Archivo de la categoría: Relatos por Entregas (serie dos)

Relatos literarios escritos por fascículos

Viajero en la noche (capítulo dieciséis)

[Visto: 73 veces]

(viene del capítulo anterior)

Tras esperar varias horas en la comisaría, uno de los policía se le acercó a Memo. Le dijo que estaba a cargo de la investigación del caso y que quería hacerle nuevas preguntas sobre el suceso. “Seré franco con usted: hay algo que no me cuadra. La descripción que hizo sobre su amigo no coincide con la autopsia del cuerpo”, fue la observación del investigador.

Memo quedó sorprendido: “No puede ser, Gerardo era una persona solitaria, difícilmente socializa con desconocidos”. “Por eso mismo digo que no me cuadra lo que encontré”, señaló el investigador y pasó a enumerar la descripción del cadáver: hombre blanco entre cincuenta y sesenta años y algo calvo. “Pues no, no es él, aunque…”, dijo el joven como quien se calla al darse cuenta que está cometiendo una infidencia.

El policía le pidió que continuara. “Pues no veo a mi jefe hace algunos días. Se llama Aníbal y coincide con la descripción del cuerpo”, señaló Memo intrigado por el cambio de perspectiva. “Vaya que es extraño: las personas desaparecen o mueren a su alrededor”, ironizó el policía y le pidió a Memo más detalles acerca de su jefe.

(continuará)

 

Viajero en la noche (capítulo quince)

[Visto: 83 veces]

(viene del capítulo anterior)

Memo duda unos segundos en empujar la cortina. Finalmente lo hace con rápido impulso. Lo que ve lo llena de estupor: un cuerpo desfigurado está en la bañera. Memo voltea la mirada y se encoge hacia la salida del baño, no resiste más y vomita la comida que quedaba en su estómago. Llama a la policía desde su celular para reportar el macabro hallazgo.

Luego de unos minutos, un patrullero llega a la casa. Memo recibe a los dos policías que han venido a auxiliarlo. El joven los dirige hasta el baño y les enseña el cuerpo. Los uniformados llaman por refuerzos y le piden a Memo que se quede en la puerta principal de la casa para que ellos lleven a cabo las diligencias. Uno de los policías se le acerca para hacerle las preguntas pertinentes.

Como dos hora después, y tras un desfile de policías, forenses y demás oficiales, Memo es conducido hacia la comisaría de la zona. Aún trastornado por lo que ha visto, él espera sentado en una de las sillas. La imagen no se borra de su mente. “¿Realmente mi amigo está muerto?”, piensa para sí y finalmente se pone a llorar.

(continuará)

 

Viajero en la noche (capítulo catorce)

[Visto: 77 veces]

(viene del capítulo anterior)

Memo arribó hasta la casa de Gerardo. Tocó el tiembre para que su amigo le abriera. Sin embargo, nadie respondió. Miró adentro por una de las ventanas. En una mesa de la sala, hay platos sucios que se dejaron. Como Memo quería encontrar respuestas, buscó la forma de abrir la puerta.

Tuvo que forzarla para poder ingresar en la vivienda. Una vez adentro, el olor de la suciedad lo mareó. La pestilencia que emanaba la casa le provoca unas ganas tremendas de huir. A pesar de ello, se tapó la boca con un pañuelo que tenía en el bolsillo y siguió caminando por la casa. Luego de unos minutos de no encontrar rastros de su amigo, sintió una sed incontenible.

Memo se dirigió a la cocina en busca de agua y un vaso limpio. Como no los encontrara, caminó hasta el baño para tomar agua directo del lavadero. Apenas entró, tomó agua del lavadero rápidamente. Apenas hubo calmado esa sed, un olor fétido lo invadió por detrás. Memo volteó y miró hacia la cortina de la bañera. Una sombra echada parece sobresalir detrás de dicha cortina.

(continuará)

Viajero en la noche (capítulo trece)

[Visto: 137 veces]

(viene del capítulo anterior)

Memo siguió caminando hasta que la zona se le hizo conocida. Sí, había bajado hasta la calle donde se encuentra aquel bar. Sólo que, en su lugar, había un par de puertas cerradas hacía mucho tiempo. Intentó mirar adentro por la ventana, pero el lugar se veían paredes y piso vacíos y sucios por el polvo.

Golpeó la puerta con los nudillos dos veces, pero nadie contestó. Tan solo otro caminante, que por allí pasaba, le preguntó qué hacía. “Solía visitar este bar”, dijo Memo algo melancólico. “Sí, yo también… hace como cinco años”, respondió el desconocido. “Yo vine hace un par de meses”, contestó Memo.

“Es posible que se confundiera”, dijo el caminante y se despidió sin más explicaciones. Desconcertado, Memo llamó a Gerardo por el celular. La operadora le contestó que el número marcado se encuentra fuera de servicio. Como aún era temprano, Memo paró un taxi y se dirigió al hogar de Gerardo para disipar sus dudas.

(continuará)

Viajero en la noche (capítulo doce)

[Visto: 143 veces]

(viene del capítulo anterior)
Aún algo aturdido por lo ocurrido en la mañana, Memo se alistó y se dirigió a la oficina. Cuando abrió la puerta, encontró un panorama desolador. Los módulos de trabajo, salvo el suyo, estaban vacíos. Nada de papeles ni de personas. De pronto el blanco cubría con su inmensidad toda la oficina. A pesar de la extrañeza, dejó sus cosas en su módulo y caminó hasta la oficina de Aníbal.
Tocó la puerta cerrada pero no recibió respuesta. Algo ansioso, Memo tocó otra vez la puerta, con más fuerza. Aníbal reaccionó porque se acercó hasta allí y abrió la puerta. Memo se sorprendió de verlo jadeando, como si hubiera hecho algún ejercicio intenso. “¿Qué pasó con los demás empleados?”, fue la primera pregunta del joven. “Les di el día libre, pero no  para ti. Tu aún tienes pendientes”, fue la contestación de su jefe, seguida de una orden.
Dicho esto, Aníbal pidió no ser molestado y cerró otra vez la puerta. Como no quería enfadar a su jefe, Memo volvió a sus labores hasta que acabó el día. Antes de irse, se despidió de su jefe desde la puerta pero no contestaron. Como se le hizo normal su trato indiferente, salió de la oficina y empezó a caminar calle abajo.
(continuará)

Viajero en la noche (capítulo once)

[Visto: 144 veces]

(viene del capítulo anterior)

Una vez que llegó al aeropuerto, Memo no le dijo nada a su jefe. Salvo para despedirse de él al llegar su taxi, no sentía ninguna empatía en continuar alguna conversación. Como quiera que Aníbal siguió entusiasmado con el libro, no le hizo mucho caso.

Fue así como Memo arribó hasta su casa y se dispuso a dormir. Dejó la maleta a un costado de la cama y, apenas con cambiarse el pijama, se metió a la cama. A eso de las cuatro de la mañana, sintió como que alguien se sentó encima de su cuerpo. Intentó poder ver qué  podía ser esa opresión, pero todo se veía muy oscuro en su habitación.

Finalmente, unos minutos después, esa presión desapareció tan misteriosamente como llegó. Memo se sentó en su cama y, luego de sentirse más aliviado, fue al baño a echarse un poco de agua en la cara. “Fue un mal sueño”, se dijo para sí y volvió a su cama. El reloj marcó las cinco. Decidió que era mejor abrir un libro y leer un poco antes que llegara el alba.

(continuará)

Viajero en la noche (capítulo diez)

[Visto: 185 veces]

(viene del capítulo anterior)

Aún aturdido por lo ocurrido, Memo alistó su ropa en la maleta sin mucha demora. Bajó hacia el estacionamiento y se quedó esperando que su jefe aparezca con el auto. Y aunque Aníbal llegó con el conductor del auto a la hora acordada, Memo sintió como si esperase años parado al costado de una columna.

“¿Por qué has esperado tanto? Sube ya”, dijo el jefe todo imperativo. Memo se despertó de su distracción y entró en el coche. En el asiento de atrás, la ansiedad lo carcomía. Mientras tanto, la noche se le hacía corta a Aníbal. De hecho, le ordena al conductor que vaya más rápido, que van a perder el avión. Sin prestar atención a Memo, enciende un habano para disipar su mal humor.

Llegados al aeropuerto, tomaron las maletas como pudieron y se dispusieron a subir al avión, ya que eran los últimos pasajeros en llegar. “Cambia esa cara, que ya nos vamos”, le dijo Aníbal muy confiado al ver asustado a su empleado. Memo no dijo nada y decidió cerrar sus ojos y virar al otro lado del asiento para no hacerle caso.

(continuará)

Viajero en la noche (capítulo nueve)

[Visto: 151 veces]

(viene del capítulo anterior)

Memo tiemble un poco al ver el arma en sus manos. Trata de decirle algo a Aníbal, pero él ya se adelantó y entró en la cabaña. Los minutos pasan sin que su jefe le haga algún tipo de señal o ruido desde adentro. Memo sigue al costado del auto dando algunos pasos de nerviosismo, desde y hacia el auto, ya que no quiere estar allí.

Finalmente, luego de media hora, Aníbal sale con tranquilidad de la cabaña. En sus manos, lleva un libro forrado que carga cuidadosamente. “Es hora de irnos”, dice el jefe, suben al auto y se retiran del lugar. Memo se queda pensando qué puede ser aquel libro. “Debe ser un libro muy importante”, dice a su jefe esperando su respuesta.

Aníbal no le responde y el tedioso silencio se impone hasta que llegan al hotel. Una vez que están por entrar en la habitación, su jefe pone una mano sobre su hombro. “Alista tu maleta lo más pronto posible, nos vemos en el estacionamiento en una hora”, fue su escueta orden. Memo, sorprendido por el cambio de planes, se quedó unos segundos sentado en la cama antes de reaccionar.

(continuará)

 

Viajero en la noche (capítulo ocho)

[Visto: 156 veces]

(viene del capítulo anterior)

Memo estaba fascinado. Para ser su primer viaje al exterior, realmente lo está disfrutando. Sobre todo los paseos fuera del hotel le dan una hermosa vista de los atardeceres, esos paseos que realiza a solas. Y es que su jefe prefiere pasar durmiendo en su habitación o estar llamando a sus contactos para finiquitar sus negocios.

Para ser sinceros, Memo no entiende bien qué hace allí en París más de diez días. Sin embargo, eso cambió en la noche de ese décimo día. “Alístate que vamos a salir de la ciudad”, fue lo que le dice Aníbal escueto. Sorprendido por lo rápido del pedido, Memo tardó un poco de tiempo en vestir una camiseta y una chaqueta.

Luego de cinco minutos, salieron del hotel y un auto los espera. Aníbal le habla en francés al conductor y éste asiente sin chistar. Media hora después, avanzan por la carretera en medio de un campo desolado. En ese momento, el auto gira a la derecha y avanza por el campo hasta divisar una pequeña luz.

Aníbal le pide al conductor que se detenga. Ellos bajan y se dirigen hacia donde proviene la luz. Memo se da cuenta que hay una cabaña iluminada. Antes de llegar, su jefe le entrega una franela que envuelve algo. “Por si es necesario”, dice el viejo hombre. El joven mira dentro de la franela: una pistola aparece reluciente.

 

(continuará)

Viajero en la noche (capítulo siete)

[Visto: 171 veces]

(viene del capítulo anterior)

Una semana después, Memo se siente mejor adaptado a la oficina. Quizá lo raro es la frialdad con la que lo tratan los otros integrantes de la empresa. Pero entiende que no hay por qué preocuparse tanto. “La primera semana es así, de desconfianza”, se dice a sí mismo intentando encontrarle el sentido.

Estaba ordenando algunos recortes de destinos turísticos a donde lo enviarán prontamente, cuando recibe una llamada de Gerardo. Se apresta a saludarlo y decirle que ya se deben un par de tragos. “Cómo me gustaría amigo, pero estoy medio enfermo. Igual te anoto la palabra”, dijo Gerardo con voz débil.

Memo le preguntó si era algo grave pero su amigo señaló que sólo se trataba de un resfriado. Le pidió que se cuidara y quedaron para otro día. En ese momento, Aníbal salió de su oficina y le pasó la voz. Una vez frente a su jefe, Memo le preguntó qué encargo le pediría. “Vamos a viajar mañana. Hay un trato que cerrar en Europa”, dijo Aníbal con una sonrisa convincente.

(continuará)