Tren bioceánico por Bolivia

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Tren bioceánico por Bolivia: la historia

En 1876 se inauguró en el Perú un tren que fue el resultado del controversial contrato Dreyfus de 1869. Se trata del ferrocarril del sur que cubría la ruta Mollendo – Arequipa – Puno. Su intención no solo fue transportar rápidamente a la costa las lanas y minerales del sur peruano, sino facilitar la salida y entrada del comercio boliviano al Océano Pacífico. Recordemos que entonces las mercaderías bolivianas utilizaban la larga ruta hasta Arica, tradicional desde los tiempos coloniales. Con el tren, los productos del país vecino debían trasladarse hasta solo Puno para allí continuar en ferrocarril hasta el puerto de Mollendo.

Esta situación la modificó el Tratado de límites chileno-boliviano de 1904 que acordó la construcción de un ferrocarril Arica – La Paz, cuyas obras comenzaron a ejecutarse en 1905 y se concluyó en 1913. Desde entonces Chile hizo realidad unos de los objetivos geoeconómicos que se trazó durante la Guerra del 79: que el comercio boliviano fluya al océano desde sus aduanas y ya no desde las peruanas.

No está de más recordar que la construcción de dicho ferrocarril contravino indirectamente las estipulaciones del tratado de Ancón que establecían la realización de un plebiscito en Arica y Tacna en 1894 para que sus pobladores decidiesen si se mantenían en Chile o se reintegraban al Perú. La construcción del ferrocarril supuso la confirmación, de facto, de la anexión chilena de Arica pues Chile no dejaría ir un puerto en el que había invertido tanto.

Hoy, cuando el proyecto Bolivia-mar sigue encarpetado en nuestro Congreso por aprehensiones nacionalistas que remiten al siglo XIX, el apoyo peruano a la construcción de un ferrocarril bioceánico desde las costas del Pacífico del Perú hasta las atlánticas de Brasil, pasando por Bolivia e interconectándose, en el camino, con Paraguay, Uruguay y Argentina, es una estupenda noticia, es la llegada de la era postnacional, es pensar la región en términos globales, por lo que esperamos que pronto se convierta en una feliz realidad.

Hay que comenzar a redefinir los conceptos de soberanía, territorio y frontera con ojos del siglo XXI. Solo así alcanzaremos la interconexión regional y lograremos a ser competitivos en el mundo global.

Publicado en Diario Expreso el 21 de octubre de 2016

NICARAGUA: ni socialismo, ni democracia

Nicaragua: ni socialismo, ni democracia, por Daniel Parodi

NICARAGUA: ni socialismo, ni democracia

Recientemente tuve la oportunidad de asistir a la conferencia de Edmundo Jarquín Calderón, ex embajador de Nicaragua y ex candidato a la vicepresidencia por el Partido Liberal Independiente, organizada por la comisión para la creación de la Facultad de Relaciones Internacionales de la PUCP. Jarquín es disidente del Frente Sandinista para la Liberación Nacional (FSLN), liderado casi cuatro décadas por Daniel Ortega, presidente de la nación centroamericana desde el 2006.

La disertación de Jarquín me deja la sensación de que un fenómeno latinoamericano que atraviesa siglos, décadas e ideologías no es otro más que el caudillismo providencial y que este es el verdadero enemigo de la democracia en la región, más allá de derechas e izquierdas sistémicas y de uno que otro que todavía cree en la lucha de clases, tal y como la plantearon Marx y Engels hace casi 200 años.

Nos contó Jarquín la historia latinoamericana en clave nicaragüense; es decir, la de un siglo XX en el que la dictadura pesó más que la democracia. Hasta 1979 gobernó Nicaragua la tiranía de los Somoza, luego siguieron diez años de revolución sandinista que, justo es decirlo, no pudo consolidarse, entre otras razones, debido a la subvención estadounidense de las fuerzas  contrarrevolucionarias. Finalmente, en 1990 se abre el telón de la república liberal con el triunfo de la opositora Violeta Chamorro, lo que dio lugar a sucesivos gobiernos constitucionales hasta el 2006 en que Daniel Ortega gana las elecciones y vuelve al poder. Es entonces cuando el proceso de construcción democrática nicaragüense ingresa en un período de franco retroceso.

Jarquín añadió que Ortega se cuidó de mantener el manejo macroeconómico de corte librecambista y favorable a la inversión extranjera de los regímenes anteriores (que ha permitido, desde 1990, una considerable reducción de la pobreza en el país centroamericano). Asimismo, el líder del FSLN ha logrado ganarse el apoyo de la oligarquía nicaragüense, más preocupada por la estabilidad económica que por la institucionalidad democrática. En simultáneo, “el comandante Daniel” se sumó hábilmente al chavismo venezolano, lo que le depara alrededor de US$15.000 millones al año en subvención petrolífera. Con todo este respaldo, lo único que le faltaba a Ortega era cruzar el Rubicón que separa la democracia de la dictadura, y vaya que lo cruzó.

El autoritarismo sandinista, explicado detalladamente por Jarquín en su conferencia, se ha agudizado desde que el sandinismo retomó el poder el 10 de enero del 2007. Así, las elecciones municipales del 2008 fueron muy cuestionadas y anunciaron lo que sucedería en las presidenciales del 2011, donde Ortega obtuvo una nueva victoria, sin la observación electoral del Centro Carter, considerado parcial por el Consejo Supremo Electoral, y en medio de serias denuncias de fraude. Seguidamente, comenzó a aplicarse un plan para transformar su régimen en una dictadura de partido único cuyos resultados más notables hemos podido observar este 2016: se ha cancelado la personería jurídica de las agrupaciones opositoras PLI y PAC y, seguidamente, se ha destituido a los 28 representantes de la oposición en el Congreso.

Con todo lo dicho podemos añadir, sin temor a equivocarnos, que el sandinismo ganará las elecciones de este domingo 6 de noviembre porque Ortega corre prácticamente solo, o más bien, con su esposa Rosario Murillo, candidata a la vicepresidencia. De allí el alucinante eslogan de campaña: “Dios, el comandante Daniel y la compañera Rosario”. ¿Cómo una revolución socialista legitimada por haber derrocado la dictadura dinástica, familiar y autoritaria de los Somoza se convierte en la dictadura dinástica, familiar y autoritaria de los Ortega? Pobre América Latina, cuyos emprendimientos democráticos, ya sean de izquierda o de derecha, desembocan siempre en el caudillo providencial. El rey ha muerto, ¡viva el rey!

Publicado hoy en El Comercio

http://elcomercio.pe/opinion/colaboradores/nicaragua-ni-socialismo-ni-democracia-daniel-parodi-noticia-1943266

 

El fin de la “farra roja”

 

El fin de la “farra roja”

Foto: Mundiario

Por Daniel Parodi

Cuando en 1999 Hugo Chávez asumió el poder en Venezuela, se le comparó con la dupla Al­berto Fujimori-Vladimiro Mon­tesinos. De hecho, aquel acogió al segun­do y aprendió mucho de sus lecciones sobre cómo controlar el Estado como a un ramillete de flores para con esas mismas flores barrer las instituciones democráticas. Entonces estaba claro que Chávez no era más que un gorila finisecular, típico dictador latinoame­ricano, antecedido por otros como Pé­rez Jiménez, Pinochet, Videla y, entre los nuestros, Fujimori, Odría, Sánchez Cerro y Leguía.

Pero estos autócratas siempre han necesitado un discurso legitimador aso­ciado con el culto a la personalidad: a Leguía le decían ‘Viracocha’, a Odría ‘General de la Alegría’. A Chávez, en cambio, le pareció más ‘nice’ vestir­se de rojo, disfrazarse de socialista y reciclar la desfasada diatriba esa que presenta a la izquierda como a la bue­na del cuento, que está con el pueblo y lo defiende de los malos ricachones, aliados obsecuentes de la explotación transnacional. Y es así como el ‘Co­mandante Chávez’, hoy encarnado en un pajarico canturrero, se presentó al mundo como el padre del socialismo del siglo XXI.

Mientras solo fue un burdo imita­dor de Fujimori, todos condenamos a la dictadura venezolana, pero cuando Chávez se puso la camiseta roja, la iz­quierda peruana rompió sorpresiva­mente en estruendosos aplausos pi­diendo a gritos sus politos rojos para lucirlos con orgullo. No importaba que el dictador Chávez hubiese echado por la borda el constitucionalismo de la hermana Venezuela: ¡era rojo! con lo cual la democracia, tan defendida con­tra Fujimori, volvió a convertirse en un lujo burgués, frívolo y prescindible.

Lo que no le dio la gana de compren­der a nuestra izquierda es que Chávez jamás fue socialista y que lo que ins­tauró fue un carnavalesco asistencia­lismo autoritario financiado por el exu­berante precio del barril de petróleo. Daba para tanto la farra, que “El Co­mandante” se dio el lujo de financiar parrandas análogas en otros países de la región, aunque nunca tan orgiásti­cas como la suya. Total, Versalles es Versalles.

La farra roja terminó tan pronto cayó el precio del petróleo. Hace pocos días Marisa Glave finalmente condenó el chavismo, pero Verónika Mendoza aún mira hacia el costado. Más que una condena, a nuestra izquierda le hace falta un mea culpa, a ver si así termi­na de comprender que el socialismo del siglo XXI es cosa de demócratas y no de gorilas vestidos de carmesí.

Publicado en Exitosa el Domingo 30 de octubre

OPINIÓN | Daniel Parodi: El fin de la “farra roja”

Entrevista para La Razón de Bolivia: “El día que Bolivia llegue al Pacífico los beneficios serán infinitos”

 

Daniel Parodi: El día que Bolivia llegue al Pacífico los beneficios serán infinitos

El experto peruano en la Guerra del Pacífico, las relaciones peruano-chilenas y la historia de la República del Perú, habló con La Razón sobre el actual proceso de diálogo entre Bolivia y Perú a merced del segundo gabinete binacional. Además, recordó la existencia de un proyecto ferroviario peruano que fue planteado antes de la vigencia del Tratado de 1904, firmado entre Bolivia y Chile.

 Daniel Parodi. Foto: La Razón

La Razón Digital / Mauricio Quiroz / La Paz

— Bolivia y Perú han abierto un periodo de conversaciones, uno de los más intensos de su historia contemporánea. ¿Cómo evalúa este proceso de diálogo? ¿Qué otros procesos de diálogo entre Bolivia y Perú, registrados a lo largo de la historia, se podrían destacar?

— Desde una mirada histórica, Perú y Bolivia no debieron separarse nunca, nuestra fragmentación en dos países fue antinatural, por decirlo de algún modo.

Si me preguntas por procesos de diálogo previos, tendría que hablar incluso del periodo preincaico de Tiwanaku y Wari, de la relación de los Incas con los Lupaca, de la era colonial en la que formamos parte del mismo virreinato, cuya economía la movía la plata potosina, para cerrar con el proyecto confederado de Santa Cruz que lamentablemente no se concretó. Y todo esto sin mencionar la unidad geográfica, cultural, lingüística y comercial. Creo que pocos países están tan cerca el uno y el otro. Venimos a ser como Austria y Alemania en Europa, para citar un ejemplo.

— ¿Por qué los países sudamericanos no pudieron hacer un tren bioceánico hasta ahora? ¿Perú y Bolivia ya tenían un proyecto anterior a 1904?

— En el siglo XIX, si bien imperaba el capitalismo, no teníamos una globalización tan extendida como ahora ni teníamos a la China y los tigres del Asia en plena revolución industrial al otro lado del Pacífico. Lo revolucionario en esa época, lo que unió a aquel con su par Atlántico, fue el canal de Panamá inaugurado en 1915.

Lo que entonces sí existió fue el intento de facilitar la salida del comercio boliviano y sur-peruano al Pacífico a través del ferrocarril Puno-Arequipa-Mollendo inaugurado en 1876.  Las mercaderías bolivianas solo debían llegar a la ciudad lacustre pasando el lago Titicaca por Puerto Pérez. Recordemos que hasta entonces dicho comercio utilizaba la antigua ruta colonial por Arica y se transportaba en recuas de mulas, lo que hacía que se requiriese varios días de camino para alcanzar las costas del mar. Volviendo al presente, ya con la economía del mundo completamente integrada, es que surge el proyecto de unir ambos océanos atravesando Sudamérica, lo que implica unir Brasil, Bolivia y Perú y favorecer conexiones comerciales con Ururguay, Paraguay y Argentina. Me parece que lo más coherente es que ese tren salga al Pacífico por el puerto de Ilo; es decir, por Boliviamar, proyecto que ojalá pronto se apruebe en el Congreso peruano e impulsar la integración en todos los niveles.

— ¿Todavía existen resabios de la Guerra del Pacífico en Perú? ¿Cuál es la valoración que se hace en su país sobre el reclamo histórico de Bolivia para acceder al mar?

— Me parece difícil hablar a nombre de todo mi país, no creo que haya una sola posición al respecto, aunque predomina una simpatía por la causa marítima boliviana, que se origina en una guerra que libramos juntos y en la que el Perú perdió muchísimo también.

Ya que la pregunta está, permítaseme una sugerencia: Bolivia debería revisar la idea de un corredor soberano, la que genera resistencias en Chile pues se dice que partiría en dos su territorio y en el Perú, pues, se piensa que la solución del problema marítimo boliviano, si se realizase por Arica, supondría perder nuestra condición de país limítrofe con el vecino del sur. Tengamos presente que la actual relación entre Perú y Chile es socioeconómicamente interdependiente y complementaria, por eso este tema es tan delicado.

Creo que Bolivia debería pasar a un esquema posnacional y pensar, más que en un corredor soberano, en una vía de comunicación desde el interior de su país hasta un enclave litoral. Quizá en este esquema a Chile se le haga más sencillo ceder soberanía en su costa, lo que resulta difícil debido a nuestras subjetividades pues todos —peruanos, bolivianos y chilenos— hemos sido criados en el nacionalismo y existe la idea de que ceder territorio es casi una traición. Pero este enfoque del siglo XIX es algo que ya deberíamos cambiar.

— ¿Cree usted posible una alianza estratégica entre Bolivia, Perú y Chile tras el actual proceso histórico-judicial?

— A Haya de la Torre, un gran político peruano del siglo XX, le molestaba mucho la problemática entre nuestros tres países. En la década de 1920, hace casi 100 años, él señalaba que ese conflicto era azuzado por el imperialismo para evitar hacer de América del sur un bloque económico y político que compita de igual a igual con las grandes potencias.

El lenguaje puede haber cambiado pero a Haya no le faltó razón. ¿Te imaginas lo que será cuando no haya más lío entre nuestros países? ¿Te imaginas una Alianza del Pacífico con Bolivia, Argentina y Ecuador? Mira nada más la paz peruano-ecuatoriana de 1998, cuando resolvimos nuestros temas limítrofes. Bastó resolver el problema para potenciar exponencialmente nuestra relación y entrar a una fórmula ganar-ganar. Por eso, yo estoy seguro de que el día que Bolivia alcance las aguas del Océano Pacífico los beneficios para nuestros tres países serán infinitos, mientras tanto, Perú y Bolivia deben seguir acercándose, a través del ferrocarril bioceánico y los gabinetes binacionales como el que sostendremos en noviembre.

Publicado en Diario La Razón de La Paz, Bolivia el domingo 30 de octubre de 2016 http://www.la-razon.com/nacional/Daniel-Parodi-Bolivia-Pacifico-beneficios_0_2590540992.html

El pueblo dijo NO

 

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El pueblo dijo NO

Las reacciones ante la victoria del NO a los acuerdos de paz entre el gobierno y las FARC en Colombia han generado un debate más polarizado y maniqueo en el Perú que en la tierra del café. Allá las opiniones de los protagonistas han sido ponderadas; coherencia en el Presidente Santos, en el opositor Andrés Pastrana y hasta en Álvaro Uribe, tan destemplado crítico de las negociaciones.
Acá, en cambio, aprovechamos la ocasión para agarrarnos a “chavetazos” izquierdistas y derechistas: los primeros, con su habitual “desdén por lo popular” si decide distinto a lo que ellos piensan, han deplorado la “inconciencia” de los colombianos en dejar ir una paz esquiva hace 52 años y hasta han sugerido revertir el resultado en el Congreso.
La derecha ha arremetido contra los “rojos”, denunciando una  conspiración comunista y la consumación de una inaceptable impunidad al terrorismo, al que no dejaron de comparar con la violencia interna que sufrimos en las décadas de los 80s y 90s. Ni siquiera han faltado los pedidos de renuncia de Santos a la presidencia, cuyo periodo concluye recién en dos años.
Pero el No al referéndum es un mensaje del pueblo colombiano: no queremos la paz en estas condiciones y esta decisión soberana debe ser respetada por la comunidad internacional, tanto como comprenderse que algo intragable debió contener el acuerdo de paz para que Colombia rechace lo que avalaron el Papa Francisco y Ban Ki-moon.
Las 26 curules de oficio en el parlamento colombiano, la cadena de televisión, las de radio en cada provincia, la subvención económica a la cúpula daban la impresión, más que de amnistiar, de convertir  a las FARC en un partido político con evidentes ventajas sobre los demás. ¿Un plan para la futura toma del poder? Esos puntos, sin duda, deben revisarse.
Lo positivo del resultado es la voluntad de continuar negociando, expresada en la invitación de Santos a la oposición a sumarse a ella. Ahora la pelota está en manos de los detractores del proceso de paz pues una amnistía como esta requiere necesariamente concesiones recíprocas: 260.000 muertos y tantos millones de vivos en las zonas de conflicto la claman, Colombia la necesita para lanzarse al mundo.
¿Tendrá la oposición colombiana la voluntad de renegociar la paz admitiendo concesiones imprescindibles a las FARC o buscará, por cálculo político, llevar el proceso a puntos muertos para hacerla fracasar? Esperamos lo primero.
Publicado hoy e Expreso

El pueblo dijo no

Civil y eclesiástico

 

Civil y eclesiástico

El Humanismo de los siglos XV y XVI le arrebató a la Iglesia su monopolio sobre la ciencia no sin que antes Galileo tuviese que retractarse ante la inquisición. En el XVIII los racionalistas ilustrados alejaron definitivamente la razón de estado de cualquier precepto religioso: todo debía ser demostrable y apuntar hacia el progreso a través del método científico.

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Hace 500 años se separaron los fueros civil y eclesiástico

Ya entonces los fueros civil y eclesiástico estaban totalmente separados comprendiéndose que al primero le correspondía el gobierno de la sociedad y al segundo la salvación de las almas. Debido a esa separación, aunque soy activista pro derechos de la mujer, no participaría de ninguna acción para que la Iglesia Católica o tantas otras permitiesen mujeres sacerdotisas, ni para que la ICAR elimine el enajenante celibato sacerdotal. Mi motivo es muy sencillo: no soy socio del club.

Mi punto es que las congregaciones religiosas son foros privados con sus propias reglas aceptadas por sus miembros y es a ellos, y no a mí, a quienes les corresponde modificarlas. De allí que me encanta que el Papa Francisco esté a la vanguardia de una serie de reformas modernizadoras de la ICAR: a él sí le toca porque es el mandamás del Vaticano.

Por desgracia no ocurre lo mismo en el caso opuesto. Los feligreses de congregaciones religiosas  sí se sienten con el derecho de enseñarle “el bien y el mal” a los civiles y de presionar las políticas públicas del Estado. El caso de la unión civil es paradigmático: “los gays, con sus cosas, en su casa y en su cama, nada más” le he escuchado decir a muchas personas que expresan así la más cavernícola versión de nuestra peruanísima homofobia popular que encuentra en las declaraciones sabatinas del Cardenal Cipriani abundante combustible para inflamar sus llamas.

A ellos yo les respondería así: tus dogmas, tus ideas, tus prejuicios, en tu Iglesia nada más, en tu casa nada más, porque a ti nadie de afuera te dice qué hacer. Si la alianza matrimonial en tu religión es solo heterosexual, amén, no tengo problemas pero déjanos a los civiles manejar la esfera pública sobre la base de la laicidad del estado pues hace más de quinientos años el gobierno civil se separó de la religión. Practica tu fe, compártela sin imponer, y deja de inmiscuirte en la vida de los demás: los demás no se están inmiscuyendo en la tuya.

Publicado en Diario Exitosa el domingo 2 de octubre

OPINIÓN | Daniel Parodi: Civil y eclesiástico

Historia del clientelismo y transfuguismo

Historia del transfuguismo, por Daniel Parodi

¿Logrará Fuerza Popular mantener unida su bancada?

Historia del clientelismo y transfuguismo

La Comisión de Constitución del Congreso aprobó recientemente una iniciativa legislativa en contra del transfuguismo. Si por un lado es verdad que desde la tercera elección de Alberto Fujimori en el 2000, el cambio de bancada de los congresistas se volvió moneda corriente, también se presume que tras la medida asoma el resquemor de Fuerza Popular por controlar su grupo parlamentario, cuya mayoría no milita en la organización.

Pero remontémonos a la historia que nos tiene reservadas algunas interesantes analogías.  Al igual que hoy, durante el siglo XIX la participación política no se canalizaba a través de partidos políticos, sino de redes clientelares. Un caso paradigmático es el de Ramón Castilla. En la década de 1850, el caudillo tarapaqueño logró pacificar al país y organizar al Estado Peruano gracias a las alianzas provinciales que fue tejiendo en su dilatada carrera militar, que remonta a la Guerra de Independencia.

Esta situación, sumada a las ingentes sumas de dinero obtenidas durante la bonanza del guano, le permitieron a Castilla mantener bajo control a las diferentes élites regionales, adheridas a su proyecto autoritario gracias al reparto poco trasparente de las rentas guaneras. Los casos más emblemáticos fueron la abolición de la esclavitud (los esclavos fueron comprados por el Estado a sus propietarios en condiciones más que ventajosas) y la consolidación de la deuda interna, calculada en primera instancia en un millón de pesos y elevada hasta veintitrés durante el gobierno de José Rufino Echenique.

Décadas después, desde 1895, La Republica Aristocrática escenificó otro pacto muy bien diseñado entre el poder central y las élites regionales, repartiéndose cargos públicos y zonas de influencia. Entonces, los límites del Estado no eran otros más que los linderos de la hacienda cuyos propietarios –los gamonales– integraban las cámaras de senadores y diputados desde las cuales defendían férreamente sus fueros. En tales circunstancias, la  postulación de un señor provincial por los partidos civil, demócrata o constitucional no suponía necesariamente su adhesión o militancia en cualquiera de aquellos, sino la recreación del pacto entre el poder central y las regiones.

Aunque el primer ministro Fernando Zavala acudió al Congreso a disculparse con la bancada fujimorista por las expresiones vertidas por el presidente Kuczynski a principios de agosto, la alocución del mandatario no solo fue correcta sino históricamente refrendable: “no todos los 73 congresistas de la bancada fujimorista son miembros del partido, habrá como 30 que se subieron al carro creyendo que ella ganaba y que recibirían una prebenda”. Y es por esta misma razón que discrepo con mi amigo Hugo Neira cuando presenta a Fuerza Popular como el partido político más sólido del Perú del siglo XXI.

La realidad nos dice otra cosa. Fuerza Popular, más que un partido con ideología, programa, etc. es una precaria red de alianzas que relaciona a una entidad política, que cuenta con líderes que tienen la popularidad suficiente para tentar la administración del Estado, con decenas de grupos de interés locales, cuya participación en el proyecto solo se explica en su intención por incrementar su cuota de poder e influencia a través de su acceso al gobierno nacional. Y es por eso que la derrota del 10 de junio preocupa al fujimorismo pues buena parte de su numerosa bancada podría colegir que en las actuales circunstancias es insignificante la lealtad que le deben a Keiko y compañía.

En un sugerente artículo, Carmen Mc Evoy narra el derrumbe de la maquinaria política castillista una vez que se acabó el guano y el Estado se quedó sin dinero que repartir entre sus ávidas clientelas provinciales. La relación entre Fuerza Popular y muchos de sus congresistas nos recuerda los tiempos del célebre mariscal. Queda por saber si la flamante ley contra el transfuguismo impedirá que el final de esta historia sea también el mismo.

Publicado en el Comercio el martes  4 de octubre

http://elcomercio.pe/opinion/colaboradores/historia-transfuguismo-daniel-parodi-noticia-1936159

PPK en la ONU

 

PPK EN LA ONU

PPK ONU

La primera foto que recordaremos de la reciente intervención de PPK en la Asamblea General de las Naciones Unidades es aquella en la que se dirige al pleno; la segunda es en la que aparece sentado en el escaño de la representación peruana junto al canciller Ricardo Luna, nuestro embajador en Washington Carlos Pareja y nuestro representante permanente en el referido foro mundial, el embajador Gustavo Meza Cuadra. La imagen grafica el inicio de un periodo de fecunda coordinación entre los Palacios de Pizarro y Torre Tagle, sin la cual es muy difícil acertar en el camino hacia el desarrollo, con la OCDE como la luz al final del túnel.

Por eso la alocución presidencial comenzó manifestando la sintonía del Perú con los 17 objetivos de desarrollo sostenible al 2030 de la ONU. PPK apuntó hacia objetivos sensibles como el clima y la vida submarina, y subrayó que el “Perú promueve el crecimiento verde articulando el uso de ecosistemas terrestres y marinos”

Desde este punto saltó al análisis de la realidad local e introdujo a la conferencia el proyecto Sierra Azul, cuya funcionalidad pasa por la recolección de las aguas provenientes de las lluvias amazónicas. Seguidamente, siempre a través del agua, relacionó su plan de gobierno con otros objetivos de la ONU como la salud y el saneamiento. Así también, PPK conectó con la principal meta de las Naciones Unidad: el fin de la pobreza, porque no se entiende un Perú libre de aquella si uno de cada tres peruanos no tiene agua y desagüe.

En otra parte de su intervención, PPK refirió el posicionamiento del Perú en un mundo global en el que difícilmente se puede competir sin constituir bloques regionales sumando las economías de varios estados. Por eso el Presidente subrayó la necesidad de “profundizar coincidencias con países con desafíos similares”, lo que implica también fortalecer “nuestro compromiso con la consolidación de la democracia, los derechos humanos y el Estado de Derecho, en tanto que pilares de la gobernabilidad”.

La mención de PPK a Venezuela no por sutil dejó de ser importante. La precariedad institucional del país llanero es el principal obstáculo para profundizar coincidencias entre estados vecinos pues los restos del chavismo continental son el lastre que nos impide, hasta hoy, fortalecernos como bloque regional  y apuntar hacia la globalización mundial.

En New York, PPK vuelve a dejarnos la impresión de tener las cosas claras; ojalá y los vientos locales apunten en la misma dirección que su emprendimiento.

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Aparecen embajador Gustavo Meza Cuadra, Canciller Ricardo Luna, Pdte PPK, y detrás, embajador Carlos Pareja, en la asamblea de las NNUU

Publicado hoy 23 de septiembre en Diario Expreso

 

 

Las cartas de Cáceres

 

Las cartas de Cáceres

“Solo podemos lamentar el flagrante robo de las epístolas de Cáceres de la Biblioteca Nacional”
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Por Daniel Parodi

Podemos discutir mucho sobre An­drés Avelino Cáceres. Yo lo ad­miro; no solo me parece el mili­tar más cerebral que tuvimos en la Guerra del Salitre (1879-1883) sino también un personaje culturalmente mestizo; el hijo de hacendados ayacu­chanos que habla quechua y español, y cuya exitosa resistencia al invasor ra­dicó precisamente en su capacidad de discurrir por ambos espacios cultura­les y geográficos, como Arguedas y Ciro Alegría en el campo literario.

Luego podremos discutir si fue o no de­masiado autoritario cuando ejerció la pre­sidencia del Perú. Seguro que sí, Cáceres es un caudillo militar característico del si­glo XIX. De hecho, es el último de su es­tirpe, antes de él están Gamarra, Casti­lla, Echenique, etc.

Pero lo que no está en discusión es el valor patrimonial del epistolario del ven­cedor de Tarapacá, consistente en 3000 cartas de su puño y letra que nos acercan a los avatares de nuestra historia política y militar del último tercio del siglo XIX y que se introduce en el XX. Recordemos que Cáceres muere en 1923 y que su par­tido, el Constitucional, fue protagonista de la República Aristocrática hasta 1919.

Por eso solo podemos lamentar el fla­grante robo de sus epístolas de la Biblio­teca Nacional, que se efectuó a través de la obscena modalidad de colocarlas en los tachos de basura para, de esa manera, sa­carlas de aquella y comercializarlas en el mercado negro.

Ramón Mújica, el director de la referi­da biblioteca, acaba de denunciar que es­tamos a punto de perder todos los juicios en el Poder Judicial contra los emplea­dos responsables de estos robos bajo el increíble argumento de que las cartas se encontraban “a la intemperie” y que cual­quiera pudo sustraerlas.

Hace algunos años revisé el epistola­rio de Lizardo Montero, quien fuera pre­sidente del Perú (en Arequipa) durante la Guerra del Salitre. Fue en la BNP, en el se­gundo piso, y puedo dar fe de que dichos documentos no estaban “a la intemperie”. Tras consultar el catálogo había que es­perar que un funcionario acudiese a una zona reservada a traer los documentos solicitados. Tal era el celo entonces, que tuve que microfilmar las cartas que re­quería, pues fotocopiar estaba prohibi­do precisamente para preservar la inte­gridad de las epístolas.

Nuestro país tiene historia, vaya que la tiene, por lo que queda esperar que el Poder Judicial siente un claro preceden­te de que a él también le interesa preser­var el patrimonio de todos los peruanos.

Yo sí quiero seguir enseñando

 

YO SÍ QUIERO SEGUIR ENSEÑANDO

(A propósito de “La carta del profesor uruguayo que conmueve al mundo de la educación” http://www.infobae.com/sociedad/2016/09/13/la-carta-del-profesor-uruguayo-que-conmueve-al-mundo-de-la-educacion/)

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Alguna vez participé en un evento académico en el que un alumno de facultad un tanto pedante nos preguntó al otro ponente y a mí ¿qué hacer con los “alumnos salvajes” que cada vez poblaban más las universidades?

El otro ponente asumió como cierta la premisa y respondió con toda naturalidad que había que hacer esto y aquello. A mi turno dije que jamás había tenido un alumno salvaje  y que si por salvaje se hacía referencia a un eventual bajo nivel eso solo aumentaba mi compromiso docente: si saben menos puedo enseñar más y tengo mucho más que hacer. Pasa igual con algunos profesores jóvenes, o jefes de práctica que se reúnen y se burlan de las respuestas de sus alumnos. ¿Tan pronto se puede olvidar la vaca que alguna vez fue ternera?

Digo esto con ánimo de respuesta a la carta del profesor uruguayo Leonardo Haberkorn que llegó a la conclusión de que perdió la capacidad de motivar a las nuevas generaciones. Yo no, felizmente. A mí me anima saberlas diferentes, comprender que vienen de otro tiempo, de otras dimensiones, me estimula aceptar el desafío de sacarlos del ciberespacio un rato y que para ello, y para ellos,  debo ser, en primer lugar, empático. Esto quiere decir que debo lograr que comprendan que no provengo de su tiempo pero, al mismo tiempo, que sí soy capaz de conectarme con su tiempo.

Entiendo, asimismo, que las herramientas tecnológicas pueden jugar a mi favor, es decir, puedo pactar con los estudiantes que me escuchen un rato, que charlemos un poco para después dejarlos ir a sus ipads a resolver un ejercicio para descubrir juntos que el ciberespacio también contiene al conocimiento y que aquel no es un enemigo de la enseñanza sino un ámbito infinito para el aprendizaje.

Quizá algún día me rinda, no lo sé, pero no será porque mis alumnos no hayan leído Vargas Llosa, ni por no tener la autoridad, porque la tengo, de decirles cuando usar la tecnología y cuando no durante la sesión de clase. El desafío del maestro hoy es enorme, es el más grande de la historia, se trata de enseñar la sinergia entre conocimiento y tecnología para evitar el automatismo cruel que bien quisieran imponer algunas fuerzas globales a las nuevas generaciones del planeta.

Y en las bambalinas de dicha sinergia, se trata de formar ciudadanos responsables, respetuosos y tolerantes con el otro; no importa si ciudadanos de la ciudad, del país, del mundo, o los tres al mismo tiempo, lo que se acerca más a la realidad contemporánea, pero ciudadanos al fin y al  cabo, con  todo lo que de virtud cívica conlleva el concepto y la labor que se requiere para convertir a aquella en nuestra realidad cotidiana.