Dolosa

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PAOLA UGAZ: SEIS PREGUNTAS Y UNA ADVERTENCIA

Por Luciano Revoredo– LaAbeja.pe
Escuchando la entrevista que ha ofrecido Paola Ugaz a Juliana Oxenford en radio Exitosa,  surgen algunas preguntas que me parece oportuno plantear:
1. Paola Ugaz afirma que el caso de la querella contra Pedro Salinas, en la que se le sentenció por difamación agravada, fue luego extinto por voluntad de José Antonio Eguren. Pero, dice, “en mi caso todavía, José Antonio Eguren, el arzobispo, no ha cerrado mi caso”. Ante la repregunta de la señora Oxenford sobre la razón de esta “injusticia” ella misma afirma que fue a pedido suyo que el caso se trasladó de Piura a Lima. Y esa, no otra, es la razón por la que la querella en su contra aún no ha sido oficialmente extinta. Por tanto, ¿por qué afirma Paola Ugaz que José Antonio Eguren “no ha cerrado mi caso”?
2. Hablando del reportaje “The Sodalitium Scandal”, insiste en que no tuvo ni tiene nada que ver con su producción; se queja de que “funcionarios del Sodalicio” le piden que retire el documental de Internet. Al respecto, reiteradamente, con citas, fechas y nombres, hemos señalado las ocasiones en las que ella misma se ha presentado como productora del reportaje en cuestión. ¿A qué Paola Ugaz le creemos? ¿A la que se autodenominaba productora del documental cuando estaba en boga o a la que ahora dice no tener nada que ver con él? ¿Por qué no dice nada de los dos testigos que dieron falsos testimonios en ese documental? ¿No será esa la razón por la que ahora desconoce su participación en la producción del reportaje?

3. Afirma Paola Ugaz que la han notificado de una nueva demanda en Piura, esta vez porque habría incurrido en falso testimonio durante un proceso judicial que se llevó a cabo en Piura. “Ciudad donde no vivo”, dice. “No vivo en Piura, vivo en Lima… chicos del poder judicial”. ¿Qué parte del Código penal no entiende Paola Ugaz cuando señala en su artículo 5 que en el lugar donde se producen los efectos del delito se abre el proceso? Lo sabe perfectamente, porque justamente en base a ello es que en el caso de su querella pidió que se transfiriese el caso a Lima. ¿Por qué, entonces, se hace la desentendida nuevamente?
4. Si, como ella afirma, quiere hacer buen periodismo, ¿por qué sigue consintiendo que se difunda una versión de los hechos que simplemente no se atiene a la verdad? Una vez más, a pesar de que se ha aclarado en todos los medios y tonos posibles, Oxenford afirma que la querella que interpuso Monseñor Eguren contra Pedro Salinas y contra ella fue por el libro Mitad monjes, mitad soldados. Asumamos que es un error honesto. ¿No sería lo ético y profesional por parte de Ugaz aclarar el asunto y explicar -que ella lo sabe muy bien- que la querella no tiene nada que ver con el libro, que las razones son otras?
5. Afirma Paola Ugaz que todo lo que viene sucediendo es parte de un hostigamiento orquestado para que desista en sus averiguaciones. “Buscan hostigarme y que no siga mis investigaciones en el caso Sodalicio porque yo estoy preparando un libro, que no es ningún secreto para nadie, sobre los negocios del Sodalicio. Entonces los que quieren es intimidarme, hostigarme”. ¿Se ha planteado la posibilidad de que no sea así, y que más bien las veinte cartas notariales que dice haber recibido -a las que califica de “absurdas”- son consecuencia de sus actos? Ella, como todo periodista, goza de total libertad para investigar y publicar lo que considere oportuno. Pero luego tiene que asumir las consecuencias de sus actos. Si ha recibido veinte cartas notariales, por algo será, ¿no? Un poco de autocrítica nunca viene mal, sobre todo, dicho sea y de paso, cuando además tiene casos abiertos que la vinculan con redes de corrupción sobre los que no dice absolutamente nada.
6. Otro tema que llama nuestra atención es por qué razón ningún periodista de establishment políticamente correcto le pregunta a Paola Ugaz nada sobre sus vínculos con la corrupta exalcaldesa de Lima Susana Villarán. Por qué razón nadie le pregunta que trabajo hacía en las redes sociales de la alcaldesa que ameritaban un jugoso sueldo de diez mil soles mensuales de las alicaídas arcas municipales. Por qué razón, ya que son tan solícitos para entrevistarla, nadie le pregunta a que se debe que su nombre aparezca en la planilla del serenazgo de Lima rodeada de auténticos serenos con escuálidos emolumentos. Hay muchas cosas por aclarar de la conducta, hechos y dichos de Paola Ugaz.
ADVERTENCIA: Paola Ugaz se ha dedicado a decir que este medio la difama. Ha dicho que La Abeja es un portal difamatorio. Lo dice constantemente. Lo ha dicho con Juliana Oxenford y con Rosa María Palacios. Del modo más enérgico le exigimos que diga con precisión en qué caso y cuándo la hemos difamado. De no hacerlo, ella sería la difamadora y ya sabe lo que pasa con los difamadores.

EL FALSO TESTIMONIO DE PAOLA UGAZ

Por Luciano Revoredo- LaABeja.pe
La periodista Paola Ugaz Cruz enfrenta una nueva acusación penal. Esta vez por delito contra la Administración de Justicia pues habría dado un falso testimonio en un proceso judicial. En calidad de testigo, Ugaz participó en el juicio por difamación celebrado en Piura en contra de su amigo y colega Pedro Salinas, en el cual Salinas fue encontrado culpable del delito de difamación. En la audiencia del 24 de enero de 2019, al ser preguntada sobre su participación en la elaboración del documental The Sodalitium Scandal, Ugaz negó haber sido su productora.
Paola Ugaz le mintió a un juez en el marco de un proceso judicial, bajo juramento. Un hecho grave, más aún proviniendo de una persona que pretende gozar de una catadura ética intachable. ¿Cómo se sabe que mintió? Pues porque ella misma lo afirmó sin tapujos, cuando reconocerse como productora del citado documental no representaba ningún peligro. Así lo hizo, por ejemplo, en la entrevista que le concedió a Glazter Tuesta, el 16 de octubre de 2018. En esa ocasión, explicando las razones por las que enfrentaba una querella por difamación, afirmó: “El segundo hecho por el cual me denuncia es este…porque yo fui productora del documental ‘The Sodalitium Scandal’ que hizo Al Jazeera pero en el que participan más de quince personas. Es un documental que fue… digamos en que yo era la productora, pero el reportero era el célebre periodista de investigación, Daniel Yovera…”. Su colega Salinas tampoco tenía entonces ningún problema en reconocerla como productora del difamatorio reportaje. Puede leerse, por ejemplo, su artículo del 21/10/18 publicado en el diario La República, donde lo afirma inequívocamente.
Las cosas se complicaron para Ugaz, y para su colega Salinas, cuando salió a la luz que la pieza periodística difundida por Al Jazeera se había basado en mentiras y datos falsos proporcionados, entre otros, por Samuel Alberca y Carmen Rosa Campodónico. Ambos personajes fueron querellados por lo que afirmaron en el documental y en ambos casos la justicia determinó que habían incurrido en el delito de difamación agravada. Desde entonces, en varias ocasiones Ugaz a tratado de deslindarse del viciado documental y habría llegado al extremo de mentir en una corte judicial para evadir su responsabilidad como productora. Como tal, además, Ugaz está en la obligación de retirar o solicitar que se retire el reportaje de circulación, responsabilidad que ha evadido reiteradamente.
Paola Ugaz habría incurrido, pues, en una conducta dolosa. El artículo 409 del Código Penal establece claramente: “El testigo, perito, traductor o intérprete que, en un procedimiento judicial, hace falsa declaración sobre los hechos de la causa o emite dictamen, traducción o interpretación falsos, será reprimido con pena privativa de libertad, no menor de dos ni mayor de cuatro años”. El panorama se oscurece para Paola Ugaz. Esperemos que esta vez, antes que victimizarse y echar mano de argucias desorientadoras, enfrente los hechos y asuma sus consecuencias. ¿Dirá algo Pedro Salinas sobre la situación de su colega, o continuaremos asistiendo a su sinfonía de silencios cómplices?

RECUERDOS E INTERROGANTES SOBRE PEDRO SALINAS Y EL SODALICIO

Por Luciano Revoredo- LaAbeja.pe
Cuando Pedro Salinas presentó su libro Mitad monjes, mitad soldados, sobre el Sodalicio de Vida Cristiana, publiqué un artículo en este portal en el cual señalaba que había que separar la paja del trigo y que si había abusadores debían ser sancionados con toda severidad, pero que no se podía meter a justos y pecadores en el mismo saco. Menos aún generalizar y manchar a toda la iglesia. (https://www.laabeja.pe/acerca-del-sodalicio/)
En el mismo artículo recordaba que había pasado algunos años de mi juventud en las Agrupaciones Marianas, parte de la llamada Familia Sodálite, época en que conocí a Pedro Salinas. En mi tiempo de agrupado no percibí nada de lo que Salinas denuncia en su investigación.
Salinas, a quien hasta entonces tenía como contacto en mis redes sociales puso un comentario a mi artículo en el que decía “… alucina, yo tampoco vi nada nunca”, haciendo referencia a los casos de abuso sexual. Pero luego de ese amistoso comentario, cambió de actitud y publicó un furibundo artículo en el que despotricaba contra mí, con un desborde masivo de adjetivos. Me vi en la obligación de contestarle y, ante su súbita virulencia, hacer un seguimiento al tema, pues me pareció que algo olía mal.
Han pasado los años y he seguido atentamente el asunto. Hemos destapado en LA ABEJA diversos aspectos del compromiso de Salinas con organizaciones internacionales enemigas de la iglesia y sus planes anticlericales. Asimismo, de su actuar poco veraz en el caso de la querella que le interpuso Monseñor Eguren, en la que fue encontrado culpable de difamación agravada. Su labor no tiene la limpieza del que actúa por un ideal o por la verdad.
Este seguimiento nos llevó a involucrarnos también en el terrible y doloroso tema del abuso sexual en la iglesia. En febrero de este año asistimos a la Cumbre Vaticana sobre abusos sexuales y la protección de los niños convocada por el Papa Francisco. Y fue ahí, en Roma, donde nos vimos las caras nuevamente con Salinas Chacaltana.
Había concluido la cumbre y muy temprano, de madrugada, llegué al counter de KLM en el aeropuerto de Fiumicino y de pronto ahí, frente a mí, estaba Pedro Salinas. Como lo cortés no quita lo valiente, ante la sorpresa ambos hicimos el espontáneo gesto de estrecharnos las manos. -Hola Pedro… ¿Cómo estás?- dije. Fue casi un acto reflejo. Salinas titubeó unos segundos y dijo –Aquí pues… recibiendo tu caca… con ventilador…- Me esquivó la mirada –Pero nunca he dicho una mentira…- respondí. Ese fue todo nuestro diálogo, luego de casi veinte años sin vernos. Luego estuvimos doce horas en el mismo avión, cada uno por su lado.
Durante ese vuelo de regreso tuve muchas horas para pensar y poner en claro algunas ideas. Pensé mucho sobre la actitud de Salinas. Y recordé algunas cosas sobre su devenir. Lo recuerdo cuando en los lejanos años ochenta nos cruzábamos con frecuencia en los rosarios o misas del Sodalicio. Casi todo el tiempo que él vivió como sodálite yo lo pasé en las Agrupaciones Marianas.
En 1987 un terremoto sacudió al Sodalicio. Virgilio Levaggi, uno de los hombres fuertes, súbitamente “renunció”. Casi simultáneamente lo hizo Salinas. Existe también otra versión que dice que, ante ciertas denuncias, Luis Fernando Figari habría pedido a ambos su separación de la institución. Los más memoriosos recuerdan que Levaggi pasó un tiempo aislado lo mismo que Salinas. También circula la versión que señala que ambos habrían pedido que se les permita renunciar y no quedar como expulsados. Figari habría aceptado esto e incluso aceptó hacer un viaje a Roma con Levaggi para que anuncie su renuncia ante los contactos que mantenía en el Vaticano, en círculos muy elevados de la curia romana. Esta es una de las versiones que hemos podido recoger de quienes vivieron esos momentos. Siempre quedará la duda. Lo cierto es que ambos salieron del Sodalicio casi al mismo tiempo.
En el momento de su salida Salinas no denunció nada. Es más, mantuvo amistad con sodálites y afecto por la institución. Prueba de ello es lo que publica en el diario Correo el 18 de febrero de 2001 con motivo de la muerte de Germán Doig. Cito algunas partes del artículo titulado Soldado de Cristo:
(…)El pasado 13 de febrero murió sorpresivamente, a los 43 años, Germán Doig, vicario del Sodalitium Christianae Vitae, organización católica a la que pertenecí alguna vez, y a la que le agradezco parte de mi formación.
(…)Germán era un ser humano completo. Disciplinado, de esos que trabajan con convicción, cuya oratoria se basaba en la acción. De aquellos que caminan siempre por la senda del honor. Brillante en lo intelectual, sólido en sus afectos, consecuente con sus creencias. Germán era, en buen romance, un soldado de Dios, un guerrero de Cristo.
Me enteré el día de su entierro, por otro amigo del Sodalitium, que Germán quería verme por estos días. Nunca sabré para qué. Ya no importa. Cuando le dieron sepultura a Germán, con el himno sodálite replicando en mi interior, descubrí el sentido de los entierros: que un hombre demuestra con su vida que era digno de morir, que sus pensamientos y acciones lo hacen merecedor de la inmortalidad.
Se puede ver el artículo completo en:
https://drive.google.com/file/d/1fdqNEtpntTRzCrX88OVOitnZbqrDrvUS/view?usp=sharing
Este artículo lo escribió Salinas luego de catorce años de su separación del Sodalicio. Ahora dice que se alejó por la violencia psicológica que se ejercía en su contra, porque se le escondieron las cartas de su padre, e incluso en el libro de su autoría cuenta que Levaggi su director espiritual habría hecho con él unos tanteos de indudable intención sexual, a lo que Salinas habría reaccionado rechazándolo. Inclusive, en varias ocasiones, ha hecho hincapié en que él no ha sido víctima de abuso sexual. Al leer el artículo publicado en Correo se deduce que nada de lo que luego constituye para él un abuso le habría afectado aún. Es decir, a catorce años de su “renuncia” aún no tenía conciencia de los abusos en su contra. Todo esto vendría a confirmar lo que dice el Protocolo de Pericia Psicológica de la División Clínico Forense del Ministerio Público, que en el año 2016 llegó a la conclusión de que su experiencia en el Sodalicio no fue traumática para él.
En los años posteriores a su salida del Sodalicio yo mantuve contacto con Virgilio Levaggi, debido a que ambos escribíamos en El Comercio y andábamos en un proyecto de formar una ONG con él, Hugo Guerra Arteaga y Luis Lamas Puccio. Proyecto que no se concretó. Levaggi luego empezó a trabajar con Hernando de Soto en el Instituto Libertad y Democracia. Recuerdo en esos días haber asistido a un cumpleaños suyo en la casa de sus padres en el parque González Prada en Magdalena. Conocí ahí a Hernando de Soto que gozaba entonces de la fama de gurú que había adquirido unos años antes con la publicación de El otro sendero. En esa reunión estuvo también Pedro Salinas. Hay versiones que aún no logro confirmar, que señalan que Salinas habría vivido en esa misma casa de Levaggi en esos días.
El proyecto de la ONG se concretó tiempo más tarde. Con Juan Carlos Valdivia, Manuel Pulgar Vidal y Alfredo Maturo, entre otros, formamos Paz y Desarrollo, con la cual nos dedicamos durante varios años a temas relacionados a la pacificación, la lucha contra el narcotráfico y la sustitución de cultivos.
Me tocó entonces ocupar la Presidencia del Instituto, Valdivia era el Director Ejecutivo, Pulgar Vidal veía temas ambientales y Maturo asuntos administrativos. Toda esta historia viene al caso porque un día del año de 1990 recibí una llamada de Levaggi. Me invitó a almorzar para hablar, según dijo, de un tema personal. El almuerzo se desarrolló normalmente en el apacible local del Valentino en San Isidro. Unas pastas y una botella de buen vino fueron el preámbulo a un pedido: –“Luciano, te quiero pedir un gran favor”– dijo Levaggi. Asentí y continuó –“Es sobre Pedro Salinas. Él trabaja conmigo en el ILD, pero no podrá continuar, o en el mejor de los casos estará a medio tiempo, eso no le va a permitir tener un ingreso decente, tú sabes que es una buena persona, tal vez lo puedas incorporar a Paz y Desarrollo”-. Y así fue. Salinas se incorporó a nuestro Instituto para ver asuntos comunicacionales. Es evidente pues que Salinas y Levaggi tuvieron una estrecha amistad mientras fueron miembros del Sodalicio y que esa relación se mantuvo así aún años después que ambos se apartaron de la institución. En la foto que encabeza este artículo se nos puede ver de izquierda a derecha a Salinas, Maturo, Revoredo, Valdivia y Pulgar Vidal en una reunión de trabajo de aquellos días.
Esta larga historia nos deja tres interrogantes muy preocupantes en relación con la credibilidad de Salinas. En primer lugar, si a inicios de 2001, según su artículo en Correo, aún mantenía gratitud con el Sodalicio, admiración por Germán Doig y el himno sodálite repicaba en su interior, ¿cómo así se dio cuenta Pedro Salinas de su condición de víctima? En segundo lugar, si a inicios de los años noventa Salinas aún mantenía una amistad con Levaggi y éste lo habría acogido en su casa y le buscó trabajo, ¿cómo pasó a ser un abusador? Y en tercer lugar ¿cómo se explica que, ya publicado el libro Mitad monjes, mitad soldados, Salinas me diga “… alucina, yo tampoco nunca vi nada” (dicho por Salinas en 2015)? ¿Cómo que nunca vio nada? Y si vio. ¿Por qué no lo denunció? Y si no vio nada, ¿Por qué otros que estuvieron en el Sodalicio en la misma época tendrían necesariamente que haber visto algo? Si ellos son encubridores, ¿Salinas no lo sería también? O por el contrario ninguno es encubridor.

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