Solentiname

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Ernesto y Fernando Cardenal

Misa campesina

Por Marta Leonor González- Diario La Prensa de Managua

Ernesto Cardenal ha convocado a sus amigos para celebrar un año más de vida, la reconstrucción de la iglesia de Solentiname y la celebración de la Misa campesina.

La travesía es larga, 290 kilómetros de Managua a San Carlos, y luego 30 kilómetros embarcados por el Lago Cocibolca en El Solentiname donde además de Cardenal también viajan el novelista y Premio Alfaguara, Sergio Ramírez; la ganadora del Premio Neustadt, Vidaluz Meneses, poeta y presidenta del Centro Nicaragüense de Escritores, y otros intelectuales y amigos del poeta que trabajaron con él en los años ochenta en el Ministerio de Cultura cuando fue ministro.

Están los otros invitados, los que viven en el extranjero (diplomáticos, rectores y académicos) que vienen con admiración para compartir el 87 cumpleaños del sacerdote, asistir a la reinauguración de la iglesia Nuestra Señora de Solentiname.

En otra embarcación llegarán los hermanos Carlos y Luis Mejía Godoy para cantar la Misa Campesina en el lugar donde nacieron de los versos de Carlos.

El Solentiname es un barco que ha sido reconstruido tres veces, dice Elvis, el marinero que lleva a los invitados por el archipiélago de Solentiname hasta la isla Mancarrón donde Cardenal, en 1959, cuatro años después de ser ordenado sacerdote en Managua, compró una propiedad a Julio Centeno, padre del fiscal de la República, el abogado Julio Centeno Gómez, y del poeta Pablo Centeno Gómez.

En esas tierras fundó la comunidad cristiana, casi monástica, de Solentiname por orden de su mentor y guía espiritual Thomas Mertón cuando estaba en la comunidad trapense estudiando para sacerdote en el monasterio de Getsemaní en Kentucky, Estados Unidos.

En ese lugar el poeta escribió el famoso libro El Evangelio de Solentiname , producto de las reflexiones de la comunidad y donde retoma las ideas de la teología de la liberación que intenta responder a la situación de los cristianos de América Latina y que plantean cómo ser cristiano en un continente oprimido.

Cardenal llevó estas ideas a los campesinos de la isla. Estaban relacionadas con la preferencia por los pobres, de cómo la salvación cristiana no puede darse sin la liberación económica, política, social e ideológica y la eliminación de la explotación, la falta de oportunidades e injusticias de este mundo, serán sus ideas que mezclará con los evangelios.

También el poeta y sacerdote en la comunidad promovió la poesía y sus talleres entre los campesinos, la elaboración de artesanías con madera de balsa y la pintura primitivista conocida hasta hoy en todo el mundo.

El evangelio

De su labor como guía de la comunidad aparecerá El evangelio de Solentiname, del cual en el libro segundo Cardenal expresa: “Que los comentarios de los campesinos suelen ser de mayor profundidad que la de muchos teólogos, pero de una sencillez como la del mismo evangelio. No es de extrañarse: El evangelio o ‘buena nueva’ (la buena noticia a los pobres) fue escrito para ellos, y por gente como ellos”.

A la iglesia campesina de tejas y piso de tierra llegan los invitados. En el pueblo es un día de fiesta. Los músicos están instalados Carlos con su acordeón, Luis con su guitarra y Los de Palacagüina con sus instrumentos y en el jolgorio inician la ceremonia con el canto de entrada:

Vos sos el Dios de los pobres

el Dios humano y sencillo

el Dios que suda en la calle

el Dios de rostro curtido

por eso es que te hablo yo

así como habla mi pueblo

porque sos el Dios obrero

el Cristo trabajador…

Ahí está Fernando Cardenal, el cura jesuita hermano del cumpleañero. Toma la palabra y habla de lo importante de la cita: “Hace 30 años que aquí nació la Misa Campesina y que fue cantada por Carlos, el himno de los pobres pero luego el himno de un pueblo que luchó”.

“También es el símbolo del cambio y del Dios presente en todos nosotros, en los pobres, el canto de los oprimidos que defiende la teología de la liberación y por la cual todos después de 30 años estamos reunidos”.

La introducción es breve y en la cara de los invitados se aprecia una emoción. También preside la misa el poeta Ernesto y lee la primera lectura, en la que se reitera el compromiso con los pobres. Luego siguen en la lectura bíblica Luz Marina Acosta, su asistente desde julio de 1979.

Acosta es la gestora de llevar a escena nuevamente la Misa Campesina y reunir a los viejos amigos del sacerdote en el día de su nacimiento el 20 de enero y que a la hora del desayuno le han cantado las mañanitas.

“Esta es una ocasión especial e irrepetible, volver a cantar la misa donde nació y que la gente conozca lo que ha hecho el poeta Cardenal”, dice Acosta, quien por 33 años ha sido el brazo derecho del escritor.

La misa termina, luego de comunión y los cantos que la hacen única. La gente se abraza mientras la emoción embarga a aquellos que recuerdan los sueños y la vida perdida en la Revolución, entre la música: “No hay cosa más linda que mirar a un pueblo reunido… que lucha cuando quiere mejorar porque está decidido…”

Gigi

Luis David “Gigi” Varese Scotto

Gigi dio charlas de marxismo a los jóvenes. Los que ya se empezaban a agrupar. De la banda musical “los bandidos de Dios” habían pasado a un movimiento juvenil, lo que llamaron después Club Juvenil: que tenía reuniones, deportes, lecturas en común, fiestecitas a veces, trabajos comunitarios. Esos jóvenes atraían a otros jóvenes, y Alejandro, líder nato, los lideraba. Entre ellos comenzó a destacarse Laureano, de familia protestante, que cada vez se identificaba más con estos jóvenes. Gigi percibió su valor. El fue el que nos recomendó que lo incorporáramos a la comunidad, como habíamos hecho con Alejandro, y lo incorporamos poco después que Gigi y Tula se marcharon (que se marcharon por la primera vez, porque ya desde entonces se mantuvieron llegando).

Y pronto también incorporamos a Elbis (él escribía su nombre con b larga porque creería que así era) y entonces ya fueron tres los jóvenes campesinos de Solentiname en nuestra comunidad. Donald, hermano de Alejandro, también lo fue a medias. El dormía en casa de los padres, que era en una isla contigua, y trabajaba donde nosotros, con el ganado, el cuidado de los terneros y el ordeño, una cosa en la que él entendía. Yo había pensado que a Solentiname iban a llegar candidatos a la vida contemplativa de otras partes, pero no llegaron. Los que recibí fueron campesinos de Solentiname.

Varese

Una revolución en el Perú

Gigi nos trasmitió su entusiasmo por la revolución peruana. Una bella revolución, hecha por los militares, y que se frustró: deshecha también por los militares. Ahora está olvidada. Gigi se involucró mucho en esa revolución, y nos involucró a nosotros, en distinta medida. En mayor medida a William, que la vivió dos años. En mi poema “Machu Picchu” digo: “el joven Gigi / uno de los mejores revolucionarios de esa Revolución.” Y también digo:

Había una vasta Reforma Agraria anunciada en grandes cartelones en las carreteras de los Andes, algunos de William Agudelo.

No solamente Gigi quedó vinculado a nosotros (después de aquel primer viaje con su esposa que estuvo a punto de no hacer) sino toda su familia, que ya fue como parte de nuestra comunidad, y nuestra comunidad ya fue también como parte de su familia. Gigi Varese era hijo de italianos. Don Luigi, el padre, luchó como partisano contra Mussolini. Rita, la madre, es una persona admirable en muchos aspectos. De colonos en la selva amazónica pasaron a tener una joyería que fue la mejor del Perú, y aun tal vez de América Latina, y de las mejores del mundo. Ellos llegaban a Solentiname, y William y Tere y sus niños estuvieron bastante tiempo con ellos en el Perú, y yo estuve también en diferentes ocasiones, y Alejandro pasó una temporada allí y aprendió técnicas en la joyería de ellos que sirvieron en nuestras artesanías de Solentiname. Gigi, en sus diferentes llegadas a Solentiname también colaboró en las artesanías. Y por su vinculación con Solentiname fue que tomó las armas en Nicaragua en la lucha de liberación, y entró triunfante a Managua con todas las tropas sandinistas, y con Alejandro, Laureano y Bosco, que habían peleado con él en las mismas trincheras. 
Fuente: Segundo tomo de las memorias VIDA PERDIDA de Ernesto Cardenal- El Nuevo Diario de Managua.

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Un pensamiento en “Solentiname

  1. Rodolfo Vladimir Sokolic Stipanicic

    Conocí a Rita y a Gigi casi contemporáneamente, con Gigi trabajamos por varios años en Ancash posteriormente al terremoto de 1970. Él trabajaba con los jóvenes y el suscrito en planificación. Mi esposa italiana, se involucró con la revolución progresista del General Velasco. Todos los que trabajamos en la zona afectada por el sismo trabajamos sin cesar a veces hasta 20 horas, viajando todos los días. Creíamos firme y conscientemente en el proceso revolucionario. El poder otorgado a algunos militares rebasó el objetivo básico que era la movilización e inclusión social. Entonces comenzaron los gritos de desobediencia y libertad. Estos hechos distanciaron a muchos de nosotros al malinterpretar nuestra vocación de opinar en libertad contra el vocerío de las mayorías. Personalmente siempre querido mucho a mi amigo Gigi.

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