Archivo por meses: mayo 2015

El rey Azul (capítulo once)

[Visto: 232 veces]

(viene del capítulo anterior)

Eduardo y sus más leales soldados enfrentaron la carga de los dos ejércitos que, luego de algo más de dos horas de lucha, lograron romper su resistencia y conseguir su rendición. El rey fue tomado prisionero y conducido hasta la carpa principal de los rebeldes.

Petreos se encargó de conducirlo hasta la presencia de Azul, quien mostró su beneplácito al ver al capturado. “Mi señor, has conseguido la victoria”, dijo el viejo líder y se abrazó con el príncipe gemelo. “¡Traición, traición!”, gritó Eduardo contemplando con estupor la escena.

Azul se acercó ante el capturado rey y le dijo lo siguiente: “No hubo traición porque Petreos siempre fue leal a mi”. Mientras a Eduardo se le hacía difícil comprender esa idea, Azul recompensó a Petreos por su actuación en la batalla y le pidió que lo viera más tarde. Petreos se retiró de la carpa, quedando los dos hombres en la incómoda situación.

(continúa)

Sinceras ilusiones

[Visto: 235 veces]

Permíteme soñar.

Después de todo este tiempo

déjame plagar la mente

de sinceras ilusiones.

Aun no logro entender

por qué te opones, 

por qué te enfrentas

a que te recuerde bien.

Aun en contra de tus deseos

yo sigo imaginando,

yo persisto en creer

que te volveré a ver.

Y quizá un buen día,

cansada de tu orgullo,

te imagine más alegre

y me vuelvas a amar.

Durante el tercer año ( capítulo once)

[Visto: 333 veces]

(viene del capítulo anterior)

Los tres jóvenes salieron de la casa y se fueron a la discoteca donde les esperaban sus viejas amistades. Mónica se encuentra demasiado emocionada con tanto abrazo que recibe por parte de sus amigas del colegio, a las cuales no veía de hace algunos años.

Ella se siente en las nubes, esperando que nadie la despierte del maravillosos sueño que está viviendo. Y Sofía, ni corta ni perezosa, se encarga de pasarle uno a uno los tragos requeridos para que su ensoñación prosiga. Tanto así que, del baile en grupo del inicio, pasó a encontrarse cara a cara con Pedro.

Tenía sus brazos acariciándole el cuello, muy cerca como para no sentir la palpitación del momento. Él sólo la mira fijamente en espera de la señal que quiere ver. Mónica no se resiste más y acerca sus labios hasta que consigue besarlo. Una y otra vez. Una pausa para tomar aliento. Besarlo una y otra vez. Su mente se nuble pensando en Pedro y olvidando a Luis.

(continúa)

Tatuajes y sombras (capítulo diez)

[Visto: 218 veces]

(viene del capítulo anterior)

“Demos la bienvenida a ¡Sirena!”, anunció una voz detrás de la cortina que cubre el escenario. La mujer sale en medio de la ovación de los hombres que esperan ver su rutina rítmica. Lleva un atuendo con motivos marinos, que no demora en despojarse hasta quedar sólo con su tanga.

El lugar se enciende en pasiones al compás de las contorsiones que realiza, mientras cada uno de los parroquianos le va dejando un billete en la tanga. Sirena termina su baile en medio de largos aplausos y les regala una sonrisa y varios besos volados mientras camina hacia detrás del escenario.

Tan solo Flores siguió un poco frío: se había fijado bien en el rostro de la bailarina… y no era Laura. Mantuvo la misma actitud con las siguientes chicas. Hasta que salió a escena Nikki. El detective no pudo reconocerla de inmediato por los lentes oscuros sobre sus ojos y la peluca color azul que tiene por cabellera.

(continúa)

El rey Azul (capítulo diez)

[Visto: 228 veces]

(viene del capítulo anterior)

Las flechas lanzadas agarraron por sorpresas a varios de los soldados, diezmando a la avanzada y obligando a los sobrevivientes a guarecerse detrás de los árboles. “Petreos, ¡avanza!”, ordenó el rey Eduardo al ver el desastre en que se había convertido.

Pero Petreos no contestó. En su lugar, ordenó  sus caballeros avanzar formando una línea recta en dirección al bosque. La sonrisa del rey se desvaneció al ver cómo los refuerzos se quedan parados a una importante distancia y no hacen nada por ayudarlos.

La lluvia de flechas termina y Eduardo decide retroceder y huir con sus hombres. Llegan hasta la línea de Petreos, pero él no les deja pasar: sus soldados blanden sus espadas como si esperasen un ataque. “¿Por qué Petreos?”, dijo el rey sin entender la actitud de su aliado.

(continúa)

Distinto es

[Visto: 239 veces]

Qué distinto que es

el vaivén del péndulo,

en su ritmo se mantiene,

en su transitar constante.

Quisiera parecerme a él,

estar en equilibrio,

avanzar seguido

y en el mismo nivel.

Pero no puedo:

muchas emociones

me sublevan del suelo,

me desconectan del piso.

Algunas de ellas

son porque sueño contigo,

será por eso que me tienes

en constante vaivén.

Durante el tercer año (capítulo diez)

[Visto: 230 veces]

(viene del capítulo anterior)

Sofía llamó a su amiga para decirle que pasaría a recogerla a su casa en taxi “como a las nueve”.  Mónica aceptó y decidió alistarse con tiempo para no hacerla esperar. Ya vestida para la ocasión, y sentada sobre el sofá de la sala, ella esperó que ella apareciera por la puerta.

Al final esperó más de una hora y, para cuando tocó el timbre y miró por la ventana, vio que Sofía no había llegado sola: un apuesto muchacho la acompaña. “Hola amiga”, la saluda la recién llegada con harta efusividad y le pregunta a continuación, “¿te acuerdas de Pedro?”.

Y Mónica sintió que el mundo se le venía encima: Pedro fue su “ilusión de cole”, aquel chico con quien siempre le había gustado estar pero que, por su entonces notoria timidez, no logró hablarle. Y ahora él está parado en su puerta, y Pedro la saluda con mucha alegría.

“Me alegra verte después de tanto tiempo”, reconoció Pedro con una sonrisa. Mónica no pudo pensarlo de otra manera: quizá éste era el momento de su segunda oportunidad.

(continúa)

Tatuajes y sombras (capítulo nueve)

[Visto: 415 veces]

(viene del capítulo anterior)

Flores avanzó en medio de los jóvenes, y no tan jóvenes, que se encuentran dentro del local que está tenuemente iluminado por una luz rosácea. Las botellas de cerveza y los vasos de whisky aparecen como por arte de magia en las bandejas que las anfitrionas se encargan de repartir.

“Hola guapo”, se acerca una de ellas a preguntarle si desea un trago. Flores con aplomo deja un billete en su bandeja y le pide un whisky. Ella le guiña un ojo y se va por su pedido, mientras el detective se acomoda en una de las mesas que se ha desocupado.

Mira la sombra que proyecta la iluminación: parece describir una espacio de escenario algo estrecho. Dos luces blancas aparecen de repente e iluminan por completo la tarima. Los hombres comienzan a vitorear: es la hora del baile, y la primera chica del night club va a salir a deleitar.

(continúa)

El rey Azul (capítulo nueve)

[Visto: 345 veces]

(viene del capítulo anterior)

Eduardo sale con toda pompa del castillo y empieza a revisar a la tropa, que ya lo está esperando desde hace una hora. Los soldados parecen mirarlo con harto recelo, hasta que Petreos se pone al frente y les ordena con dureza: “Hacia el frente, ¡avancen!”.

Las columnas del ejército salieron de la villa y comenzaron a asentarse sobre el terreno. Luego de unos minutos, alcanzaron el borde del bosque. El rey se sorprendió de que sólo un pequeño grupo de cincuenta rebeldes se encontrara para impedirle el paso. Eduardo le pide a la tropa que descanse y se acerca hacia Azul.

Los rebeldes observan con cuidado su actitud pero, a poco de ser alcanzados, dan media vuelta a sus caballos y cabalgan adentrándose en el bosque. Queriendo que no se le escape una victoria digna, el rey ordena a Petreos que lance  los soldados a perseguir a los rebeldes. Se dirige al líder de la columna central y da la orden que avancen sobre los rebeldes.

Los caballeros de la columna central cabalgan en dirección a los fugados, lo cual anima a Eduardo a liderarlos, mientras que Petreos se queda esperando en la retaguardia con las columnas diestra y zurda. Eduardo y sus soldados se adentran en el bosque con poco cuidado y no saben por dónde avanzar. En ese momento, varias flechas empiezan a cortar el aire: ha comenzado la emboscada.

(continúa)