontificia Universidad Católica Argentina «Santa María de los Buenos Aires», 1-3 de septiembre de 2015.
[5] Optatam totius, n. 14.
[6] Ibíd., n. 16.
[7] Ibíd.
[8] Cf. ibíd.
[9] Ibíd., 19.
[10] Ibíd., 20.
[11] Proemio n. I.
[12] Fides et ratio, n. 85.
[13] n. 14.
[14] n. 20.
[15] Carta Encíclica Caritas in veritate, n. 42.
[16] Cf. ibíd., 54; Conc. Ecum. Vat. II, Constitución dógmatica. Lumen gentium, n. 1.
[17] Carta Encíclica Caritas in veritate, n. 33.
[18] Ibíd., n. 30.
[19] Cf. Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, cap. 5.
[20] Ibíd., n. 30.
[21] Cf. Discurso al V Convenio nacional de la Iglesia italiana, Florencia, 10 de noviembre de 2015.
[22] Cf. Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, n. 55.
[23] Cf. Carta Encíclica Laudato si’, n. 139.
[24] Ibíd., n. 61.
[25] Cf. ibíd., n. 194.
[26] Ibíd., n. 53; cf. n. 105.
[27] Ibíd., 114.
[28] Discurso a la Comunidad de la Pontificia Universidad Gregoriana y a los miembros de los asociados Pontificio Instituto Bíblico y Pontificio Instituto Oriental, 10 de abril de 2014,: AAS 106 (2014), pág. 374.
[29] Cf. Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, nn. 11; 34ss.; 164-165.
[30] Ibíd., n. 165.
[31] Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Constitución dogmática Lumen gentium, n. 1.
[32] Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, n. 111.
[33] Cf. Bula de convocación del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, Misericordiae Vultus (11 abril 2015).
[34] Cf. Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, nn. 87 y 272.
[35] Ibíd., n. 92.
[36] Cf. Carta encíclica Laudato si’, n. 49.
[37] Cf. Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, cap. 4.
[38] Consejo Pontificio Justicia y Paz, Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 52; cf. Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, n. 178.
[39] Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, n. 195.
[40] Cf. Carta Encíclica Laudato si’, n. 240.
[41] Cf. Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, n. 239.
[42] Carta Encíclica Caritas in veritate, n. 4.
[43] Proemio, III; cf. Conc. Ecum. Vat. II, Constitución pastoral Gaudium et spes, n. 62.
[44] Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, n. 74.
[45] n. 31.
[46] Cf. Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, n. 134.
[47] L’Idea di Università, Vita e Pensiero, Milano (1976), pág. 201.
[48] Cf. Delle cinque piaghe della Santa Chiesa, en Opere di Antonio Rosmini, vol. 56, ed. Ciudad Nueva, Roma (19982), cap. II, Passim.
[49] Laudato si’, n. 164.
[50] Ibíd.
[51] Videomensaje al Congreso Internacional de Teología organizado por la Pontificia Universidad Católica Argentina «Santa María de los Buenos Aires», 1-3 de septiembre de 2015.
[52] Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, n. 236.
[53] Juan Pablo II, Carta Apostólica Novo Millennio ineunte, 6 de enero de 2001, n. 40.
[54] Ibíd.
[55] Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, n. 116.
[56] Catequesis, 26 de abril de 2006.
[57] Videomensaje al Congreso Internacional de Teología organizado por la Pontificia Universidad Católica Argentina «Santa María de los Buenos Aires», 1-3 de septiembre de 2015, en referencia a la Evangelii gaudium, n. 115.
[58] Carta al Gran Canciller de la Pontificia Universidad Católica Argentina en el Centenario de la Facultad de Teología, 3 de marzo de 2015.
[59] Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, nn. 227-228.
[60] Proemio, n. III.
[61] Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, n. 133.
[62] Cf. Carta Encíclica Laudato si’, n. 47; Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, n. 50.
[63] Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, n. 45.
[64] Ibíd., n. 132.
[65] n. 201.
[66] Videomensaje al Congreso Internacional de Teología organizado por la Pontificia Universidad Católica Argentina «Santa María de los Buenos Aires», 1-3 de septiembre de 2015.
[67] Carta Encíclica Laudato si’, n. 202.
[68] Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, n. 278.
[69] Cf. can. 815 CIC.
[70] Cf. can. 817 CIC; can. 648 CCEO.
[71] Cf. Juan Pablo II, Constitución Apostólica Ex corde Ecclesiæ, art. 1, §2: AAS 82 [1990] pág. 1502.
[72] Cf. Constitución Apostólica Regimini Ecclesiae universae, 78: AAS 59 (1967), pág. 914; can. 816, § 1 CIC; can. 649 CCEO; Juan Pablo II, Constitución Apostólica Pastor bonus, art. 116, § 2: AAS 80 [1988] pág. 889.
[73] Cf. can. 817 CIC; can. 648 CCEO.
[74] Cf. Motu proprio Sedula cura: AAS 63 (1971) págs. 665 ss., y Decreto de la Pont. Comisión Bíblica Ratio periclitandae doctrinae: AAS 67 (1975), págs. 153 ss.
[75] Cf. can. 816, § 2 CIC; can. 650 CCEO.
[76] Cf. cann. 810 § 1 y 818 CIC.
[77] Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium, 25, 21 de noviembre de 1965: AAS 57 [1965] 29-31; Instrucción de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre la Vocación eclesial del Teólogo, Donum veritatis, 24 de mayo de 1990: AAS 82 [1990] págs.1550-1570.
[78] Cf. can. 833, n. 7.

Experiencias misioneras

Explosión vocacional en Indonesia: 38 nuevos diáconos ordenados en dos semanas en varias diócesis

Indonesia: 38 nuevos diáconos ordenados

La Iglesia Católica en Indonesia sigue creciendo y mostrando grandes frutos pese a ser una minoría en el conjunto del país. Pese a ellos hay regiones como Kalimantán y algunas diócesis de Java están viviendo un auténtico boom del catolicismo, habiendo lugares en los que los católicos son ya mayoría.
Este boom se traduce también en un florecimiento vocacional que estos días ha quedado evidenciado en varias diócesis del país. En tan sólo un par de semanas, cuenta AsiaNews, la Iglesia en Indonesia ha festejado la ordenación de 38 diáconos y varias ordenaciones sacerdotales.
Seminaristas diocesanos y de distintas órdenes
El 24 de enero pasado, Monseñor Robertus Rubiyatmoko, arzobispo de Semarang, ofició la ceremonia de ordenación al diaconado de 17 seminaristas en el seminario mayor de Saint Paul en Yogyakarta, Java Central.
Joko Setyo Prakosa, rector del instituto, afirma que los nuevos diáconos provienen de varios seminarios diocesanos, particularmente de la Archidiócesis de Semarang, de la de Merauke (provincia de Papúa) y de algunas órdenes religiosas (jesuitas, carmelitas y misioneros de la Sagrada Familia).
El mismo día, la diócesis de Purwokerto (Java Central) festejó dos ordenaciones sacerdotales, y tres diaconales . Dado que Purwokerto no cuenta por el momento con un obispo titular, a causa de la enfermedad y consiguiente renuncia de Monseñor Julianus Sunarka, la ceremonia fue oficiada por Monseñor Antonius Subianto Bunjamin, de Bandung (Java Occidental).
En cuanto a la diócesis de Sintang (provincia de Kalimantan occidental), sor María Seba cuenta que dos días después, el obispo, Monseñor Samuel Oton Sidin, ordenó a un sacerdote diocesano local.
El 1 de febrero,  en la catedral de Santa María del Monte Carmelo en Malang (Java Oriental), Monseñor Henricus Pidyarto Gunawan presidirá la ordenación de 18 nuevos diáconos. Entre ellos hay diocesanos, carmelitas, lazaristas, discípulos del Señor, siervos de María y verbitas.
Fuente: www.religionenlibertad.com

10 aldeas han pedido bautizarse: la alegría de un misionero

En tres años, 10 aldeas han pedido bautizarse entre los tribales santal: la alegría de un misionero

El sueño de muchos misioneros: aldeas enteras de pueblos paganos que piden, por favor, ser bautizadas y catequizadas. 
Eso es lo que ha vivido durante tres años el padre Michele Brambilla, misionero italiano del PIME, en la parroquia de Kodbir, en Bangla Desh, junto a la frontera con la India, entre las tribus santal, que no son musulmanas ni hindúes, sino animistas.
La clave ha estado en los catequistas: contar con un religiosa de las Misioneras de la Inmaculada y dos catequistas itinerantes bien entrenados, a tiempo completo, con sueldo, que acuden por las pequeñas aldeas haciendo amistades, predicando, presentando el evangelio.
“La experiencia más hermosa de todos estos años ha sido formar a cristianos para que pudiesen difundir la Palabra de Dios y guiar la oración del domingo en las aldeas. Por eso, con mis dos catequistas que trabajan a tiempo completo y con una hermana, hemos formado un programa de catecumenado, es decir, de formación para personas no cristianas, que deben abandonar algunas de las tradiciones tribales. Y en estos tres años, son 10 las aldeas que han pedido hacerse cristianas”, explica el misionero en la agencia AsiaNews.
Una parroquia de 42 aldeas
En 2012, cuando el padre Brambilla empezó su trabajo con dos religiosas Misioneras de la Inmaculada en Kodbir, esta estación misionera ni siquiera era una parroquia propiamente dicha. Hoy ya es parroquia “y abarca 42 aldeas santal, de las cuales 6 son mayoritariamente cristianas, en otras 22 hay algunos cristianos y el resto no son cristianas”. Esto es lo que ahora está cambiando.

“En total, los catecúmenos son cerca de 300, pero aún no sabemos cuándo estarán listos para recibir el bautismo. Como máximo, el camino de acercamiento a la vida cristiana dura cerca de cinco años, durante los que los tribales deben renunciar a ciertas creencias. Pero no existe un tiempo preestablecido”, añade.
La parroquia, con su escuela y dispensario
En Bangladesh existen 160 millones habitantes, 95% musulmanes. Sólo hay 200,000 católicos en el país, y sin embargo la Iglesia educa a unos 100,000 alumnos, la mayoría no cristianos, en sus centros de enseñanza: una universidad, 8 centros universitarios y 580 escuelas primarias y secundarias.
Y en este mar de pequeñas escuelitas rurales o urbanas está la escuela de la parroquia de Kodbir, con sus 163 alumnos. Es una “escuela primaria para todos, a la que asisten chicos católicos, tribales y musulmanes”. Para la formación profesional o secundaria se les remite a escuelas en otras parroquias y misiones.
Y, como suele suceder donde hay misioneros, junto a la parroquia y la escuela hay un dispensario. Allí las religiosas de la Inmaculada -la rama femenina de los misioneros del PIME- “manejan un dispensario médico, donde casi todos los atendidos son musulmanes. Las consultas y la atención médicas de las hermanas son totalmente gratuitas, los enfermos solo pagan las medicinas”, explica el misionero.

La parroquia de Kodbir, en Bangla Desh, con su dispensario y su escuela
La importancia de los créditos
Además de la escuela, el dispensario y la parroquia, Brambilla puso en marcha una “credit d’union”, una especie de cooperativa de créditos con préstamos muy accesibles, que ayudan a muchos a emprender negocios y evitan el ciclo de la deuda y el empobrecimiento. Brambilla dice que para iniciar esta cooperativa de créditos tuvo que estudiar mucho, pero era un gran servicio.
Lawrence Murmu, de 67 años, un veterano catequista de etnia santal que sirve en la diócesis de Rajshahi desde hace 46 años, explicaba en otra noticia de AsiaNews la combinación virtuosa de contar con catequistas itinerantes y poder plantear microcréditos en aldeas no cristianas.
“Yo jamás hablo a estas personas de Jesucristo inmediatamente, sino que cuando entro a una aldea nueva, primero intento mezclarme entre la gente para construir una amistad con ellos. Construyo relaciones sanas con los jefes de la aldea: conversamos sobre los problemas socio-económicos, doy consejos para poder superar las dificultades. Los empujo a crear cooperativas, en base a microcréditos, para ayudarse. Dialogo con los diferentes credos, les doy aliento sobre temas relacionados con la educación y con la conciencia social. Recién después, empiezo a comunicar el mensaje de Dios”, explicaba.

La Virgen María y los bebés no cristianos
Brambilla cuenta que su vocación misionera maduró de niño, leyendo “Italia Missionaria” (actualmente “Mondo e missione”), de los misioneros del PIME, a los que se uniría. Tenía un tío sacerdote en la congregación y un hermano que trabajó durante varios años en China, antes de ser expulsado del país comunista. En Detroit (EEUU) aprendió inglés y en 2007 llegó a Bangladesh. Desde el principio trabajó con feligreses tribales, de etnias minoritarias, y también lo era el clero que le acompañaba.
Desde noviembre de 2015 el padre Brambilla ya no está en Kodbir. Ahora es el superior de los misioneros del PIME en Bangla Desh, y dirige el Hospital Saint Vincent en Dinajpur, la capital de un distrito de 13 millones de habitantes. También aquí los pacientes son casi todos musulmanes.
“En el hospital brindamos atención a todos, y somos bien vistos por la gente, sobre todo por la presencia de las hermanas, que mantienen todo limpio y en orden”, explica. “Cada tanto, cuando tengo tiempo, doy una vuelta por las diferentes unidades, porque los enfermos necesitan de una palabra de consuelo. También con los musulmanes e hindúes”.
Y cuenta un signo de cómo la vida, la maternidad, conducen a lo trascendente. “En el exterior de la sala de maternidad donde están los niños recién nacidos en sus cunas hay una gran imagen de la Virgen. Cada día, hay gente que enciende allí de 10 a 15 velas a los pies de la Virgen, dependiendo del número de niños nacidos. Pero sabemos que sólo nace un niño cristiano al día como máximo. Se sobrentiende que las demás velas son encendidas por fieles de otras religiones”.
Fuente: www.religionenlibertad.com
La belleza de la fe se volcó a las calles

La belleza de la fe se volcó a las calles

En el programa Diálogo de Fe del sábado 27 de enero, el Cardenal Juan Luis Cipriani recordó algunos momentos de la visita del Papa Francisco a nuestro país, así como los mensajes que ha dejado a todos los peruanos.
Mencionó que el Santo Padre se ha llevado la impresión de un pueblo creyente que es algo que debemos agradecer mucho.
“Que cada uno de nosotros ahora le dé gracias a Dios por esa fe que a través de las generaciones se ha ido pasando de padres a hijos y hace que nuestro pueblo al Papa le dé esa impresión. La fe sabemos que es un don de Dios. La fe no se compra, la fe no es cuestión de estudio, la fe no es cuestión de demostraciones. La fe es un don de Dios por el cual creemos en la persona de Jesucristo que se ha revelado. Ese pueblo creyente se manifiesta diciendo Este hombre de blanco, el Papa, es el vicario de Cristo, cabeza de la Iglesia”.
“Entonces esa mirada de Dios que encontró en la respuesta de estos santos, a él le hace sentir «Ustedes tienen una mirada de Dios privilegiada. No es cuestión de que ustedes fueron mejores o peores, sino que Dios se fijó en este país». Y tiempo después se volvió a fijar en el Señor de los Milagros. Volvió a dejar la huella a través de esa tradición. No es que estemos en comparación de quién tiene más o quién tiene menos. El Papa nos dice: «Les ha tocado nacer en un país -como dice él- una tierra ‘ensantada’». Dios nos ha demostrado a los peruanos que nos mira con privilegio. Es un regalo”.
Afirmó que nuevamente el Señor ha mirado al Perú con especial predilección. “Realmente es como si se hubiera abierto el telón y ha aparecido una fotografía de ese pueblo peruano, que a mí me deja muy comprometido. Y como pastores tenemos que hacer mucho más”.

Pecadores sí, corruptos no

También comentó que el Papa habla del corrupto, a quien se refiere como la personas no reconoce el pecado y no pide perdón.
“El que paga mal a un obrero es un corrupto, el que maltrata a la empleada en su casa es un corrupto. El Papa distingue claramente lo que es la doctrina de la Iglesia, que es el pecado y nos dice que hay que luchar con la gracia, con la ayuda de Dios, para lograr hacer el bien y buscar siempre la verdad. El corrupto no reconoce su error, es un hombre cínico, es el hombre insensible que ha caído en esa especie de desánimo”.
“El Papa tiene una visión de la misión de la Iglesia muy clara. Él es consciente que el mundo de hoy le está pidiendo a la Iglesia las bienaventuranzas. Hay que buscar al hombre que llora, al que no tiene comida, al que está desnudo, al que está preso, al que está solo”.

Necesitamos una Iglesia que trabaje en equipo

Recordó que el Papa nos pide que en la Iglesia todos debemos trabajar en equipo: jóvenes, familias, educadores, políticos.
“Su fe manifiéstenla con hechos, no con tanto palabreo. El Papa ha ido hasta la Amazonía, ha estado con los nativos del lugar, les ha dado un mensaje que otro día lo veremos, les ha acompañado en el almuerzo, ha estado con ellos; y ha iniciado un Sínodo, una reunión de obispos, en que habrá también especialistas, para estudiar la realidad no solamente del medio ambiente, sino de las personas que viven en ese ambiente y cómo llevar el mensaje de Cristo; al mismo tiempo que defiende el hábitat. Y dice: «Señores, no les rompamos la casa donde han nacido». Estos hechos tan concretos creo que el Papa nos está diciendo ahora en esta etapa después de: «Deja ese corazón abierto. Yo he pasado por aquí por el Perú y ustedes han respondido». Esas multitudes a las que no dejo de agradecer y a todos los organizadores. Ha sido todo un espectáculo de la fe”.
En otro momento, señaló que el Señor, que ha tenido ese detalle de traernos al Papa, ha generado en todos los hogares, en millones de peruanos, una respuesta de fe que va más allá de nosotros y que ha sido un gran acierto.
“Es la fe del pueblo que tiene un Señor de los Milagros, que tiene unos santos y que tiene un arraigo popular. Cuando uno como persona se traslada de un lugar por trabajo o por necesidad de salud o por desarraigo por la violencia terrorista; evidentemente se traslada con su lengua, con sus costumbres, con su piedad popular. En cada rincón cada grupo tiene su santo, su virgen. Todos respetamos ese pequeño ámbito íntimo en donde tú encuentras las raíces de tu lugar de origen”.

Las abuelas son depositarias del tesoro de la fe

Luego manifestó que el Papa ha hecho una permanente referencia a las abuelas y al ejemplo de la experiencia.
“Las abuelas son maravillosas y el Papa lo ha dicho con los nativos en la Selva: «Escuchen a sus mayores». Igual digo yo aquí en la ciudad y en cualquier lugar: Las abuelas son depositarias de ese tesoro de la fe, ellas son la imagen de la tradición de la fe. La sabiduría popular te dice: Los jóvenes llegan más rápido, pero los ancianos saben adónde van. El Papa también ha hecho un reclamo: «Más cercanía con esa sabiduría. Por favor cuiden la esperanza que no se la roben. Y no hay mejor forma de cuidar la esperanza que permanecer unidos»”.
Finalmente, se refirió a la Carta Pastoral que ha escrito y que es un breve resumen de esta visita, la cual será leída en todas las parroquias de Lima en las Misas de mañana domingo.
“Todo este impulso hay que seguirlo. El Señor nos ha bendecido, ha estado grande con nosotros; hay que volcarlo en los hijos, en la fe, en la unidad. Queridos hermanos, después de estos días de gozo, les doy una bendición llena de cariño y muy cercana al Vicario de Cristo”.
Fuente: www.arzobispadodelima.org