EL APRA DE HUGO NEIRA

El APRA DE HUGO NEIRA

La semana pasada tuve el honor de tener como invitado en mi curso de Historia Republicana del Perú al destacado intelectual y hombre de las letras Hugo Neira, para que disertase sobre “El APRA de Haya de la Torre”. Lo que yo buscaba era una versión más allá de las críticas tradicionales –la claudicación y la traición ideológica-, tanto como alejada de mis propias simpatías y subjetividad.

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Neira ofrece una relectura sobre el APRA

Neira comenzó manifestando sus distancias del aprismo, así como de toda ideología; señaló, refiriendo a Karl Popper, que no existen verdades sino conocimientos no falsos y que la verdad le pertenece al terreno de la moral y de la ética. Paso seguido, indicó que lograr comprender al APRA es comprender el Perú del siglo XX y que 1931 fue un año en que los peruanos vivieron ciegos del momento histórico que se abría paso ante ellos, como marionetas de la historia; un poco en la línea de lo que dijo Marx: “los hombres hacen la historia pero no la que ellos creen”.

Seguidamente, Neira realizó un breve repaso de la bibliografía sobre el APRA y sostuvo que el tema había sido mejor trabajado por autores extranjeros como Francois Bourricaud y Robert Alexander, a los que podríamos añadir a Peter Klarén y Jeffrey Klaiber. Todos ellos se vieron atraídos por la especificidad de un movimiento político que asociaba las prácticas revolucionarias de los socialistas europeos con la búsqueda de la democracia liberal. Ser peruano, sentenció Neira, se convierte en una dificultad epistemológica para estudiar al APRA y no le falta razón pues la mayoría de investigaciones locales sobre ella –no todas- han partido de posiciones a favor o en contra, desde las cuáles se hace difícil encontrar lugar para el rigor académico.

Entrando en materia, el galardonado intelectual formuló aquellas preguntas de las que parte el científico social: ¿por qué ha sobrevivido el APRA? ¿Por qué es una constante en una sociedad que se ha modificado tanto?

Para Neira, Haya es el hombre que trae la modernidad al Perú, modernidad entendida como igualdad, libertad y la democracia participativa; sin embargo, aquellos conceptos debían aplicarse en un país conservador y dudoso de dicha modernidad. En otras palabras, a una sociedad pre-moderna cuyas elites estaban dispuestas a sacrificarlo todo en defensa de su statu quo y lo hicieron, porque a las sociedades -sentenció Neira- no les gusta cambiar.

Así pues, a la oligarquía no pareció importarle que Haya fuese un cismático del marxismo que creía en la posibilidad de llevar adelante un programa de profundas reformas por la vía democrática. Más bien, las ideas de Haya se toparon con un país de economía primaria, tradicional, agroexportadora y como una población mayoritariamente analfabeta a la que la participación política le estaba vedada.

De las premisas antes mencionadas, así como de la violencia desatada en el trienio 1931-1933, se desprende que Haya de la Torre no alcanzase la presidencia del Perú, tanto como el cierre del diálogo y la violencia política que tuvieron lugar desde 1931 hasta 1956. Pero para Neira, en esta larga coyuntura se enfrentaron la modernidad versus la no modernidad, y el triunfo de la alianza oligárquico-militar, en su esfuerzo por impedir que el APRA alcanzase el poder, dejó al Perú sin la modernidad política que le correspondía alcanzar.

Ya luego de la conferencia y departiendo plácidamente con Hugo y Claire, su esposa, aquel me comentó que los movimientos regionales de la actualidad le recuerdan el antiguo gamonalismo. Por ello, la no presidencia de Haya de la Torre en el siglo XX tiene algo que ver con que en el Perú de hoy, y en toda América Latina, el fenómeno del caudillismo –que representa la pre-modernidad política- resulte de una insoslayable realidad. Como para ponerse a pensar.

PUBLICADO EN dIARIO16 EL 4 DE JUNIO DE 2013

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