LA REVOCATORIA A VILLARÁN

LA REVOCATORIA A VILLARÁN

Alcaldesa Susana Villarán
Nuestros canibalismo y ninguneos políticos deben dar paso al colaboracionismo

No voy a apoyar la revocatoria a Susana Villarán, como tampoco apoyé la campaña que promovió vacar a Alejandro Toledo en 2003-2004. Aunque ambas medidas son legales y democráticas, suelen ser la ocasión de obscenos “cargamontones mediáticos” impulsados por intereses mezquinos, porque la política peruana, según me dijo una amiga recientemente, es aún una guerra entre “barras bravas”.

Sin embargo, debo recordar a los defensores de Villarán la manera como ningunearon y ningunean el segundo gobierno de AGP, el que, para ellos, se reduce al Vrae, Bagua, Bisness Track y petroaudios. Los temas señalados son todos deleznables, pero en un país tan complejo como el Perú no son suficientes para negar la obra y los logros de un gobierno con cifras claramente en azul.

Así, por ejemplo, sobre el tren eléctrico dijeron que partía Lima en dos, lo dijo la misma Villarán y no pudieron reconocer que esa obra -de la que más bien puede criticarse la improvisación con la que se inició durante el primer gobierno de AGP- le ahorra más de dos horas diarias en desplazamiento a millones de limeños. Y lo hará a muchos más si en el actual periodo se realiza el segundo tramo hasta SJ de Lurigancho.

De todo esto resulta que hoy muchos apristas aplaudan la revocatoria ante quienes solo saben criticarlos y no les reconocen nada bueno, ni a su partido, ni a su historia, ni al segundo gobierno de AGP. Yo no estoy de acuerdo con las revanchas, por el contrario, pienso que si el APRA transformó la política del siglo XX, de una elitista en otra de masas, debería trazarse por meta para el siglo XXI cambiar la política “canibalizada” que tenemos ahora, por otra más moderna, profesional y concertadora. Ciertamente, esta meta debería ser común al conjunto de nuestra clase política, si es que así podemos llamarla. Sin embargo, Villarán y su entorno, en su lucha contra la revocatoria, ahora deben atenerse al pasivo de su tradicional ninguneo –académico y político- al APRA y a la derecha, y yo espero que la experiencia les sirva para generar las necesarias autocríticas.

Ya es hora de que en el Perú maduremos políticamente, es momento de que los partidos políticos realmente lo sean y de que el “canibalismo entre barras bravas” sea reemplazado por el colaboracionismo, el diálogo, la crítica constructiva y la denuncia auténtica de la corrupción.

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