ALAN Y OLLANTA

ALAN Y OLLANTA

Por Daniel Parodi R.


Alan y Ollanta: derecha e izquierda sistémicas

Hace poco más de veinte años ser de izquierda o de derecha dividía a las personas y al mundo. Elegir entre una y otra suponía la adherencia a dos sistemas socioeconómicos y políticos rivales, lo que se traducía en ideologías irreconciliables y formas de vida incompatibles. Pero en 1989 cayó el muro de Berlín y las cosas cambiaron.

No se llegó –como hubiese querido Francis Fukuyama- a la panacea del liberalismo, ni al fin de la historia, entendido como el encuentro de la humanidad con su status político definitivo. Tampoco se alzó un mundo sin naciones, ni se alcanzó el edén del laisser faire. Por el contrario, la reciente crisis económica mundial y el giro a la izquierda de América Latina denotan la importancia del Estado que, de mediador en las últimas dos décadas, vuelve a jugar un rol regulador.

Los acontecimientos citados nos muestras que hoy, en la escena política internacional y nacional, izquierda y derecha marcan las tendencias y matices de un único modelo de economía abierta. Por ello, dichas posiciones son ahora complementarias y se alternan de acuerdo con los diferentes ciclos de la economía mundial, y con la decisión de cada colectividad en particular, la que se expresa a través del sufragio.

Dentro de esa lógica, está claro que Alan García eligió la derecha y no creo, como señala Martín Tanaka, que haya llegado tarde o que no haya tenido una adecuada lectura de la situación en 2006. Más bien, tras el desastre de su primer gobierno, García apostó por lo seguro y optó por consolidar un modelo de crecimiento cuyas premisas fundamentales fueron el aumento de las inversiones, del comercio y de la producción para generar excedentes que permitiesen la inclusión social y la mejora de la calidad de vida. Esta postura no parece contradecirse con las cifras macro-económicas que ofrece al país el gobierno saliente. De esta manera, el segundo gobierno aprista ha robustecido los logros de una larga década de crecimiento, el que ha sido valorado por la población que lo despide con 41% de aprobación. Sin embargo, el régimen saliente deja el pasivo de no haber aplicado políticas inclusivas, más allá de la apreciable expansión de los servicios del Estado.

Dicha omisión es la que mejor explica la decisión popular de elegir a Ollanta Humala. Así, las dos grandes tareas del nuevo gobierno son aplicar políticas directas de apoyo a los bolsones de extrema pobreza en el Perú, e incluir en un nuevo discurso de la peruanidad -a través de gestos de acercamiento, políticas del perdón y reconocimiento de la diversidad- a una mayoría de peruanos que se siente discriminada por cuestiones raciales, culturales y sociales, etc. En tal sentido –y de acuerdo con la coyuntura regional- la población ha elegido el camino de una izquierda sistémica y responsable que debe perfeccionar el rumbo del crecimiento para hacerlo más justo y abarcador. Es por ello que valoro este viraje ideológico en el país, el que tal vez se revierta en coyunturas futuras, como ocurre en las democracias más avanzadas del planeta.

Al concluir estas líneas, me queda claro que Ollanta Humala no ha planteado un gobierno radical en su primer mensaje a la nación, pero es menester que se le permita virar hacia la izquierda porque ese es el mandato popular que ha recibido. El proceso de maduración política e institucional de nuestro país pasa por comprender que la alternancia ideológica afianza el sistema político y robustece el modelo económico. ¿Lo habremos entendido?

Este artículo ha sido publicado el día de ayer en el Diario La República bajo el título “De derecha e izquierda” véase http://www.larepublica.pe/05-08-2011/de-derecha-e-izquierda

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