Archivo por meses: agosto 2015

Y otra vez (capítulo dos)

[Visto: 171 veces]

(viene del capítulo anterior)

“¿Ya se fue? Qué raro, pensé que saldría a la misma hora”, afirmó Gustavo desconcertado por lo sucedido. Uno de ellos lo animó: “Seguro aún está cerca, vamos a alcanzarla”. Motivado, aceleró el paso por la acera.

La respuesta de su compañero lo entusiasmó sobremanera y dio largos pasos en pos de estar cerca de ella. Caminó rápidamente por un par de minutos, hasta que estuvo a poco de llegar al paradero. De pronto sus pasos se detuvieron.

Sus compañeros lo alcanzaron y le preguntaron por qué no seguía. Él sólo la ve… que no está sola. Hay una persona acompañándola de una forma más que amistosa. “Es Sergio, el practicante que llegó hace dos meses”, señaló uno de ellos.

Fue en ese momento que Sergio abrazó a Sofía y la besó con muchas ganas. Para Gonzalo, lo peor de todo fue ver que ella le correspondía de la misma forma.

(continúa)

Estoy equivocado

[Visto: 151 veces]

Quizá y estoy equivocado,

quizá no entiendo

esas pocas respuestas

que de ti recibo.

Será que en vano trato

de procurar adaptar

tus simples contestaciones

a mi complejo pensamiento.

Esta lucha sorda

nos delata y nos cansa,

nos obliga a separarnos,

a mirar a otro lado.

Al final tú te vas,

yo te olvido,

sólo nos queda el silencio

persistente, oprimido.

Y otra vez

[Visto: 207 veces]

Gustavo miró y miró insistentemente al reloj de pared que está encima del estante de útiles. Lo miró a las cinco, a las seis, a las seis y media y cuando marcó un cuarto para las siete. Para cuando marcó las siete, ya se había lavado la cara y las manos en el baño.

La mochila, que había dejado dentro de su casillero todo el día, se encuentra detrás de su espalda y sólo espera que sus compañeros de trabajo bajen con él hasta la salida. O, para ser más exactos, a Sofía, la chica que lo tiene loco.

Aquella tarde, había aprovechado para enviarle un mensaje por su correo electrónico. Ella se quedó fría con su osadía pero, por el sonrojo en su cara y la reacción de su amiga al compartirle el envío, quedó claro que fue de su agrado.

Con esa confianza, Gustavo espero que llegaran uno a uno sus compañeros, pero ella no llegaba. “¿Y dónde está Sofía?”, preguntó él muy ansioso. Ninguno de sus amigos presentes supo darle razón. Hasta que llegó uno de los chicos nuevos. “Creo que esa chica se fue hace diez minutos”, dijo él con evidente desinterés.

(continuará)

Noche lúgubre (capítulo tres)

[Visto: 175 veces]

(viene del capítulo anterior)

Carlos se quedó sorprendido por las palabras del desconocido. Le preguntó a qué se refería su frase. “Quiero que vuelvas mañana al bar y encuentres a esta chica”, contestó quien lo había auxiliado, entregándole una foto de la persona en cuestión.

Carlos empezó a mirar la imagen. Una sonrisa se dibujó en su rostro: es una chica linda aunque, por alguna razón, muestra un rostro triste. Luego, el hombre le entregó una cajita de madera en sus manos. Carlos creyó que sería un regalo para la joven.

Tembló un poco cuando se dio cuenta que adentro había un puñal. “Necesito que la mates por mí”, fue la escueta orden del desconocido. Carlos se negó e intentó alejarse, pero no pudo caminar muy lejos. Sintió su herida abrirse y sangrar otra vez.

Miró a su ocasional enfermero: un brillo morado apareció en sus ojos. “Si te niegas, tú pagarás con tu vida”, señaló el desconocido con tono intimidatorio. Al instante, se apagó ese brillo y Carlos notó cómo su herida dejó de sangrar.

(continuará)

Treinta días (capítulo tres)

[Visto: 158 veces]

(viene del capítulo anterior)

Aquella noche, Alberto no durmió tranquilo. Entiende que, por más que treinta días se pasan volando, no hay razón suficiente para que ella se niegue a sus caricias. De hecho, hasta hace unos meses se la veía muy cariñosa con él… y de pronto las cosas habían cambiado.

A la mañana siguiente, llegó a la oficina con los ojos chinos. José, su compañero de módulo, se asustó de verlo llegar de esa manera y le preguntó qué le había pasado. “Me fui a dormir recién a las dos de la mañana”, le respondió Alberto y lanzó un profundo bostezo.

José trató de indagar por el motivo de esa falta de sueño pero Alberto le pidió hasta el almuerzo para contárselo. Su compañero respetó su pedido y espero hasta que se fueron a almorzar para saber de su preocupación.

“¿Y qué es lo que te tiene así?”, preguntó José en un brusco cambio de tema después del almuerzo. Alberto lo miró con cansancio y, aunque se mostró un poco reacio, su respuesta fue tajante: “Es Marisela, me ha pedido tiempo”.

(continúa)

Corres

[Visto: 199 veces]

Vas huyendo ya

tratando de alejarte

queriendo ser imparable

ante esos extraños sentimientos.

No pensaste que sucedería,

que sólo era un juego,

un sábado cualquiera

que te ayudara a divertir.

No imaginaste ni un segundo

que tu corazón cambiaría

ese frío insensible

por una ardiente calidez.

Y ahora corres otra vez

escapando de ese destino,

esperando no querer,

esperando no amar.

Noche lúgubre (capítulo dos)

[Visto: 135 veces]

(viene del capítulo anterior)

Carlos continuó corriendo como si alguien lo persiguiera. Cada minuto voltea hacia atrás sintiendo que están por alcanzarlo. Es así que, en una de sus distracciones, cae de forma durísima sobre la acera.

Se quedó quejándose en el piso por un par de minutos, hasta que miró una banca cercana. Se acercó hasta allí caminando con dificultad y se sentó. Revisó su pantalón: está raspado y sangrando profusamente.

“Será que tengo que quedarme aquí”, dijo Carlos en medio de su borrachera, sintiendo el frío que congela, la sangre que emana. Parece estar listo para lo que viene, hasta que alguien se le acerca y comienza a curar su herida.

“Gracias por ayudarme”, respondió Carlos al desconocido que lo auxilia. “En realidad, quiero que sepas que esto no es gratis”, señaló el desconocido al terminar de curarlo.

(continuará)

Treinta días (capítulo dos)

[Visto: 148 veces]

(viene del capítulo anterior)

“Estuvo tranquilo, sin problemas”, fue la escueta respuesta de Marisela luego de un pequeño silencio. A Alberto le pareció gracioso este detalle y rió un poco. Ella le pidió que no se burlara, a lo que él respondió con un “está bien, está bien” que no le impidió mostrar que se siente alegre.

Marisela fue curiosa y le preguntó lo mismo. “Pesadísimo, mi jefe no me dejó ni respirar”, fue su pronta respuesta y ambos rieron. Justo llegó la cena y se pusieron a comer con mucho gusto; por tanto, él decidió que podía esperar hasta que salieran del restaurante.

Una hora más tarde, ambos caminan en dirección hacia el paradero. Hablan sobre cualquier cosa, pero él no tiene forma de meter su tema a la conversación. “¿Te ocurre algo?”, dijo Marisela viendo su ansiedad. Alberto se llenó de valor y comenzó a besarla.

Ella aceptó al inicio pero paró de pronto. “Sabes que nos pueden ver”, se excusó Marisela al verlo sorprendido. “Y yo quiero que nos vean, lo nuestro no tiene nada de malo”, respondió Alberto con cierto fastidio. “Treinta días, por favor… treinta días y ya nadie podrá decir nada”, dijo Marisela acariciándole el rostro.

(continúa)

Tatuajes y sombras (capítulo final)

[Visto: 144 veces]

(viene del capítulo anterior)

Silva puso sus manos sobre su abdomen, y vio que un gran corte lo hacía sangrar. El detective sintió que la vida se le iba y cayó de rodillas sobre el piso antes de caer desmayado. “Laura, nos salvaste”, dijo Flores agradecido hacia donde está ella.

Su sorpresa se convirtió en preocupación cuando vio que Laura yacía en el suelo. Él se acercó rápidamente a donde estaba, y pudo notar que tenía clavada una daga a la altura de su estómago. Aunque agonizaba, ella se preparó para dar sus últimas palabras.

“Él mencionó que estamos atados por la maldición, así que tenía que herirlo de alguna forma. Ahora ya soy libre”, explicó Laura antes de cerrar los ojos. Flores lloró con mucha tristeza por varios minutos hasta que reparó en un pequeño tatuaje en forma de mariposa que ella tenía en su cuello. “Es la cosa más bella que he visto”, señaló Flores en infinita contradicción.

En el baile

[Visto: 255 veces]

Estamos tan cerca

en ese reducido espacio

que parece prestarse

para tantas cosas.

Enciendo la radio

para sentirnos cómodos,

para transitar un poco,

para seguir el rato.

Poco a poco  nos gana

la emoción contenida,

un beso y otro

se suceden de repente.

Me animo a bailar,

tenerla en movimiento,

más cerca, más lejos,

en ese constante vaivén.

Paso a paso sin parar

pienso en mi próxima acción,

es que se acabó la espera,

es que estamos listos.