GRUMETE GRAU

 

GRUMETE GRAU

Héroe de Angamos también fue un niño. Comic de Rodrigo Quijandría nos cuenta sus aventuras

La semana pasada tuve la ocasión de presentar el volumen dos de  Grumete Grau (los violentos del Pacífico), comic sobre el héroe de Angamos que es el más exitoso nunca realizado en el Perú. Seguido, la transcripción de mi discurso.     

Esta noche tengo que confesarles algo que sitúo entre lo audaz y lo temerario. Lo que pasa es que no voy a hablar de las aventuras del Grumete Grau, porque no hablar del Grumete Grau será mi mejor manera de recomendarles que lo lean. Y es que lo que pienso hacer esta noche, más bien, es compartir con ustedes algunas razones para leer Grumete Grau, desde la lógica de mi especialidad y desde la posición que yo tengo acerca de mi disciplina, que es la historia.

Para eso tengo que comenzar hablándole de las historias nacionales y de las historias nacionalistas porque el comic que hoy nos reúne ha asumido el gran desafío de elegir como temática no cualquier historia nacional; sino al héroe por antonomasia de la Historia del Perú, al más legendario, al más heroico y al más heroizado.

Y se atreve a despojarlo de su barba, que nos es tan particular como familiar, de los galones que adornan sus hombros, de nuestro querido monitor Huáscar, para ubicarlo, no en el tiempo en el que la historia oficial decidió que se le recuerde, sino 40 años antes: sin barba, sin galones, sin uniforme, sin monitor, lleno de niñez, lleno de ansias, de aventuras, pero también de profundos desarraigos familiares. Es decir en el momento crucial, en el momento definitivo. en el que el niño se hace hombre y decide, tempranamente, quien quiere ser.

En las lecciones iniciales de mis cursos de historia, suelo decirles a mis alumnos que la historia del periodo que vamos a estudiar, y de cualquier periodo que fuésemos a estudiar, no es otra cosa más que los 40, 50 o 60 relatos (según el número de alumnos) en los que, al final del semestre, se difuminará el curso que construiremos juntos.

Porque la historia, desde una mirada posmoderna, desde la mirada del fin de los metarrelatos que pretendían explicarlo todo y englobarnos a todos, no es otra más que la que está en tu cabeza, la que tú te imaginas, la idea con la que tú te quedaste al finalizar las sesiones. Y es también, por supuesto, el complejo proceso en el que esos “recuerdos” de un pasado que no alcanzaste a vivir, se instalan en tu identidad y de algunas manera, pasan a formar parte de ti y afectan tu vida, tangencialmente, pero la afectan al fin y al cabo.

Y es aquí que Rodrigo Quijandría se atreve a contarnos la historia como el la imaginó; a describirnos al Miguel Grau que él hubiese querido que sea Miguel Grau, es aquí que Rodrigo Quijandría se atreve a imaginar, bajo la pluma de Hernán Migoya y el pincel de Ricardo Montes un Miguel Grau más cercano a su sensibilidad y a su forma de ver la vida, pero también a un Miguel Grau más cotidiano, entonces, más cercano a todos nosotros. Quizá al Miguel Grau que él imaginaba en clase de historia, en el colegio, aburrido, mientras el profesor escribía en la pizarra las fechas del balotario de la Guerra del Pacífico que había que memorizar para el examen del lunes siguiente.

Grumete Grau, sin embargo, no es el fruto sin más de la imaginación de su creador ¿qué lo es realmente?, Grumete Grau sí tiene un referente de realidad; sí hubo un grumete Grau que desde muy niño surcó los mares, que naufragó en su primera travesía, que tenía en Manuelita Saenz “la libertadora” a una vecina ilustre del puerto de Paita. Y es a partir de esos “puntos de realidad”, como me gusta llamarlos, que los autores del comic comienzan a desarrollar su “story” más íntima y personal, y que los sajones han sabido diferenciar brillante de la “history” que es la que le corresponde a los pueblos.

El tránsito de la “history” a la “Story” es el desafío que ha superado con éxito Rodrigo Quijandría a través de su grumete Grau y es la superación de ese desafío la que nos permite abrir una puerta a historias nacionales menos solemnes, menos militares, menos militaristas y que se permiten abrirle un espacio a la infancia en el relato, inmersa en el más amplio escenario de lo cotidiano.


EL SUSCRITO, CON RODRIGO QUIJANDRÍA (CREADOR Y PORDUCTOR) Y HERNAN MIGOYA (GUIÓN)

El filósofo Catalán Manuel Cruz, hablando del rol de la historia, nos dice que este debe ser el bien para la sociedad, y nos dice, psicoanalíticamente, que el historiador debe drenar el presente de la querencia del pasado por apropiárselo y convertirse en él. Y de eso precisamente trata Grumete Grau.

¿Es la historia de Miguel Grau la de un militar que murió combatiendo en la Guerra del Pacífico? Sí; ¿Hubo un niño llamado Miguel Grau que desde los 11 años surcó los mares en búsqueda de aventuras? También.

Si, al pasar de los años las generaciones crecerán y comprenderán que Miguel Grau fue despedazado en Punta Angamos de un cañonazo, en el puente de mando del Húascar, por qué no permitirle a los niños, adolescentes, jóvenes, y hombres y mujeres con almas jóvenes, fantasear con las aventuras de este pequeño gran grumete. Finalmente, en la experiencia humana siempre han coexistido, y muchas veces se han confundido, la fantasía con la realidad.

Publicado en La Mula en 18 de diciembre de 2014

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