Valores e Ideales del Aprismo del siglo XXI

 

VALORES E IDEALES DEL APRISMO DEL SIGLO XXI

DECÁLOGO

Por: Daniel Parodi Revoredo

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Queridos compañeros y compañeras:

El presente decálogo busca contribuir con los dirigentes regionales, provinciales, distritales y de sectores del Partido Aprista Peruano en su sacrificada labor de orientar y formar ideológicamente a nuestros compañeros a nivel  nacional.

En tiempos de crisis partidaria, en los que la dirigencia nacional, con mandato vencido, ha abdicado de su responsabilidad de formar apristas, el presente decálogo busca ser un manual sencillo y destinado a la difusión para formar a los jóvenes apristas que recién se incorporan a nuestro movimiento y también para que  los militantes de siempre puedan pensar el aprismo del siglo XXI y renovarse en los valores y principios que nos inspiran.

  1. Defensores de la democracia

Desde la década de 1930, el aprismo se alzó como la fuerza política que le abrió paso a la democracia y a la justicia social en el Perú enfrentando dictaduras tan feroces como las de Sánchez Cerro, Benavides y Odría. También la dictadura fujimorista persiguió al aprismo. Por esta razón, todo aprista debe defender la constitución, la institucionalidad democrática, la vigencia de la más irrestricta libertad e independencia de los poderes del Estado. En sentido contrario, todo aprista debe insurgir ante cualquier amenaza contra la democracia venga de donde venga y sin importar el color político que dicha amenaza tenga.

  1. Defensores de la justicia social

El Apra es el Partido del Pueblo, su compromiso, desde su fundación, fue con los más pobres y también con las clases medias emergentes como hoy lo son los comerciantes informales que con su trabajo han sacado adelante al nuevo Perú. Toda política y planteamiento programático del aprismo debe apuntar a la lucha contra la pobreza y a la superación de esta a través de la educación y el trabajo. El Aprista debe apoyar toda iniciativa pública o privada que apunte a mejorar la calidad de vida de los peruanos, al mismo tiempo que elaborar y proponer iniciativas que fortalezcan las oportunidades del sector informal para progresar y formalizarse.

  1. Defensores de los derechos humanos y civiles

Hay compañeros que, debido a la dramática falta de adoctrinamiento de nuestra militancia por el abandono del que es sujeto el partido por parte de su dirigencia nacional, con honrosas excepciones, piensan que los derechos humanos y civiles son cuestión de “caviares”, “rábanos” y “rojos” porque estos sectores últimamente se han posicionado en estos temas. Nada más alejado de la verdad, fue el Apra misma quien trajo las nociones de derechos humanos y civiles al Perú.

En el primer caso, invocándolos para la defensa de la libertad e integridad de nuestros viejos compañeros presos, torturados, y en peligro de muerte. Recordemos que grandes personales mundiales como Albert Einstein y Romand Rolland invocaron los derechos humanos para defender la vida de nuestro Jefe Víctor Raúl cuando sufría la persecución de implacables dictaduras.

Además, la Declaración Universal de los Derechos Humanos fue establecida por la ONU en 1948 para evitar que vuelvan a presentarse crímenes de lesa humanidad como los que cometió el nazismo en la 2da Guerra Mundial.  Por esa razón, todos tenemos derecho a un juicio y a que se nos aplique la ley si cometemos delitos; lo que nadie puede hacer, y menos el Estado, es tomar las justicia en sus manos y torturar, privar de su libertad o eventualmente matar a alguien sin que sea juzgado.

Respecto de los derechos civiles, TODOS FUERON OBTENIDOS POR EL APRA Y POR LA LUCHA APRISTA DE DÉCADAS. Desde el voto femenino que propusimos en la constituyente de 1931, antes la jornada de las 8 horas que conquistamos en 1919, hasta el sufragio universal y el voto al analfabeto que conquistamos a través de nuestra Constitución de 1979, todas son conquistas apristas. De modo que un aprista solo puede estar a la vanguardia de los derechos civiles.

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  1. Defensores de la inversión extranjera para el desarrollo

Ya desde El Antimperialismo y el APRA, Víctor Raúl Haya de la Torre señaló que Indoamérica necesitaba los capitales y la tecnología del imperialismo para desarrollarse industrialmente y generar riqueza. Pero señaló que ese desarrollo depende de la manera como llegue el imperialismo. Si este llega a llevarse los recursos sin dejar nada, es malo; en cambio, si llega a compartir su tecnología y dejarnos buenas regalías promoverá el despegue del país.

Por eso, como apristas debemos promover la inversión extranjera dentro de un plan de transformación de nuestra estructura productiva para dejar de ser un país exportador primario y convertirnos en un país desarrollado. Para ello, los capitales y tecnología extranjeros son el primer paso pero junto a él es imprescindible una política educativa-tecnológica de primer nivel, tanto como una capacitación de nuestra clase trabajadora para estar preparados para asumir el desafío de la transformación productiva-industrial.

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  1. Promotores de ciudadanía

Cuando Haya de la Torre fundó las Universidades Populares Gonzáles Prada lo hizo porque comprendió que el Perú de entonces era un país feudal en donde las masas indígenas relegadas al analfabetismo no conocían los derechos ciudadanos que les eran sistemáticamente negados. Por eso Víctor Raúl comenzó el trabajo con los obreros de las fábricas aledañas a Lima y las ciudades para capacitarlos y generar una clase obrera educada y consciente de sus derechos que esté dispuesta a defenderlos hasta las últimas consecuencias.

A pesar del tiempo transcurrido, la situación no es muy diferente. La gran mayoría de peruanos no ha leído la Constitución y no sabe sus derechos por lo que muchas veces es víctima de abusos por parte de la autoridad o de sus empleadores. Es deber del Apra, como parte de su tarea de fortalecimiento de la democracia, formar cuadros, desde los militantes de base hasta los dirigentes nacionales, preparados como ciudadanos conscientes, defensores y difusores de sus derechos civiles, laborales, humanos y constitucionales.

  1. Formadores de cuadros políticos

Como paso complementario al anterior, el Apra debe volver a ser escuela de cuadros políticos como lo fue en el pasado y desgraciadamente ha dejado de serlo. Un cuadro aprista no puede ser como uno fujimorista, como esos parlamentarios con títulos universitarios “bamba”, o como ese congresista que, siendo médico, sostuvo en una comisión del congreso que leer producía Alzheimer.

No olvidemos que cuadro aprista fue para empezar nuestro Jefe Víctor Raúl, y además de él, Luis Alberto Sánchez, Antenor Orrego, Manuel Seoane, Luis Heysen, Rómulo Meneses, Andrés Townsend, Arturo Sabroso, Luis Negreiros Vega y que, sin importar si fuesen profesionales o trabajadores, tenían un gran nivel de preparación política para convertirse en agentes revolucionarios de la democracia y la justicia social.

Por ello, todo aprista, solo para empezar, tiene que haber leído los siguientes libros:

  1. El Antimperialismo y el Apra (VRHT)

  2. Treinta años de aprismo (VRHT)

  3. Por la emancipación de América Latina (VRHT)

  4. Mensaje de la Europa Nórdica (VRHT)

  5. Haya de la Torre y el Apra (LAS)

  6. Testimonio Personal (LAS)

Esa es la formación básica mínima de todo militante aprista, lo que no excluye la capacitación en temas de actualidad, en cursos de gestión y gobierno etc., necesarios para el buen ejercicio de la función pública.

 7. La política como servicio público

Un aprista no debe venir al APRA a servirse de ella, si se trata de obtener beneficios, chambas, o, lo que es peor, de enriquecerse a costas del Estado, allí está el fujimorismo que trabaja así y cientos de movimientos regionales que son completamente corruptos. El Apra es un ejército civil de ciudadanos que quieren servir a la comunidad. Por eso cada aprista debe preguntarse si realmente lo que busca es sacrificarse por el pueblo como lo hicieron nuestras primeras generaciones y nuestros mártires de Chan Chan. Si el servicio público y a la comunidad no los inspira entonces deben dejar la institución.

  1. Opositores al clientelismo

En concordancia con el punto anterior, el Apra se opone a clientelismo y la corrupción. En el Apra no se trata de rodear a personas con poder para ver como beneficiarse de esa situación. En El Apra no se trata de ganar lealtades recorriendo los pueblos y ofreciendo regalos a la población como les gusta hacer a los hermanos Fujimori o a César Acuña.

Lo que el Apra busca es capacitar al pueblo a través de la educación dentro del Partido y desde el Estado, a través de la reforma y la mejora de la calidad de la educación, para dotar a todo ciudadano de las capacidades necesarias para acceder a la igualdad de oportunidades.

De este modo, el ciudadano través de un oficio, un negocio o una profesión podrá desarrollarse como ser humano y otorgarle bienestar a su familia y, a través de ella, a la sociedad. El Apra debe enseñar, formar, capacitar, y no regalar a cambio de favores. Esto no quita nuestra solidaridad y ayuda a los más necesitados en casos de emergencia como la situación por la que acaba de pasar nuestro país debido a los desastres naturales provocados por el Niño Costero

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  1. Formadores de valores y virtudes

El Aprista debe recibir del partido una sólida formación en valores, como la honradez, la honestidad, la solidaridad, el servicio a los demás, el respeto a los demás, la disciplina incluso en su vida privada. Haya de la Torre decía Joven prepárate para la acción no para el placer. Un aprista no bebe en exceso, no maltrata a su mujer, es un trabajador esforzado, hombre y mujer de familia, tiene valores positivos.

10.- Por un bloque económico indoamericano

En el plano internacional, el APRA mantiene su apotegma de la unión indoamericana pero adaptada a los tiempos de la globalización. Desde esa perspectiva, el impulso de la Alianza del Pacífico por parte de nuestro segundo gobierno es el inicio de un proyecto que debe continuar sumando economías indoamericanas para participar como bloque en el mundo. De esta manera, nuestras oportunidades de concurrir con éxito a la globalización serán mayores. No olvidemos que Haya de la Torre vio la economía-política mundiales como bloques desde la década de 1920.

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VIVA EL COMPAÑERO JEFE HAYA DE LA TORRE

POR LA RENOVACIÓN DEL APRA

POR LA JUSTICIA SOCIAL CON PAN CON LIBERTAD

EN CONTRA DE LA CÚPULA Y EL SECUESTRO INSTITUCIONAL DEL PAP

POR UN CONGRESO PRONTO Y LIMPIO

SEASAP COMPAÑEROS

  1. Daniel Parodi Revoredo

Neoclientelismo a la peruana

Neo-clientelismo a la peruana

El Perú republicano nació clientelista. Ante la partida de la administración española y la debilidad del Estado peruano, los líderes provinciales…
LIDERESA DE FUERZA POPULAR KEIKO FUJIMORI ACEPTA DEMOCRATICAMENTE LOS RESULTADOS DE LA ONPE

El Perú republicano nació clientelista. Ante la partida de la administración española y la debilidad del Estado peruano, los líderes provinciales -prefectos, hacendados, curas, caciques y oficiales del ejército establecieron redes políticas que implicaron cadenas de dones y contradones. Así se construyó nuestra política durante los primeros años de vida independiente.

Desde 1871, con el Partido Civil, tuvimos una organización parecida a un partido político, aunque tal carácter se lo han discutido la mayoría de sus estudiosos. También es discutible su origen: para Mc Evoy es la expresión de dos décadas de esfuerzos republicanos; para Yepes es la  mera reacción de los “salidos del guano” ante el contrato Dreyffus de 1869, que les arrebató el pingüe negocio del fertilizante que ansiaban los mercados europeos.

Pero el experimento civilista tuvo que esperar otro cuarto de siglo para cristalizarse durante la República Aristocrática (1895 – 1919) a través de una democracia censitaria, en la que solo votaban alfabetos, varones y contribuyentes. Sin embargo, Leguía frustró la transición desde una democracia censitaria hasta otra de masas, basada en partidos políticos, y le ofreció al país la alternativa de la dictadura. De allí la larga persecución al Apra de Víctor Raúl y a sus esfuerzos democratizadores, y la abrumadora contradicción de alcanzar la igualdad social a través de un general llamado Juan Velasco.

En los ochenta nos llegó la república moderna aunque nadie la ha llamado así. Tuvimos partidos de derecha, de centro e izquierda. Sin embargo, la globalización, las crisis económicas mundial y nacional, y el terrorismo comunista frustraron la consolidación de la fase madura de nuestra democracia; Fujimori se encargó del resto bajo su premisa maldita: “los partidos políticos no sirven para nada”.

Y, sin partidos, retomamos las antiguas formas clientelares, solo que potenciadas por la internet y el i-phone; y volvimos a los líderes provinciales de antaño revestidos con nuevos y patéticos ropajes: el informal (en el mejor de los casos); el rector que nunca estudió, el narco, el minero ilegal, el traficante de terrenos, etc. Todos ellos reinventaron las viejas clientelas, más leales mientras más dinero hay de por medio.

Se entiende que solo veinte de los setenta congresistas fujimoristas militen en Fuerza Popular, los demás son los referidos líderes provinciales que esta organización ha sabido sumar a sus filas con innegable habilidad. He allí la nueva política, la que remite derechito a los primeros años del Perú independiente. Institucionalidad cero: la República hay que reconstruirla toda, nuevamente, desde sus bases doctrinales.

“Los héroes apristas de la democracia”

“Los héroes apristas de la democracia”

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Los fusilamientos de Chan Chan, de Felipe Cossio del Pomar. Millares de apristas dieron la vida por la democracia en sangrienta revolución de Trujillo

El héroe mitológico poseía poderes especiales otorgados por los dioses, como Aquiles, invulnerable salvo en su célebre talón. El héroe moderno se vincula con la ideología nacionalista difundida en el siglo XIX, que buscaba prohombres (militares) que se hubiesen destacado en hazañas de combate realizadas en absoluta inferioridad de condiciones, y a los que se idealiza haciéndolos parecer perfectos.

De ese modo, ni Grau, ni Bolognesi, ni Cáceres cometieron nunca un error, ni siquiera en su quehacer personal, porque el error no cabe en las características de un héroe. Pasa lo mismo con Arturo Pratt, alguna vez un colega chileno me dijo que no debía ser tan buen marino para capitanear la Esmeralda, uno de los peores buques de su escuadra. Pero hechos así se omiten pues se trata de elevar al héroe a una categoría superior.

Ahora bien, a los comandos de Chavín de Huántar se les ha elevado a la categoría de héroes de la democracia. El tema me parece grave debido a lo que este título representa y debido, me permito decirlo, a mi filiación política que es la misma que la de Luciana León, autora del proyecto, quien le asigna al APRA, como antes Javier Velásquez, el inmerecido rol de mensajera del fujimorismo.

A Luciana León le recuerdo que el APRA tiene miles de héroes de la democracia a los que el Estado peruano no reconoce como tales. El primero se llama, se lo subrayo por si se le olvidó, Víctor Raúl Haya de la Torre, perseguido 30 años por luchar precisamente por las libertades civiles que hoy disfrutamos; héroes de la democracia son los caídos en Chan Chan en 1932 que se rebelaron contra la dictadura de Sánchez Cerro, lo es Luis Negreiros Vega, gran luchador sindical mandado asesinar por el dictador Odría, lo son mil cien autoridades apristas que fueron ultimadas por Sendero porque se negaron a dejar sus cargos a pesar de que estaban en las “zonas liberadas”, sabían que los iban a matar y no tenían una bala para defenderse. Por supuesto, existen otros tantos héroes de otros partidos políticos que encontraron la muerte de igual manera. Heroína de la democracia es María Elena Moyano y ya paro de contar.

No tengo nada contra nuestros héroes militares, ni contra los comandos de Chavín de Huántar, quienes merecen nuestro reconocimiento, pero héroes por la democracia son los que dedicaron u ofrecieron su vida por construirla o defenderla y si hubiese que sumar militares a la lista yo añadiría al Coronel Gustavo Jiménez que se levantó contra Sánchez Cerro y se quitó la vida antes de rendirse y al General Jaime Salinas quien encabezó un levantamiento constitucional contra el dictador Fujimori y fue preso por ello.

Qué pena el APRA, lo digo una vez más, tan mal dirigida que olvida a sus mártires, inmersa en infelices devaneos con el fujimorismo, que la militancia rechaza. La democracia, la nuestra, la peruana, nos es tan esquiva que si algo tiene es héroes civiles por millares, es a todos ellos a quienes debemos erigirles un monumento.

Exclusivo para Palabras Esdrújulas

¿Hay lugar para el Apra en el siglo XXI?


¿Hay lugar para el APRA en el siglo XXI?

                                                                                                                                   

Pensar al APRA en el siglo XXI es situar a los partidos políticos en las primeras décadas del nuevo milenio. Moisés Naím en El Fin del Poder (2013) ubica su pérdida de preponderancia en un mundo global cuya revolución de las comunicaciones explica grandes movilizaciones ciudadanas canalizadas desde el twitter o el whatsapp antes que a través de las pancartas de las organizaciones políticas.  Del mismo modo, el ciudadano no es el mismo que aquel de hace 30 o 40 años, quien luchaba por grandes utopías. Entonces las cosas parecían más claras, se era de derecha o de izquierda, eventualmente socialdemócrata o socialcristiano, por lo que las ideologías eran la condición sine qua non del vínculo entre partido y militante. Hoy, tras el derrumbe de los grandes paradigmas ideológicos, se ha debilitado la capacidad que antes tenían las organizaciones políticas de vincular a la sociedad con el estado.

La antipolítica fujimorista y Alan García.

En el Perú, la caída del muro y el fin del mundo “de las ideologías” (1990) no solo coincidieron con la década fujimorista, sino que fueron sinérgicos con ella: el neoliberalismo quería estados débiles y partidos políticos también débiles, y resulta que Alberto Fujimori buscaba exactamente lo mismo para consolidar su proyecto caudillista-clientelar. El experimento de Cambio 90 refundó la cultura política nacional cimentándola sobre nuevos actores sociales emergentes del Perú de la transición demográfica que por primera vez se vinculaban asistencialistamente con el Estado. Esa amalgama de motivos, sumada a la satanización de los partidos políticos, cumplió a cabalidad el objetivo de divorciarlos de la sociedad.

Parece paradójico pero este esquema le vino como anillo al dedo a Alan García cuando volvió del exilio en 2001. García se erigió como líder indiscutido del aprismo desde que fuese elegido Secretario General del PAP en 1983, debido a una capacidad de arrastre popular espectacular que lo hizo, en 1985, alcanzar la presidencia de la república con más del 50% de los votos, superando con largueza el tradicional tercio que obtuviese su mentor Víctor Raúl en 1931, 1962 y 1963.

Desde que asumiera la conducción del APRA, a García no se le hacía amable la estructura de un partido sólidamente organizado y difícil de controlar; él prefería, más que instancias de gobierno internas, a un grupo de operadores absolutamente obsecuentes y leales que pudiesen movilizar la maquinaria del partido cuando a él le resultase conveniente. En 2001 Alan quería correr por libre y tener al APRA como comparsa. En la plaza San Martín, tras 10 años de ausencia, demostró que mantenía intactos sus dotes de orador: “y a mí me parece súbitamente un sueño estar aquí frente a ustedes esta noche, y a mí me parece súbitamente una añoranza cumplida estar frente a ustedes, y a mí me parece que quizás he muerto y estoy aquí frente a ustedes”.

En 2001, García encontró un ambiente político más propicio al caudillo que al partido. Cualquiera que sintonizase con las demandas populares podía ser presidente y en efecto pronto llegaría Alejandro Toledo y después Ollanta Humala. El tema es que entonces Alan seguía conectado a las masas y en un contexto caudillista; el PAP; por su parte, en tanto que partido político, ansiaba llegar al poder y por eso se reprodujo el pacto tácito entre caudillo y organización, y el APRA fue gobierno por segunda vez desde el 28 de julio de 2006.

Alan fuera de la era de los caudillos

Pero la reproducción contemporánea del viejo caudillismo militar de los inicios republicanos tiene en la volatilidad un límite que pocos pueden superar. Por eso, entre 1825 y 1845 el Perú tuvo 20 presidentes, todos militares. En USA, en el partidor de la carrera presidencial, se sabe que el ganador será demócrata o republicano y cada cuatro años Florida, cual calco de la elección anterior, se decanta voto a voto para saber quién será el nuevo “Mr. President”. En cambio, en nuestro país cualquiera puede ganar la partida y el electorado, súbitamente, puede darte su respaldo y quitártelo. Pregúntele a Alejandro Toledo como fue acogido en 2001 y abandonado en 2011, a mitad de camino.

Eso es exactamente lo que le pasó a Alan García en 2016, quien no se avalanzó nunca hacia las masas, no enganchó jamás con ellas o, sencillamente, el Charlot de Candilejas había perdido la capacidad de hacer reír a su público.  Alan sin las masas es un personaje extraño para sí mismo y es posible que anhele interiormente un nuevo baño de multitudes que lo lleve de regreso a Palacio, multitudes que probablemente nunca volverán; el problema es que lo que queda del APRA no desaparezca en el intento. Ya queda poco de la mística, de la flama prendida; en el aula de clase no vale preguntar por el aprista, sino por el abuelito o abuelita aprista; por los contemporáneos de Víctor Raúl que siguen en pie; esos no son golondrinos, esos morirán con la estrella en el pecho, esos son del Compañero Jefe pero de esos ya quedan muy pocos.

Y es en este punto que está trabada el APRA de hoy, cuyo aparato partidario parece secuestrado por una directiva caduca que aún responde a la voluntad de García. A esta se le opone Enrique Cornejo, golpeado por acusaciones que no se han dirigido a él pero sí a sus principales colaboradores mientras fuera titular de Transportes. Cornejo aparece como el único con la fuerza y la organicidad para desplazar una cúpula férreamente enquistada e iniciar la reorganización del APRA desde abajo, por lo que es deseable que su situación no se complique.

Víctor Raúl al final del túnel

La izquierda no deja de criticar la trayectoria de Haya de la Torre por sus supuestos virajes ideológicos; el último es Antonio Zapata con “El APRA: historia de un zigzag (2016)”, a pesar de que trabajos como el de Imelda Vega Centeno (1991); Hugo Vallenas (1992) y Hugo Neira (1996); claman por desarrollar otros aspectos de la experiencia aprista, como la relación del líder con las masas; la comprensión de Haya como un político de realidades o la experiencia del exilio como explicación de la identidad aprista, a lo que yo añadiría el estudio del movimiento aprista como protagonista del complejo proceso de democratización de la sociedad peruana a lo largo del siglo XX.

Haya de la Torre diagnosticó temprano (1921) la ausencia de una ciudadanía democrática en el Perú y por eso se dio a crearla; de allí las Universidades Populares, el Partido Escuela y la alucinante capacidad de formar un ejército civil conducido por líderes morales intachables que predicasen con el ejemplo. La izquierda comunista se equivocó con Haya, el tema con él es más construir la democracia que ceñirse a la ortodoxia marxista; es más la revolución moral que la insurrección armada; es más el servicio público que la lucha de clases.

Hoy, el círculo abierto por La APRA fundacional puede cerrarse exitosamente porque un ejército de ciudadanos que ejerza la función pública con probidad es lo que piden a gritos las entrañas del país. ¿Tendrá el PAP al menos un millar de trabajadores/as manuales e intelectuales con la suficiente determinación para acabar con el secuestro de la propia organización y redireccionar a su partido por los austeros y probos caminos de Haya de la Torre? El APRA necesita salir de Alan y volver a Víctor Raúl, así se lo pide el Perú contemporáneo.

Publicado en Ideele #261

p.s. Este artículo se publicó en fecha anterior a la renuncia de Enrique Cornejo al PAP.

La posición del APRA

 

 La posición del Apra

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Por Daniel Parodi

Desde la instalación del nuevo Congreso Nacional, la célula parlamentaria aprista ha es­tado cercana al fujimorismo. Esto comenzó desde que decidió formar parte de la MD del Congreso, controla­da por Fuerza Popular, y se confirmó en prácticamente todos los actos posterio­res: propuesta para bajar la valla electo­ral y permitirle a Keiko Fujimori ganar en primera vuelta, propuesta para tumbar­se la Ley Universitaria, acompañamiento al fujimorismo en la interpelación al mi­nistro Jaime Saavedra y amenaza al pre­sidente Pedro Pablo Kuczynski de desti­tuirlo si aplicase la cuestión de confianza.

Recuerdo que estuve en contra de la re­vocatoria a Susana Villarán. Sin conside­rarla una gran alcaldesa ni mucho menos, pensaba que era más fácil dejar que conclu­ya su mandato. Pero resulta que mi parti­do, consultadas sus bases limeñas, se ma­nifestó a favor de dicha medida y entonces publiqué un artículo titulado “El Apra y la revocatoria”, tratando de explicar las ra­zones que tenía el PAP para adoptar esta medida, al margen de mi opinión particu­lar. Fue lo que creí pertinente hacer por respeto a la posición adoptada en el seno del Apra. Es por comprender esta premi­sa que el PAP se une allí donde la izquier­da se divide.

En todo caso, no es esto lo que está ocu­rriendo hoy: El Apra está acéfalo. Aunque se alegue que el CEN anterior sigue vigente, el PAP no tiene gobierno legítimo que es­tablezca, en consulta con las bases, la posi­ción del partido frente a los grandes temas nacionales. Por esta razón, hoy la CPA ac­túa por libre, y esto involucra, inclusive, la postura adoptada frente a la Ley Univer­sitaria y la eventual censura al ministro Sa­avedra, más allá de la opinión personal de cada quien, o de una eventual renuncia del titular de Educación.

Otros eran los tiempos en los cuales la posición del Apra aparecía en los diarios a página completa; entonces se sabía lo que pensaba institucionalmente el Parti­do Aprista sobre tal o cual cuestión de im­portancia nacional e internacional. Mien­tras tanto, los seguidores de Víctor Raúl Haya de la Torre, que todavía son muchos, siguen esperando que les devuelvan su par­tido, su querido Partido del Pueblo, através de elecciones internas que solo saben pos­tergarse. ¿A quién se lo tienen que pedir?

Publicado hoy en Exitosa

OPINIÓN |Daniel Parodi: La posición del Apra

Huacas en Quechua

 

 Huacas en quechua

Ojalá y mucho más se hiciese por el quechua, como el catalán de Cataluña y el euskera de Euskadi; así terminaremos de construir nuestra na­ción pluricultural

Por Daniel Parodi

Huacas. Siempre me sorprendió que los vecinos de diversos distritos de Lima no le prestasen atención a las huacas que adornan el par­que de su cuadra; he visto en Pueblo Libre impresionantes restos preincaicos como parte del paisaje cotidiano, pero no repara­mos en el hecho de que estos constituyen sitios arqueológicos que hacen del barrio un lugar mucho más interesante para vivir.

En Europa es distinto, vivir cerca de un castillo, para empezar, eleva el precio de la vivienda y le otorga notoriedad al barrio, pueblo o ciudad que lo posee. Es el caso de Liria, pequeño pueblo cerca a Valen­cia cuya fortaleza medioeval es su insig­nia; o Aurillac, en el sur de Francia, cuyo centro histórico corona una torre de pie­dra que alguna vez fue el puesto de vigi­lancia del valle.

Por todo ello, el programa “Lima, la ciu­dad de las huacas” patrocinado por el Mi­nisterio de Cultura es una excelente inicia­tiva que esperamos sea el principio de toda una política de puesta en valor de nuestros sitios arqueológicos, que incluya su restau­ración y su inclusión en la vida del barrio a través de la realización, en ellos, de activi­dades artísticas y culturales, tanto como la atracción del turismo. La riqueza patrimo­nial la tenemos al frente, hay que aprender a disfrutar de ella y aprovecharla.

Quechua. Resulta curioso que dos go­biernos de líneas opuestas hayan arriba­do a la misma conclusión: el quechua. Pri­mero fue Juan Velasco quien la decretó segunda lengua oficial del Perú. Ahora viene la gestión de PPK, que anuncia el lanzamiento de un noticiero en quecha a través de TV Perú.

¡Qué importante! Pues la inclusión no solo consiste en la creación de programas sociales, que vaya que los necesitamos. Pero la inclusión desde el discurso es un tema que hemos postergado tanto que hasta el día de hoy existe la justa percepción pro­vinciana de que Lima vive, como siempre, de espaldas al Perú.

Por eso, se equivocan quienes pien­san que la inclusión es solo un tema ma­terial. Más bien, es una cuestión básica de alteridad, de reconocimiento del otro al punto de convertirlo en parte de no­sotros; de decirle: “tú existes, eres par­te de esta sociedad porque te reconoz­co en tu esencia”. Ojalá y mucho más se hiciese por el quechua, como el catalán de Cataluña y el euskera de Euskadi; así terminaremos de construir nuestra na­ción pluricultural.

Publicado en Exitosa el 27 de noviembre de 2016

OPINIÓN |Daniel Parodi: Huacas en quechua

Fidel y los dictadores

FIDEL Y LOS DICTADORES

 Tratarlo de asesino es un simplismo

Me precio de haberme opuesto a todas las dictaduras, de las más cercanas en el tiempo, la de Hugo Chávez y la de Alberto Fujimori, que he encontrado parecidísimas e igual de obscenas. Pero no por lo dicho voy a renunciar al análisis, ni a caer en el maniqueísmo barato de andar por ahí gritándole asesino a uno u otro.

Enseño Fujimori en clase y no puedo dejar de decir que sentó las bases de nuestro actual modelo económico, que guste o no guste, es la clave para que en los últimos años, tras recuperar la democracia, el Perú haya reducido exponencialmente la pobreza. Pero seguidamente hablo de la dictadura fuji-montesinista, de su profunda oscuridad, crímenes de lesa humanidad, y de la corrupción con la que capturó el aparato del estado, acabando con nuestra institucionalidad democrática.

Con Fidel Castro me toca hacer lo mismo, está claro que lleva muertes a cuestas, lo que es repudiable, pero no puedo reducirlo a eso, tanto como tampoco puedo reducir la Revolución Francesa a la guillotina. Parece mentira pero es verdad, la revolución de la libertad, la fraternidad y la igualdad violó como casi nadie los derechos humanos. Es que así está escrita la historia, tan humana como la contradicción, como diría Miguel Ríos.

Hay sin embargo, un caso en el me contradigo, en el que todos nos contradecimos y que amerita revisarse ¿qué pasa con Hitler? Es positivamente cierto que a Hitler no lo hemos analizado, solo lo hemos condenado. Quizá porque la humanidad hizo una excepción con su máximo genocida, al punto que hasta su más cercano competidor, José Stalin, y sus horribles campos de concentración, no han impedido el análisis cotidiano del proceso soviético y digo cotidiano porque, en efecto, los historiadores sí hemos estudiado a todos sin excepción, inclusive a Hitler.

Marx decía que la violencia es la partera de la historia, no es que yo sea marxista pero la frase me dice cosas respecto de Fidel Castro quien enfrentó y derrotó a un imperio que no le dio tregua pero pagando el alto precio de convertirse él en emperador y proceder como tal contra su pueblo. Esto no me impide reconocer el éxito de algunas de sus políticas públicas, ni la manera como inspiró a generaciones de latinoamericanos.

Conversaba con mis alumnos recién sobre la muerte de Fidel Castro. Para empezar todos sabían de quien estaba hablando y lo subrayo porque hoy no todos los peruanos saben quién fue Fernando Belaúnde. Es que Fidel Castro nos tocó a todos e incluso la actual generación, que sólo lo conoció en su retiro, sabe perfectamente de quien se trata.

Entonces dialoguemos, intercambiemos ideas, ampliemos el debate todo lo posible, charlemos inter-generacionalmente que si hay quienes dan para eso, estos son precisamente Fidel Castro y la Revolución Cubana. Cuando decimos, sin más, que Fidel Castro fue un asesino, en realidad estamos asesinando el debate, la memoria histórica, la reflexión, cuando tenemos tanto de que hablar sobre él y sobre el che Guevara, como promotores de sueños de justicia que se perdieron con el tiempo en un despertar autoritario.

Daniel Parodi

Publicado en La Mula el 26 de noviembre de 2016

https://daupare.lamula.pe/2016/11/28/fidel-y-los-dictadores/daupare/

¿Fidel o Castro?

 

¿Fidel o Castro?

“Fidel Castro es el resultado de la equivocada política exterior estadounidense frente a nuestra región”
¿Fidel o Castro?, por Daniel Parodi
Foto: El Comercio

Les pido perdón por ser más historiador que político en esta reflexión sobre la vida de Fidel Castro. Tratarlo de asesino, sin más, es empobrecer la discusión sobre un personaje que marcó la vida de los latinoamericanos, como Augusto Pinochet la de los chilenos. Ambos, cada uno desde su extremo, llevan muertes a cuestas pero en tanto que hombres que ejercieron el poder por décadas, la revista de sus trayectorias no puede limitarse a un aspecto, ni aun si se trata de lo más sagrado: la vida. ¿Cómo recordar entonces al líder de la revolución cubana?

En primer lugar, Castro es el rostro latinoamericano de la Guerra Fría, es a través de él que comprendimos que había dos potencias y dos sistemas en pugna por el control del planeta y que, aun sin desearlo, estábamos involucrados en el enfrentamiento. Ya sea durante la crisis de los misiles de octubre de 1962 o en su recordado discurso ante la ONU en 1979, en representación de los países no alineados, con Castro entendimos que jugábamos un rol en la política planetaria o al menos queríamos jugarlo.

La revolución, el socialismo y la posibilidad de expandirlos por toda América Latina es otro aspecto clave para pensar a Castro después de su muerte. Todo en su contexto. En 1959 el socialismo era una utopía que millones de seres humanos creían posible, pero mientras este sistema significaba la opresión de los soviéticos y europeos del este, para nuestras entonces jóvenes generaciones latinoamericanas fue el espejismo de un futuro con justicia e igualdad, tal y como rezaba el discurso revolucionario, aunque este poco o nada se pareciese a su realidad.

Por otro lado, Fidel Castro es el resultado de la equivocada política exterior estadounidense frente a nuestra región. Sin mayores distingos entre las políticas del “gran garrote” y “el buen vecino” de Theodore y Franklin Roosevelt, respectivamente, Estados Unidos convirtió a las naciones caribeñas en meras repúblicas bananeras, cuando no en prostíbulos y salas de juego. Por eso la revolución castrista comenzó como un movimiento nacionalista. La otra equivocación la reconoció el propio Kennedy, quien señaló que, en 1959, cuando Castro viajó a Washington tras su victoria, debieron recibirlo con los brazos abiertos. Eisenhower, en cambio, lo desplantó aduciendo que tenía pendiente una partida de golf. Es así que Estados Unidos creó su propio monstruo a apenas 80 millas de sus costas. Agredido sostenidamente por su colosal vecino, muy poco tiempo después de la revolución, Castro y su régimen cayeron completitos en manos del líder soviético Nikita Kruschev y abrazaron el socialismo.

Con el paso de las décadas, la revolución envejeció al igual que sus líderes. Los primeros tiempos fueron la gloria: por eso la euforia inicial soslayó la pésima relación del régimen con los derechos humanos, la implacable persecución de la disidencia, los juicios sumarísimos a los opositores y hasta la penalización de la homosexualidad. De lo último recientemente se disculparon pero lo demás es, hasta hoy, el crudo testimonio de los excesos a los que lleva cualquier totalitarismo, ya sea de izquierda o de derecha.

Fidel Castro fue hábil e inteligente. Fue un autoconvencido de la causa que lideró, capaz de introducirla en la posguerra fría y conducirla hasta el 2006, superando los pronósticos más optimistas. Pero se ha ido, finalmente se ha ido y nos deja un legado que se devanea entre la justicia social, el idealismo y la peor pesadilla orwelliana. Su trayectoria acaba de concluir pero el debate historiográfico recién comienza, dejen a la historia hacer su trabajo, pues para Castro la política, tanto como la vida, finalmente han terminado.

Publicado en El Comercio el 30 de noviembre

http://elcomercio.pe/opinion/colaboradores/fidel-castro-daniel-parodi-noticia-1949974

Perú-Chile: ¿liderazgo regional?

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PPK en la CEPAL, en su reciente viaje a Chile

Perú-Chile ¿liderazgo regional?

A PPK le preocupan los proteccionismos comercial y fronterizo que se han expresado en las victorias del Brexit en Inglaterra y de Donald Trump en Estados Unidos. Para enfrentar tendencias mundiales que podrían afectar nuestra postura librecambista el Perú está buscando aliados y ha visitado al que tiene más cerca y con el que está mejor integrado: Chile.

Este último ha recibido de la mejor manera a nuestro primer mandatario, superándose así un periodo de enfriamiento como resultado de la cuestión del “triángulo terrestre” y del espionaje en 2015.  Por ello, la Declaración firmada el pasado 29 de noviembre por ambos mandatarios podría darle inicio a una etapa de liderazgo de nuestros dos países en la región, apuntando hacia la globalización.

Para tal efecto, no solo se han reactivado los mecanismos 2 + 2 sino que desde el próximo año tendremos gabinetes binacionales, como los que ya nos unen a Ecuador, Colombia y Bolivia. Asimismo, Chile apoyará la candidatura del Perú a la OCDE y a la presidencia de la CAF, mientras nosotros los apoyaremos en su meta de obtener la secretaría general de ALADI. Además, se potenciarán foros comerciales como la Alianza del Pacífico y los TLC.

Un aspecto en particular que me ha agradado del documento suscrito por ambos mandatarios es el de “establecer un foro de diálogo entre la sociedad civil y las distintas instancias de gobierno de ambos países”. Tiempo atrás publiqué un artículo titulado “oficina Abtao” que proponía la creación de una institución binacional que llevase el nombre del combate naval en el que pelean juntos Miguel Grau y Arturo Prat, con la finalidad de sacar adelante importantes iniciativas de la sociedad civil para acercarnos más los unos a los otros.

En el tintero se queda el mal llamado “triángulo terrestre”. Esto es comprensible debido a la tensión que genera el proceso que Bolivia le sigue a Chile en La Haya. Sin embargo, la historia reciente nos muestra como súbitamente puede enfriarse nuestra relación con Chile debido incluso a subjetividades que remiten al pasado pero que nunca han merecido la debida atención de las partes.

La Declaración del 29 de noviembre es el acta de nacimiento de una alianza estratégica entre dos país que se necesitan mutuamente. Por ello mismo, debe constituirse en la ocasión de despejar las dudas y de conversar con sinceridad sobre aquello que nos separa para compartir gestos y alcanzar su superación.

Publicado en Expreso el 2 de diciembre de 2016

Perú-Chile, ¿Liderazgo regional?

Enroque Corto: la interpelación a Saavedra

 

 

Enroque corto: la interpelación a Saavedra

Cuestión de confianza procede si se aprueba pedido de censura

 

¿Qué es una cuestión de confianza? ¿Es o no pertinente aplicarla en el caso de que el Congreso formalice una moción de censura contra el ministro Jaime Saavedra?. Vamos por partes:

La cuestión de confianza debe presentarla el Premier, en este caso Fernando Zavala, ante el Congreso e implicaría asociar la suerte del titular de la cartera de educación a la de todo el gabinete. De esta manera, la censura a Saavedra implicaría la del Consejo de Ministros por lo que, tras la renuncia del Premier, tendría que formarse otro gabinete con otro Premier y cambiar otras piezas del gabinete ministerial, ya sea sustituyéndolas o enrrocándolas, como sucedió recientemente con Jorge Nieto que pasó de la cartera de cultura a la de defensa.

La principal consecuencia de una jugada así es que la eventual no confianza a Saavedra implicará la censura al gabinete y una segunda censura a este le otorga al Presidente de la República la facultad constitucional de disolver el parlamento y convocar a nuevas elecciones legislativas. De esta manera, el sacrificio del gabinete Zavala otorgaría al gobierno la tranquilidad de lidiar, desde temprano, con un parlamento que ya habría quemado su nave principal y que se la pensará dos veces antes de intentar bajarse a otro ministro por razones que la opinión pública pondera como particulares.

A saber: la discusión sobre las computadoras adquiridas por Minedu y la organización de los Panamericanos parece esconder una razón más poderosa: los intereses de muchas –no todas- universidades privadas que “pierden plata” invirtiendo para lograr los estándares académicos que exige SUNEDU para mejorar la calidad de la educación peruana en beneficio de la juventud.

Estos días, la Constitución ha sido materia de debate y cada quien la ha interpretado según su buen parecer. Para algunos es completamente legítimo y constitucional que el Congreso interpele y eventualmente censure al ministro Saavedra. Para otros lo es que el Premier plantee una cuestión de confianza sobre Saavedra: si cae él, caen todos.

En realidad, ambas parten tienen razón; tanto la censura como la cuestión de confianza son constitucionales y existen para ser usadas si las circunstancias lo requieren. Al respecto, lo que parece mostrarnos la constitución del 93 -la del fujimorismo, sí la del fujimorismo- es que está diseñada para contrapesar bien a los poderes Ejecutivo y Legislativo.

¿Constitución presidencialista? Es posible, será por eso que la promulgó Alberto Fujimori. ¡Qué paradoja!, pues ahora Fuerza Popular, cuyo humor autoritario está a la orden del día, sólo controla el legislativo y tiene que atenerse a ella, felizmente.

Publicado en La Mula el 7 de diciembre de 2016

https://daupare.lamula.pe/2016/12/07/enroque-corto/daupare/