Archivo del Autor: Héctor Javier Sánchez Guevara

Resistiré

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Hay veces que estarás bien y otras no tanto. A veces te dolerá todo lo sucedido.

Enfácte y piensa: ¿Alguien te dijo que sería fácil transcurrir tu vida?

Más aún cuando hay cambios. Te ayudan a decidir, a seguir o a cambiar.

Para algunos, será aliciente para moverse. Para otros, los mantendrá imperturbables.

Habrá días que se te acabará la paciencia, y otros en que aparecerán las sonrisas.

Sea como fuere, y a pesar de los contras, sé que vas a resistir.

Contrarresta lo inestable

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Un sentimiento de locura que recorre todo un cuerpo decidido a estar bien.

Una forma de expresar que no tiene paradigma y que se quiebra en un segundo.

No parece algo proclive, tal vez antinatural.

Todo en ese dolor se refleja y pone de rodillas al valiente.

No he de suponer, sólo he de enfrentarlo y superarlo.

Pues por más inestable y problemático que sea, tiene una buena solución.

Y quizás es

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No sabría cómo expresar

aquella sensación que un día me sometió

un derrotero, una opresión

que algunos llaman ansiedad.

Si de lógica la compusiera

estaría por demás perdido

buscando hallarle un sentido

que satisfacerme pudiera.

No intentaré analizar en vano

ni pensar recurrentemente.

Sólo quiero estar tranquilo

y mi mente despejar.

Un nuevo y brillante comienzo

a mi vida espero,

dejo afuera las preocupaciones

y el absurdo malestar.

Viajero en la noche (capítulo dieciséis)

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(viene del capítulo anterior)

Tras esperar varias horas en la comisaría, uno de los policía se le acercó a Memo. Le dijo que estaba a cargo de la investigación del caso y que quería hacerle nuevas preguntas sobre el suceso. “Seré franco con usted: hay algo que no me cuadra. La descripción que hizo sobre su amigo no coincide con la autopsia del cuerpo”, fue la observación del investigador.

Memo quedó sorprendido: “No puede ser, Gerardo era una persona solitaria, difícilmente socializa con desconocidos”. “Por eso mismo digo que no me cuadra lo que encontré”, señaló el investigador y pasó a enumerar la descripción del cadáver: hombre blanco entre cincuenta y sesenta años y algo calvo. “Pues no, no es él, aunque…”, dijo el joven como quien se calla al darse cuenta que está cometiendo una infidencia.

El policía le pidió que continuara. “Pues no veo a mi jefe hace algunos días. Se llama Aníbal y coincide con la descripción del cuerpo”, señaló Memo intrigado por el cambio de perspectiva. “Vaya que es extraño: las personas desaparecen o mueren a su alrededor”, ironizó el policía y le pidió a Memo más detalles acerca de su jefe.

(continuará)

 

Viajero en la noche (capítulo quince)

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(viene del capítulo anterior)

Memo duda unos segundos en empujar la cortina. Finalmente lo hace con rápido impulso. Lo que ve lo llena de estupor: un cuerpo desfigurado está en la bañera. Memo voltea la mirada y se encoge hacia la salida del baño, no resiste más y vomita la comida que quedaba en su estómago. Llama a la policía desde su celular para reportar el macabro hallazgo.

Luego de unos minutos, un patrullero llega a la casa. Memo recibe a los dos policías que han venido a auxiliarlo. El joven los dirige hasta el baño y les enseña el cuerpo. Los uniformados llaman por refuerzos y le piden a Memo que se quede en la puerta principal de la casa para que ellos lleven a cabo las diligencias. Uno de los policías se le acerca para hacerle las preguntas pertinentes.

Como dos hora después, y tras un desfile de policías, forenses y demás oficiales, Memo es conducido hacia la comisaría de la zona. Aún trastornado por lo que ha visto, él espera sentado en una de las sillas. La imagen no se borra de su mente. “¿Realmente mi amigo está muerto?”, piensa para sí y finalmente se pone a llorar.

(continuará)

 

Viajero en la noche (capítulo catorce)

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(viene del capítulo anterior)

Memo arribó hasta la casa de Gerardo. Tocó el tiembre para que su amigo le abriera. Sin embargo, nadie respondió. Miró adentro por una de las ventanas. En una mesa de la sala, hay platos sucios que se dejaron. Como Memo quería encontrar respuestas, buscó la forma de abrir la puerta.

Tuvo que forzarla para poder ingresar en la vivienda. Una vez adentro, el olor de la suciedad lo mareó. La pestilencia que emanaba la casa le provoca unas ganas tremendas de huir. A pesar de ello, se tapó la boca con un pañuelo que tenía en el bolsillo y siguió caminando por la casa. Luego de unos minutos de no encontrar rastros de su amigo, sintió una sed incontenible.

Memo se dirigió a la cocina en busca de agua y un vaso limpio. Como no los encontrara, caminó hasta el baño para tomar agua directo del lavadero. Apenas entró, tomó agua del lavadero rápidamente. Apenas hubo calmado esa sed, un olor fétido lo invadió por detrás. Memo volteó y miró hacia la cortina de la bañera. Una sombra echada parece sobresalir detrás de dicha cortina.

(continuará)

La puerta que cruzas (capítulo final)

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(viene del capítulo anterior)

Lorena llevó a su hija hasta su habitación y la dejó que se durmiera en su cama. Ella también durmió pero solo unas pocas horas. Se levantó temprano y se dirigió hasta el velatorio para poder dar el pésame a Arminia. Llegó al lugar y vió que había pocas personas, así que reconoció de inmediato a la señora. Apenas Arminia la miró acercarse, pidió que la sacaran de allí.

Lorena seguía sin entender la actitud recelosa de la señora. Fue entonces que Arminia se levantó de su asiento y decidió encararla. La tomó del brazo, la sacó del velatorio y le espetó lo que sentía: “Tengo grabado un mensaje de mi hijo para ti. No sé cómo pudiste hacer eso”. Luego le pidió que se vaya y uno de los dolientes la ayudó a retornar a su asiento.

Lorena se dirigió hacia la salida y comenzó a llorar otra vez. Arminia sabe la verdad y ya no tiene cabida en su vida. Encuentra una banca y se sienta a pensar amargamente en lo sucedido. Pero no queda mucho tiempo para lamentos. “Solamente me queda la verdad”, dijo y se secó las lágrimas. Luego tomó un taxi para volver a su casa y hablar con Nicole.

La puerta que cruzas (capítulo dieciocho)

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(viene del capítulo anterior)
El médico se acercó hasta Arminia y se la llevó aparte luego que supo que ella era la madre de Alfredo. Lorena se quedó ansiosa por la respuesta hasta que vio que su amiga volvía por el pasillo llorando a mares. Trató de acercarse para consolarla pero la señora rehusó con fuerza. “Déjame tranquila”, gritó Arminia y por poco la golpea.
Unas enfermeras la sujetaron y estuvieron con ella hasta que se tranquilizó. Luego la enviaron a su casa en un taxi. Un rato después, Lorena se acercó al médico y este le confirmó que Alfredo falleció unos minutos antes. Lorena decidió salir y encerrarse en su auto. Allí, sola y sin que nadie la moleste, pudo llorar todo el dolor que tenía acumulado. Luego que dejó de llorar, siguió sentada hasta que se tranquilizó.
Condujo hasta su casa sin sobresaltos. Luego de guardar el carro, se dirigó a la sala. Nicole la esperaba allí desde hace horas. Vio su estado lamentable y le preguntó qué había pasado. Cuando Lorena le confesó lo pasó con Alfredo, Nicole se desmoronó y, llorando, cayó de rodillas. Madre e hija lloraron juntas de nuevo hasta que se cansaron.
(continuará)

La puerta que cruzas (capítulo diecisiete)

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(viene del capítulo anterior)

Lorena se sentó en su silla esperando que Alfredo la llamase. Sin embargo, esa llamada nunca llegó. Por el contrario, fue Arminia quien se comunicó para decirle que encontraron a su hijo gravemente herido. Lorena, sorprendida por la noticia, no sabía qué responder. “Voy para allá”, dijo una vez que reaccionó ante lo sucedido.

Salió sin avisar de su casa y se dirigió rápidamente en su auto hasta el hospital que Arminia le señaló. No tardó mucho tiempo en encontrarla en el área de emergencias. Lorena se acercó a la señora y la abrazó con mucha aprehensión. Arminia le recibió su abrazo con cierta frialdad.

Lorena consideró que ella aún estaba en shock y dejó que se volviera a sentar. “No sé qué haré sin mi hijo”, dijo Arminia con la voz entrecortada. Lorena decidió quedarse sentada a su lado y esperar que los doctores le avisaran de alguna noticia. Unas horas después, uno de los médicos se acercó.

(continuará)

La puerta que cruzas (capítulo dieciséis)

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(viene del capítulo anterior)

Alfredo abrió los ojos con dificultad. El impacto de su auto fue tan brutal que lo dejó muy adolorido. Permanecía echado en el lugar del accidente, mirando al cielo en busca de una respuesta.  Cerró los ojos de nuevo. Escuchó la voz de su madre que lo llamaba por su nombre.

“¡Estás aquí!”, exclamó abrir los ojos y mirar a Arminia. “Lo siento, pensé que estaba lejos”, dijo el joven mirando a esa imagen transparente que apareció ante él. La imagen de Arminia le extendió su brazo y le invitó a alejarse de aquel lugar.

Aquella noche, Lorena recibió una llamada. Era Arminia preguntando si había visto a su hijo. Lorena contestó que no, que ya hace varios días que no lo veía. Arminia cortó la comunicación pero Lorena se quedó con la duda. Intentó llamar una y otra vez a Alfredo. Nunca contestó. La culpa y la desesperación se apoderaron de su corazón.

(continuará)