Milagro de Jesús

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COMUNICADO DE LOS OBISPOS DEL PERÚ SOBRE LA REAPERTURA DE LOS TEMPLOS

La Conferencia Episcopal Peruana se ha pronunciado respecto al reinicio de las actividades propias de la Iglesia Católica, dejando en responsabilidad del obispo de cada jurisdicción para que determine el inicio de la celebración diaria y dominical de la Santa Misa y de los demás Sacramentos.
Ante la reciente promulgación del Decreto Supremo N°170-2020-PCM, y en particular con relación a su artículo 5, respecto a las actividades propias de la Iglesia católica, los Obispos del Perú hacemos de conocimiento de los fieles católicos y de la población peruana en general, lo siguiente:
1. Apreciamos los esfuerzos que a nivel nacional vienen haciendo las instituciones públicas y privadas, para afrontar los efectos de la COVID-19, especialmente en custodiar la salud y procurar el bienestar de todos los peruanos.
2. Es oportuno señalar, que si hay alguna Institución que cuida siempre y en todo momento del bien integral de la persona humana, ésta es la Iglesia Católica. Así lo ha testimoniado a lo largo de toda esta pandemia con su actuar eficaz, y atendiendo espiritualmente a los contagiados y sus familias, multiplicando las obras de caridad, asistencia social, oxigeno medicinal especialmente a los más vulnerables.
3. Dentro del régimen de independencia, autonomía y mutua colaboración expresado en el Acuerdo entre el Estado Peruano y la Santa Sede, y reconocidos por el artículo 50° de la Constitución Política del Perú, en los últimos meses hemos coordinado con el Ministerio de Salud y otras instancias del gobierno nacional, para elaborar el Protocolo para las actividades religiosas en tiempo de pandemia, cuyas medidas de seguridad son bastante estrictas y cumplen con los estándares internacionales.
4. Por otro lado apreciamos que el Gobierno haya autorizado la reapertura de las iglesias o templos. Para nosotros los católicos, tras 7 meses de no participar en la celebración de la Eucaristía presencial, se hace “necesario y urgente volver paulatinamente a la normalidad de la vida Litúrgica y Sacramental especialmente de la Eucaristía“.
5. Las autoridades públicas deben comprender que la Eucaristía, incluida la Dominical, no puede ser catalogada como una simple reunión ni se la puede considerar comparable, mucho menos subordinada, a legítimas actividades sociales, comerciales o recreativas.
6. En realidad, todos los sacramentos, así como los demás actos litúrgicos y de piedad, forman parte del culto y de la libertad religiosa, derecho humano fundamental amparado por el artículo 2 de la Constitución Política de nuestra Nación: «Toda persona tiene derecho: A la libertad de conciencia y de religión, en forma individual o asociada {…} El ejercicio público de todas las confesiones es libre, siempre que no ofenda la moral ni altere el orden público…» No sería razonable, entonces, ponerle restricciones o exigirle requisitos incluso mayores que a otras actividades antes mencionadas.
7. Por todo lo expuesto, consideramos que cada Obispo tiene la potestad, en su propia Iglesia particular, para determinar a partir del próximo 02 de noviembre, (fecha indicada en el Decreto Supremo 170-2020 PCM) el inicio de la celebración diaria y dominical de la Santa Misa y de los demás Sacramentos, asegurando junto con el respeto a las normas litúrgicas el fiel cumplimiento del aprobado “Protocolo para las Actividades Religiosas de la Iglesia Católica en tiempos de Pandemia de la Conferencia Episcopal Peruana.
8. Invocamos a todos los fieles a seguir tomando las medidas necesarias para protegerse del coronavirus y no dejen de elevar a Dios sus oraciones por el fin de la pandemia.
9. Tengamos fe en que el Señor de los Milagros, la Bienaventurada siempre Virgen María y nuestros santos peruanos nos librarán pronto de este terrible mal.
Lima, 27 de octubre del 2020
Los Obispos del Perú

¿VIZCARRA VIII?

Por Manuel Castañeda Jiménez– LaAbeja.pe
Inglaterra 1532: el rey Enrique VIII pretende legislar en materia de religión y erigirse jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra. Ya desde hacía tiempo, los legistas y otra gente interesada habían venido susurrando al oído de algunos príncipes poderosos que, en materia religiosa, ellos no debían estar sujetos al Papa, sino ser ellos mismos quienes dispongan en sus reinos en esa materia. El capricho del rey por una cortesana y la lenidad, cuando no complicidad de un conjunto apreciable de obispos y cardenales, fueron alentando las pretensiones del rey, hasta que se produjo la ruptura definitiva con la Iglesia Católica, el rey asumió el máximo poder religioso y se erigió la Iglesia Anglicana, llevando a Inglaterra al cisma, resquebrajando la unidad cristiana y conduciendo a que la antaño conocida “Isla de los Santos” se convirtiese en la “Pérfida Albión” y su suelo se tiñera de la sangre de miles de mártires, entre los cuales Santo Tomás Moro y San John Fisher, ex canciller del reino el uno, y obispo de Rochester el otro.
Perú 2020: el presidente Martín Vizcarra expide el Decreto Supremo 170-2020-PCM, autorizando la reapertura de los templos ordenados cerrar por causa de la pandemia, pero al hacerlo se toma la atribución de disponer que no podrán haber misas y que solamente podrán realizarse “ritos y prácticas religiosas excepcionales” (algunos de los cuales, litúrgicamente se acompañan con misa). El decreto supremo señala, además, que deberá cumplirse con los protocolos y disposiciones que dicte la autoridad sanitaria; y el primer ministro declara, el mismo día, que la comunión habrá de darse en la mano y no se podrá usar agua bendita.
¿Es que pretende el señor Vizcarra ser un nuevo Enrique VIII, ya no con corona sino con banda presidencial? Lo dispuesto por el citado decreto supremo es INACEPTABLE pues constituye una intromisión del Estado en el ámbito religioso violando la Constitución Política que garantiza la libertad de culto, además del Concordato con la Santa Sede que reconoce autonomía a la Iglesia Católica. Quizás crea el señor Vizcarra que con emitir un bonito video en el que lanza loas al Señor de los Milagros y expresa palabras de piedad, puede compensar la grosería contenida en el decreto. Desde acá le advertimos que no es así. No basta con pronunciar palabras conmovedoras, sino cumplir al voluntad de Dios. Y Cristo fue muy claro en ello al enseñar que hay que dar al César lo que pertenece y a Dios lo que es de Dios.
Tampoco es satisfactorio que algunos obispos, como el señor obispo de Carabayllo, aplaudan expresamente el decreto, en una actitud del todo penosa, que hace recordar a aquellos de igual rango que aplaudieron otrora a Enrique VIII, sea por complicidad directa o simplemente por miopía … hasta que fue muy tarde; y hubieron de cargar sobre sus hombros la culpa del cisma de Inglaterra que hasta el día de hoy, después de cinco siglos casi, lloramos los católicos que anhelamos ver un día a todos los cristianos reunidos como un solo pueblo y con un solo Pastor. Ni es admisible el silencio incomprensible de otros obispos que pareciera no importarles –aunque digan lo contrario– que los fieles no puedan recibir a Cristo Eucaristía real y físicamente, como si bastase la comunión espiritual para recibir las gracias sacramentales. ¿Será que hay que recordar a algunos prelados sus deberes pastorales? La situación es extremadamente grave. Que haya obispos que por acción u omisión consientan en la intromisión del Estado en materia religiosa y se inclinen ante ello permitiendo que el Gobierno diga qué puede o no hacerse al interior de un templo, significa un incumplimiento de sus deberes de defender los legítimos fueros de la Iglesia, y de defender, en consecuencia, la práctica religiosa de los fieles a ellos confiados. Al hacerlo, los obispos podrían estar actuando en flagrante contradicción con el derecho canónico, con sus deberes episcopales y, por ende, colocándose en una posición externa a la Iglesia, es decir, eventualmente en situación de cisma. Lo anterior no quiere decir, por cierto, que descuiden la salud física de los feligreses.
Hemos visto, con dolor, hace muy poco, cómo en Chile las iglesias son saqueadas, las imágenes católicas destruidas y los templos incendiados por turbas que se despachan como pedro en su casa, sin que las autoridades civiles o policiales reaccionen debidamente. Inexplicablemente el gobierno chileno no protege los templos ni se escuchan los firmes discursos que sí se oyen para otros asuntos. ¿Será que el gobierno chileno, conscientemente permite tales desmanes con el fin de desacralizar su país y conducir a la población católica a una posición de temor, de frustración, de impotencia o de apocamiento? Acá en el Perú, el Gobierno no es que aliente la destrucción de los templos, pero sí interviene en todos pretendiendo cercenar la normal práctica de la religión, lo cual puede llevar a un enfriamiento de la fe. Es imposible que los obispos no se den cuenta del daño a las almas que viene significando el cierre obligatorio de las iglesias –y cumple decir lo mismo respecto de las autoridades propias de todas las organizaciones religiosas–.
Esperemos que el Gobierno rectifique de inmediato. Y esperamos que nuestros obispos adopten la actitud de firmeza que se requiere en estos momentos. Y a los enemigos de la Iglesia expresos o larvados y sus compañeros de ruta, advertimos que en el Perú no permitiremos que osen atentar contra ninguno de nuestros templos, pues si resulta necesario, los defenderemos con nuestras vidas. Ojalá no se produzca en el Perú un levantamiento similar al del México Cristero en defensa de la religión que es parte esencial de nuestra Patria. Los obispos tienen la palabra.

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