Sobre la crisis de Europa

 

 

Sobre la crisis de Europa 

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¿Sobrevivirá Europa?

Crisis, que duda cabe, terrorismo, brexit, separatismo catalán, nacionalismos en Francia y Alemania, crisis económica sin resolverse desde 2007 y parece que cada quien quisiera salvar lo que puede.

¿Pero están Europa y su unión política a punto de estallar? ¿O el triunfo de Macron en Francia y los 399/706 parlamentarios obtenidos entre socialcristianos y socialdemócratas en Alemania nos hablan, más bien, de un sentido común en favor de la Unión?

Todos los imperios de la historia se derrumbaron alguna vez, hasta el romano, La UE caerá algún día, quién sabe si la democracia o el capitalismo, pues las fuerzas históricas nos sorprenden a cada momento. Pero, si algo he comprendido de la historia es que viene por oleadas, y yo no veo una oleada nacionalista tan fuerte como para cambiar las bases económicas e ideológicas del complejo mundo de hoy.

Veo, más bien, una crisis económica a la que Europa le encontrará algún remedio, veo un estado de bienestar renegociándose constantemente pulsado por el neoliberalismo y, tal vez, una Europa un poco más pequeña, pero Europa al fin y al cabo y obligada a ser más competitiva porque hace más de un siglo que dejó de estar sola.

¿Y qué pasa fuera de Europa? Trump se irá más temprano que tarde y de sus excesos sobrevendrá una corriente de rectificación, conservadora. Pero están los fundamentalismos islámicos, la no solución del enfrentamiento secular entre occidente y el mundo musulmán más parece una estructura que permanece a lo largo de los siglos y de las mentalidades, que son las que más tardan en cambiar como diría Braudel.

Con o sin Cataluña, Europa no se cae mañana, reculará para re-hacerse, pero en este mundo de bloques y regiones, Francia y Alemania no van a romper su alianza, no a la vuelta de la esquina, la orfandad es una condena a la intrascendencia que no van a aplicarse a ellos mismos, aunque asi lo quieran Marie Le Pen en Francia y la neonazi AfD en Alemania.

No hay golpe de timón a la vista, sino consolidación, paulatina, del status quo.

Independentismo catalán, agrava la crisis de Europa

Daniel Parodi

#ConfianzaParaLaDemocracia

 

#ConfianzaParaLaDemocracia

Es hora de defender el orden constitucional del autoritarismo fujimorista

Cuando en diciembre de 2016 se censuró al ministro de Educación Jaime Saavedra, un sector de nuestra política se movilizó pidiéndole al gobierno del presidente Kuczinsky que cierre el Congreso. Entonces estuve en contra de la medida, no me parecía sano para la democracia disolver el parlamento. Más bien, el asunto me trajo a colación el tristemente célebre mensaje presidencial de Alberto Fujimori a la nación, la noche del 5 de abril de 1992, donde no solo disolvió el Congreso, sino la democracia entera.

Han pasado casi 9 meses desde la censura a Saavedra y la mayoría parlamentaria fujimorista ha hecho de este un país absolutamente ingobernable. Yo pensaba, la verdad, que los tiempos de los congresos obstruccionistas habían pasado y que el Perú comenzaban a comprender esto del juego de la democracia, en donde las partes se tienen que poner de acuerdo para que un país sea gobernable y le traiga progreso a la gente. Los tres congresos anteriores, con todos sus bemoles, así lo demostraban.

¿Cuál es la sutil diferencia? En los tres congresos anteriores el fujimorismo no tenía mayoría absoluta y ahora sí la tiene. Y el resultado no podía ser distinto, el fujimorismo está actuando coherentemente con lo que es y nos ofrece apenas una pequeña muestra de lo que sería si hubiese llegado o si llegase mañana a controlar el poder ejecutivo: una fuerza absolutamente copadora y vertical, encaramada en el aparato del Estado, repartiendo prebendas y psicosociales a diestra y siniestra para tener contenta a la gente, con la hoy enmudecida Keiko Fujimori subida en un tractor, emulando a su padre, abrazando a la gente en los lugares más remotos del Perú, haciéndose querer. Y al demonio la Constitución, la República, los derechos civiles, las minorías, en suma, la democracia, total ¿no decía Odría que la democracia no se come?

Yo me opuse al cierre del Congreso en diciembre de 2016; era pronto. Lo que hoy puede parecernos tautológico, irremediable, con una fuerza obstruccionista como el fujimorismo controlando el Legislativo, tenía que evidenciarse ante la nación. Las cosas debían pasar, no podían presumirse. De lo contrario, estaríamos usando los mismos métodos vedados que hoy el Premier Fernando Zavala ha decidido combatir solicitando al Congreso Nacional la cuestión de confianza a su gabinete, asociada a la permanencia de la ministra de educación Marilú Martens al frente de su cartera.

Entonces no nos equivoquemos, el Poder Ejecutivo no se ha demorado en tomar la decisión: el Perú necesitaba ver una vez más el peor rostro del fujimorismo para así legitimar la cuestión de confianza ante la nación. Y ahora  todos hemos visto a Héctor Becerril negociando por debajo de la mesa con el radicalísimo Pedro Castillo. ¿Qué canjearon?: pues la desestabilización del mismísimo gobierno del Perú a cambio de que el Conare-Movadef (¿alguien dijo Sendero?) desplace a Patria Roja de la dirigencia magisterial. El país entero presenció aquel diabólico pacto aunque no hayamos terminamos de saber ¿quién era finalmente el diablo en este aquelarre de terroríficas máscaras?.

Algo me quedó claro desde el principio: aquí la lucha es de la democracia contra el clientelismo-autoritario que el fujimorismo representa y por eso, también desde el principio, no me ha costado nada tomar partido. Vamos entonces por la cuestión de #ConfianzaParaLaDemocracia porque es ella la que está en juego.

Daniel Parodi Revoredo

@parodirevoredo

Huéspedes Guerreros: el batallón Sucre en el sur del Perú (1879 – 1880)

Estimados amigos/as:

Con agrado les adjunto la presentación (prólogo) que escribí para el libro “Huéspedes Guerreros: el batallón Sucre en el sur del Perú (1879 – 1880)” del historiador y actual embajador de Bolivia en el Perú Gustavo Rodríguez Ostria. Espero les resulte de su agrado. Recomiendo vivamente la lectura del libro.

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Con Gustavo Rodríguez Ostria en la presentación de su último libro en la FIL 2017

 

Presentación

Dice Habermas que “el Estado nación defendió sus límites territoriales y sociales de forma enteramente neurótica”[1] y no le falta razón. El siglo XIX vio a sociedades enteras desangrarse en guerras fraticidas debido a que la comunidad de origen, la particularidad nacional, se volvió más importante que los derechos del hombre consagrados y divulgados por los franceses desde 1789.

A pesar de sus actuales incertidumbres, pocas dudas quedan respecto de que Europa ha superado el escalón del patriotismo y se ubica en una estación post-nacional que se observa en su cotidianidad,  en la poca importancia asignada a sus fronteras y en sus jóvenes que ya comienzan a definirse como l´Europe y a colocar en las ventanas de sus apartamentos, la bandera azul con el círculo de las pequeñas estrellas amarillas.

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Carátula del libro

Al contrario, América Latina se encuentra en un proceso de transición que es, en realidad, un limbo. Por un lado hemos comprendido de qué trata la globalización y buscamos concurrir a ella a través de gabinetes binacionales, Tratados de libre comercio y foros económicos como la Alianza del Pacífico. No obstante, la dimensión nacional se mantiene incólume. Nuestras fronteras y su defensa comprometen íntimos sentimientos, tanto como la creencia de que el territorio, hasta su último centímetro, debe ser defendido con la sangre. Desde  ese horizonte seguimos difundiendo en la escuela relatos históricos cuya finalidad es diferenciar la comunidad nacional de las vecinas, tanto como explicar la propia a base de la toma de conciencia de que existen otras que eventualmente podrían hacerle daño.

En el Perú, el relato de la Guerra del 79 cumple, al igual que en Bolivia y en Chile, el rol de acentuar las diferencia y consolidar la autoimagen del yo colectivo. La guerra nos atrae como el sol a la fertilidad y entonces narramos las batallas contra el otro, pero solo las batallas, de manera que reducimos la relación entre dos partes exclusivamente a la conflagración bélica y dejamos de lado todo lo demás. ¡Qué poderosa es la herencia del positivismo histórico, cuán vigente está!

De aquella narración al imaginario colectivo hay solo un paso. Este lo produce la sociedad misma cuando se representa el pasado a través de imágenes tan simples como poderosas y estables, a las que dota de un inmemorial pero discutible contenido de verdad.  El imaginario busca explicar la realidad del pasado y el presente en pocas palabras y entonces “Bolivia nos metió a la guerra, retrocedió a Arica desde Camarones y después de la batalla de Tacna se retiró de la conflagración  para dejarnos solos en ella”. No hace falta más. Cualquier peruano que maneje este discurso sabe de Bolivia lo básico que debe saber desde el paradigma nacionalista, ese que le hizo a Voltaire en su Diccionario Filosófico que “es triste que muchas veces para ser un buen patriota sea necesario ser enemigo del resto de los hombre”.

Y es por todo eso que Amarillos de  Gustavo Rodríguez Ostria, historiador boliviano y embajador en ejercicio de Bolivia en el Perú, es un aporte sustancial para cambiar de enfoque, de mirada  y de discurso pues apunta directamente al corazón del imaginario reseñado y le responde claro: las legiones del ejército boliviano comenzaron a llegar a Tacna desde el 30 de abril de 1879; es decir, apenas unas cuantas semanas después de la declaratoria de guerra de Chile al Perú, el día 5 del mismo mes y año. Entre ellas se encontraba el batallón Sucre, en el que esta obra centra su atención.

Al mismo tiempo, Rodríguez Ostria enfatiza en aspectos fundamentales que, siendo conocidos, no se difunden en las obras de divulgación, ni en videos documentales, ni en la escuela, siendo estos los principales vehículos de transmisión del relato historiográfico. Su conclusión, anticipada, atraviesa el texto: los bolivianos estuvieron, lucharon y murieron en todas las batallas de la campaña terrestre hasta Tacna. Lo hicieron en el desembarco de Pisagua, en Dolores o San Francisco, en Tarapacá y en el Campo de la Alianza.

No es la intención de Rodríguez Ostria negarse a estudiar la cuestionada retirada de Camarones, ordenada por el Presidente Hilarión Daza; la relata, asume lo conocido, los imaginarios subyacentes y hace la autocrítica. Pero su foco de atención radica en el antes y el después de dicha maniobra militar y que en todos los casos compromete a bolivianos muriendo en territorio peruano, honrando su compromiso con el aliado. Visto todo el horizonte, Camarones parece lo excepcional en la participación de Bolivia en la guerra del 79 y no el acontecimiento que la define. Debe sumarse a esta reflexión, que la decisión de Daza originó tal conmoción en su país que fue relevado y que el golpe de estado en su contra lo inició el coronel Eleodoro Camacho; es decir, la destitución de quien se negase a cruzar el desierto se generó en el ejército boliviano acantonado en Tacna, en el Perú.

Lo central del relato, qué duda cabe, es la batalla de Tacna o Campo de la Alianza del 26 de mayo de 1880 en el que combaten 8930 soldados de la Alianza, de los cuáles 4225 son bolivianos. Su preciso y dramático relato se lo dejo al lector, pero lo cierto es que el mayor número de fuerzas de reserva en las filas enemigas logró revertir dos avanzadas del ejército aliado, el que finalmente, al no contar ya con más elementos para repeler el segundo contraataque chileno, se vio obligado a batirse en desordenada retirada.

La narración del enfrentamiento se centra principalmente en los movimientos del ala izquierda del ejército peruano-boliviano, donde la batalla fue más cruenta porque se trató de la zona elegida por el enemigo para intentar desbordar a su contrario y envolverlo. En esa ala se encontraban varios batallones del país aliado entre ellos los Amarillos del Sucre cuyas bajas superaron el 80% de sus plazas; de allí el dantesco espectáculo: “casi todos han muerto, son tres guerrillas de cadáveres”[2].  Tras la batalla de Tacna, y luego de permanecer pocas horas en esta ciudad, enrumbaron hacia el interior del país los sobrevivientes peruanos de la lid y hacia su patria los bolivianos.

Llama la atención que el enfrentamiento decisivo de la fase terrestre de la Guerra del 79 amerite tan poca recordación en el Perú, quizá se deba a la ausencia en el Campo de la Alianza de imágenes gráficas que exalten el patriotismo, tan románticamente utilizadas por el positivismo histórico. A Tacna le falta todo lo que le sobra a Arica: un morro que defender, un valiente coronel resistiendo hasta quemar el último cartucho, un joven acaudalado saltando a su muerte antes de rendir el pabellón nacional. En el Perú, hemos decidido recordar y premiar a Tacna por lo que hizo después, por su resistencia a la ocupación, solo a Arica la recordamos por su batalla, quizá porque finalmente la perdimos, en 1929.

El relato de Rodríguez Ostria concluye en los hechos inmediatamente posteriores a la batalla de Tacna, mientras que, en paralelo con el retorno de los restos del ejército boliviano a su país, comenzaba a difundirse el imaginario de que precisamente allí, en el Campo de la Alianza, un 26 de mayo de 1880, Bolivia abandonó al Perú dejándolo solo a su suerte y con la guerra a cuestas. Sin embargo, dos investigaciones, como la que publiqué en 2001 y otra más reciente de Mario Nuñez Mendiguri, de 2012, aportan luces sobre la continuidad de Bolivia en la Alianza hasta la dispersión del ejército del sur, acantonado en Arequipa, el 25 de octubre de 1883 y que fue el triste resultado de una inopinada consulta popular que motivó su posterior levantamiento[3].

Es así que en el lapso de tiempo que separa a la batalla de Tacna de la ocupación chilena de Arequipa, Bolivia mantuvo su respaldo al Perú, el que hizo efectivo tanto pecuniariamente como a través del envío de armamento desde La Paz a la Ciudad Blanca, donde Lizardo Montero estableció la sede del gobierno nacional el 31 de agosto de 1882. Asimismo, el país altiplánico realizó gestiones ante Chile a nombre de la Alianza para alcanzar la paz, rechazando en simultáneo las reiteradas proposiciones del enemigo, que le ofrecía cederle Tacna y Arica –léase una salida al mar- a cambio de abandonar al Perú y pasarse al bando enemigo en plena conflagración. Finalmente, cuando Arequipa fue ocupada, importantes batallones del ejército boliviano, dirigido por su presidente Narciso Campero, se encontraban en Puno, territorio peruano, de acuerdo con una estrategia militar acordada previamente, y que consistía en que las fuerzas aliadas confluyeran en la ciudad lacustre para resistir la invasión desde allí. Como hemos ya señalado, los sucesos del 25 de octubre de 1883 frustraron esa posibilidad[4].

Los estados, y sus gobiernos, son responsables ante sus pueblos. Mientras en la escuela los capítulos de historia que tratan la guerra del 79 sigan siendo los estelares, cuando no los únicos con los que nuestra sociedad le cuenta a sus hijos quien es Bolivia y quien es Chile (y viceversa), seguiremos criando en el nacionalismo a los ciudadanos del mañana. Es la escuela en donde debemos enseñar que Bolivia no es el traidor que se piensa, tanto como divulgar otras historias, las positivas, las cotidianas, las que unen a los pueblos y no solo los épicos relatos de héroes espectaculares, de grandes batallas, de sangre y de muerte, los mismos de siempre, los que nos hacen conceptuar al otro desde el orgullo, el rencor y la recíproca desconfianza.   Sirva pues este libro para hermanar dos pueblos unidos desde la historia, la geografía y la cultura: el Perú y Bolivia.

[1] Habermas. Jürten. Más allá del Estado nacional. México, Fondo de Cultura Económica, 1998. p. 191

[2] Véase Parodi, Daniel. La laguna de los villanos. Bolivia, Arequipa y Lizardo Montero en la Guerra del Pacífico. Lima, Fondo editorial PUCP e IFEA, 2001 y Nuñez, Mario. Puno en la Guerra con Chile. Puno, Mario Nuñez, 2012.

[3] Véase Parodi, ibid.

Valores e Ideales del Aprismo del siglo XXI

 

VALORES E IDEALES DEL APRISMO DEL SIGLO XXI

DECÁLOGO

Por: Daniel Parodi Revoredo

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Queridos compañeros y compañeras:

El presente decálogo busca contribuir con los dirigentes regionales, provinciales, distritales y de sectores del Partido Aprista Peruano en su sacrificada labor de orientar y formar ideológicamente a nuestros compañeros a nivel  nacional.

En tiempos de crisis partidaria, en los que la dirigencia nacional, con mandato vencido, ha abdicado de su responsabilidad de formar apristas, el presente decálogo busca ser un manual sencillo y destinado a la difusión para formar a los jóvenes apristas que recién se incorporan a nuestro movimiento y también para que  los militantes de siempre puedan pensar el aprismo del siglo XXI y renovarse en los valores y principios que nos inspiran.

  1. Defensores de la democracia

Desde la década de 1930, el aprismo se alzó como la fuerza política que le abrió paso a la democracia y a la justicia social en el Perú enfrentando dictaduras tan feroces como las de Sánchez Cerro, Benavides y Odría. También la dictadura fujimorista persiguió al aprismo. Por esta razón, todo aprista debe defender la constitución, la institucionalidad democrática, la vigencia de la más irrestricta libertad e independencia de los poderes del Estado. En sentido contrario, todo aprista debe insurgir ante cualquier amenaza contra la democracia venga de donde venga y sin importar el color político que dicha amenaza tenga.

  1. Defensores de la justicia social

El Apra es el Partido del Pueblo, su compromiso, desde su fundación, fue con los más pobres y también con las clases medias emergentes como hoy lo son los comerciantes informales que con su trabajo han sacado adelante al nuevo Perú. Toda política y planteamiento programático del aprismo debe apuntar a la lucha contra la pobreza y a la superación de esta a través de la educación y el trabajo. El Aprista debe apoyar toda iniciativa pública o privada que apunte a mejorar la calidad de vida de los peruanos, al mismo tiempo que elaborar y proponer iniciativas que fortalezcan las oportunidades del sector informal para progresar y formalizarse.

  1. Defensores de los derechos humanos y civiles

Hay compañeros que, debido a la dramática falta de adoctrinamiento de nuestra militancia por el abandono del que es sujeto el partido por parte de su dirigencia nacional, con honrosas excepciones, piensan que los derechos humanos y civiles son cuestión de “caviares”, “rábanos” y “rojos” porque estos sectores últimamente se han posicionado en estos temas. Nada más alejado de la verdad, fue el Apra misma quien trajo las nociones de derechos humanos y civiles al Perú.

En el primer caso, invocándolos para la defensa de la libertad e integridad de nuestros viejos compañeros presos, torturados, y en peligro de muerte. Recordemos que grandes personales mundiales como Albert Einstein y Romand Rolland invocaron los derechos humanos para defender la vida de nuestro Jefe Víctor Raúl cuando sufría la persecución de implacables dictaduras.

Además, la Declaración Universal de los Derechos Humanos fue establecida por la ONU en 1948 para evitar que vuelvan a presentarse crímenes de lesa humanidad como los que cometió el nazismo en la 2da Guerra Mundial.  Por esa razón, todos tenemos derecho a un juicio y a que se nos aplique la ley si cometemos delitos; lo que nadie puede hacer, y menos el Estado, es tomar las justicia en sus manos y torturar, privar de su libertad o eventualmente matar a alguien sin que sea juzgado.

Respecto de los derechos civiles, TODOS FUERON OBTENIDOS POR EL APRA Y POR LA LUCHA APRISTA DE DÉCADAS. Desde el voto femenino que propusimos en la constituyente de 1931, antes la jornada de las 8 horas que conquistamos en 1919, hasta el sufragio universal y el voto al analfabeto que conquistamos a través de nuestra Constitución de 1979, todas son conquistas apristas. De modo que un aprista solo puede estar a la vanguardia de los derechos civiles.

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  1. Defensores de la inversión extranjera para el desarrollo

Ya desde El Antimperialismo y el APRA, Víctor Raúl Haya de la Torre señaló que Indoamérica necesitaba los capitales y la tecnología del imperialismo para desarrollarse industrialmente y generar riqueza. Pero señaló que ese desarrollo depende de la manera como llegue el imperialismo. Si este llega a llevarse los recursos sin dejar nada, es malo; en cambio, si llega a compartir su tecnología y dejarnos buenas regalías promoverá el despegue del país.

Por eso, como apristas debemos promover la inversión extranjera dentro de un plan de transformación de nuestra estructura productiva para dejar de ser un país exportador primario y convertirnos en un país desarrollado. Para ello, los capitales y tecnología extranjeros son el primer paso pero junto a él es imprescindible una política educativa-tecnológica de primer nivel, tanto como una capacitación de nuestra clase trabajadora para estar preparados para asumir el desafío de la transformación productiva-industrial.

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  1. Promotores de ciudadanía

Cuando Haya de la Torre fundó las Universidades Populares Gonzáles Prada lo hizo porque comprendió que el Perú de entonces era un país feudal en donde las masas indígenas relegadas al analfabetismo no conocían los derechos ciudadanos que les eran sistemáticamente negados. Por eso Víctor Raúl comenzó el trabajo con los obreros de las fábricas aledañas a Lima y las ciudades para capacitarlos y generar una clase obrera educada y consciente de sus derechos que esté dispuesta a defenderlos hasta las últimas consecuencias.

A pesar del tiempo transcurrido, la situación no es muy diferente. La gran mayoría de peruanos no ha leído la Constitución y no sabe sus derechos por lo que muchas veces es víctima de abusos por parte de la autoridad o de sus empleadores. Es deber del Apra, como parte de su tarea de fortalecimiento de la democracia, formar cuadros, desde los militantes de base hasta los dirigentes nacionales, preparados como ciudadanos conscientes, defensores y difusores de sus derechos civiles, laborales, humanos y constitucionales.

  1. Formadores de cuadros políticos

Como paso complementario al anterior, el Apra debe volver a ser escuela de cuadros políticos como lo fue en el pasado y desgraciadamente ha dejado de serlo. Un cuadro aprista no puede ser como uno fujimorista, como esos parlamentarios con títulos universitarios “bamba”, o como ese congresista que, siendo médico, sostuvo en una comisión del congreso que leer producía Alzheimer.

No olvidemos que cuadro aprista fue para empezar nuestro Jefe Víctor Raúl, y además de él, Luis Alberto Sánchez, Antenor Orrego, Manuel Seoane, Luis Heysen, Rómulo Meneses, Andrés Townsend, Arturo Sabroso, Luis Negreiros Vega y que, sin importar si fuesen profesionales o trabajadores, tenían un gran nivel de preparación política para convertirse en agentes revolucionarios de la democracia y la justicia social.

Por ello, todo aprista, solo para empezar, tiene que haber leído los siguientes libros:

  1. El Antimperialismo y el Apra (VRHT)

  2. Treinta años de aprismo (VRHT)

  3. Por la emancipación de América Latina (VRHT)

  4. Mensaje de la Europa Nórdica (VRHT)

  5. Haya de la Torre y el Apra (LAS)

  6. Testimonio Personal (LAS)

Esa es la formación básica mínima de todo militante aprista, lo que no excluye la capacitación en temas de actualidad, en cursos de gestión y gobierno etc., necesarios para el buen ejercicio de la función pública.

 7. La política como servicio público

Un aprista no debe venir al APRA a servirse de ella, si se trata de obtener beneficios, chambas, o, lo que es peor, de enriquecerse a costas del Estado, allí está el fujimorismo que trabaja así y cientos de movimientos regionales que son completamente corruptos. El Apra es un ejército civil de ciudadanos que quieren servir a la comunidad. Por eso cada aprista debe preguntarse si realmente lo que busca es sacrificarse por el pueblo como lo hicieron nuestras primeras generaciones y nuestros mártires de Chan Chan. Si el servicio público y a la comunidad no los inspira entonces deben dejar la institución.

  1. Opositores al clientelismo

En concordancia con el punto anterior, el Apra se opone a clientelismo y la corrupción. En el Apra no se trata de rodear a personas con poder para ver como beneficiarse de esa situación. En El Apra no se trata de ganar lealtades recorriendo los pueblos y ofreciendo regalos a la población como les gusta hacer a los hermanos Fujimori o a César Acuña.

Lo que el Apra busca es capacitar al pueblo a través de la educación dentro del Partido y desde el Estado, a través de la reforma y la mejora de la calidad de la educación, para dotar a todo ciudadano de las capacidades necesarias para acceder a la igualdad de oportunidades.

De este modo, el ciudadano través de un oficio, un negocio o una profesión podrá desarrollarse como ser humano y otorgarle bienestar a su familia y, a través de ella, a la sociedad. El Apra debe enseñar, formar, capacitar, y no regalar a cambio de favores. Esto no quita nuestra solidaridad y ayuda a los más necesitados en casos de emergencia como la situación por la que acaba de pasar nuestro país debido a los desastres naturales provocados por el Niño Costero

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  1. Formadores de valores y virtudes

El Aprista debe recibir del partido una sólida formación en valores, como la honradez, la honestidad, la solidaridad, el servicio a los demás, el respeto a los demás, la disciplina incluso en su vida privada. Haya de la Torre decía Joven prepárate para la acción no para el placer. Un aprista no bebe en exceso, no maltrata a su mujer, es un trabajador esforzado, hombre y mujer de familia, tiene valores positivos.

10.- Por un bloque económico indoamericano

En el plano internacional, el APRA mantiene su apotegma de la unión indoamericana pero adaptada a los tiempos de la globalización. Desde esa perspectiva, el impulso de la Alianza del Pacífico por parte de nuestro segundo gobierno es el inicio de un proyecto que debe continuar sumando economías indoamericanas para participar como bloque en el mundo. De esta manera, nuestras oportunidades de concurrir con éxito a la globalización serán mayores. No olvidemos que Haya de la Torre vio la economía-política mundiales como bloques desde la década de 1920.

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VIVA EL COMPAÑERO JEFE HAYA DE LA TORRE

POR LA RENOVACIÓN DEL APRA

POR LA JUSTICIA SOCIAL CON PAN CON LIBERTAD

EN CONTRA DE LA CÚPULA Y EL SECUESTRO INSTITUCIONAL DEL PAP

POR UN CONGRESO PRONTO Y LIMPIO

SEASAP COMPAÑEROS

  1. Daniel Parodi Revoredo

Neoclientelismo a la peruana

Neo-clientelismo a la peruana

El Perú republicano nació clientelista. Ante la partida de la administración española y la debilidad del Estado peruano, los líderes provinciales…
LIDERESA DE FUERZA POPULAR KEIKO FUJIMORI ACEPTA DEMOCRATICAMENTE LOS RESULTADOS DE LA ONPE

El Perú republicano nació clientelista. Ante la partida de la administración española y la debilidad del Estado peruano, los líderes provinciales -prefectos, hacendados, curas, caciques y oficiales del ejército establecieron redes políticas que implicaron cadenas de dones y contradones. Así se construyó nuestra política durante los primeros años de vida independiente.

Desde 1871, con el Partido Civil, tuvimos una organización parecida a un partido político, aunque tal carácter se lo han discutido la mayoría de sus estudiosos. También es discutible su origen: para Mc Evoy es la expresión de dos décadas de esfuerzos republicanos; para Yepes es la  mera reacción de los “salidos del guano” ante el contrato Dreyffus de 1869, que les arrebató el pingüe negocio del fertilizante que ansiaban los mercados europeos.

Pero el experimento civilista tuvo que esperar otro cuarto de siglo para cristalizarse durante la República Aristocrática (1895 – 1919) a través de una democracia censitaria, en la que solo votaban alfabetos, varones y contribuyentes. Sin embargo, Leguía frustró la transición desde una democracia censitaria hasta otra de masas, basada en partidos políticos, y le ofreció al país la alternativa de la dictadura. De allí la larga persecución al Apra de Víctor Raúl y a sus esfuerzos democratizadores, y la abrumadora contradicción de alcanzar la igualdad social a través de un general llamado Juan Velasco.

En los ochenta nos llegó la república moderna aunque nadie la ha llamado así. Tuvimos partidos de derecha, de centro e izquierda. Sin embargo, la globalización, las crisis económicas mundial y nacional, y el terrorismo comunista frustraron la consolidación de la fase madura de nuestra democracia; Fujimori se encargó del resto bajo su premisa maldita: “los partidos políticos no sirven para nada”.

Y, sin partidos, retomamos las antiguas formas clientelares, solo que potenciadas por la internet y el i-phone; y volvimos a los líderes provinciales de antaño revestidos con nuevos y patéticos ropajes: el informal (en el mejor de los casos); el rector que nunca estudió, el narco, el minero ilegal, el traficante de terrenos, etc. Todos ellos reinventaron las viejas clientelas, más leales mientras más dinero hay de por medio.

Se entiende que solo veinte de los setenta congresistas fujimoristas militen en Fuerza Popular, los demás son los referidos líderes provinciales que esta organización ha sabido sumar a sus filas con innegable habilidad. He allí la nueva política, la que remite derechito a los primeros años del Perú independiente. Institucionalidad cero: la República hay que reconstruirla toda, nuevamente, desde sus bases doctrinales.

“Los héroes apristas de la democracia”

“Los héroes apristas de la democracia”

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Los fusilamientos de Chan Chan, de Felipe Cossio del Pomar. Millares de apristas dieron la vida por la democracia en sangrienta revolución de Trujillo

El héroe mitológico poseía poderes especiales otorgados por los dioses, como Aquiles, invulnerable salvo en su célebre talón. El héroe moderno se vincula con la ideología nacionalista difundida en el siglo XIX, que buscaba prohombres (militares) que se hubiesen destacado en hazañas de combate realizadas en absoluta inferioridad de condiciones, y a los que se idealiza haciéndolos parecer perfectos.

De ese modo, ni Grau, ni Bolognesi, ni Cáceres cometieron nunca un error, ni siquiera en su quehacer personal, porque el error no cabe en las características de un héroe. Pasa lo mismo con Arturo Pratt, alguna vez un colega chileno me dijo que no debía ser tan buen marino para capitanear la Esmeralda, uno de los peores buques de su escuadra. Pero hechos así se omiten pues se trata de elevar al héroe a una categoría superior.

Ahora bien, a los comandos de Chavín de Huántar se les ha elevado a la categoría de héroes de la democracia. El tema me parece grave debido a lo que este título representa y debido, me permito decirlo, a mi filiación política que es la misma que la de Luciana León, autora del proyecto, quien le asigna al APRA, como antes Javier Velásquez, el inmerecido rol de mensajera del fujimorismo.

A Luciana León le recuerdo que el APRA tiene miles de héroes de la democracia a los que el Estado peruano no reconoce como tales. El primero se llama, se lo subrayo por si se le olvidó, Víctor Raúl Haya de la Torre, perseguido 30 años por luchar precisamente por las libertades civiles que hoy disfrutamos; héroes de la democracia son los caídos en Chan Chan en 1932 que se rebelaron contra la dictadura de Sánchez Cerro, lo es Luis Negreiros Vega, gran luchador sindical mandado asesinar por el dictador Odría, lo son mil cien autoridades apristas que fueron ultimadas por Sendero porque se negaron a dejar sus cargos a pesar de que estaban en las “zonas liberadas”, sabían que los iban a matar y no tenían una bala para defenderse. Por supuesto, existen otros tantos héroes de otros partidos políticos que encontraron la muerte de igual manera. Heroína de la democracia es María Elena Moyano y ya paro de contar.

No tengo nada contra nuestros héroes militares, ni contra los comandos de Chavín de Huántar, quienes merecen nuestro reconocimiento, pero héroes por la democracia son los que dedicaron u ofrecieron su vida por construirla o defenderla y si hubiese que sumar militares a la lista yo añadiría al Coronel Gustavo Jiménez que se levantó contra Sánchez Cerro y se quitó la vida antes de rendirse y al General Jaime Salinas quien encabezó un levantamiento constitucional contra el dictador Fujimori y fue preso por ello.

Qué pena el APRA, lo digo una vez más, tan mal dirigida que olvida a sus mártires, inmersa en infelices devaneos con el fujimorismo, que la militancia rechaza. La democracia, la nuestra, la peruana, nos es tan esquiva que si algo tiene es héroes civiles por millares, es a todos ellos a quienes debemos erigirles un monumento.

Exclusivo para Palabras Esdrújulas

¿Hay lugar para el Apra en el siglo XXI?


¿Hay lugar para el APRA en el siglo XXI?

                                                                                                                                   

Pensar al APRA en el siglo XXI es situar a los partidos políticos en las primeras décadas del nuevo milenio. Moisés Naím en El Fin del Poder (2013) ubica su pérdida de preponderancia en un mundo global cuya revolución de las comunicaciones explica grandes movilizaciones ciudadanas canalizadas desde el twitter o el whatsapp antes que a través de las pancartas de las organizaciones políticas.  Del mismo modo, el ciudadano no es el mismo que aquel de hace 30 o 40 años, quien luchaba por grandes utopías. Entonces las cosas parecían más claras, se era de derecha o de izquierda, eventualmente socialdemócrata o socialcristiano, por lo que las ideologías eran la condición sine qua non del vínculo entre partido y militante. Hoy, tras el derrumbe de los grandes paradigmas ideológicos, se ha debilitado la capacidad que antes tenían las organizaciones políticas de vincular a la sociedad con el estado.

La antipolítica fujimorista y Alan García.

En el Perú, la caída del muro y el fin del mundo “de las ideologías” (1990) no solo coincidieron con la década fujimorista, sino que fueron sinérgicos con ella: el neoliberalismo quería estados débiles y partidos políticos también débiles, y resulta que Alberto Fujimori buscaba exactamente lo mismo para consolidar su proyecto caudillista-clientelar. El experimento de Cambio 90 refundó la cultura política nacional cimentándola sobre nuevos actores sociales emergentes del Perú de la transición demográfica que por primera vez se vinculaban asistencialistamente con el Estado. Esa amalgama de motivos, sumada a la satanización de los partidos políticos, cumplió a cabalidad el objetivo de divorciarlos de la sociedad.

Parece paradójico pero este esquema le vino como anillo al dedo a Alan García cuando volvió del exilio en 2001. García se erigió como líder indiscutido del aprismo desde que fuese elegido Secretario General del PAP en 1983, debido a una capacidad de arrastre popular espectacular que lo hizo, en 1985, alcanzar la presidencia de la república con más del 50% de los votos, superando con largueza el tradicional tercio que obtuviese su mentor Víctor Raúl en 1931, 1962 y 1963.

Desde que asumiera la conducción del APRA, a García no se le hacía amable la estructura de un partido sólidamente organizado y difícil de controlar; él prefería, más que instancias de gobierno internas, a un grupo de operadores absolutamente obsecuentes y leales que pudiesen movilizar la maquinaria del partido cuando a él le resultase conveniente. En 2001 Alan quería correr por libre y tener al APRA como comparsa. En la plaza San Martín, tras 10 años de ausencia, demostró que mantenía intactos sus dotes de orador: “y a mí me parece súbitamente un sueño estar aquí frente a ustedes esta noche, y a mí me parece súbitamente una añoranza cumplida estar frente a ustedes, y a mí me parece que quizás he muerto y estoy aquí frente a ustedes”.

En 2001, García encontró un ambiente político más propicio al caudillo que al partido. Cualquiera que sintonizase con las demandas populares podía ser presidente y en efecto pronto llegaría Alejandro Toledo y después Ollanta Humala. El tema es que entonces Alan seguía conectado a las masas y en un contexto caudillista; el PAP; por su parte, en tanto que partido político, ansiaba llegar al poder y por eso se reprodujo el pacto tácito entre caudillo y organización, y el APRA fue gobierno por segunda vez desde el 28 de julio de 2006.

Alan fuera de la era de los caudillos

Pero la reproducción contemporánea del viejo caudillismo militar de los inicios republicanos tiene en la volatilidad un límite que pocos pueden superar. Por eso, entre 1825 y 1845 el Perú tuvo 20 presidentes, todos militares. En USA, en el partidor de la carrera presidencial, se sabe que el ganador será demócrata o republicano y cada cuatro años Florida, cual calco de la elección anterior, se decanta voto a voto para saber quién será el nuevo “Mr. President”. En cambio, en nuestro país cualquiera puede ganar la partida y el electorado, súbitamente, puede darte su respaldo y quitártelo. Pregúntele a Alejandro Toledo como fue acogido en 2001 y abandonado en 2011, a mitad de camino.

Eso es exactamente lo que le pasó a Alan García en 2016, quien no se avalanzó nunca hacia las masas, no enganchó jamás con ellas o, sencillamente, el Charlot de Candilejas había perdido la capacidad de hacer reír a su público.  Alan sin las masas es un personaje extraño para sí mismo y es posible que anhele interiormente un nuevo baño de multitudes que lo lleve de regreso a Palacio, multitudes que probablemente nunca volverán; el problema es que lo que queda del APRA no desaparezca en el intento. Ya queda poco de la mística, de la flama prendida; en el aula de clase no vale preguntar por el aprista, sino por el abuelito o abuelita aprista; por los contemporáneos de Víctor Raúl que siguen en pie; esos no son golondrinos, esos morirán con la estrella en el pecho, esos son del Compañero Jefe pero de esos ya quedan muy pocos.

Y es en este punto que está trabada el APRA de hoy, cuyo aparato partidario parece secuestrado por una directiva caduca que aún responde a la voluntad de García. A esta se le opone Enrique Cornejo, golpeado por acusaciones que no se han dirigido a él pero sí a sus principales colaboradores mientras fuera titular de Transportes. Cornejo aparece como el único con la fuerza y la organicidad para desplazar una cúpula férreamente enquistada e iniciar la reorganización del APRA desde abajo, por lo que es deseable que su situación no se complique.

Víctor Raúl al final del túnel

La izquierda no deja de criticar la trayectoria de Haya de la Torre por sus supuestos virajes ideológicos; el último es Antonio Zapata con “El APRA: historia de un zigzag (2016)”, a pesar de que trabajos como el de Imelda Vega Centeno (1991); Hugo Vallenas (1992) y Hugo Neira (1996); claman por desarrollar otros aspectos de la experiencia aprista, como la relación del líder con las masas; la comprensión de Haya como un político de realidades o la experiencia del exilio como explicación de la identidad aprista, a lo que yo añadiría el estudio del movimiento aprista como protagonista del complejo proceso de democratización de la sociedad peruana a lo largo del siglo XX.

Haya de la Torre diagnosticó temprano (1921) la ausencia de una ciudadanía democrática en el Perú y por eso se dio a crearla; de allí las Universidades Populares, el Partido Escuela y la alucinante capacidad de formar un ejército civil conducido por líderes morales intachables que predicasen con el ejemplo. La izquierda comunista se equivocó con Haya, el tema con él es más construir la democracia que ceñirse a la ortodoxia marxista; es más la revolución moral que la insurrección armada; es más el servicio público que la lucha de clases.

Hoy, el círculo abierto por La APRA fundacional puede cerrarse exitosamente porque un ejército de ciudadanos que ejerza la función pública con probidad es lo que piden a gritos las entrañas del país. ¿Tendrá el PAP al menos un millar de trabajadores/as manuales e intelectuales con la suficiente determinación para acabar con el secuestro de la propia organización y redireccionar a su partido por los austeros y probos caminos de Haya de la Torre? El APRA necesita salir de Alan y volver a Víctor Raúl, así se lo pide el Perú contemporáneo.

Publicado en Ideele #261

p.s. Este artículo se publicó en fecha anterior a la renuncia de Enrique Cornejo al PAP.

La posición del APRA

 

 La posición del Apra

bancada-aprista

Por Daniel Parodi

Desde la instalación del nuevo Congreso Nacional, la célula parlamentaria aprista ha es­tado cercana al fujimorismo. Esto comenzó desde que decidió formar parte de la MD del Congreso, controla­da por Fuerza Popular, y se confirmó en prácticamente todos los actos posterio­res: propuesta para bajar la valla electo­ral y permitirle a Keiko Fujimori ganar en primera vuelta, propuesta para tumbar­se la Ley Universitaria, acompañamiento al fujimorismo en la interpelación al mi­nistro Jaime Saavedra y amenaza al pre­sidente Pedro Pablo Kuczynski de desti­tuirlo si aplicase la cuestión de confianza.

Recuerdo que estuve en contra de la re­vocatoria a Susana Villarán. Sin conside­rarla una gran alcaldesa ni mucho menos, pensaba que era más fácil dejar que conclu­ya su mandato. Pero resulta que mi parti­do, consultadas sus bases limeñas, se ma­nifestó a favor de dicha medida y entonces publiqué un artículo titulado “El Apra y la revocatoria”, tratando de explicar las ra­zones que tenía el PAP para adoptar esta medida, al margen de mi opinión particu­lar. Fue lo que creí pertinente hacer por respeto a la posición adoptada en el seno del Apra. Es por comprender esta premi­sa que el PAP se une allí donde la izquier­da se divide.

En todo caso, no es esto lo que está ocu­rriendo hoy: El Apra está acéfalo. Aunque se alegue que el CEN anterior sigue vigente, el PAP no tiene gobierno legítimo que es­tablezca, en consulta con las bases, la posi­ción del partido frente a los grandes temas nacionales. Por esta razón, hoy la CPA ac­túa por libre, y esto involucra, inclusive, la postura adoptada frente a la Ley Univer­sitaria y la eventual censura al ministro Sa­avedra, más allá de la opinión personal de cada quien, o de una eventual renuncia del titular de Educación.

Otros eran los tiempos en los cuales la posición del Apra aparecía en los diarios a página completa; entonces se sabía lo que pensaba institucionalmente el Parti­do Aprista sobre tal o cual cuestión de im­portancia nacional e internacional. Mien­tras tanto, los seguidores de Víctor Raúl Haya de la Torre, que todavía son muchos, siguen esperando que les devuelvan su par­tido, su querido Partido del Pueblo, através de elecciones internas que solo saben pos­tergarse. ¿A quién se lo tienen que pedir?

Publicado hoy en Exitosa

OPINIÓN |Daniel Parodi: La posición del Apra

Huacas en Quechua

 

 Huacas en quechua

Ojalá y mucho más se hiciese por el quechua, como el catalán de Cataluña y el euskera de Euskadi; así terminaremos de construir nuestra na­ción pluricultural

Por Daniel Parodi

Huacas. Siempre me sorprendió que los vecinos de diversos distritos de Lima no le prestasen atención a las huacas que adornan el par­que de su cuadra; he visto en Pueblo Libre impresionantes restos preincaicos como parte del paisaje cotidiano, pero no repara­mos en el hecho de que estos constituyen sitios arqueológicos que hacen del barrio un lugar mucho más interesante para vivir.

En Europa es distinto, vivir cerca de un castillo, para empezar, eleva el precio de la vivienda y le otorga notoriedad al barrio, pueblo o ciudad que lo posee. Es el caso de Liria, pequeño pueblo cerca a Valen­cia cuya fortaleza medioeval es su insig­nia; o Aurillac, en el sur de Francia, cuyo centro histórico corona una torre de pie­dra que alguna vez fue el puesto de vigi­lancia del valle.

Por todo ello, el programa “Lima, la ciu­dad de las huacas” patrocinado por el Mi­nisterio de Cultura es una excelente inicia­tiva que esperamos sea el principio de toda una política de puesta en valor de nuestros sitios arqueológicos, que incluya su restau­ración y su inclusión en la vida del barrio a través de la realización, en ellos, de activi­dades artísticas y culturales, tanto como la atracción del turismo. La riqueza patrimo­nial la tenemos al frente, hay que aprender a disfrutar de ella y aprovecharla.

Quechua. Resulta curioso que dos go­biernos de líneas opuestas hayan arriba­do a la misma conclusión: el quechua. Pri­mero fue Juan Velasco quien la decretó segunda lengua oficial del Perú. Ahora viene la gestión de PPK, que anuncia el lanzamiento de un noticiero en quecha a través de TV Perú.

¡Qué importante! Pues la inclusión no solo consiste en la creación de programas sociales, que vaya que los necesitamos. Pero la inclusión desde el discurso es un tema que hemos postergado tanto que hasta el día de hoy existe la justa percepción pro­vinciana de que Lima vive, como siempre, de espaldas al Perú.

Por eso, se equivocan quienes pien­san que la inclusión es solo un tema ma­terial. Más bien, es una cuestión básica de alteridad, de reconocimiento del otro al punto de convertirlo en parte de no­sotros; de decirle: “tú existes, eres par­te de esta sociedad porque te reconoz­co en tu esencia”. Ojalá y mucho más se hiciese por el quechua, como el catalán de Cataluña y el euskera de Euskadi; así terminaremos de construir nuestra na­ción pluricultural.

Publicado en Exitosa el 27 de noviembre de 2016

OPINIÓN |Daniel Parodi: Huacas en quechua

Fidel y los dictadores

FIDEL Y LOS DICTADORES

 Tratarlo de asesino es un simplismo

Me precio de haberme opuesto a todas las dictaduras, de las más cercanas en el tiempo, la de Hugo Chávez y la de Alberto Fujimori, que he encontrado parecidísimas e igual de obscenas. Pero no por lo dicho voy a renunciar al análisis, ni a caer en el maniqueísmo barato de andar por ahí gritándole asesino a uno u otro.

Enseño Fujimori en clase y no puedo dejar de decir que sentó las bases de nuestro actual modelo económico, que guste o no guste, es la clave para que en los últimos años, tras recuperar la democracia, el Perú haya reducido exponencialmente la pobreza. Pero seguidamente hablo de la dictadura fuji-montesinista, de su profunda oscuridad, crímenes de lesa humanidad, y de la corrupción con la que capturó el aparato del estado, acabando con nuestra institucionalidad democrática.

Con Fidel Castro me toca hacer lo mismo, está claro que lleva muertes a cuestas, lo que es repudiable, pero no puedo reducirlo a eso, tanto como tampoco puedo reducir la Revolución Francesa a la guillotina. Parece mentira pero es verdad, la revolución de la libertad, la fraternidad y la igualdad violó como casi nadie los derechos humanos. Es que así está escrita la historia, tan humana como la contradicción, como diría Miguel Ríos.

Hay sin embargo, un caso en el me contradigo, en el que todos nos contradecimos y que amerita revisarse ¿qué pasa con Hitler? Es positivamente cierto que a Hitler no lo hemos analizado, solo lo hemos condenado. Quizá porque la humanidad hizo una excepción con su máximo genocida, al punto que hasta su más cercano competidor, José Stalin, y sus horribles campos de concentración, no han impedido el análisis cotidiano del proceso soviético y digo cotidiano porque, en efecto, los historiadores sí hemos estudiado a todos sin excepción, inclusive a Hitler.

Marx decía que la violencia es la partera de la historia, no es que yo sea marxista pero la frase me dice cosas respecto de Fidel Castro quien enfrentó y derrotó a un imperio que no le dio tregua pero pagando el alto precio de convertirse él en emperador y proceder como tal contra su pueblo. Esto no me impide reconocer el éxito de algunas de sus políticas públicas, ni la manera como inspiró a generaciones de latinoamericanos.

Conversaba con mis alumnos recién sobre la muerte de Fidel Castro. Para empezar todos sabían de quien estaba hablando y lo subrayo porque hoy no todos los peruanos saben quién fue Fernando Belaúnde. Es que Fidel Castro nos tocó a todos e incluso la actual generación, que sólo lo conoció en su retiro, sabe perfectamente de quien se trata.

Entonces dialoguemos, intercambiemos ideas, ampliemos el debate todo lo posible, charlemos inter-generacionalmente que si hay quienes dan para eso, estos son precisamente Fidel Castro y la Revolución Cubana. Cuando decimos, sin más, que Fidel Castro fue un asesino, en realidad estamos asesinando el debate, la memoria histórica, la reflexión, cuando tenemos tanto de que hablar sobre él y sobre el che Guevara, como promotores de sueños de justicia que se perdieron con el tiempo en un despertar autoritario.

Daniel Parodi

Publicado en La Mula el 26 de noviembre de 2016

https://daupare.lamula.pe/2016/11/28/fidel-y-los-dictadores/daupare/