Decadencia total

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Por Dante Bobadilla- elpollofarsante.pe
Pedro Castillo resultó ser otro pillo y de los peores. Que no nos vengan con cuentos. Es el punto mayor de la decadencia peruana. Un proceso que viene de los últimos cinco años, cuando el país cayó en una crisis política profunda, producto de los odios acumulados durante una década de antifujimorismo patológico, que terminaron en una triste época de cacería de brujas, manipulación de la prensa y la justicia aparentando una purificación moral de la nación, mientras en realidad la podredumbre corroía todas las instituciones.
Pedro Castillo es el resultado de esa crisis institucional, de la irracionalidad y del odio. Tal como lo expresó un distinguido gurú de la prensa de izquierdas, prefirieron eso antes que Keiko. Tanta basura les metieron al cerebro contándoles mitos, embustes y mentiras, que prefirieron llevar el país al despeñadero antes que ver al monstruo mítico de Keiko en el poder. Hasta ahora yo no sé de qué se le acusa concretamente, pero la idea de «Keiko corrupta» ha calado en la mente del más desprevenido ciudadano, especialmente joven.
El resultado es que hoy el Perú está en manos de un sujeto mental y moralmente muy limitado, que nunca pensó ser presidente y que no sabe ni cómo llegó a Palacio, y que se maneja en estos momentos como si siguiera en su chacra de Chota. En cuatro meses vimos el penoso desfile de exterroristas, exguerrilleros, sindicalistas, agitadores, abogansters y activistas inútiles -especialistas en nada-, que ya empezaron a llenar el Estado con toda clase de escoria proveniente del parasitismo izquierdista. A eso hay que sumarle los parientes y amigos de la casta real chotana y hasta la repartija de cargos a cambio de favores sexuales.
Pero el asalto del Estado por parte de una peste de inútiles no lo es todo. También hemos visto los negociados para otorgar licitaciones y la manipulación de los ascensos militares. Todo eso, al mejor estilo de una mafia por parte del mismísimo Pedro Castillo y su carnal Bruno Pacheco, quien tuvo el cuajo de embaucar a los fiscales negándose a entregar su celular para luego entregarles un celular recién comprado. Por menos que eso mucha gente acabó presa.
Además, hemos visto -como actuando en una mala película peruana- a Pedro Castillo acudir a su guarida de Breña a altas horas de la noche, disfrazado y en carro ajeno, para reuniones clandestinas nada santas, con gente que resultó luego ser ganadora de millonarias licitaciones. Luego oímos a Pedro Castillo mentir y contradecir las versiones de sus ministros y allegados. En suma, estos meses han bastado para conocer la catadura moral y mental de Pedro Castillo. Y si miramos a su rededor, no es mejor lo que se puede apreciar. Todo es decadente.
Y, a todo esto, ¿dónde están ahora los indignados contra la corrupción? ¿Dónde están los que marchaban contra la repartija? ¿Y dónde, los que marcharon en defensa de la educación? ¿A dónde se fueron los que salían a lavar banderas? Parece que a la izquierda limeña se le acabó la dignidad. Estaban tan embobados con el antifujimorismo que creyeron en verdad que toda la corrupción se concentraba en un solo partido, en un solo apellido y un solo color, al punto de que se definían con una frase de cliché: «Fujimori nunca más».
Parece que nuestros llamados cojudignos no pueden dar crédito a la realidad y admitir que fueron unos tontos de capirote, engañados por la propaganda y llevados de las narices a odiar a un solo sector político, convencidos inocentemente de que todo lo malo solo provenía del fuijimorismo y que solo Keiko encarnaba todos los males del país. Pocos son los que se atreven a enfrentar hoy la verdad y reconocer que fueron engañados como borregos, amaestrados como canes para ladrarle a una fotografía. La mayoría prefiere ahora meter la cabeza en el hoyo para no ver la realidad y para seguir repitiendo «Keiko corrupta».
Sea como sea, el Perú ya está rumbo al despeñadero irremediablemente. Me dan risa los opinólogos que salen a decir que «el presidente debe cambiar» o que «el presidente debe aprender». Es francamente estúpido esperar un milagro. Pedro Castillo es lo que es. No va a cambiar ni aprender. Hay que asumir los hechos en lugar de venderle esperanzas tontas a la gente y quedar como un buen y correcto opinante. Aunque no les guste, les suene horrible o les parezca radical, la única manera de salvar al Perú de la debacle es vacar a Pedro Castillo.
Todo lo demás es cuento para bobos.

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