¿Cae, cae PPK?

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Por Enrique Castillo- Diario Perú21.
Desde hace mucho tiempo, las cifras de intención de voto de PPK estaban ya estancadas. No se movían. Y eran casi las mismas con las que terminó en el proceso electoral del año 2011.
Luego vino lo de la presentación del formulario que, según él, demostraba su renuncia a la nacionalidad norteamericana, la presentación de sus “jales”, y la presentación de sus propuestas. Sin embargo, en lugar de incrementar su apoyo o de mantenerlo, este cae dos puntos, según la última encuesta de GfK. No es un drama, pero sí debe ser motivo de preocupación.
¿Qué puede estar pasando? … hay señales a tomar en cuenta.
¿La población le ha creído a PPK lo de su renuncia a la nacionalidad? Lo más probable es que no, y que él mismo haya ayudado a ello al hacer un anuncio que sonaba bastante sobredimensionado.
¿Han sido los jales un plus importante en la campaña de PPK? Es muy temprano para hacer una afirmación definitiva, pero preliminarmente se puede decir que quizás hayan tenido un impacto importante en el segmento A y en algo del B, pero nada más.
¿Son cautivantes sus propuestas? No, ni lo son sus portadores en Peruanos por el Kambio.
¿Le hace daño a PPK la presencia notoria de Acuña? Sí, y lo dijimos en su momento. Acuña no le iba a quitar votos a Keiko, sino que se los iba a arañar al gobierno, a PPK y al Apra. Y la razón es que el mensaje clientelista de Acuña iba a competir con el clientelismo de los programas sociales del gobierno en el ámbito rural o urbano-marginal; su imagen de provinciano exitoso que busca dar educación para más peruanos va a competir con PPK en ese segmento emprendedor y aspiracional de los niveles C, D y E del mundo urbano, donde Acuña puede dar becas y PPK no; y su poder económico e influencia lo iban a ayudar en el norte, Lima y el centro.
Va a tener que trabajar mucho PPK para subir y no caer.

Peguense

¡Péguense para la foto!

Por Mario Ghibellini- Revista SOMOS
Entre las preguntas insondables del universo, hay una que nos atañe de manera apremiante en estos días. ¿Convierte la lucha por el poder a personas razonables en gente necia o simplemente atrae a individuos que estaban tocados por la sandez de antemano? Porque de lo que no cabe duda es de que las campañas electorales, destinadas presuntamente a ayudarnos a definir quién es el hombre o la mujer más capaz para conducir los destinos del país por los próximos cinco años, se transforman siempre al final en un rally de majaderos.
Pensemos, si no, en los candidatos que disputan actualmente la segunda vuelta. Pedro Pablo Kuczynski es un economista y un hombre de negocios más que competente, con una vasta experiencia en los asuntos públicos. ¿Y Keiko? Bueno, Keiko no es Kenji. Y con eso ya tendríamos que estar pisando tierra firme en la materia que nos ocupa. Pero lo cierto es que, día a día, nos hacen amanecer a una dieta de sopapos mutuos, alimentados por falsedades y supresiones de los procesos lógicos más pedestres, que nos obligan a reconsiderar la opinión que nos habíamos formado sobre ellos.
Doble Pelona  
Nada más lejos de esta pequeña columna que practicar la mojigatería contra la sorna, pues estamos convencidos de que ella revela usualmente verdades profundas sobre el escarnecido. Pero aun en la ironía hay que ser rigurosos y en eso los dos aspirantes presidenciales hacen agua.
Revisemos, por ejemplo, la pulla que le clavó durante el último debate la señora Fujimori a su contendor al enrostrarle la contradicción que existía entre haberla apoyado grandilocuentemente en la segunda vuelta del 2011 y atacarla ahora con cuestionamientos a su ética y su talante democrático. “¡Cómo has cambiado, Pelona!”, le recitó evocando a Nicomedes Santa Cruz. Y tenía razón.
Pero lo cierto, también, es que había allí más de una Pelona, porque con esa misma lógica tendría que habérsele preguntado a la postulante del fujimorismo cómo así estuvo tan satisfecha de recibir entonces el apoyo, en medio de una gran manifestación, de la persona a la que ahora ellos acusan, entre otras cosas, de que “no le importó el Cusco y entregó nuestro gas a los extranjeros” o de que “traicionó al Perú con los cambios legislativos que hizo en el sector hidrocarburos” cuando fue ministro de Toledo.
Incapaz de ese elemental retruque inmediato, sin embargo, Kuczynski rumió dos días su irritación, para luego liberarla bajo la forma de su novedosa tesis sobre la ratería hereditaria, que ha hecho lucir aquello de la “perra vida” que le dedicó antes a Verónika Mendoza como un piropo. Y ese mismo ingenio de ida y vuelta es el que nos dispensan todos los días.
Convencidos quizás de esos lugares comunes entre políticos que afirman que las encuestas son ‘fotografías del momento’ y que la más grande de ellas se produce el día de las elecciones, Keiko Fujimori y Pedro Pablo Kuczynski se aprestan a ser eternizados por el flash (electoral) definitivo. Y como alguien por ahí ha de haberles gritado: “¡Péguense para la foto!”, en su infinita sapiencia natural de candidatos no han podido aparentemente interpretar la sugerencia de otra manera que liándose a golpes.

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