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San Joaquín de Omaguas

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Informe al Rey de España

Por Francisco Policarpo Manuel de Requena y Herrera- Gobernador de Maynas.
Como Su Majestad previene en la misma orden de 31 de Enero de 1784, que para su obedecimiento he formado esta Descripción, se proponga lo que convenga variar, o establecer en otras Misiones en beneficio de la religión de estos dominios, y de los mismos naturales, voy a exponer lo que considero ser más acertado, para que se logren estos importantes fines, con los artículos siguientes:
1. Hallándose la Provincia de Maynas tan escasa, como manifiesta el padrón de gente blanca, y que sin ella, ni se pueden gobernar los pueblos de indios o ponerse ninguna pronta defensa contra las invasiones de los portugueses se debe eregir una población de españoles en la frontera cuidando el Oficial Comandante de ella de su establecimiento; pero los nuevos pobladores (han de) ser casados de poca edad, robustos, y de espíritu a quienes se debe proveer según el número de los que compongan sus familias de aquellas herramientas propias para las labranzas, darles vestidos, algún lienzo de algodón para sus toldos por la grande abundancia de mosquitos que tiene el Marañón, algunas aves para dar principio a las crías, casa hecha, y la ración para mantenerse por el espacio de un año, en cuyo tiempo puedan ellos sembrar para lo sucesivo.
2. Con estas familias convendría viniesen algunos mozos solteros bajo las mismas condiciones, y con la obligación de casarse con indias del país, pues de este modo se lograría evitar las enfermedades a que estarían expuestas muchas de las mujeres blancas que entrasen en él. Estos matrimonios serían más aptos para la populación y tendrían los blancos que se casasen con indias, en ellas más proporciones para establecerse, debiéndose para animar a estas alianzas considerase estas mujeres como si fuesen españolas privilegiadas, y exceptuadas de todo trabajo de comunidad, o servicio a que pudiesen estar sujetas las demás de las indias.
3. A cada cabeza de familia en la dicha población se le debería proveer de un fusil, bayoneta, y cartuchera de cuenta del Rey siendo de su cuidado y responsabilidad conservar este arma con aseo, bajo la inspección del Oficial Comandante quien deberá enseñarles su uso, y a disparar, animándolos a que cacen con ellas, y aprendan a procurar sus alimentos por las malezas, haciéndose de este modo útiles para las urgencias del Estado, impidiéndoles por consiguiente el uso de la cerbatana, pues considerándose esta población fronteriza a las de los portugueses, y siendo en estas diestros cazadores de escopeta así los soldados, como los indios de la propia nación, están en el día indefensas las Misiones españolas por no haber gente que pueda resistir el más pequeño ataque, por no tener armas de fuego.
4. Pasado el primer año de su residencia no se deben consentir en dicha nueva población indios algunos, porque continuando sirviéndose de la humildad y sencillez de estos, en todos sus trabajos, no se conseguirá jamás que los blancos aprendiesen a rozar, cultivar, pescar, ni andar en canoas: tampoco se debe en 6 años ocupar estos propios blancos en servicio alguno del Rey, sin extrema necesidad, pues para este efecto se considera el establecimiento en la frontera donde reside del Destacamento que la guarnece.
5. Siendo la provincia tan dilatada, y la tropa de su dotación del corto número de 14 soldados, un sargento y un cabo, la que deberá aumentarse después cuando se entreguen por la Corona de Portugal, corno debe hacerlo por las presentes Demarcaciones, la boca del Río Putumayo y las más occidental del Yapurá donde forzosamente se deberá entonces poner Destacamento, es necesario se añadan al Gobernador 3 sargentos que con un soldado cada uno sirvan de Tenientes particulares, el uno en el pueblo de la Laguna de la Misión alta y los otros 2 para los pueblos de los Ríos Pastasa, y Napo. En el primero por razón de las grandes poblaciones que están por aquella parte, y en los segundos porque siendo aquellos ríos los que dan la comunicación con la ciudad de Quito por falta de Justicias, y deserción de sus curas, han llegado ya a un estado tan deplorable que casi están desiertas las navegaciones de ellos, y pueden temerse que en poco tiempo quede interceptuado, por los infieles particularmente al tránsito del Río Napo.
6. Mientras los indios no tengan capacidad, e instrucción bastante para gobernarse por su Gobernadores y justicias, deberá ponerse en cada población un Director de buenas costumbres, celo, prudencia, verdad, e inteligencia en leer y escribir que sea casado con mujer blanca, o con india de diferente nación de la de aquel pueblo el cual no tendrá Jurisdicción coactiva con los indios, sino sólo directiva, y en caso que viese no se castigan los pecados, se desimulan, o consienten, les harán las advertencias necesarias, y si no obstante continuase la tolerancia darán parte al Teniente Partidario más inmediato o al Gobernador.
7. Cada uno de estos Directores, no debe tener más gages que el poderse mantener de las sementeras que llaman de la Misión del Rey, procurando sean éstas grandes para que sin gravamen de los indios puedan de ellos socorrerse los Misioneros a su entrada y salida del Gobernador, y Vicario General en sus visitas, y los soldados, o correos que vayan en diligencia del Real servicio, teniéndo además de esto 2 indios que se alternarán por meses, para ayudarle en sus ocupaciones, y para su establecimiento se les debe dar lo mismo lo que se ha detallado a cada una de las familias pobladoras de la frontera.
8. Será del cuidado de estos Directores el que no entre canoa ninguna en su población sin examinar el objeto de su llegada para dar curso, y contestar a las órdenes que pudiesen a ella llegar, indagando los forasteros que transitan; y si son blancos, u indios tratantes presenciar los contratos para que se guarde el arancel en las compras y ventas, dirijiéndo a los naturales en ellas para que no salgan engañados, procurando después despachar los viajantes, sin tolerarles más residencia que la que les fuese muy precisa, y sin consentir se avecinde ni establezca ninguna persona blanca a menos que no tenga oficio que pueda enseñar a los indios, y que preceda permiso por escrito del Gobernador de la provincia.
9. Deberán cuidar estos mismos Directores en la civilidad, cultura, y comercio de los indios a fin de que así se puedan hacer más aptos para entrar en el verdadero conocimiento de nuestra Santa Religión, y en sus adorables misterios, y para que se hagan útiles para sí, y para el Estado. Siendo de su cuidado el hacer que asistan a la doctrina, a la misa guarden todos los preceptos de Dios, y de la iglesia, satisfagan las Primicias, y conserven a sus párrocos todo el respeto que les es debido, para todo el cual el mismo Director debe darles el mayor ejemplo, y si algunos faltasen a las indispensables obligaciones del cristianismo con noticia que deberán darles los curas, hará que sean castigados por los mismos Justicias de su nación, porque está visto reciben los naturales por ellos, con más sumisión cualquiera pena que les imponen y los corrije, y contiene mucho más que cuando son castigados por el Misionero, o algún blanco Teniente que por poco que en este caso padezcan, los exaspera sin que les sirva de enmienda.
10. Tendrá para este efecto una lista, y el Padrón del vecindario del pueblo que remitirán cada año al Gobernador, y darán copia al Misionero para que éste pueda examinar si alguno faltó a la misa, o doctrina, anotando los que estén de viaje, o en ocupaciones del Real servicio: por ella hará concurrir todos los días de trabajo a los indios acompañados de las justicias de su respectiva nación, y los destinará a las faenas que puedan ser a ellos útiles, según la estación, a que hagan sus propias sementeras, cacerías y pescas, haciéndoles ver serán más felices cuánto más trabajen para no vivir con miseria, a la refacción de sus casas, o formación de otras que estuvieren muy deterioradas, a la composición de las iglesias, o nueva fábrica, de las que están arruinadas, inspirándoles un católico celo, de que sus templos sean de teja, y en ladrillados, cuyos materiales se saben hacer en el pueblo de Xeveros como que las paredes se hagan de gruesos bajareques embutidas de palos incorruptibles, y cuanto los pueda hacer más permanentes aseados, y decentes con proporción a sus fuerzas, procurando que en esta ocupación, y en las demás que sean precisas para beneficio del pueblo, se empleen todos con igualdad, y noble emulación.
11. En el tiempo oportuno nombrará aquellos indios que según el número del vecindario pudiesen separarse del pueblo, para que acompañados de algunos de sus Justicias, o capataces extraigan el cacao, vainillas, zarza, cera, gomas, resinas, bálsamos, venenos, sal, y demás efectos que da el país, sin necesidad de cultivos, y que se empleen en hacer mantecas, salar pescado, todo lo que hará el Director se deposite en un almacén, del que tendrá la llave el Gobernador indio, o el Justicia que fuese de más cuidado, y pasando una relación de los frutos que hubiesen recojido, al Gobernador de la provincia, destinará éste, los conduzcan los mismos indios interesados, fuera de las misiones al territorio en que tuviesen según fueren los efectos mejor despacho de ellos, quien llevará carta exortoría a los Gobernadores limítrofes, para que estos procuren se les facilite a los indios la venta de la producción de su país, conduciendo en retorno precisamente, no lo que ellos quieran, sino lo que se denomine, y detalle, y hagan después el regreso a su tierra, trayéndolo todo el Comisionado a depositar en cada pueblo lo que corresponda, lo que se conservará en él bajo de llave de los justicias, hasta que el Gobernador impuesto de lo que ha llegado, mande hacer la distribución entre las familias Con intervención del Director, y por mano de los mismos Principales, con la equidad, y circunspección más escrupulosa, a fin de que por el repartimiento, y ganancias conozcan desde luego los indios las ventajas, y utilidades que les trae este comercio directo, y consigan empeñarse en él para lo sucesivo, sacando antes del total producto el pago de los indios, y blancos que hicieran el viaje.
12. Se ha de prohibir (y celar su cumplimiento con la mayor eficacia) el que los efectos del comercio se vendan ni permuten en la frontera a los portugueses, porque en este caso sin utilidad de la provincia harían nuestros indios un negocio precario, que sólo resultaría en beneficio de los de esta nación, que al mismo tiempo que impondrían unos precios ínfimos por los géneros, procurarían introducir otros muchos de contrabando a los Virreynatos del Perú, y Santa Fé. Ni debe obstar para esta prohibición el reparo que algunos pondrán sobre la dificultad que les parecerá hallar para extraer fuera de Maynas sus preciosos efectos hacia los países bien poblados por nuestra América, infiriendo de aqui, será excusado la cosecha de los frutos de las misiones como un trabajo perdido; quién ponga esta objeción a mi propuesta acreditará estar lleno de preocupaciones, y no haber reflexionado sobre la naturaleza, y calidades de este comercio. Hay efectos de poco volumen, como la cera, bálsamos, gomas, venenos, etc. que por los Ríos Napo y Pastaza se pueden conducir a Quito o por el Río Guallaga a Moyobamba, y Lamas, como hasta aquí se ha hecho, haciendo por ellos el tráfico de Montaña a pie, y otros que ocupan más lugar que se pueden transplantar para la Gobernación de Jaén siempre por agua hasta hallar con canoas, subiendo el Marañón, el Desembarcadero, en que encuentren caballerías para continuar su viaje, con tal que en el tránsito de 2 días que hay del puerto al lugar de Tomependa se tenga abierto el camino de herradura que en estos últimos tiempos se ha dejado cerrar y estaba abierto hasta el año de 1770, y fue el mismo que está dicho en la Descripción por donde se acercó al Marañón Mr. de la Condamine en 1743. Tampoco es este camino tan arriesgado como se suele figurar, porque aunque hay varios caudales, y despeños del agua, son accesibles en la estación del río bajo: aún estando como se hallan cerrados, de malezas las dos referidas jornadas, lo que obliga en el día a que las balsas con carga se desprendan del mismo pueblo de Tomependa en cuya inmediación están los más peligrosos pasos, y no se ha perdido en ellos hasta el día, después de 5 años que esta Expedición de mi mando se socorre por aquella vía ninguna carga, por un efecto de la destreza de los indios en el manejo, y uso de las balsas: viaje que por estos mismos saltos y raudales hizo ahora 2 años, mi mujer sólo con sus 5 pequeños hijos, y criados por venir a buscarme a estas montañas con el mayor heroismo, pudiendo en ella más su constancia, y animosidad, que el horror que justamente le imprimía tan larga y arriesgada peregrinación, principiada en la ciudad de Guayaquil, se me puede suplir esta doméstica noticia de que hace memoria mi justo reconocimiento, porque ella comprueba la facilidad de conducirse efectos de comercio por un camino que pudo ser transitado.
Satisfecha la duda que se puede poner sobre los grandes riesgos de este camino, es necesario resolver también la que pueden añadir de los muchos costos que tendrá por él la conducción de efectos. Para la solución de esta última bastará advertir que estos mismos gastos se compensan sobradamente por lo barato que se hallan en Maynas según su arancel, los frutos (de) los bosques, y porque ha de provenir al común de los indios, y demás tratantes más provecho de su venta en Jaén que en la frontera de Portugal. Es digna de monstrarse claramente esta aserción. En Maynas la arroba de cacao que aunque silvestre es de buena calidad, da un indio por 2 reales, o un cuchillo por otro 3 cuchillos de flete conduce a Jaén, donde se vende a 16 ó 20 reales con una ganancia más que duplicada: esta misma arroba de cacao vale en las misiones portuguesas en que ahora resido 6 reales y esto mismo tendrá su principal y costos hasta este paraje para aquel que intentase sin utilidad emprender la venta clandestina que sin duda sólo lo podrían ejecutar con la criminal intención de hacer en retorno contrabando de efecto de Europa: los mismos se deduciría de la negociación de zarza-parrilla, si se emprendieran su transporte porque cuando los portugueses la compran a 4 ó 5,000 reales la arroba esto es desde 5 hasta 7 pesos reportarían en el Gobierno de Jaén, y valles inmediatos del Perú, un lucro aún mayor que en el cacao, pues en la provincia de Guayaquil donde sacan alguna poca, y transportan a Lima, vale a real y medio, o 2 reales la libra, y a veces hasta 3, y en Maynas se aprecia cada canuto, de 6 a 7 libras 2 reales, por esto he estorbado con el mayor cuidado, no se extraiga de aquel distrito con repetidas órdenes este género para venderlo a los portugueses, a fin de que se animen a llevarla como el cacao a Jaén, en donde tendrían más segura, licita utilidad. Estando escribiendo esto he sabido se ha descubierto Quinaquilla, o Cascarilla en las alturas que forman el Pongo de Manseriche que son unos derrames de la alta cordillera de los Andes: un Teniente me ha mandado muestra, y le tengo prevenido haga que los indios lleven alguna de su cuenta a Jaén para hacer ensayo de su calidad, y si fuere buena los empeñe a este ramo comercio.
13. De las primeras remisiones y ventas de estos géneros se deben comprar pesos y medidas, y el número de herramientas para labranza que fuere necesario, y los utensilios de herrero, carpintero, calafate, y demás oficios que son indispensables en una población, los cuales deben conservarse en el almacén, para emplearlos únicamente en las obras de comunidad en que debe concurrir todo el pueblo, y lo demás se invertirá siempre en hachas, machetes, azulejos, agujas, cuchillos, tijeras, navajas, y ropas propias por su calidad y duración para las familias y cuando convengan todos o la mayor parte de los vecinos en hacer alguna donación a la iglesia se podrá apartar para invertirse en alhajas del Servicio Divino lo que determinasen; pero bien entendido que a esto les debe persuadir el Director con un celo discreto, después que estén vestidas, aunque pobremente con honestidad las mujeres, y se hayan socorrido los inválidos, viejos, y viudas, que muchas veces éstos sin toldo en que poder encerrarse para dormir experimentan todo el rigor de las plagas del país.
14. En cada población deberá haber uno, o más telares de lienzo según su tamaño y para la primera materia la fábrica se hará por el público anualmente una siembra de árboles de algodón cuya cosecha se repartirá con igualdad a las mujeres para que lo hilen, de donde pasará a los tejedores, y según el número de varas que resultase, se distribuirá con la más escrupulosa equidad. De esta suerte, y con lo que en cada familia se labre en particular de macanas tendrán todos suficientemente con que vestirse.
15. A los españoles que quieran voluntariamente para lograr cómodo establecimiento dedicarse a enseñar a los indios la construcción, y uso de los telares hilanderos, máquinas de desmotar el algodón, formar trapiches, beneficiar buen tabaco que pueda remitirse a la administración de Quito, hacer loza con torno, o cualesquiera otra industria, u oficio que sea a los mismos naturales útil, se le permita vecindad en el pueblo señalándoles terreno en propiedad sin que puedan adelantarlo en perjuicio de los indios, ni tener opción a ser elegidos por Justicia de sus Cabildos, y se les dará por el espacio de 10 años aquel número de muchachos que en calidad de aprendices sea conveniente cuyo trabajo ha de resultar en su utilidad, siendo responsables a dar cuenta a los Directores de su aplicación, quienes celarán con el mayor cuidado que no falten estos aprendices a las obligaciones de cristianos y que no los empleen sus maestros en otras ocupaciones que aquellas que son anejas al oficio a que están destinados. Estos serán los únicos vecinos blancos que se permitirá en las reducciones de los indios con tal que sean casados, o que se casen para establecerse y sean de buena conducta con estos requisitos se les dará casa hecha, y la sementera el primer año, procurándose con el mayor empeño se establezcan estos artesanos en los pueblos de la residencia del Gobernador y de sus Tenientes, y en los de la Misión alta, en donde por el mayor número de vecinos podrán sus naturales adelantarse en los oficios.
16. Las enfermedades epidémicas que destruyen las Misiones de Maynas provienen por lo regular de ingresar de los países vecinos, y tal cual vez de lo cerradas que están las habitaciones entre los bosques y malezas que las cercan, por esto debe cada año cuidar por el Gobernador, Tenientes, y Directores se formen alrededor de los pueblos grandes taladuras de las arboledas, sin interrumpir esta práctica por cualesquiera pretexto que se quiera alegar hasta tanto que se logre tener descubierta la población por todas partes el espacio de media legua, a fin de que se formen campiñas que críen pastos, sean más sanas las situaciones, y no estén tan llenas de mosquitos. Conforme se vaya desembarazando el terreno se animará los indios traigan para sí, o para el común del pueblo ganado vacuno conducido en balsas, como se ha traído otras veces de la provincia de Jaén, haciéndoles conocer, y persuadir las utilidades que les traerán estos animales, permitiendo también a los Directores, y demás blancos que puedan estar avecindados tengan esta u otra especie de ganado en particular; pero con prohibición que debe observarse con el mayor rigor, de que no pueda ninguno matar para su uso las hembras, hasta tanto que se logre la multiplicación, y el número necesario que pueda el terreno mantener según la bondad de los pastos, en las campiñas artificiales; del mismo modo se ha de obligar a que en cada familia de indios haya siempre, y conserven a lo menos 6 gallinas, y un gallo, y demás aves domésticas que en el país se crían lo que mensualmente deben hacer constar al Director, y éste también procurará se aumente el ganado de cerda todo a fin de desterrar el perjudicial abuso que conservan los indios desde su gentilidad de desamparar la población en busca de carnes por los bosques, con grande trabajo, y dispendio de tiempo pudiendo conseguirlas sin salir de ellas.
17. Es también muy conveniente el que con la mayor suavidad se vaya obligando a que cada familia viva en casa separada y no muchas juntas como sucede debajo de un pequeño techo que sean espaciosas para que estén con más desahogo, y embarradas sus paredes, en lugar de las cañas con que las cercan, y las hacen enfermizas, que tengan cuartos dormitorios para la decencia, y buena educación de los hijos en lugar de la mala costumbre de estar, y dormir todos en una sola pieza, que guarden grandes intervalos de unas a otras casas para precaver los incendios, que se les vaya haciendo olvidar las pinturas del rostro, el quitarse las cejas, y pestañas horadarse las orejas, ternilla de la nariz, labio inferior, y otros usos que algunos indios conservan de sus antepasados sin traerles más conveniencia que la de desfigurarlos, y que se prohiba a las mujeres a lo menos fuera de sus casas el uso de la pampanilla, y coton obligandoles a que se vistan con más honestidad, y que adapten el traje de saya, o pollera con camisa, que pueden muy bien hacer con las grandes mantas con que se envuelven para ir a la iglesia desterrando así la desnudez que es en ellas efecto de rusticidad, y preocupaciones hacia su peculiares modas; y que a los indios se les inspire un deseo moderado de tener vestidos decentes, y decorosos particularmente a los Justicias para que se hagan de este modo más distinguidos y respetuosos entre sus nacionales, y para que los mismos Justicias puedan adquirir con qué hacer estos vestidos se les permitirá vayan ellos propios a procurar para sí los efectos comerciales de los bosques con tal que siempre queden la mitad en el pueblo llevando 6 indios que les ayuden en este trabajo.
18. Como una de las verdades máximas del comercio es la que en todo negocio crece la utilidad, al paso que se disminuyen los gastos, y se facilita la consecución de los géneros, estando estos en Maynas por los bosques, no pueden los indios recojer bastantes, por falta de alguna especie de pan que los alimente fuera de sus poblaciones y sin gran costo por no tener de cómodas canoas para sus peregrinaciones hacen unas mazas que llevan en grandes tinajas que ocupan mucho volumen donde se fermenta, y las que disuelven en un poco de agua para mantenerse. Para lograr en la Expedición de que estoy encargado socorro de víveres que pudiesen llegar desde la Gobernación de Maynas a estos territorios de la Corona de Portugal en que resido y que fuesen estos de alguna duración tengo mandado, y ya se ha dado principio en algunas poblaciones se hagan sementeras de Yuca brava que llaman los Portugueses “Mandioca” cuya semilla tengo hecho trasladar, y que se beneficien aquellas raíces en harina tostada que los portugueses llaman también “fariña de pao“, o en cazaves conforme se hace en otras partes de nuestra América después de extraído el zumo venenoso que tiene este fruto cuando está crudo. Bajo de este supuesto es necesario que en cada población se haga todos los años una chacra de esta especie con los precisos rallos esprimidores, y hornos para su beneficio cuyo producto deberá almacenarse y servir para que los indios que salen a los viajes del comercio puedan llevar alimento sobrado para hacer sus cosechas más copiosas. Esta yuca tiene muchas ventajas sobre las demás raíces del país. No es tan suceptible de que la devoren los animales, no es tan codiciable para que los indios la roben, y hagan con ellas chichas, como hacen con todas las demás, y su harina, y pan de cazabe es de mucha permanencia; con estas mismas harinas tendrían los Destacamentos, y Correos con qué socorrerse, y es muy útil su cultivo para las urgencias del Real Servicio.
19. Del mismo modo no son a propósito para el mismo objeto las canoas de un sólo palo al modo de los infieles en forma de artesas llamadas por los portugueses “ubas” que usan en la Misión, son muy costosas por la mucha gente que se ocupa en ellas de bogas, la poca diligencia que hacen, lo expuestas que son a las barracas, y escasa carga que permiten no teniendo la mayor una cuarta de bordo, y por consiguiente inútiles para este proyecto de comercio; también para el servicio de esta Expedición he enseñado a los indios y se han hecho ya muchas embarcaciones de carena de diferentes tamaños, y especies, sirviendo de quilla a fundamento un grueso palo abierto a fuego al que se le da la vuelta proporcionada para formar los costados, y lanzamiento para la popa, y proa, después se le ponen las cabernas, roda y falcas conforme el puntal que le corresponde, y el codaste durmientes y bancos con lo cual se logran estas embarcaciones con cubierta o sin ella según se desea, capaces de que poca gente las maneje, y llevar mucha carga: De suerte que 4 ubas de a 20 bogas cada una no podrían llevar el cargamento de uno de estos botes que demanda sólo 12 remeros, y éste hará cualquiera diligencia en la mitad del tiempo que aquellas teniendo mucha más resistencia para cualquiera turboneda. Por esto es indispensable se continúe en la Misión, la fábrica, y uso de esta nueva especie de embarcaciones, haciendo que en cada pueblo haya siempre un bote debajo de su ramada sin permitir olviden los indios la instrucción que han aprendido en esta Expedición, con las cuales facilitarán sus comercios, y navegaciones y podrá ser en adelante más útil aquella provincia para las demás Comisiones del Estado, sin que se encuentren los obstáculos que se opusieron al que actualmente ejerzo, por la inutilidad de las canoitas de los indios, y no conocer especie alguna de pan como va dicho. Pero se debe entender que dichos botes sólo servirán para el tráfico dentro de la provincia, pues a Jaén, Napo, Cantos, y demás cabeceras de los ríos es imposible entrarlos, ya por falta de agua en que naden, y ya por lo raudales que en ellas se encuentran los que no podrán vencer.
20. Establecida en las Misiones la fábrica de las referidas embarcaciones, y de la harina de Mandioca serán más fáciles las correrías para la exiración de indios infieles, las que deben practicarse cada año antecediendo la formación de rozas, y casas para darles habitación, y alimento. Los pueblos del bajo Marañón son tan reducidos que de no colocar breve en ellos más gente, en poco tiempo se verán aniquilados. Lo mismo sucede en el río Napo en donde es ya preciso establecer 2 o 3 pueblos para facilitar su tránsito. Las transmigraciones de los infieles no son muy arriesgadas, ni dificultosas, por grande cantidad que hay de ellos en cualquiera quebrada que desemboca en el Marañón, en el Pastaza, Napo, y otros ríos de mucho caudal, pero donde se hallan en más abundancia es en el río Ucayale que nace en el Obispado del Cuzco. Por todo su dilatado curso están las naciones de Panos, Cunibos, Chepeos, y Piros, todas guerreras, y bellicosas que han empezado ya a navegar por el Marañón robando los pueblos Cristianos, y debe recelarse que por la codicia de las herramientas hagan algunas incursiones, y destruyan las poblaciones de Omaguas, San Regis, y Napeanos que son las más inmediatas a la boca de aquel Río. Por esta razón debe fundarse en ella un establecimiento para contener de pronto aquellas naciones, y después procurar reducirlas a nuestra Santa Religión. El año de 1781, hallándome en el pueblo de Omaguas 6 canoas de Chepeos llegaron al puerto, y viendo pocos blancos porque toda la gente de la expedición estaba fuera, nos atacaron con sus Macanas, y flechas, a cuya novedad acudieron los soldados que estaban enfermos en el Hospital con fusiles con lo que me iban subministrando conforme los cargaban con lo que les hice un fuego vivo, y obligué a la retirada con pérdida de una canoa, y algunos indios que murieron con las heridas.
21. A estas correrías deberá acompañar a los indios Cristianos prácticos en ellas el Teniente partidario de aquel terreno auxiliado de los soldados que el Gobernador de la provincia destine, y demás blancos que se pudiesen nombrar exceptuando siempre de este servicio a los Directores de los pueblos, llevando aquellos efectos con que puedan animar a los gentiles a que se reduzcan a poblado, sin usar de violencias a menos que por sus insidiosas acciones se hagan justamente acreedores el rigor de que se extraigan por fuerza. En este último caso deberán repartirse los infieles por los diferentes pueblos de la provincia, conservándolos así separados para hacer su fuga más dificultosa, y evitar las traiciones que podrían cometer estando todos juntos. Al contrario cuando se trasladen los mismos infieles voluntariamente se deberán situar en cuerpo de nación para no privarles de la comodidad, y consolación que les puede resultar de vivir en sociedad, pero de cualquiera suerte que se establezcan no se les ha de obligar al servicio el tiempo de 3 años.
22. Los pueblos de aquel partido de donde saliese la Expedición deben concurrir con sus embarcaciones, víveres, e indios armados que fueren necesarios, y los efectos para regalar a los infieles, y vestirlos después en el poblado, se extrairán de aquellos que de cuenta del Rey deben con este objeto estar almacenados en la residencia del Gobernador de la provincia, hasta tanto que establecido el comercio activo y directo de las Misiones que está proyectado en los Artículos 11 y 12, se vaya reservando en cada pueblo en su particular almacén, parte de aquellas ganancias para continuar después las correrías, por las ventajas que resultan a cada población, de ser en ellas menos gravosas las faenas públicas, conforme fuere mayor el vecindario.
23. Cuando este mismo comercio, y mejor gobierno de las Misiones este bien establecido, se podrá obligar a los indios Cristianos viejos al pago de los Diezmos, para invertir sus frutos en beneficio del Estado, según lo dispuesto por las Leyes de Indias, y subvenir de algún modo al establecimiento de los propios Tenientes y soldados de la Misión, exceptuando de esta paga a los indios nuevos que hubiesen extraído de los montes, hasta que éstos tengan 10 años de población para que así puedan mejor hacer su establecimiento, y esta propia gracia se debe conceder a los españoles que con oficio útil se avecinden en Maynas.
24. Luego se ha de suprimir en la Misión todo trabajo personal de los indios, libertándolos de la pensión de Mitayos, y del abuso introducido de emplear el número que quieren, y sin salario alguno, Gobernador, Vicario, y Misioneros en cuanto les parece. Debe solamente tener el Gobernador de la provincia, dos indios Justicias, y dos muchachos para su servicio, otras 4 personas el Vicario, 2 cada uno de los Misioneros con destinos uno de sacristán, y otro sirviente, y una viuda para cocinera, un sólo indio, y una viuda los Tenientes partidarios, y 2 Indios los Directores, y cualesquiera otras personas que se empleé, ya sea por alguno de estos, o por los vecinos blancos las deben todos pagar a razón de 12 reales al mes, y mandándolos fuera de la población además de esto les han de dar la ración de harina de Yuca por el tiempo que hubiesen de estar separados de sus casas, pero para que así los Misioneros, como los moradores españoles no carezcan del alivio que les fuere preciso a los primeros, y de los medios de fomentarse, y adelantar los segundos, será del cuidado de los Directores señalar de aquellos indios más holgazanes, e inútiles para el público, los que cada uno de estos pudiere, haciendo que reciban con su intervención la paga de dinero, o si fuere en efecto según el arancel establecido en la Provincia.
25. Se ha de prohibir igualmente al Gobernador, Vicario, Misionero, y Tenientes toda especie de comercio por sí, y por interpósita persona, y los repartimientos de géneros, para que no se distraigan de sus empleos, y ocupaciones que deben ser todas en utilidad de ambas Majestades, de la provincia, y de sus naturales. Los vecinos blancos podrán tratar y comerciar en particular atendiendo en cualesquiera gracia que se les pueda hacer a aquellos que más sobresalgan por su industria, actividad y luces en beneficio de los frutos, y efectos del país, y a los Directores únicamente para que sirvan con legalidad sus encargos, y animarlos al adelantamiento de sus pueblos e indios que dirijen, se les dará una sexta parte del producto que resultase del común comercio de la población, sin permitirles ninguna otra grangería en particular, directa, ni indirectamente, por justa, y razonable que parezca.
26. Para que los misioneros puedan subsistir sin gravamen de los indios de su doctrina, deberá entregárseles los 200 pesos que gozan de estipendio, sin la obligación en que están de subministrarlos en efectos a los mismos indios en pago de que éstos los mantienen enteramente, pues sin cumplir los más de ellos con esta deuda, vienen a expensas de sus feligreses, empleando el estipendio en comercio, y negociaciones que les son tan prohibidas por su estado, de esta suerte, habrán de satisfacer a los indios que quieran emplear de Mitayos, o se dedicaran desterrando la desidia a formarse un establecimiento cómodo para mantenerse con la aves, y otros animales que puedan criar en sus casas con las primicias, ofrendas, y rozas de la comunidad, pero aun cuando no quisiesen tomarse el menor cuidado para su propia economía pueden tener muy barato de los mismos indios cuanto les sea necesario, pagando por el arancel de la provincia lo que compren, un huevo está apreciado en una aguja, pollo en una sarta de avalorios, una gallina en 2, lo demás con la misma proporción, y siendo estos alimentos mucho más sanos y delicados, que los loros, paugies, guacamayos, tucanes, monos, ardillas, y otros animales del monte, de carne muy dura, se vé que no es otro el motivo porque se conserva en esta práctica sino por vivir con más indolencia, y tener más indios a su arbitrio, y disposición, sin embargo de que se hacen servir de toda la población con el mayor despotismo. En algunos grandes pueblos en que la cacería es muy escasa, para conseguir pequeños ocupan un número considerable de indios, pudiendo lograr mejores alimentos en el corral de su casa, sin emplear más que una sola persona, será muy aproposito para el conocimiento de Su Majestad hacer patente con la mayor claridad este desorden. En el pueblo de Xeveros tiene el misionero en su servicio todos los días 32 Mitayos, y semaneros 18 Fiscales, 9 Sacristanes, 4 Alcaldes, 2 Regidores, 2 Alguaciles, 2 Pongos, 3 Cocineros en todas 62 personas ociosas que pudieran ocuparse últimente en beneficio de la población: esto mismo sucede en todas las demás reducciones, pues aunque no es tan crecido el número de estos inútiles sirvientes, siempre son muchos respecto al vecindario, y a la facilidad que tiene el cura de subsistir sin que los indios padezcan esta opresión.
27. Se debe a los misioneros, con el establecimiento de Tenientes Partidarios y Directores, quitarles todo el gobierno temporal que ejercen todavía en los pueblos sin que puedan tener en su casa cepo, ni otras prisiones, como asimismo a la puerta de la iglesia puedan castigar con azotes; son muy sabias y católicas las Sinodales del Obispado, y Concilios Limenses que permiten cierto número, con justa y santa providencia para enmienda de los fieles lo que tienen siempre muy presente los curas, y particularmente las Sess. 11 del Lib. 1.o trat. 4.o de la Instrucción de Párrocos del Señor Montenegro, Obispo de Quito, pero ejercen la Jurisdicción de imponer esta pena con el mayor rigor e imprudencia, no haciendo reflexión muchos al estado de catecumenos, y neófilos, o a la poca malicia con que hacen sus delitos, y otros vengan con crueldad en la entrada del Santuario sus enconos particulares, o la más leve falta de respeto hacia sus personas. No es poca prueba de este relato la que dio este año pasado el cura del pueblo de Omaguas, haciendo perder la vida a la crueldad de azotes, y el cepo de cabeza, a una muchacha doncella, por la inhumanidad, y mandato de su mismo Pastor. Advirtiendo el Misionero al Director, o Gobernador los que no asisten a la Iglesia, por estos se hará que en su presencia sus propios justicias nacionales los castiguen conforme se ha expresado en el Artículo 9.o.
28. No se abonará a los Misioneros su estipendio sin que para cada despacho anticipen a la Tesorería de Quito certificación del Gobernador, o Tenientes Partidores que haga constar la residencia continuada que han tenido en los pueblos; para separarse, o salir de ellos, no podrán nombrar los indios que los han de conducir, pedirán precisamente el número que necesiten al Director, y la elección dependerá de éste, haciendo siempre vaya un justicia para que se transporte con más decoro, y seguridad; esto deberán concederles cuando quieran buscar el sacramento de la Penitencia en los pueblos inmediatos; pero para su salida a Quito, o traslación a otra población, deben hacer constar para su avío a los Tenientes el permiso, u orden del Vicario General sin este requisito deberán los mismos Tenientes, y de los Directores de los Pueblos por donde transiten, quitarles la canoa, y bogas, dando cuenta al mismo Vicario para que lo haga recoger, sólo así tal vez se evitarán las frecuentes deserciones que cometen. En los 5 años que sirvo este Gobierno 3 sucesivos Misioneros de Andoas se han huido por el río Pastaza, tal vez pretendiendo aquel destino con la premeditada intención de facilitar su fuga, por no haber en dicho río ningún Teniente, ni persona blanca. Cuando entré en las Misiones no encontré en todo el río Napo algún sacerdote, y uno de ellos que tenia aquel destino, lo hallé en el Gobierno de Quijos en donde estaba había ya 2 años, sin que hubiese dado un paso adelante hacia su doctrina.
29. Aunque los eclesiásticos que de en adelante se nombren para las Misiones, sean educados, e industriados en el Seminario, o Colegio que se elija para este intento en Quito como se ha dicho en la Descripción, conviene que los Vicarios Generales tengan la virtud, juicio, y ciencia que requiere este encargo, y que no sean de poca edad, y tan jóvenes como han sido los últimos que ha tenido la provincia contemporáneos de los mismos clérigos; y a fin de que con mayor providad entereza, y justicia pueda hacer las visitas, estorbar los daños espirituales y contener a los clérigos que no cumplan perfectamente con su obligación, debería elegirse entre los prebendados del Cabildo de Quito u otro Sacerdote que ocupase un buen beneficio en el distrito de la Diócesis por el espacio de 3 años, sirviéndole este viaje, y comisión de particular mérito para sus adelantamientos, como debería servir también por sus informes el empleo de misionero a aquellos que hubiesen desempeñado este Ministerio, teniéndolos presentes a su salida en las oposiciones de curatos, con preferencia a los que no han estado en Misiones y con atención a no tener congrua sustentación con que mantenerse, para que el incentivo del premio moviese a los demás a dedicarse con empeño, y celo, en este apostólico ejercicio.
30. A pesar de cuanto quieren exponer algunos sobre la dificultad que les parece encuentran en que los indios aprendan la lengua española se debe poner el mayor cuidado y esmero, así por los Misioneros, como por las Justicias en que se haga vulgar, y común en todos los pueblos, prohibiendo a todos los soldados, y demás personas blancas les hablen en Inca; ni es tan general este último idioma para que se procure adelantarlo a excepción de algunos pueblos de la Misión alta, en todos los demás sólo una sexta, o séptima parte de los habitadores la entienden, y así como se practica instruir a todos en dicho idioma Inca, se debe substituir esta enseñanza en el español, eligiendo aquellos indios que ya lo saben para mandones si se hallan con los demás requisitos necesarios, y haciendo algunas distinciones a los que más se adelanten en su inteligencia. Desde luego se empeñaría a los Gobernadores, y demás Justicias a que la aprendan pues consiguiendo esto, y mandando cada uno a los de su nación con voces españoles se hará en poco tiempo familiar, y mucho más cuando hubiese en los pueblos personas blancas establecidas, para poder elegir entre ellas, la demás juicio y conducta que tenga escuela pública de idioma, gratificándole del comercio de comunidad con proporción al aprovechamiento de sus discípulos. Raro es el indio particularmente los muchos que a los dos años se servía algún blanco ignorante de la lengua Inca, no haya aprendido el español, de lo que tengo bastante experiencia.
31. Siendo el dinero el alma del comercio, con que se facilita éste según aquel circula, se establecerá entre los indios el uso de la moneda, enseñandoles su intrínseco valor, y procurando los Directores instruirlos en este conocimiento, interviniendo siempre / como una especie de Tutores en su contratos hasta tanto que ellos por sí puedan manejarse en esta parte, haciéndoles comprender podrán con él adquirir lo que necesiten.
32. En cada población deberá haber casa de Cabildo capaz, como también carcel segura en las moradas del Gobernador de las Provincias, de los Tenientes, y de los Directores, pero la llave de estas últimas, y demás prisiones, estará al cuidado de los indios Gobernadores, como que en ellos ha de permanecer la Jurisdicción Real de los pueblos en que no residiese el Gobernador por Su Majestad o sus Tenientes Partidarios.
33. Por estos, por los mismos Directores, y por los Misioneros se ha de procurar con la mayor prudencia se destierre de la provincia el vicio de la embriaguez, persuadiendo a las justicias a que celen, y den buen ejemplo en tan abominable, y pernicioso delito, valiéndose de los medios de suavidad y blandura, particularmente en los principios, porque no degenere la reforma en desesperación, y se retiren a los montes, al mismo tiempo que se observara con los blancos que incurriesen en esta culpa el mayor rigor para que no autoricen por la mejor calidad de sus personas este vicio, el mismo se observará cuando estos o los indios vivan escandalosamente sin honestidad, pues además de las ofensas que se cometen por la libertad, con que viven unos y otros, y es de la obligación de los Justicias, castigarlas, y precaverlas; estos desórdenes causan la desolución de los pueblos, por lo opuesto que son a la populación, y aumento de su vecindario. Muchos son los matrimonios en que se ve fruto alguno de ellos y la juventud en todas las poblaciones no es proporcionada al número de las familias, por esto se debe procurar el que antes que se entreguen los adultos de ambos sexos, al libertinaje se casen, y vivan cristianamente como utilidad propia, y del estado.
34. Últimamente por el Gobernador de la provincia, Tenientes, Directores, y Misioneros se debe observar inviolablemente en hablar a los indios Gobernadores, y demás Justicias con atención dándoles buen tratamiento y asiento en sus casas, así a ellos como a su mujeres, tratándolos con la distinción que es debida a sus empleos, para que de esta suerte sean ellos mismos más respetados en cada pueblo por los de su nación y se logre que sirvan con la debida honrosidad pues así secundarán gustosos todas las providencias que se dicten, para su mayor utilidad, mejor gobierno de esta provincia, y aumento del erario, pues al cabo de algunos años del establecimiento de este nuevo régimen, u proyecto sin duda se podrá empezar a extraer los Derechos Reales que servirán para el pago de la guarnición, y demás empleados cuya satisfacción toda sale en el día de la Caja Real, sin que estas Misiones produzcan nada al Rey que reintegre los gastos que en ellas se invierten.
Esto es todo lo que según el conocimiento que tengo de las Misiones, conviene se practique en ellas, atendiendo a su situación encajonada por los desiertos que las cercan por la parte de los terrenos poblados por España, y por los dominios de la Corona de Portugal. Mucho más útiles serían a la verdad las referidas Misiones, si tuvieran por el Marañón comunicación con la Mar del Norte, pero como en los principios de la conquista de la América no se pudo conocer desde luego los puertos que serían para lo sucesivo ventajosos, e importantes para cubrir, los portugueses se situaron después en la boca del propio Marañón, o Amazonas, con que nos tienen privados de este giro y viaje. En el día si se pretendiera que los portugueses por otro nuevo tratado dieran paso franco a nuestro comercio por esta vía, era necesario que se desprendiesen de toda la costa Septentrional del Marañón hasta su salida al Mar de la Plaza de Macapa que está en la boca, y villas que corren hacia el cabo del Norte y de toda la Capitanía de Río Negro, y no hay duda que solicitarían en cambio otras cesiones, y por otros parajes que les recompensase sobradamente bien este desmembramento de sus Estados, quedándose siempre con la mayor utilidad del comercio del Río Marañón que nunca podría España estorbarlo.
Lo primero por falta de seguro puerto en la boca hacia la banda de Norte que asegurase nuestros navios y escuadras en cuya costa brava se experimenta la impetuosidad de las mareas en el raro fenómeno de las Pororocas, de suerte que aunque los portugueses erigieron pocos años hace la ya nominada Plaza de Macapa, no fue por tener buen puerto, si no porque sirviese su fortaleza, y otros pueblos de blancos fundados en aquella costa de barrera a las colonias francesas de Cayona, al mismo tiempo que guardasen la verdadera boca del Marañón, debiéndose advertir que sus navíos los dirijen siempre a la Ciudad del Pará situada a la parte Meridional, y en donde van pocas aguas del Río Amazonas por un pequeño caño, por estar la grande Isla de Marayo de intermedia.
Lo segundo por que teniendo los portugueses mejor puerto que los españoles, y contiguas al Pará sus demás posesiones del Brasil que sigue por aquella parte del Sur, estarían siempre en estado de perjudicar con sus violencias al comercio de España, y ejecutar un contrabando tanto más difícil de estobar cuanto sería entonces dilatada por un espacio de cerca de 600 leguas, la común navegación del Río Marañón para las dos Coronas, en la que cada día se ofrecerían desaveniencias y motivos de querellas, además que antes de hacer la entrega de toda la Ribera Septentrional del citado río, trasladarían con mala fe, las poblaciones a la margen opuesta, y extraerían por fuerza todos los habitantes del Río Negro, por más que se estipulase lo contrario que se hiciese, como durante estas presentes demarcaciones lo han hecho, sin que llegue el caso de verificarlas, para lo cual hasta ahora las tienen diferidas, de conformidad, que con las mismas aunque injustas operaciones con que aumentarían sus pueblos para poder impunemente cometer por este dilatado Río sus excesos, harían más dificultoso el que España en muchos años lograse un sólido establecimiento que le fuera útil, y pudiera contenerlos. Tefe, alias Ega. Portuguesa del Río Marañón 20 de Febrero de 1785.
“Método que deben observar los Misioneros de Maynas, sobre algunos puntos interesantes de sus feligreses”.
Como estoy persuadido a que ni en los antiguos tiempos nadie llego a tener tanto conocimiento de estos neófitos, y de todas las naciones, su carácter, e índole, como yo, por continuo tráfico de cerca de 11 años que con ellos tengo juego, hacerles un gran servicio, patentizado lo siguiente. Bien puede tal cual Misionero por estar dotado de alguna penetración, o por los muchos años que habite en su reducción comprender el temperamento de las naciones que doctrina, pero por lo mismo sólo tendrá conocimiento de ellas, y no de otras con quienes no se roza.
Enfermando gravemente un adulto llaman al Misionero a que lo confiese, Marcha él, confiesase el paciente, pero aunque llegue a exalar el espíritu dentro de él, posteriormente a la confesión, 2, 3, ó 4 semanas, no se vuelve a confesar, no cuidando los parientes de austerarla, ni el Misionero. Es imposible que en este intervalo aún dado caso que el doliente se confesase bien, no vuelva a pecar mortalmente. Son muchas las ocasiones. Dentro de la misma casa habitan diferentes familias las que por varios caminos le suministran materias a que peque, pues son muy dados a la incontinencia y embriaguez, sucediendo tal vez que sus cómplices le asistan en la enfermedad. De aquí se infiere claramente que muriendo en pecado se pierde miserablemente esa alma. El remedio para atajar tanto mal es el que se sigue.
Desde que vean los Misioneros que el enfermo se halla en peligro, deben continuar sus visitas, o poner un fiscal de centinela para cuando se halle cercano, si lo permite el accidente, y no se priva a dar el último suspiro, después de componer escribiendo alguna exortación, infundirles atrición no la formidolosa, pintando lo mejor que pueda las penas del Infierno, y la Eternidad, mirando siempre a Dios por ser quién es. Logrado ver al moribundo con atricción confesarlo, después de lo cual no separarse de su lado hasta que expire, modo único yo lo afirmo de salvar estas gentes. Ellas no tienen una idea cabal de Dios, y me parece imposible tengan contricción, siendo esta tan difícil para otros que tienen conocimiento de la Deidad, no perteneciendo ahora la cuestión que por lo mismo de ser obra sobrenatural la merezcan aquellos, pues me parece no debían disfrutarla, cuando no ponen medios para adquirirla; por lo que sin procurar la tengan, deben poner el mayor empeño en infundirles atricción, para que mediante ella, y la absolución a tiempo, como llevo dicho, se logre la sangre purísima del Redentor. A mi ver es imposible que estas gentes afirmen o lleguen a entender el sigilo sacramental, y por consiguiente callan algunos pecados o por vergüenza, o por que temen ser castigados por los Misioneros se confiesan. De esto hay varios ejemplares, que yo he tocado, aún entre los indios, e indias que se precian de más civilizados. El remedio era, que llegando el tiempo de cumplir con el precepto los Misioneros que tienen las Reclusiones más cercanas dejan de administrar este Sacramento en la suya, y lo ejecute en otra debiendo el de ésta hacer lo mismo en aquella. Con este advitrio tal vez hicieran las confesiones válidas: ni se me diga que el propio Párroco como más instruido en los defectos de sus feligreses los confesará mejor, pues siendo los dominantes en estas gentes la lascivia, y embriaguez también lo harán en una, como en otra Reclusión. Que algunos de los habitantes en estos países cumplan con el precepto anual voluntario también es imposible. Es cuestión que en esta Capital se ventiló en la Cuaresma que para decir confesándose ellos forzados, como lo hacían, eran dignos de la absolución, o si se les debía forzar a ello. Yo sin embargo, de no ser facultativo di mi dictamen afirmando a la 2.o parte; pues para ello había la Iglesia fijado penas; pero que sin embargo de que experimenten vienen los Penitentes sin disposición no los despidan airados como suelen, antes si con paciencia procuran decirles tales cosas que los reduzcan, y engendrándoles atricción los absuelvan; modo con el que se logra, que aunque se lleguen a sus pies sin intención de cumplir con el precepto, lo cumplan, a cuyo dictamen asistieron, y en particular el Misionero de Barranca Dr. Riofrío, es lo que se debe hacer con la primera parte. Debían poner todo empeño en enseñarles el idioma castellano, y el rezo en él; modo con el que comprenderían lo que saben de memoria como el loro. Como en la lengua Inca pura, que es la que allí se habla, y mucho menos en sus bárbaras no hay aquellas voces para explicarles, las que como no entienden tampoco comprenden lo que les explican. Dicen y muy mal, que cuando el Misionero sabe el idioma bárbaro de sus feligreses son estos felices en lo espíritual. Yo entiendo casi todos los que hay en estas Reclusiones, y sé algunos con perfección pero nadie por elecuente que fuera en ellos me podría explicar los Misterios de la Trinidad, Encarnación, Redención, etc. Son muy escasos de voces. Con una misma voz según el acento que se le da, o se exetura de diferente modo significa diversas cosas. Debíase precisamente enseñarseles el castellano, y el rezo, como llevo dicho; pero con el método siguiente. Enseñarles un día sólo el Padre Nuestro, explicarles repetidas veces lo que se dice, y pide en esta Oración. El siguiente de Doctrina tomarles lección, y si aún todavía no lo comprenden proseguir en la explicación hasta lograr instruirlos, instándolos seguir con las demás oraciones, con el mismo método, y de ningún modo todo el rezo junto, sino es cuando lo hayan comprendido enteramente. Nada de esto se hace en el día en esta provincia. Los días señalados de Doctrina se plantan los fiscales y de carretilla relatan todo el rezo, el que sigue el concurso, y se marchan tan ignorantes como entraron a la Iglesia; bien que tal cual Misionero asiste al rezo, o enseña con su boca; pero como no hay la explicación que solicito, ni aún en la lengua Inca, es lo mismo que si no hubiera tal Doctrina. Hay un pucrito grande en esta provincia en / que no se civilicen los naturales con la disculpa que mientras más expertos se hacen más pícaros. Está bien, háganse más picaros enhorabuena, pero puestos en el artículo de la muerte afirmo que más se salvaran de los llamado pícaros, que los embrutecidos pecadores; y es la razón, que aquellos como han botado las cataratas del entendimiento conocen que han ofendido, y piden perdón de la ofensa; cuando éstos delinquen, saben que han delinquido, pero sus cerradas molleras no se arrepienten. He hecho muchas experiencias, que cuando se hallan en la Iglesia, y asisten al Santo Sacrificio los llamados pícaros están con devoción, hallándose los otros tan indiferentes, y sin reverencia alguna que causa grandísima impaciencia. Ni en Ayavitas que al tiempo de alzar la Sagrada Eucarista una india cuyo hijuelo lloraba, para hacerlo callar, mostrándole con el dedo hacia la hostia le decía Coco, Coco repetidas veces. Esta era de aquellas indias tenidas por buenas por justa, al paso que otra llamada mala por civilizada que se hallaba contigua la reprendió por acción semejante. La conclusión es se debe propender a que estas gentes tengan alguna cultura, la que se conseguirá enseñándoles el castellano, y que a los indios civilizados llamados antonomásticamente pícaros no los consigan sólo por el delito de ser más racionales sin otro objeto que el de hacerse los blancos, y Misioneros Deidades en este país, y no recibir tanto / incienso de éstos como de aquellos. Las indias solteras, viudas o casadas, cuyos maridos se hallan ausentes, cuando se sienten puestas encinta, es ya costumbre y moda entre ellas el abortar, de modo que rara de éstas saca a luz el fruto de su pecado, despidiendo el feto con mucha facilidad con cierta porción eficacísima. Debían los Misioneros pesquisar con mucho sigilo a las de esta clase que se hallan embarazadas, y llamándolas a su casa exortarlas, y obligarlas a que paran, advirtiéndolas que precisamente deben manifestarle el Infante.
25 de febrero de 1785
Fuente: Relaciones histórico-geográficas de la Audiencia de Quito (siglo XVI-XIX). Estudio introductorio y transcripción por Pilar Ponce Leiva. MARKA, Instituto de Historia y Antropología Andina/Ediciones Abya Yala, Quito, 1994, tomo II (s. XVII-XIX), pp. 658-700.

Banda criminal

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Concuñada de Pedro Castillo fue beneficiada y contratada en el MTC

La gran familia. Flor Gómez Olano, docente de profesión, fue designada directora de la Oficina de Talento Humano por el exministro Juan Silva. Antes, registró dos contratos con el ministerio por S/17,000 y S/25,000 por hacer seguimiento de expedientes.

Por ALVARO REYES QUINTEROS– Diario Perú21.
La lobista Karelim López dejó en claro ayer que el Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC) era manejado a placer por el presidente Pedro Castillo para sacar provecho de las millonarias obras y de las designaciones. A las pruebas, que ha presentado la empresaria, una evidencia más se suma para corroborar su versión.
Perú21 constató que un familiar de Castillo ha sido favorecido durante el gobierno desde el MTC. Su nombre es Flor Gómez Olano, actual directora de la Oficina de Talento Humano de ese ministerio y concuñada del mandatario.
Flor es hermana de Luzmila, la esposa de José Castillo Terrones, quien es hermano mayor del mandatario. Y al igual que sus nueve hermanos, la suertuda funcionaria nació en Cutervo, Cajamarca.
Además, es tía de Gian Marco Castillo Gómez, el prófugo sobrino presidencial que fue sindicado por López de operar en la repartición de obras desde el MTC a pedido de su tío.
El 4 de febrero último, Silva designó a Gómez Olano en el puesto de directora a pesar de que no tendría el perfil académico. Gómez es una profesora de 34 años de edad, especializada en enseñar historia para el nivel secundaria, de acuerdo a los registros de la Sunedu.
Es decir, la funcionaria es docente como el jefe de Estado y como Silva, quien tampoco tenía experiencia para ocupar un cargo tan especializado como el de ministro de Transportes.
Por este puesto, Flor Gómez percibe un sueldo de S/15,600, similar al que percibe el mandatario. Al ver las responsabilidades que tiene, se entiende la razón de su nombramiento.
La Oficina de Talento Humano está encargada de gestionar la selección del personal que ingresará a trabajar al MTC. También evalúa el desempeño de los trabajadores y fomenta su capacitación.
En otras palabras, esa área es el primer filtro para la designación de personal. Así como Gómez, otras personas cercanas al gobierno pudieron alcanzar un sitio en el ministerio que es clave para Castillo.
Ganó contratos
Pero antes de ocupar ese cómodo puesto en el MTC, Flor Gómez ya había contratado en dos ocasiones con el sector por altas sumas de dinero.
Según el portal del OSCE, Gómez suscribió una orden de servicio por S/25,500 para realizar “seguimiento y control de las acciones que se desarrollan en el trámite de expedientes”, a partir del 5 de octubre de 2021. Y registró otro contrato por similares actividades en enero de este año, a cambio de S/17,000 en ingresos. En un mes ganó más que el salario del presidente y el de un congresista.
Aunque no queda claro en qué consistieron esas funciones, fuentes del MTC indicaron a este diario que Flor Gómez, antes de su designación en la Oficina de Talento Humano, era conocida como asistente del despacho del entonces ministro Juan Silva.
Ella coordinaba reuniones para el despacho del ministro, varias personas la vimos, parte de sus funciones era manejar la agenda del ministro”, indicó una fuente que vio de cerca las labores que cumplió la familiar del presidente.
Este diario buscó los descargos de Gómez Olano. Sin embargo, no contestó las llamadas telefónicas ni los mensajes que se le escribieron por WhatsApp. Tampoco hubo respuesta desde el área de prensa del MTC, que quedó en tramitar la comunicación con la concuñada de Castillo.
Los movimientos de otro Gómez Olano también llamaron la atención. Julio César Gómez, hermano de Flor, asistió cuatro veces a Palacio de Gobierno, y según el registro de visitas se reunió dos veces con el mismo Castillo.
Entre agosto del año pasado y marzo último visitó las oficinas de los ministros de Vivienda, Agricultura y Producción.
Sin duda, la familia de Castillo sigue haciendo de las suyas en el Estado con la autorización y la complicidad de la máxima autoridad.
En marzo, el dominical Panorama informó que una sobrina de Pedro Castillo contrató con el MTC.
Fany Oblitas Paredes obtuvo dos órdenes de servicio por S/18,000 para trabajar en el área de Cobranza y Ejecución Coactiva.
Desde el MTC indicaron que mejorarían los filtros, pero la familia presidencial tiene privilegios.

Concuñada de Pedro Castillo sigue decidiendo quién trabaja en el MTC

Es una mesa de partes. Desde la Oficina de Talento Humano, la docente Flor Gómez Olano avala la contratación de personas sin experiencia para el cargo. Penalista Carrión considera que este caso no puede estar aislado a investigación fiscal sobre red criminal.

Por ALVARO REYES QUINTEROS– Diario Perú21.
Flor Gómez Olano, la concuñada del presidente Pedro Castillo, sigue trabajando como si nada en el Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC), el sector que –según la Fiscalía– fue capturado por una organización criminal que compromete al mandatario. Desde la Oficina de Talento Humano, área que dirige desde el 4 de febrero último con un sueldo de S/15,600, la profesora cajamarquina ha avalado la contratación de personajes cuestionados y sin experiencia para ocupar determinados cargos.
Un caso escandaloso es el de Diego Borja Cruzado, hermano del gobernador regional de Áncash, Henry Borja. Su nombramiento en la Dirección de Gestión en Infraestructura y Servicios de Transportes sucedió el 19 de abril pasado, luego de sostener una reunión con Gómez Olano el 12 de abril, de acuerdo al registro de visitas del MTC.
Si bien Diego Borja es ingeniero civil, la familiar del mandatario pasó por alto que la Contraloría lo halló responsable de falta administrativa por no supervisar la reparación de la pista sobre la avenida Olivar en Huarmey, Áncash, cuando fue subgerente de Obras Públicas de la Municipalidad de Huarmey, entre 2019 y 2020.
No solo eso. La designación de Borja Cruzado en ese puesto, cuyo sueldo supera los S/24,000, se concretó también después de que su hermano, la autoridad regional, visitara el 13 de marzo al entonces ministro Nicolás Bustamante.
Bustamante fue el encargado de firmar el nombramiento que, a todas luces, se muestra como un acuerdo de partes.
Borja, no obstante, duró solo unos días en el puesto. Dejó sus funciones tras hacerse público el lapidario informe de la Contraloría.
Sin criterio
La contratación de Saturnina Soriano Mallaupoma fue extraña. Soriano es una profesora de educación primaria nacida en Junín que suscribió dos órdenes de servicio para “la verificación y conciliación de los bienes propiedad del MTC”, según el OSCE. ¿Una maestra de escuela está apta para cumplir esa labor?
La docente visitó el 21 de febrero a Flor Gómez. Su primer contrato fue por S/8,000 y lo firmó el 4 de marzo, y la segunda orden salió el 29 de abril por S/10,000. ¿Qué justificaba un aumento en el salario por hacer la misma función?
Otro de los visitantes que consiguió contratar con el MTC fue Luis Rodríguez Condorhuacho, un joven de 22 años que no tiene títulos, según Sunedu.
Gómez lo recibió el 15 de febrero y solo seis días después consiguió una orden de servicio por S/4,000 por atender consultas ciudadanas a través de llamadas telefónicas, de acuerdo al OSCE. Unos días antes, ya con la concuñada presidencial en Talento Humano, Rodríguez ya había conseguido un contrato por similar monto.
Otro contratado en el MTC que, a todas luces, no reúne los requisitos para el cargo es Alexander Peralta Sánchez –chotano militante del partido Alianza para el Progreso (APP), que lidera César Acuña– es bachiller en Derecho, por una universidad no licenciada. Este fue reclutado en setiembre de 2021, bajo la gestión del exministro Juan Silva, como coordinador de la Oficina General de Articulación, Monitoreo y Evaluación de Impacto del MTC, donde percibe S/8,000 mensuales.Lo que llama la atención es que Peralta también pasó, tiempo después, por la oficina de Flor Gómez.
Perú21 consultó con el área de prensa del ministerio si se tomará alguna medida con la concuñada presidencial pero no hubo respuesta. No obstante, fuentes del MTC indicaron que la funcionaria no será removida del cargo porque “no es familiar directa” del jefe de Estado y con ello no se vulnera la Ley N°26771 que prohíbe el nepotismo.
Para el penalista Andy Carrión, la situación de Gómez “no es un tema aislado” a la investigación de la Fiscalía. El exministro Juan Silva fue quien la nombró en el puesto, un exalto funcionario que, de acuerdo a la investigación, era el brazo operativo de Castillo en el MTC.
Yober Sánchez Delgado, sobrino del dueño de la clínica La Luz, Fermín Silva, fue el primero en llevar al gobernador de Áncash al MTC, como reveló Perú21, el 7 de octubre de 2021.
Sánchez también visitó ministerios con personas que luego fueron contratadas. Sucedió en el MTC y en el Ministerio de Agricultura, donde el cuñado de Silva se convirtió en asistente.

Karelim López afirma que sobrinos del presidente Castillo despachaban desde oficinas del Minedu

La empresaria aseguró que los familiares del mandatario acudían a esta oficinas en San Borja porque no quería ser vistos por cámaras ni periodistas en Palacio de Gobierno.

La empresaria Karelim López reveló que los sobrinos prófugos del presidente Pedro Castillo, Fray Vásquez Castillo y Gianmarco Castillo Gómez, despachaban desde una oficina del Ministerio de Educación (Minedu) en San Borja, pues no querían ir a Palacio de Gobierno para no ser vistos por periodistas.
Durante su participación en la Comisión de Fiscalización, la lobbista contó que el dueño de la casa del pasaje de Sarratea, en Breña, Alejandro Sánchez, tenía una buena relación con los sobrinos del mandatario, quienes son investigados por el caso Puente Tarata III.
Esa casa (de Sarratea) quien se la dio fue Alejandro Sánchez y desde un principio él tenía mucha relación con los sobrinos, incluso les había dado llave para que ahí pernocten en el tiempo de campaña y todo. Ahí se creó como una oficina paralela. Ellos no querían ir a Palacio de Gobierno, ellos querían despachar desde San Borja porque allá hay unas oficinas del Ministerio de Educación”, manifestó frente al grupo de trabajo parlamentario.
No querían en Palacio porque iban a haber cámaras, periodistas y gente de la que ellos siempre se han corrido”, agregó.
En ese sentido, López Arredondo dijo que la agenda de los empresarios con los que se reunía el jefe de Estado de manera extraoficial en la vivienda de Breña, la manejaban Vásquez Castillo, Castillo Gómez y el dueño del recinto.
Sobre Pedro Castillo
Previamente, Karelim López ratificó las declaraciones que brindó previamente a la Fiscalía como colaboradora eficaz en el caso Puente Tarata III, en las que señaló que el presidente de la República, Pedro Castillo, es el cabecilla de una organización criminal que opera en el Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC).
Corroboro y ratifico que el señor presidente maneja esa organización (criminal) con su exministro (Juan Silva) de la mano con sus sobrinos, cosa que se ha probado. Mis declaraciones no han sido como el presidente dice que me han pagado. A mí nadie me ha pagado, yo no tengo vínculos con nadie”, declaró ante el grupo de trabajo parlamentario.
Fuente: Diario Perú21.

Karelim López: “El premier (Aníbal Torres) quería que Pacheco se vaya, que abandone el país

La empresaria declaró ante la Comisión de Fiscalización y contó que buscaban silenciar a exmano derecha de Pedro Castillo. López ratifica que el jefe de Estado encabeza una red criminal y daba las órdenes.

La lobista Karelim López reveló ayer que había intención del Ejecutivo de sacar del país hacia Panamá al exsecretario general de Palacio de Gobierno, Bruno Pacheco, actualmente prófugo de la justicia, con el objetivo de que se mantenga en silencio.
López, actualmente sometida al proceso de colaboración eficaz en la Fiscalía, se presentó ayer junto a su abogado, César Nakazaki, ante la Comisión de Fiscalización del Congreso. Su testimonio se prolongó por tres horas.
Según su versión, hubo una reunión en un departamento en San Borja, a finales de noviembre pasado, organizada por Rudbel (Oblitas), uno de los sobrinos del presidente Castillo y a quien López le atribuyó estar a cargo de “todo lo que tiene que ver con inteligencia para manejar, asustar, amedrentar a la gente”.
Para entonces, ya la Fiscalía había allanado las oficinas de Palacio de Gobierno y había mucho nerviosismo por parte de Pacheco. De este encuentro, contó López, participaron también el entonces ministro de Defensa, Walter Ayala, así como el entonces ministro de Justicia, Aníbal Torres, hoy jefe del gabinete.
El premier quería que él (Pacheco) se vaya, que abandone el país. Yo lo acompañé a esa reunión cuando ya Bruno estuvo fuera (de Palacio), yo fui la que lo acompañé. También formó parte el ministro Ayala de esa reunión, donde pedían que Bruno se vaya para que no hable”, relató López.
Así las cosas, para la hoy aspirante a colaboradora eficaz, Aníbal Torres “se ganó los bonos para ser premier, porque lo silenció a Bruno. Lo callaron”.
En un primer momento el ofrecimiento era a Panamá, debido a que iba a ser embajador ahí el señor Richard Rojas”, contó López, quien aseguró que hasta ese momento Pacheco no quería fugarse del país. “Desconozco lo que pasó posteriormente (…). Lo que sí escuché fue la propuesta que le hizo el señor Aníbal”, agregó.
Rojas, hombre de confianza de Vladimir Cerrón, fue presentado sin mayores méritos para que sea embajador de Perú en Panamá. Ante el silencio diplomático, se buscó ponerlo luego como embajador en Venezuela, pero por una orden judicial de impedimento de salida del país todo quedó frustrado.
Hubo mención de que el presidente quería apoyarlo en todo y que era la manera de tener tranquilidad mientras acá se solucionaban todas las cosas, que esto iba a pasar”, aseveró López sobre el ofrecimiento de Torres.
López también contó que, en un inicio, Castillo y Pacheco llegaron a “un acuerdo” de que sería asesor del Ministerio de Defensa, entonces encabezado por Juan Carrasco. “Pacheco no quería irse de Palacio si no tuviese un arraigo laboral, porque en realidad el presidente le ofrecía que no iba a pasar nada, que tenía el Congreso controlado”, relató.
Según su versión, justamente Pacheco le pidió que vaya a la casa del pasaje Sarratea para recoger la documentación para su designación, para lo cual le compartió el número de Fray Vásquez, otro sobrinísimo y actualmente prófugo. Y precisó que si bien ingresó al inmueble, finalmente se fue con las manos vacías. “Esa ha sido la única vez y por el único motivo que yo he ido a Sarratea”, acotó.
Por otro lado, Karelim López ratificó su versión de que “el señor presidente maneja una organización criminal con su exministro” Juan Silva, así como de la mano de sus sobrinos. Todo para transar con las obras públicas. “Me ratifico con que él es el cabecilla, y que él es el que da las órdenes porque sus sobrinos no llevaban a empresarios a que se vean con él por gratitud”, puntualizó.
BUSCARON DESACREDITARLA
La sesión de ayer tuvo momentos accidentados, pues miembros de Perú Libre y Acción Popular buscaron desacreditar en reiteradas oportunidades a Karelim López. Incluso se permitió que legisladores implicados en el caso, sindicados como ‘Los Niños’, intervinieran sin problemas, pese al evidente conflicto de intereses. Aprovecharon la sesión para intentar autoexculparse presionando a la testigo a que dijera si los conocía.
Entre los pullazos lanzados a López está el del oficialista Pasión Dávila, quien insistió en que ella detalle si tenía algún problema psiquiátrico, algo que él calificó como una pregunta elemental para las pesquisas.
Mi problema psiquiátrico refiere al presidente. He entrado en una depresión debido a todos los ataques de la prensa y el señor no tenía las agallas de salir a decir la verdad de quién era el que daba las órdenes, quién se favorecía con las grandes comisiones”, respondió López.
En la sesión intervinieron los acciopopulistas Elvis Vergara e Ilich López, ambos sindicados como parte del grupo de ‘Los Niños’ y quienes, según López, también se habrían beneficiado de los acuerdos ilícitos con las empresas chinas a cambio de votos a favor del gobierno.
Vergara, en un momento, le consultó a López si “necesita, antes de continuar la declaración, alguna medicación”. “Estoy preparada para todo tipo de ataques; no necesito y le agradezco su preocupación”, le señaló.
López se comprometió a enviar posteriormente la relación de todos los congresistas sindicados como ‘Los Niños’ en sobre cerrado, una vez que reciba autorización de la Fiscalía.
Fuente: Diario Perú21.

Provincia San Ignacio

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Llegada de los jesuitas a San Ignacio (1946).

Por Ing. Pedro Núñez Guerrero.
El sacerdote Jesuita Juan Albacete Saíz, nació en Cuenca, España, el 27 de Setiembre de 1889. Ordenado sacerdote, al finalizar la Guerra Civil Española (1939), parte al Perú, con otros jesuitas, ansioso de contribuir en la evangelización de la misteriosa selva peruana. Cuando el Padre José Martín Cuesta, llega al Perú, vía Montevideo-Buenos Aires-La Paz-Puno-Arequipa, el Padre Albacete, que ya residía en Arequipa, lo recibe en la estación de ferrocarril de esta ciudad, el 8 de diciembre de 1944.
Al crearse oficialmente la Misión Evangelizadora San Francisco Javier del Marañón (1), el 4 de diciembre de 1944, se encarga la administración a los sacerdotes de la Compañía de Jesús; tal es así, que para dar cumplimiento a dicho compromiso, el 12 de diciembre de ese mismo año, el Viceprovincial de Lima Estanislao Ilundáin destina a la Misión a los Padres Juan Albacete Saíz, José Martín Cuesta y al Hermano Pedro López Vera. El Padre Albacete, vendría como Párroco y Superior. A estos tres jesuitas se los considera como Fundadores de Misión San Francisco Javier.
Con el correr del tiempo, estos jesuitas se constituyeron en un tridente de encomiable acción pastoral con los fieles de la ciudad y alrededores y; de titánicas y casi heroicas hazañas, en la evangelización de los infieles de las tribus awajun y wampis de los ríos Chinchipe, Marañón y Santiago así como los de la Cordillera del Cóndor. Posteriormente se aunarían el Padre Calabor y el Hermano José Lizarralde, entre otros. Por su edad, el Padre Albacete desarrolló su labor pastoral en la ciudad y alrededores; mientras que el Padre Cuesta, por su juventud y lozanía, en el resto de la jurisdicción, correrías apostólicas que realizó con mucho éxito y trascendencia, sobre todo al incursionar en los territorios de las tribus awajun y wampis; siendo la hazaña más representativa y significativa la conversión cristiana del cacique Isámat de Chingusal.
En febrero de 1945 el Padre Albacete acompañado del Hermano López hace su primera entrada exploratoria vía Huancabamba-Cruz Chiquita-Tabaconas-El Chaupe-Espinazo del Diablo-Potrerillo, llegando a San Ignacio tras una serie de vicisitudes propias de la época, del tiempo y del camino con camellones de barro y agua; siendo recibidos apoteósicamente por el pueblo y autoridades. Dicho encuentro estuvo lleno de emociones, expectativas y compromisos; tal es así que para asegurar y facilitar la estadía de los misioneros, el pueblo se comprometió a construir, en el más breve plazo, un convento que funcionaría como casa parroquial.
La administración eclesiástica superior de Lima determinó que la sede de la Misión sea San Ignacio y no Jaén, en vista que ésta había pedido al Obispo de Cajamarca seguir perteneciendo a dicha jurisdicción eclesiástica, para no bajar de categoría.
El 3 de mayo de 1945, antes de la partida de los Padres Juan Albacete y José Martín Cuesta y el Hermano Pedro López, se organizó una misa solemne de despedida en el Colegio la Inmaculada de Lima concluyendo con la entrega del crucifijo a los misioneros. Al día siguiente estuvieron en Chiclayo, aquí se quedó el Padre Albacete, continuando el viaje el Padre Cuesta y el Hermano López, llegando el 9 de mayo a Jaén y el 21 a Chirinos. El 23 de mayo a eso de las cinco de la tarde llegaron a San Ignacio siendo recibidos en el atrio de la iglesia antigua por las autoridades y algunos moradores; después de los actos protocolares fueron trasladados a la casa de la Sra. Micaela Rangel viuda de Humberto Bartolini, donde se hospedaron, de la misma forma como lo habían hecho el Padre Albacete y el Hermano López en su visita anterior. El Padre Albacete se trasladaría a San Ignacio cuando el convento estuviera concluido según lo convenido en su primera visita.
El 31 de Julio, el Padre Cuesta celebra la primera misa patronal en la iglesia antigua, ubicada en plena Plaza de Armas (hoy Agencia Agraria), iglesia de gruesos muros de adobe, techo de teja y medio derruida por los temblores de 1928. Acompañaron a esta celebración los Hermanos López y Lizarralde. La celebración fue un todo un éxito por el entusiasmo y devoción que pusieron los pobladores. Por aquellos años se tenía la costumbre de celebrar la fiesta patronal un año “los de arriba” (Bolognesi y Progreso encabezados por los “Guerreros”: -Filadelfo, Eulogio, Pedro, Alfredo, Néstor, Lucrecia y otros- y los “de abajo” (Plaza de Armas, encabezados por los “Rangeles y Martínez”). Algo así como Hanan Loyola y Hurin Loyola, respectivamente. Ese año, por coincidencia, la celebración les tocó a “los de abajo”. El Padrecito Juan, como cariñosamente lo llamaban los feligreses de San Ignacio, llegó en la víspera de la fiesta patronal en vista que la casa misional casi estaba terminada, fijando su residencia en esta ciudad, según lo convenido en su primera visita pastoral. Como dicha iglesia era un peligro eminente para sacerdotes y fieles, bajo la dirección de Hermano López se empezó a construir la “iglesia nueva” (intersección de los jirones San José y Olaya) siendo inaugurada el 6 de Junio de 1948.
La paciente obra evangelizadora que puso en marcha el Superior y Párroco Padre Albacete empezó a dar sus frutos, ganándose el aprecio y admiración de los feligreses. No sólo se avocó a la vida espiritual sino también se preocupó por el desarrollo del pueblo, realizando gestiones conjuntamente con las autoridades del pueblo. Entre sus obras más significativas destacan las gestiones de:

Creación de la provincia de San Ignacio

En 1962 se iniciaron las gestiones para la creación de la provincia; hecho que se hizo realidad el 12 de Mayo de 1965, al promulgarse la Ley N°15560, siendo Presidente de la República el Arquitecto Fernando Belaúnde Terry. El acto solemne de promulgación se celebró en el Salón Dorado de Palacio de Gobierno con asistencia de Ministros, personas ilustres, políticos de diferentes partidos, misioneros de la Prefectura Apostólica y el Alcalde Distrital de ese entonces, Dónovan Bartolini Rangel. Con esta Ley también se crea el Colegio Nacional Tito Cusi Yupanqui y otras instituciones.
Construcción de la carretera Jaén-San Ignacio. La iniciativa y tesón del Padre Albacete así como el anhelo del Comité Pro-Carretera, integrado por Don Manuel Adrianzén Huamán, como Presidente; Juan Cabrera Arias, como tesorero, Dónovan Bartolini Rangel, como vocal y, el Padre José Martín Cuesta, como asesor; se hizo realidad el 27 de Julio de 1962, cuando la caravana de carros, entre incesantes vítores, aplausos, estampido de cohetes y acordes de la banda de músicos, precedidos por el camión “José Andrés”, más conocido como Rázuri, de la ciudad de Chiclayo, adornado en la parte frontal con una bandera peruana; una camioneta del Ministerio de Fomento (Transportes) y tres máquinas Caterpillar, hacía su ingreso triunfal, por la carretera antigua (cementerio). No estuvieron el Padre Albacete por motivos de salud y el Dr. Villanueva Pinillos, Diputado por Jaén y San Ignacio, que había fallecido recientemente. Como anécdota del apoteósico recibimiento a dicha caravana, de tanta algarabía y regocijo los ciudadanos, unos tras otros, gritaban: tres hurras por el Presidente de la República, …Tres hurras por el diputado, … Tres hurras por el Comité, … y así una seguidilla de hurras de nunca acabar. Hasta que a un notable se le ocurrió solicitar: “tres hurras por la catarpila”, aumentando más la euforia y algarabía de la multitud; ocurrencia que fue acompañada por una ringlera de cohetes acompasados de huaynitos desentrañados por la banda de músicos. Ese mismo año, el comité gestionó y consiguió del Ministerio de Transportes una partida para la construcción del puente sobre el río Tamborapa, culminando así en forma exitosa su designación y compromiso con el pueblo.

Escuela Normal de Varones

Fue creada por RM N°19015 del 17 de noviembre de 1960, cuando era Ministro de Educación el Dr. Alfredo Parra Carreño. La administración se encargó a los misioneros jesuitas quienes inician la construcción de la infraestructura, bajo la batuta del Hermano Pedro López Vera. La apertura oficial fue en 1963 teniendo como Director al Padre Alfredo Bastos Noreña. Fue todo un acontecimiento porque era la primera y única Escuela Normal Rural de Varones del Perú creada aprovechándose la condición de frontera de nuestra provincia. Se le llamaba rural porque los estudiantes sólo ingresaban con educación primaria. El 10 de marzo de 1966 fue elevada a la categoría de urbana (los estudiantes tenían que tener estudios secundarios) autorizando su traslado a la ciudad de Jaén, ocasionando un disgusto generalizado en todo el pueblo. Con los ambientes desocupados se traslada el Colegio Tito Cusi Yupanqui, creado en 1965, y que venía funcionando en ambiente alquilados.
El Padre Albacete, en mayo de 1961, fue designado Prefecto Apostólico del Vicariato San Francisco Javier, lo que le obligó a trasladarse al Distrito de Bellavista sede de dicha jurisdicción eclesiástica, sucediéndole en el cargo el Padre José Martín Cuesta hasta 1971 en que fue reemplazado por el Padre José María Isuzquiza.
En julio de 1962, residiendo en Jaén, su salud se quebrantó al sufrir un ataque de hemiplejía. Con la ayuda del provincial Mc Gregor que se encontraba en Jaén en visita pastoral, se consiguió un helicóptero militar y se lo trasladó a El Valor (Bagua) y de allí en avión a Chiclayo y, de allí en ambulancia al buque hospital Norteamericano Hope, anclado en Salaverry. Por orden superior, el Hermano López tuvo que ir a atenderlo al buque-hospital.
La mejoría del Monseñor fue lenta, siendo trasladado a principios de setiembre al noviciado de Miraflores (Lima), en donde a mediados de noviembre sufre un segundo ataque, siendo internado en la clínica Internacional, para luego retornar al noviciado, donde después de varios días de coma, dejó de existir el 4 de diciembre de ese año. Tenía 73 años de edad.
En su última recaída, el Padre Albacete le había manifestado al Padre Mac Gregor su deseo de ser sepultado el en cementerio de San Ignacio solicitud que el Provincial lo tuvo presente en cuanto falleció. Después de solemne funeral, los restos mortales salían rumbo a la Prefectura Apostólica. Ya en Jaén una comitiva de sacerdotes, hermanas religiosas y personalidades en caravana lo trasladaban a San Ignacio. En la madrugada del 8 de diciembre, Día de la Inmaculada Concepción, llegaba el féretro con sus restos mortales a esta ciudad. El pueblo que lo había estado esperando desde las cinco de la tarde del día anterior, organizó una impresionante procesión de duelo presidida por el Párroco José Martín Cuesta acompañada por cientos de velas en manos de los feligreses que iluminaban el trayecto. La banda de músicos entonaba diversas marchas fúnebres, mientras los restos mortales del “Padrecito Juan” avanzaban lentamente en hombros de las autoridades hacia la iglesia matriz. Se entonaron algunos responsos y de nuevo se organizó la procesión hacia la capilla ardiente levantada en la municipalidad. Ese mismo día, a las once de la mañana, al compás de los acordes de la banda de músicos, fueron sepultados en el cementerio de la localidad. Un gentío inmenso, triste y lloroso daba su último adiós a su “Bienhechor y Guía Espiritual” con reza el epitafio.
En reconocimiento a su labor pastoral y con la finalidad de perennizar su obra evangelizadora una institución deportiva de esta ciudad, lleva su nombre; es el Club Social Cultural Deportivo “Juan Albacete”, quien desde su fundación el 27 de setiembre de 1972 hasta la fecha, ha dado muchos lauros deportivos a la provincia siendo de reconocimiento de toda la región.
AMDG (Ad Maiorem Dei Gloriam: Para la mayor gloria de Dios)
En 1953 se agrega la parte de la Provincia de Jaén que había quedado dentro de la Diócesis de Cajamarca.
En 1971 pasa a denominarse Prefectura Apostólica de San Francisco Javier. En junio de este año el papa Pablo VI elevó a Vicariato Apostólico, designando a Monseñor Antonio de Hornedo Correa SJ, como primer Obispo Vicario Apostólico.
Desde el 22 de noviembre de 1980, el nombre oficial es “Vicariato Apostólico San Francisco Javier”.
Nota: (1) La Misión Evangelizadora San Francisco Javier del Marañón comprendía el distrito de San Ignacio que fue segregado de la Diócesis de Cajamarca, los distritos de Imaza y Aramango que fueron segregados de la Diócesis de Chachapoyas y la provincia de Condorcanqui fue segregada del Vicariato Apostólico de Yurimaguas.

Vicariato Apostólico de San Francisco Javier- Jaén

Ignacio García Martin SJ (11 Julio 1946-1958)
José Oleaga Guerequiz SJ (23 Octubre 1959-1961)
Juan Albacete SJ (7 Noviembre 1961-1963)
Antonio de Hornedo Correa SJ (6 Agosto 1963-9 Julio 1977)
Augusto Vargas Alzamora SJ (8 Junio 1978-23 Agosto 1985)
José María Izuzquiza Herranz SJ (30 Marzo 1987-21 Noviembre 2001)
Pedro Ricardo Barreto Jimeno SJ (21 Noviembre 2001-17 Julio 2004)
Santiago María García de la Rasilla Domínguez SJ (11 de noviembre de 2005 al 11 de junio de 2014)
Alfredo Vizcarra Mori SJ, obispo titular de Autenti del 11 de junio de 2014 a la actualidad.

Vicariato de Iquitos

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El 22 de febrero de 1921 la Prefectura de San León del Amazonas fue elevada a vicariato apostólico y el 27 de febrero de 1921 fue segregado parte de su territorio para erigir la Prefectura Apostólica de San Gabriel de la Dolorosa, confiada a los pasionistas.
El 13 de julio de 1945 fue segregada nuevamente la parte oriental del río Putumayo y creada la Prefectura Apostólica de San José del Amazonas, confiada a los Franciscanos canadienses. En agosto de 1945 este vicariato adoptó la actual denominación.
Prefectos apostólicos de San León del Amazonas:
Paulino Díaz Rodríguez OSA (1902-1911)
Pedro Prat Escalas OSA (1911 -1913)
Rufino Santos Pérez OSA (1914-1916)
Rosino Ramos OSA Pro-Vicario apostólico (1935-1938).
Claudio Bravo Moran OSA Administrador apostólico (1938-1942).
Vicarios apostólicos:
Sotero Redondo Herrero OSA
José Constantino García Pulgar OSA
Angel Rodríguez Gamoneda OSA
Gabino Peral de la Torre OSA
Julián García Centeno OSA
Miguel Olaortúa Laspra OSA
Miguel Fuertes Prieto OSA Administrador apostólico
Miguel Ángel Cadenas Cardo OSA

Historia

Por Gregorio Martínez OSA y Joaquín García OSA.
Antecedentes Históricos
Las misiones agustinianas en el Oriente peruano son continuación de la obra de los jesuitas en la antigua región del Maynas, que durante más de un siglo evangelizaron a lo largo de la cuenca del Amazonas a los indios Maynas, Cofanes, Jeberos, Omaguas, Iquitos, Pebas, etc. Expulsados de los territorios hispanos en 1767, estas misiones quedaron, precarias e inestables, a merced de distintas demarcaciones durante casi un siglo y medio, bajo la responsabilidad de los franciscanos de la Provincia de San Francisco Solano y algunos clérigos seculares (1).
En julio de 1802 la Comandancia General de Maynas, hasta entonces dependiente del Virreinato de Nueva Granada, se agregó al Virreinato del Perú y todos los ríos afluentes del mismo Marañón hasta donde dejan de ser navegables por razones estratégicas. Se crea, después, el Obispado de Maynas con sede primero en Jeberos y después en Moyobamba, siendo su primer obispo Fray Hipólito Sánchez Rangel OFM, quien con grandes trabajos visitó tan dilatada diócesis y realizó el primer censo. Tenía Iquitos entonces 81 almas. Su fidelidad al Rey de España le obligó a renunciar al obispado pasando a la Península donde murió siendo Obispo de Lugo (2).
El gobierno peruano mantuvo la creación del Obispado pero dispuso que se llamase de Chachapoyas, agregándole dos provincias, hasta entonces de la diócesis de Trujillo, y conservando todos los lugares que habían constituido la Diócesis de Maynas, disposición que fue sancionada por Gregorio XVI en 1843. Las misiones fueron atendidas esporádicamente por clero nacional. Los indígenas se vieron desamparados y la fe se debilitó. En 1840 solamente había 11 clérigos en toda la región de Maynas; 13, cinco años más tarde (3).

Las misiones de hoy

Ramón Castilla en 1854 dio el primer paso para recuperar para el Perú la extensa región del Oriente. Para ello decretó que el Prefecto del departamento de Junín prestara toda clase de ayuda al Padre Manuel Plaza, Superior de los Franciscanos del Ucayali, para abrir desde Pasco al Pozuzo y desde éste último hasta el Mayro nuevos caminos, declarando dueños, con pleno dominio, a cuanto peruano y extranjero de cualquier nacionalidad ocupase y trabajase estas tierras. Esta gracia era valedera por veinte años, y se hacía extensiva a todas las Misiones, reducciones y poblaciones existentes, o que en adelante se formaren, emprendieren o promovieren en el espacio peruano.
Tan tentadora oferta no fue suficiente para incentivar a la población; fue necesario que el Papa León XIII, en 1894, estimulara al episcopado peruano para multiplicar “las santas expediciones cerca de los indios; se aumenten los mensajeros de las misericordias que, voluntarios y gozosos, vayan como operarios de la mies del Señor; que sin oír la carne y la sangre, se hagan todo para sus hermanos, a fin de ganarlos para Cristo; y que lleven por entre esos bárbaros pueblos la cultura de la civilización y la suavidad de las costumbres, disipando las tinieblas de la ignorancia, para que, al fin, también ellos reciban, por medio de la Fe, la muerte entre los santos” (4).
La Población
La Misión se estableció sobre una extensión de más de 400,000 Kms. cuadrados, poblada por apenas 50,000 habitantes, 10,000 de los cuales habitaban Iquitos. Peruanos inmigrantes de la Selva Alta, colonias de españoles, portugueses, chinos, judíos y otros, habían conformado este conglomerado humano, atraídos por la ilusión del caucho. Iquitos llegó a contar con nueve consulados en aquella época (5).
A estas tierras llegaron los agustinos, pero con la diferencia que anota el Padre Lucas Espinosa, profundo conocedor de la historia: “Los jesuitas tuvieron gentes sin recelo, ejercicio ni competencia, intereses unilaterales en orden a la cristianización, hombres libres, tierras desocupadas, indios sin pavor al trabajo duro y sin escándalos destructores” (6).

Bautismo de sangre y de fuego

Ocho meses empleó el Padre Paulino Díaz en recorrer de parte a parte el territorio: Yavarí, Amazonas y Marañón, atravesando gran parte de la selva desde el Napo al Putumayo. Una vez impuesto de la realidad, decidió fundar en las cercanías del Pongo de Manseriche, Alto Marañón, la misión de Puerto Meléndez (1904) dejando en ella al Padre Bernardo Calle con el novicio Miguel Vilajolí, un español, viudo, que se incorporó allí a la Orden. El Padre Calle no se daba reposo alguno; busca a los indígenas por trochas y ríos inaccesibles, toma apuntes, estudia sus dialectos, mientras que el hermano mantiene el cuidado de la capilla, catequiza los lugareños que prometen “no matar más” y cuida el convento. El proyecto es ambicioso: “Evangelizados aquellos feroces salvajes no sólo volverán a poblarse aquellos hermosísimos territorios y a ser emporio de riqueza sino que contendrá la invasión que continuamente realizan los ecuatorianos en terrenos pertenecientes sin género alguno de duda al Perú” (7).
Por idénticas razones establece otra misión en Huabico, no lejos de allí, y proyecta otra en el Napo. Nadie sospechaba que medio año más tarde todo sería arrasado a sangre y fuego, incluidos el Padre Calle y el Hermano Vilajolí. Tan temprana y lamentable pérdida, expresión de la guerra declarada por los indígenas que se oponían valientemente a la invasión de sus territorios por los caucheros, produjo en el Padre Paulino la primera prueba y tentación de renuncia.
Pevas (1902-16) a orillas del Napo, no lejos de la desembocadura en el Amazonas, punto intermedio entre el Alto Marañón y el Yavarí, en zona muy poblada de Yaguas y Ticunas, es la segunda fundación que confía a los Padres Prat y Mallo. Mientras el primero inicia la escuela misional, el Padre Mallo se interna con los indios, aprende su idioma, escribe un vocabulario, atraviesa toda la selva hasta el Putumayo y explora el río Yagua. Años más tarde funda en la margen de este río el Padre Laurentino Alvarez, Jericó (1910-12) con la ilusión de hermanar a Yaguas y Ticunas. Cuando ya los frutos estaban en sazón, caucheros aleves, en ausencia del misionero, asaltaron el poblado asesinando o esclavizando a sus moradores y quemando los tambos. Un segundo bautismo de fuego. En uno y otro caso, los indios se remontaron. Jericó era para el Padre Laurentino sinónimo de tierra prometida, “porque después de tres días mortales de andar por cuestas y vericuetos, por carrizales y quebradas, pasando los primeros de rodillas unas veces, a saltos otras y no pocas arrastrándose como las serpientes, y los segundos con el agua hasta la cintura y el barro hasta la rodilla, se llega a una extensa llanura, orillas del susodicho río, en la que hemos sentado nuestros reales, con la firme esperanza actual de no levantarlos tan pronto” (Carta al Padre Paulino Díaz. Anales VI). No se limitó el Padre Mallo a esa fundación, sino que en compañía del Padre Prat y, más tarde, del Padre Manuel Pulgar fundó también Colonia Fuentes (1905-6) en el Tigre, afluente del Marañón; Leticia (1906-17) en el Amazonas, en la confluencia ya con el Yavarí, frente a Tabatinga, escala obligada de buques de todo el mundo, tierra alta y sana; en Nazareth, a orillas del Yavarí, zona palúdica funda otra casa (1906-10) teniendo como frontera a Benjamín Constant, poblado conocido como “remate de males”. En ambas establecieron una escuela, que atendían el poco tiempo libre que les dejaban las visitas a los ríos y quebradas. La época de bonanza declinó a partir de 1910: los misioneros escasean, el Padre Mallo es obligado a regresar a España por motivos de salud, siendo asesinado en plena Guerra Civil en 1936. Caballococha tiene cura propio y no pasa a la administración de los agustinos hasta 1914; desde entonces esta población se convierte en centro de operaciones de todo el área. Lo mismo acontecerá con Nauta, población próxima a la confluencia del Ucayali y el Marañón (1914); ella será estación clave hasta el día de hoy para todos los afluentes de este río. Siempre contará con uno o más misioneros estables.

Iquitos

Capital del departamento de Loreto desde 1897, asentada sobre un poblado de indios iquitos, reducción de los Jesuitas. Desde la segunda mitad del siglo XIX afluyen a ese lugar gentes de todo el mundo, ocupando el terreno de los primitivos pobladores. Los agustinos se establecen en la ciudad, bien que muy limitados en su actuar apostólico hasta muy avanzado el siglo XX por la oposición cerrada y sectaria ya conocida. Tenía entonces apenas 10,000 habitantes, muchos de ellos extranjeros, principales impulsores del comercio, con líneas permanentes de navegación hacia Europa y Norteamérica contando con nueve consulados, uno de ellos de España, con numerosa colonia.
Al principio, en casa alquilada y pequeña, los agustinos orientan todas sus actividades a lo largo y ancho del territorio, pero saben que no deben descuidar el centro de operaciones: Iquitos. Por ello, a pesar del insalvable obstáculo jurisdiccional que les ha planteado el clero, atienden enfermos, catequizan dentro y fuera de la casa e instalan una escuela donde se formará la nueva generación que transformará la sociedad.
La mujer loretana reclamaba también una congregación religiosa femenina, que se hará realidad en 1920, cuando Monseñor Sotero Redondo dé la bienvenida a las primeras seis Franciscanas Misioneras de María (FMM).
Tras la bonanza del caucho vino la crisis que arruinó familias enteras creando situaciones verdaderamente angustiosas y desesperantes, lo que obligó al Padre Laurentino Alvarez y Pedro Prat a fundar la Asociación Benéfica de Señoras para atender a cuanto menesteroso y carente de recursos económicos, se encontraba a diario por el camino. A esta iniciativa y bajo la tutela del mismo se fundó una Escuela Dominical para educación del servicio doméstico.
Para alentar en fervor religioso y combatir la frialdad instituye el Padre Miguel San Román la Asociación del Sagrado Corazón de Jesús, a la que seguirá la de Hijas de María, fundación de Monseñor Sotero Redondo, Angeles del Hogar, Archicofradía de la Consolación, etc., todo con el fin de imprimir sello cristiano a una ciudad donde estaban las fuerzas vivas de la nación.
El Padre Paulino surcó hasta más arriba del río Coca. Sin embargo, merecen destacarse algunas expediciones: dos del Padre Calle al Morona en el Alto Marañón de abril a julio de 1903; tomó nota cuidadosa de los usos y costumbres de los shapras, flora y fauna de la región, y consignó más de quinientas palabras del dialecto yaguaruni. Otra audaz incursión la hizo por el Santiago arriba durante 12 días, sin conseguir tomar contacto con los temidos jíbaros. Cuando estaba organizando una segunda surcada por el mismo río, cayó asesinado en junio de 1904, junto con el Hermano Vilajolí. Su Memoria está publicada (8).
Por el mismo año el Padre Plácido Mallo exploró todo el río Yagua bautizando cada uno de sus afluentes con nombres agustinianos, que aceptó la Sociedad Geográfica de Lima. Tanto el Padre Mallo como el Padre Laurentino Alvarez aprendieron perfectamente el idioma yagua. Se ha perdido el diccionario elaborado por el Padre Mallo; tenemos, en cambio, los estudios sobre los Yaguas publicados por el Padre Laurentino Alvarez (9).
Para más detalles de las primeras fundaciones, peripecias, etc. véase lo publicado en nuestras revistas y en Anales (10).
Se ha llegado al final de la primera década, enriquecida con la heroica muerte del Padre Emilio Morán asistiendo a los apestados en Iquitos (1908). Muchos misioneros se vieron obligados a abandonar la misión en busca de la salud perdida. Entre ellos, el Padre Paulino Díaz, quien después de repetidas renuncias, resigna su cargo en manos del Padre Pedro Prat.

Divisiones de la Misión

Circunstancias internas y externas de diversa índole hicieron que nuestra misión estuviera debilitada. Una de ellas fue la campaña conocida con el nombre de “Los Escándalos del Putumayo“. La Santa Sede envió un visitador apostólico y Pío X publicó el Breve “Lacrimabili Statu” (11), sobre la infeliz condición del indio sudamericano, refiriéndose obviamente a estos sucesos, pero expresarlos directamente y sin acusar a nación alguna. Se creó la Prefectura Apostólica del Putumayo que se confió a los franciscanos ingleses, invitación tácita a que extinguiera el fuego el país que más había arrimado la tea. La Prefectura tuvo vida efímera (1912-18) quedando como tierra de nadie hasta 1921 en que se reintegró a la misma de San León del Amazonas (12). Con la particularidad de que al mismo tiempo se hace un corte al lado poniente y norte creándose la Prefectura de San Gabriel de la Dolorosa en el Alto Marañón y Huallaga que se confía a los pasionistas españoles, y la Prefectura agustiniana asciende a Vicariato con el mismo nombre de San León del Amazonas. Poco después, en virtud del Tratado SalomónLozano, nuestro Vicariato perdió aproximadamente 1000 Kms.cuadrados incorporados a Colombia.
Por decisión de la Santa Sede se dividió de nuevo el Vicariato de San León del Amazonas en 1945 y se crea la Prefectura Apostólica de San José del Amazonas, que comprende la margen derecha del Putumayo, Napo, Yavarí, Amazonas, etc. en una extensión superior a los 135,000 kms. cuadrados. Se suprime así el tradicional nombre de San León del Amazonas sustituido por el topónimo de Iquitos, sede del Vicariato. Aquella primitiva misión, cuenta hoy con una extensión de 94,000 Kms. cuadrados y más de 420 mil habitantes.

Consolidación y expansión (1945-1960)

Un cambio substancial se produjo en la Provincia de Filipinas con relación a las Misiones, y una esperanza nueva comenzó a despertar. Desde la segunda mitad de la década de los cuarenta hay un despertar. La llegada de un equipo de misioneros jóvenes, el nombramiento de Monseñor José García Pulgar como Vicario Apostólico, después de penosas tensiones internas, la abundancia de ordenaciones de los veteranos de la Guerra Civil española, la expulsión de los misioneros de China por la revolución de Mao, hizo que se ampliara inesperadamente el espacio: por fin se consolida, después de casi medio siglo, la presencia de los agustinos, hasta entonces físicamente reducida y, por demás, insuficiente. Este período tiene los siguientes momentos:
a) Consolidación urbana, proyección y ampliación de la pastoral itinerante.
b) Fijación de residencias y puestos de misión de un modo estable (construcción de iglesias y casas etc).
c) Proyección desde la perspectiva del modelo de desarrollo vigente: programas incipientemente dinamizadores, cooperativas de ahorro y servicios, experiencias de granjas, etc. Primeros conflictos de la misión con los explotadores de los recursos y patronos de los indígenas (Santa Rita de Castilla, Intuto).
d) Consolidación de las relaciones iglesia sociedad regional y presencia de la Iglesia en importantes campos de decisión en cuanto se refiere a los intereses de las clases populares.
e) En general se desarrolla una participación muy activa del laicado en el nivel urbano, pero no existe una dinámica de crecimiento en los ambientes indígenas y de campesinos ribereños. La ciudad ocupa la imaginación, los recursos, y absorbe por el alto índice de crecimiento demográfico que sigue siendo un foco de expansión y absorción de las posibilidades de la región.

Tiempo nuevo en la Iglesia (1965-1985)

Aun cuando el Concilio Vaticano II se haya desarrollado a partir de una posición fundamentalmente occidental y europea, no es posible medir los alcances de las transformaciones que tuvieron lugar a partir de ese momento al interior de la Iglesia.
La conmoción eclesial se produjo a tres niveles: el problema de la iglesia en términos de comunión de todos los creyentes, el de la participación ministerial de la comunidad en la vida de la Iglesia y el de la misión, como anuncio, presencia y comunión con el mundo.
Son de destacarse algunos hitos que habrían de tener especial influencia en nuestro modo de entender la actividad misionera en América Latina: Medellín, Melgar, Barbados, Iquitos.
Medellín: Plantea en una entonación desgarradora la significación de Evangelio para un Continente creyente que en ese mismo tiempo se descubre a sí mismo como dominado, y alienado. La Populorum Progressio anticipa la toma decidida de actitudes desde la fe frente a condiciones estructurales de injusticia considerada como pecado social. No se puede separar ni teológicamente siquiera historia salvífica e historia humana; la buena noticia viene dada al hombre pleno, y Jesucristo es el gran libertador de todas las esclavitudes. La Iglesia opta por los pobres, los que no tienen voz, aquellos que desde su indigencia, su limitación son sujetos de las preferencias evangélicas.
Melgar: Es propiamente el primer encuentro misionero que tiene lugar en la nueva etapa pastoral de América Latina. A partir de un estudio, realizado en base a una encuesta dirigida a todos los misioneros del Continente, la iglesia, delimita el concepto de situaciones misioneras (más que territorios), abre perspectivas de respeto, comunión y encuentro en el sentido más ecuménico, y asume opciones que afectan a lo político.
Barbados. Es bueno señalar sus puntos más incisivos, porque, aunque es cierto que la Iglesia padeció a la defensiva los inexplicables ataques de los llamados “masones, impíos, laicos y judíos“, en esta ocasión adoptó una serena actitud de escucha que a corto plazo la transfiguró. Esta reunión había sido convocada por el Consejo Mundial de las Iglesias, y pretendía oir la voz de los antropólogos agnósticos o creyentes que se sabía culpaban a las misiones de los más trágicos etnocidios desde la Conquista hasta aquellos días.
Iquitos. No bien pasados dos meses, se celebró, con la participación de algunos antropólogos firmantes de este documento, la reunión de Iquitos, o Primer Encuentro de Pastoral de Misiones en el Alto Amazonas.
Allí estaban representadas todas las iglesias locales de los países y territorios amazónicos, excepto Brasil. Partiendo de la realidad en sus condicionantes actuales y en sus remotas raíces históricas, aquella asamblea asumió sin vacilación ni miedo muchas críticas de Barbados. De este modo las conclusiones trasuntan un espíritu de verdadera conversión, opta por la encarnación y decide hacerse amazónica.
Desde el Encuentro de Iquitos (1971) se produjo una movilización general de la Iglesia en el mundo amazónico. Las nuevas posiciones no fueron parciales o de un pequeño sector: la estructura misma cambió y nació así un primer movimiento de integración. Poco menos de un año después, se dieron pasos prácticos par activar la comunión orgánica que diera generosos frutos a no muy largo plazo. Cuanto digo del Vicariato de Iquitos, vale, pues, salvadas las normales diferencias de lugares, personas y ambientes, para el resto de las circunscripciones. No faltó un momento en que incluso la conciencia de pertenencia a la Orden propia como instancia superior, pasó por una crisis aguda en las diversas agrupaciones misioneras. Venía a ser, en cierto modo, el reflejo de la invalidez de los moldes tradicionales de vida religiosa para articularse con la opción misionera, sea porque las instituciones congregacionales seguían imponiendo de diverso modo sus mecanismos dominadores; o, porque tal vez la actividad misionera era considerada como algo marginal y de segundo nivel. No en vano había corrido de boca en boca aquel duro apotegma: “A las misiones llegan sólo los castigados“, o “los que no valen para otra cosa“, repetido uniformemente en las diversas congregaciones.
Por aquella época estaba vigente la revolución de Velasco Alvarado, y surgió en la Amazonía peruana un fenómeno religioso de masas, la Cruzada del Hermano Francisco Da Cruz, una suerte de “Conselheiro” que atrajo multitudes y replanteó a muchos grupos cristianos el drama de los sectores populares marginados, la tradición de la cultura popular y su religiosidad, y las grandes expectativas puestas en el mismo proceso de cambios estructurales del país. Las preguntas que angustiaban más a los agentes pastorales eran éstas: ¿Habríamos entendido realmente al pueblo? ¿La fe oficial significaba algo para la fe profunda y llena de mediaciones de masas mestizas o indias? ¿Existía en nuestro Vicariato o región una identidad étnica, siendo así que los nativos ya no vestían en su mayoría sus ropas tradicionales, que hablaban español o eran bilingües en el mejor de los casos, o que su memoria mítica e histórica había quedado aparentemente disuelta en la bruma de la anomia cultural impuesta por la sociedad dominante? Tampoco Iquitos volvería a ser el de antes, a pesar de que los modos de interpretar esta situación fueran diversos e incluso no faltasen enfrentamientos ideológicos y modos contrapuestos de confrontar la realidad. Quisiéramoslo o no la historia había inaugurado un nuevo tiempo.

Las opciones claves de la Iglesia amazónica

Vista las cosas a esta distancia, sentimos que el movimiento de transformación fue intenso y rápido. Quizá porque conscientemente se esperaba. O quizá porque latía debajo una conciencia colectiva de necesidad de nuevas posiciones.
Toda la Iglesia misionera se puso en marcha y determinó unas opciones fundamentales desde las que se fueron ampliando propuestas, objetivos y tareas:
a) Opción por los pobres y desposeídos. Y, dentro de ellos, los indios. Y, entre los indios, las minorías históricamente reducidas al silencio, sin palabra, sin influencia, sin espacio de sobrevivencia. De cualquier modo ellas significaban el símbolo de la resistencia frente a diversas formas de avasallamiento. Constituyen el “centro de predilección del Reino de Dios“.
b) Opción por la encarnación en el mundo indígena, con su cultura, sus estructuras y valores. “La Iglesia decide ella misma hacerse amazónica…“, dice textualmente el Documento de Iquitos.
c) Opción por la comunidad cristiana autóctona y por las formas ministeriales propias en su tarea de servicio en la caridad. Lo que conlleva compartir la vida de la gente, respetar sus valores, devolver los líderes naturales a la comunidad, expresarse en los signos propios del pueblo, buscar el desposeimiento y el anonadamiento como actitud evangelizadora básica. De aquí nacerá el sacerdocio plural y diversificado, las luchas por la justicia y los derechos de los pobres, la atención a la religiosidad que contiene el alma de las comunidades y que refleja su caminata, sus desdichas y esperanzas, sus angustias y temores.
Estas perspectivas dieron origen a un desplazamiento misionero hacia ambientes indígenas y campesinos, tradicionalmente marginales en el quehacer pastoral. En todos los sectores se articularon programas en torno a las comunidades autóctonas, y a la formación de líderes animadores. Los objetivos comunes y la necesidad de un apoyo correlativo, hicieron que en unos y otros puntos de la geografía se hiciera sentir con fuerza una coordinación intervicarial, que a lo largo de quince años no perdería vigencia. Se fue clarificando un proceso de reflexión teológica desde las distintas condiciones socioculturales que exigían modelos bien diferenciados de pastoral, dentro de un esquema substantivamente misionero. Este modelo en nuestra región se concretaba en una pastoral indígena asentada en una matriz de escucha y de encarnación, y en la pastoral campesina que, por su tradición cristiana, ponía más bien acento en lo referente al crecimiento de la comunidad de fe y de sus animadores. Mientras tanto las emergentes ciudades pasaban por una crisis orgánica de muy difícil comprehensión. Las enormes tasas de crecimiento demográfico y el caos general del ordenamiento urbano no permitieron diseñar un modelo pastoral orgánico y sistematizado, aun cuando ello no quiere decir que la fuerza eclesial y la presencia de lo cristiano no se aproximase mucho más al sentir del pueblo, al mundo de la cultura, a las luchas reivindicativas. En este sentido los medios de comunicación alternativos y la presencia cultural de la Iglesia ha ejercido un rol preponderante.
Los modelos de vida religiosa habrían de acusar también la crisis. La autofagia congregacional perdía fuerza a causa del sentido nuevo de misión. Con ella caían el triunfalismo de Provincia, y el referente fundamental dejaron de ser las instituciones mediadores y pasó a ser la realidad misma. La vida de oración comenzó a ser entendida como parte del encuentro con las comunidades cristianas. La búsqueda de vocaciones al modo tradicional sufrió un desmedro, por no tener cabida en los presupuestos del nuevo proyecto eclesial.
No fue sencillo. La misión pasó a adoptar una posición o distante o pasiva o cismática frente al conjunto de una institución tradicionalmente cerrada, como era la Provincia, y comenzó una reflexión agustiniana nueva.
Algunas señales indican que actualmente el movimiento vocacional de la Orden camina precisamente en esta dirección. En los últimos 15 años se han ordenado cinco agustinos auctóctonos. Hay 3 sacerdotes y un hermano, 5 profesos, 5 aspirantes, y 5 en la casa de discernimiento. Las hermanas agustinas han iniciado una experiencia de postulantado local que, aunque vacilante aún, promete ser positiva.
Los desafíos del futuro
Aquello que llamamos en su tiempo “el éxodo de la Iglesia en el universo amazónico” no está carente de ambigüedades, de vacilaciones. Padece de marchas y contramarchas, expectativas y ansiedades. Los acontecimientos de los últimos tres años anuncian un proceso de retraimiento eclesial que provoca desgarramientos y dolores en vastos sectores que iniciaron aquella andadura y han sentido que repentinamente se ha producido un viraje. Pero es ley del curso de la historia. Ley por demás purificadora, tonificante, que nos libra de seguridades, de triunfalismos estériles.
De cualquier manera la Iglesia, comprometida en la instauración del Reino en todo tiempo y lugar, en toda experiencia humana, en toda cultura, allí donde el hombre revela al Dios de la vida, se ha de enfrentar, sea cual fuere su opción consciente con retos que no puede eludir. Y cuando decimos Iglesia, queremos decir Misión. Y diciendo misión, significamos aquella dimensión sustancial de la fe cristiana que anuncia en plenitud a Cristo Resucitado (estructuras, métodos, instituciones, reflexión teológica, congregaciones religiosas, lenguajes, etc.). Hay flujos incontenibles. Y el de la Iglesia del Continente es uno de ellos. Cinco siglos de dominación sobre las anchas espaldas de América, producen hoy frutos de vida renovada, de fe, de un cristianismo radiante que más tarde o más temprano ha de ser reconocido por su novedad (¡y cantidad!) en el panorama del catolicismo universal.
En la condición concreta del Vicariato Apostólico de Iquitos, que reproduce a niveles mínimos el panorama global de las misiones en América señalamos algunos retos que hemos de enfrentar en el futuro.
a. El reto de la transferencia eclesial de los modelos culturales de occidente a formas eclesiales surgidas del corazón del pueblo, y expresadas en su sistema de valores.
b. El reto de la imaginación creadora y abierta frente a las nuevas condiciones históricas y culturales.
c. El reto de optar por los que sufren. En la Selva Amazónica, exactamente en las dos últimas décadas se dan cita, al igual que en el siglo XIX, los grandes intereses económicos del mundo. Cada día se extermina más, se depredan y expropian los bosques, y se priva de voz propia a quienes se han regido desde miles de años por la rica ciencia heredada de su pasado. Para ello es preciso: explicitar y organizar la esperanza, contra “el fatalismo o el determinismo histórico político” y ayudar a descubrir un proyecto común de liberación.
d. El reto de asumir las religiones indígenas y la religión cristiana del pueblo. El futuro de la misión de Iquitos, queda al designio de Dios que actúa en su pueblo por el Espíritu. El gozo más profundo, la grandeza mayor será que los hijos de Agustín, pastor y misionero, que fundó una comunidad de hermanos y que acompañó con ella el drama de su pueblo, y sirvió sin reservas a la Iglesia, vean surgir desde la entraña misma de la Amazonía una Iglesia nueva y resucitada que sea sola y toda Iglesia de Jesús, y con ella, formas de vida fraterna distintas, que sean expresión de la una y multiforme gracia del Señor.
Etapas del proceso evangelizador
Momento indigenista
Los misioneros ven claro que su presencia está, a tenor de los documentos oficiales de la Iglesia y del Estado, dedicada exclusivamente a los pueblos indígenas de la región asignada. Después de largas expediciones de reconocimiento comienzan a estructurarse puestos de misión, que, al no ser atendidos, fueron poco a poco cerrándose. Por otra parte “pronto se percataron del sistema patronal, es decir, del predominio socioeconómico del patrón, casi siempre blanco o mestizo, sobre los aborígenes, quienes en la práctica estaban reducidos a la condición de esclavos… La obra misionera entre estas gentes, de natural sencillo y bueno, sería inútil si el patrón con sus ejemplos o ideología la obstaculizara…
El criterio de trabajo con los caucheros directamente, dependiendo de sus servicios de transporte, esperando separar lo evangélico y lo temporal, produjo a muy corto tiempo los primeros mártires del extractivismo mercantil a manos de los torturados jíbaros que defendían su tierra y su autonomía.
El fracaso de las fundaciones llevó poco a poco a optar por un método de misión casi exclusivamente itinerante, con la distribución de sacramentos por la compleja maraña de ríos, consolidando las relaciones de dependencia por medio del compradazgo.

Opción urbana

No pasaría mucho tiempo (quizá sólo tres años), que el desaliento hiciese presa y hubiese un giro muy substancial en el modelo.
Después de comprobar la saciedad, la inconveniencia del establecimiento de misiones entre infieles mientras no se cristianizase primero a los ‘fieles’ sus patronos, y comprobado también el poco fruto espiritual conseguido en tantos, tan largos, costosos y penosos viajes por los ríos, los primeros misioneros concentraron sus actividades en el estricto sentido misional, convencidos de que la transformación debía partir de los centros civilizados, especialmente de Iquitos…
Es decir: se opta por la cultura dominante, por el blanco, al igual que en el establecimiento de la primera Iglesia en el siglo XVI de América. La conversión del indígena será fruto del cambio de vida de los que dominan.
Se desprende de aquí una permanente fricción con los grupos de poder, hasta no sentir que los servicios de los agustinos, a través de la educación (en el Colegio de San Agustín, fundado en 1903) les eran de utilidad.
Esta opción prioritaria marcará definitivamente la vida del Vicariato hasta la década del 40 cuando una nueva actitud de la Provincia comienza a variar el panorama pastoral, con la llegada de un importante contingente de hermanos (1943).
Hay, naturalmente, trabajo indigenista, una preocupación de hermanos muy notables por el conocimiento profundo de la realidad (Padres Mallo, Senén Fraile, Lucas Espinosa, Avencio Villarejo), pero es de carácter individual, aunque de proporciones extraordinarias.
Se desarrolla una pastoral sacramental, no tan atenta a la problemática de supervivencia de los indios. Un celo heroico por la conversión o incorporación a la Iglesia de los infieles y su “civilización“.
Una prudente distancia del problema del caucho, aun cuando se dan algunas denuncias, que el mismo Papa Pío X recoge en su encíclica Lacrimabili de 1913.
Una propensión natural a lo urbano, y a una pastoral de conservación.
Una espiritualidad apologética defensiva y encontrada con el entorno. Pasarían muchos años hasta que la comunidad eclesiástica se abra a un diálogo con otros sectores de la población de los centros urbanos (masones, protestantes, liberales, intelectuales).
Un mismo criterio de espiritualidad hará que en 1920 se establezcan en Iquitos las Hermanas Franciscanas Misioneras de María con el fin de abrir un colegio en el que se eduquen las hijas de familia blancas o mestizas.
La desatención de una geografía tan inalcanzable fue dando origen a tres desmembraciones sucesivas del territorio misional: Vicariato de Leticia (1913-1920 se reintegró); Vicariato de Yurimaguas (1921); Vicariato de San José del Amazonas (1945). Era claro que la Santa Sede no estaba satisfecha con el trabajo.
No hay duda de que el movimiento de los Vicariatos Apostólicos en la estructura en que los hemos conocido se han originado en el clima neocolonial, a pesar de que en lo consciente responde a impulsos de la iglesia misionera. Por otra parte los Vicariatos padecen de las ambigüedades propias de la insuficiencia de los elementos en juego:
Las circunscripciones nunca han sido Provincias y han dependido más bien de las decisiones emanadas de la metrópoli, (en muchos casos España). Por ello las normas disciplinarias e incluso pastorales, erección de obras y orientación de la misión provienen de fuera.
Se da una incomunicación del proceso interior de las iglesias nacionales, por razón de esta dependencia de los centros institucionales de fuera.
Esto demuestra cómo en un mismo país haya muchas circunscripciones sin que exista una sola Provincia. Tal es el caso de los agustinos en el Perú, Ecuador y Brasil.
Instituciones que han tenido relieve especial en estos años
Además de las once parroquias (3 en los ríos y 8 en el ámbito urbano) que están a cargo de los agustinos, sobre un total de dieciocho actualmente erigidas canónicamente en el Vicariato, los agustinos desarrollamos actualmente una serie de actividades desde diversas instituciones al servicio de la pastoral. Las más importantes son las siguientes:
a) El Colegio San Agustín, centro educativo fundado en Iquitos en l903, a los dos años de haber llegado a la misión. Por donde han desfilado una significativa mayoría de los agustinos llegados a esta parte del Perú como maestros, y en el que se han educado numerosas generaciones de loretanos que hoy cubren puestos de responsabilidad en la región y a nivel nacional e internacional.
b) El Centro de Estudios Teológicos de la Amazonía (CETA) fundado en l972 como una instancia de reflexión teológica y pastoral para encauzar orgánicamente la nueva reflexión teológica conciliar aplicable a nuestras realidades y la formación de los laicos y agentes pastorales del Vicariato.
Con el tiempo ofreció servicios a toda la Amazonía tanto en cursos vacacionales intensivos para educadores en la fe y maestros, como en cursos regulares dictados a lo largo del año escolar durante veinte años consecutivos. Fruto de este trabajo son dos revistas, SHUPIHUI y KANATARI, la primera de alta divulgación sobre temas de actualidad regional, y la segunda un semanario de opinión; dos festivales cinematográficos amazónicos; cuatro Coloquios Interinstitucionales sobre La Nueva Conquista de la Selva; veintidos Festivales Navideños; once Festivales Regionales del Libro. Por otra parte su catálogo de publicaciones alcanza un aproximado de 100 títulos de temas teológicos, pastorales, y de identidad amazónica. Incluye la obra Monumenta Amazónica, consistente en la investigación y edición de todas las fuentes históricas de los países amazónicos desde 1542 hasta 1922. El proyecto global son un aproximado de 150 tomos, de los cuales han sido publicados hasta el momento catorce. La influencia de este Centro ha sido definitiva en la movilización de la cultura e identidad regionales.
c) El Instituto de Promoción Social de la Amazonía (IPSA), creado en 1973, organismo del Vicariato de Iquitos y el de San José del Amazonas, que tiene a su cargo Radio La Voz de la Selva, fusión de la antigua Emisora Mariana (Iquitos) y Radio San José (Indiana). En tres frecuencias, AM, FM y Onda Corta, cubre una gran parte de la Selva Norte del Perú, ofreciendo una comunicación alternativa popular con propuestas de participación de las poblaciones del interior y una red de corresponsales en las seis provincias de la Región.
d) El Centro de Capacitación Campesina de la Amazonía (CENCCA), fundado por el Padre Antonio Aladro (+1990) en Nauta en l983. Su opción es la atención continua y sistemática a la formación de líderes de 52 comunidades, capacitación agropecuaria y agroforestería, promoción de la mujer, salud y formación integral cristiana.
e) Varios agustinos vienen desempeñando tareas en otros aspectos de la promoción y la cultura: dos han sido docentes universitarios; uno es Vicepresidente del Instituto de Investigaciones de la Amazonía (IIAP), y otros más desarrollan cargos en distintas instituciones intervicariales y de la sociedad civil.

Prelados de la Misión

Imposible relatar la acción de más de un centenar de religiosos destinados a este Vicariato en los 94 años de existencia, siempre tensa, ni sus aportaciones étnicogeográficas, aunque no podamos silenciar a los Padres Lucas Espinosa, Laurentino Alvarez, Senén Fraile y Avencio Villarejo, cuyas obras figuran en la bibliografía final. Todos han trabajado paternalmente dirigidos por los siguientes Prelados:
Prefectos Apostólicos:
Paulino Díaz (1850-1919). Nombrado en 1900, renunció en 1911.
Pedro Prat (1861-1929). 1911-1913.
Rufino Santos (1859-1935). Electo el 1911-1914, tomó posesión en noviembre de ese año, renunciando en abril de 1915.
Sotero Redondo (1859-1935). Nombrado el 15 de octubre de 1915, llegó a Iquitos en enero de 1916.
En elogio de todos ellos, hemos de destacar que ejercieron el apostolado muchos años en Filipinas antes de ser destinados a esta Prefectura.
Aunque interinamente, pero con nombramiento de la Santa Sede, lo fue también el Padre Miguel San Román después de los Padres Pedro Prat y Rufino Santos; es el primero “no filipino“, salió de la Misión en 1920 y fue asesinado en la Guerra Civil española (1879-1936).
Vicarios Apostólicos:
Elevada la Prefectura Apostólica de San León del Amazonas a Vicariato en 1921, fue preconizado obispo el Padre Sotero Redondo el 16 de julio de ese año, y consagrado en Lima el 27 de agosto de 1922. Murió el 24 de febrero de 1935. A su muerte siguió un largo vacío llenado primero por el Padre Rosino Ramos (1880-1965) como Pro Vicario hasta 1938. El 17 de octubre de 1938 la Santa Sede nombra Administrador Apostólico, sin carácter episcopal, al Padre Claudio Bravo Morán, peruano, que gobierna hasta 1942 en que es nombrado el segundo obispo.
Monseñor José García Pulgar (1892-1954) preconizado el 21 de agosto de 1941, se consagró el 5 de julio del 42. Había recusado la carga en 1938, cuando precisamente era más necesaria su presencia en Iquitos. Cumplió como buen Prelado su tarea, pudiendo decirse que fue la edad de oro de la Misión. Año y medio se tardó en encontrar sucesor en él.
Monseñor Angel Rodríguez Gamoneda (1891-1985). Preconizado el 8 de mayo de 1955, consagrado el 10 de julio, tomó posesión el 26 del mismo mes. Padre y pastor de corazón y mano siempre abierta, gastó su tercera juventud en bien de “sus almitas” en doce años largos, buscando con tiempo un auxiliar con derecho a sucesión, retirándose definitivamente en 1967 para morir piadosamente en Zaragoza, 1985.
Monseñor Gabino Peral de la Torre (1923-2002) rigió el Vicariato por derecho desde 1967. Tuvo un reto y un desafío: hacer la Iglesia loretana, no con las primitivas piedras de 1901, sino con el aluvión de personas que de todas partes y por todas las vías han convertido la selva en nueva tierra de promisión, pero que hoy por hoy es auténtica BABEL, confusión de razas, credos, ambiciones.
Monseñor Julián García Centeno (1933- ). Preconizado obispo en septiembre de 1989. Fue consagrado el 23 de octubre del mismo año, como Obispo Auxiliar de Iquitos, con derecho a sucesión. Tomó posesión del Vicariato el 10 de marzo de 1991. Las condiciones han madurado ya como para que se inicie una nueva etapa de organización eclesial. No bien toma posesión pone en marcha un amplio plan orgánico pastoral, sustentado en las normas del Derecho Canónico y en la implantación del programa pastoral del movimiento Por un Mundo Mejor Nueva Imagen de Parroquia, que a lo largo de los últimos años ha venido produciendo extraordinarios frutos de renovación y participación laical.
Bibliografía Básica
ESPINOSA, Lucas Los Tupí del Oriente Peruano, Madrid, 1935.
Contribuciones lingüísticas y etnológicas sobre algunos pueblos indígenas del Amazonas Peruano, Madrid, 1955.
Propedéutica Etnológica y Diccionario clasificador de las Lenguas Indoamericanas, Madrid, 1958.
El Vicariato Apostólico de Iquitos, antes Prefectura y Vicariato de San León del Amazonas, Valladolid, 1961 (separata de AA.LIVV, 196061).
FRAILE, Senén: Breve Reseña Histórica de la Misión Agustiniana de San León del Amazonas Perú, Escorial, 1927. 108 pp. con ilustraciones.
LARRABURE y CORREA, Carlos. Colección de Leyes y Decretos, Resoluciones y otros documentos oficiales referentes al Departamento de Loreto 18 vols. Lima, 1905.
SAN ROMAN, Jesús Víctor: Perfiles históricos de la Amazonía peruana. Lima: Paulinas, Iquitos: CETA, 1975. Segunda edición: Iquitos, 1994.
VILLAREJO, Avencio. Así es la selva, Lima, 1943; 2da. ed, 1953; 3ra. ed. 1979; 4ta. Edic. 1988
La selva y el hombre, Lima, 1959.
Los Agustinos en el Perú y Bolivia, Lima, 1965.
Revistas
Anales de la Propagación de la Fe en el Perú (1897-1937). Lima.
Apostolado y Casiciaco, de Valladolid, ricas en informaciones sobre la historia y actividades del Vicariato de Iquitos.
Archivo Agustiniano (1914-1965) aunque más importante hasta 1935.
España y América, singularmente 1903-1922.
Heraldos de la fe, Lima 1942. Homenaje de los Agustinos del Perú a Monseñor José García Pulgar. 47 pp.
Junta de bienhechores de las misiones agustinianas de San León del Amazonas. Boletín de la 1943-1962. Son 20 números ricos en datos sobre la vida misional singularmente el Nº 12 (1954). Homenaje póstumo al llorado Monseñor José García Pulgar.
Kanatari. Publicación Semanal Católica. Edita el Centro de Estudios Teológicos de la Amazonía (CETA). A la fecha se han publicado ininterrumpidamente 528 números, durante más de diez años.
Las Misiones Católicas, de Barcelona, en los primeros años: 1900-1905.
Misiones agustinianas Loreto 1901-1951. Número extraordinario, fuera de serie, dedicado como el título lo indica, a los 50 años de presencia agustiniana en la selva peruana.
Shupihui. Al Servicio de los Agentes Pastorales. Revista trimestral del Centro de Estudios Teológicos de la Amazonía (CETA). Lleva publicados 52 números (1976-1990).
Notas:
1. Para la historia de los Jesuitas en Maynas cfr. Mateos, F. Historia General de la Compañía de Jesús en la Provincia del Perú; Crónica anónima de 1600. Madrid, 1954; Chantre y Herrera, P. José. Historia de las Misiones de la Compañía de Jesús en el Marañón Español, Madrid, 1901.
2. Quecedo, P. Francisco OFM. El Ilustrísimo Fray Hipólito Sánchez Rangel, primer obispo de Maynas. Buenos Aires, 1942.
3. Larrabure y Correa, Carlos, Colección… Tomos V y VI.
4. España y América II (1903) 231. Analecta Augustiniana, I (19056), 20710.
5. Espinosa, Lucas: Pueblos Indígenas de la Amazonía Peruana en Rev. de “Antropología y Etnología”, Madrid. II (1949) 541 y III (1950), 510.
6. Espinosa, L. en Archivo Ag. LIV (1960), 207.
7. Memoria del P. Paulino Díaz, 1903.
8. Anales, Enero, 1904. Y Larrabure, IV, 26.
9. Alvarez, L. en E. y A. 1913. Vols. 3740. Archivo Ag. 24 (1925) 97, 144, 289.
10. Diaz, P. en E. y A. I (1903) 192,251,381,515. III (1903) 395 y 190.
11. El Breve fue publicado en castellano en España y América en 1912. El visitador se llamaba Juan Genocchi, procurador general de los Misioneros del S.C.
12. Cfr. “El Amigo del Clero”. Lima, XXX (1921) 3379.

Hipólito Sánchez Rangel de Fayas OFM

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Una visita eclesiástica en zona de misiones: control y gobierno en el obispado de Maynas a inicios del siglo XIX

Por Elizabeth Hernández García– Universidad de Piura.
El obispado de Maynas, que en general comprendía la extensa Amazonia norte del Perú, fue el último creado en la época virreinal (1802) con claros objetivos estratégicos, misionales y políticos que fortalecer. Se intentaba establecer una diócesis en un territorio que había estado distante tanto de la administración virreinal como del imaginario colectivo en cuanto a población, geografía y posibilidades de desarrollo. En este contexto, el obispo de Maynas, Hipólito Sánchez Rangel, a través de la visita eclesiástica que realizó a su obispado en la primera década del siglo XIX y de muchas otras acciones, fue una figura política de peso ante la ausencia, lejanía o inexistencia de instancias políticas que garantizasen la administración y el control de una de las regiones en las que la “civilización occidental” había llegado con poco éxito. Hipólito Sánchez Rangel se constituye, además, en una pieza clave para el conocimiento de la problemática de aquel espacio. Sus propuestas de reforma se insertan en un momento de tránsito entre la constitución de un nuevo obispado en una importante zona periférica, la debilidad del gobierno civil y la construcción del estado-nación pocos lustros antes de la independencia del Perú.
Introducción
El obispado de Maynas, creado en 1802, comprendía parte importante de la Amazonia peruana y territorios de las actuales repúblicas de Ecuador y Colombia. A lo largo de su historia fue una jurisdicción eclesiástica constituida por tierras de misiones de franciscanos, mercedarios y jesuitas, doctrinas y curatos que antes pertenecían a los obispados de Quito, Lima y Trujillo. La Real Cédula de 1802 que lo creó señaló a la nueva diócesis unos límites muy generales (1), por ello es que la Corona encargó al obispo Hipólito Sánchez Rangel la tarea de hacer un mapa del nuevo espacio eclesiástico (2). Sánchez Rangel vino a ser obispo de un espacio cuyas dimensiones exactas eran desconocidas. Geográficamente, además, era un territorio de difícil acceso, considerado inhóspito y hostil, al que le faltaban caminos, que tenía hondas dificultades en la circulación de bienes, con una navegación que solo los nativos podían efectuar.
El territorio descrito era en sí mismo una muralla geográfica, pero también era un límite demográfico-poblacional. Ello se debía a varias razones, entre las que García Jordán destaca el poco interés de la Corona por tierras carentes de metales preciosos, un tipo de explotación económica que no propició la formación de poblados permanentes sino más bien el desplazamiento de colonos, y finalmente la resistencia indígena a los invasores (3). A estas razones se añaden las características de la población que conformaba el obispado de Maynas, la cual tenía niveles variopintos de “civilización“. Desde la perspectiva de los evangelizadores y de la visión occidental en general, Maynas seguía siendo una zona de misión, con escasos y reducidos grupos de españoles y con un amplio grupo poblacional indígena que seguir catequizando. En este sentido, Maynas era sinónimo de tribus, de “chunchos“, de salvajes, de indios cazadores y recolectores en su gran mayoría, de “naciones incultas” por su grado de alfabetización, sus costumbres y su manera de vestirse y de pintarse los rostros (4).
La mayor parte de la documentación publicada se refiere a la misión de Maynas en el tiempo de los jesuitas; pero esta misión era solo una de las que luego llegarían a conformar el obispado (5), y corresponde propiamente al período anterior a su conformación. Para elaborar este trabajo ha sido preciso consultar los siguientes archivos: General de Indias, General de la Nación de Lima, Arzobispal de Lima y Arzobispal de Chachapoyas, ciudad esta última que desde 1831 es sede del obispado del mismo nombre y que incorporó el anterior de Maynas (6).
A partir de la documentación de archivo, tenemos noticia de que la visita eclesiástica a este obispado se desarrolló entre los años 1807 y 1814 (7). La realizaron el obispo y los visitadores del clero secular y regular nombrados por aquel. No se ha encontrado la visita completa del obispado de Maynas, sino partes dispersas en distintos legajos que no necesariamente tienen la catalogación idónea, hecho que ha dificultado la indagación. Paralelamente, nos hemos servido de los informes que el obispo redactó durante y después de su gobierno en Perú, Brasil y España. En estos informes, Sánchez Rangel da cuenta de todo lo que visitó, conoció e hizo por la diócesis.
En las siguientes páginas analizaremos los problemas centrales del obispado de Maynas que dificultaban o impedían, según la perspectiva del obispo, un proceso continuado en la evangelización y en el posicionamiento del estado y de la iglesia en esta región. Junto con esto, daremos cuenta de la importancia creciente del obispo de Maynas que, a fines de la colonia y en las dos primeras décadas del siglo XIX, cumplió funciones de control del territorio dentro de la tarea de conquista del espacio amazónico que había acometido la Corona para esta época. La visita eclesiástica fue un instrumento para ello, a partir de la cual el obispo planteó maneras para reorganizar el territorio, reordenar la jurisdicción eclesiástica y gobernar mejor -también en lo civil- un obispado peculiar que, en cuanto a su formación como tal, consideraba un espacio no bien calculado.
Este obispado incomprensible, y solo conocido por elevación y por cálculo” (8)
Desde el inicio de la colonización española, la selva fue mayormente “conquistada” por las órdenes religiosas. Son famosas, por ejemplo, las misiones y reducciones de los franciscanos que, desde el convento de Santa Rosa de Ocopa, controlaban algunos territorios, así como también las misiones y reducciones de los jesuitas. A pesar de estos y otros esfuerzos, en la selva amazónica lo que existía en todo caso era un estado colonial poco presente, en donde el clero, la Iglesia, era una representación o extensión del poder político, ya que llegaba a puntos donde aquel no podía arribar (9).
La Corona acometió la tarea de una mayor presencia políticamente organizada en la selva en 1802 con la creación de la comandancia general de Maynas, configuración política que supuso para el Perú recuperar el territorio de la selva norte que había sido adjudicado al virreinato de Nueva Granada cuando este fue creado. Pero más que eso, lo importante a destacar es que por esta misma real cédula de 1802 también se creaba el obispado de Maynas (10). Con esta nueva reforma se intentaba subsanar un gran problema, esto es el nulo control que desde el virreinato de Nueva Granada se tenía de las poblaciones de la selva norte peruana, problemática a la que se había sumado la expulsión de los jesuitas y el abandono de las misiones de esa parte del Perú. Con estas nuevas acciones, el estado intentaba ocupar política y eclesiásticamente un territorio y una población desconocida en gran medida. El primer nombramiento de obispo de Maynas recayó en Juan Antonio Mantilla, quien renunció a él. Por ello fue elegido en 1804 el franciscano Hipólito Sánchez Rangel y Fayas (11), quien se encargó del obispado hasta 1821, fecha en la que huye de su diócesis por temor a ser capturado por las fuerzas patriotas, como había ocurrido con José Carrión y Marfil, obispo de Trujillo del Perú. Sánchez Rangel no era partidario de la independencia, razón por la que se refugió en Brasil y luego partió rumbo a la metrópoli. A pesar de algún intento aprovechando el siguiente y momentáneo triunfo realista en la selva norte, Sánchez Rangel no volvió a Maynas (12).
Tal parece que en este momento, más importante que la comandancia general de Maynas fue el obispado y el primer obispo, pues a este se le atribuyeron funciones de vigilancia y control del territorio. Ello es evidente, por ejemplo, en la real cédula de 1805, en la cual se encargaba a Sánchez Rangel la tarea de elaborar un mapa de su diócesis (13). Sin embargo, dicho encargo tuvo como obstáculos las propias autoridades eclesiásticas del virreinato del Perú, quienes no querían prescindir de curatos que antes habían estado bajo su administración, y que por la real cédula de 1802 tenían que pasar a Maynas. Esto generó tantos desencuentros que el obispo remitió una carta al Consejo de Indias, en septiembre de 1814, donde expuso que: … no había podido arreglar los límites de su diócesis según la Bula de su erección por la resistencia que había encontrado en los Prelados limítrofes; pues ni ese muy reverendo obispo [Lima] le había querido entregar el pueblo de Santa María del Valle, ni los reverentes obispos de Huamanga y Trujillo los de Huanta y Rioja (14).
Estas rivalidades político-eclesiásticas fueron muy frecuentes entre el clero secular y el regular, las cuales el obispo de Maynas no pudo superar. De tal manera que nunca llegó a hacerse con el gobierno, en términos jurisdiccionales, de la totalidad del territorio que correspondía a su obispado. Paralelamente, en la práctica tampoco pudo abarcar físicamente toda su diócesis debido a las dificultades que la Amazonía peruana imponía: La porción de la grey que nos cupo en suerte se hallaba esparcida por montañas inaccesibles, a las márgenes de caudalosos ríos, poblaba los bosques, y habitaba con las fieras las grutas, y cortaduras de grandes desiertos, de distintos y encontrados climas, ásperas serranías, llanuras y ciénagas interminables (15).
A la extensión del obispado, se añadían las dificultades en las comunicaciones, consecuencia de una geografía abrupta, variante, peligrosa inclusive, donde los recorridos incluían la navegación fluvial en ríos caudalosos de mucho peligro y retos. El clima por su parte favorecía la aparición de insectos de todo tipo, de enfermedades, de una fauna feroz, entre otros detalles que convertían a este espacio en un territorio inaccesible para muchos. Nos dice el obispo en su visita: Las serranías … son inaccesibles … Las anduve a pie y descolgándome los indios con cuerdas en algunas partes. En Quijos, al bajar la montaña de Guacamayo, el río Cayumba … lo pasé en los hombros de los indios que iban nadando por no meterme en un canasto o tarabita que se veía en un palo atravesado por el río, temiendo no se quebraran las cuerdas que ya estaban podridas … (16)
Maynas en general se presentaba como inasible en los papeles oficiales y extraoficiales que circulaban en distintas esferas de gobierno. Mucha de esa documentación provenía de los miembros del clero, quienes brindaban datos relevantes sobre personas y lugares, proponiendo al mismo tiempo medidas que el gobierno civil debía tomar.

No hay clero que se dé abasto

Según el obispo Hipólito Sánchez Rangel, el obispado de Maynas estaba conformado por cinco parroquias: Archidona, Santa Rosa, Ávila, Lamas y Moyobamba, servidas por curas interinos pagados por los tributos de los indios. “Las demás iglesias del Obispado todas son misiones, doctrinas o reducciones de puros indios y algún blanco o mestizo“. El problema mayor, precisamente, era este conjunto de misiones o reducciones indígenas, donde el clero no llegaba, y si lo hacía, era inconmensurable su labor. Sánchez Rangel graficaba esta situación con expresiones muy significativas. Sobre dos doctrinas del río Napo decía:
Cuando yo estuve allí no se hallaron en estos puntos más que una casa o tambo de paja, un perro y algunas gallinas. Para estos países y los intermedios del Putumayo, Yapurá, Napo … con otros infinitos de la diócesis, se necesitaban un San Francisco Javier o un San Francisco Solano, que no los hay ahora, muchos pesos y muchos años (18).
En 1815 el obispo decía que se necesitaban diez sacerdotes para completar los “huecos” que había en toda la diócesis. Poco después, en 1822 cuando se encontraba fuera del Perú, en un informe dirigido al Papa en que le detallaba el estado de la diócesis, mencionaba que el número de sacerdotes que él había dejado en el obispado era nada más que de veinticinco a treinta contando con los de Ucayali (más al sur, zona a la que le llama “misiones vivas de infieles“). No obstante, para que el Obispado estuviera bien servido y progresaran las misiones, él calculaba que eran de absoluta necesidad cien sacerdotes en Maynas más doce o quince en la capital -Moyobamba- para remudar a los misioneros (19).
Definitivamente, este era uno de los grandes problemas de Maynas y era un tema recurrente en muchos de los documentos que el obispo elaboró. Así, desde España en 1827, haciendo alusión a la visita de la década de 1810, Sánchez Rangel decía: “Un solo cura o doctrinero, o algún otro que se manda de cuando en cuando es el que provee de lo espiritual todas estas tierras. ¿Qué Obispo no se afligirá con esto? Tanto más porque acaso, inclusas las misiones de Manoa, no llegan a cincuenta sacerdotes todos los del Obispado” (20). Para la enorme extensión territorial, calculada en “seis mil leguas cuadradas en su circunferencia” (21), finalmente Sánchez Rangel incrementó el número de curas que consideraba imprescindibles para Maynas: “Eran necesarios si se hubiera de servir toda, y entablar misiones en todos los puntos que comprende, cuando menos quinientos sacerdotes en actual ejercicio y otros tantos para reemplazarlos” (22).
Antes de conformarse Maynas como obispado, parte de las misiones de ese espacio estaban atendidas por los frailes franciscanos del convento de Ocopa, como mencionábamos. Pero Sánchez Rangel, franciscano también, tuvo muchos problemas con ellos, los que trascendieron al ámbito político, teniendo que intervenir el virrey Fernando de Abascal en el tema. Según la interpretación que el obispo hizo de la real cédula de creación del obispado de Maynas, además de dos canónigos asistentes, contaría con el apoyo de los padres franciscanos hasta que hubiese clero. Esto supondría de alguna manera la sujeción de los franciscanos de Ocopa a determinadas directrices del prelado. Pero, y a pesar de que el obispo justificaba que llevaba razón en lo que les solicitaba para la atención de algunas doctrinas de la diócesis, los frailes hicieron caso omiso abandonando muchas reducciones (23). No es la intención detallar los enfrentamientos entre los franciscanos y el obispo, sino mencionarlo como un problema añadido que se evidenció en la visita y en el gobierno del obispado. Como los padres de Ocopa no habían querido acudir a su llamado, Sánchez Rangel tuvo que asistir las iglesias destinando personas no idóneas, dificultándose con ello la continuidad de la evangelización. En el informe al Papa (1822), mencionaba que por esta negativa o imposibilidad de los frailes de Ocopa, había tenido que “… ordenar a muchos que no se lo merecían para llenar los principales huecos” (24). De hecho, afirma que dichos eclesiásticos “… son nada más que para aquellas tierras … Saben lo muy necesario para la administración de los sacramentos y la enseñanza de la doctrina. El actual gobernador interino de la mitra es un simple sacerdote, bastante escaso, pero sobresale a los demás en su buena conducta, fidelidad, mucha caridad, está instruido por mí …” (25). Como se ve, no se pudieron colmar eficientemente los espacios que necesitaban sacerdote.
Esta carencia fue un problema que llegó a la república. En 1833 el gobernador eclesiástico del obispado de Chachapoyas, decía que faltaban sacerdotes en las misiones, pues los pueblos estaban “… en el mayor riesgo de volver a su antigua creencia …“. Envió por ello un pedido a todas las parroquias y conventos de Lima solicitando sacerdotes voluntarios. Todos le contestaron negativamente, o por salud de los presbíteros y religiosos, o por edad, o porque no había a quién enviar (26). Si no hay clero que se dé abasto, ya sea por la falta de buenos curas, por las distancias y dificultades del terreno, o por los conflictos surgidos entre clero secular y regular, lo cierto es que se percibe, como afirma García Jordán, la impotencia de la Corona y del aparato colonial para implementar una política en el Oriente peruano (27). Termino este punto con una afirmación del obispo que me parece resume su desazón y nulo control de su espacio: “A la verdad, sin clero secular ni regular y sin arbitrios para formarlo, es un delirio llamarle a esto Obispado” (28).
Los indios en Maynas, situaciones de conflicto
Para 1814, según datos del censo remitido por el obispo, la población total de Maynas era de escasamente 25,641 almas (29). La población indígena en concreto en este obispado, como decíamos antes, tenía diverso grado de civilización. Se habla de misiones de infieles, gentiles, antropófagos, salvajes liderados por curacas o reyezuelos y también indios cristianizados no convencidos totalmente de su nueva fe. En muchos lugares el sacerdote tenía que ganar la atención de los indios con algunos instrumentos de mucha o poca utilidad, como lo afirma José Julián del Castillo para las misiones del Ucayali: “Para estas Misiones se necesitan lo menos diez sacerdotes … con una remesa de 500 pesos anuales empleados en agujas, anzuelos, tijeras, espejos, cuchillos, hachas, machetes o rozones para congratular y atraer a la religión a los infieles bravos según se acostumbraba en el gobierno español …” (30). Esta realidad convertía en inasibles a los indios, en peligrosos y temidos inclusive en aquellos pueblos donde el clero había podido de alguna manera asentarse.
En la visita eclesiástica, el obispo mencionaba que había bautizado, confirmado y casado a cientos de indígenas de pueblos recónditos. Pero como se sabe los indios bautizados no estaban necesariamente convertidos; era común que ni siquiera entendiesen la gravedad de lo que se estaba tratando, como se desprende de las afirmaciones del prelado: “Al paso y en la visita general … bauticé, confirmé y casé a infinitos gentiles. ¡Qué docilidad! ¡Qué candor! ¡Qué inocencia! Pero en cueros hombres y mujeres, mirando y riéndose de todo“. Y de otro encuentro dice: “… bauticé, confirmé y casé a muchos quedándose estáticos en ver la ceremonia. Uno me agarraba el pectoral, y mirándome se reía con una santa simplicidad. Cual me daba una fruta o pescado, y cual estaba como admirándose sin saber qué hacerse, ya se sienta, ya se levanta … ¡Qué candor y qué sencillez! Pero no pude reducirlos a que se taparan sus carnes, por más que se les dieron camisas y calzones” (31).
Dentro de este conjunto poblacional, grosso modo, había pueblos de indios que querían ser cristianizados, pero también existieron otros en los que era más difícil conseguir siquiera que se establecieran de manera definitiva, o que no se rebelaran. Se le informaba al obispo Sánchez Rangel: He notado el carácter pésimo de los indios de Archidona y especialmente de los de Loreto que huyen y son naturalmente enemigos de vivir en sus poblaciones y de concurrir a las precisas obligaciones de cristianos, habiéndoseles notado a los de Loreto la insubordinación a sus curas, pues al presbítero D. Bernardo Bedoya se le amotinaron algunos y me aseguraron lo habían estropeado, y que también le pegaron fuego a la casa conventual … (32)
Los indios se desplazaban con o sin consentimiento de la autoridad, fundaban otros pueblos, escapaban del control, de los tributos, de los aranceles eclesiásticos, de los servicios personales, o se acercaban más a lugares donde podían comerciar a sus anchas. En la visita pastoral a la región del Putumayo en 1808, los indígenas del pueblo San Miguel del Río, Piscoyacu y Saposoa elevaron una solicitud. Decían que hacía más de 20 años (1788 aproximadamente), más de la mitad del vecindario había tomado la decisión de irse de esos lugares hacia una región de Lamas por razones diversas: más espacio, buenas tierras para labranza y ganado, y por estar cerca a otros pueblos con conexiones más fáciles hacia Trujillo y Lima. Argumentaban que el anterior obispo de Trujillo, Baltasar Martínez Compañón, había dispuesto en su visita que la ciudad debía traspasarse a otro lugar. Pedían ahora licencia al obispo de Maynas para poder irse todo el vecindario. Ya habían conseguido que el cura aceptase traspasarse también. Paralelamente, decían, tenían un recurso iniciado en la audiencia de Lima. No obstante todo lo argumentado por los indios, Sánchez Rangel no aceptó el traslado y ordenó la suspensión de fábricas de iglesias, prisión a los indios revoltosos y que los otros temas pasaran al comandante general de Maynas.
¿Por qué el obispo fue en contra de un establecimiento que llevaba más de dos décadas? Porque, afirmaba, los documentos de los indios eran falsos. En 1798 pasó por el lugar un juez eclesiástico comisionado que les dijo que no había permiso para sus pretensiones. Pero no reconocieron su autoridad. Por otro lado, no estaban tan cerca de poblaciones más civilizadas como decían, sino más lejos, selva adentro. La intención de los indios -y de los vecinos españoles que estaban con ellos- era introducir contrabando de tabaco sin ser fiscalizados. Finalmente, decía el obispo, los indios se han ido a otro lugar “por no atender a los señores jueces y a los curas“. El expediente llega hasta aquí. No se les da permiso para trasladarse y antes bien el obispo determina que regresen a su establecimiento original, cosa que no sabemos si llegó a suceder. El obispo decía que los indios “quisieron engañar así como lo practican siempre” (33).
No sabemos cómo se manejaban los jueces eclesiásticos y curas que servían estos pueblos, ni por qué razones concretas los indios se querían alejar de ellos. Pero hay que introducir otro elemento de análisis. En la carta que el ex gobernador de Maynas y comandante de la Expedición de Límites al Marañón, Francisco Requena, escribió al padre guardián del convento de Ocopa, manifestaba: “Así los jueces en Maynas, como los Misioneros, ejercen sobre estos Naturales la respectiva jurisdicción debida a los fueros Real y Eclesiástico; y desde luego por pequeñas faltas los condenan a un número de azotes proporcionado al delito” (34). Requena califica de “… abominable esta fatal costumbre que no es privativa de solo Maynas“. Como es lógico, no estamos ante una única interpretación del suceso.
El anterior es un caso de cómo los indígenas intentan manejar sus espacios y a las propias autoridades, pues mientras le pedían permiso al obispo en la visita que hacía a esta región para quedarse en el nuevo lugar, ya habían conferido poder a un fiscal para que a nombre del común de indios elevase la solicitud al superior gobierno. Pero no siempre lo hacían por engañar al clero, sino porque efectivamente tenían problemas.
El cura del pueblo de Loreto, en 1808 y durante la visita, escribió al obispo acerca del pedido de los “infieles” de fundar otro pueblo por las plagas que había y por los maltratos de los soldados. Aquí hay otro asunto que se escapa de las manos de las autoridades. El cura de Loreto se quejaba de que los blancos de la frontera usaban a los indios en mingas y servicios personales impidiéndoles asistir a misa los días de fiesta; entre esos blancos estaban los soldados de la Expedición de Límites del Marañón, financiada por España y Portugal. Los indios referían estar cansados de servir a esta Expedición, inclusive se hablaba de “indios de expedición” como una categoría más en algunas zonas. Respecto al accionar de esta expedición, José María Padilla, secretario del obispo, informa que una de las razones por las que no conviene quedarse en Jeberos, primera capital del obispado, es porque se trata de una zona “miserabilísima, sin recursos ninguno, y cuando hay alguna providencia [cuando cede la creciente del río Marañón] todo se acopia por la partida de Expedición a todo costo y de cuenta del Rey …” (35).
La fundación de nuevos pueblos de indios puede tener variedad de causales. Las situaciones son complejas porque tienen que ver con zonas de una frontera que se está midiendo, estudiando, vigilando, con todos los efectos negativos que eso puede suponer; son zonas distantes de las autoridades locales y más aún del gobierno central virreinal. El propio obispo mencionaba como problema que los indios se hallaban errantes entre las fronteras española y portuguesa (36). Si bien la visita podía servir en muchos casos para administrar justicia o mediar en conflictos políticos en zonas como Maynas, nunca fue suficiente.
Sánchez Rangel encontró en Quijos un gobernador “bien perverso“. En vista de las quejas de los indios, dio cuenta al virrey Abascal, pero siendo tan larga la distancia a Lima y tardando la superior disposición, los mismos indios hicieron justicia. Aunque el gobernador se escondió entre las ropas de la imagen de la Virgen, lo sacaron de allí, lo maltrataron y dejaron casi muerto. Luego es que llegó la orden del virrey de sacar al gobernador de ese puesto. Es, pues, uno de los muchos casos que pudieron darse en los que el estado no llegó y la intervención del obispo no pudo detener las acciones de la comunidad. En determinadas situaciones, con los indios había que irse con cuidado, había que ser conciliador.
En 1819, el gobernador político de la provincia de Quijos, Rudecindo del Castillo Rengifo, había determinado que los indios de dos provincias -Concepción y Cotapino- pagasen el derecho de única contribución en oro y no en pita (producto que servía para hacer sogas) como siempre lo habían hecho. Esto significaba que los indios tenían que desplazarse a los lavaderos de oro ubicados en lugares inaccesibles, donde peligraban sus vidas, sus bienes y las chacras que abandonaban por irse a conseguir el mineral. ¿A quién acudieron los indios en esta ocasión? Recurrieron al poder eclesiástico y al poder civil en paralelo, es decir, a su cura párroco, Francisco Ibáñez y Campo que era además juez eclesiástico, y también enviaron informes al teniente general de Quijos, Antonio Lemus, y al teniente de los pueblos de Ávila, Loreto y Payamino, Manuel Rengifo, sobrino del acusado gobernador Rudecindo del Castillo. Es Ibáñez y Campo, párroco y juez eclesiástico, quien por oficio acusó al gobernador de la provincia. Ambos terminaron diciéndose cosas muy fuertes. En este caso, el cura Ibáñez se puso del lado de los indios porque las razones que estos le dieron -antes señaladas- las consideró valederas. Inclusive, sofocó un intento de rebelión de los indios, condescendiendo: Ayer se me presentó todo el pueblo de la Concepción y el de Cotapino, a quienes, después de hacerles ver la obligación que tenemos todos los vasallos del Rey, a aliviarlo y a sacrificarle vidas y haciendas … les ponderé el perjuicio que recibía la Majestad Católica con su única contribución en pitas … Después les hice presentes las urgencias en que se hallaba el Rey por la revolución de los lugares … y que … procuren solicitar lavaderos de oro … Me han pedido tres semanas de término … porque si no encontrasen dichos lavaderos seguirían pagando en pita. He convenido en ello (37).
En otras palabras, Ibáñez tiene que negociar, ceder frente, como él mismo dice, a todo el pueblo. José María Padilla, secretario del obispo de Maynas, derivó el caso al virrey del Perú, Joaquín de la Pezuela. Las acusaciones iban y venían entre las autoridades implicadas. Pero lo que realmente les preocupaba era la respuesta final de los indios. Por un lado, estos expresaron que “aunque los maten no pagarán este tercio en oro por no haberlo en sus playas“. Pero también había un gran temor a otro tipo de acciones. Ibáñez pedía se solucione el conflicto “y Dios quiera sea antes que nos quiten los indios las vidas” (38). ¿Era una alarma innecesaria? En realidad no, pues varios testigos dieron noticia de que, en un pueblo cercano, los indígenas habían incendiado la casa del párroco en desacuerdo por los gravámenes que este les solicitaba.
Respecto al comportamiento de los naturales, estos actúan en todo momento de diferentes maneras: yendo a casa del cura y juez eclesiástico para hacerle saber sus angustias y ponerle límite al asunto que estaban viviendo; huyendo; ejerciendo la violencia contra quienes les oprimían; y junto con lo anterior, notificando a la autoridad civil-militar del lugar sobre los excesos. Este caso no empieza siendo un tema eclesiástico, ya que se trata del pago del ramo de única contribución que, al no poderse hacer en especie, atentaba contra una tradición a la que ya se habían acostumbrado los indios; pero termina convirtiéndose en una cuestión sancionada por las autoridades eclesiásticas debido a las informaciones paralelas que fueron surgiendo y engrosando el expediente. Los indios ejercían una gran presión.
En 1811, José María Padilla se hizo eco de las “muy repetidas quejas” que tuvo “sobre el excesivo y tiránico trabajo que lamentaban los indios de esta ciudad … de unos amos indolentes, sin caridad y sin compasión…“. Ya a fines del siglo XVIII, el gobernador de Maynas, Francisco Requena, llamó la atención en concreto sobre los excesos de los misioneros en el servicio personal que exigían a los indios: “… les traen la sal de las minas que hay en la Misión, les hacen la manteca de las charapas, les salan pescado, y los emplean en fuerza del dominio que ejercen en ellos, por un abuso mal introducido, en cuantas diligencias quieren ocuparlos de su peculiar lucro …” (39). El fiscal del reino (23/06/1811) y luego el virrey Abascal, por decreto del 5 de agosto de 1811, determinaron se eliminasen los servicios personales en la diócesis de Moyobamba. Se estableció que los indios no podían servir a otro sin autoridad del protector de naturales, y que no habiendo Protector esta función la podría cumplir el cura. La decisión del virrey es anterior al decreto de Cortes (09/11/1812) que suspende este mismo asunto para los indios de los reinos de ultramar (40). Podríamos considerarlo como un triunfo más de los indígenas en esa relación con las autoridades de las que podían obtener justicia.
Si bien hemos descrito situaciones que se suscitaban por el accionar de pueblos de indios más o menos organizados, que podían manejarse en distintos niveles en sus solicitudes o actuaciones, la realidad es que el conjunto poblacional que abundaba en la selva amazónica, según las distintas autoridades, era el de los grupos humanos que no se hallaban del todo establecidos, los que podríamos identificar como los llamados salvajes y los considerados antropófagos que se mencionaban al inicio de este epígrafe. Era este el prototipo de habitante que representaba a todo el obispado o a toda la región. Ese imaginario venía de la mano de una catalogación peyorativa que perduró prácticamente todo el siglo XIX. Así tenemos, por ejemplo, al subprefecto de Maynas, Carlos del Castillo Rengifo, quien en el plan topográfico que realizó de esta gobernación en 1834, habla de “habitantes reducidos en sociedad” y de “cantidad de autómatas que habitan los bosques de este vasto océano de montaña …“. En otra parte del documento, del Castillo se expresaba de ellos como este “pequeño número de semiracionales“. Luego de describir las grandes producciones de materias primas de este espacio, sentencia que por el momento el gobierno no debía contar con estas riquezas, sino con “el desembolso de grandes sumas para contener a los indígenas, y muy particularmente a los neófitos que detestan la sociedad, quienes emigran diariamente a lugares desconocidos por falta de azote …” (41). Se trata de una mirada generalizada entre las autoridades en el siglo XIX republicano.
En muchos casos, la educación y catequesis tampoco daban resultado. Era muy difícil que los pobladores aceptasen el adoctrinamiento y las primeras letras en la escuela. Los informes (1843) hablan del “… ningún aprecio que hacen los padres de familia de esta clase de educación, pues … los remontan o no sé dónde los meten cuando los ven destinarse para adoctrinarlos, y solo el temor del castigo que se les aplica, hace que tengamos actualmente seis niños, que se hallan deletreando, al paso que son poco a poco instruidos en el castellano, habiendo fugado dos de los primeros, que fueron los mejores” (42). El segundo obispo de Maynas, José María de Arriaga, estableció una escuela gratuita de primeras letras en el Seminario de Moyobamba (1843), según sus palabras, “para el bien de la Iglesia y del Estado” (43). Evidencia de que ese cometido interesaba al gobierno civil de la provincia, es el hecho de que el obispo recibe el apoyo del subprefecto e intendente de policía de Maynas, quien ordena que todos los padres de familia quedaban forzosamente obligados “bajo la más estricta responsabilidad, a poner a sus hijos en la escuela pública que se va a establecer, bajo la dirección del ilustrísimo señor Obispo …” (44).
Finalmente, las dificultades con la población de Maynas venían también por el lado de las distintas lenguas que hablaban los grupos que poblaban la Amazonía: “Mas este pequeño concurso representaba un Babel, porque el castellano, el inca, el portugués, el brasilero, el ticuna, el cunivo eran los idiomas de sus individuos“. Si esta variedad de lenguas no suponía un reto de por sí, podemos imaginarnos la frustración de no contar con intérpretes que pudieran transmitir las verdades de la fe: En medio de esta dificultad, restaba saber si los intérpretes trasladaban rectamente nuestros períodos [sic], porque uno de ellos había hecho esta traducción: “Jesucristo está en Loreto” en lugar de esta otra “Dios está en todas partes”. Aún aquellos indígenas al parecer instruidos estaban envueltos en semejante ignorancia. Así, preguntado uno de ellos “Volverá Jesucristo a la tierra?” Sí, respondió frescamente “volverá conduciendo zarza para negociar en
Tabatinga”. Otro contestó: “Dios se ha quedado en la vuelta del río” (45).
Como vemos, veinte años después de las guerras de independencia y de la salida del obispo Sánchez Rangel, en la selva peruana se suscitaban los problemas de siempre y se daban las mismas dificultades de inicios de la evangelización en las regiones de la costa y de la sierra. En Maynas parecía que la catequesis estaba siempre comenzando.

Propuestas del obispo para el control del obispado

Durante el tiempo en el que Hipólito Sánchez Rangel estuvo a la cabeza del obispado de Maynas, solicitó en reiteradas ocasiones el cambio a otro destino argumentando no estar en condiciones de salud para permanecer ahí. Se prometió acceder a su pedido por real orden de 1814, pero no se hizo efectivo. De 1819 data la última solicitud que interpuso el obispo para su cambio o retorno al convento franciscano (46). Estas peticiones no hacen sino evidenciar, además de las enfermedades que con seguridad sufrió el obispo, el cansancio en la labor evangelizadora en un espacio de tamañas dificultades. En otros informes nos dice que llegó a su destino en Perú sin tener conocimiento de las características de la diócesis que iba a gobernar. En efecto, por muchas referencias que se pudiesen tener, las expectativas chocaban con la realidad una vez llegados allí. Andando el tiempo, sabiendo de los pocos recursos humanos con que se contaba para el obispado, el desánimo se hacía evidente.
Se han podido advertir en estas páginas las grandes dificultades que una zona de misión en la selva amazónica tenía para cualquiera. Considerando esto, así como la propia experiencia en el lugar, el obispo hizo algunas propuestas de reforma para el mejor gobierno y control del obispado. Él afirmaba que tenía en mente una gran reforma, la que fue elevada a Madrid muchas veces. Hasta el momento hemos encontrado tres propuestas.
Al terminar la visita, Hipólito Sánchez Rangel remitió al Consejo de Indias un proyecto para la mejora y felicidad de la provincia de Maynas, enviada a España alrededor del año 1814. No tenemos el Proyecto pero sí la respuesta del virrey Abascal. En esta primera propuesta, el obispo pedía para Maynas seis puntos: si convenía suprimir el gobierno militar de esa provincia; los recursos que había que tomar para el envío de familias industriosas a esa diócesis; la apertura de un camino que conectase con la capital; abrir en dicho camino comunicación con el río Marañón; impedir, siguiendo el punto anterior, la invasión y contrabando de los portugueses; y finalmente, impedir los riesgos que podrían sobrevenir o suscitarse con Portugal. En este proyecto se hacen evidentes esas funciones que, se asumían, también debían cumplir los misioneros sobre todo en la selva: exploración del territorio, apertura o mejora de rutas de penetración en la Amazonía (47), o como se exponía en anteriores párrafos, opiniones sobre cómo administrar mejor un espacio. Ello explica que el obispo propusiera temas de tanta radicalidad y que tenían más que ver con actividades políticas que espirituales. Para dar respuesta, el gobierno se sirvió a su vez de otros miembros del clero.
El virrey Abascal, siguiendo el consejo de dos frailes franciscanos, Luis Colomer y Narciso Girbal (48), que habían servido en las misiones de la selva, dio respuesta negativa a todos los puntos aunque con algunas acotaciones importantes. Respecto a lo primero, los frailes veían de absoluta necesidad el gobierno militar de Maynas por ser frontera con Portugal (49); no obstante, sí consideraban digna de supresión la partida de la Expedición de Límites “contra la cual han clamado justamente los indios”. Esto nos hace deducir que en el Proyecto elaborado por Sánchez Rangel también se hacía alusión a esta Expedición, pues había sido muy injusta con los indígenas del lugar sobre todo en cuanto a los servicios personales. Los indios huían de los “blancos” de la Expedición. Por otro lado, Colomer y Girbal consideraban impracticable enviar familias industriosas desde otros puntos a Maynas, “por la diversidad del clima que las haría … perecer“, y porque se sentirían desterradas y en tierras “incómodas“. Si no eras del lugar, la selva amazónica no constituía una opción a considerar para hacerse de tierras o empezar algún tipo de industria; inclusive tampoco los lugareños se afincaban, eran poblaciones que se movían mucho, como hemos anotado. Tal es así que en la república el gobierno brindó alicientes para que se quedaran en el lugar o para que los extranjeros se avecindaran en Maynas (50).
Acerca de abrir un camino que vaya a la capital, Abascal afirma que los religiosos “… [lo] tienen por el mayor de los imposibles por lo cubierto y encadenado que se halla aquel país de cerros inmensos y peñascos interminables, y de no traer utilidad alguna la transportación de géneros aún en el caso de ser practicable” (51). Esta afirmación choca con el conocimiento que desde hacía décadas se tenía de la riqueza en productos naturales de la selva. Ya en 1791, fray Manuel Sobreviela había publicado en el Mercurio Peruano una extensa relación de la producción de Maynas, referencia a la que alude uno de los visitadores en la zona del Huallaga a fines de la década de 1790. El obispo Sánchez Rangel también tenía un amplio conocimiento sobre la producción económica de Maynas, la que puso por escrito en su Pastoral (1827) con gran detalle. Volviendo al proyecto, sobre los demás puntos, la negativa también es rotunda, concluyendo el virrey el informe con la siguiente idea: “el único medio de mejorar la suerte de aquellos habitantes es la buena elección de los que los gobiernan tanto en lo político como en lo espiritual” (52). Al parecer, el consejo de Indias tomó en cuenta la opinión del virrey Abascal, puesto que no hubo ningún cambio en la diócesis que tuviese que ver con los pedidos del obispo para, como rezaba el título, la felicidad de aquella provincia.
El prelado fue muy crítico con quienes consideraba responsables de que las cosas no funcionaran en Maynas. Sánchez Rangel le escribió a Bartolomé de las Heras, arzobispo de Lima (1820): “Yo no puedo con esto absolutamente, y si no se toma una medida juiciosa que pueda darme algún alivio, seré víctima …“. El obispo acusaba al ex gobernador de Maynas, Francisco Requena, y a los franciscanos del convento de Ocopa de que, buscando posicionarse -sobre todo el primero-, habían tenido que ver en la creación del obispado de Maynas. Era por todos sabido que los informes -y mapas- que Francisco Requena remitió a la corona sobre la pertinencia de segregar algunos territorios del obispado de Santa Fe e incorporarlos a un nuevo obispado en la selva norte del Perú que incluyese también las misiones de Maynas, en abandono luego de la expulsión de los jesuitas, tuvieron mucho que ver en la decisión de la corona de erigir el obispado de Maynas (53). Para Sánchez Rangel, Maynas como obispado era un despropósito: “Don Francisco Requena movido, sin duda, por las pretensiones … quiso hacer su mérito inspirando la institución de esta mitra …, pero en unos términos tan vacíos, tan fuera de razón, que solo palpando lo que es esto y lo que ha sucedido pueden conocerse” (54). No era la primera vez que el obispo afirmaba que se habían equivocado quienes pensaron en Maynas como un obispado que pudiese propiciar un cambio en esas tierras. Pensamos que este es el contexto inmediato de sus siguientes proposiciones.
La segunda propuesta de reforma se incluye en el informe elaborado en 1822 dirigido al sumo pontífice. En él, Hipólito Sánchez Rangel sugiere la agregación de unos territorios al obispado de Maynas y la separación de otros. En el primer caso, proponía, entre varios más, que se agreguen algunos importantes -Cajamarquilla, Chachapoyas y Chillaos- que formaban parte del obispado de Trujillo. Los puntos a añadirse contaban con “un competente número de curatos” que, con los que había en Maynas, “podían contribuir al seminario del Tridentino para repararlo y criar eclesiásticos naturales de aquellos países …“. Esto significaría contar con elemento humano para el servicio eclesiástico y para la sustitución de misioneros. Según el obispo, había autorización para formar un seminario pero no se habían dado las circunstancias. En el caso de la separación de territorios, la finalidad era destinarlos a la jurisdicción de los obispados colindantes -Quito, Cuenca, Popayán- desde los cuales se podrían servir mejor que desde Maynas (55).
Finalmente, cuando Sánchez Rangel era obispo de Lugo, en su Pastoral religiosa-político geográfica (1827), hace otra propuesta de reforma para toda la diócesis que tenía que ver, como la anterior, con una de sus principales preocupaciones: el control del espacio y la reafirmación de la función del obispo. Afirma que se hacía necesaria la división de Maynas en tres obispados: uno en Quijos, otro en Chachapoyas y otro en la ciudad de Huánuco. Para él era la única manera en que se podía atender tan grande espacio con toda la problemática antes analizada. Pero si esto no era posible, lo que había que hacer era: “… que el obispo que fuere de Maynas no debe residir jamás en la capital, ni tener otra cosa en qué ocuparse que visitar en muchos años hoy un punto, mañana otro, o estando un año en Quijos, al siguiente ir a Maynas, en el otro en Moyobamba y Lamas, etc., y no hay que contar con él para otra cosa de las muchas que son o se atribuyen al Obispado“. En otras palabras, que el obispo se dedique a conocer su obispado durante todo su período de gobierno. Se sobreentiende que las demás funciones las delegaría en otros ministros del altar. Es clara la importancia que Sánchez Rangel daba a la visita, hasta el punto de convertir al obispo en un visitador por el resto de su vida. Pero Sánchez Rangel llegó a más en esa misma pastoral: todo el espacio del obispado de Maynas debería contar con entre cuatro a seis obispos, dada la enorme extensión de los pueblos que lo habitan (56).
Hipólito Sánchez Rangel proponía, entonces, una reestructuración muy profunda del obispado de Maynas y del papel del obispo en aquella diócesis: que se dedique únicamente a conocer el obispado, que eso ya le va a llevar todos los años que dure su gobierno. Y es que cuando decíamos antes que el clero no se daba abasto, también nos referíamos al propio obispo, a su figura, a sus humanas fuerzas, situación que está impregnada en varios de los puntos de sus propuestas.

A manera de conclusión y algunas reflexiones finales

La visita eclesiástica de Sánchez Rangel advierte grandes problemas en la región: zona de misiones, zona de frontera con Portugal, diócesis inaccesible, con más o menos según el obispo doce tribus distintas de “gentiles“, con una geografía y distancias que el gobierno colonial no intentó o no pudo acortar. A pesar de ser en lo político una comandancia general y estar custodiada por tropas y una expedición de límites, ¿qué tan lejano estaba el gobierno de este espacio? No hablamos solo de Lima. Sánchez Rangel escribe su Pastoral sobre Maynas (1827) y la dedica a Fernando VII con estas palabras: “Como Vuestra Majestad tuvo a bien preguntarme dónde estaba Maynas, recogiendo mis pensamientos con algunos apuntes que traía, he compuesto este libro …” (57).
Esta visita cumplió varias funciones. En primer lugar, la eclesiástica, puesto que el visitador impartía justicia, evangelizaba o catequizaba, advertía la continuidad o no de la prédica y de la imposición de sacramentos, etc. En segundo lugar, la visita tenía una función político-estratégica. El estado no llega a toda la comandancia general de Maynas; el clero se convierte realmente en la selva en la imagen de la autoridad política. Por ello el obispo o sus visitadores se encargaban de describir la geografía, medir las distancias de un punto a otro y demarcar el territorio lo más exacto posible, pues la realidad no coincidía con la plasmada en la real cédula de creación del obispado en 1802. Esta era además una zona de frontera, problemática que se añade a las antes reseñadas. La visita eclesiástica se encargó también de hacer una descripción prolija de las riquezas de la diócesis en todos los órdenes, de las costumbres, del carácter de los indígenas, de las vestimentas o de la falta de ellas, de las plantas medicinales, del comercio interno y externo sobre todo con Brasil, etc. En el medio de todo, la visita manifestaba un gran interés en el control del gran espacio de la selva norte, el que claramente no se podía realizar desde un único frente y en el gobierno de un solo obispo, por mucho que Hipólito Sánchez Rangel lo intentase, propusiese o ejecutase algunas providencias para ello.
La visita de este obispo no deja acuarelas como sí lo hiciera el conocido Baltasar Jaime Martínez Compañón (58). Es más, Sánchez Rangel decía en unas líneas de su pastoral que no tenía caudales para levantar e imprimir un mapa; en su defecto, describió las distancias y dibujó una cruz con los puntos cardinales para que sirviera de ubicación de lo que iba a detallar (59). Aun así, con estas carencias y estando dispersa la documentación, la visita de este primer obispo a Maynas refleja las preocupaciones típicas de los ilustrados. Sánchez Rangel se basa en muchos puntos en la expedición de La Condamine (60). Es posible afirmar que, como género “visita“, la que realiza Sánchez Rangel tiene rasgos que la emparentan más con la documentación expedicionaria, y en ese sentido sigue en importancia a la realizada por Martínez Compañón al obispado de Trujillo, sobre todo por el espacio que abarcó en sus descripciones, y por la vigencia de las apreciaciones y descripciones, más de un siglo después, sobre la selva norte peruana.
La visita se vio limitada por las guerras de independencia en el Perú, con el añadido de la huida del obispo de Maynas a Brasil y luego a la península. Entonces, si ya Maynas era inaccesible, si ya la comunicación era complicada con esta región, es de imaginarse lo que supusieron los años de guerra y los primeros de la república, como se hace evidente de la mano de algunos viajeros extranjeros. El inglés Henry Lister inició una expedición desde Lima hacia el interior del Perú el año 1827. Se comunicó con él Francisco Xavier de Echagüe y Ruiz de Arellano, vicario de Lima, para pedirle, ya que se dirigía a Maynas, le informe a su regreso todo lo relacionado a la situación del obispado (nombres de los curas y capellanes), en tanto que en ese momento “… desconocía totalmente el estado de la diócesis de Maynas, expresando a la vez su ansiedad de poder controlar los males existentes, pero que hasta que supiera lo que se requería le era imposible actuar” (61).
Este desconocimiento, que en palabras de Henry Lister afirma tener el arzobispo de Lima, de una zona estratégica como Maynas, en efecto no dista mucho de la situación real de abandono de la diócesis luego del exilio voluntario de su obispo. Aunque este no llegase a conocer toda la diócesis, era el referente para la política local y virreinal, era el que conocía mejor este territorio, era al que el poder central recurría. Ese conocimiento se lo dio la visita de su obispado, pero, además, la vena política que es perceptible en sus pedidos de reforma, en sus luchas contra los franciscanos, en sus propuestas claras de dividir, reagrupar, repartir, adjudicar, eliminar tropas, defender territorio y poblaciones, centralizar, palabras que nos remiten a un proyecto reformador borbónico que buscaba, precisamente, recuperar el control.
Referencias bibliográficas
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* Este artículo se inserta dentro del proyecto de investigación “Justicia eclesiástica y conformación de la sociedad en la América Hispana colonial” (HAR2012-35197).
Notas:
(1) “Al principio se le llamó obispado de Mainas porque se mandó que se erigiera en las misiones de Mainas y que se compusiera de todas las conversiones servidas por los misioneros de Ocopa y de la antigua Compañía de Jesús en los ríos Huallaga y Ucayali, con todas las montañas que sirven de entrada a ellos y que estaban en la jurisdicción del arzobispado de Lima. Se aplicaron también los curatos de Lamas, Moyobamba y Santiago de las Montañas, pertenecientes al obispado de Trujillo; todas las misiones de Mainas, los curatos de la provincia de Quijos excepto el de Pallacta; la doctrina de Canelos en el río Bombonaza, servida por padres dominicos; las misiones de religiosos mercedarios en la parte inferior del río Putumayo pertenecientes al obispado de Quito; y las misiones situadas en la parte superior del mismo río Putumayo y en el Yapurá, llamadas de Sucumbios, que estaban a cargo de los padres franciscanos de Popayán” (Carlos Larrabure y Correa, Colección de leyes, decretos, resoluciones y otros documentos oficiales referentes al Departamento de Loreto, tomo lll, Monumenta Amazónica, Iquitos [Perú], 2008, p. 163. [Primera edición, Lima, 1905]).
(2) Ibid., p. 168.
(3) Pilar García Jordán, Cruz y arado, fusiles y discursos. La construcción de los Orientes en el Perú y Bolivia 1820-1940, IFEA, IEP, Lima, 2001, p. 23.
(4) “Es también muy general en Maynas el uso de pintarse, como lo es en el Ucayali, y generalmente entre todas las Naciones incultas de esta América …” (Carta del señor Don Francisco Requena, gobernador de los Maynas, al R.P Guardián de Ocopa con algunas reflexiones referentes al mejor gobierno y progresos de las Misiones del Ucayali, en Mercurio Peruano, edición facsimilar, tomo IX, 1793, fol. 5).
(5) “Aunque el nombre de Maynas en rigor solo debió aplicarse a la comarca del N. del Marañón donde vivían dichos indios, se fue extendiendo después a todas las Misiones de la Compañía en la dilatada zona de la cuenca del Marañón o Amazonas” (Ricardo Beltrán Rózpide, Maynas, Publicaciones de la Real Sociedad Geográfica, Imprenta del Patronato de Huérfanos de Intendencia e Intervención Militares, Madrid, 1911, p. I).
(6) En Chachapoyas prácticamente no hay archivo eclesiástico sino repositorio de documentos. Si bien existe un incipiente catálogo documental, el lugar no cuenta con infraestructura para atender a los investigadores. En la actualidad está en marcha un proyecto de digitalización de una parte de la documentación del obispado de Chachapoyas, coordinado por Melecio Tineo Morón, director del Archivo Arzobispal de Huacho (Lima). Fuente: https://archivohuacho.wordpress. com/2019/01/20/proyecto-de-digitalizacion-en-el-archivo-del-obispado-de-chachapoyas/?fbcli d=IwAR3BfSuQr4cvWHdseTnZyLpHgEmz4VGF2ZhY3eqIsiMtBzj1dznx8jkyVuw (consultado el 26/02/2019).
(7) Según José Barletti, el obispo realizó la visita entre los años 1808 y 1811. José Barletti, La población de Maynas en tiempos de la independencia: análisis de Lagunas y Jeberos, Documento Técnico no. 9, Instituto de Investigaciones de la Amazonia peruana, Iquitos, 1994, p. 9.
(8) Hipólito Sánchez Rangel, Pastoral religioso-política, geográfica, Imprenta de Pujol, Lugo, 1827, p. 4.
(9) Pilar García Jordán, Iglesia y poder en el Perú contemporáneo 1821-1919, Cusco, Centro de Estudios Regionales Andinos Bartolomé de las Casas, sf., p. 53.
(10) Veáse, Luis Antonio Eguiguren Escudero, Apuntes sobre la cuestión internacional entre el Perú y Ecuador, vol. 1, Maynas, Lima, 1941.
(11) Carlos Larrabure y Correa, op. cit., tomo I, p. 164.
(12) Un interesante y detallado informe acerca de la situación de Maynas y de sus autoridades políticas, militares y eclesiásticas en la coyuntura de la independencia peruana, desde la perspectiva de quienes fueron partidarios de la contrarrevolución, es el documento elaborado por el secretario del obispo de Maynas: José María Padilla y Aguila, Exposición económico política documentada de los sucesos ocurridos en el gobierno eclesiástico, civil y militar de las provincias de Mainas, invadidas por los disidentes del Perú en los años de 1820 y 1821, Madrid, Por don Antonio Fernández, 1823. Con una inclinación hacia la causa de la independencia, ver Alejandro Zubiate Zabarburu, Contribución de Chachapoyas a la revolución emancipadora del Perú/1821-1824, Lima, 1974.
(13) “… que remitiréis al referido mi Consejo para su inteligencia, dándome cuenta ambos con la posible brevedad y la debida instrucción para las providencias que convengan al mayor fomento de esas misiones y mejor servicio de Dios y mío” (Carlos Larrabure y Correa, op. cit., tomo I, p. 167-168).
(14) ARCHIVO ARZOBISPAL DE LIMA (AAR). Serie: Documentos Jaén, Maynas y Chachapoyas, no. 14., año 1820, fol. 2
(15) Hipólito Sánchez Rangel, Pastoral religioso-política, geográfica, p. 1.
(16) Ibid., pp. 157-158.
(17) “De la visita del señor obispo en Pebas”, 1842. Carlos Larrabure y Correa, op. cit., tomo XI, p. 114.
(18) Ibid., tomo VIII, p. 336.
(19) Ibid., p. 259.
(20) Hipólito Sánchez Rangel, Pastoral religioso-política, geográfica, p. 151.
(21) Ibid., p. 4.
(22) Ibid., p. 131.
(23) Otro ángulo del conflicto entre los franciscanos de Ocopa, el estado colonial y el obispo de Maynas, en Rubén Vargas Ugarte, El episcopado en los tiempos de la emancipación sudamericana, Lima, Librería e Imprenta Gil, 1962, pp. 148-149.
(24) “Informe dirigido a su santidad por el obispo de Mainas acerca del estado de su diócesis, 1822”. Carlos Larrabure y Correa, op. cit., tomo VIU, p.259.
(25) La cursiva es nuestra. Ibid., p. 260.
(26) AAL. Serie: Documentos de Jaén, Maynas y Chachapoyas, leg. 1, exp. 39, años 1832-1833.
(27) Pilar García Jordán, Cruz y arado, fusiles y discursos, p. 53.
(28) AAL. Convento de San Francisco, leg. 11, exp. 30, año 1819, p. 3v.
(29) Ricardo García Rosell, Conquista de la Montaña. Sinopsis de los descubrimientos, expediciones, estudios y trabajos llevados a cabo en el Perú para el aprovechamiento y cultura de sus Montañas, Lima, Tip. “La Prensa”, 1905, s.p.
(30) AAL. Serie Curatos. Amazonas, leg. 36, exp. 11, año 1828, fol. 2v.
(31) Hipólito Sánchez Rangel, Pastoral religioso-política, geográfica, p. 188.
(32) ARCHIVO ARZOBISPAL DE CHACHAPOYAS (AACh). Serie: Visitas pastorales, leg. 5, años 1808-1810.
(33) AACh. Serie: Visitas pastorales, leg. 5, años 1808-1810.
(34) Carta del señor Don Francisco Requena, gobernador de los Maynas, al R.P. Guardián de Ocopa con algunas reflexiones referentes al mejor gobierno y progresos de las Misiones del Ucayali, en Mercurio Peruano, edición facsimilar, tomo IX, 1793, fol. 2.
(35) AACh. Serie Visitas Pastorales, leg. 5, años 1808-1810.
(36) Carlos Larrabure y Correa, op. cit., tomo VII, p. 333.
(37) La cursiva es mía. AACh. Serie: Visitas pastorales, leg. 5, años 1808-1810.
(38) Ibidem.
(39) “Descripción de los varios caminos que dan paso desde la ciudad de Quito al río del Marañón para acompañar al mapa que de ello se ha formado …” de Francisco Requena, 1785, en Boletín de la Sociedad Geográfica de Lima, tomo LXII, 1945, p. 116.
(40) Aunque no sea el tema, es importante mencionar que ejemplos como este ratifican la mirada historiográfica que incide en que no todas las propuestas de este tipo empezaron en Cádiz; ya en los propios reinos americanos se venían haciendo nuevas propuestas.
(41) La cursiva es mía. “Plan topográfico de la provincia de Mainas por su subprefecto don Carlos del Castillo Rengifo. Moyobamba, septiembre 4 de 1834” en Carlos Larrabure y Correa, op. cit., tomo XIV, p. 266.
(42) José Inocencio Hidalgo al obispo José María de Arriaga. Jeberos, 19 de junio de 1843 (Carlos Larrabure y Correa, op. cit., tomo IX, pp. 453-454).
(43) Moyobamba, 27 de septiembre de 1843. Ibid., pp. 455-456.
(44) Moyobamba, 30 de setiembre de 1843. Carlos Larrabure y Correa, op. cit., tomo IX, p. 459.
(45) Viaje a los ríos Pachitea y Pozuzo por los PP Fr. Manuel Plaza y Fr. Juan Crisóstomo Cimini. 1841. Carlos Larrabure Y Correa, op. cit., tomo XI, p. 106.
(46) AAL. Jaén, Maynas. Chachapoyas, leg. 1, exp. 9, año 1819, fol. 1-1v.
(47) Pilar García Jordán, Cruz y arados, fusiles y discursos, p. 26.
(48) Narciso Girbal, franciscano del convento de Ocopa, se dedicó a recorrer la selva, debiéndosele a él los primeros artículos sobre esta región. Girbal fue muy un misionero que contaba con muy buena opinión entre las autoridades, como por ejemplo el gobernador de Maynas, el conocido Francisco Requena. Algunas notas de sus viajes al interior del Perú: “Peregrinación por los ríos Marañón y Ucayali a los pueblos de Manoa, hecha por el padre predicador apostólico fray Narciso Girbal y Barceló en el año pasado de 1790”, en Mercurio Peruano, tomo IIl, edición facsimilar, 1791, fols. 49-72. “Segunda peregrinación del padre predicador apostólico fray Narciso Girbal y Barceló, a los pueblos de Manoa”, y “Noticias interesantes a la religión y al estado escritas desde Manoa con fecha 3 de abril de 1792, por los padres misioneros de Ocopa fray Narciso Girbal y Barceló y fray Buenaventura Marques …”, en Id., tomo V, 1792, edición facsimilar, fols. 89-113 y fols. 116-123.
(49) Este era un problema no solo de defensa de los límites territoriales, sino en relación con los indígenas. Para 1834, el subprefecto de Maynas, Carlos del Castillo, mencionaba, entre otros problemas: “El abandono de estas fronteras hace poner en práctica a los brasileros el infame uso de la violencia que no pueden resistir nuestros infelices salvajes que la padecen en la línea divisoria de ambas naciones … los raptores triunfan a beneficio del estruendo del cañón que lleva la desolación y la muerte en el río Putumayo” (Carlos Larrabure y Correa, op. cit., tomo XIV, p. 267).
(50) “Se ordena al subprefecto de Maynas preste protección a los salvajes orejones que tratan de establecerse a orillas del río Ambiyacu, 1832“, “Erección de un colegio de propaganda fide en Jeberos y concesión de tierras a los extranjeros que se avecinen en Maynas, 1832”, “Concesión de terrenos en la región del Pastaza al curaca don Bernardo Muranama, 1836”, “Se concede a los que cultiven terrenos en las reducciones del Ucayali la propiedad de ellos, 1845”, entre otros dictámenes. Carlos Larrabure y Correa, op. cit., tomo V, p. 8-10, 16.
(51) AGI. Lima, 1017. Años 1814-1815, fol. 1v-2.
(52) Ibid., fol. 2v.
(53) Félix Denegri Luna, Perú y Ecuador. Apuntes para la historia de una frontera, Lima, Bolsa de Valores de Lima, Instituto Riva-Agüero, Pontificia Universidad Católica del Perú, 1996, pp. 32-35.
(54) Carta del obispo de Maynas al arzobispo Las Heras. Moyobamba, 5 de marzo de 1820, en Rubén Vargas Ugarte, El episcopado en los tiempos de la emancipación sudamericana, p. 398.
(55) En este informe, Sánchez Rangel incluye un extenso párrafo describiendo la demarcación del obispado de Maynas. Además, plantea que la silla episcopal, una vez unidos territorios, debería ser Moyobamba o Chachapoyas. “Informe dirigido a su santidad por el obispo de Mainas acerca del estado de su diócesis, 1822” (Carlos Larrabure y Correa, op. cit., tomo VIII, pp. 261-262).
(56) Inclusive llegó a afirmar: “Es tan cierta la multitud de indios y mestizos, con algunos españoles europeos y americanos, y tan grande la extensión de los países que habitan y están a mi cargo, que llevando la verdad en mi pluma y el conocimiento exacto de toda o la mayor parte de la diócesis, cuatro o seis obispos con su correspondiente clero, luces y robustez extraordinarias pudieran abastecer de lo necesario todos estos vastos y enmarañados países que la componen” (Hipólito Sánchez Rangel, Pastoral religioso-política, geográfica, Imprenta de Pujol, Lugo, 1827, pp. 150-151).
(57) La cursiva es nuestra. Ibid., s.p.
(58) Sobre la importancia de la visita realizada por Baltasar Martínez Compañón a Trujillo del Perú en el último tercio del siglo XVIII, existe una abundante bibliografía. Entre otros títulos: Emily Kay Berquist, The Science of Empire: Bishop Martínez Compañón and the Enlightenment in Peru, Dissertation presented to the Faculty of the Graduate School of the University of Texas at Austin, Doctor of Philosophy, august 2007; Susan Ramírez Horton, Al servicio de Dios y de su Majestad. Los orígenes de las escuelas públicas para niños indígenas en el norte del Perú en el siglo XVIII, Lima, Asamblea Nacional de Rectores, 2014. Rubén Vargas Ugarte, D. Baltasar Jaime Martínez de Compañón, obispo de Trujillo, en Rubén Vargas Ugarte, Tres figuras señeras del episcopado americano, Lima, Milla Batres, 1966, pp. 165-229.
(59) El obispo menciona: “Todos los puntos de que se va a hablar están colocados entre los cuatro cardinales que se ven señalados en la cruz …” (Hipólito Sánchez Rangel, Pastoral religioso-política, geográfica, Imprenta de Pujol, Lugo, 1827, p. 156).
(60) Ibid., pp. 149, 184.
(61) Henry Lister Maw, Travesía del Pacífico al Atlántico cruzando los Andes por las provincias septentrionales del Perú en 1827, en Estuardo Núñez (comp.), Colección Documental de la Independencia del Perú, tomo XXVII, vol. 4, Comisión Nacional del Sesquicentenario de la Independencia, Lima, 1973, p. 143.

Torres versus Barreto

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Petardo caníbal

Aníbal Torres, en una conferencia de prensa, intentó justificar su insulto y dijo que calificó de miserable al cardenal Barreto no con intención de ofenderlo, sino “porque no recordaba su nombre”.
Pero no fue el único insulto. Al hacerse el que no se acordaba del nombre del cardenal, lo llamó “cura Valverde”, insinuando que era un canalla. Recordemos que la historia del Tahuantinsuyo relata que el fraile Vicente de Valverde fue quien acusó al inca Atahualpa de hereje con el español Francisco Pizarro. Esto luego de que el emperador cusqueño tirara al piso una Biblia.
Después de escuchar al premier, la Conferencia Episcopal Peruana (CEP) pegó el grito en el cielo. “En una sociedad (…) donde la violencia verbal y los insultos reemplazan el diálogo y a las ideas, se pone en peligro el futuro y el crecimiento integral de la misma sociedad”, señaló en una carta abierta a Torres.
La CEP rechaza tajantemente los insultos vertidos por Aníbal Torres contra el cardenal”, finalizó la misiva. Fuentes de la PCM ya habían señalado a Perú21, días antes, que al actual premier no le gustó para nada esta suerte de vocería del también arzobispo de Huancayo, quien anunció –la semana pasada– a viva voz que Castillo renovaría el Consejo de Ministros.
NO ACUERDAN NADA
Alianza para el Progreso (APP) fue el primer partido político en desairar a Castillo al adelantar que no participará en la convocatoria al AN. “Consideramos que invocar al Acuerdo Nacional no tiene sentido si la conducción del gobierno sigue siendo confrontacional y va en contra de los postulados que se pregonan”, manifestó la agrupación política en un comunicado. El secretario general del AN, Max Hernández, tomó con sorpresa el pronunciamiento y señaló que buscará contactarse con el líder de APP, César Acuña, para que se reconsidere esta decisión.
Consultado por este diario sobre su participación en el Acuerdo Nacional, el líder de Renovación Popular, Rafael López Aliaga, señaló que su partido “no dialoga con gobiernos con corrupción y asesinos, que están llevando a la pobreza extrema al pueblo peruano”.
El secretario general del Acuerdo Nacional, Max Hernández, también fue atacado por Torres. “Yo mañana salgo del premierato como si nada(…). Ahí está Max Hernández, ¿no es verdad que usted está siempre del lado de la ultraderecha?”.
Fuente: Diario Perú21.

Anthony Lastra oró junto a Pedro Castillo.

ANTHONY LASTRA, EL ENLACE ESPIRITUAL DE PEDRO CASTILLO

Por – Sudaca.pe
Tiene 23 años, considera al presidente un “elegido de Dios” y ha llamado a los morados “hijos de Satanás“. El joven pastor, líder de un movimiento evangélico en Mirones Bajo, se acercó a Castillo tras un sueño de su esposa y dice que le aconsejó alejarse de Bruno Pacheco. Su próxima conversación con él, asegura, será sobre la vacunación. También visita congresistas del bloque magisterial para promover una agenda desde la fe.
«Recuerda que, en la Biblia, los reyes tuvieron a los profetas que los asesoraban espiritualmente y les decían qué hacer conforme a la palabra de Dios. Aparte tenían a sus asesores políticos», dice Anthony Jesús Lastra Velarde, de 23 años, para explicar su relación con la pareja presidencial y, en específico, con el presidente Pedro Castillo.
El joven pastor es el secretario de juventudes y vocero del Movimiento Nacional de Asistencia y Asesoría Espiritual Eliseo (Movinaes), una agrupación evangélica incipiente que busca mayor representación nacional en su comunidad. Dirige, como parte de este movimiento, el Centro Cristiano Vida de Dios, situado en la urbanización Mirones Bajo, en el Cercado de Lima.
Lastra se ha convertido en el enlace más visible entre la iglesia evangélica y el presidente. Su cercanía es clara: se evidencia en diversas fotos con Castillo y su esposa en mítines de campaña, y en ceremonias religiosas. Reconoce, además, que tiene una agenda para el mandatario. “Hay una agenda espiritual. Deben respetarse los valores bíblicos. Él [Castillo] es profamilia y provida. Está en contra de la ideología de género y el aborto. Lo sé porque hemos conversado estos temas”, afirma. El mensaje recuerda al movimiento Con Mis Hijos No Te Metas (CMHNTM).
El pastor Lastra se acercó al presidente luego de que este pasara a segunda vuelta. Lo hizo, dice, motivado por un llamado divino. “Yo me acerco al presidente cuando aún era candidato en segunda vuelta. Mi señora esposa tuvo un sueño donde una voz le dijo que Pedro iba a ser presidente. Esa palabra venía de nuestro Dios”, cuenta a Sudaca.
No le fue difícil que el entonces candidato presidencial acepte su presencia. La primera dama, Lilia Paredes, forma parte de la Iglesia del Nazareno, una de las congregaciones evangélicas más representativas del país. De hecho, uno de los locales de la iglesia se encuentra al frente de su casa en Chota.
El pastor dice haber hecho buenas migas con la esposa del mandatario. “Conozco a su esposa, que es evangélica. Ahí tenemos una relación porque somos hermanos en Cristo. Con sus hijos igual. Él es católico, pero respeta mucho al pueblo evangélico”, señala.
Castillo se formó en un ambiente religioso. Y, si bien no es evangélico, respeta las creencias de esta religión porque varios de sus familiares la profesan. Así lo contó uno de los sobrinos del presidente para un informe previo de Sudaca. El padre del presidente, además, fue descrito como un “devoto cristiano” por la agencia EFE en un artículo de junio pasado. En el frontis de su vivienda chotana hay una inscripción en inglés que dice: “Jehova es mi pastor”.
Lastra aprovechó sus redes sociales para hacer campaña por Castillo, a quien considera “su querido amigo y hermano” y un “elegido de Dios” para gobernar al Perú. Durante la segunda vuelta, lideró una oración por el profesor chotano en una actividad proselitista del lápiz en Mirones Bajo.
También se le vio en el cierre de campaña de Perú Libre en San Juan de Lurigancho y hasta ha visitado la Casa del Maestro para “darle cobertura espiritual” a Castillo. Afirma incluso haber llorado junto al actual presidente cuando este recibió sus credenciales. “Dios me ha permitido, ya con él como presidente, tener esa relación espiritual”, dice.
El pasado domingo 5 de diciembre, cuando aún sonaban los tambores de vacancia, Lastra se encargó de liderar la oración para bendecir a Castillo y su esposa durante un evento en el que participaron varios movimientos evangélicos. Celebraban el Culto al Bicentenario, una ceremonia que tuvo como invitados especiales a todos los miembros de la familia presidencial. Lastra aprovechó, además, para regalarle una Biblia a Castillo y cantarle el cumpleaños a una de las hijas de este.
Para coordinar la presencia de la pareja presidencial en el evento, Lastra visitó en dos oportunidades a Irma Rojas, directora de la Oficina de Apoyo al Cónyuge del Presidente de la República (en la práctica, el despacho de la primera dama Lilia Paredes). Lo hizo el 21 de octubre y el 18 de noviembre, de acuerdo al Portal de Transparencia. El joven pastor se ha reunido en otras ocasiones con la esposa del mandatario, como deja ver una foto del 30 de noviembre pasado que subió a su Facebook oficial.
La relación entre Lastra y la pareja presidencial es llamativa en el mundo religioso. Guillermo Flores Borda, evangélico e investigador en religión y política, dice que lo lógico era que Castillo se relacionara con la iglesia de su esposa y no con el movimiento de Lastra. “Lo natural es que ellos se acercaran a los nazarenos. Nos extrañó bastante que apareciera con Lastra. El problema es que los Castillo no tenían círculos sociales en Lima”, asegura.
También le llama la atención el interés de Castillo por un pastor de solo 23 años. “Eso no es común en denominaciones grandes como la Alianza Cristiana, Asambleas de Dios, Metodistas y Presbiterianos [que son congregaciones tradicionales]. Habría muchos peros, porque es una persona sin entrenamiento teológico formal y sin experiencia de vida para guiar a gente mayor que él”, explica Flores Borda.
Lo cierto es que Lastra ha puesto empeño en la relación con la pareja presidencial. Tanto así que dice haberle dado consejos a Castillo luego de los últimos escándalos en que se ha visto involucrado junto a su exmano derecha Bruno Pacheco. “Nosotros al presidente le hemos manifestado que siempre tiene que ir de la mano de Dios. Si es así no existirá corrupción, no habrán cosas malas. La Biblia nos enseña que, si en nuestro entorno hay una persona corrupta y no se quiere enmendar, debemos alejarnos”, asegura Lastra, sin revelar mayores detalles de dónde se llevó a cabo esa conversación.
Dice, sin embargo, que Castillo ha aceptado recibirlo por estos días en el mismísimo Despacho Presidencial. “Voy a conversar con él sobre la vacunación. Hay muchos hermanos que me lo han pedido. No soy antivacuna, pero no la promuevo. Yo dejo que la gente decida, que sea voluntario”, afirma el pastor.
El pastor Lastra visitando a la congresista de Perú Libre, Lucinda Vásquez. Foto: Facebook.
Agenda política
La influencia de Lastra no solo se extiende a Palacio de Gobierno. El joven pastor ya visitó los pasillos del Congreso de la República, donde no le ha sido difícil encontrar eco para su visión del mundo. Mucho antes de visitar el despacho de la primera dama, Lastra inició una serie de reuniones con varios parlamentarios oficialistas, asegura, para “ofrecerles la palabra de Dios”.
Donde ha tenido mayor acogida ha sido en las oficinas de los congresistas oficialistas. El asesor espiritual se ha reunido con tres parlamentarios del lápiz en octubre: Américo Gonza (Cajamarca), Lucinda Vásquez (San Martín) y Katy Ugarte (Cusco), según el portal de Transparencia del Congreso. Estas dos últimas pertenecen al denominado bloque magisterial.
Es con Vásquez que Lastra y su movimiento han logrado mayores coincidencias de agenda. Ella, por ejemplo, ha propuesto declarar de interés nacional la elaboración de un nuevo currículo nacional, descartando así el actual enfoque de género. Y es coautora, junto a la pastora evangélica de Renovación Popular, Milagros Aguayo, del proyecto de ley para reconocer los derechos del concebido. Las iniciativas legislativas se encuentran aún en manos de la Comisión de Educación del Congreso, presidida por el también evangélico y legislador celeste, Esdras Medina.
En comunicación con Sudaca, la congresista Vásquez asegura que ella legisla de acuerdo a sus creencias religiosas. “[Con Lastra] en realidad no nos hemos detenido mucho en qué clase de consejería me estaba ofreciendo. Hemos hablado regular y coincidimos. Yo soy creyente católica y maestra, en esa línea estamos trabajando”, dice.
Lastra, por su parte, anuncia que seguirá paseando por el Congreso, aunque ya no en el bando oficialista. “No solamente me van a ver visitándolos a ellos, sino a todas las bancadas, como Fuerza Popular, Renovación Popular y Juntos Por el Perú, porque mi trabajo espiritual no es solo para el presidente”, manifiesta.
Incluso dice que podría visitar a los congresistas del Partido Morado. A esta agrupación la tildó, en enero, de “la peor vergüenza para el país” e “hijos de Satanás” por proponer la despenalización del aborto, el matrimonio civil para personas del mismo sexo y una ley de identidad de género.
Pero dentro de su recargada agenda, Pedro Castillo tendrá un lugar especial. “El día que el presidente esté haciendo algo que vaya en contra de la Biblia y la palabra de Dios, seré el primero en manifestarlo”, advierte.

Monseñor Emiliano Antonio Cisneros Martínez OAR

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Nació en Almazul, diócesis de Osma-Soria, el 18 de febrero de 1945. Recibió su educación en los Institutos de la Orden de Agustinos Recoletos en Logroño, San Millán de la Cogolla y Salamanca. Emitió su profesión religiosa en 1962 en la Orden Recoleta de San Agustín en 1962 y fue ordenado sacerdote en 1969. Desde entonces trabajó en la Prelatura de Chota, alternando cargos diocesanos con otros de su Congregación Religiosa.
Durante 13 años desarrolló su ministerio sacerdotal en la Prelatura de Chota como Vicario parroquial de Tacabamba (1969-1972); Parroco de Querecotillo (1974-1975); Superior de los Agustinos Recoletos de la “Delegación de Chota” (1975-1981); y simultáneamente ha sido Secretario Provincial de la Orden en el Perú (1981-1984); Maestro de novicios (1984-1987); Vicario provincial en el Perú (1987-1992). En 1992 desarrolló en Roma el oficio de Segundo Asistente General de la Orden. Fue nombrado Obispo Prelado de Chota el 7 de diciembre de 1993. El 6 de enero de 1994 fue ordenado Obispo. Desde el 25 de mayo de 2000 era Administrador Apostólico “sede vacante” de Chachapoyas. En el 2002, San Juan Pablo II lo nombró Obispo de Chachapoyas.

DIÓCESIS DE CHACHAPOYAS

Fue creada el 28 de mayo de 1803 por el Papa Pío VII con el nombre de Maynas. En sus orígenes comprendía todo el oriente peruano y parte de lo que hoy son las repúblicas de Ecuador y Colombia. En 1843 cambia de sede y nombre, asumiendo los actuales límites de la diócesis de Chachapoyas. En la actualidad su extensión es mucho más reducida y comprende cinco provincias del departamento de Amazonas y parte de la provincia de Bagua, con una superficie de unos 20,000 Km2 y una población de aproximadamente 350,000 habitantes. Las parroquias son 24 y el clero diocesano propio 20 sacerdotes. Colaboran otros seis más, diocesanos extranjeros y religiosos. Existen 15 comunidades de religiosas. Es la sexta diócesis más antigua del Perú y ha contado hasta el presente con trece obispos residenciales.
Su territorio está ubicado en lo que es llamado ceja de selva, o sea, un espacio de transición entre la cordillera andina y las selvas orientales. Esta zona y su población son preferentemente andinas y sólo una mínima parte es selvática, contrastando con los orígenes de la diócesis que es creada como área misional para evangelizar a los pobladores de las selvas orientales y amazónicas.
La diócesis de Chachapoyas, mediante la bula Ex sublimi Petri del papa Gregorio XVI del 2 de junio de 1843, cambia el nombre de Maynas por el de Chachapoyas. En 1900 se crean los vicariatos de Amazonas y Ucayali a los que se les asignan las misiones del Marañón y del Ucayali, que comprendían lo que hoy es el departamento de Loreto y parte de Pucallpa y Huánuco. En 1948 se separa de la diócesis todo el departamento de San Martín, dando lugar a la prelatura de Moyobamba; y más tarde, cuando se crea el vicariato de Jaén, formado por la provincia de Condorcanqui y parte de Bagua.

Obispos

Hipólito Antonio Sánchez Rangel de Fayas OFM (1805-1824, después Administrador Apostólico y Obispo de Lugo- España)
José María Arriaga (1838-1849)
Pedro Ruiz Zumaeta (1853-1862)
Francesco Solano del Risco OFM (1865-1900)
José Santiago Irala OFM (1904-1909)
Juan Francisco Emilio Trinidad Lissón y Chaves CM (1909-1918, después Arzobispo de Lima)
Pedro Octavio Vicente Ortiz Arrieta Coya SDB (1921-1958)
José Germán Benavides Morriberón (1958-1968, después Obispo Auxiliar de Arequipa)
Manuel Prado Pérez-Rosas SJ (1970-1976, después Arzobispo de Trujillo)
Antonio de Hornedo Correa SJ (1977-1991)
Ángel Francisco Simón Piorno (1991-1995, después Obispo de Cajamarca y Chimbote)
José Ignacio Alemany Grau CSSR (1995-2000)
Emiliano Antonio Cisneros Martínez OAR (2002-2022)
Humberto Tapia Díaz, Sacerdote del Prado.

Hipólito Sánchez Rangel de Fayas OFM

Por Pedro Borges Morán- Real Academia de Historia.
En mayo de 1804 recibió la noticia de que había sido nombrado primer obispo de Maynas, diócesis misional creada en 1779 a sugerencia del gobernador del territorio, Francisco Requena, a la que se le señalaban seis mil millas cuadradas repartidas entre el extremo septentrional del Perú, el sur-oriental del Ecuador y el meridional de Colombia, territorio regado por los ríos Marañón, Morona, Pastaza, Putumayo, Napo y Yupará.
La llegada de este primer obispo se interpretó como un signo de esperanza desde todos los puntos de vista, hasta el punto de que el Colegio de Misiones de Ocopa (Perú) puso a disposición del nuevo prelado a dieciséis franciscanos en 1806, es decir, antes incluso de que él llegara a Maynas. A esta primera visita siguió otra, practicada desde 1810 hasta 1812, durante la cual recorrió (en afirmación suya) “de 400 a 800 leguas a pie por montes inaccesibles, ríos caudalosísimos y pampas de llanuras cubiertas de lagunas y de mil peligros”.
En marzo de 1820, al iniciarse definitivamente el proceso de independencia del Perú, los independentistas, ante su irreductible postura a favor de la Monarquía española, saquearon su palacio episcopal y a él lo amenazaron personalmente de muerte, por lo que, sin más equipaje que el breviario y el báculo, emprendió a pie la huida (o “fuga”, como él mismo dice) desde Moyobamba hasta Chachapoyas, distantes 40 leguas. Por esa misma causa, a finales de ese mismo año 1820 y comienzos de 1821 tuvo que emprender una segunda “fuga”, hasta que en octubre de este mismo año pudo refugiarse en Brasil y desde allí emprender en 1822 viaje a Lisboa, desde donde en agosto de 1823 se trasladó a Madrid. A finales de este último año se dirigió al rey Fernando VI para pedirle que le proporcionara un destino que, al mismo tiempo que le sirviera de medio para servir a la Iglesia, le proporcionara también ingresos para su propia subsistencia, a lo que el Monarca le respondió proporcionándole en 1823 el nombramiento de administrador apostólico de Murcia y poco después el de obispo de Lugo.
Obras: “Diario marítimo del primer obispo de Maynas (Perú) y de Lugo, D. Fr. Hipólito Sánchez Rangel”, en Estudios Geográficos (Madrid), 8 (1847), págs. 241-299; Despedida del obispo de Maynas. Fragmentos de una pastoral escrita en Maynas, en la fuga, de su primer obispo, Madrid, 1825; Entrada en la ciudad de Lugo. Pastoral de 1825, 8 de septiembre, Lugo, 1825; Tercera exhortación pastoral del obispo de Lugo sobre el jubileo. Para las corporaciones de la misma ciudad y obispado, Lugo, 1826; Pastoral religioso-política, geográfica, Lugo, 1827; Pastoral. Vigésima séptima pastoral. O un salmo traducido en acción de gracias, 30 de mayo de 1828, Lugo, 1828; Pastoral del obispo de Lugo sobre la santa confirmación: se explica el modo de recibirla y de administrarla para lograr el fruto de tan admirable sacramento, Lugo, 1837; Pastoral del obispo de Lugo sobre la bula de la santa cruzada, Lugo, 1838; Relación de los sucesos de la vida de […] fray Hipólito Sánchez Rangel de Zayas y Quirós, obispo de Lugo, desde que tomó el hábito de San Francisco, escrita por él mismo en Madrid año de 1800, Madrid, 1800 (en F. Quecedo, El Ilmo. Fray Hipólito Sánchez Rangel, Buenos Aires, ed. Coni, 1942, págs. 32-56); Relación exacta y sucinta de los sucesos y padecimientos del primer obispo de Maynas, escrita por el mismo prelado, antes de serlo, en Madrid y después en Lugo, s. f. (en F. Quecedo, El ilustrísimo fray Hipólito Sánchez Rangel, op. cit., págs. 6-16).
Bibliografía: F. Quecedo, “Hallazgo y descripción de una autobiografía del primer obispo de Maynas, D. Fr. Hipólito Sánchez Rangel”, en Archivo Ibero-Americano (Madrid), 35 (1932), págs. 274-281; El Ilmo. Fr. Hipólito Sánchez Rangel, primer obispo de Maynas, op. cit.; M. E. Porras, La gobernación y el obispado de Mainas, Quito, Ediciones Abya-Yala, 1987; F. de Requena, Historia de Maynas, Madrid, Atlas, 1991.

José María de Arriaga

Por Elizabeth Hernández García– Universidad de Piura.
Así, por ejemplo, el segundo obispo de Maynas, José María de Arriaga, en 1842 advertía al gobierno que no estaba resultando el envío de gobernadores a determinados pueblos conversos, en tanto que aquellos habían sido enviados más bien por la escasez de sacerdotes con la finalidad de que enseñen la doctrina cristiana a los neófitos, cosa que no se había logrado “pues ni persignarse saben“; además, afirmaba, estos gobernadores hacían fortuna con los repartos, las mitas y los impuestos. El obispo Arriaga sentenciaba que aquellos pueblos -se refería en concreto a tres: Sarayacu, Yurimaguas y San Regis- no necesitaban más gobierno que los eclesiásticos, sus curacas y justicias; en otras palabras, los gobernadores por parte del estado eran innecesarios en esos puntos (17). El cambio del sistema político en el Perú no modificó la situación en Maynas.

Pedro Ruiz Zumaeta

Por José María Samper- Revista Americana (1863).
En 1849 enfermó gravemente el Obispo Arriaga, y con tal motivo nombró a su secretario y Rector del Seminario como Vicario de la diócesis. Solicitó la confirmación del nombramiento, previendo su próximo fallecimiento, logrando con empeño que el presbítero Ruiz fuese nombrado para sucederle.
Consagrado en Trujillo, el 17 de diciembre de 1854, monseñor Ruiz pasó a Lima con el objeto de recabar del gobierno protección eficaz para su pobre diócesis y sus misiones, miradas por lo común con muy poca atención. Nada consiguió del general Castilla, entonces jefe del gobierno (1855), y con tal motivo tuvo de detenerse en Lima por algún tiempo, recibiendo la hospitalidad del Convento de Santo Domingo. Fue objeto de las más afectuosas consideraciones, y la universidad de San Marcos le recibió en su seno, como doctor en Teología, dispensándole toda formalidad. Hizo luego una excursión por Pisco e Ica, por comisión del Arzobispo de Lima. Falleció el el 20 de noviembre de 1862.

Francisco Solano Risco OFM (1865-1903)

Misionero formado en Ocopa y en los Descalzos de Lima; fue obispo de Chachapoyas, preconizado en 1865; dio insignes muestras de su ferviente espíritu misionero y pastoral durante treinta y ocho años, pero sintiéndose sin fuerzas, se retiró al convento franciscano de Cajamarca, donde muere en 1903.

José Santiago Irala OFM

Nació en Huanta el 30 de diciembre de 1857. Fue ordenado sacerdote franciscano el 23 de mayo de 1886 y obispo de Chachapoyas el 30 de octubre de 1904. Falleció el 28 de julio de 1939.Pasionistas en el Perú. Más de 100 años de epopeya vasca en el Amazonas

Juan Francisco Emilio Trinidad Lissón Chaves CM

Por José Antonio Benito Rodríguez.
Entre los “santos” misioneros de la selva peruana, ocupa un puesto central Emilio Lissón Chávez (1872-1961), arequipeño ilustre, obispo de Chachapoyas, y arzobispo de Lima, el único de la historia que renunció -a pedido del Papa- antes de culminar su ministerio episcopal. “No me basta amar a Dios si mi prójimo no le ama”. Tal fue la divisa de Monseñor Emilio Lissón, grabada en la lápida donde reposan sus restos en la Catedral de Lima, desde el 24 de julio de 1961. Su biógrafo, el Padre José Herrera, nos dio un retrato físico y moral: “Alto y enjuto, de color cetrino, de ojos vivos y penetrantes, aunque de amable y suave mirar, con la sonrisa ancha de su cara y asomándose la nieve de las canas por debajo del rojo y raído solideo, y su cuerpo un tanto inclinado hacia adelante, con aire sencillo y humilde, todo él respirando bondad y modestia”. El 17 de diciembre del 2002, se incoó en Valencia -última morada de su peregrinar y lugar de su deceso- el proceso de beatificación que culminó en su fase diocesana el 31 de mayo del 2008. El Arzobispo de esta diócesis, S.E. Agustín García-Gasco, destacó su itinerario martirial, “a partir del derribo o destierro de Lima” pero que él vivió como “misionero de la evangelización, recorriendo su “vía crucis con paz, esperanza y sentido de resurrección”. Por ser uno de los prelados que siguió más de cerca al santo arzobispo de Lima, Toribio Mogrovejo, el escritor Ventura García Calderón cuando lo conoció en París con motivo del homenaje al Almirante Petit Thouars lo calificó como “el otro Toribio”.

Pedro Octavio Vicente Ortiz Arrieta Coya SDB

Nació en Lima el 19 de abril de 1878 y murió en Chachapoyas el 1 de marzo de 1958. Primer sacerdote y venerable obispo salesiano peruano. Cuando se le propuso por dos veces cambiar de sede, y en el segundo caso se le ofreció la sede Primada de Lima, decidió quedarse entre sus pobres, aquellos a quienes nadie quería por hallarse realmente en la periferia del mundo; él permaneció en la Diócesis que había desposado para siempre y que había amado así como era, comprometiéndose con todo su ser en hacerla, aunque solo fuera un poco, mejor.
Una de sus frases lo retrata: “Perdono de corazón a aquellos diocesanos míos que de cualquier forma me hayan ofendido y pido perdón por mis fallas“. También dijo: “Delante de Dios no hay nada pequeño, antes bien, en lo pequeño conoceremos verdaderamente a Dios“.

José Germán Benavides Morriberón

Nació el 17 de marzo de 1920 en Cotahuasi. Ordenado sacerdote en Tacna el 25 de marzo de 1944 y obispo de Chachapoyas el 26 de octubre de 1958. Reasignado obispo auxiliar de Arequipa el 30 de noviembre de 1968 hasta su fallecimiento el 1 de junio de 1985. Participó en la segunda, tercera y cuarta sesión del Concilio Vaticano II. También formó parte de la Comisión del Sesquicentenario de la Independencia en representación de la jerarquía eclesiástica.

Manuel Prado Pérez Rosas SJ

El 7 de septiembre de 1970 fue nombrado Obispo de Chachapoyas, recibiendo la ordenación episcopal el 7 de octubre de ese mismo año. El 29 de diciembre de 1976 fue nombrado Arzobispo Titular de la Arquidiócesis de Trujillo, tomando posesión el 19 de febrero de 1977. Por más de quince años fue Primer Vice Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana. Durante los 22 años que permanece como Arzobispo de Trujillo, reapertura el Seminario Mayor “San Carlos y San Marcelo” para la formación de futuros sacerdotes; trabaja muy estrechamente con laicos comprometidos y a la formación de jóvenes universitarios. El 4 de febrero de 1985, recibe en su Casa Arzobispal a San Juan Pablo II, con motivo de su visita al Perú. El 11 de setiembre de 1999 se retira del cargo, ostentando a partir de esa fecha el título de Arzobispo Emérito de Trujillo.
Falleció en la ciudad de Lima, el 9 de octubre de 2011. Luego de la misa en la Iglesia de Nuestra Señora de Fátima en Miraflores, sus restos reposan en la Cripta de la Iglesia de San Pedro junto a los de su madre, tal como fue su voluntad.

Antonio de Hornedo Correa SJ

Es nombrado Superior de la Misión del Marañón y trabaja intensamente en la evangelización y organización de ella del año 1962 al 1968. El año 1963 fue nombrado Prefecto Apostólico de la Misión.
En 1968 lo nombran Administrador Apostólico de Chachapoyas, aunque continúa como Prefecto Apostólico en Jaén. Posteriormente asume el cargo de Vicario Apostólico de San Javier del Marañón en el año 1971, Y consagrado Obispo en Jaén el 15 de Agosto de 1971. Luego fue nombrado Obispo de Chachapoyas el 14 de Julio de 1977, cargo que desempeñó hasta 1991.
Ha sido el pastor fiel que ha ofrecido su vida en todo momento por sus ovejas. De él recordamos con especial cariño y agradecimiento su labor denodada a favor de la población con obras sociales como el asilo de ancianos, la construcción del colegio Seminario Jesús MarÍ­a, Radio Horizonte, comedores y dispensarios parroquiales. Todo ello pensando en la atención a los ancianos más necesitados, en la educación y formación de la juventud, en la alimentación y salud de los niños y en la evangelización a través de los medios de comunicación.
También instituyó el Preseminario como casa de acogida y formación de los aspirantes al sacerdocio, construyó varias casas parroquiales y, gracias a sus desvelos y gestiones, fueron varias las congregaciones de vida religiosa y sacerdotes los que vinieron de otros paÍ­ses y se establecieron en la diócesis con el propósito de que la comunidad católica estuviera debidamente atendida con la palabra de Dios y con la EucaristÍ­a, asÍ­ como laicos comprometidos con la misión de la Iglesia principalmente en trabajos de promoción y desarrollo de los pueblos. Visitó aún las localidades más alejadas de la diócesis a pesar de los difÍ­ciles caminos de acceso.

Mensaje del Obispo de Chimbote por Fiestas Patrias 2016

Ángel Francisco Simón Piorno

Estudió en el Seminario Menor “San Luis y San Victoriano” de Toro donde realizó sus estudios de Latín y Humanidades y en el Seminario Conciliar “San Atilano” de Zamora donde cursó los tres años de Filosofía. Posteriormente obtuvo la Licenciatura en Filosofía por la Universidad Pontificia de Comillas y la Licenciatura en Teología por la Universidad Gregoriana de Roma. Su etapa de pastoral la realizó en la parroquia de San José Obrero (Zamora), siendo ordenado sacerdote el 22 de abril de 1973. Desde entonces ha desempeñado su ministerio sacerdotal en el Vicariato Apostólico de Jaén (Perú), donde ocupó diversos cargos en la pastoral parroquial, la enseñanza y en la formación sacerdotal.
El 18 de mayo de 1991 fue nombrado obispo de Chachapoyas, recibiendo la ordenación episcopal el 5 de julio de ese mismo año. El 1 de diciembre de 1992 fue nombrado Administrador Apostólico de la diócesis de Cajamarca, de la que pasó a ser su obispo diocesano el 18 de marzo de 1995. El 4 de febrero de 2004, fue nombrado obispo de Chimbote por el Papa Juan Pablo II y, el 2 de mayo, tomó posesión de este nuevo destino. Perteneciente al arzobispado de Trujillo, la diócesis de Chimbote fue erigida como prelatura el 26 de noviembre de 1962. Dicha prelatura fue trasformada en diócesis el 16 de julio de 1983.

Fuente: Wikipedia.

José Ignacio Alemany Grau CSSR

Ingresó en la Congregación Redentorista y fue ordenado sacerdote el 11 de enero de 1959. El Papa Juan Pablo II lo nombró obispo de Chachapoyas el 17 de agosto de 1995.
El obispo de Cajamarca, Ángel Francisco Simón Piorno, lo consagró obispo el 15 de octubre del mismo año; Co-consagrantes fueron Fortunato Baldelli, Nuncio Apostólico en Perú, y Oscar Rolando Cantuarias Pastor, Arzobispo de Piura.
Renunció a su cargo el 18 de mayo de 2000, luego de un intento de ocupación de la Catedral de Chachapoyas por parte de catequistas.

Señor aumenta nuestra fe

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Evangelio según San Juan 20,19-31.
Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: “¡La paz esté con ustedes!“.
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.
Jesús les dijo de nuevo: “¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes“.
Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: “Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan“.
Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús.
Los otros discípulos le dijeron: “¡Hemos visto al Señor!“. El les respondió: “Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré“.
Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: “¡La paz esté con ustedes!“.
Luego dijo a Tomás: “Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe“.
Tomas respondió: “¡Señor mío y Dios mío!“.
Jesús le dijo: “Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!“.
Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro.
Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.

Homilía del Padre Paul Voisin CR, Superior General de la Congregación de la Resurrección:

Hace muchos años existían obras de arte tridimensionales coloridas, llamadas estereogramas, que solía ver todos los sábados en el periódico de La Paz. Al principio se parecen a parches de colores, con patrones definitivamente, pero nada que muestre un forma real o figuras. Debo haber mirado cientos de ellos, y nunca vi nada. Lo movería más cerca, más lejos, trataría de cruzar mis ojos para verlo. Me sentí tonto tratando de descifrarlos. Finalmente un día lo hice bien y pude ver las figuras tridimensionales en la página: ovejas, pájaros, o payasos, una multitud de imágenes. Después de eso no pude evitar ver las imágenes cada vez que miré las páginas.
Pensé en esto cuando leí por primera vez el evangelio (Juan 20:19-31). Tomás no estaba presente con los discípulos cuando Jesús se les apareció, y no podía creer en ellos. Quería verlo por sí mismo. Quería verlo con sus propios ojos, y tocar las manos y el lado de Jesús. Fue casi como si él estableciera las condiciones en las que creería. Si Jesús no se revelara como lo instruyó, no creería el testimonio de los demás. Imagina, que había conocido a estos discípulos durante tres años, y sin embargo no aceptaba su testimonio de que Jesús había resucitado y se les había aparecido.
Y finalmente Jesús se les aparece cuando Tomás está presente, y la petición de Tomás se cumple. Él estiró sus manos y tocó a Jesús. Finalmente, Tomás creyó. A veces podemos ser como Tomás. En nuestra condición humana también podemos poner condiciones para que Jesús cumpla con el fin de creer en él, o que existe, o que nos ama. Queremos que se adapte a nuestra forma de pensar y actuar, que haga nuestra voluntad. Desafortunadamente, a veces nunca es suficiente, y creamos un nuevo aro para que salte a través para satisfacernos. Y así negociamos con Dios. “Si haces esto, entonces sabré que existes”. “Si me muestras esto, entonces creeré“. “Si respondes a mi oración mientras dirijo, entonces creeré en ti“.
En nuestra primera lectura, de los Hechos de los Apóstoles (5:12-16) escuchamos las maravillas que Dios estaba haciendo a través de los apóstoles, trayendo sanidad y nueva vida a quienes los buscaron. Junto con la curación de sus cuerpos y mentes, escucharon las buenas noticias para sanar sus espíritus y unirlos con Cristo. Dios puede y seguirá haciendo maravillas a través de nosotros, si creemos, testimonio de nuestra fe, y buscamos llevar sanidad, perdón, reconciliación y misericordia a los demás.
En nuestra segunda lectura, del libro del Apocalipsis (1:9-11a, 12-13, 17-19), Juan comparte cómo el Señor resucitado se le apareció en su gloria. John estaba adecuadamente dispuesto a la revelación de Dios. Oyó su llamado, lo reconoció como divino, y escuchó – y vio (en su visión). Una vez más, sólo porque estaba en unión con Cristo podía ser un instrumento de la buena noticia de Dios, amor y misericordia. Nosotros también estamos llamados a ser instrumentos, en lugar de obstáculos, para esta obra de Dios que él quiere hacer en y a través de nosotros.
Con demasiada frecuencia no reconocemos a Jesús entre nosotros. Como cuando intenté ver esas figuras de tres dimensiones en la obra de arte, estaban ahí, pero no pude verlas. A veces es porque no permitimos que Dios sea Dios. Queremos imponer nuestra idea de cómo Dios debe actuar sobre él. Sólo cuando cumpla nuestras peticiones podemos creerle.
Algunas de las maneras en que Dios se revela ante nosotros están en nuestra oración, en su Palabra, en los Sacramentos, y en nuestro compartir en la vida de la Comunidad. Una vez más, requiere que seamos adecuadamente dispuestos -abiertos y receptivos- para “ver“, “tocar” y experimentar a Jesús como lo hicieron Tomás y los otros apóstoles en Jerusalén.
La verdadera oración no es sólo hablar con Dios, o darle las condiciones por las que vamos a creer en él. La verdadera oración también implica escuchar a Dios, estar en sintonía con sus caminos y con su voluntad. En nuestra oración Dios nos toca en la profundidad de nuestro ser, llamándonos a entrar en una relación más profunda con él.
En la Palabra de Dios recibimos la revelación de Dios -como lo hizo Juan en la Segunda Lectura- para conocer a Dios y sus caminos. La Sagrada Escritura es vital para nuestro conocimiento y comprensión de Jesús, descubriendo por nosotros mismos lo que Dios ha revelado. En la Palabra, Dios nos toca en lo profundo de nuestro ser, iluminándonos para conocerlo, amarlo y servirle.
En los Sacramentos, especialmente la Eucaristía, podemos ser como Tomás y tocar al Señor, y permitir que nos toque. Los sacramentos nos animan y nos dan fuerza para nuestro viaje terrenal. El viaje es largo, y el camino a veces difícil, así que necesitamos los sacramentos para reforzarnos para el viaje.
Nuestra vida en la comunidad parroquial es a menudo subestimada. Tenemos una influencia los unos en los otros, y en la comunidad parroquial -en nuestra oración, estudio, compartir y servicio- nos guiamos y guiamos unos a otros hacia un mayor discipulado y una mayor administración. Nos necesitamos unos a otros en este viaje, y Jesús nos toca de muchas maneras a través de la vida y testimonio de quienes nos acompañan.
En este Segundo Domingo de Pascua el dudoso Tomás nos brinda la oportunidad de fortalecernos para reconocer a Jesús en medio de nosotros, para tocarlo y permitir que nos toque. Esto nos ayudará a creer, y a hacer eco de sus palabras, “Mi Señor y mi Dios“.

Divina Misericordia

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“Tu misericordia, oh Dios, no tiene límites, y es infinito el tesoro de tu bondad…” (Oración después del himno “Te Deum”) y “Oh Dios, que manifiestas especialmente tu poder con el perdón y la misericordia…” (Oración colecta del domingo XXVI del tiempo ordinario), canta humilde y fielmente la santa Madre Iglesia. En efecto, la inmensa condescendencia de Dios, tanto hacia el género humano en su conjunto como hacia cada una de las personas, resplandece de modo especial cuando el mismo Dios todopoderoso perdona los pecados y los defectos morales, y readmite paternalmente a los culpables a su amistad, que merecidamente habían perdido.
Así, los fieles son impulsados a conmemorar con íntimo afecto del alma los misterios del perdón divino y a celebrarlos con fervor, y comprenden claramente la suma conveniencia, más aún, el deber que el pueblo de Dios tiene de alabar, con formas particulares de oración, la Misericordia divina, obteniendo al mismo tiempo, después de realizar con espíritu de gratitud las obras exigidas y de cumplir las debidas condiciones, los beneficios espirituales derivados del tesoro de la Iglesia. “El misterio pascual es el culmen de esta revelación y actuación de la misericordia, que es capaz de justificar al hombre, de restablecer la justicia en el sentido del orden salvífico querido por Dios desde el principio para el hombre y, mediante el hombre, en el mundo” (Dives in misericordia, 7).
La Misericordia divina realmente sabe perdonar incluso los pecados más graves, pero al hacerlo impulsa a los fieles a sentir un dolor sobrenatural, no meramente psicológico, de sus propios pecados, de forma que, siempre con la ayuda de la gracia divina, hagan un firme propósito de no volver a pecar. Esas disposiciones del alma consiguen efectivamente el perdón de los pecados mortales cuando el fiel recibe con fruto el sacramento de la penitencia o se arrepiente de los mismos mediante un acto de caridad perfecta y de dolor perfecto, con el propósito de acudir cuanto antes al mismo sacramento de la penitencia. En efecto, nuestro Señor Jesucristo, en la parábola del hijo pródigo, nos enseña que el pecador debe confesar su miseria ante Dios, diciendo:  “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no soy digno de llamarme hijo tuyo” (Lc 15, 18-19), percibiendo que ello es obra de Dios:  “Estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado” (Lc 15, 32).
Por eso, con próvida solicitud pastoral, el Sumo Pontífice Juan Pablo II, para imprimir en el alma de los fieles estos preceptos y enseñanzas de la fe cristiana, impulsado por la dulce consideración del Padre de las misericordias, ha querido que el segundo domingo de Pascua se dedique a recordar con especial devoción estos dones de la gracia, atribuyendo a ese domingo la denominación de “Domingo de la Misericordia divina” (cf. Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos, decreto Misericors et miserator, 5 de mayo de 2000).
El evangelio del segundo domingo de Pascua narra las maravillas realizadas por nuestro Señor Jesucristo el día mismo de la Resurrección en la primera aparición pública:  “Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo:  “La paz con vosotros“. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez:  “La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío“. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:  “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos” (Jn 20, 19-23).
Para hacer que los fieles vivan con intensa piedad esta celebración, el mismo Sumo Pontífice ha establecido que el citado domingo se enriquezca con la indulgencia plenaria, como se indicará más abajo, para que los fieles reciban con más abundancia el don de la consolación del Espíritu Santo, y cultiven así una creciente caridad hacia Dios y hacia el prójimo, y, una vez obtenido de Dios el perdón de sus pecados, ellos a su vez perdonen generosamente a sus hermanos.
De esta forma, los fieles vivirán con más perfección el espíritu del Evangelio, acogiendo en sí la renovación ilustrada e introducida por el concilio ecuménico Vaticano II:  “Los cristianos, recordando la palabra del Señor “En esto conocerán que sois mis discípulos, si os amáis unos a otros” (Jn 13, 35), nada pueden desear más ardientemente que servir cada vez más generosa y eficazmente a los hombres del mundo actual. (…) Quiere el Padre que en todos los hombres reconozcamos y amemos eficazmente a Cristo, nuestro hermano, tanto de palabra como de obra” (Gaudium et spes, 93).
Por eso, el Sumo Pontífice, animado por un ardiente deseo de fomentar al máximo en el pueblo cristiano estos sentimientos de piedad hacia la Misericordia divina, por los abundantísimos frutos espirituales que de ello pueden esperarse, en la audiencia concedida el día 13 de junio de 2002 a los infrascritos responsables de la Penitenciaría apostólica, se ha dignado otorgar indulgencias en los términos siguientes:
Se concede la indulgencia plenaria, con las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Sumo Pontífice) al fiel que, en el domingo segundo de Pascua, llamado de la Misericordia divina, en cualquier iglesia u oratorio, con espíritu totalmente alejado del afecto a todo pecado, incluso venial, participe en actos de piedad realizados en honor de la Misericordia divina, o al menos rece, en presencia del santísimo sacramento de la Eucaristía, públicamente expuesto o conservado en el Sagrario, el Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús misericordioso (por ejemplo, “Jesús misericordioso, confío en ti“).
Se concede la indulgencia parcial al fiel que, al menos con corazón contrito, eleve al Señor Jesús misericordioso una de las invocaciones piadosas legítimamente aprobadas.
Además, los navegantes, que cumplen su deber en la inmensa extensión del mar; los innumerables hermanos a quienes los desastres de la guerra, las vicisitudes políticas, la inclemencia de los lugares y otras causas parecidas han alejado de su patria; los enfermos y quienes les asisten, y todos los que por justa causa no pueden abandonar su casa o desempeñan una actividad impostergable en beneficio de la comunidad, podrán conseguir la indulgencia plenaria en el domingo de la Misericordia divina si con total rechazo de cualquier pecado, como se ha dicho antes, y con la intención de cumplir, en cuanto sea posible, las tres condiciones habituales, rezan, frente a una piadosa imagen de nuestro Señor Jesús misericordioso, el Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús misericordioso (por ejemplo, “Jesús misericordioso, confío en ti“).
Si ni siquiera eso se pudiera hacer, en ese mismo día podrán obtener la indulgencia plenaria los que se unan con la intención a los que realizan del modo ordinario la obra prescrita para la indulgencia y ofrecen a Dios misericordioso una oración y a la vez los sufrimientos de su enfermedad y las molestias de su vida, teniendo también ellos el propósito de cumplir, en cuanto les sea posible, las tres condiciones prescritas para lucrar la indulgencia plenaria.
Los sacerdotes que desempeñan el ministerio pastoral, sobre todo los párrocos, informen oportunamente a sus fieles acerca de esta saludable disposición de la Iglesia, préstense con espíritu pronto y generoso a escuchar sus confesiones, y en el domingo de la Misericordia divina, después de la celebración de la santa misa o de las vísperas, o durante un acto de piedad en honor de la Misericordia divina, dirijan, con la dignidad propia del rito, el rezo de las oraciones antes indicadas; por último, dado que son “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (Mt 5, 7), al impartir la catequesis impulsen a los fieles a hacer con la mayor frecuencia posible obras de caridad o de misericordia, siguiendo el ejemplo y el mandato de Jesucristo, como se indica en la segunda concesión general del “Enchiridion Indulgentiarum“.
Este decreto tiene vigor perpetuo. No obstante cualquier disposición contraria.
Dado en Roma, en la sede de la Penitenciaría apostólica, el 29 de junio de 2002, en la solemnidad de San Pedro y San Pablo, apóstoles.
Luigi DE MAGISTRIS, Arzobispo titular de Nova Pro-penitenciario mayor
Gianfranco GIROTTI, OFM conv. Regente

Homilía del Padre Paul Voisin CR, Superior General de la Congregación de la Resurrección:

Hace muchos años, había unas coloridas obras de arte tridimensionales, llamadas estereogramas, que solía ver cada sábado en el periódico. Al principio sólo parecían manchas de colores, con dibujos sin duda, pero nada que mostrara una forma o figura real. Debo haber mirado un centenar de ellos, y nunca vi nada. Lo acercaba, lo alejaba, intentaba cruzar los ojos para verlo. Me sentía tonto tratando de descifrarlos. Finalmente, un día acerté y pude ver las figuras tridimensionales de cada página: en una oveja, y en otra pájaros, o payasos, una multitud de imágenes. Después de eso, no pude evitar ver las imágenes cada vez que miraba las páginas, y no podía entender cómo los demás no podían verlas.
Pensé en esto cuando leí por primera vez el evangelio (Juan 20:19-31). Tomás no estaba presente con los discípulos cuando Jesús se les apareció, y no podía creerles. Quería ver por sí mismo. Quería ver con sus propios ojos y tocar las manos y el costado de Jesús. Era casi como si pusiera condiciones para creer. Si Jesús no se revelaba como él le había indicado, no creería el testimonio de los demás. Imagínese que conocía a esos discípulos desde hacía tres años y, sin embargo, no aceptaba su testimonio de que Jesús había resucitado y se les había aparecido.
Finalmente, Jesús se les aparece cuando Tomás está presente, y la petición de Tomás se cumple. Extendió la mano y tocó a Jesús. Finalmente, Tomás creyó. A veces podemos ser como Tomás. En nuestra condición humana, también podemos poner condiciones a Jesús para creer en él, o que existe, o que nos ama. Queremos que se ajuste a nuestra forma de pensar y actuar, que haga nuestra voluntad. Desgraciadamente, a veces nunca es suficiente, y creamos un nuevo aro por el que Él tiene que pasar para satisfacernos. Y así, negociamos con Dios. “Si haces esto, entonces sabré que existes”. “Si me muestras esto, entonces creeré”. “Si respondes a mi oración como te lo ordeno, entonces creeré en ti”.
La presencia de Jesús resucitado ante los discípulos era significativa para ellos. Le habían abandonado en su hora de necesidad. Esto debió hacerles sentir tristes, avergonzados y como traidores al Señor que habían seguido y proclamado. La presencia de Jesús con ellos les reveló su corazón de amor y misericordia. No hubo reproches, críticas o regaños, sólo “La paz esté con vosotros”. Este es el corazón de misericordia que Jesús nos revela: la Divina Misericordia. Recuerdo que hace muchos años un grupo me pidió que hablara sobre la misericordia. Investigué un poco y recuerdo haber encontrado muchos datos interesantes. La virtud de la misericordia se menciona diecisiete veces en el Antiguo Testamento, ocho veces en los Evangelios y once veces en las Cartas de Pablo, Santiago y Pedro del Nuevo Testamento. Es una virtud siempre atribuida a Dios, como parte de su naturaleza.
Me gusta hacer una distinción entre perdón y misericordia. Para mí, el perdón se pide y se da. Es como si dos más dos fueran cuatro. Es una consecuencia lógica de la humildad y la contrición del penitente. Sin embargo, la misericordia es mucho más grande que el perdón, porque se nos da más allá de lo que merecemos. Es como si dos más dos fueran cinco. No es lógico. No tiene sentido. Un ejemplo excelente de misericordia lo vemos en la parábola del Hijo Pródigo (Lucas 15:11-32). El hijo descarriado entró en razón y decidió volver a casa. Había preparado su discurso: “Padre, he pecado contra Dios y contra ti. Ya no merezco ser llamado tu hijo. Acógeme como uno de tus jornaleros”. El padre escuchó estas palabras, y lógicamente diría, dos más dos son cuatro, eres admitido de nuevo como siervo. Pero, el corazón del padre sólo conoce la misericordia, y dos y dos fueron cinco. No es lógico, no tiene “sentido”. Aunque muchos puedan pensar que el hijo es indigno, y el padre tonto, así es como funciona el corazón de Dios. Su amor se desborda, más allá del perdón, hacia la misericordia, un verdadero acto de amor, el corazón de Dios. Esa es la misericordia divina. Esa es la misericordia que Dios nos regala, y esa es la misericordia que estamos llamados a celebrar hoy y a compartir siempre.
En nuestra Primera Lectura, de los Hechos de los Apóstoles (5:12-16) escuchamos las maravillas que Dios hacía a través de los apóstoles, trayendo curación y nueva vida a quienes los buscaban. Junto con la curación de sus cuerpos y mentes, escucharon la Buena Nueva para sanar sus espíritus y llevarlos a la unión con Cristo. La misericordia de Dios se refleja en esa bendición de nueva vida. Dios puede y seguirá haciendo maravillas a través de nosotros, si creemos, damos testimonio de nuestra fe y procuramos llevar la curación, el perdón, la reconciliación y la misericordia a los demás.
En nuestra Segunda Lectura, del Libro del Apocalipsis (1:9-11a, 12-13, 17-19), Juan cuenta cómo se le apareció el Señor resucitado en su gloria. Juan estaba bien dispuesto a la revelación de Dios. Oyó su llamada, la reconoció como divina, escuchó y vió (en su visión). Una vez más, sólo porque estaba en unión con Cristo pudo ser un instrumento de la Buena Nueva, el amor y la misericordia de Dios. Nosotros también estamos llamados a ser instrumentos, en lugar de obstáculos, para esta obra de Dios que Él quiere hacer en y a través de nosotros.
Con demasiada frecuencia, no reconocemos a Jesús en medio de nosotros. Como cuando intenté ver esas figuras tridimensionales en la obra de arte, estaban allí, pero no podía verlas. Algunos de los discípulos no reconocieron al principio a Jesús resucitado -María Magdalena en el huerto, y los discípulos en Emaús- y no se dieron cuenta del gran amor y la misericordia que les tenía. A veces es porque no permitimos que Dios sea Dios. Queremos imponerle nuestra idea de cómo debe actuar Dios. Con esa actitud, sólo cuando Él cumple nuestras peticiones podemos creerle.
En nuestra condición humana, a menudo no reconocemos la misericordia de Dios que se nos ha dado, las veces que el amor de Dios fue tan abundante que fuimos limpiados y hechos de nuevo, que nuestra herida fue curada. Si no comprendemos lo mucho que somos amados, y lo mucho que la misericordia de Dios ha sido nuestro regalo, que no podemos compartirlo fácilmente con los demás. Nos mantendremos en la mentalidad de que dos más dos es igual a cuatro, y no reflejaremos la verdadera naturaleza de Dios y su misericordia que nos ha revelado en la Sagrada Escritura, a través de los Padres de la Iglesia y el Magisterio, y en las revelaciones a Santa Faustina.
Algunas de las formas en las que Dios se nos revela, y en las que experimentamos y compartimos su Divina Misericordia, son en nuestra oración, en su Palabra, en los Sacramentos y en nuestra participación en la vida de la Comunidad. Una vez más, requiere que estemos debidamente dispuestos -abiertos y receptivos- para “oír”, “ver”, “tocar” y experimentar a Jesús como lo hicieron Tomás y los demás apóstoles en Jerusalén.
La verdadera oración no es sólo hablar con Dios, o darle las condiciones por las que creeremos en Él. La verdadera oración implica también escuchar a Dios, estar en sintonía con sus caminos y su voluntad. En nuestra oración, Dios nos toca en lo más profundo de nuestro ser, llamándonos a entrar en una relación más profunda con Él.
En la Palabra de Dios, recibimos la revelación de Dios -como hizo Juan en la segunda lectura- para conocer a Dios y sus caminos. La Sagrada Escritura es vital para nuestro conocimiento y comprensión de Jesús, descubriendo por nosotros mismos lo que Dios ha revelado. En la Palabra, Dios nos toca en lo más profundo de nuestro ser, iluminándonos para conocerlo, amarlo y servirlo.
En los Sacramentos, especialmente en la Eucaristía, podemos ser como Tomás y tocar al Señor, y dejar que Él nos toque. Los Sacramentos nos animan y nos dan fuerza para nuestro viaje terrenal. El viaje es largo, y el camino a veces difícil, por lo que necesitamos los Sacramentos para reforzarnos en el viaje.
A menudo se subestima nuestra vida en la Comunidad Parroquial. Nos influimos unos a otros, y en la Comunidad Parroquial -en nuestra oración, estudio, intercambio y servicio- nos conducimos y guiamos unos a otros hacia un mayor discipulado y una mayor corresponsabilidad. Nos necesitamos unos a otros en este viaje, y Jesús nos toca de muchas maneras a través de la vida y el testimonio de los que nos acompañan).
En este Segundo Domingo de Pascua, en este Domingo de la Divina Misericordia, el Tomás dubitativo nos da la oportunidad de fortalecernos para reconocer a Jesús en medio de nosotros, para tocarlo y permitir que nos toque. Esto nos ayudará a creer y a hacernos eco de las palabras de Tomás: “Señor mío y Dios mío”. La revelación de la misericordia de Dios a Tomás y a los discípulos, y a nosotros, ha de celebrarse hoy y todos los días, y alabar a Dios por esta revelación del amor divino y de la misericordia divina en Jesucristo, su Hijo.

KANUJA protesta

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Mesa sin diálogo

Dirigentes ashaninkas y nomatsigengas de Río Tambo se retiraron en protesta por la instalación de una mesa de diálogo en el Vraem entre el Gobierno, autoridades locales y comunidades. El incidente ocurrió cuando empezó a hablar el presidente del Consejo de Ministros, Aníbal Torres, mientras agradecía la presencia de los alcaldes de la zona y otros representantes en el coliseo de San Martín de Pangoa.
Cuando iba a empezar su discurso, los representantes de la organización indígena Kanuja se pusieron de pie y se retiraron en protesta porque los alcaldes habían entregado indumentaria propia de su comunidad al primer ministro.

Maltrato a pueblos ashaninkas y nomatsigengas

Los alcaldes no son dueños, no son pueblos indígenas, por lo tanto nosotros sentimos una falta de respeto que ellos puedan poner atuendo del pueblo indígena cuando no les corresponde”, aseveraron ante la prensa mientras dejaban la mesa de trabajo.
No tenemos resultados, no tenemos ninguna obra para que se puedan poner nuestro atuendo. Eso es falta de respeto, por lo tanto nos retiramos porque vamos a tomar decisiones drásticas y tenemos que hacer paralización para hacer respetar nuestro pueblo”, agregaron.

Aníbal Torres ofende a los apus en el Vraem

También protestaron porque aseguraron que no se les otorgó la palabra, como sí se hizo con los alcaldes presentes en la zona, a pesar de considerar que el representante de la organización indígena Kanuja debía hablar en nombre del pueblo originario del distrito de Río Tambo.
Tras varios minutos, la instalación de la mesa de diálogo continuó pero sin los representantes Kanuja que abandonaron en grupo el coliseo.
Cabe indicar que Aníbal Torres, con otros miembros del Ejecutivo, habían escuchado la protesta de los representantes indígenas Kanuja así como de otras comunidades.
Fuente: Diario Perú21.

Asesinan a líder nomatsigenga en el Vraem

Ulises Rumiche Quintimari, líder indígena y gerente de Pueblos Originarios Amazónicos de la Municipalidad distrital de Pangoa, en la región Junín, fue hallado muerto con un impacto de bala en la cabeza. La policía investiga el móvil del asesinato, mientras las organizaciones indigenas de la zona norte del Valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem) demandan justicia.
Por Geraldine Santos– Ojo-publico.com
Ulises Lorenzo Rumiche Quintimari, de 39 años, era integrante de la Asociación Unión Asháninka y Nomatsiguenga del Valle de Pangoa (Kanuja), que agrupa a 57 comunidades en la selva central. Además, a propuesta de esa misma organización, era gerente de Pueblos Originarios Amazónicos de la Municipalidad distrital de Pangoa (provincia de Satipo, en la región Junín) desde el 5 de enero de 2021. También era docente de educación intercultural bilingüe y pertenecía a la Organización de Maestros Bilingües Nomatsigenga y Asháninkas de Pangoa.
Su cuerpo fue hallado por personal del serenazgo de la Municipalidad Distrital de Pangoa, en la carretera Naylamp de Sonomoro del centro poblado San Ramón de Pangoa, en el sector El Piñal, tras recibir una llamada telefónica que, a las 5 a.m. del 20 de abril, informaba del hecho. Al llegar, los agentes se percataron de que se trataba del líder nomatsigenga. Rumiche Quintimari presentaba un impacto de bala en la nuca, contó el subgerente de Seguridad Ciudadana de esa municipalidad, Julio Otoya Abad, a OjoPúblico.
Estuvimos trabajando con normalidad un día antes, hablamos y no noté nada extraño, desconozco de alguna amenaza”, dijo Celso León Llallico, alcalde distrital de Pangoa, a este medio. La autoridad municipal pidió al Ministerio Público celeridad para investigar el caso, que está a cargo del fiscal Diógenes Martín Cáseres Mendoza, de la Fiscalía Provincial Penal Corporativa de Satipo y efectivos de la Comisaría de Pangoa.
Horas antes del crimen, Rumiche Quintimari se reunió con funcionarios del Viceministerio de Poblaciones Vulnerables en la ciudad de Satipo. Luego de la actividad, el funcionario regresó a la municipalidad de Pangoa y dejó su centro de labores a las 6 p.m. “Todos los días iba a la comunidad San Antonio de Sonomoro, donde vive con su familia, y realizaba un viaje de 25 minutos, de su trabajo a su casa. No sabemos qué pasó en el camino para que apareciera muerto”, explicó Otoya Abad.
A través de sus redes sociales, el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables lamentó el fallecimiento del funcionario de Pangoa, a quien consideraban como un “gran aliado de las organizaciones de mujeres”, y exigió investigación y sanción a los responsables del asesinato.
El mismo pedido realizó la Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas (Devida) a través de su cuenta de Twitter, donde indican que el indígena era “aliado fundamental para promover el desarrollo sostenible en el norte del Vraem”.
Devida precisó que trabajan con Kanuja, la organización que integraba Rumiche Quintimari, desde el 2019 para impulsar proyectos de desarrollo alternativo en agricultura, con cultivos de café y cacao. Entre 2019 y 2021, Devida invirtió S/8’878,925 en diversos proyectos, y para este año está previsto un presupuesto de S/2’863,149 para actividades en beneficio de 864 familias indígenas de Kanuja.
Este jueves 21, el Primer Despacho de la Primera Fiscalía Provincial Penal Corporativa de Satipo, a cargo del fiscal provincial Diógenes Cáceres Mendoza, abrió investigación preliminar por el delito de homicidio de Rumiche Quintimari. Tras el levantamiento del cadáver y su internamiento en la morgue de Satipo, donde se le practicó la necropsia de ley, el fiscal Cáceres Mendoza participó en la inspección técnico policial en la zona donde fue hallado el cuerpo del líder indígena, tomó declaración a sus familiares y solicitó se designe un equipo especial de la División de Investigación de Homicidios de la Policía Nacional para las diligencias preliminares.
Debido a que Rumiche Quintimari es líder de un pueblo indígena e integrante de la Asociación Unión Asháninka y Nomatsiguenga del Valle de Pangoa, las diligencias posteriores serán asumidas por la Fiscalía Especializada en Derechos Humanos, Interculturalidad y Delitos de Terrorismo de Junín, informó el Ministerio Público.

Un territorio peligroso

El distrito de Pangoa se encuentra en la zona norte del Valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem), en la provincia de Satipo, región Junín. Tiene una población de 61.318 personas, entre ellos indígenas nomatsigenga y asháninkas que viven en 76 comunidades. De ellas, el 72% no están tituladas por la Dirección Regional de Agricultura.
Además, la jurisdicción del distrito de Pangoa está a cargo del Frente Policial Vraem. En la zona hay presencia de grupos narcoterroristas, que usan el distrito para trasladar cocaína procedente de Cusco y Ayacucho hacia Lima. “Los asesinatos en la ciudad son poco frecuentes, ocurren uno cada dos meses”, sostuvo el subgerente de Seguridad Ciudadana de Pangoa, Julio Otoya Abad.
La Presidencia del Consejo de Ministros (PCM) instaló este jueves 21 de abril una mesa técnica en Pangoa para establecer las prioridades territoriales de las jurisdicciones que forman parte del Vraem. Participaron el primer ministro Aníbal Torres, ministros, autoridades regionales y locales, así como congresistas y representantes de la sociedad civil.Los líderes indígenas de los distritos de Vizcatán del Ene, Río Tambo y Pangoa que acudieron a esta reunión se retiraron de la mesa técnica en rechazo a los alcaldes que no respetan las tradiciones de los pueblos indígenas ni la jerarquía de sus líderes, indicó Fabián Antúnez, presidente de la Central Asháninka de Río Tambo. “Ni un minuto de silencio realizaron por Ulises Rumiche“, dijo Antúnez.
Además, expresaron su indignación con las autoridades locales porque usaron la cushma, entre otros atuendos indígenas, para reconocer a funcionarios de la PCM. “El atuendo indígena no es un instrumento folclórico ni debe servir para las fotos“, señalaron en una carta dirigida al primer ministro. Acordaron que se prohíba su uso como un acto de reconocimiento sin autorización de los pueblos asháninkas y nomatsigengas.