La cueva del duende (capítulo siete)

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(viene del capítulo anterior)

Arturo dividió el grupo en dos: uno liderado por él, y el otro guiado por Rosa. “Si lo encuentran o tienen alguna dificultad, avisen por el comunicador”, dijo el escalador. Rosa le deseó que tuviera suerte en la búsqueda y avanzó por el camino de la derecha.

Rosa y los otros dos avanzaron por el sendero, que se hizo cada vez más estrecho. Las linternas los ayudaron a caminar, aunque no encontraron nada especial: sólo una pared sin salida luego de transcurrida cerca de media hora.

Rosa llamó por el comunicador: “Líder, fin del camino, vamos volviendo”. No recibió respuesta del otro lado. Repitió otros dos intentos pero no tuvo éxito. Los otros dos la convencieron de volver hasta la bifurcación y probar desde allí. Así lo hicieron y Rosa repitió su mensaje. Una voz rasposa y lejana decía: “vengan por mí, vengan por mí”.

(continúa)

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