Archivo por meses: Enero 2010

El otro debate: respuesta a una crítica nacionalista

Estimados lectores:

Las paradojas son así, hace apenas unos días publiqué un alturado debate acerca de la cuestión peruano-chilena y ahora les presento otro que no se caracteriza necesariamente por la ponderación.

Sé que mi línea editorial ha sido hasta ahora la de moderar los debates bajo las premisas de la ponderación y el respeto entre los participantes; pero me decidí a publicar el artículo del Dr. Juan Carlos Herrera porque considero que ejemplifica los tópicos fundamentales del discurso nacionalista decimonónico, los que son el nacionalismo exacerbado, el darwinismo social y el positivismo histórico.

Así, la replica de Herrera a mi artículo sobre Piñera es modélica e ilustra la pervivencia de posiciones dogmáticas, cuya circulación y existencia merece un detenido análisis desde las ciencias sociales y la semiótica.

En todo caso, transcribo réplica de Juan Carlos Herrera y mi respuesta.

Con mis saludos más cordiales

Daniel Parodi Revoredo


el positivismo histórico y el darwinismo social influenciaron el nacionalismo decimonónico

Peter Pan en las relaciones internacionales
En respuesta a “Sebastián Piñera
y el fin de la concertación de Daniel Parodi Revoredo”
Por Juan Carlos Herrera Tello (*)

Aunque no es mi estilo responder artículos con otro similar, y ante la insistencia del autor en varios foros de internet sobre comentarios a su escrito sobre el triunfo de Sebastián Piñera, voy a realizar las siguientes precisiones:

El Profesor Parodi Revoredo, empieza con una posición esperanzadora y pacifista afirmando que creía que con la “Concertación” nuestras diferencias entre Estados iban a ser superadas porque en estos gobiernos han habido gente de izquierda, que ha sufrido la persecución de la dictadura.

Hace mal el Profesor Parodi, uno no debe esperanzarse en una posición política porque esta es válida únicamente en su territorio y para que trascienda una confraternidad de partidos políticos, antes de ello, se deben establecer los derechos bien claros de nuestros países, mientras las diferencias subsistan entre nosotros la integración se hace cada vez más lejana o por lo menos dejada de lado, para ocuparse de otras cosas.

Ahora bien, el Profesor Parodi parece que no conoce la sociedad chilena. No parece haber visitado ninguna institución de aquel país, y tampoco parece haber conversado con los intelectuales chilenos de alguna universidad para darse cuenta que, el chileno mirista, el chileno pinochetista, el chileno demócrata cristiano, el chileno comunista tienen algo en común, y eso es “ser chileno”, por lo tanto su patria está por sobre las ideas políticas de allí que se fabricó eso que ahora llaman “Concertación”, todas las izquierdas o social izquierdas agrupadas en un conglomerado, con una finalidad: el bien común de Chile.

Mientras que en nuestro país que sucede, si atacan a Alan García y le dicen la vela verde, los comunistas aplauden a quien se lo dijo, venga de donde venga, o acaso no tomaban las frases chavistas para proferirlas contra el Presidente del Perú y las hacen suyas; no nos encontramos acaso que cuando el ex pastor de auquenidos que hoy es Presidente de Bolivia insulta a quien constitucionalmente es el representante de todos los peruanos, toda la rojedad apoya los dichos del inculto, lo aplauden y lo vivan. Mientras que las fuerzas progresistas o los partidos políticos no apristas que hacen, solo enmudecen y no cierran filas a favor del Presidente.

Esto no solo ha ocurrido con García, también con Toledo y hasta con Belaunde. Porque simplemente así somos los peruanos y no respetamos los ordenes que la Constitución impone, pero si imponemos nuestras ideas o posiciones políticas a nuestra soberanía.
Pero el Profesor Parodi raya en la candidez de que fue un buen gesto la devolución de los libros de la vieja Biblioteca Nacional saqueada en tiempos de la ocupación chilena y con mayor énfasis cree él, que por cantar la Sra. Bachelet nuestro himno ya era una forma de acercamiento; por Dios en donde estuvo el Profesor Parodi en 1993 cuando nos quisieron sorprender con las Convenciones de Lima? en donde estuvo el Profesor Parodi cuando el Perú solicitó nueva negociación y cual fue la respuesta de Chile? En donde estuvo el Profesor Parodi cuando Chile le vendió armas al Ecuador siendo garante del Protocolo de Río de Janeiro? y por último en donde estuvo el Profesor Parodi cuando se descubre un espía de nuestra nacionalidad trabajando para Chile? durante todos esos tiempos no se dio cuenta el Profesor Parodi que los líderes y el gobierno de la “Concertación” trabajaban para Chile ya sea para consolidar mas derechos en detrimento de los nuestros o para llenar las arcas del erario chileno … Sabe el Profesor Parodi que la devolución de los libros de la vieja Biblioteca de Lima se debe a una investigación particular del diario “Siete” de Chile donde ellos encontraron los registros de todo lo saqueado a nuestro recinto bibliográfico, y ante semejante descubrimiento tuvo que entregarse algo de lo sustraído, cuando esto había sido siempre negado por todos los gobiernos inclusive por todos aquellos de la “Concertación” Y aun así el Profesor Parodi se pregunta porque nuestra relación es de permanente hostilidad y tensión? Estimado Profesor, mejor pregúntese quien da inicio a las tensiones, y vera que nosotros no lo somos, más bien siempre somos los agredidos y contestamos a la manera de Torre Tagle, que en principio no creía mucho, pero ahora mirando el bosque aplaudo este ultimo año de la gestión de nuestro Canciller, como la de otros Cancilleres que hemos tenido en estos últimos tiempos, obviamente que han habido también desatinados.

Ahora bien, el artículo del Dr. Parodi no es algo fundado en la historia ni en la realidad, sino solo en la aspiración de una esperanza a la reconciliación, ¿eso es malo? Claro que no, es altruista, es celestial, está mas cerca de lo áulico; lo que demuestra que habemos peruanos de buena voluntad que aun creemos que los gestos son señales de fraternidad y no meras poses hipócritas; pero habemos otros peruanos que discordamos con estas posturas, tal vez por no tener una cultura formada en valores kantianos, no haber leído siquiera a Utopía de Moro y más bien estamos instruidos en textos históricos donde se puede ver que nuestras relaciones con Chile siempre han sido de fricción desde nuestro nacimiento como país hasta hoy, donde el conflicto es una marcada tendencia; y repito, nuestras relaciones con Chile, no he dicho nuestras relaciones con el Partido Político Demócrata Cristiano de Chile, ni con cualquier otro, porque una cosa son nuestras relaciones partidarias y otra nuestras relaciones como Estado.

La Concertación al momento de ganar las elecciones y gobernar primero con Patricio Aylwin, que hizo? Desmontó el aparato militar que se había instaurado en Chile por 17 años? No, Profesor Parodi, lo que tuvo que hacer es convivir con un Pinochet que aun se sentía Presidente y mantenía el mando de las FFAA. Y que hicieron los demás gobiernos de la Concertación que lo sucedieron? Muy simple seguir conviviendo y cumplir con los “plazos constitucionales” impuestos en la constitución pinochetista que aun rige ese país.
El Profesor Parodi casi al finalizar su artículo se da cuenta que Chile se ha blindado militarmente, y que este blindaje se ha realizado bajo los gobiernos de la Concertación. Así también en un ventarrón de realismo se da cuenta que “la posición tradicional de Chile en temas internacionales parece una cuestión no negociable”.

Tengo entendido que el Señor Ariel Segal un lúcido internacionalista respondiendo una pregunta dijo: “yo no se quien ha ganado en Chile, pero el que ha perdido definitivamente es Evo Morales, no hay ningún tipo de acercamiento en el tema de su salida al mar, ya lo dijo Piñera, eso no es negociable en su gobierno”; respecto del Perú también ha dicho que respetará lo que La Haya dicte.

Pero en el colmo de la candidez, nos llama ingenuos a aquellos que estamos de acuerdo que Piñera se haya encumbrado como presidente de Chile. (no conozco a peruanos que estén celebrando el triunfo de Piñera, solo lo hacen los chilenos). Y aquellos como el que suscribe esta de acuerdo con Piñera sentado en la Moneda, porque los pactos internacionales de fronteras terrestres se van a mantener inalterables, por lo menos cinco años más, y no como Frei proponía en conversar con Bolivia a ver si le daba cualidad marítima a aquellos que se encuentran encerrados en sus alturas, tan encerrados como aquel día que decidieron abandonar el compromiso de 1873 cuando se fueron por Camarones y luego desde allí mirar como nos ultimaban.

Pero para abundar la constante en el error del Profesor Parodi, yo le preguntaría si alguna vez ha leído u hojeado un texto de Derecho Internacional Público, si alguna vez a oído que los pactos de fronteras son pétreos y por último si sabe que no existe controversia alguna territorial entre Chile y Bolivia ya que sus acuerdos internacionales de límites están amparados en el Tratado de 1904, en el cual Bolivia cede con mansedumbre su litoral, sin estar su capital ocupada, sin que haya sido invadida y diezmadas sus industrias, y todo a cambio de ferrocarriles, concesiones y dinero.

Sabe el distinguido Profesor Parodi que en el Tratado de 1904 se permitió la construcción del ferrocarril de Arica a La Paz, y con ello permitió Bolivia darle derechos soberanos a Chile sobre un territorio que estaba usurpando? Sabe el eminente Profesor Parodi que el trazo del ferrocarril de Arica a La Paz es el perfil de la frontera peruano – chilena?, el Tratado de 1929 para resolver la Cuestión Tacna y Arica dice con claridad que la frontera es trazada distante a 10 km. al norte del ferrocarril de Arica a La Paz y con ello gracias a los bolivianos perdimos Arica.

Si bien es cierto el que suscribe no tiene los títulos que el profesor Parodi tiene, y apenas ha cursado estudios de derecho e historia en una de esas universidades que no están consideradas “de prestigio”, agradeceré se me lea en ese contexto. Quiero a mi país por sobre todo, y estoy siempre dispuesto a servirlo con mis escasos conocimientos, y estos están enmarcados básicamente en lo leído en textos no solo peruanos, sino chilenos y bolivianos para así consolidar un posición peruana sólida y con miras a que se nos respete internacionalmente a pesar de nuestro derrotero y de lo ocurrido recientemente en 1998 y 1999. Que eso no vuelva a ocurrir.

Finalmente, no creo que la Concertación esté liquidada, creo que se fortalecerá en miras a las próximas elecciones generales de su país y este fortalecimiento se incrementará a medida que Piñera y su gobierno tengan reveses en sus políticas; Chile tiene su camino y nosotros no debemos seguir ese ejemplo, sino encontrar aquel que nos fue legado cuando dejamos de ser el poderoso Virreynato del Pacifico que dominaba su hemisferio, porque creemos que Chile solo aspira a ser más que el Perú y ser el Hegemon de esta parte del mundo, aspiración válida la que nosotros debemos también aspirar y no creer en que si un chileno canta nuestro himno se olvidaron todas nuestras rencillas, y así nos encontramos en el “Nunca Jamás” sudamericano.

Juan Carlos Herrera
Asesor en Asuntos Internacionales

El otro debate: respuesta a una crítica nacionalista

Por Daniel Parodi Revoredo

“Es triste que para ser buen patriota, se tenga que ser enemigo del resto de los hombres”. Voltaire

La nación y el nacionalismo son temas harto estudiados por científicos sociales de la talla de Eric Hobsbawn, Benedict Anderson y Tzvedan Todorov, entre otros. De manera muy sintética se ha definido como nación al conjunto de individuos identificados con una serie de elementos en común como pueden serlo las costumbres, eventualmente el lenguaje, así como un conjunto de símbolos patrios vertidos desde la entidad estatal, como la bandera, el himno, entre otros. Asimismo, el nacionalismo es la ideología que articula un discurso identitario en base a dichos símbolos, con la finalidad de generar el apego del colectivo con el proyecto en ejecución: el estado-nación.

En Occidente, el nacionalismo decimonónico vino siempre acompañado del darwinismo social, ideología con la que las potencias europeas justificaron la colonización del Africa y parte del Asia. Con la misma ideología, las elites criollas latinoamericanas que asumieron el control de las nacientes repúblicas independientes, justificaron el mantenimiento de un orden social estamental, que, aunque no siempre sancionado en la legislación, se mantuvo en los usos y prácticas sociales. Así, Todorov le llama racialismo al conjunto de ideas que justifica la superioridad de unas etnias sobre otras basándose en una serie de argumentos seudo-científicos, como por ejemplo la idea de que existe una solución de continuidad entre lo físico y lo moral, entre otros axiomas.

Finalmente, el siglo XIX le aportó a Occidente la corriente filosófica del positivismo, cuya vertiente académica –el positivismo histórico- dotó a los nacionalismos de la época de un excelente vehículo de difusión de las hazañas de los héroes de la patria y de las denuncias en contra de aquellos que la dañaron o traicionaron. Fue de esta manera que la Historia fue convertida en el “tribunal del pasado” y el historiador en su juez. Es por ello que antiguamente los historiadores defendían “causas” del pasado en base a la presentación de pruebas documentales con la finalidad de determinar la culpa o inocencia, la falsedad o verdad de los actos y actores del pasado.

He creído necesaria esta larga introducción para poder interpretar la crítica del Dr. Juan Carlos Herrera a mi comentario sobre la elección de Piñera, partiendo de la hipótesis de que su discurso reúne exitosamente las tres influencias ideológicas del siglo XIX que acabo de reseñar: el nacionalismo, el racialismo y el positivismo histórico.

En primer lugar, Herrera emula a algunos filósofos del siglo XVIII y cree que las posiciones políticas son válidas únicamente en el propio territorio, como si en la actualidad el liberalismo político no fuese un sistema casi universal y la confrontación ideológica Este-Oeste –mientras duró- no hubiese involucrado a prácticamente todos los países del mundo. Hace doscientos años Rousseau afirmaba que “todo patriota es duro con los extranjeros; estos no son más que hombres, es decir, nada a sus ojos”(1) y es así que Herrera –en 2010- concluye su texto alegando que “Chile tiene su camino y nosotros no debemos seguir ese ejemplo, sino encontrar aquel que nos fue legado cuando dejamos de ser el poderoso Virreinato del Pacífico que dominaba su hemisferio”.

Ciertamente, las guerras de independencia americana perjudicaron sobremanera al Perú naciente que perdió miles de kilómetros cuadrados de territorio a expensas de los estados vecinos, pero cabría preguntarse a qué se refiere el Dr. Herrera cuando destaca la herencia colonial. Este punto me preocupa sobremanera porque el virreinato peruano albergaba una sociedad altamente estratificada y dividida por dos criterios fundamentales: el linaje y la raza. De hecho, dichas estructuras se adentraron en tiempos republicanos y hasta cierto punto permanecen hoy en el nivel de las mentalidades colectivas.

Es por ello que notamos que el darwinismo social es una influencia central en el discurso del Dr. Juan Carlos Herrera. Así, el asesor en asuntos internacionales llama “ex – pastor de auquénidos” e “inculto” al presidente boliviano Evo Morales (2) . Paradójicamente, estos epítetos provienen de un peruano que se autoproclama patriota y que, sin embargo, parece despreciar la milenaria cultura andina, que es parte fundamental de nuestra peruanidad, y cuyas actividades agrícolas y pastoriles constituyen –al día de hoy- la base de la economía de cientos de comunidades campesinas. Deploro, ciertamente, las expresiones de Chávez y Morales en contra del Presidente García, ¿pero será la falacia de la degradación racial un buen argumento para defenderlo?.

El último elemento ideológico que he identificado en el discurso del Dr. Juan Carlos Herrera -el positivismo histórico- es muy sensible para mí pues atañe mi especialidad, mi vocación y mis particulares “combates por la historia” (3). Es así que el Dr. Herrera casi me trata de ignorante por hablar de la demanda marítima boliviana, que a su parecer no existe pues, desde su perspectiva, el tratado limítrofe de 1904 estableció los límites fronterizos entre Chile y Bolivia, y, por lo tanto, acabó con el problema. Posiciones como éstas suelen asumir algunos abogados cuando pretenden fungir de historiadores, por ello parten de la premisa de que los tratados internacionales marcan el curso de la historia.

Yo le ruego, por ello, al Dr. Herrera actualizarse en teoría y metodología de la historia antes de llamarse historiador y sostener que no existe un problema chileno – boliviano. Irónico, realmente, pues tengo ante mis ojos el libro azul de la demanda marítima boliviana, editado por el gobierno de ese país en 2004 y que fue difundido, por aquel entonces, en diversos foros internacionales. Además, los conflictos entre dos colectividades pueden deberse a aspectos económicos, sociales, de mentalidades, de memoria e imaginarios colectivos etc. y no sólo de derecho internacional.

Por último, permítaseme una precisión. El argumento de que la concertación fracasó en el intento de desmontar la militarización del estado chileno legada por Pinochet, lo ha tomado el Dr. Herrera de mi artículo para luego utilizarlo en mi contra. Esta idea, además, la planteé con mucha anterioridad en un artículo que publiqué en La República en 2008, titulado “Lo que podemos enseñar a Chile”.

Dr. Herrera, si hubiese Ud. leído mi artículo sin dejarse ganar por la pasión este debate no se hubiese producido. Más bien, hubiese Ud. constatado que mi posición es muy crítica de Chile; país al que veo como poseedor de una geopolítica expansionista que está en franco conflicto con los intereses del Perú. No soy pues ese enemigo –real o imaginario- que lo asecha por las noches, por lo que espero duerma tranquilo, arrullado por “Peter Pan”, en el país del “Nunca Jamás”.

Referencias
1.- Emile, I, pp. 248-249
2.- Efectivamente, Evo Morales fue pastor de auquénidos lo cual pondera favorablemente la población boliviana que acaba de re-elegir al mandatario boliviano con el 64% de los votos.
3.- Extraigo la expresión “Combates por la Historia” del célebre libro de Lucien Febvre, fundador de la escuela de Annales, junto con Marc Bloch entre otros destacados intelectuales.

Ate.
Daniel Parodi Revoredo

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Dos amigos que debaten alturadamente

Estimados lectores:

Tengo el agrado de reproducir el interesante comentario de mi amigo Javier García – de los tiempos escolares- acerca de mi artículo sobre la elección de Sebastían Piñera. La agudeza de sus críticas ha motivado su publicación en una nueva entrada, la que acompaño con una respuesta mía. Aprovecho pues la oportunidad para saludar a los foristas de Palabras Esdrujulas por la altura y nivel que han manifestado en sus intervenciones.

Saludos muy cordiales y como siempre muchas gracias

Daniel Parodi Revoredo

Querido Daniel

He leído tu artículo acerca de Piñera. Lo considero interesante, sin embargo, tengo varias críticas acerca del enfoque que le das.

Empiezas tu artículo comentando que hace 20 años abrigabas la esperanza que los pueblos peruano y chileno limasen asperezas y enrumbasen hacia su reconciliación. Pero ¿por qué desde hace solamente 20 años? ¿Quieres decir desde que Pinochet dejó el poder? Según tu teoría entonces, ¿la no reconciliación entre peruanos y chilenos se debió a la gestión de Pinochet o en todo caso éste la impidió? No estoy de acuerdo ya que en esa época, del golpe de estado de Pinochet, había planes de guerra por parte del Perú. Los que no queríamos reconciliación, en esa época, éramos los peruanos y no los chilenos.

Continuas tu artículo describiendo lo que pasó en los sucesivos gobiernos democráticos chilenos y das sinceramente la impresión que si no hubo o no hay reconciliación es porque los gobiernos de turno sucesivos en Chile no han querido dar el paso para ello sin comentar nada acerca de la posición peruana (en una relación siempre hay dos). ¿Los peruanos queremos realmente la reconciliación? Mi respuesta es NO. NO porque cuando escuchas a un general del ejército, y no cualquier general, el mismísimo comandante general del ejército del Perú, tratar a los chilenos en un video que salió a la luz con desdén propio de un resentido social y muy lejos del comportamiento que debería tener una persona que porta ese uniforme, cuando el presidente del Perú trata al país en cuestión de republiqueta, cuando un candidato presidencial que llegó a la segunda vuelta junto a Alan García con mucho apoyo popular, Ollanta Humala, es un antichileno declarado.

No ocultemos la verdad: la mayoría de peruanos es antichileno y somos nosotros los que no queremos reconciliación. No leo ninguna autocrítica en tu artículo, Piñera no podrá hacer nada ni a favor ni en contra de lo que ya está establecido, a lo más comprará más armas y están en su derecho. Por el contrario, la crisis está en el Perú. En vez de preocuparse de la Historia de Chile, yo me preocuparía más por la Historia del Perú. Si se sigue enseñando la historia como nos la enseñaron a nosotros, no me extraña que el sentimiento antichileno siga en la memoria de nuestros niños y jóvenes. Hasta ahora tengo en mi mente el resentimiento que un maestro de nuestra escuela tenía contra los chilenos y eso, más de 130 años después de la guerra es inconcebible.

Entiendo que hayas querido presentar lo que pueda hacer Piñera en lo que concierne a las relaciones bilaterales, pero la impresión que dejas es otra, la de achacar la responsabilidad de los problemas peruano-chilenos exclusivamente a los chilenos.

Un fuerte abrazo querido amigo.

Javier

Querido Javier:

Saludo una crítica tan aguda a la vez que respetuosa y alturada. Estoy de acuerdo en que mi artículo carece de la necesaria autocrítica del proceso peruano en el marco temporal que desarrollé (los últimos veinte años). Ciertamente, hubiese sido deseable un enfoque comparativo que desarrollase la evolución de las políticas en Perú y Chile sobre la temática en cuestión

No obstante, discrepo contigo cuando cuestionas el “exceso de memoria” peruano sobre la Guerra del Pacífico. Este existe, que duda cabe, pero no es un tema unilateral como sugieres. Así por ejemplo, la reconciliación franco-alemana se hizo realidad debido a que los estados interesados firmaron el tratado de los Elíseos que supuso la aplicación de una serie de políticas del perdón y la reconciliación.

Sobre estos particulares estimo que ambos estados, el peruano y el chileno, están lejos de forjar una coyuntura propicia. Alemania, por ejemplo, le ha pedido perdón a las diferentes comunidades a las que infringió daño en la Segunda Guerra Mundial. Es que las heridas dolientes del pasado sólo cicatrizan así.

Sobre los exabruptos de autoridades peruanas que refieres, estos son lamentables, pero ojo que también los ha habido de la otra parte, como el caso de los ministros Foxley y Grozni, que incluso fueron vacados por Bachelet hace un año por esa razón. Además, la presentación de una demanda ante la Haya parece la manera “civilizada” de dirimir diferencias –no lo parecen tanto las guerras y carreras armamentísticas- por lo que sería muy deseable que el fallo –el que fuere- sea aceptado y cumplido por las partes involucradas.

En todo caso, en este mismo blog, aparece el artículo nacionalismo peruano-nacionalismo chileno, en el que se desarrolla algunas de las temáticas aquí planteadas. Adjunto link.

http://blog.pucp.edu.pe/media/avatar/511.pdf

Un abrazo muy cordial

Daniel
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Sebastián Piñera

Estimados lectores: tengo el agrado de reproducir en mi blog el presente artículo que ha sido publicado el 19 de los presentes en el portal web de la PUCP.

Saludos cordiales

Daniel Parodi Revoredo

La elección de Piñera y el fin de la concertación: una mirada desde la historia
Por: Daniel Parodi Revoredo


Sebastian Piñera

Hace veinte años, al iniciarse el periodo gubernamental de la concertación, abrigué algunas esperanzas de que los pueblos peruano y chileno limasen asperezas y se enrumbasen hacia su reconciliación. La razón de mis expectativas se centraba en que en dicha coalición existía una fuerte presencia de miembros de la izquierda que fueron víctimas de la represión política en tiempos del pinochetismo.

Mis esperanzas aumentaron debido a la importancia mundial que en la década de 1990 se le asignó a la memoria colectiva y la recuperación del pasado. Por aquellos días, la política chilena se polarizó entre quienes defendían al régimen militar de Augusto Pinochet y los que exigían su procesamiento por violación a los derechos humanos. En dicho contexto, me daba la impresión de que las críticas al daño ocasionado por el Estado chileno a su propia población -las que provenían incluso de voceros del oficialismo- podían motivar la revisión de su relación con los países que confrontó militarmente en tiempos pasados.

Sobre el particular se presentaron algunos amagos. Así, una serie de gestos amistosos de la presidenta Bachelet al iniciar su gobierno –entonar el himno nacional del Perú y devolver parte de los libros sustraídos de la Biblioteca Nacional por las fuerzas de ocupación chilenas- dio la sensación de iniciar un positivo cambio de discurso.

Cuatro años después, sin embargo, el fracaso es el denominador común de las relaciones diplomáticas peruano-chilenas durante la gestión de la presidenta saliente, así como durante todo el periodo de la concertación. Por ello es pertinente preguntarse qué puede haber ocurrido en Chile para que durante los últimos veinte años nuestro vínculo, lejos de distenderse, se haya obturado al punto de generar un clima casi permanente de hostilidad y tensión.

La historia puede aportar luces claras a la respuesta de esta interrogante. El estado chileno sentó sus bases en una sólida alianza entre la clase política, la clase empresarial y las fuerzas armadas, la que se constituyó durante la primera mitad del siglo XIX. El fundamento de esta unión –que de aquí en adelante denominaremos “pacto fundacional”- es la apuesta por los liberalismos político y económico, así como por ejercer una posición geopolítica y militar hegemónica en el área sudamericana.

En 1970, la victoria electoral del socialista Salvador Allende supuso la ruptura del acuerdo, por lo que su programa de reformas desencadenó la violenta reacción de la derecha política, la clase empresarial y la casta militar. Es así que con el golpe del 11 de septiembre de 1973 y con la dura represión política aplicada tras éste, se reestableció el statu quo anterior.

En 1989, al reinstaurarse la democracia en Chile, la concertación debió enfrentar un complejo conflicto de intereses. Por una parte había que desmontar la militarización del Estado legada por el dictador Pinochet; por la otra, había que mantener el pacto fundacional. Veinte años más tarde, parece que la segunda alternativa ha triunfado en la disyuntiva.

Un ejemplo muy paradigmático de aquello se encuentra en la solución que el Ministerio de Educación chileno le dio- en la década pasada- a la controversia que suscitó la enseñanza del periodo pinochetista en las escuelas públicas y privadas. El problema se resolvió con la aplicación de una política del silencio y el olvido. Así, los manuales escolares de Chile subrayan los éxitos de las políticas económicas aplicadas entre 1973 y la actualidad, mientras que omiten la discusión de los aspectos más controversiales del régimen militar.

Es por ello que no sorprenden los fracasos de los gobiernos de la concertación por propiciar un acercamiento al Perú y Bolivia. Más bien, lo que las últimas décadas han mostrado es un estado chileno que, ante las demandas territoriales de sus vecinos, ha optado por blindarse militarmente y cerrar las puertas del diálogo, las que sólo abre para configurar intrigantes acercamientos a Bolivia en contra del Perú y viceversa. Así, la posición tradicional de Chile en temas internacionales parece una cuestión no negociable en las bambalinas de su política interna, realidad que pregonan, a voz en cuello, los representantes de su cancillería.

Es por ello que encontramos harto ingenuas las voces que en el Perú celebran el triunfo de Sebastián Piñera como la gran posibilidad de la integración peruano-chilena, vistos los capitales que el presidente-empresario tiene invertidos en el Perú. Es posible que, desde su particular perspectiva, considere el mandatario electo que la resolución de los contenciosos pendientes con el Perú y Bolivia favorecería la integración comercial. Sin embargo, también lo es que los sectores más nacionalistas chilenos – las fuerzas armadas – están mucho más cerca de él que de sus homólogos de la concertación.

Ciertamente, sería deseable que Piñera despertase en Chile una vocación de liderazgo positivo en América Latina, que promoviese la integración política y económica de la región, imitando el buen ejemplo europeo. Sin embargo, parece prudente observar atentos el desarrollo de los acontecimientos. La historia juega en contra del presidente-empresario, el pacto fundacional y la fuerza armada chilenos también.

Nota: el presente artículo ha sido publicado el 19 de los presentes en el portal de noticias de la PUCP, en el siguiente link:

http://www.pucp.edu.pe/puntoedu/index.php?option=com_opinion&id=2574 » Leer más