Archivo por meses: Mayo 2012

ECUADOR NO INFLUYE EN LA HAYA

Ecuador no influye en La Haya

Historiador Daniel Parodi Revoredo
En marzo del año pasado, Ecuador presentó la carta náutica conteniendo sus límites marítimos a la ONU y, paso seguido, instó al Perú a fijar conjuntamente la frontera marítima bilateral, bajo amenaza de intervenir en nuestro diferendo con Chile en La Haya en caso de negarnos. Aunque entonces las formas diplomáticas ecuatorianas carecieron de cualquier sutileza, el Perú se allanó a su solicitud y en mayo del mismo año se fijaron los límites referidos.

Como era esperable, la parte chilena buscó sacar provecho de la coyuntura, toda vez que el paralelo geográfico fija la frontera marítima entre Perú y Ecuador, y Chile pretende lo mismo en su litigio con nosotros. Lamentablemente para sus intereses, lo que dice el tratado de Santiago sobre Zona Marítima de 1952 es, textualmente, lo siguiente:

IV) En el caso de territorio insular, la zona de 200 millas marinas se aplicará en todo el contorno de la isla o grupo de islas. Si una isla o grupo de islas pertenecientes a uno de los países declarantes estuviere a menos de 200 millas marinas de la zona marítima general que corresponde a otro de ellos, la zona marítima de esta isla o grupo de islas quedará limitada por el paralelo del punto en que llega al mar la frontera terrestre de los Estados respectivos.

En otras palabras, el tratado de 1952 sostiene que el paralelo funge de frontera marítima cuando hay islas de por medio. Ese es el caso peruano-ecuatoriano, pero no es el caso peruano-chileno y por ello mismo es el tribunal de La Haya el que va a resolver nuestros límites marítimos con Chile. Hay que añadir, además, que ni el tratado de 1952, ni el de 1954 son tratados de límites y que el tribunal de la Haya suele rechazar lo que podríamos llamar “tratados implícitos”. En otras palabras, si los tratados de 1952 y 1954 no son de límites, la corte de la Haya no tiene por qué tomarlos como tales.

Por todo lo expuesto, no creo que la suscripción ecuatoriana de CONVEMAR afecte de algún modo la posición peruana ante la Haya, al menos, no más de lo que pudo afectarla la delimitación del límite marítimo peruano-ecuatoriano en mayo del año pasado. En aquel entonces, fueron las mismas autoridades del vecino país norteño las que declararon, con meridiana claridad, que los acuerdos suscritos con nosotros no suponen su intervención, ni directa, ni indirecta, en el litigio peruano-chileno que ventila la Corte Internacional de Justicia.

Para concluir, reitero que suscribo a los diplomáticos y políticos peruanos que están poniendo paños fríos en este tema, que va a tener diversas puestas en escena y tensiones hasta el anuncio del fallo. Más bien, hay que prepararse para acatar la sentencia que fuere y procurar aprovecharla para promover la reconciliación con el pasado y para descontaminar la relación binacional.

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EL FALLO DE LA HAYA SERÁ DIVIDIDO

Estimados amigos:

Comparto con ustedes entrevista del pasado martes en el programa MUNDO N de Carlos Fonseca, de CANAL N, que he titulado EL FALLO DE LA HAYA SERÁ DIVIDIDO, espero sea de su agrado.
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en MUNDO N, de Carlos Fonseca

http://www.youtube.com/watch?v=bCXMQuvbRLY

Cordialmente

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MINAS Y TRAUMA DEFENSIVO DE CRISTIAN LEYTON

Estimados lectores:

Comparto con ustedes la colaboración que acaba de enviarme el analista y geoestratega chileno Cristian Leyton, con quien ya debatí en una oportunidad en las páginas de Diario16. Mi comentario a su nota es que espero que el fallo de La Haya acabe, de una vez por todas, con posturas basadas en las hipótesis de guerra y la desconfianza, las que existen de ambos lados. Ya es hora de que cada quien se haga su autocrítica, de que nos reconciliemos con el pasado y de que le leguemos a las nuevas generaciones una relación peruano-chilena sana y colaborativa.

Saludos cordiales

Daniel Parodi Revoredo

MINAS Y TRAUMA DEFENSIVO

Cristian Leyton
Profesor Civil Academia de Guerra del Ejército. Investigador Asociado Centro de Estudios Estratégicos ANEPE.

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geoestratega chileno Christian Leyton

A horas de haberse producido el incidente del taxi peruano que resultó destruido por una mina antitanque en la frontera chileno-peruana, se hace necesario contextualizar la problemática de fondo asociada a dicho lamentable evento.

Las minas antitanque constituyen, antes que todo, una medida de tipo defensiva que adopta un país que percibe podría ser objeto de una agresión por parte de otro Estado. Las minas de esta naturaleza, permiten al Estado que las despliega restringir el movimiento ofensivo de otra entidad, bloqueando zonas de paso hacia espacios considerados de vital importancia para la seguridad del Estado-victima. Desde este punto de vista, este tipo de artefactos tienen un impacto psicológico sobre cualquier fuerza adversaria al desincentivar “inspiraciones ofensivas” de adversarios potenciales o reales haciendo más lento un desplazamiento de fuerzas agresoras o limitando la efectividad de un ataque sorpresa, en términos generales, los campos minados responden a necesidades militares defensivas, pero de manera más general, están asociadas, en tiempos de paz, a percepciones de debilidad militar y a políticas de disuasión poco creíble.

Desde el punto de vista anterior, el despliegue de campos minados en la zona fronteriza con Perú, Bolivia y Argentina, respondieron, en su momento, a una percepción chilena de profunda desconfianza hacia las intenciones de las capitales de los países fronterizos. Se trataba de una postura eminentemente defensiva en función de dos momentos traumáticos para la seguridad Chile: la crisis con Perú durante parte del régimen de Velasco Alvarado (1973-1975) y la posterior crisis del 78 con Argentina. En ambos casos, el despliegue de minas antitanque dice relación con una amenaza real percibida desde Santiago en función y reacción, no solo a las capacidades militares ofensivas limeñas y platenses, adquiridas a finales de la década de los 60 y sobre todo de los 70, de manera sistemática, sino que sobre todo a sus políticas declaratorias directamente irredentistas, revanchistas y antichilenas.

Hoy, a años de dichos eventos traumáticos para Chile, la situación se ha modificado sustancialmente en un aspecto, pero se mantiene vigente en otro.

La transformación emana desde las capacidades de defensa chilenas. El país ha logrado adquirir y absorber capacidades militares defensivas que le han permitido recomponer la credibilidad de su amenaza disuasiva en relación al entorno vecinal. La presencia de minas defensivas habrían dejado de ser necesarias, todo aquello materializado en el compromiso chileno ante la Convención de Ottawa, prorrogando e desminado hasta el año 2020.

Lo que se mantiene vigente, en específico vis-á-vis de Perú –y en menor grado de Bolivia-, es, aún hoy en día, a más de veinte años de la fase traumática generada por las actitudes agresivas de los países vecinales, la tendencia limeña y paceña, en orden a cuestionar límites fronterizos, se mantiene.

Ambas capitales prosiguen, de manera intermítete pero en forma sistemática, con posturas declaratorias con claros tintes hostiles, alimentando posturas de emulación tanto políticas, económicas, militares como comerciales hacia Chile y sus intereses. La pretensión peruana llevada ante La Haya, cristaliza lo precedente.

El proceso de desminado, llevado a cabo por el Estado chileno, constituye un compromiso vigente y llevado a cabo en los términos dictados por la Convención de Ottawa, prueba de ello es que el proceso de desminado en le frontera con Bolivia ya fue terminado el año 2010, con un retiro de las 23 mil minas. Con Perú el proceso continúa en forma ininterrumpida, solo debilitado por el incremento sostenido, desde el otro lado de la frontera norte, de visiones revisionistas de fronteras establecidas por décadas.

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PERÚ Y CHILE DEBEN ANUNCIAR JUNTOS EL FALLO

“Perú y Chile deben anunciar juntos el fallo de La Haya”
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Daniel Parodi, foto de hoy en Diario16
Daniel Parodi es Máster en Humanidades de la Universidad Carlos III de Madrid, y Licenciado en Historia en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Actualmente es catedrático de Historia en esa casa de estudios y en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas, además de columnista en diario16. Como especialista en la Guerra del Pacífico y las relaciones internacionales entre el Perú, Chile y Bolivia, Parodi es voz autorizada en temas como el diferendo marítimo, las fronteras y los tratados entre nuestras naciones. También es uno de los principales promotores de lo que ha llamado ‘la reconciliación peruano-chilena’. Sobre ese y otros temas pendientes con nuestro vecino país del sur conversamos con el historiador.

-Usted se ha abocado a buscar la reconciliación peruano-chilena. ¿Es la Guerra del Pacífico el origen de la confrontación entre ambas naciones?
El tema de fondo es la Guerra del Pacífico: el hecho en sí y el manejo posterior que se le dio en cada uno de nuestros países, el cómo se escribió la historia. Como todo suceso doloroso en la vida de alguien, se puede superar o a la larga convertirse en un hecho traumático. Chile y Perú reprodujeron esa guerra de maneras distintas. En Chile, país muy nacionalista, se tomó la victoria con orgullo, con un sentimiento de superioridad. No olvidemos que ellos sienten que por muchos años representaron en Sudamérica la idea de una nación occidental, en abierta confrontación con la ‘barbarie’ del resto de la región.

-¿Y el Perú?
En el caso de nuestro país, al perder una guerra que no iniciamos, en la que fuimos agredidos y se ocupó parte de nuestro territorio, por supuesto que se tomó con resentimiento. Entonces la relación entre ambos es por parte de ellos la certeza de que no tienen nada que reconocer o que admitir. De parte nuestra la idea de que hay un tema no solucionado. Nos es difícil ponernos unos en los zapatos del otro, la lógica del discurso histórico ha sido siempre nacionalista y confrontacional.

-¿Y qué tan presente está ese tema en el diferendo marítimo que se juzga en La Haya?
La cuestión de La Haya no es la prolongación de la Guerra del Pacífico. El Perú ha demandado con ímpetu sus derechos ante la ley internacional, y Chile ha aceptado la demanda a regañadientes, pero la ha aceptado. La Corte Internacional es un organismo totalmente imparcial, con jueces muy capaces. También, ambos países hemos puesto lo mejor que tenemos desde las cancillerías. Solo queda confiar en la justicia del fallo que emitirá un ente independiente.

-Usted ha comentado que lo más probable es que la Corte de La Haya emita un fallo dividido, en el cual el Perú obtendrá una parte de lo que reclama y Chile otra. Ahora, la posición peruana reclama la división de la frontera marítima con una línea equidistante, la misma área para ambos países; y Chile considera que su área es mayor, en desmedro nuestro. ¿Esto quiere decir que es probable que perdamos de todas formas una parte?
En forma puede parecer que sí, pero en el fondo no. Cuando se firma el Convenio sobre Zona Especial Fronteriza Marítima de 1954, que ellos esgrimían como el definitivo, como el que delimita nuestra frontera marina, estábamos envueltos en el tema de las 200 millas, que era un reclamo de varias naciones, entre ellas Chile, Ecuador y Perú. Cuando se gana ese derecho de tener el dominio hasta 200 millas mar adentro todo se centra en el gran logro, y no se le presta mucha atención al tema limítrofe entre las naciones.
Según Chile, el paralelo es la referencia para el límite de mares, y en la práctica esa ha sido la demarcación de la frontera marina durante décadas, así ha funcionado hasta los años ’80.

-Y después…
En 1985 nos percatamos de que no había una delimitación formal, aunque sabemos que Chile siempre consideró que era el paralelo. Por eso creo que cualquier fallo de La Haya significará un avance para el Perú y un retroceso para la posición de Chile. Pero cuidado, hay que tomar eso sin soberbia, sin orgullo innecesario.

-Somos bien ‘buena gente’, ¿no? Chile reclama por lo que le corresponde y más, mientras nosotros pedimos solo lo justo para ambos países. ¿No le deja eso la sensación de que los otros países siempre ‘nos atrasan’?
Bueno, muchos países tienen discursos históricos quejumbrosos. Efectivamente, siempre se ha considerado que a lo largo de los años se nos ha recortado el territorio, pero lo mismo pueden sentir en Ecuador y Bolivia, es una percepción. En el caso de Chile, ellos no han perdido territorios, más bien los han ganado. Un ejemplo de percepción: Tras la Declaración de Paz de Itamaratí, que puso fin al conflicto del Cenepa, en Ecuador celebraban como si hubieran ganado, cuando la realidad era que había prevalecido la posición del Perú, que pedía respetar las fronteras establecidas en el Tratado de Río de Janeiro. Pero los ecuatorianos igual celebraban.

-No debe haber triunfalismos.
Yo creo que una victoria en la Corte de La Haya, así sea parcial, debe servir de punto de inicio para restablecer los lazos con Chile, no para alejarnos ni para triunfalismos inútiles. Tenemos posibilidades económicas, la Alianza del Pacífico (Perú, Chile, Colombia y México) que quiere explotar el comercio, a partir de allí se puede sustentar una reconciliación entre nuestras naciones.
-Precisamente el Canciller Roncagliolo ha pedido “promover un clima de tranquilidad y confianza en la ciudadanía” antes y después del fallo. Usted habla de “evitar que las poblaciones reaccionen emocionalmente, pero es cierto que habrá un ganador y un perdedor. ¿Qué esperar de Chile ante un fallo contrario a sus intereses?
No podemos dejar los escenarios al azar. Ambas cancillerías deben tener la madurez suficiente para analizar todas las posibilidades de fallo y anunciarlo en conjunto. No se pueden dejar a la suerte las reacciones en cada país, debe entenderse que el fallo, sea positivo o negativo, para Perú o para Chile, puede ser el punto de inicio de nuevas relaciones bilaterales.

-El peor escenario cuál sería.
Me parece que sería que Chile patee el tablero y proteja su posición con su imponente fuerza militar, pero eso es muy improbable. No olvidemos que Chile es pionero en América Latina en temas de política internacional y globalización, fue uno de los primeros países en exportar sus productos al mundo. Una posición belicista, además de situarlos mal en los foros internacionales, le restaría más que sumar: Perú es uno de sus principales destinos para exportación, así como de inversiones. No les conviene. Además, Sebastián Piñera es un hombre de negocios, no es un militar. Confío en que primará el sentido común.

-Hablando de Piñera, ¿cree que su último mensaje, en el que dijo que defenderán ‘su mar’, fue agresivo?
La verdad, cuando oí el mensaje me puse a buscar las reacciones de la prensa chilena frente a ese tema, y nada. Es un momento crítico para Chile, ellos están más preocupados por otros temas, como la gratuidad de la educación. De nosotros, nada. El mensaje de Piñera ha sido un rendimiento de cuentas ante el Congreso, algo que hace cada año, y dentro de ello no se ha tomado ni 10 segundos para hablar del tema del diferendo. Además, ¿qué ha dicho? Que Chile acatará el fallo, y por otro lado comentó que sus fuerzas armadas están listas para defender su soberanía. Eso es algo que, si lo ponemos en boca de Ollanta Humala, tampoco debe tomarse como una declaración de guerra. Es normal que en Chile el tema sea más sensible que para nosotros, nosotros los demandamos y eso no les hace ninguna gracia.

-Usted aboga por la tranquilidad, pero el diferendo marítimo es una tentación para los políticos, en dos países como Chile y Perú, que ahora mismo tienen una coyuntura interna difícil…
Es cierto, un tema así siempre se presta para ser usado como ‘cortina de humo’. En el Perú hoy se vive una tensa calma, con todos los temas pendientes que tenemos internamente, mientras en Chile también hay temas que tienen en jaque al gobierno. Por eso se debe ‘blindar’ al fallo de los apetitos políticos internos de cada país, y eso, repito, es trabajo de las cancillerías, ambos países deben anunciar juntos el fallo. Muchos políticos buscan réditos con temas como estos, hay que tener cuidado. La prensa tiene, por otro lado, la labor de hacer docencia, que la gente sepa, entienda que se trata de un tribunal reputadísimo, honesto, y que nosotros fuimos quienes demandamos a Chile, por lo que debemos acatar el fallo. Allí deberá reconstruirse la relación bilateral, superar los rencores con políticas de la memoria y la reconciliación, y ser capaces de avanzar. Si no logran eso los políticos, habrán fracasado.
Entrevista de Mariano Vásquez, publicada hoy en Diario16

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A UN AÑO DEL FALLO

LA HAYA: A UN AÑO DEL FALLO
Daniel Parodi Revoredo
Aproximadamente dentro de un año los jueces de la Corte Internacional de Justicia de La Haya emitirán su fallo acerca de la demanda interpuesta por el Perú, con la finalidad de delimitar su frontera marítima con Chile. A estas alturas las posiciones son de sobra conocidas, para Chile, el paralelo geográfico es el límite binacional, posición que le resulta muy conveniente porque, de ese modo, accede a 200 millas de dominio marítimo desde el inicio de su territorio soberano. Al contrario, el Perú propone la media equidistante entre el paralelo geográfico y la perpendicular que se proyecta desde su frontera con Chile hacia el Océano Pacífico. De esta manera, la repartición del mar entre ambos países resultaría equitativa.

Conocido el proceder del Tribunal de Justicia de La Haya en casos análogos, lo más probable es que en 2013 tengamos un fallo dividido, en el cual el Perú obtendrá una parte de lo que reclama y Chile mantendrá la otra. También son posibles otras opciones, como compartir espacios o recursos marítimos en zonas específicas. Aunque siempre existe la posibilidad de un fallo maximalista; es decir, totalmente favorable a una de las dos posiciones, ésta parece remota. En realidad, ambas partes debemos hacernos a la idea de que el fallo buscará solucionar el diferendo a través de un arreglo intermedio.

Así las cosas, el verdadero desafío que nos impone la sentencia de 2013 es lograr acuerdos bilaterales, previos a su emisión, e informarla con madurez para evitar que las poblaciones reaccionen emocionalmente, como si se tratase de ganadores y perdedores en una competencia deportiva. Es por ello que creemos que su anuncio también debe ser bilateral; es decir, en presencia de los dos presidentes en el mismo acto oficial. Por utópica que parezca, esta es la forma responsable no sólo de informar el resultado del juicio sino de crear un potente símbolo de la amistad peruano-chilena, el que deberá convertirse en el primer paso para por fin iniciar una etapa más sana y descontaminada de las relaciones binacionales.

Ciertamente, un gesto como el propuesto necesita masa crítica pues -en tanto que tal- la amistad entre los estados no existe; más bien, se sostiene en intereses. Pero incluso a ese nivel, las condiciones están dadas. En una coyuntura regional enrarecida por gobiernos que vienen endureciendo sus posturas nacionalistas, el Perú y Chile, junto con Colombia, apuestan por el libre comercio y la concurrencia a la globalización, a lo que se le suma las inversiones bilaterales, las que han generado ya una gran complementariedad entre ambas economías.

El juicio de La Haya ha generado comprensibles fricciones entre las partes; pero visto en perspectiva, es una oportunidad de iniciar una nueva etapa de las relaciones bilaterales a través de la aplicación de una impostergable política de la reconciliación para cerrar las heridas del pasado y de proyectos dirigidos a promover el desarrollo económico conjunto. Peruanos y chilenos nos merecemos –hace rato – una relación basada en la confianza. Comencemos a trabajar en ello.

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PARTIDOS POLÍTICOS III: LO QUE EL APRA NO VE

PARTIDOS POLÍTICOS III
LO QUE EL APRA NO VE

Daniel Parodi Revoredo
Hace algunos meses escribí sobre Rómulo Meneses, fundador del APRA quien dedicó sus mejores años a la lucha por una causa que creía justa. Comenté, con algo de nostalgia, como la desideologización de 1990 nos privó de personajes tan entrañables y de una política caracterizada por organizaciones a través de las cuáles la ciudadanía podía realizar sus más anhelados ideales. En estos días, en los que aquellas motivaciones parecen lejanas utopías, el APRA conserva, aunque muy en sus reductos, un aire de los tiempos en dónde los grandes paradigmas tenían la capacidad de movilizar voluntades.

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La juventud aprista debe renovar su partido

Es por ello que en el PAP es recurrente la conmemoración de sus páginas pasadas, como el aniversario del líder fundador, las jornadas revolucionarias y el recuerdo de los que sucumbieron bajo el yugo de implacables dictaduras. A ello se le debe sumar un repertorio musical-poético en el que se destacan la marsellesa aprista y la marcha de los caídos. Por último, están los símbolos como el flameo de pañuelos blancos y la tradicional estrella de cinco puntas, que representa sus cinco puntos programáticos.

A pesar de la contracción electoral de los últimos tiempos, el APRA es partido. La mística referida aun mantiene unidos a los apristas en sus bases, donde se reúnen periódicamente y organizan talleres y actividades. Asimismo, los cuadros jóvenes están constituyendo redes sociales, las que se multiplican cada día. Cada comité o agrupación juvenil aprista tiene un sitio en Internet, desde donde difunde sus idearios e iniciativas.

Hasta aquí mi disertación pareciera moverse entre el delirio y el paroxismo, pues la realidad indica que el PAP atraviesa una severa crisis institucional. Ciertamente, las dos últimas elecciones de su Comité Ejecutivo Nacional se han visto empañadas por violentas pugnas intestinas. Lo mismo ocurrió con la frustrada candidatura de Mercedes Araoz a la Presidencia en 2011, quedando el partido sin candidato, tras concluir una aceptable gestión gubernamental.

¿Cómo el único partido peruano, que tiene lo necesario para llamarse tal, atraviesa por una crisis tan aguda? La sugestión admite varias respuestas. Debido a su crisis interna, el APRA no se ha pronunciado sobre los principales temas del debate nacional como Conga, el VRAE o las marchas del agua y ello le quita presencia a nivel nacional. A este hecho se le suman las tradicionales obediencia y disciplina apristas que, valgan verdades, son los pilares que han permitido su supervivencia en tiempos de la clandestinidad, así como evitado su balcanización, al contrario de lo que le ocurrió a la izquierda setentera. Pero ello implica también que los sectores internos que impulsan la renovación no alcancen a tomar cuerpo, a pesar de que el malestar en la militancia está bastante generalizado. Finalmente, persiste el dilema alrededor de Alan García, mientras unos lo apoyan debido a su innegable capacidad de liderazgo, otros lo resisten pues entienden que el PAP debe superar su impronta caudillista.

En tanto que creyente en la necesidad de consolidar partidos fuertes, pienso que la política peruana necesita del PAP y que los apristas deben asumir la modernización de su partido como una responsabilidad ante el país. En sus orígenes, década de 1920, el APRA fue un movimiento de jóvenes vanguardistas que lideraron un frente continental. Hoy, cuando las formas y los contenidos político-ideológicos han cambiado rotundamente, de nuevo la juventud aprista debe liderar el urgente relevo generacional que requiere el partido y actualizar los viejos apotegmas partidarios de “izquierda democrática”, “justicia social” y “pan con libertad” para convertirlos en programas consecuentes con los requerimientos del Perú y el mundo contemporáneos.

La modernización del APRA tiene como pie forzado su apertura y su democratización interna, las que deben impulsar sus cuadros jóvenes; es decir, quienes hoy estudian en diferentes universidades e institutos del Perú. Lo que el APRA de hoy no ve es que tiene todo a su alcance para renovar la política peruana: partido, ideología, mística y juventud. Ojalá y pronto se percate.

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DEFENSA DE LA AUTONOMÍA PUCP se pronuncia

Estimados amigos:

DEFENSA DE LA AUTONOMÍA PUCP está constituído por un conjunto amplio y abierto de docentes cuya posición frente a la situación del litigio entre la PUCP y el arzobispado se desarrolla en el pronunciamiento que adjunto. Para suscribir el pronunciamiento hay que escribir a defensadelaautonomiapucp@gmail.com. Esperamos que muchos más profesores y alumnos se sumen a esta iniciativa de defensa de nuestros estatutos y nuestra autonomía, y suscriban el pronunciamiento

A LA COMUNIDAD UNIVERSITARIA
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LA PUCP DEBE UNIRSE EN DEFENSA DE SU AUTONOMÍA
Saludamos la convocatoria del Rectorado a dialogar al interior de la comunidad universitaria sobre el pre-acuerdo con el Arzobispado de Lima, puesto que, si bien su aprobación compete a la Asamblea Universitaria, es fundamental que sus términos y posibles consecuencias sean comprendidos a fondo por todos los involucrados.

Asimismo, pensamos que es imprescindible contar con información clara y exacta sobre lasituación actual de los procesos judiciales para poder evaluar adecuadamente los pros y los contras del mencionado pre-acuerdo. Conviene recordar, en esta difícil coyuntura, que por ser una universidad en la que nos sentimos comprometidos en formar ciudadanos libres que contribuyan al progreso del país, tenemos la obligación moral que nos impone nuestra historia y tradición, de no ceder ante escenarios legales adversos.

Así como es necesario fortalecer el frente judicial, lo es también recordar que no será la primera vez que la PUCP tenga que hacer valer sus derechos en condiciones adversas. Si tenemos razón en loque reclamamos, habremos de luchar por ello. Sólo así podremos ser coherentes con la excelencia académica a la que aspiramos, y, sobre todo, con la formación en valores que promovemos.
Frente a la actual situación de la controversia con el Arzobispo de Lima por la modificación del estatuto incluida la administración de los bienes de la universidad, consideramos importante recordar y expresar lo siguiente:

1. En septiembre del año pasado la Asamblea Universitaria rechazó las pretensiones del Cardenal Cipriani de modificar los estatutos de la PUCP por considerar que vulneraban su autonomía. Entonces, se reafirmó el carácter católico de la PUCP, y se encargó al Rectorado propiciar espacios de diálogo con las autoridades eclesiásticas para buscar una solución integral al conflicto que respetara la autonomía universitaria. El rectorado llegó a un pre-acuerdo con el Arzobispado y lo expuso ante los diversos estamentos que componen la Asamblea Universitaria para obtener su eventual aprobación en el momento en que se lo ponga formalmente a votación.

La semana siguiente el Cardenal Cipriani desconoció el pre-acuerdo alcanzado con el Rector yafirmó públicamente que la discusión sobre la herencia de Riva Agüero debe ser tratada independientemente de las modificaciones al estatuto. Este impasse generó la postergaciónindefinida del diálogo. Además, suscitó razonables dudas sobre la transparencia de la otra parte en la negociación.

2. Consideramos que el pre-acuerdo entre el Cardenal Cipriani y el equipo rectoral propone algunospuntos que colisionan con la autonomía universitaria e implican una concesión inadmisible ante las pretensiones de un sector de la Iglesia. Estos puntos son:
a. Elección del Rector y Vicerrectores (punto 2.1. del pre-acuerdo): incorporar en el estatuto el derecho del Gran Canciller a pronunciarse sobre la catolicidad de los candidatos a Rector y Vicerrector y sobre su fidelidad al Magisterio de la Iglesia es concederle un derecho al “veto moral”, lo que generaría una indeseable autocensura. Podría colisionar incluso con el derecho constitucional de mantener en reserva ideologías y creencias religiosas. Esto es totalmente distinto al requisito que contempla el estatuto actual de identificarse con los principios de la PUCP.
Asimismo, al establecer entre las atribuciones del Gran Canciller la de “recibir la profesión de fe del Rector y de los Vicerrectores para empezar a ejercer sus cargos” se está aceptando un derecho de veto estrictamente jurídico.

b. La Comisión Económica Especial (punto 2.2. del pre-acuerdo): su conformación (2 miembros de la Iglesia y un representante del Rector) es absolutamente desproporcionada, y, en los hechos, niega, contra toda evidencia jurídica, que los bienes sean propiedad de la PUCP. Si bien esta Comisión autorizará operaciones financieras de mayor envergadura y por tanto poco frecuentes (p.ej., venta del Centro Cultural, CC San Miguel, Centrum), son precisamente esas operaciones las que determinan el éxito o fracaso financiero de la universidad. Esa decisión debe estar en manos de la PUCP. Pero más importante aun es el sentido de la cesión de derechos implicada en la creación de una instancia mayoritariamente externa a la propia universidad, que podría tomar decisiones vinculantes.

c. La autorización de la Iglesia para modificar el estatuto si se “modifica en alguna forma la relación Iglesia-Universidad” (punto 2.3. del pre-acuerdo): Todo, o casi todo en esta universidad, tiene que ver con la Iglesia, y aunque no fuera así, siempre habrá una forma de alegar lo contrario.Constituye pues un gravísimo riesgo de pérdida de autonomía: ¿quién decidirá si el cambio afecta o no la relación con la lglesia? Cualquier controversia al respecto nos sometería a un nuevo conflicto. Esta cláusula candado es un veto explícito e indeseable.

d. Concepto de educación (punto 2.6.6. del pre-acuerdo): la propuesta señala que la educación en la PUCP debe “integrar la dimensión académica y profesional con la formación en los principios morales y religiosos católicos y con el estudio de la doctrina social de la Iglesia, respetando la libertad de las consciencias”. De nuevo, ¿quién decidirá qué entender por principios morales y religiosos católicos?, ¿qué pasará cuando se debate o tan sólo se hable de algún tema sensible para la Iglesia en donde haya sentado ya su postura (aborto, eugenesia, planificación familiar,igualdad de género, etc.?), y por tanto quien tenga una opinión distinta se aleje del Magisterio actual de la Iglesia?

e. Obligación de la PUCP de tomar medidas legales y velar por el debido respeto a las autoridades eclesiásticas (punto 2.6.7. del pre-acuerdo). Esta cláusula contraviene el derecho de libre crítica que es esencial en una comunidad académica: una autoridad eclesiástica que no admite críticas ni comentarios se valdrá de esta cláusula. Las autoridades eclesiásticas tienen abogados que bien
podrían reclamar judicialmente contra cualquier comentario que considerasen inadecuado.

f. La ambigüedad de diversos términos empleados y lo abierto de muchas cláusulas del pre-acuerdo no garantizan una interpretación que resguarde nuestra autonomía, y, en caso de conflicto, es de esperarse que, aprobadas las modificatorias al estatuto que propone el pre-acuerdo, las autoridades eclesiásticas tendrían potestad para imponer su punto de vista.

g. El pre-acuerdo le otorga derechos a la Iglesia en la Universidad (punto 2.3.) que desconocemos y que no están expresamente sancionados en el estatuto de la PUCP.

3. Finalmente, lo que está en juego es la supervivencia, en el Perú, de una institución académica de calidad que ha sido por muchos años un centro de pensamiento crítico y pluralista, que ha contribuido a la formación de la élite intelectual y política del país y que ha prestado valiosos servicios a su desarrollo. En su defensa, suscribimos este pronunciamiento y convocamos a la comunidad universitaria a expresar su adhesión.

Abril de 2012

Para suscribirse, por favor enviar un mensaje a
defensadelaautonomiapucp@gmail.com

Giovanna Aguilar
Ciro Alegría
Mariana Alvarado
Luis Andrade
Carlos Eduardo Aramburú
Laura Balbuena
María Paz Ballén
Martín Beaumont
Marcial Blondet
Jorge Bossio
Juan Fernando Bossio
Juan Carlos Callirgos
Federico Camino Macedo
Gisela Canepa
José Canziani
Gerardo Castillo
Omar Cavero
Mariana Chu
Marta Cisneros
Omar Coronel
Norma Correa
Rodolfo Cortegana
Jesús Cosamalón Aguilar
Alonso Cueto
Gerardo Damonte
Oscar Dancourt
Levy Del Aguila
Francesca Denegri
Carmen Díaz Bazo
Silvia Espinal
Alan Fairlie Reinoso
Jacqueline Fowks
Susana Frisancho
Pedro Francke
Fabricio Franco
Leisy Freitas
Norma Fuller
Cecilia Garavito
Luis García-Zapatero
Juan Gargurevich
Romina Gatti
Miguel Giusti
Rocío Gómez
Estrella Guerra
Johanna Hamann
Kathia Hanza
Narda Henríquez
Isabel Hidalgo
Natalia Iguiñiz
Lorena Izaguirre
Lupe Jara
Félix Jiménez
Farid Kahatt
Víctor J. Krebs
María Isabel La Rosa
Javier La Rosa Calle
Alejandro León Cannock
Rogelio Llerena
Sinesio López
Erich Daniel Luna
Ignacio Macha
Omar Manky
Nelson Manrique
Betzabé Marciani Burgos
Cristina Mazzeo
Iván Meini
Diego Mendoza García
Sarah Moll
Mario Montalbetti
Yvan Montoya Vivanco
Fanny Muñoz
Isabel Murga
Héctor Omar Noejovich
Juan Luis Orrego
José Oscátegui
Daniel Parodi
Sergio Pavletich
María Angélica Pease
Roberto Pereira
Jorge Pérez Silva
Sonia Prager
Gonzalo Ramírez
Margarita Ramírez
Juan Reicer
Susana Reisz
Alvaro Rey de Castro
Cecilia Rivera
Guillermo Rochabrun
María Ana Rodríguez
Eduardo Romero Dianderas
Claudia Rosas
Abelardo Sánchez-León
Adriana Scaletti
Luis Sime
José Tavera
Francesca Uccelli
María Eugenia Ulfe
Marcel Valcarcel
Jorge Luis Valdez
Héctor Velásquez
Tesania Velásquez
Victor Vich
Eduardo Villanueva Mansilla
Valeria Villarán
Virginia Zavala

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AGENDA DEL APRA DEL SIGLO XXI

Agenda del APRA del Siglo XXI
Queridos amigos: todos saben de mi aprismo y yo sé que la mayoría de ustedes no es aprista. Sin embargo, quiero que lean este pronunciamiento de un jóven aprista, sin las anteojeras y los prejuicios de siempre. Es muy fácil reducir al APRA a epítetos como corrupción, Bagua, Vrae o petroaudios. Pero también existe un APRA creyente, solidaria y luchadora que es la mayoría y que está intentando renovar el Partido. Este pronunciamiento de un joven aprista, estudiante de la PUCP, es prueba de aquello
Para consolidar el avance del Perú – Agenda del APRA del Siglo XXI

de Enrique Valderrama
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Enrique Valderrama, joven dirigente aprista

A

propósito de las últimas reflexiones sobre el PAP, les presento mi visión personal de la agenda y de los puntos sobre los que debemos debatir con urgencia, incidiendo en lo fundamental que es repensar el PAÍS y a partir de ahí emprender la tarea de modernizar nuestra APRA camino a sus 100 años y convertirla en la herramienta transformadora y modernizadora del Perú del Bicentenario!
Para consolidar el avance del Perú – Agenda del APRA del Siglo XXI

El país ha transitado en los últimos años, tras el retorno a la democracia en 2000, por una recuperación y alza de sus índices económicos signados en las postrimerías del fujimorato por la recesión que asfixió la economía nacional; este avance, que en el gobierno de Alejandro Toledo significó en términos porcentuales la reducción de la pobreza en menos de 2%, fue mucho más evidente en el quinquenio aprista, en donde se eliminó el analfabetismo, se redujo la desnutrición infantil, se electrificó y llevó agua potable a miles de pueblos y principalmente se redujo la pobreza extrema en 18 puntos porcentuales, cifra que esperemos en los siguientes años progrese hasta erradicar definitivamente la miseria en el Perú.

Dicho crecimiento nos pone ante nuevos retos que debemos asumir camino a la celebración de los 200 años de vida republicana, que representarán para las nuevas generaciones que nos sucedan sin duda un tópico recurrente de análisis y de activismo social, que tenemos la obligación de orientar hacia iniciativas constructivas que alejen el fantasma de las ¨refundaciones¨, germen recurrente en la voluntad de caudillos que quieren rehacerlo todo a su antojo, dañando de esta forma la continuidad y las instituciones democráticas. Es el momento de generar grandes consensos nacionales hacia la construcción de un Perú de primer mundo. En este consenso la madurez de un APRA camino a su centenario es de vital importancia.

Es por ello que, en principio, debemos enfocarnos en consolidar la democracia y el apego a los valores republicanos y en la construcción de una ciudadanía propia del siglo XXI. La democracia debe convertirse en la estructura mental del ciudadano y en la consciencia social en un presupuesto no discutible y debe tener en la participación, mediante los canales adecuados, en los asuntos de la comunidad de cualquier compatriota su manifestación más evidente. Para ello tenemos que convencer a la mayoría de peruanos de aceptar firmemente y por consenso que la libertad, base de la estructuración del sistema democrático es la única plataforma para el progreso. Sólo así podremos plantearnos objetivos que respondan a la necesidad de dar el salto cómo república de la pre-modernidad a la modernidad.

Todo esto, además, dejaría sin base real a las organizaciones violentistas que ven en el conflicto y la sangre las únicas vías para generar transformaciones sociales y adoptan el terrorismo cómo medio de acción. Generando consciencia cívica y democrática reduciríamos al mínimo no sólo la acción de estos grupos retrógrados, sino además combatiríamos la aún presente tendencia autoritaria y violenta de la sociedad peruana. Aún hoy, pasados más de 20 años, casi la mitad del Perú considera que el autogolpe de 1992 llevado a cabo por Alberto Fujimori fue una medida ineludible para salir de la crisis en la que el país se hallaba inmerso; pero lo más alarmante es que aproximadamente un 35% de la población peruana avalaría nuevamente un quiebre democrático si se configurasen ciertas circunstancias apremiantes. Se requiere entonces un aparato político partidario democrático de defensa de la libertad, de propaganda de los beneficios de la misma y sobre todo educador del soberano, del pueblo.

No debemos perder de vista además que la victoria sobre los rezagos de las opciones autoritarias y totalitarias, algunas de ellas como la senderista con aliados tan nocivos como el narcotráfico, tendrá necesariamente un contenido ideológico mínimamente articulado, y se debe plantear en una de sus aristas más importantes desde los campus de educación superior en la confrontación de ideas y planteamientos. En este punto el rol del APRA tiene que ser fundamental y activo en los claustros universitarios propiciando que sus cuadros sean los primeros defensores de la libertad, del progreso y los más enérgicos censores de la violencia y el terror. La tarea política del camino hacia el bicentenario es propiciar la unidad y la reconciliación entre todos los peruanos; para así, integralmente cómo nación construir una sociedad más justa, solidaria y fraterna.

En lo concerniente a la afirmación de la democracia debemos encarar con acción concreta la desgastada prédica de consolidar los partidos políticos en el país, partidos que a su vez deben ser instituciones que realicen pedagogía política de los valores democráticos y posibilidades ciudadanas en estos tiempos; los partidos deben ser además herramientas que la población sienta cómo propias y útiles a la solución de sus necesidades y observen cómo facilitadores de oportunidades de crecimiento y desarrollo personal. Sin duda estas organizaciones deben abrirse a la sociedad y no dar la impresión de ser camarillas herméticas de sempiternos dirigentes, para ello es positivo impulsar la renovación democrática y continua de su conducción y el rediseño de sus estructuras orgánicas.

Se requiere con acento fundamental que los partidos se planteen con seriedad interpretar el lenguaje que propone el nuevo milenio y sobre todo en el que se expresa su juventud, ya que ésta representará en unos pocos años la mitad del electorado que decidirá el rumbo en el que estará encaminado el país en 2021. Esta juventud, cuyos índices aún hoy son alarmantes (2 de cada 3 jóvenes entre los 18 y 23 años no estudian ni trabajan) sin duda requiere recibir un mensaje democrático claro y concreto que incida en sus intereses, que tenga además formato virtual dinámico y participativo; mensaje que los anime a militar activamente en propuestas, en iniciativas, no en estructuras rígidas, que los anime a participar en proyectos de desarrollo colectivos no en maquinarias para la satisfacción de apetitos personales.

Partidos además que asuman como propia la defensa de los derechos fundamentales para que éstos no sean dejados sólo para la plataforma de colectivos sin capacidad ni fuerza para presentar una alternativa integral al país. Partidos que propicien un fortalecimiento y modernización del movimiento sindical nacional, estrechando lazos con el mismo, un sindicalismo no anti empresa, ni contrario a la inversión, ni mucho menos improvisado sino orientado al desarrollo, técnicamente actualizado y que busquen estímulo y capacitación para el trabajador; en este punto la nueva ley general del trabajo debe ser un objetivo a conquistar. Partidos que a su vez asuman como propia la defensa de los derechos del consumidor, entendiendo a éste cómo agente básico de la dinamización de la economía y el progreso. El APRA, primer movimiento político del siglo XX, debe ser el pionero y arquetipo en la realización y estructuración de todos estos planteamientos y cambios en las organizaciones políticas enfocadas a la justicia social de cara al siglo XXI.

Es importante además ser conscientes que el avance económico del Perú sin duda podría ser mejor aprovechado si se adoptara la decisión política de apostar, cómo todos los países que han dado el salto al primer mundo, por una inversión poderosa en educación, en investigación y en ciencia y tecnología. El Perú actualmente invierte sólo el 3 % del PBI en educación, si repasamos las experiencias de las naciones emergentes, los llamados BRIC (Brasil, Rusia, India y China) y los países nórdicos (con los índices de desarrollo humano más altos del planeta) veremos que iniciaron la travesía del desarrollo con una asignación fortísima de presupuesto a este sector. Debemos además con urgencia revisar los conceptos que rigen la educación nacional hoy en día, que ha tendido a flexibilizar la transmisión de información por la meta de crear mentes más críticas, una herencia aplicada hasta niveles absurdos por los constructivistas seguidores de Piaget en el país. Debemos combatir la realidad que nos gobierna: somos de los últimos países en el orbe en comprensión lectora y en calidad educativa; no podemos permitirnos educar a las futuras generaciones indiferentes al ejercicio del saber en pleno imperio de la sociedad del conocimiento.

Las recetas del éxito de éste ágil y conectado milenio no se encuentran sólo en la fabricación a gran escala de productos, en la agricultura o en la extracción de minerales, sino más bien en la explotación de las ideas relacionadas a la investigación, al desarrollo del- software, a la creación de nuevas patentes, en resumen a la revolución tecnológica. Los países de primer mundo invierten gran parte de su PBI en estos puntos mientras el Perú aún no llega ni siquiera al 1% asignado a este sector. Incluso muchas naciones entendieron que era necesario crear un ministerio de ciencia y tecnología, transitemos ese camino. Podríamos esbozar la creación de parques de innovación tecnológica unidas con las empresas ya existentes ahora, es un nuevo paradigma que en Europa y Estados unidos esta dando resultados y que aparenta no ser incompatible para el Perú, si adaptamos el concepto a nuestras posibilidades; consiste a groso modo en un reordenamiento de las industrias siguiendo un planeamiento estratégico general con visión tecnológica. Cómo el Partido de la revolución constructiva de la tecnología deberíamos enfocarnos en presentar al país iniciativas avezadas e innovadoras cómo esta.

Tocar el punto de la educación y de la ciencia y tecnología nos lleva a plantearnos la necesidad de una revisión obligatoria a la currícula y al funcionamiento de la institución universitaria en el país, la nueva reforma universitaria debe fundamentarse sobre los principios de democratización interna de los claustros y además en orientar la mentalidad del reclamo y de la energía del movimiento estudiantil en una consigna fundamental y clara: universidad eficiente, transparente y de calidad. Esto pasa además por fiscalizar y ser más estricto con la oferta que el Estado permite que exista de las universidades y poner barreras más altas para la creación de nuevas instituciones de educación superior. En resumen urge cambiar la ley universitaria dada durante el Fujimorato, que da a luz al planteamiento de la universidad empresa, que tanto daño nos ha ocasionado. Es importante además estimular la visión de que las carreras técnicas son una necesidad vital para el desarrollo del país,ya que muchos observan esta alternativa como premio consuelo al no poder ingresar a una universidad.

Existe además un fenómeno que es digno no sólo de estudio sino de planificación de políticas que hagan que se consolide un esquema de desarrollo en torno al mismo, este es el del emprendimiento. La micro, pequeña y mediana empresa moviliza un porcentaje altísimo de la producción del país (40% aprox. Producto Bruto Interno) y se le está dejando con poca atención. No existe desde el Estado aún una voluntad ordenada de apoyar con capacitación y crédito a este basto sector que no sólo produce y engrosa el PBI sino que además da trabajo a más peruanos. En este punto es clave señalar que gran parte de estos emprendedores son jóvenes que buscan en el mercado una oportunidad para desarrollarse y crecer. A ellos se debe llegar dotándolos de herramientas y conocimientos que hagan posible que el éxito sea una probabilidad más alta, encaminándolos hacia la tecnificación y logrando que miren al mercado mundial como reto y posibilidad. Deberíamos tener cuando menos un Viceministerio de emprendimiento con capacidad de gasto para estimular la consolidación de esta corriente generadora de riqueza.

Por otro lado es necesario repensar el actual proceso de descentralización en el que estamos inmersos desde 2002, primero admitiendo que lo que se ha llevado a cabo es más bien una departamentalización, en donde el problema no se ha solucionado sino más bien ha mutado por la poca capacidad para ejecutar el presupuesto, por la poca estimulación de capacidades de los funcionarios públicos y por la proliferación de caudillos que tratan de convertir a sus regiones en auténticos feudos para el aprovechamiento personal o de facción; debemos reconocer además que es un proceso que la población no ha terminado de sentir suyo, siguen emplazando y reclamándole únicamente al gobierno central.

Deberíamos dar el salto a consolidar el proyecto de macro regiones, integradas que cuenten con recursos diversos para su sostenimiento; estas macro regiones podrían tener además un parlamento regional que sirva de contrapeso al poder que detentan los Presidentes Regionales y cree además intermediarios cercanos desde la esfera regional con el Estado, consolidando un poco más la democracia regional. Una alternativa a tener en cuenta sin duda es el del estímulo a las mancomunidades que, trabajando temas específicos, pueden apuntalar a la consolidación del procesos descentralizador.

Debemos entender que la lógica que va a guiarnos al desarrollo es la producción y generación de riqueza, desterrando todo resabio de ánimo confiscador o revanchista de algún sector que tentase revivir viejas y ortodoxas recetas que han rubricado hace mucho su fracaso histórico. Por ello además es importante generar grandes consensos en torno a temas cómo el minero, asumiendo que es necesario para los ingresos de un país que recién empieza a conectarse con el despertar del progreso y que no puede prescindir de actividades como ésa. Sin duda el impulso al emprendimiento y a la minería responsable debe acompañarse de políticas que protejan y prioricen los recursos naturales no renovables y el equilibrio medioambiental, cuestión prioritaria en un Estado moderno, por un lado así cómo no sean cómplices de la compleja flexibilización laboral que tanta inseguridad causa a los jóvenes empleados y subempleados del país por otro.

Las nuevas promociones del país estamos en la capacidad de encarar el reto del Perú como nación moderna y posteriormente de primer mundo, como Estado de libertad y ciencia, como república descentralizada adecuadamente.

Para ello debemos fortalecer la democracia y sus instituciones, debemos propiciar el impulso a la juventud emprendedora, tenemos el imperativo moral de conquistar la universidad del siglo XXI, eficiente y de calidad y tenemos que encaminar la opinión de la sociedad peruana a apostar por el progreso que no rechace per sé ninguna actividad, pero que no sólo se quede en ella sino que a través de la mejora en su calidad educativa y el desarrollo de su ciencia y tecnología construya un país más informado, industrializado y libre. Hoy más que nunca debemos asumir el reto de dejar de ser un país adolescente y crear riqueza para el que no la tiene con la visión, el músculo y el corazón de un Partido moderno, progresista y joven, el mismo Partido que protagonizó la conquista de la libertad en el siglo XX, modernizará el país el siglo XXI: El Partido del Pueblo.

Enrique Valderrama.
PUCP
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PUCP: LA LUCHA POR LA AUTOMONÍA CONTINÚA

PUCP: LA LUCHA POR LA AUTONOMÍA CONTINÚA

El pre-acuerdo entre la PUCP y el arzobispado fue la expresión de la buena voluntad de nuestras autoridades universitarias frente a la sistemática agresión del Cardenal Cipriani desde hace 7 años. Yo me opuse al acuerdo y me ratifico en mi posición, pero entiendo el esfuerzo que para el Rectorado PUCP supuso llegar a éste. Roto unilateralmente por Cipriani, volvemos a fojas cero y a unirse todas las partes en la PUCP en defensa de nuestra autonomía frente a esta amenaza. Yo quiero una universidad en la que las opciones ideológica, familiar y sexual de sus miembros sean respetadas.
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La comunidad PUCP debe unirse frente a la agresión del arzobispado

Adjunto comunicado del rectorado

Transcurrido un mes desde la ruptura del diálogo por el Arzobispado de Lima, el Rectorado de la PUCP comunica a la comunidad universitaria y a la opinión pública.

1. El Cardenal Juan Luis Cipriani interrumpió las conversaciones el día 8 de abril del presente al afirmar, públicamente, que no era necesario un acuerdo integral con la PUCP y postergar indefinidamente la solución referida a los bienes de la herencia Riva-Agüero.

2. La magnitud del conflicto, durante los últimos siete años, exige una pacificación completa de la relación que incluya tanto los pedidos de reforma del estatuto como la culminación de los juicios sobre la herencia Riva-Agüero. Así lo han comprendido los obispos delegados de la Conferencia Episcopal a la Asamblea Universitaria, en su comunicado del mes de abril último, al exhortar “a reiniciar el diálogo con la finalidad de ofrecer caminos de solución integral para lograr los ansiados objetivos de paz que todos urgimos y anhelamos”.

3. Esta negativa al diálogo coincide con un pedido hecho por el Arzobispado de Lima al Tribunal Constitucional, que busca cancelar irregularmente el proceso ante la justicia ordinaria sobre la interpretación de los testamentos que se inició, en mayo del 2008, por demandas acumuladas tanto de la Universidad como del Arzobispado. La PUCP hará respetar sus derechos ante los tribunales.

4. La PUCP mantiene vigentes sus acuerdos del 23 de setiembre del 2011 que manifiestan su voluntad de continuar siendo una universidad autónoma, de regirse por la legislación peruana, de mantener su identidad católica y, dentro de ello, de estar abierta al diálogo.

7 de mayo del 2012.

El Rectorado

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PARTIDOS POLÍTICOS II: MUCHAS IZQUIERDAS

Partidos Políticos II
Muchas Izquierdas

Daniel Parodi Revoredo

Cuando en 1978, el régimen de Francisco Morales Bermúdez convocó a elecciones para la asamblea constituyente, por primera vez la partidocracia peruana se organizó a la manera occidental. La derecha estaba representada por el PPC; la centro-izquierda por el APRA y una decena de pequeños partidos aglutinaba a la izquierda marxista. Estos últimos se dividían de acuerdo con la ideología o los sectores a los que buscaban representar. El FRENATRACA se autodenominaba campesino, el FOCEP campesino, obrero y estudiantil; unos se definían leninistas, otros trotskistas, pero ninguno concibió seriamente la necesidad de unir esfuerzos alrededor de un programa común.

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Recordado Alfonso Barrantes Lingan

De hecho, la Izquierda Unida, que tuvo su mejor performance en 1985, con Alfonso Barrantes a la cabeza, no pasó de ser una alianza electoral cuyas fracturas internas eran más que evidentes. Así pues, el resultado de la experiencia de la izquierda peruana setentera fue su inmediato colapso tras la caída del muro y las presidenciales de 1990, a las que concurrió dividida en dos frentes: Izquierda Unida e Izquierda Socialista. En los ochentas fueron tan duras las pugnas ideológicas en su interior que crear una mística partidaria que pudiese generar adhesiones duraderas fue imposible. Por ello, cuando desapareció el bloque socialista, la mayoría de los militantes de la balcanizada izquierda peruana comprendió que la fiesta había terminado.

Entonces cada quien volvió a su reducto, determinado por el sustrato sociocultural que la lucha política de las décadas anteriores apenas sí logro soslayar. De una parte, la izquierda limeña se asentó en sectores específicos de la administración pública, tanto como en las ONG, desde las cuáles algunos continuaron su lucha ideológica. Por otro lado, la izquierda provinciana –y discúlpeseme el simplismo operativo de mi división- pareció despertar de la desideologización noventera recién en la década milenio, a través de frentes regionales que se impulsaron al amparo de la ley de regionalización toledista, la que ha permitido el aumento de la autonomía local en la toma de decisiones.

La división que refiero impidió que arraigase en el Perú una cultura de izquierda que pudiese sentar sus bases sólidamente y perdurar más allá del cambio ideológico de 1990. Esta cultura de izquierda la he visto en Chile y promueve una serie de valores como la solidaridad, el respeto a los derechos humanos e incluso la música trova, que aquí no pasó de una moda temporal pero que en Chile se amalgamó con su folklore popular. Ciertamente, las realidades socio culturales de Perú y Chile no son las mismas. El Perú de los setentas y ochentas fue el del desborde popular, de la migración masiva y del terrorismo. Además, supuso el vertiginoso cambio de las manifestaciones de lo popular, por lo que una cultura de izquierda, como la antes descrita, tenía pocas posibilidades de arraigar.

Para concluir, cabe preguntarse si hoy el Perú necesita de una izquierda y qué tipo de izquierda es la que necesita. Ciertamente, la utopía de la revolución proletaria es ya inviable. Más bien, la unión de voluntades alrededor de un país consciente de los derechos humanos, cuya población ejercite una ciudadanía plena y extendida, basada en el respeto de la diversidad, debería tornarse en la inspiración para elaborar un programa común. Junto a ello, la inclusión de los sectores no occidentales de nuestra sociedad -inclusión entendida como legislar en favor de la diferencia- es otro tópico imprescindible, tanto como su defensa ante los abusos de poder en temas medio ambientales. Además, pocos en Lima –izquierdistas o no- tienen plena conciencia de lo imperativo que es emitir gestos de reconocimiento desde el Estado hacia nuestras sociedades tradicionales andina y amazónica, secularmente abusadas y olvidadas. Por ello, parece fundamental plantear políticas de la reconciliación interna que las reivindiquen e integren.

El Perú requiere una izquierda sistémica, descentralizada, horizontal y no marxista que contribuya a completar lo mucho que tenemos de incompleto y descuidado. La pregunta final es si existen dirigentes con la voluntad de sacar adelante el proyecto.

Publicado hoy en diario16

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