Archivo por meses: Diciembre 2012

Lo que el río se llevó

Haciendo tortilla
Por Ricardo Vásquez Kunze- Diario Perú21.
Qué grande que viene el río/ qué grande que va a la mar/ si lo aumenta el llanto mío/ ¡cómo grande no ha de estar!/
Todo estaba previsto, claro. Todo bajo control, ni qué decir. Todo calculado, y punto. El agua que resbalaba como catarata ante el asombro de la ciudad no era filtración alguna, como todos veían, sino sólo un drenaje del río, normal nomás. Las grietas en la base del muro de contención no eran tales, sino parte del diseño estructural de “una obra de envergadura y de gran nivel”, obvio. El lago gigante que lo inundó todo, dejando sumergida una camioneta hasta el techo y la maquinaria abandonada a su suerte, parte del plan, ¿que no lo ven? Y, finalmente, el muro colapsado, destruido, desfondado…sí, una exclusa, una compuerta que se había abierto para dar paso a la furia del agua. Nada, absolutamente nada de qué preocuparse, todo en orden, faltaba más.
Así afrontaron la alcaldesa de Lima, Susana Villarán, y su equipo el desastre que se abatió sobre la obra emblemática de su dudosa gestión, la Vía Parque Rímac, esta última semana de 2012. Una sarta inefable de mentiras que, como nunca antes he visto, se hacían cada vez más evidentes a medida que avanzaba el ineludible contraste con la realidad. Y la realidad es que la obra hizo agua, literalmente, mientras la alcaldesa y sus operarios mentían, mentían y no paraban de mentir.
Pero lo peor de todo no es la mentira. Los políticos están acostumbrados a ella, y la Villarán no es ni será la excepción. Entendible es así que mienta mientras flote la duda con tal de defenderse y de defender la única obra conocida que la alumbra. Pero, cuando la duda cesa, la mentira colapsa como su Vía Parque Rímac. Así, lo peor de todo es que la mentira suponga ya la estupidez del que la recibe, o sea, de todos nosotros. La señora, en suma, le ha visto a toda Lima la cara de débiles mentales que puede creer lo que ella y sus turiferarios dicen mientras estamos viendo todo lo contrario. Eso es lo indignante.
Que Susana no es mendaz, dicen sus últimos mohicanos. Que ha sido sorprendida, la pobre. Que la han mal informado. Que la han mandado al desvío. Que la han estafado. O sea, que le han metido el dedo en la boca. Bueno, entonces ¿qué hace gobernando una ciudad? Esa es la pregunta que los limeños tendremos que responder en las urnas el próximo 17 de marzo.
Confieso que, al principio, yo iba a votar en contra de que la revoquen. Me parecía una incapaz, sí, es cierto. Pero una incapaz que había elegido la mayoría y que, por lo tanto, tenía que sufrirla hasta el final. Una lección de civismo, en suma, para que nunca más se eligiera a un fulano salido de la nada. Luego, cuando en una reunión social con algunos de sus simpatizantes sugerí un acto de contrición, un reconocimiento de que algo había hecho mal para llegar a la penosa situación en la que estaba, con un 70% a favor de que la larguen, fui cubierto de gritos de la cabeza a los pies.
No, ella no había hecho nada malo. Todo era una conspiración por ser mujer y por ser de izquierda, nada más. Entonces, por qué había ganado, preguntaba yo. Digo, siendo mujer y siendo de izquierda. Respuesta: gritos, gritos y más gritos. Ahí decidí que quienes no reconocían ningún error y que les gritaban a sus eventuales aliados eran unas nulidades políticas que no merecían mi voto.
Aun así me iba a lavar las manos, a votar viciado. Hoy no. Votaré a favor de que la manden a su casa. Lo del río llevándose su gestión en un torrente de mentiras mientras que para ella no pasa nada, burlándose de la ciudad, es la mejor prueba de que esta señora no debe estar donde está. Merece su suerte. Nada más.

Bianchi

Responsabilidad compartida
El gerente de Promoción de la Inversión Privada de la comuna capitalina, Domingo Arzubialde, reconoció que la responsabilidad de lo ocurrido es “compartida”.
En entrevista con RPP, Arzubialde señaló que la comuna limeña está pidiendo los informes del caso a la constructora y a sus supervisores técnicos Invermet y Nippon Koei, quienes inicialmente “decían que todo estaba controlado”.
“Responsabilidades hay, y de todas maneras compartidas, por eso esto se tiene que evaluar. Los entes supervisores tienen que informar qué ha pasado. Nosotros hemos presentado oficios tanto al Invermet como a la empresa para pedirles información. Al inicio decían que todo estaba controlado”, manifestó.
Arzubialde denunció que el plan de contingencia falló porque la empresa no abrió a tiempo las compuertas que hubieran evitado que se inunde el proyecto vial con las aguas del río Rímac. Además, contradiciendo una vez más lo dicho por Villarán, admitió que no se puede descartar que la obra haya sufrido daños.
“No se puede descartar el daño. En este momento verificar el túnel no tiene sentido, en abril bajarán las aguas y se harán las evaluaciones”, sostuvo.

Marisa grave

Línea Amarilla SAC
La regidora de la Municipalidad de Lima, Marisa Glave, reiteró que el caudal del llamado “río hablador” ha entrado a su cauce natural, luego de que derribara un muro provisional de la obra Vía Parque Rímac.
Indicó que la inundación que alarmó a la población durante los últimos días estaba prevista en el plan de contingencia.
No obstante, dijo que queda investigar qué causó la demora en abrir las compuertas para dejar que el cauce del río discurra.
Glave manifestó también que la empresa Nippon Koei, a cargo de supervisar los aspectos técnicos de la obra, deberá rendir el informe de su investigación hasta el 10 de enero, para verificar si se siguió el plan de contingencia en los plazos previstos.
Añadió que ese informe determinará si hubo o no responsabilidad de la empresa contratista Línea Amarilla SAC (Lamsac) en la ruptura del dique, y de acuerdo a ello, se determinará la sanción correspondiente.
“Si hay responsabilidad va a haber sanción”, enfatizó la regidora.

Kamisaki

Dirección Nacional de Inteligencia
Por Ángel Páez
Como parte del proceso de reestructuración y fortalecimiento de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINI), el presidente Ollanta Humala designó como director ejecutivo al capitán en retiro de la ex Guardia Civil, Iván Kamisaki Sotomayor.
El pasado 11 de diciembre, como parte de las facultades legislativas concedidas por el Congreso, Humala suscribió el Decreto Legislativo Nº 1141 que redefine los objetivos, las facultades y los ámbitos de acción de la DINI.
También modificó la estructura organizativa de la entidad. Suprimió el cargo de subdirector y en su lugar estableció la Dirección Ejecutiva, que es la posición que ocupará Iván Kamisaki, con funciones más amplias vinculadas a operaciones de inteligencia.
El jefe del Estado mantiene en su cargo al director de la DINI, el capitán EP en retiro Víctor Gómez Rodríguez –su compañero de promoción en la Escuela Militar de Chorrillos–, quien fue el que precisamente recomendó la designación de Iván Kamisaki.
Antes de su nombramiento, Kamisaki asesoraba al director de la DINI, Víctor Gómez. Aunque se conocieron en la DINI, Gómez y Kamisaki tienen en común haber laborado en el ámbito de seguridad para el sector empresarial privado.
Nacido en el Rímac el 25 de agosto de 1958, Iván Kamisaki se graduó en la Escuela de Oficiales de la Guardia Civil como parte de la Promoción Los Sinchis, en 1982.
CON NEGOCIO PROPIO
A la misma promoción pertenece el director de la Policía Nacional del Perú, general Raúl Salazar Salazar.
Al poco tiempo de pasar al retiro con el grado de capitán, Iván Kamisaki Sotomayor constituyó la empresa Security Advisor, dedicada a la prestación de asesoría y servicios de seguridad privada, en particular para corporaciones industriales y estudios de abogados. Se registró en la Sunat el 10 de marzo del 2003.
Empresarios del sector que conocen de las actividades de Kamisaki dijeron que se especializa en ofrecer servicios de contramedidas para enfrentar el espionaje telefónico, detección del “hackeo” de las redes de información por Internet y el “barrido electrónico” de instalaciones corporativas, entre otros.
Por su experiencia, Security Advisor ha sido contratada por distintas entidades del Estado, como el Congreso de la República, la Oficina de Normalización Previsional (ONP) y el Organismo Supervisor de la Inversión en Energía y Minería (OSINERGMIN).
“En el Congreso se le contrató para que ofreciera un servicio de capacitación en materia de seguridad a los responsables del área”, dijo una fuente del Legislativo.
CON NUEVOS PODERES
La ratificación de Víctor Gómez y la designación de Iván Kamisaki se producen en el contexto de la reforma del Sistema de Inteligencia Nacional (SINA) y de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINI), de acuerdo con los alcances del Decreto Legislativo Nº 1141, del 11 de diciembre de este año.
Dicha norma amplía las facultades del director y del director ejecutivo de la DINI y aumenta de 7 a 17 las funciones del organismo de inteligencia, otorgándole además la capacidad de centralizar la información obtenida por el sistema.
Entre las nuevas funciones más resaltantes que le atribuye el Decreto Legislativo Nº 1141 a la DINI se encuentra “la formulación y ejecución de acciones y políticas” en materia de inteligencia, así como ejecutar acciones de contrainteligencia, reunir y sistematizar la información de inteligencia, constituir una red de enlaces en todo el aparato estatal y –esto muy relevante– dirigir, controlar y supervisar a los integrantes del Sistema de Inteligencia Nacional (SINA).
Esto último indica que el director y el director ejecutivo de la DINI ejercerán dominio sobre todas las reparticiones de inteligencia de las Fuerzas Armadas, de la Policía Nacional y del Ministerio de Interior, y serán los receptores de toda la producción de inteligencia.
ASESORA EN INTELIGENCIA AL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA
Con el Decreto Legislativo Nº 1141, el director de la DINI recibe la condición de “asesor del presidente de la República en asuntos de Inteligencia”. La ley del 2005 no lo contemplaba.
El director ejecutivo de la DINI es el número dos de la organización, y en ausencia del número uno puede sostener reuniones con el jefe del Estado para informarle las novedades sobre el ámbito de inteligencia.
El cargo de subdirector de la DINI lo ejercía el coronel EP (r) Gustavo Indacochea Álvarez.
La indicada norma señala como componentes del Sistema nacional de Inteligencia (SINA) a los titulares de la Dirección de Inteligencia del Ejército (DIE), Dirección de Inteligencia de la Marina (DIM) y de la Dirección de Inteligencia de la FAP (DIFAP), quienes solo participaban en condición de invitados.

Fuente: Diarios La República, Correo y Perú21, Radio Programas del Perú. Sigue leyendo

Sagrada Familia

Misa en la Plaza Colón
Por Antonio Elduayen Jiménez CM
Desde la noche del 24, la iglesia y los cristianos venimos centrando nuestra mirada y atención en el Niño Dios, recién nacido. Hoy la iglesia nos pide mirar también a María y José y contemplar en conjunto la Sagrada Familia. Contemplarla tal como nos la propone el evangelio de hoy (Lc 2, 41-52), es decir, transcurridos ya doce años y con algunos apuros y malentendidos. No son graves, pero nos muestran que la familia de Jesús, María y José, es tan humana y necesitada como la tuya o la mía. Es sagrada ciertamente y ejemplo para las nuestras, pero con sus debilidades y necesidades (alimentación, vestido, trabajo, impuestos, etc.), que nadie sino ellos los van a resolver.
Es esta faceta humana y frágil de la Sagrada Familia lo que la iglesia quiere veamos al proponérnosla. Ciertamente por la santidad de sus miembros es modelo para nuestras familias, pero lo es también por su manera de tratar y resolver los problemas. Si pese a todo, ellos pudieron llegar a ser una Familia Sagrada, ¿por qué nosotros no? Hay que ponerle voluntad y empeño. Y darle gracias a Dios, porque le plugo instituir la familia, basada en el matrimonio de un hombre con una mujer, para ser como el seno y el hábitat naturales de la vida del hombre. Él mismo, cuando decidió hacerse hombre, lo hizo en el seno de una familia.
Se impone:
• orar por la Familia (empezando por la nuestra), para que sea siempre lo que Dios quiso que sea. Siempre en guardia ante los males de toda clase que la acechan.
• poner de relieve sus bondades como “formadora de personas, educadora de la fe y promotora del bien social”, amén de ser santuario de la vida, iglesia doméstica y escuela de vida social.
• renovar compromisos y estrechar lazos de unión en el amor, buscando la felicidad de todos sus miembros.
• reforzar la Pastoral Familiar, empezando por la de nuestra parroquia, cuyo Equipo espera que otros matrimonios se le unan.
Digamos un par de cosas sobre el fundamento y la razón de ser así de nuestras familias, para que no se crea que se originaron por costumbres sociales o por imposiciones religiosas. Digamos 1º que el fundamento de la familia (lo que la legitima a existir) es, ante todo, la conservación de la especie humana. Digamos 2º que el instinto de conservación de la especia humana es anterior, por milenios, a cualquier ley positiva natural (leyes humanas) o religiosa (religiones). Si no hay familia no hay garantía de supervivencia de ninguna especie animal.
Para los cristianos, Dios que es familia (diversidad en la unidad) hizo todas las cosas poniendo su impronta en las mismas. No hay dos cosas iguales, pero todas confluyen a la unidad. Esta ley de la diversidad en la unidad y viceversa, la pensó sobre todo para la unión del hombre y la mujer: serán dos en una misma carne, dijo (Gen 2,24) De este modo convirtió al matrimonio y la familia en icono vivo suyo, que es Dios Unitrino. Es decir, como Dios es uno en tres personas, así la familia es uno en dos, luego en 3, 4, etc. personas, según el número de los hijos.
No hay labios de mensajero sin oídos de discípulo
Por José Antonio Ubillús Lamadrid CM
Una de la devociones más hermosas que la Iglesia Católica ha fomentado y que ha echado raíces en el corazón de tantos pueblos del mundo entero es la adoración del Santísimo o contemplación de Jesús Eucaristía, un acto fe que permite un conocimiento gratuito de Cristo y un adentrarse en los sentimientos de su corazón. Una adoración y contemplación que tienen su culmen en la solemnidad de Corpus Christi.
Conocer a Cristo significa encontrarnos con él. Así es como conocemos a las personas. Hay diferencia entre saber de alguien y conocerlo. Esto último sólo es posible cuando nos hemos encontrado personalmente con él.
Recuerdo la historia de aquel relojero que entró en el ejército y a quien todos le encargaban revisar su reloj. Tenía tanto trabajo que cuando llamaban al combate, no podía luchar con eficacia porque no sabía hacerlo. Así también, ¡cuántas personas consagradas se han especializado hoy en toda clase de saberes, pero apenas conocen a Cristo! No han tenido tiempo para ello por lo que difícilmente van a poder comunicar lo que no han conseguido aprender. ¡Nadie da lo que no tiene!
Ciertamente este conocimiento de Cristo no nos lo puede transmitir en último extremo ni la reflexión, ni la meditación. Es, como en el caso del Espíritu, puro don de Dios que tenemos que pedir.
Así lo entendió, por ejemplo, Gandhi. Sabido es cuánto admiraba a Jesús y cómo intentaba vivir los principios de las Bienaventuranzas. Sin embargo nunca se hizo cristiano ni pudo reconocer a Jesús como el Hijo de Dios. En una ocasión le interpeló un cristiano diciéndole: “¡Cuánto me extraña que usted, tan conocedor de la fe cristiana, se haya fijado en los principios y se haya olvidado de la persona! Si me permite le sugiero que intente llegar desde los principios a la persona, desde el Evangelio a Jesús”. Y Gandhi le respondió: “Aprecio su sugerencia; pero no puedo adoptar esa postura con la cabeza, es preciso que mi corazón sea tocado. Saulo, añadió, no se convirtió en Pablo mediante un esfuerzo intelectual, sino porque algo le tocó su corazón. Lo único que puedo decir es que mi corazón está absolutamente abierto y que deseo encontrar la verdad”.
Tenía razón Gandhi: a Cristo no se le llega a conocer realmente desde el esfuerzo de la razón, sino desde la limpieza del corazón. Pero es preciso, y esto es quizá lo que aquel gran hombre no hizo, es preciso pedirle al Padre que nos dé ese don. Que sea él quien nos atraiga a Cristo; que sea él quien nos lo devele, porque “nadie conoce al Hijo más que el Padre y aquel a quien el Padre se lo quiera revelar” (Mt 11, 27).
El conocimiento de Cristo lleva inmediatamente al amor. Y es que no es posible conocerlo y no amarlo; no es posible contemplarlo y no sentirse atraído por él… Cuanto más profundo sea nuestro conocimiento de Cristo, mayor será nuestro amor por él. Y cuanto más lo amemos, más profundamente lo conoceremos, porque para conocer realmente a una persona es imprescindible mirarla con los ojos del amor.
Así era como pretendía ser amado Jesús, de manera personal. Por lo general cualquier reformador religioso proclama un ideal exterior a él mismo. Sólo Jesús se proclama a sí mismo y hace de sí mismo el centro de su doctrina- “¡Ven y sígueme!”, dice Jesús. “Quien ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí”, añade. “Yo soy el camino, la verdad y la vida”, afirma solemne. “En mí se cumple esta Escritura”, advierte en Nazaret.
Labios de mensajero y oídos de discípulo
No se trata, por tanto, de adherirse a un sistema intelectual o a una filosofía. No se trata ni siquiera de aceptar un mensaje divino o de plegarse a una verdad revelada. Se trata de convertirse a Cristo y convertirse de corazón. Y convertirse de corazón significa amarlo, entregarle todo nuestro ser y nuestra vida; dejarse poseer por él; abrirle el corazón para que sea él quien lo habite hasta el punto de que sea él quien se manifieste en cada gesto que hagamos en cada palabra que digamos. ¿No hemos observado cómo el amor transforma, moldea, y asemeja a las personas que se quieren? Pues así, amar a Cristo significa asumir sus valores, hacer míos sus criterios, hacer mía su vida.
Ni dudemos, pues, de entregar todo nuestro corazón a Cristo. Esforcémonos por adquirir aquel fantástico amor que sintió Pablo, un amor tan intenso que se expresaba en las formas más atrevidas: “¿Quién nos separará, decía, del amor de Cristo”. Y confiado, respondía; “Ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni el presente ni el futuro, ni la profundidad ni la altura… nada podrá separarnos del amor de Cristo” (Rom 8, 35-39).
Amar así al Señor es poner en él toda nuestra confianza. Conscientes de que él nos ha amado primero y espera simplemente ahora la respuesta de nuestro amor. Imaginémoslo cerca, contemplemos sus rasgos y entreguémosle nuestro corazón.
Entregarle a Cristo el corazón implica disponerse a compartir con él la vida, seguirlo por el camino de las Bienaventuranzas. Lo cual conllevará sufrimiento porque supone compartir su misma suerte.
A lo primero a lo que Jesús llama, según el testimonio de Marcos 3, 13-19, es a estar con él: “Instituyó Doce, afirma el evangelista, para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar”. “Estar con él”. El discípulo necesita vitalmente instalarse en Jesús, estar con Jesús, para ser con Jesús y vivir en Jesús. Estar con Jesús, conocer a Jesús, escuchar sus palabras, contemplar sus acciones, conocer lo que siente y lo que piensa, cuáles son sus fidelidades y su meta. Es, pues, la primera función de los discípulos, porque si es verdad, como añade después el texto de Marcos, que quiere después enviarlos a predicar, pero primero los tiene que conocer. Porque no hay labios de mensajero, si no ha habido antes oídos de discípulo.
No puede haber misión, si no ha habido antes seguimiento. Y esto nos tiene que hacer pensar, porque, a lo mejor, somos en más ocasiones trabajadores del Señor que amigos suyos. Y lo que él quiere, en primer lugar, son amigos, seguidores. Y sólo después apóstoles. ¿Qué mensaje van a comunicar si antes no han escuchado? ¿Qué testimonio van a manifestar si antes no han conocido?. ¿Y qué experiencia de Cristo van a transmitir si antes no han vivido con él? (cf. Apuntes de un retiro predicado por el P. Santiago Azcárate CM).
Del “estar con Jesús”, sale después una actividad más sosegada, más pensada y con más alma. Y todo ello sin temor a evasiones espiritualistas, porque el que sube a este Dios nuestro baja también a este mundo nuestro; ya que nuestro Dios es un Dios que se encarna, que vive y que siente (Ibid).

Sigue leyendo

Teología PUCP

BCR lanza moneda de S/.1 por centenario de la Universidad CatólicaEl cardenal Juan Luis Cipriani prohibió a los sacerdotes del Departamento de Teología de la Pontificia Universidad Católica del Perú que dicten los cursos de teología.
El impedimento le fue comunicado a los religiosos y a las autoridades del referido departamento académico a través de una carta notarial el pasado viernes 21, último día de labores del año académico.
En la misiva se señala que la medida es obligatoria por mandato del arzobispo de Lima y, además, se prohibe a los religiosos ejercer algún cargo en la universidad.
Los sacerdotes diocesanos requieren la licencia del arzobispo Cipriani para dictar los cursos de teología.
La medida adoptada por Cipriani fue cuestionada anoche por la directiva del Centro Federado de Estudios de Letras de la PUCP.
El gremio informó que el rectorado y los profesores de teología, ante la prohibición, han decidido no ofrecer los cursos de teología en el ciclo de verano ni en el ciclo 2013-I.
Además, advirtió que cualquier modificación en el plan de estudios será discutida y votada en el Consejo de la Facultad, siempre buscando el beneficio de los estudiantes
Los cursos de teología son dictados por los profesores del referido departamento desde 1969 y son pieza fundamental en la PUCP.
El arzobispo de Lima no ha renovado el permiso de enseñanza –la venia docendi– que requieren los sacerdotes que dictan clases en el departamento de teología de la universidad.
La PUCP no imparte títulos de teología. Pero los cursos se dictan como parte del currículo de varias carreras. Para Filosofía, por ejemplo, son obligatorios. Existen seis profesores principales. Además hay cuatro asociados.
Los profesores afectados son Carlos Castillo Mattasoglio, Luis Crespo Tarrero, Andrés Gallego García, José Simons Camino, José Ubillus Lamadrid y Felipe Zegarra Russo.
Problema de fondo y forma
La Pontificia Universidad Católica del Perú informa a la comunidad universitaria y a la opinión pública lo siguiente.
1. El pasado viernes 21 de diciembre el Arzobispo de Lima, cardenal Juan Luis Cipriani, informó al Rectorado su decisión de no renovar el mandato canónico vigente a los profesores del Departamento de Teología a partir del 1 de enero de 2013.
2. Dicha decisión infundada e injusta ha motivado la cancelación del dictado de los cursos de Teología programados para el ciclo de verano (2013 0) y el primer semestre (2013 1) del año académico 2013.
3. Al ser los cursos de teología obligatorios para todos los estudiantes de pregrado de la PUCP, la Universidad adoptará las medidas necesarias para garantizar el cumplimiento de los planes de estudio. Dichas medidas serán comunicadas oportunamente por los canales de matrícula respectivos.
4. Si bien el artículo 103 de nuestro estatuto vigente le reconoce al Arzobispo de Lima la atribución de otorgar o retirar el mandato canónico a los docentes de cursos de teología, no hay norma estatutaria alguna que lo autorice a nombrar nuevos docentes en ningún departamento académico de la PUCP, incluyendo el de Teología. Los nombramientos de profesores se rigen por la Ley Universitaria y los hacen las autoridades de la Universidad.
5. La Universidad destaca la excelente labor que cumplen los actuales profesores del Departamento de Teología, con pleno respeto del magisterio de la Iglesia y sin haber recibido cuestionamiento alguno, y les manifiesta su pleno respaldo en este momento.
El Rectorado
Universidad “rebelde” sin teología católica
Continúan los problemas con la ex PUCP; mientras tanto, el Vaticano prefiere por ahora “congelar” el dossier
Por Andrés Beltramo Álvarez- Vatican Insider
La universidad “rebelde” de Perú se quedó sin profesores de teología. Tras perder sus títulos por negarse a cambiar sus estatutos para adherir a la ley eclesiástica vigente, ahora esa casa de estudios, ex Pontificia y Católica, ya no cuenta con teólogos católicos habilitados para enseñar. Así lo determinó el arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani. Una decisión que las autoridades universitarias optaron por rechazar, exponiéndose a caer en una desobediencia más.
El viernes 21 de diciembre el Arzobispado de la capital peruana emitió dos comunicaciones. Una de ellas, dirigida al rectorado de la ex PUCP, informó sobre la determinación del gran canciller Cipriani de no renovar el “mandato canónico” a todos los profesores del Departamento de Teología a partir del 1 de enero de 2013.

El segundo texto, más amplio, tuvo como destinatarios a los sacerdotes y a los laicos que enseñaban esa disciplina. Además de explicarles las razones de la no renovación del mandato, relacionadas con los agravios de la cúpula universitaria a la jerarquía eclesiástica, también les recomendó dejar cualquier cargo administrativo o de asesoría en la casa de estudios.
La medida del arzobispo está amparada en el artículo 103 de los estatutos vigentes de la universidad y en el concordato firmado en 1980 entre la Santa Sede y la República del Perú, según el cual los profesores de ciencias religiosas deben contar con el consentimiento del obispo local. Y es el resultado obvio del decreto del Vaticano que en julio prohibió a la institución el uso de sus títulos de Pontificia y Católica.
En la Iglesia la enseñanza de la teología está estrictamente normada. Ningún maestro puede enseñar cualquier cosa y sostener que es religión católica. Para hacerlo, sobre todo en un centro educativo, debe tener un permiso de la autoridad competente, casi siempre el obispo del lugar. Es ese el “mandato canónico”.
Hasta ahora 10 personas contaban con dicha habilitación en la ex PUCP: ocho sacerdotes y dos fieles laicos. Pero apenas dos de ellos (un laico y un cura) la recibieron de Cipriani. El resto data de la época del arzobispo Augusto Vargas Alzamora. La mayoría de los presbíteros son diocesanos mientras los restantes pertenecen a congregaciones religiosas.
A partir de ahora ninguno podrá continuar enseñando teología. Aunque las autoridades universitarias se resistan a dar cumplimiento a una decisión que calificaron de “infundada e injusta” en un comunicado. Un texto en el cual destacaron la “excelente labor” de esos profesores y sostuvieron que dictan sus clases con “pleno respeto del magisterio de la Iglesia”. Esto pese a los múltiples testimonios que demuestran lo contrario.
Pero el rectorado fue más allá y advirtió: “Al ser los cursos de teología obligatorios para todos los estudiantes de pregrado de la PUCP, la universidad adoptará las medidas necesarias para garantizar el cumplimiento de los planes de estudio”.
Así pareció sostener que está dispuesto a contratar teólogos sin el debido permiso, lo cual provocaría una situación tragicómica: una universidad imposibilitada a llamarse católica ofreciendo cursos teológicos que, evidentemente, no pueden ser considerados católicos. La otra alternativa sería continuar como si nada. Pero si los sacerdotes-profesores deciden desobedecer a su obispo, se expondrán abiertamente a una sanción.
Una cosa resulta clara: la no renovación del mandato canónico dejó en claro que la Iglesia va en serio y no renunciará a hacer valer sus derechos sobre la institución. Lenta pero inexorablemente se irán reduciendo aún más las alternativas para el rector y sus colaboradores, empeñados en mantener una rebeldía artificiosa y, a esta altura del contencioso, francamente inútil.

Alcaldesa y OAS responsables

OAS

Necesita salvavidas
Lo que se temía ayer, hoy se hizo realidad. Una parte del muro de contención del proyecto Vía Parque Rímac cayó debido al incremento del caudal del río, lo que ocasionó una gran inundación de la zona donde se desarrolla la obra.
La ruptura del muro se produjo a la altura del Puente Trujillo, donde ayer se producían las primeras inundaciones.
La inundación del proyecto también produjo filtraciones en la Vía de Evitamiento.

Río Rímac Río hablador, río revocador

Por Fritz Du Bois, Director del Diario Perú21
Para una persona que es “de izquierda hasta el forro”, Susana Villarán no es muy inclinada a la planificación. Parece ir por la vida sorprendida, sin estar preparada, anda como asombrada y siempre termina tropezada. Así, tenemos que en La Herradura no esperaba que hubiera olas en el mar, y tampoco se le ocurrió que los limeños quisieran transitar por la Costa Verde en verano. Ahora está impresionada de que, en diciembre, el caudal del río Rímac haya aumentado. Una lástima que, pese a la revocatoria, el nivel de improvisación en la municipalidad no haya variado.
Más aún, Humala se acercó preocupado a conocer los problemas del Parque Rímac, pero los funcionarios municipales ya se habían retirado y solo encontró a un regidor de la oposición para que le informara sobre lo que había pasado. La administración de Villarán siempre parece estar en otro lado.

Inocente

Por otra parte, es claro que la alcaldesa está esperanzada en que serán sus amistades en los medios y en la farándula las que evitarán que su mandato sea revocado, pues no está haciendo ningún esfuerzo para dar la impresión de que su gestión está mejorando. Incluso, cuando hacen algo que sí amerita ser resaltado, como entregar en concesión la ampliación del zanjón hasta la Panamericana Sur –lo que hace 40 años estamos esperando–, inmediatamente meten la pata, como la falta de previsión en las obras en el río, y el efecto positivo es desperdiciado.
Además, en momentos en los que se le exige más obras, aprueba un presupuesto con un aumento en las planillas y una reducción en la inversión, exactamente lo contrario a lo que el pueblo le está demandando. Dicen que una semana en política es una eternidad, y a Villarán le quedan doce antes de enfrentar al soberano. Por lo que tiene el tiempo necesario para convencer al electorado, pero, sin duda, deberá cambiar radicalmente de actitud para tener siquiera la esperanza de lograrlo.
Fuente: Revista CARETAS, Diarios El Comercio, La República y Diario16.

Inundación inminente

Inundacion inminente
La alcaldesa de Lima, Susana Villarán, descartó que los trabajos en la Vía Parque Rímac se hayan visto afectados por “filtraciones” debido a la crecida del caudal del río Rímac, que provocó un enorme aniego a la altura del puente Rayito de Sol y dejó sumergida a una camioneta de la obra.
“Esto es un tema de drenaje perfectamente previsto dentro de la obra en esta etapa del año. Por eso la obra avanzó muy rápido y han visto los que han pasado por ahí que está techada parte del túnel y es normal que ese drenaje se dé”, declaró la burgomaestre a América Noticias.
Asimismo, la autoridad edil indicó que durante el verano se suspenderán las obras del proyecto, pero continuarán con la construcción de los más de 12 viaductos de la obra vial, así como los puentes sobre el río y el gran parque del centro de la ciudad.
Villarán de la Puente llamó a la tranquilidad de la población al asegurar que se trata de “una obra de gran ingeniería y de gran nivel”.

Fuente: Diario Perú21. Sigue leyendo

Aleluya, feliz Navidad

Feliz Navidad
“No teman, les anunció una gran alegría…les ha nacido hoy, un Salvador” (cf. Lc 2,8-11)
En este tiempo de Navidad, invitados como los pastores para adorar al Hijo de Dios que nació en la ciudad de Belén, nos conmueve contemplar como la grandeza Divina se reviste de la humildad y fragilidad de nuestra carne. Nos admira comprender el inmenso amor de Dios por la humanidad, que no dudó en enviar su propio Hijo para salvarnos.
Navidad es un tiempo para volver nuestro corazón hacia Jesús y para dirigir nuestra mirada hacia los más débiles e indefensos. Navidad es la celebración de la vida. La vida es el primer derecho de todo ser humano y debe estar por encima de cualquier otro derecho o valor social, político, económico, psicológico y familiar. Si una sociedad no asegura la vida de los no nacidos, es una sociedad que vive como una tragedia su misión fundamental, la cual consiste en dar, reconocer, proteger y promover la vida de todos.
En este contexto navideño, invitamos a todos los hombres de buena voluntad, a crear lazos de solidaridad y de fraternidad, a abrir caminos justicia y de perdón que nos ayuden a formar una nueva civilización fundada en el amor; invocamos del mismo modo, para que en nuestro país se respete la dignidad de todos los niños y niñas, y se generen desde todas las instituciones de la sociedad compromisos concretos que ayuden a consolidar la Familia: “futuro y esperanza de la humanidad”.
Que el mensaje de Jesús: “No tengan miedo, yo he vencido al mundo” (cf. Jn 16,33), fortalezca a los más débiles, ilumine con la luz de su Palabra las tinieblas del error y nos conceda a todos la alegría de la Verdad.
Que el primer villancico de la historia cantado por los Ángeles: “¡Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad!”(Lc 2,14) sea el programa de todos los peruanos en el nuevo año que se avecina, de tal manera que todos trabajemos por la Gloria de Dios y para lograr la Paz, el más grande anhelo del corazón humano.
Que Jesús el Hijo de María, el Dios-con-nosotros, que viene a nacer en el interior de nuestro corazón, de nuestras familias, de nuestra sociedad y de nuestra historia, nos enseñe a compartir felicidad.
Feliz Navidad y Venturoso Año Nuevo 2013 para toda la gran familia peruana.
+ Salvador Piñeiro García Calderón
Arzobispo Metropolitano de Ayacucho
Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana.

Triunfo de Paolo Guerrero

Dany Tsukamoto
Bye bye, Magaly
Por Dany Tsukamoto- Diario16
El sentido común y la sensatez se lo ordenaban. El amor y las hormonas posmenopáusicas se lo exigían. Quince años ininterrumpidos de trabajo y sacrificio se lo suplicaban. Sus abogados, su familia y sus verdaderos amigos se lo sugerían. Finalmente, su holgada cuenta bancaria se lo permitía: Magaly Medina cerró el kiosco, despidió (dice) para siempre su desgastado “Magaly TeVe” con lágrimas en los ojos y con sus padres al lado. “Soy un hito en la televisión peruana”, ha dicho la ‘Urraca’ y, aunque su soberbia es a veces insoportable, hay que reconocerle ése y otros méritos personales y profesionales.
La Medina no es una genialidad andante, pero ha tenido lo suficiente para destacar y llegar a los quince años al frente de un programa y convertirlo en un referente de la televisión de un país. Siendo ‘fea’ físicamente, consiguió un espacio importante en un mundo de ‘bonitos’, ganándose el respeto y, a veces, el temor de estos. Y eso no es poca cosa.
Su historia de vida es destacable. Una luchadora nata, una triunfadora de vocación. Una gran madre, amorosa y económicamente hablando. Una gran hija y una gran hermana también y en ese mismo sentido. Qué lejana se ve ahora esa niña pobre que sobrevivía en Huacho, qué distinta de la exitosa mujer que se codea con lo más pipiris nice de la sociedad limeña en Acho.
Profesionalmente tiene dos etapas: la primera de unos 10 o 12 años, en la que dedicaba su vida entera a crecer, trabajar, construir y establecer su nombre, su imagen; y la segunda, que abarca los tres o cuatro últimos años en los que parece haber buscado con mayor ahínco y encontrado finalmente lo que tanto esquivó en la etapa anterior, algo muy parecido al amor, si acaso no es eso.
Magaly es muy perspicaz, tiene olfato. Su cargo de directora periodística de su propio programa no era una excentricidad egocentrista, ya que tiene la capacidad de ver un poco más allá de lo evidente, periodísticamente hablando. Pero cierto es que el fin de su programa ya estaba cantado. No es la única con esas cualidades. Casi una veintena de juicios en su haber, varias condenas, que incluyeron cárcel efectiva y millonarias reparaciones civiles, han influido considerablemente en su decisión de alejarse. Ha prometido regresar con otro formato, sin precisar cuándo ni cómo. Calculo que ni siquiera ella lo sabe. Es navidad y ya tiene suficiente con las emociones propias de una despedida que se ha hecho esperar tanto tiempo. Lo único cierto es que su futuro es incierto.
La ‘Urraca’ la tiene complicada. La competencia la ha estudiado al milímetro y sabe bien cómo ganarle, incluso en su propio género. Los concursos de canto como “Yo Soy” le sacaron una gran ventaja, duplicándole el rating, y las miniseries made in Perú le triplicaron la sintonía. Los espacios del género farandulero no solo se han multiplicado, sino que también se han especializado al punto de haberle arrebatado o ganado las primicias en casi todo este año que termina y sus realities con famosos no funcionaron como ella pretendía. Magaly y su equipo han agotado casi todas sus balas, habrá que ver con qué nos sorprende. A su regreso tendrá todas las luces encendidas sobre su pelirroja cabellera, veremos qué tan ‘fierita’ es.
A pesar de todos sus méritos, que hay que reconocerlos pese a quien le pese, como dice ella, Magaly debe aceptar también que no sale en hombros, que quizá la presencia de sus padres en el set en la noche de su despedida o las reconfortantes palabras de su hijo sean suficiente para ella en todo sentido; pero es contundentemente cierto también que la clausura definitiva de su “Magaly TeVe” ha pasado casi desapercibida. Ninguna portada, ni siquiera uno de los muchos diarios chicha a los que alimentaba con sus contenidos le ha regalado el estatus de estrella que se va. “Arranca nomás, cholita”, le han dicho. Pero desde aquí le deseamos, con toda sinceridad, una Feliz Navidad y un gran 2013, dentro o fuera de la televisión. Un honesto y agradecido saludo de un ex compañero de trabajo. Bye bye, Magaly.

Alejando Solalinde

Secretos de Alejandro Solalinde
DIOS PUEDE HACER SANTO HASTA A UN ZETA
Por Arturo J. Flores- Playboy México
Padre, muchas de las cosas que dicen me saltan, ¿un sacerdote que dice que la vida no es dogma?
No, la vida surge. Te voy a contar algo maravilloso. Creo mucho en nuestra condición humana, me encanta ser humano y falible, defectuoso, me encanta tener errores, estar limitado, equivocarme. En esos años aprendí algo, yo tenía 32. A ver, yo platico con Dios como platico contigo. Trato todos los asuntos, hasta los de índole sexual, con Dios. No me inhibo de nada. Yo le decía: “ya tengo 4 años de ordenado y nunca he tenido relación con una mujer. No sé lo que es eso. Soy célibe por obligación, porque si no lo era, no me ordenaba, pero… ¿cómo voy a entender a un matrimonio o las mujeres, si no conozco nada de eso?” ¡Y sucedió el milagro, sin buscarlo! Entre las jóvenes con las que yo trabajaba, sucedió… eso. Lo descubrí y fue maravilloso, descubrí una dimensión increíble que me hizo sentir más humano, más hombre. Y lejos de sentir culpa, ¡para nada!, ni me confesé. Le di gracias a Dios y andaba como niño con juguete nuevo, porque descubrí a la mujer como es y me descubrí a mí como hombre. Estuve en la disyuntiva de continuar mi camino o dejar el sacerdocio y casarme. Ella estaba muy enamorada, pero yo solamente la quería. Así que mi vocación fue más fuerte. Decidí estar con la gente, con los pobres y ser sacerdote. Ahora soy célibe. Ahora.
¿No le causa problemas contarme que estuvo con una mujer?
No, porque cuando me ordenaron era célibe. Hice todo lo que me pedían ellos, aunque me reprimiera. Le fui fiel a Dios, pero después pude humanizarme. No puede ser que uno como sacerdote intente orientar a los jóvenes, que hablan tanto de sexo, estando en la inopia. Tampoco estoy diciendo que todos los seminaristas deberían pasar por ahí, como yo, pero a mí me dio resultado. Ya soy una persona normal. Cuando veo a una mujer que me llama la atención, lo comento con Dios y esa experiencia me enseñó a valorar a la mujer, a no verla como un objeto sexual. La admiro muchísimo, la mujer es la expresión más bella del rostro de Dios.
¿No le da miedo que sus superiores se enteren de esto?
Hay que entender que el celibato no es un dogma de fe, sino una medida disciplinaria nada más. El sexo no es malo, ni tampoco casarse o tener una relación con una mujer. Jesús fue célibe, libre, pero fue un ser sexuado. Nunca rechazó tener una relación con una mujer desde su ser de hombre. Él veía todo con mayor naturalidad. En cambio, en cuestión de sexo la iglesia sigue muy cerrada. Jesús escogió de entre sus discípulos a un casado para irse a vivir a su casa. Y para acabarla de amolar, eligió como primer jefe de la iglesia católica, a un casado, a Pedro, y conoció a su esposa. Él nunca dijo que para seguirlo había que ser célibe. Eso empezó a imponerlo la iglesia católica cuando los hijos de los sacerdotes, los papas y los obispos empezaron a exigir derechos de herencia. ¡Les dolió en la administración! Por lo demás, no tarda el tiempo en que la iglesia vea el celibato como algo opcional.

Sigue leyendo

IV Domingo de Adviento

IV Domingo de Adviento
Por Antonio Elduayen Jiménez CM
En la víspera de la Nochebuena, el evangelio (Lc 1, 39-45) nos presenta la fe como la puerta para entrar en la Navidad. La fe, de la que además se nos dice que es una bienaventuranza y que es caridad y misión. Ante todo, el relato nos presenta a María e Isabel dialogando sobre la fe… Sólo están las dos y cada una con su niño en su seno. No deja de ser asombroso y significativo que, en el umbral de la nueva historia del mundo, que va a iniciarse en la Navidad, haya sólo dos mujeres gestantes. ¡Misterios del Proyecto de Dios!, que, por hoy, prefiero sólo señalar y admirar, sin comentar.
Bienaventurado tú que crees, porque lo que te ha dicho el Señor se realizará. Estas palabras que Isabel le dice a María, valen también para ti (y para mí y para todos los creyentes). Son, por otra parte, un ejemplo de cómo Dios se revela y premia a los humildes y sencillos, simplemente porque le agrada la fe que le tienen (Lc 12, 21-22). En el caso del evangelio mencionado, el Padre Dios nos revela el Misterio de la Encarnación de su Hijo en María, por obra del Espíritu Santo. Lo que implica algo muy importante y que nos atañe muy de cerca, a saber, que, de alguna manera, el Hijo de Dios se ha encarnado en la raza humana -de la que María forma parte-, y en ti y en mí, que somos también parte de esa raza y seres humanos. ¡Reconozcamos nuestra dignidad!
Como dije antes, a Dios no sólo le agrada la fe que le tenemos sino que también la premia. La fe de María es un SÍ (Fiat) absoluto, valiente y gozoso a Dios Trinidad, y el premio a esa fe, premio singular y maravilloso, consistirá en que el Padre Dios la elige para ser la Madre de su Hijo Jesús; el premio a la fe de Isabel, también firme y gozosa, consistirá en que Dios la elige para ser la madre de un hijo que será… “el Precursor” del Mesías Jesucristo; finalmente, el premio a nuestra fe será el de poder llamarnos y ser hijos de Dios (Jn 1,12), si con fe firme, coherente, productiva y gozosa, nos abrimos a Jesús y lo recibimos de todo corazón, de modo que encuentre en él un lugar mejor que el encontró en Belén.
La Visita de María a Isabel para ayudarla (Lc 1, 39-40) ejemplariza dos elementos que no pueden faltar en la fe: la caridad y la misión. Son dos dimensión esenciales de la fe, que el Papa Benedicto XVI recoge y explaya en su Carta Apostólica Porta fidei (nn. 7, 12, 14). Ante todo, la fe sin obras es muerta (St 2, 14-18). “La fe sin la caridad no da fruto, y la caridad sin fe sería puro sentimentalismo siempre a merced de la duda”, dice el Papa (PF 14). Es por ello que “María Fe” va presurosa (misión) a ayudar a Isabel (caridad) en cuanto se entera de que su pariente va a dar a luz. Es el amor de Cristo el que llena nuestros corazones y nos impulsa a evangelizar: “el amor de Cristo nos apremia”, enseña San Pablo (2 Cor 5, 14).

Sigue leyendo

ONGs de inspiración católica

Ongs católicas
Discurso de Benedicto XVI para reflexionar sobre la contribución que las Organizaciones no gubernamentales (ONG) de inspiración católica:
Me complace saludaros a todos vosotros, que estáis reunidos en Roma para reflexionar sobre la contribución que las Organizaciones no gubernamentales (ONG) de inspiración católica pueden ofrecer, en estrecha colaboración con la Santa Sede, para la solución de los numerosos problemas y desafíos que afronta la múltiple actividad de las Naciones Unidas y de otras organizaciones internacionales y regionales. Os doy una cordial bienvenida a cada uno. De modo particular, doy las gracias al sustituto de la Secretaría de Estado, que ha interpretado amablemente vuestros sentimientos comunes, a la vez que me ha informado de los objetivos de vuestro foro. Saludo también al joven representante de las Organizaciones no gubernamentales presentes.
En este importante encuentro participan representantes de asociaciones surgidas en los años en que se empezaba a contar con la presencia y la actividad del laicado católico a nivel internacional, junto con miembros de otras asociaciones más recientes que se han creado como parte del actual proceso de integración global. Están presentes también asociaciones de apoyo, y otras dedicadas sobre todo a la gestión concreta de proyectos de cooperación con vistas al desarrollo. Algunas de vuestras organizaciones son reconocidas por la Iglesia como asociaciones públicas y privadas de fieles laicos; otras comparten el carisma de algunos institutos de vida consagrada; y otras tienen sólo reconocimiento jurídico en ámbito civil e incluyen entre sus miembros a no católicos y a no cristianos.
Sin embargo, todos tenéis en común el celo por la promoción de la dignidad humana. Este mismo celo ha inspirado constantemente la actividad de la Santa Sede en el seno de la comunidad internacional. Por eso, este encuentro se ha organizado precisamente para expresaros gratitud y aprecio por lo que estáis haciendo en colaboración activa con los representantes del Papa en las organizaciones internacionales. Además, este encuentro trata de fomentar un espíritu de cooperación entre vuestras organizaciones y, por consiguiente, la eficacia de vuestra actividad común en beneficio del bien integral de la persona humana y de toda la humanidad.
Esta unidad de propósitos sólo puede conseguirse a través de una variedad de funciones y actividades. La diplomacia multilateral de la Santa Sede, principalmente, se esfuerza por reafirmar los grandes principios fundamentales de la vida internacional, puesto que la contribución específica de la Iglesia consiste en ayudar a «la formación de las conciencias en la política y contribuir a que crezca la percepción de las verdaderas exigencias de la justicia y, al mismo tiempo, la disponibilidad para actuar conforme a ella» (Deus caritas est, 28).
Por otra parte, «el deber inmediato de actuar en favor de un orden justo en la sociedad es más bien propio de los fieles laicos» -y, en el contexto de la vida internacional, de los diplomáticos cristianos y de los miembros de las Organizaciones no gubernamentales-, que «están llamados a participar en primera persona en la vida pública» y «configurar rectamente la vida social, respetando su legítima autonomía y cooperando con los otros ciudadanos según las respectivas competencias y bajo su propia responsabilidad» (ib., 29).
La cooperación internacional entre los gobiernos, que ya surgió al final del siglo XIX y creció constantemente a lo largo del siglo pasado, a pesar de las trágicas interrupciones de las dos guerras mundiales, ha contribuido significativamente a la creación de un orden internacional más justo. A este respecto, podemos constatar con satisfacción los logros obtenidos, como el reconocimiento universal de la primacía jurídica y política de los derechos humanos, la adopción de objetivos comunes con miras al pleno goce de derechos económicos y sociales por parte de todos los habitantes de la tierra, los esfuerzos realizados para desarrollar un sistema económico mundial justo y, más recientemente, la protección del medio ambiente y la promoción del diálogo intercultural.
Al mismo tiempo, el debate internacional a menudo parece marcado por una lógica relativista que consideraría como única garantía de coexistencia pacífica entre los pueblos el negar la verdad sobre el hombre y su dignidad, al igual que la posibilidad de una ética basada en el reconocimiento de la ley moral natural.
Derecho y política
En efecto, esto ha llevado a la imposición de una noción de derecho y política que, en última instancia, hace del consenso entre los Estados -un consenso condicionado a veces por intereses a corto plazo o manipulado por presiones ideológicas- la única base real de las normas internacionales. Lamentablemente, los frutos amargos de esta lógica relativista son evidentes: basta pensar, por ejemplo, en el intento de considerar como derechos humanos las consecuencias de ciertos estilos egoístas de vida; en el desinterés por las necesidades económicas y sociales de las naciones más pobres; en el desprecio del derecho humanitario; y en una defensa selectiva de los derechos humanos.
Espero que vuestro estudio y vuestra reflexión durante estos días os permitan descubrir medios más eficaces y concretos para hacer que la doctrina social de la Iglesia sea más conocida y aceptada a nivel internacional. Por tanto, os aliento a oponeros de manera creativa al relativismo, presentando las grandes verdades sobre la dignidad innata del hombre y los derechos que se derivan de dicha dignidad. Esto permitirá, a su vez, dar una respuesta más adecuada a las numerosas cuestiones que se debaten hoy en el foro internacional. Sobre todo, ayudará a promover iniciativas concretas caracterizadas por un espíritu de solidaridad y libertad.
De hecho, es necesario un espíritu de solidaridad que lleve a promover como un cuerpo los principios éticos que, por su misma naturaleza y por su papel de base de la vida social, no son «negociables». Un espíritu de solidaridad impregnado de un fuerte sentido de amor fraterno lleva a un aprecio mayor de las iniciativas de los demás y a un profundo deseo de cooperar con ellas. Gracias a este espíritu, se trabajará siempre, cuando sea útil o necesario, en colaboración con las diversas organizaciones no gubernamentales o con los representantes de la Santa Sede, siempre respetando sus diferencias de naturaleza, de fines institucionales y de métodos operativos.
Por otra parte, un auténtico espíritu de libertad, vivido con solidaridad, impulsará la iniciativa de los miembros de las Organizaciones no gubernamentales a crear una amplia gama de nuevos enfoques y soluciones con respecto a los asuntos temporales que Dios ha dejado al juicio libre y responsable de cada uno. En efecto, si se viven con solidaridad, el legítimo pluralismo y la diversidad no sólo no son motivo de división y enfrentamiento, sino que son condición de eficacia cada vez mayor. Las actividades de vuestras organizaciones serán realmente fecundas si permanecen fieles al magisterio de la Iglesia, ancladas en la comunión con sus pastores y, sobre todo, con el Sucesor de Pedro, y afrontan con espíritu de apertura prudente los desafíos del momento actual.
Queridos hermanos, os agradezco una vez más vuestra presencia hoy y vuestros esfuerzos dedicados a promover la causa de la justicia y de la paz en el seno de la familia humana. A la vez que os aseguro un recuerdo especial en mis oraciones, invoco sobre vosotros, y sobre las organizaciones que representáis, la protección materna de María, Reina del mundo. A vosotros, a vuestras familias y a los miembros de vuestras asociaciones imparto con afecto mi bendición apostólica.
Fuente: Catholic.net

España

SERVICIO DE LA CARIDAD
Proemio
«La naturaleza íntima de la Iglesia se expresa en una triple tarea: anuncio de la Palabra de Dios (kerygma-martyria), celebración de los Sacramentos (leiturgia) y servicio de la caridad (diakonia). Son tareas que se implican mutuamente y no pueden separarse una de otra» (Carta enc. Deus caritas est, 25).
El servicio de la caridad es también una dimensión constitutiva de la misión de la Iglesia y expresión irrenunciable de su propia esencia (cf. ibíd.); todos los fieles tienen el derecho y el deber de implicarse personalmente para vivir el mandamiento nuevo que Cristo nos dejó (cf. Jn 15, 12), brindando al hombre contemporáneo no sólo sustento material, sino también sosiego y cuidado del alma (cf. Carta enc. Deus caritas est, 28). Asimismo, la Iglesia está llamada a ejercer la diakonia de la caridad en su dimensión comunitaria, desde las pequeñas comunidades locales a las Iglesias particulares, hasta abarcar a la Iglesia universal; por eso, necesita también «una organización, como presupuesto para un servicio comunitario ordenado» (cf. ibíd., 20), una organización que a su vez se articula mediante expresiones institucionales.
A propósito de esta diakonia de la caridad, en la Carta encíclica Deus caritas est señalé que «es propio de la estructura episcopal de la Iglesia que los Obispos, como sucesores de los Apóstoles, tengan en las Iglesias particulares la primera responsabilidad de cumplir» el servicio de la caridad (n. 32), y observaba que «el Código de Derecho Canónico, en los cánones relativos al ministerio episcopal, no habla expresamente de la caridad como un ámbito específico de la actividad episcopal» (ibíd.). Aunque «el Directorio para el ministerio pastoral de los Obispos ha profundizado más concretamente el deber de la caridad como cometido intrínseco de toda la Iglesia y del Obispo en su diócesis» (ibíd.), en cualquier caso era necesario colmar dicha laguna normativa a fin de expresar adecuadamente, en el ordenamiento canónico, el carácter esencial del servicio de la Caridad en la Iglesia y su relación constitutiva con el ministerio episcopal, trazando los perfiles jurídicos que conlleva este servicio en la Iglesia, especialmente si se presta de manera organizada y con el sostén explícito de los Pastores.
Desde esta perspectiva, por tanto, con el presente Motu proprio deseo proporcionar un marco normativo orgánico que sirva para ordenar mejor, en líneas generales, las distintas formas eclesiales organizadas del servicio de la caridad, que está estrechamente vinculada a la naturaleza diaconal de la Iglesia y del ministerio episcopal.
Se ha de tener muy presente que «la actuación práctica resulta insuficiente si en ella no se puede percibir el amor por el hombre, un amor que se alimenta en el encuentro con Cristo» (ibíd., 34). Por tanto, en la actividad caritativa, las numerosas organizaciones católicas no deben limitarse a una mera recogida o distribución de fondos, sino que deben prestar siempre especial atención a la persona que se encuentra en situación de necesidad y llevar a cabo asimismo una preciosa función pedagógica en la comunidad cristiana, favoreciendo la educación a la solidaridad, al respeto y al amor según la lógica del Evangelio de Cristo. En efecto, en todos sus ámbitos, la actividad caritativa de la Iglesia debe evitar el riesgo de diluirse en una organización asistencial genérica, convirtiéndose simplemente en una de sus variantes (cf. ibíd., 31).
Las iniciativas organizadas que promueven los fieles en el sector de la caridad en distintos lugares son muy diferentes entre ellas y requieren una gestión apropiada. De modo particular, se ha desarrollado en el ámbito parroquial, diocesano, nacional e internacional la actividad de la «Caritas», institución promovida por la Jerarquía eclesiástica, que se ha ganado justamente el aprecio y la confianza de los fieles y de muchas otras personas en todo el mundo por el generoso y coherente testimonio de fe, así como por la concreción a la hora de responder a las peticiones de las personas necesitadas. Junto a esta amplia iniciativa, sostenida oficialmente por la autoridad de la Iglesia, han surgido en diferentes lugares otras múltiples iniciativas, que nacen del libre compromiso de los fieles que quieren contribuir de diferentes maneras con su esfuerzo a testimoniar concretamente la caridad para con las personas necesitadas. Tanto unas como otras son iniciativas distintas en cuanto al origen y al régimen jurídico, aunque expresan igualmente sensibilidad y deseo de responder a una misma llamada.
La Iglesia, en cuanto institución, no puede ser ajena a las iniciativas que se promueven de modo organizado y son libre expresión de la solicitud de los bautizados por las personas y los pueblos necesitados. Por esto, los Pastores deben acogerlas siempre como manifestación de la participación de todos en la misión de la Iglesia, respetando las características y la autonomía de gobierno que, según su naturaleza, competen a cada una de ellas como manifestación de la libertad de los bautizados.
Junto a ellas, la autoridad eclesiástica ha promovido por iniciativa propia obras específicas, a través de las cuales provee institucionalmente a encauzar las donaciones de los fieles, según formas jurídicas y operativas adecuadas que permitan llegar a resolver con más eficacia las necesidades concretas.
Sin embargo, en la medida en que dichas actividades las promueva la propia Jerarquía, o cuenten explícitamente con el apoyo de la autoridad de los Pastores, es preciso garantizar que su gestión se lleve a cabo de acuerdo con las exigencias de las enseñanzas de la Iglesia y con las intenciones de los fieles y que respeten asimismo las normas legítimas emanadas por la autoridad civil. Frente a estas exigencias, era necesario determinar en el derecho de la Iglesia algunas normas esenciales, inspiradas en los criterios generales de la disciplina canónica, que explicitaran en este sector de actividades las responsabilidades jurídicas que asumen en esta materia los diversos sujetos implicados, delineando en particular la posición de autoridad y de coordinación que corresponde en esto al Obispo diocesano. Dichas normas, sin embargo, debían tener una amplitud suficiente para comprender la apreciable variedad de instituciones de inspiración católica que, en cuanto tales, actúan en este sector, tanto las que nacieron por impulso de la Jerarquía, como las que surgieron por iniciativa directa de los fieles, y que los Pastores del lugar acogieron y alentaron. Si bien era necesario establecer normas al respecto, era preciso a su vez tener en cuenta cuanto requiere la justicia y la responsabilidad que los Pastores asumen frente a los fieles, respetando la legítima autonomía de cada ente.
Parte dispositiva
Por consiguiente, a propuesta del Emmo. Presidente del Consejo Pontificio «Cor Unum», tras haber escuchado el parecer del Consejo Pontificio para los Textos Legislativos, establezco y decreto lo siguiente:
Art. 1. – § 1. Los fieles tienen el derecho de asociarse y de instituir organismos que lleven a cabo servicios específicos de caridad, especialmente en favor de los pobres y los que sufren. En la medida en que estén vinculados al servicio de caridad de los Pastores de la Iglesia y/o por ese motivo quieran valerse de la contribución de los fieles, deben someter sus Estatutos a la aprobación de la autoridad eclesiástica competente y observar las normas que siguen.
§ 2. En los mismos términos, también es derecho de los fieles constituir fundaciones para financiar iniciativas caritativas concretas, según las normas de los cánones 1303 CIC y 1047 CCEO. Si este tipo de fundaciones respondiese a las características indicadas en el § 1 se observarán asimismo, congrua congruis referendo, las disposiciones de la presente ley.
§ 3. Además de observar la legislación canónica, las iniciativas colectivas de caridad a las cuales hace referencia el presente Motu Proprio deben seguir en su actividad los principios católicos, y no pueden aceptar compromisos que en cierta medida puedan condicionar la observancia de dichos principios.
§ 4. Los organismos y las fundaciones que promueven con fines de caridad los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica están sujetos a la observancia de las presentes normas y deben seguir cuanto establecido en los cánones 312 § 2 CIC y 575 § 2 CCEO.
Art. 2. – § 1. En los Estatutos de cada organismo caritativo a los que hace referencia el artículo anterior, además de los cargos institucionales y las estructuras de gobierno según el can. 95 § 1 CIC, también se expresarán los principios inspiradores y las finalidades de la iniciativa, las modalidades de gestión de los fondos, el perfil de los propios agentes, así como las relaciones y las informaciones que han de presentar a la autoridad eclesiástica competente.
§ 2. Un organismo caritativo puede usar la denominación de «católico» sólo con el consentimiento escrito de la autoridad competente, como se indica en el can. 300 CIC.
§ 3. Los organismos con finalidad caritativa que promueven los fieles pueden tener un Asistente eclesiástico nombrado con arreglo a los Estatutos, conformemente a los cánones 324 § 2 y 317 CIC.
§ 4. Al mismo tiempo, la autoridad eclesiástica deberá tener presente el deber de regular el ejercicio de los derechos de los fieles a tenor de los cánones 223 § 2 CIC y 26 § 2 CCEO, con el fin de evitar el multiplicarse de las iniciativas de servicio de caridad en detrimento de la operatividad y la eficacia respecto a las finalidades que se proponen.
Art. 3.- § 1. A efectos de los artículos anteriores, se entiende por autoridad competente, en los respectivos niveles, la que se indica en los cánones 312 CIC y 575 CCEO.
§ 2. Si se trata de organismos no aprobados en el ámbito nacional, aunque trabajen en varias diócesis, se entiende por autoridad competente el Obispo diocesano del lugar en el cual se encuentre la sede principal de dicho ente. En cualquier caso, la organización tiene el deber de informar a los Obispos de las demás diócesis en las cuales lleva a cabo su labor, y de respetar sus indicaciones en relación a las actividades de las distintas entidades caritativas presentes en la diócesis.
Art. 4. – § 1. El Obispo diocesano (cf. can. 134 § 3 CIC y can. 987 CCEO) ejerce su solicitud pastoral por el servicio de la caridad en la Iglesia particular que tiene encomendada como Pastor, guía y primer responsable de ese servicio.
§ 2. El Obispo diocesano favorece y sostiene iniciativas y obras de servicio al prójimo en su Iglesia particular, y suscita en los fieles el fervor de la caridad laboriosa como expresión de vida cristiana y de participación en la misión de la Iglesia, como se señala en los cánones 215 y 222 CIC y 25 y 18 CCEO.
§ 3. Corresponde al respectivo Obispo diocesano vigilar a fin de que en la actividad y la gestión de estos organismos se observen siempre las normas del derecho universal y particular de la Iglesia, así como las voluntades de los fieles que hayan hecho donaciones o dejado herencias para estas finalidades específicas (cf. cánones 1300 CIC y 1044 CCEO).
Art. 5. – El Obispo diocesano debe asegurar a la Iglesia el derecho de ejercer el servicio de la caridad, y cuidar de que los fieles y las instituciones bajo su vigilancia observen la legislación civil legítima en materia.
Art. 6. – Es tarea del Obispo diocesano, como indican los cánones 394 § 1 CIC y 203 § 1 CCEO, coordinar en su circunscripción las diversas obras de servicio de caridad, tanto las que promueve la Jerarquía misma, como las que responden a la iniciativa de los fieles, respetando la autonomía que les fuese otorgada conformemente a los Estatutos de cada una. En particular, vele para que sus actividades mantengan vivo el espíritu evangélico.
Art. 7. – § 1. Las entidades a las que hace referencia el art. 1 § 1 deben seleccionar a sus agentes entre personas que compartan, o al menos respeten, la identidad católica de estas obras.
§ 2. Con el fin de garantizar el testimonio evangélico en el servicio de la caridad, el Obispo diocesano debe velar para que quienes trabajan en la pastoral caritativa de la Iglesia, además de la debida competencia profesional, den ejemplo de vida cristiana y prueba de una formación del corazón que testimonie una fe que actúa por la caridad. Con este objetivo, provea a su formación también en ámbito teológico y pastoral, con específicos curricula concertados con los directivos de los varios organismos y con propuestas adecuadas de vida espiritual.
Art. 8. – Donde fuese necesario por número y variedad de iniciativas, el Obispo diocesano debe establecer en la Iglesia que se le ha encomendado una oficina que en su nombre oriente y coordine el servicio de la caridad.
Art. 9. – § 1. El Obispo debe favorecer la creación en cada parroquia de su circunscripción de un servicio de «Caritas» parroquial o análogo, que promueva asimismo una acción pedagógica en el ámbito de toda la comunidad para educar en el espíritu de una generosa y auténtica caridad. Si fuera oportuno, dicho servicio se constituirá en común para varias parroquias del mismo territorio.
§ 2. Corresponde al Obispo y al párroco respectivo asegurar que, en el ámbito de la parroquia, junto a la «Caritas» puedan coexistir y desarrollarse otras iniciativas de caridad, bajo la coordinación general del párroco, si bien teniendo en cuenta cuanto indicado en el art. 2 § 4.
§ 3. Es un deber del Obispo diocesano y de los respectivos párrocos evitar que en esta materia se induzca a error o malentendidos a los fieles, por lo que deben impedir que a través de las estructuras parroquiales o diocesanas se haga publicidad de iniciativas que, aunque se presenten con finalidades de caridad, propongan opciones o métodos contrarios a las enseñanzas de la Iglesia.
Art. 10. – § 1. Corresponde al Obispo la vigilancia sobre los bienes eclesiásticos de los organismos caritativos sujetos a su autoridad.
§ 2. Es un deber del Obispo diocesano asegurarse de que los ingresos provenientes de las colectas que se realicen en conformidad a los cánones 1265 y 1266 CIC, y cánones 1014 y 1015 CCEO, se destinen a las finalidades para las cuales se han recogido (cánones 1267 CIC, 1016 CCEO).
§ 3. En particular, el Obispo diocesano debe evitar que los organismos de caridad sujetos a su cargo reciban financiación de entidades o instituciones que persiguen fines en contraste con la doctrina de la Iglesia. Análogamente, para no dar escándalo a los fieles, el Obispo diocesano debe evitar que dichos organismos caritativos acepten contribuciones para iniciativas que, por sus fines o por los medios para alcanzarlos, no estén de acuerdo con la doctrina de la Iglesia.
§ 4. De modo particular, el Obispo debe cuidar que la gestión de las iniciativas que dependen de él sea testimonio de sobriedad cristiana. A este fin, debe vigilar que los sueldos y gastos de gestión respondan a las exigencias de la justicia y a los necesarios perfiles profesionales, pero que a su vez sean debidamente proporcionados a gastos análogos de la propia Curia diocesana.
§ 5. Para permitir que la autoridad eclesiástica a la que hace referencia el art. 3 § 1 pueda ejercer su deber de vigilancia, las entidades mencionadas en el art. 1 § 1 deben presentar al Ordinario competente el balance anual, en el modo que indique el propio Ordinario.
Art. 11. – El Obispo diocesano debe, si fuera necesario, hacer público a sus fieles el hecho que la actividad de un determinado organismo de caridad ya no responde a las exigencias de las enseñanzas de la Iglesia, prohibiendo por consiguiente el uso del nombre «católico» y adoptando las medidas pertinentes en el caso de que aparecieran responsabilidades personales.
Art. 12.- § 1. El Obispo diocesano debe favorecer la acción nacional e internacional de los organismos de servicio de la caridad bajo su solicitud pastoral, en particular la cooperación con las circunscripciones eclesiásticas más pobres, análogamente a cuanto establecen los cánones 1274 § 3 CIC y 1021 § 3 CCEO.
§ 2. La solicitud pastoral por las obras de caridad, según las circunstancias de tiempo y de lugar, pueden ejercerla conjuntamente varios Obispos de las diócesis más cercanas respecto a más de una Iglesia, en conformidad con el derecho. Si se tratase de ámbito internacional, es preciso consultar preventivamente el Dicasterio competente de la Santa Sede. Asimismo, es oportuno que, para iniciativas de caridad de ámbito nacional, el Obispo consulte la oficina correspondiente de la Conferencia Episcopal.
Art. 13.- La autoridad eclesiástica del lugar conserva siempre íntegro el derecho de dar su consentimiento a las iniciativas de organismos católicos que se desarrollen en el ámbito de su competencia, en el respeto de la normativa canónica y de la identidad propia de cada organismo, y es su deber de Pastor vigilar a fin de que las actividades realizadas en su diócesis se lleven a cabo conformemente a la disciplina eclesiástica, prohibiéndolas o adoptando las medidas necesarias si no la respetasen.
Art. 14. – Donde sea oportuno, el Obispo promueva las iniciativas de servicio de la caridad en colaboración con otras Iglesias o Comunidades eclesiales, salvando las peculiaridades propias de cada uno.
Art. 15. – § 1. El Consejo Pontificio «Cor Unum» tiene la tarea de promover la aplicación de esta normativa y de vigilar que se aplique en todos los ámbitos, sin perjuicio de la competencia del Consejo Pontificio para los Laicos sobre las asociaciones de fieles, prevista en el art. 133 de la Constitución apostólica Pastor Bonus, así como la de la Sección para las Relaciones con los Estados de la Secretaría de Estado, y salvadas las competencias generales de los demás Dicasterios y Organismos de la Curia Romana. En particular, el Consejo Pontificio «Cor Unum» debe vigilar que el servicio de la caridad de las instituciones católicas en ámbito internacional se desarrolle siempre en comunión con las respectivas Iglesias particulares.
§ 2. Análogamente, compete al Consejo Pontificio «Cor Unum» la erección canónica de organismos de servicio de caridad en el ámbito internacional, asumiendo sucesivamente las tareas disciplinarias y de promoción que correspondan por derecho.
Ordeno que todo lo que he deliberado con esta Carta apostólica en forma de Motu Proprio se observe en todas sus partes, no obstante cualquier disposición contraria, aunque sea digna de particular mención, y establezco que se promulgue mediante la publicación en el periódico «L’Osservatore Romano», y que entre en vigor el 10 de diciembre de 2012.
Dado en el Vaticano, el día 11 de noviembre del año 2012, octavo de Nuestro Pontificado.
BENEDICTUS PP. XVI
Universidad San Ignacio de Loyola
El arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani, consideró “positivo” que la Universidad San Ignacio de Loyola (USIL) haya hecho público su interés en adoptar a partir del próximo año el título de ‘Católica’.
Sin embargo, el religioso advirtió que aún se está en los “primeros pasos” del proceso.
“Me parece positivo que una universidad quiera poner al servicio de la Iglesia la enseñanza, pero tal vez el entusiasmo de Raúl (Diez Canseco) todavía va mucho más adelante. Estamos en los primeros pasos de este intento”, refirió.
“Hay unas normas para todas las universidades católicas del mundo. Por lo tanto, hay que estudiarlo y verlo. (…) Pienso que la Iglesia si algo tiene, como centro de su tarea es el enseñar, es inspirar con la fe todos los campos del saber”, dijo en su espacio radial Diálogo de fe.

Fuente: Diario Perú21. Sigue leyendo

Benedicto XVI en Financial Times

Pablo VI
La Navidad, tiempo de implicación de los cristianos en el mundo
«Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios», fue la respuesta de Jesús cuando le preguntaron qué opinaba acerca del pago de los impuestos. Naturalmente, quienes se lo preguntaban querían tenderle una trampa, obligándolo a tomar partido en el candente debate político alrededor de la dominación romana sobre la tierra de Israel. Pero el envite era aún mayor: si Jesús era realmente el Mesías tan esperado, con toda seguridad se opondría a los dominadores romanos. La pregunta estaba calculada, por lo tanto, para desenmascararlo, bien como una amenaza para el régimen, bien como un impostor.
La respuesta de Jesús traslada hábilmente la cuestión a un nivel superior, precaviendo discretamente tanto contra la politización de la religión como contra la deificación del poder temporal y frente a la búsqueda insaciable de la riqueza. Tenía que recordar a sus oyentes que el Mesías no era el César, y que el César no era Dios. El reino que Jesús venía a instaurar pertenecía a una dimensión absolutamente superior. Como dijo a Poncio Pilato: «Mi reino no es de este mundo».
Los relatos de la Natividad contenidos en el Nuevo Testamento pretenden transmitir un mensaje similar. Jesús nació durante la elaboración de un «censo del mundo entero» ordenado por César Augusto, el emperador célebre por haber llevado la pax romana a todos los territorios sometidos al dominio de Roma. Pero aquel niño, nacido en un rincón oscuro y distante del imperio, iba a ofrecer al mundo una paz mucho más grande, de alcance auténticamente universal y que trascendía todo límite espacial y temporal.
Jesús nos es presentado como heredero del rey David, pero la liberación que él trajo a su pueblo no tenía el objetivo de mantener a raya ejércitos hostiles, sino el de vencer al pecado y a la muerte de una vez por todas.
El nacimiento de Cristo nos reta a replantear nuestras prioridades, nuestros valores, incluso nuestra forma de vida. La Navidad es, indudablemente, un tiempo de gran alegría, pero es también una ocasión para reflexionar en profundidad, e incluso para hacer un examen de conciencia. Al final de un año que ha traído a muchos privaciones económicas, ¿qué es lo que podemos aprender de la humildad, de la pobreza, de la sencillez del pesebre?
La Navidad puede revelarse como un tiempo en el que aprendemos a leer el Evangelio, a conocer a Jesús no solo como el Niño que yace en el pesebre, sino como aquel en el que reconocemos al Dios humanado.
Y es precisamente en el Evangelio donde los cristianos se inspiran para su vida diaria y para su implicación en los asuntos del mundo, ya sea en el Parlamento o en la Bolsa. No deben los cristianos rehuir el mundo, sino implicarse en él; pero su implicación en la política y en la economía debe trascender toda forma de ideología.
Los cristianos luchan contra la pobreza porque reconocen la dignidad suprema de todo ser humano, creado a imagen de Dios y destinado a la vida eterna. Los cristianos trabajan con vistas a un reparto más equitativo de los recursos de la tierra porque creen que los seres humanos, como administradores que son de la creación de Dios, tienen el deber de velar por los más débiles y por los más vulnerables. Los cristianos se oponen a la codicia y a la explotación porque están convencidos de que la generosidad y el amor desinteresado, tales como los vivió Jesús de Nazaret, son el camino que lleva a la plenitud de la vida. Y la creencia cristiana en el destino trascendente de todo ser humano los apremia en su cometido de fomentar la paz y la justicia para todos.
Como se trata de objetivos que muchos comparten, es viable una gran colaboración fructífera entre los cristianos y los demás; pero los cristianos dan al César solo lo que es del César, y no lo que es de Dios. A veces, a lo largo de la historia, no han podido acceder a las demandas de un César que, desde el culto al emperador de la antigua Roma hasta los regímenes totalitarios del siglo pasado, ha intentado ocupar el lugar de Dios. Si los cristianos se niegan a inclinarse ante los falsos dioses propuestos hoy, ello no se debe a que tengan una visión anticuada del mundo, sino a que están libres de ataduras ideológicas y animados por una visión tan noble del destino humano, que no pueden transigir con nada que lo pueda socavar.
Muchos nacimientos italianos tienen un fondo que representa ruinas de antiguos edificios romanos: ello muestra que el nacimiento del Niño Jesús marca el fin del antiguo orden, del mundo pagano, en el que las pretensiones del César resultaban prácticamente imposibles de desafiar. Ahora hay un nuevo rey, que no confía en el poder de las armas, sino en la fuerza del amor. Él trae esperanza a todos los que, como él, viven al margen de la sociedad. Trae esperanza a todos los que resultan vulnerables ante los cambiantes avatares de un mundo precario. Desde el pesebre, Dios nos invita a vivir como ciudadanos de su reino celestial: un reino que toda persona de buena voluntad puede ayudar a construir aquí en la tierra.
Fuente: Financial Times 20-12-2012; traducción de la Revista Ecclesia.
Venerable Pablo VI
El Papa Benedicto XVI ha promulgado en el día de ayer, jueves 20 de diciembre de 2012, el decreto por el que reconoce las virtudes heroicas del siervo de Dios Giovanni Battista Montini (1897-1978), Papa de la Iglesia católica, con el nombre de Pablo VI, desde el 21 de junio de 1963 al 6 de agosto de 1978.
Con el reconocimiento de sus virtudes heroicas, la beatificación de Pablo VI se producirá cuando se reconozca un milagro obrado por su intercesión. Al respecto, va muy avanzado el estudio la curación de un feto ocurrida hace 16 años en California (EEUU).
¿Cuándo será? Al tiempo. No obstante, todo parece indicar que Pablo VI será beatificado antes de la clausura del Año de la Fe. Y ello obedecería a muchos significados: el cincuentenario del Vaticano II y el mismo hecho de que el anterior Año de la Fe fuera promulgado en 1967 por Pablo VI.
A continuación reproducimos un artículo del director de la Revista Ecclesia, Jesús de las Heras Muela, sobre el Papa Montini:
Pablo VI, Papa para un compleja modernidad
En la tarde del domingo 6 de agosto de 1978, en Castelgandolfo y casi por sorpresa, fallecía el Papa Pablo VI, tras algo más de quince años de abnegado, espléndido, complejo y debatido ministerio apostólico petrino. Cuarenta días después habría cumplido 81 años.
Nacido el 26 de septiembre de 1896 en la localidad de Concesio, junto a Brescia, en la región norteña de Italia de la Lombardía, era sacerdote desde 1920, obispo desde 1954 y cardenal desde 1958. Durante más de treinta años sirvió en la Curia Romana en altas responsabilidades, a la par que atendía a los jóvenes universitarios de la FUCI. Trabajó también en el cuerpo diplomático de la Santa Sede y durante nueve años fue arzobispo de Milán, donde se le conocía como “el arzobispo de los obreros”. Renunció en 1952 a la púrpura cardenalicia y fue “papabile” antes incluso de ser cardenal. Fue bautizado en las aguas del bautismo con los nombres de Giovanni Battista Enrico Antonio Maria Montini Alghisi. Es siervo de Dios y ojalá pronto que la Iglesia lo tenga entre sus beatos y santos.
Nacido para ser Papa
Pocas personas como él habían sido “pensadas” y preparadas a lo largo de su vida para asumir este servicio, habían nacido para ello, ya desde su cuna, con su padre abogado, periodista y político democristiano, con su madre moderna, culta y católica cabal. Desde años antes a su elección pontificia, Montini ofrecía ya el perfil del Sucesor de Pedro, al que le capacitaban, sin duda, hasta su mismo porte y elegancia externa e interna, con aquella mirada honda, pensativa y bondadosa. Y, sobre todo, le capacitaban su espléndida formación eclesiástica y humana; su fina y serena inteligencia; su cultura amplia, abierta y cosmopolita, de impronta francesa, moderna y fiel; su honda piedad y vida interior; o sus muchos años de quehacer en la Curia Romana, completados con nueve magníficos y emprendedores años como arzobispo de Milán, la más poblada diócesis de toda la Iglesia Occidental.
De él se podía decir, sí, que había nacido para ser Papa. Y lo fue en tiempos esperanzadores y turbulentos. Fue el Papa para una modernidad compleja, cambiante y hasta imprevisible y contradictoria, tan amada y esperada en demasía por unos como temida y denostada en exceso por otros. Fue el Papa del Concilio Vaticano II y de toda su carga de renovación y de reforma. Fue el Papa del primer postconcilio, tantas veces hermoso, tantas veces traumático. Fue el Papa del diálogo. Fue el Papa del hombre, siempre en su escucha y a su servicio, siempre atento a los signos de los tiempos y a los problemas e inquietudes que se abatían sobre una humanidad magnífica y atormentada, que ya empezaba a mostrar inequívocos síntomas de fragmentación, de cambio y ruptura.
“Vocabor Paulus” (“Me llamaré Pablo”)
Fue el Papa Pablo –nombre elegido por Montini al calzar las sandalias del Pescador, bien sabedor de lo que este nombre significaba en honor y memoria de San Pablo, el apóstol de las gentes y de los gentiles, el heraldo de Jesucristo- , el Papa evangelizador, consciente de la necesidad de recorrer todos los caminos del hombre y de la Iglesia, todos los caminos de un mundo que ya no era ni mucho menos uniforme, consciente de la necesidad de hacerse presente él y con él toda la Iglesia en sus distintos areópagos. Fue un Papa amado y también criticado, dolorosa e injustamente criticado tantas veces. Como aquella campaña que lo presentaba en nuestro país como antiespañol cuando lo cierto es que la historia le reserva un puesto de honor entre los grandes artífices de nuestra transición a la democracia.
La historia lo ha situado entre dos gigantes, los dos ya beatificados: el profeta, el carismático, el popular Juan XXIII –todavía y ya para siempre el Papa bueno- y él no menos carismático y popular Juan Pablo II el Grande, el atleta de Dios, el Papa más mediático de la historia, el Papa de los récord, el Papa de las excepcionalidades, el Papa del pueblo. Y entre estos gigantes, Pablo VI no palidece –no puede palidecer-, sino que conserva su puesto y su identidad.
Timonel audaz y prudente
Treinta años después de su muerte, la memoria de Pablo VI obliga al reconocimiento y a la gratitud porque supo ser, en medio de bonanzas y de tempestades, el timonel audaz y prudente que la nave de la Iglesia requería. Porque supo ser el Papa atento y siempre en escucha y en diálogo. Porque supo combinar renovación con fidelidad, aunque tantos le urgieran pisar más el freno o pisar más el acelerador. Porque, en suma, supo pastorear al rebaño confiado siguiendo la estela del Buen Pastor, buscando a las ovejas pérdidas sin descuidar a las que permanecían junto a la grey, aun cuando otros pensaran y actuaran de otra manera. Porque supo amar a Jesucristo y seguirle con la cruz a cuestas en quince vertiginosos y arduos años en que fue su Vicario en la tierra, en que fue el Dulce Cristo entre los hombres.
¿Progresista o conservador? ¿Firme o dubitativo? ¿Entusiasta del Vaticano II o atrapado por su legado? Pablo VI fue, ante todo, un hombre de Iglesia, un hijo fiel de la Iglesia y un padre para todos desde la fidelidad y la renovación, los dos quicios permanentes e inexcusables de la verdadera Iglesia. La gracia de Dios –nos recordaba el pasado domingo el Papa Benedicto XVI- no fue vana en él. Y así supo hacer prestar su aguda inteligencia al servicio de la altísima misión encomendada, amando apasionadamente a Jesucristo y a los hombres de su tiempo.
Un magisterio vivo e interpelador
Siete encíclicas, diecisiete constituciones apostólicas, diez exhortaciones apostólicas, sesenta y una cartas apostólicas, cuarenta y dos motu proprio y nueve viajes internacionales son, junto a su estilo y talante, el legado vivo e interpelador del Papa Montini. “Gaudete in Domino”, “Marialis cultus”, “Octogesima adveniens”, “Humanae vitae”, “Sacerdotalis coelibatus”, “Mysterium fidei”, “El Credo del Pueblo de Dios” y, sobre todo, “Ecclesiam suam”, “Populorum progressio” y “Evangelii nuntiandi” siguen siendo documentos imprescindibles no solo para conocer y entender su pontificado y la vida de la Iglesia en estas últimas cuatro décadas, sino también para que la Iglesia del alba del siglo XXI siga ofreciendo su genuino servicio evangelizador y de búsqueda del hombre –de todo hombre- y de la cultura de su tiempo.
Junto a ello, Pablo VI desplegó una intensa actividad reformadora en la liturgia, en el seno de la Curia Romana y del Colegio Cardenalicio, en la puesta en marcha de algunas propuestas del Vaticano II en pro de la colegialidad y la comunión –los Sínodos, las Conferencias Episcopales…-, en el inquebrantable compromiso ecuménico, de sus acciones y de sus gestos, en la catequesis…
Al hacer memoria de sus viajes apostólicos –el fue el primer Papa peregrino, el primer Papa itinerante y viajero-, llama la atención comprobar sus destinos, marcados por tres prioridades: la misión (India, Colombia, Uganda, Filipinas, Oceanía), la unidad de los cristianos y el diálogo interreligioso (Tierra Santa, Turquía, Ginebra) y la paz y la justicia social (la sede de la ONU, Uganda, Asia Oriental).
La Iglesia y el hombre, sus pasiones
Desde Jesucristo y en Jesucristo -“In nomine Domini” (“En el nombre del Señor”), como rezaba su lema episcopal y pontificio- , la Iglesia y el hombre fueron sus dos grandes amores, sus dos pasiones: “Ruego al Señor –escribía en las vísperas de su muerte- hacer de mi próxima muerte un don de amor a la Iglesia. Podría decir que la he amado siempre”. Y ampliaba su discurso y sus sentimientos con estas otras palabras: “Oh hombres, comprendedme, os amo a todos en la efusión del Espíritu… Así os miro, os saludo, así os bendigo. A todos”. Por ello, con palabras de su sucesor, el Papa Juan Pablo II, vaya nuestro reconocimiento: “Por el inestimable legado de magisterio y de virtud que Pablo VI ha dejado a los creyentes y a toda la humanidad, alabemos al Señor con sincera gratitud. A nosotros nos toca ahora atesorar tan sabia herencia”.
Y es que, más allá de tópicos, estereotipos, simpatías o antipatías, más de tres décadas después de su muerte, tampoco su legado cabe en una sepultura, como él mismo dijera de la herencia recibida de Juan XXIII.

Raúl Diez Canseco

Universidad San Ignacio de Loyola busca ser Católica
Mientras la PUCP y la Iglesia no encuentran soluciones, Raúl Diez Canseco prepara el rebautizo de la USIL como la Universidad Católica San Ignacio de Loyola. Esta sí tiene la bendición del cardenal Cipriani.
A poco de terminar el año, Raúl Diez Canseco reunió a su círculo más cercano de colaboradores de la Universidad San Ignacio de Loyola (USIL).
El ex vicepresidente, hoy retirado de la política, no solo resumió las millonarias inversiones que realizará la institución a partir del próximo año.
También anunció un cambio tan simple como importante: a partir del próximo año, la casa de estudios pasará a ser la Universidad Católica San Ignacio de Loyola.
El añadido pasaría inadvertido de no ser por la controversia jurídica que enfrenta abiertamente a la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) y al cardenal Juan Luis Cipriani.
El último episodio de la ya conocida saga se dio en julio de este año, cuando un decreto emitido por el Secretario de Estado del Vaticano, Tarcisio Bertone, retiró a la PUCP “el derecho a usar en su denominación los títulos de ‘Pontificia’ y de ‘Católica’”.
La PUCP defiende el libre uso del término “Católica”, pero el cambio en la USIL cobra importancia pues, según contó Diez Canseco en la reunión, cuenta con el respaldo del propio Cipriani.
ACERCAMIENTOS PREVIOS
Un sutil primer paso de esta relación se dio en setiembre de 2010: mientras la comunidad PUCP cuestionaba ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos la sentencia del TC que interpretaba el testamento de Riva Agüero, la USIL estrenaba moderna capilla. El encargado de bendecirla fue nada menos que el cardenal Cipriani.
“En esta misa, en esta casa de estudios, me alegra mucho poder decir que la Iglesia no viene a maltratar la realidad, ni la ciencia, ni la filosofía, ni la economía, ni la política. No, la realidad es la que es”, se presentó el arzobispo.
Sin ser particularmente cercanos, la relación entre el cardenal y RDC se habría ido estrechando en los últimos años al punto que Diez Canseco, según contó un asistente a esta reunión, aseguró que Cipriani respalda el cambio de nombre.
“Estamos en ese trámite, efectivamente”, confirma RDC. “Es un proceso con la Iglesia Católica, con quien tenemos vínculos muy importantes. Somos una institución profundamente católica –no religiosa– y hemos iniciado conversaciones para llevar el nombre de Universidad Católica San Ignacio de Loyola”.
No solo eso, sino que habría intercedido ante la arquidiócesis de Arequipa para facilitar la venta de un terreno de 15 mil m2 en la zona urbana. No parece coincidencia que la diócesis sea presidida por el conservador arzobispo Javier del Río, que ha apoyado abiertamente a Cipriani en los entredichos con la PUCP.
“Nosotros nos sentimos muy cómodos dentro de la Iglesia”, resalta RDC.
Eso sí, ante la inevitable comparación con la PUCP señala que no pretenden reemplazarla, dibujando una línea que parece bastante definida: “No se olvide que la Católica es Pontificia, lo que significa que la Iglesia tiene autoridad sobre (la PUCP) y la autoridad máxima de la universidad tiene que recibir la bendición papal”.
“Nosotros tenemos una capellanía muy importante y hacemos una labor social bastante grande”, resume. “Dar ese paso para ser universidad católica no es algo ajeno a San Ignacio. Sería formalizar lo que hemos hecho toda la vida”.
ESO DE LA USIL
La Universidad San Ignacio de Loyola fue fundada en 1995, cuando el gobierno de Fujimori abrió la cancha para la creación de universidades privadas. Sin embargo, la amplia red hoy denominada OSIL (Organización Educativa San Ignacio de Loyola) data de 1968, cuando RDC fundó la academia preuniversitaria San Ignacio de Loyola.
Entonces tenía solo veinte años y no había concluido todavía sus estudios en economía. Pero haciendo gala del espíritu emprendedor y empresarial que promueve desde la USIL, construyó una red educativa que incluye el Colegio San Ignacio de Recalde, el Instituto San Ignacio de Loyola, la USIL misma, la Escuela de Posgrado, la Escuela de Chefs y la San Ignacio College, en Miami.
Solo la universidad cuenta con casi 14 mil alumnos y cerró el 2011 con un ingreso promedio de US$ 65 millones, ocupando el puesto número 524 de las empresas más rentables del Perú según Perú Top Publications.
La USIL tiene préstamos aprobados por US$ 50 millones para la ampliación de los campus que tiene en La Molina, Huachipa y Pachacámac, además de la compra de un terreno en Arequipa para construir una sede sur. Su objetivo es aumentar en 30% su número de alumnos.
Diez Canseco, por su parte, tuvo una agitada vida política como diputado por Lima en 1990, candidato a la presidencia por Acción Popular en 1995, vicepresidente y ministro de Comercio Exterior y Turismo durante el gobierno de Alejandro Toledo.
Justamente de esa cartera tuvo un accidentado desembarco en noviembre de 2003, acusado de favorecer a familiares de Luciana de La Fuente, con quien el ministro sostuvo un sonado affaire que hizo arquear una ceja a los católicos más conservadores. Hoy tienen un sólido matrimonio.
En meses pasados trascendió que la intención del Arzobispado era fundar una “verdadera” universidad católica y se especuló que Arequipa sería un escenario posible. La venta del terreno characato comienza a despejar la historia.
Queda pendiente lo que pasará con la denominación legal de la PUCP. Sus autoridades defienden que tienen su nombre registrado en orden según las leyes peruanas, pero en los círculos del cardenal se da por descontado que es cercano el momento de la ofensiva legal ante el Indecopi. De ser exitosa, le allanaría el camino a una, única, universidad católica.
Fuente: Revista CARETAS.

USIL

“Nosotros nos sentimos muy cómodos dentro de la Iglesia”, indica Raúl Diez Canseco.
Fundada en 1995, la Universidad San Ignacio de Loyola (USIL) es, evidentemente, católica. No obstante, ahora se encuentran en trámites para que ello se vea reflejado en su nombre.
La revista Caretas reporta que Raúl Diez Canseco – exministro y presidente de la USIL- informó a colaboradores de la USIL sobre las próximas inversiones de la entidad educativa, así como el cambio de denominación.
El semanario se comunicó con Diez Canseco, que indicó: “estamos en ese trámite”.
“Es un proceso con la Iglesia Católica, con quienes tenemos vínculos muy importantes. Somos una institución profundamente católica –no religiosa- y hemos iniciado conversaciones para llevar el nombre de Universidad Católica San Ignacio de Loyola”, agregó.
Como se sabe, actualmente existe un conflicto entre la Iglesia católica y la Pontificia Universidad Católica de Perú (PUCP), pues la entidad religiosa dice que la segunda no debería seguir llamándose ni “católica” ni “pontificia”.

Fuente: Diario La República. Sigue leyendo