Archivo de la categoría: Relatos por Entregas (serie dos)

Relatos literarios escritos por fascículos

Viajero en el noche (capítulo trece)

[Visto: 93 veces]

(viene del capítulo anterior)

Memo siguió caminando hasta que la zona se le hizo conocida. Sí, había bajado hasta la calle donde se encuentra aquel bar. Sólo que, en su lugar, había un par de puertas cerradas hacía mucho tiempo. Intentó mirar adentro por la ventana, pero el lugar se veían paredes y piso vacíos y sucios por el polvo.

Golpeó la puerta con los nudillos dos veces, pero nadie contestó. Tan solo otro caminante, que por allí pasaba, le preguntó qué hacía. “Solía visitar este bar”, dijo Memo algo melancólico. “Sí, yo también… hace como cinco años”, respondió el desconocido. “Yo vine hace un par de meses”, contestó Memo.

“Es posible que se confundiera”, dijo el caminante y se despidió sin más explicaciones. Desconcertado, Memo llamó a Gerardo por el celular. La operadora le contestó que el número marcado se encuentra fuera de servicio. Como aún era temprano, Memo paró un taxi y se dirigió al hogar de Gerardo para disipar sus dudas.

(continuará)

Viajero en la noche (capítulo doce)

[Visto: 97 veces]

(viene del capítulo anterior)
Aún algo aturdido por lo ocurrido en la mañana, Memo se alistó y se dirigió a la oficina. Cuando abrió la puerta, encontró un panorama desolador. Los módulos de trabajo, salvo el suyo, estaban vacíos. Nada de papeles ni de personas. De pronto el blanco cubría con su inmensidad toda la oficina. A pesar de la extrañeza, dejó sus cosas en su módulo y caminó hasta la oficina de Aníbal.
Tocó la puerta cerrada pero no recibió respuesta. Algo ansioso, Memo tocó otra vez la puerta, con más fuerza. Aníbal reaccionó porque se acercó hasta allí y abrió la puerta. Memo se sorprendió de verlo jadeando, como si hubiera hecho algún ejercicio intenso. “¿Qué pasó con los demás empleados?”, fue la primera pregunta del joven. “Les di el día libre, pero no  para ti. Tu aún tienes pendientes”, fue la contestación de su jefe, seguida de una orden.
Dicho esto, Aníbal pidió no ser molestado y cerró otra vez la puerta. Como no quería enfadar a su jefe, Memo volvió a sus labores hasta que acabó el día. Antes de irse, se despidió de su jefe desde la puerta pero no contestaron. Como se le hizo normal su trato indiferente, salió de la oficina y empezó a caminar calle abajo.
(continuará)

Viajero en la noche (capítulo once)

[Visto: 105 veces]

(viene del capítulo anterior)

Una vez que llegó al aeropuerto, Memo no le dijo nada a su jefe. Salvo para despedirse de él al llegar su taxi, no sentía ninguna empatía en continuar alguna conversación. Como quiera que Aníbal siguió entusiasmado con el libro, no le hizo mucho caso.

Fue así como Memo arribó hasta su casa y se dispuso a dormir. Dejó la maleta a un costado de la cama y, apenas con cambiarse el pijama, se metió a la cama. A eso de las cuatro de la mañana, sintió como que alguien se sentó encima de su cuerpo. Intentó poder ver qué  podía ser esa opresión, pero todo se veía muy oscuro en su habitación.

Finalmente, unos minutos después, esa presión desapareció tan misteriosamente como llegó. Memo se sentó en su cama y, luego de sentirse más aliviado, fue al baño a echarse un poco de agua en la cara. “Fue un mal sueño”, se dijo para sí y volvió a su cama. El reloj marcó las cinco. Decidió que era mejor abrir un libro y leer un poco antes que llegara el alba.

(continuará)

Viajero en la noche (capítulo diez)

[Visto: 141 veces]

(viene del capítulo anterior)

Aún aturdido por lo ocurrido, Memo alistó su ropa en la maleta sin mucha demora. Bajó hacia el estacionamiento y se quedó esperando que su jefe aparezca con el auto. Y aunque Aníbal llegó con el conductor del auto a la hora acordada, Memo sintió como si esperase años parado al costado de una columna.

“¿Por qué has esperado tanto? Sube ya”, dijo el jefe todo imperativo. Memo se despertó de su distracción y entró en el coche. En el asiento de atrás, la ansiedad lo carcomía. Mientras tanto, la noche se le hacía corta a Aníbal. De hecho, le ordena al conductor que vaya más rápido, que van a perder el avión. Sin prestar atención a Memo, enciende un habano para disipar su mal humor.

Llegados al aeropuerto, tomaron las maletas como pudieron y se dispusieron a subir al avión, ya que eran los últimos pasajeros en llegar. “Cambia esa cara, que ya nos vamos”, le dijo Aníbal muy confiado al ver asustado a su empleado. Memo no dijo nada y decidió cerrar sus ojos y virar al otro lado del asiento para no hacerle caso.

(continuará)

Viajero en la noche (capítulo nueve)

[Visto: 117 veces]

(viene del capítulo anterior)

Memo tiemble un poco al ver el arma en sus manos. Trata de decirle algo a Aníbal, pero él ya se adelantó y entró en la cabaña. Los minutos pasan sin que su jefe le haga algún tipo de señal o ruido desde adentro. Memo sigue al costado del auto dando algunos pasos de nerviosismo, desde y hacia el auto, ya que no quiere estar allí.

Finalmente, luego de media hora, Aníbal sale con tranquilidad de la cabaña. En sus manos, lleva un libro forrado que carga cuidadosamente. “Es hora de irnos”, dice el jefe, suben al auto y se retiran del lugar. Memo se queda pensando qué puede ser aquel libro. “Debe ser un libro muy importante”, dice a su jefe esperando su respuesta.

Aníbal no le responde y el tedioso silencio se impone hasta que llegan al hotel. Una vez que están por entrar en la habitación, su jefe pone una mano sobre su hombro. “Alista tu maleta lo más pronto posible, nos vemos en el estacionamiento en una hora”, fue su escueta orden. Memo, sorprendido por el cambio de planes, se quedó unos segundos sentado en la cama antes de reaccionar.

(continuará)

 

Viajero en la noche (capítulo ocho)

[Visto: 121 veces]

(viene del capítulo anterior)

Memo estaba fascinado. Para ser su primer viaje al exterior, realmente lo está disfrutando. Sobre todo los paseos fuera del hotel le dan una hermosa vista de los atardeceres, esos paseos que realiza a solas. Y es que su jefe prefiere pasar durmiendo en su habitación o estar llamando a sus contactos para finiquitar sus negocios.

Para ser sinceros, Memo no entiende bien qué hace allí en París más de diez días. Sin embargo, eso cambió en la noche de ese décimo día. “Alístate que vamos a salir de la ciudad”, fue lo que le dice Aníbal escueto. Sorprendido por lo rápido del pedido, Memo tardó un poco de tiempo en vestir una camiseta y una chaqueta.

Luego de cinco minutos, salieron del hotel y un auto los espera. Aníbal le habla en francés al conductor y éste asiente sin chistar. Media hora después, avanzan por la carretera en medio de un campo desolado. En ese momento, el auto gira a la derecha y avanza por el campo hasta divisar una pequeña luz.

Aníbal le pide al conductor que se detenga. Ellos bajan y se dirigen hacia donde proviene la luz. Memo se da cuenta que hay una cabaña iluminada. Antes de llegar, su jefe le entrega una franela que envuelve algo. “Por si es necesario”, dice el viejo hombre. El joven mira dentro de la franela: una pistola aparece reluciente.

 

(continuará)

Viajero en la noche (capítulo siete)

[Visto: 148 veces]

(viene del capítulo anterior)

Una semana después, Memo se siente mejor adaptado a la oficina. Quizá lo raro es la frialdad con la que lo tratan los otros integrantes de la empresa. Pero entiende que no hay por qué preocuparse tanto. “La primera semana es así, de desconfianza”, se dice a sí mismo intentando encontrarle el sentido.

Estaba ordenando algunos recortes de destinos turísticos a donde lo enviarán prontamente, cuando recibe una llamada de Gerardo. Se apresta a saludarlo y decirle que ya se deben un par de tragos. “Cómo me gustaría amigo, pero estoy medio enfermo. Igual te anoto la palabra”, dijo Gerardo con voz débil.

Memo le preguntó si era algo grave pero su amigo señaló que sólo se trataba de un resfriado. Le pidió que se cuidara y quedaron para otro día. En ese momento, Aníbal salió de su oficina y le pasó la voz. Una vez frente a su jefe, Memo le preguntó qué encargo le pediría. “Vamos a viajar mañana. Hay un trato que cerrar en Europa”, dijo Aníbal con una sonrisa convincente.

(continuará)

Viajero en la noche (capítulo seis)

[Visto: 121 veces]

(viene del capítulo anterior)

Memo avanzó con Gerardo hacia el hombre y se sorprendió por la excesiva reverencia con la que su amigo saluda al jefe de la empresa. El señor se levantó de su asiento y se acercó a Memo. “Mi estimado amigo, me llamo Aníbal y me gustaría preguntarte algo”, se identificó y entró en confianza con el recién llegado.

Aníbal le preguntó si quería trabajar para él. “Sí”, fue la respuesta convencida que dio Memo sin dudar, animado por todo lo que su amigo le había contado previamente. Gerardo, por su parte, suspiró aliviado. “Bien dicho, estás dentro”, y dirigiéndose a Gerardo, le pidió que le indicara cuál sería el plan para la próxima semana.

Los amigos se despidieron de Aníbal y salieron rápido de la oficina, sobretodo Gerardo, que tenía una prisa increíble. Mientras le conducía a uno de los módulos, Memo le preguntó por qué la premura de todo esto. Gerardo se quedó callado unos instantes, la tensión le había ganado.

“Tengo que ordenar mis cosas. Mañana hago un último viaje para la compañía”, se excusó su amigo, regresando a explicarle otra vez las funciones que va a realizar.

(continuará)

Viajero en la noche (capítulo cinco)

[Visto: 140 veces]

(viene del capítulo anterior)

A la semana siguiente, Memo se dirigió hacia la dirección que Gerardo le dejó el otro día. Su elegante terno hizo juego con el moderno edificio al que entró para su entrevista. El joven de recepción le dio un número de identificación y subió por el ascensor hasta el quinto piso.

Cuando las puertas del ascensor se abrieron, pudo ver que había muchos módulos pero pocas personas. “Será que aún es muy temprano, pensó en sus adentros y miró su reloj. Son las ocho y cinco minutos, así que tiene sentido. A los pocos segundos apareció Gerardo para saludarlo.

“Ven vamos, es por aquí”, dijo su amigo y lo dirigió hacia la derecha. ambos caminaron hasta la puerta doble de una oficina. Gerardo tocó la puerta con respeto. “Pasen”, se escuchó desde adentro y ambos ingresaron. Una mesa larga se extendía antes ellos y, al otro extremo, un señor de unos cincuenta años los observa con la debida atención.

(continuará)

Viajero en la noche (capítulo cuatro)

[Visto: 141 veces]

(viene del capítulo anterior)

Memo quedó intrigado por la respuesta, así que Gerardo le contó que su trabajo lo había llevado a conocer gran parte del mundo durante los últimos años. “Pero, como todo en la vida, este empleo tiene un límite para mí. Tras tantos años disfrutándolo, he decidido dejarlo”, señaló su amigo con sobriedad.

Memo está absorto. Si el trabajo es tan bueno, ¿por qué lo deja?, le preguntó por curiosidad. “Tan simple como que me cansé”, dijo Gerardo algo resignado para luego agregar, “pero no puedo renunciar aún porque necesito un reemplazo”. Los ojos de Memo parecían no salir de su asombro. ¿Será acaso qué…?

“Por eso te he buscado. Sí, estoy pensando en ti para el puesto”, afirmó Gerardo con una sonrisa bonachona. Aún sorprendido, Memo estuvo a punto de decir que sí de inmediato. “¿Será que lo puedo pensar un par de días antes de responderte?”, dijo Memo con cautela. “Claro, no hay problema. Me avisas”, dijo Gerardo sin dejar de sonreír.

(continuará)