El APRA, los jóvenes y la democracia

Daniel Parodi Revoredo

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Jóvenes apristas en marcha de indignados 

Normalmente no opino partidistamente, lo mío es más el análisis histórico-político y si hablo de mi partido, el APRA, lo hago destacando la trayectoria de su líder, la historia institucional o la ideología. Esta vez voy a hacer una excepción. Voy a hacerla porque me ha afectado la discriminación de la que ha sido objeto la juventud aprista en las últimas marchas de indignados, por parte de algunos sectores y voceros de la izquierda. Creo que, de una y otra parte, se debe dejar de lado los prejuicios del pasado para dar lugar a una política distinta, más seria e institucionalizada, que es lo que han reclamado los jóvenes movilizados, no partidarizados en su gran mayoría. Permítaseme pues, las siguientes reflexiones:

En primer lugar, la participación de la juventud del APRA en las marchas de indignados no es oportunista, como se ha señalado, sino básicamente coherente con la línea política-ideológica del Partido. Para hablar sólo de los últimos años, el APRA se ha manifestado abiertamente en contra del caudillismo-autoritario en Venezuela que trasgrede y copa las instituciones democráticas en su país. En segundo lugar, el APRA se ha manifestado siempre en contra de la reelección inmediata. La última vez lo hizo en contra de la voceada reelección conyugal, campaña que encabezó el Colectivo Renovar que agrupa a varias bases limeñas y provincianas de dicho partido.

En tercer lugar, la posición de la juventud del APRA se desprende de la ideología de su partido que tiene en la democracia un fin en sí mismo. Así lo afirmaba Víctor Raúl Haya de la Torre, quien sostuvo desde muy temprano que la democracia era el sistema que permitiría alcanzar la justicia social, al mismo tiempo que deslindó del socialismo por considerarlo ajeno a la realidad latinoamericana. Pues es esa misma democracia la que hoy se está defendiendo en las calles y no encuentro razón para vetar la participación de la juventud aprista en esta lucha.

En cuarto lugar, no olvidemos la historia: no olvidemos los miles de apristas muertos en Chanchán en 1932, que son mártires de la democracia, como lo son los que murieron después, tanto como los apristas que vivieron décadas de cárcel y persecución. No olvidemos que al APRA le tocó en suertes enfrentar la alianza oligárquico-militar, y que lo hizo precisamente para abrir el espacio a la democracia participativa en el Perú. Dentro de ello, no olvidemos que la satanizada alianza entre el APRA y Prado en 1956 permitió la pacificación del país, la amnistía política y la legalización de los partidos políticos proscritos, entre ellos también el PC de Mariátegui y Jorge del Prado. No olvidemos tampoco que la recuperación de la democracia en 1980 pasó por la Constitución del 79, presidida por Haya de la Torre,  siempre recordada por su esencia de justicia social. Finalmente, no olvidemos que las bases apristas dotaron la logística y organización para la realización de la marcha de los 4 suyos, paso fundamental para la reconquista, una vez más,  de la democracia el año 2000.

Que la trayectoria del APRA tiene tonalidades grises, claro que las tiene. Es verdad que la elección del TC en 2007, durante la segunda administración aprista, no fue idónea y es verdad, además, que la democratización interna del Partido Aprista es un paso impostergable para relegitimar el movimiento y colocarlo a la vanguardia de la modernización de la política peruana. Pero ello dista mucho de extender un veto contra la participación de la juventud aprista en las movilizaciones de indignados y de justificar que se le tilde de oportunista.  Si se tratase de vetar participaciones, tendríamos que comenzar con una izquierda que no ha deslindado del autoritarismo chavista que transgrede en su país lo que aquí estamos defendiendo. Entendámoslo bien, no se puede defender las instituciones democráticas en el Perú y aplaudir su transgresión en Venezuela.

Más allá de eso, lo que tenemos en el frente es una juventud que no quiere heredar nuestros antis, ni nuestras viejas querellas y rivalidades. Lo que tenemos al frente es una juventud indignada porque es la vanguardia que quiere construir un país más institucional  y serio, con una clase política significativamente mejor que la que tiene actualmente. Seamos claros, indignados no es, ni puede ser de izquierda, no es, ni puede ser aprista, indignados tiene que ser un frente de jóvenes sin partido, o con él, que busca la transformación de nuestra política, lo que pasa por superar su insoslayable mediocridad. Los jóvenes de la izquierda y del APRA, en ambos casos, deben comprender que su misión es acompañar y fortalecer a la ciudadanía, darle pautas de participación, pero nunca canalizar las protestas hacia una bandera política particular. Una mejor política es la meta de toda la ciudadanía, así debe serlo.

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