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PERÚ-ECUADOR: a 20 años de la paz

 

Daniel Parodi Revoredo

El 26 de enero pasado Ecuador celebró con bombos y platillos los 20 años del inicio de la Guerra del Cenepa contra el Perú. Con el nombre de “Victoria de la paz”, el Presidente Rafael Correa destacó tanto el supuesto triunfo militar de su país como los logros del proceso de paz y amistad que se inauguró después.

La guerra del Cenepa fue corta pero dura por lo que es justo recordar a sus caídos. Sin embargo, no voy a discutir quien ganó. Ese conflicto comenzó y terminó en un lugar recóndito de nuestra Amazonía; ninguno de los dos contenientes conquistó territorios del otro. Más bien, el verdadero logro que nos dejó fue la paz definitiva. Es por eso que  más que celebrar su inicio, deberíamos celebrar su final porque no solo terminó un conflicto de tres semanas sino que concluyeron todas las guerras que enemistaron al Perú y Ecuador desde sus fundaciones republicanas.

Es por eso que el 17 de febrero de 1995 marca un nuevo punto de inicio para la relación bilateral. Ese día se firmó la “Declaración de Paz de Itamaraty entre Perú y Ecuador” y cesaron para siempre las hostilidades. En dicha acta, los beligerantes aceptaron una  misión de observadores tanto como “iniciar conversaciones (…) para encontrar una solución a los impases subsistentes”.  Tres años después, en 1998, se firmaron los Acuerdos de Brasilia y, en adelante, nuestra relación con Ecuador se ha caracterizado por la confianza mutua y la integración.

En 2007, Perú y Ecuador celebraron su primer gabinete binacional que ya cuenta con ocho réplicas, mientras que en mayo de 2011 firmaron su  acuerdo de límites marítimos que no sólo favoreció nuestra posición contra Chile en la CIJ, sino que acabó con la vieja geopolítica regional del 2 contra 1. Al día de hoy nuestro intercambio comercial ha crecido 10 veces: de 307 millones US$ a 2,831.

Corría 1981 cuando me llamó Adolfo, amigo del colegio, a decirme que estábamos en guerra. Al preguntarle contra quien me respondió Ecuador y entonces tomé conciencia de que teníamos problemas con el vecino del norte. Cuando el 17 de febrero de 1995 ambos países firmaron el cese de hostilidades y decidieron iniciar conversaciones para solucionar sus problemas les aseguraron a nuestros hijos la posibilidad de ver al vecino como amigo y no como hostil. Esta es razón más que suficiente para recordar su veinteavo aniversario.  

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15/02/15: DE HAYA A ALAN

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DE HAYA A ALAN

A 120 años del nacimiento de Víctor Raúl

 Por Daniel Parodi Revoredo

Este 22 de febrero se cumplen 120 años del nacimiento del destacado político trujillano Víctor Raúl Haya de la Torre quien en 1924 fundara el APRA, partido político fundamental en el siglo XX peruano, que gobernara en dos oportunidades (1985-1990 y 2006-2011) y que podría alcanzar el gobierno una vez más en 2016, con su líder Alan García Pérez.

En fechas como esta solemos priorizar la biografía del personaje sobre otros aspectos su vida. Sin embargo, en estas líneas nos ocuparemos de los ejes centrales del pensamiento de Víctor Raúl para luego relacionarlo con el de Alan. Así buscaremos establecer un hilo de continuidad entre la ideología aprista de ayer y la contemporánea.

Claves del pensamiento de Haya de la Torre

Quizá la primera clave para comprender el pensamiento de Haya es saber que fue dialéctico y relativista. Él creía que las fuerzas de la historia modifican constantemente la realidad y que lo acertado hoy no tendrá ningún sentido cincuenta años después. Por esta razón, el pensamiento aprista no es un dogma para mantenerse ad infinitum sino que debe adecuarse a los cambios mundiales.

Imperialismo, Unión Latinoamericana y Democracia

En “El Antimperialismo y el APRA” (1935 1era ed.), Haya fustiga el imperialismo norteamericano por su manera de apropiarse de los recursos de América Latina, sobornando a sus elites, imponiendo su ley a través de enclaves económicos y dejando poco o nada al desarrollo de los países poseedores de la materia prima.  Sin embargo, Haya no cree que el socialismo y el rompimiento con las potencias capitalistas sean la solución. Al contrario, él vislumbra que para alcanzar el desarrollo económico y la justicia social, los países latinoamericanos requieren la inversión de las potencias, tanto como su tecnología.  

De allí que Haya plantease la unión política latinoamericana para negociar con el imperialismo en igualdad de condiciones. Creía el viejo patricio que sólo unidos podrían los países de la región plantarle cara al “gigante del norte” y promover una relación horizontal de la que ambos resultasen beneficiados.

A lo largo del tiempo Haya irá puliendo esta idea. Diferenciará el imperialismo malo, que ya hemos descrito, del bueno que permite el desarrollo del país dueño del recurso. Posteriormente, en la década de 1950, al observar el nacimiento de la Unión Europea, con la Comunidad del Acero y el Carbón, perfeccionará su planteamiento y dirá que la unión de los países debe sostenerse sobre cimientos económicos y no políticos.  

Finalmente, para Haya la concurrencia al capitalismo  requiere de las libertades y de la estabilidad políticas que solo puede brindar la democracia. Víctor Raúl hizo de la democracia la razón de su vida y de su lucha política. Por propugnarla fue perseguido  sin pausa entre 1923 y 1956, porque entonces Haya representaba la participación de las masas en la política y una alternativa reformista que no era aceptada por los sectores conservadores de entonces: la oligarquía y el ejército. 

Alan y La Alianza del Pacífico

Una primera solución de continuidad entre Haya y Alan es que, al igual que el primero, el segundo reflexiona constantemente sobre la realidad y nos deja por escrito dichas reflexiones. Todo un lujo en estos tiempos pues, sencillamente, ningún otro político peruano se digna hacerlo.

Es así que apenas el año pasado García publicó “La Creación de La Alianza del Pacífico y otros ensayos” que resulta de lectura fundamental para sus seguidores, detractores y analistas políticas en general, si realmente están interesados en saber cómo piensa el dos veces presidente y fuerte candidato al 2016.

“La creación de La Alianza del Pacífico” establece una fina solución de continuidad entre el pensamiento del autor y el de su mentor. Alan García comienza contándonos como nace la referida Alianza a través de una iniciativa suya y nos revela las cartas que escribió a los mandatarios de los países que hoy la integran. Luego resume los logros de este foro que ya constituye la sexta economía mundial.  

Democracia, inversión y educación

En el referido ensayo, el dos veces presidente esboza un panorama del mundo actual y sostiene que “la competencia internacional de largo aliento ya no se da entre países sino entre regiones”. Señala que hoy ninguna nación puede crecer en solitario y que, más bien “necesita fusionar sus industrias o articular sus cadenas productivas con otros países (…) para negociar con el mundo”.

Tras esta introducción, García reseña los criterios convergentes entre los países miembros de la Alianza del Pacífico y señala que el primero de esos criterios es la democracia porque representa la vigencia de las libertades y el estado de derecho. Sostiene que los países democráticos son previsibles y sostenibles por lo que resultan atractivos para el capital extranjero.

La apertura al mundo y la atracción de la inversión “para crecer con ella” son otras  convergencias de la Alianza del Pacífico. Para Alan García las fórmulas estatistas resultan demagógicas y afirma que lo que hay que hacer es “llamar a la inversión (…) en tecnología y ciencia que permitirá (…) elaborar nuestra materia prima con más valor agregado”. 

Luego de resaltar la inversión en infraestructura y el vínculo comercial con Asia, García enfatiza el tema de la educación y subraya la importancia de equiparar nuestro nivel educativo con el mundo competitivo para alcanzar una “cultura del mérito y del esfuerzo”. A este respecto, recordemos que la educación de las masas fue fundamental para Haya tanto que en 1922 fundó las Universidades Populares Gonzáles Prada y que quiso hacer del suyo un “partido escuela”.   

Palabras finales

No voy a continuar con el ejercicio de relacionar el pensamiento de Haya y de Alan, esa tarea se la dejo al lector. Sin embargo, nos parece claro que en los planteamientos   políticos de García reposa la influencia de Haya, la que aquel adapta con brillantez a los tiempos actuales  y de la que la Alianza del Pacífico es la mayor realización. Quizá por eso el dos veces presidente desea ser recordado por fundarla.

Al cumplirse 120 años del natalicio de Víctor Raúl Haya de la Torre cabe ya ubicarlo en el lugar que un sector de nuestra intelectualidad insistentemente le mezquina: el del pensador y filósofo político más preclaro e importante del siglo XX latinoamericano cuyo pensamiento, dialéctico y relativista, se sigue transformando en la obra y acción política  del actual líder del APRA Alan García Pérez. 

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¿CÓMO CELEBRAR EL FALLO DE LA HAYA?  

El 27 de enero conmemoramos la sentencia de un tribunal, no una victoria militar

El pasado martes 27 de enero conmemoramos el primer aniversario del fallo de la Haya con una solemnísima parada militar en la Plaza de Armas y también abrimos el debate sobre cómo celebrarlo de aquí en adelante. De hecho, el Presidente Humala ya le ha dado un toque castrense al asunto al proponerle al Congreso declararlo “Día de la soberanía marítima”.  

Lo primero que hay que decir es que el 27 de enero sí merece convertirse en feriado nacional sobre todo si nos quitamos de la cabeza la estrecha idea de que una conmemoración patriótica no es tal si no hay de por medio guerras y batallas. Y lo digo con todo respeto a quienes pelearon en ellas.

Hay una razón simple para celebrar el 27 de enero: ganamos. Sí, ganamos 50.000 km2 de mar y es la única vez que hemos crecido desde que un 28 de julio de 1821 San Martín nos proclamó independientes del Imperio español. Por lo tanto, hemos contradicho una larga tradición de recortes territoriales.

Sobre cómo llamar al 27 de enero; yo he propuesto “día de la civilidad” porque una victoria no sólo se logra cuando coronamos nuestra bandera en la posición del ejército contrario. Existen también victorias civiles. En este caso fueron tres presidentes democráticos que le dieron continuidad a una política de Estado que condujo Torre Tagle bajo el liderazgo del embajador Allan Wagner y un gran equipo de profesionales.

Claro que hubo participación de las fuerzas armadas, principalmente del equipo técnico de la Marina. Pero si las batallas de Ayacucho o Tarapacá son inobjetables triunfos militares, más allá del apoyo del gobierno o la población; la victoria de La Haya, al contrario, es un triunfo de los políticos (algunos), diplomáticos, abogados y la sociedad civil. ¡El 27 de enero no conmemoramos una batalla, sino la sentencia de un tribunal!

Quizá “Día de la civilidad” no abarque todo: ¿y el mar?, porque finalmente ganamos mar y riquezas pesqueras. “Día de la civilidad y del dominio marítimo”: así incluimos el océano y, al hablar de dominio, seremos más ciudadanos del siglo XXI y menos del XIX. ¿Cómo celebrarlo? yo saludaría al equipo vencedor en el patio de Palacio y después tonazo en la Plaza de Armas, porque este es una fiesta de todos los peruanos, quienes con su civismo favorecieron el normal desarrollo del litigio y la pronta ejecución de la sentencia.

Publicado el domingo pasado en Exitosa Diario

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En 2008 decidió acudir a la CIJ

Alan y el fallo de La Haya

(Reseña a “La Haya: Decisión Histórica” de Luis Gonzáles Posada)

Por Daniel Parodi Revoredo

Recientemente se ha publicado el libro “La Haya: Decisión Histórica” del destacado político,  ex-canciller y ex-presidente del Congreso Luis Gonzáles Posada, quien nos ofrece el valioso testimonio de alguien que participó de los acontecimientos durante las dos gestiones presidenciales del Dr. Alan García Pérez. Como funcionario en los gobiernos señalados, Gonzáles Posada se ocupa principalmente de los sucesos del litigio vinculados con aquellos, pero no por eso renuncia a una visión de largo plazo de la controversia, ni a resaltar los méritos de sus otros protagonistas.  

Acabar con la indefinición e integrarse: el objetivo principal

Para el autor, cualquier indefinición en materia de límites internacionales es perniciosa. Esta puede acarrear chauvinismos, controversias y convertirse en terreno fértil para que intereses privados desaten agresivos psicosociales con la finalidad de desviar ingentes recursos en la adquisición de armamentos, los que bien podrían invertirse en infraestructura para el desarrollo.

Según Gonzáles Posada, esta misma convicción impulsó la actuación de Alan García en sus dos gobiernos y explica sus dos acciones fundamentales: la misión Bákula de 1986 y la presentación de la Demanda ante La Haya de 2008. A pesar de concluir en un litigio, estas persiguieron la alta finalidad de resolver contenciosos para poder avanzar en la integración regional.

El autor orienta su análisis tomando como referencia el ejemplo de la Unión Europea y de la integración franco-alemana, las que no se entienden sin simultáneos procesos del perdón y de la reconciliación. Destaca de aquellas, una serie de logros como el de la transparencia en los gastos militares y la derivación del empleo de la fuerza hacia esfuerzos humanitarios como la intervención de la OTAN en Yugoslavia, en la década de 1990, para evitar una dramática limpieza étnica.

Para Gonzáles-Posada, esto pudo lograrse porque los adversarios de ayer –Francia y Alemania- decidieron convertir Europa en un “pueblo continente”, concepto acuñado por el célebre filosofo aprista Antenor Orrego y que visibiliza la matriz ideológica del ex-canciller del Perú.    

Antecedentes de la demanda peruana

El autor sostiene que los dos ejes fundamentales en la historia del litigio contra Chile son la misión Bákula de 1986 y la Demanda presentada en 2008. Sin embargo, respecto de la primera, el ex-canciller nos descubre un antecedente que podríamos llamar la “Misión Otero”. En efecto, en la segunda mitad de 1985, el recién investido Alan García envió al ex embajador en Santiago, Hugo Otero, a una delicada misión en esa capital.

En ella, Otero se entrevistó nada menos que con el dictador Augusto Pinochet a quien le llevó un mensaje amistoso del gobierno peruano cuyo contenido, sin negar las  diferencias entre ambos mandatarios, ofrecía la integración, relaciones respetuosas, tanto como cerrar pendientes bilaterales como los derivados del Tratado de 1929 y de la delimitación marítima.      

Al no resultar satisfactoria la respuesta de Pinochet, al año siguiente, el  entonces canciller Allan Wagner Tizón le encomendó al experimentado embajador Juan Miguel Bákula una gestión  similar ante el canciller chileno Jaime del Valle, de la que se obtuvo las notas oficiales que, en el litigio, dieron cuenta que, desde 1986, el Perú le advirtió a Chile que no reconocía la existencia de ningún límite marítimo internacional y que ninguno de los instrumentos firmados desde 1952 en adelante lo fijaba. Por ello solicitó iniciar conversaciones bilaterales. Como se sabe, Chile respondió que estudiaría el caso con lo cual sentó el precedente de que, efectivamente, tal límite tampoco existía para él.

Seguidamente, Gonzáles Posada pasa revista a los acontecimientos ocurridos en la década anterior a la presentación de la Demanda (1998 – 2008). Destaca el tratado de Itamaraty de 1998 con Ecuador logrado por el excanciller Fernando de Trazegnies durante el segundo gobierno de Alberto Fujimori y reconoce su utilidad para la integración de ambos países y para la posterior firma, en 2011, de un tratado de límites marítimos con el vecino del norte que favoreció mucho nuestra causa en la CIJ.

Su nuevo libro sobre La Haya es revelador

Gonzáles Posada también repasa otros acontecimientos como la presentación chilena de su ley de Línea de bases ante la ONU en 2000, que unilateralmente pretendió establecer el paralelo como frontera binacional. Destaca también la gestión del  ex-canciller Manuel Rodríguez Cuadros en 2004, quien conminó a Chile a negociar el límite marítimo en 60 días. La negativa chilena abrió el camino hacia la Corte Internacional de Justicia.

Alan García y la Demanda ante La Haya

La ley Arica Parinacota de 19 de diciembre de 2006 fue sin duda el detonante que decidió a Alan García a demandar a Chile ante La Haya. Al respecto, el autor destaca la participación del expresidente en la elaboración del texto de la Demanda tanto como su ponderada sugerencia de no enfatizar en exceso los conflictos del pasado, como la Guerra del Pacífico, por considerar que el contencioso era, más bien, de naturaleza marítima.

Al mismo tiempo, Gonzáles Posada nos comenta como García acertó en su diagnóstico de que Chile no presentaría excepciones preliminares a la Demanda puesto que este no se sentía en la seguridad de poseer ningún tratado de límites marítimos con el Perú. De allí que, al no producirse la susodicha presentación,  tuvimos una primera pista de que andábamos por el buen camino.

Un elemento que el libro destaca es la búsqueda de consensos del expresidente García con las diferentes fuerzas políticas en el parlamento. Gonzáles Posada, entonces Presidente del Congreso, recibió el importante encargo de entrevistarse con los voceros de las distintas fuerzas políticas. La mayor preocupación de García era el nacionalismo, entonces primera mayoría congresal, y que había ejercido una férrea oposición al segundo gobierno aprista. Sin embargo, en este caso primaron los altos objetivos nacionales por lo que los legisladores Juvenal Ordoñez y Rafael Vásquez del Partido Nacionalista prestaron su apoyo incondicional a la causa nacional, al igual que el resto de su bancada y las demás representaciones parlamentarias.

En otra parte de su análisis, el autor aborda las gestiones directas del expresidente García para lograr firmar el tratado de límites marítimos por intercambio de notas idénticas con Ecuador. Para lograrlo, el dos veces mandatario viajó a Quito a entrevistarse con su homólogo ecuatoriano, Rafael Correa, en presencia de los cancilleres de ambos países. De esta reunión, a la que LGP llama “diplomacia presidencial”, se obtuvo el acuerdo con el vecino del norte que no solo favoreció nuestra posición en la CIJ sino que cambió la vieja geopolítica continental decimonónica del 2 contra 1.     

El legado

En las reflexiones finales de su texto, Luis Gonzáles Pasado nos deja algunas lecciones que es justo evocar.  Señala que La Haya fue el triunfo de la justicia y de la concertación entre peruanos. Nos dice además, que el legado que nos deja la controversia es que los peruanos debemos actuar unitariamente también en otros rubros de las políticas públicas como la educación, la salud, la seguridad, la inclusión social y las inversiones.

“Sólo así –dice el autor- (…) con amplitud y sin mezquindades, con generosidad y sin odios, con un espíritu de concertación y tolerancia (…) se puede construir un país integrado, fuerte económicamente y con amplio desarrollo social”

A manera de conclusión    

No faltará quienes digan que al reseñar este importante libro de Luis Gonzáles Posada contradigo mi línea de apoyar la acción del Perú en la Haya y la integración con Chile alejado de partidismos o facciones. Pero no sería justo. No lo sería porque toda una trayectoria habla de mi apoyo a la causa peruana en la CIJ, sin importar quien estuviere al frente. De hecho, espero con agrado la posibilidad de que otros protagonistas del proceso, como Manuel Rodríguez Cuadros o Rafael Roncagliolo, publiquen sus reflexiones para reseñarlas y comentar sus análisis.

Sí quisiera, sin embargo, referirme a aquellos detractores radicales que, inspirados por el odio, son incapaces en encontrar ninguna virtud en el dos veces Presidente del Perú Alan García Pérez y sus gestiones de gobierno. No podría ser tal y como lo presentan si observamos que la claridad de sus propósitos y su actuación política favorecieron –sin excluir la contribución de los demás actores- el histórico triunfo peruano en la Corte Internacional de Justicia.

“La Haya: Decisión Histórica”, de Luis Gonzáles Posada, es un aporte testimonial invalorable para comprender por qué el Perú es hoy 50.000 Km2 más grande que hace un año. Además, combina con acierto la prosa fluida con el enfoque del internacionalista experto. Respecto de Alan García, la obra nos acerca a su mirada de estadista, tanto como a su formación y sagacidad políticas, las que lo han distinguido a lo largo de toda su trayectoria.

Publicado hoy en Punto de Encuentro

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Vivimos gran tensión durante lectura del fallo

EL MEOLLO DE LA HAYA. Cómo vivimos el Fallo y que fue lo que nos dejó

 

La mañanita del 27 de enero de 2014 acudimos a lo que Allan Wagner ha llamado “una montaña rusa” porque conforme el inexpresivo juez Peter Tomka leía el fallo de La Haya nos sentimos vencedores, súbitamente perdedores y luego vencedores otra vez. Lo que nos estaba ocurriendo era la consecuencia de la decisión de los jueces de la Corte pero también de los instrumentos firmados por el Perú y Chile entre las décadas de 1940 y 1950.  

Por eso al comienzo nos emocionamos: para el jurado, ni las declaraciones de 1947 de los presidentes González Videla y Bustamante y Rivero (Perú y Chile respectivamente), ni la Declaración de Santiago de 1952 establecían ningún límite marítimo en el paralelo hasta las 200 millas. Punto para Perú.

Sin embargo, las cosas cambiaron cuando Tomka habló del Convenio de Zona Especial Fronteriza Marítima de 1954 pues, aunque no es un tratado de límites, sí señala que el paralelo geográfico es el límite marítimo entre los dos países. De allí la afirmación del jurado de que existía un “acuerdo tácito”. Repentinamente, la emoción inicial de un pueblo se transformó en estupor. Punto para Chile.

Pero poco después Tomka mencionó un elemento que nos devolvió el alma al cuerpo: el Convenio de 1954 pudo referir un límite en el paralelo geográfico pero solo con la intención de orientar a los pescadores en una zona específica. Por ello, no tenía por qué presumirse que se extendiese hasta las 200 millas cuando en la década de 1950 esta distancia no constituía la extensión del mar territorial de los estados. Punto para Perú.

Entonces vino el aspecto central del fallo. Al considerar la Corte que había un acuerdo tácito relativo al paralelo pero pensado para fines pesqueros, se puso a calcular hasta qué distancia pescaban las embarcaciones en 1954 y estableció un número: 80 millas. Desde entonces, el paralelo separará los mares de Perú y Chile hasta esa distancia de la costa, y luego lo hará la línea equidistante planteada por el Perú hasta alcanzar las 200 millas.

El resultado final de esta ecuación fue el siguiente: del triángulo interno 21,000 km2 para Perú y 16,000 Km2 para Chile, mientras que el triángulo externo pasó completo a formar parte del Perú. En total, 50.000 km2 de mar adicionales para nuestro litoral de los 66.000 en disputa. Victoria parcial para Perú, pero victoria al fin y al cabo.

Mar y orgullo

Los 50.000 km2 de mar son lo más notable que hemos ganado en el litigio pero también lo es el manejo profesional del tema por parte de Cancillería que nos demostró que la continuidad en las políticas de Estado son una buena inversión. Es por eso que los dos gobiernos de Alan García, y los de Alejandro Toledo y Ollanta Humala comparten los méritos del éxito al que le dio continuidad el Agente Allan Wagner y su eficiente equipo de diplomáticos y abogados.

Otra ganancia es que por fin hemos crecido. A estas alturas me pongo en los zapatos del viejo profesor de historia de secundaria diciéndole a sus alumnos que el Perú perdió territorios aquí y allá desde la Independencia, pero que desde el 27 de enero de 2014 somos 50.000 km2 más grandes. Parece coloquial, pero vaya que es importante.

La pesca

Están poco difundidos los beneficios económicos de la Sentencia. Nos hemos quedado con el tufillo que Chile se quedó con la parte más rica y que nuestros pescadores no pueden adentrase en el espacio marítimo obtenido. La anterior afirmación no es del todo correcta: los pescadores peruanos sí se internan en la zona recientemente obtenida. Al respecto, IMARPE señala que gracias al fallo la pesca se ha incrementado 9% en la zona sur y 15 % las ganancias de los pescadores con la captura de especies como la vinciguerría, pota, anchoveta, etc. Estos números se incrementarán al cumplirse el año de nuestro acceso formal a la nueva zona marítima, lo que ocurrirá el 25 de marzo de 2015.

La integración

El acercamiento a Chile es el valor agregado del litigio. La interrelación económica explica la integración social durante el juicio porque había mucho que perder como las inversiones recíprocas, el TLC y la Alianza del Pacífico. Por eso todos bajamos el tono y las voces que se alzaron hablaron de integración, propusieron mejores políticas fronterizas y un mejor trato a nuestra colonia en Santiago. Un año después del Fallo, nadie puede negar que el Perú y Chile son dos países más integrados que antes de iniciarse la controversia y este éxito lo comparten sus líderes, sus diplomáticos y principalmente la sociedad civil.

Quisiera terminar estas líneas diciendo que somos un mejor país un año después de La Haya pero no es verdad. Hace tiempo que el Perú no se complicaba tanto internamente como lo ha hecho el 2014, año que ha desnudado nuestras carencias políticas y fragilidad institucional. Pero sirva la conmemoración del aniversario de la Sentencia para recordar que un día hicimos las cosas bien y que podríamos volver a hacerlo.

Publicado el 29 de enero de la revista Correo Semanal

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Textos oficiales peruanos dan tratamiento integracionista a publicaciones sobre la materia

El fallo de la Haya y los imaginarios peruano-chilenos

Daniel Parodi Revoredo

Para Cornelius Castoriadis toda sociedad produce una representación de sí misma –el imaginario- la que en el tiempo se va modificando lentamente; de allí que una pregunta compleja es cuándo una sociedad deja de ser la misma y se convierte en otra distinta.  A ese nivel, una primera evaluación del aniversario del Fallo de la CIJ sobre el litigio entre el Perú y Chile es hasta qué punto las imágenes del propio país, las del otro y las de la interrelación entre ambos han resultado influenciadas por esta histórica decisión.

Para el caso peruano, un ejemplo preclaro de una modificación de la narrativa oficial lo constituye la colección “Delimitación Marítima entre Perú y Chile ante la Corte Internacional de Justicia”[i] (Cancillería Peruana y Congreso de la República), la que podría dar lugar a futuros cambios que reflejen una transformación positiva de las sociedades involucradas. Más allá de los temas que trata cada uno de sus tomos –síntesis, alegatos orales y escritos, fallo, historia-  llaman mucho la atención sus ideas fuerza sobre las lecciones del litigio.

Así por ejemplo, la afirmación de que este proceso histórico demostró la capacidad de los gobiernos y pueblo del Perú para ejecutar una política de Estado a partir del trabajo coordinado entre el sector público y la sociedad civil (Tomo II) ratifica una de las lecciones fundamentales que nos dejó la controversia: la capacidad nacional de lograr objetivos importantes si se mantienen proyectos en el largo plazo y si los cambios de gobierno no suponen el mezquino abandono de lo actuado.

A su turno, el tomo III destaca la idea de que, por primera vez, las audiencias públicas fueron transmitidas en directo en idioma español, hecho inédito pues hasta entonces la Corte no había realizado traducciones fuera del inglés y el francés (sus lenguas oficiales). Señala su contratapa que este hecho fue posible gracias a una iniciativa peruana, acogida por Chile, que contó con la anuencia del referido tribunal internacional.  Así,  notamos que la cita anterior no solo destaca la gran actuación de la legación peruana en la Haya, que incluso sentó nuevos usos en la Corte, sino que reconoce la colaboración chilena cuya anuencia hizo también posible que las poblaciones de ambos países pudiesen escuchar los alegatos en vivo.

Por otro lado, el tomo IV de la colección, que presenta la traducción de la Sentencia, señala que la rápida ejecución del Fallo en términos de la determinación de las coordenadas precisas del límite marítimo, constituyó un ejemplo que el Perú y Chile dieron a la comunidad internacional de respeto al Derecho Internacional y a la solución pacífica de controversias. Ambos países cumplieron, en un espíritu de buena vecindad, con este mandato contenido en el Fallo de la Corte, a tan solo dos meses de su emisión. Este  párrafo refiere la finalización del trazado de las coordenadas del límite marítimo que las marinas del Perú y de Chile, concertada y colaborativamente, concluyeron el 25 de marzo del año pasado.

La colección que referimos no es el único esfuerzo con la finalidad de consolidar nuevos imaginarios nacionales y binacionales. El año  pasado el MINEDU y Cancillería difundieron un manual para el tratamiento pedagógico del Fallo de la Corte con finalidades similares a las de la flamante colección sobre el litigio. Por ello, sólo queda esperar una respuesta  análoga de Chile.

Al resaltar nuestra victoria en La Haya debido a que mantuvimos una política de Estado en el tiempo y al reconocer las virtudes de la contraparte en un litigio internacional estamos señalando dos sendas – la unidad interna y la integración regional -que la nación peruana debería transitar para bien de todos los que formamos parte de ella.

Publicado hoy en Diario La República

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[i] Esta colección se presentará el día 3 de febrero en el Palacio Torre Tagle, sede del Ministerio de Relaciones Exteriores

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La Trampa de Piñera

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Se fue dejando una trampita

La Trampa de Piñera

Los últimos días he conversado con diversos analistas sobre el fallo de La Haya y lo mucho de bueno que significó para el país los 50.000 km2 de mar, el 9% de aumento de la pesca en la zona sur y la integración bilacional. Sin embargo, todas estas charlas condujeron al mismo punto muerto del triángulo terrestre: es la trampa de Piñera.

En realidad, la cuestión del susodicho triángulo de 3.7 hectáreas es anterior. Ya en 2001, la marina chilena colocó una caseta en el lugar para luego retirarla. En 2007 la metida de pata fue peor. Chile aprobó la ley “Arica Parinacota” mediante la cual intentó anexarse ese territorio. La consecuencia: en enero de 2008 los demandamos ante La Haya.  

Sin embargo, durante el litigio la relación con Chile fue excelente. En 2008 entró en vigencia el TLC y en abril de 2011 se inauguró la Alianza del Pacífico. Por otro lado, el 25 de marzo de 2014, dos meses después del Fallo, los responsables de Perú y Chile concluyeron el trazado de las coordenadas. La sentencia se ejecutó en tiempo record y echó por tierra nuestra desconfianza.

Pero el 27 de enero de 2014, horas después de anunciada la Sentencia, Sebastián Piñera hizo una lamentable declaración. Para distraer la atención de su país sobre la derrota en La Haya, afirmó una falsedad: que la Corte había fijado la frontera marítima en el Hito 1 y que, como consecuencia, el triángulo terrestre era chileno. En realidad, la Corte sentenció que el inicio de la frontera marítima es el punto de intersección de la paralela que pasa por el Hito 1 con la orilla del mar, no el Hito 1. 

Debido a esa inexactitud quedaba Piñera como “el patriota que no cedió territorios” y le dejó a Michelle Bachelet la carga de ser o no ser quien “ceda territorios al Perú”. En el imaginario, el efecto es devastador pues sienta la idea de que Perú y Chile tienen una nueva disputa: antes la Guerra del Pacífico, la cuestión de Tacna y Arica, los pendientes del Tratado del 29, el límite del mar y ahora el triángulo terrestre. Los chilenos le llamarán “irredentismo peruano”, los peruanos le llamaremos “expansionismo chileno”.

Esta es la trampa de Piñera. La pregunta que debemos respondernos peruanos y chilenos es si vamos a caer en ella y empañar la integración que con tanto esfuerzo hemos construido juntos los últimos años. Yo digo que no.  

Publicado hoy en Exitosa Diario

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Más que un general, tuvimos un gran diplomático

El día de la civilidad

¿Cómo conmemorar el triunfo de La Haya?

 

Yo no sé si Ollanta Humala va a celebrar el aniversario del Fallo con desfile militar o sin él. Recordemos que todas nuestras celebraciones oficiales son castrenses porque conmemoran batallas, por ello implican el despliegue de batallones y regimientos que desfilan ante un estrado. Por ejemplo, este esquema se reproduce a nivel nacional todos los 28 de julio donde notamos que el gran desfile militar limeño, en el Campo de Marte o la av. Brasil, se repite luego en todas las plazas de las capitales regionales y provinciales, y en cada uno de los pequeños pueblos del país donde los dos o tres colegios del distrito dan la vuelta a la placita varias veces para que la fiesta no concluya tan pronto. Y ojo que el 28 de julio no celebramos una batalla sino la proclamación de la Independencia por San Martín en la plaza de armas de Lima.

Por eso, la conmemoración del 27 de enero pasa por pensar en la victoria de La Haya como una victoria de nuestra diplomacia, como una victoria del Perú en su conjunto y de su sociedad civil; quienes nos permitieron obtener 50,000 km2 de mar que ya en sus primeros 10 meses han aumentado 9% la pesca en la zona sur y 15% las ganancias de los pescadores según datos de IMARPE. Pero para eso hay que tener imaginación ¿cómo celebrar una celebración (la redundancia es adrede) que es diferente a todas las demás?

A pesar de lo dicho, no concuerdo con convertir la parada militar en la que ha pensado Ollanta Humala en un griterío mediático que distraiga nuestra atención sobre una fecha que sólo está hecha para congratularnos y alegrarnos. No es justo para los peruanos. Tomemos en cuenta que lo que Humala está haciendo es seguir una larga tradición de celebraciones oficiales en lugar de apostar por una nueva manera de conmemorar una victoria diferente,  que en este caso fue judicial y de tres gobiernos civiles consecutivos. ¿Es que conocemos otra forma de celebrar nuestras efemérides patrias?

Lo que quiero decir es que el tema no da para que hagamos una controversia de él, mucho menos para pretender que la intención de Humala con una parada militar es ofender a Chile. Ojo que levantando tanto polvo le vamos a dar motivos al vecino para pensar que efectivamente lo estamos agraviando. El Perú está celebrando una victoria como siempre la ha celebrado, con su espectáculo de regimientos, de bombos y de platillos, nada más.

Sin embargo, para el futuro sí debemos pensar en una celebración diferente. Porque en este triunfo no hubo un gran general sino un extraordinario Agente que fue Alan Wagner; en lugar de soldados, lo que tuvimos fue un excelente equipo de diplomáticos y abogados, y en vez de balas tuvimos muchísimos argumentos jurídicos. No hay que olvidar que en este gran equipo también contribuyeron especialistas en otras áreas, marinos por supuesto, historiadores, geógrafos etc., y que la sociedad civil se convirtió en la gran reserva de esta fuerza, siempre proclive a crear un ambiente de paz y confianza binacional para que el litigio se desarrollase sin contratiempos e integrase a sus contendientes.

Ya vendrán mejores tiempos (de seguro pronto) en donde podremos diseñar una efemérides a tono con lo que obtuvimos el 27 de enero y con la manera como lo obtuvimos: "el día de la civilidad" sería un bonito nombre. Mientras tanto, este 27 de enero démonos un abrazo entre peruanos, que vaya que nos hace falta.

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¿Qué ganamos en La Haya?

Daniel Parodi Revoredo

El próximo 27 de enero se cumple el primer aniversario del anuncio de la histórica sentencia de la CIJ de la Haya y es momento de comprender qué es lo que se ganó en aquel litigio del que todos sabemos que obtuvimos la victoria pero sabemos menos en qué consiste esa victoria. Veamos de qué se trata:

  1. Con la sentencia el Perú obtuvo 50.000 Km2 de mar que antes no estaban delimitados y que en la práctica controlaba Chile.
  2. Este mar, situado frente a las costas de Tacna y Moquegua, es rico en diversas especies como caballa, jurel, perico, pez espada, pota y tiburón que benefician a 600.000 pescadores artesanales. Según cálculos de Imarpe, al menos 5 millones de toneladas anuales adicionales de peces podrán ser capturadas gracias a la Sentencia.  
  3. El Perú le dio al mundo una lección de civismo y apego al derecho internacional. Ante la existencia de una diferencia con Chile respecto de los límites marítimos, se agotaron los intentos de negociar bilateralmente con los vecinos y luego, como corresponde, se acudió  a la Corte Internacional de Justicia.  
  4. El Perú se dio también una lección a sí mismo: manteniendo políticas de Estado en el tiempo y dejando de lado diferencias internas somos capaces de lograr grandes metas. Queda pues este éxito como sana lección a los líderes políticos del país.
  5. La integración con Chile es un gran logro no del fallo pero sí del litigio. Pocos esperaban que durante un largo proceso que comenzó el año 2000 (inicio de la controversia por  la inscripción de las líneas de bases chilenas a la ONU) y que se oficializó con la demanda peruana en 2008, ambos países estrecharíamos relaciones. A este nivel, las inversiones recíprocas, la firma del TLC y la creación de la Alianza del Pacífico se constituyeron en la base económica de la integración, sobre la cual florecieron políticas fronterizas, sociales, iniciativas de la sociedad civil etc.

Todo final debe dar lugar a un nuevo comienzo. El 27 de enero de 2014 concluyó el litigio con Chile en la Haya por lo que debe iniciarse una etapa en la que la integración bilateral, más allá de las buenas intenciones, permita el progreso material de ambos pueblos. Internamente, la conmemoración del primer aniversario del fallo debe hacernos reflexionar acerca de nuestra responsabilidad ante el Perú, la que debe superponerse a cualquier interés subalterno. 

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                  Chorrillos, Miraflores y el perdón

"La algazara que se formó entre los soldados fue cundiendo a medida que iban pasando larguísimos tragos del exquisito pisco, de modo que al entrarse el sol, la rasca era ya tremenda y general. En el pueblo la borrachera subió de punto. Los soldados mataban, saqueaban y bebían a discreción. A la hora indicada gruesas y gigantescas columnas de humo se elevaban hasta las nubes, produciendo horrorosos incendios, en medio de la alegría general de los soldados de todos los cuerpos, ebrios de vino, de sangre y de victoria” (Justo Abel Rosales, intelectual y militar chileno, testigo de los hechos)

El domingo pasado me presenté en Exitosa Diario para hablar de las batallas de Chorrillos y Miraflores que estos días conmemoran su aniversario 134. Tuvieron lugar el 13 y 15 de enero de 1881 y supusieron la heroica pero improvisada defensa de Lima por los restos del diezmado ejército peruano, al que se le sumaron miles de civiles de diferentes segmentos de la sociedad como jueces de la Corte Superior, bomberos, escolares, inmigrantes italianos, terratenientes junto a sus trabajadores indígenas etc.

El conductor del programa, Rubén Sánchez, animaba la discusión alternándola con la lectura de pasajes de los desmanes perpetrados por las fuerzas chilenas durante y después de estas batallas. Yo intenté dirigir mi reflexión hacia el terreno de la reconciliación, que pasa necesariamente por el perdón de Chile al Perú por estos excesos, pero me topé con encendidas intervenciones del público al aire e incluso con emplazamientos directos a mi posición y hasta se me acusó de propiciar el olvido de estos dolorosos acontecimientos.

Esta enriquecedora experiencia me llevó a la siguiente reflexión: ¿qué pasa en Perú y en Chile que el tema del perdón resulta tan complicado? Lo digo porque  a los chilenos tampoco les agrada. De hecho, existe en el país vecino una proclividad a señalar que la Guerra del Pacífico, y sus excesos, tuvieron lugar hace mucho tiempo y que en el Perú ya deberíamos haberlo superado sin más. Al contrario, en nuestro país, en algunos sectores,  es evidente que el recuerdo del acontecimiento permanece aún como una herida abierta.

Estas constataciones me llevan a confirmar mi punto: es necesaria una política del perdón y de la reconciliación entre el Perú y Chile. Al respecto, debe comprenderse que esta no se limita a que un país le pida perdón al otro por los excesos cometidos en una guerra de conquista. En realidad, se trata de un esfuerzo mucho mayor en el que ambas partes dialogan francamente de su pasado y deciden en conjunto a través de qué gestos pueden los recuerdos convertirse en enseñanzas y dejar de ser tan dolorosos. Es decir, hasta qué punto puede construirse una memoria ejemplar, como la llamaría Tzevedan Todorov, esto es un nunca más que puedan adoptar en conjunto ambas partes para que, así, incluso el pasado conflictivo pueda empujar la integración del presente.

Pero para superar el trauma tendremos que hablar las partes y Chile tendrá que allanarse a conversar en algún momento porque los testimonios –es lo que constaté en el programa radial- son demasiado gráficos y los excesos fueron demasiado excesos y porque sí es verdad que fueron  asolados Chorrillos, Mollendo y toda la costa norte del país. ¿Es la violencia parte de una guerra? sí lo es, ¿son los excesos parte de una guerra? sí lo son; pero esta ingrata constatación no tiene por qué impedir que dos país que han avanzado tanto en su integración hagan lo necesario para que el pasado ya no le duela tanto, al menos a uno de ellos.

Ya dije alguna vez que Chile no será menos Chile por reconocer solemnemente los excesos cometidos por sus soldados durante la invasión al Perú en la Guerra del Pacífico; al contrario será un Chile mejor. Al mismo tiempo, el Perú no será menos Perú si reconoce que Chile, con O´Higgins, nos ayudó con la Independencia.

La diplomacia tiene sus tiempos, Hoy Chile está concentrado en el frente boliviano y es normal que así lo esté. Pero este pendiente de la memoria se tendrá que trabajar algún día si nos pretendemos dos pueblos con la madurez suficiente como para superar el pasado doloroso sin por ello olvidarlo.

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