Wirococha Fumanchú

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Alcohol, sexo y drogas
El hermano del presidente Ollanta Humala gozaba de tantos privilegios y gollerías en el penal Piedras Gordas que, incluso, le permitían fumar marihuana en su celda. Sin embargo, la pregunta es: ¿cómo ingresó esta droga a un penal de máxima seguridad, sobre todo, al área de prevención donde se supone que siempre estuvo fuertemente custodiado por agentes del INPE?
En un video difundido por el programa Sin medias tintas, de Frecuencia Latina, se ve a Antauro Humala preparando y fumando un troncho de esta hierba alucinógena, cuyo ingreso a un penal está prohibido.
En el video se aprecia a Antauro con el torso desnudo y en su celda. “Cómo se mantiene bien la marihuana… ¿Tú crees que se conserva así mejor el troncho?, le preguntan. “Sí y le da mejor sabor, sííí. Es una experiencia increíble, eso lo descubrí con Heidi y sentía que te hacía más bacán, más bacán”, comenta.
Las imágenes que datan del 10 de abril del año pasado, también se escucha una voz que lo invita a disfrutar de la hierba sin molestias, sobre todo después de enterarse que su hermano pasó a la segunda vuelta con Keiko Fujimori.
“¿Este es el troncho de campaña o te metiste otro temprano?” “Sí, en la mañana, como estaba aburrido no había nada qué ver…”, “Con razón estabas escuchando a Pavarotti”, se escucha en el diálogo con el interno que lo está filmando.
EXTRAÑO TRASLADO
Fuentes de de Perú21 aseguran que el interés de Antauro por la marihuana no es reciente. El año pasado ya estaba metido en este mundo de las drogas, tal como lo demuestra un correo enviado a Ángela Quequezana Cárdenas, su más fiel seguidora y colaboradora en Arequipa.
“Para mí es más fácil dialogar por las noches, a partir de las once p.m. pues en el día paro full…te sigo esperando para el ritual”, le dice Antauro a la arequipeña.
Según nuestras mismas fuentes, el llamado “ritual” no sería otra cosa que fumar marihuana con las personas que lo visitaban en su celda y con el permiso de las autoridades penitenciarias.
¿Y quién le proporcionaba esta droga? En Piedras Gordas los internos cuentan que el único que podría proporcionarle la marihuana era Óscar Benítez Linares, el exagente de la DEA y acusado por tráfico ilícito de drogas.
En los últimos meses que pasó Antauro en Piedras Gordas, Benítez se desempeñaba como su secretario, pues él lo filmaba y le tomaba las fotos con sus visitas y con el iPhone que compartían.
Es más, nuestras fuentes aseguran que el verdadero motivo de su traslado al Hospital Militar en Navidad y Año Nuevo, fue para someterlo a un tratamiento de desintoxicación.
Esto se habría cumplido en el mes y medio de internamiento en el que solo se le suministraron antiinflamatorios, analgésicos y antipiréticos para el asma y los bronquios, además de antialérgicos, gotas para los ojos y gastritis, según denunció el congresista Luis Iberico el martes 6 de marzo, tras recibir el informe médico del nosocomio militar.
Todo para los estragos que ocasiona esta droga, pero nada para los supuestos problemas renales que motivaron su salida de emergencia del penal de Ancón.
La insistencia de los padres de Antauro Humala, don Isaac y doña Elena, para que lo cambien de régimen carcelario, pero sobre todo de cárcel, también sería por esta inclinación por la marihuana.
Solo se espera que el próximo traslado que estudia el Ejecutivo no sea a un centro de rehabilitación, sino a un penal con un régimen carcelario estricto, como la Base Naval del Callao o el penal Piedras Gordas II.
Fuente: Diario Perú21.

Marihuana

Etnocaceristas entre Ollanta y Antauro
Con el ánimo de indagar más sobre quiénes son los etnocaceristas y el peso que habrían tenido en los resultados electorales, la periodista alemana Hildegard Willer visitó una de sus escuelas, conversó con Antauro Humala, quien asegura seguir dirigiéndolos desde Piedras Gordas, y accedió al patriarca de todos los humalismos.
Por Hildegard Willer- Revista Ideele
Róger tiene 21 años, proviene de una comunidad campesina de Apurímac y vive con su familia en Surquillo.
Desde que terminó la secundaria se dedica a los estudios y a la difusión de su ideología, el etnocacerismo. Lleno de orgullo, cuenta que ha participado en Andahuaylas, donde el 31 de diciembre del 2004 los etnocaceristas tomaron violentamente la comisaría del pueblo y donde murieron cuatro policías y dos etnocaceristas. La violencia desplegada y sangrienta no parece asustarlo, ni que su hermano esté preso en el penal de Piedras Gordas por haber participado en la revuelta de Andahuaylas. Róger pertenece a un clan de etnocaceristas.
Con él vamos a una sesión de la Escuela Etnocacerista.
Jirón Cailloma
El jirón Cailloma es una oscura calle llena de hostales de mala muerte en el Centro de Lima. El hecho de que allí se reúna la Escuela Etnocacerista podría completar el cuadro de esta Lima bizarra que describe el cronista Rafo León. En la cuadra 8, en un edificio de una cooperativa venida a menos, se instruyen los discípulos de Antauro Humala en su ideología etnocacerista. Al fondo del edificio débilmente iluminado, en una suerte de galpón, tienen su local. Todas las noches reciben clases: de Geopolítica, de Runa simi (quechua), de “Cosmovisión Andina”. Esta noche les toca esta última materia.
Unos dieciocho jóvenes, aparentemente hijos de migrantes de la sierra, conforman el auditorio predominantemente masculino —apenas dos chicas se han atrevido a participar, pero no dicen ni una palabra en toda la noche—. El profesor Áybar invita a los jóvenes a que formen dos círculos con sus sillas y a que se organicen en un rimanakuy —el conversatorio inca que según él sería la forma local de la democracia—. De vez en cuando se va la luz, como para ilustrar la deficiente cultura criolla que nos rodea. El mensaje es simple: ¡Estén orgullosos, muchachos, de sus raíces!
Sin embargo, el ambiente del local no concuerda del todo con la “cosmovisión andina”: en las paredes, una gran banderola dice “La verdad etnocacerista”; hay afiches del mayor Antauro Humala en ropa militar, fusil en mano, y dos carteles de dos jóvenes, también en ropa militar, muertos en la asonada de Andahuaylas.
Un afiche grande muestra a un joven lleno de sangre muriéndose de un balazo —sus dedos están cruzados en forma de “V”—. El único que no se siente del todo bien en este ambiente militarizado es el profesor de cosmovisión andina. “Yo con la parte política no tengo nada que hacer”, asegura con prontitud.
En cambio, los jóvenes asistentes no esconden su orgullo: orgullo de haber participado o apoyado la asonada sangrienta de Andahuaylas, orgullo de su ascendencia andina.
Muchos medios han pintado a los reservistas etnocaceristas como muchachos maleducados y medio pandilleros. Los que vienen a la Escuela en Cailloma no corresponden a este perfil: varios son estudiantes universitarios, uno es artista gráfico, otros trabajan. En Lima, el etnocacerismo no es ya más un movimiento de licenciados de las Fuerzas Armadas, pero no ha dejado de ser un movimiento militarizado. Acaban de inaugurar sus batallones universitarios. “Reservista es cada persona con capacidad de defender a su patria”, dice Róger. Son jóvenes que se quieren instruir y que están hambrientos de una ideología que les dé una respuesta sencilla y coherente a la realidad que los rodea. Justamente por esto, constituyen un potencial mucho más peligroso que el que podrían representar unos simples pandilleros. Aunque su arma, por el momento, es un simple periódico.
La cárcel dorada
“La ideología es lo más importante. Una vez que tengas la convicción ideológica, esto de manejar un arma se aprende en unas horas.” Lo dice el mismísimo gestor de la ideología: el mayor en retiro y empresario periodístico Antauro Humala, actual residente VIP en el penal de Piedras Gordas. Paradójicamente, la novísima cárcel de máxima seguridad, construida con los dineros primero robados por Montesinos y después repatriados desde Suiza, no alberga a los cómplices de Montesinos y Fujimori, sino a los narcotraficantes más famosos y a los colaboradores eficaces que han declarado contra ellos; a algunos hampones peso pesado, a unos cabecillas de Sendero Luminoso y a Antauro Humala y otros diez etnocaceristas presos después de la revuelta sangrienta de Andahuaylas.
Por fin una cárcel que, aun cuando sufre la corrupción de sus directores, todavía no sufre de hacinamiento.
Después de haber pasado por lo menos cinco rejas con chapas automáticas, llego a un patio grande, donde reside nadie menos que Antauro Humala. Él comparte las celdas adyacentes con un único inquilino: Óscar Benites Linares, colaborador eficaz de la DEA, narcotraficante y, en sus propias palabras, converso al etnocacerismo. También puede ser que simplemente se aburra en la cárcel, y que fungir de Secretario de Relaciones Públicas de Antauro Humala por lo menos le traiga algo de diversión.
El ex militar y acusado por la muerte de cuatro policías en Andahuaylas recibe a sus huéspedes bajo un parasol en una esquina del patio. Tiene buen semblante, y no da exactamente la imagen de un preso sufrido. “La cárcel es pedagógica y útil”, dice. Desde hace poco ha vuelto a sacar su periódico —ya no se llama Ollanta, sino Antauro—, y lo escribe y dirige desde la cárcel.
Sin embargo, ni una cárcel dorada es una tribuna ideal para alguien tan febrilmente hiperactivo y vanidoso como Antauro.
El tema sensible se establece muy rápido. Se llama Ollanta y es su hermano mayor (por año y medio), el shooting-star de la política peruana que perdió por pocos puntos en las elecciones presidenciales contra Alan García. ¿Y qué piensa del triunfo parcial de Ollanta?
“Ollanta pudo arrancar su campaña con 30 por ciento de simpatizantes gracias a nuestro trabajo de años y a la insurgencia de Andahuaylas. Él ha surfeado sobre la ola del trabajo etnocacerista.”
Antauro casi lo grita. Probablemente tiene razón, aunque el candidato que casi gana no lo quiere reconocer públicamente. Después de la aventura de Locumba en el 2000, cuando Ollanta y Antauro condujeron una revuelta contra el moribundo régimen de Fujimori, Ollanta se fugó a las aulas de la Universidad Católica y después a la Embajada peruana en París, mientras que Antauro se dedicó a la empresa periodística. Sacó un pasquín con el nombre Ollanta y lo distribuyó por intermedio de reservistas del Ejército en todo el país. Tuvo un éxito inesperado, aunque más cuando, por casualidad, detectó que el periódico se vendía mucho mejor si los vendedores estaban vestidos de militares.
No es la primera vez que surge un movimiento de ideología totalitaria en el Perú: algunos de sus fundadores comparten la cárcel con Antauro. “Tengo mucho respeto por Cox, Morote, Incháustegui, los cabecillas de Sendero Luminoso, porque mantienen una moral admirable. Claro que tienen una ideología foránea, que no contempla el factor étnico. Pero Incháustegui ya ha pintado a Cáceres en vez de Mao”, ríe Antauro. ¿Y aprueba los métodos de Sendero? “No”, contesta después de un breve silencio; “los métodos, por supuesto, no.” No suena muy convincente.
Maniobras de “democracia electorera”
Sin embargo, el mesianismo no les falta. “Vendrá Ollanta, el salvador del Perú.” Con estas palabras, Antauro habría anunciado a Ollanta. “Tenía que dejarle servida la mesa”, confirma el mismo Antauro.
Según Antauro, los grupos etnocaceristas más fuertes se encuentran en Ayacucho (Cangallo, Huamanga y Huanta), en Apurímac, Quillabamba, en el Huallaga, en Puno y Tacna. En estas mismas regiones el Partido Nacionalista Peruano (PNP) de Ollanta Humala obtuvo las votaciones más altas, entre 70 por ciento y 80 por ciento. ¿Será que los etnocaceristas han hecho propaganda para Ollanta, a pesar de que Antauro tenía su propia lista en la primera vuelta? Tan fácil no es la cosa.
“En Ayacucho han deslindado”, reporta el antropólogo Pepe Coronel desde Ayacucho. “En la primera vuelta, cuando vino Ollanta a Ayacucho, han hecho su contramanifestación con unas ochocientas personas.”
“En Sicuani, primero se separaron de UPP, y llamaron traidor a Ollanta”, dice Livia Tapia, abogada de la Vicaría de la Solidaridad de Sicuani, Cusco. “Pero la división solo duró unas dos semanas; después se volvieron a unir.”
Para la segunda vuelta entre Alan García y Ollanta Humala todos hicieron propaganda por Ollanta, actitud que justificaron con el argumento de que el nacionalismo de Ollanta sería un primer paso hacia el etnonacionalismo verdadero —algo así como el socialismo como primera etapa hacia el comunismo—.
Hay que suponer que mucha gente no distinguía los mensajes de Antauro y de Ollanta. Lo ilustra un graffiti electoral en Sicuani: ante la disyuntiva si hacer propaganda por Antauro o por Ollanta, dice simplemente: “¡Humala presidente!”.
Pronóstico reservado
“Ahora va a arrancar el enfrentamiento entre UPP y la línea original”, predijo Antauro Humala. Los hechos le han dado la razón. “Nosotros esperaremos si cuaja el Frente Nacionalista. Un criterio para nuestra participación en él será si aceptan el movimiento político de Nelson Palomino.”
Además tienen, según Antauro, captadas las bases de UPP en Lambayeque y Arequipa. El fin de esta participación electoral es claro: “Hemos puesto a estos 45 animalitos en el Congreso para que saquen de la cárcel a nuestros doscientos compañeros etnocaceristas presos”, dice abiertamente el joven etnocacerista Galindo Ccallocantu.
Un ejemplo de lo que podría venir ha sido el último paro contra el TLC que se realizó del 24 al 26 de mayo en la ciudad de Sicuani. Según Livia Tapia, unos cien jóvenes con ropa militar y la bandera Wphala han participado y provocado un enfrentamiento entre huelguistas y la Policía. Su mensaje fue: “Nosotros estamos preparados para defender a la población frente a la Policía”. Mientras que el partido de Ollanta se va resquebrajando, el núcleo duro de los etnocaceristas se mantiene.
Minoría étnica
¿Qué pasaría con los blancos y extranjeros en un eventual futuro gobierno de ustedes?, le pregunto a Róger Chipana Yupanqui, nuestro joven etnocacerista del inicio. “Nada les pasa, pero que se comporten como una minoría. Que tengan un congresista tal vez. Que reciban alguna subvención del Estado. Que sean minoría, pues, pero que no conduzcan el país.” Un escalofrío recorre mi cuerpo. No porque me disguste la idea de ser minoría étnica —de hecho, en el Perú lo soy—, sino porque provengo de un país donde el despojo de la ciudadanía a una minoría fue el primer paso hacia su exterminio.
El racismo existente no se puede combatir con un racismo al revés, y el hecho de que una mayoría de peruanos nunca haya gozado de derechos ciudadanos no se puede compensar quitando los derechos a los que los han ostentado.
Pero qué difícil es explicar esto a Róger, si no puedo poner como prueba una práctica y una voluntad política seria para terminar con la exclusión en el Perú por vías democráticas. Puede que no nos quede mucho tiempo para intentarlo.
La génesis del humalismo
Para conocer el origen de esta mezcolanza ideológica llamada etnonacionalismo o etnocacerismo (que es la variante militar), hay que buscar al padre. Isaac Humala Núñez, nacido en 1931 en una familia misti en Oyolo, Ayacucho, es un abogado acomodado que hoy reside en Surco y que ha asesorado empresas constructoras en asuntos laborales. El doctor Humala tiene mucho más parecido con una gringa acriollada que con un campesino indígena de, digamos, Chumbivilcas. Sin embargo, cree con firmeza que su familia desciende directamente de curacas incas, que por ende son líderes naturales, y que la misión familiar es salvar a la raza cobriza de la extinción y volver a llevarla al poder.
¿Los indios bajo la tutela de los curacas? “No, todos los hombres son iguales”, contesta Isaac, y añade que Ollanta y Antauro solo eran facetas del mismo proyecto familiar. Para ello educó a sus siete hijos, y como cree que la violencia —en concreto, un golpe de Estado— es un medio para llegar al poder, necesitaba unos hijos militares: Ollanta y Antauro. Sin embargo, los tiempos han cambiado. “Hoy ya no es posible un golpe de Estado, pero existen los golpes de Estado de las masas para debilitar a los gobernantes”, dixit Papá Humala. Felizmente que, según don Isaac, sus hijos ya no le hacen caso.
Tampoco lo hacen los chicos etnocaceristas, pero la semilla de Isaac ya estaba sembrada, aliñada con el militarismo de Antauro.
¿Y cómo se nutren los etnocaceristas hoy ideológicamente?: de lecturas de geopolítica de la derecha (nombran a Friedrich Ratzel, fundador de la geopolítica del siglo XIX que acuñó el término “espacio vital” con el que Hitler justificó sus guerras); y, paradójicamente, leen el tratado de un archienemigo chileno —Geopolítica, de Pinochet—, a Guaman Poma de Ayala y Arguedas y escritores indigenistas; la Historia del Tawa-inti-suyo: Cinco siglos de guerra, del boliviano Ramiro Reynaga; La estafa del sionismo, el “vademécum etnocacerista” escrito por el mismo Antauro Humala y, por supuesto, el periódico Antauro, la “prensa”, como lo llaman.
El hecho de que los ideólogos mayores —Antauro Humala y Fernando Bobbio— se encuentren presos, puede, por un lado, debilitar a los grupos; pero, por otro lado, el mito del martirio los alienta, sobre todo mientras puedan seguir difundiendo su periódico, que es el motor del movimiento: es instrumento de adoctrinamiento y de supervivencia y actividad militante al estilo de los Testigos de Jehová. Según Antauro, la nueva prensa ya vende 22 mil ejemplares en Lima. Y en por lo menos siete barrios marginales de la capital mantienen escuelas etnocaceristas.
Sin embargo, aún están lejos de alcanzar la firmeza ideológica al estilo de Sendero Luminoso: para ello les faltan los cuadros, los intelectuales medios y una estructura altamente ideologizada que abarca también la vda privada, dice José Coronel, quien ha observado el movimiento desde Ayacucho: “Ni de lejos; ni Antauro ni Ollanta representan este nivel ni tienen los intermediarios políticos”.

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