Archivo de la categoría: Política peruana

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La mala del cuento

 

La mala del cuento

¿por qué PPK sube y Keiko baja en las encuestas?

Daniel Parodi Revoredo

Alguien alguna vez me dijo que el peruano quiere que le resuelvan sus problemas y esa sencilla proposición explica el sentido común de un país que presenta grandes déficit en servicios públicos como la educación, la seguridad, la salud etc. Por eso se ha extendido la percepción de que los políticos tienen que llevarse bien y alcanzar acuerdos que beneficien al ciudadano de a pie.

Debido a estas razones, la última encuesta de CPI le otorga 70.4% de aprobación a PPK, de los cuales 20% son de peruanos que votaron por Keiko en segunda vuelta y 10% de los que también lo hicieron en la primera. Sin embargo, con la lideresa de Fuerza Popular está sucediendo lo contrario. Hoy la apoyan solo 38.3%; un poco menos que su núcleo duro de 39.8% en primera vuelta y 11% menos de quienes la respaldaron en la segunda.

PPK y KEiko

¿Por qué PPK sube y Keiko baja? PPK está trasmitiendo una imagen jovial y emprendedora, al mismo tiempo que ha logrado posicionar en los medios de comunicación su propia agenda política a través de un mensaje presidencial tan preciso como comprensible. Es por eso que en la encuesta de CPI 21% respalda la propuesta de mejorar la educación básica, incluso por encima de la más epidérmica lucha contra la inseguridad que arroja 18.7%.

En la otra esquina, una Keiko renuente a reconocer su derrota y a saludar al ganador, que amenaza desde su cuenta en twitter con gobernar desde el parlamento, es percibida como un factor de confrontación que nadie quiere, de allí se desprende también su significativamente alta desaprobación que alcanza al 55% de los encuestados.

Caso contrario es el de Luz Salgado quien, a pesar de presidir la institución más desprestigiada del país (el Congreso) presenta una aprobación de casi 50%, 11% por encima de Keiko. Los buenos números de Salgado se explican en el talante democrático que viene mostrando y su manejo de la crisis ejecutivo-legislativo, suscitada por las desafortunadas declaraciones de PPK acerca de jalarse congresistas fujimoristas. Los aciertos de Salgado han sido valorados positivamente por la población.

Lo que la última encuesta de CPI deja claro es que el país no quiere problemas si no resolverlos. Es por eso que hoy PPK sigue subiendo, mientras que Keiko tendrá que pensar mucho qué tipo de oposición quiere hacer para que no se le vea como a la mala del cuento.

@parodirevoredo

Publicado en Expreso el viernes 12 de agosto de 2016

La estrechez del Frente Amplio

 

 

La estrechez del Frente Amplio

El Frente Amplio ha dejado de ser interlocutor válido en lucha por libertades civiles

La moción de orden del día aprobada el pasado martes por el pleno del congreso ha obtenido como resultado inmediato que el Perú se sume al grupo de países que ha adoptado una firme posición frente a la violación de la Carta Democrática Interamericana en Venezuela. Bien por la bancada aprista, portadora de la iniciativa respaldada por todas las demás menos una: la del Frente Amplio.

Al respecto, si algo hay que tener claro es que la cuestión venezolana no es un tema de izquierdas y derechas. Si me preguntasen qué régimen me recuerda más el de Chávez-Maduro ese es el fujimorismo: control de los medios de comunicación, persecución de la oposición política, intervención del parlamento, violación de derechos humanos etc. Fujimori fue económicamente más eficiente, eso sí.

No voy a ponerme a especular qué ata a Mendoza, Glave y compañía a la agonizante satrapía venezolana pero, en cambio, sí quiero detenerme a evaluar sus consecuencias. La más grave involucra todas las demás: el Frente Amplio ha dejado de ser interlocutor válido en la lucha por las libertades civiles, los derechos humanos, el respeto de las minorías, etc.

De hecho, la próxima marcha de defensa de los derechos de las mujeres #Niunamenos, que apoyo militantemente, me trajo a colación una reflexión. Hace meses, Lilian Tintori, esposa del preso de conciencia Leopoldo López, señaló en un twit que al visitarlo en la inhumana prisión de Ramo Verde la desnudaron completamente, “me pidieron que abriera las piernas varias veces y revisaron hasta los modes (toallas higiénicas) que traía puestos”.


Lilian Tintori, víctima de abusos y humillaciones

Ahora bien, que le respondió Indira Huilca a las fuerzas políticas que han unido esfuerzos para que el Perú adopte posición frente a la dictadura y crisis venezolanas: “a ver bancadas de FP, PPK, APRA, APP, AP en vez d hacer conf d prensa sobre otros países podrían preocuparse x lo que pasa en Villarreal”.

Este es pues el despierto interés de la joven abanderada de las reivindicaciones sociales y de la lucha pro derechos de la mujer, respecto de sus flagrantes violaciones en Venezuela, incluso las que incluyen atentados contra la integridad física, moral e íntima de las esposas de los presos políticos del país llanero.

Por eso quiero terminar por donde comencé. La lucha por los derechos fundamentales no tiene color político. Mientras el Frente Amplio sostenga que en Venezuela es permisible lo que aquí denuncia como monstruoso, no pasará de ser una estrecha camarilla de falsos profetas.

@parodirevoredo

La “bizarre” herencia

 

IZQUIERDA

La bizarra herencia

las diásporas de la izquierda peruana no son novedad

En lúcido artículo titulado cambalache, Nelson Manrique hace una dura autocrítica del desbande político de la izquierda peruana de la que llama la atención la presencia de Vladimiro Huaroc en la plancha fujimorista, la de Anel Townsend –exdefensora de Villarán- en la de Acuña, las voceadas candidaturas congresales de Augusto Rey y Susel Paredes en la lista de PPK y, como anfitriona de la fiesta, Susana Villarán al lado de Daniel Urresti.  En realidad, las diásporas de la izquierda peruana no son novedad. Antes, es verdad, eran todos comunistas, pero igual andaban divididos en decenas de ramificaciones.

Meditando al respecto, me puse a pensar en el aporte de la izquierda peruana al desarrollo del Perú del último medio siglo y este es más que discutible. En tanto que tal, los partidos marxistas recién aparecieron en la década de 1970, con excepción del PCP que fundara Mariátegui en 1928, luego de que se escindiese del APRA. Con lo mucho de malo o bueno de Velasco, lo cierto es que dichas agrupaciones le jalaron la alfombra al único intento sistemático de implementar una revolución social en el Perú. Las razones son dos: o Velasco no les pareció lo suficientemente radical o les reventaba no ser ellos quienes liderasen el proceso.

En los ochentas el panorama no mejoró. A pesar de participar activamente del juego democrático, el sistema no terminó de convencerles, lo tildaron de burgués y disentían con Sendero más bien respecto del “momento indicado” para abrazar la lucha armada. Al finalizar la década, inmerso el país en una profunda crisis, no se les ocurrió nada mejor que dividirse en dos en la que fue su última participación electoral presidencial medianamente importante. Ya en la década de los noventas, toda vez que enfrentamos una dictadura de derecha, convenientemente adoptaron posturas más democráticas que abandonaron tan pronto como a Hugo Chávez se le ocurrió que “el socialismo” era una buena etiqueta con la que revestir su autoritarismo populista.

Para comprender el aporte de la izquierda al proceso político peruano más contemporáneo, la trayectoria de Sergio Tejada es de suma utilidad. Tejada es corresponsable del pésimo gobierno que ya se va, al que le sirvió denostando por cuatro años consecutivos, con el dinero de todos los peruanos, al segundo gobierno aprista. El resultado: Alan no tiene desbalance patrimonial pero igual Tejada no para de acusar.

En vistas de que el barco nacionalista comenzó a hundirse, Tejada lo abandonó en enero de 2015. Luego, en noviembre del mismo año, fue precandidato presidencial por la Unidad Democrática en cuyas primarias fue aplastado por Gonzalo García quien cuadruplicó su votación. Entonces Tejada no perdió el tiempo en saltar por la borda y al día siguiente anunció muy campante su paso al Frente Amplio con la intención de integrar la lista congresal de la chavista Verónika Mendoza.

Me pregunto está vez a quién culpará la izquierda si elegimos mal en abril y terminamos de caer por el despeñadero. Ciertamente, ya nos hicieron un muy flaco favor Siomi y compañía al endilgarnos al improvisado Humala. Hoy, mientras que desde todos los flancos buscan tumbarse a la Alianza Popular, cuya coherencia e institucionalidad los supera enormemente, nos ofrecen, en simultáneo, el mismo autoritarismo que ha arruinado a Venezuela, hasta hace poco el país más rico de la región.

Macartista me dirán, pero resulta que me gusta el PSOE de España y que soy el convencido de que cualquier democracia, para sostenerse, requiere también de una izquierda de calidad. La nuestra sin embargo, no pasa de lo bizarre, no más no nos arruinen el país mientras no madura la criatura.

Daniel Parodi Revoredo

@parodirevoredo

Las alianzas políticas en el Perú

 

Haya y Luis Bedoya

Luis Bedoya felicita a emocionado Víctor Raúl tras juramentar como Presidente de Asamblea Constituyente en 1978. Aplauden Alan García Pérez, Javier Ortíz de Zevallos y Ernesto Alayza Grundy. Alianza Popular rememora colaboración de APRA y PPC en transición democrática de  aquellos años

Las alianzas políticas en el Perú

Daniel Parodi Revoredo

La formación de la Alianza Popular (Apra-PPC) ha generado todo tipo de reacciones, algunas altisonantes y la mayoría cuestionadoras. Sin embargo, a diferencia de las dictaduras, la democracia siempre ha tenido en el diálogo y el entendimiento a la razón de su existencia. La democracia reúne a mayorías y minorías, convoca a opiniones diferentes y se construye a base de consensos.

Un caso paradigmático de la región es el chileno, en que la Concertación, liderada por el Partido Socialista y el Demócrata Cristiano, ha gobernado casi ininterrumpidamente desde 1990, cuando Augusto Pinochet finalmente dejó el poder. Esta alianza, además, se ha constituido en una herramienta fundamental contra el caudillismo toda vez que alterna sus liderazgos, los que hasta ahora suman cuatro: Patricio Aylwin, Eduardo Frei, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet.

La democracia peruana es aún precaria, pero cuando su institucionalización avanzó fue con alianzas políticas. Un primer ejemplo es el acuerdo entre pierolistas y civilistas de 1895, que superó el militarismo de Andrés Avelino Cáceres y le abrió el paso a 25 años casi continuados de alternancia democrática hasta el golpe de Augusto B. Leguía en 1919.

Por otro lado, el pacto entre Manuel Prado y el Apra de 1956 permitió que los partidos de masas fuesen aceptados en el Perú y que concluyera el más cruento período de violencia política de toda nuestra historia republicana. Dos décadas después, un entendimiento entre el Apra y el PPC logró sacar adelante la Constitución de 1979, gracias a la cual recuperamos la democracia un año después. Recordemos que entonces la izquierda comunista intentó sabotear el proceso y que sus representantes no se dignaron firmar la Carta Magna.

Sin embargo, otras coaliciones no tuvieron el mismo suceso. Por un lado, la alianza parlamentaria entre apristas y odriistas de 1963 es recordada como obstruccionista al primer gobierno de Fernando Belaunde; mientras que la que Acción Popular y el PPC estrecharon en 1980 consolidó un gobierno con mayoría absoluta en el Parlamento, pero no revirtió la aguda crisis económica de entonces.

Desde una mirada contemporánea, la recientemente creada Alianza Popular (Apra-PPC) reúne a dos partidos tradicionales que han mantenido cierta funcionalidad en tiempos en los que ni la decisión popular, ni la participación política de las masas se canaliza a través de ellos. Convengamos en que el discurso antipolítico de la dictadura fujimorista se ha extendido hasta hoy al punto que nuestras elecciones son disputas de caudillos y ya no se centran en la confrontación entre agrupaciones sólidamente constituidas, ni mucho menos la de sus programas de gobierno.

Pasando a leer la actual coyuntura electoral, que la oleada de ataques a candidaturas se haya transferido de PPK a César Acuña y luego de Acuña al binomio Alan-Lourdes no solo sigue dejando a Keiko Fujimori tranquila en el partidor, sino que indica cuál es la opción que hoy preocupa a los demás. La fuerte resistencia contra el entendimiento entre estos dos experimentados líderes parece una señal de que, en principio, acertaron al unirse. Pronto sabremos si esta alianza cumplirá un rol importante en la historia del Perú, como las otras que hemos mencionado.

Publicado hoy en El Comercio

http://elcomercio.pe/opinion/colaboradores/alianzas-politicas-peru-daniel-parodi-noticia-1864436

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60 años Academia Diplomática

60 años de la Academia Diplomática

Hace 60 años, un 18 de agosto de 1955, se fundó la Academia Diplomática del Perú Javier Pérez de Cuéllar, nombrada así en homenaje al peruano que ejerció la secretaría general de las Naciones Unidas. La fecha es clave, pues tras la creación de la ONU en 1945, el derecho internacional se encontraba en plena transición.

Desde ese año, los nuevos desafíos alcanzaron también el derecho del mar debido a las proclamas del presidente estadounidense Harry Truman sobre el lecho y subsuelo marinos. Dos años después, Chile y Perú lanzarían la tesis de las 200 millas marítimas.

Son notables los éxitos de la diplomacia peruana desde la fundación de la Academia. Entre ellos podemos mencionar la gravitante participación de sus profesionales en las Conferencias del Mar (Convemar) desde 1956 hasta 1982. Del mismo modo, en la década de 1990 se logró la paz definitiva con Ecuador (Acta de Brasilia de 1998) y se concluyeron los pendientes del Tratado de 1929 con Chile (Acta de Lima 1999).

En la década siguiente, el Perú sustanció la causa marítima contra Chile por medio del embajador Manuel Rodríguez Cuadros, quien logró que el país vecino reconociera su naturaleza jurídica (2004). A su turno, con el embajador José Antonio García Belaunde gozamos de un prolongado cancillerato de cinco años que se caracterizó por la estabilidad en la conducción de la política exterior y un manejo sutil e inteligente de la relación con Chile. Este se potenció con los cancilleres del presente Gobierno, que han obtenido logros importantes, como los gabinetes binacionales con Colombia y Bolivia.

El equipo peruano en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) fue magistralmente conducido por el embajador Allan Wagner Tizón, quien presentó nuestra demanda en 2008 y le dio al Perú la pausa y la serenidad que hacían falta en aquellos momentos. Su sobriedad y madurez nos hicieron sentir que estábamos en buenas manos y la sentencia de enero de 2014 confirmó dicha percepción: obtuvimos 50,000 kilómetros cuadrados de mar.

Hoy, la Academia Diplomática cumple 60 años y es un acierto que se encuentre bajo la dirección del embajador Wagner. Tras litigar seis años exitosamente en la CIJ, nos parece el profesional más idóneo para encabezar la reforma curricular que se aplica a sus programas para adecuarlos a los desafíos de estos tiempos de globalización, integración socioeconómica y paz.

El triunfo en La Haya, la primera vez que ganamos territorios (mar) en nuestra historia republicana, demuestra que la fundación de la Academia, hace 60 años, fue un acierto. Ojalá otras instituciones del país contasen con escuelas de calidad para formar sus cuadros. Así nuestras políticas de Estado serían una constante.

Publicado en El Peruano 1/9/2015

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El “autogol” de Verónika Mendoza

verónika mendoza

El autogol de Verónika Mendoza

Entiendo que toda campaña electoral necesita financiamiento, pero si este viene de la Venezuela de Nicolás Maduro, la candidata subvencionada se auto-condena a la muerte política antes de nacer. No entiendo, si no, cómo Verónika Mendoza se dejó zarandear por Milagros Leiva en “No Culpes a la Noche” solo por resistirse a deslindar del tirano bolivariano.

Ha bastado una sola entrevista con una periodista amable para sacar a la luz lo que hay detrás de la sonada candidatura de la congresista cusqueña. Se trataba del chavismo y por tan perniciosa subordinación, la precandidata del Frente Amplio no pudo siquiera condenar abiertamente la prisión de Leopoldo López, un preso de conciencia cuyo confinamiento rayano en la tortura avergüenza a toda América Latina. ¿Así defiende a los oprimidos?

¿Cómo es la cosa a ver? ¿el “bolivarianismo” continental tiene aún en su mira al Perú y ha encontrado en Verónika Mendoza el canal para atraerlo a su órbita, como intentó hacerlo en 2006 con la actual pareja presidencial?. De ser el caso, el escenario que se abre es realmente preocupante.

Debo confesar, y es verdad, que escribí otra nota sobre Verónika Mendoza, la  que cambié por esta tras escuchar sus declaraciones. En la anterior decía que me agradaba su perfil de profesional capacitada que decide entrar en política y comentaba, más bien, los obstáculos que tendría que sortear para unificar a nuestra siempre divisionista izquierda.

A estas alturas del juego, la precandidata del Frente Amplio aún está en situación de romper con el chavismo con claridad y transparencia absolutas; a no ser que ella misma crea que respaldar a Nicolás Maduro es un acto de consecuencia ideológica y no el resultado del financiamiento que he conjeturado en estas líneas. Si este es el caso, ya no hay nada más que hacer, pero me seguiré preguntando por qué a nadie le interesa construir una  izquierda sistémica en el Perú.

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Publicado hoy en Exitosa Diario

 

Respuesta a un crítico de Alan

Alan garcía

Respuesta a un crítico de Alan

Juan, qué bueno que hayas venido aquí a debatir, como podrás apreciar aquí intercambiamos ideas. Varias cosas: mi post lo que critica es que uses, como lo hacen muchos, el mal primer gobierno aprista como argumento para no votar por Alan García el 2016, cuando  entre aquel gobierno y el día de hoy media otro en el que Alan hizo mucho mejor las cosas. Median también treinta años, treinta, por lo que aquella antigua gestión se presta más para el  análisis histórico de lo que repercute en nuestra política contemporánea.

Luego, tú presentas a Alan como el gran culpable de la crisis de los años ochenta pero esa crisis fue la continuidad de la que se inició a mediados de la década de 1970 debido a que las reformas de Velasco no funcionaron. Por ello, y por la cuestión del embargo del petróleo de los países árabes, en 1973 entramos en un círculo vicioso de inflación, devaluación, déficit fiscal y endeudamiento externo que, es verdad, sólo logró interrumpir Alberto Fujimori veinte años después.

Sobre la hiperinflación del primer gobierno aprista, concedido: es el resultado directo de la  fallida política de reactivación económica aplicada entonces y que cedió al empresariado parte de las reservas nacionales (dólar MUC) con la condición de que reinvirtiesen sus ganancias en el Perú. Al final nadie reinvirtió nada, se acabaron las reservas, vino la hiperinflación y prácticamente el gobierno perdió las riendas del país. Como verás, puedo ser muy autocrítico con el primer gobierno de Alan, la pregunta es qué estás dispuesto tú a reconocerle como bueno al segundo.

¿Serías capaz de reconocer que fuimos el país que más creció en la región? ¿Que en 2010 crecimos 8.78% cuando las potencias ni daban visos de recuperarse de la crisis económica mundial de 2008? ¿Admitirás que redujo la pobreza 4% anual, 20% en 5 años lo que provocó la admiración del mundo entero? ¿Alcanzarás a recordar que por aquellos años inclusive crecimos más que Chile y despertamos su preocupación?

Si crees que esto es solo el resultado del precio internacional de los metales preciosos déjame decirte que el pronóstico de crecimiento para el Perú en el quinquenio 2006-2011 era de 5% anual y crecimos 7.2%. Esa diferencia, que es enorme, es obra del gobierno de Alan García y no del valor del cobre.

Así que si quieres invocar el primer gobierno aprista para decir que no votemos por Alan en 2016, ok, pero al menos ten la sensatez de presentar los resultados de su segundo gobierno y hacer un balance. Si tuvieses que contratar un gerente al que no le fue bien de joven en su primera chamba pero fue condecorado en la segunda como mejor ejecutivo de Sudamérica cuando  ya tenía más experiencia ¿lo harías?  Yo sí.

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Rumbo al Bicentenario: logros y desafíos de una república adolescente

 

CON LA REPÚBLICA SE FUERON LOS REYES, PERO LLEGARON LOS CAUDILLOS

Logros y desafíos de una república adolescente

“La nuestra es una república sui generis, acaso un cascajo formal que contiene dentro una sociedad que eligió su propia manera de organizarse”

Son diversos los enfoques acerca de los principales logros y desafíos del país, ad portas del Bicentenario de nuestra fundación republicana. Esta vez, quiero enfocar el tema desde una mirada política pues estamos ingresando a una coyuntura larga en la que el país se preguntará quién es y quién desea ser en el futuro. También se preguntará sobre cómo reformar su modelo político y su democracia.
La democracia, una vieja discusión

¿Estamos aprendiendo a vivir en democracia?, ¿estamos construyendo la República, entendida como sistema de gobierno liberal, que nos legaron los padres fundadores? Creo, al mismo tiempo, que sí y que no.

Creo que sí

Creo que sí porque nos acercamos a la cuarta elección democrática consecutiva, sin ningún tipo de indeseable irrupción militar o autoritaria; y vaya que no es poca cosa en un país que sólo superó este record en tiempos de la República Aristocrática (Desde Piérola en 1895, hasta el golpe de Benavides en 1914). El mérito es aún mayor si observamos que los últimos tres presidentes han gobernado sin mayoría parlamentaria y la gobernabilidad se ha mantenido en función a las alianzas y consensos establecidos entre las diferentes fuerzas políticas.

Al respecto, es destacable que el actual gobierno de Ollanta Humala haya perdido el control del Parlamento Nacional, lo cual parece sintomático de una crisis de institucionalidad, aunque, en realidad, refleja su fortaleza. Me explico, un mal gobierno es castigado por el poder legislativo quien le traspasa su dirección a la oposición política. Desde la práctica democrática, este cambio de timón es saludable: el poder ejecutivo no satisface las expectativas, entonces el legislativo recupera atribuciones y soberanía para ejercer una mayor fiscalización. Conclusión: el equilibrio de los poderes está funcionando.

Creo que no

Pero creo que no porque es evidente que nuestra institucionalidad es débil y que el Parlamento Nacional cuenta con una muy baja aceptación ciudadana; esto es, carece de legitimidad ante la población. Además, no olvidemos que somos el fruto de la antipolítica fujimorista. Por eso nuestra democracia es básicamente sufragista y casi se reduce a la periódica elección de autoridades.

Lo que nuestra democracia no es, es un sistema cimentado en partidos políticos de dimensión nacional que le ofrecen a los peruanos programas de gobierno para alcanzar su bienestar y los cuadros políticos para ejecutar dichos programas. Si bien las redes sociales se han convertido en un espacio de articulación política a través del cual incluso muchos partidos canalizan sus actividades, estas no llegan a reemplazan al partido, en tanto que institución, organizada y descentralizada, que persigue el poder y se prepara para ejercerlo.

Al contrario, nuestra democracia es caudillista, lo que conceptualmente es contradictorio pero al mismo tiempo muy real. Veamos a Ollanta Humala, atrapado en un esquema democrático en el que nunca se sintió a gusto, aprisionado por un protocolo que le es ajeno y que solo luce entusiasmado cada vez que preside una parada militar.

Remontémonos a sus orígenes, la carrera política del actual presidente comienza como la del típico caudillo alzado en armas del siglo XIX que le dirige una proclama refundacional al país. Es verdad que es positivo que las formas de la democracia hayan doblegado al militar golpista y que no haya sucedido lo contrario, pero el hecho de que un proyecto de clara raigambre caudillista haya alcanzado el poder en 2011 ejemplifica con claridad las insipiencias de nuestro republicanismo.

A manera de conclusión

Mirando hacia el Bicentenario, se nos queda en el tintero el proyecto de una democracia erigida sobre partidos políticos orgánicos, funcionales y financiados desde el Estado. Desde nuestra mirada puede parecer atroz, pero así funcionan las democracias maduras: el Estado financia a los partidos que cumplen con requisitos mínimos para ser considerados tales porque, finalmente, ellos sostiene el sistema.

La meta es complicada porque nuestra sociabilidad política se ha construido de otra forma: al tradicional caudillismo hoy se le suma un centrifuguismo que se ha enraizado durante la última década debido a la dación de una pésima ley de regionalización. Por eso contamos hasta 24 pequeños centros de poder diseminados por todo el país que, ante la ausencia de partidos y cuadros políticos, han sido copados por nuevas capas dirigenciales reclutadas de las burguesías emergentes y la economía informal.

En 6 años habremos cumplido 200 años de vida republicana. Cuando decimos “republicana” nos referimos a una república liberal con presidente, división de poderes y partidos políticos. Pero la nuestra es una república sui generis, acaso un cascajo formal que contiene dentro una sociedad que eligió su propia manera de organizarse.

Decidir si queremos ser una república que funcione como tal y diseñar la estrategia para lograrlo debería ser un tema prioritario en el debate nacional de cara al Bicentenario. ¿Lo entenderán así nuestros políticos y líderes de opinión?

Publicado en exclusiva para revista Ideele #252

http://revistaideele.com/ideele/content/logros-y-desaf%C3%ADos-de-una-rep%C3%BAblica-adolescente

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¿Otra vez Montesinismo?

 

¡NUNCA MÁS!

¿OTRA VEZ MONTESINISMO?

Lúcar cree que seguimos en los tiempos del siniestro asesor presidencial

Se acababa el año 2000 y el Perú respiraba al fin los aires de la democracia. Fujimori había huido del Perú con su avión llenecito de containers, se fue a Japón a visitar a Kenji y allí se quedó. Renunció a la presidencia por fax pero el Congreso no le aceptó la renuncia y lo destituyó.

Pero el montesinismo mantenía sus tentáculos en muchas instituciones públicas y privadas. Entre ellas estaban los canales de señal abierta, como América Televisión, la de los Crousillat, no la de ahora.

Entre los Crousillat estaba Nicolás Lúcar quien le dijo una vez al país, aún con Fujimori en Palacio, que no importaba si eran 300 o 400 toneladas de cocaína incautadas en un narcoavión oficial peruano, cuando la poca prensa libre que quedaba se afanaba en denunciar, con poquísima cobertura, que al dichoso Boeing se le habían extraviado 100 toneladas en “pleno vuelo”. Entonces los peruanos fuimos tristes testigos de lo que le pasa a la libertad de expresión cuando es coactada por la oscura nocturnidad de una dictadura corrupta e inescrupulosa.

La verdad, a mí me interesa muy poco la vida privada de los políticos, como tampoco la de los literatos, no soy quien para juzgar la separación de Vargas Llosa, ni el estado del matrimonio presidencial. A mí me interesa cómo se gobierna nuestro país, punto.

Por todo ello me parece obsceno que Lúcar responsabilice a Alan García del chisme sobre Nadine Heredia, del que, valgan verdades, la señora Pérez Tello inquirió al señor Arosemena con todo un preámbulo de delicadas disculpas. Por eso es evidente que la extemporánea indignación de la Primera Dama es una burda maniobra para desacreditar a la comisión que la investiga.

Luego ¿Nicolás Lúcar es creíble?, ¿ya olvidamos su rol durante la dictadura fujimorista y su vil intento de manchar la imagen del recordado y bienquerido presidente Valentín Paniagua? Finalmente, ¿por qué Alan García tendría que llamarlo a desmentirle nada?

Yo sé que muchos de mis lectores no simpatizan con Alan García y los respeto, pero la jugarreta de Lúcar lo único que muestra es a otro periodista alineándose con el poder de turno. Por si lo hemos olvidado, acusar a alguien sin sustento es difamación. Si Lúcar tiene algo contra García que muestre sus pruebas ¡caray! ¿O queremos volver a la tenebrosa noche montesinista?

Publicado en Exitosa Diario, el 19 de julio de 2015

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Apocalipsis Electoral

 

No es la voz dinamitar próximas elecciones

“Apocalipsis electoral”

Daniel Parodi Revoredo

En una columna titulada “cambio o muerte”, que evoca viejas proclamas revolucionarias, Rosa María Palacios sugiere que la única manera de evitar “que la población reviente en ira y que la ola nos caiga encima” es el cambio, aunque no nos detalla en qué consiste ese cambio o quien nos lo traerá.

Para sustentar su premonición, nos inventa algunas imaginativas tradiciones (Anderson dixit). “El pueblo perdona al que se va en orden, pero castiga en las elecciones”, nos dice para convencernos de que a pesar de la alta aprobación de su 2do gobierno, Alan García no será elegido el 2016. Luego cierra la oración con una sentencia ecléctica: “no hay nada que contradiga esa tradición, salvo el temor de que Nadine Heredia destaque en una carrera congresal” (¿?).  La verdad, no la entendí.

Mejor es su “ley del comportamiento electoral”: “el pueblo vota por un cambio cada 10 años” (¿?). No soy politólogo pero algunas cosas he leído de Nohlen, Tuesta, Vergara, Dargent, entre otros, y, la verdad, ningún estudio serio valida esa tesis. Como historiador, sí puedo decir que en el Perú no hemos tenido suficiente estabilidad democrática siquiera para someterla a examen, ni aplicándole los ciclos económicos de Kondratieff.

En el fondo, de lo que quiere convencernos la destacada columnista es de que los actuales candidatos a la presidencia no ofrecen absolutamente nada, que son todos corruptos y que lo que le espera al Perú, si elige entre lo que hay, es el más absoluto desastre. Es el mismo argumento de Augusto Alvarez Rodrich, en su artículo “Ciudad de M”, en el que augura que el próximo proceso electoral será una revenda mierda.

A mí me da la impresión de que estos malos augurios solo expresan la frustración de un sector que reniega del escenario que se acerca; es decir, una segunda vuelta entre Alan y Keiko, quizá PPK. Entonces a dinamitarlo todo, incendiemos la pradera para que no brote ese fruto que a mí no me gusta. Vaya vocación democrática de algunos, cada vez me admiro más.

Por otro lado, no estoy convencido de la “tesis del cambio” de Rosa María Palacios (o de lo que de ella pude comprender). Me parece que en todos los sectores sociales del país existe la conciencia de que hasta hace poco se estuvo bien y que ahora ya no se está bien. Por esta razón, el voto podría inclinarse a quien asegure nuestro retorno a la senda del crecimiento económico.

Por supuesto que el modelo es perfectible, que le hace falta reformas y que la inseguridad ciudadana es nuestro mayor flagelo, pero los peruanos ya nos aventuramos con Humala y nos equivocamos, y por eso el voto en 2016 debiera ser, mas bien, conservador. Esta es mi percepción y no una regla, pues la única regla reciente del comportamiento del electorado peruano es que no se puede predecir.

Busquémosle entonces lo positivo a las cosas pues Humala no alcanzó a arruinar del todo al país porque hasta para eso hay que tener cierto talento (Vergara dixit). Nos gusten o no, los tres candidatos favoritos tienen cosas interesantes que mostrar. Alan García realizó un buen segundo gobierno y tiene las ideas claras como para retomar las riendas del país con rapidez. Keiko Fujimori finalmente se dedica a la política y el fujimorismo también. Nos asusta su ausencia de credenciales democráticas pero quizá estén esperando la oportunidad de obtenerlas. PPK está detrás de lo bueno, poco o mucho, que hizo Toledo durante su único gobierno.

Es fácil decir que las próximas elecciones serán una mierda. La pregunta es qué vas a hacer tú, líder de opinión, para evitarlo. Porque con un poco de humildad y aceptando la voluntad popular podrías conducir el debate hacia los grandes problemas y desafíos nacionales en el corto y mediano plazo. De hecho, soy el convencido de que nadie mejor que tú para elevar el nivel de la discusión y obligar a los candidatos a exponer sus propuestas. Por eso, si el próximo proceso electoral deriva en una pelea de perros, tú también serás responsable. Piénsalo bien, porque se trata de nuestro país y de nuestra democracia.

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La nota de rosa María Palacios

 http://larepublica.pe/impresa/opinion/16387-cambio-o-muerte