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Con la no reelección vendrán otros peores

LA LEY Y LA TRAMPA

Si algo me molesta de nuestra camada congresal más que la corrupción, el peculado, el tráfico de influencias y los vínculos con el narcotráfico -que compiten arduamente con folklóricos desmadres tipo “come pollo” y “roba luz”- es que, encima, les falte calle o lectura del país, que para efectos prácticos viene a ser lo mismo. Es que de otra manera no me explico cómo creen que prohibiendo la reelección inmediata de presidentes regionales y alcaldes van a elevar la calidad de nuestra política.

Pareciese, pues, que la representación parlamentaria no supiese que hasta la pareja presidencial intentó saltarse la norma postulando a la Primera Dama y que las autoridades de nuestras 25 regiones y cientos de provincias hallarán más temprano que tarde la manera de burlar un obstáculo que, por ridículo, no merece mayores adjetivos. ¿O acaso no han pensado los "Padres de la Patria" que nuestras autoridades regionales provienen, en el mejor de los casos, de la economía informal y que poco les costará candidatear a un paniaguado con una campaña millonaria y grandes posibilidades de salir victorioso? Pero pensemos positivamente; digamos que no gana el paniaguado sino el contrario ¿hay algo en la nueva ley que nos invite a pensar que la flamante autoridad será mejor que la anterior y que no intentará mantenerse en el poder también a través de un paniaguado?

Hace poco más de un año, en un sugerente artículo, Steve Levitsky habló de los “límites del diseño institucional” y analizó cómo algunas leyes bien intencionadas tienden, en el Perú, a transformarse en todo lo contrario. El destacado polítologo puso como ejemplo la votación calificada que el Congreso requiere para elegir a los miembros del TC, impuesta para garantizar que los candidatos respondan a una trayectoria intachable pero que, al contrario, propició la grosera repartija que todos recordamos.

El punto es sencillo y complejo a la vez: el Perú necesita políticos, partidos políticos, clase política profesional. Mientras no los tenga, ningún impedimento a la reelección de autoridades los hará brotar de la tierra cuales flores primaverales. A lo sumo, la ley recién aprobada puede hacernos pasar de una continuidad en la corrupción a un tobogán de la corrupción y el cambio, en todo caso, no cambiará nada.

Dos propuestas para concluir. La primera: 25 universidades de calidad, una por región (si pensamos hacer un tren de 10.000 millones $ no estaría demás gastar otros 10.000 en formar una casta profesional capacitada). La segunda: fortalecer los partidos políticos, financiarlos más mientras más cumplan con requisitos básicos de institucionalidad y democratización interna. Este es el camino para una buena política en el país porque la ley recientemente aprobada sólo demuestra lo mal que estamos.

Daniel Parodi Revoredo
Categoría: Historia del Perú
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Actual regionalización es pésima

Perú: historia de una fragmentación

 

En “El legado castillista” (1996), Carmen Mc Evoy sostiene que Ramón Castilla pacificó al Perú con el apoyo de sus clientelas provinciales, las que fidelizaba con favores políticos. Para la historiadora, las toneladas de guano exportadas a Europa entre 1840 y 1860 le permitieron al caudillo tarapaqueño imponer su autoridad repartiendo las ganancias de la venta del fertilizante. En simultáneo, el sacerdote-político Bartolomé Herrera articuló un discurso cohesionador basado en la soberanía de la inteligencia. 

Así, el recorrido militar obtuvo la legitimidad que requería para consolidar su proyecto autoritario. Según Mc Evoy, desde 1860 el modelo castillista entró en crisis debido al dispendioso gasto de las rentas guaneras que impidió seguir “contentando” a las voraces elites provinciales. En ese contexto, se abrió paso el primer gobierno auténticamente republicano de la historia del Perú. Desde 1872, Manuel Pardo y el Partido Civil intentaron reemplazar el autoritarismo castillista por un gobierno más democrático. Su proyecto de educar a las masas fue un tímido avance en la construcción de una legitimidad sustentada en el ciudadano y la soberanía popular.

Pero antes de Castilla y después de Manuel Pardo se configura otro fenómeno político: la fragmentación. La anarquía militar de los años fundacionales nos ofrece la alternancia en el poder de caudillos regionales, ante un Estado débil y una clase civil incapaz de conducir las riendas del gobierno. A su turno, durante la República Aristocrática (1895-1919) rige la “democracia” para el 5% de la población, mientras los gamonales se reparten feudalmente el resto del país.

Los últimos tiempos nos ofrecen alternancias similares entre los modelos políticos mencionados. En 1968, con la dictadura de Juan Velasco, iniciamos un nuevo militarismo que fue reemplazado en 1980 por un republicanismo incipiente que no pudo superar las duras pruebas del terrorismo y la crisis económica. En 1992 engendramos otro autoritarismo que reprodujo tal cual las prácticas clientelares de Ramón Castilla, aunque con una nocturnidad y sofisticación nunca antes vistas, fujimontesinismo incluido. Ya en 2000, se reinstaura una frágil democracia que constata, atónita, la pérdida de su principal protagonista: el partido político.

Desde 2002, una mala ley de regionalización propicia otra fragmentación política en el Perú, sostenida en cientos de movimientos independientes, a veces vinculados a la corrupción y el sicariato, como lo confirma las últimas municipales- regionales de 2014. Mientras tanto, el Estado se retrae sin que sus autoridades atinen siquiera a imaginar un país institucionalizado. Por ello, la democracia en el Perú sigue siendo un anhelo, como en tiempos de los padres fundadores.

Publicado em medios el 20 de octubre de 2014

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PAP de Trujillo, derrota en el norte le duele a la militancia

¿TANTO ASÍ PERDIÓ EL APRA?

Parece simplista afirmar que un sólo partido fue el "gran derrotado" en las recientes regionales-municipales 

¿Por qué una serie de analistas se esmera en decir que el APRA fue la gran derrotada en las recientes regionales-municipales?.

Por supuesto que entiendo lo de perder La Libertad y Lambayeque, incluido su elemento simbólico, pero el resultado de la contienda suma o resta poco a sus homólogas de 2010 como para separar al APRA del resto de los partidos y colocarla como "La perdedora" por antonomasia de un proceso que da más para las lecturas complejas.

Ciertamente, he visto las candidaturas de Diálogo Vecinal postular sin éxito en varias regiones pero parece que se prefiriese destacar los resultados del PAP frente a otros partidos institucionales como el PPC, AP y la izquierda (que no es partido pero entiendo que persigue la utopía de expandir su influencia a nivel nacional ¿me equivoco?)

Más bien, sí parece correcto el análisis que señala que sólo el fujimorismo ha obtenido resultados positivos en algunas regiones, con lo que se encamina a convertirse en una institución política de dimensión nacional que combina acertadamente lo formal con lo informal (por expresar con sencillez un asunto que amerita mayor desarrollo).

La disyuntiva del APRA es decidirse a despertar ahora que ha demostrado que la estrella es mejor marca de lo que se pensaba, y que cuadros jóvenes/tecnocráticos pueden atraer votantes y ensanchar la militancia. A este nivel, pienso que la victoria o derrota del APRA no pasa por los resultados de las últimas regionales sino por la toma de las decisiones internas adecuadas para reorganizar el partido y multiplicar el fenómeno Cornejo.

En otras palabras, una acertada lectura de los recientes resultados electorales pueden impulsar en el PAP un proceso de cambio y modernización para superar la crisis institucional que hoy comparte con los demás partidos nacionales. Pronto veremos qué pasa pero la fragmentación política que se ha expresado en las últimas regionales, per se, no dice mucho de lo que sucederá en 2016 donde las candidaturas presidenciales serán necesariamente nacionales, igual que los resultados.

Daniel Parodi

Publicado en medios el 12 de octubre de 2014

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Jóvenes regidores de Cornejo podrían iniciar renovación del APRA

 

Cornejo: el outsider político

El 5 de agosto de 2014 publiqué “Cornejo es el outsider”, nota en la que anticipé que la sorpresa en las municipales limeñas sería Enrique Cornejo debido a su perfil técnico-popular y a la calidad de sus propuestas. También puse en duda el peso específico del antiaprismo como impedimento al crecimiento de su candidatura.

Algunos analistas cuestionaron que usase el término outsider porque este refiere lo que está fuera del sistema o de las normas, por lo que no podría provenir de un partido político institucionalizado. Pero yo invertí las cosas pues nuestro modelo político se caracteriza por la informalidad, los caudillos eventuales y los movimientos regionales.

Por todo ello, un outsider en el Perú ya no puede ser un independiente sino alguien proveniente de lo poco que nos queda de nuestra antigua partidocracia, pues esta se sitúa en la periferia del sistema político (o sistema de partidos). De manera más amplia, referí outsider como candidato sorpresa, como aquel del que se esperaba poco y que de pronto se coló entre los punteros.

Más allá de eso, lo que nos deja la alta votación alcanzada por Enrique Cornejo es lo siguiente:

1.- Existe un nuevo electorado ávido de políticos con perfil tecnocrático y mejor capacitados que la mayoría de nuestras actuales autoridades congresales y regionales. Una nueva generación espera cuadros de alta especialización, capaces de ofrecer soluciones a problemas directos de infraestructura, transporte y seguridad.

2.- Ha quedado demostrado que el APRA, salvo en Lambayeque y La Libertad (a pesar de su aparente derrota en ambas plazas), carece del núcleo duro de votantes con que contaba antes. Sin embargo, ocurre lo mismo con el antiaprismo. En otras palabras, se está manifestado un nuevo electorado sin las fidelidades ni las aversiones de hace algunas décadas.

3.- Al interior del APRA, Enrique Cornejo y los jóvenes que introduce al municipio abren la puerta de una renovación que debería fundamentarse en la modernización institucional y en el fortalecimiento de su democracia interna. Así, un partido adaptado a las formas políticas del siglo XXI podrá captar una nueva y joven militancia.

En sus primeras décadas de vida institucional, el APRA cumplió el sacrificado rol de construir ciudadanía y democracia en un contexto hostil y autoritario. Hoy su desafío es reinstitucionalizar nuestra política y conducirla hacia los estándares del siglo XXI. Lo del 5 de octubre es sólo una clarinada, pronto sabremos si el Partido de la Estrella tiene más que ofrecernos.

Publicado en medios el 10 de octubre de 2014

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UN SOLO GANADOR

 

El debate municipal de ayer se caracterizó por el desorden, tal cual la ciudad de cuyos problemas se debatió. El micrófono funcionaba cuando quería y, por pérfida coincidencia, se apagaba en el turno de los candidatos que pocos querían escuchar. Chema, por otro lado, nos dejó clarísimo que le viene mejor la buena tertulia, la entrevista entrañable que lo de maestro de ceremonias. Pero comencemos por los perdedores:

Perdió Luis Castañeda y perdió porque en realidad no le importa; él se siente seguro de su triunfo al punto de menospreciar el debate y a sus millones de televidentes. Es verdad que es muy difícil cambiar una clara tendencia electoral en una semana pero no vaya a ser que le cueste caro decir que su plan se limita a escaleras y hospitales. No vaya a ser que no haya calculado bien dejarse revolcar por Enrique Cornejo en el tema del Monorriel, su proyecto de bandera que, como le recordó el aprista, ya fue rechazado por el Ministerio de Transportes y se superpone a una ruta del tren eléctrico. Veremos pues si logra mantenerse el “mudo” en silencio, allá en lo alto.

Perdió Susana Villarán; es que perdió desde el principio, ya no sólo por su discutible gestión, a pesar de sus esfuerzos en demostrar que triplicó el gasto municipal; sino por su empecinamiento en colocar a detractores y mafiosos en el mismo saco. Han sido muchas las oportunidades que ha tenido para separar a fulanos de sultanos, lo insinuó la semana pasada, cuando lo de la dichosa marcha contra el “roba pero hace obra” pero ayer volvió a las andadas y parece que nadie le ha dicho que así no suma, más bien resta.

Ganó Enrique Cornejo de principio a fin. Su mayor virtud fue mostrarnos que para él no hay contradicción entre su formación profesional y experiencia en los sectores vivienda y transportes, con la didáctica para convertir en fácil lo difícil y explicarnos sus propuestas en pocos minutos. Así pues, a los televidentes les quedó clarísimo que el transporte supone un sistema, que su corazón es el Metro y que los corredores, alimentadoras, taxis etc. deben subordinarse a dicho corazón. Lo mismo sus proyectos de extender la Ramiro Prialé, rehabilitar la antigua Panamericana sur, tanto como su preocupación por el casco histórico. Fue el único en tocar el tema, pero por qué resignarse a tener uno de los centros históricos más descuidados del planeta. Baste conocer Cartagena de Indias para comprender de lo que hablamos.

Qué más puedo decir, Heresi no logró consolidar su imagen, mientras que Altuve estuvo impecable y derrotó claramente a Villarán en el dúo que protagonizaron, aunque es casi imposible que eso le alcance. El debate de ayer tuvo un solo ganador que es Enrique Cornejo quien sentó la percepción de ser el más preparado para transformar esta megápolis que aún presenta la infraestructura de un pueblo. Veremos si el 5 de octubre sus ciudadanos votan por el futuro.

Publicado en prensa el 29 de septiembre de 2014
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Ganó sin decir nada

 

PREFIERO QUE HABLE

 

Datum no debió preguntarle a la gente si votaría por alguien que haga obra aunque robe, debió preguntar, más bien, si preferiría a alguien que haga obra sin robar, pero la pregunta ya está hecha y la respuesta también. En todo caso no caigamos en la trampa: no se trata de que la población carezca de valores morales como algunos insinúan, de lo que carece es de alternativas, en todo caso, cree que no las tiene.

El 50% en las encuestas con el que Luis Castañeda inició la campaña expresa la desesperación de los sectores urbanos marginales de Lima ante una gestión que prácticamente paralizó la capital y que remata su labor con una reforma del transporte cuyo problema no es falta de tiempo. No, su problema es que jamás debió iniciar funciones sin alimentadoras, como me comentaba, en tono celebratorio, un taxista que está haciendo su agosto llevando gente desde Armendáriz (fin del corredor azul) hasta Barranco y Chorrillos.

Castañeda no me gusta, nunca me gustó, no me gusta su silencio y no me gusta Comunicore. Pero como ha dicho recientemente Juan Carlos Tafur, el “mudo” le debe su holgado primer lugar en las encuestas, ya no solo a la ineficiente gestión de Susana Villarán, sino a su empecinamiento por reelegirse. A esto le sumo el tufillo maniqueo y moralizador de la chalina verde que no hace más que insuflar la indignación ciudadana contra un sector que jamás conectó con ella a pesar de los patéticos esfuerzos de Melcochita.

A mí no me gustan los "mudos", mucho menos uno que en esta campaña no ha ofrecido nada. Por eso, lo verdaderamente lamentable del ruido político de la chalina verde, de su electorera e improvisada reforma, de su desdén por la ciudadanía y de sus millonarios asesores es que no nos han dejado escuchar a quienes durante la campaña electoral sí han querido hablarnos y explicarnos sus propuestas para Lima como Enrique Cornejo, Salvador Heresi y Fernán Altuve.

Finalmente, el castigo de otros cuatro años con el “mudo” en Lima lo sufriremos todos mientras que la chalina verde, despechada, nos seguirá llamando electores indecentes y corruptos. En todo caso, nos queda una semana para elegir a alguien que sí hable. ¿Nos atreveremos a hacerlo?

Daniel Parodi Revoredo

 

 

Publicado el 9 de septiembre

 

Categoría: Reseñas
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Alfredo Barnechea

El centro de Alfredo

 

“El centro es una imagen, un punto de vista ecléctico que quizá desfigura un mensaje ideológico, pero que otorga a cada habitante mestizo la posibilidad “de ser parte”, de verse incluido”.  Alfredo Barnechea

 

Debo confesar que “Perú, país de metal y de melancolía” es mi primer acercamiento a la obra de Alfredo Barnechea y que estoy en tiempos de confesiones y de lecturas tardías. Pero me alegro de haber descubierto a un ensayista extraordinario que se acerca al pasado reciente del Perú y de América Latina con una mirada diferente a la del historiador, con la mirada de la propia experiencia y del intelectual comprometido con utopías reales, de esas que se estrellan con las literarias, como le pasó a Mario Vargas Llosa en 1990.

La mirada de Barnechea es también la del actor secundario que acompaña al protagonista en el momento estelar de la cinta y lo retrata en el instante del desenlace, de uno de los muchos desenlaces que construyen la historia de una vida. Este es el caso de su relación con Víctor Raúl Haya de la Torre, Alan García y Mario Vargas Llosa, a Haya lo frecuentó en el sereno ocaso de su vida, donde todo pareció cobrar sentido, al final; a García en la disyuntiva de tomar las decisiones que definieron la suerte de su primer gobierno y a Vargas Llosa en el laberinto de una campaña electoral que nunca controló por completo, más allá de su escritorio, y en una equivocada lectura del país; paradójica en alguien cuyo Nobel es el resultado de su brillante elaboración del Perú desde la narrativa.  

Barnechea retrata a Haya de la Torre como al profeta desterrado, tal y como lo expresara este en su última y única entrevista televisiva, cuando le confiesa al conductor que no fue presidente porque no lo dejaron e, inesperadamente, se quiebra. Aquello me hizo pensar en el propio Barnechea como en un intelectual desterrado, como lo fue Vargas Llosa del círculo de académicos marxista tras el “caso Padilla” o Hugo Neira cuando decidió que el velascato era un proceso revolucionario caído del cielo –o, en todo caso, “desde arriba”- y que había que tomarlo en lugar de renegar de él, como renegó nuestra izquierda que así perdió la oportunidad de consolidar una revolución por culpa de su malhumor.

La verdad, no tuve problemas en encontrar una primera edición de “Perú: país de metal y de melancolía” en una librería comercial a pesar de publicarse en 2011. No tuve que ir a buscarla al campo Amazonas o algún recoveco de anticuario de los que todavía quedan en el Centro Histórico y al que acudimos en busca de algún texto antiguo o una edición agotada. Es por eso que se me vino a la cabeza que, de alguna manera, Alfredo Barnechea es también un profeta desterrado, condenado al ostracismo intelectual y sentenciado a ser descubierto por una generación futura, como le ocurriera, gran paradoja, al mismísimo amauta José Carlos Mariátegui.

Pero el destierro de Alfredo se debe a que eligió el centro, como lo eligió Haya para así descubrir que aquel puede ser un lugar muy  peligroso pues, súbitamente, la derecha y la izquierda se transformarán en flancos vulnerables y por eso pasó treinta años de su vida a salto de mata, entre destierros, ostracismos, cárceles y clandestinidad.  De allí que a Barnechea lo leerán las generaciones que finalmente dejen de aturdirse por el eco, aún estruendoso, de las viejas ideologías.

En “Perú: país de metal y melancolía” he podido identificar tres facetas del autor: el sutil analista que se mueve con comodidad en el ámbito teórico de la crítica literaria; el biógrafo que penetra el alma de su personaje, intuyéndola desde los autores y lecturas que marcaron su pensamiento; el narrador de una historia que él vivió desde un rol secundario y en la que logra rescatar al individuo como protagonista, tras librarse del bullicio de las masas y los barrotes de las estructuras.

Refiriendo a Luis Alberto Sánchez, el autor señala que, tras sus cátedras universitarias, sus jóvenes alumnos salían a toda prisa a buscar los textos que había referido para devorarlos ávidamente. A  mí la lectura de Alfredo me ha producido la misma emoción juvenil, la misma ansiedad de querer leer muchos textos y en simultáneo, desde Octavio Paz hasta el debate entre Sartre y Camus.

Alfredo Barnechea no es reconocido como un gran ensayista del Perú de entre-siglos por haber elegido ese peligroso y aún incomprendido centro; y por la indiferencia de una izquierda que ha hecho de las letras su último bastión. Pero es cuestión de tiempo, solo eso.         

Daniel Parodi Revoredo           

Categoría: Política peruana
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BUS AZUL, ¿TRIUNFARÁ O SUCUMBIRÁ?

EL ÚLTIMO PARADERO DEL BUS AZUL

El caos actual del transporte público de Lima se constituyó entre los años 1970 y 2000. Comenzó a edificarse cuando el vertiginoso crecimiento demográfico de la ciudad hizo que su oferta colapsara frente a la demanda de los usuarios. Ante esto, Fernando Belaúnde, a inicios de los 80s, autorizó la circulación de las primeras combis en las que la gente viajaba empotrada. Luego Alberto Fujimori liberalizó el transporte: cualquiera que tuviese una unidad podía ser transportista. De hecho, en su momento esta medida fue una solución.

Pero la crisis de los 80s y 90s fue superada y se hizo necesario reordenar el transporte limeño. Ya en los 90s, Alberto Andrade había solucionado el tema del comercio ambulatorio por lo que al transporte desregulado tenía que llegarle su hora y desde el inicio de su gestión, Susana Villarán y Gustavo Guerra García comenzaron a implementar, aunque tímidamente, la esperada reforma.

El proyecto de la MLM propone la instauración de grandes corredores troncales y otras rutas más pequeñas (alimentadoras) que trasladan a los pasajeros hasta los paraderos de esos corredores para que realicen su conexión. Al respecto, convengamos en que cualquier usuario harto de las “carreritas”, el “pie derecho” y las invasiones del segundo y tercer carril, deseará el éxito de una reforma que acabe con todas aquellas temerarias prácticas.

Sin embargo, son varias las amenazas que hoy se ciernen sobre la reforma del transporte. Una de ellas es la ciudadanía acostumbrada al viejo sistema que cuenta con la “ventaja” de unidades que cubren básicamente toda la ciudad y que paran en cualquier lugar donde encuentren público dispuesto a abordarlas. A pesar de ello, la MLM tiene gran responsabilidad en la atmósfera de convulsión social que se ha instalado en la capital con el inicio de las operaciones del Bus Azul. Pasemos a analizar los errores fundamentales cometidos por el municipio.

1.- Grave error implementar el corredor azul en plena lid electoral. Si la reforma tuviese éxito –posibilidad lejana hasta hoy- cualquier observador podría interpretar que ella supone la implementación de una campaña electoral con fondos públicos un mes antes del sufragio. Además, puede advertirse su improvisación debido a que está en juego la reelección de la alcaldesa; de allí el apresuramiento y descoordinaciones que estamos apreciando, tanto como la nula infraestructura de paraderos y terminales.

2.- Los problemas de fondo de la reforma responden a tres aspectos principales: una oferta de buses que está lejos de satisfacer la demanda de pasajeros; el mal funcionamiento de las empresas alimentadoras (a veces saboteadas por “carreteros del transporte” tipo Orión) que han cumplido mal y poco con trasladar a los usuarios de los lugares alejados hasta las troncales; y el precio del pasaje en una unidad alimentadora que es de 1.5 n/s.

Este último es el asunto más complejo. Si antes el pasajero llegaba a su centro de labores abordando una sola unidad y abonando 1.5 n/s, ahora debe pagar 1.5 n/s solo en la alimentadora y, desde octubre, 1 n/s adicional en el corredor. Eventualmente, debe añadir otros 1.5 n/s si requiere abordar otra alimentadora para llegar a su destino, lo cual es probable debido a la corta extensión del corredor azul. En otras palabras, el coste de su trasporte se encarecerá de 1.5 n/s a 4 n/s solo la ida. Este es el aspecto que hace insostenible toda la reforma.

En las metrópolis europeas existe el “bono de transporte” que se adquiere mensualmente a precio razonable. Con él, el usuario puede subir las veces que quiera a todos los servicios de metro y autobuses de la ciudad. Sé que concertar un sistema similar con la cantidad de empresas de transportes existentes en Lima -y hablo de las que se han incorporado al nuevo sistema a través de las alimentadoras- es casi quimérico, pero también lo es elevar en aproximadamente 250% el coste del trasporte público sin generar una atmósfera de amotinamiento civil como la que hemos vivido las últimas semanas y que podría empeorar. Ojo que desde mediados de octubre el corredor azul dejará de ser gratuito.

Mientras tanto, si algo ha logrado Susana Villarán es atraer la atención de los medios, ávidos de cubrir los tropiezos de la susodicha reforma, privando así a la ciudadanía limeña del clima adecuado para concentrarse en la elección y conocer las propuestas de los demás candidatos. Pero el Bus Azul ya partió y sólo queda esperar que alcance con éxito el último paradero de su ruta o que sucumba en el tormentoso día a día de sus usuarios, atrapados entre la escasez de unidades, la carestía del servicio, las grandes caminatas y el tiempo perdido.

Daniel Parodi Revoredo
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CORNEJO CONCLUYÓ PRIMER TRAMO DEL TREN ELÉCTRICO

Enrique Cornejo y el APRA

Al Partido de la Estrella le hace mucho bien ofrecerle a Lima un candidato de lujo

La última semana el candidato a la alcaldía de Lima, Enrique Cornejo, ha ganado notoriedad por algunas declaraciones que han generado réplicas dentro de su propio partido. El economista señaló que el APRA debe trabajar por mejorar su imagen y ofreció al electorado no copar de correligionarios el municipio de alcanzar el sillón municipal.  

La afirmación de Cornejo no puede interpretarse como un reniego de su condición de aprista sino como una reacción a lo que se va convirtiendo en un “tufillo electoral” al que el candidato le hace frente: la referencia a que es un excelente candidato pero se prefiere votar por otro debido a su militancia partidaria. Por lo pronto, lo que parece claro es que el Partido que fundara Haya de la Torre ya no cuenta con un núcleo duro de votantes como el que tenía en tiempos de este. Para no hablar del tercio aprista; diese la impresión que, con excepción de sus plazas históricas, un candidato del APRA partiese casi desde cero, casi tan igual que un postulante independiente.

Las razones de esta situación pueden ser varias; la primera es la suma de la antipolítica que se instaló en el Perú en la década de 1990 con la mala ley de regionalización aprobada en tiempos de Alejandro Toledo. Ambas destruyeron la partidocracia nacional, por eso hoy se reclama más partidos para reinstitucionalizar la política peruana. La segunda es el antiaprismo en su versión contemporáneo. No le hice mucho caso a Carlos Meléndez cuando señaló que aquel era una fuerza electoral en el Perú. Sin embargo, parece que sí lo es y sus voceros, que en prensa se cuentan por decenas, han logrado imponerle a la población la mezquina idea de que el segundo gobierno aprista fue malo y reducirlo a Bagua, petroaudios y narcoindultos.

Ciertamente, todo tema controversial amerita investigación, pero los portavoces del antiaprismo casi le hacen pensar a la población que no fue cierto que el referido gobierno redujo como ninguno la pobreza en el Perú, que potenció acertadamente la inserción del país en los mercados mundiales y que sus obras de infraestructura mejoraron sustantivamente la calidad de vida de la población. Mucho tienen que trabajar entonces el APRA, y mucho tendrá que hacerlo Alan García en su próxima postulación, para revertir el discurso de los contrincantes e instalar en el electorado la percepción de que su segunda gestión gubernamental tiene mucho de bueno que mostrar.

Por otro lado, parece que al interior del APRA no se está valorando lo bien que le hace la postulación de Enrique Cornejo a la alcaldía de Lima. Veamos, alrededor de 20 de los 24 presidentes regionales están procesados, algunos de ellos ya están presos. A contracorriente, el PAP le ofrece a Lima un candidato técnico de la calidad de Cornejo, con un alto grado de especialización, con estudios en políticas de desarrollo, aseguramiento de la calidad y con experiencia de ministro en dos carteras fundamentales para una buena gestión de Lima, como las de Vivienda y Transportes (con la última fue él quien concluyó el primer tramo del tren eléctrico).

En tiempos en donde la informalidad ha copado muchas de nuestras instituciones, el APRA le ofrece a Lima un candidato de lujo y eso le hace bien al partido y al mismo postulante, independientemente de las encuestas, porque se le trasmite a la ciudadanía una imagen de seriedad y profesionalismo. Mientras tanto queda casi un mes de campaña y, con electorados golondrinos como el nuestro, nada está decidido. Por ello, al APRA y a Cornejo solo les queda unir esfuerzos por alcanzar el triunfo electoral el 5 de octubre, con la tranquilidad de ya haber obtenido una positiva valoración de la ciudadanía.

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Categoría: Historia del Perú
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José de San Martín

RUMORES INDEPENDENTISTAS

En 1820, el virrey Joaquín de la Pezuela dejó pasar la oportunidad de vencer a San Martín en Pisco. La razón, prefirió esperar el refuerzo de una poderosa flota española que nunca llegó. Desde manera, un rumor pudo decidir la independencia del Perú

Para Carolina 

Por cosas del destino, hace una semana tuve el placer de leer el artículo titulado “el miedo a la revolución de la Independencia del Perú” de Cristina Mazzeo, reflexión que se publicó en 2005. La nota, bastante innovadora, estudia el ambiente independentista desde la perspectiva de la psicología social para establecer luego la influencia de factores subjetivos como el rumor y la expectativa en el desarrollo de los acontecimientos.

Sucintamente, Mazzeo explora como la sugestión, en tanto que mecanismo psicológico espontáneo, influyó en las decisiones adoptadas por actores tan importantes como los virreyes Joaquín de la Pezuela, José de la Serna y hasta el libertador José de San Martín. Sin embargo, otras estrategias psicológicas fueron más bien planificadas y se desplegaron bajo la forma de poderosos psicosociales. Tal fue el caso de la campaña triunfalista emprendida por el general realista José de Canterac quien difundió el falso rumor de que las tropas de San Martín se encontraban en Buenos Aires y que no intentarían tomar Lima. De esta manera, pudo mantener en alto la moral de sus tropas.

Al contrario, una expectativa que influyó mucho en la derrota del bando realista fue la creencia de que una gran flota llegaría de España a reforzarlo, la que efectivamente se preparaba para ello aunque finalmente nunca zarpó de Sevilla. Si bien esta posibilidad se remonta a una fecha tan temprana como 1818, tres años después el virrey de la Pezuela aun confiaba en ella, al punto de que escribió que “el imperio del mar que es el elemento general en que se fundan sus esperanzas, se verá muy pronto cambiado a nuestro favor con la llegada de un día a otro de los navíos”.

La espera de una armada que jamás llegó tuvo un efecto decisivo en la Guerra de independencia. El libertador José de San Martín había desembarcado en Paracas el 7 de septiembre de 1820 con fuerzas notablemente inferiores a las realistas. Esta era pues una oportunidad envidiable para el bando hispano que, de haberse decidido, probablemente hubiese derrotado a la expedición del militar correntino, nacido en Yapeyú. 

Sin embargo, persistía la expectativa del arribo de la gran flota española razón por la cual el virrey Joaquín de la Pezuela decidió no correr riesgos y esperar. La espera fue decisiva pues le dio a San Martín el tiempo necesario para ganar adeptos, trasladarse de Pisco a Huacho, desembarcar sin mayores contratiempos y obtener el respaldo de ciudades de la costa, Trujillo entre las más importantes. Todo ello explica que el siguiente virrey, José de la Serna haya comprendido, meses después, que la coyuntura para derrotar a San Martín había pasado, razón por la cual abandonó Lima el 6 de julio de 1821 y se dirigió al Callao para refugiarse en el fuerte del Real Felipe.

A su turno, José de San Martín ingresó triunfante a la capital del agónico virreinato cuatro días después donde, el 28 de julio de 1821, proclamó la Independencia del Perú. Y todo por el rumor de la llegada de una poderosa flota desde España. Será, como dicen los psicólogos sociales, que la realidad es una construcción.

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