El amigo imaginario (capítulo tres)

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(viene del capítulo anterior)

Pasaron algunos días. A Roberto nunca le inquietó el comportamiento de su hijo porque, siendo muy unido a él, siempre le había hecho caso. Sin embargo, desde el episodio del jardín, empezó a notar demoras y conversas.

Al principio no pareció preocuparle mucho. Tras un aviso o dos, Mateo salía de su cuarto y se sentaba en la mesa para almorzar o comer. Pero comenzaron a hacerse más largas, y eso le genera un fastidio creciente.

Al fin esa tarde, luego de llamarlo cinco veces y no verlo llegar, se dirigió a su cuarto y entró dando un portazo. “¿Por qué no vienes, Mateo?”, gritó indignado ante el pequeño, quien nunca había visto tan ofuscado a su papá.

Mateo empezó a llorar, y Roberto reparó en su actitud. Se acercó a él y quiso abrazarlo. En un primer momento, Mateo lo rechazó, pero al final dejó que su papá lo estrechara en sus brazos. “¿Por qué no vienes hijo?”, le preguntó otra vez Roberto, ya más calmado.

“Eli me dijo que me quedara”, respondió Mateo secando sus lágrimas. “¿Eli? ¿Quién es Eli?”, preguntó su padre intrigado. El pequeño respondió que era su amigo y que vivía en el closet. Roberto miró hacia allí, con la sensación de estar siendo observado. Despacio, se acercó a la puerta, cogió la manija y tiró rápidamente de ella hacia afuera.

Cuando iba a asestar el puñetazo, se sorprendió de no ver nada. Sólo la ropa y los zapatos de su hijo. Roberto decidió ignorar la escena y cerró la puerta. Tomó a su hijo de la mano y lo llevó para la mesa. Antes de salir del cuarto, Mateo volteó sigilosamente la cabeza en dirección al closet.

(continúa)

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