Si ustedes me aman…

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Evangelio según San Juan 14,15-21:
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos.
Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes: el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes, en cambio, lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes.
No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes.
Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes sí me verán, porque yo vivo y también ustedes vivirán.
Aquel día comprenderán que yo estoy en mi Padre, y que ustedes están en mí y yo en ustedes.
El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él”.

CARLOS JOSÉ EUGENIO DE MAZENOD
Llegó a un mundo que estaba llamado a cambiar muy rápidamente. Nacido en Aix de Provenza al sur de Francia, el 1 de agosto de 1782, parecía tener asegurada una buena posición y riqueza en su familia, que era de la nobleza menor. Sin embargo, los disturbios de la   Revolución francesa cambiaron todo esto para siempre. Cuando Eugenio tenía 8 años su familia huyó de Francia, dejando sus propiedades tras sí, y comenzó un largo y cada vez más difícil destierro de 11 años de duración.
Los años pasados en Italia
La familia de Mazenod, como refugiados políticos, pasaron por varias ciudades de Italia. Su padre, que había sido Presidente del Tribunal de Cuentas, Ayuda y Finanzas de Aix, se vio forzado a dedicarse al comercio para   mantener su familia. Intentó ser un pequeño hombre de negocios, y a medida que los años iban pasando la familia cayó casi en la miseria. Eugenio estudió, durante un corto período, en el Colegio de Nobles de Turín, pero al tener que partir para Venecia, abandonó la escuela formal. Don Bartolo Zinelli, un sacerdote simpático que vivía al lado, se preocupó por la educación del joven emigrante francés. Don Bartolo dio a Eugenio una educación fundamental, con un sentido de Dios duradero y un régimen de piedad que iba a acompañarle para siempre, a pesar de los altos y bajos de su vida. El cambio posterior a Nápoles, a causa de problemas económicos, le llevó a una etapa de aburrimiento y abandono. La familia se trasladó de nuevo, esta vez hacia Palermo, donde gracias a la bondad del Duque y la Duquesa de Cannizzaro, Eugenio tuvo su primera experiencia de vivir a lo noble, y le agradó mucho. Tomó el título de “Conde” de Mazenod, siguió la vida cortesana y soñó con tener futuro.
Vuelta a Francia: el Sacerdocio
En 1802, a la edad de 20 años, Eugenio pudo volver a su tierra natal y todos sus sueños e ilusiones se vinieron abajo rápidamente. Era simplemente el “Ciudadano” de Mazenod, Francia había cambiado; sus padres estaban separados, su madre luchaba por recuperar las propiedades de la familia. También había planeado el matrimonio de Eugenio con una posible   heredera rica. Él cayó en la depresión, viendo poco futuro real para sí. Pero sus cualidades naturales de dedicación a los demás, junto con la fe cultivada en Venecia, comenzaron a afirmarse en él. Se vio profundamente afectado por la situación desastrosa de la Iglesia de Francia, que había sido ridiculizada, atacada y diezmada por la Revolución.
Él llamado al sacerdocio comenzó a manifestarse y Eugenio respondió a este llamado. A pesar de la oposición de su madre, entró en el seminario San Sulpicio de París, y el 21 de diciembre de 1811 era ordenado sacerdote en Amiens.
Esfuerzos apostólicos: los Oblatos de María Inmaculada
Al volver a Aix de Provenza, no aceptó un nombramiento normal en una parroquia, sino que comenzó a ejercer su sacerdocio atendiendo a los que tenían verdadera necesidad espiritual: los prisioneros, los jóvenes, las domésticas y los campesinos. Eugenio prosiguió su marcha, a pesar de la oposición frecuente del clero local. Buscó pronto otros sacerdotes igualmente celosos que se prepararían para marchar fuera de las estructuras acostumbradas y aún poco habituales. Eugenio y sus hombres predicaban en Provenzal, la lengua de la gente sencilla, y no el francés de los “cultos”. Iban de aldea en aldea, instruyendo a nivel popular y pasando muchas horas en el confesonario. Entre unas misiones y otras, el grupo se reunía en una vida comunitaria intensa de oración, estudio y amistad. Se llamaban a sí mismos “Misioneros de Provenza”.
Sin embargo, para asegurar la continuidad en el trabajo, Eugenio tomó la intrépida decisión de ir directamente al Papa para pedirle el reconocimiento oficial de su grupo como una Congregación religiosa de derecho pontificio. Su fe y su perseverancia no cejaron y, el 17 de febrero de 1826, el Papa Gregorio XII aprobaba la nueva Congregación de los “Misioneros Oblatos de María Inmaculada”. Eugenio fue elegido Superior General, y continuó inspirando y guiando a sus hombres durante 35 años, hasta su muerte. Eugenio insistió en una formación espiritual profunda y en una vida comunitaria cercana, al mismo tiempo que en el desarrollo de los esfuerzos apostólicos: predicación, trabajo con jóvenes, atención de los santuarios, capellanías de prisiones, confesiones, dirección de seminarios, parroquias. Él era un hombre apasionado por Cristo y nunca se opuso a aceptar un nuevo apostolado, si lo veía como una respuesta a las necesidades de la Iglesia. La “gloria de Dios, el bien de la Iglesia y la santificación de las almas” fueron siempre fuerzas que lo impulsaron.
Obispo de Marsella
La diócesis de Marsella había sido suprimida durante la Revolución francesa, y la Iglesia local estaba en un estado lamentable. Cuando fue restablecida, el anciano tío de Eugenio, Fortunato de Mazenod, fue nombrado Obispo. Él nombró a Eugenio inmediatamente como Vicario General, y la mayor parte del trabajo de reconstruir la diócesis cayó sobre él. En pocos años,   en 1832, Eugenio mismo fue nombrado Obispo auxiliar. Su ordenación episcopal tuvo lugar en Roma, desafiando la pretensión del gobierno francés que se consideraba con derecho a intervenir en tales nombramientos. Esto causó una amarga lucha diplomática y Eugenio cayó en medio de ella con acusaciones, incomprensiones, amenazas y recriminaciones sobre él. A pesar de los golpes, Eugenio siguió adelante resueltamente y finalmente la crisis llegó a su fin. Cinco años más tarde, al morir el Obispo Fortunato, fue nombrado él mismo como Obispo de Marsella.
Un corazón grande como el mundo
Al fundar los Oblatos de María Inmaculada para servir ante todo a los necesitados espiritualmente, a los abandonados y a los campesinos de Francia, el celo de Eugenio por el Reino de Dios y su devoción a la Iglesia movieron a los Oblatos a un apostolado de avanzada. Sus hombres se aventuraron en Suiza, Inglaterra, Irlanda. A causa de este celo, Eugenio fue llamado “un segundo Pablo”, y los Obispos de las misiones vinieron a él pidiendo Oblatos para sus extensos campos de misión. Eugenio respondió gustosamente a pesar del pequeño número inicial de misioneros y envió sus hombres a Canadá, Estados Unidos, Ceylan (Sri Lanka), Sudáfrica, Basutolandia (Lesotho). Como misioneros de su tiempo, se dedicaron a predicar, bautizar, atender a la gente. Abrieron frecuentemente áreas antes no tocadas, establecieron y atendieron muchas diócesis nuevas y de muchas maneras “lo intentaron todo para dilatar el Reino de Cristo”. En los años siguientes, el espíritu misionero de los Oblatos ha continuado, de tal modo que el impulso dado por Eugenio de Mazenod sigue vivo en sus hombres que trabajan en 68 países.
Pastor de su diócesis
Al mismo tiempo que se desarrollaba este fermento de actividad misionera, Eugenio se destacó como un excelente pastor de la Iglesia de Marsella, buscando una buena formación para sus sacerdotes, estableciendo nuevas parroquias, construyendo la Catedral de la ciudad y el espectacular santuario de Nuestra Señora de la Guardia en lo alto de la ciudad, animando a sus sacerdotes a vivir la santidad, introduciendo muchas Congregaciones Religiosas nuevas para trabajar en su diócesis, liderando a sus colegas Obispos en el apoyo a los derechos del Papa. Su figura descolló en la Iglesia de Francia. En 1856, Napoleón III lo nombró Senador, y a su muerte, era decano de los Obispos de Francia.
Legado de un santo
El 21 de mayo de 1861 vio a Eugenio de Mazenod volviendo hacia Dios, a la edad de 79 años, después de una vida coronada de frutos, muchos de los cuales nacieron del sufrimiento. Para su familia religiosa y para su diócesis ha sido fundador y fuente de vida: para Dios y para la Iglesia ha sido un hijo fiel y generoso. Al morir dejó a sus Oblatos este testamento final: “Entre vosotros, la caridad, la caridad, la caridad; y fuera el celo por la salvación de las almas”.
Al declararlo santo la Iglesia, el 3 de diciembre de 1995, corona estos dos ejes de su vida: amor y celo. Y este es el mayor regalo que Eugenio de Mazenod, Oblato de María Inmaculada, nos ofrece hoy.

El Papa nos invitó a acercarnos más a Jesús y ser Iglesia en salida

Los obispos de Perú concluyen su visita ad Limina en Roma con una misa en Santa María la Mayor.
Por – Agencia de Noticias Zenit.El cardenal peruano Cipriani en la basílica de San Pablo durante la visita Ad Limina 2017El Cardenal peruano Cipriani en la Basílica de San Pablo durante la visita Ad Limina 2017.
“Al estar con el Papa hemos visto su claridad, su cariño, su cercanía, su interés. El miércoles hemos estado tres horas reunidos con él y ese solo gesto nos compromete a todos a acercarnos más al Señor Jesús, y a colaborar más en esta orientación que es la Iglesia misionera, en salida, que va a buscar a la gente. Como quien indica: ‘Estoy con ustedes para animarlos a que me ayuden en esta tarea’”.
Lo indicó el cardenal arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani al conversar este sábado con ZENIT antes de misa en la basílica de Santa María la Mayor, cuando la visita Ad Limina que están realizando los obispos peruanos en Roma está llegando a su fin.
El cardenal añadió: “Salimos muy contentos, muy unidos viendo a un padre común tan cariñoso. Esto nos compromete a ser gente de comunión, gente de unidad”.
La última de las misas de la visita Ad Limina de los obispos peruanos, en la basílica de Santa María la MayorInterrogado sobre lo que el Santo Padre les dijo sobre la piedad popular, el arzobispo de Lima indicó: “Una de las cosas que nos une mucho es que en América Latina, al menos en nuestro país, la cultura es católica, cosa que no ocurre en otras partes del mundo. Se piensa con una mentalidad cristiana porque la piedad popular lleva a la gente a que de muy pequeña empieza a acudir al Señor de los Milagros, o al Señor de Luren o a la Cruz de Motupe. Desde muy niños se respiran en el hogar una serie de valores de la fe católica. Eso hace que de alguna manera que en el promedio de la gente haya una relación de afecto y cariño hacia la Iglesia, y un sentido de pertenencia”.
Reconoció entretanto que existen desafíos: “Es la corriente de secularización fuerte que va debilitando en los hogares y las familias ese sentimiento y esa oración”, dijo.
Por ello aseguró, “la tarea nuestra es reforzar esa piedad popular con contenidos. Hay que volver una y mil veces a llevar el catecismo, los motivos de la fe. Y como decía el Papa no solamente que lo conozcan sino que los vean practicar. Reforzar así la enseñanza de la fe en la escuela, en la universidad, la enseñanza propiamente”.
También debemos, aseguró el purpurado, “pedir un poquito más de coherencia a nosotros los obispos, a los sacerdotes y religiosos, y al pueblo fiel. O sea, aquello que predicas practícalo”. Aseguró que “eso tiene que verse en la vida diaria, si eres periodista, deportista, profesor, en el lugar en donde te toque que se vea que allí está un hombre de fe. Ese es un desafío para toda la Iglesia y también para el Perú”.
Interrogado sobre el alto porcentaje de hijos que nacen fuera de los matrimonios, indicó que “es un problema que existe desde hace tiempo, hay más de la mitad que nacen fuera de una relación matrimonial estable” y es fruto de esta ola secularista y hedonista.
Y si de un lado está esta piedad popular y el sentimiento católico, “falta esa presencia de la Iglesia en la enseñanza de los principios morales, en los principios que unen a un matrimonio”. Una “situación urgente pero también de largo aliento, porque no es fácil cambiarla”.
Indicó que en Lima, por ejemplo, hoy están los centros de orientación familiar para profundizar más la preparación al sacramento y el acompañamiento de los primeros años de matrimonio.
Sobre el aborto y las multitudinarias manifestaciones que se realizaron contra, en las calles del país, el cardenal señaló que la interrupción voluntaria no está aprobada y que “el pueblo en Perú es sano y el 90 por ciento lo rechaza según la última encuesta. Pero si empiezan a manipularlo con casos de sentimentalismo y de dificultades, de pronto pueden empezar a confundir la realidad” dijo.
Estas movilizaciones “son para que la gente defienda más el matrimonio en el campo legislativo y mediático, porque hoy la gran fuerza está en las redes sociales y en la calle”.
Indicó que las instituciones en general se han debilitado y tantas veces no son el camino para expresar las ideas. “La gente no lee tanto el diario y está más metida en facebook , internet, etc. y a veces los políticos por miedo de perder votos atienden más a esas tendencias de las calles que a las discusiones antiguas, ideológicas o de grupos”. Y aseguró: “Las seguiremos haciendo para defender la identidad del pueblo peruano que es netamente católica”.
Al concluir la entrevista en la basílica de Santa María la Mayor, el cardenal indicó una imagen de la Virgen María Reina de la Paz allí presente, y dijo: “Pidámosle a Ave María Pacis la protección para el Papa, para toda la Iglesia y para toda la familia peruana”.

Papa Francisco nombra cardenal al arzobispo de Barcelona, Juan José Omella

El Papa Francisco ha anunciado un nuevo Consistorio que celebrará el próximo 28 de junio para el nombramiento de cinco nuevos cardenales, entre ellos el arzobispo de Barcelona, Juan José Omella.
“Deseo anunciar que el próximo miércoles 28 de junio celebraré un consistorio para nombrar a cinco nuevos cardenales: su procedencia de varias partes del mundo manifiesta la catolicidad de la Iglesia difundida en toda la tierra y la asignación de un título o diaconía de una parroquia testimonia la pertenencia de la diócesis de Roma, que preside”, anunció Francisco tras el rezo de Regina Caeli.
El 29 de junio, cuando se celebra la fiesta de San Pedro y Pablo, se celebrará la misa con los nuevos cardenales, agregó Francisco.
Además de Omella, los nuevos cardenales serán el arzobispo de Bamako, en Mali, Jean Zerbo; el obispo de Estocolmo, Anders Arborelius; el vicario apostólico de Pakse, en Laos, Louis-Marie Ling Mangkhanekhoun, y el obispo auxiliar de San Salvador, Gregorio Rosa Chavez. Todos ellos son menores de 80 años y, por tanto, considerados electores en caso de la celebración de un cónclave.
Se trata así del cuarto consistorio celebrado por Francisco, tras el último, el pasado 19 de noviembre, cuando nombró a 13 nuevos cardenales con derecho a voto y a cuatro eméritos, mayores de 80 años.
En ese consistorio recibieron la púrpura al arzobispo de Madrid, Carlos Osoro Sierra; al de Brasilia, Sérgio da Rocha; al de la diócesis venezolana de Mérida, Baltazar Enrique Porras Cardozo, y al de la mexicana Tlalnepantla, Carlos Aguiar Retes.

El recorrido del arzobispo de Barcelona

Omella fue designado arzobispo de Barcelona en 2015 para suceder al cardenal Martínez Sistach. Encarna a la perfección el nuevo perfil que busca el Papa Francisco: obispos que han sido antes párrocos y que son cercanos a los fieles. De hecho, Omella ha ejercido de párroco en la zona del bajoaragón durante 20 años.
Es, por tanto, un cura de pueblo, pero con una sólida formación intelectual y que nunca abandonó ni la letra ni el espíritu del Concilio, siguiendo la línea episcopal que va desde Tarancón a Díaz Merchán, pasando por Osés, Echarren, Úbeda, Jubany, Yanes o Sánchez. Y, por eso, se puede decir que ha sido una de las ‘parteras’ de la actual primavera de la Iglesia. Porque Omella nació y creció y se mantuvo siempre alineado en el sector “social” de la Iglesia y del episcopado. Es decir, entre los obispos convencidos de que la Iglesia debe ser, ante todo, samaritana o, como dice el Papa “hospital de campaña”, según informa José Manuel Vidal.
Nacido en Cretas el 21 de abril de 1946, en el seno de una familia de agricultores, estudió Humanidades en el seminario de Zaragoza, para pasar en Filosofía al seminario de los Padres Blancos, con los que terminó la Teología en Lovaina. Como miembros de los misioneros de África, se fue a la misión del entonces Zaire (hoy Congo) y allí estuvo un año.
El tiempo suficiente, para que no perdiese nunca el gusanillo de África y de las misiones. De allí regresó de cura a los pueblos de Zaragoza, hasta que, en 1990, Elías Yanes, su amigo y protector, se fijó en él y lo nombró su vicario general, para pasar a obispo auxiliar de la sede del Pilar unos años después, en 1996.
Por poco tiempo, porque el 27 de octubre de 1999 fue nombrado obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Cinco años después, el 8 de abril de 2004, pasa ya a ocupar una diócesis importante, la de Calahorra y La Calzada-Logroño.
Además de su experiencia y de su excelente recorrido pastoral, tiene “padrinos”. Omella es amigo personal de dos de los cardenales más cercanos del Papa, el también turolense cardenal Santos Abril, arcipreste de la Basílica romana de Santa María la Mayor, y del cardenal hondureño Rodríguez Maradiaga, moderador del G-9 y probable presidente del nuevo dicasterio romano de ‘Justicia y Caridad’, que se pondrá en marcha tras la reforma de la Curia vaticana.
Y no sólo eso. Omella conoce personalmente al Papa, desde su época de arzobispo de Buenos Aires y mantiene una estrecha relación con él. Además de esos apoyos externos, Omella puede presumir (aunque nunca lo haga) de contar con buen predicamento incluso entre sus compañeros obispos. De hecho, fue elegido por sus pares presidente de la comisión de Pastoral Social. Y, recientemente, de Roma le llegaba otro espaldarazo: el nombramiento de miembro de la comisión de Obispos, la fábrica romana, dirigida por el cardenal Ouellet, donde se cuecen los nombramientos episcopales de todo el mundo. Ahora le ha llegado otro nuevo reconocimiento: ser nombrado cardenal.
Fuente: www.elmundo.es

Por primera vez en 500 años de la Reforma, el Papa hará cardenal a obispo converso

Francisco anuncia la lista de nuevos purpurados que serán nombrados en el próximo consistorio, el quinto de este pontificado.
El papa Francisco no deja de sorprender: el próximo 28 de junio nombrará a cinco nuevos cardenales, ente ellos, el arzobispo de Estocolmo, Anders Arborelius, primer prelado sueco que obtendrá la purpura desde el inicio de la Reforma luterana (1517).
El religioso carmelita es un converso al catolicismo en Suecia, país de fuerte tradición protestante. Arborelius, de 68 años, recibió el bautismo a la edad de 20 años y entró en el orden de los carmelitas descalzos hace 46 años.
Al parecer, el joven Anders leyó la autobiografía de santa Teresita de Lisieux, lo que le motivó a ingresar a la orden de los carmelitas y por más de treinta años Arborelius vivió como un fraile de dicha orden, antes de ser obispo.
Una decisión significativa, considerando que convertirse al catolicismo por siglos en Suecia equivalía a perder los derechos civiles hasta que las cosas cambiaron en los años setenta con la derogación de las normas impuestas por el soberano Gustavo de Vasa (Lindholm 1496–Estocolmo 1560) para permitir la libertad de culto a todas las confesiones en el país.
Un nombramiento puente especialmente hacia esas periferias físicas y existenciales donde ser católico es un peso lleno de estigmas y rechazos. De hecho, Arborelius recibió al Papa en su viaje en Lund el 1 de noviembre de 2016, país donde la minoría católica sufrió una dura represión hasta hace pocos decenios.
El próximo cardenal es testimonio de la acción de la Iglesia en Suecia para responder ante la secularización progresiva de la nación y que obtuvo frutos con el aumento de los conversos católicos.
El 29 de diciembre de 1998 fue consagrado obispo en la catedral católica de Estocolmo, convirtiéndose  así en el primer obispo católico de Suecia de origen sueco, desde el tiempo de la Reforma luterana, en el siglo XVI. Ahora será cardenal llamado por Francisco.
Su testimonio como converso y pastor sueco llevará experiencia concreta al Colegio de cardenales que asesoran al Sucesor de Pedro en el diálogo ecuménico y pastoral, especialmente para contrastar los prejuicios ancestrales que aún persisten contra los católicos en Suecia y otros países influidos por la Reforma.
El 21 de  enero de 2014, el Papa le había nombrado consultor del Consejo Pontificio para los Laicos.
El próximo cardenal, Arborelius, nació en Sorengo, Suiza, el 24 de septiembre de 1949, de padres suecos que se divorciaron cuando él tenía 4 años. Creció con su madre en Lund, en el sur de Suecia.
La familia Arborelius era luterana no practicante. La vocación al sacerdocio inicia a asomarse luego de entrar en contacto con las monjas del convento de Santa Brígida. Fue ordenado sacerdote el 8 de septiembre de 1979 en Malmö.
En 1971 ingresó en  la Orden de los Padres Carmelitas Descalzos en Norraby  y pronunció su profesión perpetua en Brujas, Bélgica, en 1977. Estudió Filosofía y Teología en Bélgica y en el Teresianum de Roma. Al mismo tiempo estudió lenguas modernas en la Universidad de Lund, se lee en la biografía oficial.
Del 2005 al 2015 fue presidente de la Conferencia Episcopal de Escandinavia y en 2015 fue elegido vicepresidente de la misma. Fue miembro de la Comisión de la Presidencia del Consejo Pontificio para la Familia del 2002 al 2009.

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