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Fidel y los dictadores

FIDEL Y LOS DICTADORES

 Tratarlo de asesino es un simplismo

Me precio de haberme opuesto a todas las dictaduras, de las más cercanas en el tiempo, la de Hugo Chávez y la de Alberto Fujimori, que he encontrado parecidísimas e igual de obscenas. Pero no por lo dicho voy a renunciar al análisis, ni a caer en el maniqueísmo barato de andar por ahí gritándole asesino a uno u otro.

Enseño Fujimori en clase y no puedo dejar de decir que sentó las bases de nuestro actual modelo económico, que guste o no guste, es la clave para que en los últimos años, tras recuperar la democracia, el Perú haya reducido exponencialmente la pobreza. Pero seguidamente hablo de la dictadura fuji-montesinista, de su profunda oscuridad, crímenes de lesa humanidad, y de la corrupción con la que capturó el aparato del estado, acabando con nuestra institucionalidad democrática.

Con Fidel Castro me toca hacer lo mismo, está claro que lleva muertes a cuestas, lo que es repudiable, pero no puedo reducirlo a eso, tanto como tampoco puedo reducir la Revolución Francesa a la guillotina. Parece mentira pero es verdad, la revolución de la libertad, la fraternidad y la igualdad violó como casi nadie los derechos humanos. Es que así está escrita la historia, tan humana como la contradicción, como diría Miguel Ríos.

Hay sin embargo, un caso en el me contradigo, en el que todos nos contradecimos y que amerita revisarse ¿qué pasa con Hitler? Es positivamente cierto que a Hitler no lo hemos analizado, solo lo hemos condenado. Quizá porque la humanidad hizo una excepción con su máximo genocida, al punto que hasta su más cercano competidor, José Stalin, y sus horribles campos de concentración, no han impedido el análisis cotidiano del proceso soviético y digo cotidiano porque, en efecto, los historiadores sí hemos estudiado a todos sin excepción, inclusive a Hitler.

Marx decía que la violencia es la partera de la historia, no es que yo sea marxista pero la frase me dice cosas respecto de Fidel Castro quien enfrentó y derrotó a un imperio que no le dio tregua pero pagando el alto precio de convertirse él en emperador y proceder como tal contra su pueblo. Esto no me impide reconocer el éxito de algunas de sus políticas públicas, ni la manera como inspiró a generaciones de latinoamericanos.

Conversaba con mis alumnos recién sobre la muerte de Fidel Castro. Para empezar todos sabían de quien estaba hablando y lo subrayo porque hoy no todos los peruanos saben quién fue Fernando Belaúnde. Es que Fidel Castro nos tocó a todos e incluso la actual generación, que sólo lo conoció en su retiro, sabe perfectamente de quien se trata.

Entonces dialoguemos, intercambiemos ideas, ampliemos el debate todo lo posible, charlemos inter-generacionalmente que si hay quienes dan para eso, estos son precisamente Fidel Castro y la Revolución Cubana. Cuando decimos, sin más, que Fidel Castro fue un asesino, en realidad estamos asesinando el debate, la memoria histórica, la reflexión, cuando tenemos tanto de que hablar sobre él y sobre el che Guevara, como promotores de sueños de justicia que se perdieron con el tiempo en un despertar autoritario.

Daniel Parodi

Publicado en La Mula el 26 de noviembre de 2016

https://daupare.lamula.pe/2016/11/28/fidel-y-los-dictadores/daupare/

¿Fidel o Castro?

 

¿Fidel o Castro?

“Fidel Castro es el resultado de la equivocada política exterior estadounidense frente a nuestra región”
¿Fidel o Castro?, por Daniel Parodi
Foto: El Comercio

Les pido perdón por ser más historiador que político en esta reflexión sobre la vida de Fidel Castro. Tratarlo de asesino, sin más, es empobrecer la discusión sobre un personaje que marcó la vida de los latinoamericanos, como Augusto Pinochet la de los chilenos. Ambos, cada uno desde su extremo, llevan muertes a cuestas pero en tanto que hombres que ejercieron el poder por décadas, la revista de sus trayectorias no puede limitarse a un aspecto, ni aun si se trata de lo más sagrado: la vida. ¿Cómo recordar entonces al líder de la revolución cubana?

En primer lugar, Castro es el rostro latinoamericano de la Guerra Fría, es a través de él que comprendimos que había dos potencias y dos sistemas en pugna por el control del planeta y que, aun sin desearlo, estábamos involucrados en el enfrentamiento. Ya sea durante la crisis de los misiles de octubre de 1962 o en su recordado discurso ante la ONU en 1979, en representación de los países no alineados, con Castro entendimos que jugábamos un rol en la política planetaria o al menos queríamos jugarlo.

La revolución, el socialismo y la posibilidad de expandirlos por toda América Latina es otro aspecto clave para pensar a Castro después de su muerte. Todo en su contexto. En 1959 el socialismo era una utopía que millones de seres humanos creían posible, pero mientras este sistema significaba la opresión de los soviéticos y europeos del este, para nuestras entonces jóvenes generaciones latinoamericanas fue el espejismo de un futuro con justicia e igualdad, tal y como rezaba el discurso revolucionario, aunque este poco o nada se pareciese a su realidad.

Por otro lado, Fidel Castro es el resultado de la equivocada política exterior estadounidense frente a nuestra región. Sin mayores distingos entre las políticas del “gran garrote” y “el buen vecino” de Theodore y Franklin Roosevelt, respectivamente, Estados Unidos convirtió a las naciones caribeñas en meras repúblicas bananeras, cuando no en prostíbulos y salas de juego. Por eso la revolución castrista comenzó como un movimiento nacionalista. La otra equivocación la reconoció el propio Kennedy, quien señaló que, en 1959, cuando Castro viajó a Washington tras su victoria, debieron recibirlo con los brazos abiertos. Eisenhower, en cambio, lo desplantó aduciendo que tenía pendiente una partida de golf. Es así que Estados Unidos creó su propio monstruo a apenas 80 millas de sus costas. Agredido sostenidamente por su colosal vecino, muy poco tiempo después de la revolución, Castro y su régimen cayeron completitos en manos del líder soviético Nikita Kruschev y abrazaron el socialismo.

Con el paso de las décadas, la revolución envejeció al igual que sus líderes. Los primeros tiempos fueron la gloria: por eso la euforia inicial soslayó la pésima relación del régimen con los derechos humanos, la implacable persecución de la disidencia, los juicios sumarísimos a los opositores y hasta la penalización de la homosexualidad. De lo último recientemente se disculparon pero lo demás es, hasta hoy, el crudo testimonio de los excesos a los que lleva cualquier totalitarismo, ya sea de izquierda o de derecha.

Fidel Castro fue hábil e inteligente. Fue un autoconvencido de la causa que lideró, capaz de introducirla en la posguerra fría y conducirla hasta el 2006, superando los pronósticos más optimistas. Pero se ha ido, finalmente se ha ido y nos deja un legado que se devanea entre la justicia social, el idealismo y la peor pesadilla orwelliana. Su trayectoria acaba de concluir pero el debate historiográfico recién comienza, dejen a la historia hacer su trabajo, pues para Castro la política, tanto como la vida, finalmente han terminado.

Publicado en El Comercio el 30 de noviembre

http://elcomercio.pe/opinion/colaboradores/fidel-castro-daniel-parodi-noticia-1949974

Perú-Chile: ¿liderazgo regional?

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PPK en la CEPAL, en su reciente viaje a Chile

Perú-Chile ¿liderazgo regional?

A PPK le preocupan los proteccionismos comercial y fronterizo que se han expresado en las victorias del Brexit en Inglaterra y de Donald Trump en Estados Unidos. Para enfrentar tendencias mundiales que podrían afectar nuestra postura librecambista el Perú está buscando aliados y ha visitado al que tiene más cerca y con el que está mejor integrado: Chile.

Este último ha recibido de la mejor manera a nuestro primer mandatario, superándose así un periodo de enfriamiento como resultado de la cuestión del “triángulo terrestre” y del espionaje en 2015.  Por ello, la Declaración firmada el pasado 29 de noviembre por ambos mandatarios podría darle inicio a una etapa de liderazgo de nuestros dos países en la región, apuntando hacia la globalización.

Para tal efecto, no solo se han reactivado los mecanismos 2 + 2 sino que desde el próximo año tendremos gabinetes binacionales, como los que ya nos unen a Ecuador, Colombia y Bolivia. Asimismo, Chile apoyará la candidatura del Perú a la OCDE y a la presidencia de la CAF, mientras nosotros los apoyaremos en su meta de obtener la secretaría general de ALADI. Además, se potenciarán foros comerciales como la Alianza del Pacífico y los TLC.

Un aspecto en particular que me ha agradado del documento suscrito por ambos mandatarios es el de “establecer un foro de diálogo entre la sociedad civil y las distintas instancias de gobierno de ambos países”. Tiempo atrás publiqué un artículo titulado “oficina Abtao” que proponía la creación de una institución binacional que llevase el nombre del combate naval en el que pelean juntos Miguel Grau y Arturo Prat, con la finalidad de sacar adelante importantes iniciativas de la sociedad civil para acercarnos más los unos a los otros.

En el tintero se queda el mal llamado “triángulo terrestre”. Esto es comprensible debido a la tensión que genera el proceso que Bolivia le sigue a Chile en La Haya. Sin embargo, la historia reciente nos muestra como súbitamente puede enfriarse nuestra relación con Chile debido incluso a subjetividades que remiten al pasado pero que nunca han merecido la debida atención de las partes.

La Declaración del 29 de noviembre es el acta de nacimiento de una alianza estratégica entre dos país que se necesitan mutuamente. Por ello mismo, debe constituirse en la ocasión de despejar las dudas y de conversar con sinceridad sobre aquello que nos separa para compartir gestos y alcanzar su superación.

Publicado en Expreso el 2 de diciembre de 2016

Perú-Chile, ¿Liderazgo regional?

Tren bioceánico por Bolivia

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Tren bioceánico por Bolivia: la historia

En 1876 se inauguró en el Perú un tren que fue el resultado del controversial contrato Dreyfus de 1869. Se trata del ferrocarril del sur que cubría la ruta Mollendo – Arequipa – Puno. Su intención no solo fue transportar rápidamente a la costa las lanas y minerales del sur peruano, sino facilitar la salida y entrada del comercio boliviano al Océano Pacífico. Recordemos que entonces las mercaderías bolivianas utilizaban la larga ruta hasta Arica, tradicional desde los tiempos coloniales. Con el tren, los productos del país vecino debían trasladarse hasta solo Puno para allí continuar en ferrocarril hasta el puerto de Mollendo.

Esta situación la modificó el Tratado de límites chileno-boliviano de 1904 que acordó la construcción de un ferrocarril Arica – La Paz, cuyas obras comenzaron a ejecutarse en 1905 y se concluyó en 1913. Desde entonces Chile hizo realidad unos de los objetivos geoeconómicos que se trazó durante la Guerra del 79: que el comercio boliviano fluya al océano desde sus aduanas y ya no desde las peruanas.

No está de más recordar que la construcción de dicho ferrocarril contravino indirectamente las estipulaciones del tratado de Ancón que establecían la realización de un plebiscito en Arica y Tacna en 1894 para que sus pobladores decidiesen si se mantenían en Chile o se reintegraban al Perú. La construcción del ferrocarril supuso la confirmación, de facto, de la anexión chilena de Arica pues Chile no dejaría ir un puerto en el que había invertido tanto.

Hoy, cuando el proyecto Bolivia-mar sigue encarpetado en nuestro Congreso por aprehensiones nacionalistas que remiten al siglo XIX, el apoyo peruano a la construcción de un ferrocarril bioceánico desde las costas del Pacífico del Perú hasta las atlánticas de Brasil, pasando por Bolivia e interconectándose, en el camino, con Paraguay, Uruguay y Argentina, es una estupenda noticia, es la llegada de la era postnacional, es pensar la región en términos globales, por lo que esperamos que pronto se convierta en una feliz realidad.

Hay que comenzar a redefinir los conceptos de soberanía, territorio y frontera con ojos del siglo XXI. Solo así alcanzaremos la interconexión regional y lograremos a ser competitivos en el mundo global.

Publicado en Diario Expreso el 21 de octubre de 2016

NICARAGUA: ni socialismo, ni democracia

Nicaragua: ni socialismo, ni democracia, por Daniel Parodi

NICARAGUA: ni socialismo, ni democracia

Recientemente tuve la oportunidad de asistir a la conferencia de Edmundo Jarquín Calderón, ex embajador de Nicaragua y ex candidato a la vicepresidencia por el Partido Liberal Independiente, organizada por la comisión para la creación de la Facultad de Relaciones Internacionales de la PUCP. Jarquín es disidente del Frente Sandinista para la Liberación Nacional (FSLN), liderado casi cuatro décadas por Daniel Ortega, presidente de la nación centroamericana desde el 2006.

La disertación de Jarquín me deja la sensación de que un fenómeno latinoamericano que atraviesa siglos, décadas e ideologías no es otro más que el caudillismo providencial y que este es el verdadero enemigo de la democracia en la región, más allá de derechas e izquierdas sistémicas y de uno que otro que todavía cree en la lucha de clases, tal y como la plantearon Marx y Engels hace casi 200 años.

Nos contó Jarquín la historia latinoamericana en clave nicaragüense; es decir, la de un siglo XX en el que la dictadura pesó más que la democracia. Hasta 1979 gobernó Nicaragua la tiranía de los Somoza, luego siguieron diez años de revolución sandinista que, justo es decirlo, no pudo consolidarse, entre otras razones, debido a la subvención estadounidense de las fuerzas  contrarrevolucionarias. Finalmente, en 1990 se abre el telón de la república liberal con el triunfo de la opositora Violeta Chamorro, lo que dio lugar a sucesivos gobiernos constitucionales hasta el 2006 en que Daniel Ortega gana las elecciones y vuelve al poder. Es entonces cuando el proceso de construcción democrática nicaragüense ingresa en un período de franco retroceso.

Jarquín añadió que Ortega se cuidó de mantener el manejo macroeconómico de corte librecambista y favorable a la inversión extranjera de los regímenes anteriores (que ha permitido, desde 1990, una considerable reducción de la pobreza en el país centroamericano). Asimismo, el líder del FSLN ha logrado ganarse el apoyo de la oligarquía nicaragüense, más preocupada por la estabilidad económica que por la institucionalidad democrática. En simultáneo, “el comandante Daniel” se sumó hábilmente al chavismo venezolano, lo que le depara alrededor de US$15.000 millones al año en subvención petrolífera. Con todo este respaldo, lo único que le faltaba a Ortega era cruzar el Rubicón que separa la democracia de la dictadura, y vaya que lo cruzó.

El autoritarismo sandinista, explicado detalladamente por Jarquín en su conferencia, se ha agudizado desde que el sandinismo retomó el poder el 10 de enero del 2007. Así, las elecciones municipales del 2008 fueron muy cuestionadas y anunciaron lo que sucedería en las presidenciales del 2011, donde Ortega obtuvo una nueva victoria, sin la observación electoral del Centro Carter, considerado parcial por el Consejo Supremo Electoral, y en medio de serias denuncias de fraude. Seguidamente, comenzó a aplicarse un plan para transformar su régimen en una dictadura de partido único cuyos resultados más notables hemos podido observar este 2016: se ha cancelado la personería jurídica de las agrupaciones opositoras PLI y PAC y, seguidamente, se ha destituido a los 28 representantes de la oposición en el Congreso.

Con todo lo dicho podemos añadir, sin temor a equivocarnos, que el sandinismo ganará las elecciones de este domingo 6 de noviembre porque Ortega corre prácticamente solo, o más bien, con su esposa Rosario Murillo, candidata a la vicepresidencia. De allí el alucinante eslogan de campaña: “Dios, el comandante Daniel y la compañera Rosario”. ¿Cómo una revolución socialista legitimada por haber derrocado la dictadura dinástica, familiar y autoritaria de los Somoza se convierte en la dictadura dinástica, familiar y autoritaria de los Ortega? Pobre América Latina, cuyos emprendimientos democráticos, ya sean de izquierda o de derecha, desembocan siempre en el caudillo providencial. El rey ha muerto, ¡viva el rey!

Publicado hoy en El Comercio

http://elcomercio.pe/opinion/colaboradores/nicaragua-ni-socialismo-ni-democracia-daniel-parodi-noticia-1943266

 

El fin de la “farra roja”

 

El fin de la “farra roja”

Foto: Mundiario

Por Daniel Parodi

Cuando en 1999 Hugo Chávez asumió el poder en Venezuela, se le comparó con la dupla Al­berto Fujimori-Vladimiro Mon­tesinos. De hecho, aquel acogió al segun­do y aprendió mucho de sus lecciones sobre cómo controlar el Estado como a un ramillete de flores para con esas mismas flores barrer las instituciones democráticas. Entonces estaba claro que Chávez no era más que un gorila finisecular, típico dictador latinoame­ricano, antecedido por otros como Pé­rez Jiménez, Pinochet, Videla y, entre los nuestros, Fujimori, Odría, Sánchez Cerro y Leguía.

Pero estos autócratas siempre han necesitado un discurso legitimador aso­ciado con el culto a la personalidad: a Leguía le decían ‘Viracocha’, a Odría ‘General de la Alegría’. A Chávez, en cambio, le pareció más ‘nice’ vestir­se de rojo, disfrazarse de socialista y reciclar la desfasada diatriba esa que presenta a la izquierda como a la bue­na del cuento, que está con el pueblo y lo defiende de los malos ricachones, aliados obsecuentes de la explotación transnacional. Y es así como el ‘Co­mandante Chávez’, hoy encarnado en un pajarico canturrero, se presentó al mundo como el padre del socialismo del siglo XXI.

Mientras solo fue un burdo imita­dor de Fujimori, todos condenamos a la dictadura venezolana, pero cuando Chávez se puso la camiseta roja, la iz­quierda peruana rompió sorpresiva­mente en estruendosos aplausos pi­diendo a gritos sus politos rojos para lucirlos con orgullo. No importaba que el dictador Chávez hubiese echado por la borda el constitucionalismo de la hermana Venezuela: ¡era rojo! con lo cual la democracia, tan defendida con­tra Fujimori, volvió a convertirse en un lujo burgués, frívolo y prescindible.

Lo que no le dio la gana de compren­der a nuestra izquierda es que Chávez jamás fue socialista y que lo que ins­tauró fue un carnavalesco asistencia­lismo autoritario financiado por el exu­berante precio del barril de petróleo. Daba para tanto la farra, que “El Co­mandante” se dio el lujo de financiar parrandas análogas en otros países de la región, aunque nunca tan orgiásti­cas como la suya. Total, Versalles es Versalles.

La farra roja terminó tan pronto cayó el precio del petróleo. Hace pocos días Marisa Glave finalmente condenó el chavismo, pero Verónika Mendoza aún mira hacia el costado. Más que una condena, a nuestra izquierda le hace falta un mea culpa, a ver si así termi­na de comprender que el socialismo del siglo XXI es cosa de demócratas y no de gorilas vestidos de carmesí.

Publicado en Exitosa el Domingo 30 de octubre

OPINIÓN | Daniel Parodi: El fin de la “farra roja”

Entrevista para La Razón de Bolivia: “El día que Bolivia llegue al Pacífico los beneficios serán infinitos”

 

Daniel Parodi: El día que Bolivia llegue al Pacífico los beneficios serán infinitos

El experto peruano en la Guerra del Pacífico, las relaciones peruano-chilenas y la historia de la República del Perú, habló con La Razón sobre el actual proceso de diálogo entre Bolivia y Perú a merced del segundo gabinete binacional. Además, recordó la existencia de un proyecto ferroviario peruano que fue planteado antes de la vigencia del Tratado de 1904, firmado entre Bolivia y Chile.

 Daniel Parodi. Foto: La Razón

La Razón Digital / Mauricio Quiroz / La Paz

— Bolivia y Perú han abierto un periodo de conversaciones, uno de los más intensos de su historia contemporánea. ¿Cómo evalúa este proceso de diálogo? ¿Qué otros procesos de diálogo entre Bolivia y Perú, registrados a lo largo de la historia, se podrían destacar?

— Desde una mirada histórica, Perú y Bolivia no debieron separarse nunca, nuestra fragmentación en dos países fue antinatural, por decirlo de algún modo.

Si me preguntas por procesos de diálogo previos, tendría que hablar incluso del periodo preincaico de Tiwanaku y Wari, de la relación de los Incas con los Lupaca, de la era colonial en la que formamos parte del mismo virreinato, cuya economía la movía la plata potosina, para cerrar con el proyecto confederado de Santa Cruz que lamentablemente no se concretó. Y todo esto sin mencionar la unidad geográfica, cultural, lingüística y comercial. Creo que pocos países están tan cerca el uno y el otro. Venimos a ser como Austria y Alemania en Europa, para citar un ejemplo.

— ¿Por qué los países sudamericanos no pudieron hacer un tren bioceánico hasta ahora? ¿Perú y Bolivia ya tenían un proyecto anterior a 1904?

— En el siglo XIX, si bien imperaba el capitalismo, no teníamos una globalización tan extendida como ahora ni teníamos a la China y los tigres del Asia en plena revolución industrial al otro lado del Pacífico. Lo revolucionario en esa época, lo que unió a aquel con su par Atlántico, fue el canal de Panamá inaugurado en 1915.

Lo que entonces sí existió fue el intento de facilitar la salida del comercio boliviano y sur-peruano al Pacífico a través del ferrocarril Puno-Arequipa-Mollendo inaugurado en 1876.  Las mercaderías bolivianas solo debían llegar a la ciudad lacustre pasando el lago Titicaca por Puerto Pérez. Recordemos que hasta entonces dicho comercio utilizaba la antigua ruta colonial por Arica y se transportaba en recuas de mulas, lo que hacía que se requiriese varios días de camino para alcanzar las costas del mar. Volviendo al presente, ya con la economía del mundo completamente integrada, es que surge el proyecto de unir ambos océanos atravesando Sudamérica, lo que implica unir Brasil, Bolivia y Perú y favorecer conexiones comerciales con Ururguay, Paraguay y Argentina. Me parece que lo más coherente es que ese tren salga al Pacífico por el puerto de Ilo; es decir, por Boliviamar, proyecto que ojalá pronto se apruebe en el Congreso peruano e impulsar la integración en todos los niveles.

— ¿Todavía existen resabios de la Guerra del Pacífico en Perú? ¿Cuál es la valoración que se hace en su país sobre el reclamo histórico de Bolivia para acceder al mar?

— Me parece difícil hablar a nombre de todo mi país, no creo que haya una sola posición al respecto, aunque predomina una simpatía por la causa marítima boliviana, que se origina en una guerra que libramos juntos y en la que el Perú perdió muchísimo también.

Ya que la pregunta está, permítaseme una sugerencia: Bolivia debería revisar la idea de un corredor soberano, la que genera resistencias en Chile pues se dice que partiría en dos su territorio y en el Perú, pues, se piensa que la solución del problema marítimo boliviano, si se realizase por Arica, supondría perder nuestra condición de país limítrofe con el vecino del sur. Tengamos presente que la actual relación entre Perú y Chile es socioeconómicamente interdependiente y complementaria, por eso este tema es tan delicado.

Creo que Bolivia debería pasar a un esquema posnacional y pensar, más que en un corredor soberano, en una vía de comunicación desde el interior de su país hasta un enclave litoral. Quizá en este esquema a Chile se le haga más sencillo ceder soberanía en su costa, lo que resulta difícil debido a nuestras subjetividades pues todos —peruanos, bolivianos y chilenos— hemos sido criados en el nacionalismo y existe la idea de que ceder territorio es casi una traición. Pero este enfoque del siglo XIX es algo que ya deberíamos cambiar.

— ¿Cree usted posible una alianza estratégica entre Bolivia, Perú y Chile tras el actual proceso histórico-judicial?

— A Haya de la Torre, un gran político peruano del siglo XX, le molestaba mucho la problemática entre nuestros tres países. En la década de 1920, hace casi 100 años, él señalaba que ese conflicto era azuzado por el imperialismo para evitar hacer de América del sur un bloque económico y político que compita de igual a igual con las grandes potencias.

El lenguaje puede haber cambiado pero a Haya no le faltó razón. ¿Te imaginas lo que será cuando no haya más lío entre nuestros países? ¿Te imaginas una Alianza del Pacífico con Bolivia, Argentina y Ecuador? Mira nada más la paz peruano-ecuatoriana de 1998, cuando resolvimos nuestros temas limítrofes. Bastó resolver el problema para potenciar exponencialmente nuestra relación y entrar a una fórmula ganar-ganar. Por eso, yo estoy seguro de que el día que Bolivia alcance las aguas del Océano Pacífico los beneficios para nuestros tres países serán infinitos, mientras tanto, Perú y Bolivia deben seguir acercándose, a través del ferrocarril bioceánico y los gabinetes binacionales como el que sostendremos en noviembre.

Publicado en Diario La Razón de La Paz, Bolivia el domingo 30 de octubre de 2016 http://www.la-razon.com/nacional/Daniel-Parodi-Bolivia-Pacifico-beneficios_0_2590540992.html

El pueblo dijo NO

 

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El pueblo dijo NO

Las reacciones ante la victoria del NO a los acuerdos de paz entre el gobierno y las FARC en Colombia han generado un debate más polarizado y maniqueo en el Perú que en la tierra del café. Allá las opiniones de los protagonistas han sido ponderadas; coherencia en el Presidente Santos, en el opositor Andrés Pastrana y hasta en Álvaro Uribe, tan destemplado crítico de las negociaciones.
Acá, en cambio, aprovechamos la ocasión para agarrarnos a “chavetazos” izquierdistas y derechistas: los primeros, con su habitual “desdén por lo popular” si decide distinto a lo que ellos piensan, han deplorado la “inconciencia” de los colombianos en dejar ir una paz esquiva hace 52 años y hasta han sugerido revertir el resultado en el Congreso.
La derecha ha arremetido contra los “rojos”, denunciando una  conspiración comunista y la consumación de una inaceptable impunidad al terrorismo, al que no dejaron de comparar con la violencia interna que sufrimos en las décadas de los 80s y 90s. Ni siquiera han faltado los pedidos de renuncia de Santos a la presidencia, cuyo periodo concluye recién en dos años.
Pero el No al referéndum es un mensaje del pueblo colombiano: no queremos la paz en estas condiciones y esta decisión soberana debe ser respetada por la comunidad internacional, tanto como comprenderse que algo intragable debió contener el acuerdo de paz para que Colombia rechace lo que avalaron el Papa Francisco y Ban Ki-moon.
Las 26 curules de oficio en el parlamento colombiano, la cadena de televisión, las de radio en cada provincia, la subvención económica a la cúpula daban la impresión, más que de amnistiar, de convertir  a las FARC en un partido político con evidentes ventajas sobre los demás. ¿Un plan para la futura toma del poder? Esos puntos, sin duda, deben revisarse.
Lo positivo del resultado es la voluntad de continuar negociando, expresada en la invitación de Santos a la oposición a sumarse a ella. Ahora la pelota está en manos de los detractores del proceso de paz pues una amnistía como esta requiere necesariamente concesiones recíprocas: 260.000 muertos y tantos millones de vivos en las zonas de conflicto la claman, Colombia la necesita para lanzarse al mundo.
¿Tendrá la oposición colombiana la voluntad de renegociar la paz admitiendo concesiones imprescindibles a las FARC o buscará, por cálculo político, llevar el proceso a puntos muertos para hacerla fracasar? Esperamos lo primero.
Publicado hoy e Expreso

El pueblo dijo no

PPK en la ONU

 

PPK EN LA ONU

PPK ONU

La primera foto que recordaremos de la reciente intervención de PPK en la Asamblea General de las Naciones Unidades es aquella en la que se dirige al pleno; la segunda es en la que aparece sentado en el escaño de la representación peruana junto al canciller Ricardo Luna, nuestro embajador en Washington Carlos Pareja y nuestro representante permanente en el referido foro mundial, el embajador Gustavo Meza Cuadra. La imagen grafica el inicio de un periodo de fecunda coordinación entre los Palacios de Pizarro y Torre Tagle, sin la cual es muy difícil acertar en el camino hacia el desarrollo, con la OCDE como la luz al final del túnel.

Por eso la alocución presidencial comenzó manifestando la sintonía del Perú con los 17 objetivos de desarrollo sostenible al 2030 de la ONU. PPK apuntó hacia objetivos sensibles como el clima y la vida submarina, y subrayó que el “Perú promueve el crecimiento verde articulando el uso de ecosistemas terrestres y marinos”

Desde este punto saltó al análisis de la realidad local e introdujo a la conferencia el proyecto Sierra Azul, cuya funcionalidad pasa por la recolección de las aguas provenientes de las lluvias amazónicas. Seguidamente, siempre a través del agua, relacionó su plan de gobierno con otros objetivos de la ONU como la salud y el saneamiento. Así también, PPK conectó con la principal meta de las Naciones Unidad: el fin de la pobreza, porque no se entiende un Perú libre de aquella si uno de cada tres peruanos no tiene agua y desagüe.

En otra parte de su intervención, PPK refirió el posicionamiento del Perú en un mundo global en el que difícilmente se puede competir sin constituir bloques regionales sumando las economías de varios estados. Por eso el Presidente subrayó la necesidad de “profundizar coincidencias con países con desafíos similares”, lo que implica también fortalecer “nuestro compromiso con la consolidación de la democracia, los derechos humanos y el Estado de Derecho, en tanto que pilares de la gobernabilidad”.

La mención de PPK a Venezuela no por sutil dejó de ser importante. La precariedad institucional del país llanero es el principal obstáculo para profundizar coincidencias entre estados vecinos pues los restos del chavismo continental son el lastre que nos impide, hasta hoy, fortalecernos como bloque regional  y apuntar hacia la globalización mundial.

En New York, PPK vuelve a dejarnos la impresión de tener las cosas claras; ojalá y los vientos locales apunten en la misma dirección que su emprendimiento.

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Aparecen embajador Gustavo Meza Cuadra, Canciller Ricardo Luna, Pdte PPK, y detrás, embajador Carlos Pareja, en la asamblea de las NNUU

Publicado hoy 23 de septiembre en Diario Expreso

 

 

El fin de la democracia en Venezuela

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Almagro se juega por aplicación de Carta Democrática de OEA en Venezuela

El fin de la democracia en Venezuela

El pasado 22 de agosto el secretario general de la OEA, Luis Almagro, publicó una carta dirigida a Leopoldo López, preso de conciencia venezolano, cuya condena a 13 años y nueve meses de internamiento acaba de ser ratificada por la Corte de Apelaciones de Caracas.

A pesar de que la misiva es un mensaje de aliento al líder opositor venezolano, a quien Almagro le ha dicho “tu suerte está atada a la de tu pueblo que seguramente será libre cuando tú lo seas”, lo que advierten sus entrelíneas es un definitivo punto de quiebre: OEA tomará resueltamente cartas en el asunto a base de lo establecido por el título IV de la Carta Democrática Interamericana (CDI).

Cómo preámbulo, ha señalado Almagro que ya Mercosur le ha negado a Venezuela la presidencia pro témpore que le correspondía; asimismo ha recordado que el secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, ha denunciado que el país llanero vive una crisis humanitaria y que el Alto Comisionado para los DD.HH. de esta institución ya ha exhortado a aquel a cumplir sus obligaciones. Al mismo tiempo, advierte que inclusive el Parlamento Europeo ha instado a Venezuela a liberar a sus presos políticos.

La sentencia de Almagro es categórica: “no quedan razones jurídicas, políticas, morales o éticas para no pronunciarse y condenar un gobierno… que se ha deslegitimado a sí mismo… se ha traspasado un umbral, que significa que es el fin mismo de la democracia”.

Lo que se viene ahora es la aplicación de la CDI. Esta señala que en caso de alteración del orden constitucional en un país miembro, OEA mediará sus buenos oficios para lograr su pleno restablecimiento. Señala también que de tornarse crítica la situación OEA suspenderá de sus fueros la membresía del país transgresor de la CDI, lo que no obsta que aquel foro internacional continúe sus gestiones de alto nivel hasta lograr la superación de la crisis y la democratización del país sancionado.

Esas son las entrelíneas de la carta que Almagro le ha enviado al preso político que hoy encarna la lucha de un pueblo por su libertad. Pronto veremos a OEA actuando resueltamente sobre Venezuela de acuerdo a la CDI y, más temprano que tarde, veremos nuevamente una Venezuela libre. Pensar que por aquí hay quien dice que el régimen de Maduro es una “democracia densa”, quedará, el neologismo, en el anecdotario de la inconsecuencia.

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Venezuela quiere democracia

Publicado en Expreso el viernes 26 de agosto de 2016

http://www.expreso.com.pe/opinion/daniel-parodi/el-fin-de-la-democracia-en-venezuela/

@parodirevoredo