Migraciones, remesas y desarrollo en tiempos de crisis

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Capítulo 1 El debate contemporáneo
1.1. Escenarios presentes y futuros
1.2. Integración y/o crisis del Estado-Nación
1.3. La nueva Directiva de Retorno en la Unión Europea y las remesas
1.4. De las migraciones internas a las internacionales y el cambio climático
1.5. Cambio climático
1.6. ¿Hacia dónde se mueven América Latina y el Caribe
1.7. América Latina, El Caribe y las regiones migratorias
Capítulo 2 Capital humano, social, cultural y el transnacionalismo
2.1. Acciones colectivas: un recurso eficaz
2.2. Los íconos culturales unen a los países
2.3. Los migrantes laborales: ¿nuevos héroes
2.4. Transnacionalismo y nuevas redes virtuales
Capítulo 3 Retribuciones desde la distancia: el flujo de las remesas
3.1. El origen rural y cultural
3.2. Transferencias familiares monetarias
3.3. Transferencias familiares no monetarias («kuyanakusun»)
3.4. Transferencias colectivas monetarias
3.5. Transferencias colectivas no monetarias
Capítulo 4 El Estado: ¿un aliado o un obstáculo?
4.1. Políticas migracionales transnacionales
4.2. El caso peruano
Capítulo 5 Experiencias transnacionales de desarrollo
5.1. El modelo 10 x 1: la Caja Municipal de Huancayo (Perú)
5.2. El modelo 3 x 1 (México)
5.3. El proyecto de codesarrollo Murcia-Cañar (España-Ecuador)
5.4. El desarrollo comunitario: pastores de ovejas en los Estados Unidos de Norteamérica (Perú)
Capítulo 6 Migraciones, remesas y desarrollo: hacia un nuevo modelo
6.1. ¿Cómo funciona?
6.2. El y la migrante
6.3. Las remesas
6.4. Objetivo central: el desarrollo humano
Anexos
Diagrama 1: Transnacionalismo y acción colectiva
Diagrama 2: Organigrama de la Subsecretaría de las Comunidades Peruanas
en el Exterior
Diagrama 3: Interacción del Proyecto Murcia-Cañar (España-Ecuador)
Diagrama 4: Organigrama de interacción en Chaquicocha (Perú)
Diagrama 5: Modelo de desarrollo: primera fase
Diagrama 6: Modelo de desarrollo: segunda fase
Diagrama 7: Modelo de desarrollo: tercera fase
Bibliografía
La crisis económica iniciada en el 2008 viene constituyéndose en uno de los sucesos más importantes de principios de este siglo. Las continuas referencias a la crisis del 29, en el pasado siglo, son solo un botón de muestra de lo que los principales analistas económicos piensan que puede llegar a ser su alcance.
Cuando estalló la crisis, una de las primeras preguntas que nos hacíamos en el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) era de qué modo iba a impactar en las dinámicas de población. En ese momento nos parecía muy probable que la crisis tendría diferentes impactos. Entre estos estaban los efectos en las decisiones de los individuos y parejas sobre cuántos y cuándo tener hijos. La crisis sin duda crearía un ambiente constrictivo en el que mucha gente decidiría postergar un nuevo nacimiento, esperando mejores momentos, escogiendo regular su fecundidad, usando el método que más les convenía.
Por otro lado, nos preguntábamos respecto al impacto en sociedades jóvenes, como la peruana, que se encontraban en los inicios del período del bono demográfico. En este sentido, pensábamos que la crisis iba, sin lugar a dudas, a disminuir las oportunidades de conseguir un primer empleo y trabajo digno para los jóvenes que tocaban las puertas del mercado de trabajo. Esta falta de oportunidad podría tener un grave efecto en la capacidad del país de aprovechar la ventana de oportunidad que ofrece el bono. Por otro lado, el estatus social de los jóvenes en la comunidad; cómo son percibidos y de qué modo la imagen de ellos se proyecta a través de los medios, también se deterioraría. Si no tienen oportunidades para integrarse a la vida laboral productiva se fortalece una imagen muy difundida de los jóvenes como problema y amenaza.
No obstante, entre estos y otros posibles impactos, no nos quedaba duda de que una de las dinámicas que con más atención deberíamos observar era la de los desplazamientos de población y muy particularmente el fenómeno de la migración internacional. Es evidente que la severidad con la que se declaró la crisis en los países centrales tendría un efecto inmediato en al menos tres dimensiones. Por un lado, en la decisión de las personas a emigrar de países periféricos hacia los países centrales; segundo, en la decisión de los migrantes de retornar a sus países de origen, y; tercero, efectos en la capacidad de los migrantes, documentados e indocumentados, de generar ingresos en los países de destino y de enviar de forma sostenida remesas a sus países de origen. Teófilo Altamirano, uno de los mayores especialistas con que cuenta el país en este tema, analiza detenidamente tales implicancias, a partir de los indicadores y las bases de datos que dan cuenta de estos efectos. En general, se puede decir que en el momento en que el autor hace su investigación las tendencias apuntan a una disminución de la emigración, un incremento en el número personas que han retornado, un aumento en el desempleo de migrantes en los países centrales y como consecuencia una baja en el flujo de las remesas a los países de origen.
Para diferentes países el impacto que tienen y tendrán estas tendencias es diferente. Otros países de la región como México y El Salvador lo resentirán más que el propio Perú.
Sin embargo, uno de los aspectos interesantes de este estudio es que no se analiza la migración solo desde el punto de vista de los números y flujos de personas o remesas monetarias. Al contrario, su riqueza estriba en que nos permite abordar el tema de la migración desde una mirada más amplia. Llama particularmente la atención la inserción del migrante en un conjunto de redes que lo vinculan tanto con el país de origen, como con el de destino, en el que el contacto que se establece no es solamente con la población nativa de ese país, sino también con los otros migrantes, provenientes de otros países y regiones. El migrante se convierte así en una suerte de vector por medio del cual se transmiten nuevas ideas y pautas de comportamiento que son diferentes tanto en el país de origen como en el de destino. El tema de la interculturalidad y la migración nos abre un mundo fascinante de investigación. No está de más recordar, como ejemplo, que el ascenso del español o castellano como segundo idioma en el mundo de hoy no se debe ―y esto ya lo ha señalado Mario Vargas Llosa― a la belleza de la prosa de Cervantes, sino al influjo de migrantes hispanohablantes, que a lo mejor ni conocían El Quijote, en los países centrales, y de manera especial, en Estados Unidos.
Ligado al tema de la interculturalidad está el hecho de que la migración internacional y nacional acontece en el contexto de lo que el autor denomina la «cuarta globalización», marcada por una red de vínculos, dependencias e interdependencias, que se ven mediadas por la tecnología digital. Este soporte o medio acelera el proceso de intercambios y facilita la comunicación a tal punto que hablamos hoy de «familias transnacionales»; padres, hijos(as), madres, cónyuges, hermanos(as) que se conectan por internet de manera regular, casi cotidiana. El uso de la telefonía celular y la mensajería de texto también es un factor de apoyo, sobre todo para los migrantes más pobres.
Las comunicaciones no se dan solo al interior de las redes familiares, sino también en las redes comunitarias en las que miembros de determinadas regiones o provincias de un país se mantienen en contacto y a veces desarrollan proyectos conjuntos. El autor las llama «comunidades transnacionales». En el interior de estas redes también circulan conocimientos y habilidades que se trasladan y que se pueden analizar desde un punto de vista optimista, mostrando cómo ayudan al desarrollo de los países de origen, y, desde otro punto de vista, pueden verse también desde la perspectiva del brain drain, criticando que jóvenes profesionales y científicos sean captados por los países centrales en el marco de sus políticas estatales y corporativas de fomento a la investigación y desarrollo.
Es en ese contexto de intercambios que el autor propone que veamos las remesas. Estas remesas no son solo monetarias, existen también las no monetarias, de productos. Altamirano nos recuerda el sentido que tenían para los migrantes internos del Perú las transferencias no monetarias (kuyanakusun) que no eran solo objetos, sino también mensajes de afecto, de cariño (kuyay). Algo similar pasa con las transferencias no monetarias que hacen los migrantes internacionales que envían desde televisores hasta productos de tocador. Por otro lado, están las transferencias que hacen asociaciones como la Peruvian American Medical Association que en situaciones como la epidemia del cólera producida en 1991 o después del terremoto ocurrido en el sur chico en agosto de 2007 brindó asistencia médica y donó equipos.
Los Estados y países están ya aprehendiendo el significado del fenómeno de las remesas, y ha surgido el gran interés por ver cómo se pueden aprovechar los recursos que circulan, sin olvidar que son recursos privados, generados por los individuos y familias, y que la forma de sacar provecho de estas es mediante la creación de incentivos. Está, por ejemplo, el modelo 10 x 1 de la Caja Municipal de Huancayo, que se propone dar crédito por el valor de la remesa mensual multiplicado por diez, si dicho crédito es destinado a microempresas que mejoren las condiciones de vida de las familias. El producto se llama «Crediremesas». El problema estriba en que no se puede confiar en la regularidad de las remesas, tal como lo estamos viendo actualmente en este período de crisis y, por ende, el aprovechamiento de las remesas no se puede dar como una estrategia aislada, sino que tiene que ser parte de un esfuerzo de desarrollo humano integral. Estas tendrían que usarse, de alguna manera, con los mismos criterios con los que se maneja la cooperación internacional; es decir, como palancas para el desarrollo de capacidades de las familias y comunidades con el fin de que estas estén en condiciones de continuar con su desarrollo por otros medios. Es en ese contexto más amplio que tenemos que incorporar el uso de las remesas en diálogo sobre políticas públicas.
Finalmente, solo me queda agradecer al doctor Altamirano y a la Pontificia Universidad Católica del Perú por su confianza, ya que a través de su Centro de Investigaciones Sociológicas, Económicas, Políticas y Antropológicas (CISEPA-PUCP) buscaron el apoyo del UNFPA para hacer posible la publicación de este importante estudio. Para el UNFPA, este tipo de esfuerzos siempre merecerá nuestro apoyo, en tanto representa no solo una investigación de calidad en temas altamente relevantes para el país, sino porque nos permite vincular a la academia con el público general, y con aquellos que toman las decisiones, quienes ahora cuentan con nuevos elementos para participar de un diálogo informado que sustenta las políticas públicas. Más aún cuando este año conmemoramos los 15 años de la Conferencia Internacional de Población y Desarrollo del Cairo (1994), la cual marcó un hito en la historia de cómo la humanidad entiende y aborda los temas de la agenda poblacional, entre ellas uno tan relevante como las migraciones.
Esteban Caballero
Representante del UNFPA, Perú

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