Archivo por meses: enero 2015

Cenizas vuelan

[Visto: 322 veces]

Madera y cartas,

juntas en el ardiente fuego

se consumen mansamente

con el paso del tiempo.

No quise que fuera así,

que ellas se mantuvieran,

incóulumes, eternas,

descuidadas y vibrantes.

No pudo ser,

te había perdido,

te había desconocido

y te había malquerido.

Esta noche solo veré

la flama inmensa

brotar exiguas cenizas

que volarán al mar.

 

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El rey Azul

[Visto: 268 veces]

“Es otra mañana en el bosque. Aunque he despertado ya hace mucho, a mis ojos los siento cansados. Será que la huida ha terminado por derrumbarme, y ahora sólo queda hacer frente a la última amenaza. Esa que dice que la batalla decisiva se encuentra por venir. Doy media vuelta hacia la frondosa vegetación, esperando que mis amigos tengan algo que decir”.

Este es el pensamiento que dirige a Azul hasta donde están sus huestes. Es verdad que la mayoría son buenos jinetes y arqueros, pero no es menos cierto que están diezmados. Hace apenas una semana salvaron la vida con las justas luego de la ofensiva del rey Eduardo el Rojo. “Apenas si somos mil quinientos valientes”, le informó Edoren, su fiel lugarteniente.

Para Edoren, la suerte está echada: divisó un ejército de cerca de cinco mil hombres acercándose hacia la llanura. Pero Azul no está dispusto a rendirse. “Quizás seamos menos, pero esta guerra no se ganará por número sino por inteligencia”, respondió con mucha confianza y le pidió reunirse con los líderes para afinar una estrategia.

(continúa)

 

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Tatuajes y sombras

[Visto: 320 veces]

Ha elegido un mal camino para transitar. La poca iluminación de la zona le impide a la joven ver si es seguro. De pronto, ve una silueta acercarse en dirección contraria. Al inicio, cree que es sólo otro caminante más hasta que observa sus ojos fijados en su persona. Ella intenta correr pero él la alcanza y le apunta con una pistola.

“Tomar mi bolso, pero por favor, déjame ir”, dice ella sollozando mientras el delincuente revisa sus pertenencias. Coge la billetera y una que otra joya. La suelta y le dispara en el pie. “Has visto mi cara, no puedo dejarte vivir”, le responde a la atemorizada muchacha y le apunta para darle el tiro de gracia.

“Yo me iría”, escuchó una voz muy ronca detrás de él. El delincuente volteó y vio a un hombre con el torso desnudo y un pantalón negro. Su pecho estaba cubierto de tatuajes enigmáticos que el malhechor nunca había visto. Asustado, disparó dos veces contra el tatuado. Ningún efecto surtieron las balas.

El miedo se apoderó del delincuente cuando el desconocido lo sometió tirándolo contra el piso. El tatuado murmuró palabras de un léxico initeligible y, casi al instante, el malhechor se desangró allí mismo. Luego miró a la muchacha y se fue corriendo por el sendero.

(continúa)

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Durante el tercer año (capítulo dos)

[Visto: 232 veces]

(viene del capítulo anterior)

La memoria de Luis está muy fresca y, mientras Mónica le expresa sus razones, su mente vuelve a recordar el inicio de la debacle. El principio del tercer año había sido más que auspicioso. Aquel sábado salieron a bailar  la discoteca. “Hasta las últimas”, le comentó Mónica como exigencia… y Luis cumplió con creces.

Se mantuvo en ritmo hasta las seis de la mañana, hora en la que ella se dio más que satisfecha y le pidió le llevara a su casa. Caminaron muy despacio por la vereda, ella acariciando el brazo de su enamorado, él mirándola con obvia ternura. Felizmente la casa quedaba cerca, así que su caminata fue algo breve.

Ya en la puerta, Mónica lo abrazó por el cuello y empezó a besarlo con muchas ganas. Luis fue recíproco y respondió de la misma manera pero algo le causa fastidio. Mónica le pregunta qué pasa. “No es nada, sólo que ya me tengo que ir y no quiero”, responde él en tono de resignación. Ella le pide que se quede un rato más. “Dos minutos más”, contesta algo tacaño.

“¡Que sean tres!”, se emociona Mónica y le roba otro par de besos. Luis agradece la despedida y le promete llamarla más tarde.

(continúa)

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Durante el tercer año

[Visto: 286 veces]

Mónica se halla sentada en una banca del parque. Está inquieta, algo desesperada. No es para menos. Lleva cerca de media hora esperando a que Luis aparezca. Lo llamó temprano para conversar sobre su relación de pareja. Él respondió de modo afirmativo, pero el tono de su voz la dejó en un mar de dudas.

Aún así decidió ir al momento por ella pactado. Sin embargo, los prolongados minutos que pasan la hacían arrepentirse de su presencia en ese lugar. Se paró para irse, cuando lo divisó venir por una de las esquinas. Luis caminó con completa libertad y sumamente tranquilo. A pesar de ello, la saludó con mucha sequedad.

Mónica se sentía desarmada. El chico que creía conocer se presenta ahora como un joven inalcanzable cuya sola mirada le infundía un profundo respeto. No podía creer que se tratara de la misma persona. Sobreponiendose al desconcierto, le preguntó qué rumbo tomaría su relación. “¿En serio quieres que te recuerde todo lo que pasamos?”, fue la retórica frase con que la fulminó.

(viene del capítulo anterior)

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