El choque de civilizaciones según Samuel Phillips Huntington

Samuel Phillips Huntington

I.- LA NUEVA ERA EN LA POLÍTICA MUNDIAL

Samuel Huntington introduce la tesis fundamental de su libro, que consiste en que los principales conflictos del mundo de la posguerra fría serán producto del choque entre las diferentes culturas, más que conflictos entre Estados o entre súper potencias. Los Estados han ido perdiendo cierta soberanía, y muchas veces las decisiones de instituciones internacionales son las que definen la actuación de los Estados. Actualmente, los conflictos entre países ricos y pobres son cada vez menos probables debido a la gran diferencia de capacidad militar y económica de los segundos. Sin embargo las diferentes culturas, representan la identidad de cada pueblo, lo cual los une entre sí y a la vez los separa de sus enemigos históricos. Esto hace que la política internacional pase de ser bipolar a multipolar.
Huntington indica que los países que tienen culturas similares, cooperarán entre sí, más fácilmente que los que no las tienen; ya sea económica o políticamente. El mundo católico de Occidente se distingue del musulmán asiático, así como de las demás culturas. Para Huntington, las grandes civilizaciones que dominan la política global son: Estados Unidos, Europa, China, Japón, Rusia, India, países Islámicos, países budistas, y países latinoamericanos. Estos últimos son muy diferentes entre sí, por lo que se podría decir que Occidente sigue siendo, aunque ya con menos fuerza, la civilización dominante, separada del no-Occidente que está conformado por todos los demás países que no tienen casi nada en común entre sí.
El autor indica que es necesario tener nuevos paradigmas que sean aplicables al régimen internacional actual y que cualquier analista de las Relaciones Internacionales actuales debe de tomar en cuenta las diferentes civilizaciones dentro de los Estados, así como su influencia en los demás países con el propósito de entender de una forma más objetiva el porqué del surgimiento de tantos conflictos étnicos, nacionalismos, y conflictos que se suscitan dentro de los Estados mismos. En este capítulo, el autor propone que los líderes respeten y acepten que la naturaleza de la política mundial depende de las múltiples civilizaciones, y sólo de esta forma podrá evitarse una Gran Guerra mundial entre las diferentes culturas.
II.- LAS CIVILIZACIONES EN LA HISTORIA Y EN LA ACTUALIDAD
Este capítulo señala que a finales del siglo XX y principios del XXI, existirán ocho grandes civilizaciones. Las civilizaciones son la identificación más amplia que tienen los pueblos, pues en ella se recogen sus valores, su cultura, su religión, su lengua, su historia, etc. Y ésta es la que las distingue de las demás. Es interesante observar como en los últimos años, muchos de los conflictos alrededor del mundo se han venido dando entre individuos que aunque pertenecen a la misma raza o al mismo País, difieren en cuanto a sus horizontes de civilización. Actualmente Kosovo, Chechenia e Indonesia comprueban la afirmación del autor. Estos conflictos demuestran que el lazo que identifica a una civilización es más fuerte que el lazo que une a los individuos sólo por sus características físicas o por la limitación territorial a la cual pertenecen.
Antes de 1500 d. C., las relaciones entre las civilizaciones fueron escasas o intermitentes, debido a que la distancia las separaba, o a que éstas existieron durante diferentes épocas. Después de 1500 d. C, la civilización Occidental comenzó a expandirse de forma sorprendente, y el autor lo atribuye a la superioridad armamentista y a la eficiente organización militar que poseía Occidente con relación a las demás civilizaciones; y no por algún tipo de superioridad racial, o intelectual.
Aunque Occidente logró ser la máxima influencia mundial, llegando a su clímax a principios del siglo XX, con el tiempo, las demás civilizaciones han reforzado su identificación que las distingue de Occidente. Algo que me pareció muy importante es el hecho de que Occidente nunca ha dado origen a una religión propia, pues aunque la religión católica y la protestante son las que distinguen a Occidente, éstas tuvieron su origen en Asia. Para mí, esta es una de las causas de los conflictos que mencionaba anteriormente, ya que siendo la religión la característica más importante de las civilizaciones, ésta sobrepasa los límites territoriales, así como las razas. Esto nos demuestra que el régimen internacional actual no es homogéneo ya que no comparte valores o culturas comunes entre todos sus miembros, lo que nos lleva a afirmar que sería un error decir que Occidente es la civilización mundial. Actualmente estamos siendo testigos del resurgimiento de los fundamentalismos e identificaciones culturales, las cuales con el tiempo, irán tomando una participación mayor dentro del régimen internacional en el que vivimos.
III.- ¿UNA CIVILIZACIÓN UNIVERSAL?

Reconfiguracion del Orden Mundial

OCCIDENTALIZACIÓN
Huntington desmiente la idea de que la modernidad implica una occidentalización. Aunque Occidente es la primera civilización que ha logrado expandir su influencia a países en desarrollo, ayudándolos a modernizarse, esto no lo convierte en una regla.
Taiwán, Singapur y Japón se modernizaron sin perder sus tradiciones culturales e ideológicas tradicionales. Sería un error pensar, como dice Maxime Rodinson, que la “modernidad requiera de una determinada ideología política o de un conjunto de instituciones preciso”.
A su vez, Huntington demuestra que la occidentalización puede ayudar a la modernidad de algunos países, sin embargo una vez que estos están en proceso de desarrollo, resurgirán los valores e identidades con una fuerza mayor. Por lo que las civilizaciones toman “prestadas” ciertas características de otras, las hacen suyas, adaptándolas a su propia forma de organización y a sus tradiciones culturales. Con esto el autor da a entender que la occidentalización sirve de “empujón” para que las demás civilizaciones comiencen a modernizarse sin perder sus rasgos culturales típicos que los caracterizan como Estado-Nación o civilización. Las civilizaciones deben de tomar lo que les conviene de Occidente, y desechar lo que amenace directamente a sus tradiciones autóctonas, que las hacen únicas de entre las demás.
Aunque Occidente pareciera ser la civilización con mayor influencia mundial, Huntington nos enseña cómo el Islam se ha ido expandiendo proporcionalmente más rápido que las religiones católica y protestante, características de Occidente. Hay que recordar que para el autor, la religión es el factor fundamental de toda civilización, y si en pocos años, el Islam logra rebasar en número a los seguidores cristianos, entonces sería dudoso seguir creyendo que Occidente fuera la civilización más influyente. Con esto, podemos ver que en un mundo donde existen civilizaciones con creencias y tradiciones tan distintas, y con niveles de modernización tan desiguales, la idea de una civilización universal queda fuera de lugar. En mi opinión, es muy probable que el resurgimiento de las identidades culturales resultado de la modernización, hará un mundo cada vez más heterogéneo, el cual únicamente podrá mantener la paz si logra aceptar que necesita de las demás civilizaciones para su propia subsistencia; y acaba con la idea de que existe una civilización superior, que representa la única forma política y económica que brinda bienestar a los pueblos.
IV.- EL CREPÚSCULO DE OCCIDENTE
Este capítulo comienza hablando de la superioridad económica, política y militar que Occidente alcanzó a principios del siglo XX, así como del lento proceso de decadencia que está sufriendo desde el fin de las guerras mundiales hasta principios del siglo XXI. Huntington explica que lo que sucede es que la modernización conlleva a un reforzamiento de los valores tradicionales; entonces, al ser los países más libres y más democráticos, estos optan por seguir un camino propio, donde adaptan la forma de hacer política con su propia personalidad. Podemos ver que las actitudes kemalistas, que creen que la occidentalización es necesaria para la modernización, están desapareciendo en el Este de Asia, donde los países atribuyen su crecimiento al apego de su propia cultura y no a la de Occidente.
La caída del comunismo, así como la desconfianza en el capitalismo del mundo occidental, deja un vacío dentro de los pueblos, el cual es llenado con la religión, que les da un sentido y una meta para la vida a través de una ideología. La segunda parte de este capítulo, habla sobre la importancia que tiene el resurgimiento de las religiones en los últimos años, dándole identidad a las civilizaciones. Dentro de ellas, la religión separa a las elites y a los diferentes grupos de los Estados. A su vez, la religión cubre ciertos aspectos que los gobiernos son incapaces de satisfacer (educativos, cooperativos, caritativos, hospitalarios, etc.), brindando a la gente una alternativa positiva para cubrir tanto sus necesidades físicas o, como las espirituales.
El laicismo que había caracterizado a las generaciones pasadas, está siendo sustituido por el renacimiento religioso en las nuevas generaciones. Esta es la “manifestación más intensa del anti-occidentalismo de las sociedades no occidentales”, el cual está implica que las nuevas generaciones estén dispuestas a modernizar a sus países adaptándose al modelo tradicional de su nación y no a los clásicos modelos occidentales, como lo hacían las generaciones pasadas. Esto es a lo que Ronald Done denomina: “fenómeno de indigenización de segunda generación”.
V.- ECONOMÍA, DEMOGRAFÍA Y CIVILIZACIONES RIVALES
En este capítulo, Huntington señala el choque de las civilizaciones no occidentales entre sí y con Occidente. Consiste en el poder que han ido obteniendo las civilizaciones asiática e islámica en los últimos años, el cual les permite hacer frente a las exigencias e intereses de EEUU y Europa, y poder tener una autonomía tanto política como económica en relación a Occidente. El poder de Asia se debe al desarrollo económico que ha logrado en las últimas décadas, y el del mundo musulmán, al gran crecimiento demográfico que existe entre sus pueblos.
El desarrollo asiático, sirve como base para demostrar la afirmación, que hemos visto en los capítulos anteriores sobre la modernización sin occidentalización. Los cuatro tigres asiáticos (Hong Kong, Singapur, Corea del Sur y Taiwán), han logrado llegar a un punto máximo de desarrollo económico, y de modernización política, sin dejar de lado sus tradiciones e ideologías tradicionales. Mucho de su desarrollo lo atribuyen al confucianismo, que es común entre los principales países asiáticos. Cabe mencionar que China y Japón, siendo los países asiáticos más poderosos, siguieron caminos distintos en su proceso de desarrollo, pero ambos han logrado promover una reanimación cultural, y una separación ideológica de occidente. Esto es a lo que Huntington denomina: la afirmación asiática.
El segundo aspecto a considerar dentro del nuevo orden mundial, es a lo que el autor llama el resurgimiento islámico. La población islámica está creciendo a un ritmo superior que el de las demás civilizaciones, lo cual genera un choque de religiones y de ideologías muy fuerte, pues hay que tomar en cuenta que el Islam no es sólo una religión sino toda una forma de vida, que está siendo acogida en su mayoría por jóvenes que tienen un nivel de educación alto. Por lo tanto, yo creo que si se tiene en cuenta que el Islam influye en la vida educativa, social y espiritual de los pueblos árabes, este es un medio de manipulación política muy efectivo para los gobernantes, y para los revolucionarios anti-occidentales, por lo que representa una gran amenaza ideológica para Occidente, y una pieza importante dentro del tablero de la política internacional que las demás civilizaciones no pueden pasar por alto.
VI.- LA RECONFIGURACIÓN CULTURAL DE LA POLÍTICA GLOBAL
Este capítulo trata sobre la redefinición de los países en cuanto a sus tradiciones culturales. Demuestra cómo los países con culturas y costumbres semejantes, son más propensos a cooperar entre sí en materia política, económica y social, que los que son diferentes. A su vez, este redefinición cultural, ocasiona que los límites territoriales constituyan una causa de conflicto entre las distintas civilizaciones que quedan dispersas en diferentes Estados no homogéneos culturalmente.
La familiaridad cultural, da más confianza a los países a colaborar entre sí, pues se eliminan barreras religiosas, lingüísticas, y los valores se hacen comunes entre ambas partes, logrando así más fácil cualquier tipo de negociación. Por lo tanto, las Organizaciones Internacionales que están compuestas de múltiples civilizaciones (Ej.: la Asociación Sudasiática para la Cooperación Regional–ASACR), son más propensas al fracaso, que las que incluyen a una civilización en común (Unión Europea). Aunque organizaciones como la ASEAN reúne a una multiplicidad de civilizaciones y ha sido eficiente, poco a poco se ha ido yendo para abajo. También existen países aislados culturalmente de sus vecinos, tales como Haití, Etiopía y Japón, los cuales tienen pocas probabilidades de establecer conexiones económicas o políticas con otros Estados.
La idea central del libro consiste en que la cultura ha venido a reemplazar a las ideologías capitalista y comunista, como medio de identificación entre los pueblos. Esto se ha acentuado en los últimos años, debido a la caída del comunismo. Algunos países que intenta redefinirse en el ámbito de la civilización, experimentan problemas al cambiar de civilización. El autor expone en este capítulo, el caso de Rusia, Turquía, México y Australia.
Aunque Rusia tiene una civilización distinta a la de Occidente, durante el siglo XX, Rusia se acercó cada vez más a esta civilización adoptando la ideología marxista (europea). No fue hasta Gorbachov, que se implantó una reforma económica y una reestructuración del Estado, que comenzó a seguirse el modelo Occidental, dejando atrás la idea de una forma de organización política y económica distinta a los de sus vecinos del oeste. Esta nueva estructura, fue aceptada por la mayoría de su población, haciendo menos costosa esta transición.
El caso de Turquía es muy especial ya que durante la Guerra Fría, y hasta la Guerra del Golfo Pérsico, Turquía fue un importante aliado de las fuerzas Occidentales. Sirvió como base militar, así como de contención al comunismo hacia Asia central. Sin embargo, su entrada a la Comunidad Europea ha sido cuestionada por mucho tiempo, y aunque formalmente esto se atribuye a su bajo nivel de desarrollo económico, en la realidad los europeos no desean a un Estado musulmán entre sus miembros, ya que esto aumentaría la inmigración de esas poblaciones hacia Europa. Esto acabó con el sueño de Turquía de ser considerada un país europeo, y del kemalismo, sus nuevos líderes han acogido nuevamente la religión musulmana dentro de sus instituciones y de su política. A su vez, han abierto la política exterior de Turquía hacia los países con poblaciones musulmanas, que comparten una cultura similar a la suya.
A partir de los ochentas del siglo XX, México sufrió un cambio, ya que durante dos siglos, había ocupado una posición política y económica diferenciada de Estados Unidos. Y con la apertura comercial, y el TLC, México ha buscado “norteamericanizarse”, dejando atrás sus ideas anti-americanistas, diferenciándose de los demás países latinoamericanos. Sin embargo no hay que dejar de tomar en cuenta que el proceso de occidentalización económica no es congruente con los niveles de occidentalización política y democratización, que aún no se desarrollan debidamente.
A diferencia de los ejemplos anteriores, Australia quiso pertenecer al bloque del este de Asia, y ser considerada como una nación asiática. Sin embargo, su cultura es europea, y esta es la razón por la cual no ha sido aceptada dentro de organizaciones como la CEEA, compuesta por puros países de cultura asiática. Esto se debe a los choques que existen entre la postura australiana sobre derechos humanos, democracia, libertad de expresión, etc., y la organización política y social asiática. El autor propone que Australia establezca un TLC con Nueva Zelanda y así pertenezca a un bloque comercial con integrantes de culturas similares a la suya.
Este capítulo se centra en que la experiencia ha señalado que los intentos por rehacer a las sociedades, dejando atrás sus tradiciones culturales autóctonas, llega a ser difícil, conflictivo, e ineficiente. Aunque el mundo occidental puede llegar a ser idealizado por otras culturas, éste nunca será la mejor opción si no se respetan los valores tradicionales de mismas, los cuales han sido parte de la historia de cada sociedad, brindándoles la identidad que necesitan para permanecer unidas.
VII.- ESTADOS CENTRALES, CÍRCULOS CONCÉNTRICOS Y ORDEN CIVILIZATORIO
Para Huntington resulta obsoleta la idea de que el orden internacional debe de estar subordinado a la protección de “superpotencias”, como lo estuvo durante el periodo de la Guerra Fría. Como ya hemos venido viendo, él piensa que el orden se basará en la integración de las civilizaciones entre sí, y su relación con las demás. Este capítulo se centra en la idea de que estas civilizaciones -a fin de alcanzar un papel más fuerte dentro de la escena internacional-, se organizan alrededor de un Estado central, el cual será la fuente de mayor influencia y autoridad, de entre los Estados y agrupaciones circundantes que compartan sus mismas tradiciones y costumbres. Estos elementos culturales, serán los que legitimen el liderazgo de este Estado central, y a su vez le darán una mayor efectividad a las relaciones de cooperación entre sus miembros, pues como ya vimos, las similitudes culturales y lingüísticas facilitan las negociaciones económicas, políticas y sociales de entre los pueblos.
Huntington dibuja un mapa que traza una línea muy clara estableciendo las fronteras entre las civilizaciones, facilitando así la forma de determinar las zonas de influencia de cada civilización. Según el autor, esta línea baja desde la frontera que divide a los países Bálticos y Rusia, atravesando Bielorrusia, Ucrania y Rumania, hasta llegar a Bosnia.
De esta forma, queda establecido que la Unión Europea es el centro de Occidente en Europa, y esta se encuentra relativamente separada de forma geográfica del Islam y de la ortodoxia rusa. Rusia será el centro de la civilización ortodoxa, teniendo como a zonas de influencia a Armenia, Moldavia, Bielorrusia, y a algunas de las ex Repúblicas Soviéticas. Dentro de la civilización china, China será el centro del este asiático, exceptuando a Corea y a Japón. Sin embargo la civilización Islámica, es muy especial ya que no cuenta con un Estado central, y sus poblaciones se encuentran muy dispersas tanto en Europa, como en Asia del Este. Aunque ha han habido naciones que han buscado tomar el liderazgo de los demás Estados islámicos (Arabia Saudita, Sudán), éste liderazgo no llega a concretarse debido a la falta de cohesión que existe entre las diferentes agrupaciones islámicas. Un ejemplo de ello es Irán quien cuenta con una población musulmana chiíta, cuando el 90% de la población musulmana en el resto del mundo es sunnita. A su vez, las divisiones entre los fundamentalismos islámicos, y los grupos moderados, son muy grandes. Sin embargo existe un aspecto que sí tienen en común todos los países árabes: una abierta oposición a la política del Occidente moderno.
Huntington propone que pudiera ser Turquía quien asumiera el liderazgo de la civilización islámica. Aunque cuenta con un nivel económico medio, historia musulmana, y un buen manejo de su ejército, Turquía aún cuenta con un Estado laico, el cual será difícil convertir en Islámico pues es ir en contra de todo lo que han luchado sus dirigentes durante este siglo. Turquía debería olvidar la posibilidad de pertenecer a Europa, reconciliandose con sus hermanos musulmanes; y de esta forma, convertirse en el Estado central de la civilización musulmana, tal como lo ha hecho Sudáfrica en el continente Africano.

Civilizaciones

VIII.- OCCIDENTE Y EL RESTO DEL MUNDO
En el ámbito global, Huntington considera que el conflicto más grande de las relaciones internacionales, se da entre Occidente y el resto del mundo. La causa fundamental de este conflicto, es la insistencia occidental de imponer su cultura, forma de gobierno e instituciones sociales (derechos humanos), como la mejor, y tal vez la única forma de resolver los problemas de política interna de los países no occidentales. Esto genera un conflicto, ya que a diferencia de lo que escribió Fukuyama en “El Fin de la Historia”, Huntington asegura que la capacidad de Occidente por conseguir sus objetivos en este sentido, está decayendo. Muchas de las sociedades no occidentales “desean liberarse de la dominación económica, militar y cultural occidental”.
Para el autor, habrá una tensión más grande entre Occidente y las civilizaciones islámica y sínica, mientras que la relación con la ortodoxa, hinduísta y japonesa, será más neutral, y la tensión con Latinoamérica y Africa será casi nula. Huntington propone tres temas, que a su forma de ver, son los que tienen más peso dentro de las relaciones conflictivas entre Occidente y el resto del mundo. Estos son:
•Proliferación armamentística: A partir de la Segunda Guerra Mundial, el uso de armas nucleares pasó de ser exclusivo de EEUU y la URSS, a ser parte de la política militar de países débiles. Esto se debe a que es una forma de contrarrestar el poder aplastante de Estados Unidos frente a las naciones más pobres. Esta proliferación, implica una importante relación entre la civilización China y la islámica, ya que China fue y sigue siendo el principal proveedor de armas a los países musulmanes, como Pakistán e Irán. Occidente, y principalmente Estados Unidos, ha tratado de promover la no-proliferación de armas, como una expresión de interés mundial. Sin embargo los países no occidentales, observan esto como una forma de subrayar el poder dominante de Occidente en cuestiones armamentísticas, ya que los países Occidentales también se encuentran muy bien suplidos de armas de destrucción masiva, y si se promueve la no-proliferación, éstos continuarán teniendo el poder en cuestiones militares y armamentísticas. Sin embargo, se ha observado que Occidente no será capaz de acabar con esta proliferación, y los acuerdos a los que se llegue, únicamente limitarán, más no acabarán con la proliferación de armas químicas, biológicas, nucleares, etc. en el mundo no occidental.
•Derechos Humanos y Democracia: Occidente, y en especial Estados Unidos, han extendido la idea de que la democracia es la única forma viable de organización política. Sin embargo, esta medida ha sido adoptada con mayor éxito dentro de los países con influencias cristianas y occidentales, que dentro de los otros. La condición democrática, y el respeto a los Derechos Humanos, son necesarios para que Europa y EEUU presten ayuda a los países en vías de desarrollo, imponiéndose así la hegemonía Occidental. Sin embargo, en los países asiáticos, esta presión es mucho menor, debido al poder económico que han alcanzado en los últimos años. La influencia que China está teniendo sobre los demás países asiáticos para votar en contra de las proposiciones hechas por Occidente en cuanto a Derechos Humanos, ha ido desgastando la hegemonía Occidental en este sentido. Esto es muy importante, pues puede observarse que países no occidentales, están balanceando el poder que anteriormente dominaba Occidente en foros y organizaciones internacionales.
También Occidente está perdiendo su interés y su capacidad por fomentar la democracia en los países no occidentales, pues una vez que es llevada a cabo, llegan al poder partidos fundamentalistas o nacionalistas que resultan ser más antagónicos a Occidente que los regímenes no democráticos, favoreciendo a la democracia, pero desfavoreciendo los intereses de Occidente.
•Inmigración: La emigración hacia países europeos y Estados Unidos, esta siendo cada vez más frecuente por poblaciones no occidentales. Estas poblaciones representan una amenaza para los habitantes innatos de esos territorios, pues estas nuevas sociedades están ocupando sus trabajos, ocupando su espacio, y quitándoles sus oportunidades. A su vez, si tomamos en cuenta que la capacidad de reproducción de estos inmigrantes es más grande que la de los países occidentales, puede entenderse que la mayoría de la población europea y estadounidense se encuentre cada vez más a favor de políticas nacionalistas que traten de reducir o de acabar con la inmigración y cada vez más en contra de brindar ayuda estatal y política a sociedades que no pertenezcan a la occidental, pues observan que el futuro de su sociedad, puede llegar a estar determinado por inmigrantes de civilizaciones distintas a la suya. Para Europa, la principal amenaza son los pueblos árabes y para Estados Unidos los mexicanos.
IX.- LA POLÍTICA GLOBAL DE LAS CIVILIZACIONES
Samuel Huntington propone cómo serán las relaciones entre las diferentes civilizaciones, en el plano universal, es decir, entre los grandes Estados de diferentes civilizaciones en el mundo multipolar de la posguerra fría.
El autor, comienza hablando sobe las relaciones históricamente conflictivas entre el mundo musulmán y el cristianismo occidental. El conflicto principal de la situación actual entre ambas civilizaciones consiste en la diferencia de practicar la religión, ya que occidente separa a la religión de la política, mientras que los musulmanes no, para ellos, la vida política es parte de la religión, así como todo. El Islam ha sido la única civilización que ha dominado en algún tiempo a Europa, y es la civilización que representa la mayor amenaza para este continente. A partir de los años ochenta, el antagonismo entre ambas civilizaciones se hizo más evidente, y fue reforzado por la Guerra de Afganistán y la del Golfo Pérsico. Los principales conflictos tratan sobre proliferación armamentista, derechos humanos, democracia, terrorismo, inmigración e intervención occidental. El último punto, ha creado un sentimiento anti-occidental compartido por la mayor parte de las sociedades musulmanas, y aunque existan países como Egipto que dependan económicamente de EEUU, o que lo hagan militarmente como Arabia Saudita, existe un sentimiento anti-occidental, compartido por la civilización islámica en su conjunto. El autor denomina “cuasiguerra” al tipo de enfrentamiento que se ha venido dando entre ambas civilizaciones, desde la revolución iraní, le denominó así debido a que nunca han luchado las civilizaciones completas entre sí, y porque los medios de agresión utilizados han sido limitados y discontinuos. Esta “cuasiguerra” ha llegado a ser más violenta que la Guerra Fría. Huntington asegura que el objetivo de esta guerra no es el fundamentalismo islámico, sino la amenaza de la civilización islámica tan convencida de su superioridad en relación con la occidental.
A diferencia de Europa, Asia no ha estado vinculada a través de instituciones verdaderamente fuertes y capaces de influir en la política internacional. Esto se debe debido a que para Occidente, es importante balancear el poder, y esto puedo lograrse a través de instituciones, mientras que para Asia, resulta mucho más normal que exista una potencia que brinde hegemonía al continente, es decir que exista una jerarquía del poder. Esta gran diferencia en la forma de observar la política, demuestra que al paso del crecimiento económico, político y militar al que va China, y su casi segura adquisición de la hegemonía asiática, evitará que se ocasione una guerra asiática, como la que ocurrió en Occidente, a principios del siglo XX, ya que los países asiáticos aceptarán este liderazgo, pues así lo han hecho históricamente. Sin negar que puedan aparecer conflictos, como los que se han dado tras la aparición de nuevas potencias.
China, esta preparándose para ser la potencia hegemónica de Asia, y esto genera cierta tensión con Estados Unidos, quien obviamente no estará de acuerdo. Según el autor, EEUU tratará de contrapesar el liderazgo chino una vez que existan los elementos suficientes para determinar que ésta representa una verdadera amenaza para los intereses en materia económica y de seguridad de su país. Esta amenaza también podría llegar a ser observada por Japón, por lo que una alianza norteamericano-japonesa, podría ser la única forma de equilibrar el poder chino en el este asiático. Sin embargo esto es poco probable, y lo más seguro, según Huntington, es que Japón termine por adaptarse a China. Para el autor, es muy probable que surjan movimientos reformistas en el sur de China, los cuales podrían imponer un sistema político más abierto al exterior y menos represivo que los anteriores, y así hacer más viables las relaciones entre esta gran potencia y los demás países asiáticos y occidentales. Y si China lograra tener una mayor relación con países como Irak, Arabia Saudita, Kazajstán, Azerbaiján, etc. y así llegar a tener mayores acuerdos petrolíferos, China podrá dejar de tomar en cuenta a occidente en sus decisiones y sus acciones.
Huntington compara a Africa y a Latinoamérica, en el sentido de su grado de occidentalización y su relación con esta civilización. Mientras que América Latina se ha ido haciendo más dependiente y occidental, Africa se ha ido desoccidentalizando, y ha intentado, aunque sin lograrlo del todo, ser autónoma de occidente en sus decisiones políticas y económicas.
Las coaliciones ruso-chinas, así como chino-musulmanas (Ej.: alianza China-Irán-Pakistán), tienen como objetivo contrarrestar el universalismo occidental. Sin embargo una alianza ruso-musulmana es poco probable, ya que esta última civilización es vista como amenazante por la primera. De entre los alineamientos emergentes, Huntington observa como los más conflictivos, los que existen entre: Japón-Rusia, Africa-Islam, Occidente-China, Occidente-Islam, Hindú-Islam, Hindú-China y Rusia-Islam.
X.- DE LAS GUERRAS DE TRANSICIÓN A LAS GUERRAS DE LÍNEA DE FRACTURA
El autor afirma que la primera guerra entre civilizaciones fue la guerra soviético-afgana; y la segunda, la del Golfo Pérsico. En la primera, la victoria de Afganistán, que se debió al financiamiento de Arabia Saudita y la tecnología estadounidense, así como por la ayuda de la población y el celo musulmán, significó para el mundo Islámico, una victoria para sí, en contra de una ideología diferente a la suya: el comunismo soviético. Esto dejó en el mundo musulmán, el sentimiento de que era necesario luchar unidos contra toda civilización no musulmana que representara una amenaza. La segunda guerra, fue en un principio apoyada por algunos países islámicos, sin embargo con el paso del tiempo, la opinión pública obligó a los líderes -excepto los kuwaitíes- a voltearse en contra de Occidente, y criticaron fuertemente sus ataques contra Irak. A su vez, este conflicto con Occidente, puso en marcha la resolución de algunos problemas internos en el mundo del Islam tales como el conflicto entre Irán e Irak. Sin embargo, la victoria Occidental en el Golfo Pérsico, fomentó un sentimiento revanchista por parte de los países islámicos, reafirmando así el sentimiento anti-occidentalista.
Huntington denomina guerras de fractura, a los conflictos que se dan entre Estados o grupos de diferentes civilizaciones, que han tenido una escalada de medios, y han llegado a ser violentos. Estas guerras conducen a un gran número de muertes y de refugiados, y se dan generalmente entre grupos de diferentes religiones. A su vez, generan que la comunidad internacional les brinde apoyos, los cuales hacen que se prolongue el conflicto y que su negociación sea aún más complicada.
La mayoría de estas guerras, se ha llevado a cabo alrededor de los pueblos musulmanes. Por lo que puede afirmarse que “en el plano Micro, el choque fundamental entre las civilizaciones se da entre el Islam y las demás”. Las estadísticas demuestran que los musulmanes son mucho menos abiertos para vivir cerca de sociedades distintas, y es por esto que han estado implicados en más guerras, que ninguna otra civilización. Esto se debe, según el autor, a las condiciones históricas, que refuerzan los antagonismos entre los musulmanes y las diferentes civilizaciones También a la condición de víctima en la que se autodenomina el mundo islámico, y a su desarrollo militar que en proporción a su riqueza, es mucho mayor que el de los países occidentales. A su vez, la ausencia de un Estado Central, hace que ningún país musulmán sea capaz de representar a todo el mundo islámico, así como de afrontar los conflictos internos que tiene el Islam. Por último, el aumento de la población islámica, hace que exista un gran número de jóvenes, sin empleos, lo cual favorece a una mayor inestabilidad social dentro de las sociedades islámicas, así como a una mayor escalada de violencia contra la civilización occidental. Sin embargo, según el autor, este último punto dejará de subsistir una vez que la generación actual de jóvenes envejezca, y que la modernización de los países y sociedades musulmanas den pie a que disminuyan estas guerras.
Como conclusión cabe mencionar que para Huntington, los pueblos islámicos tienen una mayor dificultad para vivir con los demás pueblos, y son menos capaces de adaptarse a las culturas del mundo externo que las demás civilizaciones internacionales, y es por esto que la mayoría de las guerras de fractura giran alrededor de dicha civilización.
XI.- EL DINAMISMO DE LAS GUERRAS DE FRACTURA
Las guerras de línea de fractura, son guerras locales que surgen del interior de los Estados. Estas refuerzan la identidad cultural e ideológica de las sociedades en conflicto, sobre todo dentro de la cultura islámica. Con el tiempo, estas guerras se van intensificando, y los líderes de ambas partes van tomando un odio mayor hacia el enemigo y casi nunca logra resolverse eficientemente el conflicto. A su vez, en estas guerras, existirán actores externos, que casi siempre ayudarán a su civilización hermana. Estos actores serán secundarios cuando están relacionados de forma directa con las fracciones principales, los cuales son los grupos primarios. Serán terciarios los que estén menos implicados con las partes en conflicto, pero tienen vínculos con alguna de las civilizaciones primarias.
Estas guerras pueden detenerse por un momento, pero rara vez de forma definitiva. Estos espacios de tranquilidad pueden deberse o al agotamiento de los contendientes, o la influencia de un actor secundario o terciario, que logre reconciliar a las partes en conflicto. Sin embargo este último punto es viable cuando las partes en pugna pertenecen a la misma civilización, y la parte mediadora pertenece a esa misma cultura, pues es un actor confiable para ambos bandos. Cuando las partes en conflicto pertenecen a diferentes culturas, encontrar un actor que pueda ser confiable para los actores primarios, será muy difícil. Algunas veces, la mediación de un actor externo resulta casi imposible al definir a las guerras de fractura como “asuntos internos”. Lograr la negociación para dar fin a una de estas guerras, requiere que exista una implicación relativamente paralela de interlocutores secundarios y terciarios por ambos lados. Es por esto que resulta muy difícil lograr que las partes se comprometan a firmar y a cumplir un acuerdo. La solución de este tipo de conflictos depende en gran parte de la actuación de los Estados centrales de las civilizaciones en pugna, ya que a diferencia de su comienzo, la solución al conflicto viene de arriba, y no de adentro.
Huntington, acertadamente dedica mucho espacio de este capítulo en hablar de la guerra en Bosnia, un Estado multicultural que había logrado vivir pacíficamente durante muchas décadas. Sin embargo una vez que la identidad Yugoslava entró en duda, los nacionalismos étnicos comenzaron a florecer, dando pie a la guerra entre servios (ortodoxos), bosnios (musulmanes) y croatas (católicos). Esta guerra es un ejemplo completísimo, del choque entre civilizaciones, tema al cual el autor dedica la investigación de su libro. En esta guerra, puede observarse como los países y todas las organizaciones musulmanas, apoyaron a los bosnios, los países ortodoxos a los servios, y los países occidentales, -con excepción de Estados Unidos-, apoyaron a los croatas. Huntington explica, que la acción estadounidense de apoyar a los bosnios musulmanes, se debió a que la opinión pública observó en su mayoría a la población bosnia como la víctima de las atrocidades servias, y el gobierno de EEUU, se alió con los “buenos” y no con los “malos”. Algo curioso, fue que la opinión bosnia de dicha acción no favoreció en nada las acciones del gobierno norteamericano, al contrario, la opinión pública bosnia criticó la ayuda deficiente proveniente de este país.
En las guerras de Cachemira, Chechenia, Azerbaiyán-Armenia, Sri Lanka y Tadzjikistán, puede observarse que las civilizaciones se apoyan entre sí, a través de los diferentes Estados que brindan ayuda económica, militar y humanitaria, para apoyar a su cultura. Incluso las diásporas de otros países, son un cierto tipo de presión para que sus gobiernos apoyen a sus hermanos en conflicto.
XII.- OCCIDENTE, LAS CIVILIZACIONES Y LA CIVILIZACIÓN
En este último capítulo, Huntington intenta dejar en claro que la suposición de que las diferentes culturas y civilizaciones serán poco a poco arrasadas por la occidentalización, hasta crear una cultura universal, es totalmente falsa. Enfatiza la importancia del resurgimiento de las demás civilizaciones, y su participación cada vez mayor en la escena internacional. También habla sobre las características que el mundo actual deberá tener para impedir que exista una escalada de medios en los conflictos de civilizaciones actuales y futuros.
Actualmente podría considerarse que Occidente se encuentra en su auge, al cual le sigue una etapa de decadencia, que no puede ser determinada en cuestión de tiempo. El aumento de la conducta antisocial, el descenso de capital social, la decadencia familiar, el debilitamiento de la ética de trabajo y la disminución general del interés por el estudio, son cuestiones que Occidente debe de afrontar eficazmente para mantener su influencia y su poder como oposición a las civilizaciones musulmanas y asiáticas. De igual forma, para evitar la decadencia de la cultura Occidental, es necesario que Norteamérica y Europa renueven su vida moral, y formen alianzas económicas y políticas entre sí, para establecer la tercera etapa de influencia Occidental. Para lograr esto, Estados Unidos debe de dejar de considerarse una sociedad multicultural, e identificarse como una cultura con herencia europea perteneciente a la civilización Occidental, y así lograr tener una identidad hegemónica común dentro de sus fronteras. A su vez, Occidente debe, en primer lugar, adaptarse a que la política mundial se basa actualmente en relaciones culturales, en segundo lugar debe de incluir en la OTAN a miembros de otras sociedades occidentales, así como rectificar la pertenencia de estados que son enemigos entre sí, y en tercer lugar olvidar la idea de que los valores, cultura e instituciones occidentales deben de ser adoptados universalmente como la única alternativa de bienestar social. Otro punto importante consiste en que Occidente debe de reconocer el riesgo de escalada del conflicto que a nivel mundial, implica su intervención en asuntos de otras civilizaciones.
El autor propone una guerra hipotética que podría suscitarse a nivel mundial, como consecuencia del choque de las civilizaciones, pero sobre todo como resultado de la permisividad de que un Estado como China, logre establecerse como potencia regional y llegue a dominar los recursos e incluso la influencia de dicha región. Según la estrategia política estadounidense, es de máxima prioridad evitar que surjan potencias que signifiquen un cierto tipo de competencia a nivel mundial.
Para evitar que los conflictos entre civilizaciones se transformen en guerras mundiales, Huntington propone que es necesario que los países centrales se abstengan de intervenir en conflictos suscitados dentro de otras civilizaciones (norma de abstención). En segundo lugar, propone que estos Estados deben de negociar conjuntamente la contención de las guerras de línea divisoria entre Estados y civilizaciones (norma de mediación conjunta). Huntington propone, según esta norma, que los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, estén integrados por un representante de cada civilización, y dos de la occidental, y de esta forma lograr que las decisiones de las cuales dependa el desarrollo y la paz internacional, sean tomadas por representantes distintos de cada fracción cultural. Y por último, buscar, ampliar y promover los valores, instituciones y prácticas que tienen en común todas las civilizaciones (norma de los atributos comunes), y de esta forma promover el respeto entre civilizaciones, así como fortalecer a cada civilización individualmente.
Finalmente, Huntington cierra su libro afirmando que la cooperación y el respeto entre los líderes políticos de cada civilización, serán las condiciones para la paz y el futuro de la civilización mundial. Es por esto que necesitamos crear un régimen internacional basado en civilizaciones, que evite que el choque entre éstas se convierta en un conflicto de alcance mundial.
Fuente: Graciela Arroyo Pichardo. Resumen de la obra de Samuel HUNTINGTON. “The Clash of Civilizations and the remaking of world order”. Simon & Schuster. New York. 1996.

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