Archivo por meses: enero 2013

Disputa en Los Robles (capítulo dos)

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(viene del capítulo anterior)

Hace un año, Lucho ni siquiera se hubiera imaginado estar en una situación tan peligrosa. Vivía en el campo, junto con su padre, en una casa de material noble. No es que fue pobre toda su vida: había vivido de forma confortable hasta la adolescencia, cuando una larga sequía mató sembríos y ganados y obligó a su padre a vender gran parte de sus tierras para sobrevivir.

Pero no fue lo único que se llevó: su madre decidió volver a la ciudad y, a pesar de su esfuerzo, su padre ya mostraba signos de agotamiento. “Lucho, un día de estos le avisaré a mi hermano y no tendrás ya de qué preocuparte”, le decía su viejo cada vez que notaba a su hijo desganado o deprimido.

Lucho apenas si recordaba a su tío Rodolfo: se había ido a buscar oportunidades cuando él todavía era muy pequeño. Pero lo más extraño, era que su padre no lo había vuelto a mencionar salvo ahora que sentía que su precariedad era más evidente.

Unas llamadas, y días más tarde, se encontró con su viejo viajando en uno de esos buses interprovinciales recorriendo carreteras sin asfalto en medio de pueblos con casas vetustas… hasta que bajaron en una entrada rural pero imponente, coronando una cerca de madera que se extiende firme por varios kilómetros.

“Este es Los Robles, la hacienda de tu tío”, dijo el viejo con una mezcla de pecho henchido de orgullo y decepcionante antipatía.

(continúa)

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El ocaso

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Sentado en la arena
mirando el horizonte del mar
allí donde se oculta el sol de la tarde,
así desaparece tu amor
en serena decadencia.

No puedo ni expresar la tristeza
del momento vivido,
pues me tomó por sorpresa
tu adiós sentido.

Adiós sin persistencia,
sin reclamar ni luchar,
una palabra que dejó en claro
tu nueva frialdad.

Frialdad de alma,
como agua del mar
cuyo horizonte oculta
el sol de la tarde.

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Ecos desde Rasunia

[Visto: 374 veces]

Baker mira con impaciencia hacia el mar. Desde la cubierta metálica de la fría fragata, el científico y explorador espera que pronto aparezca la cámara submarina que hace varias horas bajó al lecho marino en busca de su tesoro.

No se trata de un galeón hundido, cargado con pinturas y monedas de oro: su ambición nació en una expedición anterior, donde un rastro magnético le señaló un elemento de cual no se sabía su existencia. “Quizá pudo provenir del inicio mismo del universo”, se dijo en aquella ocasión sin ocultar su emoción.

Y ahora estaba allí, cinco años después, en esa cubierta fría, con la mirada fija en el océano. Unos minutos después, la cámara emerge en medio de un ambiente de algarabía. Baker y los demás marineros ayudan a enganchar la cámara a la nave.

Colotto, el conductor de la máquina submarina, abrió la compuerta por dentro y gritó de alegría. “Lo logramos”, afirmó entusiasmado y se confundió en un abrazo con Baker, mientras su ayudante sacó una gran bolsa negra donde descansaban las muestras del lecho marino.

(continúa)
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2012: El fin del mundo… que no ocurrió

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A diferencia de lo sucedido en el 2011, tras la vorágine sobrevino la calma. Por momentos, mucha calma. La transición había terminado, y por fin enfrenté el mundo laboral a jornada de tiempo completo, la misma que introdujo un punto de quiebre entre el blog y sus seguidores.

Y es que, a pesar del fantástico inicio de la cuarta temporada, la cual tuve picos importantes de lectoría, la tendencia se revirtió a partir de mayo. ¿La razón? El viaje de trabajo que realice a Tingo María a inicios de ese mes. El abandono evidente de mi escritura durante esos ocho días frenó el impulso que hubo entre los asiduos lectores.

Desde ese momento, ya nada fue igual. Aunque logré escribir un tanto más de historias que el 2011, la sensación instalada es que podía hacer abandono del blog en próxima ocasión posterior. Aprendí de ese error, y en adelante dejaré explícita mi ausencia si es que volviera a suceder.

Señalado todo lo anterior, agradezco a todos los seguidores en este año que terminó de forma natural (y no como los agoreros pretendían el 21 de diciembre) y los dejo con el acostumbrado recuento del año pasado.

Los diez artículos más vistos

1. Y ese era el problema [176 visitas]

2. La escalera de Chronos [163 visitas]

3. Bajo luz violeta (capítulo final) [158 visitas]

4. Bajo luz violeta (capítulo dos) [147 visitas]

5. La escalera de Chronos (capítulo ocho) [143 visitas]

6. El rostro de Paul (capítulo siete) [140 visitas]

7. El rostro de Paul [138 visitas]

8. El rostro de Paul (capítulo ocho) [130 visitas]

9. La escalera de Chronos (capítulo dos) [130 visitas]

10. El rostro de Paul (capítulo diez) [129 visitas]

Los diez artículos de mejor promedio

1. Paciente en la habitación 21 (capítulo nueve) [0.9111 visitas diarias]

2. Estragos de la furia (capítulo seis) [0.8909 visitas diarias]

3. Entre Emi y Rodri: sentimientos a distancia (capítulo nueve) [0.8780 visitas diarias]

4. Paciente en la habitación 21 (capítulo final) [0.8684 visitas diarias]

5. Estragos de la furia (capítulo final) [0.8125 visitas diarias]

6. Estragos de la furia (capítulo cinco) [0.8033 visitas diarias]

7. Entre Emi y Rodri: sentimientos a distancia (capítulo siete) [0.7813 visitas diarias]

8. Paciente en la habitación 21 (capítulo ocho) [0.7759 visitas diarias]

9. Entre Emi y Rodri: sentimientos a distancia (capítulo final) [0.7714 visitas diarias]

10. Estragos de la furia (capítulo cuatro) [0.7612 visitas diarias] Sigue leyendo

Disputa en Los Robles

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Tras unos segundos de indecisión, los dos hombres se abalanzaron uno contra el otro. El más viejo comenzó a pegar al más joven, haciéndolo trastabillar, pero el joven no se quedó atrás y, aprovechando un momento de descuido de su oponente, logró tirarlo al suelo terroso y dejarlo semiconsciente tras una andanada de puñetazos cargados de odio.

Su mirada se fijó en el revólver que el viejo llevaba al cinto, lo retiró de la funda y apuntó al hombre, que aún se mantenía echado y jadeando en aquel lugar. Constanza, la mujer en disputa, se le acercó corriendo y lo jaló de un brazo para que se fueran de allí. Pero el joven se mantuvo impasible.

“Lucho, ¿qué estás haciendo? ¡Vámonos ya!”, le rogó la mujer esperando que recapacitara. Lucho aseguró el percutor y, de pronto, le entró la duda: ¿valdría la pena dejar vivo a su tío, sabiendo que continuaría con su cacería? El viejo se levantó sorpresivamente y se abalanzó sobre su sobrino. El joven despertó de su distracción y disparó.

(continúa) Sigue leyendo