Ascensión del Señor 2020

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Evangelio según San Mateo 28,16-20.
En aquel tiempo, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado.
Al verlo, se postraron delante de el; sin embargo, algunos todavía dudaron.
Acercándose, Jesús les dijo: “Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra.
Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo”.

Homilía del Padre Paul Voisin CR, Superior General de la Congregación de la Resurrección:

Esta es mi homilía para la fiesta de la ascensión. Es uno de mis pasajes favoritos, porque me lo dijo mi padre Donald Curtis, el pastor de mi infancia.
Hay una historia sobre un grupo de soldados aliados, durante la Segunda Guerra Mundial, pasando por un pueblo en Francia. Decidieron detenerse por un corto tiempo y descansar, antes de proceder. Uno de los soldados se dirigió a la Iglesia Parroquial, o mejor dicho, lo que había sido la Iglesia Parroquial. Las paredes seguían en pie, pero el techo había caído, como resultado de daños causados por el bombardeo. En el santuario había un nicho, y en el nicho una estatua del Sagrado Corazón de Jesús. Los brazos de la estatua eran así (estirados hacia adelante) y se extendieron más allá del nicho. Cuando el techo había caído en las manos de la estatua habían sido cortadas. Alguien había escrito debajo de la estatua: “No tengo manos más que las tuyas”.
Como reflexioné sobre el evangelio esta semana, no pude evitar pensar cómo esto debe haber afectado a los discípulos. Escuchamos en la primera lectura (Hechos 1:1-11) de los Hechos de los apóstoles que se despiden con los discípulos en Jerusalén. Después de su resurrección, se les había aparecido numerosas veces y continuó enseñándoles y preparándolos para esta misión. Lo oyeron, lo tocaron, e incluso comieron con él. Él estaba realmente presente para ellos. Y ahora, esa presencia física terminó con su ascensión al cielo. Su presencia era ahora una presencia mística, o espiritual. Sus seguidores todavía estaban unidos a él espiritualmente, pero no pudieron verlo ni oírlo como antes de su muerte, y después de su resurrección. Para todos ellos, la vida había cambiado, pero no había terminado. Ahora su misión comenzó. Eran para cumplir la voluntad del Padre como lo hizo Jesús. Fueron para llevar adelante los ministerios de predicación y sanidad que Jesús comenzó, y que fueron testigos.
Para nosotros también, que la vida de Cristo está en cada uno de nosotros. A veces, sin embargo, podemos ser demasiado tímidos o cautelosos para aceptar esa misión. ¡Estamos llamados a la acción! Con demasiada frecuencia muchas personas responden pensando “No estoy preparado”; “¿No hay algunos cursos que tomar para hacer esto?”, “¿Quién soy yo para hacer esto?”. No deberíamos posponer esta misión. No debemos frustrar este llamado del Señor a todos nosotros. Todos podemos contribuir -a nuestros propios caminos- a la misión de Cristo y su Iglesia. Podemos mirar a alguien más y decir: “Nunca podría hacer eso”, “Yo no soy así”, “No tengo esos regalos”. Pero, cada uno podemos ser esa persona enviada por Jesús en nuestro propio camino, y en nuestro propio tiempo, y a nuestra propia gente. La contribución de cada uno cumplirá la de los demás para llevar la plenitud del mensaje y la vida de Cristo a los demás. De esa manera estaremos cumpliendo el mandato de Jesús, como en el evangelio de hoy cuando envió a sus discípulos y ellos respondieron. A través de sus palabras y acciones Jesús se manifestó, y lo hará de nuevo a través de nosotros, si tomamos en serio su mandato y hacemos lo que él nos ha enseñado.
La segunda lectura de la Carta de San Pablo a los Efesios (1:17-23) anima en esta misión. Él nos dice que somos amados y bendecidos por Dios, y que nos ha dado el “Espíritu de sabiduría y revelación” para conocer, amar y servirle. Pablo nos recuerda que Jesús es el “cabeza sobre todas las cosas”, y que somos partes de su cuerpo. Así como cada parte del cuerpo tiene una función separada y única, todos trabajan juntos para un cuerpo saludable. Así también, cada uno de nosotros -como las partes individuales del cuerpo de Cristo- hacemos nuestra parte para construir el cuerpo de Cristo, la Iglesia, y compartir esa vida con los demás. No es sólo mi ‘trabajo’ (como sacerdote), es el ‘trabajo’ de cada persona bautizada en Cristo hacer su parte en la evangelización del mundo. El Papa (San) Juan Pablo II hablaba a menudo de la ‘Nueva Evangelización’, y el Papa Francisco ha renovado esa llamada. Esa ‘nueva evangelización’ requiere que cada uno de nosotros, sin importar cuál sea nuestro estado en la vida, desempeñemos un papel en presenciar a Cristo. Estamos haciendo eso -seamos conscientes de ello o no-diariamente en casa, en el trabajo y en la escuela. Donde quiera que vayamos, con todos los que nos encontramos, y en todo lo que decimos y hacemos somos testigos de Cristo y al reino. Si no estamos presenciando a Cristo y el reino, de qué estamos presenciando? Esperemos que sea más que nosotros mismos y nuestra vida ‘humana’, no olvidando nuestra vida espiritual y la relación mística y espiritual que tenemos con Jesús, resucitado y ascendido al cielo.
La fiesta de la Ascensión no es sólo acerca de Jesús ascender al cielo, para estar con su Padre, sino sobre lo que nos ha dejado hacer en su nombre. Las lecturas deben hacernos obvio, que la obra de Cristo continúa, la misión de Cristo continúa, y lo hace a través de nosotros. Él nos dice (si puedo poner palabras en su boca): “No tengo manos sino tuyas”. En casa, somos las manos de Cristo, trayendo entendimiento y perdón. En el trabajo, somos las manos de Cristo, mostrando buen ejemplo usando y compartiendo bien nuestro tiempo y talentos. En la escuela, somos manos de Cristo, creando una atmósfera positiva para aprender y compartir. En nuestras relaciones y amistades, somos las manos de Cristo, compartiendo las ‘Buenas Nuevas’ y trayendo alivio y sanidad a través de nuestra presencia en sus vidas. Somos sus manos, su boca, sus oídos, sus pies y su corazón. Seamos fieles a este mandato a cada uno de nosotros.

Fallecen 3 obispos chinos que sufrieron cárcel por su fidelidad a la Iglesia

La Oficina de Prensa del Vaticano informó este sábado 23 de mayo de la muerte de tres obispos chinos que se distinguieron por su gran amor y fidelidad a la Iglesia, y que estuvieron encarcelados o en campos de trabajo forzoso a causa de esto.
“El 20 de noviembre de 2019 falleció Monseñor Andrea Jin Daoyuan (90), Obispo ‘sin jurisdicción’ de la diócesis de Changzhi/Luan,en Shanxi, en China Continental”, indica la nota del Vaticano.Monseñor Jin Daoyuan nació el 13 de junio de 1929 en el pueblo de Beishe, distrito de Lucheng. Fue ordenado sacerdote en Pekín el 1 de julio de 1956. En el complejo contexto de la persecución contra la Iglesia en esa década, fue arrestado y estuvo encarcelado durante casi trece años.
“Él es recordado como pastor devoto y celoso para con su pueblo. Se dedicó en particular a la pastoral vocacional. Al mismo tiempo Monseñor Andrea Jin Daoyuan se dedicó personalmente a la construcción de distintos lugares de culto en la diócesis de Changzhi/Luan. Sus funerales se realizaron el 26 de noviembre con la participación de la comunidad católica local”, indica la nota.
El segundo obispo chino que partió a la Casa del Padre es Monseñor Giuseppe Ma Zhongmu Nel, que murió el 23 de marzo a la edad de 101 años. Era Obispo Emérito de Yinchuan/Ningxia, y no fue reconocido por el gobierno. Fue el primer y, hasta ahora único obispo de Mongolia.
Fue ordenado sacerdote el 31 de julio de 1947. Desde 1956 enseñó en el Seminario de Hohhot. En 1958, luego de haber rechazado adherirse a la Asociación Patriótica Católica China, controlada por el gobierno comunista, fue condenado a trabajos forzosos. Fue liberado diez años después pero fue obligado a trabajar como operario en su ciudad. En 1979 pudo retomar su ministerio sacerdotal.
Fue consagrado Obispo el 8 de noviembre de 1983. En sus años de ministerio episcopal, explica la nota del Vaticano, “Monseñor Giuseppe Ma Zhongmu fue apreciado y amado por los fieles de la comunidad de Mongolia, para quienes escribió un catecismo y otros textos de doctrina en su lengua”.
En el 2004 la Congregación para la Evangelización de los Pueblos en el Vaticano le envió una cruz pectoral como signo de reconocimiento y comunión. Un año después dejó el gobierno pastoral y, con ayuda de los fieles, se dedicó a traducir al mongol el Nuevo Testamento y el Misal Romano.
La Misa de exequias fue celebrada el 27 de marzo con el Obispo de Hohhot, Monseñor Paolo Meng Qinglu, y otros dos sacerdotes. No se permitió la presencia de fieles por el coronavirus.El tercer prelado chino fallecido es el Obispo Emérito de Nanyang, Monseñor Joseph Zhu Baoyu, que murió el 7 de mayo a la edad de 99 años.
Monseñor Zhu fue ordenado sacerdote en 1957, y en 1995 fue consagrado Obispo, para después ser nombrado Obispo Coadjutor de Nanyang. Asumió el cargo de Obispo de Nanyang en el 2002 y en el 2010, se retiró a la edad de 89 años. Luego, fue sucedido por su coadjutor, Monseñor Peter Jin Lugang.
Monseñor Zhu fue Obispo de la Iglesia clandestina y estuvo por muchos años en prisión y en campos de reeducación.
Después de su retiro, Monseñor Zhu fue reconocido por el Gobierno chino, el cual continúa considerándolo el Obispo Ordinario de la Diócesis de Nanyang. El Gobierno no reconoció la consagración del nuevo Obispo Jin hasta el 2019, no obstante, lo considera un coadjutor.
Monseñor Zhu fue diagnosticado el 3 de febrero con el COVID-19, la enfermedad respiratoria causada por el coronavirus, recibió tratamiento en un hospital de Nanyang, ubicado en la provincia de Henan y fue dado de alta el 14 de febrero.
Los funerales del Obispo se realizaron el 9 de mayo.
La situación de los católicos de China
En abril de 2019, el Padre Bernardo Cervellera, experto en la Iglesia Católica en China y editor de la agencia de noticias Asia News, informó que “en muchas diócesis la Asociación Patriótica y la Oficina de Asuntos Religiosos siguen exigiendo a todos los sacerdotes que se inscriban en la Asociación y sostengan la Iglesia independiente”.
En China existe la Asociación Patriótica Católica China, controlada por el Gobierno; y la Iglesia clandestina, subterránea, clandestina o no oficial, que se ha mantenido fiel a la Santa Sede.
En la práctica, afirma el Padre Cervellera, más que una “reconciliación” entre la Asociación Patriótica y la Iglesia clandestina, con el acuerdo provisional entre China y el Vaticano para el nombramiento de obispos “hay una gran presión sobre la comunidad subterránea con una fuerte intromisión en la vida de la Iglesia”.
El acuerdo provisional entre el Vaticano y China
El 22 de septiembre de 2018 el Vaticano anunció la firma del acuerdo provisional con China para el nombramiento de obispos.
Algunos han expresado su oposición al acuerdo, como el Obispo Emérito de Hong Kong, el Cardenal Joseph Zen Ze kiun, quien en un artículo publicado en el New York Times escribió: “A los obispos y sacerdotes clandestinos (fieles) de China solo puedo decirles esto: por favor, no comiencen una revolución. ¿Ellos (las autoridades) toman sus iglesias? ¿Ya no pueden celebrar? Vayan a casa y recen con sus familias (…) Esperen mejores tiempos. Vuelvan a las catacumbas. El comunismo no es eterno”.
En el vuelo de regreso de su viaje a Letonia, Lituania y Estonia a fines de septiembre de 2018, el Papa Francisco dijo a los periodistas: “Yo soy el responsable” del acuerdo.
Sobre los obispos que no estaban en comunión con la Iglesia hasta antes del acuerdo, Francisco dijo que “han sido estudiados caso por caso. Por cada obispo han llegado al final los expedientes de cada uno a mi escritorio y he sido yo el responsable de firmar cada caso”.
Fuente: ACI Prensa.

Realizan procesión de Virgen María Auxiliadora

La imagen de la Virgen María Auxiliadora en procesión recorrió sobre una camioneta las calles del distrito de Breña.
Muchos vecinos de la zona rindieron homenaje a la madre de Jesús en conmemoración de su día. En las puertas de algunas casas, se levantaron pequeños sagrarios donde colocaron velas y arreglos florales. Con mucha fe, rezaron a la virgen y a Dios para pedir no ser víctimas de la COVID-19.
Los feligreses indicaron que decidieron rendir homenaje a la Virgen por la gran fe que le tienen y, además, para pedirle que los proteja del mencionado coronavirus.
La Iglesia Católica celebra la festividad de María Auxiliadora para venerarla como protectora de la comunidad cristiana. El Papa Pio VII fijó el 24 de mayo como fecha para honrar a la madre de Jesús.
Fuente: Diario Correo.

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