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Especial de El Mercurio dedicado a la Independencia del Perú destaca episodios positivos compilados en   LAS HISTORIAS QUE NOS UNEN  

Homenaje al Perú desde Chile

 

Diario el Mercurio nos dedica especial por Fiestas Patrias destacando contenidos de la compilación LAS HISTORIAS QUE NOS UNEN

 

Relaciones Chileno-Peruanas en el tiempo: Las historias que nos unen (Diario EL Mercurio, especial, 28 de julio de 2014) 

Diversos hitos han marcado la sólida hermandad de los pueblos peruano y chileno. Una relación fructífera que se proyecta en el tiempo.

Con el solo hecho de ser países limítrofes, Chile y Perú han mantenido diversos intercambios a lo largo de su historia. Aunque incluso se enfrentaron en lo que se llamó la Guerra del Pacífico, son claramente más los hechos de unidad y colaboración que los aspectos negativos de la relación.

Especialmente en las últimas décadas el comercio bilateral, las fuertes inversiones en uno y otro país y una colonia peruana residente en Chile cercana a los 200.000 migrantes que han incorporado a la sociedad chilena sus costumbres y tradiciones son buena muestra de los aires de cercanía que unen a dos pueblos hermanos.

Los hitos más importantes de las vivencias y episodios que acercaron a ambos países pueden conocerse en detalle en el libro "Las historias que nos unen, Episodios positivos en las relaciones peruano-chilenas, siglo XIX y XX" de los autores Sergio González y Daniel Parodi.


Portada de la Edición Peruana de LAS HISTORIAS QUE NOS UNEN

Para ellos, el primer encuentro de hermandad chileno-peruana lo constituye Bernardo O'Higgins, quien juega un papel relevante en la independencia del Perú. A partir de 1809 de desarrollan en toda la América hispana movimientos emancipadores.

Las dificultades que los mismos enfrentan convencen a los líderes peruanos y chilenos que la independencia de sus pueblos solo se podía asegurar aunando sus esfuerzos y voluntades. Por ello, patriotas chilenos, liderados por Bernardo O´Higgins se unieron al general José de San Martín en la expedición que buscaría la libertad de Chile y posteriormente la del Perú.

Los avatares de la historia política de la entonces joven República de Chile llevan a Bernardo O´Higgins a exiliarse en el Perú. Llegó a Lima, coincidentemente, el 28 de julio de 1823. El Gobierno peruano, en reconocimiento de su apoyo a la expedición libertadora, le concedió en propiedad las haciendas de Montalbán y Cuiba, en el valle de Cañete, 150 kilómetros al sur de Lima.

Países aliados

Ambos países libran luego en 1866 y como aliados una guerra contra España. En ella Perú y Chile firmaron una alianza defensiva que entró en vigor el 14 de enero de 1866, una vez que el Perú declaró la guerra a España. El 7 de febrero de 1866, las escuadras de ambos países libraron un combate naval contra la flota española, en la localidad de Abtao, al sur de Chile. En él participaron Miguel Grau y Arturo Prat. El 2 de mayo del mismo año, los españoles fueron derrotados en el Callao.

El 2 de mayo de 2013 los Ministros de Relaciones Exteriores y de Defensa de ambos países, reunidos en Lima con ocasión de la reunión del Comité Permanente de Consulta y Coordinación Política (2+2), conmemoraron de manera conjunta, en el Callao, el combate librado 147 años antes.

Acordaron también que la siguiente reunión de este importante mecanismo bilateral se celebrara en Abtao, el 7 de febrero de 2015.

Religiosidad

En el plano religioso, la unidad chileno-peruana también se ha hecho notar a través de la procesión del Señor de los Milagros que se realiza en el centro de Santiago.

La cita es en octubre en la Catedral Metropolitana luego de cual se realiza una procesión que sale desde la Catedral hasta la Parroquia Italiana y Latinoamericana, Nuestra Señora de Pompeya, ubicada en avenida Bustamante 180.

Desde 1992, hasta 2003, se realizó la tradicional Procesión del Señor de los Milagros en Santiago por las calles aledañas a la Parroquia Italiana y Latinoamericana Nuestra Señora de Pompeya. A partir de 2004, la procesión extendió su recorrido desde la Catedral Metropolitana hasta la referida la Parroquia Italiana y Latinoamericana.

En esta procesión, con la hermosa imagen del Cristo Morado, donada a la Hermandad del Señor de los Milagros y bendecida por el Cardenal Francisco Javier Errázuriz, participan más de diez mil devotos, de varias nacionalidades, entre los cuales se destacan los inmigrantes peruanos residentes en Chile.

Fútbol binacional

El deporte también ha sido un punto de encuentro. Es así como en la década del treinta una iniciativa privada del empresario chileno Waldo Sanhueza, presidente del club Colo Colo, y el empresario peruano Jack Gubbins hicieron realidad el sueño de tener un combinado binacional.

La delegación partió a Europa el 25 agosto de 1933. Luego de algunos partidos informales durante la gira, el primer encuentro oficial fue en Curazao, el 14 de setiembre de 1933. Los del Pacífico golearon 7-0 a los lugareños.


COMBINADO DEL PACÍFICO EN LONDRES FLAMEANDO BADERAS PERUANAS Y CHILENAS

No hubo muchas noticias de aquella travesía por mar. Fue revelador el diario personal del delantero chileno Roberto Luco, quien el 18 de setiembre escribía: "Hoy es aniversario de Chile. Estamos emocionados. Hemos cantado nuestro himno y hemos recibido el cariñoso saludo de todos los muchachos peruanos".

Alianza del Pacífico

En la primera mitad de la década del 70 Chile dejó de formar parte de la Comunidad Andina. Con la constitución de la Alianza del Pacífico, vuelve a participar, conjuntamente con el Perú en un mecanismo de integración económica subregional.

Se trata, además, del mecanismo más ágil, flexible y exitoso en la región y permite proyectar a ambos países de manera conjunta al Asia Pacífico y a las más grandes economías globales.

La interconexión de los puestos fronterizos de Santa Rosa y Chacalluta a través del Acuerdo Marco para la Implementación del Sistema de Control Integrado y Cooperación es otro de los hitos que unen y facilitan la historia de Chile y de Perú.

Una historia que está lejos de terminar de escribirse y cuyas páginas en blanco del futuro esperan por nuevas noticias de apoyo, hermandad y cooperación.

Link de EL MERCURIO

http://www.edicionesespeciales.elmercurio.com/destacadas/detalle/index.asp?idnoticia=201407281652828&idcuerpo=1275#

 

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Bandera del Protectorado Británico de Palestina. Imperio Británico impulsó retorno de judíos a "Tierra Santa" 

Palestinos vs Israelíes II

El movimiento sionista y la paulatina colonización de "Tierra Santa" antes de la fundación del Estado de Israel 

 Es normal que un movimiento nacionalista judío haya eclosionado en la segunda mitad del siglo XIX y no en otra época. El nacionalismo no es natural, es una ideología que se instauró en Europa desde la Revolución Francesa de 1789 y que arraigó cien años después, en el contexto de la rivalidad entre las potencias europeas como consecuencia de la revolución industrial y su expansión colonial. En ese contexto, no es raro que un sector de judíos, cuyas colonias se encontraban casi dos mil años dispersas debido a las diásporas, haya abrigado el proyecto de obtener un territorio –Estado – donde pudiesen vivir y concretar una utopía nacional.

Theodor Herzl, fundador del sionismo político

  Los sionistas pronto comprendieron que ningún lugar era más propicio para la realización del proyecto como Palestina o Canaán, es decir, la “Tierra Santa” que les legará Moisés más de 3,000 años antes. Por ello, ya desde finales del siglo XIX comenzaron a propiciar oleadas migratorias y a promover la compra de terrenos en dicha región. La razón es que asociaban la posibilidad de formar un Estado Israelí en Palestina a su poblamiento por judíos para así alterar su distribución geográfica, entonces habitada por una mayoría de palestinos-musulmanes, una minoría de palestinos cristianos (entre católicos y ortodoxos) y otra de hebreos.

En la implementación del proyecto nacional sionista jugó un rol decisivo Inglaterra, que apoyó las referidas oleadas migratorias, aún más desde que controló Jerusalén en 1917. Desde entonces, la autoridad colonial británica (que convierte Palestina en su protectorado después de la 1era Guerra mundial) permitió la elección de un Consejo Nacional Judío (1920) en el referido protectorado con lo que el movimiento sionista alcanzó presencia institucional en la región. Tres años después, en 1923, el Imperio Británico permitió también la creación de la Agencia Judía para Israel, una administración judía independiente en la región, cuya principal función fue sistematizar las migraciones y compras de tierras que desde hacía algunas décadas se venían realizando.

El Imperio Británico le ofreció a los palestinos formalizar instituciones análogas pero aquellos las rechazaron por considerar que implicaría aceptar la división de su territorio nacional, tanto como admitir la presencia de una entidad oficial judía dentro de su país. De hecho, la primera gran resistencia a la paulatina colonización judía de Palestina se produjo entre 1936 y 1937 con una huelga general de los palestinos que se prolongó por 170 días.

 

 Amil Al Husayni, lideró revuelta palestina desde 1936

En 1937, la metrópoli británica respondió a las protestas palestinas a través del “Informe Peel” que propuso formalmente la partición de Palestina en dos estados: el Israelita y el Palestino, con lo que la huelga de los palestinos se radicalizó y se transformó en resistencia armada, prolongándose hasta 1939. Sin embargo, dicha resistencia también intimó la colaboración entre el Consejo Nacional Judío y el Protectorado Británico quienes resistieron conjuntamente la ofensiva palestina.

Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial en 1939, el Imperio Británico optó por el apaciguamiento, intentando así evitar la posibilidad de un respaldo indirecto del mundo musulmán a los nazis por lo que, a través de la “declaración Balfour”, propuso el establecimiento de un Estado palestino en el cual ambas partes, palestinos y judíos, debían compartir las responsabilidades del gobierno. Sin embargo, a poco de concluir la guerra en Europa se retomó el esquema de dividir Palestina en dos Estados.

Tres consideraciones finales

1.- Desde la segunda mitad del siglo XIX un movimiento nacionalista judío –el sionismo- se propuso el retorno de su pueblo a la “Tierra Santa” de Moisés para fundar allí un Estado independiente. Décadas después lo logró y una mirada pragmática a la cuestión no puede calificar sino de exitosos los resultados obtenidos por este plan de muy largo plazo y no pueden negarse en estas líneas ni el emprendedurismo judío ni su alta capacidad de organización.

2.-Por más razones religiosas o históricas que pudiese esgrimir Israel, lo cierto es que la región a la que migraron los judíos para fundar su Estado no estaba deshabitada. Al contrario, estaba poblada mayoritariamente por otro pueblo, el Palestino, y con otra religión, la musulmana. Por ello, de una mala decisión, pero exitosamente aplicada, se desprende este viejo y triste conflicto que hoy nos mantiene con un pie en el siglo XIX, a pesar de encontrarnos en la segunda década del nuevo milenio.

3.- Como telón de fondo del problema, el rol colonial de Inglaterra fue decisivo en el éxito de un proyecto nacional (el judío) y el fracaso de otro (el palestino), a través de la aplicación de una política colonial que no valoró debidamente elementos demográficos, históricos, religiosos y geopolíticos fundamentales. De esta manera, Inglaterra es pieza clave en la paulatina colonización y conquista de Palestina por los judíos sionistas.

De la fundación del Estado de Israel, el conflicto Palestino-Israelí actual, y sus escenarios futuros, nos ocuparemos en nuestra próxima nota.

Notas previas sobre el tema:

1.- Palestinos vs Israelíes: algunas precisiones

https://daupare.lamula.pe/2014/07/24/palestinos-vs-israelitas/daupare/

2.- Palestinos vs Israelíes I: Los antecedentes remotos

https://daupare.lamula.pe/2014/07/22/palestinos-vs-israelitas-i/daupare/

Ambas notas se encuentran también en este blog

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PALESTINA BAJO EL MANDATO BRITÁNICO, LOS PRINCIPALES PROBLEMAS DE HOY GERMINARON EN DICHO PERIODO

Palestinos versus israelíes

Algunas precisiones

 

Antes de pasar a desarrollar el tema reservado para mi segunda columna dedicada al conflicto Palestino-Israelí, quisiera responder algunas observaciones e intervenciones de mis lectores que he encontrado sugerentes o dignas de aclaración.

1.- La primera es acerca de la razón de las dos diásporas -expulsión de los judíos de Israel- de 70 y 135 d. C. La causa, que se presta a varias interpretaciones, apunta a los rigores de la dominación romana que los judíos resisten heroicamente. Es posible que el sometimiento al Imperio romano y al intento de imposición de su panteón de dioses haya consolidado la idea de la llegada de un mesías liberador,en los judíos monoteístas, de allí que Jesús lo haya sido para quienes se convirtieron al cristianismo, a través de una revolución más bien espiritual.

Mientras tanto, los judíos que no se convirtieron al cristianismo siguieron –y de hecho siguen- esperando un mesías más político o militar que pudiese liberarlos del yugo romano. De allí las diásporas arriba mencionadas que supusieron guerras que duraron años y que concluyeron con la segunda de ellas, bajo el reinado del emperador Adriano en 135 d.C. Entonces los judíos fueron dispersados y, en muchos casos ,esclavizados por los romanos quienes llegaron a convertir Jerusalem en una ciudad romana llamada Aelia Capitolia.

2.- Otra observación que he recibido menciona que los judíos no se asentaron, tras las diásporas, en países como Polonia, Alemania o Rusia, más bien lo hicieron en la Europa del sur y del sudoeste. El apunte es pertinente, como ejemplo baste ver la presencia de judíos que progresaron junto a los musulmanes en la península ibérica. Así por ejemplo, recién en 1492 los judíos fueron expulsados de España dada la intolerancia de la monarquía católica que acababa de instaurarse. Más bien, hay varios acontecimientos que explican su posterior migración hacia otros confines europeos como lo fue el clima intolerante de las cruzadas desde el siglo XII en adelante.

3.- Un aspecto que se me ha recalcado es que no todos los palestinos son musulmanes. De acuerdo, los hay cristianos ortodoxos y católicos, debido a una historia compleja vinculada a la adopción del cristianismo por el Imperio Romano, a la división de la Iglesia entre Roma y Constantinopla, y a la tolerancia religiosa de los musulmanes que conquistaron la región desde el siglo VIII d.C. Sin embargo, según datos censales, muy pocos palestinos cristianos habitan hoy en Gaza y Cisjordania, la mayoría ha migrado y millones viven en el continente americano.

4.- La última observación refiere mi afirmación de que los palestinos  constituyeron una nación o Estado.  El apunte merece alguna reflexión, no he hablado en mi nota anterior de Estado Palestino, más sí de nación. Sin embargo, es correcta la observación que se me hace en el sentido de que la entidad existente en la región hasta 1923 era el Imperio Turco, aunque su suerte se decidió en un tratado secreto – el Sykes-Picot- firmado entre Francia e Inglaterra en 1916, quienes se pusieron en el caso de un triunfo militar, durante la Primera Guerra Mundial, sobre las potencias centrales y el Imperio turco.

Toda vez que dicha victoria se produjo, gran parte del Imperio Otomano se dividió entre colonias británicas o francesas, o en protectorados bajo la influencia de dichos países, quedando Palestina bajo mandato británico. Toda vez que la nación y el nacionalismo son conceptos más bien modernos, provenientes de la Revolución Francesa, pero cuyo carácter ecuménico atravesó paradigmas culturales (Eric Hobsbawm), es posible que desde la dominación británica haya arraigado entre los Palestinos la idea de nación, del mismo modo como los judíos la interiorizaron medio siglo antes, en Europa, bajo el liderazgo del movimiento sionista.

Del sionismo, reitero, hablaremos en nuestra próxima nota pero el tema no dejará de ser complejo.

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VAN SEIS PREMIERES, LA TELARAÑA TODAVÍA RESISTE

Seis premieres se balanceaban

 

Sé que hacer política y escribir sobre ella implica dejar cualquier posibilidad de neutralidad, ni siquiera de aparentarla. No soy la excepción, no soy imparcial, pero quizá formo parte del grupo, hoy minoritario en nuestro país, que tiene a las utopías nacionales por encima del interés grupal y personal. Lo digo y con la voz en alto, porque deben tenerlo en cuenta tirios y troyanos precisamente cuando piensen en mí haciendo política. 

Yo no tengo ninguna adversidad ni por la pareja presidencial, por ninguno de los dos. No le deseo el mal a ningún gobierno por la mezquina idea de que eventualmente un grupo más a fin alcance el control del Estado para beneficiarme de aquello. Creo que he servido a mi país desde mi columna periodística en el diferendo de la Haya y nadie dirá que hice distingos por el color político. No los hago en otros temas que atañen la marcha del país tampoco, porque creo en el proyecto que crearon los padres fundadores y es mi meta ayudar a completar ese proyecto que sigue inconcluso, imperfecto y padeciendo de la misma enfermedad con la que nació, sólo que empeorada por los años.

Salomón Lerner, Oscar Váldez, Juan Jiménez, César Villanueva, René Cornejo junto con Ana Jara conforman los 6 premieres del actual gobierno que está a punto de apenas concluir su tercer año de función. Sin embargo, no voy a dirigir la pluma de esta crítica, desde ya descarnada ,ni a las personas, ni a los movimientos políticos, sino a los problemas, a ver si terminamos de verlos de una vez.

El actual gobierno es malo pero más que malo es nuestro. Los dos anteriores fueron mejores que éste, es evidente, pero la presente gestión gubernamental sólo muestra con mayor claridad los problemas que ayer apenas se administraron y no se resolvieron. El Perú es un país invertebrado, lo es más tras la ley de regionalización, no porque la regionalización sea mala sino porque no hay quien gobierne las regiones.

Leía a Vargas Llosa hace unos días, mencionaba como hasta hace unas décadas en el primer mundo era prestigioso ser político y cómo la civilización del espectáculo y del talk-show le ha hecho perder el aura al político principista, al profesional respetado que prefiere antes jugársela en el Estado que el alto sueldo de una empresa privada. Pues en el Perú se trata de eso y más porque ese político ni siquiera existe, no existe el concepto del honor que dignifica ser nombrado a un cargo público, ni qué mejor, ¡elegido por el pueblo !: ¡ser representante del pueblo! ¡qué honor! ¡qué gran responsabilidad!.

Pero ¿cuantos han pensado en eso al enterarse en el flash electoral de las cuatro de la tarde que fueron elegidos al Congreso, a un gobierno regional o a un municipio? No diré ninguno, pero qué pocos ¿verdad? De hecho, no lo pensó el “come pollos”, ni la "roba luz”, ni la de los carteles publicitarios, ni el de las fotocopiadores. ¡Me eligieron, sarta de imbéciles¡ ¡ahora voy a hacer el negocio de mi vida¡

Es posible que en Japón, como menciona nuestro nobel, o en algún otro país primermundista, ese profesional, el político, haya perdido prestigio, pero al menos no ha perdido la formación académica, al menos no ha perdido el rigor, ni la capacitación para el ejercicio de la función. Aquí ese profesional existe sí, pero se encuentra casi siempre en Lima, o en el sector privado o en el exterior. Tal vez, por qué negarlo, en algunas áreas muy específicas de la administración pública. Allí el MEF mal que bien con su piloto automático, allí Cancillería, antigua institución que acaba de darnos una gran satisfacción en La Haya y otros más, mucho más seguro por no ser injusto ni mezquino pero evidentemente no alcanza. Si alcanzase no reinaría el caos ¿estamos?

Soluciones pues, que ya me cansé, las de siempre. 1.- Fortalecer a los partidos políticos en tanto que instituciones a nivel nacional que forman cuadros políticos y profesionales capaces de hacerse cargo de la administración pública a nivel nacional, regional y distrital. 2.- Un gran proyecto educativo de formación de unas decenas de miles de líderes absolutamente capacitados para dichas labores y que sean becados a estudiar al extranjero con compromiso de retorno. En el medio del tintero, mientras tanto, hacer lo que se pueda con lo que se tiene, reformar la policía e iniciar, porque no existe, una lucha frontal contra la corrupción y la delicuencia.

¿Suena fácil? Es lo más difícil del mundo porque el Perú es el país más difícil del mundo. Pero lo que no se plantea un día jamás se realizará y entonces seguirán uno tras otro los premieres balanceándose sobre la telaraña de la ineficiencia y la mediocridad.

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LOS CAUDILLOS DEL XIX SE LEGITIMABAN CON UN CONGRESO DESPUÉS DEL GOLPE. FUJIMORI TAMBIÉN. 

CAUDILLISTAS POR NATURALEZA II

En una nota anterior expuse una serie de razones que explica que nuestra república inicial haya carecido de una clase política civil capaz de liderar el flamante país que se erigió sobre los escombros del antiguo virreinato. Estas causas fueron la expulsión de la elite española por Monteagudo -el lugarteniente de San Martín-; la compleja situación económica en la que quedaron los comerciantes limeños y, como telón de fondo, las férreas estructuras de una sociedad organizada estamentalmente como si fuesen dos: indios y españoles. Luego está el mestizaje, pero del conflicto entre estos dos sectores, decididamente opuestos desde la rebelión de Túpac Amaru II, se deriva que nuestra república inicial no construyese un discurso del mestizaje. Más bien, las diferencias primaron en la narrativa republicana y también en la ley.

El vacío político resultante fue copado por los generales victoriosos de la Independencia, como La Mar, Gamarra, Salaverry, Orbegoso y San Román, quienes crearon una versión sui generis de República. En ella, el poder lo ostentaba el caudillo que acababa de vencer en batalla a otro caudillo, pero la nota de legitimidad se instituía luego a través de una elección indirecta; es decir, brotaba de una asamblea de representantes que no hacía más que ratificar y “democratizar” al susodicho vencedor. Sin embargo, en otros casos el aval legitimador requería de un instrumento más poderoso: una nueva Constitución.

El 5 de abril de 1992, hace apenas 22 años, Alberto Fujimori, un caudillo civil, pero respaldado por los militares, lideró un golpe de Estado que le permitió penetrar y corromper las instituciones republicanas. Paso seguido, convocó a un Congreso Constituyente para revestirse de legitimidad y, finalmente, promulgó una nueva constitución a su medida. No nos equivoquemos, el esquema es el mismo, no lo hemos superado. Apostaría, contra mis propios ideales y utopías, que ocurrirá de nuevo.

La segunda parte de esta nota trata de Ramón Castilla. Para Carmen Mc Evoy, en las décadas de 1840 y 1850, Castilla instauró en el Perú las formas del Estado patrimonialista. Es decir, la burocracia que entiende el ejercicio de la función pública cómo la ocasión del beneficio personal a costas de las arcas del Estado. La manera: redes de relaciones, de gente que se conoce, o que conoce al que conoce. El precio: favores, recomendaciones y coimas.

De esta manera, el uso de la institucionalidad republicana como elemento de legitimación de proyectos autoritarios y la representación del Estado como banquete ofrecido a los allegados continúan siendo, al día de hoy, los signos distintivos de nuestra política. Por eso, en estas líneas voy a insistir, una vez más, en nuestro gran ausente: el partido. Partido entendido como institución que formaliza la política y como ente descentralizado a nivel nacional en cuyas canteras se forma profesionalmente la administración pública del mañana.

Hoy el Perú se duele del fracaso de una ley de regionalización que lo único que ha logrado es financiar, desde el poder central, a las sucursales provinciales de las redes que he descrito, las que de este modo han obtenido autonomía. Entonces ya no se trata de los 5 o 6 caudillos de los tiempos de la Independencia. Ahora son decenas de reyezuelos independientes, cada uno con una red también independiente que básicamente reproduce prácticas similares a las de sus pares de los años fundacionales y a las que incorporó, poco después, Ramón Castilla. Así pues, nos dirigimos hacia un nuevo feudalismo, distinto del que destruyó Velasco, pero sin duda más pernicioso. Por ello la disyuntiva es sencilla: caudillismo-sicario o partidocracia.

Al concluir estas líneas vuelvo a preguntarme por quienes piensan al país, porque si no hay proyectos serios para construir lo que no tenemos, entonces la disgregación es el escenario del futuro. Y no me refiero a una descentralización política, bueno fuera, me refiero a zonas liberadas por redes de corrupción financiadas por el Estado, nada menos.

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AGUSTÍN GAMARRA. CAUDILLO PRINCIPAL DE LOS ALBORES REPUBLICANOS

CAUDILLISTAS POR NATURALEZA I

 

El Perú es un país caudillista y nuestro caudillismo es curioso porque somos democrático-caudillistas. Tenemos elecciones libres, no somos una dictadura de partido único, pero nuestros partidos son solo redes de contactos que operan como maquinarias electorales en tiempos de comicios. En el Perú lo que verdaderamente importa es el candidato, el líder, en otras palabras, el caudillo. En el Perú no se vota por la izquierda, centro o derecha, en el Perú ya no se vota por AP, PPC o Izquierda Unida, ni son ya tantos los que votan militantemente por el APRA. En el Perú se vota por Ollanta, por Lourdes, por Alan o por PPK. Claro que hay un ligero tufillo ideológico en la elección de uno u otro candidato pero poco más que eso. ¿O cree usted que fue la ideología lo que hizo que en 2011 unos votasen por PPK, otros por Toledo y otros por Castañeda? 

¿Cuáles son los orígenes de esta situación? Para Hugo Neyra, cuando nos independizamos de España, nos olvidamos de preguntarnos qué tipo de República queríamos ser y omitimos un pacto fundacional que normase nuestra vida libre, como sí lo hizo Inglaterra con su Monarquía Constitucional instaurada en 1689 o Estados Unidos de Norteamérica, con su Constitución de 1787, la que sigue siendo la misma, a pesar de sus enmiendas. En Cambio, durante sus 193 años de vida independiente, el Perú ha promulgado nada menos que 17 Constituciones y la vigente, la del 93, es cuestionada por quienes quisieran volver a la del 79. El diagnóstico es claro: tenemos un serio problema de identidad, no sabemos quién queremos ser, ni cómo queremos vivir, no hemos alcanzado ese consenso que nadie se atreva a quebrar. Neyra tiene la razón.

¿Pero cómo comienza el problema? Vamos por partes. 300 años de monarquía (1532 – 1824) no es poca cosa, en el alma de cada caudillo civil o militar de nuestro país vive un reyezuelo en ciernes, un aspirante a monarca absoluto, un líder mimetizado con el poder. A esta situación debemos sumarle las dificultades de nuestro nacimiento republicano.

Así pues, en la República inicial no hubo una elite civil emprendedora, consciente, auténticamente republicana. En el Perú de 1820, el grupo económico dominante estaba compuesto por españoles peninsulares a los que Bernardo de Monteagudo prácticamente expulsó con su draconiana legislación que los obligaba a naturalizarse peruanos, hacer servicio militar peruano y casarse con peruana si querían permanecer en el país. Más allá de eso, cabe preguntarse si, de haber permanecido en el Perú, aquellos peninsulares hubiesen liderado de buena gana la conducción de la flamante república o, más bien, hubiesen conspirado por la recuperación del vínculo político con la monarquía española. Apuesto por la segunda hipótesis.

Luego quedaron nuestros criollos, principalmente los limeños. La elite criolla limeña “se la llevó fácil” en tiempos coloniales pues, hasta el siglo XVIII, la flota de galeones traía el comercio europeo derechito hasta Lima, con trasvase en Panamá. En otras palabras, el puerto peruano del Callao era el puerto oficial del Pacífico y Lima la capital Virreinal, por ende la ciudad más española de América.

De allí que a aquellos criollos les faltó vocación de liderazgo (siempre habrá excepciones a la regla) tanto como un compromiso real con un incierto proyecto republicano. No olvidemos que, para entonces, ya bastante preocupados estaban con la nueva realidad geoeconómica del Callao, pues desde el siglo XIX los barcos que portaban el comercio atlántico atracaban en el más cercano Valparaíso, desde entonces su rival, descolocando y empobreciendo el flujo chalaco.

Pero la intención de esta nota era explicar el caudillismo original y me la he pasado explicando por qué no hubo una elite civil dirigente en la República Inicial. En todo caso, sirvan estas líneas para colegir que es por dicha ausencia que los caudillos militares de la post-independencia coparon nuestra política y fundaron nuestra tradición caudillista. Volveremos sobre el tema en una próxima nota.

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Más allá de "Combate"1

Estos días pensaba en las curiosas reacciones del público ante mis escritos. Es que en tiempos en que lo bueno depende del número de likes, mis mejores notas no han sido las que yo quisiera que lo fuesen sino aquellas que encajan con lo que Mario Vargas Llosa ha llamado, excépticamente, “civilización del espectáculo”2.

Fue así que hace un par de años me indigné tanto por el asesinato de una jovencita que participó en la versión peruana de una franquicia internacional, “El valor de la verdad”, que escribí una columna con hígado, lisuras, injurias y demás. El resultado fueron miles de likes y toparme, de pura casualidad, con que mi catarsis se convirtió en el examen final de los alumnos de un curso de comunicación en una universidad privada.

Mi otro éxito es más reciente, es un artículo acerca del altercado entre una joven estudiante de una universidad nacional y los alumnos de una particular, en la puerta de esta última, acontecimiento con elementos racistas que contó con una amplia cobertura mediática. Nada de esto es casualidad, tampoco lo es que Alan García, el mejor orador peruano de las últimas décadas, hoy prefiera twitter para exponer sus ideas. Si le preguntásemos por qué, seguro nos diría que en nuestra sociedad contemporánea twitter es más eficaz y comunica mejor que los discursos de antaño, aunque estos pudiesen constituir verdaderas piezas oratorias.

La pregunta que me asalta es si detrás de la cultura de masas o de la “democratización de la cultura” queda algo más. En una columna pasada, titulada “Una República sin Políticos”, propuse la educación -entendida como formación de calidad- como el único medio para colocar al país en la expectativa de dar un nuevo salto cualitativo y cuantitativo, que nos coloque más allá de la economía del “piloto automático” y sus innegables logros.

Pero ¿cómo encontraremos el inicio de ese gran proyecto educativo cuando nuestra informalidad y nuestra antipolítica son básicamente complementarios a la cultura de lo inmediato, lo efímero y lo morboso? Para iniciar un cambio, reforma o revolución se requiere conciencia de su urgencia. Si no existe tan conciencia, entonces no nos queda nada más allá de “Combate”.

1.-Me refiero al programa de entretenimiento que lleva ese nombre

2.- Veáse Vargas Llosa, Mario. La civilización del espectáculo. Lima, Santillana, 2013.

 

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Palestinos vs israelitas I

Los antecedentes remotos

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Judíos y filisteos en Canaán

Es una tarea imposible resumir en pocas palabras la historia de dos naciones que hoy protagonizan una guerra casi centenaria, sangrienta y que no presenta visos de solución. Por ello en las siguientes tres notas les presentaremos una síntesis del discurrir de los palestinos y judíos en el tiempo para comprender mejor el conflicto que hoy los enfrenta.

El asentamiento

Las fuentes históricas no se ponen de acuerdo sobre los orígenes del pueblo de Israel. La Biblia, dada su redacción metafórica, aumenta las confusiones. La otra fuente para conocerla son los jeroglifos egipcios, a través de los cuales cada faraón narraba su obra y sus conquistas.  En todo caso, es una convención que el pueblo de Moisés se asentó en la región de Canaán (Palestina-Israel) entre los años 1500 a.C. a 1200 a.C. Alrededor del año 1020 a.C los judíos lograron unificarse en un solo reino, pero luego se dividieron en dos: el de Israel y el de Judá.

La presencia de los palestinos en Canaán es casi igual de antigua; ellos formaron parte de los llamados “pueblos del mar”, los filisteos,  y de uno en especial nombrado “Peleset”, mencionados en los jeroglifos egipcios desde el siglo XIII a.C. Su primera referencia bíblica los vincula con el reinado de Ramses III, un siglo después. Los “Peleset” fundaron en las costas del suroeste de Canaán al menos dos asentamientos que nombraron Gaza y Ascalón. Su relación con los judíos a veces fue amistosa pero en otras fue conflictiva.

Expulsión de los judíos, conversión de los palestinos

Siglos después de su asentamiento en Canaán, el pueblo judío debió afrontar tres diásporas; es decir, tres expulsiones o intentos de expulsión sistemáticos de su territorio. El primero se produjo en el año 586 a.C tras una invasión de Nabucodonosor, rey de Babilionia. Sin embargo, las más importantes fueron perpetradas por el Imperio Romano a través del edicto del Emperador  Tito en 70 d.C y tras la fallida revuelta judía encabezada por Bar Kojba en 135 d.C. Entonces la mayoría de judíos fue expulsada de Israel, lo que explica la posterior historia de tantas colonias hebreas en diferentes países de Europa y Asia como Polonia, Alemania, Rusia, entre otras.

Por su parte, seis siglos después de la expulsión de los judíos de Canaán, los palestinos adoptaron la religión musulmana como consecuencia de conquistas posteriores que convirtieron la zona en dependencias correlativas de la dinastía Omeya, del califato Abbasí y de los turcos selyúcidas. Todo ello como resultado del advenimiento del Islam, tras la prédica de Mahoma en Arabia, en el siglo VII d.C.

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En el siglo VIII d.C todo Cannán fue dominado por los árabes y los palestinos fueron islamizados, los judíos ya habían sido expulsados del territorio.

 Como hemos podido apreciar, en aquellos tiempos remotos, la vida de ambos pueblos en la región de Canaán no fue nada fácil por las continuas invasiones de babilonios, persas, macedonios y romanos. Pero quizá la gran diferencia la marcaron los levantamientos judíos en contra de la dominación romana que, como hemos ya señalado, dio lugar a las diásporas de 70 y 135 d.C. A su turno, los palestinos lograron  mantenerse en sus asentamientos.

Palabras finales

Al permanecer en las costas del suroeste de Canaán, los palestinos lograron constituir y extender una nación adscrita a un territorio específico aunque sin lograr convertirse en un Estado independiente. Al contrario, los judíos se vieron forzados a abandonar la región, lo que no quita que también un ideal nacional haya arraigado en ellos muchos siglos después, tanto como el deseo de encontrar un territorio que pudiese cobijarlos.

Tal vez, una conclusión anticipada para este primer acercamiento es que los palestinos no fueron los responsables de la expulsión de los judíos de Canaán. Ella remite, más bien, a la dominación romana. Por ello, los palestinos tampoco tienen mucho que ver con la fundación del movimiento sionista, facción radical judía que a mediados del siglo XIX d.C proyectó recuperar la anhelada “Tierra Santa de Moisés” que hacía siglos ocupaban pacíficamente los descendientes de los filisteos. Del movimiento sionista y el paulatino retorno de los judíos a Canaán nos ocuparemos en nuestra próxima nota.

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Pueblos filisteos y reinos judíos en Canaán (830 a.C)  

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Bachelet o el fin del neoliberalismo

Reformas de Bachelet: tarea difícil

Hace unas semanas, a propósito de la novena reunión del grupo Generación de Diálogo Perú-Chile, que auspicia la Konrad Adenauer de Alemania, visité Santiago. Mi estancia coincidió con el discurso que el 21 de mayo de cada año –conmemoración del combate naval de Iquique- dirige el presidente chileno al congreso de su país. En esta ocasión, Michelle Bachelet demostró que no es su intención entrar a la historia únicamente por sus dos mandatos, ni por ser la primera mujer en regir los destinos de su país, sino por las reformas estructurales que anunció, muchas de las cuales ya viene discutiendo y aprobando la representación parlamentaria.  

Estado y mercado

Revisar los ejes de las reformas de las dos veces presidenta nos lleva a tres reflexiones: la primera es que Chile vira hacia la socialdemocracia con una virulencia que no manifestaron los anteriores gobiernos de la Concertación ni, mucho menos, la gestión derechista de Sebastián Piñera. La segunda es que dichas reformas expresan, de manera explícita, una relación directa entre representados y representantes. De hecho, la educación es el buque insignia del paquete reformista y recoge el sentir de los miles de ciudadanos y ciudadanas que tomaron las calles, casi cotidianamente, en los años anteriores solicitando su mejora cualitativa y cuantitativa. La tercera, a contracorriente de la segunda, es que el plan reformista dista de ser una medida populista o electorera. Más bien, representa la apuesta chilena por tomar el control de su propio destino para no depender, hasta donde fuere posible, de los vaivenes de la globalización y el libre mercado.

El libreto del Estado de Bienestar es el telón de fondo del plan de reformas: calidad de la educación pública, lo que supone igualdad de oportunidades; Ministerio de Asuntos Indígenas; apoyo a las Pymes para mejorar la productividad; fomento a la pesca artesanal; extensión y mejora de los servicios de salud; becas de capacitación para acceder a puestos de trabajo en el Estado; creación de una AFP estatal que compita con las privadas y las obligue a bajar sus tasas; protección de la infancia, del adulto mayor entre otras. Ciertamente, el sostén económico del plan es una profunda reforma tributaria en la que, sucintamente, las grandes empresas pagarán más, sustentando así el incremento en el gasto público como consecuencia de las medidas que acabo de enumerar.

A mediados de la década de 1990, Chile recibió una pésima noticia. Intel, la gran multinacional de los microprocesadores, decidió construir su planta latinoamericana en Costa Rica, dejando de lado a Chile, el otro candidato. Mientras desarrolló sus actividades –acaba de anunciarse su cierre en el país centroamericano- Intel representó el 20% de las exportaciones costarricenses, tanto como su mayor oportunidad de transferencia de capitales y tecnología. Las razones de elegir a Costa Rica fueron varias, pero una de ellas tuvo que ver con la calificación de la mano de obra y el dominio del idioma inglés. Por ello, las actuales reformas educacionales chilenas buscan elevar el grado de preparación del futuro ciudadano, de cara a la atracción de inversiones, la promoción del desarrollo tecnológico y el desarrollo de la industria local. Otra manera pues, de situarse frente a la globalización y los desafíos del siglo XXI.

Chile, la Alianza del Pacífico y la TPP

Respecto de su relación con el Perú, parece exagerado pensar que Chile abandone la Alianza del Pacífico. Más bien, a lo que asistiremos en los próximos años es al despliegue de una política regional chilena en diferentes frentes y a un relanzamiento de su relaciones con Argentina y, principalmente, con el Brasil, pero sobre la base de que el vínculo con el Perú ya presenta suelo parejo. Puede decepcionar un poco a quienes esperábamos mantener la intensidad de las políticas y el discurso integracionista de los tiempos del litigio, pero la agenda chilena tiende a ampliarse por lo que la potenciación de la relación binacional dependerá mucho de la proactividad peruana, en los niveles de gobierno, actores empresariales y sociedad civil.

Al contrario que con la Alianza del Pacífico, que goza del respaldo del actual gobierno chileno, a este le preocupa mucho más la TPP (Acuerdo de Asociación Transpacífico) porque se entiende que es un foro estratégico impulsado por los Estados Unidos para competir directamente con el comercio Chino en el Pacífico. China es el principal socio comercial de Chile –y también nuestro- por lo que al vecino le interesa sostener y potenciar dicho vínculo. Por ello, la permanencia chilena en la TPP y sus condiciones sí serán revisadas por la presidenta socialista y es posible que pronto dicho debate alcance a nuestro país.

El Perú frente a las reformas chilenas

Una antigua frase decía que Argentina era el barómetro de América Latina. En realidad, hace tiempo que Chile lo es. Si dejamos de lado a Brasil, que es un poder regional en sí mismo, Chile aparece como el único país sudamericano con los cuadros y el desarrollo institucional suficientes como para emprender un proyecto de reformas tan ambicioso como el actual. Por ello, son fundamentales el seguimiento y estudio de sus resultados, máxime en una región cuyos devaneos la llevan de los populismos autoritarios de Venezuela y Argentina, a timones automáticos como el nuestro, que tanto nos entretienen con el discurso del crecimiento económico, mientras que institucional y socialmente retrocedemos día a día frente al sicariato, el crimen organizado y la feudalización.

Siempre pensando en el Perú, está claro que carecemos del marco institucional y profesional para emprender un programa reformista similar al chileno. Si no lo tuvo Velasco a finales de los sesentas, menos lo tendremos en tiempos de la antipolítica, cuando la presencia estatal parece languidecer de nuevo, como en los ochentas, aunque por causas muy distintas. En el fondo del tintero, se resalta la ausencia de instituciones, de partidos y de políticos.

Lo dicho no supone resignarse, ni mucho menos adaptarse a una realidad deficitaria; al contrario, podríamos comenzar con mensajes presidenciales que enumeren menos obras públicas y vean más al país como conjunto. Si no podemos consensuar que con nuestro ciudadano actual (somos últimos en educación), no le sumaremos otros aciertos al dichoso “piloto automático”, entonces habremos fracasado en el intento de encontrar, siquiera, el punto de partida. ¿Dónde está la inteligencia que piensa al Perú del futuro? porque Chile siempre se pensó a sí mismo y por eso puede reformarse o sucumbir en el intento.

Publicado en Caretas  de 12 de junio de 2014

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Bolivia la tiene difícil

BOLIVIA: radiografía de una demanda

El pasado 15 de abril, con su presidente Evo Morales al frente, Bolivia presentó ante la CIJ su memoria en el litigio que le sigue a Chile en busca de una salida soberana al Océano Pacífico. Tras el acontecimiento, Morales expresó su esperanza de que pronto un barco boliviano pueda zarpar desde un puerto soberano de su país. Por su parte, el canciller chileno Heraldo Muñoz calificó de artificiosa la demanda boliviana y señaló que carece de cualquier sustento jurídico.

La complejidad y antigüedad de esta cuestión hacen que muchas aristas giren a su alrededor y que la cuestión judicial no sea sino una de estas. Por ello, en las siguientes líneas estableceremos sus elementos centrales y los analizaremos para plantear luego algunas conclusiones generales.

LOS ARGUMENTOS BOLIVIANOS

No es casualidad que el discurso de Evo Morales sobre el tema esté cargado de emotividad. La causa boliviana tiene en su base una reivindicación histórica que se expresa a través de una memoria doliente. Chile, en 1879, le quitó su cualidad marítima y Bolivia aún reclama por aquel arbitrario despojo.

Sin embargo, para acceder a La Haya, Bolivia ha tenido que armar un caso jurídicamente defendible. De allí que sustente su reclamo a través de un argumento que llamaré “tesis de la tangente”. Cabe señalar, que Bolivia no puede pedirle a la Corte que le otorgue una salida al mar desde las costas de Chile debido al tratado de límites de 1904 en el que Bolivia le cedió Atacama a Chile a cambio de la construcción de un ferrocarril que uniese Arica y La Paz.

Por ello, de acuerdo con la “tesis de la tangente”, Bolivia ha desarrollado un caso inteligente para sortear el escollo del referido Tratado. Sostiene entonces que, desde 1895 en adelante, Chile le ha ofrecido repetidas veces negociar su acceso soberano al Océano Pacífico. En consecuencia, Bolivia le pide a la Corte que le exija a Chile cumplir con dichos ofrecimientos y negociar de buena fe su salida al mar.

De acuerdo con la demanda boliviana, los ofrecimientos chilenos más concretos y formales se produjeron en 1950 y 1975. De hecho, ante la nota boliviana de 1 de junio de 1950, el gobierno chileno respondió que deseaba “entrar formalmente en una negociación directa para satisfacer la necesidad fundamental de Bolivia de obtener un acceso propio y soberano al Océano Pacífico”.

Asimismo, en 1975, tras el famoso “abrazo de Charaña” entre Banzer y Pinochet, se firmó la declaración del mismo nombre cuyo contenido señaló que “Chile estaría preparado para negociar con Bolivia la cesión de una franja de tierra al norte de Arica hasta la línea de la Concordia”. Finalmente el acuerdo no se concretó y Bolivia rompió relaciones diplomáticas con Chile.

LOS ARGUMENTOS CHILENOS

Hasta aquí los argumentos bolivianos parecerían sólidos. En efecto, el 14 de febrero de 1879, Chile le arrebató violentamente su cualidad marítima. Además, en base a una geopolítica del siglo XIX —alianzas coyunturales de dos países contra un tercero—, Chile ha manipulado constantemente la expectativa boliviana de acceder al mar por lo que ahora se encontraría en la difícil circunstancia de responder por sus ofrecimientos del pasado.

Pero las cosas no son tan complicadas para Chile por una gran y sencilla razón: tiene un tratado de límites con Bolivia, firmado en 1904, en el que ambos países sancionan la chilenidad de la provincia litoral de Atacama. Como precedente importante, recordemos que en nuestro litigio contra Chile, la cuestión giró alrededor de establecer si había un Tratado de Límites marítimos y, a pesar de que este no existía formalmente, los jueces consideraron que los contenidos del acuerdo de 1954 demostraban la existencia de un límite tácito.

Esta consideración de la Corte no le alcanzó a Chile para que se le otorgue el paralelo como frontera hasta las 200 millas, pero sí hasta las 80 millas. En el caso chileno-boliviano este acuerdo de límites sí existe, es formal y explícito, por lo que el desafío boliviano —muy complicado— es convencer a la Corte de que los ofrecimientos chilenos de negociar una salida al mar a través de notas diplomáticas tienen igual peso o valor que el referido Tratado de 1904.

A esta consideración, debemos añadirle el impacto que supondría para el orden jurídico internacional que la Corte admitiese la revisión de una frontera a pesar de la existencia de un acuerdo de límites. De darse el caso, se estaría propiciando un escenario de gran inestabilidad mundial, con decenas de países recurriendo a La Haya, con x o y razones para solicitar la rectificación de sus fronteras.

Se suma a lo dicho lo que establecen tanto el reglamento de la CIJ como el Pacto de Bogotá. El primero, en su artículo 38, indica que los tratados prevalecen sobre cualquier otra consideración, como podrían serlo la equidad o los principios generales del derecho; el segundo, en su artículo IV, sostiene que sus procedimientos no pueden aplicarse a asuntos ya resueltos. Por todo ello, no descartamos que, inclusive, Chile se anime a solicitar la incompetencia de la Corte para lo cual cuenta con noventa días calendario tras la presentación de la memoria boliviana. De aceptar la Corte esta eventual solicitud chilena, tendríamos un litigio de apenas meses y no de seis años como fue el que estableció la última frontera del Perú.

ESCENARIOS TRAS EL LITIGIO

Un primer escenario tras el litigo es el supuesto casi negado de un triunfo boliviano y de la conminación de la Corte a Chile a abrir con Bolivia una negociación de buena fe que concluya con su acceso soberano al Océano Pacífico. Al respecto, suscribo la tesis de Antonio Zapata, quien sostiene que, llegado el caso, la posición del Perú debe ser que Chile otorgue a Bolivia una suerte de enclave marítimo al sur de Arica, pero rechazar, al mismo tiempo, la cesión a Bolivia de un corredor paralelo a la Concordia que acabase con nuestra situación de país limítrofe con Chile. No olvidemos que mucho nos ha costado alcanzar un status quo fronterizo estable con este país, ni toda la masa crítica que se desprende del comercio bilateral y de la relación socioeconómica y humana entre las poblaciones de Tacna y Arica.

Pero analicemos ahora el escenario más probable que es la derrota de Bolivia, que dejaría su histórica demanda en la más absoluta orfandad internacional. Al respecto, parecen sensatas las declaraciones del expresidente Jaime Paz Zamora, quien propone hacer del Pacífico un “Mare Nostrum” sudamericano y crear en él una amplia zona de libre comercio con tres puertos al sur del Perú y tres al norte de Chile. De hecho, la tesis de Paz Zamora se condice con lo que expresé hace un año cuando se presentó la demanda boliviana y señalé que Bolivia debía negociar más y reclamar menos, así como comenzar a evaluar conceptos de soberanía más relativos que absolutos.

A este nivel, me preocupa que Evo Morales no tenga un plan B, esto es, que no se ponga en la situación de perder en La Haya con lo que una eventual derrota solo agudizaría la frustración de un país que, más bien, requiere cambiar de mirada. Cuando pienso en ello, se me viene a la cabeza Jamil Mahuad, ese presidente ecuatoriano que tuvo el valor de decirle a su pueblo que Tumbes, Jaén y Maynas no eran ecuatorianos, sino peruanos. Recordemos lo paradójico, el conflicto que tuvimos con el Ecuador de la década de los noventas y el litigio que ventilamos con Chile entre 2008 y 2014 potenciaron nuestra integración con ambos países.

Por ello, si Bolivia pierde en La Haya es de esperar que su presidente tenga la grandeza de hacerle aceptar a su pueblo la realidad de su mediterraneidad y, al mismo tiempo, conducir la proyección geoeconómica a una serie de tratados comerciales con Perú y Chile, que le permita volcarse con fuerzas al Océano Pacífico que hoy, gracias a China, nos ofrece a todos un mar de oportunidades.

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