Hasta siempre Álvaro Ugaz

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El lunes, cerca de de las 7 pm, falleció Álvaro Ugaz. El reconocido periodista, luego de haber sido sometido a dos operaciones para salvarle la vida, no pudo sobrevivir a un fulminante paro cardiorrespiratorio. Ugaz, quien se desempeñaba como director periodístico de CPN Radio, murió como consecuencia de las múltiples lesiones que sufrió al chocar su automóvil contra un tráiler la madrugada del domingo en la Panamericana Sur, en ruta hacia Lima.

Durante su velorio este martes, quedó patente lo que cosechó el destacado hombre de prensa durante su corta existencia: gente del ambiente político se confundía con familiares y amigos del extinto profesional, apreciado por su carisma y don de gente, el cual demostró, principalmente, durante su trayectoria de 18 años al frente de los micrófonos de RPP, emisora que se convirtió en su segundo hogar. Ugaz deja un enorme vacío por la eficiente labor al frente de los programas radiales que condució en dicha emisora.

Como bien puede observarse, todo el potencial profesional y las virtudes que exhibía Álvaro Ugaz han hecho que nos sintamos conmovidos por su tragedia. Su temprana desaparición enluta a una de las profesiones más incomprendidas y maltratadas en la última década. Como señalé en una anterior oportunidad, la muerte adquiere significado porque trunca la vida, es decir, trunca la posibilidad de desarrollar las acciones y la creatividad de un ser humano excepcional, quien se convierte en luminaria para todos sus colegas, en tiempos donde la noticia pasa tan de prisa que muchas veces olvidamos la debida importancia que debemos conferirle.

De otro lado, ha tenido que ocurrir este triste suceso para que en nuestro país se alcen las voces pidiendo cárcel efectiva para los choferes que cometan homicidio al frente del volante. Y esto lleva al tema tan recurrente y tan peruano de la indiferencia: tuvo que ocurrir el atentado de la calle Tarata para descubrir que el terrorismo no sólo era un problema en los Andes o la selva; tuvo que deshielarse Pastoruri para empezar a tomar conciencia sobre el cambio climático y sus consecuencias; tuvo que morir un ilustre periodista para llamar la atención sobre el peligro que representan conductores ebrios e imprudentes.

Hoy la vida continúa, un poco más gris que el día de tu partida. Lamento no haberte conocido en persona, pero bastan las muestras de cariño recibidas en estos días para dejar en claro tus dotes de brillante comunicador y líder de opinión y, lo más importante, tus innegables dotes de ser humano.

Hasta siempre Álvaro Ugaz.

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