Nuevo Sánchez Cerro

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El Duce

El Duce de Cora Cora
Por Edmundo Cruz
Unidad de Investigación Diario La República
La foto que abre esta nota muestra al mayor Antauro Humala Tasso –cabecilla de la fracasada y sangrienta asonada de año nuevo– con los emblemas del movimiento etnocacerista como fondo: una cruz incaica, un cóndor peruano y la bandera del Tahuantinsuyo.
La similitud de estos distintivos con la cruz gamada, el águila rampante y los estandartes rojinegros que caracterizaron al Partido Nacional Socialista de Adolfo Hitler es más que sugerente.
No cabe duda de que las aventuras políticas de los hermanos Ollanta y Antauro Humala Tasso –ya van dos, la de Locumba en el 2002 y la reciente de Andahuaylas– se inspiraron en esos movimientos señalados por la historia, aunque obviamente ninguna de ellas ha tenido la trascendencia que alcanzaron sus paradigmas.
Pero la coincidencia de simbologías no es la única, ni la más importante. Los hermanos Humala, oriundos del sur de Ayacucho, del distrito de Cora Cora, se han esforzado por diversas vías de acercarse al modelo trazado por “El Duce” (Benito Mussolini) y “El Führer” (Adolfo Hitler).
Reservistas
La base social en la que audazmente pretende afirmarse el movimiento de los hermanos Humala son los llamados reservistas o licenciados de las fuerzas armadas.
Todos los ciudadanos que han servido en cualquiera de los tres institutos armados y han sido licenciados son considerados reservistas hasta cumplir los cincuenta años de edad.
Esta redacción estima que actualmente debe existir una población de 350 mil a 400 mil reservistas, considerando el número de unidades militares y la cantidad de personal de tropa renovado cada año, desde 1975 a la fecha.
Los hermanos Humala apuntaron a esa población. Debe recordarse que en sus comienzos el Partido Nazi se nutrió de canteras militares. Pero, en nuestro caso, los Humala apenas han podido captar a una cantidad ínfima del universo de reservistas.
Tampoco hay que olvidar que a mediados de 1999, el comandante Ollanta Humala fue destacado por orden del comando del Ejército de aquella época a la Tercera Región Militar (sede Arequipa) como Jefe de Acción Social con la misión de organizar a los reservistas con vistas a las elecciones del 2000 en las que se reeligió a Alberto Fujimori para un tercer período.
Potencial
Todo indica que más que el propio Ollanta Humala fue el comando del Ejército de entonces el que evaluó el potencial operativo que significaba la población de reservistas, sobre todo en el interior del país. La participación decisiva de los reservistas en la organización de las rondas campesinas que derrotó a Sendero Luminoso en el campo, así lo había demostrado.
Ollanta Humala trató de montarse sobre ese trabajo y se lanzó a la acción de armas del 29 de octubre de Locumba, extrañamente coincidente con la secreta huida de Vladimiro Montesinos en el yate Karisma.
Desocupados
Los historiadores anotan que el nazismo y el fascismo surgieron –entre otros factores– de las desmovilizaciones militares derivadas de la Primera Guerra Mundial y de la consiguiente desocupación y empobrecimiento.
Felizmente no hemos tenido Tercera Guerra Mundial, y ojalá nunca la tengamos, pero el Perú ha enfrentado en los últimos veinticinco años tres conflictos armados: la guerra no declarada de 1995 con Ecuador, el conflicto de 1981 con el mismo país vecino, y la guerra interna de quince años (de 1980 a 1994) contra el terrorismo enfrentado por las fuerzas armadas.
La actual masa de reservistas ha vivido estas experiencias y buena parte de ella sufre los estragos de la desocupación y vive en condiciones paupérrimas, pero no ha podido ser captada masivamente por el proyecto radical de los Humala.
Once guerras
Los reservistas, gran parte de los cuales ha servido un promedio de dos años en las fuerzas armadas, están animados del acendrado nacionalismo que caracteriza a las fuerzas armadas del Perú en el concierto latinoamericano. Y que también ha pretendido explotar –sin éxito– el etnocacerismo.
Adviértase que el Perú es el país que más guerras y conflictos externos ha sostenido como estado republicano, once en total: tres con Colombia en 1829, 1911 y 1932; una contra España en 1866; dos con Chile en 1836 y 1879; tres con Ecuador en 1859, 1941 y 1995, más el conflicto armado de Paquisha en 1981: y una guerra con Bolivia en 1841.
Los rompanfilas en los cuarteles del Ejército Peruano se responden con el grito de ¡Viva el Perú, carajo! ¡Muera Chile¡ ¡Muera Ecuador! Gritos similares se escuchan en las manifestaciones y eventos humalistas.
El vocativo con que se llaman entre ellos los partidarios del movimiento etnocacerista –compatriotas– es de lo más elocuente. Aparte de su estructura orgánica de corte castrense.
Ancestro marxistoide
En sus orígenes el movimiento de los hermanos Humala –a similitud del fascismo italiano– hincó sus raíces en el socialismo. El tronco de la familia, Isaac Humala, fue en la década de los cincuenta cabeza de un movimiento contestatario marxista, denominado Comité Reestructurador del Partido Comunista Peruano, que se proponía desplazar a Jorge Del Prado. En este grupo se inició Miguel Tauro de Lama, fundador del CITE (Comité Intersectorial de Trabajadores del Estado) en los años setenta.
El mismo Isaac Humala estuvo relacionado con la Célula Cahuide, nombre con que actuaba la organización comunista en la Universidad de San Marcos en los años de la dictadura odriísta. A esa célula se refiere Mario Vargas Llosa en su novela “El pez en el agua”.
Benito Mussolini, en 1914, fundó su diario “Il Popolo d’Italia”. Los Humala no podían quedarse atrás. En el 2001 fundaron vocero propio, con un logo más familiar: “Ollanta”, nombre del proyectado candidato a la presidencia de la República o al Congreso Nacional.
Del periódico “Ollanta” se han publicado 45 ediciones. Su precio de venta es un sol. Cincuenta centavos son para los reservistas que ofician de canillitas, disponen de alojamiento y perciben una propina.
Basta hojear algunos números para advertir esa mezcla de ideología nacionalista y antimperialista que caracteriza a sus contenidos. También por este lado han buscado que reclutar partidarios entre la oficialidad retirada de los institutos armados.
La violencia como vía de acción
A remedo de los “Camisas negras” del fascismo italiano, el etnocacerismo de los Humala formó en el año 2001 los destacamentos de reservistas uniformados con vestimenta de comandos del Ejército.
Los “camisas negras eran la fuerza de choque de los “fascios” de combate, esas organizaciones que en 1919 precedieron la constitución , en 1921, del Partido Nacional Fascista. Los destacamentos de reservistas del etnocacerismo debutaron como canillitas vendiendo el vocero del movimiento llamado “Ollanta”.
En mayo del 2004, la organización de los hermanos Humala participó en la toma de la ciudad de Ilave que terminó con el asesinato del alcalde Cirilo Robles Ccallomamani a manos de la turba.
Según demostraron las investigaciones policiales, encubierto en medio de la turba actuó un grupo operativo en el que destacaba el reservista Róger Ruelas Zurita.
Róger Ruelas era el dirigente de los reservistas de Ilave. Junto a él intervinieron Alfredo Yanqui Flores (“Zapatero”); Edgar Larijo Cutipa, presidente de la Juventud Aymarista; y Rudy Roque Lima, de otra agrupación juvenil de Ilave.
El mismo líder humalista de Ilave, Róger Ruelas, encabezó el 7 de abril, días antes del asesinato del alcalde Robles, un destacamento de reservistas que viajó especialmente a la ciudad de Puno -donde se había recluido el buscado burgomaestre de Ilave. “Hemos venido a buscarlo”, se leía en la pancarta que portaba el grupo.

Soborno

Soborno
Por Daniel Yovera – Perú 21.
Rubén Gómez Reátegui, uno de los procesados por el presunto soborno a los testigos del caso Madre Mía, sorprendió a los integrantes de la Segunda Sala Penal Liquidadora, al sindicar al hombre de confianza de Ollanta Humala en el Ejército –Amílcar Gómez Amasifuén– como el que “compró” a uno de los testigos más importantes de ese caso de violación de derechos humanos, para que retire su acusación contra el líder nacionalista.
Ese hombre que cambió su denuncia original se llama Jorge Ávila Rivera, y no era un simple testigo. Él mismo fue detenido en 1992 y conducido al cuartel Madre Mía, junto con su hermana Natividad y el esposo de esta, Benigno Sullca. Jorge logró escapar, arrojándose al río Huallaga, pero su cuñado y hermana fueron asesinados, y por ello, en enero de 2006, denunció públicamente a Humala, por presuntamente haber liderado la patrulla que los ejecutó.
Sin embargo, en junio de ese año, desistió de esa versión, precisando que no fue Humala quien comandó a los soldados. Según el reciente testimonio de Rubén Gómez, ese repentino cambio le valió 4 mil dólares. Hoy, a las 3:30 de la tarde, la misma sala, ubicada en la avenida Arenales, interrogará al procesado Amílcar Gómez.
TESTIMONIO SORPRESA
La sorpresa por lo dicho por Rubén Gómez era notoria, pues el año pasado, en la primera instancia judicial, él mismo había negado “coima” alguna. Perú.21 escuchó su manifestación, y al final de esta, conversó con él. Su relato es el siguiente:
TINGO MARÍA, 2006
Aproximadamente el 20 de junio de 2006, cuando Alan García había ganado en segunda vuelta a Humala, cuatro personas llegaron a la casa de Gómez en Pucayacu. En el grupo se encontraba una “señorita Cynthia” –cuya identidad no está clara aún– y Amílcar Gómez, suboficial del EP que el 29 de octubre de 2000 participó en el levantamiento de Locumba, liderado por Humala.
Los visitantes le pidieron que convenza a su cuñado Jorge Ávila para que varíe su declaración, a cambio de dinero. Cuando lo consiguió, llamó por teléfono a Amílcar Gómez, quien se encontraba en Tingo María aguardando la respuesta. Ávila pedía 4 mil dólares.
LA DECLARACIÓN JURADA
El 28 de junio llegaron a Tingo María y buscaron a sus contactos en el Hotel Royal. “Allí estaban Amílcar, Cynthia y Julio Méndez (un lugareño a quien vincula con Humala); Cynthia le entregó 2 mil dólares a Amílcar y este, a Ávila”. Los otros 2 mil se los darían apenas firmara su rectificación.
Por eso, se dirigieron a una notaría de la calle Raymondi, y una hora después, ya estaba lista la declaración jurada, que consignaba que el operativo de la muerte ocurrió, pero que no fue liderado por Humala. De nuevo en el hotel, le entregaron los 2 mil dólares restantes.
A Rubén Gómez no le dieron nada. Días después, la defensa del nacionalista incorporó ese documento al expediente judicial. El retroceso de Jorge Ávila complicó las pretensiones de judicializar el caso, y en febrero de 2009, el fiscal Víctor Cubas pidió archivar el asunto “por falta de pruebas”.
LIMA, 2006
“Al poco tiempo, allí nomás, calientito, me volvió a buscar Amílcar”, narró Gómez. Su nueva misión era ubicar en Lima a María Sullca, hija de los esposos ultimados, y a Teresa Ávila, hermana de la desaparecida, quienes iban a declarar contra Humala. La oferta para ambas era de 20 mil dólares.
El 22 de agosto dio con la casa de María Sullca, en Villa El Salvador. Tras plantearle el ofrecimiento, esta le pidió tiempo y le propuso verse en dos días cerca de la tienda Metro, de San Juan de Lurigancho (SJL). Cuando Gómez se fue, María telefoneó a su abogado, Víctor Álvarez, de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, y ambos planificaron grabarlo. Entonces, se pusieron en contacto con Cuarto Poder.
Este diario buscó a Sullca para contrastar esa versión, y aunque rechazó ser entrevistada por temor a represalias, sí confirmó los datos. Solo agregó que el día del encuentro en SJL, además de Cuarto Poder, había policías vestidos de civil en los alrededores, aguardando que se concretara la entrega del dinero para capturar a Gómez. Pero no contaban con que Amílcar merodeaba la zona, y al percatarse del peligro, llamó al celular de Rubén, quien se retiró raudo del lugar. El delito no se cometió.
Pese a ello, Teresa Ávila y María Sullca denunciaron a Rubén y Amílcar Gómez por intento de soborno, y ese es el caso que aún se ventila en la Segunda Sala Liquidadora. ¿Por qué creerle hoy a Gómez Reátegui si en primera instancia negó los hechos? Respondió que las promesas que le hizo Amílcar Gómez, de dinero y de defensa legal, nunca fueron cumplidas. Dice que ahora mantendrá su posición a sabiendas de la condena que pueda recibir.
El abogado de Amílcar Gómez, Rafael Franco de la Cuba, dijo a este diario que la versión de Rubén Gómez “es medio idiota… él es un extorsionador”. Se espera que su defendido dé esta tarde una manifestación contraria a la de Rubén Gómez. El abogado de Jorge Ávila, Paul Cuba, prefirió no declarar, sino hasta hoy, pero adelantó que la posición de su patrocinado no variará.

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