Depredador

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Favre

La vida exagerada de Luis Favre
Política, traiciones, pobreza, conspiraciones, poder, mujeres, pasiones, dinero, destierro y más mujeres. Tales son algunos, apenas algunos, de los elementos de la intensa vida de un apasionado, pasional y apasionante publicista-político. Esta es la biografía no autorizada del arquetipo de un hombre de mundo.
Por Llamil Vásquez Valencia- Revista VELAVERDE
El publicista franco-brasileño-argentino Luis Favre nació en 1949 en un barrio pobre de Buenos Aires, Argentina. Es hijo de Isaac Wermus, judío ateo y militante peronista. La leyenda dice que su familia era tan modesta que el pequeño Favre dormía en un solo cuarto con sus padres y sus tres hermanos. Nunca llegó a terminar la secundaria por organizar una supuesta huelga, pero se graduó en la UDV (“Universidad de la Vida”) de la mili­tancia política internacional. Sus hermanos también con­servan ese apego por construir una imagen de misterio que incluye el cambiarse de nombre. Ellos son el exlegis­lador argentino Jorge Altamira (José Saúl Wermus) y el analista económico Ismael Bermúdez (Natalio Wermus).
A los 20 años, nuestro conocido publicista ya era un militante profesional del trotskista Partido Obrero de Argentina gracias a la ayuda de su hermano mayor Jor­ge Altamira. Fue detenido en ocho oportunidades por sus acciones políticas y escapó a Francia para evitar una sentencia de cárcel. En París trabajó en una facción de la Cuarta Internacional, fundada por el revolucionario ruso León Trotsky y dirigida desde 1953 por el político francés Pierre Lambert.
Favre hizo carrera en el partido de Lambert y llegó a ser responsable de los grupos afines de América Latina y se trasladó a São Paulo en 1985 para vigilar más de cer­ca el desempeño de aproximadamente 1,500 trotskistas brasileños. Allí expresó su desacuerdo con su protector y jefe; y se pasó al Partido de los Trabajadores del Brasil, liderado por Luiz Inácio Lula da Silva.
Con el tiempo se convirtió en un consejero de con­fianza del gobierno de Lula e incluso ahora trabaja con la presidenta Dilma Rousseff. De acuerdo a lo observa­do en los últimos meses, todo parece indicar que tam­bién asesora, en medio de un vano secretismo, al presi­dente Ollanta Humala, a quien también le dio su “receta mágica” en campaña. Como es de dominio público, fue también el artífice de la campaña por el “NO” a la revo­catoria de la alcaldesa Susana Villarán.
TESTIMONIOS DE PARTE
El periodista Raúl Wiener conoció a Luis Favre en 1975, cuando este vino al Perú con el padrinazgo de su jefe máximo, Pierre Lambert, para asistir a un encuentro trotskista latinoamericano. “Más que un amigo del jefe parecía su delfín”, nos cuenta. “Lo conocíamos como Fe­lipe. En ese momento yo recién había salido de prisión”, agrega.
Años después, en la campaña presidencial del 2011, Wiener se daría con la sorpresa de que Favre estaba en el Perú y ¡asesorando secretamente a Hu­mala! “Felipe es un tipo inteligente, es un buen asesor de campaña. Él tiene que ver con la transformación de Humala en un político de marketing”, menciona.
Wiener se encontraría con Favre por segunda vez en la ‘Ciudad Luz’. Era 1977. Con los años tendría noticias de él. “Luego me enteré de que asesoraba a Humala desde el 2010. En el 2011 nos encontramos en la casa de un líder nacionalista y resultó que integraba el grupo asesor de izquierda, conformado por Nicolás Lynch, Manuel Dammert y Alberto Adrianzén. ‘¿Qué tal, cómo es­tás?’−lo saludé, a pesar de que me mi­raba sorprendido−. ‘¿No te acuerdas de mí?’ −insistí−. Tras una pausa me salu­dó. Ahí me di cuenta de que él tendría que ver con mi posterior pérdida de acceso a Humala. Favre tenía un punto de vista diferente al nuestro”, recuerda.
En un diálogo con Velaverde, el analista Carlos Tapia no quiso sus­cribir lo que en noviembre del 2011 declaró en El Comercio acerca de Fa­vre, cuando fue apartado del grupo de consejeros de la presidencia. Recalcó, aquella vez, que el asesor franco-bra­sileño deseaba tener un poder mayor al que tuvo Vladimiro Montesinos en el régimen de Alberto Fujimori. “Él se relaciona con grupos parlamentarios, interviene para decir cómo se vota, convence de quiénes deben participar en qué comisión y en cuál no”, decla­ró. Calificó, además, como “trío de la muerte” al grupo conformado por Favre; el inamovible jefe de la Direc­ción Nacional de Inteligencia, Víctor Gómez Rodríguez; y el aparentemente defenestrado Adrián Villafuerte.
“Este brasileñito, que baila bien tan­go, tiene el atrevimiento de involucrarse en la política peruana. Él es un simple asesor de imagen. No se puede arrogar ese tipo de poder. Hay un grupo que está avanzando al interior del gobierno y representa intereses oscuros”, remar­có en respuesta a Favre, quien en su cuenta de Twitter había tildado a Tapia de ultraizquierdista, pusilánime y trai­dor. Demás está decir que el publicista es un entusiasta de las redes sociales.
Tapia indicó a este semanario que no estaba seguro si actualmente Favre esta­ba en el Perú. “Ahora me dicen que ha vuelto a Brasil”, comentó. En otro mo­mento recordó que el publicista estuvo en los años 80 con motivo de la creación de la Izquierda Unida (IU), “donde fra­casaron los grupos radicales cercanos a Favre y se quedaron afuera porque no obtuvieron los votos necesarios”. Lo que sí es un hecho es que su registro migra­torio señala que ingresó a nuestro país el pasado 18 de noviembre.
Por su parte, el periodista Aldo Ma­riátegui se aventuró a escribir, en una columna del pasado 11 de diciembre del 2013, que Favre habría propuesto la candidatura presidencial de Gastón Acurio al Frente Amplio de Izquierda como una alternativa a la ausencia de lí­deres de este bloque que tengan una piz­ca de carisma. De esa manera, el asesor franco-brasileño-argentino estaría pre­parando otro outsider que sea capaz de enfrentarse al monstruo político que es Alan García; y, además, no se le voltee a la izquierda como pasó con Humala. El tiempo demostrará si esta elucubración ha dado en el clavo. Lo que sí quedó cla­ro es que el chef dejó en la nebulosa la posibilidad, pero aclaró que su partido natural es el de la lampa, el de su padre, el exsenador de Acción Popular.
LAS MUJERES DE FAVRE
Y acá un ángulo sabroso en la munda­na y cinematográfica biografía de Luis Favre: su fama de insaciable mujeriego. El exsenador peruano Ricardo Napurí lo pinta en su libro Pensar América La­tina como una “máquina” sexual con ribetes de playboy. En 1975, el asesor llegó al Perú para articular el apoyo de la Cuarta Internacional trotskista hacia el Partido Obrero Marxista Re­volucionario (POMR), liderado por Napurí. Una vez instalado en nuestras tierras, sacó a relucir su voracidad por las mujeres sin distinción de raza, cla­se y condición social.
“Actuaba como un galán seductor, abusando de su ‘pinta’ (…). Sedujo, entre otras, a una universitaria, menor de edad, hija de campesinos. Después supimos que la embarazó, cuando sus padres realizaron la denuncia respecti­va. Cayó en sus garras otra adolescen­te que salía de un largo internamiento afectada de tuberculosis. Pero el pico más alto de estas depredaciones fue la hazaña de seducir a la mujer france­sa de un pintor peruano residente en Francia”, narra en sus memorias el ve­terano militante de izquierda.
Napurí comenta que Favre utiliza­ba el dinero de la Cuarta Internacio­nal para costear sus aventuras: “Hablé francamente con el hermano de Alta­mira (Favre), que alegaba que lo que hacía estaba en la línea de la libertad de la sexualidad, conquista de la civili­zación. Con buenos modales lo man­dé a la mierda; que no ‘jodiera’ con la igualdad entre los sexos, que ni en Francia existía” (sic).
“No conocí a las dos o tres mujeres con quienes contrajo matrimonio des­pués de los divorcios respectivos. Cla­ro, nunca dio un mal paso. Averiguaba las cuentas bancarias de sus ‘víctimas’. La antepenúltima fue una joven brasileña hija de un millonario. Hasta que dio el gran salto: conoció y contrajo matri­monio con Marta Suplicy, exalcaldesa de São Paulo, figura descollante de la dirección del Partido de los Trabaja­dores y gran amiga de Lula”, escribe.
Hasta donde se sabe (en la biogra­fía de Favre nunca se sabe del todo), se casó por primera vez con la francesa Marie-Ange, quizá con la intención de obtener la nacionalidad de su cónyu­ge. Luego se divorció y se mudó a São Paulo en 1985 con su segunda esposa, Alexandra, con quien tuvo dos hijos: Tristán y Fabrice. Después comenzó una relación con Marília Andrade, rica heredera de la empresa Andra­de Gutiérrez. Una vez más se separó y se casó con Sophie Magnone, otra francesa con quien tuvo un hijo: Lu­cas. El 20 de setiembre de 2003 se casó nuevamente con Marta Suplicy, exal­caldesa de São Paulo y exministra de Turismo del Brasil. El 2009 se separó por enésima vez.
EPÍLOGO
En su ensayo Don Juan, el eminente psiquiatra español Gregorio Marañón afirma que el Conde de Villamedi­ana, Don Juan de Tassis (1581-1622), quien inspiró al dramaturgo Tirso de Molina para construir el personaje del legendario mujeriego, tuvo numerosas amantes y adquirió pronto una repu­tación de libertino, dandy, amante del lujo y de los juegos. El autor parece es­tar hablando de nuestro intenso per­sonaje, Favre. Marañón postula que el Don Juan es un gay reprimido o en­cubierto. Apoya su tesis en que la In­quisición le abrió un proceso secreto a Villamediana por sodomía con algu­nos esclavos negros, poco antes de ser asesinado por una supuesta orden del rey Felipe IV.

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