Archivo por meses: junio 2013

Disputa en Los Robles (capítulo catorce)

[Visto: 379 veces]

(viene del capítulo anterior)

“¿Qué fue lo que pasó?”, le preguntó Lucho a Constanza una vez que estuvieron en plena carretera. “Avanza un poco más”, contestó la muchacha. Un rato después, le indicó que saliera de la carretera y se adentraran en el prado. “Para aquí”, le señaló, pidiéndole que apagara las luces y el motor.

Constanza le confesó que la conversación de Rodolfo con el dueño del bar se había vuelto un tanto agresiva, y que habían decidido resolverlo “de otra forma”. “Yo nunca creí que pudiera hacerlo… hasta hoy”, señaló la muchacha y comenzó a llorar. Lucho la abrazó y dejó que sus lágrimas cayeran sobre su hombro.

Unos segundos después, él sentía como los besos de Constanza subían por su cuello hasta empezar a robárselos de su boca. Lucho se dejó llevar pero, cuando ella empezó a desabotonarle la camisa, le tomó de la mano.

“Si Rodolfo fue capaz de matarlo al del bar, ¿qué no hará conmigo?”, le preguntó él muy preocupado. “Volvamos a la ciudad a comer algo”, dijo ella con una sonrisa.  Lucho prendió el motor de la camioneta y la dirigió otra vez hacia la carretera.

(continúa)

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Tiempo de venganza (capítulo dos)

[Visto: 365 veces]

(viene del capítulo anterior)

El primer indicio que tuvo sobre Ricardo sucedió el día que lo convocó para otorgarle el puesto de analista. Muy cansado por las obligaciones del día anterior, Eduardo se quedó dormido apenas entró en su cama.

Para cuando despertó, notó que eran las nueve de la mañana. “¡Despertador inútil!”, se enojó el oficinista con el reloj que reposaba en su mesa de noche. Luego de ducharse y vestirse, comprar un sándwich con su café al paso y recoger el periódico donde la secretaria.

“El señor Cornejo lo espera en su oficina”, le dijo ella, informándole que se encontraba allí más de una hora. Eduardo entró algo desesperado, sólo para ver al recién contratado leyendo unas páginas dentro de un folder. “Son mis referencias”, se apresuró Ricardo en contestar y le alcanzó el folder.

“Pensé que ya lo habían ubicado”, afirmó algo sorprendido Eduardo. Ricardo le comentó que la secretaria no tenía esa información y que por eso lo había derivado al despacho. “Está bien”, le mintió Eduardo mientras salía con él para mostrarle su nuevo módulo.

Una vez que lo presentó y lo dejó haciendo sus labores, Eduardo regresó a su oficina y se puso a observar en detalle sus archivadores y su escritorio. Aparentemente, nada hacía notar que le faltase algo.

(continúa)

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Oculto a plena vista

[Visto: 426 veces]

Hastiado del aburrimiento,

es como me siento cuando

la casa me queda pequeña

y la calle es mi salida.

Mas me embarga la tristeza

y no quiero que así me vean,

por lo que oculto a plena vista

me apresto a pasear.

Cambio los anteojos

por unos más oscuros,

el cabello desordenado

y los pantalones limpios.

El paso algo chueco,

con la barba bien crecida,

mis amigos no lo notan,

que me oculto a plena vista.

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Ecos desde Rasunia (capítulo catorce)

[Visto: 326 veces]

(viene del capítulo anterior)

Baker se despierta en medio de la noche y se dirige hacia el salón de experimentos. Allí, encuentra durmiendo a Alejandro, por lo que con mucha precaución, recoge los cristales y los coloca dentro de una bolsa negra.

“¿Qué está haciendo?”, se despertó de pronto el asistente. Notó que los ojos del investigador tenían un brillo azulado intenso. Baker impuso su mano contra la frente del joven y lo desmayó. Salió del lugar y caminando por el pasillo se encontró con Colotto.

“¿A dónde vas, Yarod?”, le preguntó obligándolo a mirarlo: Eroldo había poseído el cuerpo del capitán tal como él lo había hecho con Baker. Eroldo-Colotto intentó detener a Yarod-Baker con todo su peso físico, pero fue derribado por una zancadilla de su adversario.

Yarod corrió hacia la cubierta del barco, abrió la bolsa negra, sacó los cristales y los arrojó por la borda. “¡No!”, gritó Eroldo completamente encolerizado y se arrojó a las turbulentas aguas del océano.

(continúa)

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Disputa en Los Robles (capítulo trece)

[Visto: 365 veces]

(viene del capítulo anterior)

Durante el largo recorrido de dos horas, Constanza no dejó de mirar a Lucho. Algunas veces en el trayecto, la miraba y ella sonreía, solo para demostrarle que se encontraba más cerca aún de lo que parecía. Esto incomodó por momentos al joven, quien prefería mantener la vista fija hacia la camioneta que iba adelante.

Finalmente, llegaron a la capital de provincia y se estacionaron en la esquina de un bar. Bajaron todos de las camionetas. Constanza entró al bar junto con Rodolfo y detrás de ellos iban González y el otro guardaespaldas.

El que hacía de chofer le dejó las llaves de la camioneta a Lucho “por si fuera necesario” y entró también en el bar. Algo contrariado por la decisión, Lucho se quedó fuera del coche, caminando cerca mientras fumaba un cigarrillo.

Media hora después, salió la chica con cara de pocos amigos. “¿Y el patrón?”, preguntó él confundido con la situación. “Se fue a conversar de negocios a la oficina del dueño de bar”, Constanza respondió con marcado aburrimiento y después le pidió un cigarrillo.

Lucho estaba por prender lumbre cuando unos disparos se escucharon desde el interior. Encendió la camioneta y le gritó a la chica: “entra rápido, vámonos”. Constanza no lo pensó dos veces y subió, dejando atrás a Rodolfo y González mientras escapaban raudos por la avenida principal.

(continúa)

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Tiempo de venganza

[Visto: 363 veces]

Ansioso y sudando a mares. Así se encuentra Eduardo luego de leer el papel que le dejaron en el piso de la habitación. “Ten cuidado con las losetas, una de ellas te engañará”, era el escueto mensaje que Ricardo, su secuestrador, le escribió.

A medida que iba descifrando cuál de las losetas contenía la trampa, Eduardo trataba de recordar los indicios que le señalaran los motivos de su pupilo. Su mente retrocedió hasta el día de la entrevista. Aquella tarde, que le había resultado tan agotadora, parecía no estar de buen humor.

Cada candidato entrevistado no había logrado colmar sus expectativas. Esperando ya el final del día, su secretaria le avisó de la llegada del señor Ricardo Cornejo. Le dijo que lo hiciera pasar. El elegante terno gris y la expresión seria pero confiada le hicieron ganar puntos instantáneamente al postulante.

(continúa)

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Ecos desde Rasunia (capítulo trece)

[Visto: 403 veces]

(viene del capítulo anterior)

“Rasunia… el lugar de origen del ‘cronofobio’ y la sustancia siete”, dijo absorto Baker. El extraño asintió con la cabeza: “yo soy Yarod e intenté neutralizarlas”. “Lo sé, tuviste éxito: encontramos los cristales”, señaló sonriéndole el investigador.

Yarod se acercó a él y lo abrazó diciendo “qué bueno es saberlo”. Baker se animó a decirle que conocía la historia del enfrentamiento con Eroldo pero que tenía problemas con Colotto por la explotación de los cristales.

“Eso no puede suceder: un gran peligro se avecina si desintegran los cristales”, afirmó Yarod en tono sombrío. Baker le preguntó que podían hacer. El extraño puso su mano izquierda sobre el hombro del investigador. “Déjame resolverlo a mí”, habló el nativo de Rasunia mientras Baker cae desvanecido por una descarga eléctrica.

(continúa)

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Abatida queda la soledad

[Visto: 399 veces]

Había caído abatido

ante el vacío absoluto,

ante el deseo contenido

que me ha abandonado.

Es esa dominante soledad

que en pasado reciente

destruyó mis sueños

y silenció mis ruegos.

Es esa imperante soledad

que agotó mis esfuerzos

y que ninguneó mis pensamientos,

pero ya no más.

Hoy disipo esa niebla

con renovada confianza,

hoy alejo de mi vida

esa absurda soledad.

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Disputa en Los Robles (capítulo doce)

[Visto: 488 veces]

(viene del capítulo anterior)

Luego de algunas horas, el capataz mandó a Lucho a ducharse; mientras, fue a hablar con el patrón para comentarle sus impresiones. “No lo lleves, no está del todo listo”, insistió con dureza. “Te entiendo, pero las decisiones las tomo yo”, dijo Rodolfo fumando su puro con extrema tranquilidad.

Al salir de la ducha, Lucho se encontró con una sorpresa: un saco oscuro, una camisa blanca y jeans nuevos descansaban sobre su cama. Una vez vestido salió hasta la sala a esperar al patrón. Tras unos minutos de espera, apareció Rodolfo por allí. “Bien muchacho, nos vamos”, dijo brevemente el patrón.

Lucho se atrevió a preguntar por qué iba desarmado. “Te quedarás en la camioneta vigilando”, respondió el patrón, al tiempo que González y otros dos hombres aparecían por detrás. El joven abrió la puerta y vio a Constanza. “Ya me siento más segura”, dijo la chica sonriéndole coqueta.

(continuará)

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Comitiva en Jarumarca (capítulo final)

[Visto: 462 veces]

(viene del capítulo anterior)

Camilo y el joven Sifuentes se miraban cara a cara a una distancia de treinta pasos. “Chico, aún te queda vida, esto no tiene por qué terminar así”, reflexionó el pistolero mientras su mano esperaba tocar su revólver. “Se lo debo a mi padre”, respondió el joven sin ningún temor.

Camilo quedó conmovido por la respuesta de Sifuentes. Dejó caer una lágrima mientras decidía en qué segundo actuar. El tren apareció en el horizonte y se escuchó su clásico pitido. Un viento inusitado sopló en el lugar y los dos hombres desenfundaron sus revólveres…

El joven Sifuentes cayó de rodillas a tierra y finalmente se desmayó boca abajo: otra vez la mano más rápida y el viejo revólver habían hecho un disparo perfecto por última vez.

La comitiva de jarumarquinos entró en la estación y algunos de ellos se llevaron el cadáver aún caliente. El tren paró y hombres y mujeres despidieron entre vítores y lágrimas a su héroe. Camilo caminó pausado hacia el estribo y, una vez allí, se despidió agitando el sombrero con su diestra.

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