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Neoclientelismo a la peruana

Neo-clientelismo a la peruana

El Perú republicano nació clientelista. Ante la partida de la administración española y la debilidad del Estado peruano, los líderes provinciales…
LIDERESA DE FUERZA POPULAR KEIKO FUJIMORI ACEPTA DEMOCRATICAMENTE LOS RESULTADOS DE LA ONPE

El Perú republicano nació clientelista. Ante la partida de la administración española y la debilidad del Estado peruano, los líderes provinciales -prefectos, hacendados, curas, caciques y oficiales del ejército establecieron redes políticas que implicaron cadenas de dones y contradones. Así se construyó nuestra política durante los primeros años de vida independiente.

Desde 1871, con el Partido Civil, tuvimos una organización parecida a un partido político, aunque tal carácter se lo han discutido la mayoría de sus estudiosos. También es discutible su origen: para Mc Evoy es la expresión de dos décadas de esfuerzos republicanos; para Yepes es la  mera reacción de los “salidos del guano” ante el contrato Dreyffus de 1869, que les arrebató el pingüe negocio del fertilizante que ansiaban los mercados europeos.

Pero el experimento civilista tuvo que esperar otro cuarto de siglo para cristalizarse durante la República Aristocrática (1895 – 1919) a través de una democracia censitaria, en la que solo votaban alfabetos, varones y contribuyentes. Sin embargo, Leguía frustró la transición desde una democracia censitaria hasta otra de masas, basada en partidos políticos, y le ofreció al país la alternativa de la dictadura. De allí la larga persecución al Apra de Víctor Raúl y a sus esfuerzos democratizadores, y la abrumadora contradicción de alcanzar la igualdad social a través de un general llamado Juan Velasco.

En los ochenta nos llegó la república moderna aunque nadie la ha llamado así. Tuvimos partidos de derecha, de centro e izquierda. Sin embargo, la globalización, las crisis económicas mundial y nacional, y el terrorismo comunista frustraron la consolidación de la fase madura de nuestra democracia; Fujimori se encargó del resto bajo su premisa maldita: “los partidos políticos no sirven para nada”.

Y, sin partidos, retomamos las antiguas formas clientelares, solo que potenciadas por la internet y el i-phone; y volvimos a los líderes provinciales de antaño revestidos con nuevos y patéticos ropajes: el informal (en el mejor de los casos); el rector que nunca estudió, el narco, el minero ilegal, el traficante de terrenos, etc. Todos ellos reinventaron las viejas clientelas, más leales mientras más dinero hay de por medio.

Se entiende que solo veinte de los setenta congresistas fujimoristas militen en Fuerza Popular, los demás son los referidos líderes provinciales que esta organización ha sabido sumar a sus filas con innegable habilidad. He allí la nueva política, la que remite derechito a los primeros años del Perú independiente. Institucionalidad cero: la República hay que reconstruirla toda, nuevamente, desde sus bases doctrinales.

“Los héroes apristas de la democracia”

“Los héroes apristas de la democracia”

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Los fusilamientos de Chan Chan, de Felipe Cossio del Pomar. Millares de apristas dieron la vida por la democracia en sangrienta revolución de Trujillo

El héroe mitológico poseía poderes especiales otorgados por los dioses, como Aquiles, invulnerable salvo en su célebre talón. El héroe moderno se vincula con la ideología nacionalista difundida en el siglo XIX, que buscaba prohombres (militares) que se hubiesen destacado en hazañas de combate realizadas en absoluta inferioridad de condiciones, y a los que se idealiza haciéndolos parecer perfectos.

De ese modo, ni Grau, ni Bolognesi, ni Cáceres cometieron nunca un error, ni siquiera en su quehacer personal, porque el error no cabe en las características de un héroe. Pasa lo mismo con Arturo Pratt, alguna vez un colega chileno me dijo que no debía ser tan buen marino para capitanear la Esmeralda, uno de los peores buques de su escuadra. Pero hechos así se omiten pues se trata de elevar al héroe a una categoría superior.

Ahora bien, a los comandos de Chavín de Huántar se les ha elevado a la categoría de héroes de la democracia. El tema me parece grave debido a lo que este título representa y debido, me permito decirlo, a mi filiación política que es la misma que la de Luciana León, autora del proyecto, quien le asigna al APRA, como antes Javier Velásquez, el inmerecido rol de mensajera del fujimorismo.

A Luciana León le recuerdo que el APRA tiene miles de héroes de la democracia a los que el Estado peruano no reconoce como tales. El primero se llama, se lo subrayo por si se le olvidó, Víctor Raúl Haya de la Torre, perseguido 30 años por luchar precisamente por las libertades civiles que hoy disfrutamos; héroes de la democracia son los caídos en Chan Chan en 1932 que se rebelaron contra la dictadura de Sánchez Cerro, lo es Luis Negreiros Vega, gran luchador sindical mandado asesinar por el dictador Odría, lo son mil cien autoridades apristas que fueron ultimadas por Sendero porque se negaron a dejar sus cargos a pesar de que estaban en las “zonas liberadas”, sabían que los iban a matar y no tenían una bala para defenderse. Por supuesto, existen otros tantos héroes de otros partidos políticos que encontraron la muerte de igual manera. Heroína de la democracia es María Elena Moyano y ya paro de contar.

No tengo nada contra nuestros héroes militares, ni contra los comandos de Chavín de Huántar, quienes merecen nuestro reconocimiento, pero héroes por la democracia son los que dedicaron u ofrecieron su vida por construirla o defenderla y si hubiese que sumar militares a la lista yo añadiría al Coronel Gustavo Jiménez que se levantó contra Sánchez Cerro y se quitó la vida antes de rendirse y al General Jaime Salinas quien encabezó un levantamiento constitucional contra el dictador Fujimori y fue preso por ello.

Qué pena el APRA, lo digo una vez más, tan mal dirigida que olvida a sus mártires, inmersa en infelices devaneos con el fujimorismo, que la militancia rechaza. La democracia, la nuestra, la peruana, nos es tan esquiva que si algo tiene es héroes civiles por millares, es a todos ellos a quienes debemos erigirles un monumento.

Exclusivo para Palabras Esdrújulas

¿Hay lugar para el Apra en el siglo XXI?


¿Hay lugar para el APRA en el siglo XXI?

                                                                                                                                   

Pensar al APRA en el siglo XXI es situar a los partidos políticos en las primeras décadas del nuevo milenio. Moisés Naím en El Fin del Poder (2013) ubica su pérdida de preponderancia en un mundo global cuya revolución de las comunicaciones explica grandes movilizaciones ciudadanas canalizadas desde el twitter o el whatsapp antes que a través de las pancartas de las organizaciones políticas.  Del mismo modo, el ciudadano no es el mismo que aquel de hace 30 o 40 años, quien luchaba por grandes utopías. Entonces las cosas parecían más claras, se era de derecha o de izquierda, eventualmente socialdemócrata o socialcristiano, por lo que las ideologías eran la condición sine qua non del vínculo entre partido y militante. Hoy, tras el derrumbe de los grandes paradigmas ideológicos, se ha debilitado la capacidad que antes tenían las organizaciones políticas de vincular a la sociedad con el estado.

La antipolítica fujimorista y Alan García.

En el Perú, la caída del muro y el fin del mundo “de las ideologías” (1990) no solo coincidieron con la década fujimorista, sino que fueron sinérgicos con ella: el neoliberalismo quería estados débiles y partidos políticos también débiles, y resulta que Alberto Fujimori buscaba exactamente lo mismo para consolidar su proyecto caudillista-clientelar. El experimento de Cambio 90 refundó la cultura política nacional cimentándola sobre nuevos actores sociales emergentes del Perú de la transición demográfica que por primera vez se vinculaban asistencialistamente con el Estado. Esa amalgama de motivos, sumada a la satanización de los partidos políticos, cumplió a cabalidad el objetivo de divorciarlos de la sociedad.

Parece paradójico pero este esquema le vino como anillo al dedo a Alan García cuando volvió del exilio en 2001. García se erigió como líder indiscutido del aprismo desde que fuese elegido Secretario General del PAP en 1983, debido a una capacidad de arrastre popular espectacular que lo hizo, en 1985, alcanzar la presidencia de la república con más del 50% de los votos, superando con largueza el tradicional tercio que obtuviese su mentor Víctor Raúl en 1931, 1962 y 1963.

Desde que asumiera la conducción del APRA, a García no se le hacía amable la estructura de un partido sólidamente organizado y difícil de controlar; él prefería, más que instancias de gobierno internas, a un grupo de operadores absolutamente obsecuentes y leales que pudiesen movilizar la maquinaria del partido cuando a él le resultase conveniente. En 2001 Alan quería correr por libre y tener al APRA como comparsa. En la plaza San Martín, tras 10 años de ausencia, demostró que mantenía intactos sus dotes de orador: “y a mí me parece súbitamente un sueño estar aquí frente a ustedes esta noche, y a mí me parece súbitamente una añoranza cumplida estar frente a ustedes, y a mí me parece que quizás he muerto y estoy aquí frente a ustedes”.

En 2001, García encontró un ambiente político más propicio al caudillo que al partido. Cualquiera que sintonizase con las demandas populares podía ser presidente y en efecto pronto llegaría Alejandro Toledo y después Ollanta Humala. El tema es que entonces Alan seguía conectado a las masas y en un contexto caudillista; el PAP; por su parte, en tanto que partido político, ansiaba llegar al poder y por eso se reprodujo el pacto tácito entre caudillo y organización, y el APRA fue gobierno por segunda vez desde el 28 de julio de 2006.

Alan fuera de la era de los caudillos

Pero la reproducción contemporánea del viejo caudillismo militar de los inicios republicanos tiene en la volatilidad un límite que pocos pueden superar. Por eso, entre 1825 y 1845 el Perú tuvo 20 presidentes, todos militares. En USA, en el partidor de la carrera presidencial, se sabe que el ganador será demócrata o republicano y cada cuatro años Florida, cual calco de la elección anterior, se decanta voto a voto para saber quién será el nuevo “Mr. President”. En cambio, en nuestro país cualquiera puede ganar la partida y el electorado, súbitamente, puede darte su respaldo y quitártelo. Pregúntele a Alejandro Toledo como fue acogido en 2001 y abandonado en 2011, a mitad de camino.

Eso es exactamente lo que le pasó a Alan García en 2016, quien no se avalanzó nunca hacia las masas, no enganchó jamás con ellas o, sencillamente, el Charlot de Candilejas había perdido la capacidad de hacer reír a su público.  Alan sin las masas es un personaje extraño para sí mismo y es posible que anhele interiormente un nuevo baño de multitudes que lo lleve de regreso a Palacio, multitudes que probablemente nunca volverán; el problema es que lo que queda del APRA no desaparezca en el intento. Ya queda poco de la mística, de la flama prendida; en el aula de clase no vale preguntar por el aprista, sino por el abuelito o abuelita aprista; por los contemporáneos de Víctor Raúl que siguen en pie; esos no son golondrinos, esos morirán con la estrella en el pecho, esos son del Compañero Jefe pero de esos ya quedan muy pocos.

Y es en este punto que está trabada el APRA de hoy, cuyo aparato partidario parece secuestrado por una directiva caduca que aún responde a la voluntad de García. A esta se le opone Enrique Cornejo, golpeado por acusaciones que no se han dirigido a él pero sí a sus principales colaboradores mientras fuera titular de Transportes. Cornejo aparece como el único con la fuerza y la organicidad para desplazar una cúpula férreamente enquistada e iniciar la reorganización del APRA desde abajo, por lo que es deseable que su situación no se complique.

Víctor Raúl al final del túnel

La izquierda no deja de criticar la trayectoria de Haya de la Torre por sus supuestos virajes ideológicos; el último es Antonio Zapata con “El APRA: historia de un zigzag (2016)”, a pesar de que trabajos como el de Imelda Vega Centeno (1991); Hugo Vallenas (1992) y Hugo Neira (1996); claman por desarrollar otros aspectos de la experiencia aprista, como la relación del líder con las masas; la comprensión de Haya como un político de realidades o la experiencia del exilio como explicación de la identidad aprista, a lo que yo añadiría el estudio del movimiento aprista como protagonista del complejo proceso de democratización de la sociedad peruana a lo largo del siglo XX.

Haya de la Torre diagnosticó temprano (1921) la ausencia de una ciudadanía democrática en el Perú y por eso se dio a crearla; de allí las Universidades Populares, el Partido Escuela y la alucinante capacidad de formar un ejército civil conducido por líderes morales intachables que predicasen con el ejemplo. La izquierda comunista se equivocó con Haya, el tema con él es más construir la democracia que ceñirse a la ortodoxia marxista; es más la revolución moral que la insurrección armada; es más el servicio público que la lucha de clases.

Hoy, el círculo abierto por La APRA fundacional puede cerrarse exitosamente porque un ejército de ciudadanos que ejerza la función pública con probidad es lo que piden a gritos las entrañas del país. ¿Tendrá el PAP al menos un millar de trabajadores/as manuales e intelectuales con la suficiente determinación para acabar con el secuestro de la propia organización y redireccionar a su partido por los austeros y probos caminos de Haya de la Torre? El APRA necesita salir de Alan y volver a Víctor Raúl, así se lo pide el Perú contemporáneo.

Publicado en Ideele #261

p.s. Este artículo se publicó en fecha anterior a la renuncia de Enrique Cornejo al PAP.

La posición del APRA

 

 La posición del Apra

bancada-aprista

Por Daniel Parodi

Desde la instalación del nuevo Congreso Nacional, la célula parlamentaria aprista ha es­tado cercana al fujimorismo. Esto comenzó desde que decidió formar parte de la MD del Congreso, controla­da por Fuerza Popular, y se confirmó en prácticamente todos los actos posterio­res: propuesta para bajar la valla electo­ral y permitirle a Keiko Fujimori ganar en primera vuelta, propuesta para tumbar­se la Ley Universitaria, acompañamiento al fujimorismo en la interpelación al mi­nistro Jaime Saavedra y amenaza al pre­sidente Pedro Pablo Kuczynski de desti­tuirlo si aplicase la cuestión de confianza.

Recuerdo que estuve en contra de la re­vocatoria a Susana Villarán. Sin conside­rarla una gran alcaldesa ni mucho menos, pensaba que era más fácil dejar que conclu­ya su mandato. Pero resulta que mi parti­do, consultadas sus bases limeñas, se ma­nifestó a favor de dicha medida y entonces publiqué un artículo titulado “El Apra y la revocatoria”, tratando de explicar las ra­zones que tenía el PAP para adoptar esta medida, al margen de mi opinión particu­lar. Fue lo que creí pertinente hacer por respeto a la posición adoptada en el seno del Apra. Es por comprender esta premi­sa que el PAP se une allí donde la izquier­da se divide.

En todo caso, no es esto lo que está ocu­rriendo hoy: El Apra está acéfalo. Aunque se alegue que el CEN anterior sigue vigente, el PAP no tiene gobierno legítimo que es­tablezca, en consulta con las bases, la posi­ción del partido frente a los grandes temas nacionales. Por esta razón, hoy la CPA ac­túa por libre, y esto involucra, inclusive, la postura adoptada frente a la Ley Univer­sitaria y la eventual censura al ministro Sa­avedra, más allá de la opinión personal de cada quien, o de una eventual renuncia del titular de Educación.

Otros eran los tiempos en los cuales la posición del Apra aparecía en los diarios a página completa; entonces se sabía lo que pensaba institucionalmente el Parti­do Aprista sobre tal o cual cuestión de im­portancia nacional e internacional. Mien­tras tanto, los seguidores de Víctor Raúl Haya de la Torre, que todavía son muchos, siguen esperando que les devuelvan su par­tido, su querido Partido del Pueblo, através de elecciones internas que solo saben pos­tergarse. ¿A quién se lo tienen que pedir?

Publicado hoy en Exitosa

OPINIÓN |Daniel Parodi: La posición del Apra

Enroque Corto: la interpelación a Saavedra

 

 

Enroque corto: la interpelación a Saavedra

Cuestión de confianza procede si se aprueba pedido de censura

 

¿Qué es una cuestión de confianza? ¿Es o no pertinente aplicarla en el caso de que el Congreso formalice una moción de censura contra el ministro Jaime Saavedra?. Vamos por partes:

La cuestión de confianza debe presentarla el Premier, en este caso Fernando Zavala, ante el Congreso e implicaría asociar la suerte del titular de la cartera de educación a la de todo el gabinete. De esta manera, la censura a Saavedra implicaría la del Consejo de Ministros por lo que, tras la renuncia del Premier, tendría que formarse otro gabinete con otro Premier y cambiar otras piezas del gabinete ministerial, ya sea sustituyéndolas o enrrocándolas, como sucedió recientemente con Jorge Nieto que pasó de la cartera de cultura a la de defensa.

La principal consecuencia de una jugada así es que la eventual no confianza a Saavedra implicará la censura al gabinete y una segunda censura a este le otorga al Presidente de la República la facultad constitucional de disolver el parlamento y convocar a nuevas elecciones legislativas. De esta manera, el sacrificio del gabinete Zavala otorgaría al gobierno la tranquilidad de lidiar, desde temprano, con un parlamento que ya habría quemado su nave principal y que se la pensará dos veces antes de intentar bajarse a otro ministro por razones que la opinión pública pondera como particulares.

A saber: la discusión sobre las computadoras adquiridas por Minedu y la organización de los Panamericanos parece esconder una razón más poderosa: los intereses de muchas –no todas- universidades privadas que “pierden plata” invirtiendo para lograr los estándares académicos que exige SUNEDU para mejorar la calidad de la educación peruana en beneficio de la juventud.

Estos días, la Constitución ha sido materia de debate y cada quien la ha interpretado según su buen parecer. Para algunos es completamente legítimo y constitucional que el Congreso interpele y eventualmente censure al ministro Saavedra. Para otros lo es que el Premier plantee una cuestión de confianza sobre Saavedra: si cae él, caen todos.

En realidad, ambas parten tienen razón; tanto la censura como la cuestión de confianza son constitucionales y existen para ser usadas si las circunstancias lo requieren. Al respecto, lo que parece mostrarnos la constitución del 93 -la del fujimorismo, sí la del fujimorismo- es que está diseñada para contrapesar bien a los poderes Ejecutivo y Legislativo.

¿Constitución presidencialista? Es posible, será por eso que la promulgó Alberto Fujimori. ¡Qué paradoja!, pues ahora Fuerza Popular, cuyo humor autoritario está a la orden del día, sólo controla el legislativo y tiene que atenerse a ella, felizmente.

Publicado en La Mula el 7 de diciembre de 2016

https://daupare.lamula.pe/2016/12/07/enroque-corto/daupare/

¿Usted es el último?

corredor azul

Corredor azul debe instituirse en reemplazo de transporte informal

“¿Usted es el último?”

Recién alcancé a ver algunos programas de opinión reportajes muy  críticos del corredor azul de las avenidas La Marina y Javier Prado que suponen la continuidad, por parte del Alcalde Luis Castañeda, de la reforma del transporte iniciada por su antecesora Susana Villarán. Los informes, bastante sensacionalistas, mostraban a los buses de las líneas 201, 202 y 209  absolutamente atiborrados de usuarios y a estos realizando larguísimas colas para abordar, quejándose de la espera, de la insuficiencia de unidades y de la calidad del servicio.

Me precio de ser usuario de la 209 con la voy y vengo de la PUCP, tanto como de la 201, con la que regreso a casa desde la sede sanmiguelina de UPC y la realidad que he observado es bien diferente  a lo que vi en televisión. Vayamos por lo primero, las horas punta no son difíciles solo en Lima, lo son también en megápolis primermundistas como París, Madrid y New York.

Sin embargo, fuera de estos horarios el servicio de los corredores es bastante amable por lo que da gusto ver a la gente preguntando quien es el último de la cola para colocarse detrás. El orden en los paraderos es supervisado por agentes municipales que recuerdan a los choferes detenerse exactamente frente al letrero que dice “paradero”. De esta manera, los pasajeros suben de acuerdo con su orden de llegada y se les permite abordar primero a los adultos mayores, discapacitados y madres gestantes o acompañadas de niños. Asimismo, los buses cuentan con 6 asientos rojos reservados para esta población vulnerable y el chofer exige inmediatamente que se levanten quienes los ocupan para cederlo, aunque, valgan verdades, los usuarios los ceden por sí solos.

 A lo dicho debemos agregarle la buena presentación de los choferes  y el hecho de que el bus solo se detiene en paraderos separados uno de otro por 4 cuadras, con lo que el viaje es más rápido que en las unidades informales. El pasaje cuesta 50 céntimos más, pero el público paga la diferencia pues quiere un mejor servicio. Sé que todo lo dicho debería ser lo cotidiano pero sabemos que en el Perú no es así.

Nuestra meta tiene que ser homogenizar el transporte público formalizándolo y  eliminando paulatinamente la temeraria competencia informal que las custers y combis les hacen a los corredores azules. Ahora que estamos a punto de interrumpir una importante reforma educativa debido a mezquinos intereses subalternos, el corredor azul nos recuerda lo importe que es para el progreso del país mantener políticas públicas más allá de los gobiernos. No seamos como el cangrejo y sigamos avanzando en lugar de retroceder.

Publicado el 5 de diciembre de 2016 en La Mula

https://daupare.lamula.pe/2016/12/05/usted-es-el-ultimo/daupare/

Civil y eclesiástico

 

Civil y eclesiástico

El Humanismo de los siglos XV y XVI le arrebató a la Iglesia su monopolio sobre la ciencia no sin que antes Galileo tuviese que retractarse ante la inquisición. En el XVIII los racionalistas ilustrados alejaron definitivamente la razón de estado de cualquier precepto religioso: todo debía ser demostrable y apuntar hacia el progreso a través del método científico.

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Hace 500 años se separaron los fueros civil y eclesiástico

Ya entonces los fueros civil y eclesiástico estaban totalmente separados comprendiéndose que al primero le correspondía el gobierno de la sociedad y al segundo la salvación de las almas. Debido a esa separación, aunque soy activista pro derechos de la mujer, no participaría de ninguna acción para que la Iglesia Católica o tantas otras permitiesen mujeres sacerdotisas, ni para que la ICAR elimine el enajenante celibato sacerdotal. Mi motivo es muy sencillo: no soy socio del club.

Mi punto es que las congregaciones religiosas son foros privados con sus propias reglas aceptadas por sus miembros y es a ellos, y no a mí, a quienes les corresponde modificarlas. De allí que me encanta que el Papa Francisco esté a la vanguardia de una serie de reformas modernizadoras de la ICAR: a él sí le toca porque es el mandamás del Vaticano.

Por desgracia no ocurre lo mismo en el caso opuesto. Los feligreses de congregaciones religiosas  sí se sienten con el derecho de enseñarle “el bien y el mal” a los civiles y de presionar las políticas públicas del Estado. El caso de la unión civil es paradigmático: “los gays, con sus cosas, en su casa y en su cama, nada más” le he escuchado decir a muchas personas que expresan así la más cavernícola versión de nuestra peruanísima homofobia popular que encuentra en las declaraciones sabatinas del Cardenal Cipriani abundante combustible para inflamar sus llamas.

A ellos yo les respondería así: tus dogmas, tus ideas, tus prejuicios, en tu Iglesia nada más, en tu casa nada más, porque a ti nadie de afuera te dice qué hacer. Si la alianza matrimonial en tu religión es solo heterosexual, amén, no tengo problemas pero déjanos a los civiles manejar la esfera pública sobre la base de la laicidad del estado pues hace más de quinientos años el gobierno civil se separó de la religión. Practica tu fe, compártela sin imponer, y deja de inmiscuirte en la vida de los demás: los demás no se están inmiscuyendo en la tuya.

Publicado en Diario Exitosa el domingo 2 de octubre

OPINIÓN | Daniel Parodi: Civil y eclesiástico

Historia del clientelismo y transfuguismo

Historia del transfuguismo, por Daniel Parodi

¿Logrará Fuerza Popular mantener unida su bancada?

Historia del clientelismo y transfuguismo

La Comisión de Constitución del Congreso aprobó recientemente una iniciativa legislativa en contra del transfuguismo. Si por un lado es verdad que desde la tercera elección de Alberto Fujimori en el 2000, el cambio de bancada de los congresistas se volvió moneda corriente, también se presume que tras la medida asoma el resquemor de Fuerza Popular por controlar su grupo parlamentario, cuya mayoría no milita en la organización.

Pero remontémonos a la historia que nos tiene reservadas algunas interesantes analogías.  Al igual que hoy, durante el siglo XIX la participación política no se canalizaba a través de partidos políticos, sino de redes clientelares. Un caso paradigmático es el de Ramón Castilla. En la década de 1850, el caudillo tarapaqueño logró pacificar al país y organizar al Estado Peruano gracias a las alianzas provinciales que fue tejiendo en su dilatada carrera militar, que remonta a la Guerra de Independencia.

Esta situación, sumada a las ingentes sumas de dinero obtenidas durante la bonanza del guano, le permitieron a Castilla mantener bajo control a las diferentes élites regionales, adheridas a su proyecto autoritario gracias al reparto poco trasparente de las rentas guaneras. Los casos más emblemáticos fueron la abolición de la esclavitud (los esclavos fueron comprados por el Estado a sus propietarios en condiciones más que ventajosas) y la consolidación de la deuda interna, calculada en primera instancia en un millón de pesos y elevada hasta veintitrés durante el gobierno de José Rufino Echenique.

Décadas después, desde 1895, La Republica Aristocrática escenificó otro pacto muy bien diseñado entre el poder central y las élites regionales, repartiéndose cargos públicos y zonas de influencia. Entonces, los límites del Estado no eran otros más que los linderos de la hacienda cuyos propietarios –los gamonales– integraban las cámaras de senadores y diputados desde las cuales defendían férreamente sus fueros. En tales circunstancias, la  postulación de un señor provincial por los partidos civil, demócrata o constitucional no suponía necesariamente su adhesión o militancia en cualquiera de aquellos, sino la recreación del pacto entre el poder central y las regiones.

Aunque el primer ministro Fernando Zavala acudió al Congreso a disculparse con la bancada fujimorista por las expresiones vertidas por el presidente Kuczynski a principios de agosto, la alocución del mandatario no solo fue correcta sino históricamente refrendable: “no todos los 73 congresistas de la bancada fujimorista son miembros del partido, habrá como 30 que se subieron al carro creyendo que ella ganaba y que recibirían una prebenda”. Y es por esta misma razón que discrepo con mi amigo Hugo Neira cuando presenta a Fuerza Popular como el partido político más sólido del Perú del siglo XXI.

La realidad nos dice otra cosa. Fuerza Popular, más que un partido con ideología, programa, etc. es una precaria red de alianzas que relaciona a una entidad política, que cuenta con líderes que tienen la popularidad suficiente para tentar la administración del Estado, con decenas de grupos de interés locales, cuya participación en el proyecto solo se explica en su intención por incrementar su cuota de poder e influencia a través de su acceso al gobierno nacional. Y es por eso que la derrota del 10 de junio preocupa al fujimorismo pues buena parte de su numerosa bancada podría colegir que en las actuales circunstancias es insignificante la lealtad que le deben a Keiko y compañía.

En un sugerente artículo, Carmen Mc Evoy narra el derrumbe de la maquinaria política castillista una vez que se acabó el guano y el Estado se quedó sin dinero que repartir entre sus ávidas clientelas provinciales. La relación entre Fuerza Popular y muchos de sus congresistas nos recuerda los tiempos del célebre mariscal. Queda por saber si la flamante ley contra el transfuguismo impedirá que el final de esta historia sea también el mismo.

Publicado en el Comercio el martes  4 de octubre

http://elcomercio.pe/opinion/colaboradores/historia-transfuguismo-daniel-parodi-noticia-1936159

PPK en la ONU

 

PPK EN LA ONU

PPK ONU

La primera foto que recordaremos de la reciente intervención de PPK en la Asamblea General de las Naciones Unidades es aquella en la que se dirige al pleno; la segunda es en la que aparece sentado en el escaño de la representación peruana junto al canciller Ricardo Luna, nuestro embajador en Washington Carlos Pareja y nuestro representante permanente en el referido foro mundial, el embajador Gustavo Meza Cuadra. La imagen grafica el inicio de un periodo de fecunda coordinación entre los Palacios de Pizarro y Torre Tagle, sin la cual es muy difícil acertar en el camino hacia el desarrollo, con la OCDE como la luz al final del túnel.

Por eso la alocución presidencial comenzó manifestando la sintonía del Perú con los 17 objetivos de desarrollo sostenible al 2030 de la ONU. PPK apuntó hacia objetivos sensibles como el clima y la vida submarina, y subrayó que el “Perú promueve el crecimiento verde articulando el uso de ecosistemas terrestres y marinos”

Desde este punto saltó al análisis de la realidad local e introdujo a la conferencia el proyecto Sierra Azul, cuya funcionalidad pasa por la recolección de las aguas provenientes de las lluvias amazónicas. Seguidamente, siempre a través del agua, relacionó su plan de gobierno con otros objetivos de la ONU como la salud y el saneamiento. Así también, PPK conectó con la principal meta de las Naciones Unidad: el fin de la pobreza, porque no se entiende un Perú libre de aquella si uno de cada tres peruanos no tiene agua y desagüe.

En otra parte de su intervención, PPK refirió el posicionamiento del Perú en un mundo global en el que difícilmente se puede competir sin constituir bloques regionales sumando las economías de varios estados. Por eso el Presidente subrayó la necesidad de “profundizar coincidencias con países con desafíos similares”, lo que implica también fortalecer “nuestro compromiso con la consolidación de la democracia, los derechos humanos y el Estado de Derecho, en tanto que pilares de la gobernabilidad”.

La mención de PPK a Venezuela no por sutil dejó de ser importante. La precariedad institucional del país llanero es el principal obstáculo para profundizar coincidencias entre estados vecinos pues los restos del chavismo continental son el lastre que nos impide, hasta hoy, fortalecernos como bloque regional  y apuntar hacia la globalización mundial.

En New York, PPK vuelve a dejarnos la impresión de tener las cosas claras; ojalá y los vientos locales apunten en la misma dirección que su emprendimiento.

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Aparecen embajador Gustavo Meza Cuadra, Canciller Ricardo Luna, Pdte PPK, y detrás, embajador Carlos Pareja, en la asamblea de las NNUU

Publicado hoy 23 de septiembre en Diario Expreso

 

 

La Tercera República (2000 – ¿?)

La Tercera República (2000 – ¿?)

El gobierno transitorio de Valentín Paniagua inició La Tercera RepúblicaResultado de imagen para paniagua valentin

La presentación de gabinete Zavala en el Congreso Nacional me pilló leyendo la República Autocrática, libro que Pedro Planas –brillante intelectual desaparecido tempranamente- publicase en 1994. La implacable crítica de Planas al Oncenio de Leguía (1919-1930), en tanto que desestabilizador de la institucionalidad democrática establecida durante la República Aristocratica; y las sugerentes analogías que establece entre aquel y el entonces recién instaurado autoritarismo fujimorista, me llamaron a pensar en cómo podríamos periodificar nuestro tan maniatado orden constitucional.

Pero dejémonos llevar por Planas, cuyo texto analiza el discurso de José Santos Chocano en favor del leguiísmo, al que dotó de una doctrina legitimadora que instaló en nuestro imaginario político la muy difundida idea de que a veces son necesarias “dictaduras organizadoras” para “poner orden” en el Estado y sus instituciones. Planas refuta a Chocano con una serie de sugerentes preguntas. Es así que cuando este  sostiene que las libertades públicas sólo pueden regir si existe “una perfecta organización democrática”; aquel se pregunta si no sería mejor  “perfeccionar esa organización democrática para canalizar el efectivo ejercicio de las libertades públicas y no, por cierto, cancelarlas, con lo cual volveríamos a fojas cero”

En otra parte de su texto, Planas replica el argumento que sugiere la supuesta inmadurez institucional de los países de América Latina comparada con la solidez de las democracias europeas. Para ello, pasa revista por pensadores de la talla de Víctor Andrés Belaúnde quien en 1912 sostuvo que “la anarquía no era privilegio del Nuevo Mundo” o Haya de la Torre quien en 1943 señaló que “nosotros odiamos el despotismo, aunque a veces seamos impotentes para luchar contra él”.

En suma, lo que Pedro Planas propone es que las dictaduras no son responsabilidad ni de los pueblos, ni de ninguna urgencia por suprimir las libertades civiles con la paradójica finalidad de defenderlas, sino de los mismos dictadores y de los regímenes que las encarnan. Respecto de la democracia, sostiene que esta necesita tiempo para establecerse plenamente, por lo que su eventual debilidad no es sino consecuencia de su constante y perniciosa interrupción.

El texto nos deja una idea fuerza con la que trabajar. La república aristocracia, con todas sus limitaciones al sufragio, que por lo demás eran propias de su época, constituyó un primer periodo fecundo en la vigencia del orden constitucional y malogrado por la irrupción dictatorial de Augusto B. Leguía en 1919. El segundo es aquel en el que rigió la Constitución de 1979 abruptamente interrumpido por el autogolpe del 5 de abril de 1992.

El viernes 19 del presente mes, tras una maratónica sesión que se destacó por un serio esfuerzo de responsabilidad cívica de todas las partes, el Congreso Nacional, en el que la mayoría absoluta la tiene el fujimorismo, le dio un voto de investidura casi unánime a un gabinete que de otro modo no hubiese podido iniciar funciones. Pensaba que no es poco considerando que apenas en septiembre de 2000 recuperamos el orden constitucional. Pensaba también en que han pasado 16 años desde entonces y que, siguiendo la periodificación de Pedro Planas, la historia registrará los tiempos que estamos viviendo como el tercer constitucionalismo (o la tercera república) de la historia del Perú Independiente. Esperemos que no haya ya cuarto militarismo más adelante y que esta democracia haya venido para quedarse.

Publicado en Diario La República, hoy domingo 4 de septiembre de 2016

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