Archivo por meses: febrero 2013

Comitiva en Jarumarca (capítulo tres)

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(viene del capítulo anterior)

Camilo se dejó llevar hasta estar al costado del féretro. A pesar de la difícil enfermedad que sufrió, su padre tiene un semblante tranquilo. Aquel rostro conmueve la dureza de Camilo, quien lloró unos segundos con su mano sosteniendo la mano de Nicanor.

Eleuterio, su primo, viendo su desahogo, le pone la mano en el hombro: “Ven, vamos a la cocina para que comas algo”. Camilo se seca los ojos y acepta seguirlo. Ya dentro de la cocina, Valeria, la esposa de su primo, le da el pésame y le sirve un caldo de cabeza de res en un plato hondo.

“Tome primo, para que se recupere del viaje”, dice la señora de forma muy tierna, algo que le hace sonreír a Camilo. Una vez sosegada su boca tras beber la sopa, el hombre fue directo al grano: “¿y quiénes son esos indeseables que me están buscando?”.

“Son los tres hijos de Sifuentes”, señaló un pálido Eleuterio y agregó, “vinieron hace un rato y advirtieron: que ellos no pararán hasta que tú pagues”.

(continuará)

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Ecos desde Rasunia (capítulo cuatro)

[Visto: 497 veces]

(viene del capítulo anterior)

Baker regresó a su habitación. La emoción del descubrimiento combinado con las dosis de cafeína lo hizo saltar de alegría durante unos segundos. Pasada la euforia inicial, sacó la grabación que había colocado en su saco y, exhalando un suspiro, la puso a reproducir en la casetera.

El investigador oye otra vez la voz juvenil que, atrapada en medio de ruidos de guerra y en un idioma muy parecido al suyo, relata una última entrada de bitácora: “Momento tres mil cuarenta dos… (el audio experimenta unos largos segundos de silencio, como si el ente no supiera qué decir)

“Nunca pensé llegar a tener que utilizar el ‘framon’ de nuevo… pero, la escalada del conflicto bélico supera mis expectativas de sobrevivencia.”

“Hace siete ‘versos’, nuestra civilización, Rasunia, vivía la cima de su apogeo cultural y social. Nuestros habitantes, agrupados en siete ‘razas’ convivían en completa armonía bajo la guía decidida y valiente de nuestros líderes, los Siete Ancianos.”

“Todo eso cambio hace siete ‘versos’, cuando les fue informado a los Siete Ancianos la existencia de una sustancia, el ‘cronofobio’, que podía modificar nuestro ‘cosmos’. Impresionados por la cualidad de esta sustancia, los Siete Ancianos decidieron ocultarla.”

“Ellos nunca imaginaron que uno entre ellos los traicionaría”.

(continuará)

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Disputa en Los Robles (capítulo tres)

[Visto: 486 veces]

(viene del capítulo anterior)

Padre e hijo se disponían a entrar en la propiedad cuando dos tipos altos y fornidos los detuvieron. “Vengo a ver a don Rodolfo, mi hermano”, dijo el viejo a los guardias quienes, protegidos por sus rifles, ni se inmutaron por sus palabras.

“Buen hombre, mi patrón no quiere ser molestado ahora”, le increpó uno de los guardias y, cargando su rifle, lo conminó a marcharse. Entonces, todos escucharon una pequeña detonación. Los guardias, asustados, volvieron su mirada hacia la casa: en la entrada, se encontraba parado don Rodolfo.

“Déjenlos pasar”, les ordenó el patrón a los guardias, los mismos que se pusieron a recorrer el perímetro de la cerca. “Santiago hermano, que bueno verte por aquí”, dijo con voz ronca y lo abrazó con cierta efusividad.

“¿Te acuerdas de Lucho?”, le preguntó Santiago luego del saludo. Rodolfo saludó también a su sobrino y rememoró que no lo veía desde que era pequeño. “Pero por favor, pasemos adentro a hablar sobre los planes que te tengo”, señaló el hacendado a Lucho, al tiempo que lo dirigía hacia la casa grande.

(continúa)

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Comitiva en Jarumarca (capítulo dos)

[Visto: 450 veces]

(viene del capítulo anterior)

A eso de las dos de la tarde, la locomotora desaceleró la marcha hasta detenerse. “¡Estación Jarumarca!”, gritó un hombre afuera. Los pasajeros bajaron: Camilo fue el último de ellos.

Algo encorvado y con la cara refrescada por la sombra de su sombrero, dejó la estación y avanzó por las calles polvorientas de su pueblo natal. A pesar de los años transcurridos, logró reconocer la puerta marrón de la tercera casa de la segunda calle.

Dio unos pocos golpes pero no tuvo que esperar mucho: un muchacho le abrió la puerta. El mozuelo le preguntó quién era. “Soy Camilo. Vengo a ver a Nicanor Estrada, mi padre”, respondió el forastero.

Como se le hiciera familiar, el muchacho lo hizo pasar hasta el recibidor. El joven se acercó hasta uno de los deudos que se encontraban cerca del ataúd. El hombre se levantó para verlo. Se dirigió hasta Camilo para verlo mejor.

“Primo, estás aquí”, se emocionó el hombre y abrazó a Camilo, pero en seguida le advirtió con cierto temor, “pasa rápido adentro que unos indeseables te están buscando”.

(continúa)

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Ingrato

[Visto: 351 veces]

Hoy que miro al silencio
mi mente retrocede
a ese día infausto y nevado
en que mi orgullo se impuso.

Aquel día en que, agotado,
dejé de lado el sentimiento,
disolví las viejas ilusiones
y excusé mil sinrazones.

Sintiéndote vejada y humillada,
llorando huiste de mí,
mientras mi vil actitud parecía
agradecer tu triste partida.

Ahora estoy solo en esta esquina,
reconozco que fui un ingrato, un idiota,
que no supo bien apreciarte,
que no supo bien amarte.

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Ecos desde Rasunia (capítulo tres)

[Visto: 405 veces]

(viene del capítulo anterior)

Baker se quedó pensativo unos minutos dentro de su habitación. Finalmente, decidió que no tenía nada de malo aprovechar la oportunidad que se le presentaba: recogió los trozos y se los llevó a la sala de reuniones. Allí ya lo esperaba Alejandro, el ayudante de Colotto, quien se ofreció a mostrarle los instrumentos que había en ese lugar.

“¿Tienes algo para estudiar la resonancia?”, fue lo primero que le señaló el investigador. Alejandro le indicó una mesa con una computadora y un instrumento en forma de diapasón. “Este aparato mide las frecuencias de un objeto para identificar si han quedado grabadas en su superficie algún tipo de mensaje sonoro”, fue la explicación del joven ayudante.

Baker preguntó si esto tardaría. “Mejor vaya preparando el café que tenemos para largo”, respondió Alejandro y encendió el aparato. Pasaron varias horas modulando frecuencias y tomando el aromático café, amenizando el rato con algunas anécdotas. Baker dio unos primeros bostezos, cuando Alejandro lo palmeó en el hombro.

El investigador se colocó unos audífonos para escuchar mejor. “Grábalo, grábalo”, ordenó de forma rotunda luego de unos segundos de sorpresa, sonriendo alegre por el inesperado hallazgo.

(continuará)

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Comitiva en Jarumarca

[Visto: 396 veces]

Los rayos del brillante sol entran por las ventanas de los vagones, mientras el tren avanza con paso firme y continuo por los rieles que comunican la serranía. En uno de vagones, sin embargo, Camilo Estrada cierra las cortinas ante el sofoco que empieza a sentir.

El hombre alto de mediana edad enciende un cigarrillo y reflexiona mirando el humo que se eleva y desvanece. Hace veinticinco años que había decidido irse de Jarumarca, cumpliendo la promesa de retirarse luego de batirse a duelo con el villano José Sifuentes. Pero la familia pudo más al final.

Un mes atrás, había recibido una carta de su padre. Le comunicó que estaba muy enfermo y que quería verlo antes de partir. Camilo ni pensó en negarse: a las dos horas tomó unas cosas en su pequeño equipaje y, en su cinto, el viejo revólver que nuevamente le dará pelea.

(continúa)

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Ecos desde Rasunia (capítulo dos)

[Visto: 454 veces]

(viene del capítulo anterior)

Colotto termina de felicitar a cada uno de los operarios de la maquinaria por su “eficiente labor”, mientras Baker apoya en el traslado de las muestras hasta su habitación. Una vez dentro, el científico abre la bolsa y toca los violetas pedazos del elemento. Lo siente muy frío y, además, parece percibir una débil resonancia por la fricción de sus manos.

Intrigado, busca entre sus cosas una lupa para observar mejor: descubre una serie de finos surcos que recorren la superficie de la extraña materia. Baker le preguntó al ayudante si esa misma resonancia la percibieron al extraerlo. “Sí, fue intenso”, confirmó al joven, agregando que sintió pavor que el submarino se fuera a destruir.

No había terminado de contar su experiencia, cuando Colotto irrumpió en la habitación. “Vuelve a tu trabajo”, señaló con tono agresivo, y el joven se retiró amedrentado de allí. Colotto cerró la puerta y miró ambicioso la materia violeta. “Profesor, ya estamos listos para examinar el tesoro”, afirmó el submarinista en tono lúgubre.

Baker le replicó diciendo que no se examinaría el material hasta que esté en tierra firme. “Lamento decepcionarlo profesor, pero en la sala de reuniones encontrará los instrumentos que necesita. Tiene tres días”, sonrió Colotto maquiavélicamente y salió dejando a Baker en total incertidumbre.

(continúa)

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Te devuelvo tu libertad

[Visto: 536 veces]

Es ese final que no esperas,
que lo recibes cuando descansas
en algún momento de soledad,
que no es cara a cara
sino en una discreta llamada…

“Eres una buena persona
y una linda muchacha,
me quieres mucho
aunque no sea mejor que otros.

Y por eso mereces
que te devuelva tu libertad,
porque es odioso que sufras
mis constantes defectos,
porque es absurdo que corrijas
mis innumerables errores.

Porque ya me di cuenta
que no soy suficiente para ti,
que te mereces mucho más…
Adiós, good bye”.
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