Archivo de la categoría: Antropología de la Religión

Factor religioso como fenómeno humano

Señor de los Milagros

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Sábado 8 de octubre: Parte de la avenida Tacna, pasa por avenida Emancipación, los jirones Chancay y Conde de Superunda. Finalmente, retorna al santuario de las Nazarenas por la avenida Tacna.
Martes 18 de octubre: Parte de la avenida Tacna, transita por avenida Emancipación, jirón Cuzco, avenida Abancay, jirón Huallaga, jirón Cangallo, jirón Junín, jirón Huánuco; dobla por jirón Puno para visitar el Hospital Dos de Mayo. Prosigue por la avenida Grau, visita el Hospital Guillermo Almenara, para entrar a la avenida Iquitos hasta la parroquia Nuestra Señora de las Victorias, donde pernoctará.
Miércoles 19 de octubre: El Cristo Moreno recorre la avenida 28 de Julio, avenida Brasil, avenida 9 de Diciembre, avenida Paseo de la República, jirón Carabaya. Luego bordea la plaza San Martín para tomar la avenida Nicolás de Piérola. Finalmente, llega a la avenida Tacna para ingresar a la iglesia de las Nazarenas.
Viernes 28 de octubre: Parte de la avenida Tacna, avenida Nicolás de Piérola, jirón Cañete y avenida Alfonso Ugarte. Después ingresa al hospital Loayza, vuelve a tomar la avenida Alfonso Ugarte, jirón Pomabamba, jirón Varela, avenida Bolivia y avenida Garcilaso de la Vega. Por último, retoma la avenida Tacna para entrar a la iglesia Las Nazarenas.
Martes 1 de noviembre: En su último trayecto, el Señor de los Milagros pasa por la avenida Tacna, el jirón Callao y la avenida Emancipación. Finalmente, regresa por avenida Tacna para ingresar al convento de las Nazarenas.
Fuente: Hermandad del Señor de los Milagros.

Santísima Virgen de las Mercedes, Gran Mariscala y Patrona de las Fuerzas Armadas del Perú

Nuestra Señora de la Merced, fue proclamada patrona de las Fuerzas Armadas en 1823 por el Congreso Constituyente presidido por Francisco Javier Luna Pizarro y en 1921 se le otorgó el título de Gran Mariscala del Perú. Su día, el 24 de setiembre, es también el día de las Fuerzas Armadas en su honor.
La devoción a la Santísima Virgen se encuentra extendida a lo largo y ancho del territorio nacional: Alcaldesa Perpetua y Patrona de la ciudad de Paita.
Patrona de la provincia de Carhuaz.
Patrona de la ciudad de La Merced, Chanchamayo.
Patrona de la ciudad de Juanjuí.
Patrona de la ciudad de Juliaca.
Patrona del distrito de Paramonga.
Patrona del distrito de La Merced, Aija.
Patrona del distrito de Incahuasi, Ferreñafe.
Patrona del distrito de Chumuch, Celendín.
La devoción a la Virgen de las Mercedes trasciende fronteras y es celebrada en todo el mundo el día 24 de setiembre.
Fuente: NoticieroLibre.com

Praedicate Evangelium

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Por Sandro Magister- Settimo Cielo Blog L’Espresso.
Quien da la voz de alarma es Alberto Melloni, un historiador de la Iglesia marcadamente progresista y coautor de la más monumental historia del Vaticano II publicada hasta la fecha. Pero no es el único. Dos cardenales de primera magnitud y muy versados en teología, como el alemán Walter Kasper y el canadiense Marc Ouellet, que tampoco son clasificables entre los conservadores, también han llamado la atención sobre el peligro de anular una de las conquistas del Concilio Vaticano II.
El punto en cuestión está en el párrafo en el que “Praedicate Evangelium”, la Constitución apostólica firmada por el papa Francisco que reformó la curia y que entró en vigor el pasado Pentecostés, establece que “cualquier fiel puede presidir un dicasterio u organismo curial” si el Papa le otorga el poder para hacerlo.
Pero esto es precisamente lo que sucedió en la Iglesia durante muchos siglos, cuando se separaron las potestades de orden, es decir, las que derivan del sacramento de la ordenación episcopal, y las potestades de jurisdicción, por ejemplo, atribuyendo a las abadesas una autoridad de gobierno igual a la de un obispo, o asignando una diócesis a un cardenal que no había sido ordenado obispo ni sacerdote.
A lo largo del primer milenio no se conocieron estas “aberraciones”. Y es a la tradición original a la que el Concilio Vaticano II ha querido volver, en la Constitución dogmática sobre la Iglesia “Lumen Gentium”, retomando la conciencia de la naturaleza sacramental, antes que jurisdiccional, del episcopado y de los poderes a él vinculados, no sólo los de santificar y enseñar, sino también el de gobernar.
Las votaciones clave sobre estos puntos en el Concilio tuvieron lugar en septiembre de 1964. Y los opositores fueron poco más de 300 respecto a unos 3,000. Pero hoy, con la nueva curia reformada por el Papa Francisco, los que ganan son nuevamente los primeros.
Para ilustrar las nuevas reglas de la curia a los cardenales que las discutirán el 29 y 30 de agosto en el consistorio, está el informe que Marco Mellino –obispo secretario del consejo restringido de cardenales que elaboró la reforma con el Papa– presentó el 9 de mayo pasado a los dirigentes curiales reunidos, publicado el 9 de agosto en “L’Osservatore Romano”.
En ese informe, Mellino escribe sin rodeos que también el Código de Derecho Canónico, en los cánones 129§1 y 274§1, debe interpretarse según las nuevas normas, “según las cuales la potestad de gobierno no se da con el Orden Sagrado, sino por la provisión canónica de un oficio”, por tanto, también a simples bautizados.
Exactamente como ya había explicado el 21 de marzo de 2022 al presentar a la prensa “Praedicate Evangelium” el jesuita Gianfranco Ghirlanda, canonista principal del papa Francisco y ahora nombrado cardenal por él, verdadero autor de toda la reforma:
Si el prefecto y el secretario de un dicasterio son obispos, esto no debe llevar a pensar que su autoridad proviene del rango jerárquico que han recibido, como si actuaran con un poder propio, y no con el poder vicario que les confiere el Romano Pontífice. El poder vicario para ejercer un oficio es el mismo si se recibe de un obispo, de un presbítero, de un consagrado o de un laico”.
Pero dejemos la palabra a los cardenales Ouellet y Kasper.
Del primero, que es prefecto del Dicasterio para los Obispos, se reproduce a continuación la parte inicial de su ensayo “La reforma de la Curia Romana en el ámbito de los fundamentos del derecho en la Iglesia”, publicado en “L’Osservatore Romano” el 20 de julio de 2022.
Ouellet describe allí claramente el estado de la cuestión, con el nítido contraste entre las grandes escuelas canónicas de Eugenio Corecco y Klaus Mörsdorf, en línea con el Concilio Vaticano II, y la posición anticonciliar y “positivista” del padre Ghirlanda y la escuela jesuita actual.
Pero su ensayo debe ser leído en su totalidad, porque Ouellet desarrolla en él una refinada reflexión “que podría ayudar a desentrañar esta cuestión a la luz de una eclesiología trinitaria y sacramental”, y además llega “sutilmente” a una propuesta para reescribir el controvertido canon 129 del Código de Derecho Canónico.
En cuanto al cardenal Kasper, quien fue presidente del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos, el texto que reproducimos aquí es un breve extracto de su prefacio al volumen del canonista Giuseppe Sciacca, ex secretario del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, “Nodi di una giustizia. Problemi aperti del diritto canonico”, publicado por Il Mulino en 2022.
UNA REVOLUCIÓN COPERNICANA EN EL GOBIERNO DE LA IGLESIA
Por Marc Ouellet
La reserva de fondo que aflora, al evaluar la Constitución “Praedicate Evangelium”, se refiere a la decisión de integrar a los laicos en el gobierno de la curia, lo que significaría resolver de hecho una muy antigua controversia en la historia de la Iglesia, a saber, si el poder de gobierno está necesariamente vinculado o no al sacramento del Orden.
Praedicate Evangelium” asumiría implícitamente la opción de no considerar el sacramento del Orden como el origen del “poder de jurisdicción”, sino de atribuirlo exclusivamente a la “missio canonica” otorgada por el Papa, que conferiría así una delegación de sus propios poderes a cualquiera que ejerza una función de gobierno en la curia romana, ya sea un cardenal, un obispo, un diácono o un laico.
Algunos juristas señalan que esta posición representa una revolución copernicana en el gobierno de la Iglesia, que no estaría en continuidad o incluso iría en contra del desarrollo eclesiológico del Concilio Vaticano II. De hecho, éste planteó el tema de la sacramentalidad del episcopado y de la colegialidad, pero sin resolver del todo la cuestión del origen de la “sacra potestas”.
Los expertos en Derecho Canónico debaten desde hace siglos para entender cuál es el origen de esta “sacra potestas” que determina la estructura jerárquica de la Iglesia y su modo de gobernar al pueblo de Dios. ¿Se trata de una voluntad divina (inmediata) inscrita en el sacramento del Orden que funda los poderes para santificar, enseñar y gobernar, o se trata más bien de una determinación de la Iglesia (mediada), conferida al sucesor de Pedro en virtud de su mandato de pastor universal con la asistencia especial del Espíritu Santo?
La historia aporta elementos que pueden interpretarse a favor de una u otra posición. La tendencia a separar las potestades de orden y de jurisdicción se basa en muchas disposiciones papales del pasado, que han avalado actos de gobierno sin la potestad de orden, por ejemplo, el gobierno de algunas abadesas desde la Edad Media hasta los tiempos modernos, algunos obispos que han gobernado diócesis sin haber sido ordenados, o también algunas licencias concedidas por el Papa a simples sacerdotes para ordenar a otros sacerdotes sin ser obispos, etc.; se podría alargar la lista de hechos que muestran cómo la potestad de gobierno no depende intrínsecamente de la potestad de orden, sino de otra fuente, que luego se identifica con la “missio canonica” conferida por el Papa.
La escuela canonista de Eugenio Corecco (1931-1995) y los canonistas de Múnich interpretaron algunos de estos hechos como casos límite o aberraciones (¡obispo no ordenado!) y se esforzaron por demostrar la lenta toma de conciencia por parte de la Iglesia de la naturaleza sacramental del episcopado y de los poderes relacionados con él (“Lumen Gentium”, n. 21). De ahí el esfuerzo del Concilio Vaticano II por arraigar explícitamente las potestades de santificar, enseñar y gobernar en la potestad de orden, dejando abierta a la discusión de los expertos la cuestión del fundamento de la distinción y de la unidad de la potestad de orden y jurisdicción.
¿La nueva constitución iría más allá del canon 129§2 del Código de Derecho Canónico, que dice: “En el ejercicio de la misma potestad [de jurisdicción], los fieles laicos pueden cooperar a tenor del derecho”? ¿Cómo se pueden conciliar los acontecimientos históricos con el derecho actual, que refleja la nueva conciencia sacramental de la Iglesia? En un sentido más amplio, ¿cómo explicar teológicamente el fundamento de la unidad de estos dos poderes, reconociendo al mismo tiempo su distinción y complementariedad operativa?
Si se siguen las tesis de Corecco, la posición del padre Gianfranco Ghirlanda y de la actual escuela jesuita sería positivista y no incorporaría los avances del Concilio Vaticano II. Afirmaría la unidad de la “sacra potestas” y, por tanto, la raíz sacramental del “tria munera” de santificar, enseñar y gobernar. ¿Qué agregaría entonces la “missio canonica” a la potestad de orden, si ésta ya contenía el fundamento de la jurisdicción?
La contribución de Klaus Mörsdorf (1909-1989), el gran maestro de la escuela de Múnich, radica en haber afirmado que el sacramento del Orden confiere ya el fundamento de la idoneidad para los “tria munera”, aunque la “missio canonica” le añada la inserción efectiva en el colegio de los obispos mediante el encargo simultáneo de la responsabilidad de una Iglesia particular.
Más que nadie, Mörsdorf ha reflexionado, estudiado y publicado sobre esta cuestión, que en su opinión merece especial atención para evitar derivaciones cismáticas. Se cuida en distinguir sin separar los dos poderes, que están intrínsecamente unidos en la identidad sacramental del obispo dedicado a una comunidad particular. Reconoce, sin embargo, que aún faltan investigaciones multidisciplinares -históricas, dogmáticas, sacramentales, canónicas- para dar cuenta del fundamento de esta múltiple y a la vez única “sacra potestas”.
CON CONSECUENCIAS NO SIEMPRE FELICES
Por Walter Kasper
El área principal en la Iglesia y Derecho se encuentran es la naturaleza sacramental de la Iglesia. […] El primer milenio mantuvo el arraigo sacramental del ordenamiento jurídico; sólo en el segundo milenio se verificó una coexistencia y un dualismo entre la autoridad conferida sacramentalmente por la ordenación y la autoridad de dirección o jurisdicción conferida por mandato. Así, el Derecho pudo desligarse de la vida sacramental de la Iglesia y también pudo desarrollarse en una cierta vida propia con consecuencias no siempre felices. […]
El Concilio Vaticano II tiende a reconectar las dos áreas y a unir las dos potestades, “ordo” e “iurisdictio”, en la única “sacra potestas”, la que se confiere, en su plenitud, en la ordenación episcopal, que, naturalmente, sólo puede ejercerse en la comunión jerárquica con la Cabeza y los miembros del colegio episcopal (“Lumen Gentium”, n. 21). La “sacra potestas” no es un fin en sí mismo, sino que está al servicio de la edificación de la Iglesia, del bien de todo el Cuerpo de Cristo y de la cooperación libre y ordenada de todos los miembros (“Lumen Gentium”, n. 18). Este carácter de servicio está ya en “Lumen Gentium” n. 8, establecido cristológica y soteriológicamente, y es reafirmado claramente en los documentos del Concilio.
La “sacra potestas” no tiene que ver con el poder, ni con la justa distribución del poder y la distribución proporcional del mismo. Se trata del ejercicio del triple ministerio de la proclamación, de la celebración y administración de los sacramentos y del ministerio pastoral del gobierno de la Iglesia. Deben hacerse en nombre de Cristo, lo que al mismo tiempo significa a la manera y según el ejemplo de Cristo. Así, la pirámide jerárquica se invierte. La cima está en la base, el oficio jerárquico debe hacerse servicio y el Papa es el siervo de los siervos de Dios (Mc 9, 35; 10, 43; Jn 13, 15 y ss.; 1P 5, 3). Por el contrario, los que aspiran al cargo eclesiástico para compartir el poder cabalgan montados en un caballo muerto.

Cardenal Walter Brandmüller

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El Papa Francisco y los Cardenales. Foto: Alessandro Sardo
Por Sandro Magister- Settimo Cielo Blog L’Espresso.
Con los nuevos cardenales que el papa Francisco tiene “in pectore”, aumentará el número de los que elegirán a su sucesor, pero no mejorará en absoluto la calidad del colegio cardenalicio, cada vez más fragmentado, disperso geográficamente, lleno de personas que se desconocen entre sí y que ya no están acostumbradas a reunirse en consistorio desde febrero de 2014.
No es de extrañar, por tanto, que las conjeturas sobre el resultado de un futuro cónclave vayan acompañadas de propuestas para reformar el sistema de elección del papa.
Brandmüller propone que el cónclave designado para elegir al sucesor de Pedro se corresponda mejor con sus orígenes históricos y sus fundamentos teológicos. El papa es ante todo el obispo de Roma y, por tanto, debe ser elegido por un colegio de cardenales verdaderamente “romanos”. Pero también es el pastor supremo de la Iglesia universal y, por tanto, el círculo de posibles electores debe ampliarse para incluir a los obispos de toda la Iglesia.
Menos electores y más elegibles. En pocas palabras, esta es la propuesta. Un cónclave más delgado y romano y un grupo de candidatos más amplio y universal.
Con una limitación, sin embargo, de los elegibles a aquellos que ya han vivido en Roma durante al menos algunos años, con un papel importante en la curia romana.
Esta limitación puede parecer reductora, si no irritante, para algunos. Brandmüller explica por qué. En cualquier caso, no está lejos de la realidad. Haber ocupado cargos en la curia romana es un requisito para casi todos los papas del último siglo: Benedicto XV, Pío XI, Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI, Benedicto XVI. Así como algunos de los papas sobre los que se rumorea hoy: los cardenales Luis Antonio Gokim Tagle, Marc Ouellet, Pietro Parolin…
Démosle la palabra al cardenal Brandmüller. ¡Buena lectura!

El problema de tantos cardenales que no se conocen y deben elegir un Papa

El cardenal Walter Brandmüller fue el Presidente de la Pontificia Comisión de Ciencias Históricas de la Santa Sede y elevado con el título cardenalicio por parte del Papa Benedicto XVI. Desde la discreción de su casa salta a la palestra de la discusión un tema que hasta ahora está pasando desapercibido: la actual legislación sobre el Colegio Cardenalicio y las dificultades que actualmente presenta dada las características verdaderamente globales de los cardenales, muchos de los cuales ni se conocen y sin embargo tienen en su voto el destino del futuro de la Iglesia, al menos por lo que toca a su dirección cuando el Papa actual ya no esté.
Ofrecemos a continuación el texto íntegro del pensamiento del Cardenal Walter Brandmüller. Tiene la riqueza de no sólo identificar problemas sino de también plantear soluciones:
La elección del Papa en la tensión entre el centro y la periferia. Una propuesta
Por Cardenal Walter Brandmüller
En una Iglesia que, como católica, abarca todo el mundo, la tensión entre el centro romano y la periferia geográfica se activa de manera especial cuando hay que elegir a un papa. Esto se debe a que, como sucesor de Pedro, el papa es tanto obispo de Roma como pastor supremo de la Iglesia universal.
Después de que en el año 1059, bajo el papa Nicolás II, la elección del pontífice quedara reservada a los cardenales romanos, los abades y obispos de las sedes importantes de Europa fueron a menudo elevados al título de cardenal y, por ende, a electores. La situación siguió siendo la misma incluso después de la gran expansión misionera en el Nuevo Mundo iniciada en el siglo XV, hasta que Pío IX y León XIII confirieron la púrpura cardenalicia, respectivamente, al arzobispo John McCloskey de Nueva York en 1875 y al arzobispo Joaquim Arcoverde de Albuquerque Cavalcanti de Río de Janeiro en 1905.
Estos dos nombramientos desencadenaron un proceso que condujo a un aumento significativo del número de cardenales, fijado previamente en 70 por Sixto V. De hecho, marcaron el inicio de la internacionalización del sagrado colegio, que con el papa Francisco ha ido aún más hacia la periferia de la Iglesia, hasta el punto de contar ahora con treinta cardenales de Asia y Oceanía. En cambio, los titulares de algunas sedes cardenalicias europeas tradicionales como Milán, Turín, Venecia, Nápoles, Palermo y París han permanecido sin la púrpura. Sería útil investigar -también por razones eclesiológicas- las motivaciones e intenciones de la maniobra antieuropea que aquí se evidencia.
Juan Pablo II aumentó el número de cardenales con derecho a voto en el cónclave a 120. Este aumento pretendía, y pretende, expresar la extensión geográfica de la Iglesia también a través del número y los países de origen de los cardenales electores. Sin embargo, uno de los efectos es que los 120 electores, en la medida en que provienen de la periferia, a menudo se reúnen por primera vez en los consistorios que preceden al cónclave y, por consiguiente, conocen poco o nada al colegio cardenalicio y, por ende, a los candidatos, incumpliendo así un requisito fundamental para votar responsablemente en el cónclave.
A ello se añade la evidente tensión entre el centro romano, es decir, la curia papal, y las iglesias locales, que a veces se vive de forma muy emocional y tiene cierta influencia en el voto.
Estas observaciones plantean una serie de cuestiones sobre el diseño y la estructura del colegio cardenalicio, que también afectan a los electores y a los elegibles al papado. A continuación intentaré dar algunas respuestas a estas preguntas, con una mirada a la historia.
I. El colegio cardenalicio tiene su origen en el clero de la ciudad de Roma, formado por los obispos de las diócesis suburbanas adyacentes, los presbíteros de los «tituli» romanos y los diáconos de las diaconías de la ciudad. Tras las turbulencias del «saeculum obscurum», el papa Nicolás II estableció por primera vez las normas legales para la elección del pontífice en su bula «In nomine Domini» de 1059. Según estas disposiciones, los cardenales obispos, tras consultar a los cardenales presbíteros y a los cardenales diáconos, elegían al papa, tras lo cual el resto del clero, junto con el pueblo, lo aprobaba por aclamación.
El hecho de que el ministerio papal esté vinculado a la sede episcopal de Roma se debe a que el primero de los apóstoles sufrió el martirio y fue enterrado allí. Pero el hecho de que Pedro trabajara en Roma, sufriera allí el martirio y fuera enterrado allí no es simplemente el resultado de la casualidad. La mirada del creyente discierne en ello la mano de la divina Providencia. En cualquier caso, el martirio y la sepultura de Pedro en Roma tienen una importancia teológica constitutiva. Ya estaba convencido de ello el obispo mártir Ignacio de Antioquía, que en su discutida y controvertida carta a la Iglesia de Roma, entre los siglos I y II, escribió que la Iglesia de Roma preside el «agápe», palabra que debería traducirse correctamente como «Iglesia», como demuestra el uso de la misma palabra en otras cartas de Ignacio, cuando, por ejemplo, escribe: «Os saluda el ‘agápe’ de…», seguido del nombre de la ciudad. Sin embargo, aquí «agápe» se escribe sin nombre de ciudad, definiendo así a la Iglesia en general, que la comunidad de Roma preside.
Asimismo, San Ireneo de Lyon, hacia el año 200, atribuía a la Iglesia de Roma, por el hecho de haber sido fundada por Pedro y Pablo, una «potentior principalitas», es decir, una fuerte preeminencia. En resumen: el vínculo entre el ministerio petrino y la ciudad de la tumba de los apóstoles -no como capital del imperio- es una convicción original de la Iglesia y nunca fue cuestionada hasta el siglo XVI.
Por consiguiente, el colegio cardenalicio hunde sus raíces en el clero de la ciudad de Roma y por ello, a partir de Nicolás II, elige al obispo de Roma que también es, al mismo tiempo, pastor supremo de toda la Iglesia.
Hasta ahora, los papas siempre han tratado de cumplir estos requisitos históricos asignando a los nuevos cardenales de los distintos continentes una iglesia romana titular e incardinándolos así en el clero de la ciudad de Roma. Las sedes episcopales importantes de todo el mundo están así más vinculadas al centro. Sin embargo, esta pretensión ritual no sería en absoluto necesaria para este fin, ya que la imposición del palio por parte del papa a los titulares de las sedes metropolitanas de todo el mundo ya expresa suficientemente el vínculo con Roma y la unidad de la Iglesia universal.
II. Se trata, pues, de armonizar de forma ponderada los dos aspectos del ministerio petrino, el de la Iglesia local y el de la Iglesia universal, también en el modo en que se produce la elección del papa. Un punto de partida para la reflexión en este sentido podría ser la consideración de que el derecho de voto y la elegibilidad, es decir, el derecho a votar y a presentarse a las elecciones, no van necesariamente unidos.
Según las normas actuales, los cardenales pierden su derecho de voto activo cuando cumplen 80 años, pero curiosamente no su derecho de voto pasivo. Además, hasta ahora casi nunca ha ocurrido que alguien que no sea cardenal sea elegido papa. La última vez fue en 1378, con la elección del arzobispo de Bari Bartolomeo Prignano, que eligió el nombre de Urbano VI.
Hay que preguntarse también cómo se puede resolver adecuadamente la tensión entre el centro y la periferia en la forma de elegir al papa.
En primer lugar, hay que recordar que el papa no es «también» obispo de Roma, sino lo contrario: el obispo de Roma es también papa. Por consiguiente, al elegirlo se elige al sucesor de Pedro en la cátedra romana. Y esto implica que la elección es originalmente responsabilidad del clero y del pueblo de Roma.
III. Sin embargo, la elección del papa también concierne a toda la Iglesia. Y es evidente que en la conciencia general, antes y durante un cónclave, el carácter universal del ministerio petrino tiene más peso que las necesidades e intereses de la Iglesia romana local. De ello se deduce que los papas consideran casi secundarias sus funciones como obispos de Roma, delegando en un cardenal vicario, es decir, en el titular de la basílica de San Juan de Letrán -la catedral del papa-, el desempeño de sus funciones episcopales.
Para reflejar de manera especial el aspecto universal del ministerio petrino se ha propuesto conceder el derecho de voto en los cónclaves a los presidentes de las conferencias episcopales nacionales. Pero hay que subrayar que las conferencias episcopales no son en absoluto un elemento estructural de la Iglesia y que tal solución no correspondería a las exigencias del vínculo entre la Sede de Pedro y la ciudad de Roma. Por tanto, la solución al problema no se encuentra en ningún tipo de ampliación del derecho de voto en los cónclaves.
En cambio, podría encontrarse en la mencionada disociación de los derechos de voto activo y pasivo, reservando en la práctica el derecho de voto a un colegio cardenalicio muy racionalizado y verdaderamente romano, al tiempo que se amplía el círculo de elegibles de la Iglesia universal. Este método también tendría la ventaja de que ya no sería tan fácil para un papa influir en la elección de su sucesor creando cardenales de forma selectiva.
Por supuesto, el círculo de candidatos elegibles no debe incluir a todo el cuerpo episcopal. Sería necesario formular criterios objetivos e institucionales de elegibilidad, para limitar el círculo de los elegibles de manera sensata. Uno de estos criterios debe ser que el candidato haya ocupado un alto cargo en la curia romana durante al menos cinco años. Esto garantizaría a los votantes un conocimiento previo de los candidatos a través de relaciones personales, y a los candidatos una experiencia directa de las estructuras, procedimientos y problemas de la curia romana. Esto limitaría el círculo de candidatos, pero al mismo tiempo tendría en cuenta el aspecto universal del primado petrino. La necesidad de tener un conocimiento y una experiencia más que superficiales de la curia romana es evidente si se tienen en cuenta las tareas de los cardenales indicadas por los cánones 349, 353 y 356 del Código de Derecho Canónico, a saber, asistir al papa, solo o en consistorio, con palabras y obras.
En cuanto al número de electores, no sería difícil reducirlo, pues ya no tendría que ser una amplia representación de la Iglesia universal, lo que ya estaría garantizado por la disposición relativa a los elegibles. Se podría volver fácilmente por debajo del número de 70 electores fijado por Sixto V.
De hecho, es demasiado evidente que el número actual de 120 cardenales electores, muchos de los cuales, si no la mayoría, no tienen experiencia en Roma, plantea varios problemas. Para un colegio que prefiere hacer cardenales a los titulares de las diócesis de la periferia, es prácticamente imposible realizar adecuadamente las tareas mencionadas, incluso en las condiciones que permiten las modernas técnicas de comunicación.
También hay que tener en cuenta que, en determinadas circunstancias, puede ser difícil o incluso imposible para algunos electores viajar a Roma. Dificultades similares a las que impidieron la participación de los obispos de los países comunistas en el Concilio Vaticano II podrían impedir la participación de cardenales en un futuro cónclave. Las catástrofes naturales, como las erupciones volcánicas, los tsunamis o las epidemias, así como la agitación política o las guerras, también podrían imposibilitar la llegada a tiempo de los cardenales de la «periferia» a Roma. Por estas y otras razones similares, dado el gran número de cardenales con derecho a voto y al mismo tiempo la obligación de participar, la elección realizada por un colegio «incompleto» podría ser impugnada, con grave peligro para la unidad de la Iglesia.
Ante la posibilidad de una tal hipótesis, debería haberse al menos planteado y definido la cuestión del posible «quórum» para una votación válida. Si por el contrario los electores ya estuvieran presentes en el lugar a fin de poder formar parte de una circunscripción verdaderamente romana, no habría que temer tal escenario.
En definitiva, dada la actual composición del colegio cardenalicio, en el que la mayoría de los electores están dispersos geográficamente, no se conocen entre sí y saben aún menos de las necesidades reales del ministerio petrino, falta un requisito esencial para una votación responsable. Con una consecuencia muy insidiosa.
En un colegio electoral de este tipo todo acaba dependiendo de aquellos líderes de opinión, internos y externos, que consiguen dar a conocer a su candidato elegido entre los menos informados y movilizar el apoyo hacia él. Esto lleva a la formación de bloques, donde los votos individuales son como apoderados en blanco concedidos a los «grandes electores» que toman la iniciativa. Estos comportamientos siguen reglas y mecanismos estudiados en sociología. En cambio, la elección del papa, sucesor del apóstol Pedro, pastor supremo de la Iglesia de Dios, es un acontecimiento religioso para el que deberían aplicarse reglas propias.
El hecho de que en este contexto fluya dinero más o menos abundante desde la rica Europa hacia regiones del mundo que son más pobres, de modo que sus cardenales electores en el cónclave se sientan obligados al donante, es una realidad conocida, aunque moralmente reprobable. Es posible que estas consideraciones hayan impulsado a Juan Pablo II a mantener en vigor la excomunión contra estas formas modernas de simonía. Sin embargo, al mismo tiempo, ese papa declaró igualmente válida una elección que tuviera lugar de este modo, para garantizar la seguridad jurídica y, por tanto, la unidad de la Iglesia («Universi dominici gregis», n. 78).
Las reflexiones aquí expuestas pretenden poner de manifiesto con mayor claridad, también en el modo en que se produce la elección, el carácter sagrado del ministerio papal, instituido de manera constitutiva en la Iglesia de Jesucristo, que no debe olvidar que está «en» el mundo, pero no es «del» mundo.

Brandmüller en el Consistorio: el Papa quiere cerrar la boca a los cardenales

Estas son algunas líneas autógrafas de la intervención preparada por el cardenal Walter Brandmüller para el Consistorio del 29 y 30 de agosto y que no le permitieron pronunciar, publicada íntegramente en esta página de Settimo Cielo.
El Consistorio reunió a los cardenales con el papa Francisco. Fue a puertas cerradas, pero sobre todo se fragmentó, a instancias del Papa, en grupos lingüísticos, impidiendo con ello el diálogo directo entre todos, como de hecho ocurrió en el último Consistorio en plena regla convocado por Francisco en febrero de 2014, ante el Sínodo sobre la familia y la “vexata quaestio” de la Comunión a los divorciados vueltos a casar, un Consistorio que se mostró tan franco en sus críticas al planteamiento deseado por el Papa que le llevó a cancelar a partir de allí en adelante las convocatorias de los cardenales, igualmente libres y abiertas a la escucha.
Brandmüller, alemán de 93 años, historiador eclesiástico de toda la vida y presidente entre 1998 y 2009 del Pontificio Comité para las Ciencias Históricas, no es ajeno a las propuestas sobre el rol de los cardenales en la Iglesia Católica. Hace menos de un año ya había planteado en Settimo Cielo una hipótesis de reforma de la elección de los Papas que consideraba más acorde con los orígenes históricos y los fundamentos teológicos del cardenalato.
Pero en este Consistorio la intervención que él preparó apuntó sobre todo a la relación que debía unir a los cardenales con el Papa, que de hecho fueron amordazados por él, en contraposición a lo que debía suceder, ante todo sobre las verdades de fe y de moral:
NO SILENCIO IMPUESTO, SINO “APERITIO ORIS
La intervención del cardenal Walter Brandmüller para el Consistorio del 29-30 agosto de 2022
La convocatoria de un consistorio después de tanto tiempo motiva una reflexión sobre la naturaleza y la tarea del cardenalato, especialmente en las circunstancias actuales. También hay que resaltar que los cardenales no son sólo miembros del cónclave para la elección del sumo pontífice.
Las verdaderas tareas de los cardenales, independientemente de su edad, están formulados en los cánones 349 y siguientes del Código de Derecho Canónico. Allí leemos: “los cardenales asisten al Romano Pontífice tanto colegialmente, cuando son convocados para tratar juntos asuntos de mayor importancia, como personalmente, a través de los diversos oficios que desempeñan, ayudando al Papa sobre todo en el gobierno diario de la Iglesia universal”. Y “asisten al Pastor supremo de la Iglesia especialmente en los Consistorios” (Canon 353).
Esta función de los cardenales encontró en la antigüedad su expresión simbólica y ceremonial en el rito de la “aperitio oris”, la apertura de la boca. De hecho, significaba el deber de pronunciar con franqueza la propia convicción, el propio consejo, especialmente en el consistorio. Esa franqueza -el papa Francisco habla de “parresía”- que era especialmente querida por el apóstol Pablo.
Pero ahora, lamentablemente, esa franqueza es sustituida por un silencio extraño. Esa otra ceremonia, la del cierre de la boca, que seguía a la “aperitio oris”, no se refería a las verdades de fe y de moral, sino a los secretos del oficio.
Sin embargo, hoy deberíamos subrayar el derecho, más bien el deber, de los cardenales de expresarse con claridad y franqueza precisamente cuando se trata de las verdades de fe y de moral, el “bonum commune” de la Iglesia.
La experiencia de los últimos años ha sido muy diferente. En los consistorios -convocados casi sólo para las causas de los santos- se repartían tarjetas para pedir la palabra y se sucedían las intervenciones obviamente espontáneas sobre cualquier tema, y eso era todo. Nunca hubo un debate, un intercambio de argumentos sobre un tema concreto. Obviamente, un procedimiento completamente inútil.
Una sugerencia presentada al cardenal decano de comunicar con antelación un tema para debatir y así poder preparar posibles intervenciones quedó sin respuesta. En resumen, los consistorios desde al menos hace ocho años terminaron sin ninguna forma de diálogo.
Pero el primado del sucesor de Pedro no excluye en absoluto un diálogo fraterno con los cardenales, quienes “tienen el deber de cooperar diligentemente con el Romano Pontífice” (canon 356). Cuanto más graves y urgentes son los problemas de gobierno pastoral, más necesario es el involucramiento del Colegio Cardenalicio.
Cuando Celestino V, dándose cuenta de las especiales circunstancias de su elección quiso renunciar al papado en 1294, lo hizo después de intensas conversaciones y con el consentimiento de sus electores.
Una concepción totalmente diferente de las relaciones entre el Papa y los cardenales fue la de Benedicto XVI, quien -un caso único en la historia- renunció al papado por razones personales, sin el conocimiento del colegio de cardenales que lo había elegido.
Hasta Pablo VI, que aumentó el número de electores a 120, sólo había 70 electores. Este aumento del colegio electoral a casi el doble estuvo motivado por la intención de atender a la jerarquía de los países que estaban lejos de Roma y honrar a esas Iglesias con la púrpura romana.
La consecuencia inevitable fue que se crearon cardenales que no tenían experiencia de la Curia romana y, por tanto, de los problemas del gobierno pastoral de la Iglesia universal.
Todo esto tiene consecuencias graves, cuando estos cardenales de las periferias son llamados a la elección de un nuevo Papa.
Muchos, si no la mayoría de los electores, no se conocen personalmente. Sin embargo, están allí para elegir entre uno de ellos al Papa. Es claro que esta situación facilita las operaciones de los grupos o clases de cardenales para favorecer a uno de sus candidatos. En esta situación, no se puede excluir el peligro de simonía en sus diversas formas.
Para terminar, me parece que merece una seria reflexión la idea de limitar el derecho de voto en el cónclave, por ejemplo, a los cardenales residentes en Roma, mientras que los demás, también cardenales, podrían compartir el “estatus” de cardenales mayores de 80 años.
En definitiva, parece deseable que se actualice el oficio y la competencia del Colegio de Cardenales.

Comunidad de Sant’Egidio

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Andrea Riccardi

Andrea Riccardi (Roma, 1950), ha sido profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Bari, en La Sapienza de Roma, y en la Roma Tres; doctor honoris causa por la Universidad CEU Cardenal Herrera de Valencia y otras cinco universidades. Editorialista en medios prestigiosos, es un gran analista de la historia de la Iglesia contemporánea y del impacto de las religiones en la edad de la globalización. Fue ministro del gobierno italiano de 2011 a 2013.
En 1968 fundó la Comunidad de Sant’Egidio, hoy presente en más de setenta países. Ha desempeñado un rol de mediación en algunos conflictos y ha contribuido a la paz en diversos lugares, por lo que recibió el premio Carlo Magno en 2009. San Juan Pablo II lo nombró miembro de la Comisión de los testigos de la fe, o Nuevos Mártires, encargada de poner en valor los testimonios enviados a Roma desde todo el mundo con motivo del Gran Jubileo del 2000. Autor de más de treinta libros, destaca la importante biografía de San Juan Pablo II publicada en 2011.

Cardenal Matteo Maria Zuppi

Nació en Roma, el quinto de seis hermanos. Estudiando en el Instituto Virgilio en 1973 conoció a Andrea Riccardi, fundador de la comunidad de San Egidio. Empezó a participar en las actividades de Sant’Egidio con niños marginados, ancianos solos, inmigrantes o enfermos terminales. También en sus actividades ecuménicas.
A los 22 años, tras licenciarse en Literatura y Filosofía en la Universidad de la Sapienza, con una tesis sobre la Historia del Cristianismo, el futuro cardenal ingresó en el seminario de la diócesis suburbana de Palestrina, siguiendo los cursos de preparación al sacerdocio en la Pontificia Universidad Lateranense, donde obtuvo la licenciatura en Teología. Fue ordenado presbítero del clero de Palestrina el 9 de mayo de 1981 e inmediatamente después vicario del párroco de la basílica romana de Santa María in Trastevere, sucediendo a monseñor Vincenzo Paglia.

Con Sant’Egidio, mediando en Mozambique

Se incardina en Roma en 1988. De 1983 a 2012 fue rector de la iglesia de Santa Croce alla Lungara y miembro del consejo presbiteral diocesano de 1995 a 2012. De 2000 a 2012 fue asistente eclesiástico general de la Comunidad de San Egidio. En esa época actuó como mediador en Mozambique en un proceso de paz tras 17 años de guerra civil, colaborando con la Comunidad de Sant’Egidio en las negociaciones.
En 2010 fue llamado a dirigir la parroquia de los Santos Simón y Judas Tadeo en Torre Ángela, en la periferia oriental de la ciudad. Luego, en 2012, Benedicto XVI lo nombró obispo auxiliar para encargarse del sector centro de Roma. Y en 2015 Francisco lo envió como arzobispo a Bolonia, diócesis de un millón de habitantes. Después, en 2017, el propio Francisco visitó su diócesis. En 2019 lo creó cardenal. Zuppi sirve en la Curia como miembro del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral y de la Oficina de Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica.

Marco Impagliazzo

Catedrático de Historia Contemporánea del Departamento de Ciencias de la Formación de la Universidad de Roma Tres desde abril de 2018, tras haber enseñado en la Universidad para extranjeros de Perugia entre 2001 y 2018.
En su actividad de investigación abordó inicialmente la historia de la Argelia del siglo XX, luego amplió su interés a toda la zona mediterránea, con especial interés por los países no europeos y los temas de la convivencia entre nacionalidades, culturas y religiones distintas. En este marco estudió las matanzas de los armenios en Anatolia durante la I Guerra Mundial. En el ámbito de estos estudios, publicó varios artículos en revistas y libros colectivos sobre relaciones entre judaísmo, cristianismo e islam en el Mediterráneo.
En sus investigaciones ha abordado la historia religiosa de Roma y de Italia, ampliado sus intereses a la historia de la Iglesia en el mundo contemporáneo. Ha impulsado un congreso sobre relaciones internacionales, dentro y fuera del ámbito católico, tras la elección del primer Papa no italiano luego de cinco siglos [cfr. el libro Shock Wojtyla. L’inizio del pontificato (San Paolo 2010), en el que publicó un ensayo titulado “Shock Wojtyla en Francia“, pp. 130-153].
También ha tratado temas históricos asociados a la presencia de minorías étnicas o religiosas en Italia. Ha estudiado las leyes raciales de Roma, y en los últimos años ha estudiado los fenómenos migratorios y las cuestiones de nacionalidad e integración en las sociedades europeas. Actualmente está llevando a cabo una amplia investigación sobre los fenómenos migratorios contemporáneos.

Ilusiones y ambiciones por el capelo

El Arzobispo de Lima, Carlos Castillo Mattasoglio, consideró que no se honra de manera adecuada al Congreso de la República, a puertas de que cumpla 200 años de vida institucional, debido a las “ilusiones y ambiciones”.
Durante su homilía dada desde la Catedral de Lima con motivo de la Solemnidad de Santa Rosa de Lima, que se celebró este 30 de agosto en el Perú, Castillo Mattasoglio recordó la importancia de “recapacitar y corregirnos mutuamente”.
Estamos viviendo en un mundo en donde todos estamos con locas ilusiones detrás, con locas fantasías que extravían al ser humano, ahí están la ambición de poder y dinero. En el mundo se ha instalado el deseo de enriquecerse porque la plata llega sola y es no es verdad, las cosas están muy mal en el mundo, hay quienes piensan en un proyecto que no esta basado en el amor sino en la explotación”, aseveró.
Por eso necesitamos salir del encantamiento de las locas ilusiones y fantasías que nos hace creer que la lucha a favor de las locas ambiciones nos va a salvar”, añadió.
El 20 de setiembre se cumplen 200 años del Congreso, el Congreso que dejó San Martín y que desgraciadamente todavía no honramos como es debido con todas las locas ilusiones y las ambiciones que nos agarran por todos lados, porque todos tenemos que recapacitar y corregirnos mutuamente, corríjannos también ustedes a nosotros”, dijo.
En otro momento, se refirió a la Policía Nacional, de quien Santa Rosa es su Santa Patrona. “Hay problemas en la Policía Nacional, lo sabemos, pero también hay la riqueza de su fundación que la hace volver siempre a sus orígenes”.
Fuente: Diario Perú21.

Los Obispos de Chile frente a la propuesta constitucional

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Discernimiento informado y voto en conciencia

1. El próximo 4 de septiembre de 2022, estamos llamados a aprobar o rechazar el proyecto de una nueva Constitución Política para Chile. Es una propuesta inserta en un proceso histórico que hemos vivido como país en los últimos años, donde destaca, entre otros aspectos, la crisis de octubre de 2019 y la voluntad expresada por la ciudadanía de contar con un nuevo texto constitucional. Pero, sobre todo, es una propuesta que nos hace situarnos ante nuestro futuro, con el desafío de discernir si el texto ofrecido nos dota o no de un marco social y jurídico adecuado, para edificar la paz, la solidaridad y la justicia en nuestra patria, asegurando el funcionamiento institucional que lo haga posible y permita encauzar las demandas de la ciudadanía, especialmente de los más vulnerables.
2. El debate público de estas últimas semanas nos muestra que el texto propuesto no ha concitado una aceptación amplia y transversal. Nos enfrentamos, entonces, a una elección entre dos posiciones fuertemente tensionadas entre sí, lo que hace compleja la decisión de cada ciudadano. Pero, por lo mismo, es necesario un discernimiento informado y un voto en conciencia, poniendo siempre por delante el bien común del país: “La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que éste se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto más íntimo de aquélla” [1]. Por consiguiente, llamamos a cumplir con el deber cívico de ir a votar.
3. Los obispos, preocupados por la vida y el desarrollo de nuestro pueblo, ofrecemos nuestras orientaciones para iluminar desde la Palabra de Dios la conciencia de todos, especialmente de quienes profesan la fe cristiana. No proponemos soluciones técnicas, que tienen que ser discutidas por la sociedad en su conjunto; nuestro deseo es siempre unir a la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral. Lo hacemos desde la Doctrina Social de la Iglesia, que se funda sobre principios y valores esenciales para establecer un orden social justo. El primero de esos principios es la dignidad de la persona humana, seguido de otros como el bien común, la subsidiariedad y la solidaridad, además de otros principios derivados, y de valores como la verdad, la libertad, la justicia, la paz y la caridad. Todos ellos, debidamente articulados, con su contenido específico, orientan desde la fe y la razón la construcción de la sociedad humana.

Valoración ético-social de la propuesta constitucional

4. Analizados desde la enseñanza social de la Iglesia los contenidos estructurales de la propuesta de nueva Constitución, podemos afirmar que no todas las materias tienen la misma densidad ética, por lo que una valoración moral sobre ellas requiere necesarias distinciones.
5. Gran parte de las propuestas acerca de cómo organizar la “casa común” entran en lo que es opinable, ante las cuales es legítima una pluralidad de opciones. Nos referimos a temas como el sistema político y los poderes del Estado, el Estado regional y la organización territorial, así como la estructuración de diversos órganos constitucionales. Que sean opinables no significa que no sean importantes. Al contrario, en ellos se juega la configuración concreta del modo de organizarnos como país. Por eso, es una obligación de cada uno formar sus convicciones mediante un adecuado discernimiento, leyendo el texto y escuchando voces autorizadas en las materias, para juzgar así la pertinencia, viabilidad y oportunidad de lo propuesto, en vistas de una mejor consecución del bien común.
6. Otros contenidos tienen una especial radicalidad antropológica, en cuanto implican aspectos esenciales de la persona humana y tienen consecuencias sociales de gran impacto y complejidad. Por eso se requiere ante ellos un razonamiento pausado y bien informado, que permita hacer una adecuada valoración ética. Es decir, discernir en conciencia si se respeta y promueve la dignidad del ser humano, se contribuye a la realización del bien común y se aplican los otros valores de la enseñanza social que fomentan un orden justo.
7. En este sentido, apreciamos el texto constitucional en su propuesta sobre los derechos sociales, el medioambiente y el reconocimiento de los pueblos originarios. Y hacemos una valoración negativa de las normas que permiten la interrupción del embarazo, las que dejan abierta la posibilidad de la eutanasia, las que desfiguran la comprensión de la familia, las que restringen la libertad de los padres sobre la enseñanza de sus hijos, y las que plantean algunas limitaciones en el derecho a la educación y a la libertad religiosa. Consideramos de especial gravedad la introducción del aborto, que el texto de propuesta constitucional denomina “derecho a la interrupción voluntaria del embarazo”.
8. En los puntos siguientes, desarrollamos brevemente estos temas esenciales, con la finalidad de contribuir al discernimiento.

Valor de la vida humana, interrupción del embarazo y muerte digna

9. La propuesta constitucional sostiene que “toda persona es titular de derechos sexuales y reproductivos” (art. 61), lo que incluye el derecho a decidir sobre el propio cuerpo y la garantía del Estado para asegurar a “todas las mujeres y personas con capacidad de gestar”, entre otras cosas, “una interrupción voluntaria del embarazo”.
10. Esta disposición, evidentemente, introduce el aborto, y lo hace en el nivel normativo más alto, el constitucional. Además, el artículo establece que el Estado garantiza el ejercicio de este derecho, libre “de interferencias por parte de terceros, ya sean individuos o instituciones”, con lo cual no solo excluye la participación del padre en esta decisión, sino también el ejercicio de la objeción de conciencia personal e institucional, derecho esencial en estas materias morales donde se juegan principios tan fundamentales, que afectan directamente las concepciones éticas, religiosas y morales de muchas personas.
11. Esta norma es la disposición de mayor gravedad moral contenida en el proyecto constitucional. Aun entendiendo que hay, a veces, situaciones complejas en las que se engendra una nueva vida, no hay que olvidar que el embrión es un ser humano al que se le debe reconocer los derechos inalienables de la persona, y “no es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana” [2]. Como señala el profeta Jeremías: “El Señor me dirigió la palabra: Antes de formarte en el vientre, te conocía, y antes de salir del seno materno te consagré profeta de las naciones” [3]. Incluso si hubiera un derecho a decidir sobre el propio cuerpo, esto no puede justificar una interrupción voluntaria del embarazo, porque la creatura concebida en el vientre es otro ser humano, con un código genético distinto e individual. El embrión no pertenece a la mujer como si fuera un órgano más.
12. Llama la atención que la propuesta constitucional reconozca derechos a la naturaleza y exprese preocupación por los animales como seres sintientes, pero no reconozca ninguna dignidad ni ningún derecho a un ser humano en el vientre materno. Y esto da a la propuesta una impronta deshumanizante, porque deja indefensos a los seres humanos más frágiles y propone como solución a un problema real un acto violento.
13. La enseñanza de la Iglesia en este tema es clara y constante, y especialmente el católico debe considerarla en su discernimiento. El Concilio Vaticano II enseña que “Dios, Señor de la vida, ha confiado a los hombres la insigne misión de conservar la vida, misión que ha de llevarse a cabo de modo digno del hombre. Por tanto, la vida desde su concepción ha de ser salvaguardada con el máximo cuidado; el aborto y el infanticidio son crímenes abominables” [4]. Y San Juan Pablo II en la Encíclica Evangelium vitae expone: “El aborto y la eutanasia son crímenes que ninguna ley humana puede pretender legitimar. Leyes de este tipo no sólo no crean ninguna obligación de conciencia, sino que, por el contrario, establecen una grave y precisa obligación de oponerse a ellas mediante la objeción de conciencia. (…) En el caso pues de una ley intrínsecamente injusta, como es la que admite el aborto o la eutanasia, nunca es lícito someterse a ella, ni participar en una campaña de opinión a favor de una ley semejante, ni darle el sufragio del propio voto” [5].
14. Además del aborto, es motivo de preocupación la norma constitucional que asegura a toda persona el derecho a una muerte digna (art. 68). Bajo este concepto, se introduce en nuestra cultura la eutanasia, que es una acción u omisión con el fin de causar directamente la muerte, y así eliminar el dolor. Es valorable que el texto constitucional garantice el acceso a los cuidados paliativos a enfermos graves y crónicos (art. 68, 3), porque es un camino indispensable para acompañar a hermanos nuestros especialmente vulnerables, pero la “muerte digna” es otra cosa y es un derecho ambiguo, porque pretende solucionar un problema acabando deliberadamente con una vida humana. Aquí está su carácter deshumanizante, porque fomenta la cultura del descarte y puede hacer todavía más frágil la vida de personas ya muy débiles por la enfermedad.

Derechos sociales, medioambiente, rol del Estado y subsidiariedad

15. Es esperanzador el compromiso de garantizar una amplia gama de derechos fundamentales, humanos y sociales, como la educación, el trabajo, la vivienda digna, la propiedad, la salud y el bienestar integral, la igualdad y no discriminación, la seguridad (pública, social, alimentaria e informática), entre otros. Destacan, de manera especial, los derechos de los adultos mayores, de personas con discapacidad y de personas privadas de libertad. También es valorable la preocupación por la protección del medioambiente y la naturaleza, tema especialmente sensible en el magisterio del Papa Francisco: “Ya no puede hablarse de desarrollo sostenible sin una solidaridad intergeneracional. Cuando pensamos en la situación en que se deja el planeta a las generaciones futuras, entramos en otra lógica, la del don gratuito que recibimos y comunicamos” [6]. Aunque sean enunciados a los que falta mucho camino por recorrer, buena parte de estos derechos manifiestan un compromiso por el bien común, especialmente con los que más sufren.
16. Desde esta perspectiva, un elemento importante al discernir sobre los derechos sociales, es situarlos al interior de un sueño compartido de fraternidad, y no desde una mirada individualista. Muchas veces hay una tendencia a una reivindicación siempre más amplia de derechos individuales, pero que esconde una concepción de la persona humana desligada de todo contexto social y antropológico. Nos dice el Papa Francisco que “si el derecho de cada uno no está armónicamente ordenado al bien más grande, termina por concebirse sin limitaciones y, consecuentemente, se transforma en fuente de conflictos y de violencia” [7]. Se trata de buscar, entonces, el bien nuestro junto al bien de todos.
17. Por otra parte, es importante hacer dialogar al Estado social de derechos con el principio de subsidiariedad, que es mucho más amplio que los derechos a la libertad económica. El Estado debe tener un papel activo en la consecución del bien común y en la protección de los más frágiles (Estado social), pero ha de integrar, respetar y ayudar a sostener la acción colaborativa de múltiples iniciativas privadas que tienen objetivos sociales en muy diversos campos. El Catecismo de la Iglesia Católica dice: “Una intervención demasiado fuerte del Estado puede amenazar la libertad y la iniciativa personales. La doctrina de la Iglesia ha elaborado el principio llamado de subsidiariedad. Según éste, una estructura social de orden superior no debe interferir en la vida interna de un grupo social de orden inferior, privándole de sus competencias, sino que más bien debe sostenerle en caso de necesidad y ayudarle a coordinar su acción con la de los demás componentes sociales, con miras al bien común” (N°1883). Parece importante discernir si en la propuesta constitucional este criterio está bien resguardado o hay un exceso de Estado, en desmedro de la autonomía de las personas y grupos sociales para conseguir el bien común.

Plurinacionalidad y pueblos indígenas

18. La propuesta constitucional sostiene que Chile “es plurinacional, intercultural” (art. 1,1) y “reconoce la coexistencia de diversos pueblos y naciones en el marco de la unidad del Estado” (art. 5,1), señalando que el Estado debe respetar, promover, proteger y garantizar diversos derechos de esos pueblos. Numerosos artículos del proyecto expresan ámbitos en que deben ejercitarse y normarse esos derechos.
19. Desde la enseñanza social de la Iglesia, es un valor el reconocimiento de los derechos de estos pueblos. Tantas veces sus aspiraciones, sus vidas y sus culturas, no han sido considerados por muchos chilenos; y, aunque ha crecido en las últimas décadas una nueva sensibilidad hacia ellos, arrastramos una injusticia histórica que los ha menoscabado. Por eso, es importante un cambio real, que se traduzca en políticas y prácticas que expresen un nuevo trato y una integración verdadera al país y a su desarrollo.
20. Un criterio de discernimiento, sin embargo, es apreciar si la integración e interdependencia entre estos pueblos y el país en su conjunto está bien lograda en el texto constitucional, si es pertinente reconocer naciones indígenas con autogobierno y autodeterminación en ámbitos sensibles, que podrán participar “si así lo desean en la vida política, económica, social y cultural del Estado” (art. 34). Con esta lógica, es posible pensar en un conjunto de naciones dentro de Chile, las cuales podrían determinar su relación con el resto del país de modo autónomo y, a la vez, consagrado en la Constitución. Para la Iglesia, es posible “desarrollar relaciones interculturales donde la diversidad no significa amenaza, no justifica jerarquías de poder de unos sobre otros, sino diálogo desde visiones culturales diferentes” [8]. Para el Papa, “la propia identidad cultural se arraiga y se enriquece en el diálogo con los diferentes y la auténtica preservación no es un aislamiento empobrecedor” [9].

Familia, educación de los hijos e ideología de género

21. La familia es un valor esencial no solo para la Iglesia, sino para toda la sociedad. Por eso, el Estado debe protegerla y auxiliarla para que pueda asumir sus responsabilidades, pero no debe sustraerla de las tareas que puede desempeñar sola o libremente asociada con otras familias.
22. La propuesta constitucional asume este deber del Estado, pero amplía el concepto de familia al hablar de “familias en sus diversas formas, expresiones y modos de vida, sin restringirlas a vínculos exclusivamente filiativos y consanguíneos” (art. 10). Manifiesta, de esta manera, un afán inclusivo que termina por desfigurar la naturaleza de la familia. ¿Qué significa, en definitiva, ir más allá de los vínculos exclusivamente filiativos y consanguíneos? ¿Hasta dónde puede llegar esta ampliación? Estamos ante una acepción neutra y desfigurada de familia, que la deja como un modo de organización al mismo nivel que una asociación, perdiendo efectividad finalmente la protección que el Estado debe dar, pues cualquier grupo de personas podría ser considerado una familia.
23. Una de las responsabilidades esenciales de la familia es la educación de los hijos, un derecho y un deber insustituible e inalienable, que no puede ser totalmente delegado o usurpado por otros. La propuesta constitucional sostiene el deber del Estado respecto de la educación, pero no es del todo clara en expresar un derecho preferente y directo de los padres de educar a sus hijos; solo expresa “la libertad de madres, padres, apoderadas, apoderados y tutores legales a elegir el tipo de educación de las personas a su cargo” (art. 41, 2).
24. Cuando se aborda la educación en la afectividad y sexualidad, el texto constitucional expresa el derecho de toda persona “a recibir una educación sexual integral, que promueva el disfrute pleno y libre de la sexualidad; la responsabilidad sexoafectiva” (art. 40). En ningún momento se establece la responsabilidad de los padres y la importancia de incorporar su participación en la educación en la afectividad de sus hijos. Se deja solo en manos de la autoridad la determinación de los planes y programas, restringiendo el Estado un derecho innato de los progenitores en la educación de sus hijos.
25. Preocupa también, en este campo, la fuerte presencia de la ideología de género en el texto, pues da la impresión de que busca imponerse como un pensamiento único en la cultura y el sistema educativo, lo que daña el principio de libertad de enseñanza de los padres respecto de sus hijos [10].

Desigual trato constitucional a la educación particular subvencionada

26. La propuesta constitucional tiene la preocupación por promover una educación de calidad y accesible para todos. Para ello, crea un Sistema Nacional de Educación, donde están incorporados tanto establecimientos estatales como aquellos reconocidos por el Estado. Sin embargo, luego establece un “Sistema de Educación Pública, de carácter laico y gratuito, compuesto por establecimientos e instituciones estatales”, que se señala como el “eje estratégico” del Sistema Nacional, obligándose el Estado a ampliarlo, fortalecerlo y financiarlo de manera directa con aportes basales.
27. Nos parece muy bien fortalecer la educación pública, pero hay un silencio manifiesto en el proyecto de texto constitucional respecto de la educación particular subvencionada, que también tiene una función pública evidente. Si en el sistema particular subvencionado estudia más del 55% de los estudiantes chilenos, con un altísimo porcentaje de estudiantes vulnerables, ¿por qué no se consagra el derecho constitucional a esas otras propuestas de iniciativa particular, subvencionadas con fondos públicos de Educación, bajo la supervisión del Estado, para garantizar la libertad de enseñanza que se declara en el art. 41,1? El Estado tiene deberes de rango constitucional no sólo con los estudiantes de sistema público, sino con todos los estudiantes del país, por lo que debería consagrar igualmente el apoyo y fortalecimiento de establecimientos educacionales no estatales, sujetos a la supervigilancia de la autoridad.
28. Por otra parte, la propuesta no establece expresamente el derecho de los padres a crear y sostener establecimientos educacionales de diverso tipo, ni la obligación de proveer los recursos económicos pertinentes. Sí lo hace respecto de los pueblos originarios, al reconocerles autonomía “para desarrollar sus propios establecimientos e instituciones de conformidad con sus costumbres y cultura” (art. 36, 5). Cabe preguntarse, por qué se explicita este reconocimiento solo a los pueblos originarios y no a otras instancias colectivas con sus propias cosmovisiones.

Libertad religiosa

29. La libertad religiosa no es un valor solo para las confesiones religiosas, sino un derecho fundamental, inscrito en la naturaleza humana que no debe ser ni obstaculizado ni coaccionado en su ejercicio. La propuesta constitucional reconoce este derecho en su art. 9, y el art. 67 señala que “el Estado reconoce la espiritualidad como un elemento esencial del ser humano”.
30. La propuesta plantea, sin embargo, que el ejercicio de este derecho debe hacerse “de conformidad con la ley, respetando los derechos, deberes y principios que esta Constitución establece” (art. 67,4), lo que en principio parece lógico. El problema es que el proyecto, entre otros aspectos, sostiene el derecho al aborto, asume una orientación cuestionable de la educación sexual donde los padres participan de una forma muy insuficiente, y promueve una teoría radical de género; todos aspectos incompatibles con la fe cristiana. Al quedar sujetos a lo que establece la propuesta de Constitución, se pone en riesgo la libertad religiosa, lo que se agrava si consideramos que la propuesta no da un rango constitucional a la objeción de conciencia. Habría personas o instituciones que, por lo tanto, podrían ser forzadas a asumir prácticas o transmitir valores contradictorios con su fe.
31. Asimismo, la regulación que el proyecto establece no reconoce algunos elementos esenciales, como la autonomía interna de las confesiones, el reconocimiento de sus propias normas y la capacidad de éstas de celebrar acuerdos que aseguren su plena libertad en la atención de los miembros de las mismas, especialmente en situaciones de vulnerabilidad (hospitales, lugares de cumplimiento de penas, hogares de menores, etc.). Por último, nos parece que el sistema establecido para dar reconocimiento jurídico a las confesiones, deja en manos de órganos administrativos su existencia o supresión, lo cual puede poner en peligro. el pleno ejercicio de la libertad religiosa.

Un llamado final

32. Como lo han expresado diversas voces, todo indica que el debate constitucional continuará en el país después del 4 de septiembre, independiente de la opción que triunfe en el plebiscito. Es importante que sea un debate no solo por un texto y las mejores normas, sino por cómo seguimos buscando un desarrollo cada vez más humano e integral para todos, pues “el bien, como también el amor, la justicia y la solidaridad, no se alcanzan de una vez para siempre; han de ser conquistados cada día” [11]. Por consiguiente, invitamos a que nadie se reste de colaborar en la construcción de un proyecto común.
33. Para avanzar en esta dirección, en medio de tantas realidades complejas que atraviesa la humanidad, es esencial crecer en diálogo y amistad social, forjando una cultura del encuentro que esté animada por un sueño de fraternidad común. No puede ser que creamos, cualquier persona o sector, que la verdad está solo de nuestra parte, o que solo nosotros estamos en el lado correcto de la historia. La democracia, sus diversas instituciones y organizaciones políticas y sociales, será siempre el mejor camino para abordar nuestras legítimas diferencias, pero hemos de esforzarnos todavía más para que sea una democracia animada por dinamismos de encuentro y diálogo, y fundamentada en el sagrado respeto por la dignidad humana. Asimismo tenemos que recuperar nuestra memoria histórica con sus luces y sus sombras, aciertos y errores, para proyectarnos a un futuro en que todos encuentren cabida en la casa común.
34. También nos parece esencial que cada ciudadano y ciudadana se comprometa personalmente con el bien común y la justicia, y busque ser artífice de paz en los diversos ambientes en que convive con los demás. Porque ningún texto constitucional podrá reemplazar la conversión del corazón humano y de nuestras relaciones, como actitudes fundamentales para edificar un mejor país.
35. A nuestro Señor Jesucristo, que nos enseña a reconocernos como hermanos e hijos del mismo Padre, le confiamos los caminos de nuestra patria. Nos ponemos humildemente bajo la protección de la Virgen del Carmen, Reina y Madre de Chile, y pedimos a todos orar para que nuestra nación se encamine siempre por las vías de la paz y la concordia.
Padre Hurtado, 22 de julio de 2022.
+ Moisés Atisha Contreras
Obispo de Arica
+ Isauro Covilli Linfati
Obispo Iquique
+ Oscar Blanco Martínez
Obispo de Calama
+ Ignacio Ducasse Medina
Arzobispo de Antofagasta
+ Ricardo Morales Galindo
Obispo de Copiapó
+ René Rebolledo Salinas
Arzobispo de La Serena
Pbro. Luis Lazo Díaz
Adm. Diocesano de Illapel
+ Gonzalo Bravo Álvarez
Obispo de San Felipe
+ Jorge Vega Velasco
Obispo de Valparaíso
+ Cardenal Celestino Aós Braco
Arzobispo de Santiago
+ Alberto Lorenzelli Rossi
Obispo Auxiliar de Santiago
+ Julio Larrondo Yáñez
Obispo Auxiliar de Santiago
+ Carlos Godoy Labraña
Obispo Auxiliar de Santiago
+ Cristián Castro Toovey
Obispo Auxiliar de Santiago
+ Alvaro Chordi Miranda
Electo Obispo Auxiliar de Santiago
+ Juan Ignacio González Errázuriz
Obispo de San Bernardo
+ Cristián Contreras Villarroel
Obispo de Melipilla
+ Guillermo Vera Soto
Obispo de Rancagua
+ Galo Fernández Villaseca
Obispo de Talca
+ Tomislav Koljatic Maroevic
Obispo de Linares
+ Sergio Pérez de Arce Arriagada
Obispo de Chillán
+ Fernando Chomali Garib
Arzobispo de Concepción
+ Bernardo Álvarez Tapia
Obispo Auxiliar de Concepción
+ Oscar García Barreto
Obispo Auxiliar de Concepción
+ Felipe Bacarreza Rodríguez
Obispo de Santa María de los Ángeles
Pbro. Juan Basly Erices
Adm. Diocesano de Temuco
+ Francisco J. Stegmeier Shimidlin
Obispo de Villarrica
+ Santiago Silva Retamales
Obispo de Valdivia
+ Jorge Concha Cayuqueo
Obispo de Osorno
+ Fernando Ramos Pérez
Arzobispo de Puerto Montt
+ Juan María Agurto Muñoz
Obispo de Ancud
+ Luis Infanti della Mora
Obispo Vicario Apostólico de Aysén
+ Bernardo Bastres Florence
Adm. Apostólico de Punta Arenas
+ Pedro Ossandón Buljevic
Obispo Castrense de Chile
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NOTAS:
[1]CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Constitución Conciliar Gaudium et spes, 16.
[2]FRANCISCO, Carta Encíclica Evangelii gaudium, 214.
[3]JER 1,4-5.
[4]Gaudium et spes, 51.
[5]SAN JUAN PABLO II, Carta Encíclica Evangelium vitae, 73.
[6]FRANCISCO, Carta Encíclica Laudato si’, 159.
[7]FRANCISCO, Carta Encíclica Fratelli Tutti, 111.
[8]FRANCISCO, Exhortación apostólica postsinodal Querida Amazonia, 38.
[9]Querida Amazonia, 37.
[10]Cf. FRANCISCO, Exhortación apostólica Amoris Laetitia, 56.
[11]FRANCISCO, Fratelli Tutti, 11.

Cardenal Marc Ouellet

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El Vaticano no ve elementos suficientes para investigar al cardenal Ouellet por acoso sexual

La Santa Sede ha publicado una declaración, a través del Director de la Sala de Prensa, Matteo Bruni, en la que sale en defensa del cardenal Marc Ouellet, prefecto del Dicasterio para los Obispos de la Santa Sede, ante una acusación de acoso sexual proveniente de Canadá durante su etapa como arzobispo de Quebec.
El Papa Francisco declara que no hay elementos suficientes para abrir una investigación canónica por agresión sexual por parte del cardenal Ouellet”, afirma el comunicado de la Santa Sede.
Bruni informa que el Papa encomendó una investigación preliminar al jesuita Jacques Servais y su conclusión fue clara: “No hay motivos para abrir una investigación sobre la agresión sexual de la Persona F. por parte del Cardenal Señor Ouellet. Ni en su informe escrito y enviado al Santo Padre, ni en el testimonio vía Zoom que recogí posteriormente en presencia de un miembro del comité diocesano ad hoc, esta persona hizo una acusación que proporcionara material para tal investigación”.
El cardenal Ouellet, uno de los pesos pesados del Colegio Cardenalicio, fue denunciado por acoso sexual y comportamiento impropio entre 2008 y 2010 por una mujer que era “colaboradora pastoral” en el Arzobispado de Quebec.
Esta acusación se ha hecho pública en un programa de Radio Canadá y está enmarcada en una demanda colectiva contra la diócesis de Quebec. En ella habría 100 presuntas víctimas que habrían sido agredidas sexualmente en la mayoría de los casos en la década de 1950 y 1960.
La denuncia involucra a 88 sacerdotes y empleados seglares de la diócesis de Quebec. No obstante su acusación, según prescribe la normativa canónica, habría sido hecha llegar directamente al Vaticano con anterioridad.
Sin embargo, Ouellet no ha recibido ningún tipo de acusación penal hasta ahora.
El abogado de la mujer afirma que el modo de abrazarla o tocarla en los hombros o la espalda, provocaba un profundo malestar en la joven colaboradora pastoral. “Me sentí perseguida. Cada vez era más invasivo, más intenso, hasta el punto de que empecé a dejar de ir a los eventos, para intentar evitar estar en su presencia lo máximo posible”, declaró ella.
El abogado de las supuestas víctimas ha indicado que aunque los actos de los que se le acusa al cardenal parecen ser menos graves físicamente que en otros casos citados en la petición, su impacto y las secuelas que han causado son importantes.
Fuente: ReligiónEnLibertad.com

Acusaciones contra el cardenal Marc Ouellet y el principio jurídico de la presunción de inocencia

Aunque la demanda es contra acciones supuestamente cometidas por poco más de 80 personas, la cobertura mediática se ha concentrado en el cardenal Ouellet.

Por – Zenit.org
El martes 16 de agosto fue presentada en Quebec una demanda colectiva de 101 personas contra la arquidiócesis católica de Quebec. El despacho de abogados que se ocupa de la demanda es Arsenault Dufresne Wee Avocats.
Entre los documentos presentados hay una acusación de una “mujer anónima” (identificada con la letra “F.”) que hace acusaciones específicas contra el cardenal Marc Ouellet. El cardenal Ouellet es canadiense y fue arzobispo de Quebec de 2002 a 2010, año en que fue llamado al Vaticano para ocuparse de lo que en ese momento se llamaba Congregación para Obispos (hoy Dicasterio).
F.” asegura haber conocido al cardenal Ouellet en 2008 cuando prestaba servicios como pasante en la arquidiócesis. Según la demanda, “F.”, de 23 años, habría recibido en un encuentro público de agosto. Ahí –se sobreentiende en un saludo– habría supuestamente recibido un masaje en los hombros y le habrían rozado la espalda con las manos, lo que ella interpretó como caricia. Meses más tarde, en noviembre, también en el mismo contexto, le habrían besado la mejilla al saludarla, habría recibido un abrazo “con familiaridad” y nuevamente le habrían “acariciado” la espalda. Dos años más tarde, “F.” asegura que fue besada en la mejilla, fue abrazada y la mano fue deslizada por la espalda hasta los glúteos.
A raíz de una participación de “F.” en una formación sobre agresiones sexuales ella releyó lo sucedido interpretándolo como “tocamientos no consentidos de naturaleza sexual y, por tanto, agresiones sexuales”, según se lee en la demanda. La demandante afirma que en enero de 2021 escribió al Papa sobre este asunto y fue informada de que Francisco había nombrado a un sacerdote de nombre Jacques Servais SJ para investigar el caso. No consta algo a este respecto por escrito y de forma pública.
Aunque la demanda es contra acciones supuestamente cometidas por poco más de 80 personas, la cobertura mediática se ha concentrado en el cardenal Ouellet. Se da la circunstancia de que apenas unas semanas atrás el Papa estuvo en Canadá y que quien le acompañó en ese viaje fue precisamente el cardenal Ouellet.
Aunque a decir verdad la prensa francófona (y tras ella también la de lengua inglesa, allende las fronteras canadienses) está reportando el hecho, no se lee en ningún lugar el recordatorio de un principio jurídico que es aplicable a todas las personas: el de la presunción de inocencia. En algunos casos se habla simplemente de “acusaciones de abuso contra el cardenal Ouellet”, con todo lo vago que un titular de este tipo puede ser (y también con toda la carga que eso conlleva).
Hay una grave responsabilidad en acusar a una persona de hechos como estos. Y no es menos grave que se dicte sentencia mediática (o se hagan sugerencia de culpabilidad) sin que la persona pueda defenderse en el foro adecuado y sin que la justicia, tras el debido proceso, haga también su propio trabajo. Después de todo, en el campo de la justicia, nos guste o no, no basta simplemente decir: hay que proceder a probar. El caso del cardenal Pell da muchas lecciones de prudencia. A él le costó más de un año de cárcel, y al final fue absuelto. En todo caso, si el abrazo y deslizamiento del supuesto victimario son como los de Biden a la esposa de un presidente europeo, tal vez debamos preguntarnos por qué hay dos modos de medir y señalar personas.

Vaticano critica “proceso sinodal” de obispos de Alemania y estos responden

En una reciente carta enviada a los obispos de Alemania, el Vaticano afirmó que los planes para el polémico “proceso sinodal en la Iglesia en el país europeo “no son eclesiológicamente válidos”.
Los planes para el proceso sinodal fueron anunciados en marzo de este año por el presidente del Episcopado alemán y Arzobispo de Múnich, Cardenal Reinhard Marx.
Según informó CNA –agencia en inglés del Grupo ACI– el borrador de los estatutos para una “asamblea sinodal”, como parte esencial del proceso alemán, fue aprobado por el comité ejecutivo de los obispos en agosto, texto que se debatirá en la reunión que sostendrá el episcopado del 23 al 26 de septiembre.
CNA también informó que varios grupos o foros de trabajo vinculados al proceso sinodal ya han iniciado sus labores.
En una carta enviada al Cardenal Marx y firmada el 4 de septiembre por el Cardenal Marc Ouellet, Prefecto de la Congregación para los Obispos, se precisa que los planes del proceso sinodal deben estar acordes con las instrucciones que el Papa Francisco estableció en su carta a la Iglesia de Alemania publicada el pasado 29 de junio.
La misiva del Cardenal Ouellet también resalta que el proceso sinodal de Alemania no puede buscar el cambio de la enseñanza o la disciplina católicas.
El Cardenal Ouellet también envió al Cardenal Marx una evaluación canónica realizada por el Pontificio Consejo para los Textos Legislativos, firmada por su presidente Monseñor Filippo Iannone.
CNA tuvo acceso a la carta del Cardenal y a la evaluación canónica. Esta última indica que los planes de los obispos alemanes violan las normas canónicas y, de hecho, buscan modificar normas universales y la doctrina de la Iglesia.
La evaluación se refiere a los planes de los obispos alemanes para tratar temas esenciales: “la autoridad, participación y separación de poderes”, “moralidad sexual”, “la forma de la vida sacerdotal” y “mujeres en ministerios y servicios de la Iglesia”.
Es fácil ver que estos temas no solo afectan a la Iglesia en Alemania sino a la Iglesia universal y –con pocas excepciones– no pueden ser objeto de deliberaciones o decisiones de una Iglesia particular sin contravenir lo que ha expresado el Santo Padre en su carta”, escribió Monseñor Iannone.
En su carta a la Iglesia en Alemania, el Papa Francisco pidió a los obispos alemanes que respeten la comunión universal de la Iglesia.
La evaluación canónica del Pontificio Consejo también alerta sobre otros problemas del “proceso sinodal” alemán y precisa que los obispos de ese país no están planeando un sínodo sino un concilio de una Iglesia particular, algo que no puede realizarse sin la aprobación explícita de la Santa Sede.
Es claro por los artículos del borrador de los estatutos que la conferencia episcopal (alemana) tiene en mente hacer un concilio particular según lo establece los cánones 439-446 pero sin usar este término”, indica la evaluación.
Si la Conferencia Episcopal Alemana ha llegado a la convicción que necesita un concilio particular, entonces debe seguir los procedimientos establecidos por el Código (de Derecho Canónico) para llegar a una deliberación vinculante”, agrega el documento.
Un concilio, a diferencia de un sínodo, es una reunión de obispos con la autoridad de hacer normas para la Iglesia en un país o región particular, pero solo con la autoridad directa del Vaticano, que define el marco de la autoridad concedida.
Un sínodo, como han llamado los obispos alemanes a su reunión, es por el contrario un grupo pastoral y de consulta, sin la autoridad de establecer políticas.
En la evaluación también se critica al Comité Central de Católicos Alemanes, una institución de laicos cuyos líderes públicamente apoyan la ordenación de mujeres y el cambio de la enseñanza moral de la Iglesia, quienes aceptaron ser parte del proceso sinodal a condición de que la asamblea sinodal, en la que los obispos serían minoría, pudiera hacer políticas vinculantes para la Iglesia en Alemania.
¿Cómo una Iglesia particular puede deliberar de manera vinculante sobre asuntos que afectan a toda la Iglesia?”, cuestionó Monseñor Iannone.
La conferencia episcopal no puede dar efecto legal a sus resoluciones. Esto va más allá de su competencia”, precisa la carta y resalta que “la sinodalidad de la Iglesia, a la que se refiere el Papa Francisco con frecuencia, no es sinónimo de democracia o de decisiones por mayoría”.
Tras indicar que “el proceso sinodal debe realizarse en el marco de una comunidad jerárquicamente estructurada”, la evaluación precisa que las propuestas alemanas “dejan abiertas muchas preguntas que merecen atención”.
Varios altos funcionarios de la Congregación para los Obispos y del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos indicaron a CNA que la carta del Cardenal Ouellet y la evaluación canónica fueron enviadas al Cardenal Marx, con la indicación de que su contenido sea la base de cualquier discusión del proceso sinodal de la Iglesia en Alemania.
Un alto miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF), que no participó de la revisión de las propuestas alemanas, dijo a CNA que existe una percepción generalizada en el Vaticano de que los obispos de Alemania, liderados por el Cardenal Marx, son indiferentes a las intervenciones de la Santa Sede.
Todos saben qué es lo que los alemanes quieren logran y han sido muy bullosos al respecto. Hay un sentido creciente de que Marx ya no puede esperar a un cónclave para actuar como Papa. Él ha decidido que sabe lo que es mejor para la Iglesia y quiere ver que eso se haga”, dijo el funcionario de la CDF.
Lo que queda es ver y esperar. El mismo Papa ya les ha escrito a los alemanes y ellos lo ignoran. Si pueden ignorar al Santo Padre, ciertamente ignorarán a cualquier otro de la curia”, lamentó.

La respuesta de los obispos alemanes

El viernes 13 de septiembre la Conferencia Episcopal de Alemania señaló que las críticas del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos se refieren a borradores más antiguos y no han tomado en cuenta los últimos cambios hechos.
La opinión del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos se refiere a un borrador de los estatutos de junio de 2019 y no considera la versión actualizada de julio, luego de la sesión del consejo permanente en agosto, que ya no contiene pasajes a los que se refiere la evaluación”, indica la declaración de los obispos alemanes.
El Cardenal Marx irá a Roma durante la semana para encontrarse con el Cardenal Ouellet y “aclarar cualquier malentendido” sobre los planes alemanes, dice el texto.
Pese a lo dicho por los obispos alemanes, documentos internos de la conferencia episcopal del país que han sido obtenidos por CNA indican que la versión más reciente de los estatutos “corresponde al 1 de agosto de 2019” sin cambios “hasta el 30 de agosto de 2019”.
No se sabe si se han realizado cambios relevantes entre el 31 de agosto y el 4 de septiembre cuando el Cardenal Ouellet escribió al Cardenal Marx.

La grave crisis de la Iglesia en Alemania

En los primeros días de este mes de septiembre, el Cardenal Marx dijo que “se puede llegar a la conclusión de que tiene sentido, bajo ciertas condiciones y en ciertas regiones, permitir sacerdotes casados”.
El Cardenal ha hecho también otras declaraciones contrarias a la doctrina de la Iglesia en las que alentó el acceso a la comunión de los divorciados en nueva unión, promovió que los sacerdotes católicos bendigan parejas homosexuales, y sugirió que los laicos prediquen en Misa.
Asimismo, y en el marco del Sínodo de los Obispos para la Amazonía que se celebrará en octubre, algunos obispos alemanes asistieron a fines de junio a una reunión privada en Roma, entre los que estaban el Cardenal Walter Kasper, que promueve públicamente el acceso a la Eucaristía de los divorciados en nueva unión.
En una entrevista en 2018, el vicepresidente de la Conferencia Episcopal Alemana, Monseñor Franz-Josef Bode, dijo que si se autoriza la ordenación de sacerdotes casados en la Amazonía, entonces los obispos alemanes insistirían para tener ese mismo permiso. En enero de ese año también dijo estar a favor de bendecir a parejas homosexuales.
Asimismo, Monseñor Franz-Josef Overbeck, Obispo de Essen y presidente de Adveniat, institución de ayuda de la Iglesia en Alemania para América Latina, dijo que el Sínodo de la Amazonía “es un punto de no retorno” para la Iglesia y que “nada será lo mismo” después de este encuentro.
El Prelado también apoyó públicamente la “huelga de mujeres” contra la Iglesia en Alemania, convocada por un grupo de católicas tras el no del Papa Francisco a la ordenación de diaconisas.
A mediados de julio de este año la Conferencia Episcopal de Alemania dio a conocer algunas estadísticas de 2018, entre las que destaca que en el periodo fueron más de 216 mil fieles los que decidieron abandonar la Iglesia Católica.
Asimismo, de los 23 millones de bautizados en el país, de una población total de 83 millones, el porcentaje de los que asisten a la Misa dominical está en un 9.3%, es decir alrededor de 2,1 millones.
En el caso de los sacerdotes que sirven en las diócesis del país, actualmente el número ha descendido a 1,161 en 2018, cuando eran más de 17 mil en el año 2000.
Las estadísticas también señalan que en el año 2000 las parroquias en Alemania eran 13,241. En 2018 descendieron a 10,045.
Las estadísticas de 2018 no proporcionan ninguna información sobre el sacramento de la Reconciliación o Confesión, una práctica que parece haber sido abandonada casi por completo por los católicos del país, incluidos los sacerdotes.

Jesuita Felipe Berríos cometió “actos de significación sexual de distinta relevancia”

La investigación de la Iglesia Católica estableció “la verosimilitud de actos de significación sexual de distinta relevancia que habrían afectado a siete mujeres jóvenes y adolescentes”, a manos del renombrado cura jesuita Felipe Berríos.
“Estos hechos se refieren a tocaciones y diversos traspasos de límites en el ejercicio del sacerdocio, entre los años 1993 y 2009”, agregó un comunicado.
La Compañía de Jesús, que recientemente enfrentó otro caso similar con el icónico Renato Poblete, detalló que la “Investigación Previa Canónica encomendada a la abogada María Elena Santibáñez” ahora será enviada “para su revisión al Dicasterio para la Doctrina de la Fe, entidad competente que deberá determinar los pasos a seguir”.
El trabajo de la jurista “contó con la declaración de más de 40 testigos”.
“Durante este tiempo, seguirá vigente la medida cautelar impuesta por el Provincial de la Compañía de Jesús a Felipe Berríos SJ de la suspensión del ejercicio público del ministerio sacerdotal”, concluye la nota.
Berríos, quien está representado por un abogado, sólo ha emitido comunicados para referirse a la acusación, afirmando en el primero de ellos que haría “todo lo que sea necesario por conocer y aclarar los orígenes de esta denuncia”.
Fuente: Cooperativa.cl

Camino sinodal alemán es contrario a una reforma

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Tarde, pero tal vez no demasiado tarde, ‘Roma’ reaccionó a las maquinaciones anticatólicas de la herejía germano-sinodal” -elogio al abogado canónico Graulich, crítica al presidente de ZdK- por el cardenal Gerhard Müller.

Cardenal Gerhard Müller

El razonamiento del Dr. Graulich es convincente e inexpugnable en sus consecuencias. El enfoque básico del sindicalismo alemán es anticatólico y, por lo tanto, el empleador (el cuerpo eclesiástico correspondiente) ya no puede insistir en la unidad de vida y enseñanza, es decir, la fe católica y la enseñanza moral.
La declaración del Foro IV de que toda la forma de vida moral, especialmente en lo que se refiere a la sexualidad, ya no debe estar determinada por la Palabra de Dios sino por la ideología LGBT actualmente dominante es un adiós abierto al cristianismo.
Incluso en el Decálogo, los mandamientos 6 y 9 señalan la conexión entre la relación con Dios y el significado de la sexualidad, que se relaciona exclusivamente con el matrimonio. Y Jesús proclama con autoridad divina el propósito de la creación del hombre como varón y mujer. Por tanto, todo encuentro sexual entre un hombre y una mujer fuera del matrimonio legítimo (natural o sacramental) debe entenderse como adulterio, pecado grave que excluye del reino de Dios (cf. Marcos 10, 5-12).
Lo que persigue el Camino sinodal-alemán es lo contrario de una reforma, es decir, la renovación de nuestra actitud y de nuestro comportamiento en el espíritu de Cristo (Rm 12, 1s). Es una recaída en la antigua inmoralidad de los paganos que, por su rechazo a Dios, están “a merced de pasiones degradantes” (Rom 1,26), aunque Dios ha escrito el código natural de la moral en sus corazones y conciencias (Romanos 2:25).
El cristiano, en cambio, es liberado para “libertad y gloria de los hijos de Dios” (Gal 5,13; Rom 8,21). Pero Pablo añade: “Sólo que no toméis la libertad como excusa de la carne… Las obras de la carne son fornicación, impureza, libertinaje… Pero cualquiera que hace tales cosas no heredará el reino de Dios” (Gálatas 5:13-21).
Tarde, pero quizás no demasiado tarde, “Roma” reaccionó a las maquinaciones no católicas de la Herejía Sinodal Alemana (DSH), que son diametralmente opuestas a la enseñanza católica de la revelación y la “obediencia de la fe” (Vaticano II II, Dei verbum 1 -10), de la constitución jerárquico-sacramental de la iglesia (Lumen gentium 18-29) y de la “dignidad del matrimonio y de la familia” (Gaudium et spes 46-52).
La presidenta del ZdK y copresidenta del DSH, Irme Stetter-Karp, recientemente incluso pidió el acceso general al “crimen despreciable del aborto y la matanza de niños” (Gaudium et spes 51; 27). El hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, se entrega al paradigma de una pansexualidad que revela el nihilismo de quienes han perdido la fe en el Dios vivo. Viven según el lema: “Si los muertos no resucitan” y no hay juicio divino, entonces “comamos y bebamos, que mañana estaremos muertos“.
Por otra parte, el apóstol dice a los cristianos, para que no sean tentados a vivir en contra de la Palabra y de las directivas de Dios: “¡No os dejéis engañar! Las malas compañías corrompen las buenas costumbres. Sed sobrios como es debido y no pequéis. Porque algunos no conocen a Dios. Digo esto para que te avergüences” (1 Co 15, 33s).
– – –
Nota del editor: El canonista alemán en el Vaticano, Markus Graulich, preguntó en la “Correspondencia Herder“: “¿Qué tan eclesiástico es el derecho laboral eclesiástico que dice adiós a la enseñanza moral de la iglesia?” Se trata de “la misión y la credibilidad de las Acciones eclesiásticas” que las obligaciones de lealtad en la legislación laboral se aplican a los empleados del sector eclesiástico. En la Iglesia católica en Alemania, esto está siendo actualmente “masivamente cuestionado“, especialmente a través del “Camino sinodal“. Según Graulich, los cambios propuestos están “estrechamente vinculados a los esfuerzos por abandonar la doctrina moral o la moral de la iglesia o cambiarlas en consecuencia”.
Fuente: www.kath.net Katolische Nachrichten.

Papa Francisco sobre el Camino Sinodal: No necesitamos dos iglesias evangélicas en Alemania

El Papa Francisco aseguró que en una conversación con el Presidente de la Conferencia Episcopal de Alemania le dijo que el país ya tenía “una muy buena Iglesia evangélica” y “no necesitamos dos”.
En una conversación con los editores de las revistas de la Compañía de Jesús (Jesuitas) que tuvo lugar el 19 de mayo, y fue publicada este 14 de junio por La Civiltà Cattolica, el Santo Padre recordó su comentario a Monseñor Georg Bätzing, presidente de la Conferencia Episcopal alemana.
En la entrevista, se le preguntó al Papa Francisco qué pensaba del “Camino Sinodal” alemán, una controvertida reunión de varios años de obispos y laicos para discutir cuatro temas principales: el modo de ejercer el poder en la Iglesia, el sacerdocio, el papel de la mujer y la moral sexual.
Los participantes han votado a favor de proyectos de documentos que piden la ordenación sacerdotal de las mujeres, la bendición de personas del mismo sexo y cambios en la enseñanza de la Iglesia sobre los actos homosexuales, lo que ha provocado acusaciones de herejía y temores de cisma.
La iglesia evangélica de Alemania, una federación de 20 iglesias regionales luteranas, reformadas y unidas, ordena a las mujeres como sacerdotes y obispos y permite la bendición de las uniones entre personas del mismo sexo.
Al presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, monseñor Bätzing, le dije: ‘En Alemania hay una muy buena Iglesia Evangélica. No necesitamos dos‘”, recordó el Papa.
El problema surge cuando el camino sinodal proviene de las élites intelectuales, teológicas, y está muy influenciado por las presiones externas. Hay algunas diócesis en las que la vía sinodal se está desarrollando con los fieles, con el pueblo, lentamente”.
Monseñor Bätzing, que dirige la conferencia episcopal alemana desde marzo de 2020, dijo en una ocasión que “el Papa, incluso en la Iglesia católica, incluso con todos los poderes que se le otorgan, no es alguien que pueda hacer girar a la Iglesia de la cabeza a los pies, que es lo que nos gustaría”.
Además, Monseñor Bätzing ha rechazado las preocupaciones -expresadas por los líderes de la Iglesia de Polonia, los países nórdicos y de todo el mundo- de que el Camino Sinodal pueda conducir al cisma.
Por su parte, el Papa Francisco escribió una extensa carta a los católicos de Alemania en 2019, en la que habló acerca de lo que llamó la “erosión” y el “declive de la fe” en el país, y pidió a los fieles que se conviertan, recen y ayunen, además de proclamar el Evangelio.
En la entrevista publicada este martes, el Papa se refirió a esta carta y aseguró que “la escribí yo mismo, y me llevó un mes escribirla. No quise involucrar a la curia. Lo hice yo solo“.
El original es en español y el que está en alemán es una traducción. Ahí es donde se encuentra mi pensamiento”, dijo el Santo Padre.
Fuente: ACI Prensa.

Policía china desaparece sacerdotes

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Padre Yin Shuangxi, secuestrado por la Policía china en Xushui, Baoding, el 29 de abril de 2022.

La policía china hace desaparecer mediante el guanzhi a 10 sacerdotes clandestinos en Baoding

¿Qué es el guanzhi? No es realmente un encarcelamiento, sino una restricción de movimientos que ejerce la Policía china sobre personalidades a las que quieren tener “muy controlados“, impidiéndoles ir a donde quieran, bloqueando sus actividades y obligándoles a acudir a sesiones de adoctrinamiento ideológico. Les impiden contactar con parientes o amigos.
Explica la agencia misionera AsiaNews que la ley china permite el guanzhi durante 3 años, sin necesidad de presentar cargos por ningún delito ni acusación concreta. Pero en el pasado, cuando la Policía ha aplicado el guanzhi a sacerdotes católicos de las comunidades clandestinas -y también a pastores de comunidades protestantes-, después de separar a los pastores de sus fieles, ha sucedido en ocasiones que desaparecían para siempre, o aparecían muertos años después.
La agencia AsiaNews denuncia que ahora se está aplicando el guanzhi -esta combinación de restricción de movimientos y de sesiones de adoctrinamiento- a 10 sacerdotes de las comunidades católicas clandestinas de Baoding, en la región de Hebei. Algunos desaparecieron en manos policiales en enero, y otros 4 hace poco, entre el 29 y 30 de abril.
Muchos familiares de los sacerdotes desaparecidos acudieron a la policía de su pueblo para pedir información o encontrar una forma de comunicarse con ellos, pero nadie les dio información sobre ellos ni su paradero. Además, sacerdotes clandestinos que siguen aún en libertad temen que vayan también a por ellos.
Los detenidos por ahora son:
– el padre Chen Hechao, detenido desde enero de 2022;
– el padre Ji Fu Hou;
– el padre Maligang;
– el padre Yang Guanglin;
– el padre Shang Mancang, preso a finales de abril;
– los padres Yang Jianwei y Zhang Chunguang, desaparecidos el 29 de abril alrededor de las cuatro de la tarde, ambos en el pueblo de Xushui (Baoding).
– el padre Zhang Zhenquan, desaparecido el 29 de abril en el mismo pueblo de Xushui hacia las tres de la tarde;
– el padre Yin Shuangxi, desapareció el mismo día en Xushui;
– el padre Zhang Shouxin, desaparecido el 30 de abril en Baoding.
Los sacerdotes Yang Jianwei y Zhang Chunguang, desaparecidos del pueblo de Kuxhui, Baoding, desde el 29 de abril.
En la región de Baoding son numerosos los católicos clandestinos. En total, hay medio millón de católicos si sumamos las comunidades clandestinas y las registradas por el régimen.
También piden oración por otro sacerdote, Liu Honggeng, rector del santuario de María Reina de China, que lleva 7 años en prisión y antes ya pasó otros 8.
Su obispo, Jaime Su Zhimin, lleva al menos 25 años en manos de la policía y antes pasó más de 40 años de trabajos forzados en la época de Mao Zedong. Los fieles de Baoding también piden que recen por él.
Recientemente, el vicario del obispo Su, Francisco An Shuxin, accedió unirse a los organismos de la iglesia oficial controlada por el régimen comunista, lo que dividió a las comunidades católicas clandestinas sobre el trato que deben tener con este vicario, que debe informar a las autoridades comunistas de lo que conoce.
En septiembre de 2018 el Vaticano y el Gobierno chino llegaron a un acuerdo que trata sólo sobre la ordenación de nuevos obispos, pero en China las autoridades lo utilizan para exigir a todos los sacerdotes que se afilien al Partido Comunista o sus organizaciones filiales y así integrarse en las comunidades oficiales supervisadas por el régimen. El acoso con este tipo de detenciones y reeducación, el guanzhi, es el castigo para los clérigos que no ceden.
Fuente: Religionenlibertad.com

Iglesia nigeriana atacada en Pentecostés

El terrorífico atentado contra la iglesia de San Francisco Javier en Owo (Nigeria) durante la misa de Pentecostés ha dejado un balance de 41 muertos y decenas de heridos graves. Este ataque ha conmocionado al orbe cristiano en el mundo, aunque paradójicamente ha encontrado escaso eco en los medios de comunicación de todo el mundo.
En Nigeria los cristianos viven una situación extrema. La persecución lejos de disminuir, se va extendiendo contra ellos. Pero están convencidos de perseverar en su fe.
El padre Andrew Adeniyi Abayomi es vicario parroquial de la iglesia que fue atacada el pasado 5 de junio y se encontraba en el templo en el momento de la masacre. En esta entrevista con Ayuda a la Iglesia Necesitada relata su experiencia de aquel día y las secuelas que han quedado entre los feligreses:
-¿Cuántos atacantes había?
-Yo no los vi, pero algunos testigos presenciales dicen que eran cuatro, mientras que otros aseguran que, además de esos cuatro, había otros infiltrados entre nosotros en la iglesia. Otros dicen que eran seis en total, pero lo cierto es que se desconoce el número real.
-¿Dónde estaba usted cuando ocurrió el ataque?
-Todavía estaba en el presbiterio. Había terminado la misa y estaba reponiendo el incienso para la procesión posterior fuera de la iglesia. Fue entonces cuando oí un ruido. Pensé que era un portazo o que alguien se había caído o había visto una serpiente, como ya había ocurrido en alguna ocasión.
Pero entonces oí un segundo ruido fuerte y vi a los feligreses corriendo en diferentes direcciones en la iglesia. Me quedé en estado de shock, preguntándome qué estaba pasando, cuando alguien corrió hacia mí gritando: “¡Padre, pistoleros!”.
-¿Temió por su vida?
-En ese momento, no; más bien pensaba en cómo salvar a mis feligreses. Algunos se armaron de valor y cerraron la puerta de entrada. Yo insté a la gente a pasar por el presbiterio para entrar en la sacristía, algunos feligreses escaparon por allí. Yo me quedé en el interior de la sacristía. No podía moverme porque estaba rodeado de niños, al tiempo que algunos adultos se aferraban a mí; algunos niños incluso se escondieron debajo de mi casulla, yo los protegía como una gallina a sus polluelos.
Mis feligreses exclamaban: “¡Padre, por favor, sálvenos; Padre, ¡rece!”. Yo intenté calmarlos, diciéndoles que no se preocuparan, que estaba rezando y que Dios haría algo. Entonces oí tres o cuatro explosiones, una tras otra. El atentado estaba bien planeado y duró entre 20 y 25 minutos.
-¿Qué ocurrió después?
-Finalmente, nos hicieron saber que los atacantes se habían ido. Salimos de la sacristía y vi a los feligreses que yacían muertos y a muchos otros heridos. Yo estaba conmocionado. Supliqué a la gente que llevara a nuestros hermanos y hermanas heridos al hospital, con la ayuda de los feligreses que saben conducir empecé a trasladar a algunos de los heridos al hospital de San Luis y al centro de salud federal. Dejamos atrás los cadáveres mientras intentábamos salvar a los heridos.
-El estado de Ondo siempre ha sido pacífico, especialmente en comparación con el norte de Nigeria y el Cinturón Medio, pese a algunas tensiones entre los pastores fulani y los campesinos cristianos. ¿Cómo se explica este repentino estallido de violencia?
-Según hemos sabido, hay grupos militantes que están movilizando a la gente en el suroeste y en otras partes del país. No podemos determinar la tribu, la raza o el grupo al que pertenecen los atacantes. Incluso cuando se produjo el ataque, algunos los vieron, pero no pudieron identificarlos por la lengua porque no hablaron. Algunos de los atacantes acudieron haciéndose pasar por feligreses a la misa, celebraron la misa con nosotros hasta que iniciaron el ataque.
-¿Cómo van a atender a los heridos y a los feligreses de luto?
-Ya hemos empezado a hacerlo: les prestamos atención pastoral, los visitamos, rezamos con ellos, les administramos el sacramento de los enfermos y los animamos a mantener viva la esperanza, también atendemos a sus familias y a los demás afligidos. Nuestra diócesis ha pedido apoyo a otras parroquias, tanto el Gobierno como organizaciones no gubernamentales como la Cruz Roja y otros -incluso grupos musulmanes e imanes- están acudiendo en nuestra ayuda de forma concreta y económica. La Cruz Roja ha sido la más activa en el intento de captar a donantes de sangre y reunir apoyo material.
-¿Cuáles son las mayores necesidades en este momento?
-Necesitamos apoyo material y económico para atender a las víctimas y a los supervivientes. También necesitamos una estrategia de seguridad propia, porque el personal de seguridad cercano y la policía no acudieron a nuestro rescate a pesar de que el atentado duró 20 minutos y de que explotaron cuatro artefactos. Necesitamos nuestro propio dispositivo de seguridad.
-Tras una experiencia como esta, ¿se sentirá la gente segura al volver a la iglesia?
– El miedo se ha instalado en la mente de algunos feligreses, pero, no obstante, nosotros estamos decididos a reanimarlos, a mantenerlos firmes en la fe y a reconfortarlos buscando el contacto con todos y no solo con los directamente afectados. El objetivo es establecer un contacto directo con ellos para fortalecerlos y recordarles que profesar nuestra fe en Dios significa que le entregamos toda nuestra vida. Esta vida es solo un tránsito a la eternidad – la eternidad debe ser nuestra meta final.
¿El atentado ha fortalecido o debilitado la fe de sus feligreses?
-En mis encuentros con los feligreses no he visto una pérdida de fe, sino un fortalecimiento. Están preparados y dispuestos a permanecer firmes. Yo sigo rezando por ellos todos los días, la misa la celebramos por las intenciones de los que todavía están en el hospital para contribuir a su rápida recuperación. Además, también se están celebrando misas por las almas de los que han muerto, para que descansen en paz, y se celebran misas por las intenciones de todos los miembros de la parroquia para que permanezcan firmes en la fe y vivos en la esperanza.
Fuente: Religionenlibertad.com

Sínodo alemán contagia a toda la Iglesia

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Santa Sede reacciona frente a la heterodoxia del ‘camino sinodal’ alemán.

Por Sandro MagisterSettimo Cielo.
En la reciente conversación con los editores de las revistas europeas de la Compañía de Jesús, transcrita y publicada por La Civiltà Cattolica, el Papa Francisco dijo lo suyo también sobre el “camino sinodal” en curso en Alemania. A su juicio, “el problema surge cuando el camino sinodal parte de las élites intelectuales y teológicas, y está muy influido por presiones externas”, cuando en cambio se debe hacer “con los fieles, con el pueblo”.
Lo malo es que cuando esto sucede, es decir, cuando se recogen las exigencias de la base o se sondea la opinión de los fieles, los resultados son prácticamente los mismos que los dictados por las élites dominantes o por las presiones externas, con la inevitable letanía de pedidos que van desde los sacerdotes casados ​​hasta las sacerdotisas, desde la nueva moral sexual y homosexual hasta la democratización del gobierno de la iglesia.
Francisco expresó sus temores sobre el sínodo de Alemania en una carta de junio de 2019 que “escribió solo”. Pero después lo dejó avanzar sin ponerle freno y sin dar señal alguna de escuchar los crecientes gritos de alarma del cardenal Walter Kasper, quien al comienzo de su pontificado fue su teólogo reformador de referencia, pero que del sínodo alemán -lo definió como un “intento de golpe de Estado”- incluso duda de que sea “verdaderamente católico”.
No solo eso. Es cada vez más palpable el riesgo de que la agenda del “camino sinodal” de Alemania termine dentro de ese otro sínodo de la Iglesia universal que el Papa convocó en 2021, haciéndolo partir, precisamente, desde las periferias y desde las bases, y que tendrá su sesión culminante en Roma, en octubre de 2023.
Inicialmente, la convocatoria de este sínodo general ni siquiera fue noticia. El tema que le había asignado Francisco, la “sinodalidad”, parecía tan abstracto y aburrido como para desalentar cualquier interés en los medios.
Pero después, tan pronto como las diócesis comenzaron a palpar el estado de ánimo de los sacerdotes y fieles, se vio inmediatamente con qué material estaba hecha la letanía de las solicitudes. Con el resultado de que ahora las conferencias episcopales, al hacer el balance de la primera fase descentralizada del sínodo, encuentran en sus manos un duplicado del “camino sinodal” de Alemania, también invocado por sus fieles.
El caso de Francia es ejemplar. A mediados de junio, la Conferencia Episcopal Francesa se reunió en una sesión especial, precisamente para desarrollar una Collecte des synthèses sinodales producida en las diversas diócesis, y transmitirla a Roma. Al votar el documento, la conferencia episcopal no aprobó su contenido, se limitó a buscar su adhesión a las peticiones de los miles de sacerdotes y fieles entrevistados. Pero las peticiones enviadas a Roma incluyen precisamente la superación del celibato del clero, la ordenación de mujeres al diaconado y al presbiterado o al menos, “como un primer paso”, encomendarles las homilías de las Misas, una reforma radical de la liturgia y de sus lenguajes “ahora inadmisibles”, la admisión generalizada a los sacramentos de los divorciados vueltos a casar y de las parejas homosexuales.
En Irlanda sucede lo mismo. Además de los informes de las consultas en cada diócesis, los obispos también se sirvieron de una amplia encuesta de opinión entre los fieles. Y resultó de ello que la casi totalidad de los católicos irlandeses quieren sacerdotes casados ​​y mujeres sacerdotes, el 85% quiere que se suprima cualquier condena de los actos homosexuales, el 70% quiere que también los laicos tengan poder de decisión en la Iglesia, y aún otros quieren que se eliminen de la Misa las lecturas del Antiguo Testamento “que chorrean sangre”.
En la reunión de la Conferencia Episcopal Irlandesa a mediados de junio también estuvo presente la hermana Nathalie Becquart, subsecretaria en Roma del sínodo sobre la sinodalidad, quien dijo que en dos mil años de historia es la primera vez que la Iglesia da vida a una consulta tan universal, que Francisco quiso empezar desde las bases. Nadie sabe dónde terminará este sínodo, concluyó, pero precisamente por eso debemos estar abiertos a las “sorpresas del Espíritu Santo”.
Sor Becquart, que en el sínodo tendrá derecho a voto como los obispos, forma parte del trío marcadamente progresista que Francisco ha puesto al frente del sínodo sobre la sinodalidad, junto al secretario general, el cardenal maltés Mario Grech, y el relator general, el cardenal luxemburgués y jesuita Jean-Claude Hollerich.
Y como si eso no fuera suficiente, con estos dos cardenales Francisco ha puesto en marcha un grupo de trabajo sobre cómo conciliar el sínodo alemán con el de la Iglesia universal. La noticia la dio a conocer el pasado 3 de febrero el presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, el obispo de Limburgo, monseñor Georg Bätzing, cuyos deseos revolucionarios son aún más apremiantes que los ya temerarios del propio Hollerich, hasta el punto de decir recientemente que está “decepcionado” por el paso demasiado lento del Papa.
En vano, no pocos obispos y cardenales golpearon las puertas del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, pidiendo que se desautorizaran las tesis más atrevidas del cardenal Hollerich, especialmente las que anulan la doctrina sobre la sexualidad y la homosexualidad. El Dicasterio guarda silencio y todos están convencidos de que es el Papa quien impone la mordaza.
Entre los nuevos cardenales anunciados por Francisco el domingo de la Ascensión hay al menos un par de paladines de esta revolución doctrinal: el obispo de San Diego, monseñor Robert McElroy, y el arzobispo de Manaos, monseñor Leonardo Ulrich Steiner.
El efecto del práctico dejar pasar concedido por el Papa al “camino sinodal” alemán es que cada vez son más en la Iglesia los que se sienten autorizados a comportarse en consecuencia.
En Alemania han causado impresión los trescientos frailes franciscanos que a mediados de junio eligieron como superior provincial a Markus Fuhrmann, quien unas semanas antes había sido noticia por haber declarado públicamente que era homosexual, además de ferviente partidario de las más atrevidas innovaciones en danza en el “camino sinodal” alemán.
Y unos días después, de nuevo en Alemania, volvía por enésima vez a reclamar las mismas novedades -incluida la bendición de las uniones homosexuales en el templo, prohibidas sólo de palabra por el Vaticano- el número uno de la jerarquía alemana, el cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Múnich y miembro prominente del selecto Consejo de Cardenales creado por el Papa para ayudarlo en el gobierno de la Iglesia universal.
En Suiza, en la diócesis de Chur, el obispo Joseph Maria Bonnemain ha obligado a los sacerdotes y empleados diocesanos a firmar un código arcoíris que, entre otras cosas, les compromete a “renunciar a las evaluaciones generalmente negativas sobre supuestos comportamientos no bíblicos en materia de orientación sexual”.
En Italia, en la arquidiócesis de Bolonia, el 11 de junio una pareja masculina se unió civilmente en el ayuntamiento e inmediatamente después celebró su unión en la iglesia, en una Misa oficiada por el responsable de la pastoral familiar de la arquidiócesis, el padre Gabriele Davalli. Una declaración posterior y retorcida de la arquidiócesis intentó justificar lo sucedido, argumentando que se trataba simplemente -contra la evidencia de los hechos- de una Misa de acción de gracias para el grupo católico LGBT En camino, al que pertenecen los dos. Pero a nadie se le escapa que el arzobispo de Bolonia es el cardenal Matteo Zuppi, quien desde hace un mes es el presidente propuesto por el Papa de la Conferencia Episcopal Italiana y también es el primero en el ranking de papables en un futuro cónclave. Se puede prever que este episodio dañará su carrera por la sucesión de Francisco, haciéndole perder esos pocos votos que podría reunir incluso entre los cardenales conservadores.
En síntesis, el contagio del “camino sinodal” de Alemania, al que el Papa no le ha puesto límites [Nota de ReL: este artículo es anterior a la nota de la Santa Sede del pasado jueves 21], ha traspasado ahora las fronteras y amenaza con condicionar el propio sínodo general sobre la sinodalidad. No ha tenido ningún efecto ni siquiera la sentida carta abierta enviada a los obispos alemanes el 11 de abril por los cardenales Francis Arinze, Raymond Burke, Wilfried Napier, George Pell, Camillo Ruini, Joseph Zen y un centenar de arzobispos y obispos de todo el mundo.
Que la Iglesia católica se transforme en una especie de sínodo permanente, con las exigencias de las bases, es decir, de la cultura dominante, para ser la que mande, es otro de los peligros denunciados por el cardenal Kasper.
En todo caso, a juicio de otro cardenal, el italiano Camillo Ruini, una parte sustancial de la Iglesia ya ha traspasado los límites de la doctrina católica al menos en un punto: la aprobación de los actos homosexuales. “No niego que haya riesgo de cisma”, dijo el 4 de mayo en una entrevista publicada en Il Foglio, “pero confío en que, con la ayuda de Dios, se lo podrá superar”.

Nació la séptima en la China del «hijo único», sobrevivió, su madre la encomendó a Dios y es monja

Por Javier Lozano – Religionenlibertad.com
La hermana Martina Hou es fruto de la profunda fe de una familia católica que se lo jugó todo por Dios, hasta casi dar la vida por Él. Esta joven religiosa de origen chino es profesora en Brooklyn, en el corazón de Nueva York, aunque en realidad nació en plena China comunista.
Zhang, la madre de Martina, tuvo que ocultar en 1982 todo el embarazo hasta que finalmente nació su hija. La familia vivía en Dingzhou, una ciudad cercana a Pekín, en un momento en el que en la dictadura china había impuesto poco antes la política del “hijo único” y vigilaba para que no nacieran más hijos que los que establecía el Estado.
Sus padres, Wen Tian y Zhang, tenían ya seis hijos pues formaban una familia católica fuertemente convencida de su fe. Pero estaban aterrorizados por el hecho de que las autoridades obligaran a Zhang a abortar si descubrían que estaba nuevamente embarazada.
Mi madre es muy religiosa. Aguantó durante nueve meses. Rezó durante todo este proceso. Dios escuchó sus oraciones y nací yo”, cuenta la hermana Martina en The Tablet.
Desde el propio embarazo sus padres la vieron como una elegida por Dios para una misión especial, sobre todo por las circunstancias tan complicadas en las que nació.
Martina Hou, con su madre, Zhang, que siempre puso a Dios lo primero en su vida.
De hecho, recuerda que su familia le dijo que cuando era una bebé la primera palabra que pronunció no fue ni “mamá” ni “papá” sino “Dios”.
Su madre, que también se sentía bendecida por haber tenido a Martina, expresó siempre su gran deseo de que su hija se convirtiera en monja, lo que parece haber escuchado Dios. “Mi madre solía decir: ‘esta niña es una hija de dios y debe pertenecer a Dios’. Cuando era pequeña, mi madre dijo que lo mejor para mí sería ser monja. Según ella, la mejor forma de trabajo es servir a los pobres y decirle a la gente que Dios es amor”, agrega la ahora religiosa de las Hermanitas de Santa Teresa del Niño Jesús.
En el año 2000 fue aceptada como novicia en esta congregación y en 2008 hizo los votos perpetuos. Aunque este proceso fue mucho más complicado de lo que jamás hubiera imaginado.
En un retiro de 14 días que realizó durante su etapa en el noviciado Martina pidió a Dios una señal que le confirmase que realmente estaba siendo llamada a la vida religiosa y que no lo hacía únicamente para complacer a su madre.
Justo al acabar el retiro su visión se volvió borrosa. Fue llevada rápidamente a un oftalmólogo y le fue diagnosticada atrofia óptica, lo que causaba un importante daño a los nervios de su retina.
Si tienes este problema no puedes continuar con tu vocación. Así que me fui a mi casa y estaba muy muy triste. Mi madre decía que nada es imposible para Dios, que Él podía sanarme”, recuerda.
Un mes después, Martina tuvo que volver al médico y el doctor quedó atónito. No quedaba ni un solo signo del daño en sus ojos.
Su familia dijo que era un milagro, aunque ella en un principio se mostró escéptica pensando que quizás el médico se había equivocado. Sin embargo, pronto percibió el significado de lo que había pasado.
Ahora creo que era una señal. Dios me la mandó para decirme que de verdad me estaba llamando y que no era por mi madre. Me abrió los ojos”, confiesa la hermana Martina.
Finalmente, hizo sus votos perpetuos en 2008 y durante tres años y medio sirvió en Hebei, en su provincia natal en China. Allí trabajó con estudiantes de Secundaria y también con universitarios. Más tarde fie enviada a Filipinas, y durante más de siete años enseñó mandarín en una escuela católica china.
En 2017 comenzó a trabajar en St. Michael’s Catholic Academy en Estados Unidos. Además de enseñar, participa en un programa de liderazgo chino, fundado por el padre Hugh O’Donnell, un sacerdote vicentino, que tiene como objetivo capacitar a sacerdotes y monjas asiáticos para que se conviertan en líderes en la Iglesia de hoy.
La hermana Martina señala que muchos de sus alumnos en St. Michael provienen de familias no católicas. Ella ve eso como una oportunidad para cumplir la misión de su vida: difundir la palabra acerca de Dios a la gente. “Por eso les enseño. Dios es amor. No importa lo que pasó en tu vida o las dificultades. Dios siempre está ahí contigo”, concluye.

Catedral de la Resurrección

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Archieparquía de Kiev

La archieparquía de Kiev de los ucranianos es una circunscripción eclesiástica greco-católica ucraniana de la Iglesia católica en Ucrania, sede metropolitana del archieparca mayor de Kiev-Galitzia, que desde 2011 es Sviatoslav Shevchuk. A fines de 2017 contaba con 500,000 bautizados.
En el Anuario Pontificio la Santa Sede usa el nombre Kiev degli Ucraini y su nombre formal es en latín, Kiovien(sis). En el sitio web de la Iglesia greco-católica ucraniana el nombre utilizado es en ucraniano, Києво.
El Anuario Pontificio dice que el exarcado archieparquial de Kiev-Vyšhorod fue creado el 25 de noviembre de 1995 y que fue elevado a metrópolis el 6 de diciembre de 2004.
La archieparquía extiende su jurisdicción sobre los fieles greco-católicos ucranianos que residen en la ciudad de Kiev y en las óblast de Cherkasy, Cherníhiv, Kiev, Vínnytsia y Zhytómyr.

La sede archieparquial está en la ciudad de Kiev, en donde se encuentra la catedral patriarcal de la Resurrección de Cristo, inaugurada en 2011. El territorio está subdividido en 96 parroquias.
Metropolitanato dependiente de Constantinopla

De acuerdo con leyendas locales, el cristianismo habría llegado a la región en donde luego se fundaría Kiev en tiempos apostólicos de la mano de Andrés el Apóstol. Entre los siglos IV y VII el cristianismo comenzó a extenderse activamente en el antiguo territorio ucraniano. A principios del siglo ix, los patriarcas Ignacio y Focio de Constantinopla enviaron obispos y misioneros a la Rus de Kiev, por lo que los ucranianos recibieron la fe cristiana por medio de misioneros bizantinos y sus iglesias, consecuentemente, estuvieron originalmente conectadas al Patriarcado de Constantinopla. A principios de 867, el patriarca Focio envió una encíclica a patriarcas y obispos orientales informando sobre que a la cristianización de los búlgaros le había seguido la de Rus y que había enviado un obispo allí. Un arzobispado existió en Tmutarakáñ durante el siglo ix. Los búlgaros establecieron en 918 un patriarcado independiente del de Constantinopla y la liturgia búlgara derivó en el uso del eslavo eclesiástico y del alfabeto cirílico, que transmitieron a sus vecinos eslavos de la Rus de Kiev.
El cristianismo se volvió dominante en Kiev en 988 cuando el príncipe de la Rus de Kiev, Vladimiro I de Kiev, proclamó la religión cristiana como religión oficial en todas las tierras del territorio kievita. Prácticamente todo el pueblo fue bautizado a orillas del río Dniéper según el rito bizantino eslavo por orden de Vladimiro. Ese año es considerado como el del establecimiento del metropolitanato de Kiev por el patriarca Nicolás II de Constantinopla, aunque la eparquía de Kiev es mencionada en una crónica de principios de 891. El primer templo catedral, la iglesia de los Diezmos, fue construido en 996, residiendo previamente el metropolitano en Pereyáslav (ciudad construida por Vladimiro en 992). A la muerte de Vladimiro, el metropolitanato contaba con 5 obispos en: Kiev, Cherníhiv, Nóvgorod, Volodímir-Volinski, Przemyśl, y probablemente Vérjniy Túriv (ahora en el raión de Turka).
Bajo el reinado de Yaroslav I el Sabio, sucesor de Vladimiro, la Iglesia de Kiev continuó su expansión: se construyeron monasterios, iglesias, escuelas, bibliotecas, se tradujeron libros del griego, etc. Yaroslav también mandó construir la gran Catedral de Santa Sofía en 1037, que se convirtió en el símbolo del cristianismo ucraniano. Nuevas eparquías fueron agregadas al metropolitanato en Pereyáslav, Yúriev, y Bílhorod. Yaroslav murió en 1054, año en que se produjo el cisma entre las Iglesias de Occidente y Oriente. La Rus de Kiev se mantuvo del lado bizantino por lo que la comunión con el papa de Roma quedó interrumpida y la sede de Kiev quedó dentro de la Iglesia ortodoxa. En 1098 el metropolitano de Kiev Juan III asistió al Concilio de Bari, convocado por el papa Urbano II con el fin de superar el cisma.
Tras la muerte de Yaroslav I, comenzó una época dificultosa para la Iglesia de Kiev. Durante varios años la ciudad sufrió invasiones mongoles y musulmanas que provocaron la caída de la Rus de Kiev. La autoridad espiritual del metropolitano de Kiev se extendió a todas las diócesis formadas en las tierras de la Rus de Kiev. En vísperas de la invasión mongol-tártara había 16 de ellas: Kiev (988), Cherníhiv (991), Belgorod (991), Vladímir del Klyazma (992), Novgorod (992), Rostov (992), Pólatsk (992), Turiv (1005), Przemyśl (1026), Pereyáslav (1036), San Jorge (1036), Galitzia (1134), Smolensk (1137), Riazán (1198), Suzdal (1213). Durante algún tiempo las diócesis de Tmutorokan y Transcarpacia también pertenecieron al metropolitanato, pero la mayor parte de su existencia estuvieron subordinadas directamente al Patriarcado de Constantinopla. Posteriormente principado de Tmutorokan declinó, y Transcarpacia fue ocupada por Hungría y Valaquia. Luego de la devastadora invasión mongola de la Rus y el saqueo de Kiev en 1240, el metropolitano Máximo de Kiev se mudó a la ciudad de Vladímir en 1299, por lo que los monarcas de Galitzia-Volinia comenzaron el proceso para tener un metropolitano separado. En 1245 el metropolitano de Kiev Pedro Akeróvich participó en el Concilio de Lyon I. A partir de 1325 el metropolitano se transfirió a Moscú.
En 1439 el metropolitano Isidoro de Kiev asistió al Concilio de Florencia que proclamó el fin del cisma. El 15 de octubre de 1458 el patriarca Gregorio III de Constantinopla confirió al nuevo metropolitano uniato Gregorio II el título de metropolitano de Kiev, Halych y toda Rus.
El papa Pío II con la bula Decens reputamus nombró el 11 de septiembre de 1458 a Gregorio II el Búlgaro como el nuevo primado uniato del metropolitanato con jurisdicción sobre 10 diócesis en territorios ucranianos y bielorrusos (ambos entonces denominados en conjunto rutenos, en rito y nacionalidad): Kiev, Hálych, Przemyśl, Chełm, Volodímir, Lutsk, Turiv (Pinsk), Briansk (Cherníhiv), Pólatsk y Smolensk, mientras que la sede fue trasladada a Vilna a causa de que Kiev estaba expuesta a las invasiones tártaras. En 1476 el papa Sixto IV designó metropolitano a Misail Pstruch. El 15 de diciembre de 1448 los obispos del metropolitanato llenaron la sede vacante y designaron metropolitano a Jonás de Moscú sin el consentimiento del patriarca uniato de Constantinopla. Tras fracasar su intento de imponer su jurisdicción sobre toda la Rus, a partir de 1461 abandonaron el título de Kiev y se intitularon metropolitanos de Moscú y toda Rus.
Restablecido el cisma en 1471, a partir de 1481 el metropolitanato volvió a tener un metropolitano ortodoxo, mientras que el metropolitanato de Lituania fue abolido en 1471.
Eparquía greco-católica
El 15 de diciembre de 1596 el metropolitano Mychajlo Rohoza suscribió la Unión de Brest y la archieparquía fue unida a la Iglesia católica. Aunque en 1620 fue restablecida una circunscripción eclesiástica ortodoxa paralela, que fue oficializada entre 1632 y 1633. A principios del siglo xvii, la metrópolis uniata de Kiev incluía 9 diócesis: las archieparquías de Kiev, Pólatsk y de Smolensk; la eparquías de Pinsk y Turau, Volodímir-Brest, Chełm y Bełz, Przemyśl-Sambir-Sanok (greco-católica desde 1692), Leópolis-Halych-Kamyanets’kyi (greco-católica desde 1700), Lutsk y Ostroh (greco-católica desde 1702).
La archieparquía católica de Kiev fue suprimida en 1838 durante la política represiva de los zares de Rusia, que suprimió todas las circunscripciones eclesiásticas greco-católicas del Imperio ruso y obligó a la conversión forzada de los fieles a la Iglesia ortodoxa rusa.
El exarcado archiepiscopal de Kiev-Vyšhorod fue creado el 25 de noviembre de 1995.
El 11 de enero de 2002 y el 28 de julio de 2003 cedió porciones de su territorio para la creación respectivamente del exarcado archiepiscopal de Donetsk-Járkov y el exarcado archiepiscopal de Odesa-Crimea.
El 6 de diciembre de 2004 el exarcado archiepiscopal fue elevado al rango de archieparquía metropolitana asumiendo el nombre actual, y contextualmente devino en la sede propia del archieparca mayor de la archieparquía mayor de Kiev-Galitzia, que hasta entonces estaba en la archieparquía mayor de Leópolis de los ucranianos.
Episcopologio
Mychajlo Rohoza † (15 de diciembre de 1596-agosto de 1599)
Ipatij Poty, O.S.B.M. † (15 de noviembre de 1600-18 de julio de 1613)
Josyf Veliamyn Rucky, O.S.B.M. † (5 de abril de 1614-5 de febrero de 1637)
Rafajil Korsak, O.S.B.M. † (5 de febrero de 1637 por sucesión-28 de agosto de 1640)
Antin Selava † (18 de marzo de 1641-1655)
Havryil Kolenda † (22 de abril de 1665-21 de mayo de 1674)
Kyprian Žochovskyj † (21 de mayo de 1674 por sucesión-1694)
Lev Slubyč-Zalensky, O.S.B.M. † (22 de septiembre de 1695-24 de agosto de 1708)
Juryj Vinnic’kyj, O.S.B.M. † (7 de mayo de 1710-1713)
Lev Luka Kiška, O.S.B.M. † (18 de septiembre de 1714-1728)
Atanasy Szeptytzkyj † (17 de agosto de 1729-12 de diciembre de 1746)
Sede vacante (1746-1748)
Florian Hrabnickyj † (16 de diciembre de 1748-18 de julio de 1762)
Feliks Filipp Volodkovič, O.S.B.M. † (18 de julio de 1762 por sucesión-1 de febrero de 1778)
Leon Szeptytzkyj † (1 de febrero de 1778 por sucesión-13 de mayo de 1779)
Jason Smogorževskyj † (25 de junio de 1781-27 de septiembre de 1788)
Teodor Rostocky † (1788 por sucesión-25 de enero de 1805)
Iraklyj Lisovskyj † (24 de julio de 1806-30 de agosto de 1809)
Hryhory Kochanoviyč † (1810-1814)
Sede vacante (1814-1817)
Josafat Bulhak, O.S.B.M. † (22 de septiembre de 1818-9 de marzo de 1838)
Sede suprimida (1838-1995)
Lubomyr Husar, M.S.U. † (25 de noviembre de 1995-22 de febrero de 1996 nombrado obispo auxiliar de Leópolis) (como exarca archiepiscopal)
Mychajlo Koltun, C.SS.R. (13 de noviembre de 1996-7 de noviembre de 1997 nombrado eparca de Zboriv)
Vasyl’ Ihor Medvit, O.S.B.M. (7 de noviembre de 1997-6 de diciembre de 2004 nombrado obispo de curia de la archieparquía mayor de Kiev-Galitzia)
Lubomyr Husar, M.S.U. † (29 de agosto de 2005-10 de febrero de 2011 renunció)
Sviatoslav Shevchuk, desde el 23 de marzo de 2011.

Cardenal Lubomyr HUSAR

Nació el 26 de febrero de 1933 en Lviv, Ucrania. Debido a la difícil situación en su país con ocasión de la II Guerra Mundial, en 1944 se refugió en Austria y en 1949 en los Estados Unidos.
Educación: Universidad Católica de América, Washington; Universidad de Fordham Nueva York; Pontificia Universidad Urbaniana, Roma donde obtuvo el doctorado en teología (Tesis: Metropolitan Andrew Sheptytsky. Pioneer of Ecumenism).
Sacerdocio: Ordenado sacerdote el 30 de marzo de 1958 por la eparquía de Stamford de los Ucranianos en Connecticut, Estados Unidos. De 1958 a 1969 fue miembro facultativo del seminario y universidad de San Basilio, Stamford. De 1966 a 1969, párroco en Kerhonkson. Continuó sus estudios en Roma desde 1969 hasta 1972. Profesor de Eclesiología en la Pontificia Universidad Urbaniana, Roma, 1972-1984. Ingresó al monasterio de “Studiti“, en 1972; realizó sus votos el 24 de junio de 1972. Superior del famoso Monasterio “Studion” de Grottaferrata, Italia en mayo de 1974.
Episcopado: Consagrado obispo el 2 de abril de 1977, Castelgandolfo, por el Arzobispo de Lviv, Cardenal Josyf Slipyj. Nombrado Archimandrita de los monjes Studiti de Europa y América en 1978. Nombrado Vicario General del Arzobispo Mayor de los ucranianos, Cardenal Myroslav Lubachivsky. Organizó el nuevo monasterio de los monjes Studiti en la eparquía de Ternopil, Ucrania en 1994. Elegido por el Sínodo de los Obispos de la Iglesia en Ucrania como exarca del exarquía arzobispal de Kyiv-Vyshorod, Ucrania, 1995. Confirmado y nominado como titular a la sede de Nisa di Licia el 22 de febrero de 1996. Nombrado Auxiliar del Arzobispo Major de Lviv de los ucranianos por el Sínodo de los Obispos de la Iglesia en Ucrania el 14 de octubre de 1996 con especiales delegaciones en el gobierno pastoral de la arquidiócesis. Nombrado por el Papa Juan Pablo II como Administrador Apostólico sede vacante et ad nutum Sanctae Sedis del arzobispado mayor de Lviv de los Ucranianos el 23 de diciembre del 2000. Elegido Arzobispo Mayor de Lviv de los Ucranianos el 25 de enero del 2001. Elección confirmada por el Papa Juan Pablo II el 26 de enero del 2001.
Cardenalato: Creado Cardenal presbítero el 21 de febrero del 2001; recibió la birreta roja y el título de Santa Sofía en Via Boccea. Asistió a la X Asamblea Ordinaria del Sínodo Mundial de los Obispos, Ciudad del Vaticano, 30 de septiembre al 27 de octubre de 2001. Participó en el cónclave del 18 y 19 de abril de 2005.
En la Curia Romana es miembro de la Congregación para las Iglesias Orientales; de los Pontificios Consejos para la Unidad de los Cristianos, para los Textos Legislativos y para la Cultura; del Consejo Especial para Europa del Secretariado General del Sínodo de los Obispos.
Fuente: ACI Prensa.

Arzobispo Shevchuk: nuestros sueños se están realizando

Por Vladimir Rozanskij- www.asianews.it
Luego de dos días de encuentros con Papa Francisco, la Iglesia de los ucranianos greco-católicos considera estar “cerca” de los tres objetivos que se propone desde hace tiempo: la visita del Papa a Ucrania, la concesión del estado patriarcal a la Iglesia uniata y la beatificación del metropolitano Andrej Sheptickij, que guió la Iglesia en las primeras décadas del siglo XX.
Luego del encuentro de los obispos ucranianos greco-católicos con el Papa Francisco, el arzobispo mayor de Kiev, Svyatoslav Shevchuk expresó la absoluta satisfacción de la comunidad greco-católica ucraniana. A su modo de ver, se está muy cerca de realizar los tres deseos más importantes de su Iglesia: la visita del Papa a Ucrania, la concesión del estado patriarcal a la Iglesia uniata y la beatificación del metropolitano Andrej Sheptickij, que guió la Iglesia en las primeras décadas del siglo XX.

En estos días no debemos tomar decisiones definitivas”, afirmó Shevchuk, “han sido momentos de reflexión y análisis de los pasos que estamos por cumplir. Esperamos en breve los frutos de estas reflexiones, la creación de las estructuras y mecanismos necesarios que conducirán al re-florecimiento de nuestra Iglesia, en Ucrania y en el mundo”. El arzobispo invitó explícitamente al Papa Francisco a visitar el país, reiterando la propuesta durante la cena informal en la Casa Santa Marta, y el Papa prometió pensar en ello.
Shevchuk recordó que “son muchos los que quieren escuchar y ver al Papa. Al visitar Ucrania, él podría aliviar las heridas de la guerra, detener su hemorragia”. Sería un modo de intervenir, “no solo sobre las consecuencias del conflicto, sino también para extirpar las causas que lo originaron”, poniendo fin al clima de enemistad y acusación recíproca entre las diversas partes del pueblo ucraniano, entre ucranianos y rusos, entre miembros de distintas Iglesias.
Durante el encuentro también se abordó el tema del patriarcado, en el contexto de una reflexión sobre la dimensión ecuménica de la Iglesia. Según Shevchuk, “el patriarcado es un modo de existir, no solo un título honorífico. Es un conjunto de mecanismos para hacer que re-florezca la Iglesia, permitiendo que responda con eficacia a las necesidades pastorales de nuestro pueblo”. La Iglesia greco-católica no es “una amenaza” para los hermanos ortodoxos, no está contra nadie, sino que está “a favor de todos; está revolución mental aún debe darse”.
Para esto, se requieren nuevas estructuras; según estimaciones del Ministerio de Relaciones Exteriores, cada año, un millón de personas emigra de Ucrania y el patriarcado se ocuparía de todos, incluso en los países de destino. Desde los tiempos soviéticos, además, la Iglesia uniata se ha ocupado de la diáspora ucraniana en todo el mundo, que es de donde proviene una buena parte del actual clero en el país, como es el caso del arzobispo Shevchuk.
También es de gran importancia la beatificación del siervo de Dios Andrej Sheptickij, una personalidad muy relevante en el panorama ecuménico del siglo XX, padre del renacimiento greco-católico en Ucrania, e incluso en Rusia y Bielorrusia. “El metropolita Sheptickij fue el primero en entender la dimensión global de nuestra Iglesia”, agregó Shevchuk, “cuando devino metropolita, solo teníamos tres diócesis en el territorio del Imperio Austro-húngaro; hoy, tenemos 34 diócesis en todo el mundo, y esto, ante todo, fue gracias a sus visitas pastorales a todos los rincones del globo”, donde, gracias a él, fueron nombrados obispos y pastores, poniendo los cimientos para la estructura internacional de hoy en día.
Sheptickij fue realmente uno de los “profetas del ecumenismo” de principios del siglo XX, precisamente en virtud de la especial vocación de la Iglesia greco-católica, que él consideraba un puente ideal entre católicos y ortodoxos, entre Oriente y Occidente. Guió la Iglesia uniata en los tiempos turbulentos del fin de los imperios, desde la revolución bolchevique, descontando incluso condenas en prisión, hasta el tiempo de la ocupación nazi en Ucrania. Murió antes de concluirse la Segunda Guerra mundial, y no vio la supresión de su Iglesia, perpetrada por el régimen soviético. El renacimiento de la fe entre los ucranianos y greco-católicos confirma sus profecías y su esperanza de la Iglesia una y santa.