Justicia para Idelia Calderón

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Idelia

El congresista Walter Acha (Gana Perú) sí ultrajó sexualmente a su ex asesora Idelia Antonieta Calderón Ramos, según quedó registrado en el proyecto del informe final de la Comisión de Ética que investiga este escabroso caso.
En el documento se confirma también que el parlamentario le propuso a Calderón Ramos que se someta a un aborto, ya que quedó embarazada debido a la violación ocurrida durante un viaje de trabajo a Pucallpa el 26 de febrero último.
Por todos esos motivos, la secretaría del referido grupo de trabajo declaró fundada la acusación contra Acha resaltando que “mantuvo relaciones sexuales con personal de su despacho sin consentimiento”.
La Comisión de Ética debatirá el informe final. Walter Acha podría ser suspendido durante 120 días de sus funciones en el Parlamento.
Los congresistas del oficialismo parecían abogados de Walter Acha” durante la sesión reservada de la Comisión, en la cual se observó el intento de su bancada por blindar al denunciado, afirmó Ronald Atencio Sotomayor.
El titular de la Comisión de Ética, Humberto Lay, señaló que: “Es un proyecto de informe final preparado por la secretaría técnica, sujeto todavía a revisión por el pleno de la comisión, la que, en sesión ordinaria a realizarse el lunes próximo, recién elaborará el informe final con los aportes de sus miembros”, indicó el parlamentario en un comunicado.
Lamentó que dicho documento se haya filtrado a la prensa antes de ser debatido. Por otro lado, no descartó el levantamiento de la inmunidad parlamentaria, además de los 120 días de suspensión que podría determinar dicho grupo de trabajo.
“Si se encuentra indicios de comisión de delitos, se tiene que trasladar a la Subcomisión de Acusaciones Constitucionales o al Ministerio Público, para su procesamiento y eventual levantamiento de la inmunidad parlamentaria y sanción penal”, indicó.

Temible autoritarioEl Temible ‘Corpus Christi’
Por Enrique Chávez
Crecientes evidencias de que Antauro Humala, el ahora conocido líder ‘etnocacerista’, fue responsable de numerosas atrocidades como subteniente en los años 1986 y 1987 en la provincia de Dos de Mayo, Huánuco.
En el Perú hay por lo menos dos localidades bautizadas con el nombre de Acobamba. La que queda a un cuarto de hora de Tarma es mejor conocida porque en la cima de su cerro Shalacoto se edificó el santuario del Señor de Muruhuay.
Pero poco se sabe de la otra Acobamba, un centro poblado huanuqueño donde el diablo perdió el poncho. Fue emplazada al lado del río Lauricocha, a unos 3,300 metros sobre el nivel del mar. Sus pobladores no fueron bendecidos con un patrón de tanto renombre como el del pueblo sinónimo, pero durante algún tiempo vivió entre ellos un subteniente que se hacía llamar ‘Corpus Christi’. Cuentan que el personaje ayudó a acortar las distancias entre el Infierno y la Tierra.
EN EL CIELO DIOS
Entre el 1 de enero de 1986 y el 30 de abril de 1987 el subteniente del Ejército Antauro Igor Humala Tasso fue destacado al Batallón Militar #314 en Acobamba. Allí fue comandante de sección. Entonces Humala tenía 22 años y durante todo 1985 ya había ocupado el mismo cargo en El Alto, Tumbes.
Acobamba queda a unos 20 kilómetros de La Unión, capital de la provincia de Dos de Mayo. Humala dirigió las labores de patrullaje en localidades como Alcas, Carhuaco, Sunic, Sashahuanca y Quircan.
Fuentes del Ejército coinciden en que el subteniente `Corpus Christi’ -apelativo escogido por el propio Humala- era conocido por el inhumano trato que propinaba a las comunidades indígenas de las alturas. Entonces eran comunes las quejas por abusos, robos de ganado y comestibles, violaciones y hasta asesinatos de lugareños perpetrados bajo sus órdenes.
Los estudios recientes de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) demostraron que en 1986, mientras el número de muertes en Ayacucho comenzaba a descender, se inició una escalada violenta en Huánuco y otros departamentos. La CVR calcula que durante el conflicto contra la subversión murieron alrededor de 100 personas en algunos de los parajes visitados por el subteniente `Corpus Christi’ (CARETAS 1787). Fue también una región en la que las autoridades políticas sufrieron embates particularmente duros. Decenas fueron asesinadas.
Todo parece indicar que el hermano menor de los Humala llegó al lugar con sus alucinadas opiniones sobre una revolución `etnocacerista’ cruzadas con tinte religioso. Compañeros de armas de Humala relatan que el subteniente acostumbraba reunir a los comuneros y les obligaba a clamar: “¡En el Cielo, Dios! ¡En la Tierra, Corpus Christi!”.
LA ANUNCIACION
Han pasado casi 18 años desde que los pobladores de Acobamba tuvieran que gritar estas loas, pero eso no significa que las ideas del personaje evolucionaran. Su afecto por la pena de muerte es una de las más inquietantes. En CARETAS 1797 respondió cuáles serían las primeras medidas de un gobierno etnocacerista:
En una eventual gobernación nacionalista se va a aplicar la sanción y el castigo. Y la pena de muerte tiene un procedimiento. No mueren a cosquillas ni a pañuelazos. Hay un procedimiento que se llama fusilamiento.
El subteniente Humala estuvo al mando de patrullas que incursionaron a múltiples centros poblados en los que él podía “aplicar la sanción y el castigo” sin responder a nadie por sus acciones, y se suman las versiones sobre la utilización de estos procedimientos.
Si en 1986 se hacía llamar ‘Corpus Christi’, según lo publicado por el diario Liberación el 9 de noviembre último, hoy sus aspiraciones parecen más humildes:
Yo soy San Juan Bautista -declaró-, soy el que anuncia al Mesías, que puede ser Ollanta Humala, llegado de París, o por ahí un subteniente arrebatado etnocacerista. Él puede ser el Mesías. Mi misión es la de ser un anunciador.
ANTAURO EL INDISCIPLINADO
Luego de permanecer 16 meses en Huánuco, Humala sirvió en patrullas antisubversivas de Santa Rosa, Cusco y Moquegua.
En 1990 hizo estudios en la Escuela de Infantería en Lima y allí comenzaron las sanciones. El 25 de abril de ese año recibió seis días de arresto por liderar un grupo calificado como “marxista y crítico del Ejército” en informes internos del Ejército.
El 10 de setiembre de 1991 fue nuevamente castigado con ocho días más de arresto por hacer un extraño escándalo en el entierro de un compañero. En plena ceremonia fúnebre se sacó la polaca y la gorra del uniforme y arrojó las prendas a la fosa.
Entre 1993 y 1997 fue sancionado por negarse a saludar a un superior, conducir su auto a excesiva velocidad en el interior de la Villa Militar de Corrales a pesar de las advertencias, sustraer dos baterías de vehículos que estaban en reparación, sacar su auto de la Dirección General de Transporte de la Municipalidad de Tumbes sin autorización, no transmitir órdenes telefónicas, no reponer prendas faltantes y, en fin, una serie de mataperradas que ya apuntaban a una personalidad excéntrica.
Su falta más grave se produjo en marzo de 1996 cuando cometió abandono de destino en Tumbes. Era comandante de compañía y el fuero militar le abrió proceso.
Al final de su carrera, Antauro Igor Humala tenía en su foja de servicios la nada envidiable suma de 42 días de arresto simple. El 5 de enero de 1998 fue invitado al retiro por renovación. La medida truncó sus estudios en la Escuela Superior de Guerra.
LA REVUELTA DE OLLANTA
A su hermano Ollanta, teniente coronel que ocupa actualmente la Agregaduría Militar en París, le han impuesto arresto en dos ocasiones. La primera en noviembre del 2000 debido a una falta menor relativa a la devolución de un uniforme. En respuesta a su negativa a participar en el último proceso de ascensos le clavaron seis días más (CARETAS 1794). Lo último bloquea sus posibilidades de ascender a coronel.
El mayor de los Humala escribió en agosto desde París al comandante general del Ejército, general Roberto Chiabra, explicándole sus razones para no rendir el examen de ascenso. Se quejó porque el Ejército aún no definía una posición oficial frente al levantamiento antifujimorista que en octubre del 2000 dirigió en Moquegua junto a Antauro. Exigía que se considere el evento como un “acto de honor”. Dada la situación política del momento, se había convertido en una suerte de símbolo nacional.
Los motivos del silencio institucional se explican en los testimonios recabados por la justicia militar. CARETAS accedió a las declaraciones instructivas de los cabos Sebastián Revilla Huisacayna, Rubiño Lipa Alarcón y Carlos Gómez Sacci. Los tres formaron parte de la tropa de 59 que acompañó a los Humala en la aventura sediciosa que los hizo conocidos. Afirman que aquel 29 de octubre del 2000 salieron del Fuerte Arica con rumbo al asiento minero de Toquepala porque Ollanta les ofreció llevarlos “de paseo” al Alto de la Alianza y no porque les propusiera gesta alguna. El fuero militar, que archivó el caso en julio de este año, concluyó que la tropa fue abandonando a los Humala en grupos dispersos que retornaron a Moquegua y el Fuerte Arica.
Tres años después de ese simbólico gesto (más que levantamiento), se publica Ollanta, un pasquín de ideas extremistas que, al parecer, un descontrolado Antauro Humala lanza sin el concurso explícito de su hermano. Es un ideario exaltado que la democracia debería sortear sin muchos problemas. Pero antes se debería determinar si detrás se ocultan crímenes de guerra.
Fuente: Diario El Comercio y Revista CARETAS.

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