Viajero en la noche (capítulo doce)

[Visto: 128 veces]

(viene del capítulo anterior)
Aún algo aturdido por lo ocurrido en la mañana, Memo se alistó y se dirigió a la oficina. Cuando abrió la puerta, encontró un panorama desolador. Los módulos de trabajo, salvo el suyo, estaban vacíos. Nada de papeles ni de personas. De pronto el blanco cubría con su inmensidad toda la oficina. A pesar de la extrañeza, dejó sus cosas en su módulo y caminó hasta la oficina de Aníbal.
Tocó la puerta cerrada pero no recibió respuesta. Algo ansioso, Memo tocó otra vez la puerta, con más fuerza. Aníbal reaccionó porque se acercó hasta allí y abrió la puerta. Memo se sorprendió de verlo jadeando, como si hubiera hecho algún ejercicio intenso. “¿Qué pasó con los demás empleados?”, fue la primera pregunta del joven. “Les di el día libre, pero no  para ti. Tu aún tienes pendientes”, fue la contestación de su jefe, seguida de una orden.
Dicho esto, Aníbal pidió no ser molestado y cerró otra vez la puerta. Como no quería enfadar a su jefe, Memo volvió a sus labores hasta que acabó el día. Antes de irse, se despidió de su jefe desde la puerta pero no contestaron. Como se le hizo normal su trato indiferente, salió de la oficina y empezó a caminar calle abajo.
(continuará)

Viajero en la noche (capítulo once)

[Visto: 132 veces]

(viene del capítulo anterior)

Una vez que llegó al aeropuerto, Memo no le dijo nada a su jefe. Salvo para despedirse de él al llegar su taxi, no sentía ninguna empatía en continuar alguna conversación. Como quiera que Aníbal siguió entusiasmado con el libro, no le hizo mucho caso.

Fue así como Memo arribó hasta su casa y se dispuso a dormir. Dejó la maleta a un costado de la cama y, apenas con cambiarse el pijama, se metió a la cama. A eso de las cuatro de la mañana, sintió como que alguien se sentó encima de su cuerpo. Intentó poder ver qué  podía ser esa opresión, pero todo se veía muy oscuro en su habitación.

Finalmente, unos minutos después, esa presión desapareció tan misteriosamente como llegó. Memo se sentó en su cama y, luego de sentirse más aliviado, fue al baño a echarse un poco de agua en la cara. “Fue un mal sueño”, se dijo para sí y volvió a su cama. El reloj marcó las cinco. Decidió que era mejor abrir un libro y leer un poco antes que llegara el alba.

(continuará)

La puerta que cruzas (capítulo catorce)

[Visto: 152 veces]

(viene del capítulo anterior)
Alfredo avanzó por algunas calles de un distrito residencial. No parecía tener mucha prisa en llegar hasta el lugar indicado. Luego de encontrar el sitio, estacionó el auto y entró en la cafetería y se sentó en una mesa. Pidió la carta del menú y se la quedó mirando por largo rato. Aún estaba decidiendo en su mente qué pediría cuando una mujer se acercó y se sentó en la otra silla de la mesa.
Tenía el rostro oculto por unos lentes oscuros y una tela de color verdoso alrededor de la cabeza, pero el sonido de su voz era suficiente para saber quién era. “Me tuviste ansiosa sabiendo si vendrías”, dijo Lorena rompiendo por fin el silencio. “Estoy cumpliendo con la promesa que te hice, aunque este lugar no es tan privado”, señaló Alfredo algo incómodo.
“No te preocupes querido. Sólo me bebo esta taza de café y salimos de aquí”, habló la mujer con cierta fascinación. Dicho y hecho, Lorena terminó su café, pagó la cuenta y ambos salieron hacia el auto. Alfredo condujo por unas calles más hasta que llegaron a la entrada de un hostal.
Bajaron del coche y, agarrados de la mano, se dirigieron a la recepción.
(continuará)

La puerta que cruzas (capítulo trece)

[Visto: 107 veces]

(viene del capítulo anterior)
Unos días después, Nicole había quedado en salir con Alfredo por la tarde. Y a pesar de lo esmerado que lo veía a su enamorado, lo sentía ansioso. Habían aprovechado para hacer un paseo por el parque y encontraron una banca para sentarse. Alfredo empezó a mover su celular como si tuviera la imperiosa necesidad de recibir una llamada.
“¿Te pasa algo?”, preguntó la joven al darse cuenta que él le está prestando más atención a su teléfono. “Un amigo que no veo hace algún tiempo, me dijo que iba a llamar”, fue su escueta explicación. Nicole le recordó que lo ama y que puede contar con ella para cualquier situación. “Yo sé que me apoyarás, pero esto es personal”, respondió misterioso.
Esa respuesta rompió el buen clima que tenían y, ofuscada, la joven pidió que retornaran a su casa. Alfredo se quedó sorprendido y, rumiando su actitud idiota, caminó con ella hasta el auto, subió y condujo hasta la casa de Nicole. “No creo que sea para tanto”, dijo Alfredo sin imaginar que cometió su segundo error del día. “No puedes hablarme así, vete por favor”, dijo ella muy enojada entrando en su casa.
“¡Qué huevón!”, fue lo único que atino a decirse luego de casi recibir un portazo en la cara. Se fue decepcionado. Unos minutos más tarde, el celular sonó. “Hola. Espero que haya valido la pena esperar tu llamado”, dijo a su interlocutor y condujo con rumbo desconocido.
(continuará)

La puerta que cruzas (capítulo doce)

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(viene del capítulo anterior)

Han pasado más de tres meses. Nicole ha aprovechado cada minuto de sus salidas con Alfredo para poder demostrarle sus sentimientos por él. A pesar de ello, se encuentra un tanto frustrada. Y no por ella. De hecho, siente que su enamorado no está dando la misma intensidad que ella necesita.

Siente que sus besos no tienen la misma dulzura de los primeros. Aún más extraño: hay días que él le dice que va a salir con sus amigos, cuando apenas los había mencionado en los días previos a la reunión con Lorena. “No lo entiendo, ¿mi mamá pudo haberlo intimidado?”, piensa la joven intentando encontrar un razón al cambio de comportamiento del joven.

Una de esas noches que regresa a su casa, Lorena se encuentra sentada en un sofá de la sala y leyendo una revista. Apenas la ve, ella le pregunta cómo le fue. “Me fue bien mamá. Alfredo es muy bueno conmigo”, respondió con una sonrisa. “Me alegro por ti hija”, dijo Lorena mirándola con poca emoción.

A Nicole le pareció extraña esta contestación; sin embargo, hizo como que sólo recibió el mensaje, dijo me voy a mi cuarto y subió las escaleras.

(continuará)

Diez años después

[Visto: 168 veces]

Parece desconcertante decirlo pero un 26 de noviembre del 2008 se inició este blog. Aquella vez, un impulso me animó a escribir por primera vez en este espacio virtual que es Internet. No imaginé que aquellas ganas se mantendrían por tanto tiempo. Tú sabes que, cuando eres un joven, no te proyectas a largo plazo. muchas veces lo común es pensar en el día a día o pensar en la semana siguiente.

Y de pronto todo acaba. Termina el mes y pasas a otra cosa. A otro asunto, a otro tema, a otro amor. No puedo precisar en qué momento ese impulso se convirtió en algo más y, a pesar de todas mis virtudes y defectos, a pesar de todas las alegrías y tristezas, este blog siguió su marcha. A veces tan frecuente, últimamente tan pausado.

No sé si te habrás dado cuenta de todo el tiempo que pasamos, yo escribiendo y ustedes leyendo mis posteos. Sólo quiero decirte “Muchas gracias” por estar allí todos estos años.

Nos vemos en la próxima publicación.

La puerta que cruzas (capítulo once)

[Visto: 123 veces]

(viene del capítulo anterior)

Nicole se quedó pensando por qué su madre había salido a esperarlo a Alfredo y por qué demoran para hablar. “Si hay suficiente espacio aquí”, señala mientras se aburre sentada en su cama. Luego de unos minutos, se da cuenta que el auto se acerca de regreso a la casa. Lorena y Alfredo salen con premura del auto y entran en la casa.

La joven bajó por la escalera y les dio el encuentro entrando al comedor. Su madre se acercó a ella y tomó sus manos entre las suyas. “¿Hay algún problema?”, preguntó Nicole con ansiosa intriga. “Pues no, ve ya que Alfredo te espera”, dijo la madre esbozando una sonrisa.

La alegría de la joven fue completa al saber que no tendría peros en sus salidas con Alfredo. Fue otra vez a su habitación a buscar unos accesorios. Mientras los encuentra, Alfredo se queda esperando sentado en una silla de la sala. “No sé por qué lo hice”, dijo en voz baja para que Lorena no lo escuche.

(continuará)

La puerta que cruzas (capítulo diez)

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(viene del capítulo anterior)

Alfredo comprendió bien si Lorena quería castigar a su hija. A pesar de ella no dejó de llamar a Nicole ni tampoco responderle cuando ella lo llamó. Pensó en ir otra vez a la casa para hablar con Lorena intentando calmar las aguas pero Nicole lo disuadió de hacerlo.

“Ya se le pasará”, le comentó ella luego de algunas semanas. Confiando en ello, Alfredo esperó con cierta tranquilidad. De hecho, fue la misma Lorena quien, unos días después, lo llamó para decirle que levantó el castigo y su hija puede volver a salir.

Aquel fin de semana, Alfredo llegó contento hasta la casa para ver de nuevo a Nicole. Sin embargo, Lorena lo espera en la puerta con una mirada extraña. “Hay algo que quiero hablar primero contigo”, dijo y subió a la camioneta. Aunque lo tomó por sorpresa el pedido, el joven condujo hasta dos cuadras lejos de la casa.

(continuará)

Viajero en la noche (capítulo diez)

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(viene del capítulo anterior)

Aún aturdido por lo ocurrido, Memo alistó su ropa en la maleta sin mucha demora. Bajó hacia el estacionamiento y se quedó esperando que su jefe aparezca con el auto. Y aunque Aníbal llegó con el conductor del auto a la hora acordada, Memo sintió como si esperase años parado al costado de una columna.

“¿Por qué has esperado tanto? Sube ya”, dijo el jefe todo imperativo. Memo se despertó de su distracción y entró en el coche. En el asiento de atrás, la ansiedad lo carcomía. Mientras tanto, la noche se le hacía corta a Aníbal. De hecho, le ordena al conductor que vaya más rápido, que van a perder el avión. Sin prestar atención a Memo, enciende un habano para disipar su mal humor.

Llegados al aeropuerto, tomaron las maletas como pudieron y se dispusieron a subir al avión, ya que eran los últimos pasajeros en llegar. “Cambia esa cara, que ya nos vamos”, le dijo Aníbal muy confiado al ver asustado a su empleado. Memo no dijo nada y decidió cerrar sus ojos y virar al otro lado del asiento para no hacerle caso.

(continuará)

Viajero en la noche (capítulo nueve)

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(viene del capítulo anterior)

Memo tiemble un poco al ver el arma en sus manos. Trata de decirle algo a Aníbal, pero él ya se adelantó y entró en la cabaña. Los minutos pasan sin que su jefe le haga algún tipo de señal o ruido desde adentro. Memo sigue al costado del auto dando algunos pasos de nerviosismo, desde y hacia el auto, ya que no quiere estar allí.

Finalmente, luego de media hora, Aníbal sale con tranquilidad de la cabaña. En sus manos, lleva un libro forrado que carga cuidadosamente. “Es hora de irnos”, dice el jefe, suben al auto y se retiran del lugar. Memo se queda pensando qué puede ser aquel libro. “Debe ser un libro muy importante”, dice a su jefe esperando su respuesta.

Aníbal no le responde y el tedioso silencio se impone hasta que llegan al hotel. Una vez que están por entrar en la habitación, su jefe pone una mano sobre su hombro. “Alista tu maleta lo más pronto posible, nos vemos en el estacionamiento en una hora”, fue su escueta orden. Memo, sorprendido por el cambio de planes, se quedó unos segundos sentado en la cama antes de reaccionar.

(continuará)