Archivo por meses: octubre 2015

Treinta días (capítulo ocho)

[Visto: 192 veces]

(viene del capítulo anterior)

El desánimo de Alberto fue muy evidente en su oficina. Desde el día que discutió con Marisela, tenía una actitud rebelde y desafiante. Aquella semana, Alberto terminó amonestado y suspendido un día de sus labores.

Ese día nefasto, se fue para su casa y se echó sobre su cama, intentando comprender por qué esa discusión lo fastidia demasiado. Y sólo se le ocurrió lo primero que le vino a la cabeza: llamó a Marisela para saber qué de malo está pasando entre los dos.

Pero ella, sabiendo que se trata de él, no contesta. La llamada va al buzón de voz. “Por favor, déjame ayudarte, déjame entender qué es lo que te pasa”, dijo el joven y su voz se quebró al decirlo. “Espérame tres días, sólo tres días más. Te lo pido por favor”, Marisela contestó emocionada al minuto siguiente.

(continuará)

Noche lúgubre (capítulo ocho)

[Visto: 187 veces]

(viene del capítulo anterior)

“Laura, te lo pido, quedémonos un rato más, hasta que te sientas mejor”, dijo Carlos algo ansioso. “No ya, es muy tarde, es mejor que me vaya”, retrucó ella y se disponía a irse sola, cuando él le pidió acompañarla a tomar un taxi.

Ella aceptó y los dos salieron por la puerta del bar. Como no vieron ningún carro llegar, caminaron en dirección al parque. Carlos empezó a contar algunas anécdotas graciosas, haciendo que ella se riera a carcajadas mientras recorría el sendero de hojas caídas.

De pronto, Laura se sintió cansada y quiso sentarse en algún sitio. “Déjame descansar un par de minutos”, fue lo que dijo al divisar una banca y sentarse a recuperar el aliento. Al verla tan indefensa, Carlos iba a sacar el puñal cuando la oyó reírse de una forma muy extraña.

Los ojos de Laura rápidamente se oscurecieron y, con una voz que parece provenir de muy lejos, habló: “Yo ya sé que vienes a matarme”.

(continuará)

Y otra vez (capítulo seis)

[Visto: 254 veces]

(viene del capítulo anterior)

El pobre Gonzalo no sabe qué hacer. Cómo es posible que otro esté hablándole de la forma en que lo hace él. “No… tiene que haber una explicación”, exige despechado por lo que está viendo y decide caminar más rápido.

El ímpetu le gana y sus piernas empiezan a correr más deprisa, al darse cuenta que Lidia se despide de su amigo con un beso demasiado apasionado, y se dispone a subir en el bus que la lleva a su casa. Gonzalo se esfuerza al máximo por llegar cuando el bus arranca.

Lidia había conseguido un cómodo asiento y, cuando saca su cuaderno para leer unas anotaciones, escucha un ruidoso golpe que estremece a todos los pasajeros. Nadie entiende lo que ha pasado hasta que ella mira a la puerta de subida: Gonzalo se ha arrojado sobre la escalinata y, de a poco, se salvó de morir arrollado.

(continuará)

Final de pareja

[Visto: 183 veces]

Sólo son momentos exiguos

en que breves personas

intentan demostrar

la amplitud de sentimientos.

Dos personas incapaces

de lograr una normalidad,

de vivir una fantasía

en un confuso presente.

Ellos se ahogan ya,

con el llanto permanente

en el fastidio recurrente

y la discusión constante.

Ellos son cómplices

de una destrucción infinita,

anunciada de antemano,

que les niebla la vida.

¿Quién los salvará acaso

de esos terribles fantasmas,

tan altivos y visibles

pero que no quieren ver?

Quizá procuren un escape

de esos espectaculares,

que los devuelvan al mundo

que no quisieron dejar.

Quizá sea muy tarde,

para uno o para ambos,

es la realidad que los ha atrapado,

la soledad que los ha afligido.

Treinta días (capítulo siete)

[Visto: 216 veces]

(viene del capítulo anterior)

“No puedo creerlo”, fue lo primero que dijo José cuando escuchó el relato de su amigo. Si Alberto no había podido descifrar el comportamiento de su enamorada, su compañero menos. “Algo muy raro está sucediendo”, fue la única conclusión a la que José llegó.

“Es que no sé qué más pensar”, respondió Alberto, añadiendo que ya lleva más de quince días sin poder conversar con ella. “Eso nos deja diez días más de espera; seguro que hay una explicación”, contesto su amigo esperando que él recapacitara.

“No broder, tengo que saber qué pasa”, insistió Alberto, convencido que necesita apoyarla. “Entiendo tu fastidio, pero es mejor que esperes”, afirmó José intentando apaciguar sus ánimos. No lo consiguió: Alberto se levantó de la mesa y salió afuera a fumar un cigarrillo.

(continuará)

Noche lúgubre (capítulo siete)

[Visto: 214 veces]

(viene del capítulo anterior)

Ella se le queda mirando: es obvio que le parece atractivo. De pronto, se da cuenta que él se acerca hacia su mesa. Se ruboriza un poco pero, con total tranquilidad, él se sienta a su costado y la saluda.

“Hola, soy Carlos”, dijo el joven y le extendió su mano. “Soy Laura”, dijo ella y lo saludó del mismo modo. Comenzaron a hablar de cualquier cosa, tanto que las bromas y las risas fluyeron mientras los tragos iban y venían en esa noche tan oscura.”He notado que te gusta bailar… ¿bailamos?”, preguntó Carlos como si no estuviera urgido por nada.

Laura asintió y ambos  fueron a la pista de baile. Se les veía bastante animados con cada uno de los pasos que hacen, hasta que ella se sintió un tanto cansada. “Vamos a sentarnos”, le aconsejó Carlos al verla así. “Creo que es mejor si ya me voy”, respondió ella y acercándose a la mesa recogió su cartera.

(continuará)

Y otra vez (capítulo cinco)

[Visto: 223 veces]

(viene del capítulo anterior)

Lidia lo saluda por cortesía. Y eso le extraña a Gonzalo porque la semana pasada todo estuvo muy bien. Él le preguntó cómo se sentía, pero ella solo atinó a decir que no había dormido bien y que se sentía algo cansada.

“Bueno, te veo a la salida”, fue la escueta respuesta de Gonzalo y se despidieron. Al besarla en la mejilla notó otra vez esa infame frialdad. Cuando volvió al aula luego del recreo, se preguntó si sería buena idea insistir en el por qué de su actitud. Para cuando llegó la hora de salida, él se apresuró en salir primero del colegio.

No la vio en el portón y se puso hablar con el vigilante de la institución para saber si la había visto. “Sí, ya está en dirección al paradero”, fue la contestación del hombre. Gonzalo agradeció y se apresuró en llegar al paradero. Grande fue su sorpresa al verla caminar acompañada de otro muchacho.

(continuará)

Sin sonido

[Visto: 268 veces]

Hoy ya no temo

al silencio que invade

esta habitación marchita

que poco merece.

La verdad es que no podría

seguir escuchando por siempre

las mismas idiotas mentiras

que tú te creabas.

Pues sólo servían

para derrumbarme,

para destruirme al ánimo

y cruelmente ablandarme.

Hoy he roto mis tímpanos

y ya no puedo oírte,

serás tan sólo un sonido

que no puedo escuchar.

Treinta días (capítulo seis)

[Visto: 163 veces]

(viene del capítulo anterior)

Alberto miró el reloj en su brazo. “Son las siete de la noche”, dijo ya con cierto fastidio. Las horas parecían pasar lentamente hasta que llegó a ese momento. Para su suerte, no tuvo que esperar más. La puerta se abrió, dejando salir a los dos amigos.

Marisela se despidió y él se fue caminando en dirección a la avenida principal. Alberto aprovechó para acercarse hasta la casa. Ella lo vio venir y se quedó algo sorprendida, pero igual lo saludó. Alberto le preguntó que pasaba. “Pensé que venías mañana”, respondió Marisela algo resignada.

Ambos pasaron adentro y Alberto vio que en la mesita de la sala había unos vasos de refresco y algunas galletas. Alberto le volvió a preguntar por su amigo. “Es de mi trabajo. Le pedí un favor y me está ayudando a realizarlo”, contestó ella con cierto nerviosismo.

Él le dijo que quería ayudarla también. “No puedo explicártelo ahora, en unos días lo entenderás”, fue su respuesta. Como Alberto insistiera en saber, ella se enojó y le pidió que se fuera de su casa.

(continuará)