Archivo por meses: octubre 2009

Criollo y aparecido

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La historia que voy a contarles es una anécdota con el dueño de la guitarra que acaricio en mi manos. Sucedió hace un año. Hace no mucho había perdido a mi esposa y paraba todo el día en casa, recordando cómo era, recordando nuestros buenos tiempos. Es en ese ensimismamiento que un amigo vino a visitarme y me invitó a tomarnos unos tragos en una peña de la parte antigua de la ciudad.

Aquel treinta y uno de octubre tomamos un taxi hacia aquel lugar. Cuando el conductor paró en una esquina, miré por la ventana a un grupo de niños que, disfrazados, reían mientras recolectaban sus golosinas bajo el “truco o dulce”. “Tonterías”, dijo Augusto, acérrimo criollo. Yo sólo atiné a alegrarme de esos traviesos gestos infantiles, mientras mi amigo hacía hígado por su postura tradicionista.

Después de unos cuantos semáforos, llegamos al local. La gente ya estaba muy animosa con el paso de cada artista por el escenario. Augusto y yo nos acomodamos en una mesa -de milagro- vacía, y pedimos un par de chelas. Un tondero, un vals y una polca sazonaron los minutos siguientes a nuestro arribo. De pronto, el anfitrión de evento presentó a un joven moreno, alto y de rasgos finos, que cargaba una guitarra.

Lo nombró José Baldeón, quien pidió una silla de madera para poder comenzar. Al instante que empezó a sacarle notas a la guitarra, el público quedó hipnotizado de la incomparable belleza de los sonidos, la armoniosa cadencia de los acordes y la viva voz puesta en cada una de las canciones; de modo que, al terminar una interpretación, el respetable lo distinguía con una tremenda ovación y yo empezaba a interesarme más en el virtuoso.

En una de las pausas, y con varias copas encima, me escabullí al camerino de Baldeón, lo felicité con efusividad y, en un arranque de entusiasmo, le pedí que me regalara su guitarra. Él no lo pensó dos veces, me la regaló y además la autografió con dedicatoria. Me dio su tarjeta con su nombre y un teléfono, 2651979. Y antes de retirarme del aposento, el guitarrista dijo: “Estoy seguro que nos volveremos a encontrar”.

En mi estado etílico, sólo pude sonreirle y salir de allí. Al volver a mi sitio, Augusto quería irse pero lo convencí de quedarnos un rato más. Como a la media hora, todo alcoholizados, nos retiramos. Ciertamente había disfrutado esa noche pero, en el fondo, sabía que necesitaba descanso para ir al cementerio mañana primero. Como esperaba, me levanté tarde y la resaca hacía mella mi cabeza con un fuerte dolor.

Aún así decidí ducharme, vestir el terno, comprar unas flores e ir al encuentro con mi esposa. Atrás quedaban los regaños de mi amigo y, ¡qué extraño!, la guitarra perdida en la peña. Ya en la tumba, cambié las flores, hice unas oraciones y luego quedé en un silencio meditativo. Unos segundo después, volteé la mirada hacia la izquierda y, como a dos metros, descubrí una guitarra encima de otra tumba.

Me acercaba hacia allí y, a cada paso que avanzaba, el instrumento me parecía conocido. Llegado al punto, grande fue mi sorpresa al identificar que era la misma guitarra que me habían regalado la noche anterior, y con la misma dedicatoria firmada “J. Baldeón”, en cuya lápida decía “Fallecido 26-5-1979”. Sigue leyendo

Una muerte que no debió ocurrir

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Parecía otro sábado cualquiera para María Paola Vargas Ortiz, 25 años, contadora. Salía de su casa a encontrarse con unas amigas pero nunca llegó a su destino. Un grupo de hinchas de Universitario que se dirigían al estadio Monumental subió a la misma coaster donde ella viajaba. Vargas quiso entonces bajar y terminó golpeándose la cabeza en el pavimento, con un severo traumatismo que provoco su deceso al día siguiente.

Si bien la Policía maneja la hipótesis que uno de los barristas la empujó deliberadamente fuera del carro, estos se han defendido dando distintas versiones de aquella trágica tarde sin poder corroborar sus testimonios. Sin embargo, los amigos de la fallecida no han decidido esperar y a través de un grupo creado en Facebook esperan recibir información que lleve a la captura de el o los asesinos que, vestidos de hinchas, cegaron la vida de una persona que nada tenía que ver con sus problemas.

La indiganación de la ciudadanía es totlamente justificada. Las personas tenemos derecho a vivir de forma tranquila y, más aún, si nos mantenemos al margen de pasionales fanatismos como el que demuestran los criminales de esta joven. Que lo sucedido con María Paola sirva de reflexión a estos barra bravas, que seguramente también tienen padres preocupados por su salud cada vez que salen. Que este sea el punto final de esta violencia instintiva y homicida que afecta a toda la sociedad.
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El trozo de becerrillo

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La supervisora encontró a Benito comiendo aquella carne cocida de becerro que se le hacía tan familiar. Benito, descubierto, sólo atinó a hacer una sonrisa nerviosa. Él era una de esos muchachos de provincia que se había venido a la capital a trabajar duro y, en el camino, alcanzar fortuna. Se consiguió un empleo en una recientemente inaugurada clínica privada donde los pudientes mandaban a curar a sus familiares enfermos.

En su calidad de mozo, Benito se encargaba de servir a las distintas habitaciones que le indicara la señora Marga, una mujer ya mayor y con carácter autoritario que verificaba el valor proteico de las dietas requerido y que sean servidas en forma apropiada. Poco a poco, el muchacho, con su gracia y dedicación, se ganó la confianza de los cocineros, ayudándolos incluso a preparar ciertos platos y manejar el almacén de alimentos.

Cierta tarde, a la hora del almuerzo, Benito entró en la cocina con mucho sigilo. Si bien las reglas de la clínica permitían a los empleados comer fuera de la institución, el pícaro mozo había observado el pedido de alimentos que había sido puesto en el almacén aquella mañana, en especial un gran trozo de carne de becerro que le hacía agua la boca.

Como los cocineros aprovechaban su tiempo libre, nadie más estaba en la cocina, así que Benito cogió la llave del almacén, abrió la puerta, sacó un pedazo considerable de carne, cerró y luego se puso a cocinar el becerro. Se lo sirvió con una ración de aguadito y se propuso degustarlo. Pero ni dos minutos corrían cuando doña Marga entró en la cocina, extrañada por el ruido y el olor que de allí salía.

Benito se puso blanco de la sorpresa pero, al preguntar la supervisora por la sospechosa carne, recuperó el aplomo y la invitó a probar del plato. Doña Marga tomó cuchillo y tenedor y comió de la carne que le ofrecía el pícaro mozo, expresando su satisfacción que estuviera tan rica. Entonces, Benito le dijo que “el trozo de becerrillo, si se sabe tan bien, es porque es de mi tierra”. La señora rió un poco y después, con su característico semblante endemoniado, al mozo le espetó: “¡y a tu tierra volverás!”. Sigue leyendo

Presunta farsa pone en aprietos a organizadora de exposición sobre el cuerpo humano

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Cada vez con menos aire. Susan Hoefken, quien habría inventado el robo de un pulmón de la exposición “El cuerpo humano: real y fascinante” que su empresa –Impacto Producciones- organizaba, faltó a la primera citación que le hizo la Policía para presentar sus descargos. La fiscal Milagros Mora señaló que, de todas formas, se espera que la empresaria rinda su manifestación el lunes o martes, sino se le declarará como no habida y se emitirá orden de captura en su contra.

Como se recordará, hace unas semanas, Hoefken denunció el robo de un pulmón del evento que organizaba, objeto que fue recuperado al cabo de un par de días en un estacionamiento cercano. Sin embargo, el testimonio de un estudiante de medicina, recabado por el programa Prensa Libre, así como un correo electrónico que sindica a la empresaria como autora del fiasco, dieron un giro insospechado al suceso que se había convertido en vergüenza mundial para los peruanos.

De ser hallada culpable, Hoefken recibirá cuatro años por los delitos de falsa denuncia y falsedad genérica. Pero la censura social ya ha operado: el repudio generalizado de la opinión pública sólo es comparable a la de otros inescrupulosos que prometieron traer estrellas de la música y, al final, se quedaron con el dinero de los fanáticos. Lo que hace la codicia de anónimos inescrupulosos: ojalá que la imagen del país nunca más se dañe por hechos como este. Sigue leyendo

La muerte del vampiro (parte tres)

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(viene de la parte dos)

Tras llegar al sitio en que yace el segundo cadáver, el análisis repetitivo y las fotos de rigor, ahora sí Gómez empezaba a considerar, ciertamente con cautela, toda creencia del forense pero, sin una pista clara que delate al asesino, aún se devana la cabeza procurando tener una explicación lógica a crímenes ilógicos. A los cinco días, otra llamada remeció la delegación. León entró en el despacho del detective quien, con sólo mirarlo, entendió la indirecta. Recordando a la segunda víctima, Gómez salió raudo de allí diciendo: “Veamos quien te sigue, Camila Calenda”.

“¿Qué hallamos?”, preguntó el detective al presenciar a la tercera occisa. Jenifer Garza, 27 años, soltera, delgada, vecina de la zona, fue la escueta descripción del oficial de policía que arribó primero. León volteó el cuerpo, encontrando las mismas marcas en el cuello, mas una peculiaridad se destadaba: encontró un par de jeringas usadas. “De Almeida no es médico”, señaló Gómez. “Pero también puede que sea un despiste”, opinó el forense.

“¿Y si quizá…”, el detective empezó a cuestionarse mientras volteaba la mirada y veía la gente que se juntaba a curiosear en torno a la escena del crimen. Como en una súbita iluminación, divisó a un joven que lo miraba fijamente. Vestía casual, con pelo corto y unos lentes, mediana estatura y de faz poco agraciada. Entendiendo que tenía su atención, el curioso levantó las manos, las mismas que estaban cubiertas por guantes de látex manchados de sangre.

Gómez olvidó pasar la voz y se lanzó a correr detrás del desconocido, el que huía por una esquina hacia la calle del lado izquierdo. El detective lo persiguió mientras las patrullas intentaban cercar al fugitivo por el otro lado del camino. Antes de llegar a una moto estacionada, el de lentes fue embestido por uno de los patrulleros, al tiempo que, más tranquilo, el detective sacaba las esposas de su bolsillo.

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Continúa debate por despenalización del aborto

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Tras una semana movida por el dictamen de la comisión especial, que fue aprobado el pasado 9 de octubre –por cuatro votos contra dos y un par de abstenciones- para los casos de aborto eugenésico y por casos de violación, las aguas siguen agitadas a raíz de la votación que tendrá el Congreso de la República en los próximos días sobre el controversial tema.

Tema que mantiene dividida a la opinión pública, al punto que ayer 20 se produjeron enfrentamientos entre los partidarios y detractores de la polémica aprobación. Para los que están a favor de la norma, esta permite que las mujeres violadas no tengan que pasar por un trance doloroso y traumático, además de evitar un sufrimiento innecesario para los infantes que nazcan con malformaciones físicas o psicológicas.

Para los que opinan en contra, en especial la Iglesia Católica, el derecho a la vida está consagrado en la Constitución política del Estado, y éste es inalienable, es decir que no se le puede privar de este derecho al neonato, bajo cualquier punto de vista. Sostienen que los niños no deseados por estos motivos, pueden ser cuidados en albergues o entregados en adopción.

El debate es complicado al querer analizarse qué es más importante, si el derecho de decisión de la gestante o el derecho a la vida del gestado. Y eso me hace recordar la vieja frase que dice “El derecho de uno termina donde comienza el de los demás”; por tanto, el fundamento de dicha frase reconoce que es permisible todo aquello que beneficie a ambas partes, mientras que limite aquello que atente contra el desarrollo de uno de ellos.

Entonces, es discriminatorio que se ataque el derecho de los que menos medios tienen para defenderse; porque, si se hace memoria, ¿acaso no tienen menos medios de defensa de derechos tenían los indígenas en Bagua, los niños muertos en el sur a causa del friaje, o los damnificados del terremoto en Pisco que siguen esperando sus nuevas viviendas? Y si se hablara de merecimientos, ¿acaso un pequeño infante con discapacidades no tendría más derecho a la vida que un violador o asesino en perfecto estado de salud?

Ciertamente, es muy loable querer evitar el sufrimiento del otro, pero no a costa de la propia decisión que le corresponde al otro. Desde mi óptica, la vida humana es el fenómeno del espacio y tiempo en que una persona desarrolla o hace cosas; por tanto, corresponde a esa sola persona -respetando el derecho de los demás- las elecciones relevantes que afecten su vida. Sigue leyendo

El Cyber Blue

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Cuatro y cincuenta. Tan sólo faltan diez minutos para bajar el archivo, corregir unas palabras e imprimirlo en el papel. Todo este pensamiento se repite como mantra en la cabeza de Gabriel, mientras aguardaba, quieto pero nervioso, que el carro lo dejara en la esquina 25, a menos de una cuadra de la calle de los informáticos.

Era esta un pequeño grupo de galerías donde los stands eran ocupados por personas dedicadas a la prestación del uso de compus con Internet y relacionados. En espacial había un puesto, el Cyber Blue, donde Gabriel se sentía a gusto por el buen trato del administrador, la rapidez del erquipo y el bajo costo del servicio, así como un ambiente confortable, amigable, “azul”.

Apenas bajó de la custer, Gabriel empezó a correr, mientras intentaba sacar una moneda de su bolsillo, teniendo en cuenta que haría la corrección y el impreso en el menor tiempo posible. De pronto, alguien le pasó la voz. Gabriel hizo el ademán de devolver el saludo, y un golpe seco, como ante cemento, lo tumbó al suelo.

Estuvo tendido quince, treinta, tal vez 45 segundos, el joven se llevó la mano a la frente más no sintió ningún dolor. Así que, dejando atrás el inesperado poste en su camino, se incorporó y avanzó raudo hacia la galería. Una vez dentro del Cyber Blue, pidió al encargado, a la alocada, que le diera tiempo libre, mientras buscaba un sitio vacío donde sentarse.

Finalmente, halló una máquina sin ususario, se sentó y quiso abrir una página web, sin éxito. Probó otra vez pero nada ocurrió en la pantalla. En cambio, el lugar todo parecía tomar una tonalidad azul en el aire, las paredes, e incluso su misma piel. Exasperado, Gabriel pidió ayuda el encargado, quien pareció no escucharlo.

Fue en ese instanete que la pantalla se tornó blanca, con unas manchas pocos definidas, manchas que poco a poco se aclaraban y formaban una imagen de aquella esquina, con aquel poste… y aquel joven tirado en medio de un charco de sangre. Gabriel hizo el ademán de pararse pero llegó el administrador, que también se veía todo de azul. Poniendo una mano sobre su hombro, él le dijo: “Puedes quedarte todo el tiempo que quieras”. Sigue leyendo

Contradicciones del crecimiento: según ONU, el país está a punto de reducir pobreza extrema a la mitad pero esto no ocurre en Huancavelica

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En información recogida por El Comercio, la pobreza extrema cayó desde el 23% de 1991 hasta 12.6% en el 2008, tendencia decreciente que se observa en todos los departamentos del país, menos Huancavelica. En el desglose, signos positivos son la disminución de la pobreza en el área rural (5.6%), tasa de ocupación de población económicamente activa (70%) y conocimiento de métodos anticonceptivos en mujeres de edad fértil (99%, aunque sólo los use el 71%).

Sin embargo, también resaltan aspectos negativos como el 20% de niños menores de 5 años con desnutrición crónica y el casi 57% de menores de tres que sufren de anemia. El caso de Huancavelica es preocupante si, como vaticinó el economista Pedro Francke en junio, a un ritmo de crecimiento de 5%, el departamento más pobre del Perú saldría de la pobreza en 80 años, dado que, en cifras del Banco Mundial, ésta se contrae sólo 0.3% en la sierra rural (zona predominante en esta región) a comparación del 2.6% de reducción en la costa urbana.

Por tanto, más allá de algunas críticas al desactualizado sistema de componentes de la canasta básica familiar (que data de 1997 y que puede mejorarse), es rescatable la opinión de los especialistas en considerar una mejor redistribución de los recursos y programas sociales hacia las zonas como Huancavelica, que no pueden esperar 80 años a que un milagro ocurra. Sigue leyendo

La muerte del vampiro (parte dos)

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(viene de parte uno)

Gómez examinó el cuerpo mientras León tomaba fotografías de la escena del crimen. “Identificación: María Rodríguez”, señaló el detective al hallar la tarjeta de la víctima. “¿Qué se ve allí?”, preguntó León indicando el cuello de la occisa. Gómez movió un poco el cuerpo para que el forense lograra captar la imagen de la mordida de dos colmillos.

“El animal que haya hecho esto”, opinó Gómez, “debe haber sido muy cuidadoso. No quedaron rastros de sangre”. León hizo una mueca de extrañeza, y más bien se aventuró en esbozar una teoría: “pienso que fue un vampiro”. El detective, incrédulo, echó sonoras carcajadas. “¿Un chupasangre, en esta ciudad?”, rió de nuevo. Gómez lo conminó a dejar de lado esas fantasiosas conjeturas y buscar pistas en la declaración del testigo.

Ya en la delegación, ambos empezaron a interrogar a Enio de Almeida, el hombre alto y bien parecido que vio por última vez con vida a la infortunada. Había llamado unos minutos después del deceso, desde el paradero penúltimo de la línea de buses de la calle 38. Según su versión, ella se alejó de la esquina para llegar a la parada final y, a una cuadra de allí, fue atacada por un desconocido.

Gómez tenía cierta corazonada pero no tenía forma de acusarlo. El testigo pidió ir al baño, momento que aprovechó el detective para hurgar en el saco que Enio había dejado en la silla. Pasados diez minutos, Enio volvió de los servicios, y Gómez le mostró la pequeña bolsa con hierbas que encontró en el bolsillo izquierdo.

“Quién sabe si es coca u otro estimulante”, sugirió el detective. De Almeida tan sólo esbozo una sonrisa sarcástica: “Mas bien creo que eso no le servirá de mucho, detective”. Entonces, León, que había salido un momento, entró en la sala con el rostro desencajado: hallaron otro cuerpo con las mismas características a veinte cuadras de la comisaria. “Y esa hierba es eucalipto”, lo contrario el forense.

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Sorpresa por premio Nobel de la Paz a Barack Obama

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Por “sus extraordinarios esfuerzos para fortalecer la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos”, destacando su nuevo impulso para el desarme nuclear y su acercamiento al mundo musulmán, el comité noruego otorgó el viernes el Nobel de la Paz al actual presidente de los estados Unidos, Barack Obama, en una decisión que llamó la atención de propios y extraños.

Y es que Obama apenas lleva cerca de nueve meses de su mandato, por lo que sus planes aún están en la esfera de los buenos deseos. Él mismo reaccionó declarando sentirse “halagado y poco merecedor” del galardón, argumentando que ve en el premio “como una afirmación al liderazgo americano en nombre de las aspiraciones de la gente en todas las naciones” y lo aceptará como un “llamado a la acción”.

Si bien las críticas de diversos actores políticos mundiales han tratado de desmerecer su obtención, lo cierto es que debe verse este otorgamiento como el triunfo de la esperanza humana sobre los vicios de la maldad e indiferencia, y además anima al inquilino de la Casa Blanca a trabajar con mayor ahínco por sus altos propósitos. Por eso, sólo el tiempo será el juez que decidirá si el premio fue merecido o no. Sigue leyendo