Archivo por meses: Noviembre 2011

SUSPENSIÓN DE MI COLUMNA EN LA REPÚBLICA

Queridos amigos:

Debo anunciarles que acabo de recibir la noticia de que mi columna HIstoria&Presente no continuará en el Diario La República. Al respecto, quiero expresarle públicamente mi agradecimiento por la oportunidad de dirigirme al gran público durante 4 meses al Jefe de la Sección de Opinión de LR y amigo personal, Federico de Cárdenas, la que extiendo a la Dirección del diario. También al Amigo Samuel Adrianzén de la PUCP quien gestionó esta posibilidad.

Historia&Presente no continuará en La República

No voy a opinar publicamente sobre esta decisión porque no está en mí señalar la propiedad, calidad o pertinencia de la línea ideológica de mi columna, sí he querido ser yo quien difunda la noticia y se encargue de darla a conocer a mis lectores, que por el número de “likes” de Historia&Presente, iba creciendo de manera constante.

Gracias pues por valorar mi trabajo, yo voy a seguir publicando Historia&Presente a través de Palabras Esdrújulas, y difundiéndola a través de facebook, así que nada, la función debe continuar.

Un fuerte abrazo

Daniel Parodi Revoredo » Leer más

LIBRO SOBRE LEONCIO PRADO

PRADITO

Por: Daniel Parodi Revoredo±
Leoncio Prado

La historia del siglo XIX y la del XX comparten el mismo error. Ambas se esforzaron mucho por darle al ciudadano de a pie, la verdad acerca del pasado. Eran otros tiempos, eran tiempos en los que los paradigmas filosóficos nos convencían de sus propias certezas.

De esta manera, en el siglo XX el positivismo científico planteaba que todo podía y debía ser demostrado a través de la experimentación empírica. Por su parte, las ciencias sociales paulatinamente se apropiaron del siglo XX y nos convencieron que todo debía explicarse porque remitía a una estructura, ya sea social, económica o política; en esos términos, el sujeto individual poco podía hacer para interferir en el curso de los acontecimientos.

Pero en el siglo XX hubo dos avisos de que algo andaba mal y de que no era tan fácil como se pensaba estar tan seguro de la certeza de nuestras antiguas certidumbres. Por un lado, la Segunda Guerra Mundial se llevó consigo a sesenta millones de personas, nada más y nada menos, incluidos holocaustos y bombas atómicas. ¿Podía ser verdad entonces esa convencida idea de que el desarrollo de Occidente llevaba a la humanidad de la mano hacia su progreso? ¿estábamos hablando de lo mismo? ¿Era ese mismo progreso el que había sembrado el mundo de dolor y de destrucción?

Por otro lado, el 1989 se cayó el muro de Berlín y se llevó consigo a la URSS, al bloque socialista, al telón de acero, al mundo bipolar y de paso al marxismo que había anidado en las ciencias sociales; y además del marxismo a sus primos cercanos: el estructuralismo y el funcionalismo. Fue entonces cuando volvimos a sentir el tiempo. Las estructuras dejaron de aprisionarnos y experimentamos el deseo de volver a ser plenamente humanos, plenamente individuos, plenamente nosotros, plenamente yo y fue entonces cuando recuperamos la capacidad de emocionarnos, de ser románticos y de crear.

Y fue entonces también cuando comprendimos que la historia es verdad, pero es una verdad libre, es una verdad que cambia constantemente porque cambian también los que la narran y cambian los tiempos en los que es narrada. Y es al fin, al comprender que la historia posee una dimensión narrativa, que nos sentimos de nuevo con el derecho a admirar el pasado y a admirarnos con el pasado, y a identificar en él nuestros viejos y entrañables arraigos, nuestras viejas y entrañables querencias, como la querencia por la patria, por la tierra, por el hogar.

En este nuevo contexto, Pradito de Luis Cuadra es una delicia y es que el autor, en su relato, decidió asumir la identidad de su personaje, decidió convertirse en él, para que así el mismo Leoncio Prado nos narre su vida, azarosa e intensa desde su nacimiento. En estos tiempos super modernos, Pradito me evoca alguna película de aquellas que sugieren que el hombre lleva consigo un dispositivo que registra todos los instantes de su vida.

En Pradito, es el mismo Leoncio Prado el que cobra vida para nosotros y nos relata en primera persona -con delicada sensibilidad- la infancia, el dolor de la bastardía y el re-encuentro amoroso con el padre ausente, el que a posteriori sería presidente Mariano Ignacio Prado. Pero será pronto cuando Pradito descubra esa vocación por la vida, entendida como aventura profundamente patriótica. Alférez de fragata a los trece años, Pradito supo desde el inicio, de su destino patriótico en ciernes.

No quisiera, en estas líneas, descubrir los contenidos de este relato, que es menester descubran ustedes mismos en otra aventura, la de la lectura, que simbióticamente se fusionará, sin duda, con la vida de tan alto personaje de la patria. A Leoncio Prado, Luis Cuadra le ha dado de nuevo el halo de la vida, para que, en una dimensión intermedia entre la realidad y la ficción, converse con nosotros de las querencias, los azares y de la amada patria.
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CIEN MIL PALABRAS ESDRÚJULAS

Queridos Amigos:

Su blog Palabras Esdrújulas ha llegado hoy a las CIEN MIL (100.000) VISITAS. Cuando comenzamos recíbíamos en promedio 14 visitas diarias y hoy contamos con más de 200 visitas al día. Su confianza nos anima a seguir en este empeño de brindarles un blog serio, ponderado y propositivo, especializado en las relaciones peruano-chilenas, la Guerra del Pacífico y la política peruana.

Por su confianza, muchísimas gracias
DANIEL PARODI REVOREDO

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DEBATE SOBRE VELASCO / HUGO VALLENAS Y DANIEL PARODI

Estimados lectores: mi artículo “El otro Andahuasi” motivó la documentada crítica del historiador Hugo Vallenas, con quien he sostenido un diálogo acerca de la Reforma Agraria aplicada por Velasco, el que comparto con Ustedes.

Cordialmente

Daniel Parodi Revoredo

p.d. El debate puede leerse también en el blog de inspiración aprista SOPA TEÓLOGA, del que participan el Dr. Vallenas junto con un importante grupo de jóvenes profesionales y estudiantes universitarios.
http://www.lasopa.pe/2011/11/respuesta-de-daniel-parodi-hugo.html

EL OTRO ANDAHUASI

“A través de los años, han sido los campesinos dueños de las tierras que dejaron su esfuerzo, sudor y vida en los surcos. Vienen unos cuantos delincuentes de saco y corbata y pisotean sus derechos. Hoy la historia se escribe con sangre… con sangre de Pueblo, con sangre de esperanza”.

Blog “Andahuasi no se vende”.


AZUCARERA ANDAHUASI

Yo crecí creyendo que la reforma agraria de Velasco fue un acto de justicia porque repartió la tierra entre los que la trabajaban y mi conocimiento adulto confirmó mi percepción infantil. Antes de su aplicación, en el Ande peruano regía la autoridad de los gamonales, quienes ejercían sobre los campesinos un poder señorial, ante la condescendiente abdicación de la autoridad del Estado.

También supe que durante el transcurso del siglo XX se produjo una transición demográfica que rompió la relación hombre-suelo en el campo; había muchos campesinos y la concentración de la propiedad les impedía acceder a la tierra. Por esta razón, desde 1950 la invasión de haciendas se convirtió en práctica común y la reforma agraria ingresó en la agenda política. Finalmente, en 1969 Velasco la aplicó y acabó con el latifundismo, el gamonalismo, el señorialismo, y con todos los rezagos coloniales que aún pervivían en nuestra serranía, tan alejada de la ciudadanía, de la inclusión y de la igualdad.

El problema es que Velasco no se limitó a repartir las tierras del latifundio serrano, sino que nacionalizó también las haciendas agro-industriales de la costa norte, cuya producción azucarera y algodonera se destinaba a la exportación. Consultado sobre aquello, Velasco dijo que era imperativo acabar con la oligarquía y que aquello no sería posible si no se afectaba la base fundamental de su poder. Yo debo confesar que de nuevo mi percepción infantil confluye con mi conocimiento adulto. La oligarquía no fue ni buena, ni mala, simplemente fue, pero para 1969 el hombre ya estaba en la Luna y Cachito Ramírez nos clasificaba a México 70 con sus dos golazos en la Bombonera: el Perú hacía rato que no estaba para patrones y aristocracias.

Pero el mundo da vueltas, literalmente. En 1989 cayó el muro, cayó el socialismo, arremetió el neoliberalismo y, para ser honestos, las reformas de Velasco lastimaron el aparato productivo nacional, la sustitución de importaciones no funcionó, y nuestro Estado, entre la bancarrota y el terrorismo, estaba ávido de capitales frescos que proviniesen del sector privado. De allí la ley fujimorista de 1995 que creó las condiciones para la privatización irrestricta de la tierra y de allí también que la mayoría de cooperativas agrarias se haya reprivatizado.

En 2010, el gobierno anterior intentó equilibrar un tanto la situación. Se propuso un límite de 40.000 hectáreas para el latifundio –que equivale nada menos que al área de todos los valles de Tacna, Moquegua, Tambo, más algunos de Arequipa, juntos– pero la propuesta motivó la enérgica protesta de los voceros mediáticos de la derecha, quienes denunciaron el tufillo velasquista de la timorata sugestión. Quedó allí.

Con este repaso de la historia agraria del Perú he querido subrayar que en la cuestión de Omar Chehade nos hemos olvidado de la historia; como siempre preferimos el escándalo y la peliculina. Claro que se trata de un tráfico de influencias, y grosero además, pero también se trata de una triste abdicación de los principios ideológicos del nacionalismo.

Presidente Humala, lo elegimos para ser un presidente de izquierda, sistémicamente, pero de izquierda. Los veinte años de neoliberalismo que deja atrás el país han atraído inversiones y reducido la pobreza. Pero combatir la desigualdad y la exclusión no es parte de la agenda neoliberal y por eso lo hemos elegido para que nuestra sociedad acceda a un Estado más arbitral y deliberante, más justo y equitativo. Lidere pues, señor Presidente, y expulse de su entorno a los que obstruyen el proyecto por el que votamos.

(*) Historiador PUCP.https://www.facebook.com/parodidaniel

Réplica del Historiador Hugo Vallenas

El destacado historiador, buen amigo de La Sopa Teóloga y notable cultor del afro-jazz (lidera el grupo Lavanda Afro & Rock), don Daniel Parodi, ha publicado en La República del 11 de noviembre un elocuente artículo demandando al Presidente Humala cumplir con sus promesas de respaldo a los trabajadores y campesinos azucareros de Andahuasi. Para quienes no han podido leerlo lo transcribimos más abajo.

Totalmente de acuerdo con don Daniel en que “combatir la desigualdad y la exclusión no es parte de la agenda neoliberal”, por lo cual se hace indispensable que el Presidente Humala “lidere” y “expulse de su entorno” a quienes representan no sólo corrupción sino además complicidad con intereses monopolistas, como es el caso del vicepresidente Chehade, lobbysta del grupo Wong. En La Sopa Teóloga no nos hacemos muchas ilusiones respecto al actual gobierno pero igual es indispensable exigir la salida de los grupos más retardatarios y antidemocráticos.

Sin embargo, no deja de ser importante discutir los referentes teóricos del planteamiento del profesor Parodi. Él señala como un dato fundamental a tomar en cuenta la reforma agraria que “en 1969 [el general Juan Velasco] aplicó y acabó con el latifundismo, el gamonalismo, el señorialismo, y con todos los rezagos coloniales que aún pervivían en nuestra serranía, tan alejada de la ciudadanía, de la inclusión y de la igualdad”. Añade don Daniel que Velasco consideró “imperativo acabar con la oligarquía” en un país que “hacía rato que no estaba para patrones y aristocracias”.

Una mirada crítica a la reforma agraria velasquista

Ojalá fuera cierto todo lo que refiere Daniel Parodi. El general Velasco tomó el poder en octubre de 1968 con un firme propósito reformista pero no tuvo un equipo de cuadros de conducción política ni un movimiento o partido político que le diera respaldo para desarrollar sus objetivos. Ni siquiera tuvo el consenso adecuado en la propia Fuerza Armada. Por tratarse de una dictadura, la gestión de la reforma agraria iniciada en 1969 fue excesivamente vertical y económicamente deficiente.

A diferencia de la revolución mexicana, que sentó la premisa de la nacionalización de la tierra para luego transferirla a los campesinos (como postulaba el APRA en 1926 y 1928), dejando en manos del Estado todos los pormenores de la indemnización a los antiguos latifundistas; la reforma agraria peruana de 1969-1975 estableció una lista de cuotas de afectación y transfirió todas las obligaciones de la deuda agraria a los adjudicatarios, que sólo tenían una reserva de dominio temporal sobre la tierra. A esto se agregó la arbitraria imposición de tres tipos de empresas asociativas que el Estado teledirigía: las cooperativas agrarias de producción (CAPs), las sociedades agrícolas de interés social (SAIS) y las empresas rurales de propiedad social (ERPS), cuyas decisiones gerenciales eran dictadas por el gobierno al margen de los campesinos.

La reforma agraria militar quedó inconclusa y cimentó una crisis productiva, que nos obligó a importar alimentos básicos. Hasta 1976 sólo el 39,6% de la PEA rural fue beneficiada por la reforma. Además, las nuevas formas empresariales (CAPs, SAIS y ERPS) resultaron ineficientes: llegaron a controlar el 45% de la tierra agrícola pero sólo generaban el 21,9% del valor bruto de producción agropecuario (VBPA). Y lo más importante de todo: la reforma no tomó en cuenta al millón de minifundistas con menos de 3 hectáreas que representaba casi la mitad de PEA rural (cuyo total sumaba 2,3 millones de trabajadores sin considerar sus familias); estos últimos siguieron desamparados desde el punto de vista legal y crediticio (ver: José Matos Mar y José Mejía: La reforma agraria en el Perú, IEP, Lima, 1980, cuadros 26, 27 y 28). La reforma agraria no llegó a cumplir sus fines y terminó siendo impopular.

La mejor prueba de ello es que la reforma agraria militar no generó un sindicalismo rural defensor del “proceso peruano”. Se formó, por el contrario, un fuerte sindicalismo campesino opositor “clasista” (es decir, comunista) que veía en la reforma agraria una maniobra para abrir el camino hacia la inversión rural a “los sectores más dinámicos y modernos de la burguesía monopólica”, antes marginados del campo por el viejo latifundismo conservador (ver: Luis Rocca Torres: Imperialismo en el Perú. Viejas ataduras con nuevos nudos. Imp. Ramos. Lima, 1973, p. 30).

Las empresas asociativas creadas con la reforma agraria militar tampoco tuvieron grandes inyecciones de capital ni políticas promocionales. Por ejemplo, las CAPs azucareras de la costa norte, no obstante sufrir una baja en los precios internacionales de sus exportaciones, mantuvieron una elevada presión tributaria y no se les concedió (como sí ocurrió con el sector minero privado de esos años) exoneraciones por reinversión. Al final el subsector colapsó y fue declarado en emergencia en 1977 (ver: Enrique Juscamaita y otros: La reforma agraria y permanencia de los enclaves en la periferia. El caso de la agroindustria azucarera peruana, ECO, Lima, 1978, p. 45).

El sociólogo Aníbal Quijano denunció en 1971 el nuevo tipo de conflictos que el gobierno militar generaba en las grandes haciendas intervenidas en la costa norte, entre ellas Tumán, donde se enfrentaban “los trabajadores de las ex haciendas cañaveraleras […] y la burocracia administrativa de las mismas”, ya que “los administradores, técnicos y dirigentes de las cooperativas agroindustriales tienen sueldos mucho más altos que cuando existía el régimen terrateniente privado” (ver: Aníbal Quijano Obregón: Nacionalismo, neoimperialismo y militarismo en el Perú, Ed. Periferia, Buenos Aires, 1971, p. 207). La corrupción rápidamente tomó control del proceso reformista, amparada por el sistema dictatorial.

Y respecto al punto de vista del campesinado organizado, esta es la percepción de la reforma agraria que difundían los dirigentes campesinos “clasistas” (que eran además perseguidos por la dictadura): “Conviene precisar aquí el sentido de la llamada reserva de dominio de la que los intelectuales nacionalistas reformistas ‘militantes del proceso’ no dicen una sola palabra. Para estos, los campesinos ya son ‘dueños de su destino’, ya son ‘propietarios de sus medios de producción’, y eso no es cierto. Serán propietarios cuando hayan pagado toda la deuda agraria. La reserva de dominio la tiene el Estado, que conserva el derecho de despojar la adjudicación de los predios a los campesinos que no han cumplido con pagar” (ver: Pedro Atusparia: La izquierda y la reforma agraria peruana, Ediciones Labor, Lima, 1977, pp. 5 y 6).

Por cierto, esto no niega que la reforma agraria velasquista tuvo una gran importancia política (puso en evidencia la cruda realidad del latifundismo hasta para el peruano más desinformado) y prestó atención a la protesta secular de los campesinos. Pero no podemos idealizarla ni tomarla como un modelo válido. Fue dictatorial y al final fue capturada y aprovechada por los “monopolistas modernos” del estilo de Dionisio Romero.

Este comentario tampoco puede desconocer que la reforma agraria velasquista llenó un vacío político creado por los drásticos recortes que hizo nuestro querido Partido Aprista Peruano al programa agrario que lo caracterizó desde su fundación. En sus Congresos internos, el PAP reafirmaba su adhesión a los principios agrarios de la revolución mexicana pero en la política cotidiana, al menos desde 1963 hasta 1968, supeditó sus propuestas a los intereses de los grandes propietarios agroindustriales que formaban parte del partido que era su aliado parlamentario, la Unión Nacional Odriísta (por ejemplo Julio de la Piedra, connotado líder de la UNO, era el principal propietario de la hacienda Pomalca).

Mi respuesta al historiador Hugo Vallenas

Querido Hugo:

Te respondo más bien de manera breve las interesantes observaciones que le haces a mi artículo “El otro Andahuasi” porque, en realidad, nuestras coincidencias son mucho más de lo que parecen y superan largamente nuestras discrepancias.
Hay tres puntos que sí quisiera discutir contigo:

1.- En tu réplica citas una serie de autores que ofrece datos estadísticos acerca de los negativos resultados de la Reforma Agraria. Parecería, por ello, que yo hubiese presentado una Reforma Agraria exitosa y triunfal, cuando lo que he dicho en mi artículo es que “las reformas de Velasco lastimaron el aparato productivo nacional, la sustitución de importaciones no funcionó, y nuestro Estado, entre la bancarrota y el terrorismo, estaba ávido de capitales frescos que proviniesen del sector privado. De allí la ley fujimorista de 1995 que creó las condiciones para la privatización irrestricta de la tierra y de allí también que la mayoría de cooperativas agrarias se haya reprivatizado”.

En tal sentido, lo que haces parecer como el centro de nuestra discrepancia es en realidad una coincidencia y por ello nada más tengo que añadir al respecto.

2.- Lo que sí sostengo en mi artículo –y me reafirmo en el concepto- es que Velasco “acabó con el latifundismo, el gamonalismo, el señorialismo, y con todos los rezagos coloniales que aún pervivían en nuestra serranía, tan alejada de la ciudadanía, de la inclusión y de la igualdad.” En otras palabras, con Velasco se eliminan los rezagos de antiguas formas de dominación, profundamente arraigadas, que durante buena parte del siglo XX fueron denunciadas por el aprismo, el movimiento indigenista, entre otros. Los errores en la formulación de esta Reforma Agraria –que tú has apuntado de manera muy documentada e irrebatible- generan problemáticas nuevas, pero son otras problemáticas. La Reforma Agraria de Velasco no fue un éxito, no permaneció, no generó –como tú dices y yo omití en El Otro Andahuasi- un modelo a seguir, entonces lo aclaro en estas líneas.

3.- Vinculado con el punto anterior, tú sostienes que la Reforma Agraria sólo puso en evidencia la cruda realidad del latifundismo, cuando yo pienso que acabó con él, a pesar de generar nuevas problemáticas. Cuestionas además la verticalidad de la Reforma toda vez que fue ejecutada por un gobierno militar. Aquí yo encuentro que recoges un lugar común en el aprismo en torno al velascato. Así, por ejemplo, hace muchos años escuché a Fernando León de Vivero sostener que Velasco quiso hacer revolución sin pueblo. Reconoces, no obstante, que las omisiones programáticas del Partido Aprista favorecieron la aplicación de otras alternativas, y es aquí donde yo encuentro un primer paso para reinterpretar Velasco desde una mirada más contemporánea.

Sobre el particular, yo creo que la tarea es historizar más el siglo XX, lo que implica separar el análisis histórico del juicio político. Así como he cuestionado a Nelson Manrique por utilizar en su estudio sobre el aprismo una serie de lugares comunes de la Nueva Izquierda setentera, pienso que también nosotros deberíamos despartidarizar el análisis histórico del siglo XX, para enfocarlo como un proceso de larga duración, rico, acelerado, conflictivo y complejo; y dentro de él colocar y discutir la trascendencia de sus diferentes actores.

Un abrazo fraterno

Daniel
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ODIO Y RECONCILIACIÓN: el caso peruano-chileno

Estimados amigos: hace unos días fui entrevistado por Alessandra Verme, estudiante de comunicaciones de la Universidad de Lima, acerca de la problemática peruano-chilena. Reproduzco la nota par ustedes.

Cordialmente

Daniel Parodi Revoredo

ODIO Y RECONCILIACIÓN: EL CASO PERUANO-CHILENO

¿Podemos pasar del odio a la reconciliación?

Entrevista de Alessandra Verme Rey, estudiante de comunicaciones de la Universidad de Lima
Tema: Nacionalismo Peruano vs Nacionalismo Chileno

1.Hoy en día existe un resentimiento y rechazo entre muchos peruanos y chilenos que se dice que se remonta a la historia. ¿Usted que opina? ¿Se le podría llamar un síndrome post-bélico?

Creo que sí y para ambos casos, aunque en Chile no lo reconocen y piensan que es un tema sólo peruano. En realidad en Perú existe un recuerdo traumático lo que implica la no superación del tema, y en Chile una negación del daño infligido al otro – Perú y Bolivia- , lo cual también implica no superar la cuestión.

2.¿Usted cree que este sentimiento anti chileno y anti peruano viene desde las discusiones entre Almagro y Pizarro?

No, porque para entonces Perú y Chile no existían como repúblicas; sin embargo, los imaginarios nacionales de ambos sí remontan a la conquista el origen del problema. Esto es una paradoja, el problema no se originó con Pizarro y Almagro, pero pensamos que sí, entonces sí se originó con Pizarro y Almagro.

3.Los peruanos han desarrollado un sentimiento de inferioridad al ser enfrentados a los chilenos, ¿podría ser debido a la pérdida de la Guerra del Pacífico?

Tú ya das por sentado el sentimiento de inferioridad, creo que hay algo de ello pero atañe la psicología colectiva, tema en el que yo mismo me muevo con respeto. Sí creo que el Perú oficial construyó su discurso de nación –esto es a la nación misma- en oposición a Chile; es decir, nuestro nacionalismo tiene dos ramas fundamentales: el orgullo por la historia, por las tradiciones y el otro es el anti-chilenismo, somos Perú porque no somos Chile. Perder la guerra es el nervio que sostiene el anti-chilenismo, qué duda cabe.

4.Los peruanos también dicen que desde la Guerra del Pacifico, Chile ha comenzado una carrera armamentista invirtiendo más de lo debido en la compra de armas, ¿deberían los peruanos resentir este hecho?

Mira, sí hay un Chile con vocación de estrella solitaria; el estado más organizado y desarrollado de la región, eso le otorga ventajas, una de ellas es la militar. No veo hipótesis bélicas a la vuelta de la esquina pero el inmenso desequilibrio estratégico en el equipamiento militar de Chile respecto del Perú no es un escenario ideal.

5.Se han reportado casos de xenofobia en donde los peruanos se han sentido degradados por actos chilenos e incluso se han reportado muertes, ¿Cómo puede existir un rechazo tan grande hacia otra cultura tan parecida a la chilena? ¿Qué medidas se pueden tomar contra esto?

No sé de qué muertes hablas, no he sabido de ninguna. Las actitudes xenófobas son la manera como aterriza a lo cotidiano la rivalidad de la que te hablo. Por eso yo he sostenido en medios que el Perú y Chile –tras el fallo de la Haya- tienen que involucrarse en un proceso de reconciliación bilateral para sanar las heridas del pasado y cambiar la mirada que uno tiene sobre el otro y viceversa.

6.Se han reportado dos casos muy importantes en la historia acerca del espionaje chileno en Perú, Perú ha reaccionado ambas veces de manera muy tranquila, ¿cree usted que se deberían haber tomado medidas más serias contra Chile?

Sí se capturó a un espía en tiempos de García. Creo que Perú ha manejado en general muy bien la relación con Chile en el gobierno anterior. García Belaúnde no cayó nunca en la provocación y más bien los cancilleres chilenos Foxley y Fernández adoptaron un tono agresivo que no favoreció la posición chilena. Con el espía se hizo lo que se tenía que hacer, ni más, ni menos.

7.¿Usted cree que el sentimiento de rechazo entre los peruanos y chilenos ha aumentado en los últimos años?

Sí, lamentablemente. Las razones son varias, para no perdernos en ellas diré que todo el desarrollo de la tecnología de la información no ha ayudado. Los foros, redes sociales, se han convertido en caja de resonancia de la rivalidad de la que hablamos. Por ello te repito qua la salida es la reconciliación. Un proceso de reconciliación no es solo una palabra bonita, otros países como Francia y Alemania lo han aplicado con éxito y han llevado a cabo una serie de acciones, desde el perdón por el pasado, hasta los intercambios juveniles. Por eso ahora ambos lideran Europa juntos, porque se reconciliaron.

8.¿Qué tanto cree usted que los medios de comunicación influyen en el anti chilenismo y el anti peruanismo?

Mucho, desgraciadamente, hablé de ello en mi respuesta anterior.

9.¿Cree usted que el hecho de que ambos países tengan sistemas económicos tan parecidos, influye en la gran competencia que ambos sienten? ¿Por qué?

No, la rivalidad es anterior, y aunque tuvo también su lado económico en la rivalidad comercial entre el Callao y Valparaíso el siglo XIX, las similitudes económicas son el elemento que hoy nos acerca. El intercambio bilateral es cada vez más fuerte, nuestras economías son cada vez más interdependientes, se necesitan la una a la otra. Además, concurrir a la globalización como bloque regional es mucho más interesante. Es más, yo creo que la interdependencia económica es la que puede terminar empujando la aplicación de un proceso de la reconciliación, porque los rencores del pasado son una traba para el desarrollo.

10.En una entrevista, el presidente Humala dijo que el 70% de los capitales que actualmente administran el sistema portuario del Perú son chilenos, ¿qué le parece a usted que se deba hacer al respecto?

Por eso se requiere la reconciliación con el pasado en tanto que proceso político. Existe la percepción de que la presencia del capital chileno en los puertos peruanos es un riesgo geopolítico, entonces hay que atacar esa percepción que remite a la mala relación bilateral, la que remite, a su vez, a la Guerra del Pacífico.

11.¿Tiene algún otro comentario acerca del rencor que existe entre estos países vecinos?

Que demostramos inmadurez al mantenerlo.

DANIEL PARODI REVOREDO
Parodi.da@pucp.edu.pe
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EL OTRO CHAVIN DE HUANTAR

EL OTRO CHAVÍN DE HUANTAR
Publicado hoy en La República

“A mí me diferencia de un terrorista no ser como él. Por eso deploro cualquier ejecución extrajudicial por la razón que fuere, deploro la de Bin Laden, la de Gadafi, y la de los terroristas que se rindieron en Chavín de Huántar, si es ese el caso. Esto no me convierte en simpatizante de ninguno de los mencionados, por el contrario exigir el Estado de derecho para ellos, es lo que me diferencia de sus crímenes y de su brutalidad”.

Hace unos días publiqué el epígrafe anterior en la red social y las respuestas que obtuve –todas respetables– llamaron poderosamente mi atención. La mayoría me tildó de bienintencionado pero ingenuo, hubo quien me indicó que en esos casos lo que importa es quién dispara primero y no faltó quien, en tono sentencioso, me recordó que “quien a hierro mata a hierro muere”.

Yo quiero creer que son cuatro mil años los que nos separan del Código de Hammurabi y cerca de tres mil los que nos alejan de las leyes de Dracón. Así y todo, reconozco que ambos códices establecieron un primer límite a la venganza pura y dura, es decir, establecieron la frontera entre la sociedad y la jungla.


Mussolini fue masacrado por la muchedumbre

Pero soy ingenuo y es por eso que en clase algunos alumnos me miran con ironía o, lo que es peor, con compasión. Tal parece que no acepto que la realidad ha superado la ficción y que Rambo –ese superhéroe que aterriza en Vietnam en paracaídas y mata en tiempo récord a cuanto vietnamita puede– ha sido desplazado por un comando de marines de verdad, ese que le cayó encima a Bin Laden y lo mató a él, a su hijo y a varios de sus sobrinos.

Europa, a su vez, no quiso perderse el sangriento reality y entonces le lanzó algunos cohetes teledirigidos a Muamar el Gadafi; él se salvó, pero no algunos de sus hijos y nietos. El resto de la historia la conocemos, el dictador libio acabó su vida parapetado en su reducto más leal, hasta que fue capturado por milicianos rivales y asesinado brutalmente y ante cámaras, como no podía ser de otra manera.

Una imagen que me viene a la mente al evocar estos sórdidos sucesos es la muerte de Benito Mussolini. Casi al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Mussolini fue capturado por partisanos que lo ejecutaron sumariamente junto a Clara Petacci, su compañera sentimental. Tras ello, los cuerpos fueron expuestos en la plaza Loreto de Milán en donde fueron ultrajados por la multitud hasta dejarlos irreconocibles. Finalmente, fueron colgados en el grifo de la plaza.

Yo creía, sin duda ingenuamente, que la Segunda Guerra Mundial había terminado y que, debido a su secuela de sesenta millones de muertos–holocausto y bombas atómicas incluidas–, se organizó algo llamado ONU con la pretensión de establecer una jurisdicción internacional que debía ser acatada. También pensaba que el trauma que dejó la citada gran conflagración había impulsado el desarrollo de conceptos nuevos como Derechos Humanos, del niño, de la mujer etc., precisamente para terminar de apartarnos de esa jungla bárbara que a veces añoramos tanto como Adán a su Edén.

Sobre Chavín de Huántar seré claro, en un operativo así se dispara a matar, se trata de una operación militar para rescatar a los rehenes de una banda terrorista. Distinto es dispararle en la nuca a un hombre rendido –si es ese el caso– pues hasta Hammurabi y Dracón creyeron pertinente el Estado de derecho para que sea la sociedad la que sancione a sus criminales.

Pero he olvidado una vez más lo ingenuo que soy. En todo caso, reivindico mi derecho a escoger a mis héroes y a sentirme aliviado de que estos no sean los que me sugieren acaloradamente Rafael Rey y Jaime de Althaus. En mi candidez, seguiré evocando a Miguel Grau en Iquique, rescatando del mar a los sobrevivientes de la Esmeralda.
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DÍA DE LA CANCIÓN CRIOLLA

LA GALA DEL CRIOLLISMO

Lima está de fiesta, la canción criolla se viste de gala
Las guapas limeñas lucen su belleza y gracia sin par
Las cuerdas de la guitarra trinan, los criollos corazones vibran
A los alegres sones de la canción popular
Vals, Acuarela Criolla

Cantante Eligio Ronceros, gran criollo bajopontino

Se nos viene un nuevo día de la canción criolla que de seguro nos traerá, además de jaranas en callejones, centros musicales y peñas, el pánfilo debate acerca de su peruanidad, su autenticidad y hasta de su “posición política”. La referida polémica es sin duda extraña pues cuestiona una manifestación cultural no en base a criterios estéticos sino ideológicos. Más extrañas aún son algunas afirmaciones que he escuchado como: “el criollismo tomó el poder en la época de Velasco”; “el criollismo es la careta oficial del Estado que posterga a la música andina” y otras más que, por perogrullescas, no voy a reproducir.

Me parece que las ideas anteriores provienen de una lectura bastante trasnochada del Amauta José Carlos Mariátegui, cuya acertada crítica del centralismo limeño fue indistintamente aplicada por sus seguidores a las expresiones culturales limeñas, muchas de ellas de origen más bien popular. Curiosa confusión: aquellos criollos tildados casi de reaccionarios fueron los mismos zapateros, panaderos, tendederos y trabajadores textiles que conquistaron la jornada de las ocho horas en 1919, y Mariátegui los apreciaba mucho.

La cuestión de Velasco es también exuberante. En los últimos cuarenta años he escuchado y visto diferentes spots publicitarios, algunos de ellos políticos y es común que utilicen tal o cual género musical para difundirse. Este fue el caso de la omnipresente tecno-cumbia “el ritmo del chino” en 2000. No me quedan dudas de que las políticas asistenciales que el fujimorismo aplicó a los sectores urbano-marginales le han granjeado una clientela política cautiva, pero de allí a decir que la tecno-cumbia es fujimorista hay un paso hacia el abismo de la sinrazón y la ignorancia que yo no voy a dar.

Es cierto que durante el Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada se difundieron dos bellos valses -“Contigo Perú” e “Y se llama Perú”- como parte de su programa nacionalista. Estas canciones se hicieron tan populares que han trascendido en el tiempo y hasta el día de hoy forman parte de nuestro acervo patriótico. Sin embargo, cabe recordar que fue también Velasco quien aplicó la Reforma Agraria y convirtió a Túpac Amaru II en precursor indígena de la Independencia y la nación peruanas. Si un régimen en el siglo XX se preocupó por reivindicar lo andino, éste fue el de Velasco. Por ello creo pertinente una reinterpretación del proyecto nacionalista del GRFA, el que apuntó hacia la construcción de una nación plural, mestiza e inclusiva, nutrida por manifestaciones culturales diversas.

En los actuales tiempos, de fragmentación ideológica y globalización, el flolklore debe ser visto como parte del amplio repertorio cultural que conforma la identidad del individuo. Lo criollo, lo andino y lo amazónico; el vals, el huayno y la tecno-cumbia forman parte de él cuando dicho individuo es peruano. Por lo pronto baste con comprender la cuestión y a ver si este 31 de octubre les permitimos a los seguidores de Felipe Pinglo, Carlos Saco, Pedro Espinel y Pablo Casas jaranearse como es debido, sabedores de continuar una hermosa manifestación de la cultura peruana.
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