ARGENTINA Y EL PERDÓN
Daniel Parodi Revoredo
Un acontecimiento de mi pubertad que no olvidaré es la Guerra de las Malvinas de 1982. No la olvidaré por la manera intensa como la sentimos y por el ambiente solidario que vivimos. En las calles se decía que nosotros también la peleábamos, que nuestros mirages defendían a la hermana Argentina y que un misil peruano hundió un destructor británico.

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El Perú se solidarizón con Argentina en 1982

Recuerdo la marcha hacia la plaza San Martín y el multitudinario desfile que cubrió la avenida Arequipa. Recuerdo el slogan más comentado: “Tatcher hija de la Gran Bretaña”. Aquel día vimos desfilar a los partidos políticos y a los sindicatos, y también al piquete de la colonia argentina, donde lanzaba encendidas consignas el genial “Vinco”, gran cómico e imitador, amigo de Chabuca Granda. Recuerdo cuando Reagan dijo que era un deber histórico de USA apoyar a Inglaterra, tanto como el triste final de aquella ilusión adolescente, esa que nos hizo pensar que dos países sudamericanos podían derrotar a la segunda potencia mundial, armada por la primera.

20 años después el escenario se ha mostrado muy distinto. Es cierto que esta vez no hubo guerra pero tampoco apoyo militante y desinteresado a Argentina. Al contrario, se multiplicaron las voces que acusaron a Torre Tagle de comprarse un pleito ajeno al solidarizarse con un país que nos traicionó en 1992, al venderle armas a Ecuador siendo garante del protocolo de Río de Janeiro. La reacción adversa a la Argentina fue canalizada por algunos líderes de opinión que no dudaron en señalar que aquella siempre había sido hostil al Perú. Al mismo tiempo, exaltaban subrepticiamente las bondades de nuestro vínculo con Gran Bretaña. Muy peligroso, porque casi desmontan la posición tradicional del Perú frente al colonialismo y echan por tierra nuestra alianza estratégica con los rioplatenses.

Aguas calmas, son necesarios un diagnóstico y algunas conclusiones. A la luz de los hechos parece claro que la colectividad peruana no ha perdonado a la Argentina por la venta de armas a Ecuador en 1995 y que las disculpas que le brindó Cristina Kirchner a Alan García, hace dos años, han caído en saco roto. Por ello, pensamos que el gobierno argentino debe implementar una política de la reconciliación con el Perú mucho más decidida y sistemática. Esta debe implicar un pedido de perdón más enfático, la conmemoración institucional del apoyo peruano en Malvinas y encontrar, como contraparte, el reconocimiento peruano de la participación de ilustres argentinos en diversos episodios de la historia nacional, como José de San Martín, Mariano Necochea y Roque Saenz-Peña.

Si alguna vez estuve de acuerdo con Margaret Tatcher es cuando afirmó que los estados no tienen amigos sino intereses. Detrás de los gestos amistosos y de las políticas de la reconciliación internacional debe existir una masa crítica de naturaleza geopolítica y económica. Por ello, en la agenda bilateral de las relaciones peruano-argentinas tiene que asignársele urgente prioridad a la superación del mal recuerdo de 1992, que, más que a toda la Argentina, le compete a Carlos Saúl Menen y la mafia corrupta que en los años noventa se empoderó en la tierra de la milonga, el tango y la chacarera. A nosotros nos pasó lo mismo.

A Francisco Pareja, entrañable amigo argentino-peruano que se recupera de una operación al corazón.

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