Archivo por meses: Enero 2012

Mi columna en DIARIO 16 – JFK y el fallo de la Haya

Queridos amigos:

Con la buena noticia que desde hoy aparece mi columna en Diario 16. Quiero agradecerle a Juan Carlos Tafur, director de Diario 16, por la oportunidad y a María Luisa Palacios, mi colega historiadora y coordinadora de historia en UPC, por apoyarme en mi retorno a medios; del mismo modo a Alicia Meza, destacada promotora cultural.

Gracias a mis lectores, con quienes comparto esta buena nueva

Cordialmente

Daniel Parodi Revoredo

JFK y el fallo de la Haya

Por: Daniel Parodi Revoredo
Al concluir la 2da Guerra Mundial, el mundo ingresó al periodo de la Guerra Fría, caracterizado por el enfrentamiento ideológico entre las dos superpotencias mundiales: EE.UU y la URSS. Fueron tiempos en los que el temor a la guerra atómica atormentaba a la población primermundista, especialmente la europea que se percibía geográficamente entre dos fuegos.

Kruschev y JFK tuvieron sentido común
¿lo tendrán nuestros gobernantes?

En aquel contexto hubo una serie de conflictos periféricos que pudo detonar la temida gran conflagración, pero ninguno tan intenso como la crisis de los misiles de octubre de 1962. Entonces la URSS había instalado plataformas de lanzamiento en Cuba, que apuntaban en dirección a Florida, y la Casa Blanca, con JFK al frente, desplegó un bloqueo naval alrededor de la isla caribeña para impedir la llegada de más armamento ruso.

La cuenta regresiva a la que fue sometida la humanidad fue intensa. Los medios daban cuenta, minuto a minuto, del acercamiento de la flota rusa a la línea del bloqueo que, de transponerse, iniciaría la hecatombe. Pero a poco de ello, Nikita Kruschev, presidente de la URSS, ordenó a su flota regresar a casa.

Sin duda alguna, Kennedy fue el gran vencedor de esa pulsada internacional. Además, este era el escenario soñado para cualquier presidente de USA, cuya opinión pública valora como ninguna otra los aciertos de su política internacional. Sin embargo, Kennedy no le sacó provecho mediático a su victoria. Su manejo sobrio y maduro de la crisis lo llevó a reconocer la categoría de su oponente soviético, a quien tildó de gran estadista. Consideró JFK que aquella dura coyuntura debía servir para tomar conciencia de la irracionalidad del armamentismo y para distender las relaciones Este-Oeste.

Al contrario, y más próximo a estas latitudes, recuerdo las desafortunadas declaraciones de Sixto Durán Ballén durante el conflicto peruano-ecuatoriano de 1995. Entonces dijo el ex presidente ecuatoriano que su país había ganado la guerra por goleada: 9 a 0, nueve aviones derribados por el Ecuador, ninguno por el Perú. Es por ello que soy el convencido de que la historia no es solamente una impronta temporal que los hombres no controlan. Creo, al contrario, que éstos influyen rotundamente en el curso de los acontecimientos.

Hoy, ad portas del fallo de la Haya sobre el diferendo marítimo, quiero proponer lo que parece más difícil, porque es lo más sencillo: la sentencia debe ser anunciada por los dos presidentes en conjunto, en ceremonia a realizarse en un tercer país. En ella se debe comunicar, además, la inmediata aplicación de políticas encaminadas a la reconciliación e integración bilaterales. Con el mundo a cuestas, Kennedy y Kruschev demostraron sentido común llegada la hora decisiva, ¿lo harán nuestros gobernantes?

Apareció hoy en Diario 16
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YO NO ME LLAMO JAVIER

YO NO ME LLAMO JAVIER

Daniel Parodi Revoredo

En 1993 coincidí en una reunión con Javier Diez Canseco; entonces me le acerqué y le dije que, a pesar de nuestras diferencias ideológicas, yo lo respetaba mucho porque él era un fiscalizador auténtico. Años después, en 1999 si mal no recuerdo, me topé con Javier Valle-Riestra en la calle, en la zona del golf de San Isidro, y le pregunté por el paradero de su vocación democrática; esto a poco de haber concluido su premierato fujimorista. Esa vez le dije que yo había sido su admirador y que me encontraba decepcionado por las contradicciones de su actuación política.

¿Es que no queda nadie que actúe por principios?

Con esta introducción quiero ratificarme en la premisa que esta nota defiende: la denuncia de la corrupción no puede hacerse de acuerdo con la camiseta que lleva puesta el corrupto, quien tampoco dejará de serlo por provenir de mi tienda política o tener coincidencias de intereses conmigo. Y es desde esta premisa que le reclamo a Javier Diez-Canseco la total inconsecuencia que ha mostrado al sumarse al blindaje que la comisión permanente del congreso ha tendido sobre Omar Chehade, quien claramente ha canjeado su vicepresidencia por la inmunidad (impunidad) parlamentaria.

Diez-Canseco ha presentado dos argumentos para defenderse: el primero es un descanso médico de dos días debido a una lesión en el tobillo; el segundo es la afirmación de que, de haber asistido, hubiese recusado la acusación constitucional por no existir las pruebas necesarias para encausar al ex vicepresidente. Yo no soy jurista, pero creo poseer, como la mayoría de peruanos, el sentido común suficiente como para saber que la acusación constitucional no es una sentencia; es, más bien, una decisión que permite el desafuero y el encausamiento del reo por la fiscalía. Sobre la lesión al tobillo, me pregunto si ésta hubiese sido razón suficiente para que Diez-Canseco se ausentase del hemiciclo si el encausado, en lugar de Chehade, hubiese sido Alan García Pérez o el último gobierno aprista.

Pero lo sustancial de este asunto, más allá de disquisiciones jurídicas que no me competen, es comprender a quién ha blindado Diez-Canseco oponiéndose a la acusación constitucional. Pues nada menos que a un personaje que, por encargo del grupo Wong, se reunió con importantes generales de la policía presuntamente para coordinar el desalojo de habitantes, accionistas cooperativos y trabajadores de la azucarera Andahuasi.

Establecer quien lleva la razón jurídica en lo de Andahuasi es sin duda complejo, pero la presunta matonada de los Wong en alianza con Omar Chehade ¿no es expresión de la manera como los grupos de poder influyen en las autoridades del Estado para maximizar sus beneficios, defender sus intereses y atropellar a todo el que se les pone al frente?. Es por ello que el tema me duele en lo personal, pues hasta hace poco he tenido de Javier Diez- Canseco el concepto de un político principista, de alguien a quien, como el mismo dijo alguna vez, le indigna el abuso del poder.

Así y todo, la decepción que he tenido con Javier no me desanima por completo, creo que existen mucho peruanos que actúan por convicción y de acuerdo a sus principios éticos e ideológicos. Lo que pasa es que no optan por la política o son engullidos por ella. Este es el caso de Javier, que ya tiene demasiado tiempo lidiando en sus arenas. Pienso, asimismo, que es hora de que nuevas generaciones salgan a la luz y cambien nuestra política informal, mediocre, caudillista y corrupta por otra más partidarizada, profesional, programática e institucional.

Las últimas palabras que le dije a mi padre, Ezio, cuando su vida se apagaba, es que yo en mis clases hablaba bien de Velasco; él ya no podía responderme con su voz, pero me sonrió y sus ojos le brillaron con ese brillo ingenuo tan suyo y que me regaló por última vez horas antes del final. Equivocado o no, él se fue sin desdecirse, consecuente con los principios que siempre había defendido. Quizás por ello me resulta tan chocante que el Javier del que he hablado en esta nota ya no sea tan digno de llamarse tal.

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El caso Omar Chehade: la gran desilusión

Estimados amigos:

Comparto artículo de Rafael Rodríguez Campos cuyos contenidos suscribo al 100%. Nadie deja de ser corrupto por llevar la misma camiseta política que yo, o coincidir sus intereses con los míos.

Saludos cordiales

Daniel Parodi R.

El caso Omar Chehade: la gran desilusión

Los que lo blindaron son peores que él

Todo terminó. Se activó la máquina del tiempo en nuestra negra política y el Perú volvió a sumirse en el estiércol. El discurso de la lucha frontal contra la corrupción, que le sirviera a Ollanta Humala como bandera de campaña en la segunda vuelta electoral; al menos eso es lo que nos ha demostrado el oficialismo, terminó convirtiéndose en una falsa, oportunista y mentirosa prédica, que empleada sutilmente por los publicistas del actual Presidente de la República, inclinó la balanza electoral y le dio la victoria, permitiéndole llegar a Palacio de Gobierno haciendo suya la frase: “honestidad para hacer la diferencia”.

Algunos lo intuimos, suponíamos que esto podía suceder. Lo que no podíamos presagiar, o simplemente no quisimos hacerlo, era que el cambio y la claudicación principista y de espíritu llegaría antes de haberse cumplido el primer año de gobierno. Errores, tropiezos, denuncias por corrupción siempre han de existir, siempre acompañarán el día a día de un gobierno en el Perú, en Latinoamérica, en el mundo entero. Pero a un gobierno no se lo puede tildar de mafioso o corrupto simplemente por el número de denuncias de este tipo que salten a la luz pública. Un gobierno es corrupto cuando a la luz de los acontecimientos y la contundencia de los argumentos, como ocurrió en este caso, decide, maquiavélicamente, blindar desde el Congreso a un personaje siniestro y despreciable como Chehade, amparándose únicamente en la fuerza de la mayoría de sus escaños. Las razones se exponen, los votos se imponen, así ha sido siempre en nuestro país, y así seguirá siendo, al menos durante los próximos 5 años. Esa fue la conducta fujimorista de los noventa, la aprista del segundo alanismo, y la que ya es posible presagiar en el humalismo. Ojalá me equivoque.

Si nos asqueó la manera como el fujimorismo y el aprismo unieron esfuerzos al momento de cubrir con un manto de impunidad a los corruptos durante el último quinquenio, qué podemos decir del humalismo luego de ver cómo encarpetaron el caso Chehade, sin mayor argumento jurídico o político que la simple contabilización de votos a favor de la corrupción. Trece fueron los votos que impidieron que el inefable Chehade se sometiese a una investigación ante la justicia ordinaria. Trece fueron los votos que volvieron a matar la esperanza de un país que está cansado de ver cómo la frase: “otorongo, no come otorongo”, alcanza el estatus de verdad bíblica entre nuestros políticos.

La crónica se resume en pocas palabras: “Como los defensores del ex abogado del Presidente de la República sumaban trece votos, no había más que discutir, no importaba si el informe elaborado por la Sub Comisión de Acusaciones Constitucionales, trabajado con prolijidad por la congresista Marisol Pérez Tello, daba cuenta del enorme caudal de indicios razonables en torno a la responsabilidad penal de Omar Chehade. Así, gracias a la condescendencia que muchos tienen con la corrupción, me pareció escuchar a los cacacenos reflexionar de esta manera: ¡Nosotros somos el partido de gobierno, Perú Posible juega de nuestro lado, nosotros somos trece y ellos doce, al diablo con el informe, Chehade se queda entre nosotros, Chehade es un digno padre de la patria! Además, quién no ha cometido un error”. Disculpen los que razonan de este modo, pero existe una diferencia semántica sustantiva entre error y delito, entre imprudencia y corrupción, entre torpeza y bribonería, entre defensa y testarudez, entre candidez y pendejada.

Y así terminó la historia del caso Chehade, con la complicidad de la bancada oficialista salvándole su curul congresal, con el cobarde apoyo de los congresistas del partido de Alejandro Toledo, y con la venia y mano salvadora de los otrora paladines de la moralidad Yehude Simon y Javier Diez Canseco. Mención especial merece el señor Jaime Delgado, quien en menos de 6 meses de experiencia parlamentaria ha sido rápidamente amaestrado en el arte del encubrimiento, y al votar por el archivamiento de la acusación contra Chehade, lanzó por la borda años de prestigio ganado como defensor de causas justas.

Ollanta Humala y sus parlamentarios han herido de muerte a la lucha contra la corrupción. Si el barro del caso Omar Chehade los había cubierto hasta la cintura con la denuncia hecha por los medios de comunicación por la supuesta comisión del delito de patrocinio ilegal en el cual habría incurrido el “irrenunciable Chehade”, el blindaje y apoyo brindado por el oficialismo a favor de éste terminó por sepultarlos en el fango de la indecencia y del otoronguismo parlamentario más ramplón. Y pensar que el actual Presidente del Congreso, Daniel Abugattás, o el actual Presidente de la Comisión de Constitución del Parlamento, Fredy Otárola, se rasgaban las vestiduras durante el segundo alanismo cuando la mayoría aprofujimorista echaba por tierra toda denuncia, toda acusación, todo afán moralizador. ¿Dónde están estos señores tan decentes? ¿Dónde están ahora que el Perú necesita más de ellos? ¿Dónde están cuando lo que les reclama el electorado es coherencia entre lo que se dice y lo que se hace? Muy sencillo. Están viendo la manera de perpetuar y consolidar esta mayoría parlamentaria que por ahora les permite hacer lo que quieran, a ellos, a sus promotores, y por supuesto, a su jefe mayor, su cacique empoderado con cetro y corona sentado en el sillón de Pizarro.

Pero como es sabido en política, los favores gratuitos, así como los votos de conciencia no existen, y si existen son producto de la imaginación afiebrada de quienes dicen defender al Perú un día y se congracian con quienes lo minan desde sus entrañas a la mañana siguiente. Cómo pagará este favor Chehade, cuáles serán las dádivas que los Yehude, los Diez Canseco, los Delgado recibirán de manos del ex cliente de Chehade, el Presidente de la República. Porque habría que ser muy ingenuo para no estar casi seguro de que detrás de este inmundo blindaje no está la mano de Ollanta Humala. Qué lástima, qué desilusión. Lo dijimos cuando leímos vía twitter la pregunta de la Primera Dama, Nadine Heredia, con respecto a este caso: ¿Tan difícil es caminar derecho? Sí señora Nadine. Caminar derecho es muy difícil, conducirse con honestidad es toda una proeza, casi una hazaña, sobre todo cuando el corrupto sabe que el Presidente de la República, quien personifica a la nación y al Estado, mueve los hilos y hace todo lo posible por convalidar con su silencio primero, y con el apoyo de sus ayayeros congresales después, los irregulares actos de la persona a la cual el propio mandatario le dio el honor de asumir el cargo de Vicepresidente del Perú.

Otra vez nos ganó la cobardía, otra vez se impuso en nuestro país la hediondez de la corrupción, otra vez los faenones descubiertos se convierten en expedientes encarpetados, otra vez el Congreso le hace el juego a quienes no debieron nunca pisar el Hemiciclo, otra vez los cuestionados parlamentarios le cuidan las espaldas a quienes ya perdieron todo tipo de credibilidad, otra vez los peruanos hemos sido timados, otra vez la juventud se desencanta, otra vez la clase política le hace el trabajo a los radicales, a los que creen que al Perú no lo salva nadie, que en el Perú la mierda se exporta, y que para que eso cambie se necesita la llegada de un movimiento mesiánico, violento si es posible, capaz de acabar de una vez por todas con toda esta imagen de país que alcanza el desarrollo económico pero que va en serio retroceso cuando se trata de principios y valores.

Me quedo con una imagen y una frase para recordar. Esas que pasan a formar parte del álbum de la infamia nacional o del archivo de nuestra miseria. Veo a Omar Chehade, una vez culminada la sesión de la vergüenza, cruzar de un lado a otro, acercarse a Yehude Simon y estrecharle fuertemente la mano, con una sonrisa que lo dice todo, y con una altivez de quien sabe que gracias a este “hombre de izquierda”, podrá seguir cobrándole al país su jugoso sueldo de parlamentario, más gastos operativos y otras gollerías que sólo Dios sabe tienen estos fanáticos de las películas de gánsters, sobre todo de aquellas en las cuales los delincuentes siempre ganan. Luego, recuerdo las declaraciones de Yehude Simon tratando de justificar su injustificable actuar: “no se puede condenar a una persona en función de meras presunciones”, sentenció el otrora Premier de Alan García.

Obvio señor Simon, en una democracia la inocencia se presume, no se prueba, pero casualmente debido a ello, lo que se estaba solicitando no era la imposición de una sanción penal en contra de Chehade, eso es una locura, el Congreso de la República no tiene esa prerrogativa, lo que se solicitaba era el levantamiento de la inmunidad de esta persona para que su caso pase a manos del Ministerio Público y del Poder Judicial, respectivamente, pues le corresponde a este último órgano determinar la responsabilidad penal de todo peruano. Bastaba con que se presenten indicios razonables sobre la posible comisión de un delito de corrupción para que el Congreso remitiese el caso a manos de los órganos de justicia. Ahora bien, salvo que el señor Simon sufra de algún tipo de incapacidad mental, súbita y convenientemente adquirida en estos últimos días, o tenga problemas para diferenciar entre lo real y lo maravilloso, todos tenemos claro que en este caso, razones, indicios, pruebas sobre la posible responsabilidad de Omar Chehade existían y de sobra.

El caso Chehade marcará un antes y un después en este gobierno, el caso Chehade será la piedra en el zapato que acompañará la gestión de Ollanta Humala, se equivocan los que creen que en unas semanas o meses el señor Chehade recuperará posiciones y volverá a aparecer como el gran señor, como el héroe de la lucha contra la corrupción. Cuánto daño se ha hecho el gobierno, cuánto daño se le hace al país con este tipo de conductas, cuánto tiempo hemos perdido en tratar de desentrañar este embrollo para que al final, y como siempre en nuestra patria, el acomodo político le gane la partida a la decencia. Dónde terminará todo ese paquete legislativo que el Poder Ejecutivo pensaba impulsar en materia de lucha contra la corrupción, dónde irá a parar el proyecto de reforma constitucional que pensaba presentar, curiosamente el señor Chehade, para tornar imprescriptibles los delitos de corrupción cometidos por funcionarios públicos. El Ejecutivo ha perdido el norte, y los parlamentarios oficialistas han perdido la autoridad moral para encabezar la gran reforma que el país requiere en materia de justicia. Qué pensará el país cuando el señor Chehade acuse a alguien de corrupto, que pensará la juventud cuando vean al señor Abugattás tildar a todos, menos a los suyos, de delincuentes. Seguro sentiremos cólera, rabia, tristeza de ver cómo el Perú es el país de las eternas oportunidades perdidas.

Celebran los corruptos, celebran los que amasaron fortunas con el erario nacional, celebran los que logran abandonar las cárceles gracias a las ventajas y favores del poder, celebran los malos apristas, celebran los malos fujimoristas, celebran los corruptos del régimen de Toledo. Celebran todos, porque en el Perú ya no es posible diferenciar entre buenos y malos, entre honestos y deshonestos. Porque allá donde todos son percibidos como corruptos, entonces nadie es corrupto. Porque allá dónde todo tiene un precio, y donde todo se vende, los valores son siempre relativos y la decencia es una palabra extraña que los peruanos conocemos pero no sentimos.
Rafael Rodríguez Campos » Leer más

LA HAYA Y LA RECONCILIACIÓN. entrevista en diario La Razón

Estimados amigos:

Comparto entrevista que me hace el periodista Juan Cruz para el diario La Razón. Conocidas mis diferencias con la línea editorial de La Razón, agradezco doblemente la oportunidad.

http://www.larazon.com.pe/online/indice.asp?tfi=LREntrevista01&td=11&tm=01&ta=2012


Reconciliación con Chile: ¿la veremos algún día?

Cordialmente

Daniel Parodi Revoredo

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LA REVOCATORIA A VILLARÁN

LA REVOCATORIA A VILLARÁN

Alcaldesa Susana Villarán
Nuestros canibalismo y ninguneos políticos deben dar paso al colaboracionismo

No voy a apoyar la revocatoria a Susana Villarán, como tampoco apoyé la campaña que promovió vacar a Alejandro Toledo en 2003-2004. Aunque ambas medidas son legales y democráticas, suelen ser la ocasión de obscenos “cargamontones mediáticos” impulsados por intereses mezquinos, porque la política peruana, según me dijo una amiga recientemente, es aún una guerra entre “barras bravas”.

Sin embargo, debo recordar a los defensores de Villarán la manera como ningunearon y ningunean el segundo gobierno de AGP, el que, para ellos, se reduce al Vrae, Bagua, Bisness Track y petroaudios. Los temas señalados son todos deleznables, pero en un país tan complejo como el Perú no son suficientes para negar la obra y los logros de un gobierno con cifras claramente en azul.

Así, por ejemplo, sobre el tren eléctrico dijeron que partía Lima en dos, lo dijo la misma Villarán y no pudieron reconocer que esa obra -de la que más bien puede criticarse la improvisación con la que se inició durante el primer gobierno de AGP- le ahorra más de dos horas diarias en desplazamiento a millones de limeños. Y lo hará a muchos más si en el actual periodo se realiza el segundo tramo hasta SJ de Lurigancho.

De todo esto resulta que hoy muchos apristas aplaudan la revocatoria ante quienes solo saben criticarlos y no les reconocen nada bueno, ni a su partido, ni a su historia, ni al segundo gobierno de AGP. Yo no estoy de acuerdo con las revanchas, por el contrario, pienso que si el APRA transformó la política del siglo XX, de una elitista en otra de masas, debería trazarse por meta para el siglo XXI cambiar la política “canibalizada” que tenemos ahora, por otra más moderna, profesional y concertadora. Ciertamente, esta meta debería ser común al conjunto de nuestra clase política, si es que así podemos llamarla. Sin embargo, Villarán y su entorno, en su lucha contra la revocatoria, ahora deben atenerse al pasivo de su tradicional ninguneo –académico y político- al APRA y a la derecha, y yo espero que la experiencia les sirva para generar las necesarias autocríticas.

Ya es hora de que en el Perú maduremos políticamente, es momento de que los partidos políticos realmente lo sean y de que el “canibalismo entre barras bravas” sea reemplazado por el colaboracionismo, el diálogo, la crítica constructiva y la denuncia auténtica de la corrupción.
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EL FALLO DE LA HAYA Y LA RECONCILIACIÓN PERUANO-CHILENA

Estimados amigos:

Adjunto link con entrevista que me hace Juan Cruz Castiñeiras acerca del fallo de la Haya y la Reconciliaicón Peruano-Chilena en radio Moderna hoy por la mañana.


El suscrito con el destacado periodista argentino Juan Cruz Castiñeira

Link de la entrevista

http://www.youtube.com/watch?v=1uhT2Myth-4

Saludos cordiales

Daniel Parodi Revoredo

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ENTREVISTA SOBRE LA ENSEÑANZA ESCOLAR DE LA GUERRA DEL PACÍFICO

Estimados amigos:

Comparto con ustedes la presente entrevista que me hizo mi amigo el historiador chileno Patricio Rivera Olguín, Iquiqueño de nacimiento y residencia, en suma, tarapaqueño. Luego de recibir su autorización respectiva les alcanzo sus resultados.

La entrevista es de suma importancia porque forma parte de un proyecto de Patricio Rivera acerca de la enseñanza de la Guerra del Pacífico en las escuelas peruanas, chilenas y bolivianas, con la finalidad de, a través de ella, alcanzar una educación para la paz.

Saludos cordiales y venturoso año 2012


Mi amigo y colega, el historiador chileno Patricio Rivera Olguín

El siguiente cuestionario pretende medir conocimientos, análisis y comprensión de sucesos y consecuencias de la Guerra del Pacífico (1879-1883)
Dimensiones:
1.-Representaciones sociales de la Guerra de 1879
2.-Percepciones de construcción de ciudadanía
3.-Metodologías didáctica s para la enseñanza de la guerra
Cuestionario
A.- Representaciones sociales de la Guerra de 1879.
1.- ¿Cuál es el objetivo más importante de enseñar la Guerra de 1879?

Una cosa es cuál es el objetivo más importante y otra muy distinta es cuál debería ser. Hasta la actualidad, a pesar de ciertas revisiones historiográficas y de la modernización de las secciones didácticas de los manuales escolares, el discurso que se vierte es nacionalista. En tal sentido, el objetivo sigue siendo forjar ciudadanos patrióticos a la manera tradicional.

Sin embargo, yo creo que inclusive los acontecimientos negativos del pasado pueden y deben servir para el acercamiento maduro y reflexivo entre las partes, como lo han hecho, por ejemplo, Francia y Alemania. Para nuestro caso, estamos aún lejos de un escenario parecido.

2.- Cuando enseña la Guerra del Pacífico: ¿qué causas destaca?

Básicamente hablo del salitre, pues me parece que la cuestión territorial boliviano-chilena se subordina a la explotación salitrera. Señalo que los intereses de los tres involucrados se contraponen en cierto punto y esto genera el conflicto. Más en específico subrayo los errores peruanos como por ejemplo la suscripción del tratado peruano-boliviano de 1873, pero también señalo que al estudiar el desarrollo de la Guerra parece quedar clara la intención chilena de superar geopolíticamente al Perú en el Pacífico sudamericano.

Sobre este particular, sostengo que la causa no es sólo el salitre puesto que Chile se apropió también de Tacna y Arica –regiones que no lo poseían- así como de las islas guaneras de Chincha, cerca a las costas de Lima. Sumada a todo eso la expedición Lynch, diese la impresión de que los objetivos chilenos iban mucho más allá del salitre. En tal sentido, esos objetivos también son causa de la guerra pues se ejecutan cuando se presenta la coyuntura propicia.

3.- Cuando enseña la Guerra del Pacífico: ¿cómo explica el por qué Chile ganó la guerra?

En realidad apelo a la dicotomía tradicional de orden vs caos que estudio detalladamente en mi libro Lo que dicen de nosotros (2010). Aquí entramos a una problemática compleja que atañe la relación entre la realidad y el imaginario. Es positivamente cierto que el Chile decimonónico tuvo un manejo institucional más aplicado que Perú y Bolivia. De allí que los discursos y narraciones histórica que refieren aquello, o exaltan el tema –la versión chilena – o lo vinculan con una tendencia al expansionismo agresivo –la versión peruana-.

Más allá de esta dialéctica entre historia y narratividad, Chile llega a la guerra económica y militarmente en mejor situación que Perú y Bolivia y por eso la gana. Creo que este es un dato objetivo de la realidad. Descarto, ciertamente, ideas decimonónicas que Sergio Villalobos (2002) recoge, como que el predominio de la etnia blanca en las fuerzas chilenas es explicativo de su victoria.

4.- Cuando enseña la Guerra del Pacífico: ¿cómo explica el por qué Perú y Bolivia perdieron la guerra?”

Acá también lo real y lo discursivo dialogan. En el Perú hay casi un auto-flagelamiento historiográfico. Este es el caso de Basadre que es absolutamente crítico del manejo del Estado peruano y de sus finanzas en las décadas previas a la Guerra. Estos malos manejos explicarán la llegada a la Guerra en bancarrota, con inferior armamento y preparación y, en suma, la derrota.

Sobre este particular, yo, más bien, trato de explicar en clase que la historia se escribe desde el presente mirando el pasado. En tal sentido, el historiador ya sabe como acabó la Guerra y por ello, para el caso peruano, el enjuiciamiento del periodo previo es muy crítico. Sobre el particular, yo señalo que si bien hubo corrupción y malos manejos en tiempos del guano también hubo otras circunstancias que explican la derrota.

En particular, les digo que el proyecto ferroviario de Balta, y continuado por Pardo, no fue tan irracional como se piensa y que de hecho buscaba la comercialización de los minerales extraídos de la sierra central porque se sabía que el guano se iba a acabar en pocos años. La cosa no fue, pues, tan irracional como se afirma pero la crisis mundial de 1873 echó el proyecto por tierra.

Acá intervino lo que Paul Veyne llamaba “el azar en la historia” y el Perú tuvo bastante mala suerte porque el Estado acababa de adquirir inmensas deudas para construir las vías férreas y justo estalló la crisis. Por ello se llegó a la guerra como se llegó, y por ello se perdió. En realidad, es la suma de los malos manejos, la mala administración y la aparición de imponderables como la crisis mundial de 1873 los que, sumados, explican que se llegase mal a la Guerra y que, por consiguiente, se perdiese.

5.- Según usted en qué cambió Chile, Perú y Bolivia a partir de la Guerra de 1879?

Discúlpame que casi no te hable de Bolivia, pero no he seguido mucho su desarrollo posterior a la Guerra del Pacífico. En el Perú se experimentó un cambio en realidad positivo pues las jóvenes élites ascendentes –golpeados por la Guerra y la derrota- asumieron una actitud más emprendedora y proactiva. De allí que el periodo denominado de la República Aristocrática supusiese un crecimiento económico casi continuo entre 1895 y 1918.

Sin embargo, el Perú tuvo otros problemas más allá de la Guerra y sus efectos como por ejemplo su división socio-estamental heredera del orden colonial. Las fracturas sociales en el Perú han sido conflictivas y han marcado el desarrollo del siglo XX el que implicó el paulatino tránsito a la política de masas y la universalización de los derechos políticos. Hasta hoy ese proceso no concluye en Perú.

Respecto del nacionalismo, lo que genera la Guerra del Pacífico es –parafraseando a Todorov (1991)- un nacionalismo exterior, es decir, en oposición a otro estado al que se pondera como contrincante. El nacionalismo peruano, en la actualidad, sigue teniendo en la rivalidad con Chile un pilar fundamental.

Para el caso Chileno, acá tenemos el imaginario de que se desarrolló con los recursos peruanos y bolivianos de los que se apropió. Sin embargo, entiendo que la cosa no fue tan fácil, que los intereses británicos entraron a tallar fuertemente y que en la década de 1890 empezó la expansión al norte, que en realidad fue una guerra del estado contra la Araucanía, pero aquello lo sabrás tú mejor que yo.

Voy a añadir algo sobre Bolivia, la guerra generó en el país altiplánico el trauma de la mediterraneidad y ese es, al día de hoy, quizá el asunto territorial más complejo que América Latina no resuelve aún. Seguro el tema es discutible en sus beneficios económicos, pero yo lo veo desde la perspectiva del imaginario y ese tema, al día de hoy, sigue siendo durísimo de procesar en la subjetividad de los bolivianos. Unilateralmente no se va a resolver.

B.- Construcción de ciudadanía en la enseñanza de la guerra

6.- ¿Considera que la Guerra de 1879 es relevante en el currículum de historia de su país?

Mira, tiempo que no enseño en la escuela, pero entiendo que sí es relevante, al igual que en la universidad y lo es, no tanto por las horas que se le asigna sino por la atención y atmósfera que genera en clase: es “la guerra”. Ese tema captura mucho más a los alumnos, despierta sentimientos, es un tema fuerte, denso. Y lo es además porque no se ha aplicado ninguna política binacional de la reconciliación como si lo hicieron, por ejemplo, checos y alemanes. En el Perú la memoria sobre la Guerra es muy viva y eso se percibe cuando se enseña el tema.

7.- ¿Qué es lo que debería saber cualquier ciudadano o ciudadana de esta guerra en la actualidad?

Bueno, compleja la pregunta porque es entrar a la labor de selección que hace el historiador, a partir de la cual genera historia, genera memoria, pero también produce olvidos. Lo que puedo decirte es que para el caso peruano se ha omitido el estudio de la campaña de Arequipa y del gobierno de Lizardo Montero en Huaraz y Arequipa. Tampoco se admite –en los tres países- la continuidad de la alianza Perú-Boliviana, que de acuerdo con mis investigaciones (Parodi 2001) sólo se disuelve tras la toma de Arequipa en octubre de 1883 y no en el Alto de la alianza, como comúnmente se piensa. Así que lo que no se sabe me preocupa más que lo que se sabe.

8.- ¿Qué importancia se les debe dar a los Héroes de la Guerra cuando se estudia la Historia de Perú?

Otro tema complejo. Dentro de la lógica nacionalista (nacionalismo entendido como ideología del Estado desde el siglo XIX en adelante, y que aún persiste) los héroes son muy importantes. A ver, si la idea sigue siendo forjar o construir la nación a la usanza decimonónica entonces está bien que haya héroes casi épicos. En sentido estricto no me parece mal que se conmemore a militares destacados y que se sacrificaron por su país.

Quizá el problema es que ese tipo de héroe responde a la lógica del positivismo histórico del s. XIX, cuando la historia enfocaba lo político y militar casi exclusivamente. Desde una concepción de la historia más amplia, y que se preocupa por otros aspectos de la sociedad como lo cotidiano, debería proponerse personajes ejemplares más allá de los militares. Es menester desterrar las historias nacionales exclusivamente épicas, las que al final de cuentas nos distancian.

9.- ¿-Se hace más nacionalista un estudiante que aprende la guerra de 1879?

Sin duda, y aunque está claro que actualmente los manuales escolares aplican en sus actividades didácticas ejercicios que llaman a la reflexión madura del tema, la lógica del relato sigue siendo nacionalista y confrontacional. Esos relatos siguen generando excesivo orgullo al ganador y excesivo rencor al perdedor.

Creo que ya habría que ver la guerra desde otra perspectiva: las causas desde una lógica económica, lo militar convertirse en un aspecto, ver lo social, lo cotidiano, ver el sufrimiento de las personas, de todos las partes involucradas. Para lograr esto es necesario previamente llevar a cabo una política de la reconciliación con el pasado, como te señalé en un pasaje anterior. Pero, reitero, estamos lejos de ese escenario ideal.

10.- ¿Considera usted que enseñar la Guerra de 1879 puede favorecer una educación democrática o para la paz?

Por supuesto, Francia y Alemania cuentan con manuales escolares binacionales, ese es un proyecto muy interesante. No se trata de que las partes involucradas se pongan de acuerdo en una sola versión, sino que se enseñen las tres versiones a los alumnos de cada país. Eso ayudará a conocer y respetar al otro y ver el tema con una mirada más madura.

Para esto creo que es menester que los relatos atenúen sus lógicas nacionalistas, aunque sin dejarlas necesariamente de lado. Si no se puede acabar con el nacionalismo, hay que hacer de él una ideología integracionista y menos confrontacional.

3.- Proceso de enseñanza y aprendizaje y metodologías para la enseñanza de la guerra

11.- ¿Destaca usted la Guerra de 1879 en sus contenidos de Historia de su país? ¿Por qué?

En mi caso sí, pero porque soy especialista en el tema, como mi cátedra es libre, a ese tema le doy prioridad. En universidades en las cuales los contenidos de los cursos de historia del Perú son más bien homogéneos, entiendo que se enseña como un tema más. Sin embargo, como antes he dicho, es más que seguro que captura la atención de los alumnos más que otros temas.

12.- ¿Cómo enseña usted la Guerra de 1879? ¿Qué recursos utiliza? ¿Utiliza fuentes históricas primarias? ¿Cómo? ¿Entrega importancia al texto escolar o manual de estudios escolar?

Yo ya no enseño en colegios, pero tengo una publicación sobre el discurso que presentan los manuales escolares chilenos y sobre los peruanos cuento con un material sin publicar. Yo entro a la guerra desde la teoría de la historia, allí analizo tópicos como nacionalismo, historia oficial, historia y narratividad etc.

También trabajo en base a actividades que algunos llaman ABP, los alumnos resuelven en grupo cuestionarios a lecturas académicas y de allí hacemos plenarios y debates donde participa toda la sección.

13.- ¿Destaca usted los hechos bélicos de la guerra de 1879? ¿Qué importancia le da a otros tipos de aspectos de la guerra? ¿Podría poner algún ejemplo?

Buena pregunta, yo veo mucho lo diplomático porque en 2001 publiqué un libro que sostiene la tesis de que la Alianza Perú-Boliviana prolongó sus gestiones hasta 1883, entonces veo toda la parte diplomática, la mediación de Estados Unidos etc. Lo social lo veo cuando trabajo a Miguel Iglesias, allí enfatizo las fracturas sociales al interior del país, las que se manifestaron en el conflicto.

Esta pregunta es pertinente, yo mismo me la estoy haciendo ahora ¿cómo enseñar una guerra sin hacer de su narración el recuento épico de enfrentamientos entre vencedores y vencidos? Esa es la cuestión.
14.- ¿Qué cree usted que aprenden sus estudiantes?

De acuerdo a como enseño el tema aprenden a distinguir y analizar discursos históricos, aprenden a tomar distancia de ellos y a entenderlos en tanto que discursos ideológicos. Pero también aprenden un poquito a ser más peruanos. Yo no puedo negar que en la enseñanza de la historia hay un elemento sentimental, el que también existe en mí. Puedo sonar contradictorio, pero creo que en mis sesiones se dan ambas cosas a la vez y cualquiera de ellas puede influenciar más en los estudiantes.

Siguiendo con las contradicciones, también trato de que se pongan en el lugar del otro, siempre les pido que se pregunten ¿qué hacer con un mediador que no se declara neutral?, sólo allí comienzan a ver al otro, no es fácil pero es el principal desafío.

15.- ¿Qué mejoraría usted de los contenidos y la metodología de enseñar la Guerra del Pacífico?

Bueno, añadiría la continuidad de la Alianza Peru-Boliviana hasta octubre de 1883, eso ya cambia todo el escenario político, diplomático y militar de la segunda etapa del conflicto. Por otro lado, trataría de buscar ejemplos cotidianos de cómo vivieron la guerra los soldados, o las mujeres, pero no aquellos que fueron héroes, sino en la vida diaria. Como sobrevivían, como cambiaron las cosas más menudas desde que la guerra comenzó, vería cartas de la época de la guerra pero que no hablen más que indirectamente de ella. Mira, se me acaba de ocurrir un tema de investigación!

Entrevistador: Patricio Rivera Olguín
Entrevistado: Daniel Parodi Revoredo » Leer más