Cuando se rompe el dique

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¿Te hartaste de la cultura de la cancelación?

Por RAÚL MENDOZA CÁNEPA- ElMontonero.pe
Algunos se preguntan cómo Rafael López Aliaga crece como bola de nieve (lo dicen las calles y las plazas a menos de dos semanas de la elección). Quizás podríamos explicarlo como cuando leemos a un columnista que dice lo que nosotros secretamente queremos decir y no nos atrevemos por miedo. Desde el 2000 hasta hoy ha regido un sistema de minorías culturales, sociales y políticas que han tomado los medios, la academia, la vida política, las oenegés, los poderes y las entidades estatales, y que impone su manera de mirar el mundo. Algunos los llaman “caviares”, llámalos como quieras. Rigen sobre lo que se debe decir, por quién se debe votar, cómo se debe hablar, en qué debemos creer. Son minorías curiosamente tan puritanas e inquisidoras como agnósticas o “racionalistas”. Tienen el poder de incriminar y de manejar el secreto, aunque se precien de ser rabiosamente antimontesinistas. Se asumen como la reserva moral y responden con sarcasmo cuando se les enfrenta.
¿Te hubieras atrevido a decir, con genuino análisis, que la vacancia de Vizcarra era constitucional y que el gobierno de Merino era legítimo? Serías DBA, viejo lesbiano, reaccionario, fujiaprista. ¿Te hubieras atrevido a decir que Chávarry fue víctima de una persecución mediática? Serías un sirviente de la corrupción. ¿Te cansa que la agenda política se centre en promover el género, el aborto, el lenguaje inclusivo o el matrimonio gay, y que no ataque lo que te es esencial y actual: la pobreza y el desempleo? Te dirán cavernario, pero te machacarán los mismos temas un día tras otro sin que puedas derivar la agenda hacia lo que es prioridad para ti, que no tienes comida ni empleo y estás desesperado ¿Te cansaste de callar tus opiniones por temor? Síguelas callando porque te desaparecerán de las redes y, a veces lo hará la misma red. ¿Te hartaste de la cultura de la cancelación y de la susceptibilidad? Mejor mide tus palabras, hieres. ¿Te molestan las argollas culturales y políticas? Nunca entrarás a ninguna ni te tomarás la fotito en el café, descuida.
Ese es el problema de la cultura dominante cuando además es censora: su celo ante la diversidad termina por engendrar lentamente su opuesto. Un líder que aparece y lo suelta todo es solo el canal a través del cual se expresa ese crispado y silenciado descontento. Ocurre con la fe. Quien domine la Historia sabrá que el pueblo peruano es abrumadoramente cristiano, pero solo se atreve a confesarlo acompañado, en una procesión o en una misa. Cuando un caricaturista ofende esa fe atacando a la Virgen María, cree que se hace un favor o que se lo hace al medio en el que trabaja, pero ocurre lo contrario. Se llama “efecto dique”: es tanta la presión de no poder confrontar con esas voces. tan poderosas como minoritarias, que lo único que queda es aguardar al líder que sí se atreva. Esa minoría cree en el Estado, en ese que la mayoría considera un óbice para su pequeña o mediana inversión.
Construir “república” no es continuar sino dar fin a ese sistema gobernado por minorías cultas, reductos de la moral, siempre más cerca de La Habana que de la avenida Abancay. Es acabar con el lobby en todas sus facetas, racionalizar el Estado e incluir a los que no tienen voz, esos que curiosamente son la verdadera mayoría del Perú. El Perú mayoritario es transversalmente conservador y religioso; quiere cambios, pero es también emprendedor y capitalista. Y lo es más entre los pobres y las provincias. Es curioso que una minoría se ría de esa mayoría porque, como ven, al final el chupo termina por reventar.

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