José  M. Arguedas Altamirano y la identidad cultural

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Por Jaime Huamanga Sullo
Arguedas fue un intelectual que estaba convencido que la identidad cultural es la esencia del quehacer político en nuestro país, la identidad cultural no es el significado que le atribuyen los occidentales relacionando con practicas salvajes, retrasadas, inhumanas, anti “desarrollo”, arcaicos, rural, pasado, etc. La identidad cultural es dar valor (no monetario) a nuestras buenas costumbres y tradiciones que contribuyeron para resistir la invasión española y la neo-colonización capitalista hasta ahora; son nuestras 47 lenguas, saberes ancestrales, los derechos consuetudinarios, son nuestras formas de vida y no las condiciones de vida que tenemos, es nuestra filosofía andina donde la relación del hombre y la tierra es de sujeto a sujeto. Cuando la resistencia políticamente se pierde, se resiste culturalmente para luego ganar el dominio político.
Arguedas nació coincidentemente, y le tocó vivir, cuando los dos mundos de su procedencia estaba en conflicto: el mundo de los blancos (españoles) y el mundo de los autóctonos, mal denominado “indios”. Frente a esta situación Arguedas planteo la siguiente analogía: “El cerco podía y  debía  ser  destruido;  el  caudal de las dos naciones se podía y debía  unir. Y el camino  no  tenia porque ser, ni era posible que fuera únicamente el que se exigía con imperio de vencedores, o sea: que la nación vencida renuncie a su  alma, aunque no sea sino en la apariencia, formalmente, y tomar la de los vencedores, es decir que se aculture”. Nació entre blancos pero lo criaron autóctonos. Habló quechua antes que español, por eso se identificó férreamente con aquellos que lo acunaron en su niñez. Por eso, orgullosamente dijo: “yo no soy un aculturado; yo soy  un peruano  que orgullosamente, como un demonio feliz habla en cristiano y en indio, en español  y quechua”.
El amauta dedicó su vida a estudiar y analizar la marginación, la injusticia y las condiciones de vida del campesino. por si eso fuera poco, tomó la antropología, para estudiar y defender esa cultura andina autóctona, también Arguedas reclama el respeto al medio ambiente base de la cosmovisión andina autóctona, además le preocupaba el declive de los valores, principios y la filosofía de los autóctonos donde la concepción de la relación entre hombre y tierra era de sujeto/sujeto. Sin embargo, este sistema político y el modelo económico voraz, aniquilador, genocida y etnocida ha destruido la cosmovisión andina imponiendo una forma de comprender la relación de sujeto/objeto entre hombre y tierra. Entonces  Arguedas  emprende  un trabajo arduo, constante, con decisión es por eso que dice: “Estoy luchando con tremendo esfuerzo y me siento perplejo por dentro. No sé adónde iré a parar. Lo que me sostiene es mi fervor por el Perú”. Esas fueron las palabras que envió José María Arguedas a su psicoanalista Lola Hoffman en una carta con fecha de marzo de 1967. Después de haber transcurrido un año, con frustraciones y agobiado, Arguedas escribe su última carta, una carta colectiva a los miembros de su casa de estudio, en la que se encuentran las siguientes líneas que versan: “Todo cuanto he hecho mientras tuve energías pertenece al campo ilimitado de la universidad y sobre todo al desinterés y la devoción por el Perú y el ser humano”.
Entonces, ¿qué es para Arguedas el amor al Perú? Fue un amor autóctono, transparente, un amor al olor de la tierra, al viejo campesino surcado de arrugas del cual podía enamorarse, un amor de niño, un WARMAKUYAY como el que sintió por el becerrito que latigueó el Kutu, un amor sin límites que, sin embargo, no pudo darle ese “temple de vida” que requería para seguir respirando. Por supuesto que no era un amor a la bandera y a los símbolos patrios, sentimientos triviales que algunos utilizan incluso como justificación de asesinatos. El de Arguedas fue un amor de otra índole, una sensación de pertenencia a los rincones más profundos y autóctonos de nuestro país: a la sentina de la cárcel de El Sexto donde también encontró humanidad, o a la belleza de esos ríos profundos que separan en dos una comarca; por eso en esa misma carta termina diciendo: “He vivido atento a los latidos de nuestro país”.
Sin embargo, los latidos del país nunca estuvieron atentos a José María Arguedas. ¿En qué  billete se ha  impreso  su  rostro?, ¿qué estatua de homenaje se ha levantado en un lugar céntrico de la capital?, lo que es peor ¿qué edición popular ha impreso el gobierno peruano o alguna institución gubernamental para difundir su aporte intelectual? Ninguna (el Congreso ha editado una antología pero no es de divulgación popular). De parte del gobierno regional no hubo; tampoco hay interés de promover iniciativas de difusión u otro por estilo para promover la lectura y estudio a Arguedas que muy bien podría alimentar el espíritu humano, fortalecer la identidad apurimeña del peruano y hasta nos ayudaría a implementar políticas de desarrollo regional y nacional si ponemos en practica sus planteamientos filosóficos y antropológicos. Es cierto que el mejor homenaje es leer sus textos, pero lo mas importante es valorar el aporte intelectual (planteamientos de mejora y/o solución) a los problemas concretos del país y poner en praxis los planteamientos teóricos, por ejemplo, se habla de una Reforma Educativa Regional de Apurímac, esta reforma se debería diseñar a partir de los aportes teóricos que planteo Arguedas en el sector educación coherente a la realidad de la región y del país.
A los 104 años de su nacimiento quedaría como un deber del país darle a Arguedas, por ese amor que nos enseño en cada una de sus letras, acciones de homenajes dignos. Sin embargo, una nada. Una casi nada hubiera significado declarar el año 2011 como “Año de José María Arguedas Altamirano”. Sea quizás una decisión vana y burocrática y puede ser que no genere ganancias o no valga de nada para el desarrollo del modelo capitalista; pero sí para nosotros, los del Perú profundo expresa nuestros sentimientos, sabidurías, tradiciones, costumbres y nuestra forma de vivir (cosmovisión andina), por eso es un insigne que nos permite conocer, analizar y reflexionar en base de un diagnostico de la situación real y verdadera que es lo que hizo Arguedas, esto debe generar el interés por Arguedas, que ha sabido silbar y cantar y escribir tomándole el pulso a la alegría y el dolor de ser peruano.
Por otro lado en particular, el Ministerio de Cultura no ha hecho casi nada por el centenario del taita  Arguedas. Incluso  esta institución  en vez de dar propuesta para que el año 2011 se denominara “Año del centenario de José María Arguedas Altamirano”. El Ministerio permitió y dio el visto bueno para que se denominara como el “año del  centenario de Macchu Picchu para el mundo” esto es una clara muestra de que se codicia el billete dejando de lado nuestros intelectuales y sus valiosos aportes en aspecto económico, político, social y cultural. Pero, sobre todo, recordemos lo que dijo el mismo José María Arguedas en su Último Diario: “Me gustan, hermanos, las ceremonias honradas. No las fantochadas del carajo”.
Frente a este descuido intencional de las autoridades gubernamentales es oportuno poner en consideración del Consejo de la Juventud de la Mancomunidad Regional de los Andes (CJ-MRDLA), para que se priorice en la agenda de trabajo del Consejo de la Juventud de la MRDLA. Para impulsar una política mancomunal de recuperación y revaloración de los intelectuales y la difusión de sus aportes (planteamientos) conceptuales y teóricos de los intelectuales para fortalecer y reafirmar la identidad de las regiones miembros de la Mancomunidad Regional de los Andes. A partir de estos planteamientos se pueda diseñar un modelo  económico enmarcado en un enfoque de desarrollo humanista mancomunal, que son regiones con potencialidades y diversas riquezas, pero paradójicamente son regiones en donde esta presente con mayor intensidad la pobreza. Entonces, la solución desde mi análisis, esta en diseñar un modelo económico bajo un enfoque de desarrollo humanista mancomunal a partir de un diagnóstico de las necesidades urgentes y demandas imprescindibles de nuestra sociedad, paralelamente determinar, evaluar y analizar las fortalezas y oportunidades para empezar a trabajar en el marco de nuestras potencialidades para reducir las debilidades y controlar las amenazas, en concreto que el enfoque de desarrollo y el modelo económico surja desde las altas cumbres y las quebradas profundas; desde las manos de los campesinos e indígenas que trabajan la tierra (desde nosotros, con nosotros y para nosotros).

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