Crimen en la calle Indiferencia (capítulo siete)

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(viene del capítulo anterior)

Jorge logra disparar a una de las llantas del auto, con lo que Aurelio no tiene más opción que cuadrarse a un costado de la calle. “Es mi marido”, dice asustada Verónica al verlo avanzar. “No se preocupe”, le señaló el taxista sacando una pistola de su guantera, “él no le hará daño”.

Mientras abría su puerta, Jorge lo sorprendió y le disparó a quemarropa. Mientras Aurelio se desvanecía logró disparar un disparo que lastimó el codo derecho del esposo. Verónica salió del vehículo y empezó a correr, hasta que un dolor en la pierna la hizo caer repentinamente al piso. Cuando se tocó la zona doliente, vio que su mano estaba ensangrentada.

El violento hombre la cogió de un brazo y la llevó medio a rastras de nuevo al taxi. “Ayúdenme”, grito ella una, dos, tres veces. Nadie contestó su llamado. Finalmente, su esposo la cargó y la desplomó sobre el asiento trasero. “Por favor”, imploró Verónica con abundantes lágrimas, “no me dañes, no dañes a tu hijo”.

Estas palabras enfurecieron aún más a Jorge. “Yo no tengo hijos”, dijo a secas efectuando un disparo contra el vientre de su esposa. “¿Por qué?”, fue lo último que ella pronunció antes de reclinar su cabeza. Él cerró la puerta de atrás y se disponía a irse cuando recordó la pistola de Aurelio. Suponía que se había caído cuando el fallecido taxista intentó ayudar a Verónica.

Levantó el cuerpo de Aurelio y lo colocó en el asiento del conductor. Miró luego al suelo, pero no vio el arma. “¿Buscabas esto?”, escucho una voz en dirección hacia la cual volteó siendo sorprendido por un mortal disparo. El cuerpo de Jorge cayó mientras el desconocido, dejando el arma en la mano del taxista, abandona en la moto la escena del crimen…

(continúa)

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