El peor enemigo de un peruano…

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Envidia

Por Jorge Yamamoto-Diario El Comercio.
No es otro peruano. Somos buenos amigos, mejores familiares, solidarios, alegres, generosos. El problema comienza cuando nos hacemos favores, pequeños o grandes, dentro o fuera de la ley; cuando lo hacemos con solo aquellos que forman parte de nuestra argolla, a nuestros ‘hermanitos’, sin pensar si es justo para los otros, sin reflexionar si con eso se arruina a un gran país.
El problema está arraigado en uno de los niveles más profundos de la mentalidad de una nación: los valores. Los estudios de nuestro grupo de investigación en psicología social –conformado por psicólogos de la PUCP y de la consultora Bienestar y Productividad, de la cual soy fundador– encuentran en el Perú los valores de trabajo, ayuda y lealtad; a la vez, los antivalores de la envidia, el chisme y el egoísmo, ‘la tríada social del mal’. Cuando un peruano tiene éxito, el otro peruano se siente miserable y alivia su infelicidad devaluando el mérito del otro con una sofisticada narrativa que entremezcla la verdad con la difamación: el raje.
De lo verbal pasa a lo conductual. Invierte tiempo y dinero para que el envidiado deje de ser exitoso y feliz: el macheteo. Cuando al envidioso le toca el turno del éxito, el envidiado u otro peruano cercano le devolverá el favor practicando el deporte nacional del raje-macheteo. Esto crea un entorno egoísta, corta la ayuda mutua, motor del desarrollo y la felicidad, y degenera en el ‘animus jodendi’, o el hábito de fastidiar al otro, en buena o mala onda.
Este afán de sabotear no se da en solitario. Las empresas, los ministerios y las asociaciones no son equipos articulados para beneficio de la organización, son argollas enfrentadas buscando el beneficio propio, el malestar de las otras argollas, sin importar que a la larga pierda la institución. La tesis de Sharon Gabel, egresada de psicología de la PUCP, utiliza la técnica del análisis factorial confirmatorio y encuentra que, en el ámbito laboral, la envidia contra una persona lleva a sabotear el trabajo de todo el equipo del envidiado, sin importar que eso perjudique a la organización, al desarrollo del sector o del país. Se inicia con una suma cero y termina en una división cero.
La infeliz capacidad destructiva de ‘la tríada social del mal’ va mucho más allá. La tesis de Walter Pachas, también egresado de la PUCP, utilizando la etnografía y la entrevista a profundidad, ha estudiado el daño, oscura y democrática conducta en la que personas de los más diversos niveles socioeconómicos y culturales acuden al ‘malero’, un proveedor de servicios de magia negra, que atiende a los envidiosos nivel III, quienes pagan importantes sumas con el deseo de que el envidiado alcance el fracaso, la enfermedad y hasta la muerte. Al margen que esto ocurra eficazmente, el hecho es que las personas lo desean y pagan por que esto suceda.
Hace unas decenas de miles de años, durante la fase tribal humana, nos defendíamos de los depredadores a través de la unión y el apoyo incondicional de familiares y amigos. Lo hicimos con tanta eficiencia que rápidamente tomamos control del planeta. Con esto, la competencia dejó de ser contra otras especies y se convirtió en una lucha contra otros humanos, organizados en clanes, que fueron creciendo en alianzas para luchar contra otras tribus aliadas.
Hace unos cinco mil años, surgió la civilización: grupos masivos de clanes organizados en una sociedad, políticamente estructurados en poderes y humanamente articulados por valores. Estos valores no son más que principios de convivencia que favorecen el bienestar y el desarrollo de los individuos, las tribus, las organizaciones y los ciudadanos, en el contexto ambiental e histórico de cada sociedad.
Así, la clave del desarrollo de la civilización es el salto del beneficio de la tribu-argolla a costa de los otros, al beneficio de la tribu-argolla a favor de todas las demás, basado en valores humanos y poderes del estado debidamente establecidos. Si esto es correcto, en el Perú estamos doblemente jodidos dado que estamos en una profunda crisis de valores y sumidos en poderes del estado que dan pena, vergüenza y cólera.
‘La tríada social del mal’ es a su vez la fuente de la corrupción y constituye uno de los peores males del país, tan profundamente arraigado que no nos damos cuenta de su gravedad, de sus enormes y ubicuas consecuencias. Es uno de los principales tumores de la mentalidad nacional, que debidamente extirpado puede generar saltos en la productividad, el desarrollo y la felicidad de las familias, los barrios, las organizaciones, el país. Los estudios y experimentos que venimos conduciendo señalan dos ejes de cambio para extirpar este tumor: el primero sugiere convertir la envidia machetera en envidia progresista. Por ejemplo, cuando un huanca progresa, el otro huanca lo envidia y se siente infeliz, pero rápidamente deja de ver a la persona, se fija en el logro y lo convierte en un reto personal. Si encuentra un entorno meritocrático, deja de desear el mal del envidiado para motivarse a alcanzar el mismo logro o uno mayor. Tras el esfuerzo, el envidioso se vuelve el envidiado, pero no genera un afán de devolverle el daño; más bien, motiva la mutua superación, creando un círculo virtuoso de competencia sana, de progreso con felicidad.
Un segundo eje de cambio es la reestructuración de la educación en los primeros años de primaria con el objetivo de formar los valores, con más ejemplo y práctica que discurso hipócrita. Formar el cimiento para la conciencia moral, la empatía y el respeto al otro; la semilla para que en tan solo una generación pasemos de circular por calles violentas, agresivas y salvajes a vivir en una sociedad que progresa con felicidad.

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