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Recordando a Mario, a propósito de Milei

Daniel Parodi Revoredo

 

Esta será una nota llena de disclaimer. Ayer escuché los dos discursos de Javier Milei, tras resultar ganador de las elecciones en Argentina: uno en su local partidario y otro en la avenida Corrientes del centro de Buenos Aires, ante miles de sus partidarios.

A pesar de tratarse de personas y de personalidades bien distintas, antagónicas quizá, las palabras de Milei me recordaron el FREDEMO de Mario Vargas Llosa, y a él mismo cuando hablaba de la libertad, y repetía la palabra tanto como lo hace el presidente electo de Argentina. Está claro que por libertad ninguno de los dos alude al sagrado valor del hombre a seguir su libre albedrío y no ser esclavo de ningún otro hombre. No, ambos refieren las libertades económicas, al mercado como regulador de la economía y la no participación del Estado en ella, o la disminución radical de dicha participación.

En 1990 no lo entendí a Vargas Llosa, Aquellas elecciones fueron de transición, entre la Guerra Fría y el mundo posterior a ella. Por ello, la impronta ideológica estaba bien presente; entonces, al no votar por Mario rechacé el proyecto de la derecha porque estaban vigentes la centroizquierda e inclusive las izquierdas marxistas. Pasado el tiempo, recordé esas muy polarizadas justas electorales, de las cuales el factor identitario-cultural fue también muy importante -como suele serlo en el Perú- recordé sus consecuencias, a Alberto Fujimori quebrando el régimen constitucional dos años después y cancelando el sistema de partidos existente y concluí que aquella vez debí votar por Vargas Llosa.

Fujimori, cuya cancelación de la democracia deploro, y cuya encarcelación justifico en virtud de los delitos que cometió, aplicó el mismo plan económico que ofreció al país el FREDEMO, solo que al aplicarlo se llevó de encuentro a una democracia joven y un sistema de partidos que, mal que bien, era tal y que no volvió jamás. Fujimori, en virtud de su populismo sin cortapisas, se convirtió en el ídolo del pueblo, en el gran hacedor de obras que requería con urgencia el nuevo Perú, recién consolidado tras décadas de migración masiva. De esta manera, el populismo-asistencial se convirtió en nuestra cultura política, en la forma natural de relacionarse el Estado y la población, al punto que hoy, por “innecesaria”, ha desaparecido la clase política, la que ha sido reemplazada por improvisados de todo tipo, a los que prefiero referirme en una próxima oportunidad.

Vargas Llosa, en cambio, era – no sé si lo sigue siendo- un demócrata a carta cabal y, de haber triunfado en 1990, hubiese aplicado las reformas económicas, comenzando por la reducción de un Estado propietario nada menos que de 140 empresas públicas, todas quebradas. La diferencia es que, al hacerlo, no hubiese quebrado también la democracia joven que intentaba infructuosamente consolidarse en la llamada “década perdida”. Hay que considerar que en la década de 1980 nuestra deuda interna era impagable, que no podíamos cancelar sin más el Estado propietario de Velasco por la subsistencia de las izquierdas estatistas, y que, además, Sendero nos reventaba a bombazos cada vez que podía. Pienso también en Fernando Belaúnde Terry, él quiso aplicar las mismas medidas que propuso Vargas Llosa, pero la coyuntura política se lo impidió, no habían llegado los tiempos propicios.

1990 era distinto, el año anterior había caído el muro de Berlín, las izquierdas del siglo XX se batían en retirada – las del siglo XXI son otra historia- y el mundo capitalista, que festejaba su victoria sobre el oso ruso, promocionaba políticas de liberalización de la economía en el mundo entero. Se había iniciado la década neoliberal y el momento no podía ser más propicio. Pero ganó Fujimori. Cambio 90 aplicó las reformas que propuso Vargas Llosa pero, reitero, se llevó nuestra joven democracia, la primera desde la República Aristocrática, que, en dos ocasiones seguidas, transfirió el poder de un gobierno democrático a otro y que fue liquidada, para no volver jamás, el 5 de abril de 1992.

Anoche Milei habló igual a como hablaba Vargas Llosa en 1990, las propuestas que le escuché fueron básicamente las mismas, y fue también el mismo marketing político: conjugar en la palabra libertad las reformas económicas que Argentina necesita tanto como las necesitaba el Perú hace 33 años. No fue fácil lo de las reformas económicas; con Fujimori controlamos la inflación, cerramos la brecha fiscal, acumulamos las reservas que no teníamos, pero fueron años de recesión hasta que nuestra economía, enferma de gravedad, finalmente dio signos de reaccionar.

Disclaimer 1

No soy un neoliberal. Creo, y lo dije en mi nota anterior, que la política económica se aplica de acuerdo con la realidad de cada país. El Perú de los 90 necesitaba liberar su economía, reducir el Estado y el gasto público si quería sanar, tanto como la Argentina actual. Luego, con la misma convicción creo que la actual economía peruana requiere de una mayor inversión estatal en el área de los servicios y de la infraestructura, lo que requiere, como paso previo, reducir sustantivamente la corrupción presente en cada obra pública que se licita. Más Estado (sin socialismo) o más mercado se aplican de acuerdo con la situación de cada país. Chile también tiene que incrementar sus servicios y coberturas estatales, por eso los chilenos se levantaron seis meses en 2019.

Disclaimer 2

Mario Vargas Llosa, el político, no es santo de mi devoción. Sin embargo, lo encuentro cabal y responsable, y estimo que un gobierno suyo en 1990 hubiese sido cabal y responsable. Lo que no puedo aventurar es cómo será un gobierno de Javier Milei, aunque estime necesarias las reformas económicas que propone, al menos en su generalidad. El proceso de reformas liberalizadoras de la economía será muy duro para los argentinos. Me parece que en el Río de la Plata andan pensando que una varita mágica los hará ricos a todos de golpe por lo que no sé si estén, inclusive los seguidores del desmesurado outsider, realmente preparados para el ajuste económico que se les viene.

Luego tras Javier Milei, se encuentra Victoria Villaroel, su vicepresidenta, hija de un militar que se negó a jurar la Constitución democrática argentina en tiempos del radical (Unión Cívica Radical) Raúl Alfonsín. Villaroel defiende abiertamente a la junta militar argentina, es negacionista de sus crímenes políticos y representará, en el próximo gobierno, la línea más dura, autoritaria y conservadora. Preocupa pues, en una reflexión con tantas ucronías, retrospectivas y pronósticos que Javier Milei, o la propia Villaroel acaben siendo, en poco tiempo, el Alberto Fujimori de Argentina y terminen con la ya debilitada institucionalidad democrática de su país. Nadie necesita una nueva dictadura en la región, ni los argentinos la soportarían mucho tiempo.

Javier Milei y Victoria Villaroel: entre el neoliberalismo económico y el autoritarismo

 Palabras finales

Argentina necesita liberalizar su economía, esta premisa ha motivado la presente columna. Javier Milei, en lo general, propone la liberalización de la economía de su país, pero nos preguntamos qué otras cosas habrá dentro de la caja de pandora de un político que, como el mismo se define, es el “primer presidente libertario de la historia de la humanidad”. Espero que las sombras de un autoritarismo desvariado no oscurezcan la oportunidad de sanar la economía de Argentina en democracia, tal y como debe ser.

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